martes, 19 de junio de 2012

EL PRIMER AMOR-PARTE III-CAPITULO IV-EL ACCIDENTE


- CAPITULO IV -

                                       - EL ACCIDENTE  -

   El servicio, volvió a interrumpir al señor, a las dos horas de su conversación. Tomó el teléfono ofrecido por el criado y escuchó.
   - ¿Don José Carbonell?
   Se trataba de un oficial de tráfico Suizo informándole del grave accidente sufrido por el automóvil en el que viajaba su esposa. El agente le proporcionó todos los datos, la localidad, el hospital donde habían sido ingresadas las accidentadas y su estado de gravedad. José insistió en saber si estaban con vida. Su interlocutor le aseguraba que cuando ingresaron en el hospital lo estaban pero su estado era crítico. Un escalofrío cubrió su cuerpo, solo recordaba una sensación igual a la que sintió en el instante que colgaba el teléfono. Con una claridad cinematográfica recordaba su reencuentro con Linda, tras más de treinta años, en la clínica de New Ville junto a Brisite. Se debatía entre la vida y la muerte. El SIDA dominaba su organismo y la vida se le iba en cada aliento. Se levantó dio las instrucciones oportunas al servicio y avisó al chofer para que le llevara a la población Suiza donde estaban ingresadas su mujer y Linda.
   En el trayecto. Agónico. Sus ojos se nublaron. Intuía lo peor y el dolor oprimía su alma. Pensó egoístamente en él, cosa rara, pero sabía que si alguien era capaz de soportar sus últimos años con la enfermedad que iba apoderándose de su cuerpo, esa, era Silvia. Comenzó a temblar como un chiquillo empapado tras jugar con el agua en pleno invierno. Quería, deseaba y rogaba que esos malos presagios saliesen de su mente, pero fue incapaz de conseguirlo. Cada vez estaba más convencido que había perdido a Silvia.
   Hacía un calor sofocante, y el acondicionador de coche funcionaba a pleno rendimiento, sin embargo, rogó al chofer que cambiara el frío por calor, al menos en la parte trasera del coche. Con sus ojos bañados en lágrimas recordaba su vida. Las primeras batallas contra su padre para lograr ir a la escuela. Cuánto luchó mama por conseguir que estudiara. El ingreso y el premio a su tesón e inteligencia. Si lugar a dudas fue la primera llave para llegar donde estaba. El internado. El padre Andrés, otra bendición del Señor. Linda su primer amor y ahora estaba junto a su esposa entre la vida y la muerte. Recordaba a Silvia en la facultad, el incidente en clase, los meses vividos juntos en Corea, la forma como se declaró en aquella habitación. Los partos de sus tres hijos. La paciencia que tuvo cuando Linda se debatía entre la vida y la muerte durante cerca de dos años. No podía ser. El Señor no iba a permitir separarle de su lado. Todos esos recuerdos se apagaron en el instante que el coche se detuvo ante la puerta del gran hospital. Su chofer se mantenía en la puerta del automóvil esperado a su jefe. Pero no conseguía que sus piernas le obedecieran.
   - ¿Le sucede algo Don José?
   El chofer comenzaba a preocuparse. Por fin, consiguió hablar con él. Rogó a las asistencias del hospital que llevasen una silla de ruedas. Estaba bloqueado y era incapaz de conseguir que sus piernas respondieran. Juan, el chofer, pidió a uno de los celadores que aparcase el coche. Mientras, él, entraba en el interior del hospital empujando la silla de ruedas con José. Aquel celador aceptó encantado. Conducir un Mercedes 500 SEC no se hacía todos los días. Estacionó el vehículo y devolvió las llaves a Juan, quien a indicación de su jefe sacó un billete y se lo entregó al joven.
   En recepción lo pasaron a un despacho donde, un equipo compuesto por tres médicos, se presentaron para informar al familiar.
   El estado de las dos accidentadas era crítico, no había muchas posibilidades, pero mientras hay vida hay esperanza. Al comunicarles que era médico la información fue más técnica sobre las lesiones sufridas. Estaba claro que si conseguían salir de aquello no lo harían en condiciones para valerse por sí mismas. Sintió la necesidad de ponerse en pie, no era momento de derrumbarse, y si conseguían recuperarse, él debía estar en las mejores condiciones posibles. Logró levantarse de la silla de ruedas y sin explicárselo muy bien las piernas le respondieron. Al salir del despacho para entrar en la sala de reanimación, y verles unos segundos, se encontró frente a frente con Caterine. Al llegar a New Ville le comunicaron lo sucedido. No se detuvo ni un segundo y en coche se desplazó hasta allí. Estaba asombrado. Como había podido llegar tan pronto. Ellos se desplazaron a gran velocidad y solo hacía escasamente una hora de su llegada mientras ella se encontraba en Madrid. Pero Caterine tuvo suerte consiguió salir a los diez minutos de llegar al aeropuerto. Al abrazarse comenzaron a llorar como dos chiquillos. Entre sollozos le comentó.
   - Viven, pero hay muy pocas posibilidades. No...
   Intentó continuar, pero no le salían las palabras, era incapaz de articularlas. Ella se abrazó con fuerza y lo besaba con toda la ternura del mundo. Acariciaba con increíble dulzura su nuca, su espalda, sus mejillas. Trataba de animarlo y consolarse ella al mismo tiempo.
   Cuando consiguieron controlarse un poco pasaron los dos cogidos de la mano a la sala de reanimación. Ahí sobre dos lechos permanecían inconscientes. Posaron sus labios sobre sus frentes y abandonaron la sala.
   - ¿Te apetece tomar algo? Voy a la cafetería.
   Con esa frase Caterine pretendía elevar su moral, estaba convencida que la recordaría, pues con esas mismas palabras se dirigió cuando se encontraron por primera vez. Pudo observar como una leve sonrisa se dibujaba en su rostro. Se abrazó fuertemente y entraron en la cafetería. Pidieron una tila y abrazados permanecieron en silencio sentados en un acogedor rincón del local. El silencio fue absoluto entre la pareja. Casi al unísono recordaron las mismas cosas. Su primer encuentro en el hospital, cuando la esperanza y la ilusión por la vida se apagaban en aquellas mujeres sin techo. La desolación  por no poder hacer nada por su madre que se le iba en cada segundo. La invitación a la cafetería por aquel apuesto y encantador hombre maduro, que a la postre sería la salvación de ella y de su madre. José les ofreció todo lo necesario para poder sacarles de la cloaca en la que mal vivían. El resurgir de la empresa de mama “Modas Revaud”. Pero especialmente recordaba el cariño y la ternura que mostró por su madre ese hombre donde descansaba su cabeza. Recordó lo maravilloso que había sido el amor conservado durante años. Si tuviera que describir lo que era el amor, aquel hombre le había proporcionado la definición perfecta. Y tantas y tantas cosas que habían podido padecer, disfrutar y vivir juntos. Cruzaron en infinidad de veces sus miradas y en sus rostros se dibujaba siempre la sonrisa. Estuvo, en más de una ocasión, tentada a unir sus labios con los de él pero comprendió que sería una gran torpeza por su parte. Se asustó al comprobar la felicidad que experimentaba todo su ser al sentir el calor de su cuerpo y la dulzura de sus brazos abarcando el suyo. Esa agradable sensación le había llevado a olvidar la situación de su madre. 
   A las dos horas de la llegada de Caterine se fueron presentando sus hijos, familiares y amigos. La magnitud que tomaba aquella situación le llevó a reaccionar con prontitud. José, para solucionar problemas imprevistos era una autentico lince. Consiguió solventarlo con un hotel cercano al hospital. Allí se instalaron. En un principio era José quien recibía a los familiares y conocidos que iban llegando, pero la situación comenzó a poderle y sus hijos le obligaron a subir a su habitación para tranquilizarse. Era tal la cantidad de gente desplazada que se vieron obligados a tomar medidas. Más de trescientas personas se dieron cita en la localidad Suiza. Caterine, Brisite y Jorge, los más enteros, se preocuparon de recibir a la gente. Todos los hermanos de José con sus hijos al completo, cerca de ciento veinte personas componían su familia directa, fletado un avión y se desplazaron juntos hasta la capital Suiza y de ahí en autocares a la población donde se encontraban ingresadas las dos accidentadas. No faltó Paul Valery que al encontrarse en la entrada del hotel con sus hijas se abrazó y trató de animarles.
   Caterine entró en la habitación para comunicarle que su familia había llegado al completo. Se encontraban en uno de los salones del hotel. No le apetecía nada bajar. Ella le propuso que fueran subiendo a la habitación poco a poco. Pero sus hermanos no se merecían algo así, se cargó de ánimo y consiguió bajar los tres pisos. Al entrar en el salón mantuvo el tipo y fue abrazándose uno a uno a sus hermanos y respectivas esposas y esposos, pero cuando le tocó el turno a Rita, la emoción le pudo y rompió a llorar. Tanto uno como el otro se fundieron en un fuerte abrazo. No consiguieron articular una sola palabra. No hacía falta. Sus rostros expresaban todo lo que se podía decir. El silencio en aquel gran salón repleto de gente era increíble, a pesar de haber cerca de noventa entre jóvenes, niños y bebes, amen de los treinta adultos. Pero por todas las mejillas correteaban ríos de lágrimas. Incluso entre los más rudos hombres del campo. De nuevo al encontrarse con Andrés sucedió lo mismo que con Rita. Cuando consiguió llegar a la tribuna, donde se ubicaba el micrófono, todos los presentes tomaron asiento. Pronunció un corto pero emotivo discurso y rogó que le disculparan. Salió abrazado a Caterine, bañados por una maraña de sentimientos y lágrimas, para recogerse en su habitación
   Transcurridos treinta minutos rogó a Jorge y Caterine hacer lo mismo con los amigos y conocidos.
   - Me he recuperado bastante bien. Bajare a saludar y agradecer su presencia.
   Se encontraba con fuerzas para repetir la operación. A los diez minutos escasos Caterine subía de nuevo a la habitación para comunicarle que todo estaba preparado. Cuando hizo acto de presencia alguien comenzó a aplaudir y el resto siguió el ejemplo. Fueron unos aplausos muy suaves y continuos, tratando de mostrar el respeto hacía aquel personaje y expresar su preocupación sincera en lo más profundo de sus corazones. Desde la tribuna pudo reconocer a varios de los presentes, vecinos de la alquería y especialmente gente del mundo de la moda. Se dirigió en tono suave y pausado. Agradeció en su nombre y en el de su familia el apoyo mostrado con su presencia. Invitó a Caterine a tomar la palabra y agradecer su presencia en representación de los suyos. Cuando se disponía a subir de nuevo a su habitación se encontró cara a cara con Paul Valery. Estrechó su mano y le agradeció personalmente su presencia. Sabía muy bien el valor que suponía para sus hijas.
   Por la noche, aunque se presentaron algunas complicaciones, toda la familia consiguió encontrar alojamiento. Los amigos y conocidos habían abandonado la población.
   José y Caterine obtuvieron permiso para pasar la noche junto a su esposa y madre respectivamente. Aunque les habían preparado unas camas próximas a las de ellas ninguno de los dos se tumbó. Se sentaron en una silla junto a Silvia y Linda y permanecieron toda la noche pendiente de ellas.
  

















miércoles, 13 de junio de 2012

EL PRIMER AMOR TERCERA PARTE CAPITULO III LA DECISIÓN


   El trabajo no le dejaba casi ni respirar. Caterine viajaba, de una ciudad a otra, presentado la colección otoño invierno de la firma Revaud. En ese mes de Junio recorrió más de diez ciudades por todo el mundo. Por fin aquel maratoniano viaje concluyó. Era tiempo de descanso y su primer destino fue New Ville deseaba ver a mamá y saludar a José, quien se encontraba pasando unos días. Cuando Ignacio, su esposo, se enteró que viajó primero a ver a su madre antes de pasar por Madrid y verle. Se enfadó y así se lo comunicó por teléfono. Pero el verdadero enojó de su esposo fue saber que José se encontraba pasando unos días en New Ville.
   En casa se encontraba su tía, el matrimonio Carbonell y su madre. Estaba en el salón saludado a los presentes cuando por la puerta hacía su entrada José. Se miraron y la felicidad de Caterine se reflejaba en su sonrisa al tiempo que abría sus brazos para fundirse con aquel hombre. Mientras permanecían abrazados en medio del salón le susurro al oído.
   - No te puedes imaginar lo que te he echado de menos.
   Besó con delicadeza la mejilla de su papá adoptivo, como decía ella, y a continuación cogió con sus labios el lóbulo de su oreja derecha.
   - Caterine espera a la intimidad, aquí delante de todos me da corte.
   Con una de sus salidas solventó la situación.
   Esa noche en su habitación Caterine meditaba sobre su vida. “No debí casarme nunca con Ignacio”. “No es mal chico, pero creo que fue una pasión del momento.” “Esta tarde cuando me he abrazado a José me he dado cuenta que es capaz de hacerme perder la noción de todo”. “¡Dios!. Como lo deseo”. Era plenamente consciente de amarlo hasta límites desconocidos hasta por ella misma. A la mañana siguiente volaba a Madrid para encontrase con su esposo. La idea no le entusiasmaba y meditaba sobre la necesidad de hablar con él sobre su relación, sobre su matrimonio.
   El éxito de la gira superó todas las suposiciones. La firma Revaud se implantó en todo el mundo consiguiendo abrirse camino en países hasta la fecha impensables como China.
   El Mercedes 500 SEC circulaba a gran velocidad hacía el aeropuerto de Lyón. Caterine, sentada junto a José que conducía el vehículo, le miraba con cariño y ternura. Había envejecido mucho en esos últimos años y los primeros síntomas de la enfermedad le costaba disimularlos. Su mirada estaba llena de afecto y cariño hacia aquel hombre. Le hubiera gustado pedirle que se saliese de la carretera para perderse por cualquier lugar. Pero como siempre la presencia en sus pensamientos de Silvia le hacía desistir de tal deseo. Salieron solos de New Ville, pues su madre y Silvia quedaron en acercarse a Ginebra para resolver unos asuntos de la empresa.
   Cuando en la puerta de embarque se disponía a despedirse sus labios se tropezaron por accidente y ella no pudo evitar la pasión de aquella situación. Junto su cuerpo al de él y se fundió en un beso. La acción de su “hija adoptiva” le pilló, tan fuera de juego que no supo reaccionar y se quedó bloqueado todo el tiempo que quiso prolongar aquel maravilloso paraíso. Al separarse, con una picara sonrisa se despidió al tiempo que le daba la espalda y se introducía por la puerta de embarque.
   De regreso a New Ville José recapacitaba sobre el incidente en el aeropuerto y el comportamiento de Caterine en los últimos meses. “Esta chiquilla no cambiara en su vida” “Es un caso, pero es encantadora”. La quería como a una hija. A Bety la veía con más frecuencia, pues a la postre era su nuera, pero su relación con ella no era igual que con su hermana. Se identificaron desde aquella noche en el hospital de New Ville, cuando se encontraron por primera vez. Él había ido al encuentro de su primer amor, su madre, de la que no sabía nada desde hacía más de treinta años.
   Fue directo al hospital, tenía cita con su médico particular en New Ville, para recoger los informes de los últimos análisis. Bernard, su médico, salió a su encuentro y los dos colegas entraron en el despacho charlando.
   -¿Cómo van esos ánimos?
   Fueron las primeras palabras de su médico al sentarse en el tresillo del despacho.
   José se dio cuenta que algo no iba bien y a su interlocutor le costaba darle la noticia. Por ello decidió tomar la iniciativa.
   -  Sé muy bien lo que tengo y la enfermedad esta evolucionando muy rápidamente.
   Bernard iba a intervenir pero José le corto para añadir.
   - ¿Tengo que dejarme todo? Verdad.
   La conversación prosiguió entre los dos profesionales de la medicina. José era consciente que los análisis confirmaban sus temores. Estaba muy entero y se despidió de su colega con un abrazo. Cuando entró en casa no había nadie. Silvia se había ido con Linda, y Brisite se encontraría con toda seguridad en las fábricas o en la tienda. Entró al salón, se sentó y dirigiéndose al servicio pidió que le sirvieran el aperitivo. La idea de la jubilación no le asustaba, de hecho ya no trabajaba prácticamente y había dejado los negocios casi por completo a sus hijos y sobrinos. Dedicándose solo a la investigación. Pero el verse un parásito y especialmente una carga para su familia le preocupaba.
   El sonido del teléfono le sacó de sus cavilaciones.
   - Señor. La señora Caterine al teléfono.
   Un sirviente le acercaba el aparato. Durante el tiempo que mantuvieron la conversación telefónica Caterine notó algo extraño en la voz de su amor. Preguntó varias veces si se encontraba bien, pero cuando colgó sintió que algo pasaba y sin pensarlo dos veces se despidió de Ignacio y fue al aeropuerto a coger el primer vuelo que le llevara de nuevo a Lyón. Circunstancia que no agradó en absoluto a su marido. Pero, ya estaba acostumbrado a pasar largas temporadas sin su compañía. El trabajo les permitía convivir muy poco. Pero ahora estaba de vacaciones y no tenía excusa para alejarse de él. No podía comprender que por una simple intuición fuese capaz de alejarse después de haber pasado más de dos meses sin verse un solo día, aunque se telefonearan. Además acababa de estar con José.
   Cuando en las fiestas familiares y vacaciones se reunía la familia, especialmente en Navidades, los celos provocados por la presencia de José, pero especialmente como su esposa tonteaba con él, le podían. En más de una ocasión lo habló con Caterine y ella comenzaba a reír sin darle la menor importancia a las quejas de su esposo. Nunca llegó a pensar que llegara a pensarlo en serio. José estaba por encima de todo. De su madre, a la que adoraba. De su trabajo, del que estaba profundamente enamorada. De su esposo, en fin, por encima de ella misma. Por ello no le entraba  en la cabeza que su marido sintiera celos de “su padre”.
   Intentó persuadirle para que abandonara la idea, pero Caterine le dio la espalda pensando sinceramente que estaba bromeando, dejándolo con la palabra en la boca.
   De camino al aeropuerto el móvil sonó.
   - Caterine si no regresas a casa será mejor que cada uno tome su camino.
   Se quedó helada. No podía entender el comportamiento de su esposo. Ni le contestó, colgó el teléfono y prosiguió su camino. Pero las amenazas de Ignacio no hicieron otra cosa que separarlos más. “Lo que me faltaba que quiera dirigir mi vida”- “Desde luego que no le pondré ni el mínimo impedimento”. Estaba fuera de sí la llamada de su marido había conseguido sacarle de sus casillas y no era fácil. Pues solía ser una mujer tranquila y calculadora. Pensó en José y olvidó todo su enfado. Deseaba estar lo antes posible junto a él y averiguar lo que le sucedía. Estaba segura que algo no era normal. Lo había observado durante años. Habían compartido los primeros años de trabajo duro y sabía perfectamente como respiraba. Nada le podía persuadir que, a su gran amor, no le pasara algo. Lo percibió con las primeras palabras intercambiadas por teléfono.
   Llegó al aeropuerto. Estacionó su coche en el parking y sin entretenerse y algo acelerada recorrió los diferentes despachos de billetes de las compañías con vuelos a Lyón para sacar billete en el primer vuelo.













miércoles, 6 de junio de 2012

EL PRIMER AMOR TERCERA PARTE CAPITULO II - LA DECEPCIÓN



   Eran las cinco de la madrugada cuando sonó el teléfono de los Carbonell. José se incorporó sobresaltado de la cama y se apresuró  a descolgarlo. Era Caterine que entre sollozos le comunicaba, haber escuchado por la CNN, la concesión del Nóbel a Aleixandre Dekrauf. Con la ternura, la sencillez y el cariño de siempre, consoló a su amiga.
   - Pienso que deberías estar contenta. Gracias a él tu madre sigue con vida y con toda sinceridad pienso que han acertado plenamente.
   Silvia comenzaba a despertarse, preguntó quien se atrevía a llamar a esas horas y al detener por unos instantes su conversación con Caterine para aclararle de quien se trataba, realizó un gesto muy expresivo y dando media vuelta, trató de coger de nuevo el sueño.
   Tras más de media hora de conversación, colgó. El sueño no consiguió dominar de nuevo a  Silvia y al percibir el fin de la conversación. Preguntó.
   - ¿Qué quería?
   - Nada.
   Contestó con rapidez.  Dejó parar unos segundos y añadió.
   - Ha escuchado que le han concedido el Nóbel a Aleixandre.
   De inmediato Silvia se incorporó se abrazó con fuerza a su marido y trató de animarlo. Estaba convencida que se lo concederían a él y la noticia debió suponer una gran decepción. Al comprobar lo afectada que estaba, restó importancia a la noticia y trató de animarle. Tras una larga pausa de silencio absoluto sustituido por todo el afecto y cariño de los dos esposos, rompió aquel silencio.
   - Mi único y ansiado premio eres tú. Nada ni nadie en el mundo puede igualar lo que supone compartir mi vida contigo.
   Las lágrimas se escaparon de los bellos ojos de Silvia. Se abrazó a su esposo y se entregó llena de felicidad y satisfacción. Pues no era él quien le estaba animando. “Este hombre es excepcional pensaba mientras se entregaba a su esposo llena de pasión y deseo.
   Cuando aquella pasión se calmó José cogió el teléfono y llamó a su colega. Lo sacó de la cama, pero no le había notificado nadie la noticia y agradeció de corazón a su compañero y gran amigo la información. Se disculpó por la decepción que sin duda habría sufrido y colgaron.
   Esa mañana tuvo que atender a infinidad de medios de comunicación y a un gran número de visitas que se sucedieron una tras otra a lo largo del día, principalmente de familiares y amigos.
   Cuando a las doce de la mañana se presentaba Caterine, no podía dar crédito a sus ojos. Se encontraba metida de lleno en la presentación de su colección. Esa misma noche se celebraba en París. Al expresarle José su preocupación ella le tranquilizó asegurando que el jet alquilado le esperaría sin problemas y llegaría sin dificultad al inicio del pase.
   Se encontraban conversando, cuando por la puerta del salón hacía su entrada Ignacio. Se enteró por televisión y quería expresarle su apoyo. Al ver a su esposa se quedó petrificado. Ella se aproximó, le dio un par de besos en las mejillas, y regresó al tiempo que reanudaba la conversación. José observó la reacción de Ignacio y aprovechó la ocasión para facilitarles lo hablado en la alquería.
   - Pienso que es hora que os sentéis, ahora que tenéis tiempo y os sinceréis el uno con el otro.
   Al tiempo que pronunciaba estas palabras abandonaba el salón y cerraba tras de sí la puerta. El matrimonio se encontró fuera de juego. Los había pillado por sorpresa y permanecieron varios minutos uno frente al otro sin pronunciar una sola palabra. No era fácil iniciar la conversación, pero por fin, tras unos eternos y tensos minutos Ignacio se decidió.
   - Caterine, no me explico como has sido capaz de dejarte una presentación por algo así. Te juro que no te entiendo. Murió mi padre y tan solo te dignaste a telefonear. Cuando el bufete tuvo esa crisis tan profunda y te rogué que te necesitaba a mi lado. Te dignaste a telefonearme tres veces, lo cierto es que te molestaste tres veces ese día para animarme, pero fuiste incapaz de venir porque estaba la fiesta final de la presentación.
   Ignacio continuó relatando infinidad de circunstancias y situaciones por las que su mujer no había dado una respuesta adecuada según su opinión. Escuchaba a su esposo con atención. En su memoria iba grabándose uno a uno sus reproches. Se estaba tomando su tiempo para responderle. No deseaba alterarse, necesitaba más que nunca estar serena y dominar la situación. Ignacio continuaba sin parar recriminándole acciones, despechos desaires y demás. Por fin, algo fuera de sí por la actitud de su esposa añadió. 
   - ¿No tienes nada que decirme?
   Un silencio hiriente se apoderó de aquel amplio salón. Caterine no quitaba su mirada de los ojos de su esposo. Éste, cuando la cruzaba la retiraba de inmediato, era incapaz de aguantar aquella mirada fría, calculadora e hiriente cuando lo deseaba. De pronto, pensó que era el mejor momento. Con voz pausada y tranquila comenzó.
   - Por lo que he podido escuchar debo ser una esposa con solo defectos. No te he oído decirme nada bueno hacia mi persona. Cuando te conocí eras un chico encantador, alegre, divertido y disponías de todo el tiempo del mundo para mí. Has sido una persona paciente con mi profesión. Sabías desde un principio como era esto de la moda. Eres un hombre muy trabajador y sé por José que cuando te confió los asuntos de sus empresas respondiste perfectamente.
   Cuando Caterine pronunció el fatídico nombre, para él, saltó de su asiento como una pelota.
   - ¡José! ¡Cómo no! Para ti solo existe ese hombre en el mundo.
    La entonación que le dio su esposo a la frase estuvo a punto de hacerle perder la compostura, se mordió la lengua contó hasta diez y le interrumpió diciendo.
   - ¿Así que tus problemas son exclusivamente los celos? Pues lo siento Ignacio. Para eso no hay remedio.
   - Desde luego que lo hay.
  Replicó exaltado por la tranquilidad y seguridad con que le respondía.
  - Dedica más tiempo a tu marido y olvida por una temporada a José.
   Mientras ella hacía sus ejercicios de autocontrol para no perder los papeles, él proseguía con sus recriminaciones. Llevaban más de sesenta minutos hablando, Caterine tan solo había dado unas pinceladas a su intervención. Cansada de oír a su esposo le rogó guardar silencio y le pidió que se sentara. Había hablado demasiado y ahora le tocaba a ella aclarar ciertas cosas. Con una asombrosa tranquilidad y con ese tono dulce y cariñoso que tanto agradaba a José comenzó su discurso.
   - En primer lugar. Y no es la primera vez que te lo digo. José esta por encima de todo, incluso antes que yo misma. Si después de lo que te voy a contar, no estas de acuerdo con esta primera y única premisa, será mejor que cada uno tome su camino. No es negociable. El resto, hasta mi propia persona lo es. Comprendo tu incapacidad de entender algo que no has vivido personalmente. También soy consciente que aun siendo capaz de explicártelo a la perfección, nunca llegarás a saber la verdadera dimensión de la situación vivida. Mi madre y yo no teníamos donde caernos, todo el mundo nos rechazaba, nos repudiaban e incluso nos increpaban. Cuando nadie daba nada por nosotras llegó el personaje del que tienes celos y nos tendió la mano. Te recuerdo, por si tu memoria té falla, que a ti también te la tendió, aunque en otras circunstancias. Fui yo la que le conté  los problemas del bufete y no se lo había terminado de contar cuando ya te solucionó todas las dificultades. Pero volvamos a la época que teníamos verdaderos problemas mi madre y yo. No solo se limitó a proporcionarnos trabajo, vivienda, comida, ropas, dignidad, y un largo repertorio. Se ofreció él mismo, su tiempo, su ternura, su cariño, su amistad. Robándoselo a sus negocios, a su esposa, que por cierto la adora, a sus hijos. Si hubieras podido ver la ternura y el cariño que tuvo con mamá, sin lugar a dudas fue determinante para salvarla, estoy segura que no serias capaz de decir lo que acabo de escuchar.
   Las lagrimas acudieron a sus ojos, el recuerdo de aquel tiempo, la incomprensión de su marido hacía José le impidió proseguir. Comenzó a sollozar y aunque intentó continuar no conseguía articular una sola palabra. Ignacio se conmovió se aproximó a su mujer se abrazó y mientras sus brazos le abarcaban con lagrimas en los ojos se disculpó.
   - Perdón. Caterine, perdóname por favor.
   El silencio se adueño de la habitación. Ella continuaba llorando, incapaz de salir de aquel llanto. Una mezcla de rabia, de incomprensión, de amor, de agradecimiento y de tensión se daba en ese momento en su ser.
   Con dulzura rogó a su esposa que se sentase en el tresillo. Sacó un pañuelo del bolsillo y enjugó sus lágrimas, mientras acariciaba con ternura y cariño aquel angelical rostro.
   - Espero que sepas disculparme. Tratare por todos los medios a mi alcance respetar esa premisa que has expuesto y como señal de mi voluntad y mi amor hacia ti, me iré contigo a París para apoyarte en la presentación de esta colección. 
   Abandonaron el salón. Entraron en el servicio, se lavaron la cara y refrescaron el rostro. Salieron cogidos de la mano y fueron a despedirse. Ignacio se disculpó ante José en presencia de su esposa, agradeciendo el interés puesto por salvar su matrimonio. El chofer personal de José les llevó al aeropuerto para subir al avión fletado por Caterine para regresar a París.
   Cuando ella, en la despedida, se abrazó a José le susurró.
   - Ya te contaré, eres un encanto. Y sigo opinando que esos suecos se han equivocado de personaje al conceder el premio.
   Posó sus labios en los de él y se marchó con su esposo. Se sintió satisfecho los veía marchar bastante reconciliados y el hecho de que Ignacio le acompañara era señal inequívoca que él comenzaba a ceder en algo. Ahora solo le cabía esperar que Caterine fuese capaz de ceder. Le hubiera gustado hablar con ella pero se les haría tarde si no emprendían pronto el regreso.
   El internado donde José cursó el bachillerato se engalanó para recibir al personaje más celebre salido de aquel centro. El salón de actos repleto de gente, no permitía entrar ni una alfiler, alumnos, padres, religiosos, seglares. En fin toda la comunidad educativa sé dieron cita para agasajar al personaje en cuestión. Se encontró y pudo saludar a algunos de sus profesores. En la presentación del acto, la realizó el rector mayor de la congregación desplazado exclusivamente para rendir homenaje a tan celebre personaje. Los elogios, virtudes y cualidades del invitado se resaltaron sin escatimar el mínimo calificativo. Cuando José tomó la palabra fue muy corto en su mensaje.
   - Sé por experiencia que los grandes discursos no suelen llegar a la gente y como también fui niño sé que esto es lo que más os aburre, seré breve y que la fiesta comience. Mi intención es dar un consejo. Vosotros no debéis  pensar en mí, ni en esas figuras de la música, del deporte, de las ciencias o de la política y ser vosotros mismos. Sois únicos y eso es lo que ha de mover vuestras vidas. Tratar de sacar lo mejor que hay en vosotros y desarrollarlo todo lo posible. Y que la fiesta comience.    
   El salón rompió en un estremecedor aplauso, José bajó al público para estrechar la mano que le tendían aquellos estudiantes. Ya en el patio del colegio los juegos, deportes y concursos comenzaron, celebrando de esta manera la presencia del personaje en cuestión. Junto a su esposa Silvia, compartió la conversación y el vino en su honor que les brindó la dirección de la comunidad educativa.
   Quedaron gratamente sorprendidos por la sencillez y el saber estar del matrimonio.
   Permaneció la jornada completa en el centro, dedicando su tiempo especialmente a los más pequeños. Quienes los abrazaban, manchaban sus trajes de chocolate, caramelo o de barro. Si algún educador trataba de recriminarlos tanto uno como otro salían en su defensa.
   - La ropa tiene fácil solución. Deben comportarse como lo hacen con sus papás, nos encontramos mucho mejor si son espontáneos, tal y como son.
   Los niños giraban su rostro hacía el educador y con un gesto muy significativo volvían con los esposos.
   Cuando el matrimonio llegó a su casa, estaban agotados. Se metieron directamente al baño y tras una buena sesión de hidromasaje se fueron a la cama sin cenar.

martes, 29 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO I EL PREMIO NOBLE


      - CAPITULO I   - EL PREMIO NOBEL  -

   Toda la prensa del mundo editaba la lista de los diez personajes propuestos para el Nóbel de medicina de ese año. El nombre del español José Carbonell figuraba en la lista como uno de los favoritos entre los profesionales de la medicina. Su labor en Corea, sus métodos de rehabilitación y los aparatos ortopédicos ideados por el famoso doctor eran suficiente tarjeta para optar al premio.
   La prensa española editaba una pequeña biografía del seleccionado al Nóbel. José, el sabio valenciano, como se le conocía en la prensa de la época de la riada. El niño de siete años con la mejor calificación del país en las pruebas de ingreso. El doctor en medicina a la temprana edad de dieciocho años. Su labor en la pequeña población coreana, donde se le consideraba un enviado del cielo. Sus fundaciones en ayuda a personas del Tercer Mundo y en especial a la infancia. Las ciudades del deporte y de rehabilitación. Sus negocios en el campo de la moda. Toda su historia iba saliendo cada sábado en la prensa.
   La noticia de un capitulo de su vida, sus años en el internado, puso en guardia a toda la congregación religiosa. Infinidad de llamadas recibió el periódico y hasta el mismo José, quien se negó en rotundo a atenderlas. El editor del periódico, se extrañó de la inquietud despertada por el anuncio de ese capitulo de la vida del famoso doctor y quiso aclarar la razón de esa tensión, pero quedó entrevistarse después de la publicación.
    Aquel sábado todos estaban en tensión, las circunstancias en torno al artículo provocó una venta muy superior a la esperada viéndose en la necesidad de lanzar hasta dos ediciones más del periódico. Ni una sola palabra del incidente sufrido por el sabio valenciano en el internado. Ni una mala palabra sobre el comportamiento de la orden religiosa cuando le negaron cursar el último curso si no ingresaba en el seminario. Ni la mínima insinuación sobre el padre Federico. Es más todo fueron alabanzas y gratitud para la orden que le permitió cursar el bachiller. Pero cuando el artículo tocó el tema del padre Andrés a José le costó encontrar los elogios necesarios para describir a su gran amigo.
   A primeras horas de la mañana recibía telegramas, faxes, llamadas de teléfono y hasta la presencia de un anciano ayudado por otros dos sacerdotes. No era otro que el director. Don José. El doctor se emocionó. Por sus ojos se dejaron caer unas lágrimas, la presencia de aquel anciano y en su estado le compensaron todo el daño causado en aquellos años. Se abrazó al clérigo y pasaron varios minutos fundidos en un sincero abrazo, mientras sus ojos se enturbiaban. Cuantos recuerdos, disculpas, agradecimientos se dieron en aquella larga y tranquila conversación.
   A despedirse las lágrimas acudieron de nuevo a sus ojos. Le rogó transmitir sus más cordiales saludos a toda la congregación, prometiéndole buscar un hueco en su agenda para acercarse al colegio y saludarlos. Reencontrarse con algunos profesores y animar a todos los jóvenes del centro a persistir en su intento de convertirse en hombres y mujeres, capaces de aportar a la sociedad todo lo bueno de sus personas.
   Al leer los otros nominados llamó a su esposa. El doctor Aleixandre Dekrauf, director de la clínica Parisina que tanto éxito había conseguido contra el SIDA y uno de los culpables de continuar Linda con vida, se encontraba en la lista. Lo comentaba con su esposa cuando el teléfono sonó, era Caterine. No terminó de leerlo en la prensa cuando se precipitó al aparato para contactar con él y felicitarlo. Mostraron su satisfacción por la nominación del doctor Aleixandre. Conversaron durante unos quince minutos y cuando colgó dirigiéndose de nuevo a su mujer puntualizó.
   - Esta criatura trabaja como una loca, pero cada segundo libre está pendiente de cualquier noticia que me afecte. Es un encanto de mujer.
   Su esposa estaba de acuerdo, conversaron sobre ella y su nominación. Silvia con su colaboración, ayuda y apoyo era la principal culpable del reconocimiento mundial a su esposo. Abrazados permanecieron hasta la llegada de familiares y amigos. La mansión de los Carbonell fue invadida por familiares y amigos, improvisándose una pequeña fiesta.
   Varios de sus allegados no pudieron desplazarse en esos momentos. Silvia atenta a todos esos detalles decidía ofrecer a su esposo y familia una gran celebración. No perdió el tiempo de inmediato comenzó a organizarla. Sin olvidar el mínimo detalle. Con discreción y sencillez, como era costumbre en ella, pero sin el menor fallo.
   Fue una semana agotadora. Infinidad de entrevistas en radio y televisión, visitas de personalidades y del mundo de la medicina se dieron cita en casa de los Carbonell. Pero ese viernes José anuló todos los compromisos, se desplazó, junto a su esposa, al aeropuerto a recibir a la familia Revaud. Hacía más de dos meses sin verse, aunque tenía noticias por teléfono por medio de Caterine, que no dejaba pasar un solo día sin telefonear, con el resto, no tuvo el menor contacto. Fue, un encuentro como tantos otros entre las dos familias, emotivo, lleno de cariño, afecto y amistad. Recogidos los equipajes se instalaron en casa. A comer acudieron sus hijos. Elena, Carlos y sus cuatro retoños, Reme, Adolfo y sus dos pequeños, Jorge, Bety y su bebe, Ignacio y Caterine, el matrimonio Carbonell y las dos hermanas, Linda y Brisite. Aquella comida recordó a José las celebradas con sus hermanos en la alquería. Fue mirando uno a uno a sus hijos, yernos, nueras, nietos, consuegra, a la hermana de ésta y a su querida Silvia. Se congratulaba al observar la armonía existente en el matrimonio de su mayor. La alegría y felicidad en el matrimonio de su pequeña Reme. Lo entusiasmados con el bebé de su único varón y su encantadora esposa Bety. Cuando su mirada se detuvo en Caterine, se entristeció, era consciente de ser el único matrimonio donde las cosas no funcionaban. Al cruzarla con ella, observó el repentino cambio expresivo de su “hija adoptiva”. Una sonrisa llena de ternura, cariño, afecto y pasión por él se mostró en todo su esplendor. Tuvo respuesta de inmediato con otra cargada de amor paternal y esperanza de lograr una pronta solución a su relación con Ignacio. Brisite estaba encantadora, emanaba felicidad y satisfacción por cada poro de su piel. Se sentía querida y apreciada por todos y solía ser la consejera de casi todas las mujeres de esas dos familias. Todos la apreciaban, pero especialmente las mujeres. Cuantas veces les había ayudado a superar pequeñas crisis, a dar consejos y a quedarse con sus pequeños para poder salir con tranquilidad. Al sentirse observada por aquel maravilloso hombre, posó con ternura sus labios sobre la palma de la mano y con un embriagador gesto sopló con la intención de depositar el beso en aquel ángel del cielo. Con esa sonrisa, a flor de piel, replicó al gesto.
   Ahora toda la belleza y encanto de Linda estaba ante su mirada. Estaba radiante de belleza y felicidad, estar junto a sus hijas, nieto y especialmente junto a José le llenaba plenamente. Conversaba con unos y otros. Su felicidad la transmitía por doquier. La mayor parte del tiempo, charlaba con Silvia. Su querida mujer. Estaba resplandeciente. “Señor”. “Como adoro a esas dos mujeres” pensaba lleno de satisfacción y felicidad al verlas tan llenas de vida y alegría. Al unísono dirigieron su mirada hacía él, sonrieron, se miraron mutuamente y en aquella expresión cruzada  pudo comprobar todo el cariño y afecto por él.
   En la sobremesa José preguntó con discreción a Linda si pasaba algo entre Caterine e Ignacio. Conversaron largamente sobre la pareja. Se veían muy poco. El trabajo no les permitía convivir con normalidad. Las presentaciones de las colecciones le llevaban mucho tiempo a su pequeña y el bufete de abogados, desde la entrada providencial de las empresas de José, lo tenía muy ocupado. Pero también había notado cierta tensión entre la pareja. Se propusieron hablar y tratar de limar asperezas. Linda lo haría con su hija, mientras con Ignacio, hablaría con él. Pero se sentía enormemente feliz de ver a la familia reunida.
   - Sabes. Si se lo dan a Aleixandre será como si me lo diesen a mí.
   - Los dos os lo merecéis.
   Intervino Silvia, mientras se sentaba junto a él.
   La conversación prosiguió entre los tres. Pasaron una velada encantadora. Hablando del principal tema. Pero también recordaron viejos tiempos. Contaron las últimas anécdotas de los pequeños. La marcha de las empresas y en fin las mil cosas que ocurren en la familia.
   José telefoneó a Rita.
   - Vais a estar esta tarde en la alquería.
   Ante la afirmación propuso reunirse la familia para cenar. Dudaban entre hacerlo en la alquería o en casa de José, pero por fin ante la insistencia de los pequeños, querían acercarse a la granja para ver a los animales, decidieron prepararla en la alquería. Entre los dos se encargaron de avisar al resto de la familia.
   Los coches fueron inundando el parking construido para esos encuentros familiares. Nadie faltó a la cita, algunos tuvieron que anular algunos compromisos, pero como decían. “El principal compromiso es la familia” y allí se dieron cita los, cerca de, ciento veinte personas que la componían. Hasta treinta y ocho vehículos se pudo contar en el aparcamiento de la alquería. Más que una casa familiar parecía una discoteca o un restaurante.
   Los niños acaparaban a su tío Andrés, él sería quien los llevaría a la granja para darle comida a los patos, gallinas, gallos, conejos, pavos, vacas, toros, caballos y mil bichos más. 
   José consiguió perderse con Ignacio por uno de los invernaderos. Iban paseando uno junto a otro mientras conversaban sobre los asuntos de las empresas y sobre uno de los contenciosos con la administración. Con esa excusa consiguió separarse del resto para conversar sobre el asunto que les preocupaba a Linda y a él. Con suma delicadeza consiguió sacar el tema. Estaba en lo cierto, las cosas entre los dos no funcionaban ni bien ni mal, llegó a confesar Ignacio.
   - La verdad.
  Aseguraba
   - No sé si va bien o mal mi matrimonio, pues pasamos más tiempo separados que juntos. Nuestros respectivos trabajos acaparan el tiempo. Le he propuesto tener un hijo, pero siempre me contesta con la misma canción. “Cuando tenga tiempo pensaremos en ello. Ahora es imposible”.
   Reconocía que la presentación de las colecciones le ocupaba mucho tiempo y él mismo sufría dichas consecuencias. Pero también era consciente de no disponer de mucho últimamente. El trabajo en el despacho se acumulaba y le ocupaba incluso los fines de semana.
   En el transcurso de la conversación José le aconsejó la necesidad de hablar sobre el problema, para tratar de resolver la situación, cediendo un poco los dos.
   Ignacio agradeció sinceramente la charla y los consejos recibidos, pero no se atrevió a confesarle el principal obstáculo entre Caterine y él. Sentía celos de aquel personaje, observaba a su esposa como estaba más pendiente de José que de él. En cualquier conversación, de las pocas que mantenían siempre andaba aquel personaje por medio. Convencido que a quien verdaderamente amaba Caterine era a José. Pero esa inquietud, que atenazaba su corazón, no fue capaz, en el transcurso de su conversación, de confesarla.
   José regresó a la alquería y entró en la conversación mantenida por sus hermanos. Se sentó junto a Silvia y al no ver a Linda, preguntó por ella. Había salido con su hija Caterine a pasear por los huertos de naranjos, pues deseaba mantener una charla de madre a hija. Tras la aclaración le confesó.
   - Vuelvo de charlar con Ignacio y es imprescindible sentarlos para hablar de su relación con serenidad y responsabilidad. De otra forma no creo en la continuidad de ese matrimonio.
   - Mi vida. Estoy convencida que el principal obstáculos existente, entre los dos, eres tú. Caterine sigue locamente enamorada de ti.
   Sonrió, no estaba de acuerdo en ese asunto con su mujer. Pero la intuición femenina en este caso tocaba el centro de la llaga.
   Mientras en el campo de naranjos Linda e hija conversaban.
   - Ignacio no me atrae como antes. Creo que fue un romance del momento. Consciente que a José no lo conseguiría con el primer chico educado y agradable que se cruzó en mi camino me cautivó para cubrir algo de lo que estoy segura ahora. No podré enamorarme de ningún otro hombre. Mi corazón pertenece a él y en todo momento su imagen y su nombre están presentes, en mis sueños, en mis ilusiones, en mi trabajo. Cuando consigo diseñar algo si no voy a verle para darme el visto bueno no me atrevo ni a sacarlo. Lo es todo para mí.
   Linda escuchaba a su hija sin interrumpirle, deseaba que se sincerara con ella y le contara toda su preocupación. Por ello caminaba a su lado escuchando atentamente la confesión de su hija.
   - Mamá, no puedes comprender lo que me ocurre. Sé que es mayor, pero te lo creas o no me atrae sexualmente como ningún otro lo ha conseguido en mi vida. No sé si sabrás que este donde este, no dejo un solo día de llamarle y contarle como me ha ido el día. Necesito de él como necesitamos el aire, aunque tan solo sea a través del teléfono. En China, me encontraba muy mal. La negociación fue muy dura y estaba que explotaba. Le llamé en tres ocasiones y su voz me ayudo a seguir peleando y conseguí lo que ninguna otra firma de modas ha conseguido en China. Estoy convencida que de no haber contado con su apoyo por medio del teléfono no lo habría conseguido.
   Pequeña pausa para recuperar el aire.
   - Sé lo que me vas a decir y te juro, por lo más sagrado de esta vida, que si no fuera Silvia como es hace muchos años habría peleado por él como ninguna otra mujer ha luchado en esta vida por un hombre. El muy condenado hasta tiene una mujer maravillosa.
   Caterine fue lanzando todo lo almacenado en su corazón se abrazó a su madre y lloró desconsoladamente.
   - Daría todo, absolutamente todo, por pasar, tan solo una noche con él.
   Linda, mientras estrechaba a su hija entre sus brazos, intentaba calmarle por todos los medios. Por fin cuando dejó de lanzar todo lo guardado en su corazón, le contó su secreto.
   - Cariño te aseguro que, si Silvia no existiese o no fuera como es, no te habría dejado arrebatármelo.
   Continúo descargando su corazón y confesando a su hija sus sentimientos.
   - Como puedes comprender te entiendo perfectamente. Desconoces que  pude poseer a ese hombre y la tonta de mi deje pasar aquella ocasión.
   - ¿Cómo fue mamá?
   Preguntó. Se sentaron en el borde de la acequia y Linda comenzó a relatarle una parte de su vida, que conocía, pues la contó José cuando descubrió de quien se trataba. Pero solo contó parte de aquella vivencia.
   - Recuerdas cuando tu tía y yo nos sentamos sobre sus rodillas y nos confesó quien era.
   - Si, era un antiguo amigo vuestro. Del que no sabías nada desde hacía más de treinta años. Y tú saltaste diciendo es Pepe, Brisite es Pepe. Nuestro querido amigo Pepe.
   Efectivamente su hija lo recordaba y se decidió a confesarle toda la historia.
   - El verano anterior al incidente se me declaró, estaba locamente enamorado, pero mi corazón en aquella ocasión no estaba por la labor y con el mayor tacto que pude se lo comuniqué. Lloró como un chiquillo. Traté de consolarlo y animarlo. Sin lugar a dudas fue un duro golpe para él. Al siguiente verano, nos estuvimos escribiendo durante todo el curso, nos encontramos de nuevo en el camping. Yo me había enamorado como una tonta de tu padre y así se lo hice saber. Pase uno de los veranos más maravillosos. Íbamos juntos a todas partes y su comportamiento fue el de un autentico caballero. Notaba como me adoraba, pero ni la menor insinuación de ningún tipo. Sabía perfectamente que me deseaba. Pero su actitud fue ejemplar. Un día antes de separarnos el grupo con el que estábamos, comimos juntos en el restaurante del camping. Tu tía y yo nos pasamos con la sangría y le propuse hacer el amor. ¡Dios! Que maravilla de hombre. Su expresión cambio como si estuviese viendo el cielo. Si algo deseaba de verdad era precisamente eso. De inmediato la expresión de su rostro se llenó de tristeza y con una dulzura, que aún me pone los pelos de punta al recordarlo, me dijo que si a la noche, cuando el efecto del alcohol se me pasara, se lo pedía de nuevo no lo dudaría ni una milésima de segundo. Volví a insistir una y mil veces. Ahora que lo pienso la excusa del alcohol es lo único que me salva de lo malvada y dura que pude ser con aquel joven, que con la misma dulzura que la primera vez me repetía lo mismo. Tu tía se acercó cargada de sangría y muy asustada, pues un camarero le había propuesto perderse entre un huerto de naranjos. Él le tranquilizó y le aseguró que estando a su lado estaría fuera de todo peligro. Nos levantamos para dar una vuelta. El aire y el ejercicio ayudarían a la absorción del alcohol. Regresamos al camping nos duchamos y tras la cena nos fuimos con guitarras a la playa para pasar una velada cantando. En un momento de la noche me levanté y me fui a pasear con él por la playa. Le di las gracias por su comportamiento de ese día y me confesó que aunque era su sueño jamás se hubiera aprovechado de una circunstancia como esa para conseguirlo. Y añadió.
  - Tú eres mi mejor amiga y por nada en el mundo haría algo que terminase con esta amistad.
   Me abracé y lo bese con verdadera pasión.
   En otra ocasión, estando haciendo ejercicios de rehabilitación en la piscina perdí por unos instantes la cabeza. Él me había quitado la ropa para ponerme el bañador, estaba completamente desnuda, me abracé fuertemente a su cuerpo y solo el recuerdo de su esposa impidió que la perdiera por completo. Ese mismo día durante la clase él trató de besarme y aunque lo deseaba con todas mis fuerzas de nuevo la omnipotente figura de Silvia evitó algo que deseábamos los dos.
   Madre e hija se abrazaron. Se habían contado mutuamente sus sentimientos más íntimos y ahora se levantaban dispuestas a regresar con todos y cenar.
   Aquella cena parecía la celebración de una boda. Habían montado las mesas, por generaciones. En la de la presidencia se pusieron los mayores. Los hermanos Carbonell con sus respectivas esposas y esposos, Linda y Brisite. En la siguiente la generación de los hijos, con sus respectivos. Por último, la más animada, la de los jóvenes y niños.
   Rita miró a su hermano, no hizo falta palabras, en los dos estaban los mismos pensamientos. “Como disfrutaría mamá viendo a los suyos reunidos en armonía y con toda la prole que allí se había juntado”.
   Esa mañana  Silvia se encontraba organizando los últimos flecos de la fiesta de esa tarde noche, cuando llamó a su esposo.
   - José, cariño, date prisa.
   Las primeras noticias de esa mañana comunicaba la decisión entre  una  terna para la  concesión  del  Nóbel de medicina y entre ellos se encontraba el candidato español. El francés Aleixandre Dekrauf y el norteamericano Wiliams York que se enfrentarían a José en la última votación.
   Dejaron de prestar atención a la televisión. Se miraron fundiéndose en un abrazo justo en el instante que entraban corriendo Linda y Caterine. Al contemplar la escena madre e hija cruzaron sus miradas. En sus rostros se reflejaba la resignación y recordaron la conversación mantenida la tarde anterior. Cuando el matrimonio se separó felicitaron a José con un abrazo y los tradicionales besos franceses.
   La fiesta fue un éxito rotundo, asistieron personalidades de la política, del mundo de la medicina. El otro candidato europeo al Nóbel confirmó su asistencia, y los dos colegas se pudieron felicitar mutuamente. Pero una de las parejas de invitados que más alegraron al matrimonio fueron dos médicos coreanos, ambos con una pierna amputada. Era la pareja de nativos que despidieron al matrimonio la primera vez que abandonaron juntos Corea para socorrer a la familia. Se habían convertido en unos notables médicos y dirigían la fundación Carbonell en Corea. Todos los años pasaban unos meses en las clínicas de las ciudades del deporte para ponerse al día y de inmediato regresaban a su país para ayudar a su gente. 






















miércoles, 23 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR SEGUNDA PARTE CAPITULO IX-LA CONFESIÓN


   - CAPÍTULO NOVENO.

                                          - LA CONFESIÓN. -

   A los seis meses, del regreso de José a casa, se inició el caso por la vista contra la compañera de Pierre Valery, en demanda contra la firma. Silvia y su marido decidieron presentarse en París para brindar su apoyo. El juicio se iba desarrollando sin el menor incidente. Los abogados, de modas Revaud, controlaban perfectamente la situación. Era un caso para resolverse en los despachos sin llegar a juicio. Pero aunque los abogados de la demandada se lo aconsejaron, ésta obsesionada se negó a ello. Sabía que lo iba a perder pero deseaba dañar la imagen de la firma denunciante. Los abogados de José se dieron cuenta rápidamente de la estrategia del otro grupo y consiguieron dominar la situación en todo momento. La prensa seguía con sumo interés aquel caso y todos los días dedicaban páginas completas a la vista del día. El juicio tuvo el efecto contrario al esperado por la amiga de Pierre. Le proporcionó, a Modas Revaud, una propaganda extra de un inmenso valor comercial. Adquiriendo la firma dimensiones gigantescas. La calidad de los diseños de Caterine y Bety, bajo los consejos de su madre, iban en aumento. Las principales pasarelas se disputaban la presentación de las colecciones y las tiendas Revaud se abrían en las principales capitales del mundo. Aquel negocio, que en un principio supuso un desembolso importante, ahora se había convertido en la principal fuente de ingresos de sus accionistas.
   Linda y sus hijas habían decidido trasladarse a París para poder atender mejor el negocio. Brisite prefirió seguir en New Ville en donde los principales talleres de la firma se instalaron allí. Además, dirigía personalmente la tienda de la ciudad. Tenían en mente trasladarse a la capital una vez finalizado los trámites judiciales. El juicio quedó visto para sentencia a las dos semanas. La intervención de Pierre fue decisiva en algunos momentos donde la firma podía haber sufrido algún daño en el ámbito de la prensa. Pero el escándalo saltó cuando su amiga, al oír la declaración de su ex amante, se lanzó como una loca, sobre él agrediéndole en la misma sala del juicio. El juez le llamó al orden y le impuso una sanción económica. Preguntó a Pierre si deseaba denunciar el incidente, pero aquel hombre había aprendido la lección dada por la madre de sus hijas y prefirió dejarlo pasar. El papel desarrollado por su padre en el juicio le permitió acercarse un poco a sus hijas. Hasta tal punto que antes de emitir sentencia, le pidieron hablar con él. Esa circunstancia proporcionó, al arrepentido padre, recuperar media vida. Sus hijas.
   Esa tarde Jorge les acompañó en coche hasta casa. Luego pasaría a recogerles para cenar. Caterine fue la más fría durante la conversación mantenida con su progenitor. Él deseaba poderles abrazar, pero se cuidó mucho de tomar cualquier tipo de iniciativa en ese sentido. Notaba la tirantez de Caterine pero lo comprendía. Ella había pasado por una situación muy distinta a su otra hija. Pero se sentía enormemente feliz de poder verlas y conversar, a pesar de aquel clima algo tenso. Cuando Jorge llegó, Bety besó a su padre, mientras que Caterine le dio la mano y se despidieron de él, quedando en verse más adelante.
   Pierre cayó sobre el sillón que tenía más cercano y rompió a llorar, liberando aquella emoción producida por esas horas de comunicación con sus hijas. Se sentía muy feliz y su razón de vivir la tenía fijada en el siguiente encuentro.
  Cuando regresaban al hotel Caterine, comentó a Jorge.
   - Tú crees que a tu madre le importaría compartir a su marido.
   Bety recriminó la pregunta de su hermana. Pero lo cierto es que José inundaba su corazón, sus sueños y sus deseos. No había terminado de diseñar un modelo cuando, si él estaba en la ciudad, iba rápidamente a enseñárselo para darle el visto bueno. Él se había dado cuenta de la adoración que aquella maravillosa joven sentía por su persona. En muchos de sus encuentros pasaba horas reflexionando sobre la situación y ella salía convencida, pero no había abandonado la puerta cuando los sentimientos superaban a la razón. Lo deseaba, y eso se había convertido en el centro de su existencia. Su pasión por él llegó a tal grado que en una ocasión llegó a conversar con Silvia para proponérselo. Con su acostumbrado tacto y delicadeza razonó con la joven. Siempre terminaba pidiendo perdón.
   El fallo era claro, se le dio la razón a la firma Revaud y la de Pierre Valery desapareció integrándose todas las propiedades y personal en la primera.
   José y Silvia regresaron a España. Jorge, como había finalizado el curso, decidió quedarse para ayudar en el traslado.
   El verano estaba terminando, la nueva casa de la familia Revaud estaba terminada y decidieron dar una fiesta para los íntimos. José y su familia, al completo, se presentaron y pasaron una grata velada bautizando el nuevo hogar. Reme había viajado con su novio y un amigo de este. Ambos eran abogados y ejercían en los despachos respectivos de sus padres. La familia se sorprendió al ver el interés de Caterine por aquel joven. Había conocido infinidad de muchachos, pero con ninguno había entablado tan rápidamente una conversación. Los dos días que pasaron en París, ella se había olvidado de José y eso era algo muy revelador. Tanto Linda como el matrimonio se habían dado cuenta de la situación. Lo comentaron con gran satisfacción.
    Elena y Carlos anunciaron a sus padres que serían abuelos. En tono irónico José comentó.
   - Creo que tu hija se ha dado cuenta, ahora, que soy un abuelo.
   Comenzaron a reírse y sin saber el porqué ella se abrazó y le besó.
   Las cartas, las llamadas por teléfono, viajes con Jorge se hicieron cada vez más frecuentes. Caterine había encontrado a su pareja.  
   Se anunciado la boda de Jorge y Bety, así como se sospechaba los próximos enlaces de Reme y Caterine con la pareja de abogados.
   El segundo día de Navidad tras la cena y comida en la alquería la familia, decidió desplazarse a New Ville. Silvia y su esposo compraron una casa en aquella deliciosa localidad. Esos últimos días del año la ciudad estaba cubierta de nieve y parte del lago helado. Tomándose unos días de vacaciones para esquiar y descansar mientras pasaban las fiestas en familia.
   Esa tarde se reunieron a comer en casa. Silvia tenía todo preparado y dispuesto para que la familia se sintiese a gusto. El servicio contratado para cuando decidían a ir a New Ville estaba preparado. Poco a poco fueron viniendo. Silvia comentó a su marido si había confesado a Linda su secreto. Ante la negativa se sorprendió que en todos esos años convividos no lo hubiera hecho. Le prometió que durante esas vacaciones lo intentaría.
   La comida fue muy entretenida juntándose diez personas, la familia de José, la de Linda y el novio de Caterine. Se pasaron un poco con la bebida y durante la sobremesa las bromas y risas se desbordaron. En un determinado momento José se encontraba en una silla. Linda se había sentado sobre el muslo derecho y con su brazo abarcaba el cuello mientras acariciaba con suma delicadeza a su amigo. Al rato su hermana hacía lo propio, sentándose en el otro muslo. En ese preciso instante José comentó.
   - Hará unos treinta años me encontraba en esta misma agradable situación.
   Fue Caterine quien sorprendida dejó de prestar atención a su pareja y preguntó.            
   - ¿Acaso conocías a mamá antes? 
   Un profundo silencio. Caras extrañadas, a excepción de la familia Carbonell. Al cruzar sus miradas el matrimonio sonrió.
   - Si mi querida pequeña. Hace treinta años tuve a estas dos maravillosas mujeres sobre mis rodillas. Si mi memoria no me falla fue en el restaurante de un camping de Javea.
   Brisite y Linda se miraron, como tratando de averiguar si la otra había caído. Pasaron tres minutos de absoluto silencio. Todos estaban expectantes para ver quien resolvía aquel misterio. Por fin fue Linda.
   - ¡Es Pepe! ¡Brisite!. ¡Es Pepe! ¿Te acuerdas?
   - ¿Pepe?
   Se quedó pensativa y de inmediato reaccionó.
   - Nuestro querido amigo español.
   De inmediato lo miraron, él les sonreía. La expresión de su rostro revelaba a las claras su acierto. Lo habían recordado. Era Pepe. El resto del personal permanecía atónito a las pocas explicaciones recibidas. Fue nuevamente Caterine quien rompió con aquel nuevo silencio.
   - Entonces es cierto que os conocéis. ¿No?
   No permitió respuesta de inmediato y dirigiéndose a su madre comentó.
   - Recuerdas cuando en el hospital me confesaste que esa mirada te recordaba a alguien. Entonces estabas en lo cierto.
   Poco a poco las cosas se fueron aclarando. Comenzaron a recordar sus años de adolescencia, pues se conocieron con quince años escasos. Y habían estado viéndose durante cinco veranos. Luego no volvieron a tener noticias el uno del otro. Y tras todos esos años ahora se habían vuelto a encontrar.
   - José. ¿Lo sabías desde el principio?
   Preguntó con sorpresa Linda. Iba a contestar cuando Jorge interrumpió al ver la expresión de su madre.
   - Sabéis fue mamá la que impulsó a papá para que te buscara.
   Silvia se ruborizó y tras unos segundos lo confesó. Caterine fue quien irrumpió de nuevo.
   - ¿Lo sabía alguien más?
   - Sí. Todos los Carbonell.
   Aseguró Reme. Rieron la ocurrencia de la joven. Tras las aclaraciones comenzaron las preguntas de todos al mismo tiempo. Había demasiadas incógnitas en todo aquello y cada uno deseaba despejar las suyas. José pidió calma y prometió relatar toda la historia. Invitó a su esposa, a Linda y a Brisite, que si recordaban algo le interrumpieran y lo añadieran. Luego del relato si deseaban realizar alguna pregunta lo podía hacer sin problemas. Estaba dispuesto a confesar todo lo que desearan.
   - La historia, que yo recuerdo, se inició en un verano cuando contaba con quince años. Había ido a pasar unos días con los amigos a Javea. Los tiempos difíciles habían pasado y la familia gozaba de una posición aceptable. Ellos tenían apartamento, pero como eran familias muy numerosas no había posibilidad de ir a sus casas, por ello cogí mi tienda de campaña y me instalé en el camping que se encontraba a cinco minutos de los apartamentos. Una tarde, por el paseo marítimo, nos cruzamos con estas dos encantadoras hermanas. Entablamos conversación y quedamos en salir. La casualidad quiso que estuviesen instaladas en el mismo camping.
   - Papá al grano.
   Interrumpió Reme al tiempo que añadía
   - Estamos impacientes por saber lo importante de la historia.
   José pidió calma. Todo estaba relacionado y si no lo contaba con los detalles podrían perderse y no comprender algo de esa dulce y romántica historia.
   - Bueno como os iba diciendo. Quedamos en salir con ellas esa noche tres de los cuatro amigos. Linda me cautivo desde el primer momento que la vi. Me tocó él corazón y al fin y a la postre fue mi primer amor. Durante el curso nos escribimos con relativa asiduidad, cada quince días, más o menos. Los siguientes veranos nos encontramos de nuevo en el camping. Me enamoré locamente de esta preciosidad y en uno de los veranos le declaré mi amor. Con la dulzura, el cariño y tacto que le caracterizan me dio calabazas. Creo que, los años siguientes, fueron los más duros y amargos de mí existencia. Nos seguimos viendo en verano y en uno de ellos, Linda venía enamorada de un súbdito inglés, para mayor recochineo. Ya que en esa época España estaba especialmente sensible con los hijos de la Gran Bretaña.
   Las sonrisas florecieron en el grupo. Ese toque de humor hizo que la tensión se relajase un poco. Silvia observaba a su esposo y se sentía enormemente feliz de compartir su vida con él.
   - Pienso que a raíz  de aquel verano no simpatizaba mucho con los ingleses. El caso es que estuvimos juntos y luego sin saber el porqué, no volvimos a tener noticias.
   Una pausa prolongada y fue, como no, Caterine quien la rompió.
   - Mamá. Estarías borracha ese verano para rechazar a este encantador abuelito.
   Nuevas risas ante la salida de la joven que permitieron rebajar la expectativa del relato. Por fin cuando las cosas se calmaron prosiguió.
   - Bueno hará unos dos años más o menos. Cuando Silvia y yo comenzamos a planificarnos un viaje al mes para relajarnos de unos años de gran intensidad y trabajo. Estando en París, creo que me crucé con Bety. Estaba en una cafetería, se tropezó con mi silla y fue al suelo. De inmediato me apresuré a ayudarle. Era idéntica a Linda, y aquello me dejó helado.
   - A propósito.
   Interrumpió su relato.
   - ¿Eras tu Bety?
   Ahora que lo comentaba, era cierto, se habían visto y conversado en aquella ocasión pero ella lo había olvidado. Ahora recordaba aquel incidente y en especial cuando no le soltaba los brazos. Tras las aclaraciones pertinentes prosiguió. 
   - Fue entonces cuando recordé a mi primer amor y sentí la curiosidad de averiguar algo sobre ella. Pero tan solo fue una idea. Silvia, que me notó excesivamente pensativo para estar de vacaciones, me preguntó. Y cuando le relaté lo sucedido me animó a contratar un investigador privado. Por la noche caí en la cuenta que la segunda ciudad elegida para esas vacaciones fue New Ville y aunque lo hice inconscientemente estaba claro que en su elección influyo mi subconsciente. Un investigador privado de New Ville fue el encargado de indagar todo lo referente a las dos hermanas. Me hice pasar por el esposo de una paciente y entablé conversación con Caterine. El resto de la historia lo habéis vivido. De nuevo un silencio profundo. Todos estaban impresionados por aquella historia y trataban de asimilar la confesión. Bety fue la que en esta ocasión rompió el silencio.
   - ¿Amas a mamá?
   La respuesta no si hizo esperar. De inmediato contestó.
   - Estoy seguro que si no ocupara un puesto importante en mi corazón no habría iniciado aquella investigación.
   La pregunta de su hija menor fue más fuerte, la enunció y luego de hacerla se arrepintió.
   - ¿Dejarías a mamá por Linda?
   Los presentes recriminaron la pregunta, pero no estaba dispuesto a falsear nada y con la misma rapidez comentó.
   - No. A Linda la quiero y si me manifestara de otra forma mentiría. Ella y Silvia saben que tuve tentaciones. Pero también conocéis el sentido moral, tanto de Linda como el mío. A Silvia la adoro. Ha sido, es y será mi pareja hasta que la muerte nos separe.
   Brisite se levantó y cedió su puesto a Silvia. José se abrazó a las dos y se fundieron en un fuerte abrazo.
   Aquella confesión unió, más si cabe, a esas dos familias. Las preguntas y respuestas se sucedieron hasta la cena y prosiguió tras la misma. Las parejas se miraban y deseaban con todas sus fuerzas que su relación se pareciese a la de José y Silvia. Aquello si era una verdadera devoción al otro.
   Cuando Linda y Brisite se fueron a casa comentaron el relato de aquella tarde. Aquel amor que José había conservado era verdaderamente romántico y muy bonito. Ellas habían tenido experiencias bastante desagradables en relación con su pareja y aquella historia protagonizada por ellas les levantó la moral y se sentían orgullosas de tener como amigo a ese encantador matrimonio, que por cierto también entrarían a pertenecer a la familia.                    
                          

martes, 15 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR 2ª PARTE CAPITULO VIII- LA DECISIÓN


   - CAPÍTULO OCTAVO.

                                           - LA DECISIÓN. -

   El Mercedes se deslizaba por las calles de París a gran velocidad. En él la pareja en compañía de sus abogados se dirigían hacia la mansión de Pierre Valery. El coche se detuvo en la entrada permitiendo observar las luces, el sonido y el movimiento en la vivienda revelando la presencia de personas en la casa. Llamaron a la puerta y un criado atendió a los recién llegados. Los invitó a pasar, pero José presentó a Linda y a sus abogados. Le entregó una tarjeta y rogó, con su exquisita amabilidad, que comunicara al señor su presencia y el deseo de conversar con él, aguardando en la entrada la respuesta. De inmediato se presentó Pierre, estaba desencajado, esas horas de tensión vividas habían hecho mella en el rostro de aquel hombre. Con una educación no esperada invitó a los presentes a entrar en el salón. Esperarían si deseaba tener a su abogado. Con la misma educación que los recibió rechazó la petición y esperó el vendaval.
   José, junto a sus abogados, se colocó en un segundo plano y  cedió la palabra a Linda. Estaba muy tranquila tener a José arropándole le dio la serenidad y la fuerza para enfrentarse a la situación. Se extrañó al no sentir el menor rencor hacia aquel hombre que estaba contra las cuerdas. No tenía ansias de revancha y en esos momentos lo que menos deseaba era hacer daño a nadie, ni siquiera a Pierre. Con suma serenidad y confianza en si misma comenzó su exposición.
   - Supongo que sabrás cual es tu situación en estos momentos.
   Pierre, que aparentaba bastante serenidad, le interrumpió.
   - Linda creo que no estás muy al corriente.
   Ella le rogó escuchar y si algo de lo expuesto no era cierto podía interrumpirle.
    - Continúo.
    Comenzó diciendo para proseguir.
   - Sé que tu compañera te ha dejado en la estacada y ha empleado las mismas formas que tú hace tiempo empleaste conmigo. Lo sabes porque te lo han comunicado nuestros abogados y supongo que el tuyo. También serás sabedor por la misma vía que se ha presentado una demanda contra tu firma por apropiación indebida de modelos registrados con mi nombre. Por supuesto que tu compañera pedrera la firma, con toda probabilidad, pues la demanda va contra la compañía y según obra en nuestro poder ahora figura a su nombre. Sobre tu casa pesa un embargo por el pago de cuatro millones de francos y tus haberes en estos momentos no ascienden a más de cien mil.
   Conforme Linda iba exponiéndole la situación, su rostro cambiaba. La seguridad de un principio fue desapareciendo hasta el punto de romper a llorar y suplicar. Linda sin inmutarse, serena y segura prosiguió.
   - Pierre a estas alturas no me puedes conmover. Te he dicho desde un principio que toda relación entre nosotros terminó. Te he perdonado como persona y mi intención, es olvidarlo. Bety se viene a trabajar con nosotros, conoce perfectamente la firma y nos será de mucha ayuda para integrarla en la nuestra. Sabe lo sucedido y no quiere volverte a ver. Al menos de momento. Es posible, y también son palabras de Caterine, que con algo de tiempo quieran conversar contigo. Al fin y al cabo eres su padre.
   Un prolongado silencio. José y los abogados permanecían expectantes con el semblante serio. Atentos a los acontecimientos pero sin pronunciar palabra. Casi ni respiraban. De nuevo fue Linda quien rompió aquel cortante silencio.
   - Traigo aquí el pagaret de todas tus deudas. Tu casa seguirá siendo tuya y José me ha rogado pagarte dos millones de francos por lo que te han robado, con una condición. Los modelos registrados con tu nombre pasaran a la firma Revaud. Hay cosas muy buenas que pueden aprovecharse. Espero tu respuesta.
   Pierre rompió de nuevo a llorar tomó la mano de Linda y la besaba mientras suplicaba perdón. Con delicadeza la retiró y con la misma serenidad del principio añadió.
   - Pierre no somos niños. La vida me ha endurecido como jamás pensé que podría hacerlo. Tienes mi perdón, pero es mejor seguir por el mundo cada uno por su lado.
   Pierre solicitó de inmediato los papeles para firmarlos, pero José con su característico aplomo le rogó llamar a su abogado. Tras insistir así lo hizo. Tardó un par de horas, que fueron impresionantemente tensas. Al personarse le informaron la oferta realizada a su cliente, así como la posibilidad de tomarse el tiempo necesario para reflexionar la propuesta. No llegaron a salir del salón, estaba claro. La oferta era inmejorable y sin dudarlo firmaron los documentos. José entregó a Pierre los papeles como pago de sus deudas y firmó un cheque con el valor acordado. Se dieron la mano y cuando iban a abandonar aquella mansión se cruzaron con Bety y Jorge. Ella iba a recoger sus pertenencias y abandonar el hogar. Besó a su madre. Luego a su padre.
   - Sé que deseas hablarme pero dale tiempo al tiempo. Me ha dolido mucho todo esto, pero eres mi padre y si mamá ha sido capaz de perdonarte con mayor motivo lo hago yo. Cuídate. Nos veremos.
   Dio media vuelta y subió a su habitación para recoger sus cosas. A Pierre le hubiera gustado abrazar a su hija y rogarle el perdón. Pero se dio cuenta que en esos momentos la mejor despedida o dialogo entre los dos se dio con sus palabras. Por ello esperó a que sus invitados abandonaran su casa y con su abogado cerraron el trabajo iniciado ante el posible juicio. Ahora la demanda se volvería contra su infiel amiga. Tanto el abogado como Pierre se ofrecieron a ayudar en la demanda planteada contra la que figuraba como titular de la firma Pierre Valery.
   De regreso al hotel, dejaron a los abogados en casa y la pareja en coche decidieron detenerse junto al Sena.
   Antes, Linda, se lo había pedido.
   - Necesito tomar un poco el aire. José detén el coche por favor.
   Le rogó si lo deseaba regresar solo. Ella volvería al hotel en taxis. Pero no se lo permitió, bajó con ella y a dos pasos caminaba detrás como guardaespaldas lo hace con su jefe. Linda le tendió la mano y le rogó.
   - Te importa abrazarme.
   No había terminado la frase cuando los fuertes brazos de José la rodeaban. Fundiéndose en un apasionado abrazo. Era la segunda vez que notaba a su amigo algo descontrolado. Esta vez inicialmente no consiguió reprimir esa agradable sensación. A su mente acudió Silvia pero se dejó  llevar por la pasión y mantuvo durante unos minutos su cuerpo junto aquel maravilloso hombre. Ninguno de los dos hizo aman de besarse, aunque sus cuerpos se lo pedía con fogosidad y pasión. Se dieron la mano y comenzaron a pasear bajo la fría noche Parisina. José estuvo en un trís de confesarle quien era. Pero esa jornada había sido demasiada cargada de sorpresas, de alegrías, de encuentros. Y prefirió guardarlo para más adelante.
   Vieron un local, de los que permanecen las veinticuatro horas abierto entraron a tomar café. Estaban congelados. Sentados uno frente a otro se contemplaban. Con sus miradas se desearon, se dieron y se sintieron enormemente felices de estar juntos y de haberse conocido. No se pronunció una sola palabra. Tan solo miradas, sonrisas y algún que otro gesto con el rostro. Pero la hora y media que estuvieron uno frente al otro les parecieron segundos.
   Por fin se levantaron, pagaron y cogidos de la mano, como dos enamorados regresaron al coche y fueron a sus habitaciones en el Hotel. Silvia esperaba a su marido despierta viendo una película en la televisión. Al verle entrar se levantó se abrazó a él y se besaron. No hubo necesidad de palabras. Unieron sus cuerpos y dejándose caer sobre la cama se quedaron dormidos.
   La familia los despertó con los periódicos de la mañana y las primeras revista de moda resaltando el éxito de la firma Revaud. Todo eran elogios para la colección y especialmente para las diseñadoras. Alababan la buena visión de aquel español que había financiado la firma y la profesionalidad llevada. Les invitaban a lanzar al mercado bursátil acciones pues sería una garantía de rentabilidad para los inversores y un seguro para la empresa.
   Desayunaron y fueron al aeropuerto para regresar a New Ville. Deseaban estar en casa, pues tarde o temprano deberían fijar su residencia en París.
   Tras la comida se reunieron en el apartamento de Linda. Jorge comenzaba a distinguir a las dos hermanas, pero en más de una ocasión dudaba. A ellas les agradaba la situación y bromeaban con él. El matrimonio al ver a su hijo con Bety cruzó sus miradas y sonrieron. Durante la conversación comentaron que ya iba siendo hora de abandonar Francia y regresar a España. El negocio estaba asegurado con esas cuatro encantadoras mujeres, en las que depositaba toda su confianza. Los rostros de Linda, Brisite y Caterine cambiaron radicalmente. Eran casi dos años con aquel maravilloso hombre y ahora les iba a dejar. Con quien iban a soñar, a quien esperarían con impaciencia verle entrar con la sonrisa en los labios por la puerta. Pero debían resignarse a lo inevitable. Al comprobar sus rostros se permitió bromear.
   - Espero que nos hagáis alguna visita a España. Nosotros también haremos alguna por aquí. Además, me temo que mi querido hijo va a realizar muchos viajes.
   De inmediato las miradas se dirigieron a la pareja que precisamente en esos momentos y en un rincón algo discreto se fundían en un apasionado abrazo con beso incluido. Al sentirse observados se ruborizaron y las risas rompieron aquel momento tenso y triste.