martes, 2 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XI-UNAS VACACIONES



   Transcurridos catorce meses desde la desaparición de Neus y José. No tenían una sola pista de su posible paradero. Sus hijos invirtieron una verdadera fortuna para poder conseguir algo que le pudiera dar con la localización de su padre. Las esperanzas estaban casi perdidas. Solo Rita y Brisite tenían noticias todas las semanas de su paradero. Pero aunque su trabajo les costó mantuvieron el secreto, por expreso deseo de José
   Esa mañana del sábado le telefonearon desde Hawai. Pudo hablar con José y su hermana no pudo retener las lágrimas. Era la primera vez que hablaba directamente con él desde su desaparición y las sensaciones invadieron su ser, siendo incapaz de contener tantas emociones. Pero al confesar personalmente que en menos de una semana se podrían abrazar el sofoco lo pudo controlar y evitar que su familia le interrogase. Tras conversar con su familia bajaron a la playa particular del hotel y se tumbaron al sol mientras trataban de relajar sus cuerpos.
   Desde su llegada a la isla, tanto Neus como Caterine eran solicitadas por numerosos conquistadores. El atractivo físico de las dos mujeres y su soledad junto al anciano que les acompañaba invitaba a ello. Pero siempre se encontraron con la negativa de las dos señoritas, eso si con una dulzura y ternura que los dejaba destrozados.
   Neus comenzaba a sentir algo más que afecto por aquel personaje. Educado, correcto, alegre y siempre con la chispa, capaz de hacer pasar horas entretenidas a la gente que lo rodeaba. Todas las mañanas desde la terraza de su habitación o junto a la piscina sobre una de las tumbonas lo contemplaba nadar. Era un gran nadador y a primeras horas del día, por regla general sobre las siete de la mañana, sé hacía varios largos a la piscina por espacio de más de una hora.
   José comenzaba de nuevo a sentirse vivo, la vitalidad que siempre le había caracterizado la encontró de nuevo. En todo el tiempo transcurrido para su recuperación jamás le había visto un mal gesto. Siempre con la sonrisa en su rostro y dispuesto a regalar felicidad. Por la noche solían bajar a la sala de fiestas del hotel y compartía con Caterine la compañía de aquel maravilloso hombre.
   Neus sacó de su bolsa unas cremas bronceadoras, en el preciso instante que Caterine se levantaba para ir al bar y pedir el aperitivo, le rogó a José que se las aplicase en la espalda. Servicial, como siempre, se arrodilló junto a la joven enfermera y derramó el fresco líquido blanco sobre su piel, a continuación inició un suave masaje para distribuir el líquido por la espalda. La dulzura, el cariño y el arte que poseía aquel hombre embriagaron a nuestra joven, que relajada se concentró para captar todas las sensaciones producidas por el contacto de aquellas manos sobre su cuerpo. Giró en varias ocasiones su cuello para encontrase con su mirada y al hacer amago de detenerse, esbozando una picara sonrisa rogó
   - Por favor, José, no te detengas me encantan tus manos.
   Se sonrió y continuó aplicándole el masaje sobre aquella piel, suave y sensual. Caterine regresaba con un camarero portando el aperitivo. Al ver a su amor reclinado y aplicando aquel sensual masaje sobre Neus, sintió unos celos indescriptibles. Por ello cuando llegó a su altura con un tono tenso, que sorprendió a José, comentó
   - ¿Espero que tendrás tiempo para aplicarme a mi un masaje parecido?
   José, sonrió. Le chocó enormemente la actitud de Caterine. Dejó de aplicar el masaje y con esa ternura y cariño que enloquecía a su joven amiga, tomó con sus manos sus mejillas y depositando sus labios comentó en tono pícaro.
   - Esperaba a la intimidad, pero si lo prefieres en público no tengo inconveniente.
   La salida de su amigo le devolvió la seguridad en si misma, se abrazó a él y se sentaron a degustar el aperitivo que el paciente camarero aguardaba para servir.
   Neus se quedó tomando el sol, mientras la pareja se levantó a dar un paseo por la playa. Le tendió la mano y entrelazadas dejaron a las olas bañar sus pies desnudos mientras caminaban por la orilla. A su mente llegaron recuerdos de su adolescencia, cuando por primera vez disfrutaba de unas vacaciones. La imagen de Linda, madre de Caterine, llegó con una realidad increíble. Uno de los pasajes más triste de su vida, grabado en su alma y en su corazón, se le presentaba con una claridad sorprendente. Fue aquella noche cuando se separaron del grupo y él le declaró su amor. Recordó una por una las palabras dulces y cariñosas de su gran amor, confesando que ella no sentía lo mismo por él. Sin explicarse muy bien el porqué comenzó a sollozar y sus ojos se cubrieron de lágrimas. La preocupación de Caterine le hizo regresar al presente.
   - ¿Qué te ocurre mi vida?
   Fue la pregunta nerviosa y llena de temor de su compañera ante aquel sofoco tan profundo. Él mismo se sorprendió al volver al momento y lugar presente. Se había abstraído hasta tal punto que creyó ciegamente revivirlo de nuevo. Su cara recuperó la alegría de siempre y su rostro se inundó de una feliz sonrisa, mientras tranquilizaba a su compañera.
   - No me sucede nada. Son recuerdos. ¿Sabes? Me había alejado de este lugar y de este tiempo.
   Caterine se tranquilizó al observar que había recobrado la expresión en su rostro. Volver a verle sonreír le relajó. Se colocó a su lado y reanudaron el paseo al tiempo que la conversación prosiguió.
   - Recordabas a Silvia. ¿Verdad?
   Una picara sonrisa se dibujo en su rostro. Caterine se dio cuenta de inmediato. No era el recuerdo de su mujer quien le había alejado de allí. Aguardó pacientemente a que se arrancara y confesara quien había conseguido apartarlo de su lado y de aquel paradisíaco lugar. Por fin tras varios minutos caminando, ella estaba a punto de romper el silencio, pues la curiosidad le podía más que la paciencia, pero consiguió aguantar lo suficiente. Con naturalidad, como si no hubiera esperado tantos minutos en contestar, con la mirada al frente comentó.
   - Recordaba a tu madre. He vuelto a vivir, como si me estuviese pasando en estos momentos, el día, mejor dicho, la noche cuando me declaré a ella y me encontré con la sorpresa de no ser correspondido ese amor profundo y sincero que sentía. Aunque no te lo puedas creer tan solo ha habido una situación tan dolorosa como aquella en mi vida y fue cuando las perdí a las dos.
   José continuó relatando el encuentro con su madre y los veranos que pasaron juntos. Caterine le escuchaba entusiasmada y pudo comprobar los cambios de expresión en su compañero en cada uno de los relatos. Su rostro se le iluminaba al contarle la delicadeza y encanto que poseía Linda.
   De nuevo tras varios minutos de conversación, aunque Caterine prácticamente se limitaba a escucharle, el silencio se apoderó de la pareja. Seguían con su paseo, disfrutando de aquel clima y plasmando en sus retinas todo el colorido de sus playas. De pronto, se detuvo, se colocó frente a él y en tono solemne, con esa ternura que tanto le entusiasmaba, rompió de nuevo el silencio.
   - Cásate conmigo. Vamos al hotel. Pongámonos lo primero que pillemos del armario y unamos nuestras vidas para siempre.
   Se abrazó a ella, no sabía que decir. No se lo había planteado. Desde la muerte de Silvia, no le había pasado por la cabeza volverse a casar. Adoraba, quería y le entusiasmaba aquella criatura. Pero nunca había pensado casarse de nuevo. Le llevaba la friolera de treinta y dos años. Estaba en el esplendor de su vida, no había cumplido aún los treinta y sus relaciones, con la salvedad de aquella noche loca, se había limitado a la que podía llevar un padre y una hija. Era consciente que ella estaba locamente enamorada de él pero a raíz de conocer a Ignacio pensó que había sido una locura de adolescente. Ahora, tras la otra noche y la propuesta hecha, le convencían que la locura de adolescente fue su matrimonio. Se encontraba muy solo, a pesar de su numerosa familia. Desde que se cruzó con los Revaud, su corazón y su mente estaba más con esa familia que con la suya y especialmente desde la muerte de Silvia. Y, a sus hijos, solo se les había ocurrido separarlo más de aquel entorno familiar al que adoraba. Incluso sus propios hijos lo secuestraron en la clínica. Ahora era libre, había vencido a la enfermedad y estaba pendiente día y noche de él aquel ángel de le guarda, que seguía ciegamente enamorada. No pronunció una sola palabra, tras abrazarse le dio la mano, se acercó al paseo de la playa subieron a un taxis y solicitó ir a su hotel. Subieron a la habitación y antes de una hora eran oficialmente marido y mujer.
   Regresaron a la playa junto a Neus. Salía en esos momentos de darse un baño en el mar. Al verlos se aproximó y cuando le confesaron su locura le sorprendió, sentándose en la silla más próxima para evitar desvanecerse. Vencido el primer impacto se repuso y felicitó a la pareja. Adoraba a ese hombre, a pesar de conocerlo, escasamente, un año.
   - Al menos seré la primera en besar al novio. ¿No?
   Comentó de inmediato, felicitándolo, y aproximando los labios besó sus mejillas mientras se abrazaba. Luego fue cara a Caterine para darle la enhorabuena.
   Decidieron ir a uno de los restaurantes típicos de la isla para celebrarlo. Abandonaron la playa. Mientras Caterine y José tomaban un refresco en la cafetería del hotel. Ella se subía a su habitación para darse una ducha, quitarse la sal, la arena y ponerse un vestido para la ocasión. No tardó más de treinta minutos, salieron del hotel en taxis se dispusieron a ir al restaurante recomendado y reservado por la recepción del hotel.
   Fue una comida distendida, llena de alegría y bromas por parte de todos, pero especialmente José estuvo ingenioso y consiguió que sus dos compañeras pasaran una velada inolvidable.
   Hablaron del regreso a casa. Sin duda lo primero debería ser aclarar la situación a sus hijos. La verdad no iba a ser fácil ese encuentro, pues aunque con seguridad se alegrarían de la recuperación de su padre los métodos empleados los enfadaría y no sin razón. Los mantuvo, más de un año sin noticias y pendiente de cualquier pista para localizar su paradero. No sería de fácil asimilación por la familia. Tampoco estaba muy seguro de comunicarles su enlace matrimonial. Pero le quedaba cinco días de vacaciones donde podría meditar la mejor forma de explicar lo sucedido.
   Tenía la intención de desplazarse a Corea para saludar a los viejos amigos y ver como andaban las cosas por la fundación. Comprobar si recibían las subvenciones necesarias para proseguir su labor en aquella región asiática. La idea del viaje a Corea entusiasmó a Neus, había oído hablar tanto de aquella fundación que cuando José dijo de ir se apuntó de inmediato. Caterine estaba totalmente de acuerdo con su nuevo marido, pero también expresó su deseo de pasarse previamente por New Ville y ver como andaban las cosas por el negocio. Pues aunque había decidido dedicar plenamente su vida a su gran amor estaba obligada a avisar a su tía de sus intenciones. Le tocaría a ella llevar las riendas tanto de fabricación y venta como de la sección de diseño y presentación de las colecciones. Pero esos cinco días les iba a proporcionar el tiempo suficiente para aclarar las ideas y organizar a la perfección su regreso a la vida de sociedad y familiar.
   Neus comenzó a expresar sus temores. Pensaba que tal vez fuese una intrusa y tanteo a la pareja. Pero tanto Caterine como José le comunicaron que le consideraban de la familia y, por tanto, las puertas de casa estaban abiertas día y noche para ella. La forma, el cariño y la ternura mostrada por el matrimonio a la joven, le conmovieron, hasta tal punto, que no pudo evitar derramar unas lagrimas de felicidad y gratitud hacía esa pareja. Por fin había encontrado una familia.
   Una de las tardes, estaban en la terraza de la habitación de la pareja cuando Neus mostró su interés por permanecer trabajando en la fundación de Corea. José se alegró al oírlo, sabía que le gustaría y se enamoraría de aquel lugar pero con tacto y cariño le confesó
   - Cuando lleguemos, como pasaremos una pequeña temporada, podrás comprobar si aquel lugar te llena o no, y tras esa estancia decidir el quedarse o proseguir por otro camino.
   La última noche de esas cortas vacaciones cerraron el plan de regreso a casa. Caterine y Neus irían directamente a New Ville mientras José se presentaría solo en la alquería. No tardaron en irse a la cama. A la mañana siguiente debían madrugar, pues el vuelo salía temprano de la isla.