sábado, 9 de febrero de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO



- PRÓLOGO -




A MI MUJER:

Sobre el amor se ha escrito

y leído interminables frases.

Todas cargadas de razón,

de sentimiento, de magia,

de ....

Pero me quedo con la más breve.


Paco

   - CAPITULO - I -                       

                                 - EL COLEGIO -

   La campana se agitaba, con virulencia y destreza, de la mano del jefe de estudios. El hormiguero de niños en el patio, aparentemente desorganizado, se transformaba en un abrir y cerrar de ojos en rígidas filas hítlerianas. En menos de veinte segundos cada curso, con un impactante orden, se alineaba por estaturas frente a su maestro dibujándose una perfecta formación. A los tres minutos escasos profesores y niños habían desaparecido. El silencio era casi total. Solo el jadeo y la carrera de un curso que iniciaba su jornada con la clase de educación física lo rompía. Mientras en el vestuario ante la potente y cortante voz de mando del profesor, que atosigaba a los retrasados a unirse al grupo para comenzar el calentamiento, se estremeció. Desde el tercer piso se escuchaba, con increíble claridad, las voces de mando del profesor.
   - ¿Qué hay que hacer?
   - Tú corre. Es lo que hacen todos.
   Parecía que la normalidad volvía al curso. Pero de nuevo el temor envolvió a los adolescentes especialmente a los que se habían atrevido a poner en funcionamiento sus cuerdas vocales. El grito militar, exigiendo silencio, los atenazó. Los cincuenta alumnos de séptimo A, de la E. G. B. circulaban, en sentido contrario a las agujas del reloj, dando vueltas a los ochocientos metros cuadrados del campo de balonmano ante la atenta mirada de su profesor que controlaba y dominaba la situación desde los cincuenta centímetros de altura que separaban el pórtico del terreno de juego.
   Al comprobar que no faltaba nadie de nuevo su inconfundible voz exigiendo atención rompió la tranquilidad. Escasos segundos tardaron sus pupilos en formar dos filas perfectas frente a él. La tensión y la expectativa se observaban en cada rostro de aquellos adolescentes.
   Al dibujarse una sonrisa, en el joven licenciado en educación física por el I. N. E. F. de Madrid la tirantez, de esos rostros juveniles, se relajó un poco. Pero ante el primer tanteo a su profesor, por parte del “tonto” de turno, ésta regresó de nuevo a sus caras. Al irrumpir de nuevo en el silencio la cortante voz de mando. No en balde hacía escasos días que había finalizado su segundo periodo militar como suboficial de la escala de complemento del ejercito de tierra. Dirigiéndose al alumno en cuestión, y con cierta  ironía, comentó.
   - Mi experiencia me aconseja que usted caballero precisa de una mayor intensidad de trabajo físico. Como buen profesional, que me tengo, le proporcionaré sin el menor reparo esa necesidad urgente por la que suspira.
   Elevando su brazo derecho y señalando con su índice el campo de fútbol. Continuó
   - Aquel amplio terreno le invita a satisfacer sus ansias por la maratón y aplacar así esa necesidad fisiológica de ejercicio que con tanto anhelo me suplica. Luego el señor delegado.
   Nueva pausa buscando con la mirada en el grupo la personificación de su representante. Cuando éste, con cierta timidez y no falto de temor, elevó su brazo para hacer patente su cargo el profesor, tras la oportuna localización, volvió a dirigirse al alumno en cuestión.
   - El delegado le pondrá al corriente durante el recreo de toda la información que les trasmita mientras usted satisface sus deseos. En estos momentos es más importante aplacar sus ganas por quemar calorías que los conocimientos que les tenga que transmitir.
   Nueva pausa para recuperar el aliento y de nuevo añadió.
   - Estoy aquí para atender sus necesidades educativas. Especialmente en el campo físico.
   Resignado el adolescente abandonaba el grupo a la carrera hacía su destino. El campo de tierra.
   Paco. Que así se llamaba el profesor volvió a dar una de “cal” al comunicarles que se agruparan en torno a él.
   - Conmigo no hagan formaciones. Para mí terminaron hace dos años cuando, “El Generalísimo” gracias a Dios, nos dejó.
  Se presentó. Dejó claras cuales eran las reglas y normas para funcionar en sus clases y les mostró su predisposición para atenderles y especialmente a dialogar en todo momento.
   Finalizadas esas cinco clases de la mañana Paco regresó a casa. Había sido una mañana tranquila y el primer contacto con sus alumnos no le había supuesto un gran esfuerzo. Solo le llevó dos minutos desplazarse hasta su hogar. Nada más pasar el umbral fue directo a la ducha. Quince minutos escasos le llevó el aseo personal y dedicó la primera hora a recoger su habitación, pasar el aspirador a la casa y limpiar los cuartos de baño. Siguiendo las indicaciones, que esa mañana antes de salir a trabajar le había indicado su mujer, preparó la comida.
   Estaba en horario de verano y, por tanto, hasta que llegara Octubre no tendría clase por las tardes. Cuando tuvo todo en orden salió con destino a los laboratorios donde trabajaba su mujer. No estaba muy lejos y no le llevó más de quince minutos presentarse ante el edificio. Ella también gozaba de horario de verano. En jornada intensiva. De ocho a quince horas.
   El personal del laboratorio comenzaba a salir. Paco llevó su atención a la puerta por donde iban desfilando los trabajadores de aquellos laboratorios farmacéuticos. Aproximadamente a los diez minutos, de haber sonado la sirena de fin de jornada, su expresión recobraba la alegría al encontrarse con la impactante presencia de su mujer. Lo primero que percibió fueron sus increíbles ojos verdes y esa sonrisa, dibujada en su rostro, que le hacía estremecer. Se aproximó y tras unir con timidez sus labios abarcó su cintura y abrazados emprendieron el regreso a casa al tiempo que comentaban como les había ido esa mañana.  
   Las primeras reuniones de profesores para dialogar y acordar la programación del siguiente curso coincidieron con la salida de cuentas de Amparo que esperaba su primer bebé. La ilusión se reflejaba en los rostros del joven matrimonio. La natación tenía su pausa. Amparo permanecía, por las mañanas, sola en casa mientras él trabajaba a escasos metros en el colegio. Las tardes las dedicaban a pasear o conversar especialmente sobre la llegada del bebe.
   Ese siete de Septiembre, de mil novecientos setenta y ocho, al regresar de la reunión, Amparo le confesó que creía que el parto se le estaba moviendo. Le hizo coger las cosas que tenía preparadas desde hacía unas semanas y se dispusieron a ir a la clínica. Estaba muy preocupada. ¿Y si luego no era cierto que iba de parto y los mandaban a casa? Menudo corte. Su esposo menos temeroso a cualquier opinión externa comentó.
    - Mi vida eso tiene fácil solución. Montamos de nuevo en el coche y regresamos a casa. Lo que puedan pensar me trae sin cuidado. Lo importante sois tú y el bebé. El resto como si sé quieren estar des... todo el día. No me preocupa. Pero no me perdonaría en toda mi vida que por temor a la opinión de los demás os pudiera suceder algo a ti o al bebe. 
   “También tiene razón”. Pensó su mujer. Con todo lo necesario para atender al futuro ser se pusieron en camino. No se había hecho de noche cuando el llanto desgarrador de la pequeña se sintió en el quirófano ante el asombro y preocupación de su padre y el sufrimiento y descanso posterior de su madre. 
   Más tarde ya instaladas en la habitación contemplaba la cara de bobo de su marido que no quitaba la mirada de ellas. Orgulloso y satisfecho del fruto de aquel amor que compartían.
   Habían hablado del nombre de la niña pero sin llegar a un acuerdo. A los dos les gustaban cortos. Él había propuesto Amparo o Rut, mientras que ella prefería África. Desde luego a él ese nombre no le gustaba para su primera hija. Tras intercambiar opiniones decidieron ponerle Ana. Así  pues la primera criatura de ese matrimonio salió con nombre de la clínica.
   Las clases se reanudaron, dando entrada al nuevo curso, cuando una amarga noticia les llegó del ministerio de defensa. Una estructuración de la escala de complemento obligaba a realizar las prácticas de milicias a todas las promociones que no las habían realizado. Aunque Paco había sacado un buen número todas las promociones anteriores a la suya tenían preferencia para solicitar destino. Cuando las plazas se concedieron le había correspondido el  Regimiento de Cazadores de Montaña de la localidad de Irún. Aquello fue una ducha de agua fría. El colegio le había contratado. La temporada de natación se había iniciado. Solo llevaba un mes con su pequeña y ahora tenía que incorporarse a prácticas a primeros de Diciembre. Dinero para mantener la familia no había, pues antes del nacimiento de Ana, ella se había dejado su trabajo para dedicarse de lleno a su bebe.
   Esa tarde del sábado estando en el salón junto a su pequeña decidieron irse a finales de Noviembre a Madrid, a casa de los padres de Paco. Allí estarían acompañadas por sus cuñadas y a él le sería mucho más fácil encontrarse con ellas los fines de semana.
   Los días en el cuartel se hacían eternos. No había mucho que hacer era una época de difícil situación para las fuerzas de seguridad del estado. Especialmente allí. En el norte de España. Habían asesinado a varios altos cargos militares y la tensión se respiraba en los acuartelamientos del ejército. El teniente Coronel del recito militar donde servía como suboficial hizo llamar a Paco a la semana de tomar destino. Faltaban dos semanas para celebrase los campeonatos de invierno de la primera zona militar y la comandancia de San Sebastián participaría en esa competición de “campo través”. 
   - Tengo entendido que usted es Licenciado en Educación Física por el INEF de Madrid.
   Ante la afirmación de su subordinado continuó exponiéndole cual era su orden.
   - A partir de hoy mismo estará rebajado de todo servicio y dedicará su tiempo a preparar el equipo de esta comandancia para asistir a los campeonatos de la primera región militar a celebrar en Burgos.
   El sargento de la escala de complemento, aceptó la orden que su jefe le había encomendado y desde ese mismo momento se hizo cargo del equipo de “campo través”.
   Lo cierto es que no había tiempo material para preparar un equipo con un margen tan corto. Pero cuando se presentó en las pistas de atletismo pudo comprobar que los seis soldados seleccionados por las diferentes compañías tenían un buen historial atlético.
   A su regreso, los trofeos y el primer puesto de la región militar. Nunca en la historia de esa comandancia se había logrado una hazaña de tal magnitud y los jefes pensaron que el artífice había sido ese sargento de la escala de complemento. Las felicitaciones desde San Sebastián llegaron al jefe del regimiento de Cazadores de Montaña, rogando que en su nombre felicitase al  suboficial que había estado al mando de esa competición. No había colgado el teléfono el teniente coronel cuando mandaba llamar al sargento.
   El miedo le invadió. Pues en Burgos dos de sus subordinados le pidieron permiso para dormir fuera de la guarnición y se lo había concedido con una condición. Que a la mañana siguiente, sin falta, estuviesen en la estación a la hora de la partida del tren. Estos no se presentaron y ahora se esperaba la reprimenda de sus superiores por no haber comunicado el incidente.
   De camino al despacho del teniente coronel reflexionaba sobre el asunto. “La verdad sin Amparo y Ana a mi lado poco me va importar lo que me hagan”. El corazón se le había acelerado pero cuando pasó el umbral de la puerta estaba dispuesto a todo. La cara sonriente de su jefe le sorprendió y mucho más cuando se fundió en un abrazo con su subordinado.
   - Enhorabuena ha dejado nuestra comandancia en un lugar privilegiado. Deseo felicitarle personalmente y transmitirle la felicitación de nuestro Coronel.
   Las piernas se le aflojaron aquello era increíble, en realidad el mérito estaba en esos chicos. Pero como decía siempre la suerte cuenta en esta vida y así había sido pues aquel grupo eran atletas de un gran nivel y lo habían demostrado en esa competición.
   - Pídame lo que desee. Si está en mi mano se lo concederé.
   El ofrecimiento de su jefe lo aprovechó de inmediato, no en balde Amparo, su mujer, y Ana, su pequeña, no se separaban de su mente. Inmediatamente le rogó salir los viernes a las quince horas, pues de esa forma podía coger el TALGO de las quince treinta y estar por la noche en Madrid con sus dos tesoros.  De lo contrario tenía que coger el correo y hasta la mañana del sábado no verse con su familia.
   - Sargento, desde este mismo momento tiene permiso para salir todos los viernes, que no tenga servicio, a esa hora.
   No daba crédito a su suerte pues había escuchado que muchos capitanes y algún que otro comandante había solicitado la misma gracia y no la habían conseguido. Era muy estricto con el horario de sus subordinados, pero también era el primero en cumplirlo.
   Al regresar a la compañía le comunicaron que tenía una llamada. Se puso al aparato y pudo respirar. Se trataba de los dos soldados que no se presentaron en la estación. Perdieron el tren y cogieron el siguiente. Como Paco les había dicho a sus compañeros que en cuanto llegaran le telefonearan, fue llegar y ponerse en contacto con su superior. De lo contrario a la noche hubiera tenido que dar parte del incidente. Al colgar el aparato sintió un enorme descanso. Se jugaba mucho de haber sucedido algún problema, se habría acabado las salidas los viernes a esa hora privilegiada.
   Cuando el capitán de su compañía se enteró del permiso especial que gozaba aquel sargento de complemento se quedó perplejo. Pero eran órdenes superiores y como buen militar las acató. Pero cuando lo tuvo ante él para repartir las órdenes del día le comentó.
   - Usted es de los que pisa en terreno firme. Eh sargento. Le envidio, pero valoro su actitud. Tengo entendido que se lo ha ganado a pulso.
   Desde su triunfo en el campeonato Paco gozaba de muchos privilegios, era el protegido del teniente coronel y no era cuestión de enfrentarse a él. Si bien, no era menos cierto, sabía entenderse con la tropa y cumplía estrictamente el reglamento y las ordenes recibidas. Su capitán lo admiraba, serio con su trabajo, exigente y al mismo tiempo era el que daba ejemplo. Sus dotes de gran tirador las pudo constatar aquella mañana en Jaikibel, cuando se desplazaron con la compañía para practicar el tiro. Entre los oficiales y suboficiales organizaron una competición de tiro con mosquetón de alza telescópica. La final la disputaron el capitán de la compañía y el sargento Paco. Lo cierto es que, en la final, no hubo color. El sargento no falló ni un solo tiro mientras que el capitán llegó a herrar en cinco ocasiones. Se había picado con aquel sargento y le retó a un concurso de pistola. Paco sabía que ahí no tenía nada que hacer pero aceptó encantado para salvar el ego de su capitán. Después de esa jornada y en especial después de la semana que le tocó realizar a su subordinado admiraba al militar no profesional que era. Esa semana la compañía funcionó como nunca, la limpieza relucía en todos los rincones y no hubo un solo arresto en toda la semana. La actitud de su sargento con la tropa le tenía admirado, pero pronto comprobó el porqué esos soldados obedecían con prestancia y eficacia todas sus ordenes. Se lo contó un familiar que tenía en la compañía. Su primer día de servicio coincidió con un viernes, solían salir a la ciudad a darse un paseo, varios soldados regresaron ebrios, el sargento llamó a los compañeros con mayor relación con esos jóvenes soldados y les pidió que, sino deseaban ver arrestados a sus compañeros, les dieran una buena ducha y los acostaran cuanto antes. Así lo hicieron y gracias a la actuación de aquel mando no hubo ningún problema. Fue un detalle que provocó que la compañía se volcara con su sargento y le facilitarán su labor en esa semana de servicio. Pero hubo detalles por parte de aquel sargento no profesional que logró ganarse a sus subordinados y esa semana se notó en la compañía. Se mostraba duro y exigente con la gente que pretendía escaquearse de sus obligaciones. Siempre lograba que realizaran la misión encomendada a cada uno con prontitud y perfección. Cuando hacía gimnasia el primero en realizar los ejercicios era él. Los circuitos en carrera, con material, el sargento Paco siempre estaba al frente y comprendía a los que por un motivo u otro les costaba seguir el ritmo.      
   Las Navidades, las disfrutó en casa, junto con una grata noticia. En el boletín oficial del estado salía una ley que concedía prorroga de primera clase a todo soldado casado y con hijos. No lo pensó dos veces y nada más regresar al acuartelamiento, tras las Navidades, presentó su solicitud de baja en el IMEC, acogiéndose a continuación a la susodicha ley. Sin embargo, aún tuvo que esperar a primeros de Febrero para que le concediesen la baja y la prorroga de primera clase.
   A mediados de ese segundo mes del año, regresaba a su casa de Valencia y se incorporaba a su trabajo en el colegio y en la piscina. La pesadilla del servicio militar terminó y de nuevo el joven matrimonio pudo regresar a casa y continuar su vida cotidiana.
   Los años transcurrieron con clases durante la semana y viajes a uno y otro lugar de la Comunidad Valenciana, para asistir a las distintas competiciones de natación. Los veranos se desplazaban toda la familia a las ciudades españolas donde se celebraban los campeonatos nacionales.
    Con el pasar de los años la familia aumentó en dos miembros más, dos chicas, Gema y Ester. En cuatro años y medio tuvieron a sus tres hijas.





















jueves, 24 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR- TERCERA PARTE-CAPITULO XXV-TARDE, PERO...


                                           -  TARDE, PERO...

   La solución, a la sección de la médula espinal, llegó tras la colaboración de innumerables científicos.
   Jos dedicaba el mayor tiempo del día a su pequeña. No era un papá joven, eso no lo podía ocultar, pero se fijó un objetivo con determinación para que su hija, al menos, disfrutara de un padre joven de espíritu. Desde el nacimiento de su niña el tiempo disponible era para las dos mujeres de la casa. Había decidido hacer un alto en sus investigaciones. Sus colaboradores, más directos, Joel, Dany y Jung trabajaban en el laboratorio familiar y procuraban no molestar a su maestro. Si en alguna ocasión iban a preguntarle algo, siempre estaba dispuesto a dar su opinión y colaborar. Pero no se involucró en los trabajos de investigación. Su mayor reto era la educación de su pequeña, y era consciente que en ciertas épocas, no muy lejanas, tendría mucha más dificultad que los problemas encontrados en el laboratorio. Caterine tomó la misma determinación y dejó en manos de su tía el peso de la empresa.
   Linda, durante sus primeros años, mientras no tuvo edad escolar, viajó, en compañía de sus padres, por todo el mundo. Todos los días dedicaban unas horas a sentarse junto a su hija y jugando con la pequeña le iban introduciendo en el mundo del conocimiento y en las destrezas fundamentales de la etapa escolar. No muy lejana para la pequeña.
   Al incorporarse a la escuela, su grado de madurez era muy superior a sus compañeros. Leía a la perfección y tenía un gran dominio de las distintas áreas escolares. Pero pronto se dieron cuenta de su pasión por la moda. Era algo increíble desde sus primeros pasos se apasionaba especialmente por el diseño. Su mayor ilusión y entretenimiento era ir con su tía-abuela a los talleres de diseño. Juguetear en la tienda y probarse todos los modelos que caían en sus manos. Sus dibujos, casi todos trataban de ropa. Precisamente de unos de ellos, Caterine sacó un modelo que impactó enormemente en el mundo de la moda. Estaba claro cual iba a ser su futuro. Adoraba a su padre de una forma especial. José siempre mostró su temor de no poder conectar con su hija, como consecuencia de su edad, pero no había la menor duda que lo adoraba. Siempre que salía de casa y no le podía acompañar, cosa extraña, le buscaba por toda la casa para despedirse, abrazarse fuertemente a su cuello y plasmar dos sonoros besos en sus mejillas. A su regreso, normalmente le esperaba en la puerta, corría como una atleta de los cien metros lisos para abrazarlo. Muchos de sus compañeros pensaron que era su abuelo y cuando se enteraron, su mejor amiga, le comentó.
   - Tu padre. ¿No es muy mayor?
   Con el descaro que le caracterizaba contestó
   - Por eso nos entendemos también. “No dicen que los abuelos son como niños”.
   Era una cría genial, nadie le llegó a ver enfadada. Si se metían con ella, con su padre o cualquier otro miembro de su familia siempre tenía la frase apropiada llena de ironía y sarcasmo, destrozando con su dialéctica a quien osaba atacarle o burlarse de alguien a quien quería. No había nada, ni siquiera el más profundo de los secretos entre sus amigos que no se lo contara a su padre. Al jurar, guardar algún secreto, siempre añadía la misma "coletilla" 
   - Juro no contarlo a nadie. Salvo a mi papá.
   Los compañeros, que visitaron su casa, adoraban a José. Se pasaba el tiempo jugando con ellos y en varias ocasiones mostraron envidia de la pequeña Linda al tener un padre tan divertido.  “Tu padre esta siempre contento”. “¿Nunca se enfada tu papa?”. “¿Nunca te ha reñido ni dado un azote?”. “Tu padre es genial” “Ojalá mi padre jugase conmigo, aunque fuera un día a la semana” Y frases similares se oía a diario la pequeña. Muchos días, especialmente al ir a dormir, pedía que le contara historias de cuando era pequeño. La vida de su padre en la huerta le encantaba. A ella también le hubiera gustado tener quince hermanos. “Te lo pasarías bomba”. Comentaba muchas veces cuando terminaba de relatarle alguna historia de aquella época. La otra persona, santo de su devoción, era su tía-abuela. Cuando, con asiduidad, le llevaba a los talleres de costura se llegaba a emocionar. Sus profesores le adoraban. Ese aspecto le llamó la atención a su padre, al comentarle la enorme ayuda prestada a sus compañeros con problemas de aprendizaje resultando de gran eficacia para avanzar en el aula. José sonrió, sin duda esa virtud la heredo de él.
   Iba a cumplir los siete años cuando al salir de clase iba como loca. La felicidad inundaba su pequeño cuerpo y deseaba encontrarse con papá para contarle algo que le comunicó su profesora. Se encontraba junto al coche abarcando a Caterine por la cintura mientras aguardaban la llegada de su retoño.
   - ¡Papa, te lo van a dar! ¡Tarde, pero de lo van a dar!
   Salía de clase gritando desde lejos. Tanto Caterine como José se quedaron atónitos. Que era eso tan importante y que se lo iban a dar, aunque tarde.
   Cuando Caterine rogó en primer lugar que se calmara y luego se explicase. Arrancó de nuevo.
   - Te acuerdas de esa historia del premio Nóbel, Cuando te lo quitaron par dárselo al médico que curo a la abuela. Pues mi profesora de Lengua me ha contado que este año te lo van a conceder a ti. Asegurando que ya era hora de hacer justicia con un hombre como tú. ¿Creo que esta enamorada de ti?
   Añadió a lo dicho en tono bajo y procurando que su mama no le escuchara. El matrimonio se miró sonriendo ante la salida de su niña. De donde se había sacado esa noticia. Mientras permanecían un poco escépticos ante las afirmaciones de su hija, coincidió que en ese momento salía del colegio su profesora.
   - Señorita Josephine, verdad que le van a conceder el Nóbel a mi papá.
   No dejó a su señorita contestar e inmediatamente añadió
   - A que está enamorada de él.
   La maestra se sonrojó. Era una joven de veintitrés años, no muy agraciada por la Naturaleza, pero poseía un corazón y un don para los niños fuera de lo común. Casi tartamudeando consiguió vencer un poco su timidez y se aventuró a aclarar la situación.
   - Efectivamente Don José. Estábamos realizando un trabajo y habíamos encendido la radio para utilizarlo como medio didáctico cuando en las noticias de las once treinta, unos minutos antes de salir de clase, han confirmado que el doctor José Carbonell, que ya fue candidato al premio de medicina, era nominado de nuevo para el Nóbel de este año.
   Tomo unos segundos de respiro y consiguió arrancar de nuevo.
   - Y los tertulianos presentes en el plató aseguraron que en esta ocasión nadie se lo podría arrebatar.
   Escuchaban atentos y sorprendidos la noticia que aquella profesional de la enseñanza les aseguraba haber escuchado. Caterine se abrazó a la joven maestra y luego lo hizo con su marido.
   - Por fin, se acuerdan que existes.
   Explotó mientras abrazaba a su marido y sus ojos se bañaban de lágrimas, al tiempo que su cuerpo se inundaba de una felicidad indescriptible. Tras la felicitación de su esposa e hija. Se aproximó a la joven profesora y besó sus mejillas agradeciendo la noticia.
   - Te das cuenta como te quiere papá. Se ha sonrojado cuando le has dado los dos besos.
   Al ver que los accesos a casa estaban abarrotados por profesionales de la información optaron por seguir con el coche y subir a la cabaña. Allí escucharían las noticias y podrían reflexionar más sobre el asunto. 
   En todos los informativos, tanto de prensa, radio y televisión destacaban la nueva nominación para el Nóbel, del español afincado en Francia José Carbonell y todos los comentaristas invitados apuntaban que esta vez no se lo negarían al gran científico. Incluso las entrevistas que consiguieron hacerles a los otros candidatos reflejaban en sus declaraciones las pocas posibilidades que tenían ante el español. Tanto Caterine como su hija Linda sentadas junto a él escuchaban atentamente los informativos, estaban orgullosa. Fue Caterine, quien rebosante de satisfacción por lo dicho en los informativos y los comentarios de sus invitados mirando a su marido comentó.
   - Tarde. Señores míos. Tarde, pero al fin os habéis quitado la venda de los ojos y reconocéis lo que hace mucho tiempo tenías que haber hecho.
   José sonrió. Expresó a su esposa su deseo de no dejarse llevar por los sentimientos. Era una mujer inteligente y sabía muy bien que el mérito no era solo de él. Había que comenzar por Silvia, su primera mujer, ella había intervenido en muchas de sus investigaciones, y necesariamente pasar por decenas y decenas de investigadores que aportaron su grano de arena al éxito del que disfrutaban ahora. Sin olvidar a Jung, el último en incorporarse pero con su participación resolvieron uno de los grandes obstáculos para conseguir que accidentados de años pudiesen tener esperanzas de realizar una vida normal.
   - Es mejor que todos nosotros estemos en la misma línea a la hora de las declaraciones, pues además de ser cierto. Sí nos conceden el Nóbel, que la gente lanza las campanas al vuelo antes de tiempo, basaré mi discurso en eso.
   José era consciente que todo apuntaba a conseguirlo en esta ocasión. Eran muchas las circunstancias que así lo aseguraban.
   Tras ese fin de semana en la cabaña, relajándose y preparando esos meses de entrevistas y homenajes regresaron a casa. Las cadenas de radio y televisión más persistentes consiguieron hacerse con las primeras declaraciones del doctor. Los micrófonos intentaban colarse a través de la puerta, de la ventanilla, del techo del coche. Bajó el cristal rogó calma, de inmediato los invitaría a entrar y en el salón podrían preguntar cuanto deseasen con tranquilidad, calma y tomándose algún café o bebida que les ayudara a realizar con más comodidad su trabajo.
   Durante ese lunes, entrevistaron a casi todo el personal de la casa, tanto Joel, Jung como Dany intervinieron. Y siguiendo los consejos de su maestro basaron sus respuestas en lo acordado. Sin embargo, también habían decidido, por su cuenta, una “coletilla” a sus declaraciones. “Sí. Pero todo eso, si no es conducido por un experto piloto, el avión puede estrellarse”. A José no le agradó aquella salida del guión, pues rompía en parte lo que pretendía. En su interior se dijo “Debo de preparar un discurso que sensibilice a todos los investigadores a no ser protagonistas”. Era consciente que lo hacían como agradecimiento a su maestro y evitar que alguien pudiese tener la menor duda del inmenso don que los cielos había concedido al Planeta ofreciendo al mundo aquel maravilloso hombre.
   José no hizo el menor comentario de desagrado por esa frase añadida por sus colegas, esperaría al momento oportuno y estaba seguro que incluso aquello le ayudaría a su verdadero propósito de mentalizar a la Humanidad, que el protagonismo en investigación retrasaba demasiado las soluciones a problemas graves de la sociedad.
   Una noche de esa terrorífica semana para él y su familia, no pudieron tener intimidad, le telefoneó su hermana Rita. Iban a pasar un reportaje sobre él en el canal internacional de  televisión española. La familia en compañía del grupo de investigadores, que colaboraban con José, se reunió en el salón de la vivienda para visionarlo. Allí salió la familia al completo, las anécdotas contadas por uno y otro hermano, y como no, algo que emocionó profundamente al científico, hasta tal punto que su mujer tuvo que buscar un pañuelo y con su cariño y dulzura característico enjugar esas lágrimas de felicidad que los recuerdos, algunos lejanos y otros no tantos llegaban a su mente. Lo que emocionó al investigador fue cuando contaron la influencia y participación que Silvia, su difunta mujer, había tenido en la consecución de sus éxitos. Al final de aquel reportaje, sobre el famoso investigador, las últimas imágenes sorprendieron a los presentes. Sin duda las consiguieron de alguna televisión francesa. Consistían en una entrevista a su pequeña en el colegio. Lo comentó, en su día, pero nunca vieron esas imágenes. La pregunta, formulada a la pequeña, con más impactó en sus padres fue al pedirle el periodista una opinión sobre su padre.
   - ¿Bueno pequeña, tu que puedes decir de papá?
   No se paró a reflexionar la contestó de inmediato, casi ni había terminado de formularla cuando respondía.
   - Mi papa. No tengo un amigo mejor. Puedo contarle cualquier cosa, incluso secretos inconfesables, los comparte conmigo y los guarda incluso sin contárselos a mama.
   En ese momento Caterine en tono de broma se dirigió a los dos y preguntó.
   - ¿Se pueden saber esos secretos ocultados a mama?
   Hizo aman de perseguir a su hija y está entre risas y carreras, por todo el salón, trató de evitar ser alcanzada por su madre. Los presentes rieron. El juego entre madre e hija, consiguió recuperar el emocionado cuerpo de su anciano padre y liberar, mediante la risa, la emoción del momento.
   Cuando esa mañana, de nuevo los informativos, se confirmaba la concesión del Nóbel de medicina a Don José Carbonell, en la mayoría de las principales ciudades del mundo se produjeron manifestaciones de adhesión al gran investigador. Esa misma noche los informativos reflejaban la manifestación pacifica más grande producida en la historia de la Humanidad. En el más estricto de los secretos la asociación mundial de medicina organizó la convocatoria. La principal  se dio en New Ville, dando comienzo en su plaza principal y teniendo como destino final la casa del doctor. Consiguieron congregar a más de diez premios Nóbel de los últimos años. La intención era doble. En primer lugar solicitar perdón a tal eminencia de la ciencia por haberse retrasado el mundo en agradecerle los servicios prestados a la Humanidad. En segundo termino, y esto fue idea de todos los que de una forma u otra colaboraban con el profesor, y eran muchos, resaltar su idea principal su verdadera lucha en el mundo. Conseguir dar a los demás científicos cualquier descubrimiento por pequeño que fuese o no finalizado para dar lo más pronto posible una solución a lo investigado, evitando el protagonismo y conseguir resolver el problema a los enfermos. Dos lemas encabezaban las manifestaciones realizadas y a la cabeza sillas de ruedas arrastradas por personas que gracias a las investigaciones de ese equipo les proporcionaron el derecho a poder caminar y desenvolverse con normalidad. Todas las sillas llevaban un letrero en el que se podía leer. Nunca más. Gracias doctor Carbonell.    
   Cuando la concentración de gente se detuvo ante su casa y los gritos y vítores le obligaron a salir. La emoción lo embargó por completo, abrazado a su mujer y a su hija Linda, lloraba como un chiquillo. Un sofoco indescriptible se apoderó de su cansado cuerpo, pero mientras las lagrimas encharcaban el suelo él se mantuvo firme ante aquella multitud, la fuerza que le transmitían esas jóvenes manos que apretaban la suya le daban las fuerzas más que suficientes para mantenerse entero. Sus dos tesoros, bañados en lágrimas, contemplaban a su ser más querido a través de sus ojos turbios, empapados por el salado liquido. A la cabeza iba el doctor Aleixandre, emocionado tanto o más que su colega y gran amigo. Iba a ser el encargado de leer el manifiesto que el mundo con esas concentraciones en las principales capitales del mundo deseaba rendir a tan ilustre personaje. Dudaba tener las suficientes fuerzas como para poder leer aquellas cuartillas. Pero cuando se puso delante de su amigo a escasos metros sintió como su cuerpo era dominado completamente por su mente. Las emociones, que eran muchas desaparecieron por completo y con una serenidad, que le sorprendió a él, comenzó su lectura. El texto no se lo pudieron elegir mejor, no en balde fueron sus más allegados los protagonistas en su confección, pero conforme, Aleixandre leía, José se dio cuenta que su discurso de agradecimiento al recibir el Nóbel se estaba dando ya. Se llenó de satisfacción porque sin lugar a dudas la repercusión de ese manifiesto iba a ser mucho mayor y precisamente era lo que buscaba con toda ansiedad. Otra de las cosas que emocionaron al genio, fue que no le nombraron, aunque se lo leían a él siempre se hablaba de los investigadores. Se dio cuenta que en aquellas cuartillas estaba la mano de Caterine, Dany, Joel, Jung, y un largo etc. El abrazo entre los dos colegas dio fin a un homenaje a todos esos científicos que entregaban su vida y protagonismo por el bien de la Humanidad.
   A lo largo de toda esa semana los informativos se admiraban y admiraban al mundo de la repercusión que esas manifestaciones habían tenido en la gente sencilla. Si la de New Ville fue la principal por las personalidades que la componían y por el personaje a quien le leían el manifiesto. Los periodistas destacaron que la más multitudinaria se dio en la capital de Corea. Donde calculaban que la friolera de cerca de seis millones de personas tomó la ciudad. Desplazándose de los más lejanos rincones del país. Y asegurando que en la localidad donde se encontraba ubicada la Fundación no se vio una sola persona en sus calles. Las imágenes que, la televisión Coreana, tomaron de dicha localidad impresionaron al mundo.
   Pero esa semana no iba estar falta de más escenas emotivas para la familia Carbonell. Ese sábado por la tarde se presentaba en su casa de New Ville una pequeña de siete años de edad con su madre enviudada recientemente, al perder a su esposo en el accidente que había relegado a su pequeña a la silla de ruedas. El servicio se conmovió al ver a la pequeña y avisó al señor de la casa. Cuando José entró en el salón, dónde le aguardaban las dos, comenzaron a llorar y la pequeña entre sollozos comentó.
   - Este lunes me van a intervenir para que pueda volver a correr. Le he pedido a mi madre personarnos en su casa para poderle agradecer con anticipación lo que ha conseguido hacer por mí y por miles de niños y personas como yo. Todas las noches cuando hablo con mi papá le pido que le diga al Señor que lo cuide mucho  señor.                                                                                                        
   Comenzó a llorar, abrazó a la pequeña y le aseguró que Dios le había escuchado y con toda seguridad haría de ella una gran mujer. Una persona dedicada a los demás.
   La ceremonia de entrega del premio Nóbel de medicina se realizaba la tarde noche de aquel sábado. Caterine confeccionó un bello y elegante traje diseñado casi íntegramente por su pequeña. Contemplaba a su esposo y recordó a Silvia y a su madre. Se sentirían tan orgullosas como ella, de ver que al fin, se valoraba la dimensión no solo científica, sino también humana de aquél personaje. Al subir al estrado para soltar su discurso, se limitó a poner un vídeo. Fueron apareciendo imágenes de investigadores que trabajaron con él. Bajo de las mismas los nombres de todos esos personajes y junto a ellos y entre paréntesis la palabra investigador, o investigadora, según de quien se tratase. Entre las imágenes pasadas no olvido sacar la suya, pero procuró que fuese una más de todas. También se cuidó en mostrar la de su primera mujer. Silvia. Las diferentes imágenes se sucedieron una tras otra, no hubo el menor comentario. Estaba claro que transmitían todo lo que se podía decir, con creces. Al cesar el video, tomó la palabra, asegurando que solo deseaba añadir algo a lo expuesto.
   - El premio no le corresponde a ninguno de los presentados en las imágenes. Pertenece al espíritu de esos científicos. Los verdaderos protagonistas son todas esas personas que con su problema despertaron el interés, la preocupación y las ansias por solucionarlo. Aunque la sociedad está acostumbrada a personificar todo en alguien, debemos ser justos y repartir los metritos a quien corresponden.
    Se vio obligado a detenerse en varios momentos de su discurso. A su mente llegaba con insistencia el recuerdo de Silvia. Aquel homenaje que el mundo le ofrecía le pertenecía en gran medida a su querida Silvia. Finalizó esas palabras ofreciendo en nombre de todos los del vídeo el premio en metálico para dedicarlo a jóvenes investigadores con ese espíritu.
                
                                               FIN
  





                        






























jueves, 17 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO-XXIV - EL NACIMIENTO


                                               - EL NACIMIENTO -

   Desde la primera intervención con éxito el trabajo se acumulaba. Era necesario descubrir el porqué un accidentado cuando llegaba al quirofano con más de dos horas desde el accidente no se recuperaba al cien por cien y darle una solución. A los ciento ochenta minutos la eficacia de recuperarlo perfectamente era del cincuenta por ciento, el otro cincuenta aunque recobraba la movilidad padecía alguna dificultad importante, principalmente en la coordinación. Sesenta minutos más tarde el éxito se reducía a un veinticinco y cada hora la progresión era casi idéntica. Se hacía imprescindible volcar todo el esfuerzo en esa línea de investigación para solucionar el nuevo reto. Pero en los principales hospitales del mundo, gracias a los resultados del equipo del doctor Carbonell consiguieron evitar que muchas personas se vieran relegadas a la cama o a la silla de ruedas.
   Caterine comenzaba a sentirse pesada, necesitaba mimo, cariño, pero sobre todo atención por parte de su esposo. José, tras sus últimos éxitos decidió trabajar media jornada y dedicarle la otra a su mujer.
   Faltaban dos semanas para salir de cuentas, cuando recibió una llamada de un investigador, totalmente novel, para él, y para el mundo de la medicina. Pertenecía a un estado donde la dictadura controlaba a sus ciudadanos. Trabajaba en la universidad de la capital. Había, o creía haber encontrado una solución para poder intervenir a cualquier  accidentado, incluidos aquellos cuya inmovilidad venía de accidentes ocurridos varios años atrás. Pero le resultaba imposible salir del país y mucho menos sacar información de cualquier investigación llevada a cabo en su universidad. Había estudiado al milímetro todas las publicaciones del doctor Carbonell, siguiendo las pautas marcadas y tomando una de las vías de investigación sugeridas en el artículo, aunque su método no estaba perfeccionado del todo, logró devolver la movilidad a tres de las diez personas intervenidas. La mayoría llevaban años desde el accidente, Interesándose José precisamente por ello. Deseaba encontrarse con él y decidió por medio de la embajada ser invitado a dar una conferencia en la capital del país en cuestión. No encontrando ningún impedimento. Es más todo fueron facilidades
   Caterine no estaba para viajar y menos a un país con pocas garantías de ser respetados sus derechos. Optando por quedarse y el doctor en compañía de sus colaboradores se desplazó un fin de semana. Esa misma noche del viernes visitaron al personaje en cuestión en su laboratorio de la facultad. José le había llevado varios dossiers de sus investigaciones solicitadas por teléfono.
   Repasaron minuciosamente los estudios sobre los éxitos asegurados por el científico. Quedaron gratamente impresionados. Precisamente Joel estaba esos últimos días iniciando una serie de investigaciones con una línea muy similar.  Desde el primer instantes aquellas investigaciones despertaron el interés del equipo del doctor pero especialmente el de él. No durmieron, pasaron la noche en el laboratorio. Si bien tuvieron dificultades de movimiento y especialmente de luz. Si los descubrían el régimen del país los podía incluso acusar de espionaje, como les advirtió Jung. En esas horas de trabajo codo a codo José comprendió estar ante otro genio de la investigación. Con medios rudimentarios y sin la mínima motivación logró, resultados impensables, incluso con un buen equipo. Jung se encontraba solo, no tenía familiares ni conocidos con vida, la guerra civil vivida recientemente se encargó de borrar del mundo a sus seres queridos. Odiaba aquel régimen y así se lo confesó a lo largo de la velada. La respuesta de José fue inmediata, le brindó ayuda y  al observar la reacción emocionada de su colega, no perdió el tiempo, prepararon una estrategia para conseguir abandonar el país e instalarle en Francia como refugiado político.
   Ese sábado la conferencia realizada por el equipo del doctor Carbonell fue un éxito y el gobierno se apuntó un tanto al conseguir lo que otros países de mayor prestigio y peso específico no lograron. Al finalizar la misma y durante el ágape en honor de los conferenciantes, José logró del ministro de sanidad la promesa de enviar a Francia al curso, que se iniciaba esa misma semana, sobre medicina del movimiento y de rehabilitación, a un equipo de científicos del país. Consiguiendo, con su habilidad de negociador, la entrada de Jung en la lista de científicos a desplazarse a Paris. Al notificárselo el propio ministro, su rostro se transformó, la tristeza, tensión y preocupación desaparecieron. Buscó con su mirada a José sabía que el ministro había ido a su encuentro para notificárselo. Le guiñó el ojo y en esos momentos le hubiera gustado explotar de felicidad, pero consiguió controlarla.
   - Mañana mismo, partirá con dos colegas a París como invitados del doctor Carbonell.
   Con estas palabras le comunicaba el ministro a Jung la noticia. Inició sus pasos hacía José, pero con una indicación significativa cambió de rumbo y se encontró con los otros compatriotas compañeros de viaje para quedar en el ministerio y de ahí partir, hacía el aeropuerto.
   José y su equipo salieron unas horas antes. Deseaba llegar a París con tiempo. Habló previamente por teléfono con el secretario del ministro de asuntos exteriores sobre el asunto, quien le confirmó entrevistarse a su llegada en el aeropuerto parisino.
   Cuando el avión de líneas regulares despegaba del país Jung sintió como todo su ser se inundaba de felicidad. Por fin libre para trabajar, para salir, para hablar. Pero más que esa libertad ansiaba, desde lo más profundo de su corazón, poder pertenecer al mejor equipo del mundo en investigación sobre rehabilitación y trastornos del movimiento. Además, esas escasas horas de relación con José le había llenado plenamente. No podía dar crédito a lo vivido en esas horas. Tal vez, pensaba, al tratarlo tan poco y en esas circunstancias, unido al deseo de salir de allí y comprobar que tenía posibilidades de ser libre, lo había magnificado. Era un hombre de una sencillez deslumbrante. De una inteligencia difícil de igualar. Las palabras intercambiadas con sus dos colaboradores, le aseguraban que era fácil agradar en unas horas a cualquier persona. Pero Joel le confesó  llevar años trabajando con él y cada día le sorprendía aquel genio de La Naturaleza.
    Nada más aterrizar y a punto de pasar el control aduanero, dos agentes de inmigración se aproximaron y uno solicitó a Jung acompañarle. Obedeció. Al cruzar el umbral de la  puerta de un despacho vio a José abrazándose y agradeciendo  su colaboración. Los trámites burocráticos se aceleraron, pues no en balde José se movió con antelación y aunque perdieron unas horas mereció la pena. Era libre, le proporcionaron la documentación de refugiado político y su correspondiente permiso de trabajo y de residencia en el país.
   Los otros dos científicos se instalaron en un hotel parisino, una azafata había ido a recogerlos y sería su anfitriona durante los días de estancia en la capital. Preguntaron a la bella señorita por su compañero y tras las aclaraciones oportunas, se prepararon para asistir esa tarde al congreso.
   El equipo del doctor Carbonell, junto a su nueva incorporación, tomó el jet de la familia y volaron con destino Lyón. Durante el corto trayecto aéreo recibió la llamada de Caterine, estaba atascada en la autopista que unía Lyón con su aeropuerto. Trazas de descongestionarse no había. Es más iba en aumento, por ser hora punto. Quedó en desviarse por el primer cambio de sentido y regresar a casa para esperarle allí. Comieron todos en casa de los Carbonell. Tras la sobremesa instalaron, por el momento, a Jung en el dúplex de Caterine. Esa misma tarde noche los tres ayudantes de José se encontraban trabajando en el laboratorio. Mientras el matrimonio se desplazó a París para relajarse, cenar y asistir a la opera.
   José pasó toda la representación observando a su esposa, estaba encantadora, su rostro reflejaba la felicidad de ese primer embarazo inundando su cuerpo. En varias ocasiones llamó, con el gesto y la mirada, la atención de su esposo. Pero él hizo caso omiso a las gesticulaciones y mirada de su encantadora esposa y prosiguió contemplándole. Mientras abandonaban el teatro le recriminó por su actitud en la representación. Había sido excepcional y él no había prestado la mínima atención.
   - Mi amor, en ese teatro el único espectáculo, lo verdaderamente embriagador en ese local repleto de personas, eras tú. Y tras casi dos días sin poderte contemplar. ¿Crees que estaba dispuesto a no disfrutar de tu mirada, de tu expresión, de tu encanto? Pues no. Mi querida mama. No estaba dispuesto a distraer mi atención con otras personas.
   Las palabras de su esposo le llenaban de felicidad, ella se veía enorme, aquel vientre donde albergaba su primer hijo había deformado su perfecto cuerpo y cuando se atrevió a asegurar estar hecha un adefesio, gorda y... no le permitió terminar se abrazó con dulzura y comenzó a mimarle, acariciarle y a decirle mil y un cumplido que envolvieron y elevaron su moral.
   Una mañana, había salido de cuentas, encontrándose en el laboratorio trabajando, el servicio entró precipitadamente para advertir al señor el inicio de la dilatación. Dejó de inmediato a sus ayudantes y salió como una flecha al encuentro de su mujer. Estaba bastante avanzada, unos seis centímetros y los dolores se espaciaban cada vez menos. El nuevo ser estaba a punto de irrumpir en el mundo. No se separó de su esposa ni un solo minuto. Tras unas eternas horas al fin descansó la parturienta al lanzar a su hijo al exterior. Al mirar a su esposo se le nublaron los ojos de felicidad. Estaba entusiasmado, contemplaba a la pequeña, había sido niña, con tal amor, que llegó a sentirlo. Tenía su mano entrelazada a la suya, se la aproximó a sus labios y los posó con esa dulzura y cariño que enloquecía de pasión a su media naranja.
    Todo se había desarrollado sin la menor complicación. Cuando salían del quirofano Brisite se encontraba aguardando. Besó a su sobrina y recordó a su hermana Linda. Se habría sentido tan orgullosa de su hija y nieta, que esos recuerdos aflojaron sus lagrimales y unas gotas de felicidad recorrieron sus mejillas. El recuerdo de su hermana le había emocionado. Caterine le tendió sus manos y de nuevo se fundieron en un abrazo.
    En la habitación llegó el primer momento de acercar a su niña al pecho. Para estimular las glándulas de la madre y al mismo tiempo la pequeña siguiera sintiendo el calor y el latido del corazón de su progenitora. José a su lado no paraba de lánzarle cumplidos y mostrar la felicidad que esa hija había traído a sus vidas. La habitación se pobló de ramos de flores, de detalles para la madre y la niña. Desfilaron infinidad de personajes, familiares, amigos, políticos y demás conocidos del matrimonio.
-          ¿Cómo te gustaría llamarla?
   Sorprendió a su esposo. Se quedó pensativo. El nombre lo tenía en mente desde hacía tiempo, pero en esos instantes dudaba.
   - ¿Habías pensado en alguno en concreto?
   - ¿Mi vida prefiero que lo elijas tú?
   José dejó transcurrir unos minutos y por fin se decidió a confesarle el que tenía en mente.
   - Creo que a tu madre le hubiera hecho mucha ilusión conocer a su nieta. A mí particularmente me gustaría ponerle Linda.
   Caterine sonrió. Precisamente ella también pensó en le mismo nombre para su pequeña. Abrazó a su esposo, era capaz de leerle hasta el pensamiento, le besó y confirmó el nombre. 
   Al fin llegó la hora de volver a casa. Se había recuperado maravillosamente bien y salió por su propio pie mientras en sus brazos acurrucaba al bebe.
   Durante esa semana José no piso prácticamente el laboratorio, pero sus colaboradores le tenían informado puntualmente. Por regla general coincidía cuando se dignaban a realizar alguna de las comidas, pues normalmente el servicio les llevaba unas bandejas y reponía fuerzas mientras seguían enfrascados en su trabajo.


jueves, 10 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO XXIII- UNA ESPERANZA


   Tres días perdidos en la montaña, bajo la protección del lugar de reposo de su querida esposa, permitió aclarar muchas ideas. Esa mañana pidió permiso a sus colegas para mandar, las últimas investigaciones, a las revistas médicas. Conforme lo proponía, Dany, expresaba su sorpresa. Miró a su compañero esperando una explicación. “¿Como se iban a negar a algo así?”. Pero José era consciente, que gran parte del merito de esos últimos avances, era consecuencia de las aportaciones del nuevo miembro del equipo. No dudo en consultar con ellos para enviar los resultados.
   Subió al coche con Caterine. Se acercaron a la ciudad, depositando en correo toda la información. Insistiendo, a los editores de la revista con una nota adjunta a los artículos, que figurasen los nombres de sus colaboradores. Añadiendo una introducción presentando y resaltando el importante aporte de Dany. Un nuevo genio de la investigación al que tenía el honor de presentar al mundo de la ciencia.
   La publicación en las revistas especializadas, causó un gran impacto en el mundo profesional de la medicina, pero llegó a trascender a los medios de comunicación, donde se atrevieron a aventurar que el problema de la tetraplegia estaba solucionado.
   Tras una semana de aislamiento en la cabaña regresaron a casa. Emisoras de televisión y radio aguardaban impacientes la llegada del doctor para confirmar la información dada por los medios de comunicación. Cuando los primeros periodistas le comentaron la noticia que circulaba por todos los medios y noticieros del mundo, se indignó. “Como se podía jugar con las esperanzas de miles de seres humanos relegados a la cama o a la silla de ruedas de por vida”. Pensaba mientras entraba en casa. Se tomó un pequeño respiro para serenarse y poder hablar con mayor claridad de ideas. Invitó a los periodistas a entrar en casa, organizando una rueda de prensa en el salón. Subió a su habitación se duchó y tras vestirse bajó junto a su esposa, Joel y Dany. Se sentaron frente al nutrido grupo de informadores. Iniciando la rueda de prensa.
    - En primer lugar.
   Comenzó diciendo, con el semblante triste. Por primera vez se pudo ver el rostro enfadado del doctor. Habló pausadamente y midiendo como nunca sus palabras.
   - Quiero pedir perdón a toda persona que por un error en la información. Desconozco quien puede ser el culpable. Pero, para mí, poca importancia tiene ahora. Me duele, en lo más profundo de mí ser, haber creado falsas esperanzas. Mis colegas, aquí presentes y yo estamos en el buen camino. Pero las cosas hay que contarlas como son. Llevamos tras estas investigaciones la friolera de cuarenta años. Y si es cierto que nunca estuvimos tan cerca, se pueden tardar años para una eficacia plena.
   Su discurso se prolongó por espacio de sesenta minutos. A lo largo de la exposición cedió la palabra en varias ocasiones a sus colegas. Y finalizó su discurso interesando de forma especial al colectivo médico.
   - Hemos conseguido descubrir como estaba formada la estructura microscópica y estamos en el buen camino de construirla fuera de la célula nerviosa. Hoy mismo hemos enviado a las redacciones de las revistas científicas unos artículos mostrando lo informado. Eso supondrá un gran avance hasta conseguir lo que se pretende. Pero solo es eso. Una esperanza. No una realidad.  
   Tras la intervención, en la mayoría de los países occidentales se montaron mesas redondas sobre el tema, debates entre científicos, psicólogos, religiosos y de diferentes campos de la sociedad. En todos ellos, los escépticos abundaban más que los optimistas. Pero todos mostraron su deseo de llegar a un resultado satisfactorio.
   Caterine se dio cuenta, que la mejor manera de no distraer a su marido en esos momentos, era volcarse en su trabajo. Comenzó a investigar en nuevos campos. En concreto, sobre colecciones de premamá. Aquella ocupación le llenó plenamente y los escasos minutos libres lo disfrutaron juntos.
   Comenzaron los primeros experimentos, tras los planteamientos teóricos y algunos prácticos. Decidieron probar con animales.
    Fueron dos meses de continuos intentos, de esperanzas y de fracasos. La recuperación del movimiento cuando la sección de la medula era muy reciente se conseguía, en un treinta por ciento con éxito, pero si el tiempo transcurrido superaba los ciento veinte minutos, no consiguieron ni un solo resultado positivo. Fueron capaces de fabricar artificialmente esa estructura fisicoquímica, pero había algo más que influía en la posible regeneración, en cuanto a funcionamiento, de la célula nerviosa. Sospechaban que tal vez hubiera otra estructura y posiblemente se encontrara en la circulación sanguínea teniendo una acción conjunta con la otra. El camino a seguir era claro. De existir. El siguiente paso sería desmenuzar todos sus componentes y factores de actuación.
   Desde que Dany se les unión, la joven vivió esos meses como minutos. Junto aquel hombre el tiempo parecía detenerse en el laboratorio, mientras que en el exterior los días y semanas pasaban con increíble rapidez. Allí junto a ese genio se perdía la noción de muchas cosas, pero especialmente del tiempo. José salió del cobertizo y se metió en los invernaderos. Solía hacerlo siempre que se estancaba en algo, o necesitaba estirar las piernas. Allí se entretenía con las plantas y las mimaba con verdadero cariño. Caterine se fue de New Ville, en concreto de acercó a Lyón para subir al jet y desplazarse a Madrid. Estrenaba, en la pasarela Cibeles, su colección de premamá. Iba a estar una semana fuera. Pero el teléfono no lo dejaron descansar en todo ese tiempo.
   Andaba cuidando unos tomates cuando la voz de Dany le sorprendió al comunicarle el descubierto de la nueva estructura. Efectivamente estaba muy ligada a la circulación sanguínea, pero desconocía su función. Abandonaron el invernadero y entraron en el laboratorio. Teniendo la seguridad de su existencia, descubrir el resto sería cuestión de tiempo.
   Siguieron, con meticulosidad los pasos investigados. Conforme los analizaban se iban confirmando las sospechas de la joven investigadora. De pronto se miraron, José se abrazó a su compañera y soltó una expresión que le abrumó.
   Antes del regreso de Caterine consiguieron formar la estructura en el laboratorio. Era el momento de comenzar a aplicar todo ese trabajo. Las primeras pruebas no podían ser mejores, en todos los casos se estaba consiguiendo la movilidad de las extremidades, paralizadas por la sección de la medula. Realizaron más de doscientos experimentos y todos con un éxito del cien por cien. Pero de nuevo cuando la intervención se realizaba después de las dos horas su eficacia descendía proporcionalmente a al tiempo pasado desde el accidente hasta la intervención.
   Como siempre, al descubrir algo nuevo, enviaron al momento a las mejores revistas médicas los resultados de sus investigaciones y las perspectivas posibles, ofreciendo diferentes vías de investigación. Rogando ponerse en contacto con ellos ante cualquier avance. José repetía hasta la saciedad que lo tenían al alcance de la mano y si otros colegas, con lo investigado por ellos podían llegar antes a una solución mucho mejor.
   A los tres meses de probar con éxito. Los llamaron del hospital central de New Ville comunicándoles el accidente sufrido por un hombre al lanzarse a su piscina. Se seccionó la medula espinal a la altura de las cervicales, de tal forma que se vería para el resto de su vida esclavizado a la silla de ruedas. No había transcurrido ni diez minutos cuando los tres científicos se presentaban en el hospital. Noventa minutos separaban al lesionado de su fatal accidente. Se metieron en el quirófano y se pusieron a trabajar.
   Cuatro horas les llevo la delicada operación. Estaban convencidos del éxito. Pero debían esperar a la reanimación del paciente superado el efecto de la anestesia.
  - ¡José! ¡Esta moviendo los pies!
  Se apresuró a avisarle cuando comenzó a moverse. No había que tirar las campanas al vuelo pero aquello era significativo. El joven padre fue despertando, movía sus manos y brazos, los dedos de los pies, el tobillo e incluso flexionaba las rodillas. Permanecieron con el operado por espacio de tres días y todas las pruebas realizadas pudieron gozar del éxito.
   Cuando, al terminó de esos días todo daba a entender la eficacia de esa técnica, José comenzó a llorar. Le costaba creérselo y, eso que había trabajado como un loco en ese proyecto. Comprobó los resultados con animales multitud de veces. Pero ahora ver aquel joven padre de familia como saludaba con su mano a través de la mampara de cristal a sus dos hijos y esposa, le pudo la emoción. Dany lo abarcó entre sus brazos y emocionada tanto como su maestro le repetía una y otra vez.
  - Lo ha conseguido, doctor, lo ha conseguido.  
           





















miércoles, 2 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XXII-UNA NUEVA AMISTAD

UNA NUEVA AMISTAD 
                                                                                                                                                                
    Las emociones ahogaban a la joven doctora. Era increíble lo vivido en esa jornada. Sus sensaciones, sus ilusiones, su cuerpo, su alma flotaban en esa cálida tarde de verano. El servicio le instaló en una de las habitaciones para invitados. Todas las comodidades imaginables estaban a su disposición. Había estado hasta muy tarde, ese primer día, trabajando codo a codo con Joel, quien le  puso al corriente de las vías de investigación llevadas por el doctor Carbonell. Pero no pudo evitar mostrarle las llevadas por él.
   - Lo maravilloso de este hombre.
   Le comentaba.
   - Es que te deja tomar iniciativas. Jamás te pide cuentas y tan solo te propone diferentes posibilidades de investigación eligiendo tu la que mas se identifique con tu forma de actuar. Por supuesto siempre procuro hacer, en primer lugar, lo que me pide. Pero en más de una ocasión he estado enfrascado en investigaciones propias y he olvidado realizar lo sugerido. Pues bien, jamás le he escuchado una frase de desagrado o de enfado por no realizarlo. Se interesa por lo que hago y me anima siempre a seguir. Nunca me ha dicho que algo estaba mal. Y si en alguna ocasión percibía que me estaba equivocando, jamás lo recriminaba. Me anima a busca otras alternativas y a no obsesionarme aunque no salieran las cosas. 
   Dany estaba embelesada al escuchar a su nuevo compañero. Pero no estaba muy segura que fuera tan perfecto. “Tendrá algún defecto digo yo” Pensaba en su interior, pero al acudir a su mente el curso impartido en París,  inmediatamente volvía a embobarse escuchando a su colega. Cuando le confesó que una de las investigaciones, que más tiempo dedicaba el doctor, consistía en tratar de solucionar el problema de enervación de la medula seccionada, se quedó petrificada al asegurarle que llevaba en ese campo más de cuarenta años. Jamás desesperó y estaba seguro de conseguirlo. Gracias a su tesón logró grandes éxitos en otros campos. No ocultaba nada de lo investigado y cualquier avance lo comunicaba por medio de revistas médicas.
   - No tiene el menor afán de protagonismo. Es más cuando le hice la observación. “No tiene miedo que otros se aprovechen de sus descubrimientos al revelarlos casi de inmediato”. Siempre respondía de la misma forma.
   “Mi querido amigo. Creo que cualquier investigador, y especialmente en el campo de la medicina, que oculte datos validos para que otros colegas puedan llegar a una solución del problema es un idiota. Tenlo en cuenta. Lo importante es solucionar problemas a la gente, no ser uno quien lo consiga”.
   Joel, comentaba una y otra vez a Dany, que aquel hombre era capaz de sorprenderte casi en cada momento.
   - Hay que convivir con él para saber realmente la humanidad, la capacidad, la inteligencia y mil cosas más que posee este increíble personaje. Aunque te parezca mentira, le gusta la soledad. La vida social no le atrae en absoluto. Pero por desgracia, tanto su trabajo como el de su esposa se ven volcado a llevar una vida social importante.
   Dany impresionada por los relatos y sin saber muy bien el porqué soltó.
   - ¿Pero tiene algún defecto este hombre?
   Sonrieron ante la pregunta y siguiendo el mismo tono contestó.
   - En los aspectos que yo le conozco. No. En su vida íntima, la verdad no lo sé, pero por la forma que su esposa lo mira, mima y espera su llegada, creo que tampoco debe tenerlos.
   Muy entrada la noche se despidieron para descansar.
   Dany se despertó temprano, el servicio tenía preparado un completo desayuno, pues por la noche se informaron cuando la señorita tenía pensado levantarse. Aunque insistió asegurando que se prepararía ella algo, no lo consintieron. Ni en un hotel de lujo se estaba tan atendida. Una relajante ducha dio paso a la primera comida. Se sentó a la mesa, preparada con exquisito gusto, y   el servicio le ofreció una gran variedad  de alimentos. Al salir de casa, la luz sustituía tímidamente a la  oscuridad, pero el sol no despuntaba aún por el horizonte Al ir al cobertizo se sorprendió al ver luz artificial. Al entrar le saludo Joel. Había llegado pocos minutos antes y estaba preparando todo para iniciar el trabajo.
   Las naves cubiertas junto al cobertizo extrañaron y la joven y no se demoró en preguntar. Eran invernaderos, le explicó Joel que casi toda la fruta, verduras, legumbres y demás productos de la tierra los proporcionaban esas naves y además se encargaba de llevarlas personalmente el doctor.
   - ¿Te habrás dado cuenta de la calidad de los alimentos? Pues la mayoría salen de esos huertos cubiertos a los que cuida y mima. Sus padres fueron huertanos y él se crió en España. En Valencia, en su huerta. En compañía de su hermana Rita fueron los pioneros de los invernaderos en España y llegaron a levantar los más grandes de Europa.
   Continuó relatándole anécdotas. Asegurándole que la capacidad de sorpresas, con ese hombre, era inagotable.
   Ella, le había sorprendido por su capacidad de trabajo y especialmente por su metodología en la investigación. Pero ese día comprendió el porqué José le invitó a trabajar con ellos. Era un genio. Sistemática, intuitiva y con una capacidad de trabajo difícil de superar. Le recordó a su maestro. No había visto a nadie, a excepción de José, con esa claridad y esa capacidad para la investigación. No pararon ni para comer. El servicio llevó al cobertizo dos bandejas con comida y transcurrido un tiempo prudencial regresaron con discreción a recogerlas. Joel estaba encandilado con aquella mujer, pues amen de su belleza, poseía un don para la investigación que le tenía embelesado. Cuando se hizo la hora de la cena de nuevo el servicio les llevó dos bandejas repletas. La pareja seguía concentrada en su investigación. De vez en cuando se aproximaban a las bandejas y picoteaban alguna cosa.
   Dany descubrió una vía a la investigación principal de José y no era cuestión de perderla. Estaba convencida que el fallo se debía a unos pasos previos de los que partía como seguros y a ella no le parecieron así. Llevó esas primeras investigaciones unos cuantos pasos atrás y de momento, partiendo de unos puntos anteriores, lo que estaba realizando iban por buen camino.
   Cuando esa mañana entraban por el jardín Caterine y José de su aventura en la intimidad, se extrañaron de ver luz en el cobertizo. Descendieron del vehículo y abrazados entraron. No se percataron de la presencia del matrimonio. Estaban tan metidos en la investigación que no sintieron su llegada. 
   - ¿Habéis llegado a salir de aquí?
   Al romper su concentración elevaron las miradas y al ver a su maestro se apresuraron a comunicarle su descubrimiento. Cuando José comenzó a seguir el proceso se quedó maravillado.
   - Seré burro. Lo he tenido delante de mí durante más de treinta años y he sido incapaz de darme cuenta.
   Cuando Caterine escuchó a su esposo sabía que se quedaría en el laboratorio. Era consciente que no debía molestar. Suponía mucho para él pues llevaba demasiado tiempo detrás de ello y ahora parecía que la luz se había encendido. Besó con ternura a su esposo y salió para regresar al coche, solicitar del servicio ayuda para llevar las maletas a su habitación y organizarse un poco.
   Estaba deshaciendo las maletas con la ayuda del servicio cuando advirtió.
   - Preparen el almuerzo para esos locos de la ciencia, son capaces de pasarse días sin reponer fuerzas. Cuando este preparado me avisan y bajaré al comedor.
   Las primeras dificultades que la pareja  encontraron al iniciar ese camino se solucionaron pronto con la llegada de José. Trabajaron sobre varias alternativas. Pero José les aseguró que estar en la senda correcta. Cada dos horas se juntaban con sus anotaciones y exponían las vías seguidas. Pero si se presentaba algún problema o se pensaba haber dado con algo, se debía avisar a los otros. A lo largo del día solo se celebraron las puestas en común acordadas y todas las dudas fueron solucionándose.
   Llevaban tres días seguidos inmersos en su trabajo cuando en una de esas reuniones José les aseguró estar muy cerca. Tenía la convicción de tratarse de una estructura microscópica de composición fisicoquímica las causantes de la muerte de las células nerviosas, cuando estas se seccionaban. Si estaba en lo cierto, deberían seguir sus investigaciones tratando de descubrir cual era esa estructura y como o donde se generaba.
   Sin previó aviso comentó.
   - Dejemos todo. Vamos a comer a casa. Nos llevaremos nuestras anotaciones y nos perderemos unos días en la cabaña de la montaña. Respiraremos aire puro y podremos discutir los pasos a seguir y la metodología más correcta para descubrir esa estructura.
   No hubo el menor pero. Abandonaron el laboratorio, entraron en casa y tras ducharse y cambiarse de ropa se sentaron a la mesa. Caterine no se encontraba en casa, el servicio le comunicó su salida a comer con su tía para tratar asuntos de la empresa. Subió a su habitación cogió el móvil y le telefoneo. Disculpándose por tenerle tan abandonada, precisamente ahora que necesitaba más que nunca su apoyo y cariño. Caterine sonrió y contestó a su esposo que estaba perdonado. Siempre y cuando esa noche le llevara a cenar y a bailar. Lo dio por hecho. Previa disculpa y rogando su permiso, le comunicó su deseo de perderse en la cabaña con ella y sus colaboradores durante unos días. Era su refugio privado, pero estaba claro que si su esposo se lo pedía era porque lo necesitaba.
   - Estás cerca. ¿Verdad?
   Estaba segura que por fin las esperanzas, de conseguir lo que tanto buscaba, eran reales. Podían ir a cualquier otro lugar. Pero sabía la necesidad de su esposo de aislarse y su cabaña reunía todos los requisitos. Comieron, se prepararon una bolsa con los efectos personales, recopilaron todos los apuntes recogidos durante esos días y en coche se desplazaron hasta los talleres donde recogieron a Caterine para perderse en la montaña.
   - Solo hay dos habitaciones, espero que no os moleste compartir una.
  Se miraron. Sonrieron. No había problema, pero ahora tras llevar más de una semana, juntos, ni siquiera se habían fijado uno en el otro. Cuando fueron conscientes que comenzaban a mirarse de forma distinta se ruborizaron. La presencia física de los dos era bastante aceptable y los dos vivían por las mismas cosas. Tenían demasiado en común para no pensar en una relación de otra índole.
   Instalados les invitaron a salir con ellos. Evitando que la torpeza masculina lo estropeara Dany aseguró estar muy cansada. Deseaba recuperarse y reanudar el trabajo a la mañana siguiente despejada. Mentía. Le hubiera gustado salir pero comprendía que después de cuatro días sin su mujer, y más esperando su primer bebe, lo que desearían es estar solos. Les rogó que saliesen tranquilos, ellos se prepararían alguna cosa para cenar.