martes, 23 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XIV-EÑLSECUESTRO


   José advirtió a la tripulación que saldrían temprano al día siguiente. El matrimonio, dado el desarrollo los acontecimientos, decidió abandonar el país.
   Esa tarde previa a la partida José se acercó a la Fundación para despedirse de los conocidos. Caterine y Neus decidieron ir de tiendas y  comprar algunos regalos para la familia.
   Estando en el centro de rehabilitación el director de la fundación llegó corriendo para avisar a José. La televisión y la radio daban la noticia. Se precipitaron hacía uno de los salones del edificio donde estaban dando la última hora sobre el suceso. La guerrilla había secuestrado a dos mujeres europeas para presionar al gobierno con la intención de intercambiarlas por diez guerrilleros detenidos por el ejército. En sus conversaciones con los máximos dirigentes desconocían  la identidad de las secuestradas pero según testigos presénciales se podría tratar de una joven enfermera y la mujer del “Salvador”.
   La noticia le dejó helado. Tenía previsto salir a la mañana siguiente. De inmediato se puso en contacto con las autoridades, deseaba confirmar las sospechas y tratar de agilizar las gestiones para conseguir la liberación de sus dos compañeras.
   Era una persona muy apreciada por todos, desde el poder hasta los medios sociales más humildes de la provincia. Fue atendido inmediatamente por la primera autoridad de la ciudad, pero no le pudo dar garantías de conseguir una liberación rápida. Las cosas se estaban complicando de nuevo en el país y el gobierno se negaba a negociar con la guerrilla. Se mostró muy cordial con él y le confirmó sus sospechas. Efectivamente se trataba de su mujer y Neus. Le aconsejó ponerse en contacto con el comandante en jefe del ejército de aquella región. Era el único con poder de decisión en situaciones de esa gravedad. Pero también le informó la dificultad de la situación. No sería fácil. Se trataba de un viejo conocido, pues no en balde salvó la vida a sus padres, la de sus dos hermanos y a él mismo, cuando una mina personal les explosionó cuando era pequeño y paseaba en familia.
   - Aunque en estas situaciones no suelen recibir a civiles, a ti te atenderá de inmediato, pero has de comprender una cosa. También tiene las manos atadas por parte de sus superiores en la capital.
   Añadió antes de partir en compañía del secretario del regidor, para conducirlo ante el comandante de las fuerzas armadas. El oficial de la puerta se negó en rotundo a concederles paso sin concertar una cita previa con su comandante. Pero gracias a la habilidad de José accedió a coger una tarjeta suya y llevarla ante su jefe. A los dos minutos, de abandonar el soldado el puesto de guardia con la tarjeta, volvía apresurado para confirmarle a su oficial el inmediato permiso de acceso al personaje y la orden de acompañarlo personalmente el oficial de guardia hasta su presencia.
   - Lo siento, Señor, pero son órdenes.
   El oficial los cacheó y tras una minuciosa comprobación, escoltados por dos soldados, los condujeron ante el despacho del jefe de las fuerzas armadas de la zona en cuestión. Tardó unos minutos en atenderlos, pero por fin y personalmente salió a su encuentro. Al verle se aproximó con los brazos abiertos y se fundió en un fuerte abrazo. No lo veía desde hacía  mucho tiempo.
   - Supe de tu llegada, pero me encontraba en la capital resolviendo problemas castrenses y aunque me hubiera gustado darte un fuerte abrazo me fue imposible.
   José comentó su estancia con sus padres y hermanos en casa para comer en varias ocasiones desde su llegada.
   - Me contaron que últimamente dispones de pocos momentos liberes, pues el trabajo te tiene mucho tiempo fuera de esta zona. Me transmitieron tus disculpas por no podernos acompañar esos días.
   Paró para volverse a abrazar reanudando la conversación, mientras entraban en el despacho.
      Cerrada la puerta y antes de tomar asiento José le comentó.
   - ¿Te imaginaras el porqué me atrevo a molestarte en unos momentos tan difíciles?
   El silencio se adueñó del despacho, su amigo bajó la cabeza y  mientras lo invitaba a sentarse contestó en voz baja y sin atreverse a mirarle al rostro.
   - Lo sé, José, y siento no poderte dar una rápida solución. Haré todo lo que este en mi mano. De eso no lo dudes. Pero hay órdenes tajantes de no negociar absolutamente nada con esos terroristas. Si de mí dependiera ahora mismo soltaba a esos asesinos para devolverte a tu mujer.
   El rostro duro y firme del oficial se relajó, de tal modo, que de los lagrimales comenzaron a deslizarse unas lágrimas por al impotencia de la situación. Deseaba ayudar a su gran amigo pero las circunstancias, el cargo y como se iban desarrollando los acontecimientos le tenían atado de pies y manos. Se levantó, mordiéndose los labios, y de inmediato José hizo lo propio. De nuevo un abrazo para comentar.
   - No te preocupes Chang. Soy consciente que estas haciendo todo lo posible. Me consta la movilización de contingentes del ejército para tratar de socorrerles. He venido a verte, para saber la situación e informarme de las posibilidades. Sé que no depende de ti pero te agradezco todos los esfuerzos por devolverme a mi mujer. Me encuentro des... No pudo continuar, comenzó a llorar como un chiquillo y abrazado a su amigo descargó toda la tensión acumulada. Eran demasiadas desgracias en poco tiempo. La pérdida de Silvia, de Linda, su enfermedad. Y ahora cuando consiguió ordenar de nuevo su vida y rehacerla junto a esa encantadora mujer, parecía que los cielos no estaban dispuestos a darle tregua en los últimos meses. Cuando los dos hombres consiguieron controlar sus emociones continuaron conversando por espacio de unos minutos. Luego se despidieron prometiendo a su amigo ayudarle.
   Tras la entrevista, José se dirigió al consulado español y francés y puso en conocimiento de los respectivos cónsules la situación creada con el secuestro de un súbdito de los respectivos países. De inmediato los medios diplomáticos se pusieron en funcionamiento, pero era consciente, por lo hablado con su amigo Chang, de no tener visas de solución por la vía diplomática. Pero se movía con rapidez sin desechar ningún hilo a su alcance, pero especialmente, aquellos con posibilidades y garantía de recuperarles sanas y salvas. Regresó al hotel y de inmediato se puso en comunicación con los diferentes líderes locales y solicitó ayuda para localizarlas. Se ofreció él como moneda de cambio, asegurando a los jefes el valor de su persona para cualquier intento de cambio. El prestigio internacional y especialmente el aprecio, a su persona, en aquella región lograrían una mayor presión ante el gobierno y sus fuerzas armadas. La idea no era mala, la guerrilla era consciente de los beneficios, en cuanto a presión popular, pero también tenía sus puntos negativos. Entre ellos un mayor alejamiento del pueblo, ahora que parecía haber más gente por la causa. Pero también esa información llegó a las autoridades militares y, por tanto, la vigilancia del personaje en cuestión aumentó considerablemente con mayor dificultad para acceder a él.
  









martes, 16 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE- CAPITULO XIII - COREA MI SEGUNDO HOGAR.


  

                                          - COREA, MI SEGUNDO HOGAR -

   En New Ville, se instalaron en el dúplex de Caterine. En un principio pensaron hacerlo en la mansión de los Carbonell, mas apila, pero especialmente con el personal necesario para atender su funcionamiento las veinticuatro horas del día. Pero cuando ella le mostró su deseo de vivir en el dúplex no lo discutió. Aceptó consciente de la carga sentimental que suponía, para su joven esposa, ese hogar. A la postre su único deseo era compartir el resto de su vida junto a ella. El lugar poca importancia tenía.
   Antes de partir hacía Corea era necesario poner en orden muchas cosas. En cuanto a las finanzas, tras la primera semana comprobaron su inmejorable estado. Las cuentas rebosaban de buena salud y la firma Revaud aumentó sus beneficios ese último año en más de un treinta por ciento. El camino iniciado por Caterine en Oriente, y especialmente en China estaba dando sus frutos. Felicitaron a Brisite por la magnifica gestión llevada a cabo, en todo ese tiempo, como última responsable de la firma.
   A todas las partes acudían los tres para resolver el papeleo y ultimar las gestiones necesarias para su traslado a Corea, al menos por un periodo de seis meses.
   La tarde era lluviosa, estaban cansados y no les apetecía moverse por la ciudad, optando por quedarse en casa y descansar ese sábado, tras una semana agotadora. Caterine comentó su ilusión por adquirir un reactor para sus desplazamientos. Estaba harta de esperar en los aeropuertos. La idea no era mala, pero debían estudiarla. La compra del aparato no suponía problema. Pero tal vez si la contratación de tripulación, la adquisición de un hangar para el jet y personal para el mantenimiento. Se puso en contacto con varios amigos del negocio de la moda y fue informándose de todos los detalles hablados con José y alguno más, aclarado por los amigos.
   Los números cuadraban sin causar problemas a las finanzas familiares. Por ello se pusieron manos a la obra para estrenarlo en su viaje a Corea. Las gestiones, las visitas para ver diferentes compañías, probar diversos aparatos, les llevaron cerca de un mes, y gracias a la colaboración de un amigo no se prolongó. Puso a disposición de Caterine a su comandante. Aconsejándoles sobre cual era el más adecuado para las pretensiones de la pareja. También les presentó a la tripulación, de plena confianza. Era importante, les comentó el comandante, que la tripulación encargada de pilotar el jet interviniera en su elección. Por ello una vez seleccionada con la colaboración de los dos comandantes se decidieron por el más apropiado al uso pensado. La ayuda recibida fue de gran valor pues ninguno de los dos estaba muy ducho en ese apartado. 
   El bautismo de la aeronave lo realizaron con un viaje relámpago a Madrid y posteriormente a Valencia, para despedirse de la familia, antes de iniciar su viaje a Corea.
   La noticia de su llegada a la provincia coreana se propagó como el agua en los regadíos de la huerta. La gran mayoría de los habitantes de la zona, e incluso de zonas lejanas se dieron cita en el mejorado aeropuerto de la capital de la provincia. Aquel hombre, junto a su esposa Silvia, habían sido el alma de aquella castigada zona oriental. Pero no solo por las atenciones sanitarias proporcionadas por la fundación. Se crearon industrias y fabricas mejorando considerablemente el nivel de vida de aquellas humildes gentes.
   El pequeño aeropuerto engalanado como en las grandes ocasiones. Las primeras autoridades de la ciudad, aguardaban impacientes la llegada del “Salvador”. Cerca de dos años, el periodo más largo sin dejarse caer por allí. Tenían noticias de las desgracias sufridas en los últimos tiempos. La muerte de Silvia, venerada por todos, su grave enfermedad, pero desconocían su recuperación, y mucho menos su nuevo enlace matrimonial.
   Cuando la puerta del jet se abrió y aparecieron, la multitud se volvía loca con vítores, cantos, incluso algún que otro desmayo. Caterine miró a su esposo no podía creer aquel recibimiento y con la ingenuidad, sorpresa y asombro preguntó.
   - ¿Viene alguna autoridad de la nación?
   Se limitó a sonreír. Verdaderamente era increíble la multitud agolpada en torno a la pista. Las fuerzas de seguridad se vieron en la necesidad de realizar verdaderos esfuerzos por retener a la gente enfervorizada hacía aquel personaje. Cuando discretamente le aclaró la situación se quedó perpleja. Aquel recibimiento era digno de los mejores divos de la música, o del deporte. Se abrazó a su marido y lo besó con ternura. Aquel hombre del que estaba locamente enamorada le sorprendía en cada momento con algo. Vivir junto a él era imposible el aburrimiento.
   Dos pequeños nativos, se aproximaron a los visitantes, mientras descendían del avión, ofreciendo a las mujeres unos lindos ramos de flores autóctonas. A coro y en un perfecto castellano se dirigieron a José.
   - Todo nuestro pueblo se siente orgulloso de poder recibir a la persona más querida en todos estos humildes hogares. Sentimos en lo más profundo de nuestros corazones la muerte de su querida esposa.
   José se inclinó para besar a los dos pequeños y a continuación recibió el saludo de las autoridades. Fue presentando a sus dos acompañantes y se sorprendieron cuando les presentó a Caterine como su mujer. De camino hacía los trámites legales de la aduana, apretaba las manos de la gente que deseaba tocar al “Salvador”. Todos anhelaban poder compartir su presencia. Tanto Neus como Caterine no salían de su asombro aquello parecía increíble. Era verdadero fervor el recibido por esas gentes. Les costó cerca de dos horas llegar hasta el hotel donde se alojarían y eso que no estaba a más de cinco kilómetros del aeropuerto.
   Llegó la noche. Por fin solos en su habitación. Incrédula ante lo acontecido ese día Catherine lo comentaba con su esposo. Era consciente del apreció de la gente. Pero nunca pudo imaginar aquel grado de fervor. Neus se instaló en La Fundación. José les presentó a sus directores y le acogieron como si fuera de la familia. Ese primer día en aquel hospital, le cautivó. No podía dar crédito a las magnificas instalaciones y mucho menos llegó a comprender como la mayoría de los trabajadores de aquel gran centro sanitario solo lo hacían por la manutención y la vivienda. De inmediato se puso a trabajar codo a codo con toda esa gente y su sorpresa iba en aumento al comprobar la calidad de sus formaciones. Muchos de ellos superaban a la media de los sanitarios conocidos hasta la fecha. Sin duda su destino se encontraba en aquella bella población, que desde el primer instante le cautivó y a partir de ese mismo momento pasaría a ser su razón de vivir. Alguien le comunicó la necesidad de descansar, tras un viaje tan largo y sobre todo tras esas doce horas sin parar. Al mirar el reloj y comprobar que eran las siete de la mañana su incredulidad le obligó a salir a la calle para constatar el amanecer. No sentía el mínimo síntoma de cansancio ni de sueño. Se pellizcó varias veces para estar segura de su vigilia. Se sentía tan feliz, incrédula de los momentos vividos desde su llegada. Con una dulce sonrisa se despidió hasta la tarde y sin pensarlo dos veces dirigió sus pasos hacía el hotel donde se alojaba su querido matrimonio. Deseaba encontrarse con José, abrazarlo y darle las gracias por haberle llevado hasta ese lugar.
   Subió directamente a la suite ocupada y entró sin llamar. Estaban despiertos abrazados en el lecho. La presencia de Neus, en un principio les asustó luego les sorprendió, pero cuando se abalanzó sobre José no supieron reaccionar. Se abrazo a él y, mientras adoraba con sus labios su rostro, le daba las gracias. Besó a Caterine en las dos mejillas y dejó a la pareja continuar con su descanso. Se miraron, sonrieron y volviéndose a abrazar se abandonaron de nuevo al descanso.
   Aquel día les aguardaba una nueva jornada de compromisos sociales. A Caterine aquellas atenciones y halagos le agradaban, no en balde el mundo de la moda se movía por esos derroteros. Pero a José le molestaba enormemente, Silvia le había abierto los ojos al convencerle que todos esos compromisos sociales tenían su recompensa luego. Y así era, desde que compartió con Silvia aquellos actos las facilidades por parte de las autoridades, tanto, locales como nacionales del país. Le abrieron numerosas puertas. Consiguiendo importantes rebajas fiscales y apoyos para la exportación y distribución de los productos elaborados por las industrias encargadas de mantener La Fundación.
   Consciente de la necesidad de esas fiestas y agasajos sociales. Ahora estaba convencido de lo imprescindibles que eran y el precio a pagar.
   Concluida la primera semana, el matrimonio pudo disponer de tiempo. Visitaron los otros centros abierto recientemente y conversaron. Personalmente comprobó la maravillosa gestión realizada por los directores. Le contó a Caterine como los conoció. En compañía de Silvia consiguieron salvarles la vida, aunque no pudieron evitar la perdida de uno de sus miembros inferiores. Luego fueron a Europa, estudiaron medicina y llevaban toda su vida dedicándola por completo a La Fundación.
   Visitaron a viejos conocidos y todos se desvivieron por atender a la pareja. Quedando gratamente sorprendidos por la sencillez, elegancia y cariño de su joven esposa.
   Neus no dejaba un solo día de visitar al matrimonio y les mostraba su agradecimiento por todo. Se había enamorado de aquel lugar y en más de una ocasión se olvidaba, de comer, de cenar o de dormir. El tiempo pasaba volando y perdía con frecuencia su sentido de los ritmos biológicos.
   En las conversaciones de José con los responsables de la fundación le mostraron su admiración y profesionalidad de esa joven europea. En muy poco tiempo se puso al día con la marcha del hospital. Convergiéndose en una de las enfermeras especialistas más eficaces del equipo.
   Las noticias sobre la inestabilidad de una de las regiones, del país, próxima a donde se ubicaba La Fundación comenzaron a preocupar a la gente. La presencia del ejército se iba haciendo cada vez más patente en la localidad y el movimiento de material militar alteraba la marcha cotidiana y pacífica de la zona. Los primeros enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército se dieron aunque siempre se producían a bastantes kilómetros de la población.
  La inestabilidad iba creciendo por momentos. José comenzó a preocuparse. “No habían sufrido bastante ya esas gentes como para comenzar de nuevo”. Pensaba mientras ojeaba en los periódicos las últimas noticias sobre los movimientos del ejército y la guerrilla. Incluso algunos nativos comenzaban a involucrarse en ese movimiento revolucionario.
   Llevaban tres meses desde su llegada, cuando una noche estando en la ciudad cenando una explosión cercana les interrumpió. Se llevaron un susto impresionante pues la pared cercana a donde tenían reservada la mesa se desplomó, por la acción del artefacto preparado para unos oficiales del ejército del país. Cuando la situación se calmó y pudieron regresar al hotel se plantearon seriamente dejar el país. Lo hablaron con Neus, pero ella estaba dispuesta a continuar allí. Por fin había descubierto, realmente su destino.












lunes, 8 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XXII-LA APARICIÓN


   - CAPITULO XII -

                                        - LA  APARICIÓN -

   El taxi se detuvo ante la puerta principal de la alquería. Paquito, el pequeño de Rita, fue el primero en ver a su tío y como si del diablo se tratase entró en casa gritando. José recogió su bolsa de viaje y se dispuso a entrar. Iba a cruzar el umbral de la puerta cuando se tropezó con su hermana. Se abrazó y al separarse no podía dar crédito a lo contemplado por sus ojos. Era sorprendente su buen estado, dejándose caer sobre uno de los sillones de la entrada. Sin saber muy bien el porqué comenzó a llorar como una chiquilla. Se pellizcaba para convencerse. Lo miraba una y otra vez desde todas las perspectivas posibles. No había duda, era José, su querido hermano. No tardaron en salir el resto de la familia para abrazarse al aparecido. Al mismo tiempo lo asediaban a preguntas. Se limitó a sonreír. Delante tenía a los hijos de su hermana y a su gran amigo, vecino y cuñado. Paco.
   - ¿Pero bueno, no nos vas a contar nada?
   Preguntó desesperada su sobrina mayor. El silencio se apoderó de aquel recinto repleto de personas. Dejó transcurrir unos segundos de espera para ironizar a continuación.
   -¿Dónde esta la hospitalidad de esta alquería? Estoy muerto de sed y destrozado por el viaje y solo se os ocurre tenerme en la puerta de pie y con la maleta en la mano.
   De inmediato Paco tomó la bolsa de viaje de su cuñado y le invitó a instalarse en el salón. Cuantos recuerdos le llegaron en el instante de entrar en aquella habitación. Había sido el comedor, cuando sus padres vivían. Cuantos gritos y blasfemias se pudieron escuchar en ese recinto. Y cuantos silencios hirientes se pudieron sentir en aquel lugar. Miró a su hermana se abrazó a ella, cerrando los ojos comenzó a recordar en alto.
   - ¿Recuerdas las comidas de familia? 
   Rita sonrió, como se podía olvidar aquella época de penuria, de disciplina casi hitleriana. Como se podía una olvidar de mama, sumisa a su esposo, dulce y cariñosa con sus hijos, luchadora como pocas para conseguir la igualdad entre sus hijas e hijos ante aquel marido casi primitivo. Sus rostros se inundaron de una felicidad indescriptible. Aquellos recuerdos eran demasiado profundos como para no emocionarse y sentir en sus cansados cuerpos todo lo vivido allí juntos. El resto de la familia, impacientes aguardaron estoicamente, dejando a los recuerdos volver a las mentes de los hermanos y esperar al recién llegado para decidirse a desvelar los misterios de su desaparición. Habían pasado más de catorce meses desde su secuestro de la clínica. ¿Cómo había conseguido vencer a la enfermedad? ¿Cómo logró salir de su invalidez? Eran demasiadas preguntas, demasiados interrogantes a desvelar. Pero verlo en tan buen estado de salud entusiasmó a la familia. Por fin, tío y madre dejaron los recuerdos para sentarse en torno a la mesa del salón y poder aclarar todo aquel misterio.
   Comenzó a descubrir algunas incógnitas. En primer lugar nadie le había secuestrado. Una amiga suya le liberó de la cárcel donde le relegaron sus hijos. Una vez en libertad, regresó junto a su esposa Silvia.
   - ¿Has estado en New Ville todo el tiempo?  
   Interrumpió uno de sus sobrinos. Pero pidió calma. Lo contaría todo, y si después del relato quedaba alguna duda, estaba dispuesto a dar luz a cualquier cuestión. Había estado en New Ville pero poco tiempo, la mayor parte de su larga desaparición permaneció en los Estados Unidos, tratando su enfermedad. Y como podían ver, con unos resultados brillantes. Contemplaba a su familia, atentos al mínimo detalle del relato. Conforme aclaraba unos inmediatamente aparecían otros en sus mentes. Explicó que Neus le había ayudado a salir de la clínica con la colaboración de su joven esposa. Fue pronunciar esa palabra cuando el asombro se apodero por completo de la sala. Fue Rita la única en reaccionar. Conocía muy bien a su hermano y a los dos días del secuestro se lo confeso Caterine pero haciéndose la ingenua aseveró con los interrogantes oportunos.
   - Es Caterine. ¿Verdad?
   Ciertamente Rita conocía bien a su hermano. Desde luego desconocía su enlace matrimonial pero no había duda que no se casaría con nadie de no estar muy ligado a su vida. Sabía a la perfección la pasión de esa mujer por él. Desde el primer encuentro siempre que algún acontecimiento afectaba a su hermano, era la primera en enterarse e ir a su lado para prestarle su apoyo. Sentía verdadera devoción por él. Ahora liberarlo de aquella lujosa cárcel y conseguir vencer su enfermedad, debía tener su premio. Con la perdida de Silvia y Linda se encontraba solo y lo estaba pasando muy mal, al equivocar sus hijos cual era la mejor solución para su padre. Por el contrario ella fue a socorrerle desde el primer instante, aunque el intento le hubiese ocasionado graves problemas. Abandonó totalmente la otra pasión. La moda. Entregándose en cuerpo y alma a su hermano. Antes que alguien volviese a romper el silencio, reinante en el salón, volvió a comentar.
   - Esa mujer se merece un esposo como tú.
   Se levantó, hizo levantarse a su hermano y se abrazaron de nuevo. Poco a poco José fue contando punto por punto todos esos meses lejos de todos. La historia relatada les dejó atónitos. El servicio sirvió el aperitivo y prosiguieron conversando mientras hacían buena cuenta de él. Durante el mismo acordaron invitar a cenar a toda la familia y guardar la sorpresa antes de iniciarla cuando estuviesen todos presentes. De inmediato se pusieron en contacto con sus hermanos. José llamó a Caterine y le rogó, buscar la posibilidad de presentarse con Neus a la cena. No iba a ser empresa fácil, faltaban horas, pero si conseguía alquilar un reactor al menos lo intentaría.
   Llamó al aeropuerto, pero como muy pronto podría disponer de uno a la mañana siguiente. Deseaba, poder estar junto a su esposo en el acontecimiento de sea noche en la alquería. Estaba desanimada, pues el único medio para llegar era el avión y esa posibilidad se había esfumado. Se sentó con desanimo en el tresillo del salón, cuando vio en la mesa un periódico del día con la foto de un gran amigo y adversario en el negocio de la moda. Se encontraba en la ciudad y él disponía de un reactor privado. Cogió rápidamente el teléfono y tras unas cuantas llamadas se pudo poner en contacto con él. Todo fueron facilidades, solo tendría que ir al aeropuerto y presentarse al comandante de su avión, tenía ordenes de llevarle donde deseara. Le mandó un fuerte beso vía telefónica y tras avisar a Neus se prepararon un ligero equipaje para volar a Valencia. La ultima noticia  comunicada a su esposo, le aseguraba la imposibilidad de estar a su lado. Ahora prefería no avisarle y sorprenderlo con su presencia.
   Paco advirtió a su cuñado la necesidad de poner en conocimiento a la policía su aparición. Pues oficialmente seguía desaparecido. Tenía razón pero si lo hacía en esos momentos se pasaría varios días liado con aclaraciones. Optando por comunicarlo al día siguiente, tras informar a la familia.
   Se subió al desván, lo encontró muy cambiado, pero, guardaba la misma estructura de años anteriores cuando se perdía entre las balas de paja para estudiar o jugar con sus hermanos. De nuevo los recuerdos regresaron a su mente. Cuantos momentos felices y tristes había vivido entre aquellas cuatro paredes. Recordó el incidente con la señorita Elisa y su padre. Sin lugar a dudas aquella situación se había grabado profundamente en su mente. Recordaba las noches con aquel farol de petróleo donde él y su hermana se dejaban la vista para leer, estudiar o hacer los deberes para que Paco a la mañana siguiente se lo llevase a su señorita. Alzó la mirada y en una estantería su hermana conservaba aquel farol. Una emoción difícil de describir recorrió su cuerpo, se levantó y tomándolo entre sus manos comenzó a observarlo mientras sus recuerdos volvían casi con la claridad de una cinta cinematográfica. Pero conforme curioseaba aquella estantería se sorprendió al comprobar la infinidad de recuerdos que sin lugar a dudas su hermana conservaba. Debía seguir siendo su rincón privado. Con seguridad en momentos bajos subía para recordar aquellos años donde compartieron, ilusiones, trabajo y castigo. Al tomar, en sus manos, la primera cartilla de lectura, regaló de Elisa, no pudo evitar que sus lagrimales dejaran paso a unas gotas de felicidad y añoranza. Cogió una carpeta, la abrió y ante sus ojos fueron apareciendo recortes de prensa, fotografías, anotaciones. Allí estaba la noticia del sabio valenciano, poesías que escribía con su hermana, los títulos de ingreso, de revalidas, los carné de facultad, tanto de él como los de su hermana. Tuvo que sentarse, tantas sensaciones, tantos recuerdos, tanta nostalgia le hicieron flaquear sus piernas. Se dejó caer sobre el sillón y fue poco a poco descubriendo el contenido de aquella carpeta. Estaba lleno de sentimientos, de esfuerzos, de tesones, de amor. Pasando los diferentes papeles su corazón se paralizó por espacio de unos segundos. Se trataba de una carta de Linda. En su época la buscó como un loco por espacio de varios meses y nunca la llegó a encontrar. Desplegó las cuatro cuartillas, de las que constaba, e inició su lectura. No tuvo más remedio que sacar el pañuelo las lágrimas caía cada vez con más intensidad y corría el riesgo de perder toda aquella maravillosa información. Se trataba de una carta, como todas las que le escribía su gran amor, llena de ternura y cariño. Llevaba fecha del siete de septiembre de mil novecientos sesenta y siete. Conforme desentrañaba su contenido se dio cuenta que era la primera carta recibida inmediatamente después de separarse ese verano cuando se declaró y ella  le dio calabazas. Cuanta dulzura, cuanta comprensión había en esas líneas. Paró en varias ocasiones de leerla para recoger con el pañuelo el líquido que sus lagrimales dejaban escapar. Besó aquel papel con tal ternura que sintió al cerrar los ojos la suavidad de la piel de Linda. Todo su cuerpo flotaba y se sentía abrazado por un sinfín de sensaciones placenteras perdiendo por completo la noción del tiempo y del espacio. En ese momento no sabía muy bien donde se encontraba. La presencia de su joven esposa, acompañada de Neus y su hermana le transporto de nuevo a la realidad del presente. Al verle se aproximó, le besó y le mostró aquella carta que sin lugar a dudas habría leído más de veinte veces en ese periodo de tiempo inmerso en el desván. Cruzó su mirada con su hermana y la expresión de sus rostros reflejó los sentimientos provocados por el recuerdo.
   - A propósito. ¿No decías que no había forma de llegar?
   La abstracción le había desorientado de tal forma que cuando vio a Caterine ante él, no se sorprendió hasta que aterrizó de nuevo e interrogó a su amor. Caterine le contó toda la odisea hasta conseguir un avión que les permitiera viajar a su lado antes de la cena. Pero como la familia comenzaba a llegar, y la sorpresa quería que fuera para todos, tanto Rita como Caterine bajaron para recibirla. Mientras tanto Neus y José se quedaron allí arriba conversando. Le fue mostrando los diferentes recortes y le contaba alguna anécdota de cada uno de ellos. La enfermera se quedó sorprendida de la historia de aquel hombre. Verdaderamente tenían razón al decir que era un personaje extraordinario.
   Abajo el bullicio era enorme. La numerosa prole que componía aquella gran familia iba llegando. Los más pequeños se quejaban a sus tíos por encontrarse la puerta del desván cerrada. Pero arriba estaba la gran sorpresa y hasta la llegada de toda la familia no se abriría. La curiosidad fue en aumento conforme el tiempo iba pasando. El aparcamiento de la alquería volvía a llenarse como en las grandes ocasiones. Todos se extrañaron de ver a Caterine, llevaba mucho tiempo sin dejarse caer por allí y especialmente las pequeñas adoraban a su tía. Alguien llegó a recordar su imperdonable falta en las últimas Navidades. El mayor sacrilegio cometido por nadie hasta esa fecha en la familia. Brisite, acudió también a la cita. Se encontraba en Madrid pasando unos días junto a su sobrina Bety. Rita le aseguró la presencia de todos. Sospechó de inmediato el motivo de esa improvisada reunión familiar. Había estado en contacto con su otra sobrina y sabía del buen estado de José. En su última comunicación le aseguró poderse ver pronto. Deseaba poderse abrazar a su querido amigo. Aunque desconocía la boda de su sobrina con él. Segunda noticia a desvelar en esa reunión. Con la salvedad de Neus, Rita y su familia, nadie más la conocía.
   Al hacer la entrada en la alquería un comisario, amigo personal, y encargado de llevar el caso de la desaparición, así como al abogado oficial de la familia. Jorge, rompió en parte la sorpresa.
   - Ha aparecido papá ¿Verdad? 
   La pregunta la dirigió a su tía Rita. Sonrió y tranquilizó a los presentes diciendo.
   - Lo mejor será no especular con noticias que nos pueden decepcionar. Esperemos a su momento y todos saldremos de dudas. Pero no es bueno crear falsas esperanzas.
   Jorge había dado en el calvo, pero la intervención de Rita dejó a todos un poco fríos. Pero con más curiosidad, si cabe, de la provocada en un principio.
   Cuando Caterine vio entrar a Ignacio se aproximo a él, se dieron un par de besos en las mejillas, a puro estilo francés y conversaron amigablemente. Se había vuelto a casar. Pero le confesó que en su corazón siempre habría un hueco para ella. Aún seguía enamorado de aquella mujer, pero era consciente que ella nunca le llegó a amar.
   Por fin el gran momento llegó. Las puertas corredizas que unía el corral, el salón y el comedor las plegaron para colocar una gran mesa en forma de C, preparada para los cerca de ciento cincuenta comensales. No faltaba nadie, se pudo escuchar en uno de los presentes, pero inmediatamente fue contestado por uno de los pequeños de Jorge.
   - Falta el abuelito.
   El comentario del pequeño dejó en silencio a todo el mundo, Rita de inmediato se levantó abrió la puerta del desván mientras llamaba la atención de todos.
   - No, mi pequeño. El abuelito también está con nosotros.
   La aparición de José llenó de emoción aquella casa, gritos, llantos, abrazos desmayos se dieron cita en el lugar al comprobar la presencia del jefe de la familia y en tan buen estado. Inundando de felicidad la reunión. Nadie podía dar crédito a la aparición del jefe de familia. La misma Brisite a sabiendas de su buen estado, se quedó perpleja al verle desenvolverse con soltura y naturalidad. Era sin lugar a dudas el José de siempre. Y. ¿Cómo no? Salió con una de sus chispeantes frases devolviendo a los más incrédulos a la realidad. Abrazos, besos, estirones, empujones. Todos querían abrazarse al abuelo. Caterine se sentía llena de felicidad al contemplar a su esposo como la emoción le podía. Le costó su trabajo poder mandar callar a toda esa gente. Deseaba, primero que nada, presentar a su nueva esposa. Seguro de la mala aceptación de la noticia por parte de sus hijos especialmente. Pero para ser sincero no le importaba ni le preocupaba.
   - ¡Al fin! Hemos conseguido unos minutos de silencio. Mantengámoslo un poco más. Os deseo comunicar varias cosas.
   La presencia de Neus, tan solo fue advertida por Jorge comunicándoselo de inmediato a Bety. Al hacerlo en tono elevado uno de sus pequeños les mando callar, el abuelo quería silencio. De nuevo la voz pausada y relajante de José se volvió a escuchar.
   - En primer lugar deseo dirigirme directamente a mis hijos, para ellos no va a ser fácil asimilar la noticia. Voy sin rodeos. Me he casado de nuevo.
   Las miradas se clavaron materialmente en el cuerpo de Neus, la joven enfermera sintió casi físicamente esas miradas perforando su cuerpo como puñales. Pero pronto las dudas se aclararon y consiguió liberarse de esas inquisidoras miradas. Caterine se aproximó a José y mientras era presentaba como la señora Carbonell, se abrazó a su esposo. Un silencio aún mayor se apoderó del lugar. Fueron unos segundos donde la respiración se pudo escuchar claramente. De nuevo, José, más seguro al tener a Caterine a su lado lo rompió de nuevo.
   - En segundo lugar os pido perdón por este largo año de angustia y preocupación. Pero no he encontrado otra forma de salir de aquella cárcel a la que me sometisteis, con la mejor de las intenciones, por supuesto. La muerte de vuestra madre y de Linda me afectaron enormemente quería quedarme a toda costa en New Ville y no comprendisteis cuál era mi deseo. Pensando que lo mejor era traerme a Madrid me condenasteis a pasar la época más amarga de mi existencia.  
   José prosiguió junto a Caterine exponiendo a la familia todas las circunstancias de su fuga, de su recuperación y también les explicó por qué había decidido unirse a Caterine. El silencio volvió a envolver el ambiente. Era sorprendente, con tanto niño pequeño, no se escuchó el menor ruido en los cerca de sesenta minutos de exposición del abuelo.
   Uno a uno se acercó a su padre. Se disculparon, mientras le felicitaban por la recuperación milagrosa.
   En la exposición dejó bien claro su voluntad de continuar viviendo en New Ville. También. Mostró su voluntad de dejar el trabajo. Ponía en manos de sus hijos todos los negocios y se encargarían de enviarle su parte correspondiente. Ahora su mujer y la investigación le esperaban.
   Poco a poco la alquería volvía a su normalidad. Las diferentes familias fueron regresando a sus hogares. José se despidió de todos y cuando se disponía a llamar a un taxi para regresar a New Ville con su mujer y Neus, Paco no lo consintió, sacó el coche del garaje y junto a su esposa, los acompañaron al aeropuerto.
















martes, 2 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XI-UNAS VACACIONES



   Transcurridos catorce meses desde la desaparición de Neus y José. No tenían una sola pista de su posible paradero. Sus hijos invirtieron una verdadera fortuna para poder conseguir algo que le pudiera dar con la localización de su padre. Las esperanzas estaban casi perdidas. Solo Rita y Brisite tenían noticias todas las semanas de su paradero. Pero aunque su trabajo les costó mantuvieron el secreto, por expreso deseo de José
   Esa mañana del sábado le telefonearon desde Hawai. Pudo hablar con José y su hermana no pudo retener las lágrimas. Era la primera vez que hablaba directamente con él desde su desaparición y las sensaciones invadieron su ser, siendo incapaz de contener tantas emociones. Pero al confesar personalmente que en menos de una semana se podrían abrazar el sofoco lo pudo controlar y evitar que su familia le interrogase. Tras conversar con su familia bajaron a la playa particular del hotel y se tumbaron al sol mientras trataban de relajar sus cuerpos.
   Desde su llegada a la isla, tanto Neus como Caterine eran solicitadas por numerosos conquistadores. El atractivo físico de las dos mujeres y su soledad junto al anciano que les acompañaba invitaba a ello. Pero siempre se encontraron con la negativa de las dos señoritas, eso si con una dulzura y ternura que los dejaba destrozados.
   Neus comenzaba a sentir algo más que afecto por aquel personaje. Educado, correcto, alegre y siempre con la chispa, capaz de hacer pasar horas entretenidas a la gente que lo rodeaba. Todas las mañanas desde la terraza de su habitación o junto a la piscina sobre una de las tumbonas lo contemplaba nadar. Era un gran nadador y a primeras horas del día, por regla general sobre las siete de la mañana, sé hacía varios largos a la piscina por espacio de más de una hora.
   José comenzaba de nuevo a sentirse vivo, la vitalidad que siempre le había caracterizado la encontró de nuevo. En todo el tiempo transcurrido para su recuperación jamás le había visto un mal gesto. Siempre con la sonrisa en su rostro y dispuesto a regalar felicidad. Por la noche solían bajar a la sala de fiestas del hotel y compartía con Caterine la compañía de aquel maravilloso hombre.
   Neus sacó de su bolsa unas cremas bronceadoras, en el preciso instante que Caterine se levantaba para ir al bar y pedir el aperitivo, le rogó a José que se las aplicase en la espalda. Servicial, como siempre, se arrodilló junto a la joven enfermera y derramó el fresco líquido blanco sobre su piel, a continuación inició un suave masaje para distribuir el líquido por la espalda. La dulzura, el cariño y el arte que poseía aquel hombre embriagaron a nuestra joven, que relajada se concentró para captar todas las sensaciones producidas por el contacto de aquellas manos sobre su cuerpo. Giró en varias ocasiones su cuello para encontrase con su mirada y al hacer amago de detenerse, esbozando una picara sonrisa rogó
   - Por favor, José, no te detengas me encantan tus manos.
   Se sonrió y continuó aplicándole el masaje sobre aquella piel, suave y sensual. Caterine regresaba con un camarero portando el aperitivo. Al ver a su amor reclinado y aplicando aquel sensual masaje sobre Neus, sintió unos celos indescriptibles. Por ello cuando llegó a su altura con un tono tenso, que sorprendió a José, comentó
   - ¿Espero que tendrás tiempo para aplicarme a mi un masaje parecido?
   José, sonrió. Le chocó enormemente la actitud de Caterine. Dejó de aplicar el masaje y con esa ternura y cariño que enloquecía a su joven amiga, tomó con sus manos sus mejillas y depositando sus labios comentó en tono pícaro.
   - Esperaba a la intimidad, pero si lo prefieres en público no tengo inconveniente.
   La salida de su amigo le devolvió la seguridad en si misma, se abrazó a él y se sentaron a degustar el aperitivo que el paciente camarero aguardaba para servir.
   Neus se quedó tomando el sol, mientras la pareja se levantó a dar un paseo por la playa. Le tendió la mano y entrelazadas dejaron a las olas bañar sus pies desnudos mientras caminaban por la orilla. A su mente llegaron recuerdos de su adolescencia, cuando por primera vez disfrutaba de unas vacaciones. La imagen de Linda, madre de Caterine, llegó con una realidad increíble. Uno de los pasajes más triste de su vida, grabado en su alma y en su corazón, se le presentaba con una claridad sorprendente. Fue aquella noche cuando se separaron del grupo y él le declaró su amor. Recordó una por una las palabras dulces y cariñosas de su gran amor, confesando que ella no sentía lo mismo por él. Sin explicarse muy bien el porqué comenzó a sollozar y sus ojos se cubrieron de lágrimas. La preocupación de Caterine le hizo regresar al presente.
   - ¿Qué te ocurre mi vida?
   Fue la pregunta nerviosa y llena de temor de su compañera ante aquel sofoco tan profundo. Él mismo se sorprendió al volver al momento y lugar presente. Se había abstraído hasta tal punto que creyó ciegamente revivirlo de nuevo. Su cara recuperó la alegría de siempre y su rostro se inundó de una feliz sonrisa, mientras tranquilizaba a su compañera.
   - No me sucede nada. Son recuerdos. ¿Sabes? Me había alejado de este lugar y de este tiempo.
   Caterine se tranquilizó al observar que había recobrado la expresión en su rostro. Volver a verle sonreír le relajó. Se colocó a su lado y reanudaron el paseo al tiempo que la conversación prosiguió.
   - Recordabas a Silvia. ¿Verdad?
   Una picara sonrisa se dibujo en su rostro. Caterine se dio cuenta de inmediato. No era el recuerdo de su mujer quien le había alejado de allí. Aguardó pacientemente a que se arrancara y confesara quien había conseguido apartarlo de su lado y de aquel paradisíaco lugar. Por fin tras varios minutos caminando, ella estaba a punto de romper el silencio, pues la curiosidad le podía más que la paciencia, pero consiguió aguantar lo suficiente. Con naturalidad, como si no hubiera esperado tantos minutos en contestar, con la mirada al frente comentó.
   - Recordaba a tu madre. He vuelto a vivir, como si me estuviese pasando en estos momentos, el día, mejor dicho, la noche cuando me declaré a ella y me encontré con la sorpresa de no ser correspondido ese amor profundo y sincero que sentía. Aunque no te lo puedas creer tan solo ha habido una situación tan dolorosa como aquella en mi vida y fue cuando las perdí a las dos.
   José continuó relatando el encuentro con su madre y los veranos que pasaron juntos. Caterine le escuchaba entusiasmada y pudo comprobar los cambios de expresión en su compañero en cada uno de los relatos. Su rostro se le iluminaba al contarle la delicadeza y encanto que poseía Linda.
   De nuevo tras varios minutos de conversación, aunque Caterine prácticamente se limitaba a escucharle, el silencio se apoderó de la pareja. Seguían con su paseo, disfrutando de aquel clima y plasmando en sus retinas todo el colorido de sus playas. De pronto, se detuvo, se colocó frente a él y en tono solemne, con esa ternura que tanto le entusiasmaba, rompió de nuevo el silencio.
   - Cásate conmigo. Vamos al hotel. Pongámonos lo primero que pillemos del armario y unamos nuestras vidas para siempre.
   Se abrazó a ella, no sabía que decir. No se lo había planteado. Desde la muerte de Silvia, no le había pasado por la cabeza volverse a casar. Adoraba, quería y le entusiasmaba aquella criatura. Pero nunca había pensado casarse de nuevo. Le llevaba la friolera de treinta y dos años. Estaba en el esplendor de su vida, no había cumplido aún los treinta y sus relaciones, con la salvedad de aquella noche loca, se había limitado a la que podía llevar un padre y una hija. Era consciente que ella estaba locamente enamorada de él pero a raíz de conocer a Ignacio pensó que había sido una locura de adolescente. Ahora, tras la otra noche y la propuesta hecha, le convencían que la locura de adolescente fue su matrimonio. Se encontraba muy solo, a pesar de su numerosa familia. Desde que se cruzó con los Revaud, su corazón y su mente estaba más con esa familia que con la suya y especialmente desde la muerte de Silvia. Y, a sus hijos, solo se les había ocurrido separarlo más de aquel entorno familiar al que adoraba. Incluso sus propios hijos lo secuestraron en la clínica. Ahora era libre, había vencido a la enfermedad y estaba pendiente día y noche de él aquel ángel de le guarda, que seguía ciegamente enamorada. No pronunció una sola palabra, tras abrazarse le dio la mano, se acercó al paseo de la playa subieron a un taxis y solicitó ir a su hotel. Subieron a la habitación y antes de una hora eran oficialmente marido y mujer.
   Regresaron a la playa junto a Neus. Salía en esos momentos de darse un baño en el mar. Al verlos se aproximó y cuando le confesaron su locura le sorprendió, sentándose en la silla más próxima para evitar desvanecerse. Vencido el primer impacto se repuso y felicitó a la pareja. Adoraba a ese hombre, a pesar de conocerlo, escasamente, un año.
   - Al menos seré la primera en besar al novio. ¿No?
   Comentó de inmediato, felicitándolo, y aproximando los labios besó sus mejillas mientras se abrazaba. Luego fue cara a Caterine para darle la enhorabuena.
   Decidieron ir a uno de los restaurantes típicos de la isla para celebrarlo. Abandonaron la playa. Mientras Caterine y José tomaban un refresco en la cafetería del hotel. Ella se subía a su habitación para darse una ducha, quitarse la sal, la arena y ponerse un vestido para la ocasión. No tardó más de treinta minutos, salieron del hotel en taxis se dispusieron a ir al restaurante recomendado y reservado por la recepción del hotel.
   Fue una comida distendida, llena de alegría y bromas por parte de todos, pero especialmente José estuvo ingenioso y consiguió que sus dos compañeras pasaran una velada inolvidable.
   Hablaron del regreso a casa. Sin duda lo primero debería ser aclarar la situación a sus hijos. La verdad no iba a ser fácil ese encuentro, pues aunque con seguridad se alegrarían de la recuperación de su padre los métodos empleados los enfadaría y no sin razón. Los mantuvo, más de un año sin noticias y pendiente de cualquier pista para localizar su paradero. No sería de fácil asimilación por la familia. Tampoco estaba muy seguro de comunicarles su enlace matrimonial. Pero le quedaba cinco días de vacaciones donde podría meditar la mejor forma de explicar lo sucedido.
   Tenía la intención de desplazarse a Corea para saludar a los viejos amigos y ver como andaban las cosas por la fundación. Comprobar si recibían las subvenciones necesarias para proseguir su labor en aquella región asiática. La idea del viaje a Corea entusiasmó a Neus, había oído hablar tanto de aquella fundación que cuando José dijo de ir se apuntó de inmediato. Caterine estaba totalmente de acuerdo con su nuevo marido, pero también expresó su deseo de pasarse previamente por New Ville y ver como andaban las cosas por el negocio. Pues aunque había decidido dedicar plenamente su vida a su gran amor estaba obligada a avisar a su tía de sus intenciones. Le tocaría a ella llevar las riendas tanto de fabricación y venta como de la sección de diseño y presentación de las colecciones. Pero esos cinco días les iba a proporcionar el tiempo suficiente para aclarar las ideas y organizar a la perfección su regreso a la vida de sociedad y familiar.
   Neus comenzó a expresar sus temores. Pensaba que tal vez fuese una intrusa y tanteo a la pareja. Pero tanto Caterine como José le comunicaron que le consideraban de la familia y, por tanto, las puertas de casa estaban abiertas día y noche para ella. La forma, el cariño y la ternura mostrada por el matrimonio a la joven, le conmovieron, hasta tal punto, que no pudo evitar derramar unas lagrimas de felicidad y gratitud hacía esa pareja. Por fin había encontrado una familia.
   Una de las tardes, estaban en la terraza de la habitación de la pareja cuando Neus mostró su interés por permanecer trabajando en la fundación de Corea. José se alegró al oírlo, sabía que le gustaría y se enamoraría de aquel lugar pero con tacto y cariño le confesó
   - Cuando lleguemos, como pasaremos una pequeña temporada, podrás comprobar si aquel lugar te llena o no, y tras esa estancia decidir el quedarse o proseguir por otro camino.
   La última noche de esas cortas vacaciones cerraron el plan de regreso a casa. Caterine y Neus irían directamente a New Ville mientras José se presentaría solo en la alquería. No tardaron en irse a la cama. A la mañana siguiente debían madrugar, pues el vuelo salía temprano de la isla.   






















lunes, 24 de septiembre de 2012

EL PRIMER AMOR- TERCERA PARTE- CAPITULO X- EL MILAGRO


    Se vieron en la necesidad de retrasar el viaje una semana. Era necesario conseguir identidades falsas para Neus y José, de lo contrario la INTERPOL podría descubrirlos y detenerlos antes de llegar a su destino. Los contactos de Caterine se movieron con rapidez y justo a la semana el avión, que los conducía a París y de allí a Wasintong, despegaba de las pistas de Lyón.
   José no tenía muchas esperanzas. Había leído mucho sobre la enfermedad y nuca había podido encontrar algo donde poder albergar esperanzas, pero estar junto a Caterine y libre del agobio de la clínica, le hizo aceptar encantado la sugerencia de su amiga.
   Se instalaron en un hotel, próximo al campus universitario. En un principio pensaron hacerlo en el hotel utilizado por Caterine cuando realizaba algún pase en la capital norteamericana. Allí todos le conocían y se desvivirían por atenderle, pero también conllevaba el no pasar desapercibida. Como llegaron muy cansados y hasta el lunes, era sábado, no debían presentarse en la universidad, decidieron descansar unas horas.
   Esa primera mañana al levantarse cogió el teléfono y se puso en contacto con su tía. Su estancia en Norteamérica se prolongaría durante varios meses. Brisite le tranquilizó se haría cargo de todo, podía tomarse todo el tiempo necesario. Se encargaría del negocio, incluidas las presentaciones. Ella le aseguró seguir trabajando y todas las novedades se las mandaría por mediación de algún correo. Tras colgar, Brisite, se puso en contacto con sus colaboradores y organizó su personal para tomar las riendas de los talleres y de la tienda mientras se hacía cargo de los pases. Le iba a tocar viajar mucho. Desde luego el viajar no le apasionaba demasiado, pero por José era capaz de hacer cualquier cosa. Consciente que nunca podría compensar la entrega de aquel ángel. Se extrañó al comprobar como aquello, no precisamente santo de su devoción, el solo hecho de hacerlo por él le llegó a entusiasmar.
   Hacía un calor insoportable, el agradable clima disfrutado en el lujoso hotel contrastó al salir por la puerta. Una ola de calor golpeo con un enorme desagrado en el rostro de la pareja. Pero el coche estaba en la puerta y al entrar en el vehículo acondicionado a cualquier circunstancia, alivió a la pareja de aquel golpe de calor. Esa mañana la pasó sufriendo infinidad de pruebas, pero tener a Caterine a su lado le ayudó a soportarlo. Cuando le comunicaron la necesidad de ingresar en el hospital, su primer impulso fue negarse en rotundo, no quería pasar ni un solo minuto más metido entre cuatro paredes. Caterine abarcó su rostro, con una ternura y cariño que le recordaron a Linda. Le explicó la necesidad de sacrificase un poco para luego poder disfrutar de una calidad de vida mucho mejor.
   - Además, amor mío, no te dejaré solo ni un solo instante. Saldremos todos los días a pasear por este espléndido jardín y podrás respirar aire puro.
   La dulzura de su amiga le fue convenciendo se abrazó a ella, obligándole a sentarse sobre sus piernas. Sus labios se buscaron con ternura hasta encontrarse.
   Las sesiones diarias eran agotadoras hubo momentos a punto de abandonar pero el tesón, la motivación y el cariño desplegado por Caterine consiguieron elevar su moral y lograr su objetivo. No desistir.
   A los dos meses el equipo médico consiguió detener el avance de la enfermedad y comenzaban a ganarle terreno. Iba logrando valerse por sí solo. Se mantenía de pie sin necesidad de ayuda y cuando consiguió dar sus primeros pasos la humedad se hizo con los ojos de Caterine. No podía dar crédito a sus sentidos. Los acontecimientos de ese momento y el recuerdo de su madre le pudieron, rompiendo en un desconsolador llanto. José con la mirada turbia le abrazaba y trataba de consolarle. Aquello era un milagro. Elevó la mirada al cielo mientras su mente se llenaba de gratitud a los cielos. “Gracias Dios mío por haber sido justo con este hombre. Tú sabes que se merece cualquier cosa y tu infinita misericordia ha llegado a él” Mientras agradecía al cielo por atender sus suplicas, sintió como todo su cuerpo se embriagaba de una felicidad indescriptible. Esa tarde de final de verano la recordarían el resto de sus vidas. Le permitieron abandonar la clínica, si bien debía regresar todas las mañanas para continuar el tratamiento.
   El coche estaba en la puerta, pero José tomando la mano de Caterine le rogó salir de allí andando. La felicidad inundaba a la pareja que cogidos se perdieron por el inmenso “campus” de la universidad.
   Al entrar en el hotel, lo primero que hizo fue meterse en la ducha. Deseaba recordar las cosas cotidianas. Un nuevo placer se apoderó de su cuerpo al entrar por su propio pie, enchufar el chorro de agua y moverse sobre el plato del saneamiento. Se secó, se vistió y esas pequeñas cosas, que normalmente no solemos valorar, a él le parecieron uno de los momentos más maravillosos, más enternecedores y felices vividos desde hacía mucho tiempo. Durante la cena les invitó a salir esa noche a bailar. Suplicó que se pusieran sus mejores modelos, mientras les invitaba a no retrasarse demasiado.
   Al entrar en la cafetería del hotel, donde les esperaba, el encanto de esos frescos, suaves y majestuosos cuerpos llamaron la atención de los presentes. Estaban radiantes. Con la sonrisa dibujada en sus labios se aproximaron a él, colocándose una a cada costado y cogiéndose del brazo salieron del hotel. Anduvieron unos cuantos metros hasta llegar a una acogedora sala de fiesta.
   Bailó como no recordaba haberlo hecho anteriormente. No era una persona apasionada por el baile pero esa actividad le llenó de satisfacción al comprobar que era capaz de hacer una vida normal. Por otro lado la felicidad reflejada en los rostros de sus compañeras le hizo sentirse maravillosamente bien.
   Al regresar estaba destrozado. Neus se despidió de la pareja y se metió en su habitación para descansar y recuperar fuerzas. Cuando se quedaron solos en aquella inmensa suite se miraron  fijamente. Estaban uno frente al otro mientras sus manos se mantenían unidas por sus dedos centrales. La expresividad de sus rostros gritaba todo lo que la pareja sentía y deseaba. No se pronunció ni una sola palabra. La ternura, el cariño, el amor y la pasión que ambos cuerpos anhelaban del otro no las precisaban. Muy lentamente como si estuviesen representando una escena en una película sus cuerpos fueron acercándose escandalosamente despacio. Tan solo una hoja de papel sería capaz de entrar entre sus cuerpos cuando se soltaron las manos. A cámara lenta fueron desabrochando los botones de sus respectivas prendas superiores. A continuación las pertinentes maniobras para desprenderse mutuamente de las inferiores. Por fin, cuando sus cuerpos despojados de toda prenda, percibían el calor, la sensualidad, la pasión radiada por su pareja se fundieron en un solo cuerpo dejándose caer sobre la alfombrada. La pasión de los amantes hizo el resto.
   A la mañana siguiente Caterine abrió los ojos la felicidad inundaba hasta el último rincón de su alma. Lo había deseado desde que lo conoció y ahora por primera vez había conseguido entregarse por completo a la persona que le quitaba el sueño. Por la que merecía la pena vivir y luchar. Lo estuvo contemplado durante muchos minutos, abrazada a su cuerpo y sin apartar la mirada de su rostro. Al despertar y observar como su compañera le miraba aproximó los labios y de nuevo la pasión los envolvió. Los golpes en la puerta requiriendo su atención los sorprendió. Era Neus recordándoles su cita en la clínica universitaria. Muy a pesar suyo se levantaron y tras una ligera ducha se vistieron para acercarse y proseguir el tratamiento.
   Aquello era un milagro. José se recuperó totalmente. Le iban a dar el alta esa tarde y podría regresar de nuevo a New Ville. Ahora debería plantearse cómo aclarar su situación a la familia. Pues no era empresa fácil, los había engañado a todos y tendría dificultades en conseguir su perdón, pero especialmente como él solía decir, su comprensión.
   Se encontraban en el salón de la suite, con el alta en la mano, Caterine, Neus y José. Mientras planteaban lo que iban o debían hacer a partir de ese momento. A ninguno les apetecía regresar directamente. Era necesario reflexionar durante unos días para luego decidir lo más correcto.
     
     




                         



 
















lunes, 17 de septiembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO IX-LA LIBERTAD


  - CAPITULO IX -

                                     - LA LIBERTAD -

   La tarde caía lentamente mientras la silla de ruedas permanecía inmóvil en el porche de la cabaña. Contemplaba el relajante espectáculo del atardecer. Regalo de esas latitudes al espectador. La pureza del aire, el silencio roto por el canto de alguna avecilla, la brisa cálida y especialmente el sentirse fuera de aquellas cuatro paredes de la clínica devolvieron a José la felicidad y las ganas de vivir. A muy pocos kilómetros de allí reposaban los restos mortales de las dos mujeres de su vida. Su mente fue invadida por infinidad de recuerdos. Sus ojos se humedecieron en repetidas ocasiones y siempre, con ternura y cariño, Neus estaba presta a enjugar con su pañuelo aquellas amargas gotas, de recuerdos, de vida, de felicidad.
   “Que cambio tan espectacular se ha producido en este anciano” Pensaba mientras contemplaba a José o enjugaba sus lagrimas. “Se le ve rebosante de felicidad, inundado por la libertad plasmada en el paisaje”. Los pensamientos de la compasiva enfermera fueron interrumpidos por el sonido de un motor aproximándose. Estuvo en un trís de coger la silla y entrarla en la cabaña, pero no se atrevió a interrumpir esos momentos de felicidad del anciano y decidió arriesgarse. El vehículo de Caterine, con ella al volante, le tranquilizó y salió a su encuentro. Se saludaron y conversaron en torno al viaje. Se aproximó a José con ternura y tras depositar levemente sus labios en los de él. Comentó.
   - ¿Te apetece bañarte? Mi bien.
   Con las mismas muestras de afecto José dirigió su mirada. “Dios, como se parece a su madre” pensaba mientras acariciaba su rostro con la mirada y rompía el silencio de sus labios.
   - Es un placer al que no pienso renunciar mientras estés dispuesta a ello. El sentir la dulzura de tus manos acariciando mi cuerpo es un paraíso al que deseo aferrarme con todas mis fuerzas.
   Intentó retener sus ojos pero, el sentimiento le pudo más que su dominio, dejó escapar esas lágrimas que trataban de retener. Se abrazó a Caterine cargado de sentimientos, de agradecimiento, de amor. La reacción de su único y gran amor le desarmó por completo. Se fundió llena de pasión al hombre de sus sueños, embriagada por el placer de sentir aquellos fuertes y cansados brazos abarcando su cintura. Se sentó sobre sus piernas y se abandonó al placer de las  sensaciones y al calor de su cuerpo.
    Desnudos y abrazados descansaban envueltos por el agua de la bañera. Ella con sus brazos lo abarcaba por detrás y abandonados al ambiente de ternura, sensualidad y placer permanecieron en el baño por espacio de más de una hora.
    Neus preparó la mesa en el porche de la cabaña.  Solo la luz de dos velas proporcionaba la luminosidad necesaria para una velada romántica. No se puso servicio. Deseaba dejarlos disfrutar de la cena en intimidad. Pero Caterine no lo consintió, entró en la cocina y colocó un nuevo cubierto.
   En torno a la mesa daban cuenta de los alimentos preparados. Abajo, la oscuridad era casi absoluta. El lago se dibujaba gracias a las luces de las urbanizaciones levantadas en torno a él. Durante la cena José mostró su interés por ir al cementerio por la mañana y rezar unas oraciones ante las tumbas de Silvia y Linda. Caterine prometió acompañarlo. A ella también le apetecía ir, limpiarlas, adornarlas y adecentarlas un poco.
   Mientras trajinaba en la cocina poniendo en orden lo utilizado en la cena, José paseaba con su silla de ruedas por el porche. Neus le rogó hacerlo pero Caterine se negó en rotundo. Le invitó a  irse a la cama y descansar. Había trabajando todo el día en la casa.
   Al regresar, José, al lugar de la cena, frente a la puerta del salón, se encontró con el agradable espectáculo de Neus quitándose la ropa para ponerse el camisón. Era una mujer encantadora, poseía un cuerpo maravilloso y ahora lo ofrecía en todo su esplendor. Al darse cuenta de su presencia, su reacción inmediata fue cubrir su cuerpo. Recapacitó y prosiguió con normalidad. Al finalizar, aunque el camisón lo llevaba puesto, la transparencia de sus telas nunca aseguraría que aquel delicado cuerpo estuviese protegido de las vistas de extraños. Se aproximó a José y dando las buenas noches poso sus labios en la frente del anciano. Al agacharse para besarlo mostró todo el encanto de sus firmes y sensuales senos. José respondió al saludo y no pudo evitar lanzarle un cumplido. Se sonrojó y con la sonrisa en los labios se metió en la cama.
   Recogida la cocina Caterine se sentó junto a él y permanecieron unos minutos contemplando el magnífico paisaje ofrecido desde el porche.
   El sueño comenzaba a adueñarse de su cuerpo. Comunicó a su compañera el deseo de meterse en la cama. Entraron en la habitación y a los pocos minutos ambos se encontraban en el más profundo de los sueños mientras sus cuerpos descansaban abrazados.
   La lluvia se presentó esa mañana. Pero no impidió acercarse al cementerio y rezar unas oraciones ante las tumbas de su primer amor y de su mujer. Neus, decidió quedarse en la cabaña y ponerla en orden para poder vivir un nuevo día. El coche se deslizaba lentamente entre el torrencial de agua bañando el valle. Durante el tiempo del desplazamiento el silencio fue el dueño de aquel espacio móvil. Andaban pensativos. Sus rostros reflejaban la tristeza de los amargos recuerdos por el accidente.
   Antes de llegar al cementerio, Caterine se detuvo en una floristería. Adquirió varios ramos de flores y reanudó la marcha. Ante la puerta principal del cementerio municipal de la localidad detuvo el vehículo. Ayudó a José a bajar del coche y arrastrándole en su silla de ruedas se detuvieron frente a la tumba. Las lágrimas hicieron su aparición. Rezaron unas oraciones y mientras Caterine limpiaba las lapidas y las adornaba con las flores adquiridas, José se limitó a contemplar a su encantadora amiga. “Cuanto había llovido desde aquella primera noche cuando se encontraron en el hospital”. Pero sus recuerdos viajaron mucho más atrás, a su mente llegaron imágenes de su adolescencia cuando Brisite y Linda, tía y madre respectivas de Caterine, eran dos jovencitas realizando su footing diario.
   Sus recuerdos fueron sorprendidos por la caricia tierna y dulce de Caterine invitándole a abandonar el lugar.
   - Me gustaría pasear.
Comenzó rogando. Para proseguir.
 - Necesito sentir el agua, el viento, el oxígeno, el aire de esta maravillosa ciudad. No te puedes imaginar cuanto he añorado su falta estos últimos meses siempre encerrado en aquel agobiante hospital.
   Caterine asintió encantada, los deseos de José eran ordenes para ella, lo único que deseaba verdaderamente era poderlo hacer feliz. Con su marido Ignacio había roto definitivamente y su trabajo lo había abandonado por completo. Ahora tenía algo mucho más importante que la moda, los modelos, las presentaciones, o la competencia. El amor de su vida necesitaba su ayuda y su mayor deseo era, desde hacía muchos años, estar a su lado día y noche.
  Pasearon bajo la lluvia por espacio de dos horas. Llegaron a empaparse, a pesar de las magnificas prendas contra la lluvia que llevaban. Por eso, cuando le escuchó estornudar en dos ocasiones, decidió regresar al coche y volver a casa.
   En la cabaña se quitaron las ropas mojadas y se metieron juntos en el baño para relajarse con un caliente baño con masaje incluido.     
   Se  encontraban  en  la cocina preparando el almuerzo de ese día.
Cuando Neus sintió curiosidad por el amor que le profesaba al anciano.
   - ¿No eres familia de él? ¿Verdad? 
   Caterine comenzó a relatarle que su hermana estaba cansada con un hijo suyo. Y aunque ella se había casado, del único hombre que se había enamorado en su vida era de él.
   - Pero si  te soy sincera, aunque no ocupara mi corazón, estaría el resto de mi vida en deuda con él.
   Prosiguió contándole como se conocieron, como se volcó totalmente con su madre, y con ella cuando lo estaban pasando verdaderamente mal. Le contó lo maravillosa que había sido su esposa y la poca sensibilidad de sus hijos, a raíz de la muerte de su madre y de Silvia.
   La sobremesa finalizó. Caterine se puso a trabajar con unos nuevos diseños. José leía unas revistas médicas, y la joven enfermera ojeaba unos artículos sobre el parkinson.
   Llevaban unos minutos ocupados cada uno en sus menesteres cuando Neus se levantó precipitadamente de la silla y fue a buscar a Caterine mientras pronunciaba su nombre.
   - ¿Qué ocurre?
   Preguntó sobresaltada al ver lo alterada que estaba.
   - Mira lee este artículo.     
   Caterine leyó con detenimiento el artículo mostrado por Neus. Era referente a la enfermedad padecida por José y de los grandes progresos conseguidos en algunos casos. Las investigaciones eran de una universidad estadounidense y en el quince por ciento de los casos lograron erradicar totalmente la enfermedad.
   No sé lo pensó dos segundos, cogió el teléfono y tras las oportunas averiguaciones se puso en contacto con el jefe del departamento de dicha universidad.
   La conversación duró más de una hora y cuando colgó el teléfono, dirigiéndose a Neus dijo:
   - Prepárate, volamos a Estados Unidos en el primer vuelo.












lunes, 10 de septiembre de 2012

NEGRITA PURA VIDA TERCERA PARTE CAPITULO VIII-ALARMA


   Al abrir los ojos esa mañana y comprobar como los cansados pero fuertes brazos de José le abarcaban se sintió la mujer más feliz del mundo. Era la segunda noche durmiendo junto a su gran amor. Lo contemplaba con una ternura y cariño, inundando de amor aquella pequeña pero acogedora habitación. Permaneció observando como dormía. Al abrirlos, él, aproximó sus labios y se unió en un dulce beso. Le hubiera gustado permanecer el resto de su vida en esa situación, pero debía seguir la representación de su papel en el plan trazado regresando a New Ville y cuando le informaran actuar. Preparó el desayuno, vistió a su amor y junto a Neus desayunaron en el salón. Contemplando el paisaje brindado por el lago y las localidades alpinas.
   Se despidió y en coche emprendió el regreso a su casa en New Ville. No había aparcado cuando su tía, Brisite, le daba la trágica noticia.
   - Han secuestrado a José. Tu hermana ha estado telefoneando toda la noche y me ha suplicado buscarte para comunicártelo cuanto antes. He estado a punto de ir al refugio, pues tú móvil estaba fuera de servicio.
   Caterine tranquilizó a su tía, al comprobar su estado. Adoraba a José y la noticia le impresionó profundamente. Cuando lo consiguió, entró en casa, cogió el teléfono y reservó dos billetes en el primer vuelo a Madrid. Se dio una ducha rápida, se cambió de ropa y junto a su tía abandonaron el hogar para dirigirse al aeropuerto.
   En el trayecto, Caterine comenzó a confesarle todas las peripecias. Si alguien en esta vida podía confiarle algo, fuese lo que fuese, esa era Brisite. Conforme se iba desvelando su locura la expresión de asombro en el rostro era fiel reflejo de la sorpresa producida por el relato de su sobrina.
   - Si lo vieras ahora.
   Proseguía.
   - La felicidad inunda todo su ser. Hasta creo que esta mejor de su enfermedad. Tanto anoche, mientras cenaba, como esta mañana en el desayuno observaba el lago y la felicidad de su rostro reflejaba toda esa felicidad embargando hasta el último rincón de su ser. Pensaba en Silvia y en mama. Estoy convencida de ello. Al contemplarlo no he podido reprimir mis emociones. Me he refugiado en el servicio para descargar toda la tensión acumulada estos últimos días. Necesito tu ayuda y colaboración. Sabes muy bien que mi locura por él no tiene limites. Por ello nunca llegaría a realizar algo en contra de su voluntad. Pero tampoco te voy a mentir. Esta noche he dormido abrazada a él y ha sido la noche más maravillosa de mi vida. Como te he dicho si no estuviese convencida de su deseo de estar en New Ville, no lo dudaría un solo segundo y lo devolvería.
   Brisite estaba atónita, no podría creer que los hijos de José fuesen capaces de retenerlo contra su voluntad, ni el comportamiento mantenido con su padre. Pero también le sorprendía la acción de su sobrina. Sin embargo, le prometió guardar el secreto y ayudarle en todo lo posible.
   El avión comenzaba a tomar tierra. Bety esperaba impaciente la llegada de su hermana y tía. Al hacer acto de presencia, por la puerta de llegadas internacionales, las dos viajeras, se fundieron en un abrazo mientras sus ojos se bañaban en lágrimas. No daban crédito a lo sucedido. Toda la familia estaba consternada y la preocupación inundaba a todos sus componentes. Los secuestradores no habían dado ni la mínima muestra de vida. La policía se movilizó desde el primer momento y pronto encontraron el coche.
   Pasaron por casa y de inmediato pusieron rumbo a Valencia. Un trayecto, en coche, de escasamente tres horas, les llevó hasta la alquería. Allí permanecía reunida toda la familia abrumados por las circunstancias.
   La noticia del secuestro la daban todos los periódicos en primera plana. Entrevistas en radio y televisión a los hijos de José y la movilización por parte de los medios de comunicación era algo increíble. La alquería fue tomada por los diferentes medios de comunicación. Hasta siete cadenas de televisión pudieron contar Brisite y Caterine cuando detuvieron el vehículo.
   Rita fue quien salió al encuentro de la familia Revaud. Con los ojos rotos por el llanto recibió a las tres y las invitó a entrar. Los saludos de rigor  al resto de la familia, para sentarse en el salón.
   Rita sabía del amor profesado por Caterine a su hermano y se quedó perpleja al comprobar la serenidad de aquella mujer. Ella tampoco estaba muy convencida, cuando iba a visitarlo, que su hermano estuviese siempre dormido. Se extrañaba del enorme control al que era sometido. Le resultaba raro esperar, en sus visitas al hospital, antes de poder entrar a verlo y darle un beso en la frente. Ahora la actitud de Caterine le comenzó a preocupar. No era normal que aquella gran mujer, entregada como nadie a su hermano, se encontrase tan entera y aunque por su rostro se deslizaba alguna lágrima no percibió tristeza alguna. Es más, le dio la sensación de encontrarle radiante, hermosa como siempre e incluso algo más. Segura de sus movimientos y con una entereza cuanto menos sospechosa. Percibía en ella esa falta de espontaneidad, en una mujer caracterizada precisamente su sinceridad. Se pensaba mucho las palabras a decir. Deseaba encontrarse a solas, charlar y poder aclarar cuanto le preocupaba. Llevaba tiempo, molesta por la actitud de sus sobrinos. Y ahora Caterine. Algo no encajaba en todo eso y no estaba dispuesta a seguir con la incertidumbre del último día. Se lo comentó a Paco, su esposo, pero éste menos observador. Le respondió.
   - Cariño como sigas viendo fantasmas donde no los hay vas a terminar mal de la cabeza. Tranquilízate, sé muy  bien lo que José ha supuesto para ti y para todos, pero ahora más que nunca necesitamos tener las ideas claras para conseguir su regreso lo antes posible.
   Besó a su esposo dándole la razón pero sin estar convencida, ni mucho menos. No tenía la menor duda de la existencia de “gato encerrado” y tarde o temprano lo descubriría.
   Caterine se encontraba molesta en la casa, no era una mujer mentirosa y la situación le estaba pudiendo. Por ello decidió salir y tomar un poco el aire para conseguir mantenerse lo mejor posible en su papel. Rita le seguía con la mirada desde su primer contacto, al entrar en la alquería. Al verle salir, no sé lo pensó ni un segundo y fue tras ella.
   Caterine se adentró en el huerto de naranjos lindante a la casa. El azahar estaba en su máximo apogeo. El aroma, y el recuerdo de José, en su casa, hicieron sentirse la mujer más afortunada del mundo. Su rostro reflejaba toda la felicidad brindada por la situación personal. Andaba tan abstraída en sus pensamientos que hasta no sentir la mano de Rita en su hombro no se dio cuenta de su presencia. La acción de la hermana de José le sobresaltó hasta tal punto que llegó a lanzar un grito, por la sorpresa de la acción.
   - ¡Lo siento! ¿Te he asustado?  
   Se apresuró a decir. Para añadía.
   - No era mi intención. Todos estamos muy tensos con los últimos acontecimientos. Pero pensaba que me habías oído llegar.
   Caterine se abrazó a Rita,  consciente de ser la hermana preferida de su amor y de su sufrimiento, por el secuestro de su hermano. Permanecieron abrazadas paseando entre los naranjos, con una temperatura ideal y una fragancia causante de la elevación de todo el espíritu.
  Durante más de treinta minutos caminaron sin pronunciar una sola palabra. Rita se extrañaba de sentirse bien, su hermano había sido secuestrado y, sin embargo, no se sentía preocupada. Caterine, por su parte caminaba mientras mantenía en su mente recuerdos de José.
   Por fin y sin saber muy bien el porqué Rita comentó.
   - ¿Tú sabes donde está José? ¿Verdad?
   De nuevo un agradable silencio se apoderó del lugar. Seguían paseando una junto a la otra. Solo sus manos permanecían en contacto por medio de sus meñiques. Caterine, se detuvo, miró fijamente a Rita y tras un leve silencio, lo rompió para decir.
   - Sí. A ti no te puedo mentir. Sé que tú quieres a José por encima de casi todo y al igual que yo, solo deseas lo mejor para él. Aunque esto suponga ir en contra de sus hijos.
   La sonrisa se dibujó en el rostro de Rita. Lo había intuido desde la llegada de Caterine. El agobio y la angustia de un principio desaparecieron por completo. Era consciente que José se encontraba bien y estaba a buen recaudo. Pero sobre todo sabía que su hermano lo había hecho por propia voluntad.
   - ¿Está en New Ville? ¿Verdad? 
   Estaba claro, si José se encontraba voluntariamente en algún lugar ese sería sin duda New Ville, pues desde la muerte de Silvia y Linda lo había deseado con todas sus fuerzas.
   Durante más de veinte minutos Caterine le fue relatando todo lo sucedido y el porqué de su comportamiento y su forma de realizar las cosas. Ahora empezaba a entender el desarrollo de los acontecimientos desde el funeral.
   Rita le juró guardar el secreto, incluso le prometió. No comentarlo ni a su esposo.
   Al entrar en la alquería la familia estaba terminando de cenar. Recriminaron con amabilidad y cariño el retraso y sin pronunciar palabra se sentaron a la mesa.
   Seguían sin noticia del paradero de José, ni señal de sus secuestradores. La policía se personó en varias ocasiones para interrogar a familiares y mostraban su extrañeza al no haber recibido la menor señal. Caterine fue uno de los miembros por los que se interesaron los agentes de la ley. Pues la voz de los secuestradores al ponerse en contacto con la enfermera jefe, ésta aseguraba reconocer la voz de Bety y el timbre de su hermana era muy similar. Pero la coartada de Caterine fue reafirmada por su tía Brisite y por otras personas en New Ville. Las investigaciones del coche no revelaban nada nuevo, ni siquiera proporcionaron una sola pista en la investigación. Estaban a cero, desconcertados y extrañados por el desarrollo del secuestro.
    Rita invitó a instalarse en la alquería a Brisite y Caterine, aceptando encantadas. Aunque esto molestó algo a su hermana Bety convencida de instalarles en su casa. Caterine alegando su deseo de poder respirar aire fresco y alejarse del jaleo de la ciudad se disculpó y se instaló junto a su tía en una de las habitaciones de la alquería.
   Los primeros rayos solares de esa mañana comenzaban a penetrar por los grandes ventanales del desván cuando Rita se encontraba buscando recuerdos, de su niñez junto a su hermano, en un gran baúl. De pronto se encontró con su primera cartilla. Aquella que la señorita Elisa les dio para aprender a leer. La tomó en sus manos con tal delicadeza que las hojas de papel llegaron a sentir el cariño de esas manos. Cuando comenzaba a ojear Caterine se presentó y girándose hacía la recién llegada comentó
   - Este fue el primer libro que  José y yo tuvimos cuando no levantábamos más de un palmo del suelo.
   Se sentó junto a ella y escuchó recuerdos de la infancia de su gran amor.