sábado, 26 de noviembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 26 - LA CONFIRMACIÓN

 - CAPITULO XXVI -

                                      - LA CONFIRMACIÓN -
  
   Como sospechaba el “gringo” el equipo de investigación cerró pronto el caso por la muerte del muchacho y la enfermera. Un simple accidente por consumo de drogas terminó con la vida de los dos jóvenes en el Valle del agua.   
   Una vez más el conocimiento del entorno, pero especialmente la certeza en sus pesquisas sobre la policía local, ante su falta de profesionalidad, permitió al personaje salir airoso de los asesinatos perpetrados.  
   Las indagaciones en Costa Rica no aportaron información nueva. Si la versión de la enfermera era cierta. Su labor por ocultar los datos de esa mañana asistiendo a Negrita, había sido efectiva, pero especialmente sin fallo. Solo constaba el tratamiento que se le aplicó a la paciente como consecuencia de una reiterada violación y ensañamiento con la victima por parte de sus agresores. Y esta información la consiguió del hospital de Limón. Del embarazo no consiguieron ni una sola señal.
   Llegaron a revisar todos los partes de laboratorio realizados durante aquella semana. Pero no encontraron ningún documento referente a la analítica que buscaban. Después de repetidas revisiones lograron una pequeña pista sobre la veracidad del relato de la enfermera. En el centro sanitario de Puerto Viejo hallaron, por casualidad un impreso donde figuraba la orden firmada por un médico solicitando un test de embarazo. El documento presentaba evidencias de haberlo arrugado para devolverlo a continuación a su estado original. La fecha correspondía a varias semanas posteriores a la agresión pero en ningún lugar figuraban los resultados.
  En el expediente de la paciente, solo constaba su estancia como consecuencia de mareos y trastornos estomacales. En los ficheros de los laboratorios de analítica, nada de nada.
   En cambio las indagaciones a cerca de la presencia de Negrita en España estaban dando sus frutos. Se consiguieron informaciones del evidente viaje de Negrita y Gonzalo en fecha posterior aunque cercana a la visita de Negrita a la posta sanitaria de Puerto Viejo. Así como el regreso en solitario de Gonzalo a los pocos días.
   El trabajo de los investigadores iba dando sus frutos al logar la documentación necesaria para asegurar que Negrita retornó a  su Puerto Viejo casi un año después. En esa ocasión acompañada del “Viejito”. No figurando en el pasaje ningún bebé. Permitiendo al “gringo”, al menos, la  duda de que Negrita diera a luz en España. De nuevo dio las oportunas instrucciones para que se investigaran todas las posibilidades. Las primeras se realizaron en la capital pues fue el destino de los viajeros. Advirtiéndoles que no debían descartar ninguna pista. Pero los resultados negaban la presencia de Negrita en ninguna clínica de maternidad de la capital.
   Más de un año de informaciones, que en ocasiones se confirmaban o desmentían, tenían al “gringo” preocupado. Hasta que un buen día en su casa de Tucker Bight cayó en la cuenta de la otra posibilidad. Si el bebé nació alguien debía cuidarlo. Sin duda, alguien cercano al círculo de Don Gonzalo. Negrita no confiaría su bebé a alguien desconocido. La conocía demasiado bien. Comenzó a golpearse por su torpeza. Esa era la primera línea de investigación que tuvo que haber ordenado a los detectives privados y no la línea de Negrita
   A las dos semanas recibía las primeras noticias esperanzadoras a su investigación. Ana, la hija de don Gonzalo, no había tenido hijos y precisamente en las fechas que permaneció, Negrita en España, daba a luz gemelas. A los siete meses y dos semanas justas de la llegada de Gonzalo y Negrita. Pero lo más sorprendente para los investigadores fue el hecho de no parir en un hospital como hubiera sido lo lógico. Las tuvo en la consulta de una amiga intima de la familia. Marta.
   Los registros llevados a cabo en la clínica privada, no figuraba para nada Negrita. Por el contrario el historial de la evolución del embarazo de Ana era completísimo.
Marta denunció el allanamiento de su clínica a la policía, si bien no llegó a echar en falta documento o instrumento alguno. Pero encontró muestras evidentes del registro realizado en su consulta. No dudo un solo segundo en comunicárselo a su amiga. Cuando en la intimidad Ana informó a su esposo. Carlos tomó de inmediato el teléfono para notificárselo a su suegro.
   Gonzalo no quiso preocupar a Negrita y se guardó la información para él. Eso sí. Puso en guardia a las brigadas de vigilancia y al ministro del interior costarricense del asunto. Mientras Carlos no perdió el tiempo contratando personal para la vigilancia y custodia de sus pequeñas. Dos mujercitas de dieciséis años.
   Con documentación falsa, el “gringo” consiguió desplazarse hasta Madrid. Cuando vio por primera vez a Ana y Guadalupe toda duda desapareció de su mente. Guadalupe era la misma imagen de su madre. Llegó a ver a Negrita cuando tenía esa edad. Al intentar aproximarse a la pareja inmediatamente fue interceptado por los guardaespaldas. Se sorprendió pues no pensaba que ellas también estuviesen custodiadas. Pero consiguió salvar la situación con su aplomo y sus dotes de improvisación. Cuando las imágenes del personaje que intentó abordar a las jovencitas, llegó a manos de Gonzalo, éste palideció.
“El gringo” sabía que sus pequeñas eran hijas de Negrita. La sangre se le congeló y un frío profundo invadió su cuerpo. Al cruzar Negrita su mirada, se sobresaltó y con el susto en el cuerpo le preguntó si se encontraba bien. La información desencajó el rostro de Gonzalo y Negrita temió que de nuevo el corazón le estuviese jugando una mala pasada. Llamó al Negro y entre los dos le acompañaron al hospital. Gonzalo se negó en un principio pero como no podía justificar su expresión, de lo contrario Negrita se enteraría,  optó por obedecer, ir al hospital y someterse a toda clase de pruebas.
   Cuando tuvo la mínima ocasión de comunicarse con su yerno, le confirmó lo cerca que habían tenido a ese hijo de su chingada madre. Carlos redobló la vigilancia y puso la situación en conocimiento de la policía española. Pero cuando la orden se dio “el gringo” había regresado a Panamá.
   En su isla, en la casa que Ezequiel le había regalado, se frotaba las manos. Por fin podría cumplir el sueño de su vida. Tumbado en el porche de la casa sobre una hamaca de cuerdas comenzaba a planificar el cuarto y definitivo paso. Llegar a consumar su sueño.
   Era necesario vigilar los pasos de las pequeñas y buscar el lugar y el momento propicio para su objetivo. En un principio pensó que el lugar idóneo sería España. Pero cuando los informes le confirmaron que vigilaban su posible entrada en el país lo desechó.
   Las últimas notificaciones del equipo de investigadores le informaron que las gemelas pasaban pequeñas temporadas en Puerto Viejo. Comenzó a pensar en la posibilidad de llevar su heroicidad en la misma cala de la cabaña del Viejito. A pesar de toda la vigilancia. La cercanía a su residencia y la posibilidad de desaparecer en menos de dos horas le llevaron a creer seriamente en esa opción. Especialmente hacerlo en presencia de Negrita le excitaba de forma enfermiza.
   Llegó a desplazarse en varias ocasiones hasta Puerto Viejo, cosa que no había hecho en esos dieciséis años. Pudo comprobar que la forma mas segura y menos vigilada era por mar. La distancia a recorrer desde su isla no llegaba a los ochenta kilómetros. Con la lancha de Ezequiel podía presentarse en Puerto Viejo en un par de horas. De surgir algún problema la huida era rápida y segura. Estudió al milímetro todas las posibilidades. El trayecto lo repitió más de diez veces en el último mes. Si salía de Tucker Bight a primeras horas de la tarde llegaría a la cala de la cabaña sobre las diecisiete o dieciocho horas. Justo con el anochecer. Sorprender a las jovencitas, no le sería muy difícil, incluso las podía recoger del agua y huir con ellas de la zona.
   Andaba algo violento y tenso. Había ansiado tanto ese momento que, ahora que lo tenía cerca deseaba saber cuando podría cumplir su sueño. Por fin las primeras noticias de la presencia de las niñas se la notificaba uno de los investigadores. Pero desistió en su intento al comprobar el despliegue de medios para controlar, incluso desde el mar, con la llegada de las gemelas. Indudablemente el incidente que mantuvo con los guardaespaldas de las jovencitas puso sobre aviso a la familia y cada vez que se desplazaban a Puerto Viejo aumentaban considerablemente las medidas de seguridad.
   “El gringo” andaba desesperado. Llegó a pensar en desplazarse a España para cumplir su deseo.
Pero su  enfermiza obsesión por llevar a cabo su diabólico plan pasaba por la presencia de Negrita. Imaginársela observando como abusaba de sus pequeñas le producía un placer indescriptible.
   Definitivamente y tras el análisis de todas las posibilidades ese día lo tuvo claro. Su plan se llevaría a efecto en Puerto Viejo y sobre todo en presencia de Negrita.
   La discusión de los representantes del último nivel de bachillerato era ágil y fluida. Estaban metidos en la elección de su destino para el viaje de fin de curso. Las opciones estaban divididas. Unos proponían las pirámides de Egipto, otros les atraía mas Europa.
   Mientras que las gemelas proponían cruzar el charco y conocer uno de los paraísos de la Naturaleza. Costa Rica y su zona sureste junto al Caribe. Sería ideal para descansar de un curso agotador y cargar las pilas para la recta final. Ana y Guadalupe conocían muy bien el efecto relajante de Puerto Viejo y en esas fechas el mar mostraba su estampa más hermosa del año. Cuando las dos hermanas lo propusieron a la mayoría les pareció maravillosa la idea. Pero pronto saltaron los primeros inconvenientes. Un viaje de escasamente doce días, dos se emplearían en desplazamientos. Pero al comunicarles el coste del viaje la inmensa mayoría se inclinó por realizarlo. Dispondrían de una buena cantidad para la fiesta.
   Las gemelas habían hablado previamente con el abuelo y este les aseguró que la estancia y el mantenimiento de todo el grupo era un regalo por el fin de su etapa escolar. Quedaron en discutir en las aulas con el resto del alumnado las diferentes propuestas y reunirse a la mañana siguiente para decidirse.
   En los cursos no hubo tanta polémica como en un principio supusieron. La mayoría aceptó encantada el sacrificio de perder dos días de viaje por conocer aquel paraíso del mundo.
   Cuando  los compañeros de colegio optaron por la propuesta de las gemelas, Carlos consultó con su amigo Alberto quien les proporcionó un vuelo en fechas fijas de ida y vuelta por un precio increíble.
La oportunidad de un viaje de esas características y a un precio tan reducido invitó a participar a todo el grupo humano de ese último curso del bachiller. Votada la propuesta los delegados planificaron el viaje. 
   Cuando andaba perdiendo la paciencia y también el control necesario para no cometer errores le llegó la noticia. Las gemelas, contaban con dieciocho años, e iban a realizar su viaje de fin de etapa escolar precisamente a Puerto Viejo. Su abuelo dispuso de sus complejos hosteleros para atender al grupo de estudiantes.
   Durante las dos escasas semanas de estancia en Puerto Viejo “el gringo” solo consiguió verlas desde la embarcación.
El tercer día de la segunda semana se entusiasmó al comprobar como nadaban hacia su lancha. Era su oportunidad y llegó a babear de ansias ante la oportunidad que se le presentaba, pues Negrita les acompañaba. Pero en el último momento la voz del Negro llamándolas frustró su oportunidad.
   La misma noche que las jovencitas regresaron a España el “gringo” recopiló la información que hasta la fecha disponía. La estudió meticulosamente y por fin cayó en la cuenta que el momento mas propicio, para asestar el golpe, se daba en las Navidades.
La gente se sentía más generosa. Menos temerosa y en todo ese tiempo pudo conocer los puntos débiles del Viejito. Su bondad, su generosidad y esas fechas tan entrañables para la familia. Era su talón de Aquiles. La reducción de las patrullas sería considerable por expreso deseo de Gonzalo.   
   Especialmente en las dos fechas claves. Sin ningún género de dudas las más propicias. La Noche Buena y el día de Navidad. Según sus anotaciones esas entrañables fechas las alternaban entre España y Puerto Viejo. Y ese año precisamente las festejarían en Puerto.
   Disponía de ocho meses para planificarlo con calma y estudiar todas sus posibilidades. Si todo se desarrollaba dentro de lo previsto antes de finalizar ese año cumpliría con el sueño de su vida.
   En un principio gozaría de dos oportunidades seguidas. La Noche Buena y de no encontrar el momento oportuno al día siguiente lo buscaría. Cuarenta y ocho horas daban mucho de sí. Especialmente cuando la vigilancia andaría bajo mínimos.
   El estado de salud de Gonzalo no era muy boyante y en especial la preocupación que le embargaba ya durante más de dos años no ayudaba a una recuperación rápida y efectiva.
   Negrita había observado a Su Viejito y aunque le notaba distinto pensó que el motivo principal era su delicada salud. Lo mimaba mas que nunca y siempre estaba presta a atender cualquier necesidad. Ambos adoraban  las  veladas en la playa tumbados en la hamaca mientras contemplaban la majestuosidad y belleza del Caribe. En varias ocasiones observaron una lancha rápida que solía estacionarse en las cercanías de la cala. Pero al comprobar la presencia de una familia lanzándose al agua para bucear por espacio de unas horas, retornar de nuevo a la embarcación y abandonar el lugar no levantaron sospecha.
   Las artimañas del “gringo” no tenían límites y solía invitar a vecinos a dar paseos en la embarcación. Pero un día Gonzalo percibió algo en su interior y advirtió al Negro que vigilase y controlase la embarcación. En más de una ocasión las patrulleras nativas abordaron el yate previo permiso de sus dueños y comprobaron, "in situ". Informando de inmediato al Negro. “El gringo” se ocultaba en los camarotes del yate y almacenaba mas información sobre el dispositivo de vigilancia. No iba a ser empresa fácil abordar a las jovencitas, pero esa misma dificultad alentaba al enfermizo personaje.
  Andaban paseando por la cala cuando Negrita recordó el incidente de la ducha. Eran las primeras semanas de convivencia con su Viejito y su afán por agradarle le llevó a representar la escena relatada por el Negro
- Mi viejito, ponemos la canción y repetimos la experiencia.
   Negrita rompió el silencio del paseo nada más recordar la escena. Él sonrió. Sin duda era una propuesta maravillosa pero no estaba para sobresaltos de esa calidad. Su corazón no aguantaría una actuación de esa intensidad
   Sonrieron y abrazados se recogieron en la cabaña. Al sentarse en el sofá del salón Negrita conectó la cadena musical y seleccionó la canción. Una pícara sonrisa se dibujó en sus rostros, mientras ella se aproximaba a él para sentarse a su lado y tomándole de la mano clavó su mirada en el hombre que veneraba. Aquella mirada y su expresión tierna y cargada de amor le enloquecían. A pesar de sus ochenta y tres años aquella melodía llegaba a alterarlo.
   Ella profundamente emocionada, no pudo evitar derramar unas lágrimas, al contemplar como por esos ojos cansados y azules de Su Viejito se deslizaban unas gotas.
   Aquella canción suponía demasiados recuerdos. Provocaban infinidad de sentimientos, de momentos inolvidables, de felicidad desorbitada. Ya bastante lejanos, pero presentes en su mente día y noche. Su rostro se cargaba de dicha, al recordar aquella noche, cuando Negrita intentó complacerlo.
   Ella también entró en su mente a partir de aquel día cuando escuchando la melodía le representó la escena. Ahora con el paso del tiempo Gonzalo muchas veces no recordaba bien si la imagen de la persona que veía en su mente con una claridad cinematográfica se trataba del cuerpo de su mujer a través del cristal de la bañera o el de aquel regalo de generosidad, de gratitud, de cariño, de sensualidad, de armonía, de pasión prohibida. El de esa tica. El de Negrita.

sábado, 19 de noviembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 25- LAS PRIMERAS SOSPECHAS

 - CAPITULO - XXV -  

                                     -  LAS PRIMERAS SOSPECHAS.

Quince años fuera de Puerto Viejo mantenían al “gringo” en un estado lamentable. Había perdido cuanto tenía, incluido su prestigio y sus contactos con los productores. Los grandes le fueron abandonando al tener noticias del control al que era sometido por las autoridades del vecino país. Incluidas las más manejables. El desmantelamiento de los cauces de introducción del producto por Puerto Manzanillo y Puerto Viejo se rompió. Pero lo más grave fue las enormes dificultades que encontraban para abrir nuevas vías por esa zona. Nuevos canales fueron surgiendo al otro lado del país, por la costa del Pacífico.
   Fue precisamente “el gringo” quien los inició cuando comenzó a tener problemas por Puerto Viejo.
   Ese último año se instaló en una isla de Panamá en el cantón de Bocas del Toro. Mas concretamente en la localidad de Boca del Dragó. Vivía de la caridad de las personas. Algunos de sus enlaces antiguos le proporcionaban el polvo blanco que precisaba para mantenerse en pie. Había sido un déspota pero con cierto grupo de personajes, principalmente en esa zona del país vecino fue realmente espléndido. Algunos no todos, le devolvían ahora los favores cuando en un tiempo no muy lejano controlaba el catarro.
   Una pelea callejera lo llevó a la posta sanitaria con una herida profunda de arma blanca.
La primera asistencia la recibió de una enfermera de mediana edad. Y pronto se interesó por la mujer al confirmarle que trabajó varios años en Puerto Viejo como sanitaria.
   - La verdad. Llevo aquí ahora diez años. Tuve algunos problemas y no me quedó otra alternativa que buscarme la vida en otro lugar.
   Mientras le atendía intercambiaron recuerdos, manifestando ambos su añoranza por aquellos parajes, sobre todo esa magia de Puerto Viejo.
   -  No se que tiene ese maldito pueblo pero te embruja desde el primer día que lo pisas. Como no está muy lejos, suelo dejarme caer por ahí principalmente los fines de semana.
   La conversación entre paciente y sanitaria fue animándose.
Poco a poco fueron descubriendo personajes comunes, pero el “gringo” mintió en su identificación. Consciente que la verdadera era conocida por todo el mundo de Puerto Viejo. El nombre de don Julián, del “gringo”, como no, salió en la conversación. Resaltando la desaparición de los personajes de la vida de Puerto hacía ya  la friolera de quince años. Don Gonzalo, El Negro, Negrita y demás paisanos de la zona fueron apareciendo en aquella distendida charla mientras ella proseguía con su trabajo tratando de desinfectar primero, y coser después la herida de arma blanca. El recuerdo de otros tiempos en aquel paraíso de embrujo les aportó una buena dosis de alegría, añoranza y recuerdos.
   Compartir nombres, lugares y situaciones familiares, que les eran tan lejanos en el tiempo, pero no en el recuerdo, les proporcionó unos minutos de distensión, de olvidar las penalidades o la vida rutinaria.
   - Ciertamente don Gonzalo ha mejorado notablemente la vida de nuestros paisanos. Es buena gente pero muy ligado al poder. El Negro era un don nadie y ahora parece el amo de Puerto Viejo. La verdad no me molesta. Tampoco es mala persona. No se como lo lograron pero consiguieron que esos dos rufianes desaparecieran del la región logrando en estos años que Puerto Viejo prospere como pocas localidades en Costa Rica.
   El “gringo” asentía las afirmaciones de la enfermera. De pronto se sobresaltó al escuchar el relato.
  - Recuerdo que asistí a Ana Guadalupe, mas conocida como Negrita, en varias ocasiones. Siempre como consecuencia de las agresiones del “gringo” y sus secuaces. La ultima fue brutal, le pegaron violaron, siendo necesario su traslado a Puerto Limón. Esa noche el “gringo” y sus amigos se pasaron. A las dos semanas más o menos acudió a la posta de Puerto Viejo y la pobre Negrita estaba....
   Paró la conversación. El secreto debía guardarlo. Aunque no era una persona  de una ética muy firme, si cumplía sus promesas, y más si había sido retribuida. Pero el “gringo” se dio cuenta que la enfermera se detuvo para ocultar algo. Sin darle importancia, aparentemente, trató de averiguar algo más.
- ¿Llegó a conocer a ese cabrón del “gringo”?
   - Lo cierto es que oí hablar mucho de él, pero solo llegué a verlo en un par de ocasiones y siempre desde lejos.     
   Difícilmente lo reconocería si se cruzara en mi camino.
   Esa última puntualización calmó al degenerado desviando la conversación para iniciar un tanteo de flirteo con la facultativa en cuestión. A pesar de su estado parecía que la enfermera le seguía el juego. Le hubiera gustado abordar el asunto en esos momentos, pero el “gringo” si se caracterizaba por algo era precisamente por la paciencia.
   Salió tarde de la posta sanitaria. Necesitaba con urgencia más información. Pero recapacitó por unos instantes y decidió instalarse para preparar una estrategia que le llevara a descubrir toda la verdad sobre lo sucedido años atrás. Recordaba la reacción de Negrita cuando se presentó en el chiringuito y le confesó lo sucedido. Sentado sobre unas rocas, junto al Caribe, recapitulaba todas las imágenes y conversaciones mantenidas con Negrita. Volvía a ser aquel hombre astuto. Necesitaba controlarse con las drogas, buscar un sitio de residencia fija y desde ahí manejar los hilos que aún era capaz de mover. Lo primero era instalarse en algún lugar que le permitiera rehacerse. Olvidarse por una temporada del polvo blanco y la bebida.
   Luego tras recuperarse volver a entablar una conversación privada con la enfermera y tras sonsacarle la máxima información contrastarla con una investigación exhaustiva para averiguar hasta el último detalle. Era de noche pero fue directo a la playa y se metió en el Caribe para darse un baño y relajarse. Necesitaba urgentemente aclarar sus ideas.
   Flotaba en las tranquilas aguas caribeñas con su mente a pleno rendimiento. La herida la olvidó por completo. Sin tener en cuenta los consejos de la enfermera de no mojarse para nada.
   Ezequiel tenía una deuda pendiente con cierto personaje no muy lejano a la isla. Pensó que si resolvía el asunto podría contar con él para dejar zanjada la primera etapa.
   El personaje en cuestión disponía de una casa en una isla contigua. Concretamente en Tucker Bight. Decidido a resolver el primer paso, no lo pensó. En esas situaciones era un hombre con iniciativa y calculador. Nunca se adelantaba hasta cumplir con lo planificado y desde luego lo tenía muy claro. Emplearía el tiempo que fuese necesario.
   Ezequiel le abrió las puertas de su casa y le permitió darse una buena ducha y asearse. Al verle la herida sangrando le atendió desinfectándosela y cubriéndola de nuevo con gasas y vendaje. Cenó en compañía de la familia del personaje pero luego abandonaron la vivienda para pasear por la playa y hablar de sus asuntos.
   - Ten, “gringo”, es de inmejorable calidad.
Rechazó el polvo blanco que le ofrecía ante el asombro de éste. Pero pronto pudo comprender el motivo. Sonrió al escuchar al “gringo” y pensó para si. “Creo que vamos a tener” “gringo” “para rato. El muy cabrón vuelve a ser el hijo de su chingada madre. Frío y calculador”.
   La conversación se prolongó por espacio de varias horas y Ezequiel aceptó encantado el trato que le ofrecía el “gringo”. Aquel personaje de California, ciudad fronteriza con Costa Rica a escasos kilómetros de Puerto Manzanillo, le había jodido en repetidas ocasiones y buscaba la forma de vengarse. Pero él jamás se habría atrevido con un asesinato. Le puso al corriente sobre los movimientos del personaje en cuestión, asegurándole como día mas propicio ese viernes.
- En esa fecha va a recibir un importante cargamento. Aproximadamente diez veces más de la que me ha chingado el cabrón. Creo que puedes preparar una buena coartada, con ese importante alijo de drogas.
    “El gringo” sonrió. Ezequiel lo conocía demasiado bien para saber que el golpe sería perfecto y ambos sacarían lo que buscaban. Esa misma noche montaron en una moderna y rápida lancha que lo transportó hasta la isla contigua. A las afueras, escondida en una espesa selva, de Tucker Bight se encontraba la cabaña. Le proporcionó las llaves y bajaron de la lancha algunas provisiones. Una vez instalado regresaron con la intención de finalizar el aprovisionamiento.
  Puesto todo en orden, en el muelle, los dos  amigos se despidieron hasta el domingo donde  Ezequiel acudiría al nuevo alojamiento del “gringo” para analizar el resultado de la operación.
    El aspecto del “gringo” era inmejorable. Alto, atlético y con ese don de hombre duro. Cuarentón pero con un gran atractivo personal. Se levantó temprano. Deseaba encontrarse con la enfermera, convencido que su nuevo aspecto le permitiría acceder a ella sin grandes dificultades. Pensó no sin razón que si con el aspecto de la noche del accidente cuando comenzó a lanzarle los tejos parecía que reaccionaba. Ahora con el lavado de imagen caería en sus brazos. Sus indagaciones le llevaron a encontrarla en un pequeño bar cercano a su casa. Entró dirigiéndose directamente a la barra.
La enfermera captó de inmediato la presencia de aquel apuesto hombre. Pero le tenía desconcertada, pues creía conocerlo. De lo que estaba segura era que nunca olvidaría a un hombre como aquel. Recapitulando cayó en la cuenta que sin lugar a dudas se debía de tratar de algún paciente. Pero por mucho que estrujaba su cabeza no conseguía localizarlo. De pronto la imagen de aquella profunda herida y el rostro deformado lo asoció. Le había atendido hacia tan solo un par de noches. “Menudo cambio”. Sin duda la paliza y su estado por la herida no le permitieron en un principio reconocerlo. No se lo pensó, se levantó y acercándose al individuo preguntó.
   - ¿Como se encuentra su herida?
   Se hizo el sorprendido pero dando de inmediato una respuesta que permitiera la conversación entre los dos. La barra podía romper el dialogo emprendido y optó por invitarle a proseguir en la mesa que ella había dejado. Los cubalibres y Wiskis fueron cayendo uno tras otro. Él tenía una buena capacidad para absorber el alcohol, pero se cuidó de no ingerir en exceso. Ella se dejó llevar por la situación y no calculó bien, pasándose en la cantidad de bebida etílica ingerida. Salieron del bar. Ella no estaba muy católica pero seguía a su compañero riendo y cometiendo las mil tonterías que se suelen hacer cuando se va pasada. Se sentaron en la playa y el “gringo” atacó de inmediato sobre la conversación interrumpida en la posta sanitaria.
   - La verdad es que me preocupe por Negrita.
   Era y supongo que seguirá siendo una mujer increíblemente hermosa. Pero aquel cabrón se ensañaba con ella. La última vez que se sobrepasó le destrozó las posaderas. Pobre criatura. Sentía verdadera lastima por ella.
   Las palabras se entrecortaban, mientras reía con histeria o se tambaleaba. Pero el “gringo” consiguió su objetivo.
   - Aquella mañana se acercó a la posta sanitaria para comprobar sus temores. Estaba embarazada. Ese hijo de su chingada madre le dejó preñada.
   La confesión de la enfermera, confirmaban las dudas surgidas la otra noche, pero también le aportó un mar de interrogantes. Debía mantenerse frío y calculador. Una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro.
 Tal vez su sueño se podría cumplir. Una nueva luz se encendió en su endemoniado cerebro. “Según pude escuchar Negrita desapareció de Puerto Viejo por espacio de un año”. Una estancia tan prolongada fuera de su Puerto Viejo era muy extraña. Negrita nunca habría abandonado Puerto Viejo por un periodo tan largo de no haber un motivo que lo justificara. Comenzaba a hilvanar las diferentes situaciones e informaciones que había conseguido a lo largo de esos años. Estaba convencido que Negrita había dado a luz un hijo suyo y lo había ocultado a todos.
   Esa noche el “gringo” no pudo dormir. Se pasó en vela cavilando para atar todos los cabos de su plan. Muy temprano subió a la embarcación y se aproximó al continente.
Se adentró hasta la población de Torres Bluff, donde se hizo con un todoterreno. Por supuesto lo robó. Once kilómetros escasos le condujo hasta Finca cuarenta y uno y de ahí solo cinco kilómetros hasta California. Abandonó el vehículo y se dispuso a inspeccionar la vivienda y los alrededores del personaje. Tres intensos días de observación y anotaciones con pernoctaciones en la montaña cercana. Casi ni llegó a comer. No probó el alcohol ni otra droga y bebió en abundancia del manantial cercano donde pernoctaba. Al llegar el viernes tenía planificado el golpe hasta el último detalle. Y sin duda las investigaciones conducirían a un simple intento de robo.  
   Fue un golpe rápido y efectivo, con su sello, sin el menor sentimiento de culpabilidad.
   Parte del botín lo desparramó y lanzó al río el contenido junto a todas las bolsas de plástico que guardaban la droga. Previamente la casi totalidad de la mercancía la pasó a unos  recipientes preparados para tal efecto. El cadáver lo dejó tirado donde cayó y le arrebató la cartera, sacó el dinero, para lanzarla junto al cadáver. Subió la mercancía a una camioneta, también “prestada” y salió a toda velocidad de regreso a Torres Bluff donde había dejado la embarcación. Transportó la mercancía al barco y volvió a dejar la camioneta en el mismo lugar donde la sustrajo. Luego los dieciséis kilómetros que le separaban del Torres Bluff los realizó andando, con parsimonia, relajándose y deleitándose por su acción perfecta.
   En las dos horas que transcurrieron hasta llegar a la embarcación fue masticando el segundo paso. La enfermera era su segundo objetivo. Su entrevista “voluntaria” la llevaría a cabo en una embarcación que se agenciaría.  
   Ese domingo muy temprano “El gringo” recogía a Ezequiel en el muelle cercano a su casa. Embarcaron y pusieron rumbo a Tucker Bight, lugar de residencia del “gringo”. En la casa le mostró la prensa de la zona. Todo se desarrolló tal y como lo había planificado. Pero Ezequiel se quedó perplejo al comprobar la cantidad de producto que logró rescatar. Tal y como describía la prensa le dio a entender que no recuperaría prácticamente nada. Pero la realidad era muy diferente.
   Se fundió en un abrazo con aquel personaje y tras asegurarle que podía quedarse incluso con la casa le prometió un gran pellizco en dólares, cuando consiguiera colocar la mercancía. La noticia la recibió con júbilo. Sin duda ese dinero le proporcionaría mucha de la información que pretendía sonsacar. Pero primero debía asegurarse la que personalmente fuese capaz de lograr.
   El lunes volvió a madrugar. No contaba con la embarcación pues Ezequiel se la llevó. Optando por el servicio de los pescadores que en ocasiones alquilaban sus embarcaciones para transportar turistas con la intención de practicar el buceo. Al desembarcar en Boca del Drago se aposentó en las proximidades del centro de salud controlando todos los movimientos de la enfermera.
    Le estuvo observando por espacio de tres días y la última noche, concluida la vigilancia y toma de información fue a cenar con Ezequiel, quien le telefoneo al celular para saldar deudas. Al finalizar la velada Ezequiel le regaló un maletín.
   - Muchacho el negocio ha sido redondo. La pérdida de la mercancía del personaje de California había puesto en situación muy delicada a su grupo y ha dado la casualidad que yo he podido proporcionarles la que precisaban. Pero el precio se disparó y han tenido que claudicar con el impuesto. En este maletín tienes cerca de doscientos mil dólares.
   La noticia no le sorprendió. Conocía demasiado bien ese negocio y estaba convencido que Ezequiel habría sacado bastante mas.
Cuando Ezequiel le sugería que anduviera con cuidado. Largándole un largo discurso que no llegó a concluirlo pues el “gringo” estaba demasiado cansado para seguir escuchando idioteces.
   - Querido amigo. Creo que estás gastando saliva. Estoy en esto antes que te amamantaran.
   Ezequiel comprendió de inmediato. El maldito “gringo” tenía toda la razón del mundo y le estaba tratando como a un principiante. Se dieron un fuerte abrazo despidiéndose a continuación....
   - ¡EH, amigo! ¿Me puedes proporcionar una embarcación a motor?
   Ezequiel no le hizo esperar demasiado. A la media hora escasa se presentaba con una.
- Quédatela es un regalo de tu amigo. Te la has ganado “gringo” cabrón. Te la has ganado. Para ti. Si no la utiliza puedes amarrarla aquí y si va a estar mucho tiempo sin hacerla navegar avisa a Juan Bautista. Te la conducirá hasta  la casa y allí la puedes guardar en el hangar.
   De nuevo un fuerte apretón de manos dio por concluida la velada. Esa noche se metió en casa dispuesto a descansar. Habían sido unos días de mucha intensidad y poco descanso. Precisaba reposar y asentar toda la información recogida. Iniciar el segundo paso e ir buscando información para dar oportunidad al tercero. Sabía que ese no lo controlaría directamente y tal vez fuera el más largo. Pero no se durmió en los laureles.
   De allí en poco más de una hora, pasando por Bahía del Almirante, lanzar el ancla de la embarcación en las proximidades de una de las islas del Valle del agua. Había estudiado las costumbres de los pescadores de la zona. A escasos doscientos metros le había echado el ojo a una embarcación. No se lo pensó y lanzándose al agua, con un remo en las manos, nadó hasta ella. La abordó y con la ayuda del remo descorrió la distancia que le separaba de su embarcación. Cogió el motor auxiliar y lo acopló en la de los pescadores. Todo lo tenía calculado al milímetro. No se entretuvo demasiado, fue terminar de conectar el depósito de gasolina al nuevo motor cuando abandonó a toda velocidad la zona. En esta ocasión puso rumbo a Boca del Drago.
   Anduvo por las calles hasta las  proximidades  del centro de salud. Se dio prisa pues sabía que solo faltaban quince minutos para que la enfermera abandonara su trabajo. En el cruce de calles próximo al muelle, donde tenía preparada la barca, provocó el encuentro. Unos segundos de conversación para invitarle a dar un paseo por el muelle. La enfermera se alegró de encontrarse de nuevo con aquel hombre al que creía haber perdido. Su comportamiento de su último encuentro había sido ejemplar. Fue un caballero. No se aprovechó de su estado, aunque a ella tal vez le hubiera gustado otra actitud. Solo recordaba que le condujo hasta su casa sana y salva. Ahora tenía una nueva oportunidad de pasar una noche agradable, y porque no algunas más, con aquel educado personaje. Evitó a la gente.
   El estudio efectuado durante esos días de observación le proporcionó la información necesaria para conducir el paseo por los lugares menos habitados. La enfermera estaba enfrascada con él, en la conversación que mantenía, siendo ajena al camino tomado.
   - Hace una noche maravillosa. ¿Te apetece dar un paseo en barca?
   Lucia una espléndida luna. No dudo un solo segundo en aceptar encantada la invitación. Se sentaron juntos en popa, puso en marcha la embarcación y con una mano en el timón y la otra abarcando los hombros de la enfermera abandonaron el pequeño puerto. Reían a carcajadas, para acallarlas durante unos minutos mientras sus bocas se comían.
Poco a poco “El gringo” fue llevando la conversación hacia sus intereses. Al principio la enfermera contestó a las preguntas sin más, pero conforme insistía en el tema comenzó a ponerse a la defensiva. En ese momento detuvo la embarcación. Le miró a los ojos y pudo comprobar el cambio radical de su expresión. No era esa cara agradable, dulce y amable del encuentro. Su rostro reflejaba la maldad que encerraba el personaje y comenzó a temblar. Intentó articular sus cuerdas vocales pero le fue imposible. Una sonrisa maléfica se dibujó en la cara del “gringo” mientras era él quien las articulaba.
   - ¿No sabes quien soy? ¿Verdad? Trata de poner en funcionamiento tus neuronas. Fui muy conocido por esas tierras y tú me has nombrado en más de una ocasión. Por cierto sin demasiado cariño.
   La mirada de terror apareció en su rostro. Sin duda el personaje en cuestión era “el gringo”. Las fuerzas le abandonaron y apunto estuvo de perder el conocimiento de no haber sido por la pronta reacción de su compañero. Quería hablarle pero las palabras no se articulaban. Las cuerdas vocales se le habían atrofiado por el pánico experimentado. Sus brazos rodeaban su tembloroso cuerpo y su mano acariciaba sus cabellos. Pero ahora esa cálida mano del principio le transmitía un frío terrorífico. Una sensación de muerte, que recorría hasta lo mas profundo de su ser. Intentaba gritar, lanzarse al agua y huir, pero ni su garganta ni sus músculos le respondían. Estaba paralizada. Seguía aterrada pero conforme los segundos pasaban fue recobrándose un poco.
   Al conseguir articular sus cuerdas vocales para responder a las preguntas formuladas por aquel diabólico ser, fue calmándose poco a poco. Ese frío, esa sensación de la cercanía de la muerte desapareció y la tensión bajó muchos enteros. Le contó el estado en que llegó Negrita al centro sanitario de Puerto Viejo. La analítica efectuada confirmaba su embarazo. También le confesó el deseo de la joven de mantenerlo en secreto y accedió a ello anulando la analítica. Solo Negrita y ella misma conocían su embarazo en el centro sanitario. Le confirmó la información que conocía. La desaparición de Negrita, por un periodo de un año de Puerto Viejo. Nadie, ni Don Gonzalo, ni siquiera El Negro reconocían conocer su paradero.
   - Pero hubo rumores que durante los quince días siguientes a la desaparición de Negrita no se vio ni a Gonzalo ni al Negro por Puerto. Alguien llegó a asegurar que se desplazaron los tres a España. Pero solo fueron rumores.  Jamás pude constatar esos comentarios.
   No había transcurrido cinco minutos cuando una embarcación se aproximaba a la pareja para recriminarles la apropiación de la embarcación. Se trataba de un muchacho. No llegaría a tener los veinte años. El “gringo” esbozó su sonrisa satánica y desenfundó un revólver. Obligó a la enfermera a inyectar al joven el contenido de una jeringuilla. Realizada la operación de nuevo le ordenó tomar el remo y golpear al muchacho con todas sus fuerzas.
   En principio se negó pero tras las amenazas reiteradas del “gringo”, cerrando los ojos, le asestó un duro y seco golpe al joven que cayó desplomado al agua. Luego inyectó a la enfermera una nueva jeringuilla con una sobredosis de droga y la arrojó al mar. Los dos desgraciados yacían boca abajo sobre las tranquilas aguas de esa noche. El “gringo” volcó la embarcación del muchacho y con la otra fue en busca de la suya, quitó el motor y lo trasladó de embarcación. Por ultimo dejó anclada, la barca robada, en el mismo lugar donde la sustrajo para regresar al lugar del crimen. Comprobó el estado de los cuerpos. Eran ya cadáveres y sin vacilar un solo instante se alejó de la zona para regresar a casa.
   Se dio una buena ducha y se tumbó para dormir como un lirón. El segundo paso había concluido con éxito, tal vez con un imprevisto, pero analizando en frío el asesinato de la enfermera sería más lógico en compañía de aquel joven. Las investigaciones se dividirían y tardarían mas tiempo en resolver las circunstancia de la muerte de los dos. Eso en el supuesto que las pesquisas las llevaran a cabo personal competente, pues en la mayoría de los casos se cerraban sin más pruebas. Un asunto de jóvenes y droga evitaba demasiadas molestias y horas de trabajo.
   Ahora para el tercer paso disponía de una amplía información que por supuesto debería contrastar. Pero eran claras las líneas a seguir por los investigadores. Solo debían ir tirando de esos hilos para confirmar o desmentir información y luego continuar con la que se constatara. La vía española, sin duda, desvelaría muchos interrogantes. Insistiendo a los detectives privados contratados revisar al milímetro esa vía. Lo hizo por medio telefónico. Ahora les tocaba a ellos profundizar y averiguar todo lo referente al desplazamiento de los tres en esas fechas a España. Buscar contactos y posibles clínicas donde se hubiera podido asistir a un parto.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 24 TALAMANCA

  - CAPITULO  XXIV -
 
            -  TALAMANCA -

Tres años desde la comunión de las pequeñas. Tres años de rehabilitación diaria, con el mismo cariño y esmero del principio. Gonzalo tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para cumplir con los ejercicios impuestos por Negrita. Observarle con ese amor y entrega le permitía sacar fuerzas del fondo de su alma. Unido a los avances conseguidos le aportaba esa dosis de fuerza de voluntad para superar cualquier sacrificio. El Viejito se desenvolvía con bastante soltura. No en los niveles anteriores al susto, pero era autosuficiente. 
   Los cuidados, la sistemática en la conducta, tanto alimenticia como de hábitos saludables impuestos y seguidos a rajatabla bajo la inspección directa de Negrita tuvieron mucha culpa del éxito alcanzado. Controlaba sus pasos, sus comidas, su ejercicio incluso velaba sus sueños. La movilidad de su lado paralizado mejoró notablemente. Le quedaban algunas secuelas pero se debía uno fijar mucho para apreciarlas. Al mar prácticamente no salía, solo se adentraba en sus aguas cuando la calma era manifiesta. Montaron un artilugio, una especie de ascensor, dándole acceso a la segunda planta, la de las habitaciones.
   Pero desde que el médico le aconsejo realizar ejercicio suave. Las escaleras, siempre y cuando se las tomara con calma, eran ideales y dejó de utilizar el mecanismo elevador.
Pero el ejercicio más practicado por Gonzalo eran esos paseos nocturnos, a los que se le sumaron los mañaneros y algún que otro al finalizar la comida fuerte del día.
  Siempre bajo la supervisión, y como no acompañándole en sus paseos, su enfermera, su cuidadora, su sombra. Su Negrita. La siesta que tanto le gustaba tuvo que suprimirla o posponerla tras la digestión.
   No le convenía reposar en posición horizontal mientras mantuviera en activo su aparato digestivo.
Y aunque no le agradaba mucho Negrita le “obligaba” a realizar pequeños paseos tras la ingestión de alimentos. Ahora a su mente acudían esas caminatas con Ana, su esposa, muy aficionada a realizar su paseo correspondiente tras las comidas o las cenas.
   Sonreía al pensar que aun le “obligaba” a realizar esas caminatas en su reencarnación en aquella nativa. Negrita le animaba y ayudaba a superar esa pereza por los paseos.
   Un día. Durante la comida sugirió al Negro realizar un viaje por la cordillera de Talamanca. No conocía esa zona del país y desde su primera visita a Costa Rica se había quedado con ganas de visitar esos parajes pero especialmente convivir con sus gentes.
   En su día no lo realizaron porque llegaban escaldados de tanto coche al desplazarse de Quepos a Puerto Jiménez. Pero ahora tenían tiempo de sobra para tomárselo con calma y realizarlo. Se estudiaron las ventajas e inconvenientes. Negrita era algo reacia al cambio de costumbres. A Su Viejito le convenía una vida tranquila, sosegada y rutinaria.
   Evitando todo tipo de esfuerzos o tensiones y sabía muy bien que esas carreteras, precisamente en época de lluvias no era una zona muy recomendable. Pero cuando Su Viejito le tocó el corazón no tuvo más remedio que claudicar.
   - No me quedan muchos años de vida, Mi Negrita, y es uno de los parajes que mas he deseado conocer desde que aterricé por estas tierras.
   Especialmente ese pueblo que no se dejó someter por los españoles en los años del descubrimiento. Y aunque las autoridades no lo quieran reconocer esa gente son los verdaderos dueños de esta nación.
    El párrafo lanzado por Su Viejito llegó a la fibra sensible de Negrita. Pero puso una serie de condiciones para acceder al viaje.
   Gonzalo las aceptó de inmediato y desde ese momento se pusieron a planificar las tres semanas previstas para llevarlo a cabo, con pausas, avanzando muy poco cada día. En condiciones normales les hubiera llevado no más de ocho. La parte que mas discutieron y ahondaron fue la escolta.
   Gonzalo pretendía salir sin ningún tipo de protección. Hacerlo de madrugada y desplegar las patrullas por la cabaña como si permanecieran en ella. Pero como El Negro no podía desplazarse con ellos, por la dinámica de los negocios, optaron por ir en compañía de dos hombres de las patrullas,  uno  de  ellos  indio  Bribri, y un representante de la fuerza secreta de seguridad.
  Con una semana de antelación Gonzalo reunió a las tres personas que se desplazarían con ellos en aquel sugestivo viaje para planificar, como a él le gustaba. En la reunión Diego, hijo del actual Blu de los Bribri, llamado por su gente Kabsi aconsejó a los viajeros ir en coche hasta Taberi y a partir de dicha población descartar el todo terreno.
   Para proseguir el viaje a caballo. 
   Saliendo, con los vehículos de Puerto Viejo, se encontrarían con las siguientes localidades hasta alcanzar Taberi. En primer lugar cruzarían Bribri, Loma Bonito, Chase, Quebrada Endi, Bratsi, Suretka, Xíroles, y Tabari, donde dejarían los coches. Aunque con dificultad hasta esa población podrían acceder en los vehículos. Pero a partir de allí los coches regresarían a Bratsi, permaneciendo hasta el regreso de la expedición.
   De Taberi a Kody, de esta a Dikoguicha, para ascender hasta el pico Chirripó grande, desplazarse luego a Lotsinyak, acercarse a Túnsula, luego pasando por Punta Bichirri Turrialba alcanzar Amubri, continuar por Katsi y por fin llegar a Bratsi.
   De nuevo con los coches llegar a Quebrada Endi, Chase, Lomas Bonito, Bribri y de vuelta a casa en Puerto Viejo. Un total de unos trescientos y pico kilómetros. De ellos los primeros ochenta serían en coche para finalizar el recorrido de unos cuarenta kilómetros para regresar a Puerto. El resto del kilometraje lo realizaría a caballo. Cerca de doscientos y pico. Comerían en Bratsi y las primeras noches la pasarían en Taberi.  Luego a caballo reanudarían viaje siguiendo el cauce del río Teleri hasta alcanzar los lagos en Kody.
   Su segunda parada para pernoctar. Con toda probabilidad en esa población permanecerían más de una noche.
Demasiados lugares de gran belleza para visitar añadiendo el aliciente de poder compartir la vida cotidiana con un nutrido grupo de nativos.  Precisamente el poblado de Kabsi se encontraba en sus cercanías. Gonzalo se alegró de poder contar con aquel lugareño, conocía perfectamente la región. Además al ir con aquel personaje le permitiría entablar conversación con los nativos de las poblaciones, o simples aldeas.
   Les informaron sobre la necesidad de proveerse de ropa contra la lluvia. Era una zona donde la época seca no estaba definida, pues solía llover en todas las estaciones, especialmente al atardecer.
   Confirmándoselo Diego en la reunión que mantuvieron.
   Las primeras dificultades con los vehículos, se desplazaron dos, aparecieron en los primeros kilómetros. Iban camino de Bribri, población que se encontraba a menos de diez kilómetros de Puerto Viejo. El Negro mandó un vehículo, con dos personas más, con la excusa de regresarse con los coches al llegar a Taberi.
   Pues fue la estrategia que empleó para asegurarse una vigilancia hasta adentrarse por esos parajes.
Sabía perfectamente que dentro de la sierra de Talamanca la seguridad estaba garantizada con los nativos, especialmente al ir acompañados por Diego.
   Cerca de una hora les llevó recorrer esa pequeña distancia.     La niebla, a esas horas de la mañana cubría por completo el paisaje. Impregnando sus cuerpos de humedad y por un calor sofocante. Sin embargo la temperatura no sobrepasaba los veintidós grados.
   En el primer vehículo iban los dos nativos de la patrulla que había enviado El Negro con Diego. En el segundo los cuatro viajeros restantes.
   El miembro de las fuerzas y el otro componente de la patrulla que realizaría el viaje con ellos. Negrita y Gonzalo botaban en los asientos traseros del todo terreno. La dificultad de circulación era manifiesta. El terreno muy embarrado obligaba a circular con la tracción en las cuatro ruedas. Se detuvieron en el poblado de Bribri donde Diego era conocido por la población y permanecieron en la localidad hasta la hora de la comida. Diego le presentó a un compadre que se dedicaba a la ganadería. Éste ensilló unas cabalgaduras invitándoles a un increíble y espectacular recorrido.
   El agua abundaba por esos parajes y los saltos de los ríos se convertían en impresionantes cascadas. Mostrando el encanto y la furia de la naturaleza. La sencillez y al mismo tiempo la cultura de aquel personaje entusiasmó a Gonzalo quien incrédulo al decirle que debían regresar a comer, tuvo que mirar en varias ocasiones su reloj de pulsera. Más de tres horas llevaban por un terreno abrupto. Pero de una belleza difícil de describir.  Fue  un  paseo  sosegado y tranquilo para los viajeros pero no tanto para los caballos que en más de una ocasión encontraban dificultad para mantenerse en equilibrio.
Concluida la comida optaron por reanudar el viaje. Les quedaba algo más de cincuenta kilómetros para alcanzar su objetivo de ese día. Tabari. Donde pensaban pernoctar y pasar varios días visitando Hitoy Cerere. Una reserva biológica de gran importancia aunque no muy visitada. Pronto comprenderían el motivo. Y desde luego no era por falta de encanto. Aquello era el paraíso. Pasaron, como tenían programado por las siguientes poblaciones:
   Loma Bonito, la habían atravesaron en su paseo matutino con el pastor sobre sus cabalgaduras esa mañana. Al igual que la siguiente localidad, Chase. Luego accedieron a Quebrada Endi, y por fin Bratsi, cabecera de la zona de Talamanca.
De esta población salieron cuando comenzaba a oscurecer y ya en Suretka, Xíroles, circulaban con las luces de los vehículos. Por ultimo sobre las veintiuna horas llegaban a Tabari. Se separaron un  poco de la población para subir por una carretera que bordeaba un cerro hasta alcanzar una propiedad de los familiares de Diego donde les tenían preparada una guardilla de la vivienda. Aquel recinto se lo repartieron entre los siete viajeros que sobre unos camastros, tras una ligera cena, se tumbaron a descansar.
   Cuando Gonzalo despertó se encontraba a solas en aquella estancia. Al aproximarse a la pequeña ventana el corazón se le paralizó por unos instantes ante tanta belleza.
Permanecía extasiado contemplando aquel lugar de ensueño cuando Negrita le abrazó por detrás y le susurró al oído.
   - Estamos en Hitoy Cerere, que en lenguaje nativo, la primera Hitoy hace referencia al manto verde que cubre todo ese abrupto lugar y Cerere se refiere a la claridad y transparencia de sus aguas.
   Gonzalo permaneció expectante ante el paisaje mientras saboreaba las sensaciones que aquellas manos le transmitían al abrazarle. Percibió el calor, la suavidad y la firmeza de sus pechos oprimiendo su espalda y disfrutó del momento.
   Abrazada le informó que a partir de ese día los desplazamientos  se realizarían a pie o a caballo, Pues los vehículos habían emprendido muy temprano el regreso. 
   Durante el desayuno Diego les comentó que ese día lo emplearían para visitar parte de la reserva. Comentándoles que se encontraban rodeados por cuatro mas. Al norte la de Tayni, al sur Talamanca, mientras que el Valle de la Estrella se situaba al este. Por ultimo Telire se ubicaba al oeste.
   Era aun temprano cuando la expedición partió a caballo. Diego iba acompañado por un primo conocedor al milímetro del terreno que pisarían ese día.
La expedición la completaron Negrita y Gonzalo. Talany, nombre indio del primo de Diego se puso al frente de los componentes. Iba a pie y provisto de un gran machete. Gonzalo al ver el enorme cuchillo comentó con Negrita.
   - Con Talany es mejor estar de acuerdo, especialmente si lleva ese machete.   
   Negrita sonrió. Circulaban por una senda por donde se desplazaban en zigzag entre abundante vegetación. El paso era lento pero inicialmente se realizaba sin grandes dificultades, aunque la pendiente era pronunciada. El agua y la vegetación dominaban el paisaje por donde cabalgaban.
   De pronto comenzó a percibirse el zumbido provocado por el chapotear del agua y a medida que avanzaban el ruido comenzó a ser ensordecedor. Al salir a un pequeño claro de la selva, como por arte de magia surgió una gigantesca cascada de aguas cristalinas que morían en una gran poza tras una caída de unos treinta metros. La presión del salto convertía la poza en un descontrolado oleaje cargado de espuma. Quedaron postrados ante el poderío de la naturaleza. Desmontaron de sus cabalgaduras y permanecieron contemplando el espectáculo. Al verlos tan entusiasmados Talany les invitó a seguirle, previamente amarró las cabalgaduras a unos árboles.
La ruta tomada los llevo a pasar por detrás de la catarata. El ruido impedía cualquier tipo de conversación salvo la mímica, por la que optaron para expresar su entusiasmo. La luz atravesando las aguas proporcionaba una imagen plástica de una belleza indescriptible. No permanecieron excesivo tiempo, pues el ruido era demasiado violento como para mantener su nivel durante mucho tiempo. Regresaron a los caballos, se desplazaron unos metros para huir del ruido y allí tomaron el primer tente en pie. Reanudaron la marcha sobre sus cabalgaduras mientras Talany proseguía a pie abriendo camino, su primo, portaba su montura detrás de la suya, cerrando la marcha.
   Después de unos cuantos minutos de ascensión comenzaron a bajar para llegar a un valle completamente boscoso con árboles que superaban con creces los treinta metros de altura.
   Negrita fue pendiente durante toda aquella visita de Su Viejito y le preguntaba con frecuencia si no se fatigaba. Lo cierto era que Gonzalo se encontraba perfectamente. El ritmo de marcha era muy lento y en la montura no suponía el menor esfuerzo. Cruzaron innumerables ríos y pudieron disfrutar de incontables cascadas, algunas de dimensiones superiores a la primera.
   Diego se encargó de ilustrar a los viajeros indicándoles las diferentes especies de arbolado. El cedro macho, el gavilán, el maría, el ceiba, el javillo, el guayabón, el pilón, el indio desnudo y el lechoso. La mayor parte estaban cubiertos por una capa de musgos y líquenes y en las ramas proliferaban las orquídeas y otros tipos de plantas epifitas. Asegurándoles que en el sotobosque, se encontrarían con abundancia de los helechos arborescentes y sobre el piso era muy común la selaginela. Les confirmó que la fauna era rica y variada aunque la mayoría de las especies, por vivir en las copas o ser nocturnas eran poco visibles.
La reserva albergaba  unas cuarenta especies de mamíferos, incluyendo algunas en peligro de extinción. Entre ellas el manigordo, la ceibita, la danta, el jaguar y el sahíno. Incluso pudieron observar alguno de esos mamíferos como los tepezcuintles, las guatuzas, los conejos, mapaches, pizotes, ardillas, el perezoso de tres dedos, la ceibita o serafín de platanar, el zorro cuatro ojos, la nutria, el zorro de balsa, el cabro de monte, el tolomuco, el tigrillo, y los monos congo y carablanca.
   Durante la comida la lección biológica se basó en las aves confirmando la existencia de más de doscientas treinta especies en el área, incluyendo la oropéndola de Montezuma.
Ave que  se caracterizaba por construir gran cantidad de nidos colgantes en un solo árbol; el zopilote, el loro cabeciazul, el bobo chizo, el oropopo, el colibrí pechiazul, el trogón coliplomizo, el martín pescador verde y el curré negro. Eran otras de sus moradoras así como lechuza de orejas, el gavilán negro y el ave canasta. Mostrándole la grave reducción de ejemplares de estas ultimas aves. Pero nuestros viajeros pudieron contemplar algunas siendo identificadas de inmediato por Diego. Como el mosquero coludo, las oropéndolas y los martines pescadores, el sargento, los tucanes y las pavas, durante el trayecto por los senderos y el río.
   Al regreso, Diego y su primo, los condujo por otra ruta, encontrándose con unas piscinas naturales de increíble belleza. Unas aguas cristalinas y no excesivamente frías. Donde disfrutaron tomando el baño y lanzándose al agua desde las rocas que las bordeaban. No estaban lejos de su destino cuando se adentraron tras conseguir un permiso especial en una cabaña completamente oculta en el bosque. Donde según les comentó Diego conocerían a un personaje que no solía recibir extraños, pero especialmente no contactaba con extranjeros. Se trataba del Useköl de los Bribris, o máximo exponente religioso, según les confirmaron.
Fue un encuentro inesperado. Gonzalo llegó a pensar que sería de puro formalismo. Pero la comunicación fue fluida y Gonzalo permaneció a solas con el personaje por espacio de dos horas. Abandonó aquel encuentro muy a pesar suyo. Nunca llegó a pensar que había permanecido dos horas conversando y no le hubiera importado pasarse varios días con aquel sabio. Le confirmó ser el primer extranjero al que recibía y lo hizo porque se lo pidió el hijo del gran jefe de los Bribris. Había llegado a sus oídos la magnífica labor desarrollada por ese español y no solamente había ayudado a su pueblo y otros de la región sino que su empeño personal por mantener el medio natural le llenó profundamente su anciano corazón.
   Cuando todo extranjero pretendía sacar partido a costa de la naturaleza, El Viejito como le llegó a llamar el  sabio  religioso, pues le advirtieron que era la nominación familiar y que más le agradaba, se dejaba su fortuna por ayudar principalmente al negro. Pero también su labor y su colaboración afectaban a su pueblo.
  Les hubiera gustado permanecer más días en esos parajes pero ya llevaban cuatro días en la zona, bastantes más de los planificados en un principio. Aunque se habrían quedado durante meses para inspeccionar todas las reservas cercanas. A la mañana de su quinto día de viaje montaban en los caballos con destino a Kody.
Los padres y hermanos de Diego vivían en sus proximidades y les tenían preparado un gran recibimiento.
 Poco más de veinte kilómetros les separaba de la población pero tardaron cerca de cinco horas. Las constantes paradas para contemplar la belleza de aquel lugar merecía la pena. Llegaron para comer. Fue lo primero que hicieron para luego aposentarse en una cabaña de paja y madera preparada para los visitantes.
   Diego ya advirtió de la presencia del Viejito en fechas próximas. Todo fueron atenciones. Negrita en compañía de Su Viejito dieron un paseo por el poblado.
En primer lugar para realizar la digestión en movimiento y de paso conocer los alrededores.
   Las tres semanas que permanecieron por la cordillera de Talamanca las recordarían el resto de sus vidas. Fueron unas jornadas inolvidables y Gonzalo pudo conversar con un pueblo oprimido por el poder. Pero a pesar de todo gozaban de un territorio propio. Comprendió porque los españoles fueron incapaces de doblegar a ese pueblo indígena. En sus largas conversaciones constató la información recibida. Aquel pueblo era el auténtico dueño de Costa Rica. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

CAPITULO VIGÉSIMO TERCERO

 - CAPITULO - XXIII -

           - LA COMUNIÓN.

   La corona solar descubría su redondez en la lejanía del horizonte, emergiendo de las aguas del Caribe. Esa mañana la cala era un autentico lago. A medida que la luz se intensificaba las tonalidades del mar variaban del negro al azul y de este al verde esmeralda. Gonzalo contemplaba, como la mayoría de los días de la etapa seca, el amanecer desde  su hamaca aferrada con fuerza a las dos palmeras junto al Caribe.
   Y desde ese lugar privilegiado no pudo evitar traer a su mente esas dos palabras mágicas de aquel país. De aquel rincón. PURA VIDA.
 Pero la felicidad y la captación de sensaciones placenteras no terminaron con el espectáculo ofrecido por la escena paisajista.
   La dulzura por definición, la mano de Negrita acariciaba su cabeza y su voz dando los buenos días, inundaban de armonía sus oídos.
   Gonzalo se hizo hacia un lado ofertando campito a su cuidadora, que no vaciló en aceptar encantada su lugar, en aquel entrelazado de cuerdas que compartían desde hacía tiempo. Se tumbó junto a Su Viejito y dejó descansar sus mejillas en los pectorales desnudos de su bienhechor.
   Uno junto al otro descansaron por espacio de varios minutos con los únicos sonidos proporcionados por los agentes de la naturaleza y por alguna que otra avecilla que merodeaban por los alrededores. Negrita elevó en repetidas ocasiones su cabeza para encontrarse con los ojos de aquel Viejito que había supuesto su razón de existir.
  No pudo evitar mostrar esa sonrisa que a él le estremecía desde la punta de los dedos del pie hasta el último cabello que conservaba en el cogote. Si algo le mantenía con ganas de seguir viviendo y luchando.
   Si algo le protegía su débil corazón y lo regulaba como una perfecta máquina Suiza era precisamente esa sonrisa. Esa dulzura que regalaba cada vez que las comisuras de sus labios se prolongaban para mostrar ese gesto, esa muestra de cariño, ese afecto que acompañaba la mueca en su rostro. En más de una ocasión estuvo tentado a olvidar toda su estructura moral de  respeto  a  su  mujer  fallecida. Su  fidelidad hasta el infinito que le prometió en su día y como hombre de palabra cumplía a rajatabla.
   Pero aquella criatura cuando mostraba su sonrisa le hacía vacilar, dudar y hasta casi llegar a abandonarse a sus impulsos naturales. Y esa mañana le hubiera gustado perderse en aquel paraíso que dormitaba junto a él.
   Por fin fue ella quien rompió el momento al levantarse y besando su frente comentó.
   - No se me mueva Mi Viejito que voy a por el desayuno. Horita mismo me reporto.
 La respuesta la dio su sonrisa. Sabía muy bien que no tardaría en traerle una buena fuente con una gran variedad de fruta pelada y troceada.
   Con un mayor predominio de esa piña que se criaba en la tierra y no igualada por ninguna otra degustada en sus viajes por el mundo. Al girarse para ir a por el desayuno la mirada de Gonzalo se quedó cautivada por la armonía de esos glúteos redondos y tersos, que mostraba su tanga en todo su esplendor. Invitando a seguir su ritmo, aunque tan solo fuera con la mirada. Negrita se volvió para observarlo y al comprobar como su mirada le contemplaba llegó a ruborizarse, pero al mismo tiempo un calor, sin posibilidad de describirlo en toda su intensidad, recorrió su cuerpo.
   Llegó a sonrojarse ostensiblemente.
   Tragó saliva y sin explicárselo ni ella misma consiguió proseguir su camino sin bloquearse. Pero su mente no dejó de funcionar durante todo el trayecto. “Estoy convencida que en esa mirada había algo mas que deseo”. “Dios. Si él quisiera”. “Es lo único que me falta para completar mi felicidad”. Llegó con la fuente repleta de fruta y al cruzar la mirada de nuevo con él para entregársela. Su expresión había cambiado y percibió como aquel hombre que conseguía estremecerle había recobrado la compostura, su dominio y el control.
  Ahora se lamentaba de no haberse girado en ese momento y lanzarse a sus brazos. Convencida que le habría aceptado. Pero ese segundo se perdió. Ese instante que en muchas situaciones marca el futuro. Incluso el destino mientras su mente repetía peleándose con sus neuronas. ¡Dios que  torpe  he sido! Se mortificaba una y otra vez mientras lo contemplaba degustando la bandeja que había llevado. Hizo aman de abrazarse e intentarlo, pero se lo pensó mejor, consciente que rompería ese momento mágico.
   Optó por hacerse campito junto a él para compartir la hamaca y la fruta.
   Los años, hasta la comunión de las pequeñas, Negrita compaginaba su labor de cuidar a Su Viejito con la asistencia a clase. El titulo de enfermería se lo dieron justo el mes antes de viajar a España para asistir a la celebración religiosa. Contaba con veintisiete años. Su belleza y espectacularidad había alcanzado su cenit. Era una mujer increíblemente bella pero especialmente su lenguaje corporal hacía estremecer a quien tenía la dicha de cruzarse con ella.
La mayoría de los nativos andaban detrás de aquella criatura y muchos de los turistas que rondaban por esas tierras tres cuartos de lo mismo. Pero así como los nativos eran conscientes de sus nulas posibilidades, los turistas insistían con mayor constancia. No llegaban a entender como aquella criatura, un regalo de la naturaleza, perdía el tiempo junto a ese anciano español, a quien mimaba y cuidaba con religiosidad.
    El viaje a España se hizo agotador especialmente para Gonzalo.
   Su edad, pero especialmente su estado de salud, eran los principales culpables del cansancio provocado por el largo viaje.
   Negrita le había ayudado a ducharse, le arropó en la cama y tras bajar la persiana cerró la puerta para que descansara unas horas. Tenía su mano en el pomo de la puerta cuando Anita se la tomó invitándole al salón donde le esperaban las jovencitas. Ana había decidido que con sus ocho añitos era hora de aclarar ciertas cosas a las niñas y explicarles, como era costumbre lo más claro posible su historia.
Adoraba a las pequeñas y admiraba a Negrita.
   - Os he reunido a las tres para aclarar, ahora que sois mayores.
   Intentó proseguir pero Negrita le detuvo. Deseaba conservarse fuera de su verdadero papel con las pequeñas e intentó impedir por todos los medios la confesión de Ana. Pero también sabía que era tarde. Anita era firme en sus decisiones y si había decidido comunicarlo nada ni nadie se lo impedirían. Negrita se quedó con la suplica.
   Era la única que estaba convencida de las posibles consecuencias de la confesión. Hasta Su Viejito pensaba que exageraba cuando trataban el tema. El número de personas conocedoras del secreto que mantenían hasta la fecha, cinco, iba a aumentar en dos. Pero especialmente era consciente que las niñas a partir de ese día le tratarían de diferente manera. Con el mismo cariño o mas pero con otro talante y estaba convencida que si el “gringo” las observaba a las tres se daría cuenta.
   Consiguió calmar a Negrita y luego con la tranquilidad que le caracterizaba fue relatándoles toda su historia. Les habló del “gringo” y las consecuencias que llevaron a tomar esa decisión. Las niñas con la sorpresa en sus rostros contemplaban a las dos adultas, mirando en una y otra dirección para cruzar sus miradas con Ana y luego con Negrita.
   Fue Guadalupe la primera en levantarse del sillón y con lágrimas en los ojos abrazarse a Negrita. Inmediatamente le siguió su hermana. Cuando los brazos de Negrita se abrazaban a su segunda hija Guadalupe se giró y fue a refugiarse en los brazos de Ana.
   Lloraron hasta desahogar su pena, su sorpresa y su convencimiento de la necesidad de guardar el secreto en ese reducido grupo de personas.
   Cuando las emociones y los sentimientos recobraron la normalidad comenzaron a preguntar a una y a otra, ansiosas por conocer hasta los últimos detalles. Fue Ana la menor de las dos la que explotó por el comportamiento de su padre biológico. Pero inmediatamente Negrita le detuvo.
   - Mi niña, el odio solo genera odio. No es buena persona pero por ello no debemos comportarnos como él. Es mas lindo compartir con la gente las penas y las alegrías y olvidarse de odios y rencores.
   Os convendría que os fijarais en vuestro abuelo. Mi Viejito, siempre compartiendo con todo el mundo, su alegría, su felicidad,  su corazón. Ese es el camino.
   A partir de aquella confesión las niñas tomaron otra actitud con la gente en general pero especialmente, para ellas, Negrita era algo más que su madre biológica.
   La celebración religiosa fue enternecedora. La carta escrita por las dos gemelas para leerla en el templo puso los pelos de punta a los asistentes y consiguió las lágrimas de sus dos seres mas queridos.
   Gonzalo captó en ese instante que sus pequeñas conocían la historia. Sin duda su hija se lo había confesado recientemente.      
   Lo comentó con Negrita y esta se lo confirmó de inmediato. Al mismo tiempo le mostró su preocupación. Estaba convencida que a partir de ese día la estancia en Puerto Viejo de las gemelas aumentaría su preocupación.
   - Allí sabe muy bien. Mi Viejito, que le leen el cuerpo. Son capaces de descubrir secretos no revelados lográndolo a través del lenguaje corporal. Estas niñas serán incapaces de ocultarlo.     
   Negrita confesaba sus temores. Por otro lado era cierto que no supieron nada del “gringo” desde el día de la fuga, pero Negrita sentía en el ambiente de Puerto Viejo que aquel hombre le controlaba de alguna forma. Gonzalo le tranquilizó asegurándole que esas sensaciones las creaba ella misma. Fueron muchos años de sumisión. Ahora y a pesar de haber transcurrido mas de ocho años, nadie había detectado la mínima presencia del personaje, o alguno de sus compinches.
Negrita se abrazó a Su Viejito, mientras se sumía entre sus brazos disfrutando del cariño que aquel personaje le proporcionaba. Se disculpó.
   Pero en el fondo de su alma sabía que esas sensaciones eran reales. Conocía demasiado bien al “gringo” para darse por vencido. Pero olvidó rápidamente sus temores. Deseaba captar todas las sensaciones que sus terminaciones de la piel le transmitían, al permanecer abrazada a Su Viejito. Su cariño, su dulzura, su generosidad, su entrega, hasta el calor de su cuerpo lo captaba para envolverle en una magia que cubría no solo su cuerpo sino su alma.
   Permanecían abrazados en el balancín de la piscina y esos momentos solo los habría cambiado por estar en las mismas circunstancias en su Puerto Viejo. Fue Ana quien rompió aquel momento sublime al llamarlos a cenar. Al día siguiente regresaban en compañía del Negro a su Costa Rica del alma, a su Caribe y más concretamente a su Puerto Viejo.
   Desde que las niñas supieron de labios de su madre, quien era realmente su progenitora, siempre que salían de casa o se retiraban a descansar iban indistintamente a Ana o a Negrita y se despedían hasta su regreso o hasta la mañana siguiente.
   Tras abrazarse a ambas posaban sus labios en la mejilla y a continuación y al oído, a la palabra de despedida, añadían mamá. Negrita se emocionaba cada vez que lo hacían y aunque siempre intentaba retener sus lagrimales en muy pocas ocasiones lo conseguía. Escucharles decir esa palabra tras ocho años le llegaba a alterar el corazón. 
   En el aeropuerto antes de entrar en la puerta designada a su vuelo se despidieron de la familia. Ana y Carlos les aseguraron que el mes de Julio lo pasarían con ellos en Puerto Viejo y por supuesto que las niñas les acompañarían.
   Ver Cahuita a la izquierda camino de casa les puso la piel de gallina
   Aunque le gustaba ir a España, o viajar de vez en cuando, regresar a sus orígenes era algo que transformaba a los compañeros de viaje de Gonzalo. Negrita giró la cabeza para observar a su escolta. Ahí les seguían desde la escalera del avión en Alajuela. Ni el presidente del país contaba con una escolta de ese tipo. Costa Rica era una nación pacífica y la violencia no era precisamente uno de los defectos de su gente, pero a Negrita le gustaba ver a los dos grupos vigilando sus pasos. Pero cuando mas agradecía su presencia era cuando se personaban las niñas por esas tierras.
   Detuvieron el coche frente a la cabaña y los tres se encaminaron hacia la playa. El Negro y Negrita irrumpieron en una carrera para ver quien conseguía mojarse primero en las aguas del Caribe. Gonzalo, con paso mas reposado les seguía sonriendo, lleno de la misma vitalidad que ellos pero sin posibilidades de conseguir que sus piernas le respondieran con la misma intensidad.  Intentó  dar  una  pequeña  carrera  pero fue iniciarla y sentir una pequeña molestia en el costado izquierdo. Se detuvo asustado y pudo comprobar como Negrita se giraba con el rostro desencajado.
   No le había visto pero por su reacción intuyó lo que le ocurría.
   Lo último que consiguió ver fue a Negrita correr hacía él mientras llamaba al Negro desesperada.
   Cuando Gonzalo recobró la conciencia una serie de tubos y maquinas lo rodeaban controlando hasta la última terminación nerviosa de su cuerpo.
Junto a su cama con el rostro preocupado y lleno de un amor profundo, su Negrita.
  - ¡Dios! Estoy en el cielo. Y el Señor me ha otorgado el ángel más hermoso del paraíso.
   Fueron las primeras palabras que le dirigió a su Negrita, quien con los ojos turbios por las lágrimas le suplicaba perdón.
- He sido una insensata. Mi Viejito no se lo que haría si no le tuviera. Perdóneme nunca debí correr y dejarle solo. ¿Mi Viejito podrá disculparme?
   Aquella criatura era capaz de hacerle sentir lo mismo que su querida Ana había logrado en sus años de matrimonio. En ese momento si no se hubiera encontrado en la situación que estaba tal vez hubiera cometido una locura. Le sonrió con el amor dibujado en su rostro, acercó sus manos para tomar la suya y luego la aproximó a sus labios para depositar un beso lleno de ternura. Negrita no paraba de llorar y aquel gesto alteró si cabe más todo su cuerpo.
   Permanecieron con las miradas clavadas, sin pronunciar una sola palabra pero diciéndose mil cosas con la expresión. Por fin fue Gonzalo quien rompió de nuevo el silencio reinante en esa habitación de cuidados intensivos.
   - Mi Negrita ni una sola palabra a la familia. Prométamelo.
   Pero el gesto de su cara reveló que era demasiado tarde. Le confesó que llevaba una semana sin recobrar el conocimiento y que sus hijos se encontraban allí. Ese infarto había sido muy grave y posiblemente le dejaría secuelas. No podía mover prácticamente la mitad de su cuerpo.
   Durante toda la semana había precisado respiración y alimentación asistida. Negrita  se  disculpó para salir y avisar a los familiares. A los escasos minutos entraba Ana con el rostro desencajado. En el se dibujaban los días de angustia y preocupación. Se acercó a su papuchi, posó con una ternura sobrecogedora sus labios en las mejillas, mientras un torrente de lágrimas se escapaba de los lagrimales.
- Papá. Mi papuchi. Mi Viejito. No nos hagas esto. Este mundo sin ti sería muy triste. 
   Los primeros ejercicios de rehabilitación los efectuó en el hospital. Negrita no perdió el tiempo ayudando al fisioterapeuta en la recuperación, al tiempo que le lanzaba mil preguntas.Le pidió bibliografía y paginas de Internet donde pudiera acceder para un mayor conocimiento de la rehabilitación. Ahora en la cabaña era ella quien la dirigía personalmente y con la ayuda de un cochecito de golf acercaba a su Viejito a la playa para proseguir la recuperación en el agua.
   Hubo días, que por el estado del mar, tuvo que contentarse con hacerlos fuera, pero siempre que podían los realizaban en su Caribe. Gonzalo fue consiguiendo cada día una mayor movilidad. Ya se podía desplazar sin la necesidad del carrito pero Negrita no le permitía excesos, al menos los primeros días. Las muestras de cariño y afecto de toda la población se hizo patente durante toda su recuperación e incluso recibió la visita del presidente del país.
   Don Gilberto se desplazó todas las semanas para interesarse personalmente por su evolución y el resto de los días no dejaba de telefonearle ni un solo día. Aquel personaje era venerado por la mayoría de la localidad y las autoridades lo apreciaban por su sencillez, por su labor en aquel rincón del país y como no por los consejos que recibían con asiduidad del genio de las finanzas españolas don Alberto. Sus consejos no solo les había solucionado la vida, posiblemente, de no cometer locuras sus descendientes disfrutarían del legado conseguido gracias a ese español.
   Puerto Viejo comenzó a perder algo de su encanto al dedicarle las autoridades una mayor atención. Sus infraestructuras mejoraron en los últimos años y su conexión con la capital del cantón Limón, se podía realizar sin sobresaltos sobre la calzada. Muchos nativos de la zona temían que esa mejoría pudiera romper el encanto de su zona sur. Pero también eran conscientes que quien controlaba esas tierras, al menos mientras viviera, conservaría la magia y esa armonía natural que poseía ese rincón del mundo.