viernes, 23 de noviembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XVIII-TODO ESTÁ PERDIDO


  Por fin llegó el decisivo lunes. Muy temprano un coche oficial del ejército se detenía frente a la puerta principal de hotel. José aguardaba en el vestíbulo, al verlo salió a su encuentro. Chang bajó, saludó y le invitó a subir para poner rumbo al aeropuerto.
   Antes de las diez, de esa mañana lluviosa del lunes, aterrizaban en el aeropuerto militar. Un coche oficial del ejercito les esperaba a pie de avión. Cuando sus pequeños equipajes se cargaron y subieron al vehículo emprendieron la marcha con destino a la sede del gobierno. Tras salvar el primer control se detuvieron en la puerta principal, comprobaron sus identidades y entraron en el recinto. En el acceso al edificio un soldado les abrió la puerta y fueron conducidos hasta un despacho, donde les indicaron con amabilidad, esperar. Traía el informe encargado a la empresa y los datos reflejaban lo intuido dándole la razón esos papeles. Ahora era necesario conseguir, que esos extremistas, reaccionaran y aceptasen negociar.
   Por fin, tras dos largas horas de espera, les hicieron pasar a una gran sala de juntas. El primer ministro no estaba solo. Le acompañaba el ministro de defensa y varios asesores de éste. Unas quince personas se reunieron, incluidos los dos amigos.  “Al menos esto va en serio” Pensó al ver aquel plantel de altos mandos. La lucha dialéctica sería dura, sin lugar a dudas, pero al menos despertó el interés. Le rogaron comenzar su exposición. Estaba muy concentrado, sabía que en esos momentos su intervención podría decidir entre la paz o de nuevo la inestabilidad. Pero no le temblaron las piernas. Con una de sus mejores intervenciones expuso con claridad y realismo la situación. Aquellos personajes escuchaban atentos los planteamientos de aquel brillante doctor. No le interrumpieron para nada, haciéndole temer una estrategia preconcebida en el grupo. Y no era  buena señal. Pero prosiguió seguro de sí mismo hasta concluir. Al presentar el informe sobre la encuesta realizada notó a dos o tres de los presentes hacer aman de preguntar, pero al cruzar su mirada con el ministro del ejercito, adoptaron de inmediato una posición de escucha. Ahora no había duda, aquel grupo estaba cerrado a una determinación previa y todos los esfuerzos realizados previamente para informar y exponer no tendría gran valor. Su postura estaba decidida con antelación. 
   - Su exposición, sus propuestas y el trabajo realizado son dignos de los mejores negociadores diplomáticos con los que he tratado. Hemos escuchado atentamente su posición. Ahora...
   - Perdón que le interrumpa. He de matizar que no es mi exposición, es el sentir del pueblo y creo sinceramente no inclinarse hacía ninguna de las partes.
   - Esta bien Esta bien. De nuevo tiene razón. Pero si nos permite el ministro de defensa le explicará cual es la posición de este gobierno.
   José volvió a disculparse y escuchó atentamente los razonamientos de aquel general, ministro de defensa. Conforme le escuchaba el desánimo iba apoderándose de su ser. No podía comprender como se podía ser tan ciego. Tras cerca de cincuenta minutos, escuchó, estoicamente el discurso del general en cuestión, estaba seguro de una cosa. No estaban negociando. Simplemente exponían su opinión y su postura inflexible. La última parte de su discurso era la única con tintes negociadores. Era referente a la iniciación de procesos judiciales a ciertos gobernantes de la región por excederse en sus atribuciones. No era mucho pero tal vez si la justicia se daba prisa tendría algo que ofrecer a la guerrilla. Solo pensaba en ganar algo de tiempo. De lo contrario todo se perdería. La condición impuesta para poder negociar el plan de paz, era entregar las armas, sin condiciones, por parte de la guerrilla  y José sabía que esa cuestión, sin algo importante a cambio, no era negociable por la guerrilla. Estaban imponiendo sus posiciones sin ceder nada. Salió destrozado, principalmente por el desánimo y la impotencia de resolver de una vez por todo ese maldito conflicto. Telefoneo a Caterine. No iría directamente, pues volaba antes a la otra ciudad para comunicar a los dirigentes de los guerrilleros la marcha de la negociación. Caterine colgó el teléfono y dirigiéndose a Neus comentó.
   - Me van a matar a este hombre. Si no fuera por él ahora mismo le pediría regresar a New Ville y los mandara a freír espárragos.
   Estaba indignada. No había derecho que no tendieran un poco la mano para tratar de solucionar la situación. Mientras volaba a su nuevo destino, por medio del teléfono contactó con varios amigos. Era necesario movilizar a la gente, pero en esta ocasión no bastaría con cuatro o cinco centenas de millar. Se debía lograr una manifestación fuera de lo normal. Debían ser simultaneas y en principio se desarrollarían en la capital, en la ciudad donde se encontraba la Fundación y en la ciudad sede de los guerrilleros. Pero recalcó la necesidad de desarrollarse de forma similar a la espontánea del pueblo. Evitando cualquier tipo de violencia o de proclamas contra nadie. La paz era el único lema. La única palabra a escucharse en esas manifestaciones.
   Antes de llegar el vuelo a su destino, recibía las primeras llamadas confirmando la puesta en marcha de la maquinaria. Y especialmente en la ciudad de La Fundación todo el mundo acudiría. Las aldeas cercanas y no tan cercanas se adherirían.
   Cuando José terminó de exponerles el desarrollo de la negociación con el gobierno parte de los componentes se levantaron de la mesa y abandonaron la reunión. Uno de ellos, aseguró mientras se marchaba.
   - La guerra es inevitable y, mañana mismo serán conscientes de  no hablar al aire. Lo comprobaran con hechos.
   Trató por todos los medios de convencerlos, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Por lo visto nadie tenía paciencia para algo tan trascendental. Aunque el líder de la guerrilla le prometió tratar de calmar los ánimos. Regresó en su jet, a media noche, sin estar nada convencido. Menos de una hora le llevó encontrarse con su mujer. Le había telefoneado y le esperaba impaciente en el hotel. Cuando entró en la habitación no supo que decir, comprobó como su marido entraba llorando a lagrima viva. La impotencia había conseguido su desmoronamiento. Algo jamás vivido hasta la fecha por ella. Se abrazó, con ternura lo acariciaba, le besaba y en absoluto silencio le dio tiempo para desahogase de toda la tensión, rabia e impotencia Mientras sus increíbles ojos azules se bañaban en lágrimas. Ver a su esposo en ese estado le encogió el corazón. Deseaba gritar. Maldecir. Pero era una mujer inteligente. Perder los nervios empeoraría el estado de ánimo de su marido. Cuando la calma regresó a la pareja el teléfono los sorprendió. Eran cerca de las cinco de la madrugada. Las piernas se le aflojaron hasta el punto de tener que sentarse en la cama para no caer. Se imaginaba lo peor. Rogó, a Caterine, con voz temblorosa, contestar.
   - Es el hermano de Chang, desea hablar contigo.
  Extendió la mano y se colocó el auricular en la oreja. Su interlocutor le informó de las intenciones de una facción de la guerrilla. Sobre las trece horas de ese día se produciría un grave atentado en un restaurante céntrico de esa localidad. Donde se celebraba un homenaje a unos militares y donde habría cerca de medio centenar de fuerzas del ejército. Entre ellos muchos altos cargos.
   - Mi hermano Chang estará entre ellos.
   José se recuperó sorprendentemente, no eran momentos de flaqueza, Se debía actuar rápidamente. De producirse sería el fin a cualquier tipo de negociación.
   - No sé si podré detenerlo pero estaré allí. Si mi vida puede impedir una guerra entre estas gentes la ofreceré sin vacilación.
   Terminada la conversación colgó. Si en ese atentado moría él, el pueblo se pondría en contra de la guerrilla y probablemente eso terminaría con ella. El hermano de Chang era consciente de ello. Pero no llegaba a comprender como un extranjero era capaz de sacrificar su vida por unas personas tan lejanas a su país. No perdió un solo segundo, inmediatamente fue a comunicárselo a su líder. La plana mayor de la guerrilla se movilizó de inmediato, estaba claro que si se producía la muerte del “Salvador” toda esperanza de conseguir sus propósitos se desvanecerían por completo.
   - Quiero ir, contigo, José.
   Fueron las primeras palabras de Caterine cuando su marido colgó. Se abrazó inmediatamente, mientras le susurraba inundada por un amor infinito hacía su esposo.
   - Sabes muy bien que tú eres mi única razón de vivir. Sin ti no sería nada. Quiero estar contigo y si nos hemos de ir, prefiero hacerlo a tu lado.
   Por lo visto las únicas personas aún con cordura en ese país era precisamente nuestro matrimonio. No consiguieron acostarse, ninguno de los dos tenía sueño. Se metieron en el aseo, llenaron la bañera. Conectaron el hidromasaje. Desnudos y abrazados se dejaron acariciar por las cálidas burbujas de agua y las caricias de sus manos. Bajaron a desayunar. Subieron de nuevo a la habitación y se vistieron de gala. Un taxi les llevó al restaurante en cuestión. Descendían del vehículo para acceder al restaurante cuando dos nativos, guerrilleros sin dudas, les rogaron no hacerlo. Pero hicieron caso omiso del consejo. Como relámpagos desaparecieron del lugar. No había dejado Caterine el chal, en guardarropía, cuando les informaron de la manifestación junto al restaurante. La policía era alertada y se desplegaron con rapidez. Más de diez mil personas se concentraron en el gran parking del restaurante y con una sola consigna en sus labios. Paz. Caterine y José salieron a la puerta para comprobar la grandeza del pueblo, uniéndose a ellos Chang. De inmediato comprendieron. La colocación del artefacto no la pudieron impedir e intentaban persuadir a los guerrilleros encargados de hacerla estallar que desistieran o muchos de los su seres queridos morirían en el atentado. “Dios”. “Como se puede ser tan ciego con un pueblo como este”. Se preguntaba José emocionado y con el cuerpo encogido ante el comportamiento de esa gente. Pudo ver al hermano de Chang entre la masa, y al resto de su familia. Se acercaron a ellos y el guerrillero al abrazarse le susurró al oído.
- Si eres capaz de dar la vida por mi pueblo yo te ofrezco la mía. Nos has dado una lección que no podremos olvidar en toda la vida.
   Se limitó a sonreír. Se dirigió a Chang suplicándole, evitar cualquier actuación policial contra el pueblo.
   La comida se celebró en el interior no exenta de tensión. Cuando terminó y los militares abandonaron el lugar, la manifestación se deshizo pacíficamente regresando a sus hogares.



viernes, 16 de noviembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XVII-LAS PRIMERAS DIFICULTADES



   Al presentarse en la Fundación, la gente no podía dar crédito a su liberación. Se armó un gran alboroto, y pronto, toda la ciudad era consciente de la iniciativa tomada por la guerrilla. No tardaron en presentarse los cónsules de España y Francia, así como la máxima autoridad política de la ciudad. Y. ¿Cómo no? La presencia del comandante en jefe de las fuerzas gubernamentales hacía acto de presencia en los salones de la Fundación. José convocó una rueda de prensa. Las televisiones de varios países permanecían expectantes y no menos los medios radiofónicos y de prensa. Pero no quiso comunicar nada sin reunirse con Chang. Lo hicieron en el despacho de dirección. La conversación fue fluida y en algunos momentos algo tensa. Chang tiró mano del teléfono en varias ocasiones y por fin tras duras negociaciones optaron por realizarla, aunque le pusieron algunas condiciones. José las sopesó viéndose obligado a aceptar, pero como contrapartida logró el desplazamiento, del primer ministro, a la localidad de la Fundación esa misma tarde para reunirse y discutir el plan de paz. Salieron conversando amigablemente y con el semblante sonriente. Debían dar muestras de serenidad, pero sobre todo de credibilidad. Las cámaras fotográficas se disparaban. La televisión captaba los primeros planos de los rostros de los conferenciantes. Los comentaristas relataban la relajación en los rostros y el talante jovial de los personajes. Pero no se aventuraron a adelantar acontecimientos. Al tomar posesión en los asientos el silencio se rompía por el clic de las cámaras. José comenzó a relatar con bastante realidad lo sucedido. Omitió parte de su discurso pensado para la parte dura de la guerrilla con el propósito de convencerles de su imparcialidad. Pero esos apartados los pactó con el primer ministro a condición de su presencia para negociar esa misma tarde. Su habilidad natural consiguió reflejar la buena voluntad de la guerrilla para conseguir la paz en la zona. Pero mostró la firmeza de las fuerzas gubernamentales. Petición expresa del primer ministro. Fue una rueda de prensa dura. Se desenvolvía mucho mejor sin ocultar datos, pero gracias a los grandes esfuerzos de concentración, realizados a lo largo de cerca de noventa minutos, salió airoso dejando satisfechos a todos. Finalizada la rueda de prensa, a los pocos minutos, en la calle comenzó a organizarse una manifestación espontánea, en apoyo de aquel personaje y a su plan de paz para la región. Hubo vítores para la guerrilla y las fuerzas del orden comenzaron a tomar posiciones. Chang advirtió a su amigo su temor de  finalizar sea manifestación por cauces violentos nada favorecedores a su propuesta de paz. Pudiendo crear heridas de difícil curación. Sin pensarlo dos veces, salió a la calle, a su derecha iba Caterine, a su izquierda su amigo, quien desoyendo los consejos de sus asesores le apoyó para tratar de orientar aquella incipiente manifestación. Estaba orgulloso de su amigo Chang, se estaba jugando mucho, incluso la vida. En un vehículo descapotable y provisto de megafonía alentaba a la gente a manifestarse pacíficamente. Sin proclamas sin signos, y en silencio. La gente aceptó de inmediato la propuesta de aquel hombre. Hubo momentos de tensión como consecuencia de algún grupo extremista, pero el Señor estaba de parte de José y el mismo pueblo les obligó a callar. El vehículo marchaba al frente de la improvisada manifestación. El aumento del número de participantes se producía a cada paso. La gente salía a los balcones, para inmediatamente bajar y unirse. Estaban hartos de peleas y de abusos. Deseaban ciegamente la paz. Sabían el valor de la misma y los problemas ocasionados en el anterior enfrentamiento. Su nivel de vida había subido de forma espectacular en esos últimos años y en gran parte se lo debían al personaje. Unas mil personas componían la incipiente manifestación, pero cuando llegaron al centro de la ciudad, frente a la sede de gobierno de la villa era difícil de determinar el número, de personas congregadas. Alguien pronunció la palabra, Paz, y de inmediato toda la gente comenzó a vitorearla. Cuando Chang y José se asomaron al balcón del edificio oficial de la ciudad, la gente guardó un silencio sepulcral. Dejó pasar unos segundos para asimilar esa paz e inició un discurso de impactó hacía los sentimientos de los presentes. Los medios de comunicación no perdieron detalle del acto improvisado por el pueblo y por el personaje, admirado y querido por todos. El discurso lo finalizó con las siguientes palabras.
   - Os doy las gracias, porque el pueblo conseguirá la paz.  Os ruego el regreso a casa de la misma forma. En silencio. Mostremos al mundo con nuestro comportamiento cual es nuestro único y último objetivo. Vivir en paz. Como os pedí al principio no quiero aplausos. El silencio y el civismo es el mejor homenaje para este gran pueblo. 
   Con un increíble silencio se deshizo la manifestación. Los informadores estaban perplejos ante el poder de comunicación del “Salvador”. Ese hombre volvía a sacar al pueblo de un posible enfrentamiento. Cuando la plaza quedó vacía le temblaban las piernas. Miró a su amigo y uniendo sus manos en un apretado saludo se congratulaba  del triunfo logrado.
   - Sin duda es la primera batalla ganada al gobierno para conseguir el objetivo del plan de paz.
   Le aseguró mientras se abrazaba entusiasmado, por tener la dicha de compartir con ese hombre su amistad. Regresaron en coche al cuartel general del ejército. Donde Chang tenía su despacho y dentro de unas horas recibirían al primer ministro. La espera se hizo larga al no tener a Caterine a su lado. Ella y Neus optaron por regresar a la Fundación y pasar la tarde hasta su regreso.
   Un helicóptero del ejército aterrizó en el patio interior del cuartel. Chang aguardaba a pie del aparato a la segunda autoridad del país. Una compañía presentaba los honores militares a tan alta autoridad. Tras las correspondientes presentaciones se desplazaron conversando hasta el despacho del comandante. Ambos dirigentes permanecieron reunidos por espacio de unas horas. José aguardaba pacientemente. Por fin un soldado le avisó para acudir donde le esperaba su amigo y el representante del gobierno. Los saludos y presentaciones oportunas dieron inició a una dura negociación. José insistía en la necesidad de mostrar un gesto a los guerrilleros. El gobierno tenía la posibilidad de demostrar al pueblo su intención de terminar de una vez por todas con la inestabilidad. Y que mejor muestra, liberando a los guerrilleros detenidos. Pero pronto se dio cuenta de no ser negociable, al menos por el momento, ese tema. Expuso los problemas de abusos existentes en la región, siendo uno de los detonantes para conseguir la guerrilla el apoyo popular. La negociación fue enormemente dura. José empleó sus dotes de negociador para progresar, pero no estaba por la labor de ceder en nada.
  Cuando se despidieron tan solo consiguió la promesa de investigar las irregularidades comentadas y  transmitir al gobierno las inquietudes y los planteamientos del plan de paz. Mientras regresaba a la Fundación para reunirse con Caterine los ánimos los tenía por los suelos. Convencer de nuevo a la otra parte para mantener la serenidad y no romper la tregua, no iba a ser fácil. No le había dando armas para planteárselas como contrapartida a sus cesiones. La guerrilla prometió parar toda acción hasta ver el resultado de las negociaciones con el gobierno. Y ahora solo les podía ofrecer la buena voluntad del primer ministro en investigar esas irregularidades y la promesa de una nueva reunión en la capital la próxima semana. Tal vez esa esperanza de una nueva reunión le permitiría un pequeño margen de maniobra para detener cualquier acción perjudicial o irreversible para la aplicación del plan de paz. 
   Cuando Caterine vio a su esposo se lanzó como una chiquilla a sus brazos. Pero cuando pudo ver su rostro se entristeció. Lo intuyó de inmediato. Las negociaciones no fueron como esperaba y deseaba su marido. Se abrazó con toda su ternura, besándole con verdadero afecto y cariño, evitando todo sentimiento de pasión. Consciente del estado de ánimo de su esposo. Por eso, se limitó a estar junto a él. Intuía lo sucedido y, por tanto, lo mejor era no preguntar. José le miró. Sonrió. Tenía una mujer maravillosa y le conocía a las mil maravillas. Se abrazó y decidieron irse a un restaurante a cenar. Fue ella quien eligió el local. Tranquilo, alejado del centro de la ciudad, y ambientado con música de un piano controlado por unas expertas manos encargadas de deleitar a los comensales con melodías del momento. A cada cruce de mirada con la de su esposa, la dulzura de su rostro, el cariño brotando de su sonrisa le fueron levantando el ánimo, hasta tal punto de olvidar por completo los problemas del día.
   Durante la sobremesa, se levantó, tomó la mano de Caterine y le invitó a bailar en la pequeña pista cercana al piano. El baile no era precisamente una de las actividades preferidas. Pero sin duda su esposo deseaba compensar su delicadeza al no preguntarle nada sobre lo ocurrido en esa reunión, a pesar de ser una mujer muy curiosa. Y embriagada de amor y pasión por él le susurro al oído.
   - Te quiero cada segundo más.
  Se iniciaban los primeros pasos de baile. Se deslizaba por la pista sintiendo su calor, su fragancia, la dulzura de su voz acariciando su oído. Le estrecho fuertemente entre sus brazos mientras comentaba
   - El compartir mi vida contigo estos últimos meses ha supuesto una de las etapas más maravillosas y deliciosas de mi vida. Te quiero.
   Ella se abrazaba con más fuerza a su cuerpo. Una sensación placentera recorría su silueta desde los pies a la cabeza. Adoraba a ese hombre como a nada ni a nadie había querido en su vida. Atento hasta el mínimo detalle, capaz de captar cualquier necesidad pero sobre todo su capacidad de perdón con todo el mundo. Esa incapacidad de su esposo de odiar era algo que le cautivaba de forma especial. Abrazada a él hasta tal punto de resultar difícil determinar donde se iniciaba un cuerpo y donde acababa el otro. A su cerebro le llegaron ondas de otros tiempos. Recordaba a ese desconocido en aquella sala del hospital. No tuvo el menor reparo en conversar con ella. Era la primera vez que no se sentía rechazada desde hacía mucho tiempo. La cortesía y educación cuando le hablaba. Abrazada a él sonrió. En esos momentos le vino a su mente el enfrentamiento con los empleados del hotel pretendiendo echarle. No recordaba otro momento de su vida tan enfadado como aquel. “Dios”. Como adoro a este hombre. Fue una velada encantadora. Los recuerdos inundaban su mente y se sentía enormemente feliz. No permanecieron mucho tiempo, debían regresar al hotel y descansar. Al día siguiente debía viajar a la población donde Caterine y Neus fueron retenidas para exponer a la otra parte la conversación y los pequeños avances conseguidos con el primer ministro.
   No iban a poder estar juntos, pues se pasaría el día reunido con los diferentes grupos. Conversaron y se convencieron mutuamente sobre la conveniencia de viajar solo. Optó por coger el avión para evitar excesivas horas fuera de su compañía. Les hubiera gustado viajar juntos pero las circunstancias en soso momentos mandaban Resignándose ambos con lo más conveniente.
   El hermano de Chang le esperaba en el aeropuerto. Se saludaron y José fue sincero con su amigo. No se había avanzado casi nada, pero mostró su interés para conseguir apoyó al menos, hasta la siguiente reunión.
   Ese día fue de los más duros en su larga vida. Le costó convencer algunos componentes, tenían toda la razón. Habían cedido en mucho y la parte gubernamental en nada. Pero gracias al hermano de Chang consiguió mantener las cosas en calma hasta su nueva reunión con  el primer ministro.
   Quedaban cinco días y era necesario presentar pruebas patentes, a la parte gubernamental, que de no mover fichas los perjuicios en cuanto a popularidad en aquella importante región disminuirían considerablemente. Contactó con una empresa para realizar un estudio en tres días y reflejar en papeles todo lo sentido por las gentes de aquella nación. No podía presentarse sin algo para hacerles reflexionar al menos y  buscar la posibilidad de ceder en algo con rapidez. Cada día transcurrido el tren de la paz iba pasando y no quedaban muchos vagones. Regresó a casa agotado, pero contento. Con la excepción de una de las facciones de la organización revolucionaria, el resto aceptaron sus propuestas. Pero la batalla estaba ahora en el otro bando. Si el gobierno no se movía el otro grupo no tendría paciencia.
   En el aeropuerto le esperaban Neus y Caterine. Habían pensado ir a cenar a un lugar tranquilo. Pero antes le acompañaron hasta el cuartel general de ejército. No había tiempo y la parte gubernamental debía y tenía la obligación de reaccionar.
   La conversación con Chang duró un par de horas. José insistía.
   - Precisamente de tiempo, andamos escasos.
    Debían moverse con rapidez, pero al mismo tiempo midiendo los pasos dados.
   - Estamos en un campo minado. Hay que salir pronto de él, pero sabiendo muy bien donde pisamos. 
   Añadió cuando se despedía de su amigo y regresaba junto a sus compañeras para relajarse y llenar sus hambrientos cuerpos. De nuevo fue una velada encantadora. Aunque a José no le agradaba mucho trasnochar reconoció a sus compañeras la necesidad de esas dos últimas noches de tranquilidad. De no haber contado con ellas con toda seguridad habría explotado. Aquella situación era excesivamente tensa como para aguantar sin un pequeño relax. Decidieron regresar andando. Las dos cogidas de su mano paseaban orgullosas por el paseo principal de la ciudad. La felicidad de esos momentos compensaba todos los sudores de ese día. 

viernes, 9 de noviembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XVI-EL ENCUENTRO


   La circulación por la ciudad coincidió con la desaparición paulatina de la luz natural en el horizonte. Al mismo ritmo el alumbrado público le sustituía dándole otra luminosidad, otra percepción, otra vida diferente a la población. La variedad de coloridos proporcionados por la luz artificial, sus cambios, sus diferentes intensidades, su variedad, sus fases, su ritmo, presagiaban la felicidad que paulatinamente iba inundando su corazón. Encontrarse con Caterine después de esos días en el infierno era algo que ahogaba su ser de dicha.
   Desgraciadamente la circulación era lenta. Hora punta. La gente salía de sus trabajos, para regresar a casa, descansar, o realizar las últimas compras del día. Se cruzaron la ciudad de este a oeste y por fin en aquel barrio residencial la fluidez del tráfico permitía transitar sin dificultad. Rodaron por amplias vías, hasta detenerse frente a una gran puerta. Se abrió y dos vigilantes dieron acceso al vehículo pesado. Entraron en unos grandes hangares y cuando el camión estuvo a cubierto las puertas corredizas se cerraron. Los viajeros descendieron encaminando sus pasos a una lujosa casa, ubicada en el interior del complejo industrial. Fueron testigos de la enorme vigilancia existente en el recinto. Nada más cruzar el umbral de la vivienda el servicio les atendió con exquisitez y les hizo pasar a un salón donde se sentaron y aguardaron la presencia del anfitrión. Unos minutos de espera, para acto seguido personarse un hombre de escasa estatura, elegantemente vestido y de una refinada educación. Hizo los honores a los visitantes, se saludaron y aquel personaje entabló conversación con el hermano de Chang. Poco a poco fue informando de varios aspectos, pero hizo un pequeño paréntesis para explicarle, el porqué, de la presencia del personaje, mientras le revelaba su identidad. Aquel hombre había oído hablar mucho de José, pero no había tenido el placer de conocerlo. Se aproximó y tendiéndole la mano comentó.
   - Es un verdadero placer conocer por fin a la persona que tanto ha hecho por nuestro pueblo. Es un honor acogerle en mi humilde casa.
   José respondió a la cortesía. Estuvo en un trís de preguntar por Caterine, pero el gesto del hermano de Chang le retuvo y aguardó a que el anfitrión tomar la iniciativa. Unos segundos de silencio para sorprenderlos.
   - Voy a tener el placer de presentar a dos invitadas encantadoras. Están pasando unos días con nosotros y según mis fuentes las conoce de algo.     
   En ese preciso instante la puerta del salón se abrió y la adorable figura de Caterine, en compañía de Neus, se hizo presente. Al ver a José se lanzaron a sus brazos, como dos pequeñas, tras su primer día de colegio, al ver a su madre esperándoles en la puerta. La felicidad de aquellos instantes era indescriptible. Con discreción el anfitrión y sus compañeros se retiraron abandonando la habitación y dejando la emotividad de ese instante intacta.
   Trascurridos los primeros momentos las emociones, tensiones y temores padecidos esos últimos días se desvanecieron. Ahora estaban juntos, se podían abrazar y sentirse. Se acomodaron en los sillones e iniciaron el relato de esos días separados. Las trataban como autenticas princesas. En ningún momento sufrieron la menor violencia física. Les tranquilizaron en primer lugar para rogarles subir al coche y trasladarles a esa ciudad. Gozaban de todo, con la excepción de poderse comunicar con el exterior o la posibilidad de salir de aquel palacio. José por su parte les relató el calvario pasado desde su desaparición y como consiguió llegar hasta ellas. Les previno. “Su libertad no iba a ser fácil”. Había ciertas circunstancias y situaciones causantes de impedir una salida rápida a esos momentos desagradables. Pero lo importante se decían era estar juntos y ya era mucho. Esos días separados supusieron un infierno y ahora mejoraba considerablemente.  
   Una hora larga de rencuentro los mantenía abrazados cuando unos leves golpes en la puerta los interrumpió. José se separó para atender la puerta e invitar a los anfitriones a entrar. Reanudando la conversación entre los presentes.
   - Le diré, muy a pesar mío, que de momento no podrán abandonar esta casa. Pueden pedir cuanto deseen, con dos únicas excepciones. Mantener contacto con el exterior o tratar de salir. Siento, de corazón, actuar así. Usted es admirado por todos nosotros pero las circunstancias mandan. Pero quiero hacerle saber nuestro máximo interés en tratar con todos los medios a nuestro alcance resolver la situación.
   Continuaban conversando cuando el servicio entró con discreción.
   - Cuando lo deseen. La cena está lista.
   La mesa estaba preparada hasta el último detalle. Compartiendo la velada en armonía. Se habló especialmente de la Fundación de su enorme influencia en la sanidad pero sobre todo en la calidad de vida proporcionada a infinidad de hogares
    Tomaron café y otras infusiones se realizó, tras la cena, en el salón...
   José expuso al anfitrión la propuesta comentada con el hermano de Chang. Tratar de poner en contacto a las dos partes para resolver las diferencias y evitar de nuevo una guerra  con consecuencias desastrosas para aquel rincón del mundo. Los planteamientos y la estrategia montada por el famoso personaje le parecieron correctos, pero no estaban solos.
   - Sus planteamientos son altamente interesante. Mañana nos reuniremos con las otras fracciones para ponernos de acuerdo.
   Como era muy tarde y especialmente los viajeros estaban fatigados el anfitrión optó por proponer retirarse a las habitaciones y descansar. Al día siguiente les esperaba una dura jornada con la explicación del plan de paz.
   Caterine y Neus solicitaron estar juntas a su llegada. Ahora Neus cedió su lugar a José, aposentándose en el designado a él. Fue una noche apasionada. Tres eternos días separados, se convirtieron en un infierno, después de compartir durante más de un año los días, las horas e incluso los minutos juntos.
   Al abrir los ojos esa mañana se encontró con el rostro de Caterine contemplando sus sueños. De inmediato llegaron a su mente esos recuerdos vividos con su madre cuando ambos eran adolescentes, sonrió aproximó sus labios, desatándose nuevas escenas de compartir sensaciones. Al bajar al comedor, el resto del personal había concluido su desayuno. Se sentaron y de inmediato el servicio les ofreció los diferentes alimentos preparados para esa primera comida del día.
   Repuestas las fuerzas para afrontar una nueva jornada salieron al jardín. Bajo unos grandes cenadores, conversaban los otros huéspedes con el anfitrión. Era distendida e incluso divertida, pues pudieron escuchar a Neus reírse en varias ocasiones. Saludaron con la cortesía requerida por la situación involucrándose en la conversación.
   A las doce de esa mañana se reunirían con varias personas en uno de los salones para ultimar todos los detalles sobre la posible negociación con la parte gubernamental y zanjar de una vez por todas las diferencias. José se ofreció como mediador. Todos confiaban en el personaje y los dos bandos eran conscientes del peso específico, del personaje en cuestión, en su pueblo.
   - Me tenéis a vuestra disposición.
   Confirmó, cuando le propusieron la asistencia a la reunión, mientras conversaba con naturalidad. Se tocaron temas a tratar en la reunión y José aseguró no encontrar tantas diferencias entre unas posiciones y otras.
   Al principio, el ambiente en el salón fue enormemente tenso. José fue consciente. Si no actuaba con rapidez y eficacia, todo esfuerzo por llegar a un acuerdo sobre una posible negociación se iría al traste sin remisión. Con gran dificultad para volver a retomar la iniciativa.
   - Les expongo el plan propuesto. Creo, con sinceridad, no hallar tantas diferencias.
   Su intervención llegó en el momento oportuno, cuando cada uno tiraba hacía sus intereses, olvidando la verdadera cuestión del problema. Con gran habilidad y diplomacia consiguió llevar aquella reunión a los cauces que le interesaban. La tensión de la sala iba cediendo, pronto se dio cuenta de estar haciéndose con los presentes. Verdaderamente estuvo brillante y cuando finalizó su intervención consiguió arrancar unos aplausos del grupo. Su plan suponía ceder en algunas cosas pero en líneas generales satisfacía las principales peticiones. Si la parte gubernamental estaba de acuerdo no habría problema para solucionar las diferencias.
   - Ahora buscaremos el interlocutor valido.
   Se pudo escuchar en uno de los presentes. Por lo visto se incorporó tarde a la reunión. El resto aseguró no encontrar mejor interlocutor que el padre del plan. Además de conocerlo era un personaje aceptado sin reparos. El peso especifico de José entre las autoridades y el aprecio popular, eran cartas de presentación insuperables por ningún otro. Una de las condiciones previas del plan fue la de mayor discusión. José abandonó la reunión para  dejarlos debatir. Las condiciones para presentar el plan a la parte gubernamental consistían en liberar a las dos mujeres como muestra de buena voluntad. En el momento de abandonar el salón comenzaron las discusiones. Unos alegaban que si daban una muestra de buena voluntad, la otra parte también podría hacerlo liberando a sus guerrilleros. Se hizo la hora de la comida Caterine, José y Neus entraron en el comedor para reponer fuerzas. En el salón proseguían las discusiones y al servicio le tocó llevar bandejas con alimentos y bebidas para toda esa gente. Llegó la hora de la cena y tres cuartos de  lo mismo. Cenaron en el comedor mientras los reunidos lo hacían en el interior del salón. Tomado desde las doce de ese día.
   Se disponía a ir a sus habitaciones cuando la puerta del salón se abrió y le rogaron entrar, para comunicarle el acuerdo logrado. Al regresar a la habitación donde le esperaba Caterine estaba agotado. Había triunfado en su primer asalto, pero ahora le tocaba afrontar la parte más difícil, negociar con el poder. Caterine estaba orgullosa de aquel hombre con quien compartía su vida. Se abrazó a él y recostaron sus cuerpos para descansar, después de aquel día agotador. Era necesario recuperarse y poder estar lo más despejado posible para afrontar la negociación con la otra parte.













miércoles, 31 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR- TERCERA PARTE CAPITULO XV- UNA ESPERANZA


   Durante las cuarenta y ocho horas siguientes a la desaparición. José no paró, ni un solo segundo, tratando de contactar con los secuestradores. Estaba agotado, llevaba cerca de tres días sin dormir, pero el insomnio no era la razón de su aspecto macilento. La tensión por no ver una pronta solución estaba haciendo mella y comenzaba a desmoronarse.
   Regresaba de una granja humilde donde le aseguraron tener posibilidad de contactar, pero una vez más, aquella esperanza supuso una nueva decepción. Estaba bastante desanimado. Al llegar a una curva detuvo el vehículo, a petición de su acompañante. Bajaron para pasear, conversar y estirar un poco las piernas mientras contemplaban la panorámica de la ciudad. Era consciente de la vigilancia de sus movimientos. Un coche les estuvo siguiendo desde la mañana y en esos momentos se detuvo a unos cuantos metros de ellos. Sin duda el estado de vigilancia  impedía entablar contacto. Se sentó sobre un tronco mientras contemplaba el maravilloso espectáculo de aquella parte de la Naturaleza. De pronto escuchó algo bajo sus pies. Escondido entre la maleza del precipicio algo se movía. Se quedó petrificado, pero reaccionó con naturalidad. De lo contrarío sus vigilantes se darían cuenta. Con parsimonia, se levantó, caminó unos pasos a derecha e izquierda, y luego se perdió entre la maleza de la vegetación.
   Se trataba de un niño, invitándole a seguir sus pasos. Se adentraron en la selva y tras caminar unos minutos llegaron a unos escondrijos bajo tierra. El pequeño levantó unos ramajes del suelo y le invitó a bajar. Una escalera apareció al quitarlo. Al desaparecer José, el niño volvió a colocar las ramas y salió corriendo del lugar, las escaleras se terminaron. Siguió por un laberinto guiándose por la luz de unas antorchas indicadoras de la ruta a seguir. Estaba emocionado. Sin duda  iba a conducirlo ante personas con algún tipo de información sobre el paradero de su esposa. El esfuerzo de esos tres días no fue inútil. Se asombró al comprobar la tranquilidad y la felicidad producida al seguir aquel interminable camino subterráneo. Al final se podría encontrar con la privación de su libertad, pero no llegó ni siquiera a pensarlo. Estaba seguro de encontrar el camino para reencontrarse con Caterine y siguiendo fielmente esa intuición continuó sin titubeos. De pronto las luces desaparecieron. Algo le indicaba en su interior la necesidad de continuar. Con el tacto de sus manos reanudó de inmediato la marcha. No volvió a encontrarse ninguna otra posibilidad de ruta.
  Al llegar a una gran sala, algo, seguramente una puerta, sé cerró tras de él y aquel recinto se iluminó. La primera luz le deslumbró, cerró los ojos y volvió a abrirlos lentamente. Ante él un guerrillero con el subfusil montado le ordenaba caminar delante de él. No pronunció palabra se adelantó y obedeció. De nuevo un infernal laberinto completamente a oscuras se presentaba ante él. La linterna, portada por el guerrillero, le indicaba el camino a tomar. Iba con paso firme y seguro, intuía la cercanía del momento de ver a su mujer y el solo hecho de pensarlo todo desanimo y fatiga desaparecieron de su cuerpo. Caminaron por sinfín de pasadizos y pronto comenzó a notar la presencia de más hombres armados. Se estaban acercando al final de su paseo nocturno. Llegó a una nueva sala iluminada. Tres puertas daban al recito, y las tres custodiadas por guerrilleros. Uno de los centinelas abrió una y con un gesto brusco le hizo entrar. A continuación la cerró. No había quitado la mano de la puerta cuando una voz potente, de mando, ordenó volverla a abrir. Estaba desconcertado, conocía perfectamente esa voz y cuando dirigió su mirada, se quedó perplejo. Se trataba del hermano menor de Chang. La puerta se abrió de inmediato y encolerizado como jamás había visto a una persona se dirigió al guerrillero en cuestión. Este firme como un palo aguantó el chaparrón. El hermano de Chang estaba al mando de aquel grupo, recriminó severamente al guerrillero recordándo las órdenes dadas sobre el personaje. Era un amigo y se le debía tratar con la máxima cortesía y atención. Y el empujón propinado estaba fuera de toda cortesía. Ordenó a otro centinela retirarle el arma y lo arrestó. A continuación se giró hacía José y le suplicó perdón, abrazándose a continuación. Sus cuerpos estaban abrazados cuando no pudo esperar ni un segundo y  preguntó por Caterine.
   - No te preocupes, amigo mío. Está perfectamente y junto a la enfermera son tratadas como invitadas. Siento la torpeza de mis compañeros al secuestrarles. De haber tenido constancia de las intenciones del grupo   habría movido todo los hilos para evitarlo. Pero quiero ser sincero contigo. Las circunstancias en torno a todo este asunto no me va a permitir resolverlo con la prontitud deseada.
   La liberación no iba a ser sencilla y José comenzó a ser consciente de ello, pero suplicó verlas y compartir la estancia hasta finalizar aquella pesadilla. “Antes de veinticuatro horas las podrás abrazar” La afirmación de su amigo le devolvió la esperanza. Se sentía feliz, no podía fundirse con su mujer pero su tesón había logrado mucho ese día. No lo deseado, por supuesto, pero con la certeza de poderlas tener de nuevo a su lado. De momento tal como se iban desarrollando hasta la fecha los acontecimientos era suficientemente gratificante. El hermano de Chang le confirmó la población donde se encontraban alojadas en calidad de invitadas. En una zona bastante alejada de donde estaban ubicados en ese momento. Él formaba parte del consejo revolucionario y aunque tenía influencia y poder de decisión no era el único. De haber dependido de él, la liberación de las dos mujeres habría sido inmediata. Estaba haciendo gestiones y convenciendo a los diferentes grupos sobre los inconvenientes y perjuicios de la acción a la causa revolucionaria. Llevaba bien esas negociaciones y esperaba disponer de su libertad pronto. Prosiguieron conversando por espacio de varias horas. A José le costaba comprender como dos miembros de una misma familia, con una calidad humana enorme en todos sus componentes, se pudieran enfrentar. Pero a lo largo de la distendida conversación, las ideas y razones del levantamiento, de campesinos principalmente, en contra del poder se despejaron. Había grandes dosis de razón, pero no dejaba de haber algunos tintes de fanatismo. Especialmente en alguna de las facciones de ese movimiento revolucionario. 
    Al comprobar el cansancio, se le cerraban los ojos, su amigo le invitó a descansar. Salieron de aquel laberinto subterráneo y tras subir por unas escaleras salieron al exterior. La luz del nuevo día comenzaba a despuntar. Entraron en una humilde pero limpia granja y le ofrecieron una habitación para poder dar una cabezadita. Tras el descanso procuraría tener todo preparado para partir hacía el lugar donde se encontraba su esposa. Nada más dejar su cuerpo caer sobre aquel lecho, quedó profundamente dormido. Solo descansó tres horas pero cuando se despertó su impresión era haber descansado días.
   Todo estaba preparado para iniciar un largo viaje. Con un vehículo, empleado para transportar troncos de cuyos árboles se extraían la materia prima para la elaboración del caucho, emprendieron el viaje. Unas ocho horas les llevaría el viaje le llegó a asegurar su amigo. Si deseaba descansar, le propuso pasar a  la parte posterior de la cabina donde disponían de un par de literas. Pero prefirió acompañar a su amigo y al chofer. Llevaban aproximadamente tres horas de viaje, cuando detuvieron el vehículo en un paraje encantador. Junto a un río, donde al final de una fina cascada, el agua se agrupaba en una amplia y profunda poza. Se instalaron junto a ella, sacaron alimentos, la bebida y decidieron reponer fuerzas. A José aquel paradisíaco lugar le invitó a darse un baño y sin pensárselo dos veces se despojó de sus ropas y se zambulló en aquellas cristalinas aguas. Se lanzó al agua con la impresión de sentir un frío intenso pero se encontró con la sorpresa. Aquellas aguas casi quemaban. El baño relajó toda la tensión muscular acumulada durante esos últimos días. Pero desgraciadamente todo lo placentero termina pronto y fue requerido por sus compañeros, para reanudar el viaje.
  Treinta minutos, tras el descanso, cuando a unos trescientos metros pudieron divisar un control del ejército. Ocultaron a José en un escondite ideado en el camión. Apartaron un pequeño trozo de un tronco, vaciado por dentro, para utilizarlo de escondite, de personas, armas, documentos, o cualquier otra cosa a transportar por la guerrilla. Entró en su interior y de nuevo colocaron el trozo. Era perfecto. El camión se detuvo ante el control y dos soldados procedieron a la revisión del vehículo. Interrogaron al conductor y a su acompañante y tras unos diez minutos de revisión de papeles y de documentación permitieron proseguir su camino. A los dos kilómetros del puesto de control, volvieron a liberar a José de aquel protegido escondite, pero también oscuro e incomodo. De nuevo en la cabina comenzó a interesarse por las razones de ese grupo para sublevarse contra el poder. Poco a poco iba comprendiendo las injusticias y los abusos de algunos gobernantes de zona. De la explotación de la gente sencilla. Obligando a levantarse contra el abuso de poder al pueblo oprimido. José era consciente de las grandes dificultades existentes para solucionar el problema pero prometió a su amigo hacer las gestiones necesarias para resolver aquel incipiente conflicto. Portador a la zona el hambre y la miseria, retrocediendo varias décadas en su desarrollo. Lo importante era aproximar las posiciones de unos y otros. Ceder ambas partes y aplicar justicia en los abusos de dirigentes sin escrúpulo para terminar de una vez por todas con los conflictos internos. Permitiendo a ese país con grandes recursos naturales salir a flote. Pues no solamente tenía materia prima sino gente capaz de trabajar y apoyar el desarrollo de la nación. Durante el largo trayecto, fueron parados nuevamente en tres ocasiones, pero en ninguna tuvieron problemas. Cuando nuevamente realizaron una parada para reponer sus cuerpos, descansar y dar un respiro al camión. Preguntó.
   - ¿Tu hermano conoce tus actividades?
   Recibió una negativa como respuesta. Gracias a su parentesco conocía los movimientos de las tropas gubernamentales e incluso algunas acciones con posibilidades de causar graves problemas a la guerrilla. Permitiendo tener un papel importante dentro del organigrama de la guerrilla.  Era consciente que, si se descubría, su hermano, a pesar de no tener culpa, lo pasaría bastante mal. Ciertos grupos, de gran poder en la comarca, no les agradaba aquel comandante. En ocasiones su honradez y su sentido de la justicia iba en detrimento de los intereses de unos cuantos magnates.
   Reanudada la marcha, tras superar unas pequeñas colinas le indicaron el lugar de destino.  En el centro del valle se encontraba la ciudad. La tensión se apoderó de él, estaba muy cerca de su mujer y deseaba con toda la fuerza de su corazón poderle abrazar y tranquilizar con su presencia.





















martes, 23 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XIV-EÑLSECUESTRO


   José advirtió a la tripulación que saldrían temprano al día siguiente. El matrimonio, dado el desarrollo los acontecimientos, decidió abandonar el país.
   Esa tarde previa a la partida José se acercó a la Fundación para despedirse de los conocidos. Caterine y Neus decidieron ir de tiendas y  comprar algunos regalos para la familia.
   Estando en el centro de rehabilitación el director de la fundación llegó corriendo para avisar a José. La televisión y la radio daban la noticia. Se precipitaron hacía uno de los salones del edificio donde estaban dando la última hora sobre el suceso. La guerrilla había secuestrado a dos mujeres europeas para presionar al gobierno con la intención de intercambiarlas por diez guerrilleros detenidos por el ejército. En sus conversaciones con los máximos dirigentes desconocían  la identidad de las secuestradas pero según testigos presénciales se podría tratar de una joven enfermera y la mujer del “Salvador”.
   La noticia le dejó helado. Tenía previsto salir a la mañana siguiente. De inmediato se puso en contacto con las autoridades, deseaba confirmar las sospechas y tratar de agilizar las gestiones para conseguir la liberación de sus dos compañeras.
   Era una persona muy apreciada por todos, desde el poder hasta los medios sociales más humildes de la provincia. Fue atendido inmediatamente por la primera autoridad de la ciudad, pero no le pudo dar garantías de conseguir una liberación rápida. Las cosas se estaban complicando de nuevo en el país y el gobierno se negaba a negociar con la guerrilla. Se mostró muy cordial con él y le confirmó sus sospechas. Efectivamente se trataba de su mujer y Neus. Le aconsejó ponerse en contacto con el comandante en jefe del ejército de aquella región. Era el único con poder de decisión en situaciones de esa gravedad. Pero también le informó la dificultad de la situación. No sería fácil. Se trataba de un viejo conocido, pues no en balde salvó la vida a sus padres, la de sus dos hermanos y a él mismo, cuando una mina personal les explosionó cuando era pequeño y paseaba en familia.
   - Aunque en estas situaciones no suelen recibir a civiles, a ti te atenderá de inmediato, pero has de comprender una cosa. También tiene las manos atadas por parte de sus superiores en la capital.
   Añadió antes de partir en compañía del secretario del regidor, para conducirlo ante el comandante de las fuerzas armadas. El oficial de la puerta se negó en rotundo a concederles paso sin concertar una cita previa con su comandante. Pero gracias a la habilidad de José accedió a coger una tarjeta suya y llevarla ante su jefe. A los dos minutos, de abandonar el soldado el puesto de guardia con la tarjeta, volvía apresurado para confirmarle a su oficial el inmediato permiso de acceso al personaje y la orden de acompañarlo personalmente el oficial de guardia hasta su presencia.
   - Lo siento, Señor, pero son órdenes.
   El oficial los cacheó y tras una minuciosa comprobación, escoltados por dos soldados, los condujeron ante el despacho del jefe de las fuerzas armadas de la zona en cuestión. Tardó unos minutos en atenderlos, pero por fin y personalmente salió a su encuentro. Al verle se aproximó con los brazos abiertos y se fundió en un fuerte abrazo. No lo veía desde hacía  mucho tiempo.
   - Supe de tu llegada, pero me encontraba en la capital resolviendo problemas castrenses y aunque me hubiera gustado darte un fuerte abrazo me fue imposible.
   José comentó su estancia con sus padres y hermanos en casa para comer en varias ocasiones desde su llegada.
   - Me contaron que últimamente dispones de pocos momentos liberes, pues el trabajo te tiene mucho tiempo fuera de esta zona. Me transmitieron tus disculpas por no podernos acompañar esos días.
   Paró para volverse a abrazar reanudando la conversación, mientras entraban en el despacho.
      Cerrada la puerta y antes de tomar asiento José le comentó.
   - ¿Te imaginaras el porqué me atrevo a molestarte en unos momentos tan difíciles?
   El silencio se adueñó del despacho, su amigo bajó la cabeza y  mientras lo invitaba a sentarse contestó en voz baja y sin atreverse a mirarle al rostro.
   - Lo sé, José, y siento no poderte dar una rápida solución. Haré todo lo que este en mi mano. De eso no lo dudes. Pero hay órdenes tajantes de no negociar absolutamente nada con esos terroristas. Si de mí dependiera ahora mismo soltaba a esos asesinos para devolverte a tu mujer.
   El rostro duro y firme del oficial se relajó, de tal modo, que de los lagrimales comenzaron a deslizarse unas lágrimas por al impotencia de la situación. Deseaba ayudar a su gran amigo pero las circunstancias, el cargo y como se iban desarrollando los acontecimientos le tenían atado de pies y manos. Se levantó, mordiéndose los labios, y de inmediato José hizo lo propio. De nuevo un abrazo para comentar.
   - No te preocupes Chang. Soy consciente que estas haciendo todo lo posible. Me consta la movilización de contingentes del ejército para tratar de socorrerles. He venido a verte, para saber la situación e informarme de las posibilidades. Sé que no depende de ti pero te agradezco todos los esfuerzos por devolverme a mi mujer. Me encuentro des... No pudo continuar, comenzó a llorar como un chiquillo y abrazado a su amigo descargó toda la tensión acumulada. Eran demasiadas desgracias en poco tiempo. La pérdida de Silvia, de Linda, su enfermedad. Y ahora cuando consiguió ordenar de nuevo su vida y rehacerla junto a esa encantadora mujer, parecía que los cielos no estaban dispuestos a darle tregua en los últimos meses. Cuando los dos hombres consiguieron controlar sus emociones continuaron conversando por espacio de unos minutos. Luego se despidieron prometiendo a su amigo ayudarle.
   Tras la entrevista, José se dirigió al consulado español y francés y puso en conocimiento de los respectivos cónsules la situación creada con el secuestro de un súbdito de los respectivos países. De inmediato los medios diplomáticos se pusieron en funcionamiento, pero era consciente, por lo hablado con su amigo Chang, de no tener visas de solución por la vía diplomática. Pero se movía con rapidez sin desechar ningún hilo a su alcance, pero especialmente, aquellos con posibilidades y garantía de recuperarles sanas y salvas. Regresó al hotel y de inmediato se puso en comunicación con los diferentes líderes locales y solicitó ayuda para localizarlas. Se ofreció él como moneda de cambio, asegurando a los jefes el valor de su persona para cualquier intento de cambio. El prestigio internacional y especialmente el aprecio, a su persona, en aquella región lograrían una mayor presión ante el gobierno y sus fuerzas armadas. La idea no era mala, la guerrilla era consciente de los beneficios, en cuanto a presión popular, pero también tenía sus puntos negativos. Entre ellos un mayor alejamiento del pueblo, ahora que parecía haber más gente por la causa. Pero también esa información llegó a las autoridades militares y, por tanto, la vigilancia del personaje en cuestión aumentó considerablemente con mayor dificultad para acceder a él.
  









martes, 16 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE- CAPITULO XIII - COREA MI SEGUNDO HOGAR.


  

                                          - COREA, MI SEGUNDO HOGAR -

   En New Ville, se instalaron en el dúplex de Caterine. En un principio pensaron hacerlo en la mansión de los Carbonell, mas apila, pero especialmente con el personal necesario para atender su funcionamiento las veinticuatro horas del día. Pero cuando ella le mostró su deseo de vivir en el dúplex no lo discutió. Aceptó consciente de la carga sentimental que suponía, para su joven esposa, ese hogar. A la postre su único deseo era compartir el resto de su vida junto a ella. El lugar poca importancia tenía.
   Antes de partir hacía Corea era necesario poner en orden muchas cosas. En cuanto a las finanzas, tras la primera semana comprobaron su inmejorable estado. Las cuentas rebosaban de buena salud y la firma Revaud aumentó sus beneficios ese último año en más de un treinta por ciento. El camino iniciado por Caterine en Oriente, y especialmente en China estaba dando sus frutos. Felicitaron a Brisite por la magnifica gestión llevada a cabo, en todo ese tiempo, como última responsable de la firma.
   A todas las partes acudían los tres para resolver el papeleo y ultimar las gestiones necesarias para su traslado a Corea, al menos por un periodo de seis meses.
   La tarde era lluviosa, estaban cansados y no les apetecía moverse por la ciudad, optando por quedarse en casa y descansar ese sábado, tras una semana agotadora. Caterine comentó su ilusión por adquirir un reactor para sus desplazamientos. Estaba harta de esperar en los aeropuertos. La idea no era mala, pero debían estudiarla. La compra del aparato no suponía problema. Pero tal vez si la contratación de tripulación, la adquisición de un hangar para el jet y personal para el mantenimiento. Se puso en contacto con varios amigos del negocio de la moda y fue informándose de todos los detalles hablados con José y alguno más, aclarado por los amigos.
   Los números cuadraban sin causar problemas a las finanzas familiares. Por ello se pusieron manos a la obra para estrenarlo en su viaje a Corea. Las gestiones, las visitas para ver diferentes compañías, probar diversos aparatos, les llevaron cerca de un mes, y gracias a la colaboración de un amigo no se prolongó. Puso a disposición de Caterine a su comandante. Aconsejándoles sobre cual era el más adecuado para las pretensiones de la pareja. También les presentó a la tripulación, de plena confianza. Era importante, les comentó el comandante, que la tripulación encargada de pilotar el jet interviniera en su elección. Por ello una vez seleccionada con la colaboración de los dos comandantes se decidieron por el más apropiado al uso pensado. La ayuda recibida fue de gran valor pues ninguno de los dos estaba muy ducho en ese apartado. 
   El bautismo de la aeronave lo realizaron con un viaje relámpago a Madrid y posteriormente a Valencia, para despedirse de la familia, antes de iniciar su viaje a Corea.
   La noticia de su llegada a la provincia coreana se propagó como el agua en los regadíos de la huerta. La gran mayoría de los habitantes de la zona, e incluso de zonas lejanas se dieron cita en el mejorado aeropuerto de la capital de la provincia. Aquel hombre, junto a su esposa Silvia, habían sido el alma de aquella castigada zona oriental. Pero no solo por las atenciones sanitarias proporcionadas por la fundación. Se crearon industrias y fabricas mejorando considerablemente el nivel de vida de aquellas humildes gentes.
   El pequeño aeropuerto engalanado como en las grandes ocasiones. Las primeras autoridades de la ciudad, aguardaban impacientes la llegada del “Salvador”. Cerca de dos años, el periodo más largo sin dejarse caer por allí. Tenían noticias de las desgracias sufridas en los últimos tiempos. La muerte de Silvia, venerada por todos, su grave enfermedad, pero desconocían su recuperación, y mucho menos su nuevo enlace matrimonial.
   Cuando la puerta del jet se abrió y aparecieron, la multitud se volvía loca con vítores, cantos, incluso algún que otro desmayo. Caterine miró a su esposo no podía creer aquel recibimiento y con la ingenuidad, sorpresa y asombro preguntó.
   - ¿Viene alguna autoridad de la nación?
   Se limitó a sonreír. Verdaderamente era increíble la multitud agolpada en torno a la pista. Las fuerzas de seguridad se vieron en la necesidad de realizar verdaderos esfuerzos por retener a la gente enfervorizada hacía aquel personaje. Cuando discretamente le aclaró la situación se quedó perpleja. Aquel recibimiento era digno de los mejores divos de la música, o del deporte. Se abrazó a su marido y lo besó con ternura. Aquel hombre del que estaba locamente enamorada le sorprendía en cada momento con algo. Vivir junto a él era imposible el aburrimiento.
   Dos pequeños nativos, se aproximaron a los visitantes, mientras descendían del avión, ofreciendo a las mujeres unos lindos ramos de flores autóctonas. A coro y en un perfecto castellano se dirigieron a José.
   - Todo nuestro pueblo se siente orgulloso de poder recibir a la persona más querida en todos estos humildes hogares. Sentimos en lo más profundo de nuestros corazones la muerte de su querida esposa.
   José se inclinó para besar a los dos pequeños y a continuación recibió el saludo de las autoridades. Fue presentando a sus dos acompañantes y se sorprendieron cuando les presentó a Caterine como su mujer. De camino hacía los trámites legales de la aduana, apretaba las manos de la gente que deseaba tocar al “Salvador”. Todos anhelaban poder compartir su presencia. Tanto Neus como Caterine no salían de su asombro aquello parecía increíble. Era verdadero fervor el recibido por esas gentes. Les costó cerca de dos horas llegar hasta el hotel donde se alojarían y eso que no estaba a más de cinco kilómetros del aeropuerto.
   Llegó la noche. Por fin solos en su habitación. Incrédula ante lo acontecido ese día Catherine lo comentaba con su esposo. Era consciente del apreció de la gente. Pero nunca pudo imaginar aquel grado de fervor. Neus se instaló en La Fundación. José les presentó a sus directores y le acogieron como si fuera de la familia. Ese primer día en aquel hospital, le cautivó. No podía dar crédito a las magnificas instalaciones y mucho menos llegó a comprender como la mayoría de los trabajadores de aquel gran centro sanitario solo lo hacían por la manutención y la vivienda. De inmediato se puso a trabajar codo a codo con toda esa gente y su sorpresa iba en aumento al comprobar la calidad de sus formaciones. Muchos de ellos superaban a la media de los sanitarios conocidos hasta la fecha. Sin duda su destino se encontraba en aquella bella población, que desde el primer instante le cautivó y a partir de ese mismo momento pasaría a ser su razón de vivir. Alguien le comunicó la necesidad de descansar, tras un viaje tan largo y sobre todo tras esas doce horas sin parar. Al mirar el reloj y comprobar que eran las siete de la mañana su incredulidad le obligó a salir a la calle para constatar el amanecer. No sentía el mínimo síntoma de cansancio ni de sueño. Se pellizcó varias veces para estar segura de su vigilia. Se sentía tan feliz, incrédula de los momentos vividos desde su llegada. Con una dulce sonrisa se despidió hasta la tarde y sin pensarlo dos veces dirigió sus pasos hacía el hotel donde se alojaba su querido matrimonio. Deseaba encontrarse con José, abrazarlo y darle las gracias por haberle llevado hasta ese lugar.
   Subió directamente a la suite ocupada y entró sin llamar. Estaban despiertos abrazados en el lecho. La presencia de Neus, en un principio les asustó luego les sorprendió, pero cuando se abalanzó sobre José no supieron reaccionar. Se abrazo a él y, mientras adoraba con sus labios su rostro, le daba las gracias. Besó a Caterine en las dos mejillas y dejó a la pareja continuar con su descanso. Se miraron, sonrieron y volviéndose a abrazar se abandonaron de nuevo al descanso.
   Aquel día les aguardaba una nueva jornada de compromisos sociales. A Caterine aquellas atenciones y halagos le agradaban, no en balde el mundo de la moda se movía por esos derroteros. Pero a José le molestaba enormemente, Silvia le había abierto los ojos al convencerle que todos esos compromisos sociales tenían su recompensa luego. Y así era, desde que compartió con Silvia aquellos actos las facilidades por parte de las autoridades, tanto, locales como nacionales del país. Le abrieron numerosas puertas. Consiguiendo importantes rebajas fiscales y apoyos para la exportación y distribución de los productos elaborados por las industrias encargadas de mantener La Fundación.
   Consciente de la necesidad de esas fiestas y agasajos sociales. Ahora estaba convencido de lo imprescindibles que eran y el precio a pagar.
   Concluida la primera semana, el matrimonio pudo disponer de tiempo. Visitaron los otros centros abierto recientemente y conversaron. Personalmente comprobó la maravillosa gestión realizada por los directores. Le contó a Caterine como los conoció. En compañía de Silvia consiguieron salvarles la vida, aunque no pudieron evitar la perdida de uno de sus miembros inferiores. Luego fueron a Europa, estudiaron medicina y llevaban toda su vida dedicándola por completo a La Fundación.
   Visitaron a viejos conocidos y todos se desvivieron por atender a la pareja. Quedando gratamente sorprendidos por la sencillez, elegancia y cariño de su joven esposa.
   Neus no dejaba un solo día de visitar al matrimonio y les mostraba su agradecimiento por todo. Se había enamorado de aquel lugar y en más de una ocasión se olvidaba, de comer, de cenar o de dormir. El tiempo pasaba volando y perdía con frecuencia su sentido de los ritmos biológicos.
   En las conversaciones de José con los responsables de la fundación le mostraron su admiración y profesionalidad de esa joven europea. En muy poco tiempo se puso al día con la marcha del hospital. Convergiéndose en una de las enfermeras especialistas más eficaces del equipo.
   Las noticias sobre la inestabilidad de una de las regiones, del país, próxima a donde se ubicaba La Fundación comenzaron a preocupar a la gente. La presencia del ejército se iba haciendo cada vez más patente en la localidad y el movimiento de material militar alteraba la marcha cotidiana y pacífica de la zona. Los primeros enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército se dieron aunque siempre se producían a bastantes kilómetros de la población.
  La inestabilidad iba creciendo por momentos. José comenzó a preocuparse. “No habían sufrido bastante ya esas gentes como para comenzar de nuevo”. Pensaba mientras ojeaba en los periódicos las últimas noticias sobre los movimientos del ejército y la guerrilla. Incluso algunos nativos comenzaban a involucrarse en ese movimiento revolucionario.
   Llevaban tres meses desde su llegada, cuando una noche estando en la ciudad cenando una explosión cercana les interrumpió. Se llevaron un susto impresionante pues la pared cercana a donde tenían reservada la mesa se desplomó, por la acción del artefacto preparado para unos oficiales del ejército del país. Cuando la situación se calmó y pudieron regresar al hotel se plantearon seriamente dejar el país. Lo hablaron con Neus, pero ella estaba dispuesta a continuar allí. Por fin había descubierto, realmente su destino.












lunes, 8 de octubre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XXII-LA APARICIÓN


   - CAPITULO XII -

                                        - LA  APARICIÓN -

   El taxi se detuvo ante la puerta principal de la alquería. Paquito, el pequeño de Rita, fue el primero en ver a su tío y como si del diablo se tratase entró en casa gritando. José recogió su bolsa de viaje y se dispuso a entrar. Iba a cruzar el umbral de la puerta cuando se tropezó con su hermana. Se abrazó y al separarse no podía dar crédito a lo contemplado por sus ojos. Era sorprendente su buen estado, dejándose caer sobre uno de los sillones de la entrada. Sin saber muy bien el porqué comenzó a llorar como una chiquilla. Se pellizcaba para convencerse. Lo miraba una y otra vez desde todas las perspectivas posibles. No había duda, era José, su querido hermano. No tardaron en salir el resto de la familia para abrazarse al aparecido. Al mismo tiempo lo asediaban a preguntas. Se limitó a sonreír. Delante tenía a los hijos de su hermana y a su gran amigo, vecino y cuñado. Paco.
   - ¿Pero bueno, no nos vas a contar nada?
   Preguntó desesperada su sobrina mayor. El silencio se apoderó de aquel recinto repleto de personas. Dejó transcurrir unos segundos de espera para ironizar a continuación.
   -¿Dónde esta la hospitalidad de esta alquería? Estoy muerto de sed y destrozado por el viaje y solo se os ocurre tenerme en la puerta de pie y con la maleta en la mano.
   De inmediato Paco tomó la bolsa de viaje de su cuñado y le invitó a instalarse en el salón. Cuantos recuerdos le llegaron en el instante de entrar en aquella habitación. Había sido el comedor, cuando sus padres vivían. Cuantos gritos y blasfemias se pudieron escuchar en ese recinto. Y cuantos silencios hirientes se pudieron sentir en aquel lugar. Miró a su hermana se abrazó a ella, cerrando los ojos comenzó a recordar en alto.
   - ¿Recuerdas las comidas de familia? 
   Rita sonrió, como se podía olvidar aquella época de penuria, de disciplina casi hitleriana. Como se podía una olvidar de mama, sumisa a su esposo, dulce y cariñosa con sus hijos, luchadora como pocas para conseguir la igualdad entre sus hijas e hijos ante aquel marido casi primitivo. Sus rostros se inundaron de una felicidad indescriptible. Aquellos recuerdos eran demasiado profundos como para no emocionarse y sentir en sus cansados cuerpos todo lo vivido allí juntos. El resto de la familia, impacientes aguardaron estoicamente, dejando a los recuerdos volver a las mentes de los hermanos y esperar al recién llegado para decidirse a desvelar los misterios de su desaparición. Habían pasado más de catorce meses desde su secuestro de la clínica. ¿Cómo había conseguido vencer a la enfermedad? ¿Cómo logró salir de su invalidez? Eran demasiadas preguntas, demasiados interrogantes a desvelar. Pero verlo en tan buen estado de salud entusiasmó a la familia. Por fin, tío y madre dejaron los recuerdos para sentarse en torno a la mesa del salón y poder aclarar todo aquel misterio.
   Comenzó a descubrir algunas incógnitas. En primer lugar nadie le había secuestrado. Una amiga suya le liberó de la cárcel donde le relegaron sus hijos. Una vez en libertad, regresó junto a su esposa Silvia.
   - ¿Has estado en New Ville todo el tiempo?  
   Interrumpió uno de sus sobrinos. Pero pidió calma. Lo contaría todo, y si después del relato quedaba alguna duda, estaba dispuesto a dar luz a cualquier cuestión. Había estado en New Ville pero poco tiempo, la mayor parte de su larga desaparición permaneció en los Estados Unidos, tratando su enfermedad. Y como podían ver, con unos resultados brillantes. Contemplaba a su familia, atentos al mínimo detalle del relato. Conforme aclaraba unos inmediatamente aparecían otros en sus mentes. Explicó que Neus le había ayudado a salir de la clínica con la colaboración de su joven esposa. Fue pronunciar esa palabra cuando el asombro se apodero por completo de la sala. Fue Rita la única en reaccionar. Conocía muy bien a su hermano y a los dos días del secuestro se lo confeso Caterine pero haciéndose la ingenua aseveró con los interrogantes oportunos.
   - Es Caterine. ¿Verdad?
   Ciertamente Rita conocía bien a su hermano. Desde luego desconocía su enlace matrimonial pero no había duda que no se casaría con nadie de no estar muy ligado a su vida. Sabía a la perfección la pasión de esa mujer por él. Desde el primer encuentro siempre que algún acontecimiento afectaba a su hermano, era la primera en enterarse e ir a su lado para prestarle su apoyo. Sentía verdadera devoción por él. Ahora liberarlo de aquella lujosa cárcel y conseguir vencer su enfermedad, debía tener su premio. Con la perdida de Silvia y Linda se encontraba solo y lo estaba pasando muy mal, al equivocar sus hijos cual era la mejor solución para su padre. Por el contrario ella fue a socorrerle desde el primer instante, aunque el intento le hubiese ocasionado graves problemas. Abandonó totalmente la otra pasión. La moda. Entregándose en cuerpo y alma a su hermano. Antes que alguien volviese a romper el silencio, reinante en el salón, volvió a comentar.
   - Esa mujer se merece un esposo como tú.
   Se levantó, hizo levantarse a su hermano y se abrazaron de nuevo. Poco a poco José fue contando punto por punto todos esos meses lejos de todos. La historia relatada les dejó atónitos. El servicio sirvió el aperitivo y prosiguieron conversando mientras hacían buena cuenta de él. Durante el mismo acordaron invitar a cenar a toda la familia y guardar la sorpresa antes de iniciarla cuando estuviesen todos presentes. De inmediato se pusieron en contacto con sus hermanos. José llamó a Caterine y le rogó, buscar la posibilidad de presentarse con Neus a la cena. No iba a ser empresa fácil, faltaban horas, pero si conseguía alquilar un reactor al menos lo intentaría.
   Llamó al aeropuerto, pero como muy pronto podría disponer de uno a la mañana siguiente. Deseaba, poder estar junto a su esposo en el acontecimiento de sea noche en la alquería. Estaba desanimada, pues el único medio para llegar era el avión y esa posibilidad se había esfumado. Se sentó con desanimo en el tresillo del salón, cuando vio en la mesa un periódico del día con la foto de un gran amigo y adversario en el negocio de la moda. Se encontraba en la ciudad y él disponía de un reactor privado. Cogió rápidamente el teléfono y tras unas cuantas llamadas se pudo poner en contacto con él. Todo fueron facilidades, solo tendría que ir al aeropuerto y presentarse al comandante de su avión, tenía ordenes de llevarle donde deseara. Le mandó un fuerte beso vía telefónica y tras avisar a Neus se prepararon un ligero equipaje para volar a Valencia. La ultima noticia  comunicada a su esposo, le aseguraba la imposibilidad de estar a su lado. Ahora prefería no avisarle y sorprenderlo con su presencia.
   Paco advirtió a su cuñado la necesidad de poner en conocimiento a la policía su aparición. Pues oficialmente seguía desaparecido. Tenía razón pero si lo hacía en esos momentos se pasaría varios días liado con aclaraciones. Optando por comunicarlo al día siguiente, tras informar a la familia.
   Se subió al desván, lo encontró muy cambiado, pero, guardaba la misma estructura de años anteriores cuando se perdía entre las balas de paja para estudiar o jugar con sus hermanos. De nuevo los recuerdos regresaron a su mente. Cuantos momentos felices y tristes había vivido entre aquellas cuatro paredes. Recordó el incidente con la señorita Elisa y su padre. Sin lugar a dudas aquella situación se había grabado profundamente en su mente. Recordaba las noches con aquel farol de petróleo donde él y su hermana se dejaban la vista para leer, estudiar o hacer los deberes para que Paco a la mañana siguiente se lo llevase a su señorita. Alzó la mirada y en una estantería su hermana conservaba aquel farol. Una emoción difícil de describir recorrió su cuerpo, se levantó y tomándolo entre sus manos comenzó a observarlo mientras sus recuerdos volvían casi con la claridad de una cinta cinematográfica. Pero conforme curioseaba aquella estantería se sorprendió al comprobar la infinidad de recuerdos que sin lugar a dudas su hermana conservaba. Debía seguir siendo su rincón privado. Con seguridad en momentos bajos subía para recordar aquellos años donde compartieron, ilusiones, trabajo y castigo. Al tomar, en sus manos, la primera cartilla de lectura, regaló de Elisa, no pudo evitar que sus lagrimales dejaran paso a unas gotas de felicidad y añoranza. Cogió una carpeta, la abrió y ante sus ojos fueron apareciendo recortes de prensa, fotografías, anotaciones. Allí estaba la noticia del sabio valenciano, poesías que escribía con su hermana, los títulos de ingreso, de revalidas, los carné de facultad, tanto de él como los de su hermana. Tuvo que sentarse, tantas sensaciones, tantos recuerdos, tanta nostalgia le hicieron flaquear sus piernas. Se dejó caer sobre el sillón y fue poco a poco descubriendo el contenido de aquella carpeta. Estaba lleno de sentimientos, de esfuerzos, de tesones, de amor. Pasando los diferentes papeles su corazón se paralizó por espacio de unos segundos. Se trataba de una carta de Linda. En su época la buscó como un loco por espacio de varios meses y nunca la llegó a encontrar. Desplegó las cuatro cuartillas, de las que constaba, e inició su lectura. No tuvo más remedio que sacar el pañuelo las lágrimas caía cada vez con más intensidad y corría el riesgo de perder toda aquella maravillosa información. Se trataba de una carta, como todas las que le escribía su gran amor, llena de ternura y cariño. Llevaba fecha del siete de septiembre de mil novecientos sesenta y siete. Conforme desentrañaba su contenido se dio cuenta que era la primera carta recibida inmediatamente después de separarse ese verano cuando se declaró y ella  le dio calabazas. Cuanta dulzura, cuanta comprensión había en esas líneas. Paró en varias ocasiones de leerla para recoger con el pañuelo el líquido que sus lagrimales dejaban escapar. Besó aquel papel con tal ternura que sintió al cerrar los ojos la suavidad de la piel de Linda. Todo su cuerpo flotaba y se sentía abrazado por un sinfín de sensaciones placenteras perdiendo por completo la noción del tiempo y del espacio. En ese momento no sabía muy bien donde se encontraba. La presencia de su joven esposa, acompañada de Neus y su hermana le transporto de nuevo a la realidad del presente. Al verle se aproximó, le besó y le mostró aquella carta que sin lugar a dudas habría leído más de veinte veces en ese periodo de tiempo inmerso en el desván. Cruzó su mirada con su hermana y la expresión de sus rostros reflejó los sentimientos provocados por el recuerdo.
   - A propósito. ¿No decías que no había forma de llegar?
   La abstracción le había desorientado de tal forma que cuando vio a Caterine ante él, no se sorprendió hasta que aterrizó de nuevo e interrogó a su amor. Caterine le contó toda la odisea hasta conseguir un avión que les permitiera viajar a su lado antes de la cena. Pero como la familia comenzaba a llegar, y la sorpresa quería que fuera para todos, tanto Rita como Caterine bajaron para recibirla. Mientras tanto Neus y José se quedaron allí arriba conversando. Le fue mostrando los diferentes recortes y le contaba alguna anécdota de cada uno de ellos. La enfermera se quedó sorprendida de la historia de aquel hombre. Verdaderamente tenían razón al decir que era un personaje extraordinario.
   Abajo el bullicio era enorme. La numerosa prole que componía aquella gran familia iba llegando. Los más pequeños se quejaban a sus tíos por encontrarse la puerta del desván cerrada. Pero arriba estaba la gran sorpresa y hasta la llegada de toda la familia no se abriría. La curiosidad fue en aumento conforme el tiempo iba pasando. El aparcamiento de la alquería volvía a llenarse como en las grandes ocasiones. Todos se extrañaron de ver a Caterine, llevaba mucho tiempo sin dejarse caer por allí y especialmente las pequeñas adoraban a su tía. Alguien llegó a recordar su imperdonable falta en las últimas Navidades. El mayor sacrilegio cometido por nadie hasta esa fecha en la familia. Brisite, acudió también a la cita. Se encontraba en Madrid pasando unos días junto a su sobrina Bety. Rita le aseguró la presencia de todos. Sospechó de inmediato el motivo de esa improvisada reunión familiar. Había estado en contacto con su otra sobrina y sabía del buen estado de José. En su última comunicación le aseguró poderse ver pronto. Deseaba poderse abrazar a su querido amigo. Aunque desconocía la boda de su sobrina con él. Segunda noticia a desvelar en esa reunión. Con la salvedad de Neus, Rita y su familia, nadie más la conocía.
   Al hacer la entrada en la alquería un comisario, amigo personal, y encargado de llevar el caso de la desaparición, así como al abogado oficial de la familia. Jorge, rompió en parte la sorpresa.
   - Ha aparecido papá ¿Verdad? 
   La pregunta la dirigió a su tía Rita. Sonrió y tranquilizó a los presentes diciendo.
   - Lo mejor será no especular con noticias que nos pueden decepcionar. Esperemos a su momento y todos saldremos de dudas. Pero no es bueno crear falsas esperanzas.
   Jorge había dado en el calvo, pero la intervención de Rita dejó a todos un poco fríos. Pero con más curiosidad, si cabe, de la provocada en un principio.
   Cuando Caterine vio entrar a Ignacio se aproximo a él, se dieron un par de besos en las mejillas, a puro estilo francés y conversaron amigablemente. Se había vuelto a casar. Pero le confesó que en su corazón siempre habría un hueco para ella. Aún seguía enamorado de aquella mujer, pero era consciente que ella nunca le llegó a amar.
   Por fin el gran momento llegó. Las puertas corredizas que unía el corral, el salón y el comedor las plegaron para colocar una gran mesa en forma de C, preparada para los cerca de ciento cincuenta comensales. No faltaba nadie, se pudo escuchar en uno de los presentes, pero inmediatamente fue contestado por uno de los pequeños de Jorge.
   - Falta el abuelito.
   El comentario del pequeño dejó en silencio a todo el mundo, Rita de inmediato se levantó abrió la puerta del desván mientras llamaba la atención de todos.
   - No, mi pequeño. El abuelito también está con nosotros.
   La aparición de José llenó de emoción aquella casa, gritos, llantos, abrazos desmayos se dieron cita en el lugar al comprobar la presencia del jefe de la familia y en tan buen estado. Inundando de felicidad la reunión. Nadie podía dar crédito a la aparición del jefe de familia. La misma Brisite a sabiendas de su buen estado, se quedó perpleja al verle desenvolverse con soltura y naturalidad. Era sin lugar a dudas el José de siempre. Y. ¿Cómo no? Salió con una de sus chispeantes frases devolviendo a los más incrédulos a la realidad. Abrazos, besos, estirones, empujones. Todos querían abrazarse al abuelo. Caterine se sentía llena de felicidad al contemplar a su esposo como la emoción le podía. Le costó su trabajo poder mandar callar a toda esa gente. Deseaba, primero que nada, presentar a su nueva esposa. Seguro de la mala aceptación de la noticia por parte de sus hijos especialmente. Pero para ser sincero no le importaba ni le preocupaba.
   - ¡Al fin! Hemos conseguido unos minutos de silencio. Mantengámoslo un poco más. Os deseo comunicar varias cosas.
   La presencia de Neus, tan solo fue advertida por Jorge comunicándoselo de inmediato a Bety. Al hacerlo en tono elevado uno de sus pequeños les mando callar, el abuelo quería silencio. De nuevo la voz pausada y relajante de José se volvió a escuchar.
   - En primer lugar deseo dirigirme directamente a mis hijos, para ellos no va a ser fácil asimilar la noticia. Voy sin rodeos. Me he casado de nuevo.
   Las miradas se clavaron materialmente en el cuerpo de Neus, la joven enfermera sintió casi físicamente esas miradas perforando su cuerpo como puñales. Pero pronto las dudas se aclararon y consiguió liberarse de esas inquisidoras miradas. Caterine se aproximó a José y mientras era presentaba como la señora Carbonell, se abrazó a su esposo. Un silencio aún mayor se apoderó del lugar. Fueron unos segundos donde la respiración se pudo escuchar claramente. De nuevo, José, más seguro al tener a Caterine a su lado lo rompió de nuevo.
   - En segundo lugar os pido perdón por este largo año de angustia y preocupación. Pero no he encontrado otra forma de salir de aquella cárcel a la que me sometisteis, con la mejor de las intenciones, por supuesto. La muerte de vuestra madre y de Linda me afectaron enormemente quería quedarme a toda costa en New Ville y no comprendisteis cuál era mi deseo. Pensando que lo mejor era traerme a Madrid me condenasteis a pasar la época más amarga de mi existencia.  
   José prosiguió junto a Caterine exponiendo a la familia todas las circunstancias de su fuga, de su recuperación y también les explicó por qué había decidido unirse a Caterine. El silencio volvió a envolver el ambiente. Era sorprendente, con tanto niño pequeño, no se escuchó el menor ruido en los cerca de sesenta minutos de exposición del abuelo.
   Uno a uno se acercó a su padre. Se disculparon, mientras le felicitaban por la recuperación milagrosa.
   En la exposición dejó bien claro su voluntad de continuar viviendo en New Ville. También. Mostró su voluntad de dejar el trabajo. Ponía en manos de sus hijos todos los negocios y se encargarían de enviarle su parte correspondiente. Ahora su mujer y la investigación le esperaban.
   Poco a poco la alquería volvía a su normalidad. Las diferentes familias fueron regresando a sus hogares. José se despidió de todos y cuando se disponía a llamar a un taxi para regresar a New Ville con su mujer y Neus, Paco no lo consintió, sacó el coche del garaje y junto a su esposa, los acompañaron al aeropuerto.