jueves, 11 de junio de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE. CAPITULO TRIGÉSIMO. LOS TRAPOS SUCIOS SIEMPRE QUEDAN EN CASA

CAPITULO TRIGÉSIMO LOS TRAPOS SUCIOS SIEMPRE QUEDAN EN CASA



     El equipo de vela, reunidos con los directivos que se desplazaron, acordaron un pacto de silencio. Los problemas de la familia quedan en la familia. Si aquellos dos locos lo destapaban serían los más perjudicados. Ahora lo importante era que los que allí proseguían, habían hecho piña.

    Concluida la cena, Ester se sentó con su ordenador, en uno de los sillones de entrada, completando la información recopilada durante la charla previa a la presencia de los directivos. El Presidente del Comité Olímpico Español, solicitó permiso para acompañarle. Mientras tomaba posesión en un sillón contiguo, le indicó su deseo de conversar. De inmediato guardó los datos, cerró la sesión, para dejar su ordenador en pausa y atender al directivo. Le pasaba como a su abuelo, esa gente no le gustaba, eran demasiado políticos, velaban más por otros intereses que por los de los propios deportistas. Pero era consciente que en ese mundo se debía saber estar en cualquier situación. 

   Miró a la cara de su interlocutor mientras su mano derecha arropaba su izquierda y se dispuso a prestar la máxima atención. Conforme la conversación se iba desarrollando se sentía mejor. No era de esos pedantes prepotentes que había conocido en otros estamentos de menor categoría. Era un hombre llano, simpático, con una gran carga cultural, amén de saber estar con todo tipo de personas y personajes. Le gustó la filosofía que emanaba en aquella conversación. Partidario del equipo ante el individuo, defensor del reparto del protagonismo. De la realización de cualquier actividad en la vida, por amor a dicha actividad y no como imposición o como trabajo. Especialmente en el deporte, aunque fuese de alta competición era imprescindible disfrutar con lo que se hacía. Conforme se fueron adentrando en otros terrenos no deportivos, la conversación se animaba. En ese intercambio de informaciones le aseguró que había oído hablar de su abuelo. Le contaban historias de ese individuo llamado Julián. Duro de convencer cuando tomaba una decisión. En la federación trataron por todos los medios para que prosiguiera en la alta competición. Habrían tenido campeón olímpico al menos en dos o tres olimpiadas más. Le mostró su ilusión porque siguiera con entusiasmo y alegría en ese deporte muchos años más, pues sin duda superaría a su abuelo. Aunque matizó que eso importaba poco lo fundamental estaba en disfrutar y cuando no lo hiciera, pues simplemente abandonara la competición. Aquel personaje le estaba sorprendiendo. Tenía una idea preconcebida de ese tipo de directivos, pero también sabía muy bien que su yayo siempre decía que no se juzgara a nadie sin comprobar cómo era y especialmente cuando se equivocaba. Ahí era donde uno podía descubrir el tipo de persona que era.  El caso es que tras finalizar esa charla que duró cerca de la hora, luego estuvo compartiendo con el presidente y varios componentes del equipo. Los enviados especiales para cubrir tan importante evento deportivo andaban algo mosqueados con la presencia de la alta jerarquía del deporte español y especialmente de la vela. Pero ante las preguntas todo el equipo contestaba que era una visita programada para dar aliento a los deportistas tras mes y medio de concentración. Pero al tratar de localizar al jefe de la expedición y al deportista en cuestión se olieron algo. Pero ni por parte de ellos que salían con intención de coger la mejor combinación para llegar cuanto antes a España, ni a los componentes que se quedaban lograron sacar información. Todos respondían lo mismo, incluso los dos desdichados. Abandonaban la concentración por problemas familiares. Los reporteros más espabilados pensaron que con la jovencita sería más sencillo averiguar el verdadero motivo de la presencia de tanta jerarquía coincidiendo con el abandono de esos dos componentes de la expedición, amén de su compañero de la clase Laser, que tampoco estaba presente esas últimas jornadas.      

   Cuando Ester consiguió estar libre para ir a su habitación y dormir, un par de periodistas, un hombre de un periódico deportivo y una reportera de televisión, ambos de informativos españoles, le abordaron. Solo eran un par de preguntas. Con su acostumbrada educación atendió a los medios de comunicación regresando a los sillones de la entrada para comenzar más que la entrevista, el interrogatorio.

   Lo primero que abordaron fue donde se encontraba su compañero de equipo. Sonrió, estaba convencida que lo sabían de sobra pues había sido publicado cuando partieron de España. Consciente de la estrategia les aclaró con esa  sonrisa que solía mostrar cuando alguien pretendía no saber una cosa.

 

   Se encuentra haciendo la selectividad en la embajada española en la capital india.

 

   Tontearon como si se enteraran en esos momentos de la situación y prosiguieron con la charla. El segundo punto de ataque se refirió a la presencia de los directivos en la India. No había duda, era la consigna acordada en el salón. Llevaban mucho tiempo fuera de casa, trabajando duro y la presencia de los directivos estaba programada para dar aliento a los deportistas mostrando al equipo el apoyo de todos los españoles y en especial los del mundo de la vela. Mostrando esa concepción de equipo, donde cada estamento del mismo cumple su misión para un objetivo común. El de todos. Las medallas. Destacando la labor del equipo ante las individualidades. Esta respuesta dio pie para profundizar más esa concepción poco conocida y conversaron largamente sobre dicha filosofía. Basada principalmente en minimizar la personalización de cualquier triunfo o fracaso para destacar al equipo. Todos eran igual de importantes. Sin el trabajo de unos no se lograba el de otros. De ahí esa importancia del equipo ante las individualidades.

   La conversación tuvo que detenerse por unos minutos. Ester pidió disculpas pero le llamaban de casa. Habló con sus padres asegurando que todo funcionaba a las mil maravillas y que estaba disfrutando como nunca. Tras despedirse de su padre y luego de su madre le confesó a esta última

 

   El abuelo estará orgulloso de mi comportamiento y actitud. Pero ya tendremos tiempo de hablar del tema.

 

   Finalizada la conferencia con sus progenitores la reportera de televisión le preguntó por el tema. Sonrió no perdían el tiempo, por supuesto que era su trabajo, para salirle con lo que habían estado hablando antes de interrumpir sus padres. Su abuelo siempre hablaba del equipo y huía de la personalización de ahí que le comentara eso a mi madre.

   No se quedó muy convencida pero esa cría contestaba aparentemente sin pensar y eso le daba mayor veracidad a lo expresado. Pero aun así no las tenía todas consigo.

   Cuando pensaron que era el momento de coger al toro por los cuernos una nueva llamada interrumpió a los tertulianos. Era Vicente asegurando que todo marchaba de maravilla. Antes de veinticuatro horas volverían a estar juntos. Solo le restaban los dos últimos exámenes. No duró mucho la conversación. Le deseo suerte a la vez que un beso se perdía en el auricular telefónico.

    Bueno espero que una nueva interrupción no se produzca. Iban a iniciar de nuevo las preguntas cuando se personó Rafael para rescatarle. Rogaron la última y ante la aceptación de Ester, consintió

 

    Han expulsado de la expedición a...

 

   Ester no les permitió seguir.

 

   Aquí no se expulsa a nadie somos un equipo. Les han surgido unos problemas personales de los que no soy yo quien debe comunicárselos. Y si ellos han preferido no revelarlos nosotros no tenemos el derecho, ni el de insistir, ni el de indagar. Simplemente nos toca comprender su decisión. Pues seguro que les hubiera gustado seguir aquí. Uno no está dejándose la piel cuatro años para, a falta de un mes, dejarlo por capricho.   

 

   La rapidez, la fuerza, pero especialmente la convicción de lo que decía dejó a los periodistas descolocados. Se despidieron de ellos y juntos en el ascensor subieron a las habitaciones. Rafael abrazó a ese ángel que le sorprendía cada instante y se fueron a descansar.

     Ese sábado hubo pausa. Los acontecimientos precisaban asimilarse para retomar la nueva situación del equipo.  Por la mañana tras unas horas de masajes y relajación se metieron en la sala de reuniones para seguir exponiendo opiniones y correcciones a lo comprobado con cada clase. Había detalles comunes a todas pero otras eran muy diferenciadas de una clase a otra. Pero la jornada matutina fue altamente provechosa.

   Comieron, reposaron unos minutos la comida y en taxi Rafael y Ester se dirigieron al aeropuerto para recoger a Vicente que regresaba de su aventura de la selectividad.

    El vuelo llegó puntual y el joven se encontró con sus dos compañeros aguardando su llegada. No esperaba a Ester, a Rafael sí y le resulto muy grata su presencia. Había salido muy contento de las pruebas pero no conocería el resultado hasta que se lo dieran a sus compañeros posiblemente dos semanas. De camino al hotel Ester le fue contando todo lo sucedido en esos días. Se alegró que ese par de estúpidos se quedaran fuera. Ahora se podría convivir como un auténtico equipo. Le habló de la iniciativa de Rafael y de las consecuencias de las dos reuniones que tuvo toda la expedición de vela, donde vivieron un clima de equipo increíble.

 

¡Pero de que se asombraba!  ¡Su amiga era capaz de resucitar a un muerto!

 

  Te juro que cuando has comenzado a contármelo me parecía increíble, pero cuando uno reflexiona se da cuenta que estando tú por medio nada es imposible. Eres nuestro ángel de la guarda.

 

     Ester trató de restar importancia a las últimas palabras asegurando que eso era consecuencia de necesidad de todos de constituir un equipo. Rafael intervino aseverando lo que ambos afirmaban pero los líderes silenciosos eran imprescindible en un equipo que pretendía resultados y ambos tenían madera. La vela de esa olimpiada sería grande gracias a la influencia de sus líderes. Pero tenía toda la razón en asegurar que era un objetivo del equipo olímpico desde hacía años, constituir un verdadero equipo y todos colaboraron para ello. No menos cierto que para dar ese último empujón un líder y precisamente el componente de menor edad había logrado que todos creyeran en el proyecto.

   Rafael a raíz de sus primeras palabras en la conversación fue explicando a Vicente como se produjo todo el desenlace. La capacidad de saber estar sin perder la compostura, ya difícil para un adulto, ella supo llevarlo magistralmente hasta el punto que se ganó a toda la delegación. Ciertamente la inmensa mayoría estábamos hasta las narices de los dos elementos, pero había un par de compañeros que los aceptaban. Tras el comportamiento y la injusticia que pretendían llevar a cabo se pasaron de inmediato al otro lado. Luego le comentó la charla que él mantuvo con la corte mayor del deporte de vela y del máximo representante del deporte español. Todo eran alabanzas hacia ese equipo formado e influenciado por una líder de tan corta edad.

   Por fin llegaron al hotel. Pasaron la tarde analizando nuevos datos recogidos en esas dos reuniones con el resto del equipo de vela. Vicente estaba alucinado. Nunca había ido a una competición con tanta cantidad de información. Pero sabía muy bien, pues Ester lo había comentado en varias ocasiones, en el momento clave tienes que decidir en décimas de segundo y aunque ya se parta con algo de ventaja con toda esa información luego está la realidad de la regata. Las rachas de viento pueden variar tanto en una regata que puede influir en el resultado de la misma por mucha información que se tenga. Luego el estado de la mar, los materiales, un despiste, amen que no era fácil mantener la concentración durante las cuatro regatas. En fin que les quedaba cerca de dos meses para seguir entrenando con entusiasmo y ganas.

   Rafael les avisó que se hacía la hora de la cena. Se les había pasado esas dos horas en su cuarto volando. Vicente se fue a su habitación para asearse un poco y bajar al comedor.

   El domingo deseaban entrenar, habría un buen número de veleros y eso añadía aliciente a los entrenamientos. Andaban haciendo una trazada cuando Ester vio la embarcación de Rajid. Como pasó muy cerca de él se saludaron y quedaron en el comedor del Club Náutico cuando acabaran el entrenamiento. Precisamente el equipo de vela comía ese día en el restaurante del puerto deportivo. Comprobaron diversas maniobras y diferentes formas de enfrentar la mar en las condiciones de viento, corrientes y oleaje de esa mañana de domingo.

    Duchados y con ropa de calle se acercaron a la cafetería. Hacía escasamente unos minutos que aquel lobo de mar se encontraba tomando unas cervecitas con uno de sus camaradas que le había acompañado en su salida a navegar ese día. Se saludaron y aquel viejo les confesó que andaba practicando consejos que aquellos muchachos les habían proporcionado y se quedó asombrado de la eficacia de todos ellos. Aseguró que ahora salía todos los días y que tendrían información antes de acabar el mes de cómo le había ido.

   Cuando Ester le preguntó con discreción si había contactado con Maureen los ojos de aquel capitán mercante se encendieron como lucecitas de Navidad, no había duda había conectado. Se abrazó a la niña mientras le aseguraba que le había hecho el hombre más feliz de la tierra. Nunca le olvidaría. Ester besó sus mejillas y le aseguró que ella tampoco.

 

    Y eso que espero vivir unos cuantos años más que tú.

 

   Sonrieron y tuvieron que dejarlo, la niña junto con su inseparable amigo, debían acudir a comer con el equipo.

   Repuestas las energías suficientes para la salida de esa tarde. Como su amigo hindú les dio algún consejillo lo aplicaron de inmediato durante la tarde. Solo uno les fue útil para el tipo de embarcación que utilizaban. Rafael andaba pendiente de nuestra pareja, estaba asombrado y había depositado mucha confianza en esos jóvenes. Cada día descubrían alguna maniobra nueva. La jornada que pensaba que no harían nada novedoso, esa era la sesión que más cosas sacaban. Pero no era el único que los seguía varios componentes de la delegación observaban también a la pareja. Convencidos que los dos obtendrían medalla en la olimpiada, por supuesto siempre y cuando todo fuera con normalidad, pues en la alta competición algo que carece de importancia en la vela recreativa, puede ser crucial en una competición y mucho más en una olimpiada.

  Regresaron ya de noche al hotel, andaban bastante agotados pero pletóricos, el mar les hacía recuperar energías internas mucho más importantes que las físicas.



jueves, 4 de junio de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE. ESTER. CAPITULO VIGÉSIMO NOVENO. COMPROBANDO LA INFORMACIÓN OBTENIDA

  CAPITULO VIGÉSIMO NOVENA COMPROBANDO LA INFORMACIÓN OBTENIDA



 



 Tras comer a bordo alimentos preparados con antelación, que bastaba con calentarlos comenzaron a comprobar con Rajid algunas de las conclusiones a las que llegaron los regatistas. Iban a rechazar alguna cuando les anotó que habían interpretado mal la indicación. Rectificaron y como aconsejaba Rajid les dio resultado. Se miraron, efectivamente se entendieron, habría que recuperar todas esas indicaciones que habían desechado, pues la que acababan de comprobar, no solo era válida, tenía un gran valor. Se admiró al comprobar otras que habían logrado sacar entre pequeños detalles. Aquel hombre se hubiera pasado un mes en aquella embarcación, enseñando y aprendiendo con aquellos increíbles navegantes. Rafael se mantuvo al margen sabía que siempre que probaban cosas debían ser ellos los que se dieran cuenta de su acierto o su fallo. Luego en el hotel analizarían la jornada. Si bien debían tener muy claro que la clase Laser no era esa embarcación. Pero en esa semana de intensos entrenamientos podrían comprobar infinidad de situaciones y posibles acciones para mejorar el rendimiento de sus embarcaciones.

    Una vez amarrado el velero de Rajid le invitaron a cenar en el hotel. Ni lo dudó, pasar unas horas más con aquella pareja y especialmente con aquella niña que le recordaba a Maureen, era algo que le mantenía ilusionado y no lo iba a desaprovechar. Pero antes pasó por su casa para asearse tras una jornada en la mar. Mientras los tres regresaron a su hotel para hacer lo propio. Pocos minutos antes de la hora marcada se presentaba todo engalanado. Su cita con sus amigos así lo requería o al menos le pareció a él. 

   Fue una velada encantadora, se contaron chistes, anécdotas y pudieron reír a sus anchas. Por fin llegó el momento de despedirse. Un fuerte abrazo con los jóvenes y un apretón de marinero con Rafael. Les juró que seguiría la olimpiada y aunque compitieran con un compatriota les apoyaría. No perdería detalle y después de cada jornada si deseaban consultarle algo allí lo tendrían. Pudieron comprobar cómo unas lagrimillas se le escapaban a ese lobo de mar. Ester aun salió a la calle antes que se subiera en el taxi. Se abrazó con una ternura que aquel hombre se quedó desarmado, besó sus mejillas y se metió en el vehículo antes que el llanto le delatase.

   El sábado y el domingo lo pasaron con tranquilidad. Tuvieron sesiones de masajes y relajación. Conectaron con Julián y Terci respectivamente y el domingo por la noche cenaba toda la expedición española en el comedor del hotel. A la mañana siguiente se iniciaba una semana de gran intensidad en los entrenamientos, le seguiría otra alternando los días, menos Vicente que no descansaría el domingo para el martes ir a la capital y examinarse. Ester quedó con Rafael en seguir el mismo sistema que Vicente y dedicar los tres días de exámenes para analizar con detenimiento esa semana y media de entrenamiento.

   Estaban entusiasmados, trabajaron duro esa primera semana y fueron limando detalles que les resultarían útiles al día siguiente. Rafael estuvo conversando con los diferentes técnicos de la expedición y todos coincidieron en que sería interesante conocer la información almacenada por aquellos muchachos. En un principio Rafael deseaba que lo hiciera Ester pero los técnicos pensaron con buen criterio que los deportistas a pesar de conocer a la niña lo interiorizarían mucho más si lo exponía un técnico. Rafael no estaba muy de acuerdo pero al rechazar su propuesta la mayoría aceptó con una condición que la niña asistiera y pudiera aportar datos. Quedaron de esa forma y el primer día de descanso en la segunda semana organizarían la primera sesión, tras comprobar algunas de esas sugerencias en los entrenamientos seguirían con esa línea o la rechazarían.

   Cualquier propuesta de Rafael la aceptaba se habían compenetrado bastante y de inmediato captó que él hubiera preferido otra solución. Como le conocía ese diablillo. Pero reflexionó con la niña y comprendió la situación. 

  Esa última sesión previo a su partida hacia la capital, pusieron en práctica la lectura del cielo al atardecer del día anterior. Uno realizaría el recorrido previsto solo con la información anteriormente descrita. El otro sería una más de todas las lecturas que pudieran hacer sobre la situación a la que se enfrentarían ese día. Fue Ester la que empleo todas las lecturas, pues algunas se contradecían. Pero a ciencia cierta que el estado del cielo de aquella tarde revelaba una gran cantidad de datos. Vicente amén de consultar las anotaciones se fue esa tarde noche previa a esa prueba con Rajid y con el marino joven, casi setenta años, un gran lector de los atardeceres para predecir las condiciones de navegación. Entre los tres sacaron las consecuencias a la perfección las diferentes estrategias a seguir. Las comentó con Ester y está las añadió a las que leería en la mañana siguiente y en el transcurso del entrenamiento. Consciente que algunas informaciones chocaban y ahí debía estar su habilidad para optar por una u otra. Pero existía una ventaja en Ester, cuando competía siempre navegaba con su abuelo. El día que falleció junto al timón de su embarcación en Donostia le juró que siempre que compitiera él estaría a su lado para que pudiera consultar lo que deseara, siendo ella la quien tomara la decisión. Esa era la enorme ventaja con la que contaba. Todo un campeón olímpico a su lado para poder consultar cualquier situación que se presentara ya estuviera prevista o no. Desgraciadamente era algo que no podría compartir con nadie. Ya que se producía en el instante de la regata.

   Se inició una de los grandes retos que tenía el equipo de la clase Laser. Ese martes podrían confiar ciegamente en una de las lecturas que permitirían a nuestra pareja competir con mayores márgenes de triunfo. Vicente siguió al pie de la letra las lecturas que realizaron entre los tres esa tarde noche y los resultados fueron increíbles. Ganó con holgura a Ester y eso que se empleó a fondo en aquella prueba. No era menos cierto que los dos marineros nativos confesaron a Vicente que una tarde noche como la que observaban no se daba con asiduidad. Habían visto un par de veces en toda su vida y difícilmente se darían las mismas circunstancias o parecidas en las jornadas de competición, pero estaba muy claro que la información que se conseguía era de la más fiable de todas. Aunque algunos parámetros no se pudieran descifrar. No tuvieron prácticamente tiempo de analizarlo con Rafael pues se fue con el muchacho al aeropuerto para acudir a su cita con la selectividad. Un empleado de la embajada le aguardaba en la puerta de salida para conducir al muchacho hasta la embajada, lugar de estancia de nuestro campeón por expreso deseo de la mujer del embajador. 

   Durante una sencilla fiesta que montó la anfitriona en honor a Vicente y para alimentar su ego presentando a sus amistades al muchacho. Al comentario de una amiga sugirió a su esposo que realizara los exámenes en un solo día. Pero las ordenes de Madrid eran claras debía tener las condiciones lo más parecidas a sus compañeros en la capital del país. Hubo sus más y sus menos pero al final prevaleció la lógica y Vicente se examinaría en cuatro jornadas, miércoles, a la mañana siguiente, jueves, viernes y sábado por la mañana. Por la tarde le llevarían al aeropuerto y regresaría a la concentración del equipo para seguir su entrenamiento.

   Finalizado el desayuno de ese jueves, el equipo olímpico de vela al completo, con la única excepción del ausente, se reunía en uno de los salones del hotel para mantener una charla con los regatistas. Rafael comenzó con una introducción ensalzando el método de sus pupilos, el orden y la disciplina de su regatista que le había llevado a su corta edad a ser una de las mejores navegantes del planeta. La charla a pesar de durar cerca un par de horas fue muy interesante, Ester le había preparado a Rafael una serie de materiales que tenía de entrenamientos con su abuelo, de lectura de las corrientes, del comportamiento de los animales. Así como las últimas fotos que sacó Vicente del atardecer previo a su último entrenamiento, con la lectura de las diferentes imágenes que se iban mostrando. Así como el análisis, aunque superficial del resultado de toda aquella información. Aquellos profesionales de la mar se quedaron embelesados ante la capacidad de esa pareja. Se habían fijado en detalles que ni por casualidad ellos lo hubieran hecho, pero especialmente el énfasis que ponían cuando analizaban sus resultados. Advirtiendo que siempre lo habían comprobado con la clase Laser y que posiblemente con otras embarcaciones tendrían otras lecturas. Preguntas hubo de todo tipo y Rafael supo dar respuestas a todo evitando poner a Ester en un compromiso.   

   Uno de los componentes de la clase Star, en la que Julián consiguió el oro olímpico, hizo una pregunta directa a Ester. Las imágenes y las aclaraciones de algunas de las escenas rodadas con su abuelo con ese tipo de embarcación, le llamó poderosamente la atención. Ester se levantó respondiendo con seguridad. Nuevas preguntas, Aquel mequetrefe, al que el grupo marginaba algo, comenzó a realizar preguntas para poner en un compromiso a la joven. Rafael trató de pararlo pero rogó permitirle contestar. El debate entre aquel estúpido y la jovencita se desarrolló con un acorralamiento del pedante, provocando en ocasiones las risas en el resto. En un principio no era consciente del ridículo que estaba mostrando. Pero cuando llegó a ser consciente, con un enfado monumental salió de la sala. De inmediato el jefe de la expedición salió tras él para apaciguar los ánimos. El protagonista de aquel incidente no era otro que el hijo de un importante político del congreso de los diputados. Hombre de gran influencia en la vida política y social en España, de ahí que el otro corre caga, saliera de inmediato tras él. Mientras en la sala comenzaron los aplausos. Se lo había llevado al huerto, con una educación y una cortesía propia de una adulta.

    Aquella reunión fue de un valor incalculable para los asistentes y todo hubiera sido maravilloso de no haberse producido la intervención de aquel individuo. Pero en parte se alegraron que por una vez alguien hubiese tenido el valor de presentarle cara. 

   Al salir del salón, se quedó la tarde del sábado para aplicar algunas de las sugerencias mostradas. El jefe de la expedición llamó a Ester, Rafael estaba al loro y de inmediato con buenos modales solicitó, al ser uno de sus pupilos, estar presente en la conversación. Aquel indeseable se negó y Rafael manteniendo la compostura y la educación le aseguró que la joven no entraría a conversar con él sin su presencia. El personaje perdió los papeles y comunicó que la clase Laser estaba expulsada de la expedición. Estaban presentes todos, pues se produjo mientras abandonaban la sala ya que Ester fue de las primeras en salir. Comenzó una rebelión en el equipo de Vela. Fue Rafael quien puso paz y aconsejó telefonear a la directiva de la federación para ponerle al corriente sobre el incidente. Aquel personajillo colocado a dedo por el político en cuestión se fue enfurecido a su habitación. Los más veteranos eran conscientes de la poca aceptación que tenía en la federación y de los disgustos que había creado el pijo de turno al grupo. Volvieron a entrar en la sala y acordaron que si se tomaba alguna medida contra la clase Laser todos en bloque abandonaban la concentración y la olimpiada. Nadie puso ninguna pega, salvo Ester que de inmediato intervino para mostrar su disconformidad. Habían trabajado muy duro para ahora por culpa suya perder esa oportunidad que en muchos casos solo se da una vez en la vida. Las palabras de la niña enternecieron a la audiencia.

 

   ¡Dios! Si vale un millón de veces más que esos dos mequetrefes juntos 

 

    El apoyo fue unánime al defender de la niña y se juraron que aguardarían la decisión de la federación pero que desde luego si la clase Laser quedaba fuera. La vela española no competiría en dicha olimpiada.

  Al día siguiente, en la tarde se personaba parte de la junta directiva con capacidad de decisión en el hotel. De nuevo la sala, aguardando la llegada de los directivos al frente con su presidente.

   En esos momentos conversaban con los tres de los afectados. El jefe de la expedición, el pijo y Rafael. La Federación tenía ganas de deshacerse de esos dos elementos. No era la primera vez que creaban problemas pero este había llegado demasiado lejos. Conocedor de los entrecejos de los directivos deportivos del país, el presidente se trajo con él al presidente del Comité Olímpico Español, hombre con contactos en el mismo gobierno y amigo personal del rey. Precisaba de apoyos para poder lograr su objetivo, deshacerse de los dos mequetrefes de la expedición. Fue larga y dura la conversación mantenida. Pero ambos eran conscientes que sus días estaban contados. Su presidente se había cubierto bien las espaldas para tomar una decisión como la que se temían. No había posibilidad de contraatacar, no habían sabido medir sus fuerzas y ahora lo pagarían.

   Mientras en la sala aprovecharon para ir analizando esa jornada de entrenamiento aplicando diversos consejos y orientaciones dadas en la charla anterior. Estaban entusiasmados con todas las consecuencias sacadas y especialmente las que se iban aportando por todos. Ahora se podía decir que estaban funcionando como un equipo, algo que Ester siempre comentaba con Rafael e intentó que fuera así. Todos deseaban que aquello tuviera un final feliz y el protagonismo se repartiera en aquel equipo. Si se lograba destripar esos dos tumores funcionaría como en esos momentos. Estaban en la plenitud de opiniones, de deseos, de trabajar en un solo equipo de vela y no en diferentes grupos como hasta la fecha, cuando hizo su entrada la plana mayor del deporte español y en especial de la vela. El silencio se adueñó de la sala. Se sentaron y aguardaron, con las garras preparadas, a escuchar lo que les tuvieran que transmitir. Pero la tensión bajó muchos enteros al ver entrar a Rafael, su expresión daba a entender que los dos tumores habían sido destripados de aquella delegación. Ninguno de los indeseables había entrado en la sala. Desconocían que andaban haciendo las maletas para regresar a España. Fue el Presidente del Comité Olímpico Español quien se dirigió a la audiencia. Comenzó exponiendo la invitación del presidente de la federación de vela a la que aceptó encantado de colaborar no solo con el deporte de la vela sino con un amigo. Para ceder la palabra al presidente de vela.

  Hemos escuchado las partes, los dos componentes se equivocaron, han pedido disculpas y presentado su dimisión. Aceptando. Deseamos de corazón que el problema con esa acción de disculpas de nuestros compañeros cierre por una vez todas las tiranteces en un grupo que debía funcionar a la perfección pues me consta que está compuesta por auténticos señores del deporte.

   El brazo de Ester se mantenía en alto solicitando intervenir. Rafael trataba por todos los medios de comunicar a su pupila que no era el momento, pero aunque fue consciente de lo transmitido por el gesto de su entrenador, no podía callarse, sabía que estaban cargados de razón pero a pesar de los pesares y si habían sido capaces de disculparse tenían derecho al perdón. Ellos se habían dejado la piel entrenando para la competición. A percatarse el presidente de aquel brazo requiriendo su atención le concedió la palabra.

 

    Diga lo que quiera expresar señorita, somos todo oídos.

 

    Utilizó las técnicas de su abuelo para convencer a los grandes grupos. Con una dulzura que sobrecogió a los presentes, con una educación radiante y con vocabulario propio de un erudito de la lengua. Mostró su disconformidad ante la decisión. Solo expresaba su opinión, no era quien para tomar decisiones, no era su misión, pero si los dos personajes habían solicitado su arrepentimiento y suplicado su perdón. Se les debería dar una nueva oportunidad. Aquellos directivos se miraron, conscientes de dos cosas, de la generosidad sin límites de aquella pequeña que teniendo toda la razón del mundo había sido capaz por devolver la paz de abandonar su sueño y por lo impresentable de aquellos dos buitres, pues ni pidieron disculpas ni se habían arrepentido. Pues sin haber llegado a una decisión comenzaron a insultar y a amenazar al Presidente del Comité Olímpico Español, por supuesto al resto de aquella inquisición que habían montado para deshacerse de ellos. Llegando incluso a las amenazas.  De inmediato se dio cuenta que la situación no se había desarrollado como aquellos directivos lo habían presentado. Pidió disculpas y suplicó perdón entendía perfectamente su decisión para finalizar su intervención con:

 

    Si siguen confiando en mí, me tienen a su disposición y no duden que me dejaré la piel para lograr algo grande para el equipo.

 

   De nuevo aquel grupo de personas adultas, se quedaban mudos ante la madurez de esa niña. Fue Rafael quien rompió el momento al comenzar a aplaudir, de inmediato le siguieron todos los presentes. 

   Las últimas palabras las cerró el presidente para confirmarles que Rafael se haría cargo no solo como técnico de la clase Laser sino como el responsable de la expedición. Los aplausos cerraron aquel encuentro. Esa noche cenarían allí y a la mañana siguiente volarían de nuevo para España.

 

 


miércoles, 27 de mayo de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE. ESTER. CAPITULO VIGÉSIMO OCTAVO- MAUREN LEE LA MISIVA DE LOBO DE MAR

CAPITULO VIGÉSIMO OCTAVO 

MAUREEN LEE LA MISIVA DEL LOBO DE MAR



   Cuando Ester y Vicente se despidieron de Rajid, se miraron tras compartir con aquel hindú un abrazo. Las palabras sobraban aquel viejo tenía el gesto, la expresión e incluso el estado de un adolescente que ha tenido su primera relación sexual. Se preguntaba cómo habría quedado su tía, era muy sensible y esperaba y deseaba que no se hubiera equivocado con aquella entrevista. No tenía la menor duda del bien infinito que le había proporcionado al viejo hindú. Y la verdad que la satisfacción era mutua. Estaba convencida que con aquel acto al menos compensaba toda aquella valiosa información obtenida. Mientras en esa casa cercana al mar ese lobo de las aguas seguía en su nube especial. Le hubiera gustado poderle proporcionar mucha más información para compensar aquel regalo que la niña le ofreció ese día. Ese día que desde ese momento sería su día nacional. No solo por reencontrarse con aquella criatura, sino porque además era su aniversario. Llegaron al hotel ligeramente más tarde de lo acordado con Rafael, pero en esta ocasión Vicente había tenido la precaución de avisarle con antelación. Se saludaron subieron a sus habitaciones y tras asearse ligeramente bajaron a cenar algo pues tras aquella jornada de comer y charlar no tenían mucho apetito. Mientras Vicente subió a su habitación para reencontrase con su amor, ella antes de irse a dormir, conectó su ordenador y comenzó a racionalizar toda la información recogida al tiempo que la ampliaba con pequeños detalles que recordaba de las conversaciones mantenidas. Las unió a las ya recopiladas. A la mañana siguiente con Vicente las repasarían aportando cualquier detalle que recordara. Miró el reloj el día había finalizado, se enchufó al Skype y al ver a sus primos conectados les llamó. Lo primero que escuchó de sus primos no fue un saludo. Se encontró incluso antes de que sus caras se vieran en el ordenador con las siguientes preguntas:

 

   ¿Qué regalo le has hecho a mamá? Ha salido de la habitación emocionada y con una cara de ternura y felicidad que no hemos tenido más remedio que abrazarnos y llorar con ella. Pues nos ha transmitido toda la emoción, sensaciones y sentimientos con los que ha salido de la habitación.

 

    Ester sonrió cuidando no soltar prenda. Solo deseaba conversar con su tía si era posible. No tardó uno de ellos en ir a buscarle mientras el resto insistía en averiguar el motivo. Más asentada, aguardando a la llegada de Maureen, les aconsejó que lo hablaran con su madre pues no podía revelar el contenido de aquella conversación con regalo incluido. Solo su madre si lo deseaba estaba autorizada a revelar su contenido. Sus primos se enfadaron pero con la llegada de su madre comenzaron a bombardear a su progenitora. Aprovechó las circunstancias para comunicarles que si deseaban saber lo sucedido solo tenían una posibilidad de descubrirlo. Salir inmediatamente de la habitación para dejarle hablar con su sobrina con tranquilidad. A regañadientes la tropa abandonó el dormitorio de la pareja de hermanos donde tenían su mesa de estudios con el ordenador. Ahora se aposentaba Maureen para conversar. Al quedarse solas una ante su portátil la otra ante el ordenador de mesa de sus hijos. Quien primero rompió el fuego fue la niña.

 

     En primer lugar ¿Espero que no te haya molestado el regalo?

 

     Maureen sonrió ante la sensibilidad de su sobrina, de inmediato le tranquilizó. Por supuesto que no le había molestado, todo lo contrario le llegó al corazón y le aseguró que no solía recibir regalos de esa sensibilidad de ese cariño, de ese tipo de amor. Conversaron por espacio de una hora larga. Pero cuando le confesó que se preocupó de informarse, primero al encontrarse con aquel lobo de mar quien le reveló su secreto. Fue precisamente cuando se dio cuenta que se trataba de su tía. Luego indagó con su madre y posteriormente con ella el otro día. Su tía le respondió que cuando lo vio por el Skype recordó la batería de preguntas a la que le sometió. Luego al decirle su madre que su yayo le había escrito la misiva quiso tenerla para conocer toda la historia. Le fue relatando paso a paso como llegó hasta la India

 

      ¡Este Pedro es único!

 

    Interrumpió el relato de su sobrina para dejarle continuar. Cuando finalizó  le rogó que le enviara por correo electrónico aquella misiva.  Deseaba leer de principio a fin pues no conocía esa parte de la historia. Pidió unos minutos y a pesar de la hora bajó a la carrera hasta recepción y suplicó al empleado que le escaneara el documento y se lo pusiera en el pen que le tendía sobre el mostrador. Aquel recepcionista vio a la joven tan excitada, tan deseosa que le atendieran que no dudó en complacerle. Sin duda era la carta de algún enamorado y deseaba conservarla por si las moscas. Sonrió, tomó aquellas cuartillas y entró en el despacho para conectar el scanner realizando lo solicitud de la pequeña cliente. Estuvo tentado a leerlo pero al comprobar que estaba en español solo se quedó con el título

 

    “Un lobo de mar”

 

   Mientras se escaneaban las hojas fue al traductor de Word y colocó las palabras. Se quedó extrañado del significado. “Un lobo de mar”. Sería algún relato, posiblemente escrito por la niña y que deseaba mandar a alguien. El caso es que ya estaba todo el documento traspasado al lápiz de memoria. Apagó los aparatos y le entregó el pen junto a la carta. Dio las gracias, diez dólares y se subió a la carrera sin coger ni siquiera el ascensor hasta su planta. De inmediato se lo mandó a su tía. Eran cerca de las cuatro de la madrugada, debía dormir y ella preparar la cena pues ya se hacía la hora de la última comida de ese increíble aniversario. Ya hablarían sobre aquel documento del abuelo. Antes de desconectar le aseguró que había quedado con Rajid en conectarse al menos una vez al mes. No había tiempo para más se saludaron y el portátil se apagó mientras que el fijo siguió conectado hasta que Maureen pudo leer la misiva. De nuevo abandonó el cuarto con lágrimas, unas lágrimas de una felicidad sin límites, aquello que le había sucedido hacía más de un cuarto de siglo era muy hermoso, muy halagador para cualquier mujer y recordarlo con esa realidad, con la presencia de aquel hindú. Recordar a Julián, siempre atento a cualquier cosa que les sucediera, siempre sabiendo estar con el que fuera y esa capacidad de lograr que todo el mundo se sintiera feliz. Incluso aquel capitán mercante, que abandonó Costa Rica con una felicidad interior que no llegaron a explicarse ninguno de los conocedores de la historia. Había perdido a su amor, había perdido sus vacaciones y sin embargo regresaba pletórico. Sin duda su fe, su religión le permitía tener esa esperanza de reencontrarse en otra vida, tal vez en la siguiente reencarnación. Maureen con los ojos bañados pero con el espíritu respirando felicidad pensaba. 

 

    ¿Cómo puede decir la gente que las religiones son el opio del hombre, si son capaces de devolver de esa forma la serenidad a un ser enamorado? ¡Nunca pueden ser nocivas! Con toda seguridad somos las personas las que convertimos cualquier actividad en posible perjuicio para uno y lo que es más grave para los que nos rodean.

 

   De nuevo sus hijo perplejos ante un día de lloros continuos de su madre, en el día de su aniversario. Uno de ellos no pudo evitarlo y fue a su padre para contar lo que le estaba ocurriendo a mamá. David fue de inmediato junto a su esposa. No le preguntó nada la abarcó entre sus brazos para fundirse en uno solo, sus hijos al verlos optaron por la retirada para dejar tranquilos y libres para comunicarse. Se miraron mientras unas gotas se deslizaban por aquel rostro que a pesar de sus cuarenta y…, ya dije que nunca se dice la edad exacta de una mujer, conservaba un increíble cutis. Él sonrió, enjugó esas gotas con el lateral de su índice derecho y se las llevó a sus labios para saborear el Caribe. Siempre le decía que sus lágrimas eran agua del Caribe que sus ojos conservaban para regalárselas a él cuando estuviese lejos de su mar. De nuevo un abrazo, de nuevo intercambiaron sus químicas. Como se conocían. Conocía la historia pero salvo la pareja nadie era consciente de ello. Ahora le propuso leer la misiva de Julián a su sobrina. Se abrazaban se besaban a cada frase que leían juntos. Por sorpresa David comenzó a llorar, intentaba controlarse pero el llanto le podía. Cuando Maureen se abrazó a él para relajar ese sentimiento comprendió por qué y le acompañó. Julián era mucho Julián aquel hombre había supuesto tanto, pero de inmediato comprendieron que no era solo a ellos. Había supuesto tanto para el indígena de Costa Rica, que recordarlo les lleno el corazón y este se desbordó sin remedio. Salieron abrazados pero con sus ojos turbios como los ríos tras abandonar una gran ciudad. Sus hijos atónitos.

 

   ¿Pero que estaba sucediendo en casa?

  

   Maureen al observarlos les tranquilizó, se iba a la cocina a preparar la cena, su padre se quedaría con ellos para explicarles un poco aquella situación. David tras tres respiraciones profundas se decidió a contar un poco aquella historia que tras más de medio siglo emocionaba a mamá. Al preguntarle uno de sus hijos la razón por la que él también derramó unas lágrimas, se justificó de inmediato. Recordaban a Julián y ese personaje que perdieron provocaba demasiados sentimientos en la gente de ese cantón de Costa Rica. La niña, pues tenía dos chicos y una niña, soltó unas lagrimas, había sido el otro ojito de Julián junto con Ester y en ocasiones lloraba cuando lo recordaba. Ahora su padre al contarles aquella historia su recuerdo removió sus sentimientos. 

  Durante el desayuno, bajaron más tarde de lo normal, los dos compañeros comentaron sobre la necesidad de reunirse para analizar toda la información. Iniciaron con la degustación de las primeras calorías del día en el minuto anterior al tope para bajar al comedor. Pero nadie le ponía mala cara a esa criatura que había inundado de alegría aquel local hostelero. Todo el mundo la adoraba y ella siempre andaba preocupándose por los problemas de unos y otros. Hablaba con todo el mundo y estos se sorprendían de la alegría y optimismo que desprendía y contagiaba al mantener una conversación con ella. Era la princesa del hotel. No en balde llevaban ya un mes en aquel establecimiento. Se conocía cada rincón de aquellas dependencias mejor que su director. Conocía a todo el personal y todo el personal conocía a esa jovencita española que hablaba a la perfección el inglés, el francés y el alemán. Sus orígenes holandeses le permitieron, porque en casa le solían hablar en holandés, especialmente su padre, dominar dichos idiomas. Amén del castellano y el vascuence.

   Finalizado el desayuno subieron a la habitación de Ester, conectó su portátil e iniciaron la lectura de lo recopilado y seleccionado la noche anterior. Vicente no solo leyó los resúmenes se tragó toda la información y logró rescatar dos detalles que podrían tener importancia. Luego aportó algunas ideas y sugerencias que había escuchado y que al leer lo descrito por Ester las recordó y no las había puesto en el ordenador.

    A la hora del almuerzo tenían toda la información recopilada. Llegaba la hora de comprobar esas informaciones, algunas ya las habían realizado anteriormente y sacaron sus consecuencias o las rechazaron por su falta de eficacia para las regatas. Esa tarde la pensaban pasar en el hotel, ella espiando el local para averiguar si descubría algún rincón más. Mientras que Vicente se subió a su habitación para repasar los temas posibles de examen. Le quedaban escasamente dos semanas para la prueba de acceso. Rafael ya había estado en la embajada cuando permanecieron un par de días en la capital y comprobó que eran conscientes de la presencia del muchacho a mediados de Junio para realizar la prueba. La mujer del embajador se ofreció para que el muchacho pasara esos días de examen en su casa. Era una gran aficionada a la vela y tener a un representante del equipo olímpico en casa le iba a permitir lucirse ante sus amistades. Por ello acordaron que Rafael, en compañía de Vicente viajarían un día antes de la prueba y el muchacho se instalaría en casa del embajador. En total tres noches, con estancia de tres días y medio. El último tras el examen volvería a volar hasta la localidad de la competición donde estaban instalados.

   A lo largo de esa tarde les telefoneo Rajid invitándolos a navegar en su embarcación de vela. Solicitaron el permiso a Rafael, este se apuntó tras consultarlo con el anfitrión.

   La tarde y la noche volaron con rapidez, esa mañana muy temprano los aguardaba para desayunar juntos. Se había esmerado en la preparación de unas buenas ensaladas de fruta al más puro estilo de Costa Rica. Luego un arroz con chipirones una fuente con huevos fritos y papas. Lo cierto que había comida para un regimiento. Desayunaron en armonía y tras la misma decidieron ir caminando hasta el puerto deportivo. Había una media hora andando pero les vendría bien para rebajar un poco ese desayuno.

   La tarde noche anterior Rajid se había preocupado de tener la embarcación a punto. Como buen marino cuando se trata de una embarcación se cuida hasta el último detalle.

   Rajid pudo comprobar de primera mano la calidad de esos navegantes. Especialmente, ¡Cómo no!, Le sorprendió aquella niña que le había devuelto la ilusión para disfrutar de los años que le quedaban.

 

jueves, 21 de mayo de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE. ESTER. CAPITULO VIGÉSIMO OCTAVO EL REGALO DE MAURREN

CAPITULO VIGÉSIMO OCTAVO EL REGALO DE MAURREN




    Ese jueves de finales de Mayo Ester se levantó muy temprano, a pesar de haberse acostado tarde. No eran ni las seis de la mañana cuando la ducha del cuarto de aseo de su habitación le delataba que andaba duchándose.

   Había quedado con Vicente a las siete en el comedor del hotel para desayunar juntos. Previamente ya habían conseguido los permisos necesarios para asistir a la casa de aquel viejo capitán de navío. Cuando ambos se acercaron a recepción para tener preparado un taxi cuando finalizase el desayuno uno de los recepcionistas le entregó una nota. Pertenecía al lobo de mar, era escueta pero muy reveladora.

 

    Mis compañeros vendrán a las siete de la mañana a desayunar a casa. Si lo deseáis tendremos algo para vosotros.

 

   No se lo pensaron ni un segundo. Mientras llegaba el taxi subieron a sus habitaciones y recogieron lo que tenían preparado para pasar el día con aquel pintoresco personaje. Cuando salían por la puerta principal del hotel el vehículo del servicio público los aguardaba. Dieron la dirección y a las siete y veinte se personaban ante la casa de aquel hindú. Siete eran los ancianos que preparaban en el porche principal la mesa y los alimentos con que reponer fuerzas a primeras horas de la mañana. Aquel hombre al ver a la pareja se emocionó, de inmediato ordenó, como en sus mejores tiempos de mando, poner dos comensales más en las mesas. Fueron presentados y aquellos ancianos se mostraban incrédulos ante las historias que su amigo, y capitán les había estado contando para convencerlos que fueran esa mañana, pero si era una niña. Si bien con el primer intercambio de palabras se percataron que no había exagerado en absoluto. El anfitrión preguntó si había logrado permiso de su tía y compartir su dirección para poderse en contacto. Ester lo afirmó pero se hizo la sueca y no le proporcionó de momento la dirección de su correo electrónico. Le supo mal insistir, pero desde luego esa niña no salía de su casa sin comunicárselo. Durante el desayuno se escucharon historias de todas las clases posibles. Desde sus aventuras en puertos hasta los días de gran peligro en la mar. Bromeaban sobre su capitán culpándole de todos los peligros a los que sometió a la tripulación en esos años de trabajo  por todos los mares del mundo. Pero se notaba que todos querían a ese viejo lobo. Cantaron canciones marineras que enseñaron a nuestros invitados. Ambos jovencitos no dudaron en entrar en el juego y cantar con ellos. Sacaron varios instrumentos musicales para hacerlos sonar. Cuando el ritmo de los mismos, al compás de la reducción del líquido en las botellas de alcohol se iban animando. Se iniciaron los bailes, los ritmos de toda clase, de bailes inimaginables, aprendidos sin duda en sus largos viajes por el mundo. Se llegaron a enterar que el marinero que menos países, había pisado sobrepasaba los cincuenta. Los diferentes ritmos los acompasaban con los distintos bailes y Ester bailó con todos aquellos ancianos que a pesar de la edad aún les quedaba energías para mover el esqueleto. Pero Vicente no se quedó corto. Entre descanso y descanso intercambiaban opiniones y consejos. Con aquel grupo se podía escribir todo un tratado de la mar, especialmente de esa bahía donde se celebrarían las regatas. Incapaces de asimilar la cantidad de información que andaban logrando. Ester se aproximaba a su portátil, que encendió nada más llegar a la casa para ir anotando toda aquella información. Consciente que podría perder si no lo iba guardando. Luego en las semanas venideras las analizarían con tranquilidad y las pondrían en práctica. Todo aquello valía casi tanto como un año de entrenamiento. A alguien se le ocurrió decir

 

   Yo me quedo aquí a comer y a cenar. Pero si esta pareja se queda a dormir aunque duerma en el suelo también me quedaré.

 

   Todos se apuntaron y el anfitrión encargó de un restaurante cercano comida para todos sus invitados. Esa circunstancia privaría un poco de intimidad a ese lobo de mar en la sorpresa que le tenía preparada. Pero en el piso superior aquellos viejos no subían y tal vez en la habitación mientras todos durmieran la borrachera de la comida podrían perderse para tener algo más de intimidad.  

   Fue una mañana muy intensa pero de un enorme valor para la competición. Algunos andaban ya algo tocaditos del ala, pero Ester comprobó que el anfitrión no probó el alcohol. Estaba convencida por las ondas que recibía que no se fiaba de alguno de aquellos personajes y precisaba estar sereno para controlarlos. Por nada en el mundo se perdonaría que alguno de esos lobos pudiera no ya hacerle daño que desde luego no lo toleraría. Pretendía que ni siquiera pudieran llegar a asustarle con alguna acción bien de hecho o de palabra contra aquella niña.

   Tenía muy claro que era familia de su Maureen. Como le recordaba esa niña. Esos ojos, esa sonrisa, le llegaban al alma cada vez que los miraba o le veía sonreír. A pesar de los pesares aun le hacía estremecer aquella mujer. Cuando se hartaron de comer y beber recogieron las mesas y limpiaron el pórtico para volver a colocarlas y los servicios necesarios para cuando los camareros del restaurante les trajera la comida todo estuviese dispuesto.

  Pero el único que supo dar alguna orientación según el comportamiento de los animales fue, el anfitrión. El más joven de aquel frente de juventudes, sesenta y nueve años, les comentó que según el color de las nubes al atardecer se podría predecir con bastante acierto la climatología del día siguiente, e incluso en algunos casos la dirección e intensidad de los vientos. Al igual que permitía predecir la dirección de las corrientes. Ester prestó mucha atención a ese marinero, pues le permitía tener con antelación varios factores importantes a la hora de preparar e iniciar una regata. Estaba convencida que recopilando toda la información plasmada en su portátil junto a la última información recibida de ese marinero. A las que debía añadir las recopiladas hasta la fecha. Teniendo en cuenta la que podría seguir acumulando en esos dos meses que le quedaban para la competición. Iniciaría esa gran cita con las máximas posibilidades de triunfo. Estaba pletórica de felicidad sin duda los cielos le proporcionaron aquel encuentro.

   Por fin llegaron los camareros con la comida, todos se sentaron como niños a la mesa. Faltaba el vino y todos discutían quien se levantaba a por él. Iban a jugárselo a suertes cuando Ester llegaba con varias botellas repartiéndolas por las mesas. Los aplausos se escucharon en el pórtico. Hubo un marinero que no andaba muy católico que intentó abrazar a la joven pero el anfitrión le paró con brusquedad sentándolo en la silla. Ester iniciaba su ruego para que no se produjera ningún incidente pero la cosa no fue a más y todo volvió a sus cauces normales. Finalizada la comida e iniciada la sobremesa, la mayoría la dormía sobre sus sillas, o en las mecedoras e incluso alguno se dejó extender en el suelo. Solo dos marineros y el anfitrión conversaban con los jóvenes. Ester encontró el momento oportuno. La hora de su cita con su tía estaba próxima. Algo nerviosa y sin más dándole la mano al anfitrión se subió a la habitación, del piso superior. Colocó su portátil sobre la cómoda y conectó con su tía. Aquel viejo lobo de mar tenía los ojos tapados y permanecía sentado sobre la cama de cara al ordenador. Cuando escuchó su voz se le helaron las venas, su corazón se escuchaba con claridad en aquella habitación. No le cabía la menor duda que se trataba de ella. Cerca de treinta y séis años y aun recordaba su voz. Dulce, como todas las mujeres de Centro América, pero la suya era especial. Escuchó a Ester atentamente, su sentido de oído se agudizó a límites de una animal salvaje. No iba a permitir perder ni una onda de cualquier sonido que se emitiera en su habitación.

 

   Tía Maureen te traigo un regalo especial, un regalo que sin duda levantará recuerdos, que te emocionará porque a quien te voy a presentar por la cámara, lo está ya. ¿No escuchas su corazón?

 

    Los ojos del lobo de mar quedaron libres para deleitarse con aquella increíble mujercita, era toda una dama. Mucho más bella. Los dos se quedaron inmóviles ante aquella pantalla. Era real y su mirada mitigada por la transmisión de las imágenes no permitía mostrar todo su encanto, pero a pesar de ello era inconfundible.

   Ella como una estatua trataba de adivinar esos rasgos que los tenía gravados en algún rincón de su corazón. Era mayor pero esa mirada pura la recordaba como si la estuviese viendo en esos momentos. De pronto lo vio claro, posiblemente le ayudara el interrogatorio al que le sometió su sobrina hacía tan solo unos días y sin más dilaciones volvió a recobrar el movimiento y su expresión para exclamar

 

    Rajid, usted es Rajid, aquel capitán mercante. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido verdad?

 

    De nuevo su voz, de nuevo su expresión recobrada tras la sorpresa. Y se acordaba de su nombre. Comenzó a llorar como un chiquillo y contagió a todos los presentes.   

   Los hijos de Maureen le acompañaba y tras tranquilizarlos les rogó que le dejaran sola con su sobrina. Obedecieron de inmediato. Ester con un gesto de sus dedos mandó un beso a su tía. Posó sus manos sobre los hombros de aquel corpulento anciano apretando suavemente sobre ellos como dando ánimos para recuperarse de la emoción. Sin más dejó a los dos frente al ordenador y se bajó a conversar con Vicente y los dos marineros que quedaban en pie.

   Ambos eran conscientes que esas lágrimas eran de emoción controlada durante más de un cuarto de siglo y ahora salían a flote. Cuantas miradas de ternura se produjeron en ese periodo de tiempo de absoluto silencio. De compartir gestos, muecas, pero desgraciadamente esas ondas que eran capaces de captar no se producían, andaban demasiado lejos para viajar a esa velocidad. Pero estaban profundamente emocionados. Por fin comenzaron a comunicarse por palabras, los otros lenguajes al producirse por medio de una pantalla comunicaban muy poco. La palabra se hacía imprescindible si deseaban transmitir o escuchar algo. Primero fue ella pero pronto, salvado esos nudos formados por el impacto de aquellos momentos se decidió a lanzarse él. Le comentó el segundo viaje

 

  ¿Pero hombre de Dios yo regresé a los pocos días?

 

   Rajid le rogó que escuchara e inicio el relato que Julián le había dejado como legado a Ester. De nuevo los llantos de una felicidad indescriptible, de un cariño sin fin hacia el otro. Maureen no llegaba a comprender ese amor que aquel hindú había conservado, era increíblemente bonito y  le llenaba como no se podía imaginar.

    No dude que le esperaré en la próxima reencarnación mi Brahma me lo ha confesado en sueños y no tardaremos en reencontrarnos para vivir juntos esos tiempos que en esta vida nos han privado.

   No había duda su sobrina siempre le proporcionaba un regalo original por su aniversario, pero especialmente el que poseía más carga de sentimientos ningún otro le llegó como aquel de su sobrina.

  Se dieron su correo, su Skype y prometieron al menos conversar una vez al mes.

   Rajid esperaría ese día como esperaba y anhelaba su nueva vida que le permitiese compartir con ella, en su nueva reencarnación.

 

 

 

 

viernes, 15 de mayo de 2015

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE. ESTER. CAPITULO BIGÉSIMO SEPTIMO- UN LOBO DE MAR

CAPITULO VIGÉSIMO SÉPTIMO UN LOBO DE MAR




Ese miércoles a las veintidós horas, en la India, un empleado de recepción le subía la carta urgente de Costa Rica su habitación. No podía creérselo. De inmediato al ser consciente que en Centro América eran las once de la mañana del martes llamó a Pedro. No se equivocó aquel viejo Bribri andaba pendiente del móvil, no había dormido en toda la noche pendiente de la confirmación de su princesa. Le mandó un beso con todo su amor y de inmediato se dispuso a leer aquella parte del legado que le dejó su abuelo. Poder ir a visitar al viejo lobo de mar con datos que reflejarían esas cuartillas le tenía emocionada. Le hubiera gustado haber leído ya la carta y estar en casa de aquel capitán retirado. Pero era una deportista de elite, con un gran dominio de las situaciones. No había razón para no controlarse en esos momentos. Solo faltaban unas horas para producirse su encuentro. Con la seguridad de encontrarse con una jornada intensa, en muchos aspectos. Llena de emociones, de sorpresas, de captar sentimientos increíbles reprimidos durante cerca de treinta años, de expresiones de asombro. Como deseaba que llegara el nuevo día. Se tranquilizó y tras unos minutos de concentración, no quería perderse ni una coma de aquellas cuartillas, que solo Dios, su yayo y aquel papel emborronado con tinta de bolígrafo conocían. Con un abre cartas que había en el escritorio de su habitación rasgó aquel sobre que contenía los secretos que sus ojos desvelarían. Extrajo de aquel sobre cual pergamino de valor incalculable del siglo quinto antes de Cristo. Lo primero que le chocó fue su título

 

                         UN LOBO DE MAR 

 

   Mi querida princesa la historia de hoy va sobre un personaje con el que tuve el placer de compartir una jornada en el mar, con el catamarán. Es un relato que afecta a tu tía Maureen, si lo comentas con ella y no desea hablar de ello no insistas. Aunque conociendo a tu tía se lo habrá contado a las piedras de la cala.

  Pero Ester no logró sacarle nada más a su madre sobre aquel hindú y conociéndola, nunca le ocultaba nada, sería difícil que supiera algo más. Pero dejó sus cavilaciones y prosiguió con la carta. 

    Recuerdo que en uno de mis regresos a Costa Rica, cuando llevaba unos cuantos años instalado en la cala. Un domingo en la noche, paseando por la playa, ¿Raro verdad princesa? Apareció tu tía muy preocupada deseaba hablar conmigo. Por supuesto que le comenté que era todo oídos. Nos descalzamos, dejamos nuestro calzado sobre la palmera inclinada y humedeciendo los pies con el agua del Caribe iniciamos el paseo. Como suelen hacerlo los Bribris y que tanto me enamoró y suelo seguir. En un silencio relajante, intercambiando ondas para que la comunicación y la conversación se produjeran junto con los sentimientos, para captar el mensaje tal y como lo siente nuestro interlocutor. Princesa no sabes cómo adoro esos paseos en silencio para luego conectar, para contarnos penas, alegrías, triunfos, fracasos, en fin para compartir nuestras vidas. Es algo que aprendí de nuestro pueblo Bribri y por supuesto que eso es ¡PURA VIDA! Hago un lapsus en el escrito para confesarte como esas dos palabras han cambiado en parte la filosofía de vida, no solo mía, de muchos estudiantes que han tenido la desgracia o la fortuna de pasar por mis manos. Bueno hoy estoy algo disperso tal vez porque cuando tú la leas te encuentres en la misma situación.

 

   Ester detuvo la lectura para reflexionar sobre las últimas palabras leídas. Tenía toda la razón su abuelo no estaba siendo directo y a ella esas jornadas andaba como él, cuando habló con su tía y luego con su madre. Sonrió y prosiguió con la lectura.

 

   Bueno vamos a lo que nos ocupa. Maureen con esa línea que dibujaba en su rostro por medio de las comisuras de sus labios me sonrió. ¡Dios! junto con tu madre, tú y Anki no he vuelto a ver esa expresión en ninguna otra mujer. Como me llegaba a lo más profundo de mi alma. De nuevo me voy. Adiós. Bromas aparte.

 

   Nueva sonrisa por lo escrito, no recordaba a su abuelo de esa forma y lo cierto es que le gustó, porque ella andaba últimamente con esa línea. Su cabeza giró a izquierda y derecha para proseguir con el relato.

 

 

 

   Maureen me confesó. Este fin de semana anduve con un hombre que me doblaba casi la edad. Nos conocimos el sábado desayunando en una cafetería cercana al puerto de Limón. Era su primer viaje como capitán de navío y se encontraba en nuestra tierra descargando y cargando mercancías. Partía hoy, seguramente a estas horas, ya está camino de España para dejar las piñas que había cargado y coger otra carga. El caso es que estuvimos hablando más de una hora. Luego me invitó a visitar su barco. Un mercante de gran tonelaje. Todo un caballero, me presentó a la tripulación y aquellos no se comportaron como su capitán y alguno de ellos se llevó una buena bronca por falta de educación. Luego consiguió no sé cómo convencerme para comer juntos. Fuimos al Comfort Inn Limón de cinco estrellas pasando un almuerzo encantador y divertido. De una gran cultura y de un romanticismo que no había vivido hasta conocerte a ti. El caso es que tras una larga sobremesa nos fuimos a una discoteca y bailamos hasta muy entrada la madrugada. Ya sabes papito lo que me gusta el meneo, disfrute como en pocas ocasiones. Su comportamiento fue ejemplar y me llegó. Al despedirnos le di un beso cargado de fuego y aunque me estremeció me di cuenta que no era ese amor eterno. Papito si no hubiera captado sus sentimientos me habría ido con él a despertar los dos desnudos con el amanecer pero al percibir esos sentimientos sinceros, ese respeto hacia una mujer a la que duplicaba su edad. No quise hacerle daño y me fui a casa de los tíos donde pasaba el fin de semana. Al decirle que hoy domingo iría a misa en la parroquia del puerto, aunque era hindi, esta mañana a las ocho se personó y se colocó a mi vera en la iglesia. Había asistido con mis tíos y mis primas. Me hicieron pasar unos minutos tan violentos que le tomé la mano y salimos a pasear por el puerto. No había desayunado con la intención de hacerlo juntos, sonreía y su rostro cambió por completo. Papito sus ondas transmitían todos los sentimientos que provocaba mi presencia. Le tomé de las manos y sentí como latía su corazón. Sentí tantas cosas a través de sus manos que el miedo por él se me apoderó.  Sin finalizar el desayuno me volví a levantar y comenzamos a pasear como lo estamos haciendo. No sabía cómo afrontar la situación. Me dolía hacerle daño, no es un crio que se puede recuperar con dos achuchones con otras chicas. Me detuve le miré fijamente y creo que captó lo que le iba a confesar. Lo noté en su expresión como cambió “papá”, como cambió. Desde luego no se me ocurrió lanzarle las típicas escusas de nos conocemos poco, eres demasiado mayor. Porque usted papito sabe tan bien como yo que el amor no tiene ni edad, ni sexo, ni clases, ni ninguna de esas pendejadas que se dicen. Fui directa, aun a sabiendas que le impactaría en su corazón. Me acorde de aquel artículo que me emocionó profundamente sobre el primer amor. El que titulaste puñales en mi corazón. Percibí que aquel hombre a pesar de su edad era la primera vez que se enamoraba de verdad. Me siento mal papito me siento mal.

   Abarqué entre mis brazos a tu tía y hablamos largo y tendido sobre el asunto. Por supuesto que no debía sentirse culpable pero ese dolor que sentía por aquel marinero era señal inequívoca de la grandeza de su corazón. Hablamos hasta el amanecer luego le acompañé hasta el chiringuito y regresé a la cabaña. Al cabo de unos años él regresó. En esa ocasión vino con la intención de pasar el mes de vacaciones para verse con ella. Resultó que la tía se encontraba en España con su marido. El personal que regentaba el chiringuito le indicó que si alguien podía darle información sobre Maureen ese era yo. El caso es que se personó y le atendí en el porche de la primera planta, tomándonos unos zumos de frutas bien frescos. Sabía la historia porque me la contó años atrás tu tía. Le invité a los paseos de la playa y allí hablamos con tranquilidad, con la paz que nos proporciona el Caribe. Aquel hombre enamorado hasta la médula de tu tía le afectó mucho al enterarse que se había casado y tenía familia. Pero se vio de inmediato la clase de persona que era. Ante su declaración:

 

   “Al fin y al cabo compadre lo importante es que sea feliz. Uno está ya tan curtido de la vida que puede consolarse solo con el recuerdo de aquellas dos jornadas”.

 

  Nos abrazamos como si fuéramos amigos de toda la vida y lo cierto es que personas de esa calidad humana uno siempre se siente como si fueran de la familia.

   Pasamos la jornada juntos nos embarcamos en el catamarán y comimos en la isla de Toro en Panamá. Luego Pedro se vino con nosotros hasta Limón pero el conducía otro carro. Cenamos con aquel hombre en su hotel y luego le invitamos a un espectáculo. Nos confesó que aunque tenía pagada la estancia ese mes renunciaba a ello. Regresaba a su país para ocupar sus vacaciones entrenando la meditación que le diera fuerzas para seguir luchando con entereza durante el resto de su vida.

   No te puedes imaginar princesita mía la conexión tan enorme que se produjo entre los tres. Tú ya conoces a Pedro es la bondad personificada, y ese lobo de mar se asemejaba mucho a nosotros. Perdí su pista y lo cierto es que intenté poder contactar con él pero por más que indagué no logré localizarlo. Pero era muy escasa la información que disponía de esa gran persona. Tan solo que era de la India pero habían demasiados capitán de navío. Luego otras ocupaciones hicieron perder la posible conexión con el personaje. Pero me impactó profundamente. Muy espiritual, muy entero. Todo un caballero.

  Tal vez te preguntes si cuando regresó tu tía le comenté algo. Pues no mi princesa no le comenté nada. Creo que le habría preocupado y aquel personaje se fue convencido que aquellas dos jornadas fueron su paraíso en esta vida y con seguridad su Brahma le haría coincidir en otra vida con ella.

   Ciertamente mi princesita es una historia que solo conoces tú, en especial el segundo viaje de él pues salvo los empleados del chiringuito que por cierto al mandármelo no le comentaron nada a tu tía. Ramón sabes que es una tumba para ciertas cosas que es consciente que no se deben pregonar. Nadie más la conoce. Pero en este legado deseaba compartirlo contigo. Sé que eres una mujer inteligente y sabrás utilizarlo cuando creas que es conveniente. Cuida a nuestra gente, cuida a todo el mundo de buena voluntad. Cuando leas estas cuartillas procura conectar conmigo y conversaremos en nuestra cala. En esa dimensión en la que nos reencontramos.

    Sabes que te quiero princesa. Hasta dentro de un rato.

 

    Ester andaba emocionada había sido un relato del que desconocía todo totalmente, salvo ese día que comenzó a descubrir primero por aquel lobo de mar, luego con su tía, con su  madre y ahora con esa misiva que su abuelo le había dejado como legado. Se adentró en la ducha y se dio una buena lluvia de gotas de agua fresca. No solo cumplieron su misión de limpiar los sudores de la jornada, refrescaron el tierno cuerpo de piel de seda y relajó su musculatura. Con un sencillo camisón y sin ninguna otra prenda que comprimiera su cuerpo se tumbó en la cama para viajar a esa dimensión donde le aguardaba su yayo. Seguro que en esta ocasión su abuelo estaría impaciente por encontrarse con ella. Luego recapacitó, que tonta soy si el abuelo no se impacientaba por nada. Había interiorizado esa increíble frase de ese país que ocupaba un tercio de su corazón. ¡Pura vida! Los primeros ejercicios fueron conduciendo a nuestra jovencita a la velocidad de la luz y a través de las diferentes dimensiones del universo hasta aterrizar en aquella cala. Esa cala, replica de la suya en la Tierra. Junto a la palmera, si la inclinada, que en un acto de sumisión y de reconocimiento al Caribe se inclinaba para venerar al mar de los mares. Allí estaba ese hombre, ese espíritu de alegría, de felicidad, de ternura, de amor sin límites hacia sus semejantes. Don Julián para el pueblo Bribri. Julián para sus ex alumnos, su amor eterno para la yaya Anki. Su Yayo para ella. Allí estaba con sus brazos abiertos de par en para recibir a su princesa y fundirse en un fuerte abrazo cargado de todos los sentimientos que sentían el uno por el otro. Y la escena se repetía, lo habían hecho cientos de veces y sin embargo no lo percibía como algo monótono algo rutinario. La escena de tender él la mano entrelazarla ella con su yayo, tras descalzarse y dejar el calzado sobre la palmera para iniciar ese paseo por el linde de la playa para confesarse, para contarse, para callar, para escuchar palabras, silencios, pausas, aves, olas y mil sonidos que emitía aquel paraíso perdido en alguna dimensión del Universo.

   El silencio de rigor, el caminar pausado y rítmico, siguiendo los acordes que marcaban ese mar de ensueño, sus miradas clavándose en la vegetación, en la arena, en el final de las olas. Cuando cruzaron sus miradas, le siguieron las palabras. De inmediato Julián fue consciente que Ester había leído la misiva del lobo de mar. Ella le relató todo lo sucedido. Lo de Pedro no le extrañó y pensó lo mismo que ella. De no haber podido cumplir las empresas con su cometido habría ido él personalmente a entregárselo.

 

   ¡Qué grande era su compadre!

 

   Pero de que se extrañaba cualquier persona que llegaba a conocer un poco a su nieta sería capaz de realizar cualquier cosa por esa criatura. Su abuelo no le dijo ni puso ninguna condición, sabía perfectamente que Ester obraría con prudencia e inteligencia. Averiguó sin preguntarlo, lo captó, como solían adivinar montones de cosa solo con caminar uno junto al otro, la sorpresa que preparaba. Consciente que Maureen se emocionaría y aquel lobo de mar recargaría energías para finalizar sus días y aguardar según sus creencias a esa reencarnación, que le tenía reservada su Brahma, donde coincidirían.

   Ester le aseguró que estaba deseando que amaneciera para ir a ver a ese viejo capitán. Por la mañana conseguiría información para ensayar la siguiente semana estrategias y maniobras que luego debía emplear en la olimpiada. Por la tarde ya había quedado con su tía para que tuviera su Skype preparado pues deseaba contactar y descubrir su sorpresa.

   Por tierras de Centro América, una señora pasando ligeramente esa edad de madurez que convierte a toda mujer en perfecta, por su experiencia, por su inteligencia, por sus liberaciones de perjuicios y memeces de todo tipo. Una señora, que al día siguiente cumplía esa mágica edad de los cuarenta y…, jamás se dice la edad exacta de una mujer, esperando ese regalo sorpresa de su sobrina, de esa sobrina famosa, más por sus gestos de bondad, de generosidad sin límites, que por ser la próxima medalla de oro olímpica en esa edición a punto de celebrarse. Su tía, consciente que le sorprendería aguardaba con la paciencia de los nativos del sur de Costa Rica esa sorpresa preparada con antelación por su sobrina y eso a pesar de estar lejos de casa en un país extranjero, a medio camino entre sus padres y ella.