miércoles, 22 de abril de 2015
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXIII- LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA
Los días, que conducían a las vacaciones
del segundo trimestre, fueron muy intensos. Su tutora le había impuesto un
régimen, de estudio, de trabajo muy severo y para vacaciones debía completar
varias tareas pues acordaron que nada más regresar de la gira de Estados Unidos
y México le pasaría los controles finales. En Mayo se iban definitivamente a la
India, país donde se celebraban las olimpiadas y era necesario finiquitar el
curso. Casi cuatro meses para amoldarse y entrenarse con intensidad para lograr
los resultados que todos esperaban.
Me
disponía a bajar a cenar cuando quien bajó fue la regla, tuve que volver a la
habitación. El tiempo que me llevó asearme y cambiarme de ropa es la causa de
mi retraso.
Aplaudieron la espontaneidad de la criatura,
era la princesa de la delegación. Todos le querían, cuidaban, protegían y
mimaban con un cariño especial. Cada uno en su momento y en su tiempo recordaba
cuando algún problema les estaba agobiando lo captaba de inmediato y se
aproximaba para animarle y minimizar al máximo el problema o la preocupación.
Todos recordaban que terminaban riendo a carcajadas con aquella mujercita. Se
sentó junto a Vicente, como no, y soportó las tonterías del gracioso del grupo,
que aseguraba que la pareja eran novios. Se lo habían explicado por activa y por
pasiva, pero lo mejor era dejarlo hasta que se cansara. Cenaron en armonía y
como hasta las doce del día siguiente no estarían las embarcaciones a punto,
les dieron tiempo libre. Vicente, era mayor de edad, pidió permiso a su “papá”
para hacerse cargo de Ester. Rafael consciente de la sensatez de su “hijo” no
puso el menor inconveniente. Se acercaron al hotel de Robert pues si no había
llegado estaría a punto. Les faltaban unos doscientos metros para llegar cuando
vieron el micro-bus de la delegación mexicana que aparcaba en la entrada
mientras sus pasajeros iban bajando y buscando sus equipajes. Al ver a Robert
le llamó a voz en grito, dejó cuanto tenía en las manos en el suelo y corrió
hacia su princesa a toda la velocidad que le proporcionaban sus piernas. La
tomó en brazos y la elevó un cuerpo por encima de su cabeza para luego
recogerla con delicadeza hasta colocar sus pies, mientras amortiguaba la caída,
en el suelo. Fue un abrazo más prolongado de lo normal. Llevaban tiempo sin
verse y anhelaban estar juntos. Dos besos en las mejillas sellaron el encuentro
para fundirse en un apretón de manos y un abrazo con Vicente. Le acompañaron
hasta el vehículo y le ayudaron con el equipaje. Por supuesto que los dos
caballeros se negaron en rotundo que la señorita llevara peso. Al preguntar si
habían cenado primero unos lo confirmaron y luego el viajero también ratifico
haber cenado en el vuelo. Robert preguntó a su entrenador si podría dar una
vuelta con sus amigos. Aceptó con la condición de estar en su habitación antes
de las veintitrés horas. No hubo problema era el margen que Rafael les había
dado a ellos. En los locales de copas de la playa de la localidad se perdieron
para tomar unos refrescos y conversar. Las manos de Robert y Ester no se
separaron en toda la noche. Solo al despedirse lo hicieron para abrazarse y
regalarse un par de besos en las mejillas. Robert la encontró cambiada. Más
bonita que la última vez y los signos externos de mujer comenzaban a delatarse
a través de sus ropas. Esperaba no ser celoso porque aquella criatura iba a ser
un monumento de mujer. En ese proyecto que se esbozaba era encantadora y
observó que varios muchachos y no tan muchachos la miraban con ojos que no le
gustaron en absoluto. Cuando entró en su habitación rogaba a los cielos que no
le permitiera tener celos porque aquella mujer que le había arrebatado el
corazón por muy bella que fuera, por mucho que le acosaran siempre sería fiel.
La conocía de sobra. Aquella frase. ¡Cómo no! De su abuelo.
“La palabra es sagrada”
También se la había apropiado y hasta la
fecha la llevaba a rajatabla. Sin duda lo que tenía era falta de seguridad en
sí mismo. Meditaba consciente que el problema estaba en él y debía entrenarse
para sacarlo definitivamente de su interior. Aquella mujer precisaba de un
compañero seguro, buena persona y entregado a los demás. Eso lo tenía muy
claro.
Estaba radiante se metió en la cama dándole
vueltas a la conversación sobre la organización creada por Robert. Se alegraba
del éxito que estaba teniendo y la visión de su príncipe para auto gestionarse
sola sin necesidad de depender de las donaciones. Que por cierto seguían y a un
gran nivel. Pero esos fondos se dedicaban unos para tener un remanente en caso
de surgir algún problema y otros para crear nuevas organizaciones en otros
campos de la sociedad. Escuchó la propuesta que le hizo su padre y se emocionó
al comprobar la respuesta de Robert. Lo cierto es que no sabía muy bien porque
se extrañaba era ya una persona adulta, con derecho a voto. Pero siempre
pensaba que eran de la misma edad. Por supuesto ella contaba con esos dieciocho
años. En ocasiones Robert le comentaba que físicamente no los tenía pero su
madurez era la de una joven de su edad. Ester había hablado mucho con su madre
sobre el tema de su relación con Robert, era cierto que se sentía atraída por
aquel muchacho. Estaba convencida que era el amor eterno, como Anki lo era de
su abuelo o Terci de su amigo Vicente. Pero Robert seguía en la tierra y era un
joven en plena efervescencia. Aunque se sentía atraída por él no había ese
fuego que sin duda llegaría cuando su cuerpo madurara un poco más. Andrea le
contó la conversación que mantuvo con él. Hablaron largamente y ahora
comprendía mucho mejor a su amor cuando lo notaba como se controlaba. Esas
situaciones le hacían estremecer. Como aceptó sin el menor reparo esa relación
sin ese apartado importantísimo en toda relación de pareja, pero que no era el
único y otros más profundos, mas interiores le permitían sobrellevar la
situación. Ester le preguntó a su madre a qué edad podía tener una relación en
ese otro campo. Andrea le sonrió para el amor no hay edad le contestó pero
estoy segura que tanto tú como Robert lo descubriréis en el momento que tenga
que llegar. Tenía una madre increíble había hablado del tema con compañeras de
cursos superiores y desde luego los consejos que les daban sus madres no tenía
nada que ver con la libertad y la responsabilidad que le correspondía a toda
persona libre. Siempre había trabas o lo que era peor algunas lo presentaban
como algo malo. Siempre pensaba que aquello que decían algunas era una soberana
tontería. En el amor, en el amor verdadero entre dos seres no podía haber nada
malo. Si Dios era la esencia del amor. Con seguridad sus relaciones no habían
sido nada satisfactorias de lo contrario no sentenciarían de esa forma una
relación de amor, aunque esta se produjera en el tabú del sexo.
Se levantaron tarde, el desayuno, fijó como
última hora las diez de la mañana, a partir de esa hora el comedor se cerraba.
Fue abundante y con carga de calorías. En las habitaciones, el aseo personal,
las prendas de navegación fue la vestimenta de esa mañana, en una bolsa la ropa
para cambiarse al terminar el entrenamiento y salieron del hotel caminando
hasta el Club Náutico a unos quinientos metros. Abordaron sus embarcaciones e
iniciaron los entrenamientos. Disfrutaron como pocas veces. La mar algo brava
pero maravillosa para navegar y tener retos con los que enfrentarse. Había
rachas de viento fuerte pero supieron afrontarlos con serenidad y seguridad.
Cuando volvieron a amarrar sus botes estaban agotados físicamente. En la misma
cafetería del Club Náutico repusieron fuerzas, el almuerzo lo realizarían allí,
para regresar al hotel y descansar. Cuando ellos salían caminando hacia su
lugar de descanso llegaban los mexicanos, regresando de su entrenamiento, se
saludaron y quedaron en verse a media tarde en el hotel de la delegación
española. Vicente aprovechó el momento para trasladarse a esa dimensión donde
podía ver, tocar, oler, sentir a su amor. Mientras que Ester, no tenía sueños
se dedicó a repasar las asignaturas y preparar los exámenes que se le
avecinaban. Habló con sus padres y les contó todo lo sucedido, luego cuando su
progenitor se retiró a su despacho conversó con su madre sobre sus inquietudes.
Andrea, estuvo cariñosa y como siempre muy comprensiva con las inquietudes de
su pequeña. ¡Cómo no! Le aseguró que las decisiones eran suyas pero respetando
también a las personas cuya decisión les podría afectar. Por supuesto que se
refería a Robert. La conversación que mantuvo con el chico le tranquilizaba en
ese terreno. Estaba segura que sería capaz de respetar la corta edad de su
niña.
¿Le puedo
besar en los labios?
La pregunta le pilló de sorpresa pero
especialmente comprobó que las hormonas de su niña comenzaban a funcionar como
una mujer. Con la misma ternura y cariño le respondió
Mi amor tú
sabes…
No le dejó terminar. Sabía perfectamente
que la decisión debía ser suya. Pero percibía que su madre deseaba que
retrasase un poco más ese tipo de contactos con un chico y más con un joven
mayor de edad. Por ella, pero especialmente por él.
Sabía lo que debía hacer, esperar. No sabía
hasta cuándo pero estaba segura que debía aguardar. Había tantas cosas en común
entre los dos que sería fácil controlarse. Pero lo amaba tanto.
Sobre las diecisiete horas se personó en el
hotel Robert, en uno de los salones del hotel se encontraba conversando Ester
con Adel que ya había llegado. Se aproximó a la pareja y fue a darle los dos
besos de rigor en las mejillas pero el gesto de aproximación no lo vio ella y
al girar un poco la cara sus labios se posaron en los suyos. De inmediato
rectificó con la consiguiente disculpa. Pero su corazón se había alterado de
una forma escandalosa, le costaba respirar. Pidió disculpas y entró en el baño
para refrescarse y apagar el fuego que se prendió en su ser.
¡Dios!,
¡Dios! Crece por favor.
Se repetía mentalmente mientras el agua fría
refrescaba su cara y la nuca. Más controlado regresó junto a sus compañeros.
Adel no le dio la mínima importancia pues pensó que tenía necesidades
fisiológicas. No andaba muy descaminado pero a ciencia cierta que no era de las
que Adel pensaba. Ester si percató la reacción de Robert y una sensación de
cariño, de ternura hacia ese joven al que adoraba le inundó todo sus ser.
Pensamientos similares a los de él le llegaron a su mente. ¿Cuándo podrá ser?
Le hubiera gustado abrazarse a él y besarse apasionadamente pero comprendió que
su madre tenía razón. Quien más sufriría y padecería sería él sin ningún género
de dudas. Le dio la mano con toda naturalidad para sentarse juntos en el sillón
frente al americano. A los pocos minutos se les añadió Vicente. Se le veía
pletórico y Adel bromeó con el muchacho al ver la cara de felicidad que
portaba.
¿Qué con la
alemanita?
De inmediato la
intervención de Ester provocó el desmadre entre los jóvenes.
¿Has
conocido una alemana?
No. No a
que santo. Pero déjalo Ester. Son muy graciosos además dejemos el tema por
favor.
Sus amigos se dieron cuenta que no era una
broma que debían emplear delante de su amiga. Además era más propia de grupos
de adolescentes y ellos al menos teóricamente esa etapa la habían pasado. Pero
Ester era una chica incluso demasiado madura para su edad y dándole vueltas a
la cabeza consiguió caer en la broma de Adel.
“¡Dios! ¿Los
chicos solo piensan en sexo, o qué?”
Pero no le dio más importancia y al
comprobar que volvía a guardar las composturas ante una señorita prosiguió con
ellos la conversación.
Alguna de las tardes libres fueron a
regatear los tres juntos y tanto el entrenador americano como el representante
de México se enfadaron con sus pupilos.
“Al
enemigo en el campo del deporte ni agua”.
Pero en la charla que mantuvieron con sus técnicos
les aseguraban que eran ellos los que aprendían de la pareja española. Sin duda
tenían razón aquella niña regateaba como pocos. Poseía una superioridad sobre
sus rivales increíble y por si fuera poco esa deportividad, esa generosidad en
la competición estaba fuera de todos los cánones que ellos habían conocido.
Los días de la competición se iniciaron. Las
dos primeras jornadas eran clasificatorias y nuestro grupo no tuvo problemas
para acceder a la final del torneo. En la final Ester dominó las cuatro regatas
programadas. Y eso que sus tres amigos se emplearon a fondo. Antes de
despedirse y quedar en verse en Cancún, pues todos viajaban ese lunes a primera
hora. Adel comentó.
Está
claro que mientras compita con esta jovencita me va a resultar imposible ganar
una competición.
Lo decía en plan de broma pero todos eran
conscientes que era la pura realidad. Solo una desgracia podría privar a su
amiga Ester de lograr el oro en la olimpiada.
Cancún fue un calco de lo de Florida. Ahora
llegaba la hora de enfrentarse a los exámenes. Ese mismo lunes nada más
aterrizar en Donostia Ester se sumergió en los libros. Entre esas tres semanas
que le quedaban tendría que realizar las pruebas para acceder al siguiente
curso. Ya que a primeros de Mayo partía la expedición española de vela hacía la
India.
miércoles, 15 de abril de 2015
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXII- TENGO MIEDO...¿LO HE CONSEGUIDO!
CAPITULO
VIGÉSIMO SEGUNDO TENGO MIEDO… ¡LO HE CONSEGUIDO!
Vicente le propuso intentarlo de nuevo,
deseaba cuanto antes poderse abrazar a Terci. Pidió la llave de la habitación
de su madre. Conocedor de la existencia de dos camas donde podrían intentarlo a
la vez. Ella conectar con su abuelo y él con Terci. No lo dudaron. Se tumbaron
cada uno en una cama. La habitación la habían ambientado con dos puntos de luz
muy tenues y música relajante en el hilo musical. Los primeros pasos comenzaron.
Ester no tardó más de quince minutos en viajar. Allí estaba su yayo, se
abrazaron, cuantas cosas tenían para contarse. Iniciaron el paseo adueñándose
el silencio de la pareja. No sabía por dónde empezar soltando lo primero que le
vino a la cabeza. Anki. Al preguntar si era posible poder conocerle Julián
sonrió, tomó su mano y juntos se perdieron en el vacío hasta llegar al
acantilado. Allí estaba ella esperando a su gran amor. Ester permanecía
impasible sin poder mover ni las pestañas. Ante ella solo tenía a uno de ellos.
Cuando deseaba preguntar o conversar con Julián el personaje era él pero al
dirigirse a Anki, aparecía ella. ¡Tenía tantas preguntas!
Habló tanto con ella como con su abuelo
sobre Vicente y todas las coincidencias que se daban. Era la primera vez que
veía a Anki y se emocionó. Era tal y como se la había imaginado. Alta, más bien
delgada, cosa que el extrañó pues a su abuelo no le hacían mucha gracia las
personas muy delegadas. Tal vez porque tuvo que tratar varios casos de anorexia
en el colegio y le entristecía esa incapacidad de llegar para ayudarles a salir
de aquel pozo que tanto daño causaba en los adolescentes principalmente.
Siempre que se había reunido con su abuelo lo había hecho en la cala, en la del
Caribe y por primera vez cambiaron de escenario, en concreto en Wissant, en el acantilado de los sueños de Anki. El
lugar que le daba la vida
y donde se fue. Pero morir en aquellos parajes era lo que siempre había soñado
y hacerlo en brazos de su amor eterno era algo de lo que estaban profundamente
agradecidos al Señor.
Ester sintió
curiosidad por conocer la población. El rincón de sus últimos días y su lugar
de residencia. Paseando, con el ritmo pausado y sosegado de los nativos del
Caribe entraron en la localidad. Estaba desierta, pero era encantadora. Pasaron
por delante del Liceo y llegaron a entrar en la cafetería preferida de las
amigas. Luego una calle con algo de pendiente conducía a la salida del pueblo y
a unos cincuenta metros se encontraba la casa. Una valla de no más de cincuenta
centímetros, completamente blanca, rodeaba su parte anterior. Las paredes
blancas y el tejado de pizarra. Era pequeña pero muy acogedora. Empujaron la
pequeña puerta y accedieron a la propiedad. La entrada permanecía medio
abierta. No lo dudaron pasando el umbral de la puerta. Un pequeño recibidor, el
comedor, la cocina y un baño. Por una escalera de madera pudieron llegar a las
habitaciones. Allí estaba su lecho, esa cama que había compartido tanto amor
junto a sus moradores. Ester se emocionó. Percibió en su espíritu ese inmenso
amor que respiraban sus paredes. Recorrieron cada rincón de aquella sencilla
casa y luego anduvieron algo por las inmediaciones para regresar al acantilado
y allí despedirse.
Cuando Ester
regresó a la habitación notó a Vicente muy nervioso. Sin duda estuvo en
repetidas ocasiones a punto de alcanzar su objetivo, pero el miedo de todo
principiante le impedía, por sí solo, llegar. La otra vez lo consiguió porque
le iba tranquilizando. Sin el menor titubeo se puso a su vera y logró su
objetivo. Con voz pausada sin olvidar darle ese tono dulzón que lo relajó por
completo. Volvía a recuperar el sosiego mientras iniciaba el despegue de su
alma y al mismo tiempo dejaba de percibir los consejos de su amiga. El miedo le
atenazaba impidiendo el propósito de conexión. Pero recuperaba la voz serena y
tranquila de su compañera. En la tercera intentona despegó a una velocidad
vertiginosa. Pero seguía escuchando a Ester, cada vez la oía más lejos pero iba
logrando su objetivo. Seguía su vertiginoso viaje con el corazón en un puño.
¿Sería verdad todas esas historias que le
contaba su amiga?
En muchas
ocasiones lo dudaba, era tan increíble que a la razón se le hacía imposible
comprender lo. Pero el corazón le daba ese punto de duda por las inmensas ganas
que tenía de volver le a ver. Solo con tenerle delante habría merecido la pena
aquel viaje alucinante. Aquellos temores fundados a perderse, sin saber a dónde
ni si quiera como. Su corazón reposando en su cuerpo sobre la cama del hotel
palpitaba a mil revoluciones. De un momento a otro, o estallaba, o se salía de
su lugar de ubicación. La oscuridad absoluta iba poco a poco tomando luz. Esos
amaneceres del verano en Gandía junto a ella. Lo recordaba a la perfección.
¡Dios!
Su alma se
estremecía cuando contemplaba esos amaneceres junto a ella. Cada instante que
pasaba la luz se iba intensificando. De pronto un torrente de luz le deslumbró.
Era la corona solar quitándose las mantas de la mar para ascender a los cielos
y dar vida, calor y luminosidad a esa playa dorada, inmensa. La respiración se
le cortó. De pronto su corazón se detuvo y un escalofrío de felicidad inundó
hasta el último rincón de su cuerpo y de su espíritu. Ante él Terci, tan
hermosa o más que antes. Sintió que su espíritu lloraba de alegría, de emoción,
de dicha, de amor infinito. Sin embargo no derramó ni una sola lágrima. Se puso
a correr hacia ella y lo mismo le sucedió a Terci para contactar los dos
espíritus y morir en un infinito abrazo. Sus bocas se buscaban con
desesperación, sus almas encogidas, su dicha indescriptible. Si antes no estaba
convencido de la existencia de Dios aquel milagro le abrió los ojos y su Terci
formaba parte de él. Calmados los primeros anhelos, los primeros sentimientos,
las primeras sensaciones, se dieron la mano e iniciaron un paseo por esa playa
dorada fina como pocas. No se había producido ni un solo sonido. Caminaban en
silencio percibiendo todo lo que podían captar. Flotando sobre el suelo. Con
sus bocas abiertas para poder permitir mayor cantidad de aire y calmar a sus
pulmones que pedían más y más aire. Sin saber por qué le vino a su mente Ester,
esa criatura tenía que ver algo con ese Dios con el que creía ahora con toda la
fe y con toda su voluntad.
¡Lo he
conseguido! ¡Lo he conseguido!
De nuevo unos minutos en silencio, saboreando el
momento para volver a percibir la armonía de su voz inundando sus oídos.
Te encuentro fenomenal Vicente. Padecí mucho
por ti pues no levantabas ni el vuelo ni el ánimo a pesar de lo que hablamos.
Bendita voz,
bendita mujer, le rogaba que le disculpara mientras le agradecía que le hubiera
enviado a esa muchacha, porque estaba seguro que había sido ella, para poder
cumplir su promesa. Sus pasos se detuvieron se miraron y de nuevo se fundieron
en uno solo.
De nuevo el
paseo, el suave calor del astro sol, las aguas del Mediterráneo refrescando a
esas horas sus pies cansados del paseo.
Mientras
tanto Ester se dio cuenta que Vicente había logrado su objetivo, esas
expresiones de su rostro lo delataba. Era tarde y le dejó con su encuentro.
Ella bajó al comedor y cenó en solitario con el recuerdo de su Abuelo y de
Anki. Que ilusión le dio conocerla y dialogar con ella. Era una mujer que
transmitía serenidad, dulzura, paz, femineidad, clase. En fin todo lo que una
mujer despierta en su amor eterno.
¿Dónde le conduciría la vida? ¿Cómo sería su
futuro? ¿A ella también le esperaría una vida tan intensa?
Pero lo
cierto es que despejó rápidamente esos pensamientos recordaba la frase de su
abuelo.
“No te preocupes del pasado ni del futuro.
Porque el pasado, pasado es y el futuro está aún por llegar. Vive con
intensidad el presente. La vida es maravillosa y hay que aprovechar y disfrutar
el presente”.
Luego siempre
apuntillaba esa frase con la siguiente.
“Y si lo consigues ayudando y entregándote a
los demás nada ni nadie podrá amargar tu vida. Siempre serás feliz”
Para
rematarlo con lo que descubrió siendo un niño porque su padre se lo contaba y
lo vivía personalmente.
Solo en las cosas sencillas encontraras la
felicidad.
Añadía muchas
más pero no era cuestión de recordarlas todas mientras cenaba. Estaba feliz.
Poder ayudar a Vicente le engrandó el corazón. Ahora estaba convencida que su
amigo nunca más dudaría de ninguna fantasía que le contara. Porque esa fantasía
esas historias increíbles se cumplían y lo había experimentado en la propia
carne.
Terminó de
cenar y subió a la habitación, Vicente seguía en su viaje. Recordaba en esos
momentos su primer encuentro con su abuelo. No habría vuelto nunca. Fue
increíble y se figuraba que a Vicente le ocurriría tres cuartos de lo mismo. Le
dejó seguir saboreando ese primer contacto. Tomó las llaves, las dejó en
recepción para que Teresa pudiera subir a la habitación. Pidió las suyas y en
el ascensor accedió a la suya. El aseo personal y al sobre a descansar. Al día
siguiente debían seguir trabajando, que digo, disfrutando con la navegación. Se
paró unos instantes en reflexionar sobre lo de seguir trabajando. Como nos
metían en la educación la obligatoriedad, la imposición. Si realmente la vela
lo hacía por su amor profundo a la mar, a la navegación, al estar al aire
libre. A compartir con gente maravillosa deporte y afición. Pero dejó de
calentarse la cabeza y se quedó profundamente dormida.
Sobre la una
de esa madrugada llegaban los dos tortolitos. Pidieron la llave de la
habitación y entraron. Los constantes abrazos y muestras de cariño se sucedían
mientras iban alcanzando la parte principal de la habitación. Andaban en ropa
interior los dos cuando Rafael se dio cuenta de la presencia de Vicente, se
separaron de golpe y tras controlar el primer susto, que rebajó su libido. Al
comprobar que estaba completamente dormido optaron por esperar a la siguiente
noche para compartirse. Rafael se fue a su habitación se dio una buena ducha
fría para rebajar sus calores y siguiendo las mismas pautas Teresa hizo lo propio.
Antes de
desperezarse el sol por el Mediterráneo Teresa provocaba el regreso de Vicente
al mundo terrenal. Observó la expresión de felicidad en el rostro de su hijo
que le emocionó profundamente. Hipnotizado hasta las pestañas se levantaba,
besó a su madre sin pronunciar palabra y bajó a recepción a por su llave, para
ir a su habitación, cambiarse de ropa con una ducha intermedia y bajar a
desayunara a la cafetería del hotel.
Teresa
comenzó a darle vueltas sobre las circunstancias que rodearon la aparición de
su hijo en su habitación, pero especialmente esa forma de levantarse como
ausente y con una expresión de felicidad que la transmitía a quienes se
cruzaban con él. ¿Habría tenido sexo con alguna chica?
No. No eso era imposible, su amor por Terci
no se lo permitía.
Pero no podía
comprender todo lo sucedido. Por otro lado aunque no se había deshecho las
camas en las dos se había tumbado alguien. Con todos esos interrogantes se
disponía a salir de la habitación cuando golpearon a la puerta. Era Rafael se
intercambiaron una muestra de amor y de inmediato le comentó todos sus
interrogantes mientras el ascensor les conducía a recepción donde se encontraba
la cafetería. Vieron a los dos sonrientes. Con un resplandor en sus rostros que
Teresa llegó a sobresaltarse al pasar le por la cabeza si los dos se habían
acostado.
¡Dios!
Deseaba con
todas las fuerzas de su corazón que eso no hubiera ocurrido. Ester era una
niña. Rafael sintió a través de la mano que entrelazaba, esa tensión y se detuvo
e hizo detenerse a ella para preguntar.
Apartó esos
pensamientos de su mente y sonriendo respondió que ya se lo contarían pero los
chicos les podrían oír. Se sentaron en la mesa acompañando a nuestros jóvenes.
Comenzaron a percibir la conversación que mantenían los dos.
Ester ha sido una noche increíble.
Pausa que
comenzaba a preocupar si cabe un poco más a su madre para rematarla con la
respuesta de ella.
Siempre la primera vez es maravillosa
¡Dios! ¡Dios! No puede ser. ¿Qué he hecho
mal? Por Dios. ¿Qué he hecho mal?
No pudo más,
los habían dejado demasiado sueltos, principalmente a Vicente. Ester era una
niña. Sin poderlo remediar rompió la conversación con una frase lanzada en un
tono que la mayoría de los comensales se giró para saber que sucedía.
¿Has sido capaz de aprovecharte de una niña?
Vicente no te conozco.
La
expresión de incredulidad de los tres le dejó helada. Se había precipitado sin
ningún género de dudas iba a rectificar y esperar aclaraciones pero su hijo se
le adelantó
¿Has bebido mamá? Como puedes ni siquiera
pensar algo así. Tus sospechas son totalmente infundadas y te aseguro que en mi
vida lo hubiese creído.
Su madre
trató de cortar a su hijo pero le rogó que esperara estaba hablando él y le
aclararía todo.
Pero a ciencia
cierta que después de lo de anoche me creo lo que me cuenten.
No hay nada imposible y eso sí que se lo
debo a esta princesa.
Paró para
tomar aliento y de inmediato prosiguió ante la atenta expectativa de sus
compañeros de mesa.
Anoche viajé no se adonde, pero viajé a
donde están los espíritus y contacte con ella. Mamá…
Sus ojos
comenzaron a nublarse, la felicidad, el recuerdo, el deseo de regresar cuanto
antes le podía. Se tragó el nudo, gracias en parte a que su madre se había
levantado de la silla y le acariciaba como cuando era un niño.
Ester me ha enseñado a viajar a otra
dimensión es una técnica que emplean los Bribris y me la ha estado enseñando y
ayer por fin conseguí contactar con ella. Primero Ester y ahora ese viaje
alucinante, increíble me han hecho revivir y sentirme otro. Ya no cabe la tristeza,
ni la melancolía, ni la pesadumbre. Soy otro, mamá. Soy otro.
Los adultos
concentrados en lo que escuchaban no daban crédito a las palabras del muchacho.
Sin duda debía ser una especie de técnicas de hipnotismo que le llevaban a ver
lo que quería ver. Pero en ningún momento pensaron que fuera como él lo
relataba. Fue entonces Ester la que percibiendo sus pensamientos se lanzó a
decir.
Sé que andáis pensando que lo hipnoticé. Es
normal, todo incrédulo lo piensa. Y Vicente también lo creyó así.
De inmediato
volvió a intervenir él.
Te das cuenta mamá como es cierto lo que te
decía que era capaz de leer el lenguaje corporal. Os ha descifrado letra por
letra lo que vuestras mentes andaban pensando. Y tiene toda la razón antes de
lo de anoche pensé como vosotros ahora estoy convencido que no es así. Es más
tu sabes mamá que nunca creí en la vida trascendental, pero desde esta noche
pasada soy un convencido total, aquel espíritu, el de mi amada, era parte de
Dios y estoy convencido que Ester es uno de esos profetas que el Señor envía a
la Tierra para convertir a escépticos como yo.
Era difícil asimilar todo lo que estaban
escuchando, pero desde luego lo decían con tanta convicción que se hacía
difícil al menos no sembrar dudas sobre lo escuchado.
Teresa suplicó perdón por haber dudado de
esa increíble pareja. Vicente se levantó de su silla y se abrazó a su madre, no
tardó en hacer lo propio Ester para fundirse los tres y expresar su comprensión
con todo lo sucedido. Rafael, atónito y sorprendido tanto o más que Teresa
permanecía en su sitio sin ser capaz de mover un dedo.
Finalizado el desayuno subieron a las
habitaciones, el correspondiente aseo personal y en coche de nuevo al Club
náutico para hacerse a la mar.
Un día aprovechado para avanzar hacia su
objetivo. La olimpiada. A media tarde se dieron cita en el aeropuerto. Unos con
rumbo a Gandía, los otros dos a Madrid, donde en otro vuelo Ester viajaría a
Donostia.
miércoles, 8 de abril de 2015
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXI- TODO UN EJEMPLO
CAPITULO XXI- TODO UN EJEMPLO
Al día siguiente las dificultades de la mar
puso en aprietos a los regatistas, retirándose la mitad de los participantes.
Algunos directivos de la federación que se desplazaron opinaban que tal vez no
había servido de mucho el test pero Rafael les puso sobre la realidad. Tenían
dos regatistas de un nivel increíble y tras la olimpiada se darían cuenta de la
dimensión de los jóvenes, especialmente de Ester. Finalizada la competición no
se pudieron quedar a la fiesta que se organizaba pues debían tomar el avión
para estar en casa a la noche. Al día siguiente se iniciaban sus obligaciones
colegiales. Vicente se enfrentaba a la recta final del bachiller y su
correspondiente prueba de acceso y nuestra campeona el segundo trimestre de
cuarto de primaria.
En el aeropuerto no ocultaron su amor y la
pareja de adultos sellaron en un beso apasionado su obligada separación. Sin
duda el encuentro entre los dos no se limitaría al diseño exclusivamente.
Vicente y Ester que contemplaban la escena cogidos de la mano se presionaron
mutuamente, se miraron con ternura y tras un par de besos en las mejillas se
fueron a sus puertas de embarque respectivas.
Andrea había sido alertada del recibimiento
que le esperaba a su niña. Se formó un gran pasillo, repleto a ambos lados por
el alumnado del centro, desde la puerta principal hasta el aula donde
desarrollaba su labor colegial. En clase le aguardaba el director con su
profesora y sus padres.
Llegó como siempre correteando por el parque
Mélodi hasta llegar al centro educativo. Nada más girar para entrar por la
puerta se encontró con el percal. En la vida se hubiera imaginado algo así. No
habían tenido tiempo para prepararlo. Pero se mandó un mensaje a todas las
familias rogando que acudiesen un cuarto de hora antes al centro educativo. Una
lluvia de aplausos y algún que otro apretón de manos le acompañó hasta el aula.
Luego allí sus compañeros junto a su profesor, el director y sus papas le
recibieron. En primer lugar habló a sus compañeros de clase agradeciendo de
corazón el recibimiento pero lo que realizó en la competición Australiana era
algo que se enseñaba en aquel centro educativo desde hacía mucho tiempo.
Posiblemente, salvando los presente, el mejor maestro del mundo Don Julián pasó
por allí dejando su sello. Iban a reanudar las clases con normalidad cuando la
pequeña dirigiéndose a su profesora y al director que aún permanecían en el aula,
sus padres se habían ido, solicitó pasarse por las otras clases y agradecer a
todos el detalle que habían tenido. No era otro que el que brindaba junto a sus
compañeros a la labor que se desarrollaba en el centro. Fue el director el que
le tomó de la mano para pasarse clase por clase con aquella criatura y
agradeciera a todos sus compañeros de colegio. El detalle de Ester dejó
boquiabiertos a todos los maestros y profesores, especialmente como ponía al
centro como ejemplo alabando al equipo de profesores, porque el éxito era de
todos. Tampoco se olvidó de mencionar a su querido abuelo. Los más ancianos del
lugar aún se acordaban de su paso por el centro y como muy bien comunicó su
nieta dejó huella. Por su forma directa de decir las cosas, con educación y
respeto a todos, pero defendiendo sus ideas y posiciones. Recordaban sus
problemas con ETA, su gallardía y valentía ante esa banda de asesinos para
unos, de libertadores del pueblo vasco para otros. Algunos compartían su
posición, otros no, pero todos valoraban su honradez, jamás ni siquiera en los
momentos más difíciles cambio de camisa como hacían la mayoría e incluso
algunos trepas entre el profesorado.
Por fin a la rutina normal. Aun tuvo que
atender en el recreo y a la salida los saludos y felicitaciones de compañeros y
familiares de estos. Llegó a casa y recriminó a su madre con cariño. Sabía
lo que se preparaba y no le había dicho ni una sola palabra.
Comió y de inmediato se puso a repasar los
temas que se habían tratado en el aula. Poco antes de regresar al colegio
llegaba su padre, le dio un beso y un abrazo, pero tampoco se libró de la
reprimenda de su niña.
Poco a poco se iba recobrando la normalidad,
aun tuvo que saludar, comentar y responder a un buen número de personas pero
hablar era algo que le apasionaba y no le resulto molesto, todo lo contrario
disfrutaba conversando y respondiendo.
Al llegar a casa lo primero que hizo fue
ponerse en contacto con Robert, a esa hora seguro que le pillaba en el descanso
del instituto. Así era y por medio del Skype de su teléfono mantuvieron la
media hora del recreo hablando. Le relató el recibimiento que le ofrecieron sus
compañeros del colegio y la regata que pelearon ese fin de semana. Por supuesto que el flechazo entre la madre
de Vicente y Rafael no quedó fuera de la conversación pero hablarían más tarde
del asunto de nuevo para contarse los detalles.
Fue una mañana tranquila, al llegar el
viernes un nuevo encuentro en esta ocasión en Barcelona los reunió. No se
disputaba ninguna regata, simplemente eran cuatro sesiones para entrenar.
Finalizaría en la tarde del domingo, comenzando el sábado con mañana y tarde.
Para regresar a Madrid y de ahí a Donostia por la tarde noche, en el último
vuelo. Llegaron el viernes anocheciendo, al día siguiente no tenían que
madrugar pues Rafael se encargó de ir al club náutico y con ayuda de los
empleados tener preparada las embarcaciones para salir a primera hora, con los
primeros rayos solares, sobre las ocho de la mañana a la mar. Cenaron muy temprano,
no eran las veinte horas cuando se sentaron a la mesa, media hora, para tener
libre un par de horas e irse luego a la cama. La madre de Vicente se
desplazaría por carretera el sábado temprano para llegar al hotel antes de
partir a la mar. Le fue imposible ir con su hijo pues tenía unos asuntos que
resolver con unos clientes antes de irse por lo que optó por levantarse
temprano y acudir al hotel por la mañana. En la autopista de peaje en cuatro o
cinco horas se presentaba. Salió de Gandía a las tres y treinta minutos.
Las dos horas libres la empleo Ester para ir
entrenando a Vicente en las técnicas de relajación y poder viajar, al igual que
ella lo realizaba con su yayo, con Terci. Se metieron en la habitación de Ester
y de inmediato se inició la primera clase. Si todo marchaba bien en esa sesión
podrían dar unas tres o cuatro sesiones. La primera la respiración, era
necesario que entrenara todos los días al irse a dormir o descansar la
respiración abdominal, abandonando por completo la torácica. Esa técnica se
daba para cualquier tipo o método de relajación. Al actuar solo el diafragma y
dejar a los intercostales descansar podría lograr la pauso de un mayor número
de músculos. Les llevó cierto tiempo
lograrlo. Pero poco a poco se hizo con ese tipo de respiración. La segunda
sesión consistía en experimentar sensaciones de contracción relajación de los
diferentes músculos o grupos musculares. Par contraerlos y relajar los núsculos a
voluntad. Los de la mano, los de los brazos, los de los antebrazos, los pies,
las piernas los muslos, los glúteos y así recorriendo toda la gama muscular del
cuerpo. Para finalizar con los de mayor dificultad, los lumbares,
inter-vertebrales, los músculos del cuello, de la cara y de la frente. Vicente
iba poco a poco siendo consciente de sus músculos. Finalizó la segunda
contrayendo y relajando los que Ester le pedía. Sin duda un alumno adelantado,
pero como muy bien le expuso Ester cuando alguien tiene mucho interés por
lograr algo el aprendizaje se hace a mayor velocidad. En el transcurso de la
segunda sesión le invitaba a que fuera mentalmente a la respiración y
comprobara que solo el diafragma era el que intervenía. En ocasiones se percató
que no era así y volvía a mentalizarse para que solo el musculo que separa las
vísceras de los órganos vitales fuera el encargado de su respiración. Se
adentraron en la tercera sesión. Mediante la auto-relajación de Schütz tratar de ir
relajando toda la musculatura de su cuerpo. Mediante la auto-relajación, para
ello Ester fue instruyéndole en el origen e inserción de los músculos para
llevar su mente a esos lugares concretos y lograr que el músculo o grupos
musculares se relajaran con mayor facilidad.
Lo iniciaría en la mano para proseguir por antebrazo y brazo. Primero
del lado derecho y luego el izquierdo. Iniciando la relajación de la
musculatura superior e ir a los miembros inferiores para proseguir con las
mismas pautas. Poco a poco lograr una relajación total o al menos en esa
primera sesión al máximo nivel posible. Ester le comunicó que debía llegar a
una sensación de flotar en el aire, de ahí a viajar hacia el infinito, hacia
los espíritus era cuestión de tiempo, de fe ciega en ellos y de despertarlos
para que te ayudaran a encontrarte con ellos. Concentrado como pocas veces
Vicente siguió las indicaciones de su maestra, iba a llegar ese momento y el
miedo le retenía. Ya le había advertido Ester que eso sucedería. Volvía a
concentrarse y de nuevo esa sensación de estar cayéndose le impedía entrar en
ese trance imprescindible para viajar. Para perderse en el mundo de los
espíritus. De pronto sintió como se despegaba de la cama y su cuerpo quedaba
sobre el lecho mientras él viajaba a la velocidad de la luz para llegar a…
Pero los golpes en la puerta provocaron su
regreso al mundo real, o irreal, eso nunca se sabe. Pues como muy bien decía el
Usekör uno nunca sabrá si la realidad es lo que se vive en el momento o fue un.
Ese privilegio solo se le concedía a Sibú.
Conocer la realidad.
Era Rafael que los invitaba a ir cada uno a
sus habitaciones para dormir, les esperaban dos jornadas intensas y era
necesario el descanso.
Vicente se lamentó lo había logrado y
aquella conexión no le permitió contactar con ella. Ester le aseguró que lo que
había logrado no era normal y practicando pronto conseguiría ponerse en
contacto. Obedecieron a su entrenador. Vicente abandonó la habitación de su
amiga y se recogió en la suya para descansar. Al día siguiente debían afrontar
descansados las sesiones que les aguardaban.
En el desayuno se personó la madre de
Vicente, primero a su hijo luego a Ester para fundirse con aquel hombre que le
había llevado a encontrarse con su amor eterno. Desde luego no hubo disimulo
ninguno se abrazaron y besaron con pasión. En el vehículo de Teresa se
desplazaron hasta el puerto deportivo. Los dos deportistas abordaron sus naves
mientras que Rafael subió en una embarcación recreativa que le prestó el
presidente del Club, amigo personal de él. Con las tres embarcaciones en
funcionamiento se hicieron a la mar. Teresa acompañó a su pareja y presenció el
entrenamiento de los muchachos. Fue una jornada intensa se entregaron a fondo y
ensayaron infinidad de virajes y trazadas, provocaban accidentes y trataban de
salir de ellos con la mayor rapidez y eficacia posible. Llevaban ya cinco horas
sobre la embarcación debían regresar a puerto comer y salir de nuevo a la mar
pues muchas horas sol ya no les quedaba. De vestuarios salían duchados y
cambiados a las catorce treinta. La pareja les esperaba para comer. Lo tenían
todo preparado y comieron en armonía. Se respiraba tanta ternura, tanto cariño
y amor en aquella mesa que Ester los miraba y sonreía. Como le recordaba esa
escena a la que vivía a diario con sus padres. Vicente también los observaba y
ver a su madre feliz le hizo revivir momentos junto a Terci. A él también se le
quedaba esa cara de bobo que mostraba su entrenador cuando contemplaba a su
madre. No pudo evitarlo y unas lágrimas recorrieron sus mejillas, se levantó
pidiendo disculpas y se fue hacia los servicios. No respondió a las llamadas de
Rafael y como era el único que podía entrar en los servicios fue detrás del
muchacho. Lo encontró en el lavabo mientras trataba de refrescar el sofoco y
eliminar las lágrimas que se deslizaban por su cara.
Disculpa
Vicente. Amo a tu madre, pero no quiero molestarte si esas lagrimas son por mi
comportamiento procuraré mantener otra posición cuando esté con vosotros.
Vicente comenzó a reír, como podían pensar
que le molestara, por fin había visto feliz a su madre. Llena de vitalidad y
sin pensar solo en el trabajo. Con aquel hombre se compenetraba hasta con su
profesión. Vicente se abrazó a su entrenador y le confesó todos sus
sentimientos. Le relató parte de su tristeza, la perdida de Terci y como Ester
le había devuelto la alegría de vivir, de sentirse feliz a pesar de los
pesares. A sentir placer con la entrega a los demás. Le explicó que aquella
escena en la mesa le recordó una vivida con su Terci y el rostro de su madre le
recordó a ella. Aquella escena le llegó a la fibra floja. Los dos hombres
regresaron juntos abrazados hombro con hombro, conversando y riendo a
carcajadas, mientras sus compañeras perplejas se miraban para encontrar alguna
respuesta. Teresa no comprendía nada pero Ester había interpretado a la
perfección lo sucedido a su amigo y antes que llegaran se lo aclaró. Pero no
había visto ninguna aclaración con aquel milagro de la humanidad y al sentarse
le pregunto. Su hijo le dijo palabra por palabra las mismas frases que Ester le
había confirmado. Giró mirando a la chiquilla mientras exclamaba.
¡No es
posible!
Pero no había demasiado tiempo finalizaron
la comida y sobre las dieciséis horas estaban en la mar. No llegó a las dos
horas, pero las aprovecharon bien.
Teresa de regreso al hotel comentó con su
hijo si lo había hablado con su amiga. Sonrió seguro que su amiga le habría
salido con la lectura del lenguaje corporal de alguien. Le fue explicando la
capacidad de esa niña de leer cómo si de un libro se tratase el lenguaje
corporal, al comentarle que le había repetido palabra por palabra las frases
que él le iba a comunicar antes de que se produjera. Asegurando:
No me
extraña en absoluto mamá a mí me lee hasta los pensamientos. Muchas veces tengo
que tener cuidado en no pensar algo desagradable. Fíjate hasta qué punto es
capaz, que el primer día que os conocisteis tú y Rafael sabía que había habido
conexión. No le creí pero la otra noche lanzó un tenedor adrede al suelo para
que lo recogiera y observara como os estabais acariciando por debajo de la
mesa.
Teresa comenzó a reír no podía creerlo era
algo inexplicable. Su hijo le aseguró que cuando tuvieran un poco de tiempo le
comentaría algo que le asombraría muchísimo más. Pues él mismo aunque lo había
visto la incredulidad seguía en su conciencia
Sobre las veinte horas entraban en el hotel.
Rafael y Teresa salían para asistir a un espectáculo teatral. Acordaron con los
muchachos que no saldrían del recinto y no olvidaran que la cena se servía
entre las veinte horas y las veintidós treinta.
miércoles, 1 de abril de 2015
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XX- UNA VIDA COTIDIANA
CAPITULO XX UNA VIDA COTIDIANA
Teresa, madre de Vicente, conocía la predilección de Ester por los musicales. Antes de cenar se pasó por recepción con la intención de lograr seis entradas para el mejor musical que se representara en la capital. A ser posible un palco. Andaban finalizando la cena cuando un botones llevaba en una bandeja las entradas. Los ojitos de Ester se abrieron, como los de un mapache, cuando Teresa les comunicaba que un coche les esperaba para conducirlos al centro de Madrid donde asistirían al musical. Unos minutos para el aseo bucal, ligero retoque en sus peinados y subir en la limusina que aguardaba en la entrada. Al detenerse en la puerta del teatro otro personaje les esperaba. Rafael, aceptó encantado la invitación que le entregó un botones del hotel junto a una nota. La niña estaba ilusionada y a pesar de estar destrozada por el viaje un musical no se lo perdía por nada. Vicente no era un amante de esos espectáculos pero fue de quien partió la idea de asistir esa noche y Teresa no lo dudó un segundo. Fue una gran representación y la plantilla de actores increíble disfrutando de lo lindo.
Desayunaron juntos y luego un abrazo selló la despedida. Vicente rumbo a Gandía en compañía de su madre mientras Ester lo hacía con sus padres para Donostia. Al día siguiente, viernes, a las cinco de la tarde debía ir al aeropuerto en Irún para desplazase a Cádiz y de ahí a Algeciras donde les esperaba una nueva regata. No iban a tener ni un fin de semana de descanso. Su madre le advirtió que se preparara la cartera el lunes se reanudaban las clases después de las vacaciones de Navidad. Así lo hizo. Al concluir lo solicitado por su madre y aunque no era la hora habitual de cenar la familia decidió ir a la Perla, el servicio no regresaba hasta el lunes de las mini vacaciones, y Andrea no andaba por la labor de ponerse a cocinar.
No eran las veintidós horas cuando regresaban a casa y la niña se metió directa en su cuarto, tras las buenas noches a sus progenitores. Andaba con la idea de poderse conectar con su abuelo para contarle todo lo sucedido. Casi olvida el aseo personal antes de ir a dormir. Cosa sagrada y ritual en ella. Con la luz apagada y tapada con el nórdico hasta las orejas comenzó a tratar de relajarse para poder conectar. Le costó algo más que en otras ocasiones pero poco a poco comenzó a sentir como su espíritu se elevaba para perderse en el infinito y aterrizar en esa cala inconfundible. Ahí estaba el abuelo de pie junto a su palmera abriéndole sus brazos. De la mano comenzaron a caminar por el linde de la playa. Esta vez no aguardó esos minutos de silencio que solían emplear, relatando de inmediato todo aquel increíble viaje. Cómo le seleccionaron para esa próxima olimpiada. Julián se congratulaba especialmente por las circunstancias que se dieron para ello. Le había tocado el corazón y llegó a comentar que el logro era doble. Prosiguió contando el comportamiento de Albert, su abuelo sonrió, con su nieta había logrado su obra de arte como educador. La eternidad estaba garantizada. Le relató punto por punto la historia de Vicente y se sorprendió. Invitándole a que indagara sobre aquella chica. Sus padres debían llevarle a Wissant, para tratar de descubrir si había alguna relación con su familia. Así se lo prometió a su abuelo y prosiguieron el paseo hasta que decidieron separarse uno para regresar a la eternidad, ella a su cama y recuperar fuerzas, pues el fin de semana seria intenso.
En esa mañana se recreó en su lecho, tenía mucho sueño retrasado y lo recuperó sin ningún género de duda. Al mediodía las señoras de la casa se fueron a comer a la bodeguilla cercana al palacete. Greet tenía guardia veinticuatro horas y las pasaría en el hospital. Luego de reposar un poco la comida su madre cogió el coche y le acompañó hasta el aeropuerto. En Cádiz Rafael aguardaba su llegada para trasladarle al hotel de Algeciras donde entrenarían y competirían. De nuevo Vicente esperaba junto a su entrenador, se saludaron con euforia para ir directamente a cenar. Estaba finalizando cuando se personó Teresa, había quedado con Rafael para tratar el asunto del diseño. Fue directa a los jóvenes dio un fuerte beso a Ester y luego se fundió con su hijo para saludar a Rafael que se había levantado de la mesa. Concluidos los saludos fue a recepción y se inscribió en el hotel para ese fin de semana. Rafael le acompañaba a pesar de sus ruegos para que concluyera la cena con los chicos pero le acompañó hasta recepción, subió las maletas hasta la habitación para en un sillón de la planta esperar a que saliera arreglada. Teresa se duchó cambió la ropa y al verle aguardando le abrumó tanta caballerosidad. Mientras cenaba, él se tomó los postres para esperar pacientemente a tomar juntos el café. Ester captó de inmediato que algo romántico comenzaba a nacer entre los dos. Al comentarlo con Vicente éste le aseguró no creía que pudiera pasar. Su madre no volvería a caer en la garras de ningún hombre. Sonrieron sin darle mayor importancia, pero estaba convencida. Lo había leído en sus almas a través de sus miradas. La magia y la brujería de Usekör fue transmitida a través de su abuelo. Mientras nuestros dos jovencitos iban a perderse en sus habitaciones, la pareja se quedó charlando en el comedor, hasta que les invitaron a salir pues iban a cerrar para recoger y preparar las mesas del desayuno.
Salieron juntos del hotel y fueron a un pub a tomar unas copas y proseguir hablando sobre el proyecto de la joven. Ambos habían hablado con sus padres. Andaban incrédulos ante la actitud de aquel matrimonio. No eran ningunos ignorantes, pero tenían una confianza plena en su pequeña y en cosas que solo le afectase le permitían tomar sus decisiones. Pero comentaron si había algo que pudiera influir en otros se hablaba y se tomaban las cosas por consenso. Era la filosofía del abuelo. Los equipos son los que mejor funcionan y mayor resultado aporta. Pero sobre todo el resultado se reparte entre todos por igual haciendo protagonistas a todos los que participan en el proyecto. Dejando el protagonismo. Una filosofía de la educación que les llegó a los dos ingenieros. Ambos estaban de acuerdo que el diseño era casi incomprensible que una persona sin una base científica hubiera ideado de esa forma un diseño de ese tipo.
¡Esta cría cuando sea ingeniera nos lleva al resto a la jubilación!
El comentario de Rafael fue refrendado mientras reían y sus manos se rozaron. Sus risas cesaron y la expresión de sus rostros reveló sin la menor duda que las sospechas de Ester no andaban muy descarriladas. Sus almas se elevaron un peldaño más y como imán y pieza metálica sus labios se aproximaban sin posibilidad de freno, para morir los de uno en los del otro. Sus brazos comenzaron a rodear a su pareja y fundidos intercambiando sus químicas permaneciendo por espacio de unos minutos. Las primeras reacciones químicas daban a entender que el resultado era satisfactorio. De nuevo todos los escalones hasta llegar al supremo, al del amor eterno. En la pista de baile fundidos en uno se movían al ritmo lento de esa melodía que no olvidarían en sus vidas. De nuevo sus químicas, de nuevo las reacciones confirmando, sino aumentado el resultado.
Cuando Teresa fue a su habitación no daba crédito a lo sucedido, a los dos les hubiera gustado finalizar esa noche juntos pero eran personas con los pies en el suelo. No eran unos niños y si se trataba de una aventura más habría tiempo para ello. Pero a los dos les pareció lo más correcto reprimir sus instintos y obedecer a la cabeza. Jamás se hubiera imaginado llegar a ese escalón, cuando se casó con su marido pensó que lo había alcanzado pero desde luego le faltaban demasiados peldaños. Ahora estaba convencida que esa escalera que conducía al amor eterno se había terminado, con aquel hombre alcanzó el último. Rafael era esa persona que el Señor le había reservado. Detuvo su mente y sonrió estaba repitiendo las palabras de su hijo con Terci.
¡Cómo debió sufrir su niño al perderla!
Ahora comprendía ese bajón, esa tristeza. Como adoraba, si cabe más, a esa criatura que levantó el ánimo de su hijo y luego le condujo hasta ese hombre que todo daba a entender que sería ese amor eterno que pregonaban la pareja de críos. Esa niña portaba la alegría por donde pasaba, convertía a la gente a ese mundo que es increíblemente maravilloso, aunque en ocasiones sea infinitamente injusto. Otra de las últimas frases de su hijo, y como no transmitida por ese ángel.
La regata se desarrolló en dos mangas una por la tarde del sábado y la otra el domingo en la mañana. Pero muy temprano andaban con las embarcaciones realizando diversas trazadas en el campo de regatas. No conocían esas aguas y debían acomodarse en ellas lo antes posible. Sin duda un buen test para ver cómo se desenvolvía nuestros jóvenes. Ester leyó de inmediato el mar, sería su primera competición sin un conocimiento externo del lugar por nativos de la zona, pero había navegado en tantas aguas y con su abuelo había hablado de esos lugares de la costa española. Teniendo información privilegiada sobre las aguas de Algeciras gracias a su yayo. A Vicente por la noche se lo estuvo contando y salvaron a la perfección las dificultades con las que se encontraron. La tarde no ofreció ninguna dificultad a nuestros navegantes y la ventaja de los dos representantes españoles sobre el resto fue muy superior.
Ester estaba cada vez más convencida de la chispa que saltó entre esa pareja. Rafael y Teresa, estaban cenando en el hotel cuando tiró con toda la intención el tenedor al suelo. De inmediato Vicente se agachó a recogerlo y en voz baja le rogó que mirara a su madre. Su mano se entrelazaba con la de Rafael por debajo de la mesa y las caricias de una mano en la otra se repetían como dos adolescentes. No daba crédito a lo visto. Ester tenía razón. Era una bruja, buena por supuesto, pero una bruja. Lo cierto es que no le disgustó. Ya era hora. Pensó. Su madre se merecía encontrar a alguien con la sensatez y la bondad de Rafael. La pareja había alcanzado ese peldaño. Él seguiría enterándose de la vida del abuelo de Ester porque esa misma vida sería la que llevaría, entregándose a los demás y disfrutando de Terci cuando su amiga le enseñara esas técnicas para acudir al mundo de los espíritus. Tenía la convicción que aunque no fuera descendiente de aquellos indígenas, Don Julián tampoco lo fue, consiguió conectar con Anki. Su vida era paralela a la de Don Julián porque no iba a poderse comunicar con su amor. Todo ese bombardeo de ideas le machacaba el cerebro mientras recogía el tenedor y contemplaba la escena. Al recuperar la verticalidad le entregó el tenedor a su amiga, le sonrió, replicando con el mismo gesto. Y mientras sus almas se llenaban de una felicidad sin límites, soltó.
Tienes que enseñarme a viajar al mundo de los espíritus. Necesito conectar con Terci. ¿Me enseñaras verdad?
Ester sonrió su alma flotaba a sentir como su abuelo y él por medio del Señor le daba esas energías para repartir felicidad y alegría a todos los que le rodeaban. Por supuesto que le ayudaría no faltaría más. Será maravilloso instruirlo en las técnicas de concentración de los Bribris para conectarse con sus seres queridos.
Cuando su madre le dio un beso de buenas noches se encontró con el comentario de su chico.
No le dejes escapar mamá es un gran hombre
Ella se quedó por unos instantes de piedra. Si había sido discreta al máximo y su chico le salía por esas. Se abrazó más fuerte a su hijo y plasmándole dos sonoros besos le respondió
Lo intentaré con todas mis fuerzas.
Un cumplido de su hijo finalizó el encuentro para subir a su habitación y descansar hasta la mañana siguiente.
No te esfuerces mucho, una mujer tan maravillosa no lo necesita. Además lo tienes en el bote.
Cuando los chicos se subieron a sus habitaciones Rafael se quedó con ella en la cafetería. Le propuso repetir en el mismo pub de la noche anterior, pero él le aseguró que tenía otro plan mucho mejor. Se levantaron de la mano subieron en el ascensor y juntos entraron en la habitación de ella pues el compartía con otro técnico la suya.
Espero que no te ofendas pero Ester me pidió que fuera sincero contigo, que no perdiera el tiempo.
Primero comenzó a reírse y luego se contagió se abrazaron, se besaron y…
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