miércoles, 22 de abril de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXIII- LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA

CAPITULO VIGÉSIMO TERCERO 

LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA


 


   Los días, que conducían a las vacaciones del segundo trimestre, fueron muy intensos. Su tutora le había impuesto un régimen, de estudio, de trabajo muy severo y para vacaciones debía completar varias tareas pues acordaron que nada más regresar de la gira de Estados Unidos y México le pasaría los controles finales. En Mayo se iban definitivamente a la India, país donde se celebraban las olimpiadas y era necesario finiquitar el curso. Casi cuatro meses para amoldarse y entrenarse con intensidad para lograr los resultados que todos esperaban.

   Para Vicente fueron unos meses increíbles, también la intensidad de los estudios fue frenética, pues igual que Ester le examinaban al regresar de vacaciones. Llevaba todos los temas muy avanzados y se quedaba un par de horas todos los días en el instituto con los profesores que se ofrecieron a ayudarlo. Lo cierto es que se encontró con muchas facilidades, pero el esfuerzo era notable y sus profesores pusieron esa ayuda que precisaba un alumno brillante y en esas condiciones. La selectividad la Federación acordó con el ministerio que en la embajada española en la India les enviarían los exámenes para realizar los en las fechas programadas para todos los estudiantes en España. No iban a consentir que un representante de España y más con el nivel intelectual pudiera perder un año. Lo cierto es que su madre se movió para lograr que el esfuerzo de su niño no quedara en agua mojada. Pero a pesar de los pesares el haber podido conectar con Terci le había proporcionado las fuerzas para no fallecer. Incluso esa intensidad le ayudaba a asimilar toda esa felicidad que le rodeaba. Jamás podría compensar a su joven amiga todo lo que había hecho. Se contagió de esa mujercita y al igual que Robert comenzó a colaborar con estamentos de ayuda a los necesitados. En un principio pensó realizar algo similar a su amigo pero su poder económico aunque muy bueno no era el de su amigo mejicano. Añadiendo a ello el embarque empresarial de su madre con Rafael en una aventura empresarial que aunque no dudaba que triunfaría, pues cosa que tocaba Ester no fallaba, no le permitía tener los recursos necesarios para emprender una idea como la de su amigo. Por ello se limitó a dedicar su escaso tiempo a ir involucrando a compañeros y compañeras del instituto. Tanto Robert como Adel no asistirían a la India hasta junio, un mes antes de iniciarse los juegos. Pero las vacaciones, del segundo trimestre, estaban ahí y pronto los cuatro amigos se verían para compartir su amistad, sus inquietudes, sus sueños y la rivalidad en la vela. Se había formado un grupo increíble constituido alrededor de esa mujercita a la que llevaban en bandeja. En sus respectivos centros de estudio aseguraban que iban a tener por amiga a la mujer más jovencita ganando una medalla de oro olímpica en la especialidad de vela. Estaban convencidos, el reto era quien lograría estar con ella. Uno de ellos no tendría el honor de subir con sus amigos. Pero todos aun sin lograrlo se sentirían protagonistas al ver a sus compañeros compartir con ellos la victoria en una competición. Pues su amistad estaba muy por encima de una simple competición por muy olimpiaca que fuera. Su amistad era lo más importante y ese no se conquistaba en una cita, aunque se celebrara cada cuatro años. Estaban radiantes, ilusionados con ese próximo encuentro. Robert contaba hasta las décimas de segundo que tendría que esperar para fundirse con su mujercita. ¡Cómo la adoraba! Por fin llego esas semanas esperadas y anheladas. Ester y Vicente con todo el equipo olímpico de vela español se encontraban en el aeropuerto de Barajas con destino Florida. En Cancún se preparaba Robert para viajar con otro componente de la clase Laser los cuales representarían a México en la olimpiada en aquella importante cita, una de las últimas antes de la olímpica. Mientras que nuestro amigo Adel volaba desde Texas para encontrarse, con ellos. No iban a estar todos en el mismo hotel, si cercanos, pero ambas dependencias andaban cerca del club náutico de donde partía la competición. Ese lunes de la Semana Santa aterrizaba la aeronave procedente de España con dos de los componentes del grupo. Por la tarde llegó Robert y hasta la mañana siguiente no haría su llegada Adel. La delegación española fue llegar, subir a sus habitaciones y bajar lo más rápido posible para el almuerzo de ese día. Ester se retrasó, cosa extraña en ella, era la puntualidad por excelencia, pero problemas de mujer le retuvieron algo más de lo que le hubiera gustado. Ahora no estaba muy segura que fuera una gran alegría que le hubiera llegado la menstruación tan temprano. Pero por otro lado ya era capaz de provocar vida. El gran milagro, la posibilidad de dar vida. Cuando llegó a la mesa todos le aplaudieron, era su primera vez. Su puntualidad tenía alucinado al resto de los componentes de la expedición y había que celebrarlo. Pero ante el asombro de la mayoría, no era normal que una cría contara lo sucedido con esa normalidad, explicó justificando su retraso.

 

    Me disponía a bajar a cenar cuando quien bajó fue la regla, tuve que volver a la habitación. El tiempo que me llevó asearme y cambiarme de ropa es la causa de mi retraso.

 

   Aplaudieron la espontaneidad de la criatura, era la princesa de la delegación. Todos le querían, cuidaban, protegían y mimaban con un cariño especial. Cada uno en su momento y en su tiempo recordaba cuando algún problema les estaba agobiando lo captaba de inmediato y se aproximaba para animarle y minimizar al máximo el problema o la preocupación. Todos recordaban que terminaban riendo a carcajadas con aquella mujercita. Se sentó junto a Vicente, como no, y soportó las tonterías del gracioso del grupo, que aseguraba que la pareja eran novios. Se lo habían explicado por activa y por pasiva, pero lo mejor era dejarlo hasta que se cansara. Cenaron en armonía y como hasta las doce del día siguiente no estarían las embarcaciones a punto, les dieron tiempo libre. Vicente, era mayor de edad, pidió permiso a su “papá” para hacerse cargo de Ester. Rafael consciente de la sensatez de su “hijo” no puso el menor inconveniente. Se acercaron al hotel de Robert pues si no había llegado estaría a punto. Les faltaban unos doscientos metros para llegar cuando vieron el micro-bus de la delegación mexicana que aparcaba en la entrada mientras sus pasajeros iban bajando y buscando sus equipajes. Al ver a Robert le llamó a voz en grito, dejó cuanto tenía en las manos en el suelo y corrió hacia su princesa a toda la velocidad que le proporcionaban sus piernas. La tomó en brazos y la elevó un cuerpo por encima de su cabeza para luego recogerla con delicadeza hasta colocar sus pies, mientras amortiguaba la caída, en el suelo. Fue un abrazo más prolongado de lo normal. Llevaban tiempo sin verse y anhelaban estar juntos. Dos besos en las mejillas sellaron el encuentro para fundirse en un apretón de manos y un abrazo con Vicente. Le acompañaron hasta el vehículo y le ayudaron con el equipaje. Por supuesto que los dos caballeros se negaron en rotundo que la señorita llevara peso. Al preguntar si habían cenado primero unos lo confirmaron y luego el viajero también ratifico haber cenado en el vuelo. Robert preguntó a su entrenador si podría dar una vuelta con sus amigos. Aceptó con la condición de estar en su habitación antes de las veintitrés horas. No hubo problema era el margen que Rafael les había dado a ellos. En los locales de copas de la playa de la localidad se perdieron para tomar unos refrescos y conversar. Las manos de Robert y Ester no se separaron en toda la noche. Solo al despedirse lo hicieron para abrazarse y regalarse un par de besos en las mejillas. Robert la encontró cambiada. Más bonita que la última vez y los signos externos de mujer comenzaban a delatarse a través de sus ropas. Esperaba no ser celoso porque aquella criatura iba a ser un monumento de mujer. En ese proyecto que se esbozaba era encantadora y observó que varios muchachos y no tan muchachos la miraban con ojos que no le gustaron en absoluto. Cuando entró en su habitación rogaba a los cielos que no le permitiera tener celos porque aquella mujer que le había arrebatado el corazón por muy bella que fuera, por mucho que le acosaran siempre sería fiel. La conocía de sobra. Aquella frase. ¡Cómo no! De su abuelo.

 

   “La palabra es sagrada”

 

   También se la había apropiado y hasta la fecha la llevaba a rajatabla. Sin duda lo que tenía era falta de seguridad en sí mismo. Meditaba consciente que el problema estaba en él y debía entrenarse para sacarlo definitivamente de su interior. Aquella mujer precisaba de un compañero seguro, buena persona y entregado a los demás. Eso lo tenía muy claro.

   Estaba radiante se metió en la cama dándole vueltas a la conversación sobre la organización creada por Robert. Se alegraba del éxito que estaba teniendo y la visión de su príncipe para auto gestionarse sola sin necesidad de depender de las donaciones. Que por cierto seguían y a un gran nivel. Pero esos fondos se dedicaban unos para tener un remanente en caso de surgir algún problema y otros para crear nuevas organizaciones en otros campos de la sociedad. Escuchó la propuesta que le hizo su padre y se emocionó al comprobar la respuesta de Robert. Lo cierto es que no sabía muy bien porque se extrañaba era ya una persona adulta, con derecho a voto. Pero siempre pensaba que eran de la misma edad. Por supuesto ella contaba con esos dieciocho años. En ocasiones Robert le comentaba que físicamente no los tenía pero su madurez era la de una joven de su edad. Ester había hablado mucho con su madre sobre el tema de su relación con Robert, era cierto que se sentía atraída por aquel muchacho. Estaba convencida que era el amor eterno, como Anki lo era de su abuelo o Terci de su amigo Vicente. Pero Robert seguía en la tierra y era un joven en plena efervescencia. Aunque se sentía atraída por él no había ese fuego que sin duda llegaría cuando su cuerpo madurara un poco más. Andrea le contó la conversación que mantuvo con él. Hablaron largamente y ahora comprendía mucho mejor a su amor cuando lo notaba como se controlaba. Esas situaciones le hacían estremecer. Como aceptó sin el menor reparo esa relación sin ese apartado importantísimo en toda relación de pareja, pero que no era el único y otros más profundos, mas interiores le permitían sobrellevar la situación. Ester le preguntó a su madre a qué edad podía tener una relación en ese otro campo. Andrea le sonrió para el amor no hay edad le contestó pero estoy segura que tanto tú como Robert lo descubriréis en el momento que tenga que llegar. Tenía una madre increíble había hablado del tema con compañeras de cursos superiores y desde luego los consejos que les daban sus madres no tenía nada que ver con la libertad y la responsabilidad que le correspondía a toda persona libre. Siempre había trabas o lo que era peor algunas lo presentaban como algo malo. Siempre pensaba que aquello que decían algunas era una soberana tontería. En el amor, en el amor verdadero entre dos seres no podía haber nada malo. Si Dios era la esencia del amor. Con seguridad sus relaciones no habían sido nada satisfactorias de lo contrario no sentenciarían de esa forma una relación de amor, aunque esta se produjera en el tabú del sexo.

   Se levantaron tarde, el desayuno, fijó como última hora las diez de la mañana, a partir de esa hora el comedor se cerraba. Fue abundante y con carga de calorías. En las habitaciones, el aseo personal, las prendas de navegación fue la vestimenta de esa mañana, en una bolsa la ropa para cambiarse al terminar el entrenamiento y salieron del hotel caminando hasta el Club Náutico a unos quinientos metros. Abordaron sus embarcaciones e iniciaron los entrenamientos. Disfrutaron como pocas veces. La mar algo brava pero maravillosa para navegar y tener retos con los que enfrentarse. Había rachas de viento fuerte pero supieron afrontarlos con serenidad y seguridad. Cuando volvieron a amarrar sus botes estaban agotados físicamente. En la misma cafetería del Club Náutico repusieron fuerzas, el almuerzo lo realizarían allí, para regresar al hotel y descansar. Cuando ellos salían caminando hacia su lugar de descanso llegaban los mexicanos, regresando de su entrenamiento, se saludaron y quedaron en verse a media tarde en el hotel de la delegación española. Vicente aprovechó el momento para trasladarse a esa dimensión donde podía ver, tocar, oler, sentir a su amor. Mientras que Ester, no tenía sueños se dedicó a repasar las asignaturas y preparar los exámenes que se le avecinaban. Habló con sus padres y les contó todo lo sucedido, luego cuando su progenitor se retiró a su despacho conversó con su madre sobre sus inquietudes. Andrea, estuvo cariñosa y como siempre muy comprensiva con las inquietudes de su pequeña. ¡Cómo no! Le aseguró que las decisiones eran suyas pero respetando también a las personas cuya decisión les podría afectar. Por supuesto que se refería a Robert. La conversación que mantuvo con el chico le tranquilizaba en ese terreno. Estaba segura que sería capaz de respetar la corta edad de su niña.

 

    ¿Le puedo besar en los labios?

 

      La pregunta le pilló de sorpresa pero especialmente comprobó que las hormonas de su niña comenzaban a funcionar como una mujer. Con la misma ternura y cariño le respondió

 

    Mi amor tú sabes…

 

     No le dejó terminar. Sabía perfectamente que la decisión debía ser suya. Pero percibía que su madre deseaba que retrasase un poco más ese tipo de contactos con un chico y más con un joven mayor de edad. Por ella, pero especialmente por él.    

  Sabía lo que debía hacer, esperar. No sabía hasta cuándo pero estaba segura que debía aguardar. Había tantas cosas en común entre los dos que sería fácil controlarse. Pero lo amaba tanto.

   Sobre las diecisiete horas se personó en el hotel Robert, en uno de los salones del hotel se encontraba conversando Ester con Adel que ya había llegado. Se aproximó a la pareja y fue a darle los dos besos de rigor en las mejillas pero el gesto de aproximación no lo vio ella y al girar un poco la cara sus labios se posaron en los suyos. De inmediato rectificó con la consiguiente disculpa. Pero su corazón se había alterado de una forma escandalosa, le costaba respirar. Pidió disculpas y entró en el baño para refrescarse y apagar el fuego que se prendió en su ser.

 

    ¡Dios!, ¡Dios! Crece por favor.

 

   Se repetía mentalmente mientras el agua fría refrescaba su cara y la nuca. Más controlado regresó junto a sus compañeros. Adel no le dio la mínima importancia pues pensó que tenía necesidades fisiológicas. No andaba muy descaminado pero a ciencia cierta que no era de las que Adel pensaba. Ester si percató la reacción de Robert y una sensación de cariño, de ternura hacia ese joven al que adoraba le inundó todo sus ser. Pensamientos similares a los de él le llegaron a su mente. ¿Cuándo podrá ser? Le hubiera gustado abrazarse a él y besarse apasionadamente pero comprendió que su madre tenía razón. Quien más sufriría y padecería sería él sin ningún género de dudas. Le dio la mano con toda naturalidad para sentarse juntos en el sillón frente al americano. A los pocos minutos se les añadió Vicente. Se le veía pletórico y Adel bromeó con el muchacho al ver la cara de felicidad que portaba.

 

   ¿Qué con la alemanita?

  

De inmediato la intervención de Ester provocó el desmadre entre los jóvenes.

 

     ¿Has conocido una alemana?

 

      No. No a que santo. Pero déjalo Ester. Son muy graciosos además dejemos el tema por favor.

 

   Sus amigos se dieron cuenta que no era una broma que debían emplear delante de su amiga. Además era más propia de grupos de adolescentes y ellos al menos teóricamente esa etapa la habían pasado. Pero Ester era una chica incluso demasiado madura para su edad y dándole vueltas a la cabeza consiguió caer en la broma de Adel.

 

 “¡Dios! ¿Los chicos solo piensan en sexo, o qué?”

 

   Pero no le dio más importancia y al comprobar que volvía a guardar las composturas ante una señorita prosiguió con ellos la conversación.

   Alguna de las tardes libres fueron a regatear los tres juntos y tanto el entrenador americano como el representante de México se enfadaron con sus pupilos.

 

 “Al enemigo en el campo del deporte ni agua”.

 

   Pero en la charla que mantuvieron con sus técnicos les aseguraban que eran ellos los que aprendían de la pareja española. Sin duda tenían razón aquella niña regateaba como pocos. Poseía una superioridad sobre sus rivales increíble y por si fuera poco esa deportividad, esa generosidad en la competición estaba fuera de todos los cánones que ellos habían conocido.

   Los días de la competición se iniciaron. Las dos primeras jornadas eran clasificatorias y nuestro grupo no tuvo problemas para acceder a la final del torneo. En la final Ester dominó las cuatro regatas programadas. Y eso que sus tres amigos se emplearon a fondo. Antes de despedirse y quedar en verse en Cancún, pues todos viajaban ese lunes a primera hora. Adel comentó.

 

     Está claro que mientras compita con esta jovencita me va a resultar imposible ganar una competición.

 

   Lo decía en plan de broma pero todos eran conscientes que era la pura realidad. Solo una desgracia podría privar a su amiga Ester de lograr el oro en la olimpiada.

   Cancún fue un calco de lo de Florida. Ahora llegaba la hora de enfrentarse a los exámenes. Ese mismo lunes nada más aterrizar en Donostia Ester se sumergió en los libros. Entre esas tres semanas que le quedaban tendría que realizar las pruebas para acceder al siguiente curso. Ya que a primeros de Mayo partía la expedición española de vela hacía la India.


miércoles, 15 de abril de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXII- TENGO MIEDO...¿LO HE CONSEGUIDO!

CAPITULO VIGÉSIMO SEGUNDO TENGO MIEDO… ¡LO HE CONSEGUIDO!

 

 

    Vicente le propuso intentarlo de nuevo, deseaba cuanto antes poderse abrazar a Terci. Pidió la llave de la habitación de su madre. Conocedor de la existencia de dos camas donde podrían intentarlo a la vez. Ella conectar con su abuelo y él con Terci. No lo dudaron. Se tumbaron cada uno en una cama. La habitación la habían ambientado con dos puntos de luz muy tenues y música relajante en el hilo musical. Los primeros pasos comenzaron. Ester no tardó más de quince minutos en viajar. Allí estaba su yayo, se abrazaron, cuantas cosas tenían para contarse. Iniciaron el paseo adueñándose el silencio de la pareja. No sabía por dónde empezar soltando lo primero que le vino a la cabeza. Anki. Al preguntar si era posible poder conocerle Julián sonrió, tomó su mano y juntos se perdieron en el vacío hasta llegar al acantilado. Allí estaba ella esperando a su gran amor. Ester permanecía impasible sin poder mover ni las pestañas. Ante ella solo tenía a uno de ellos. Cuando deseaba preguntar o conversar con Julián el personaje era él pero al dirigirse a Anki, aparecía ella. ¡Tenía tantas preguntas!

   Habló tanto con ella como con su abuelo sobre Vicente y todas las coincidencias que se daban. Era la primera vez que veía a Anki y se emocionó. Era tal y como se la había imaginado. Alta, más bien delgada, cosa que el extrañó pues a su abuelo no le hacían mucha gracia las personas muy delegadas. Tal vez porque tuvo que tratar varios casos de anorexia en el colegio y le entristecía esa incapacidad de llegar para ayudarles a salir de aquel pozo que tanto daño causaba en los adolescentes principalmente. Siempre que se había reunido con su abuelo lo había hecho en la cala, en la del Caribe y por primera vez cambiaron de escenario, en concreto en Wissant, en el acantilado de los sueños de Anki. El lugar que le daba la vida y donde se fue. Pero morir en aquellos parajes era lo que siempre había soñado y hacerlo en brazos de su amor eterno era algo de lo que estaban profundamente agradecidos al Señor.

   Ester sintió curiosidad por conocer la población. El rincón de sus últimos días y su lugar de residencia. Paseando, con el ritmo pausado y sosegado de los nativos del Caribe entraron en la localidad. Estaba desierta, pero era encantadora. Pasaron por delante del Liceo y llegaron a entrar en la cafetería preferida de las amigas. Luego una calle con algo de pendiente conducía a la salida del pueblo y a unos cincuenta metros se encontraba la casa. Una valla de no más de cincuenta centímetros, completamente blanca, rodeaba su parte anterior. Las paredes blancas y el tejado de pizarra. Era pequeña pero muy acogedora. Empujaron la pequeña puerta y accedieron a la propiedad. La entrada permanecía medio abierta. No lo dudaron pasando el umbral de la puerta. Un pequeño recibidor, el comedor, la cocina y un baño. Por una escalera de madera pudieron llegar a las habitaciones. Allí estaba su lecho, esa cama que había compartido tanto amor junto a sus moradores. Ester se emocionó. Percibió en su espíritu ese inmenso amor que respiraban sus paredes. Recorrieron cada rincón de aquella sencilla casa y luego anduvieron algo por las inmediaciones para regresar al acantilado y allí despedirse.

   Cuando Ester regresó a la habitación notó a Vicente muy nervioso. Sin duda estuvo en repetidas ocasiones a punto de alcanzar su objetivo, pero el miedo de todo principiante le impedía, por sí solo, llegar. La otra vez lo consiguió porque le iba tranquilizando. Sin el menor titubeo se puso a su vera y logró su objetivo. Con voz pausada sin olvidar darle ese tono dulzón que lo relajó por completo. Volvía a recuperar el sosiego mientras iniciaba el despegue de su alma y al mismo tiempo dejaba de percibir los consejos de su amiga. El miedo le atenazaba impidiendo el propósito de conexión. Pero recuperaba la voz serena y tranquila de su compañera. En la tercera intentona despegó a una velocidad vertiginosa. Pero seguía escuchando a Ester, cada vez la oía más lejos pero iba logrando su objetivo. Seguía su vertiginoso viaje con el corazón en un puño.

 

   ¿Sería verdad todas esas historias que le contaba su amiga?

 

   En muchas ocasiones lo dudaba, era tan increíble que a la razón se le hacía imposible comprender lo. Pero el corazón le daba ese punto de duda por las inmensas ganas que tenía de volver le a ver. Solo con tenerle delante habría merecido la pena aquel viaje alucinante. Aquellos temores fundados a perderse, sin saber a dónde ni si quiera como. Su corazón reposando en su cuerpo sobre la cama del hotel palpitaba a mil revoluciones. De un momento a otro, o estallaba, o se salía de su lugar de ubicación. La oscuridad absoluta iba poco a poco tomando luz. Esos amaneceres del verano en Gandía junto a ella. Lo recordaba a la perfección.

 

   ¡Dios!

 

   Su alma se estremecía cuando contemplaba esos amaneceres junto a ella. Cada instante que pasaba la luz se iba intensificando. De pronto un torrente de luz le deslumbró. Era la corona solar quitándose las mantas de la mar para ascender a los cielos y dar vida, calor y luminosidad a esa playa dorada, inmensa. La respiración se le cortó. De pronto su corazón se detuvo y un escalofrío de felicidad inundó hasta el último rincón de su cuerpo y de su espíritu. Ante él Terci, tan hermosa o más que antes. Sintió que su espíritu lloraba de alegría, de emoción, de dicha, de amor infinito. Sin embargo no derramó ni una sola lágrima. Se puso a correr hacia ella y lo mismo le sucedió a Terci para contactar los dos espíritus y morir en un infinito abrazo. Sus bocas se buscaban con desesperación, sus almas encogidas, su dicha indescriptible. Si antes no estaba convencido de la existencia de Dios aquel milagro le abrió los ojos y su Terci formaba parte de él. Calmados los primeros anhelos, los primeros sentimientos, las primeras sensaciones, se dieron la mano e iniciaron un paseo por esa playa dorada fina como pocas. No se había producido ni un solo sonido. Caminaban en silencio percibiendo todo lo que podían captar. Flotando sobre el suelo. Con sus bocas abiertas para poder permitir mayor cantidad de aire y calmar a sus pulmones que pedían más y más aire. Sin saber por qué le vino a su mente Ester, esa criatura tenía que ver algo con ese Dios con el que creía ahora con toda la fe y con toda su voluntad.

 

   ¡Lo he conseguido! ¡Lo he conseguido!

 

De nuevo unos minutos en silencio, saboreando el momento para volver a percibir la armonía de su voz inundando sus oídos.

 

   Te encuentro fenomenal Vicente. Padecí mucho por ti pues no levantabas ni el vuelo ni el ánimo a pesar de lo que hablamos.

 

    Bendita voz, bendita mujer, le rogaba que le disculpara mientras le agradecía que le hubiera enviado a esa muchacha, porque estaba seguro que había sido ella, para poder cumplir su promesa. Sus pasos se detuvieron se miraron y de nuevo se fundieron en uno solo.

   De nuevo el paseo, el suave calor del astro sol, las aguas del Mediterráneo refrescando a esas horas sus pies cansados del paseo.

   Mientras tanto Ester se dio cuenta que Vicente había logrado su objetivo, esas expresiones de su rostro lo delataba. Era tarde y le dejó con su encuentro. Ella bajó al comedor y cenó en solitario con el recuerdo de su Abuelo y de Anki. Que ilusión le dio conocerla y dialogar con ella. Era una mujer que transmitía serenidad, dulzura, paz, femineidad, clase. En fin todo lo que una mujer despierta en su amor eterno.

 

   ¿Dónde le conduciría la vida? ¿Cómo sería su futuro? ¿A ella también le esperaría una vida tan intensa?

 

   Pero lo cierto es que despejó rápidamente esos pensamientos recordaba la frase de su abuelo.

 

    “No te preocupes del pasado ni del futuro. Porque el pasado, pasado es y el futuro está aún por llegar. Vive con intensidad el presente. La vida es maravillosa y hay que aprovechar y disfrutar el presente”.

 

   Luego siempre apuntillaba esa frase con la siguiente.

 

   “Y si lo consigues ayudando y entregándote a los demás nada ni nadie podrá amargar tu vida. Siempre serás feliz”

 

   Para rematarlo con lo que descubrió siendo un niño porque su padre se lo contaba y lo vivía personalmente.

 

   Solo en las cosas sencillas encontraras la felicidad.

 

   Añadía muchas más pero no era cuestión de recordarlas todas mientras cenaba. Estaba feliz. Poder ayudar a Vicente le engrandó el corazón. Ahora estaba convencida que su amigo nunca más dudaría de ninguna fantasía que le contara. Porque esa fantasía esas historias increíbles se cumplían y lo había experimentado en la propia carne.

   Terminó de cenar y subió a la habitación, Vicente seguía en su viaje. Recordaba en esos momentos su primer encuentro con su abuelo. No habría vuelto nunca. Fue increíble y se figuraba que a Vicente le ocurriría tres cuartos de lo mismo. Le dejó seguir saboreando ese primer contacto. Tomó las llaves, las dejó en recepción para que Teresa pudiera subir a la habitación. Pidió las suyas y en el ascensor accedió a la suya. El aseo personal y al sobre a descansar. Al día siguiente debían seguir trabajando, que digo, disfrutando con la navegación. Se paró unos instantes en reflexionar sobre lo de seguir trabajando. Como nos metían en la educación la obligatoriedad, la imposición. Si realmente la vela lo hacía por su amor profundo a la mar, a la navegación, al estar al aire libre. A compartir con gente maravillosa deporte y afición. Pero dejó de calentarse la cabeza y se quedó profundamente dormida.

   Sobre la una de esa madrugada llegaban los dos tortolitos. Pidieron la llave de la habitación y entraron. Los constantes abrazos y muestras de cariño se sucedían mientras iban alcanzando la parte principal de la habitación. Andaban en ropa interior los dos cuando Rafael se dio cuenta de la presencia de Vicente, se separaron de golpe y tras controlar el primer susto, que rebajó su libido. Al comprobar que estaba completamente dormido optaron por esperar a la siguiente noche para compartirse. Rafael se fue a su habitación se dio una buena ducha fría para rebajar sus calores y siguiendo las mismas pautas Teresa hizo lo propio.

  Antes de desperezarse el sol por el Mediterráneo Teresa provocaba el regreso de Vicente al mundo terrenal. Observó la expresión de felicidad en el rostro de su hijo que le emocionó profundamente. Hipnotizado hasta las pestañas se levantaba, besó a su madre sin pronunciar palabra y bajó a recepción a por su llave, para ir a su habitación, cambiarse de ropa con una ducha intermedia y bajar a desayunara a la cafetería del hotel.

   Teresa comenzó a darle vueltas sobre las circunstancias que rodearon la aparición de su hijo en su habitación, pero especialmente esa forma de levantarse como ausente y con una expresión de felicidad que la transmitía a quienes se cruzaban con él. ¿Habría tenido sexo con alguna chica?

 

    No. No eso era imposible, su amor por Terci no se lo permitía.

 

   Pero no podía comprender todo lo sucedido. Por otro lado aunque no se había deshecho las camas en las dos se había tumbado alguien. Con todos esos interrogantes se disponía a salir de la habitación cuando golpearon a la puerta. Era Rafael se intercambiaron una muestra de amor y de inmediato le comentó todos sus interrogantes mientras el ascensor les conducía a recepción donde se encontraba la cafetería. Vieron a los dos sonrientes. Con un resplandor en sus rostros que Teresa llegó a sobresaltarse al pasar le por la cabeza si los dos se habían acostado.

 

   ¡Dios!

 

   Deseaba con todas las fuerzas de su corazón que eso no hubiera ocurrido. Ester era una niña. Rafael sintió a través de la mano que entrelazaba, esa tensión y se detuvo e hizo detenerse a ella para preguntar.

    Apartó esos pensamientos de su mente y sonriendo respondió que ya se lo contarían pero los chicos les podrían oír. Se sentaron en la mesa acompañando a nuestros jóvenes. Comenzaron a percibir la conversación que mantenían los dos.

 

    Ester ha sido una noche increíble.

 

    Pausa que comenzaba a preocupar si cabe un poco más a su madre para rematarla con la respuesta de ella.

 

    Siempre la primera vez es maravillosa

 

   ¡Dios! ¡Dios! No puede ser. ¿Qué he hecho mal? Por Dios. ¿Qué he hecho mal?

 

   No pudo más, los habían dejado demasiado sueltos, principalmente a Vicente. Ester era una niña. Sin poderlo remediar rompió la conversación con una frase lanzada en un tono que la mayoría de los comensales se giró para saber que sucedía.

 

     ¿Has sido capaz de aprovecharte de una niña? Vicente no te conozco. 

 

     La expresión de incredulidad de los tres le dejó helada. Se había precipitado sin ningún género de dudas iba a rectificar y esperar aclaraciones pero su hijo se le adelantó

 

   ¿Has bebido mamá? Como puedes ni siquiera pensar algo así. Tus sospechas son totalmente infundadas y te aseguro que en mi vida lo hubiese creído.

 

   Su madre trató de cortar a su hijo pero le rogó que esperara estaba hablando él y le aclararía todo.

  Pero a ciencia cierta que después de lo de anoche me creo lo que me cuenten.

 

   No hay nada imposible y eso sí que se lo debo a esta princesa.

 

    Paró para tomar aliento y de inmediato prosiguió ante la atenta expectativa de sus compañeros de mesa.

 

    Anoche viajé no se adonde, pero viajé a donde están los espíritus y contacte con ella. Mamá…

 

    Sus ojos comenzaron a nublarse, la felicidad, el recuerdo, el deseo de regresar cuanto antes le podía. Se tragó el nudo, gracias en parte a que su madre se había levantado de la silla y le acariciaba como cuando era un niño.

 

     Ester me ha enseñado a viajar a otra dimensión es una técnica que emplean los Bribris y me la ha estado enseñando y ayer por fin conseguí contactar con ella. Primero Ester y ahora ese viaje alucinante, increíble me han hecho revivir y sentirme otro. Ya no cabe la tristeza, ni la melancolía, ni la pesadumbre. Soy otro, mamá. Soy otro.

 

    Los adultos concentrados en lo que escuchaban no daban crédito a las palabras del muchacho. Sin duda debía ser una especie de técnicas de hipnotismo que le llevaban a ver lo que quería ver. Pero en ningún momento pensaron que fuera como él lo relataba. Fue entonces Ester la que percibiendo sus pensamientos se lanzó a decir.

 

   Sé que andáis pensando que lo hipnoticé. Es normal, todo incrédulo lo piensa. Y Vicente también lo creyó así.

 

   De inmediato volvió a intervenir él.

 

   Te das cuenta mamá como es cierto lo que te decía que era capaz de leer el lenguaje corporal. Os ha descifrado letra por letra lo que vuestras mentes andaban pensando. Y tiene toda la razón antes de lo de anoche pensé como vosotros ahora estoy convencido que no es así. Es más tu sabes mamá que nunca creí en la vida trascendental, pero desde esta noche pasada soy un convencido total, aquel espíritu, el de mi amada, era parte de Dios y estoy convencido que Ester es uno de esos profetas que el Señor envía a la Tierra para convertir a escépticos como yo.

 

   Era difícil asimilar todo lo que estaban escuchando, pero desde luego lo decían con tanta convicción que se hacía difícil al menos no sembrar dudas sobre lo escuchado.

   Teresa suplicó perdón por haber dudado de esa increíble pareja. Vicente se levantó de su silla y se abrazó a su madre, no tardó en hacer lo propio Ester para fundirse los tres y expresar su comprensión con todo lo sucedido. Rafael, atónito y sorprendido tanto o más que Teresa permanecía en su sitio sin ser capaz de mover un dedo.

   Finalizado el desayuno subieron a las habitaciones, el correspondiente aseo personal y en coche de nuevo al Club náutico para hacerse a la mar.

  Un día aprovechado para avanzar hacia su objetivo. La olimpiada. A media tarde se dieron cita en el aeropuerto. Unos con rumbo a Gandía, los otros dos a Madrid, donde en otro vuelo Ester viajaría a Donostia.

 

 

 

 


miércoles, 8 de abril de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XXI- TODO UN EJEMPLO


CAPITULO XXI- TODO UN EJEMPLO





   Al día siguiente las dificultades de la mar puso en aprietos a los regatistas, retirándose la mitad de los participantes. Algunos directivos de la federación que se desplazaron opinaban que tal vez no había servido de mucho el test pero Rafael les puso sobre la realidad. Tenían dos regatistas de un nivel increíble y tras la olimpiada se darían cuenta de la dimensión de los jóvenes, especialmente de Ester. Finalizada la competición no se pudieron quedar a la fiesta que se organizaba pues debían tomar el avión para estar en casa a la noche. Al día siguiente se iniciaban sus obligaciones colegiales. Vicente se enfrentaba a la recta final del bachiller y su correspondiente prueba de acceso y nuestra campeona el segundo trimestre de cuarto de primaria.

   En el aeropuerto no ocultaron su amor y la pareja de adultos sellaron en un beso apasionado su obligada separación. Sin duda el encuentro entre los dos no se limitaría al diseño exclusivamente. Vicente y Ester que contemplaban la escena cogidos de la mano se presionaron mutuamente, se miraron con ternura y tras un par de besos en las mejillas se fueron a sus puertas de embarque respectivas.

   Andrea había sido alertada del recibimiento que le esperaba a su niña. Se formó un gran pasillo, repleto a ambos lados por el alumnado del centro, desde la puerta principal hasta el aula donde desarrollaba su labor colegial. En clase le aguardaba el director con su profesora y sus padres.

   Llegó como siempre correteando por el parque Mélodi hasta llegar al centro educativo. Nada más girar para entrar por la puerta se encontró con el percal. En la vida se hubiera imaginado algo así. No habían tenido tiempo para prepararlo. Pero se mandó un mensaje a todas las familias rogando que acudiesen un cuarto de hora antes al centro educativo. Una lluvia de aplausos y algún que otro apretón de manos le acompañó hasta el aula. Luego allí sus compañeros junto a su profesor, el director y sus papas le recibieron. En primer lugar habló a sus compañeros de clase agradeciendo de corazón el recibimiento pero lo que realizó en la competición Australiana era algo que se enseñaba en aquel centro educativo desde hacía mucho tiempo. Posiblemente, salvando los presente, el mejor maestro del mundo Don Julián pasó por allí dejando su sello. Iban a reanudar las clases con normalidad cuando la pequeña dirigiéndose a su profesora y al director que aún permanecían en el aula, sus padres se habían ido, solicitó pasarse por las otras clases y agradecer a todos el detalle que habían tenido. No era otro que el que brindaba junto a sus compañeros a la labor que se desarrollaba en el centro. Fue el director el que le tomó de la mano para pasarse clase por clase con aquella criatura y agradeciera a todos sus compañeros de colegio. El detalle de Ester dejó boquiabiertos a todos los maestros y profesores, especialmente como ponía al centro como ejemplo alabando al equipo de profesores, porque el éxito era de todos. Tampoco se olvidó de mencionar a su querido abuelo. Los más ancianos del lugar aún se acordaban de su paso por el centro y como muy bien comunicó su nieta dejó huella. Por su forma directa de decir las cosas, con educación y respeto a todos, pero defendiendo sus ideas y posiciones. Recordaban sus problemas con ETA, su gallardía y valentía ante esa banda de asesinos para unos, de libertadores del pueblo vasco para otros. Algunos compartían su posición, otros no, pero todos valoraban su honradez, jamás ni siquiera en los momentos más difíciles cambio de camisa como hacían la mayoría e incluso algunos trepas entre el profesorado.

   Por fin a la rutina normal. Aun tuvo que atender en el recreo y a la salida los saludos y felicitaciones de compañeros y familiares de estos. Llegó a casa y recriminó a su madre con cariño. Sabía lo que se preparaba y no le había dicho ni una sola palabra.

   Comió y de inmediato se puso a repasar los temas que se habían tratado en el aula. Poco antes de regresar al colegio llegaba su padre, le dio un beso y un abrazo, pero tampoco se libró de la reprimenda de su niña.

   Poco a poco se iba recobrando la normalidad, aun tuvo que saludar, comentar y responder a un buen número de personas pero hablar era algo que le apasionaba y no le resulto molesto, todo lo contrario disfrutaba conversando y respondiendo.

   Al llegar a casa lo primero que hizo fue ponerse en contacto con Robert, a esa hora seguro que le pillaba en el descanso del instituto. Así era y por medio del Skype de su teléfono mantuvieron la media hora del recreo hablando. Le relató el recibimiento que le ofrecieron sus compañeros del colegio y la regata que pelearon ese fin de semana.  Por supuesto que el flechazo entre la madre de Vicente y Rafael no quedó fuera de la conversación pero hablarían más tarde del asunto de nuevo para contarse los detalles.

   Fue una mañana tranquila, al llegar el viernes un nuevo encuentro en esta ocasión en Barcelona los reunió. No se disputaba ninguna regata, simplemente eran cuatro sesiones para entrenar. Finalizaría en la tarde del domingo, comenzando el sábado con mañana y tarde. Para regresar a Madrid y de ahí a Donostia por la tarde noche, en el último vuelo. Llegaron el viernes anocheciendo, al día siguiente no tenían que madrugar pues Rafael se encargó de ir al club náutico y con ayuda de los empleados tener preparada las embarcaciones para salir a primera hora, con los primeros rayos solares, sobre las ocho de la mañana a la mar. Cenaron muy temprano, no eran las veinte horas cuando se sentaron a la mesa, media hora, para tener libre un par de horas e irse luego a la cama. La madre de Vicente se desplazaría por carretera el sábado temprano para llegar al hotel antes de partir a la mar. Le fue imposible ir con su hijo pues tenía unos asuntos que resolver con unos clientes antes de irse por lo que optó por levantarse temprano y acudir al hotel por la mañana. En la autopista de peaje en cuatro o cinco horas se presentaba. Salió de Gandía a las tres y treinta minutos.

   Las dos horas libres la empleo Ester para ir entrenando a Vicente en las técnicas de relajación y poder viajar, al igual que ella lo realizaba con su yayo, con Terci. Se metieron en la habitación de Ester y de inmediato se inició la primera clase. Si todo marchaba bien en esa sesión podrían dar unas tres o cuatro sesiones. La primera la respiración, era necesario que entrenara todos los días al irse a dormir o descansar la respiración abdominal, abandonando por completo la torácica. Esa técnica se daba para cualquier tipo o método de relajación. Al actuar solo el diafragma y dejar a los intercostales descansar podría lograr la pauso de un mayor número de músculos.  Les llevó cierto tiempo lograrlo. Pero poco a poco se hizo con ese tipo de respiración. La segunda sesión consistía en experimentar sensaciones de contracción relajación de los diferentes músculos o grupos musculares. Par contraerlos y relajar los núsculos a voluntad. Los de la mano, los de los brazos, los de los antebrazos, los pies, las piernas los muslos, los glúteos y así recorriendo toda la gama muscular del cuerpo. Para finalizar con los de mayor dificultad, los lumbares, inter-vertebrales, los músculos del cuello, de la cara y de la frente. Vicente iba poco a poco siendo consciente de sus músculos. Finalizó la segunda contrayendo y relajando los que Ester le pedía. Sin duda un alumno adelantado, pero como muy bien le expuso Ester cuando alguien tiene mucho interés por lograr algo el aprendizaje se hace a mayor velocidad. En el transcurso de la segunda sesión le invitaba a que fuera mentalmente a la respiración y comprobara que solo el diafragma era el que intervenía. En ocasiones se percató que no era así y volvía a mentalizarse para que solo el musculo que separa las vísceras de los órganos vitales fuera el encargado de su respiración. Se adentraron en la tercera sesión. Mediante la auto-relajación de Schütz tratar de ir relajando toda la musculatura de su cuerpo. Mediante la auto-relajación, para ello Ester fue instruyéndole en el origen e inserción de los músculos para llevar su mente a esos lugares concretos y lograr que el músculo o grupos musculares se relajaran con mayor facilidad.  Lo iniciaría en la mano para proseguir por antebrazo y brazo. Primero del lado derecho y luego el izquierdo. Iniciando la relajación de la musculatura superior e ir a los miembros inferiores para proseguir con las mismas pautas. Poco a poco lograr una relajación total o al menos en esa primera sesión al máximo nivel posible. Ester le comunicó que debía llegar a una sensación de flotar en el aire, de ahí a viajar hacia el infinito, hacia los espíritus era cuestión de tiempo, de fe ciega en ellos y de despertarlos para que te ayudaran a encontrarte con ellos. Concentrado como pocas veces Vicente siguió las indicaciones de su maestra, iba a llegar ese momento y el miedo le retenía. Ya le había advertido Ester que eso sucedería. Volvía a concentrarse y de nuevo esa sensación de estar cayéndose le impedía entrar en ese trance imprescindible para viajar. Para perderse en el mundo de los espíritus. De pronto sintió como se despegaba de la cama y su cuerpo quedaba sobre el lecho mientras él viajaba a la velocidad de la luz para llegar a…

   Pero los golpes en la puerta provocaron su regreso al mundo real, o irreal, eso nunca se sabe. Pues como muy bien decía el Usekör uno nunca sabrá si la realidad es lo que se vive en el momento o fue un. Ese privilegio solo se le concedía a Sibú.  Conocer la realidad.

    Era Rafael que los invitaba a ir cada uno a sus habitaciones para dormir, les esperaban dos jornadas intensas y era necesario el descanso.

    Vicente se lamentó lo había logrado y aquella conexión no le permitió contactar con ella. Ester le aseguró que lo que había logrado no era normal y practicando pronto conseguiría ponerse en contacto. Obedecieron a su entrenador. Vicente abandonó la habitación de su amiga y se recogió en la suya para descansar. Al día siguiente debían afrontar descansados las sesiones que les aguardaban.

   En el desayuno se personó la madre de Vicente, primero a su hijo luego a Ester para fundirse con aquel hombre que le había llevado a encontrarse con su amor eterno. Desde luego no hubo disimulo ninguno se abrazaron y besaron con pasión. En el vehículo de Teresa se desplazaron hasta el puerto deportivo. Los dos deportistas abordaron sus naves mientras que Rafael subió en una embarcación recreativa que le prestó el presidente del Club, amigo personal de él. Con las tres embarcaciones en funcionamiento se hicieron a la mar. Teresa acompañó a su pareja y presenció el entrenamiento de los muchachos. Fue una jornada intensa se entregaron a fondo y ensayaron infinidad de virajes y trazadas, provocaban accidentes y trataban de salir de ellos con la mayor rapidez y eficacia posible. Llevaban ya cinco horas sobre la embarcación debían regresar a puerto comer y salir de nuevo a la mar pues muchas horas sol ya no les quedaba. De vestuarios salían duchados y cambiados a las catorce treinta. La pareja les esperaba para comer. Lo tenían todo preparado y comieron en armonía. Se respiraba tanta ternura, tanto cariño y amor en aquella mesa que Ester los miraba y sonreía. Como le recordaba esa escena a la que vivía a diario con sus padres. Vicente también los observaba y ver a su madre feliz le hizo revivir momentos junto a Terci. A él también se le quedaba esa cara de bobo que mostraba su entrenador cuando contemplaba a su madre. No pudo evitarlo y unas lágrimas recorrieron sus mejillas, se levantó pidiendo disculpas y se fue hacia los servicios. No respondió a las llamadas de Rafael y como era el único que podía entrar en los servicios fue detrás del muchacho. Lo encontró en el lavabo mientras trataba de refrescar el sofoco y eliminar las lágrimas que se deslizaban por su cara.

 

    Disculpa Vicente. Amo a tu madre, pero no quiero molestarte si esas lagrimas son por mi comportamiento procuraré mantener otra posición cuando esté con vosotros.

 

    Vicente comenzó a reír, como podían pensar que le molestara, por fin había visto feliz a su madre. Llena de vitalidad y sin pensar solo en el trabajo. Con aquel hombre se compenetraba hasta con su profesión. Vicente se abrazó a su entrenador y le confesó todos sus sentimientos. Le relató parte de su tristeza, la perdida de Terci y como Ester le había devuelto la alegría de vivir, de sentirse feliz a pesar de los pesares. A sentir placer con la entrega a los demás. Le explicó que aquella escena en la mesa le recordó una vivida con su Terci y el rostro de su madre le recordó a ella. Aquella escena le llegó a la fibra floja. Los dos hombres regresaron juntos abrazados hombro con hombro, conversando y riendo a carcajadas, mientras sus compañeras perplejas se miraban para encontrar alguna respuesta. Teresa no comprendía nada pero Ester había interpretado a la perfección lo sucedido a su amigo y antes que llegaran se lo aclaró. Pero no había visto ninguna aclaración con aquel milagro de la humanidad y al sentarse le pregunto. Su hijo le dijo palabra por palabra las mismas frases que Ester le había confirmado. Giró mirando a la chiquilla mientras exclamaba.

 

   ¡No es posible!

 

    Pero no había demasiado tiempo finalizaron la comida y sobre las dieciséis horas estaban en la mar. No llegó a las dos horas, pero las aprovecharon bien.

    Teresa de regreso al hotel comentó con su hijo si lo había hablado con su amiga. Sonrió seguro que su amiga le habría salido con la lectura del lenguaje corporal de alguien. Le fue explicando la capacidad de esa niña de leer cómo si de un libro se tratase el lenguaje corporal, al comentarle que le había repetido palabra por palabra las frases que él le iba a comunicar antes de que se produjera. Asegurando:

 

    No me extraña en absoluto mamá a mí me lee hasta los pensamientos. Muchas veces tengo que tener cuidado en no pensar algo desagradable. Fíjate hasta qué punto es capaz, que el primer día que os conocisteis tú y Rafael sabía que había habido conexión. No le creí pero la otra noche lanzó un tenedor adrede al suelo para que lo recogiera y observara como os estabais acariciando por debajo de la mesa.

 

   Teresa comenzó a reír no podía creerlo era algo inexplicable. Su hijo le aseguró que cuando tuvieran un poco de tiempo le comentaría algo que le asombraría muchísimo más. Pues él mismo aunque lo había visto la incredulidad seguía en su conciencia  

  Sobre las veinte horas entraban en el hotel. Rafael y Teresa salían para asistir a un espectáculo teatral. Acordaron con los muchachos que no saldrían del recinto y no olvidaran que la cena se servía entre las veinte horas y las veintidós treinta.

 

 

 

 

 

 

 


 

miércoles, 1 de abril de 2015

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN. TERCERA PARTE ESTER. CAPITULO XX- UNA VIDA COTIDIANA

   
CAPITULO XX UNA VIDA COTIDIANA

Teresa, madre de Vicente, conocía la predilección de Ester por los musicales. Antes de cenar se pasó por recepción con la intención de lograr seis entradas para el mejor musical que se representara en la capital. A ser posible un palco. Andaban finalizando la cena cuando un botones llevaba en una bandeja las entradas. Los ojitos de Ester se abrieron, como los de un mapache, cuando Teresa les comunicaba que un coche les esperaba para conducirlos al centro de Madrid donde asistirían al musical. Unos minutos para el aseo bucal, ligero retoque en sus peinados y subir en la limusina que aguardaba en la entrada. Al detenerse en la puerta del teatro otro personaje les esperaba. Rafael, aceptó encantado la invitación que le entregó un botones del hotel junto a una nota. La niña estaba ilusionada y a pesar de estar destrozada por el viaje un musical no se lo perdía por nada. Vicente no era un amante de esos espectáculos pero fue de quien partió la idea de asistir esa noche y Teresa no lo dudó un segundo. Fue una gran representación y la plantilla de actores increíble disfrutando de lo lindo.  
   Desayunaron juntos y luego un abrazo selló la despedida. Vicente rumbo a Gandía en compañía de su madre mientras Ester lo hacía con sus padres para Donostia. Al día siguiente, viernes, a las cinco de la tarde debía ir al aeropuerto en Irún para desplazase a Cádiz y de ahí a Algeciras donde les esperaba una nueva regata. No iban a tener ni un fin de semana de descanso. Su madre le advirtió que se preparara la cartera el lunes se reanudaban las clases después de las vacaciones de Navidad. Así lo hizo. Al concluir lo solicitado por su madre y aunque no era la hora habitual de cenar la familia decidió ir a la Perla, el servicio no regresaba hasta el lunes de las mini vacaciones, y Andrea no andaba por la labor de ponerse a cocinar. 
   No eran las veintidós horas cuando regresaban a casa y la niña se metió directa en su cuarto, tras las buenas noches a sus progenitores. Andaba con la idea de poderse conectar con su abuelo para contarle todo lo sucedido. Casi olvida el aseo personal antes de ir a dormir. Cosa sagrada y ritual en ella. Con la luz apagada y tapada con el nórdico hasta las orejas comenzó a tratar de relajarse para poder conectar. Le costó algo más que en otras ocasiones pero poco a poco comenzó a sentir como su espíritu se elevaba para perderse en el infinito y aterrizar en esa cala inconfundible. Ahí estaba el abuelo de pie junto a su palmera abriéndole sus brazos.  De la mano comenzaron a caminar por el linde de la playa. Esta vez no aguardó esos minutos de silencio que solían emplear, relatando de inmediato todo aquel increíble viaje. Cómo le seleccionaron para esa próxima olimpiada. Julián se congratulaba especialmente por las circunstancias que se dieron para ello. Le había tocado el corazón y llegó a comentar que el logro era doble. Prosiguió contando el comportamiento de Albert, su abuelo sonrió, con su nieta había logrado su obra de arte como educador. La eternidad estaba garantizada. Le relató punto por punto la historia de Vicente y se sorprendió. Invitándole a que indagara sobre aquella chica. Sus padres debían llevarle a Wissant, para tratar de descubrir si había alguna relación con su familia. Así se lo prometió a su abuelo y prosiguieron el paseo hasta que decidieron separarse uno para regresar a la eternidad, ella a su cama y recuperar fuerzas, pues el fin de semana seria intenso. 
    En esa mañana se recreó en su lecho, tenía mucho sueño retrasado y lo recuperó sin ningún género de duda. Al mediodía las señoras de la casa se fueron a comer a la bodeguilla cercana al palacete. Greet tenía guardia veinticuatro horas y las pasaría en el hospital. Luego de reposar un poco la comida su madre cogió el coche y le acompañó hasta el aeropuerto. En Cádiz Rafael aguardaba su llegada para trasladarle al hotel de Algeciras donde entrenarían y competirían. De nuevo Vicente esperaba junto a su entrenador, se saludaron con euforia para ir directamente a cenar.   Estaba finalizando cuando se personó Teresa, había quedado con Rafael para tratar el asunto del diseño. Fue directa a los jóvenes dio un fuerte beso a Ester y luego se fundió con su hijo para saludar a Rafael que se había levantado de la mesa. Concluidos los saludos fue a recepción y se inscribió en el hotel para ese fin de semana. Rafael le acompañaba a pesar de sus ruegos para que concluyera la cena con los chicos pero le acompañó hasta recepción, subió las maletas hasta la habitación para en un sillón de la planta esperar a que saliera arreglada. Teresa se duchó cambió la ropa y al verle aguardando le abrumó tanta caballerosidad. Mientras cenaba, él se tomó los postres para esperar pacientemente a tomar juntos el café. Ester captó de inmediato que algo romántico comenzaba a nacer entre los dos. Al comentarlo con Vicente éste le aseguró no creía que pudiera pasar. Su madre no volvería a caer en la garras de ningún hombre. Sonrieron sin darle mayor importancia, pero estaba convencida. Lo había leído en sus almas a través de sus miradas. La magia y la brujería de Usekör fue transmitida a través de su abuelo. Mientras nuestros dos jovencitos iban a perderse en sus habitaciones, la pareja se quedó charlando en el comedor, hasta que les invitaron a salir pues iban a cerrar para recoger y preparar las mesas del desayuno.
    Salieron juntos del hotel y fueron a un pub a tomar unas copas y proseguir hablando sobre el proyecto de la joven. Ambos habían hablado con sus padres. Andaban incrédulos ante la actitud de aquel matrimonio. No eran ningunos ignorantes, pero tenían una confianza plena en su pequeña y en cosas que solo le afectase le permitían tomar sus decisiones. Pero comentaron si había algo que pudiera influir en otros se hablaba y se tomaban las cosas por consenso. Era la filosofía del abuelo. Los equipos son los que mejor funcionan y mayor resultado aporta. Pero sobre todo el resultado se reparte entre todos por igual haciendo protagonistas a todos los que participan en el proyecto. Dejando el protagonismo. Una filosofía de la educación que les llegó a los dos ingenieros. Ambos estaban de acuerdo que el diseño era casi incomprensible que una persona sin una base científica hubiera ideado de esa forma un diseño de ese tipo. 

   ¡Esta cría cuando sea ingeniera nos lleva al resto a la jubilación!

   El comentario de Rafael fue refrendado mientras reían y sus manos se rozaron. Sus risas cesaron y la expresión de sus rostros reveló sin la menor duda que las sospechas de Ester no andaban muy descarriladas. Sus almas se elevaron un peldaño más y como imán y pieza metálica sus labios se aproximaban sin posibilidad de freno, para morir los de uno en los del otro. Sus brazos comenzaron a rodear a su pareja y fundidos intercambiando sus químicas permaneciendo por espacio de unos minutos. Las primeras reacciones químicas daban a entender que el resultado era satisfactorio. De nuevo todos los escalones hasta llegar al supremo, al del amor eterno. En la pista de baile fundidos en uno se movían al ritmo lento de esa melodía que no olvidarían en sus vidas. De nuevo sus químicas, de nuevo las reacciones confirmando, sino aumentado el resultado. 
   Cuando Teresa fue a su habitación no daba crédito a lo sucedido, a los dos les hubiera gustado finalizar esa noche juntos pero eran personas con los pies en el suelo. No eran unos niños y si se trataba de una aventura más habría tiempo para ello. Pero a los dos les pareció lo más correcto reprimir sus instintos y obedecer a la cabeza. Jamás se hubiera imaginado llegar a ese escalón, cuando se casó con su marido pensó que lo había alcanzado pero desde luego le faltaban demasiados peldaños. Ahora estaba convencida que esa escalera que conducía al amor eterno se había terminado, con aquel hombre alcanzó el último. Rafael era esa persona que el Señor le había reservado. Detuvo su mente y sonrió estaba repitiendo las palabras de su hijo con Terci. 

   ¡Cómo debió sufrir su niño al perderla! 

   Ahora comprendía ese bajón, esa tristeza. Como adoraba, si cabe más, a esa criatura que levantó el ánimo de su hijo y luego le condujo hasta ese hombre que todo daba a entender que sería ese amor eterno que pregonaban la pareja de críos. Esa niña portaba la alegría por donde pasaba, convertía a la gente a ese mundo que es increíblemente maravilloso, aunque en ocasiones sea infinitamente injusto. Otra de las últimas frases de su hijo, y como no transmitida por ese ángel.  
   La regata se desarrolló en dos mangas una por la tarde del sábado y la otra el domingo en la mañana. Pero muy temprano andaban con las embarcaciones realizando diversas trazadas en el campo de regatas. No conocían esas aguas y debían acomodarse en ellas lo antes posible. Sin duda un buen test para ver cómo se desenvolvía nuestros jóvenes. Ester leyó de inmediato el mar, sería su primera competición sin un conocimiento externo del lugar por nativos de la zona, pero había navegado en tantas aguas y con su abuelo había hablado de esos lugares de la costa española. Teniendo información privilegiada sobre las aguas de Algeciras gracias a su yayo. A Vicente por la noche se lo estuvo contando y salvaron a la perfección las dificultades con las que se encontraron. La tarde no ofreció ninguna dificultad a nuestros navegantes y la ventaja de los dos representantes españoles sobre el resto fue muy superior. 
   Ester estaba cada vez más convencida de la chispa que saltó entre esa pareja. Rafael y Teresa, estaban cenando en el hotel cuando tiró con toda la intención el tenedor al suelo. De inmediato Vicente se agachó a recogerlo y en voz baja le rogó que mirara a su madre. Su mano se entrelazaba con la de Rafael por debajo de la mesa y las caricias de una mano en la otra se repetían como dos adolescentes. No daba crédito a lo visto. Ester tenía razón. Era una bruja, buena por supuesto, pero una bruja. Lo cierto es que no le disgustó. Ya era hora. Pensó. Su madre se merecía encontrar a alguien con la sensatez y la bondad de Rafael. La pareja había alcanzado ese peldaño. Él seguiría enterándose de la vida del abuelo de Ester porque esa misma vida sería la que llevaría, entregándose a los demás y disfrutando de Terci cuando su amiga le enseñara esas técnicas para acudir al mundo de los espíritus. Tenía la convicción que aunque no fuera descendiente de aquellos indígenas, Don Julián tampoco lo fue, consiguió conectar con Anki. Su vida era paralela a la de Don Julián porque no iba a poderse comunicar con su amor. Todo ese bombardeo de ideas le machacaba el cerebro mientras recogía el tenedor y contemplaba la escena. Al recuperar la verticalidad le entregó el tenedor a su amiga, le sonrió, replicando con el mismo gesto. Y mientras sus almas se llenaban de una felicidad sin límites, soltó.

    Tienes que enseñarme a viajar al mundo de los espíritus. Necesito conectar con Terci. ¿Me enseñaras verdad? 

   Ester sonrió su alma flotaba a sentir como su abuelo y él por medio del Señor le daba esas energías para repartir felicidad y alegría a todos los que le rodeaban. Por supuesto que le ayudaría no faltaría más. Será maravilloso instruirlo en las técnicas de concentración de los Bribris para conectarse con sus seres queridos. 
   Cuando su madre le dio un beso de buenas noches se encontró con el comentario de su chico.

    No le dejes escapar mamá es un gran hombre

    Ella se quedó por unos instantes de piedra. Si había sido discreta al máximo y su chico le salía por esas. Se abrazó más fuerte a su hijo y plasmándole dos sonoros besos le respondió

     Lo intentaré con todas mis fuerzas.

    Un cumplido de su hijo finalizó el encuentro para subir a su habitación y descansar hasta la mañana siguiente. 

     No te esfuerces mucho, una mujer tan maravillosa no lo necesita. Además lo tienes en el bote.

    Cuando los chicos se subieron a sus habitaciones Rafael se quedó con ella en la cafetería. Le propuso repetir en el mismo pub de la noche anterior, pero él le aseguró que tenía otro plan mucho mejor. Se levantaron de la mano subieron en el ascensor y juntos entraron en la habitación de ella pues el compartía con otro técnico la suya. 
    Espero que no te ofendas pero Ester me pidió que fuera sincero contigo, que no perdiera el tiempo.
   Primero comenzó a reírse y luego se contagió se abrazaron, se besaron y…