sábado, 20 de septiembre de 2014

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTULO 30 EL ACONTECIMIENTO DE TALAMANCA

CAPÍTULO TRIGÉSIMO 

EL ACONTECIMIENTO DE TALAMANCA

 

 

 

  El primer mes en Costa Rica lo empleó en las gestiones para la adquisición de los terrenos. La familia de Andrea se había movido y obtuvieron un buen precio por las tierras. La mayor parte pertenecían a nativos Bribri que no pusieron la mínima traba. Solo una parcela importante en manos de un holandés les ponía serios inconvenientes ya que no deseaban vender. Julián tampoco estaba dispuesto a pagar un precio más elevado pues sería injusto con los nativos. Y tasar todas las tierras se disparaba del presupuesto ya que aunque importante no llegaba ni al diez por cien del total de las tierras a adquirir. Por fin faltando escasos días para la semana santa, antes de la llegada de Andrea para sus vacaciones, Julián en compañía del Abuelo quien había estado negociando, se acercaron a la propiedad. El permiso correspondiente y fueron invitados a sentarse en una mesa del pórtico. Un matrimonio anciano les atendió. Les informaron que aquella propiedad se la querían dejar a su hija y yerno. Eran ellos los que debían decidir si se desprendían de la propiedad. En esas fechas se encontraban en Costa Rica de vacaciones. A su regreso de Guanacaste, donde habían ido a pasar unos días con unos amigos se podrían en contacto y tratarían directamente con ellos. Si los convencían no había el menor problema. Agradecieron la amabilidad prestada y les dejaron el celular del abuelo de Andrea, regresando a la finca. Luego junto al abuelo fue recorriendo las propiedades que estaban prácticamente adquiridas.

   El registro de la propiedad las realizaba el banco que trabajaba con Julián en Costa Rica. Era una gran extensión de terreno y descubrió lugares que hasta la fecha no había visitado. De todas las parcelas la que más le agradaba era la de los holandeses. La más próxima a la cala y la más alejada de la carretera. Luego era también la parcela con más maleza de selva y tenían que penetrar en la propiedad y llegar casi hasta la misma casa para poder verla. Era de una sola planta, pero en su centro se elevaba una torre de donde se divisaba prácticamente toda la bahía. Si conseguía adquirir esa parcela con toda seguridad pondría el despacho en la torre. Regresó a la cabaña muy satisfecho con la adquisición de los terrenos y esperaba con impaciencia la llamada de la familia holandesa. Tanto Julián como Andrea a petición de su padre consintieron en la construcción de una nueva cabaña próxima a la de la familia donde se instaló su padre junto a la madre de Roberto y su tropa. Ahora la cabaña la utilizaban Julián, Maureen y Andrea cuando se desplazaba de vacaciones.

   Precisamente esa mañana llegaba de España, para disfrutar de dos semanas. Desplazándose padre y abuelo a Limón en el coche para recoger a su pequeña. Julián les iba a acompañar pero la llamada telefónica de los holandeses a su regreso de Guanacaste le retuvo para entrevistarse con los hijos del matrimonio holandés. Fue abandonar la cabaña padre e hijo con destino a Limón cuando Julián paseando por la playa se aproximo para realizar la visita y tratar de convencer al matrimonio que le vendiera la parcela. Al entrar en la propiedad una bella joven se quedó quieta en el pórtico tratando de reconocer al intruso, pero como no era capaz y su padre pasaba en esos momentos por la habitación contigua al pórtico, llamó su atención para preguntar si conocía al visitante. De inmediato lo reconoció y le explicó que era el español que deseaba adquirir la propiedad. No tenía ningún inconveniente en desprenderse pues sus padres eran ya muy mayores y desde hacía tiempo deseaban regresar a Holanda para terminar ahí sus días. Su esposo los había perdido hacía escasamente dos semanas y le agradaba descansar por aquel rincón del mundo para desconectar un poco del estrés y era precisamente él quien deseaba conservar aquella propiedad.

   Padre e hija recibieron al visitante con su exquisita amabilidad y se sentaron en la mesa instalada en el pórtico. La señora de la casa había sido alertada, ofreciendo unos refrescos de fruta en una jarra al que le acompañaban en la bandeja unos vasos. La joven se disculpó alegando que iba en busca de su esposo.

   Fue salir por el umbral de la puerta y los dos se quedaron petrificados. Aquel español que pretendía comprar la parcela no era ni más ni menos que la pareja de su hermana, del que tanto había oído hablar y del que hacia escasamente dos meses estuvo en San Sebastián acompañando a sus padres para cumplir la petición de su hermana. Se abrazaron, mientras unas lágrimas recorrieron los cansados rostros de Julián. El resto de la familia permanecía expectante aguardando las oportunas explicaciones. Sentados en torno a la mesa y mientras degustaban los refrescos de frutas fueron aclarando todo. Julián lamentó la muerte de sus padres. Le aseguró que Dios los había mantenido con vida para cumplir con el último deseo de su hermana y una vez realizada habían cumplido en este mundo y ahora se encontrarían con su hermana en la eternidad y con toda seguridad los estarían contemplando. Aquel hombre quiso tranquilizar a Julián. Si Helen, su esposa, y sus padres quieren venderla no pondré ningún inconveniente. A otra persona le aseguro que nunca lo hubiera hecho. Pero usted es de la familia. Julián agradeció todas sus atenciones y les confesó que su casa la tendrían a su disposición siempre que desearan pasar una temporada por Costa Rica. Quedaron en solucionar todos los trámites durante la semana y Julián volvió a insistir que podían quedarse todo el tiempo que lo desearan después de la firma de la propiedad. Les invitó a comer en su cabaña pero los ancianos prefirieron no desplazarse. El joven matrimonio aceptó encantado y paseando por la playa se acercaron a la cabaña de su vecino.

   Pidieron en primer lugar disculpas y luego se lanzaron a preguntar sobre esa hermana que no llegó a conocer. Como observaron unas lágrimas en aquel hombre volvieron a disculparse pero les tranquilizó, no solo estaban en su derecho de preguntar sino que él no tenía el menor problema de contestar. Pero siempre que se hablaba de ella le costaba reprimir sus lágrimas. La primera pregunta hizo referencia a que según las informaciones, que le había llegado aunque compartieron seis meses sus vidas, tenían entendido que no se casaron. Les confesó que estaban en lo cierto pero fue su hermana la que se negó a perder más tiempo en preparativos o en tonterías. No hacía falta ningún tipo de papel para sellar su amor. Siempre comentaba.

 

  - El Señor sabe muy bien que nos queremos pues fue quien lo dispuso al principio de la creación, al igual que es consciente que será eterno.   

 

   Volvieron a la carga. Julián comprendía la curiosidad de aquel hombre que ni siquiera llegó a conocer a su hermana. Todas las afirmaciones que le habían hecho su padre sobre aquella hermana y su pareja sentimental eran ciertas de principio a fin. El joven llegó a mostrar su falta de credibilidad en algunas afirmaciones realizadas por sus padres. Durante ese breve paseo por la playa llegaron a comprender y asimilar la cálida de aquel personaje con quien compartían paseo y conversación. Al llegar a la cabaña todo estaba revolucionado. Andrea había llegado y toda la familia acudió a saludarle. Julián presentó al matrimonio y confirmó la adquisición de la propiedad. Aquel matrimonio holandés se maravillaba del afecto que todos profesaban por aquel viejo profesor.

   Habían comido y Andrea conversaba con la holandesa dando un paseo por la playa para rebajar la suculenta comida ingerida en aquel almuerzo. Julián permanecía con los varones en una mesa del pórtico conversando sobre los Bribris. El holandés era historiador, y se había interesado en el estudio de los nativos de Centroamérica. En concreto los que más había estudiado de los nativos era un clan pequeño por su número “Los Malekus”. El anfitrión también había leído cosas sobre aquellos nativos y con la colaboración del anciano Bribri pudieron entretenerse con algo que les entusiasmaba. 

     Mientras en la playa conversaban. Había observado a Andrea y su comportamiento con Julián, parecía más hija de aquel personaje que del que le presentaron como tal. Y en el transcurso de la charla lo comentó

 

 

   Pensé que eras hija de Julián.

 

   Sonrió. No era así. A ella le hubiera gustado casarse con aquel hombre. Las confesiones de Andrea a aquella extranjera comenzaron ya sin freno. Le comentó que Julián guardaba una fidelidad casi enfermiza hacía la que hubiera sido su cuñada. No podía creer aquella historia. Cuarenta años de castidad en un hombre con aquella presencia a pesar de sus años y especialmente con esa belleza interior se lo debían comer las mujeres en su juventud.

 

     Bueno yo me lo comería ahora y dentro de veinte años.

 

   Sonrieron ante el comentario para proseguir el paseo. Iba anocheciendo la oscuridad se apoderaba de la luz. De pronto, llegó a asustar a su compañera, Andrea se desprendió de todas sus ropas y se lanzó al agua para sentir el roce del Caribe acariciando su cuerpo mientras le proponía lanzarse al agua. Se quedó por unos instantes indecisa, pero reaccionó de inmediato y le acompañó en su locura. Nadaron por espacio de unos veinte minutos y cuando vieron que el padre de Andrea, su esposo y Julián andaban buscándoles salieron del agua, resguardándose un poco entre la maleza, acoplaron la ropa a sus cuerpos impregnados de arena, agua y sal, para recibir a los caballeros con algo más de decencia. Mientras las risas y los comentarios se repartían entre las nuevas amigas. Se despidieron y al llegar a casa fueron directas a la ducha para ponerse otra ropa y la empapada de agua y arena la depositaron en la cesta de la ropa sucia.

   Habían quedado esa noche en acudir a Maxi´s en Manzanillo, los extranjeros también conocían el famoso restaurante y allí se encontraron para cenar.

   Durante esa semana y el resto se realizó el papeleo y transferencias monetarias para la adquisición de la finca. Antes del regreso de Andrea a sus estudios, la cala les pertenecía. Si bien la familia holandesa no dejaría la propiedad hasta finalizar ese verano. Pues así lo acordaron con Julián, al haber quedado toda la familia en pasar el mes de Agosto en Costa Rica con la intención de realizar una gran fiesta a los abuelos que la iban a abandonar tras cerca de veinticinco años instalados desde su jubilación. Ese octubre los dos ancianos llegarían a los noventa.

   Aunque dedicó, principalmente por las noches, dos o tres horas de estudio Andrea pasó unas vacaciones inolvidables. Trataba de no separase de Julián pero este procuraba que Roberto y Maureen la movieran para salir por ahí. Hasta consiguió que se perdieran los tres por Guanacaste unos días en un hotel de Samara en el pacifico norte. En concreto en la península de Nicoya. Aprovechó esos días para perderse por la península de Osa en el pacifico sur. Tenía tantas cosas que intercambiar con el Usekör que se presentó en sus dominios. Fueron tres días con dos noches y pudo recrearse en la serenidad, en la meditación, en el descanso. En captar toda la sabiduría de aquel personaje que le proporcionaba esa serenidad, esa paz, que necesitaba para llegar, cuando el Señor quisiera, a reencontrarse con su amor. Allí la magia era especial, las dos noches se le presentó en sus sueños y compartieron esas horas en la fantasía, en la realidad, en el embrujo, en el deseo, en la irrealidad. Pero al fin y al cabo le veía, le tocaba, le abrazaba y sobre todas las cosas le regalaba un premio Nobel en cada beso que depositaba en sus labios, o entraban en el paraíso al enredar sus cuerpos con el traje de gala del nacimiento, compartiendo caricias, mimos, calores, pasiones.    

 

   (Para que le voy a contar. Todo el que ha amado lo podrá sentir si lo revive en su imaginación y con esas sensaciones lo describirá mejor que yo)

 

   No se lo explicaba muy bien pero compartió con aquel sabio el legado de su amada. Y tras la lectura de uno de esos documentos se pasaban horas desmenuzándolo, ex trayendo toda la poesía, toda la pasión, todo el amor que aquellas cuartillas guardaban reflejo de aquel amor entre esos dos seres que en dimensiones diferentes seguían unidos para la eternidad. 

   Llevaban un buen rato con uno de los documentos cuando el sabio le comentó.

 

     Una de las palabras que ustedes utilizan para la integración de otras culturas, “Tolerancia”, me molesta profundamente.

 

  Julián permanecía en absoluto silencio con todos sus sentidos en alerta, para captar cualquier gesto, cualquier sonido, movimiento o lo que fuera del personaje. Era una universidad viviente. Una pausa que proporcionaba toda la expectativa posible y prosiguió confesando que esa palabra le ponía a uno por encima del otro. Como si los europeos en su ingenuidad de considerarlos iguales, su cultura, sus tradiciones, su educación especialmente, implícitamente se colocaban en un plano superior. De nuevo esa pausa para asentar las ideas en su oyente. Esta se alargó algo más y cuando Julián se decidía a comentar, él se le adelantó. Explicando que a los Bribris les gustaba hablar de comprensión. Eso ponía a ambos en un mismo nivel, comprendiendo a la otra persona. Luego podrías o no compartir esas formas, esas ideas, esas actitudes pero la mera comprensión del otro los hacía iguales. Ese era el camino a seguir en la educación. En muchas ocasiones los términos gramaticales llegan a marcar ese límite. Aquel comentario dio mucho que hablar entre los dos personajes. Disfrutando ambos de los análisis realizados, pero especialmente de la conexión. Julián en cierto aspectos no se bajaba del burro, lo entendía pero no lo compartía. La cultura, las tradiciones marcan mucho el comportamiento de las personas. En eso estaba de acuerdo el personaje pero también añadió que la persona equilibrada, generosa, entregada, dispuesta a ayudar al que fuese, sin mirar posición social, raza, religión, esa persona se podía dar en cualquier cultura, en cualquier religión y en cualquier rincón del mundo, e incluso en cualquier periodo de la humanidad.

   Al regreso de su tercer día se encontró con los tres jóvenes que llegaban de su escapada, coincidiendo al mismo tiempo para entrar en la parcela de la cabaña.  

    El día previo a la partida de Andrea de nuevo a los estudios en la facultad se perdieron por el complejo deportivo de Talamanca donde ultimaron el campeonato a celebrar por todos los clanes y tribus de Costa Rica. Durante el mes de mayo y junio se celebraría en las diferentes reservas y cantones donde se ubicaban los nativos, mientras que los que se clasificaran acudirían al complejo deportivo de Talamanca para disputar las finales nacionales. 

   En el despacho de Julián se encontraba el abuelo de Andrea ultimando el número de equipos de cada tribu, con conexiones telefónicas y vía Internet. La presencia de su hijo durante largos periodos le permitió dedicarse a colaborar con Julián, su pueblo y otros nativos del país para la organización de aquel gran acontecimiento deportivo cultural. Esa nueva ocupación le rejuveneció. Cuando Julián entró por la puerta aquel anciano le confesó que tenía ultimado todo prácticamente y que no había mandado ya la información definitiva hasta que no lo viera él. Se enfadó aquí nadie decidía nada y todos decidían todo. Miró la planificación presentada por el abuelo de Andrea por educación pero aceptó todo cuanto había elaborado. De inmediato, tanto Andrea, como Maureen y Roberto comenzaron a diseñar con el ordenador los carteles anunciadores de tal acontecimiento. Cuatro iban a ser las sedes preliminares. Con una previsión aproximada de doscientos cuarenta participantes. A ello debían sumar unos sesenta auxiliares educadores. Mientras que en la fase final reuniría a un centenar de participantes y entre treinta y cuarenta auxiliares educadores. Mientras los jóvenes confeccionaban carteles anunciadores de fechas y horas Julián contactaba con su cuñado para el envió de trescientos equipajes del Real Madrid y otras tantas del Barcelona. Quería obsequiar a cada participante con una camiseta de cada equipo con el nombre y la firma del jugador preferido de cada niño. El abuelo se había encargado de confeccionar una lista, que Julián remitió a su cuñado.

   Las fechas de la primera sede las fijaron en la primera semana de mayo, en San Rafael de Guatuso Celebrando un torneo de cuatro equipos uno de indígenas Guatuso o Malekus, otro de Quitinirrísies y los otros no pertenecían a muchachos indígenas pero los apuntaron para realizar una competición. Acordando que los dos equipos de nativos mejor clasificados accederían a Talamanca en Julio para la fase final. Un total de sesenta muchachos y muchachas, pues no estaba cerrado al sexo. La única condición impuesta era no sobrepasar los doce años, aconsejando que el margen de edad no bajara de los nueve. Aunque podría darse alguna excepción tras analizar los argumentos de los equipos que presentaran jóvenes que no cumplieran dicha norma. 

   La segunda se organizaría la tercera semana de mayo en la localidad de Buenos Aires, donde los Barrucas y los Terrabos participaban con un equipo cada tribu, junto con dos equipos no indígenas, clasificándose los equipos indígenas para la final de julio en el centro deportivo de Talamanca. Otros sesenta muchachos y muchachas, pero solo treinta los nativos irían a la fase nacional.

   La tercera sede en ciudad Nelly. La primera semana de junio estaba destinada a realizar la competición con cuatro equipos, sesenta nuevos jugadores, tres equipos pertenecían a la tribu de los Guaymes y uno a la de Bocotás, reforzados por algunos jugadores Gaymes, pues esta tribu solo contaba con ocho jugadores.

   La última sede sería en el complejo deportivo de Talamanca en la segunda semana de junio competirían cuatro equipos de los Cabecares, otros sesenta, clasificándose uno para la fase final.

   En esta misma sede, pero la tercera semana de junio, competirían otros cuatro equipos, sesenta jugadores de los Bribri, clasificando solo el primero.

   Con la disputa de las cuatro fases se daría por finalizada esa previa y los ocho equipos clasificados disputarían la gran concentración final en el complejo deportivo de Talamanca.  

   Ese mismo día se enviaba a todas las series los carteles anunciadores junto al de la fase final donde las fotos de los jugadores del Barcelona y el Madrid aparecían anunciando el trofeo y su presencia en el mismo.

 

 

 




sábado, 13 de septiembre de 2014

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTULO 29-EL INCIDENTE, TENÍA QUE LLEGAR

CAPÍTULO VIGÉSIMO NOVENO EL INCIDENTE, TENÍA QUE LLEGAR


 

 

  Andrea dormía, desayunó solo y procurando no hacer ruido salió de casa para pasar por la fábrica y consultar ciertos asuntos que el padre de la criatura le había solicitado. El gerente se alegró de verlo, hacía tiempo que el nuevo socio de su jefe no se dejaba caer por ahí. Julián no se quiso involucrar en el negocio, recibía sus dividendos al final de la gestión anual y si había necesidad de aportar capital solía responder. Todo el activo que recibía de la empresa su cuñado se encargaba de gestionar en valores y empresas con cierta seguridad y todos los beneficios iban a parar a una cuenta especial que recibía todos los beneficios de la empresa hispano costarricense. Su idea era que cualquier beneficio que saliera de la empresa recayera en la empresa. Visitaron las embarcaciones que se encontraban en esos momentos en el puerto de Bilbao, para ello se desplazaron hasta la capital vizcaína y allí se reunieron con los dos capitanes de las embarcaciones. Las instrucciones que le había dado el padre de Andrea las cumplió a rajatabla controlando personalmente. Subieron en las dos naves y las recorrieron de cabo a rabo y como se aproximaba la hora del almuerzo, aquellos dos marinos les invitaron a “Acacias”, una sociedad gastronómica muy conocida de la capital y próxima al puerto. No se explicaba como aquellos hombres eran capaces de comer como lo hicieron. La calidad estaba fuera de toda duda y durante la sobremesa pudo cumplir con su cometido en Bilbao.

   A media tarde partían de la capital Vizcaína. Llevó hasta la misma puerta de su casa al gerente y tras despedirse y desearse lo mejor puso el coche en dirección a casa. Durante la jornada su cuñado le había telefoneado para algunos asuntos comentados la semana pasada, cuando estuvo en Madrid y donde le advirtió que tal vez tuviera que regresar esa semana. Pero ahora le confirmaba que no era necesario y que todo se resolvió sin el menor problema. Eso le permitía volver a Costa Rica antes de lo previsto. Al llegar al palacete y comprobar que Andrea no había regresado optó por ir a darse una buena ducha y con prendas más cómoda meterse en su despacho para fijar la fecha de regreso. Lo había comprado en Costa Rica de ida y vuelta pero la fecha de regreso era flexible, con un plazo máximo de un mes. Ese martes salía un vuelo, pero era demasiado precipitado, el siguiente lo tenía el jueves o el domingo y optó por el jueves. Gestionó muy temprano para ese día un vuelo a Madrid y si todo se desenvolvía normalmente el mismo jueves a las diecisiete horas de Costa Rica estaría por la cabaña de Puerto Viejo.

   En su mesa volvió a retomar los documentos heredados y un pliego dina dos, cosa extraña, por su tamaño y poca manejabilidad, comenzó a desplegarlo y de inmediato recordó las circunstancia que le llevó a los dos a escribir sobre aquel enorme papel. Habían ido a pasar un fin de semana a uno de los molinos en los países bajos, que pertenecía a un familiar, un artista de la pintura que instaló su estudio en uno de esos monumentos que heredó de un abuelo. Aquel pintoresco personaje le gustaba utilizar ese tamaño para bocetos o apuntes y cuando la pareja le pidió algo para escribir le dio uno de esos mastodontes de papel. Como rieron desplegando aquel papel. Lo pusieron en el suelo proponiendo un juego. Consistía en poner una frase teniendo el otro que rematarla, para volver a escribir otra y así hasta que se cansaran. Sobre el suelo de la habitación que les ofreció aquel familiar la extendieron y con una pluma comenzaron el juego. Ahora la tenía extendida en su mesa de despacho y comenzó a disfrutar con las frases escritas.

 

He aprendido que el silencio enseña mucho más que las palabras.

He aprendido que la persona culta, es la que más escucha.

He aprendido que el sabio no se forma en el colegio, ni con los libros, sino reflexionando sobre lo vivido.

He aprendido que se aprende mucho más de las vivencias, que de los libros.

He aprendido que aprender sin reflexionar, es malgastar la energía.

He aprendido que la enseñanza que deja huella, no se hace de cabeza a cabeza. Sino de corazón a corazón.

He aprendido que para educar, hay que predicar con el ejemplo.

He aprendido que enseñar sin motivar, es como sembrar un campo sin ararlo.

He aprendido que hay tantas cosas para gozar y nuestro tiempo en la vida es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.

 

   Cuando leyó ese párrafo comenzó a llorar, su mente le llevó de nuevo a la playa levantina cuando desesperada le confesó que le amaba y pronunció una frase similar. Cuánta razón tenía, que verdad tan inmensa. Pero sobre todo que filosofía de la vida más bella para encontrar la felicidad que uno porta en su interior. Se controló de inmediato y prosiguió con la lectura de aquel pergamino. 

 

He aprendido que el bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso.

He aprendido, que una bomba hace más ruido que una caricia. Pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que alimentan la vida.

He aprendido que la vida no te quita cosas. Te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto. Para que alcances la plenitud.

He aprendido que nunca perdí nada, porque todo me fue dado.

He aprendido que no hice ni un solo pelo de mi cabeza. Por lo tanto no puedo ser dueño de nada.

He aprendido que la felicidad está más cerca de las cosas sencillas, que de la riqueza.

He aprendido que la felicidad está más cerca, de las cosas cotidianas, que de la fama.

He aprendido que la felicidad está más cerca, de las cosas que no valoramos, que de los lujos.

He aprendido que para ser feliz. Hay que aprender a ser feliz.

He aprendido, que la felicidad está, en la capacidad de asumirse a sí mismo, de aceptarlo y sentirse satisfecho.

He aprendido que para ser felices. Hay que vivir el presente, olvidando el futuro y sin lamentar el pasado.

He aprendido que sé es más feliz, ayudando que siendo ayudado.

He aprendido que sé es más feliz. Dando que recibiendo.

He aprendido que sé es más feliz. Compartiendo que poseyendo.

He aprendido que para encontrar la felicidad, hay que tener momentos de soledad.

He aprendido que para encontrar la felicidad, hay que compartir momentos con la Naturaleza.

He aprendido que para encontrar la felicidad, hay que sentir la sonrisa de un niño.

He aprendido que para encontrar la felicidad, hay que asimilar las experiencias de los ancianos.

He aprendido que la felicidad la llevamos cada uno dentro.

He aprendido que para ser feliz, basta con descubrirla en nuestro interior y hacerla florecer en el exterior.

He aprendido que la felicidad no es material.

He aprendido que la felicidad tampoco es espiritual.

He aprendido que la felicidad, son sentimientos, son sensaciones.

He aprendido que el amor duradero. Consiste en compartir.

He aprendido. Que he aprendido a aprender.

 

    *Nota del autor: Aunque no todas muchas de las frases escritas el autor las ha escuchado al cantautor y escritor argentino Facundo Cabral

 

   Recobró su posición en el asiento mientras saboreaba las frases leídas. No volvió a derramar una sola lágrima pero se mantuvo en esa posición hasta que sintió la puerta. Dobló aquel tratado sobre el aprendizaje y regresó a su asiento. Los golpes en la puerta solicitando permiso para entrar le devolvieron la sonrisa. Se lanzó en sus brazos sentándose sobre sus rodillas y abarcando su cuello mientras le confesaba que le había salido de cine. Le felicitó, le rogó que se levantara, hizo lo mismo y juntos fueron hacia la cocina. Le preguntó que le apetecía cenar y se negaba a que la realizara él. Pero al confesarle que llevaba dos horas sin hacer nada y ella debía ducharse y ponerse cómoda aceptó con la condición que le sorprendiera. Mientras se relajaba en el jacuzzi, preparaba una ensalada y una sencilla tortilla de patatas con algo de cebolla. Estaba en su faena cuando entró en la cocina con las dos toallitas de rigor y la ropa que se había acabado de quitar para depositarla en la cesta de la ropa. Julián estaba en su labor y no llegó a percibir su entrada. Había dejado la ropa en el cesto y al observarlo tan metido en su trabajo se quedó contemplando cómo se desenvolvía. Estuvo tentada a dejar las toallas en el cesto y aproximarse a él con el traje del nacimiento, pero en esos periodos de convivencia había percibido que no era una persona que le agradara en demasía el desnudo. Y entonces se acordó de una frase que pronunció en el centro educativo en su primer año en España. Una compañera había asistido a clase con unos pantaloncitos minis, hasta tal punto que parte de sus posaderas se dejaban ver junto a sus muslos. Un alumno en plan de guasa le comentó a su maestro.

 

   “Don Julián que pierde los ojos”

 

   Con su parsimonia, su chispa y oportunidad, le soltó otras dos que le dejó roto.

 

   “Cree el ladrón que todos son de su condición”.

 

   Para añadir de inmediato.

 

   “Mi querido alumno te enseñaré algo que solo los años dan. En el sexo soy como Santo Tomas, si no toco no creo”.

 

   Como recordaba el cachondeo de todo el curso incluso de aquel payaso que trató de ridiculizar a su maestro. Pero luego sería consciente que jamás se ofendía por las bromas de su alumnado. Porque luego ellos fueron conscientes que el que se arriesgaba, siempre tenía una respuesta adecuada. Retiró sus manos de la toalla medio suelta en el escote y volvió a colocarlo como entró. Cuando salía por la puerta Julián se percató de su presencia y le comentó que aligerara. La cena estaba ya a punto de servirse. Cuajaba la tortilla y todo estaba listo. Mientras se vestía, fue poniendo la mesa y cuando apareció en pijama y bata se sentaron a la mesa para degustar las calorías de esa cena. 

   Durante la velada le confesó que el jueves regresaba a Costa Rica. Había finalizado tolo lo que tenía previsto y por tanto tornaba a casa. Su expresión cambió radicalmente, esperaba tenerlo toda la semana y ese jueves le abandonaba. Por supuesto que le acompañaría al aeropuerto e incluso se ofreció para llevarle hasta Barajas, pero al confesarle que también tenía el billete quedó en llevarle a Irún. Le confesó que había hablado esa tarde con su padre y le propuso la posibilidad de adquirir los terrenos adyacentes a la cala de la cabaña asegurándole que lo intentarían. Ella protestó.

 

   - La cabaña te pertenece Julián si alguien se debe de ir de allí es el resto de la gente.

 

   Le confesó que eso le correspondía a su persona pues siempre supo que la compraba para ella como presente de boda. Pues así obraba en el pacto oral entre su abuelo y él. Era una persona solitaria y le gustaba tener su espacio, su intimidad por ello se había propuesto construir una nueva cabaña en la cala para que fueran vecinos. Se levantó de la mesa, volvió a sentarse en sus muslos mientras abarcaba su cuello y con una pícara mirada le confesó que sería un detalle que se la regalase a si mismo pues pensaba casarse con él sí o sí. Mientras caminaba desde su asiento hasta sentarse en sus muslos, realizó una maniobra que pasó desapercibida para él. Se había desabrochado la bata y retirado levemente hacia los laterales mostrando el encanto de unos muslos que el pijama que portaba mostraba con generosidad. Por su parte superior también el escote generoso aireaba los encantos de aquella mujer. Cuando intentó que su maestro se perdiera, fue consciente de las intenciones de la joven. Tomándole de la cintura la elevó para ponerle de pie, haciendo la misma maniobra él. Se abrazó al cuello e intentó poner sus labios en los de su maestro.

 

     Sabes mi niña que no es posible. 

 

   Pronunció esas palabras con una ternura, un cariño, un respeto por aquella joven, capaz de sobrecoger a cualquier hombre. ÉL juntó los laterales de su bata, buscó el cinturón y lo amarró a la altura de su vientre, al tiempo que dejaba descansar sus labios en la frente de aquella mujer.

   En un tono que incluso a ella le sorprendió le comentó

 

     Julián somos dos adultos, no hay excusa posible.

 

 Sonrió seguía con sus manos en su cintura mientras le confesaba.

 

    Mi niña, llevas cuatro años junto a mí y todavía no me conoces.

 

   Fue una noche de charlas, de exposiciones de puntos de vista, de recordar frases que le había enseñado. En un momento de rebatir una y otra vez los argumentos, intervino para confesarle.

 

     Es posible que mi amor por ella ni esté de moda, ni tenga sentido para mucha gente. El sexo es otra cosa. Tampoco te podría hablar mucho sobre él. Mi única relación fue con ella. El Señor me tenía reservada a esa mujer y ahora me espera para juntos vivir la eternidad. Como quieres que me presente con otra. Soy hombre de una sola mujer y de ello estoy convencido totalmente. Tal vez sea tonto, irracional, pero tú sabes muy bien que soy persona de convicciones y las llevo al extremo máximo. Cueste lo que cueste y afecte a quien afecte. Me dolerán ciertas decisiones, como cuando renuncié a mi familia, a mi posición a mi trabajo porque ella era todo para mí. Pero era algo que tenía que hacer y lo hice. No te puedes imaginar lo que sufrí por mi madre en especial. Pero era algo que tenía que hacer y lo hice. Pero…

 

   Andrea le pidió que lo dejara, le entendía, lo comprendía y lo último que deseaba en este mundo era preocuparlo o entristecerlo. Lo amaba y él lo sabía, estaba a su disposición para lo que quisiera. Pero por nada en el mundo le gustaría desligar esa relación con él y con su familia. Le abrazó con toda la ternura de un padre. Y aunque no hacía falta ya sabía donde le tendría siempre. Un beso en cada mejilla selló la conversación de la noche y cada uno se perdió en sus aposentos.

 

 

 


 

sábado, 6 de septiembre de 2014

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTUITULO 28-RECUERDOS, RECUERDOS,...

CAPITULO 28- RECUERDOS, RECUERDOS, ...



 Regresaba a casa, pensativo, desconectado, triste, melancólico, indeciso, estaba sin estar. Conducía diferente, con excesiva tranquilidad para su temperamento. Sin apurar las marchas como era costumbre, utilizando el freno, cuando lo normal era reducir antes de frenar. La mirada fija en la carretera. Andrea se pasó todo el trayecto observando a su maestro. No era el mismo y era consciente que aunque estuviese a su lado físicamente, su alma, su espíritu no se encontraba en aquel vehículo. Era sábado, no tenía ninguna obligación ese día, pero tampoco habían planeado nada salvo llevar a los viajeros al aeropuerto. Situación también desconocida. Julián era de esas personas que le gustaba planificar todo. La visita o tal vez el contenido de aquella caja, o ambas cosas, le habían afectado profundamente. Pero no era solamente su estado, ya había observado situaciones similares, pero consciente que era una persona con una gran fortaleza que lo superaba casi a los pocos minutos. Sin embargo todo el fin de semana su comportamiento dio un vuelco total, Desde que entró en casa, para encontrarse con la visita, hasta esos momentos en el coche, había cambiado hasta su expresividad. No le habló a pesar de desearlo en lo más profundo de su ser, pero se mantuvo muda, esperando que la iniciativa partiera de él. Entonces y solo entonces constataría que había regresado y volvería a ser el Julián de siempre. Llegaron a casa y se extrañó cuando le vio dirigirse al mueble bar, provisto de una mini nevera, para prepararse un cubalibre y sin pronunciar palabra con el gesto le invitaba. Julián solo bebía vino y en las comidas, alguna vez le vio beber una cervecita fría pero nunca lo había visto beber bebidas de alta graduación. Por lo general solía tomar zumos o refrescos. Ella tampoco era amante de ese tipo de bebidas sin embargo aceptó su ofrecimiento y con sus respectivas copas se sentaron en los sillones del salón. Dio un pequeño sorbo y le imitó, aguardando que reaccionara, que tomara alguna iniciativa.

   Unos eternos quince minutos, condensaron la tensión de la habitación, mientras la bebida de sus vasos se iba consumiendo. Por fin cuando la densidad se podía cortar, sin mirar a la joven, Julián rompió el silencio.

 

    - Perdóname. Necesito estar solo. ¿Prefieres quedarte en el palacete o salir?

   Las tres frases las dijo de carretilla no quería que le interrumpiera. Le pilló fuera de juego, pero como tenía que estudiar, ya que el lunes tenía unos parciales importantes, contestó sin reflexionar. Al darse cuenta quiso enmendarlo rogando que fuera él quien eligiera. Pero no lo logró. Se levantó del sillón, puso sus labios en sus mejillas mientras lanzaba una frase de disculpa y agradecimiento a la vez. Entró en su despacho, liberó su tesoro de la caja fuerte y con él en sus manos se fue al coche y salió a toda velocidad. Andrea se quedó inmóvil, indecisa, sin lógica, temerosa, asustada, incrédula pero a los tres minutos entró en su habitación. Desconectó de aquel fin de semana que se prometía maravilloso y se sumergió en los contenidos de sus libros.

   Llevaba un par de horas inmersa en su labor, cuando hizo un pequeño receso, se levantó fue a la nevera tomó un refresco y entre sorbo y sorbo mandó un s. m. a Julián.

 

   “Cuando te detengas mándame un mensaje” “Cuídate, pero especialmente permite que te cuide”

 

    Escrito el mensaje, terminó su refresco y de nuevo ante los libros comenzó a liberar la batalla de grabar en su cerebro los contenidos que ese lunes debería tratar de plasmar en los exámenes que le aguardaban.

   A gran velocidad buscó la localidad de Hondarribia, para desviarse y subir a Jaizkibel. Aquella montaña, con vistas al golfo de Vizcaya y a ese bravo mar Cantábrico, fue su refugio cuando abandonó su casa y se trasladó a Donostia a las pocas horas de dejar a su amada en manos del Señor. Ahora deseaba leer algunos de aquellos documentos que le había dejado en herencia y precisaba hacerlo en solitario. Aquel paisaje era el idóneo y se alegró que Andrea se hubiera quedado en casa. Allí entre cemento no habría sido igual. Hacía bastante frío y el viento arreciaba con fuerza pero al no llover logró una ubicación en el terreno ideal para sus pretensiones. Dejó su coche en un claro junto al camino forestal. Con la caja y dentro de ella su contenido lo acopló en su cartera de cuero. Aquella que conservaba cuando daba clases en la universidad, con el propósito de proteger los documentos. Inició una caminata por la montaña hasta dar con el cobijo que años atrás, pasó veladas recordando y llorando a pesar de los vientos y la lluvia. Precisó tiempo y camino recorrido, subiendo, bajando. Se detuvo para visionar mentalmente aquel lugar donde estuvo. Era un emplazamiento alto pues ahora su cerebro visionaba el lugar y recordaba los atardeceres que inspiraron su alma, mostrando la imagen de su amada. Desde aquel cobertizo podía ver tanto la vertiente oeste, hacia Donostia como la vertiente este, hacía Hondarribia. Siguiendo esas imágenes que se reproducían con claridad en su mente logró localizar el sitio exacto. Andaba bastante cambiado pues la pequeña edificación estaba en ruinas, pero quedaba un pequeño tramo con los dos espacio de los ventanales de donde se divisaba Donostia y Hondarribia y se pudo resguardar un poco del frío, pero especialmente del viento. Al elevar su mirada a lo que quedaba de techo fue consciente que de llover no tendría la misma protección que unas décadas atrás. El trozo de techo que quedaba era un autentico colador. Sonrió, aunque frio y viento si reinaba en el lugar la lluvia andaba lejos de poder caer, se hizo un pequeño asiento al abrigo de las tres ruinosas paredes que quedaban. Instalado y acomodado tomó el móvil pues le había avisado mientras conducía de un s m. Al conectarlo comprobó que era de Andrea, sonrió y tras su lectura le contestó de inmediato.

 

   “Llegué, ya te cuento”

 

   Aquella criatura era un encanto y con toda seguridad su comportamiento y actitud de esas últimas horas le tendrían preocupada. Fue finalizar la respuesta al mensaje cuando unos ruidos externos le alertaron. Salió a investigar y sonrió, unos caballos sueltos andaban pastando por aquellos parajes.

 

   ”Bueno por lo visto solo. Solo no puedo estar”

 

   Pensó al tiempo que una sonrisa recuperaba su expresión cotidiana. Aquella especie de catarsis había desaparecido y podía controlar su situación, sus voluntades, sus deseos. Desde la tarde noche del viernes hasta ese momento había sido imposible, andaba como drogado, sin ser consciente de sus actos, de sus movimientos, de sus acciones. Al sacar el primer pliego del contenido y desdoblarlo, recordó que lo había leído esa noche, siendo consciente de lo sucedido en esas horas. Los padres de ella llegaron, cenaron, se quedó la noche leyendo una hoja, sin desvelar ningún otro contenido de aquella herencia. Llevó a los viajeros al aeropuerto regresando a casa y en el salón dejó casi plantada a Andrea. Ahora se encontraba allí donde décadas atrás pasó cuarenta y ocho horas, sin dormir, sin comer y bebiendo de los charcos que formaba la intensa lluvia que padeció esos dos días perdido en el monte.

   Extrajo la caja de su cartera, la destapó y tras extraer unas hojas y comprobar que fueron las que leyó en casa, devolvió lo robado para extraer una nueva cuartilla. Un vuelco de su corazón lo condujo de nuevo al estado de catarsis. Cerró los ojos, cinco respiraciones profundas, tres tensiones al máximo de toda su musculatura para relajarla a continuación al máximo. Cuando se encontró capacitado para mantener esa cuartilla y leerla sin interrupción, pero especialmente sin riesgo a malograr el documento por las posibles lágrimas, inició su lectura.

 

    “Te escribo en una sesión de quimioterapia. Son minutos que nos roban y de ahí que decida escribirte y guardarlo para que cuando me vaya sigamos en contacto. Para recuperar todos estos momentos que nos han privado”

 

   Paró su lectura, retiró la cuartilla, se habría tirado por el acantilado si malograra alguno de los legados que le había dejado. Lloró, lloró como la noche anterior, parecía que se recuperaba y podría seguir con su lectura cuando una nueva ola de dolor le embargaba y los pucheros se transformaban en un llanto desconsolador. ¡Como recordaba cada instante junto a ella! Su figura frágil, castigada por esa maldita enfermedad. La forma como le abrazaba, con tal delicadeza temiendo que se pudiera romper como una figura de porcelana. La postura que adoptaban para pasar la noche, en ese momento no recordaba si había conseguido dormir en esos seis meses, lo más probable era que si pero no lo recordaba. Ella de espaldas a él, él abrazado mientras sus cuerpos se fundían en uno y los brazos cruzados por delante de ella descansaban en aquellos tersos y redondos senos. De nuevo el llanto, de nuevo la calma, de nuevo ejercicios de concentración y relajación. Recobrando las constantes vitales. Nuevo intento y nada, vuelta a empezar. Por fin no era consciente del tiempo transcurrido cuando de nuevo consiguió proseguir. No veía bien, posiblemente el llanto nublo su mirada, se secó con el polo que llevaba debajo del abrigo. Nada seguía nublado. Estaría perdiendo vista. Pero al alzar la vista comprendió que estaba anocheciendo.

 

    ¡Dios!

 

   No podía ser si allí llegó lo mas tardar a las nueve o diez de la mañana. Y en esos momentos el reloj se acercaba a las diez y ocho horas. No podía dar crédito, casi diez horas y solo había leído un párrafo. Había vuelto a ser él, se estaba dando cuenta de lo que sucedía. Pensó en Andrea, pobrecilla estaría muy preocupada y él pensando solo en él.

 

   ¿También estaba cambiando lo poco bueno que le quedaba?

 

   Guardó con ritual religioso aquella cuartilla en su cartera de piel y antes de levantarse tomó su móvil y llamó a Andrea. Lo primero que escuchó fue un suspiro profundo. Le pidió mil disculpas y le aseguró que antes de sesenta minutos estaba en casa.

   No le dejó ni entrar, nada más bajarse del coche en el garaje ella se lanzaba a sus brazos. Al contacto comenzó a llorar liberando toda la tensión de aquel maldito día. Él trataba de tranquilizarle pidiendo disculpas. Sin soltarse entraron en el salón. Cuando se dio cuenta que el Julián que conocía había regresado, se calmó. Las lágrimas proseguían el camino abierto por las primeras que brotaron a modo de torrente, mientras sus manos acariciaban la espalda de su gran amor. Con el dominio de sí misma, sin preguntar ni recibir aclaración alguna se separaron par ir al servicio, adecentarse un poco, vestirse para salir a cenar a su restaurante favorito. Durante la velada le fue contando lo sucedido. Revelando el contenido de esa herencia que recibía de su amada, tras casi cuarenta años. Confesó que a pesar del tiempo transcurrido no había leído casi nada. Trató de aclararle su comportamiento de esas últimas horas, aunque él tampoco lo tenía muy claro. Andrea conforme su maestro le daba las explicaciones se convenció que el ataque que pensaba llevar a cabo ese fin de semana no se desataría. Julián debía asimilar aquella herencia en primer lugar, luego debía darle tiempo al tiempo para que se asentaran esos recuerdos. Estaba claro que debía esperar un tiempo aunque difícil y duro, no era menos cierto que el posible éxito en esos momentos era completamente imposible. Lo iba a tener una semana más con él, viviendo, comiendo, desayunando, cenando, durmiendo bajo el mismo techo y eso, por el momento era mucho.

   Iban camino de casa cuando Julián le propuso regresar juntos a Jaizkibel, al lugar donde permaneció casi todo el sábado. Deseaba mostrarle especialmente la caída del sol por el lado de San Sebastián. Así como descubrir toda la belleza del paisaje desde aquella montaña. Entraron en casa para perderse en sus respectivas habitaciones. Estuvo tentado de ir a su despacho y proseguir con la lectura iniciada de la cuartilla. Pero estaba agotado no había dormido nada y las persianas se le cerraban. Se dio una ducha rápida, sin utilizar el sistema de hidromasaje y enfundándose el pijama se arropó con el edredón de su cama.

   Tuvieron suerte de nuevo, aunque parezca increíble, el sol lucía en ese día frío de invierno. Con la sonrisa en sus rostros y la felicidad invadiendo todo su organismo pusieron rumbo a Jaizkibel. Aparcó en la misma explanada y fueron recorriendo la montaña para ver las diferentes vistas que la naturaleza en aquel rincón del norte de España, del norte de Euskadi para otros, les ofrecía. Llevaba su cámara digital y pasaron la mañana fotografiándose uno a otro con el fondo, que aquellos parajes les proporcionaba. Andrea estuvo genial, divertida, cariñosa sin pasarse, dulce, atenta, derrochando sus encantos en diferentes poses para la instantánea al más puro estilo Fashion. Julián reía, sonreía y en un momento de la mañana fue consciente de la inteligencia de aquella “hija adoptiva”. Como le había leído su lenguaje corporal. Había llegado a España con un temor fundado, pero se había percatado de las circunstancias que le habían rodeado y en vez de pensar solo en ella había sido capaz de sacrificarse por recuperar a su maestro. En un momento que posaba, dejó la cámara y con lágrimas en los ojos deposito por una milésima de segundo sus labios en los de ella mientras se le escapaban tres palabras.

 

    - Gracias hija mía. 

 

   Quedó petrificada, sin respuesta, sin respiración, sin pulsaciones, mientras una gratificante sensación placentera recorría cada rincón de su escultural cuerpo.

   Julián se había retirado unos metros para enjugar las gotas de agua salada que brotaban de sus lagrimales mientras ella, recuperados los calores sonrió. Le hubiera gustado lanzarse hacia aquel hombre pero era consciente que se había dado cuenta de su generosidad, de su amor y realizar cualquier acción fuera de lo normal habría sido un grave error. Solventó la situación quitándose el abrigo, a pesar del frío y retirando un poco los tirantes de su vestido mostró con un escote generoso los encantos del canalillo con la parte superior de sus pechos mostrándose a la cámara. Un

 

   “No te muevas”

 

    Siguiendo el juego de la joven, para plasmar el momento en un río de fotografías pues puso el motor para lanzar aproximadamente unas treinta y cinco fotos en menos de diez segundos. Recuperó la compostura de su traje, volvió a ponerse el abrigo y se abrazó a Julián. Se acercaron al coche y en Hondarribia, volvieron al restaurante junto al club náutico para comer. No se entretuvieron mucho. Deseaba mostrarle el atardecer desde la montaña para proseguir con la toma de instantáneas. Estaban pletóricos. Cuanta generosidad había en ambos. De nuevo la sesión fotográfica, de nuevo las bromas, de nuevo los cumplidos, de nuevo el cariño.

   Llegaron a casa recordando ese domingo, ese día lo guardarían en sus corazones como una de las mejores jornadas, juntos. Cenaron muy poco, él se metió en su despacho y ella se perdió en el suyo inmersa en los libros. Al día siguiente por la tarde tenía un examen importante.

   Sentado en su despacho, con la cuartilla en la mano se propuso recuperar la lectura.  Volvió a releer el párrafo.

 

    “Te escribo en una sesión de quimioterapia. Son minutos que nos roban y de ahí que decida escribirte y guardarlo para que cuando me vaya sigamos en contacto. Para recuperar todos estos momentos robados”

 

   Y sin pausa prosiguió.

 

    “Nadie puede imaginarse lo que supuso para mí no confesarte mi amor durante casi un mes. Ese mes que desperdiciamos. Ahora sé que fui una estúpida y cuando lo leas se que tu generosidad me perdonara. Me gustaría poderte expresar con palabras lo que has supuesto para mí estos meses que llevamos juntos y que el Señor en su misericordia nos ha concedido por tu inmensa entrega, por tu generosidad, por tu amor hacia mí. Creo sinceramente que sigo con vida por ti. Romper con todo, con tu familia, con tu profesión, con las oportunidades que la vida te ofrecía para dejarlo todo absolutamente todo y entregarte en cuerpo y alma a mí, ha sido la medicina que requería mi enfermedad. Te lo podrás creer o no pero no siento ningún dolor, molestias, ni reacciones secundarias cada vez que me someten a este martirio. Me duele muchísimo más no estar a tu lado. Para olerte, tocarte, acariciarte, adorarte. ¡Dios!, tú expresión favorita, me gustaría encontrar esas palabras que pudieran expresar lo que siento, lo que significas, lo que eres para mí, pero precisamente las lenguas no fueron mi fuerte”

 

   No pudo más volvió a llorar como un chiquillo. Gritó.

 

“Como podía pensar que no expresaba allí su amor, si ella misma era la definición del amor”

 

    Se repuso y con los pañuelos desechables que se iban acumulando en la papelera enjugó sus lágrimas. Para una vez recuperada la compostura proseguir con su lectura.

 

   “Recuerdas. Estábamos en la guardilla del pajar de la granja de mis padres abrazados. ¡Cómo no! A mi pregunta, si me voy primero que es lo más probable, busca otra mujer por favor. Eres demasiado joven, demasiado bueno para vivir solo el resto de tu vida. Y con ese temple, esa serenidad, ese cariño, esa dulzura. Contestaste sin pensarlo ni una milésima de segundo. Solo existe un amor para cada ser y no tiene principio ni fin. Nació con la creación y como la vida eterna, es eterno. De ahí la importancia de saber cuál es el nuestro. Y estoy seguro que el mío eres tú, por eso mi amor jamás podrá haber otra mujer en mi vida.

   No hace falta que siga contando lo que pasó, porque esas sensaciones de entrega absoluta solo se pueden vivir. Te amé al principio de los siglos, te amo, y te amare eternamente.

 

   ¡Dios!

 

   Su expresión favorita dio rienda suelta a sus sentimientos a sus lamentos, a su amor descontrolado hacia esa mujer que le esperaba para vivir juntos la eternidad.