sábado, 20 de septiembre de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTULO 30 EL ACONTECIMIENTO DE TALAMANCA
EL ACONTECIMIENTO DE TALAMANCA
El primer mes en Costa Rica lo empleó en las gestiones para la
adquisición de los terrenos. La familia de Andrea se había movido y obtuvieron
un buen precio por las tierras. La mayor parte pertenecían a nativos Bribri que
no pusieron la mínima traba. Solo una parcela importante en manos de un
holandés les ponía serios inconvenientes ya que no deseaban vender. Julián
tampoco estaba dispuesto a pagar un precio más elevado pues sería injusto con
los nativos. Y tasar todas las tierras se disparaba del presupuesto ya que
aunque importante no llegaba ni al diez por cien del total de las tierras a
adquirir. Por fin faltando escasos días para la semana santa, antes de la llegada
de Andrea para sus vacaciones, Julián en compañía del Abuelo quien había estado
negociando, se acercaron a la propiedad. El permiso correspondiente y fueron
invitados a sentarse en una mesa del pórtico. Un matrimonio anciano les
atendió. Les informaron que aquella propiedad se la querían dejar a su hija y
yerno. Eran ellos los que debían decidir si se desprendían de la propiedad. En
esas fechas se encontraban en Costa Rica de vacaciones. A su regreso de
Guanacaste, donde habían ido a pasar unos días con unos amigos se podrían en
contacto y tratarían directamente con ellos. Si los convencían no había el
menor problema. Agradecieron la amabilidad prestada y les dejaron el celular
del abuelo de Andrea, regresando a la finca. Luego junto al abuelo fue
recorriendo las propiedades que estaban prácticamente adquiridas.
El registro de la propiedad las realizaba el banco que trabajaba con
Julián en Costa Rica. Era una gran extensión de terreno y descubrió lugares que
hasta la fecha no había visitado. De todas las parcelas la que más le agradaba
era la de los holandeses. La más próxima a la cala y la más alejada de la
carretera. Luego era también la parcela con más maleza de selva y tenían que
penetrar en la propiedad y llegar casi hasta la misma casa para poder verla.
Era de una sola planta, pero en su centro se elevaba una torre de donde se divisaba
prácticamente toda la bahía. Si conseguía adquirir esa parcela con toda
seguridad pondría el despacho en la torre. Regresó a la cabaña muy satisfecho
con la adquisición de los terrenos y esperaba con impaciencia la llamada de la
familia holandesa. Tanto Julián como Andrea a petición de su padre consintieron
en la construcción de una nueva cabaña próxima a la de la familia donde se
instaló su padre junto a la madre de Roberto y su tropa. Ahora la cabaña la
utilizaban Julián, Maureen y Andrea cuando se desplazaba de vacaciones.
Precisamente esa mañana llegaba de España, para disfrutar de dos
semanas. Desplazándose padre y abuelo a Limón en el coche para recoger a su
pequeña. Julián les iba a acompañar pero la llamada telefónica de los
holandeses a su regreso de Guanacaste le retuvo para entrevistarse con los
hijos del matrimonio holandés. Fue abandonar la cabaña padre e hijo con destino
a Limón cuando Julián paseando por la playa se aproximo para realizar la visita
y tratar de convencer al matrimonio que le vendiera la parcela. Al entrar en la
propiedad una bella joven se quedó quieta en el pórtico tratando de reconocer
al intruso, pero como no era capaz y su padre pasaba en esos momentos por la
habitación contigua al pórtico, llamó su atención para preguntar si conocía al
visitante. De inmediato lo reconoció y le explicó que era el español que deseaba
adquirir la propiedad. No tenía ningún inconveniente en desprenderse pues sus
padres eran ya muy mayores y desde hacía tiempo deseaban regresar a Holanda
para terminar ahí sus días. Su esposo los había perdido hacía escasamente dos
semanas y le agradaba descansar por aquel rincón del mundo para desconectar un
poco del estrés y era precisamente él quien deseaba conservar aquella
propiedad.
Padre e hija recibieron al visitante con su exquisita amabilidad y se
sentaron en la mesa instalada en el pórtico. La señora de la casa había sido
alertada, ofreciendo unos refrescos de fruta en una jarra al que le acompañaban
en la bandeja unos vasos. La joven se disculpó alegando que iba en busca de su
esposo.
Fue salir por el umbral de la puerta y los dos se quedaron petrificados.
Aquel español que pretendía comprar la parcela no era ni más ni menos que la
pareja de su hermana, del que tanto había oído hablar y del que hacia
escasamente dos meses estuvo en San Sebastián acompañando a sus padres para
cumplir la petición de su hermana. Se abrazaron, mientras unas lágrimas
recorrieron los cansados rostros de Julián. El resto de la familia permanecía
expectante aguardando las oportunas explicaciones. Sentados en torno a la mesa
y mientras degustaban los refrescos de frutas fueron aclarando todo. Julián
lamentó la muerte de sus padres. Le aseguró que Dios los había mantenido con
vida para cumplir con el último deseo de su hermana y una vez realizada habían
cumplido en este mundo y ahora se encontrarían con su hermana en la eternidad y
con toda seguridad los estarían contemplando. Aquel hombre quiso tranquilizar a
Julián. Si Helen, su esposa, y sus padres quieren venderla no pondré ningún
inconveniente. A otra persona le aseguro que nunca lo hubiera hecho. Pero usted
es de la familia. Julián agradeció todas sus atenciones y les confesó que su
casa la tendrían a su disposición siempre que desearan pasar una temporada por
Costa Rica. Quedaron en solucionar todos los trámites durante la semana y
Julián volvió a insistir que podían quedarse todo el tiempo que lo desearan
después de la firma de la propiedad. Les invitó a comer en su cabaña pero los
ancianos prefirieron no desplazarse. El joven matrimonio aceptó encantado y
paseando por la playa se acercaron a la cabaña de su vecino.
Pidieron en primer lugar disculpas y luego se lanzaron a preguntar sobre
esa hermana que no llegó a conocer. Como observaron unas lágrimas en aquel
hombre volvieron a disculparse pero les tranquilizó, no solo estaban en su
derecho de preguntar sino que él no tenía el menor problema de contestar. Pero
siempre que se hablaba de ella le costaba reprimir sus lágrimas. La primera
pregunta hizo referencia a que según las informaciones, que le había llegado
aunque compartieron seis meses sus vidas, tenían entendido que no se casaron.
Les confesó que estaban en lo cierto pero fue su hermana la que se negó a
perder más tiempo en preparativos o en tonterías. No hacía falta ningún tipo de
papel para sellar su amor. Siempre comentaba.
- El Señor sabe muy
bien que nos queremos pues fue quien lo dispuso al principio de la creación, al
igual que es consciente que será eterno.
Volvieron a la carga. Julián comprendía la curiosidad de aquel hombre
que ni siquiera llegó a conocer a su hermana. Todas las afirmaciones que le
habían hecho su padre sobre aquella hermana y su pareja sentimental eran
ciertas de principio a fin. El joven llegó a mostrar su falta de credibilidad
en algunas afirmaciones realizadas por sus padres. Durante ese breve paseo por
la playa llegaron a comprender y asimilar la cálida de aquel personaje con
quien compartían paseo y conversación. Al llegar a la cabaña todo estaba
revolucionado. Andrea había llegado y toda la familia acudió a saludarle.
Julián presentó al matrimonio y confirmó la adquisición de la propiedad. Aquel
matrimonio holandés se maravillaba del afecto que todos profesaban por aquel
viejo profesor.
Habían comido y Andrea conversaba con la holandesa dando un paseo por la
playa para rebajar la suculenta comida ingerida en aquel almuerzo. Julián
permanecía con los varones en una mesa del pórtico conversando sobre los
Bribris. El holandés era historiador, y se había interesado en el estudio de
los nativos de Centroamérica. En concreto los que más había estudiado de los
nativos era un clan pequeño por su número “Los Malekus”. El anfitrión también
había leído cosas sobre aquellos nativos y con la colaboración del anciano
Bribri pudieron entretenerse con algo que les entusiasmaba.
Mientras en la playa conversaban. Había observado a Andrea y su
comportamiento con Julián, parecía más hija de aquel personaje que del que le
presentaron como tal. Y en el transcurso de la charla lo comentó
Pensé que eras hija
de Julián.
Sonrió. No era así. A ella le
hubiera gustado casarse con aquel hombre. Las confesiones de Andrea a aquella
extranjera comenzaron ya sin freno. Le comentó que Julián guardaba una
fidelidad casi enfermiza hacía la que hubiera sido su cuñada. No podía creer
aquella historia. Cuarenta años de castidad en un hombre con aquella presencia
a pesar de sus años y especialmente con esa belleza interior se lo debían comer
las mujeres en su juventud.
Bueno yo me lo comería ahora y dentro de
veinte años.
Sonrieron ante el comentario para proseguir el paseo. Iba anocheciendo
la oscuridad se apoderaba de la luz. De pronto, llegó a asustar a su compañera,
Andrea se desprendió de todas sus ropas y se lanzó al agua para sentir el roce
del Caribe acariciando su cuerpo mientras le proponía lanzarse al agua. Se
quedó por unos instantes indecisa, pero reaccionó de inmediato y le acompañó en
su locura. Nadaron por espacio de unos veinte minutos y cuando vieron que el
padre de Andrea, su esposo y Julián andaban buscándoles salieron del agua,
resguardándose un poco entre la maleza, acoplaron la ropa a sus cuerpos
impregnados de arena, agua y sal, para recibir a los caballeros con algo más de
decencia. Mientras las risas y los comentarios se repartían entre las nuevas
amigas. Se despidieron y al llegar a casa fueron directas a la ducha para
ponerse otra ropa y la empapada de agua y arena la depositaron en la cesta de
la ropa sucia.
Habían quedado esa noche en acudir a Maxi´s en Manzanillo, los
extranjeros también conocían el famoso restaurante y allí se encontraron para
cenar.
Durante esa semana y el resto se realizó el papeleo y transferencias
monetarias para la adquisición de la finca. Antes del regreso de Andrea a sus
estudios, la cala les pertenecía. Si bien la familia holandesa no dejaría la
propiedad hasta finalizar ese verano. Pues así lo acordaron con Julián, al
haber quedado toda la familia en pasar el mes de Agosto en Costa Rica con la
intención de realizar una gran fiesta a los abuelos que la iban a abandonar
tras cerca de veinticinco años instalados desde su jubilación. Ese octubre los
dos ancianos llegarían a los noventa.
Aunque dedicó, principalmente por las noches, dos o tres horas de
estudio Andrea pasó unas vacaciones inolvidables. Trataba de no separase de
Julián pero este procuraba que Roberto y Maureen la movieran para salir por
ahí. Hasta consiguió que se perdieran los tres por Guanacaste unos días en un
hotel de Samara en el pacifico norte. En concreto en la península de Nicoya. Aprovechó
esos días para perderse por la península de Osa en el pacifico sur. Tenía
tantas cosas que intercambiar con el Usekör que se presentó en sus dominios.
Fueron tres días con dos noches y pudo recrearse en la serenidad, en la
meditación, en el descanso. En captar toda la sabiduría de aquel personaje que
le proporcionaba esa serenidad, esa paz, que necesitaba para llegar, cuando el
Señor quisiera, a reencontrarse con su amor. Allí la magia era especial, las
dos noches se le presentó en sus sueños y compartieron esas horas en la
fantasía, en la realidad, en el embrujo, en el deseo, en la irrealidad. Pero al
fin y al cabo le veía, le tocaba, le abrazaba y sobre todas las cosas le
regalaba un premio Nobel en cada beso que depositaba en sus labios, o entraban
en el paraíso al enredar sus cuerpos con el traje de gala del nacimiento,
compartiendo caricias, mimos, calores, pasiones.
(Para que le voy a contar. Todo el
que ha amado lo podrá sentir si lo revive en su imaginación y con esas
sensaciones lo describirá mejor que yo)
No se lo explicaba muy bien pero compartió con aquel sabio el legado de
su amada. Y tras la lectura de uno de esos documentos se pasaban horas
desmenuzándolo, ex trayendo toda la poesía, toda la pasión, todo el amor que
aquellas cuartillas guardaban reflejo de aquel amor entre esos dos seres que en
dimensiones diferentes seguían unidos para la eternidad.
Llevaban un buen rato con uno de los documentos cuando el sabio le
comentó.
Una de las palabras que ustedes utilizan para
la integración de otras culturas, “Tolerancia”, me molesta profundamente.
Julián permanecía en absoluto silencio con todos sus sentidos en alerta,
para captar cualquier gesto, cualquier sonido, movimiento o lo que fuera del
personaje. Era una universidad viviente. Una pausa que proporcionaba toda la
expectativa posible y prosiguió confesando que esa palabra le ponía a uno por
encima del otro. Como si los europeos en su ingenuidad de considerarlos
iguales, su cultura, sus tradiciones, su educación especialmente,
implícitamente se colocaban en un plano superior. De nuevo esa pausa para
asentar las ideas en su oyente. Esta se alargó algo más y cuando Julián se
decidía a comentar, él se le adelantó. Explicando que a los Bribris les gustaba
hablar de comprensión. Eso ponía a ambos en un mismo nivel, comprendiendo a la
otra persona. Luego podrías o no compartir esas formas, esas ideas, esas
actitudes pero la mera comprensión del otro los hacía iguales. Ese era el
camino a seguir en la educación. En muchas ocasiones los términos gramaticales
llegan a marcar ese límite. Aquel comentario dio mucho que hablar entre los dos
personajes. Disfrutando ambos de los análisis realizados, pero especialmente de
la conexión. Julián en cierto aspectos no se bajaba del burro, lo entendía pero
no lo compartía. La cultura, las tradiciones marcan mucho el comportamiento de
las personas. En eso estaba de acuerdo el personaje pero también añadió que la
persona equilibrada, generosa, entregada, dispuesta a ayudar al que fuese, sin
mirar posición social, raza, religión, esa persona se podía dar en cualquier
cultura, en cualquier religión y en cualquier rincón del mundo, e incluso en
cualquier periodo de la humanidad.
Al regreso de su tercer día se encontró con los tres jóvenes que llegaban
de su escapada, coincidiendo al mismo tiempo para entrar en la parcela de la
cabaña.
El día previo a la partida de Andrea de nuevo a los estudios en la
facultad se perdieron por el complejo deportivo de Talamanca donde ultimaron el
campeonato a celebrar por todos los clanes y tribus de Costa Rica. Durante el
mes de mayo y junio se celebraría en las diferentes reservas y cantones donde
se ubicaban los nativos, mientras que los que se clasificaran acudirían al
complejo deportivo de Talamanca para disputar las finales nacionales.
En el despacho de Julián se encontraba el abuelo de Andrea ultimando el
número de equipos de cada tribu, con conexiones telefónicas y vía Internet. La
presencia de su hijo durante largos periodos le permitió dedicarse a colaborar
con Julián, su pueblo y otros nativos del país para la organización de aquel
gran acontecimiento deportivo cultural. Esa nueva ocupación le rejuveneció.
Cuando Julián entró por la puerta aquel anciano le confesó que tenía ultimado
todo prácticamente y que no había mandado ya la información definitiva hasta
que no lo viera él. Se enfadó aquí nadie decidía nada y todos decidían todo.
Miró la planificación presentada por el abuelo de Andrea por educación pero
aceptó todo cuanto había elaborado. De inmediato, tanto Andrea, como Maureen y
Roberto comenzaron a diseñar con el ordenador los carteles anunciadores de tal
acontecimiento. Cuatro iban a ser las sedes preliminares. Con una previsión
aproximada de doscientos cuarenta participantes. A ello debían sumar unos
sesenta auxiliares educadores. Mientras que en la fase final reuniría a un
centenar de participantes y entre treinta y cuarenta auxiliares educadores.
Mientras los jóvenes confeccionaban carteles anunciadores de fechas y horas
Julián contactaba con su cuñado para el envió de trescientos equipajes del Real
Madrid y otras tantas del Barcelona. Quería obsequiar a cada participante con
una camiseta de cada equipo con el nombre y la firma del jugador preferido de
cada niño. El abuelo se había encargado de confeccionar una lista, que Julián
remitió a su cuñado.
Las fechas de la primera sede las fijaron en la primera semana de mayo,
en San Rafael de Guatuso Celebrando un torneo de cuatro equipos uno de
indígenas Guatuso o Malekus, otro de Quitinirrísies y los otros no pertenecían
a muchachos indígenas pero los apuntaron para realizar una competición.
Acordando que los dos equipos de nativos mejor clasificados accederían a
Talamanca en Julio para la fase final. Un total de sesenta muchachos y
muchachas, pues no estaba cerrado al sexo. La única condición impuesta era no
sobrepasar los doce años, aconsejando que el margen de edad no bajara de los
nueve. Aunque podría darse alguna excepción tras analizar los argumentos de los
equipos que presentaran jóvenes que no cumplieran dicha norma.
La segunda se organizaría la tercera semana de mayo en la localidad de
Buenos Aires, donde los Barrucas y los Terrabos participaban con un equipo cada
tribu, junto con dos equipos no indígenas, clasificándose los equipos indígenas
para la final de julio en el centro deportivo de Talamanca. Otros sesenta
muchachos y muchachas, pero solo treinta los nativos irían a la fase nacional.
La tercera sede en ciudad Nelly. La primera semana de junio estaba
destinada a realizar la competición con cuatro equipos, sesenta nuevos
jugadores, tres equipos pertenecían a la tribu de los Guaymes y uno a la de
Bocotás, reforzados por algunos jugadores Gaymes, pues esta tribu solo contaba
con ocho jugadores.
La última sede sería en el complejo deportivo de Talamanca en la segunda
semana de junio competirían cuatro equipos de los Cabecares, otros sesenta,
clasificándose uno para la fase final.
En esta misma sede, pero la tercera semana de junio, competirían otros
cuatro equipos, sesenta jugadores de los Bribri, clasificando solo el primero.
Con la disputa de las cuatro fases se daría por finalizada esa previa y
los ocho equipos clasificados disputarían la gran concentración final en el
complejo deportivo de Talamanca.
Ese mismo día se enviaba a todas las series los carteles anunciadores junto
al de la fase final donde las fotos de los jugadores del Barcelona y el Madrid
aparecían anunciando el trofeo y su presencia en el mismo.
sábado, 13 de septiembre de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTULO 29-EL INCIDENTE, TENÍA QUE LLEGAR
CAPÍTULO
VIGÉSIMO NOVENO EL INCIDENTE, TENÍA QUE LLEGAR
Andrea dormía, desayunó solo y procurando no hacer ruido salió de casa
para pasar por la fábrica y consultar ciertos asuntos que el padre de la
criatura le había solicitado. El gerente se alegró de verlo, hacía tiempo que
el nuevo socio de su jefe no se dejaba caer por ahí. Julián no se quiso
involucrar en el negocio, recibía sus dividendos al final de la gestión anual y
si había necesidad de aportar capital solía responder. Todo el activo que
recibía de la empresa su cuñado se encargaba de gestionar en valores y empresas
con cierta seguridad y todos los beneficios iban a parar a una cuenta especial
que recibía todos los beneficios de la empresa hispano costarricense. Su idea
era que cualquier beneficio que saliera de la empresa recayera en la empresa. Visitaron
las embarcaciones que se encontraban en esos momentos en el puerto de Bilbao,
para ello se desplazaron hasta la capital vizcaína y allí se reunieron con los
dos capitanes de las embarcaciones. Las instrucciones que le había dado el
padre de Andrea las cumplió a rajatabla controlando personalmente. Subieron en
las dos naves y las recorrieron de cabo a rabo y como se aproximaba la hora del
almuerzo, aquellos dos marinos les invitaron a “Acacias”, una sociedad
gastronómica muy conocida de la capital y próxima al puerto. No se explicaba
como aquellos hombres eran capaces de comer como lo hicieron. La calidad estaba
fuera de toda duda y durante la sobremesa pudo cumplir con su cometido en
Bilbao.
A media tarde partían de la capital Vizcaína. Llevó hasta la misma
puerta de su casa al gerente y tras despedirse y desearse lo mejor puso el
coche en dirección a casa. Durante la jornada su cuñado le había telefoneado
para algunos asuntos comentados la semana pasada, cuando estuvo en Madrid y
donde le advirtió que tal vez tuviera que regresar esa semana. Pero ahora le
confirmaba que no era necesario y que todo se resolvió sin el menor problema.
Eso le permitía volver a Costa Rica antes de lo previsto. Al llegar al palacete
y comprobar que Andrea no había regresado optó por ir a darse una buena ducha y
con prendas más cómoda meterse en su despacho para fijar la fecha de regreso.
Lo había comprado en Costa Rica de ida y vuelta pero la fecha de regreso era
flexible, con un plazo máximo de un mes. Ese martes salía un vuelo, pero era
demasiado precipitado, el siguiente lo tenía el jueves o el domingo y optó por
el jueves. Gestionó muy temprano para ese día un vuelo a Madrid y si todo se
desenvolvía normalmente el mismo jueves a las diecisiete horas de Costa Rica
estaría por la cabaña de Puerto Viejo.
En su mesa volvió a retomar los documentos heredados y un pliego dina
dos, cosa extraña, por su tamaño y poca manejabilidad, comenzó a desplegarlo y
de inmediato recordó las circunstancia que le llevó a los dos a escribir sobre
aquel enorme papel. Habían ido a pasar un fin de semana a uno de los molinos en
los países bajos, que pertenecía a un familiar, un artista de la pintura que
instaló su estudio en uno de esos monumentos que heredó de un abuelo. Aquel
pintoresco personaje le gustaba utilizar ese tamaño para bocetos o apuntes y
cuando la pareja le pidió algo para escribir le dio uno de esos mastodontes de
papel. Como rieron desplegando aquel papel. Lo pusieron en el suelo proponiendo
un juego. Consistía en poner una frase teniendo el otro que rematarla, para
volver a escribir otra y así hasta que se cansaran. Sobre el suelo de la
habitación que les ofreció aquel familiar la extendieron y con una pluma
comenzaron el juego. Ahora la tenía extendida en su mesa de despacho y comenzó
a disfrutar con las frases escritas.
He aprendido
que el silencio enseña mucho más que las palabras.
He aprendido
que la persona culta, es la que más escucha.
He aprendido
que el sabio no se forma en el colegio, ni con los libros, sino reflexionando
sobre lo vivido.
He aprendido
que se aprende mucho más de las vivencias, que de los libros.
He aprendido
que aprender sin reflexionar, es malgastar la energía.
He aprendido
que la enseñanza que deja huella, no se hace de cabeza a cabeza. Sino de
corazón a corazón.
He aprendido
que para educar, hay que predicar con el ejemplo.
He aprendido
que enseñar sin motivar, es como sembrar un campo sin ararlo.
He aprendido
que hay tantas cosas para gozar y nuestro tiempo en la vida es tan corto, que
sufrir es una pérdida de tiempo.
Cuando leyó
ese párrafo comenzó a llorar, su mente le llevó de nuevo a la playa levantina cuando
desesperada le confesó que le amaba y pronunció una frase similar. Cuánta razón
tenía, que verdad tan inmensa. Pero sobre todo que filosofía de la vida más
bella para encontrar la felicidad que uno porta en su interior. Se controló de
inmediato y prosiguió con la lectura de aquel pergamino.
He aprendido
que el bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso.
He aprendido,
que una bomba hace más ruido que una caricia. Pero por cada bomba que destruye
hay millones de caricias que alimentan la vida.
He aprendido
que la vida no te quita cosas. Te libera de cosas… te alivia para que vueles
más alto. Para que alcances la plenitud.
He aprendido
que nunca perdí nada, porque todo me
fue dado.
He aprendido
que no hice ni un solo pelo de mi cabeza. Por lo tanto no puedo ser dueño de
nada.
He aprendido
que la felicidad está más cerca de las cosas sencillas, que de la riqueza.
He aprendido
que la felicidad está más cerca, de las cosas cotidianas, que de la fama.
He aprendido
que la felicidad está más cerca, de las cosas que no valoramos, que de los
lujos.
He aprendido
que para ser feliz. Hay que aprender a ser feliz.
He aprendido,
que la felicidad está, en la capacidad de asumirse a sí mismo, de aceptarlo y
sentirse satisfecho.
He aprendido
que para ser felices. Hay que vivir el presente, olvidando el futuro y sin
lamentar el pasado.
He aprendido
que sé es más feliz, ayudando que siendo ayudado.
He aprendido
que sé es más feliz. Dando que recibiendo.
He aprendido
que sé es más feliz. Compartiendo que poseyendo.
He aprendido
que para encontrar la felicidad, hay que tener momentos de soledad.
He aprendido
que para encontrar la felicidad, hay que compartir momentos con la Naturaleza.
He aprendido
que para encontrar la felicidad, hay que sentir la sonrisa de un niño.
He aprendido
que para encontrar la felicidad, hay que asimilar las experiencias de los
ancianos.
He aprendido
que la felicidad la llevamos cada uno dentro.
He aprendido
que para ser feliz, basta con descubrirla en nuestro interior y hacerla
florecer en el exterior.
He aprendido
que la felicidad no es material.
He aprendido
que la felicidad tampoco es espiritual.
He aprendido
que la felicidad, son sentimientos, son sensaciones.
He aprendido
que el amor duradero. Consiste en compartir.
He aprendido.
Que he aprendido a aprender.
*Nota del autor: Aunque no todas muchas de
las frases escritas el autor las ha escuchado al cantautor y escritor argentino
Facundo Cabral
Recobró su
posición en el asiento mientras saboreaba las frases leídas. No volvió a
derramar una sola lágrima pero se mantuvo en esa posición hasta que sintió la
puerta. Dobló aquel tratado sobre el aprendizaje y regresó a su asiento. Los
golpes en la puerta solicitando permiso para entrar le devolvieron la sonrisa.
Se lanzó en sus brazos sentándose sobre sus rodillas y abarcando su cuello
mientras le confesaba que le había salido de cine. Le felicitó, le rogó que se
levantara, hizo lo mismo y juntos fueron hacia la cocina. Le preguntó que le
apetecía cenar y se negaba a que la realizara él. Pero al confesarle que
llevaba dos horas sin hacer nada y ella debía ducharse y ponerse cómoda aceptó
con la condición que le sorprendiera. Mientras se relajaba en el jacuzzi,
preparaba una ensalada y una sencilla tortilla de patatas con algo de cebolla.
Estaba en su faena cuando entró en la cocina con las dos toallitas de rigor y
la ropa que se había acabado de quitar para depositarla en la cesta de la ropa.
Julián estaba en su labor y no llegó a percibir su entrada. Había dejado la
ropa en el cesto y al observarlo tan metido en su trabajo se quedó contemplando
cómo se desenvolvía. Estuvo tentada a dejar las toallas en el cesto y
aproximarse a él con el traje del nacimiento, pero en esos periodos de
convivencia había percibido que no era una persona que le agradara en demasía
el desnudo. Y entonces se acordó de una frase que pronunció en el centro
educativo en su primer año en España. Una compañera había asistido a clase con
unos pantaloncitos minis, hasta tal punto que parte de sus posaderas se dejaban
ver junto a sus muslos. Un alumno en plan de guasa le comentó a su maestro.
“Don Julián que pierde los ojos”
Con su
parsimonia, su chispa y oportunidad, le soltó otras dos que le dejó roto.
“Cree el ladrón que todos son de su
condición”.
Para
añadir de inmediato.
“Mi querido alumno te enseñaré algo que solo
los años dan. En el sexo soy como Santo Tomas, si no toco no creo”.
Como
recordaba el cachondeo de todo el curso incluso de aquel payaso que trató de
ridiculizar a su maestro. Pero luego sería consciente que jamás se ofendía por
las bromas de su alumnado. Porque luego ellos fueron conscientes que el que se
arriesgaba, siempre tenía una respuesta adecuada. Retiró sus manos de la toalla
medio suelta en el escote y volvió a colocarlo como entró. Cuando salía por la
puerta Julián se percató de su presencia y le comentó que aligerara. La cena
estaba ya a punto de servirse. Cuajaba la tortilla y todo estaba listo.
Mientras se vestía, fue poniendo la mesa y cuando apareció en pijama y bata se
sentaron a la mesa para degustar las calorías de esa cena.
Durante la velada le confesó que el jueves regresaba a Costa Rica. Había
finalizado tolo lo que tenía previsto y por tanto tornaba a casa. Su expresión
cambió radicalmente, esperaba tenerlo toda la semana y ese jueves le
abandonaba. Por supuesto que le acompañaría al aeropuerto e incluso se ofreció
para llevarle hasta Barajas, pero al confesarle que también tenía el billete
quedó en llevarle a Irún. Le confesó que había hablado esa tarde con su padre y
le propuso la posibilidad de adquirir los terrenos adyacentes a la cala de la
cabaña asegurándole que lo intentarían. Ella protestó.
- La cabaña te
pertenece Julián si alguien se debe de ir de allí es el resto de la gente.
Le confesó que eso le correspondía a su persona pues siempre supo que la
compraba para ella como presente de boda. Pues así obraba en el pacto oral
entre su abuelo y él. Era una persona solitaria y le gustaba tener su espacio,
su intimidad por ello se había propuesto construir una nueva cabaña en la cala
para que fueran vecinos. Se levantó de la mesa, volvió a sentarse en sus muslos
mientras abarcaba su cuello y con una pícara mirada le confesó que sería un
detalle que se la regalase a si mismo pues pensaba casarse con él sí o sí.
Mientras caminaba desde su asiento hasta sentarse en sus muslos, realizó una
maniobra que pasó desapercibida para él. Se había desabrochado la bata y
retirado levemente hacia los laterales mostrando el encanto de unos muslos que
el pijama que portaba mostraba con generosidad. Por su parte superior también
el escote generoso aireaba los encantos de aquella mujer. Cuando intentó que su
maestro se perdiera, fue consciente de las intenciones de la joven. Tomándole
de la cintura la elevó para ponerle de pie, haciendo la misma maniobra él. Se
abrazó al cuello e intentó poner sus labios en los de su maestro.
Sabes mi niña que no es posible.
Pronunció esas palabras con una ternura, un cariño, un respeto por
aquella joven, capaz de sobrecoger a cualquier hombre. ÉL juntó los laterales
de su bata, buscó el cinturón y lo amarró a la altura de su vientre, al tiempo
que dejaba descansar sus labios en la frente de aquella mujer.
En un tono que incluso a ella le sorprendió le comentó
Julián somos dos adultos, no hay excusa
posible.
Sonrió seguía con sus manos en su cintura
mientras le confesaba.
Mi niña, llevas cuatro años junto a mí y
todavía no me conoces.
Fue una noche de charlas, de exposiciones de puntos de vista, de
recordar frases que le había enseñado. En un momento de rebatir una y otra vez
los argumentos, intervino para confesarle.
Es
posible que mi amor por ella ni esté de moda, ni tenga sentido para mucha
gente. El sexo es otra cosa. Tampoco te podría hablar mucho sobre él. Mi única
relación fue con ella. El Señor me tenía reservada a esa mujer y ahora me
espera para juntos vivir la eternidad. Como quieres que me presente con otra.
Soy hombre de una sola mujer y de ello estoy convencido totalmente. Tal vez sea
tonto, irracional, pero tú sabes muy bien que soy persona de convicciones y las
llevo al extremo máximo. Cueste lo que cueste y afecte a quien afecte. Me
dolerán ciertas decisiones, como cuando renuncié a mi familia, a mi posición a
mi trabajo porque ella era todo para mí. Pero era algo que tenía que hacer y lo
hice. No te puedes imaginar lo que sufrí por mi madre en especial. Pero era
algo que tenía que hacer y lo hice. Pero…
Andrea le pidió que lo dejara, le entendía, lo comprendía y lo último
que deseaba en este mundo era preocuparlo o entristecerlo. Lo amaba y él lo
sabía, estaba a su disposición para lo que quisiera. Pero por nada en el mundo
le gustaría desligar esa relación con él y con su familia. Le abrazó con toda
la ternura de un padre. Y aunque no hacía falta ya sabía donde le tendría
siempre. Un beso en cada mejilla selló la conversación de la noche y cada uno
se perdió en sus aposentos.
sábado, 6 de septiembre de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPÍTUITULO 28-RECUERDOS, RECUERDOS,...
CAPITULO 28- RECUERDOS, RECUERDOS, ...
Regresaba a casa, pensativo, desconectado, triste, melancólico,
indeciso, estaba sin estar. Conducía diferente, con excesiva tranquilidad para
su temperamento. Sin apurar las marchas como era costumbre, utilizando el
freno, cuando lo normal era reducir antes de frenar. La mirada fija en la
carretera. Andrea se pasó todo el trayecto observando a su maestro. No era el
mismo y era consciente que aunque estuviese a su lado físicamente, su alma, su
espíritu no se encontraba en aquel vehículo. Era sábado, no tenía ninguna
obligación ese día, pero tampoco habían planeado nada salvo llevar a los
viajeros al aeropuerto. Situación también desconocida. Julián era de esas
personas que le gustaba planificar todo. La visita o tal vez el contenido de
aquella caja, o ambas cosas, le habían afectado profundamente. Pero no era
solamente su estado, ya había observado situaciones similares, pero consciente
que era una persona con una gran fortaleza que lo superaba casi a los pocos
minutos. Sin embargo todo el fin de semana su comportamiento dio un vuelco
total, Desde que entró en casa, para encontrarse con la visita, hasta esos
momentos en el coche, había cambiado hasta su expresividad. No le habló a pesar
de desearlo en lo más profundo de su ser, pero se mantuvo muda, esperando que
la iniciativa partiera de él. Entonces y solo entonces constataría que había
regresado y volvería a ser el Julián de siempre. Llegaron a casa y se extrañó
cuando le vio dirigirse al mueble bar, provisto de una mini nevera, para
prepararse un cubalibre y sin pronunciar palabra con el gesto le invitaba.
Julián solo bebía vino y en las comidas, alguna vez le vio beber una cervecita
fría pero nunca lo había visto beber bebidas de alta graduación. Por lo general
solía tomar zumos o refrescos. Ella tampoco era amante de ese tipo de bebidas
sin embargo aceptó su ofrecimiento y con sus respectivas copas se sentaron en
los sillones del salón. Dio un pequeño sorbo y le imitó, aguardando que
reaccionara, que tomara alguna iniciativa.
Unos eternos quince minutos,
condensaron la tensión de la habitación, mientras la bebida de sus vasos se iba
consumiendo. Por fin cuando la densidad se podía cortar, sin mirar a la joven,
Julián rompió el silencio.
- Perdóname. Necesito estar solo.
¿Prefieres quedarte en el palacete o salir?
Las tres frases las dijo de
carretilla no quería que le interrumpiera. Le pilló fuera de juego, pero como
tenía que estudiar, ya que el lunes tenía unos parciales importantes, contestó
sin reflexionar. Al darse cuenta quiso enmendarlo rogando que fuera él quien
eligiera. Pero no lo logró. Se levantó del sillón, puso sus labios en sus
mejillas mientras lanzaba una frase de disculpa y agradecimiento a la vez.
Entró en su despacho, liberó su tesoro de la caja fuerte y con él en sus manos
se fue al coche y salió a toda velocidad. Andrea se quedó inmóvil, indecisa,
sin lógica, temerosa, asustada, incrédula pero a los tres minutos entró en su
habitación. Desconectó de aquel fin de semana que se prometía maravilloso y se
sumergió en los contenidos de sus libros.
Llevaba un par de horas
inmersa en su labor, cuando hizo un pequeño receso, se levantó fue a la nevera
tomó un refresco y entre sorbo y sorbo mandó un s. m. a Julián.
“Cuando te detengas mándame un mensaje” “Cuídate,
pero especialmente permite que te cuide”
Escrito el mensaje, terminó
su refresco y de nuevo ante los libros comenzó a liberar la batalla de grabar
en su cerebro los contenidos que ese lunes debería tratar de plasmar en los
exámenes que le aguardaban.
A gran velocidad buscó la
localidad de Hondarribia, para desviarse y subir a Jaizkibel. Aquella montaña,
con vistas al golfo de Vizcaya y a ese bravo mar Cantábrico, fue su refugio
cuando abandonó su casa y se trasladó a Donostia a las pocas horas de dejar a
su amada en manos del Señor. Ahora deseaba leer algunos de aquellos documentos
que le había dejado en herencia y precisaba hacerlo en solitario. Aquel paisaje
era el idóneo y se alegró que Andrea se hubiera quedado en casa. Allí entre
cemento no habría sido igual. Hacía bastante frío y el viento arreciaba con
fuerza pero al no llover logró una ubicación en el terreno ideal para sus
pretensiones. Dejó su coche en un claro junto al camino forestal. Con la caja y
dentro de ella su contenido lo acopló en su cartera de cuero. Aquella que
conservaba cuando daba clases en la universidad, con el propósito de proteger
los documentos. Inició una caminata por la montaña hasta dar con el cobijo que
años atrás, pasó veladas recordando y llorando a pesar de los vientos y la
lluvia. Precisó tiempo y camino recorrido, subiendo, bajando. Se detuvo para
visionar mentalmente aquel lugar donde estuvo. Era un emplazamiento alto pues
ahora su cerebro visionaba el lugar y recordaba los atardeceres que inspiraron
su alma, mostrando la imagen de su amada. Desde aquel cobertizo podía ver tanto
la vertiente oeste, hacia Donostia como la vertiente este, hacía Hondarribia.
Siguiendo esas imágenes que se reproducían con claridad en su mente logró
localizar el sitio exacto. Andaba bastante cambiado pues la pequeña edificación
estaba en ruinas, pero quedaba un pequeño tramo con los dos espacio de los
ventanales de donde se divisaba Donostia y Hondarribia y se pudo resguardar un
poco del frío, pero especialmente del viento. Al elevar su mirada a lo que
quedaba de techo fue consciente que de llover no tendría la misma protección
que unas décadas atrás. El trozo de techo que quedaba era un autentico colador.
Sonrió, aunque frio y viento si reinaba en el lugar la lluvia andaba lejos de
poder caer, se hizo un pequeño asiento al abrigo de las tres ruinosas paredes
que quedaban. Instalado y acomodado tomó el móvil pues le había avisado mientras
conducía de un s m. Al conectarlo comprobó que era de Andrea, sonrió y tras su
lectura le contestó de inmediato.
“Llegué, ya te cuento”
Aquella criatura era un
encanto y con toda seguridad su comportamiento y actitud de esas últimas horas
le tendrían preocupada. Fue finalizar la respuesta al mensaje cuando unos
ruidos externos le alertaron. Salió a investigar y sonrió, unos caballos
sueltos andaban pastando por aquellos parajes.
”Bueno por lo visto solo. Solo no puedo estar”
Pensó al tiempo que una
sonrisa recuperaba su expresión cotidiana. Aquella especie de catarsis había
desaparecido y podía controlar su situación, sus voluntades, sus deseos. Desde
la tarde noche del viernes hasta ese momento había sido imposible, andaba como
drogado, sin ser consciente de sus actos, de sus movimientos, de sus acciones.
Al sacar el primer pliego del contenido y desdoblarlo, recordó que lo había
leído esa noche, siendo consciente de lo sucedido en esas horas. Los padres de
ella llegaron, cenaron, se quedó la noche leyendo una hoja, sin desvelar ningún
otro contenido de aquella herencia. Llevó a los viajeros al aeropuerto
regresando a casa y en el salón dejó casi plantada a Andrea. Ahora se
encontraba allí donde décadas atrás pasó cuarenta y ocho horas, sin dormir, sin
comer y bebiendo de los charcos que formaba la intensa lluvia que padeció esos
dos días perdido en el monte.
Extrajo la caja de su
cartera, la destapó y tras extraer unas hojas y comprobar que fueron las que
leyó en casa, devolvió lo robado para extraer una nueva cuartilla. Un vuelco de
su corazón lo condujo de nuevo al estado de catarsis. Cerró los ojos, cinco
respiraciones profundas, tres tensiones al máximo de toda su musculatura para
relajarla a continuación al máximo. Cuando se encontró capacitado para mantener
esa cuartilla y leerla sin interrupción, pero especialmente sin riesgo a
malograr el documento por las posibles lágrimas, inició su lectura.
“Te escribo en una sesión de quimioterapia.
Son minutos que nos roban y de ahí que decida escribirte y guardarlo para que
cuando me vaya sigamos en contacto. Para recuperar todos estos momentos que nos
han privado”
Paró su lectura, retiró la
cuartilla, se habría tirado por el acantilado si malograra alguno de los
legados que le había dejado. Lloró, lloró como la noche anterior, parecía que
se recuperaba y podría seguir con su lectura cuando una nueva ola de dolor le
embargaba y los pucheros se transformaban en un llanto desconsolador. ¡Como
recordaba cada instante junto a ella! Su figura frágil, castigada por esa
maldita enfermedad. La forma como le abrazaba, con tal delicadeza temiendo que
se pudiera romper como una figura de porcelana. La postura que adoptaban para
pasar la noche, en ese momento no recordaba si había conseguido dormir en esos
seis meses, lo más probable era que si pero no lo recordaba. Ella de espaldas a
él, él abrazado mientras sus cuerpos se fundían en uno y los brazos cruzados por
delante de ella descansaban en aquellos tersos y redondos senos. De nuevo el
llanto, de nuevo la calma, de nuevo ejercicios de concentración y relajación. Recobrando
las constantes vitales. Nuevo intento y nada, vuelta a empezar. Por fin no era
consciente del tiempo transcurrido cuando de nuevo consiguió proseguir. No veía
bien, posiblemente el llanto nublo su mirada, se secó con el polo que llevaba
debajo del abrigo. Nada seguía nublado. Estaría perdiendo vista. Pero al alzar
la vista comprendió que estaba anocheciendo.
¡Dios!
No podía ser si allí llegó lo
mas tardar a las nueve o diez de la mañana. Y en esos momentos el reloj se
acercaba a las diez y ocho horas. No podía dar crédito, casi diez horas y solo
había leído un párrafo. Había vuelto a ser él, se estaba dando cuenta de lo que
sucedía. Pensó en Andrea, pobrecilla estaría muy preocupada y él pensando solo
en él.
¿También estaba cambiando lo poco bueno que le quedaba?
Guardó con ritual religioso
aquella cuartilla en su cartera de piel y antes de levantarse tomó su móvil y
llamó a Andrea. Lo primero que escuchó fue un suspiro profundo. Le pidió mil
disculpas y le aseguró que antes de sesenta minutos estaba en casa.
No le dejó ni entrar, nada
más bajarse del coche en el garaje ella se lanzaba a sus brazos. Al contacto
comenzó a llorar liberando toda la tensión de aquel maldito día. Él trataba de
tranquilizarle pidiendo disculpas. Sin soltarse entraron en el salón. Cuando se
dio cuenta que el Julián que conocía había regresado, se calmó. Las lágrimas
proseguían el camino abierto por las primeras que brotaron a modo de torrente,
mientras sus manos acariciaban la espalda de su gran amor. Con el dominio de sí
misma, sin preguntar ni recibir aclaración alguna se separaron par ir al servicio,
adecentarse un poco, vestirse para salir a cenar a su restaurante favorito.
Durante la velada le fue contando lo sucedido. Revelando el contenido de esa
herencia que recibía de su amada, tras casi cuarenta años. Confesó que a pesar
del tiempo transcurrido no había leído casi nada. Trató de aclararle su
comportamiento de esas últimas horas, aunque él tampoco lo tenía muy claro.
Andrea conforme su maestro le daba las explicaciones se convenció que el ataque
que pensaba llevar a cabo ese fin de semana no se desataría. Julián debía
asimilar aquella herencia en primer lugar, luego debía darle tiempo al tiempo
para que se asentaran esos recuerdos. Estaba claro que debía esperar un tiempo
aunque difícil y duro, no era menos cierto que el posible éxito en esos
momentos era completamente imposible. Lo iba a tener una semana más con él,
viviendo, comiendo, desayunando, cenando, durmiendo bajo el mismo techo y eso,
por el momento era mucho.
Iban camino de casa cuando
Julián le propuso regresar juntos a Jaizkibel, al lugar donde permaneció casi
todo el sábado. Deseaba mostrarle especialmente la caída del sol por el lado de
San Sebastián. Así como descubrir toda la belleza del paisaje desde aquella
montaña. Entraron en casa para perderse en sus respectivas habitaciones. Estuvo
tentado de ir a su despacho y proseguir con la lectura iniciada de la
cuartilla. Pero estaba agotado no había dormido nada y las persianas se le
cerraban. Se dio una ducha rápida, sin utilizar el sistema de hidromasaje y
enfundándose el pijama se arropó con el edredón de su cama.
Tuvieron suerte de nuevo,
aunque parezca increíble, el sol lucía en ese día frío de invierno. Con la
sonrisa en sus rostros y la felicidad invadiendo todo su organismo pusieron
rumbo a Jaizkibel. Aparcó en la misma explanada y fueron recorriendo la montaña
para ver las diferentes vistas que la naturaleza en aquel rincón del norte de
España, del norte de Euskadi para otros, les ofrecía. Llevaba su cámara digital
y pasaron la mañana fotografiándose uno a otro con el fondo, que aquellos
parajes les proporcionaba. Andrea estuvo genial, divertida, cariñosa sin
pasarse, dulce, atenta, derrochando sus encantos en diferentes poses para la
instantánea al más puro estilo Fashion. Julián reía, sonreía y en un momento de
la mañana fue consciente de la inteligencia de aquella “hija adoptiva”. Como le
había leído su lenguaje corporal. Había llegado a España con un temor fundado,
pero se había percatado de las circunstancias que le habían rodeado y en vez de
pensar solo en ella había sido capaz de sacrificarse por recuperar a su
maestro. En un momento que posaba, dejó la cámara y con lágrimas en los ojos
deposito por una milésima de segundo sus labios en los de ella mientras se le
escapaban tres palabras.
- Gracias hija mía.
Quedó petrificada, sin
respuesta, sin respiración, sin pulsaciones, mientras una gratificante
sensación placentera recorría cada rincón de su escultural cuerpo.
Julián se había retirado unos
metros para enjugar las gotas de agua salada que brotaban de sus lagrimales
mientras ella, recuperados los calores sonrió. Le hubiera gustado lanzarse
hacia aquel hombre pero era consciente que se había dado cuenta de su
generosidad, de su amor y realizar cualquier acción fuera de lo normal habría
sido un grave error. Solventó la situación quitándose el abrigo, a pesar del
frío y retirando un poco los tirantes de su vestido mostró con un escote
generoso los encantos del canalillo con la parte superior de sus pechos
mostrándose a la cámara. Un
“No te muevas”
Siguiendo el juego de la
joven, para plasmar el momento en un río de fotografías pues puso el motor para
lanzar aproximadamente unas treinta y cinco fotos en menos de diez segundos.
Recuperó la compostura de su traje, volvió a ponerse el abrigo y se abrazó a
Julián. Se acercaron al coche y en Hondarribia, volvieron al restaurante junto
al club náutico para comer. No se entretuvieron mucho. Deseaba mostrarle el
atardecer desde la montaña para proseguir con la toma de instantáneas. Estaban
pletóricos. Cuanta generosidad había en ambos. De nuevo la sesión fotográfica,
de nuevo las bromas, de nuevo los cumplidos, de nuevo el cariño.
Llegaron a casa recordando
ese domingo, ese día lo guardarían en sus corazones como una de las mejores
jornadas, juntos. Cenaron muy poco, él se metió en su despacho y ella se perdió
en el suyo inmersa en los libros. Al día siguiente por la tarde tenía un examen
importante.
Sentado en su despacho, con
la cuartilla en la mano se propuso recuperar la lectura. Volvió a releer el párrafo.
“Te escribo en una sesión de quimioterapia.
Son minutos que nos roban y de ahí que decida escribirte y guardarlo para que
cuando me vaya sigamos en contacto. Para recuperar todos estos momentos
robados”
Y sin pausa prosiguió.
“Nadie puede
imaginarse lo que supuso para mí no confesarte mi amor durante casi un mes. Ese
mes que desperdiciamos. Ahora sé que fui una estúpida y cuando lo leas se que
tu generosidad me perdonara. Me gustaría poderte expresar con palabras lo que
has supuesto para mí estos meses que llevamos juntos y que el Señor en su
misericordia nos ha concedido por tu inmensa entrega, por tu generosidad, por
tu amor hacia mí. Creo sinceramente que sigo con vida por ti. Romper con todo,
con tu familia, con tu profesión, con las oportunidades que la vida te ofrecía
para dejarlo todo absolutamente todo y entregarte en cuerpo y alma a mí, ha
sido la medicina que requería mi enfermedad. Te lo podrás creer o no pero no
siento ningún dolor, molestias, ni reacciones secundarias cada vez que me
someten a este martirio. Me duele muchísimo más no estar a tu lado. Para
olerte, tocarte, acariciarte, adorarte. ¡Dios!, tú expresión favorita, me
gustaría encontrar esas palabras que pudieran expresar lo que siento, lo que
significas, lo que eres para mí, pero precisamente las lenguas no fueron mi
fuerte”
No pudo más volvió a llorar como un chiquillo. Gritó.
“Como podía pensar que no expresaba allí su amor, si ella
misma era la definición del amor”
Se repuso y con los pañuelos desechables que se iban acumulando en la
papelera enjugó sus lágrimas. Para una vez recuperada la compostura proseguir
con su lectura.
“Recuerdas. Estábamos en la
guardilla del pajar de la granja de mis padres abrazados. ¡Cómo no! A mi
pregunta, si me voy primero que es lo más probable, busca otra mujer por favor.
Eres demasiado joven, demasiado bueno para vivir solo el resto de tu vida. Y
con ese temple, esa serenidad, ese cariño, esa dulzura. Contestaste sin
pensarlo ni una milésima de segundo. Solo existe un amor para cada ser y no
tiene principio ni fin. Nació con la creación y como la vida eterna, es eterno.
De ahí la importancia de saber cuál es el nuestro. Y estoy seguro que el mío
eres tú, por eso mi amor jamás podrá haber otra mujer en mi vida.
No hace falta que
siga contando lo que pasó, porque esas sensaciones de entrega absoluta solo se
pueden vivir. Te amé al principio de los siglos, te amo, y te amare
eternamente.
¡Dios!
Su expresión favorita dio rienda suelta a sus sentimientos a sus
lamentos, a su amor descontrolado hacia esa mujer que le esperaba para vivir
juntos la eternidad.
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