jueves, 14 de agosto de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITUITULO 25 LA ESCUELA DE FÚTBOL
CAPÍTULO VIGÉSIMO QUINTO LA ESCUELA DE FÚTBOL
Andrea abandonaba, en compañía de su padre
Costa Rica, muy a pesar suyo. La reanudación de las clases y las obligaciones
de la empresa así lo requerían.
Con el permiso del consejo de ancianos Bribri
adquirió unos terrenos donde funcionaba una sección de fútbol. Jóvenes
indígenas se hacían cargo de la enseñanza del juego bajo la supervisión del
español. El Bribri era la única lengua que se podía hablar en aquellas
magníficas instalaciones y el objetivo principal de sus matriculados era
divertirse y disfrutar por medió de aquella actividad tan anhelada y deseada
por su población infantil. Entre los ancianos Bribri consiguió la participación
de los abuelos de Andrea para impartir clases del idioma nativo. Pronto la
comunicación entre todos los componentes de aquella asociación deportiva,
apoyada y financiada por aquel extranjero, fue fluida. En broma los ancianos comentaban
que en la etapa colombina los españoles les habían intentado conquistar, con
todo ese armamento sofisticado para la época, enviando miles de soldados. Nunca
consiguieron someter a su pueblo. Ahora un solo español les había conquistado
el corazón a todos.
Las últimas semanas Andrea buscó con
desesperación poder encontrarse con Julián a solas, pues la fecha de su regreso
a España estaba próxima. Por más que lo intentó le resultó imposible. Su empeño
por unir su vida con aquel maestro se había liberado de uno de los obstáculos
más grande para conseguir su sueño desde que le conoció. El mismo día de la
celebración de su decimoctavo aniversario, trató de quedarse a solas con él a
pesar de ser consciente que Julián no cedería a una relación de otro tipo. Pero
recordaba muy bien esa frase suya donde insistía:
“No os
desaniméis nunca luchar por lo que verdaderamente queréis, sin desfallecer,
tarde o temprano lo conseguiréis”.
Siempre lanzaba la frase en referencia a su
vocación, a sus metas profesionales, a sus estudios o a los estudios. A sus
deseos sociales y profesionales. En varias ocasiones y conociendo a su alumna
le había advertido que en el campo sentimental se daban situaciones insalvables
y para eso estaban los sueños, los amores platónicos. Siempre sonreía. Deseando
tanto llegar a la mayoría de edad que ahora aquel hombre se le escapaba como
una anguila de la albufera levantina. Cualquier otro muchacho u hombre no le
atraía, la imagen de su padrastro abusando la tenía muy reciente y huía del
contacto con varones, a excepción de sus familiares y por supuesto de Julián.
Al volver a España se volcaba en sus
estudios y se olvidaba de todo menos de su maestro. Vivir en el palacete le
supuso una buena terapia para las dudas, los temores, las inseguridades que le
había creado aquel desagradable incidente. Gente de la facultad que intentaban
conectar, por su belleza, por su simpatía pero espacialmente por su disposición
a ayudar al que lo necesitaba. Pero a la conclusión de la jornada abandonaba el
recinto universitario no se sabía nada de ella. Conocían que se desplazaba
desde Donostia todos los días y regresaba a descansar. Pero los viernes por la
tarde había tiempo libre hasta la mañana del lunes y siempre había posibilidad
de quedar, para tomar una copa, bailar, ir al cine o cualquier otro
espectáculo. Cuando alguien le proponía alguna salida siempre alegaba que
estaba solo con su padre y le necesitaba. Eludía las invitaciones.
La comunidad de Talamanca estaba
entusiasmada con el quehacer de aquel español. Los niños esperaban la hora de
su actividad futbolera como maná del cielo. De qué forma tan sencilla Julián
había conseguido que sintieran verdadera pasión y amor por aprender la lengua
de sus antepasados. Todas las actividades se planteaban con un único fin,
divertirse por medio del juego. El baloncesto aunque tímidamente comenzó sus
pasitos, y el balonvolea entre las féminas adquiría una gran atención y
participación.
El recinto deportivo quedó paralizado ante
la presencia de un inesperado personaje, el Usekör. Se presentó sin previo
aviso para conocer aquel centro del que tanto había oído hablar. Aunque
conociendo al responsable de su funcionamiento no le extrañó. Compartir
conversación, discusiones y planteamientos de la vida con aquel maduro
extranjero era algo que le fascinaba. Recorrió con su parsimonia y parco en
palabras todas las secciones y en especial se detuvo en las aulas de la
enseñanza de la lengua autóctona. Varios de sus colegas de edad similar
ocupaban parte de su tiempo en propagar la lengua, las leyendas y mitos de
aquella raza, de aquellos nativos, legítimos dueños de aquel paraíso tropical.
El primer torneo que celebró la entidad se
produjo a primeros de enero. Julián consiguió que asistieran un par de
jugadores de la selección nacional y aquello fue todo un acontecimiento. Con
anterioridad averiguó que jugador de la nacional les gustaba más a cada uno de
ellos y adquirió un equipaje completo de la selección con los nombres que le
pidió, cada niño. Finalizado el torneo tendría su camiseta y los dos jugadores
asistentes fueron los encargados de entregársela. Hubo ganadores y vencidos
pero el premio fue por igual para todos los participantes. En esa primera
edición consiguieron un total de cinco equipos con una participación de setenta
y cinco muchachos, todos Bribri. Pero en la mente de Julián andaba la idea de
organizar un torneo a nivel nacional de todas las tribus indígenas de Costa
Rica.
En una de sus conversaciones con el Usekör,
le confirmó que acudiría a su celebración y le ayudaría hablando con otros
jefes de las diferentes tribus para que fuera todo un éxito. Los nativos de
Costa Rica debían unirse y el deporte era una buena excusa para reencontrarse y
tratar otros temas de importancia. Principalmente el acoso a que eran sometidas
algunas etnias minoritarias que corrían el peligro de su extinción.
Aquellos niños, muchos de ellos descalzos, recibían
personalmente los equipajes, balones, botas y además por dos de sus ídolos
nacionales. Corrían como gamo delante del jaguar para enseñarla a sus hermanos,
primos, parientes, padre, madre, abuelo, abuela. Hasta hubo un pequeñín que se
la enseñó a los cuatro animalitos que tenían en la granja. Al recriminarle su
abuelo que los bichos no entendían de eso, el niño muy enfadado repuso que
siempre le decía que había que cuidar de los animales pues eran de casa. Las
sonrisas en el seno de aquella familia saltó con la salida de aquel mocoso. Más
tarde Julián se enteraría de la anécdota pues se la contaría el propio abuelo
del niño.
Esa noche recogido en la cabaña con Maureen
y Roberto, tras cenar se perdió por la selva siguiendo el camino de la cala.
Noche luminosa, el cielo estrellado reflejándose en el Caribe multiplicándose.
La claridad proporcionada por una luna llena facilitaba el transitar en la
oscuridad sin encontrar el menor impedimento para colocar un paso y luego el
otro. Nada más irrumpir en aquel marco abierto, iluminado, estrellado hasta tal
punto de no encontrar hueco en el firmamento, incluso las luces de alguna
aeronave, a miles de metros de altura, destellaban al compás de su
desplazamiento, surcando el cielo. En ese instante, en ese lugar, en la playa
de su cala, se iniciaron recuerdos lejanos que alegraba, aterraba, satisfacían,
apenaban o congratulaban su alma y su corazón. Su mente viajaba a miles de
kilómetros, a décadas atrás, a otra cala, a otra playa con diferente encanto, a
sonidos conocidos o desconocidos. A percibir en su piel la brisa, la misma
brisa que arropó sus cuerpos, sus almas, sus rostros. Esa brisa que portaba las
ondas de uno a otro con la misma sintonía. A percibir su mano entrelazada.
Caminaba pausadamente, recreándose con el desfallecimiento de la última ola,
percibiendo su magia. Esa magia que nunca llegaría a comprender porque se daba
en aquel lugar del planeta. Nunca sintió algo parecido en España. La mirada
perdida, quieta, inmóvil, sin un solo pestañeo, mientras saboreaba la calidez
de su mano, e incluso en ocasiones el roce de su antebrazo. Se detuvo
bruscamente, la tenía delante de él, era real. Hizo aman de tocarle pero se
retuvo, no fuera que la magia del momento se desvaneciera y perdiera su imagen
para el resto de la noche. Abobado, acaramelado, completamente enamorado
aguardando y anhelando que se lanzara, a conversar, a abrazarle, a besarle. A
que le diera aunque fuera un bofetón, pero sentirle. Sentir el contacto de su
piel con la suya. Su respiración se aceleraba a la par que su corazón. El aire
parecía ser insuficiente para la demanda de sus constantes vitales. De pronto sintió
su mano, con una ternura, una dulzura, un cariño y un amor, que no perdió las
fuerzas de sus piernas de puro milagro para mantener ese contacto. No estaba
soñando, no se había metido en la cama. Todo había oscurecido, solo su figura
iluminada como para rodar una escena cinematográfica se le presentaba ante él.
Trató de desviar levemente su mirada hacia el firmamento para captar las
estrellas pero era un velo negro cubriendo todo aquel manto que hacía
escasamente unos segundos les envolvió. Incluso sintió su mano entrelazada con
la suya. Buscó el mar. Nada. Toda una sombra negra y ante él aquella figura
resplandeciente. Desvió su mirada con desesperación buscando la arena. Flotaba,
flotaba en la oscuridad. Solo la percibía a ella. Resplandeciente, bella,
joven, hermosa. Esa mueca de dulzura dibujada en su rostro era la premonición
de que no tardaría en romper el silencio. Un silencio espacial, mudo,
inquietante, esperanzador. Y el ruido de la selva, el romper de las olas, los
latidos escandalosos de su corazón, los jadeos de su boca al tratar de captar
bocanadas de aire, todos esos sonidos se esfumaron, desaparecieron. El silencio
se había apoderado del momento.
Tengo cáncer.
Volvió a escuchar esas dos palabras mientras
las lágrimas brotaban sin pausa. Esas dos palabras, retumbaron en sus oídos.
Esas terroríficas palabras que trataba de justificar cuando le negó su amor.
Cuando su conexión era total desde el primer cruce de miradas. Si era la
energía complementaría a la suya y por no dañarle rechazó esa conexión y en
esos momentos se dio cuenta de su error.
Te quiero, te quiero.
Gritaba entre un llanto de liberación de
deseos, de compartir su dolor, que también era parte de su amor hacia él. Se
desplomaron los dos sobre la arena, abrazados, llorosos, sofocados, buscando
sus bocas, buscando sus cuerpos. Besos, lloros, lágrimas, achuchones, caricias.
Las palabras sobraban. El aire les faltaba, sus corazones chocaban
materialmente fuera de sus cuerpos impregnados de arena, de agua, de lágrimas.
Sus ropas se fundían con cada caricia, con cada beso, hasta sentir la piel de
uno en la del otro. Compartiéndose, explorando cada rincón de sus cuerpos.
Unidos en uno solo rodaban por la playa, hasta la plenitud del placer, de la
pasión, de compartir hasta el último cabello. De pronto aquella luz que le daba
imagen se fundió y de nuevo el cielo estrellado, la luna en lo más alto, el mar
hablando, la selva chillando y él tirado en el suelo abrazado a la arena,
mojado. Se levantó y chilló como un poseído. Se dejó caer de nuevo en la arena
para comenzar un llanto que le duró hasta su regreso a la cabaña.
Fue directo a la ducha, recogió la ropa en
una bolsa de plástico, ya que estaba completamente mojada y con el pantalón
corto con el que solía dormir en aquellas tierras y sin camisa, bajó a la
cocina y depositó las ropas en la pila. Dio al grifo, las enjuagó un poco y
luego tras llenarla dejó en reposo las prendas que se había quitado.
Esa mañana llegaban a Limón los padres de
Andrea y de la tropa. Para pasar una temporada y solucionar asuntos de la
empresa. Julián fue a buscarlos al aeropuerto y los llevó de vuelta a casa.
Comieron todos en familia y luego nada mas comer Julián se fue hacia el
complejo deportivo, para seguir con el trabajo que se había impuesto en
aquellas tierras. La idea de organizar a nivel nacional una competición entre
las tribus indígenas había calado, principalmente a los jefes de los distintos
clanes que tras la charla con el Usekör, les pareció una magnífica oportunidad
para tratar asuntos entre todos que les afectaba en general. En su pequeño
despacho del complejo deportivo y en su ordenador tenía numerosos correos de
diferentes lugares en los que solicitaban más información. Mandó la
documentación que habían elaborado y las fechas que tenían en un principio para
celebrar dicho acontecimiento. Julián había hablado con su cuñado, pues varios
jugadores de la primera plantilla del Barcelona y del Real Madrid habían
firmado unos contratos con el banco para una serie de anuncios y él trataba que
en el mes de julio alguno de estos jugadores accediera a asistir al evento
deportivo de tribus indígenas en Costa Rica. En esta ocasión su cuñado se volcó
con la petición de Julián. Vio una gran posibilidad comercial si se le daba
algo de bombo a la presencia de ciertos jugadores de esas dos importantes
plantillas. Dialogó con las empresas de publicidad para aprovechar el evento y
rodar algún spot en Costa Rica, de esa manera mataba dos pájaros de un tiro. Añadiendo
la parte humanitaria al spot, tan necesitada en esos tiempos por las entidades
bancarias.
Aprovecharía su próximo viaje a España para
poder cerrar el asunto con su cuñado y con los jugadores en cuestión. Estarían
de vacaciones y podrían aprovecharlas para cumplir con las entidades con las
que se comprometieron para los spot publicitarios. El planteamiento de considerarlo
como una colaboración con gente necesitada motivaría a esas grandes figuras a
soportar la dureza de un viaje tan largo. Tenía pensado también buscar
equipamientos tanto de un club como de otro para el reparto a todos los
participantes y aprovecharía la presencia de los jugadores para firmar alguna
de forma simbólica, ya que la mayoría de las mismas llegaban con la firma y una
dedicación de los jugadores.
Terminada su jornada impuesta por él decidió
perderse por la selva, buscando la compañía y la conversación de aquel
personaje de los Bribri.
En la cabaña, sentados sobre dos troncos, se
despacharon con los productos que la selva les proporcionaba. Luego, Julián se
quiso dar un baño y se lanzó a la poza cuando la noche había invadido la selva.
Conversaron durante un rato y luego uno en cada hamaca se dejó llevar al mundo
de los sueños.
Muy temprano, con la primera claridad del
día ambos personajes decidieron ir de caza por la selva. A pesar de la edad
aquel endiablado viejo se movía como un autentico atleta. Habían cazado dos
piezas para la comida y decidieron hacerse con ellas sentados al lado de una
gran cascada, junto a un pequeño riachuelo de aguas cálidas. El viejo le
aconsejó que un baño diario en ellas, fortalecían los huesos y relajaba la
tensión de toda la musculatura. No hubo necesidad de repetirlo dos veces. No
había finalizado la frase cuando se relajaba en esas aguas bajo una diminuta
cascada de un metro que caía sobre su espalda, mientras sus posaderas
permanecían asentadas en el curso del riachuelo. No pudo comprobar que sus
huesos eran más fuertes, de lo que no le cabía la menor duda era del descanso
de toda su musculatura, cansada de la caminata, y al ritmo que ponía aquel
sabio. En el gran río tras un pequeño reposo, mientras conversaban, se
dispusieron a pescar. Aquel hombre le sorprendía en cada momento. Su habilidad
para la pesca era increíble, Julián lo intentó en más de treinta ocasiones y no
llegó a conseguir nada. Mientras que aquel anciano tiro de lanza era sinónimo
de pez en su punta. Envueltos en unas hojas y cubiertos de sal, que Dios sabe
de dónde la sacó aquel hombre se las llevaron para cenar esa noche en la
cabaña. De nuevo y antes de ponerse a cenar, en esta ocasión, Julián se dio un buen
baño en la poza. El viejo le decía que se ponía apetitoso para los mosquitos y
los insectos. Pero ya había tenido alguna experiencia de ello y siempre en su
mochila portaba el protector contra los insectos, una tela fina que la colocaba
estratégicamente para que ningún bicho pudiera perturbar su sueño.
Pronto le llegó el día de su marcha a España
donde permanecería unas tres semanas.
jueves, 7 de agosto de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO XXIV MI PRIMER AÑO EN COSTA RICA
CAPÍTULO VIGÉSIMO CUARTO
MI PRIMER AÑO EN COSTA RICA
Antes del mes
de octubre Julian se instaló en la cabaña. Comenzó las primeras clases de Bribri
y se entusiasmó con esa lengua. Aquella indígena de una cultura impresionante
conectó con aquel viejo profesor y los avances se producían por días. Amén de
interesarse por aquel lenguaje se informó, con ayuda de su maestra, de las
localidades donde se podía encontrar con esos nativos. Describiendo que su modo
de vida era en clanes y los Bribri habitaban en la cordillera de Talamanca,
desde la vertiente del Caribe, hasta la del Pacifico. A lo largo de los ríos
Lari, Telire y Uren, donde se encuentra la Reserva Bribri de Talamanca (de
43.690 hectáreas y 6.458 habitantes, con posesión indígena del 65%), en la
cuenca del río Sixaola, con los siguientes asentamientos: Sipurio, Suretka,
Amubre, Sepecue (Coen), Shiroles, Bris, Katsi, Atalanta, Urén, Coroma, Yorkín
(Soró Kichá), Vesta, Chase, Talía, Paraíso, Costa Rica (Sixaola), Piedra
Grande, Volio (Watsi), Fields, Telire, Bordon, Concepción de Atalanta, Akberie
(Piedra Grande), Bratsi, Mojoncito, Shiroles, y Lari. También se encuentra la
Reserva Bribri Kékoldi (de 3.900 hectáreas, 210 habitantes, con posesión
indígena del 38.5%), en la cuenca del río Cocles, con el asentamiento de
Kékoldi. Fuera de las reservas, habitan los bribris en los poblados de
Manzanillo, Puerto Viejo, Talía, Daytonia, Home Creek, y Cahuita.
En la Vertiente
Pacífica, los bribris se ubican en el cantón de Buenos Aires en la Provincia de
Puntarenas. Allí se encuentra la Reserva Indígena Bribri de Salitre (de
11.000 hectáreas, 1.285 habitantes, y de 40% posesión indígena), en la cuenca
del río Grande de Térraba, con los asentamientos de: Puente, Escalera, Salitre,
Palmital, Santa Candelaria, Olán, Calderón, Río Azul, y Yeribaba. También
está la Reserva Bribri de Cabagra en la misma cuenca del Térraba, con los
asentamientos de: San Rafael, Brazo de Oro, Las Brisas, Yuabín, San Juan.
Tiempo de
ocupación del territorio: Los
bribris son el resultado de diversos grupos que habitaron este territorio desde
hace 5.000 años. Es un grupo que se desarrolla de forma autóctona sin efectos
de invasiones. A partir de principios del siglo diecinueve se les conoce como
Bribris.
Aunque los abuelos de Andrea pertenecían a
los Bribri ella no hablaba la lengua. Conocían sus costumbres y varias fabulas
e historias que circulaban por los clanes de los indígenas. Con ellos también
recibió información.
Salvo los días que le tocaba ir a San José
para el curso de entrenador de fútbol en su primer nivel, se solía perder por
la cordillera de Talamanca y se mezclaba con las pequeñas colonias de Bribri y se ponía a decir las palabras que sabía.
Hubo gente que en un principio lo rechazaba pero otros se sentían orgullosos de
que un extranjero intentara hablar su lengua. Poco a poco se fue haciendo con
nativos de las diferentes localidades, aldeas e incluso cabañas aisladas por la
selva por donde transitaban. A finales de ese mes de octubre al pasar por esos
lugares algunos nativos al verle llegar lo buscaban para enseñarle más
vocabulario y la composición de las frases. Aquel primer mes de octubre perdido
por las montañas le compensó todas las dudas que albergaba sobre si había
obrado bien dejando todo. Aquella sabiduría popular le entusiasmó y los nativos
se asombraban del conocimiento que tenía sobre las plantas medicinales o la
cultura de su pueblo. Los ancianos recriminaban a los pequeños que en ocasiones
se avergonzaban de utilizar aquella lengua y ponían a Julián de ejemplo al
interesarse tanto por su cultura. En los poblados con escuela comenzó a
construir con capital propio algunas instalaciones deportivas, principalmente
para la práctica del fútbol y ponía como condición para apuntarse en el equipo,
que se hablara o se comenzara a practicar el lenguaje de los Bribris. Aquello,
en especial a los ancianos y amantes de la conservación del lenguaje,
conscientes que varias lenguas de Costa Rica se perdieron, lo aplaudieron y no
pusieron la menor pega para ceder unos terrenos que pertenecían al clan de
aquella población. Fue proporcionando medios para los jóvenes que desearan
involucrarse en la tarea de enseñar a los pequeños a jugar al fútbol y pronto
creó una sociedad deportiva llevada y gestionada por los propios Bribri,
especialmente jóvenes entre los catorce y veintidós años. A los más interesados
y con posibilidades de “perder” un par de días a la semana, los apuntó a los
cursos de entrenador llevándoles en su coche personalmente y costeando la
cuantía de los cursos.
En muy poco tiempo se hizo con las gentes.
El día que pudo mantener una conversación completamente en Bribri su corazón se
llenó de felicidad. A finales del mes de noviembre siguiendo el río Sixaola y
cerca de la localidad de Kodi, tras caminar por una pequeña senda que le habían
indicado, llegó a un paraje salvaje de una belleza indescriptible. Le costó más
de cuatro horas encontrar la cabaña sobre un árbol pertenecía al Usekör de los
Bribri, máxima autoridad religiosa del clan establecido allí. Ya había sido
advertido previamente que no debía ser él quien contactara, pues de intentarlo
se perdería por la selva y nunca podría hacerse con él. Siguiendo los consejos recibidos
optó por sentarse junto a una pequeña cascada de agua transparente, con toda
seguridad proveniente de un manantial. Su altura no pasaría de los dos metros y
moría en una pequeña poza de unos cuatro metros de diámetro, para luego
siguiendo una pequeña canalización perderse ladera abajo. Extendió su hamaca de
cuerdas, la emplazó entre dos árboles y tras colocarse un artilugio construido
por él contra los insectos y mosquitos se tumbó deleitándose de los sonidos y
armonía de la selva. Sabía porque así se lo informaron que posiblemente tendría
que permanecer varios días allí no teniendo asegurado el contacto. Al llegar la
segunda noche, se había estado moviendo por los alrededores, recolectando
plantas, observando la vegetación y controlando el que hacer de los animales de
la zona. No se había apoderado la noche de las formas y colores, cuando recordó
una canción en Bribri que le había enseñado su maestra y comenzó a cantarla.
Constató que el personaje le observaba, convencido que lo hacía desde el primer
momento que llegó, pero solo en esos momentos fue consciente, al percibir
ciertas ondas o sensaciones que se lo confirmaba. Al finalizar la canción
recitó un rezo religioso que los guías espirituales Bribri solían emplear en
sus ceremonias religiosas. Como era costumbre permaneció en meditación sentado
sobre su hamaca. No lo vio llegar pero la magia de aquel lugar le hacía
percibir su cercanía. Seguía inmóvil sentado y concentrado en la pequeña caída
de agua. Una voz serena, pausada, relajada y con el lenguaje Bribri le saludó.
Al girar hacía la procedencia de la voz no vio a nadie, pero estaba convencido
que si extendía sus brazos y los giraba trescientos sesenta grados le tocaría.
Contestó al saludo, por supuesto en el lenguaje de aquel nativo, recuperando la
posición de meditación. Sintió como alguien se sentaba junto a él en aquel
artilugio flotante. De nuevo el silencio, de nuevo el chapotear de la cascada,
de nuevo las mil avecillas con sus cánticos, de nuevo la sinfonía del viento
acariciando la vegetación del lugar. Por fin cuando la oscuridad se adueño de
formas y colores, las palabras regresaron entre los dos personajes. Julián
manteniendo esa pausa al hablar, y esos tiempos eternos, ¡Pura Vida!, le
confesó su interés por platicar con él. Hablaron poco, pero se transmitieron
tanto que ambos se encontraron a gusto. Aquel personaje mostró su asombro y
admiración hacia aquel extranjero, era admirable que mientras muchos jóvenes se
avergonzaban de hablar su lengua, alguien estuviera interesado en aprenderla.
Con esa parsimonia, esa cadencia, esa dulzura y esos tiempos eternos aquel
Usekör le contó una de las leyendas de su pueblo. La creación del mar. Inicio
su narración con el título de la leyenda para proseguir con el relato.
“Relato de
Mujer Mar: Sibö envió a Dayé, una mujer muy hermosa, para que le hiciera una
consulta a Tala, un poderoso awá (chamán); y le mandó a Tala, su bastón como
obsequio; Dayé quedó embarazada y Tala accedió a visitar a Sibó, pero no aceptó
el bastón y le indicó a Dayé que lo mantuviera siempre cerca de ella. Ella
quiso probar qué pasaba si lo dejaba sólo y cuando volvió a buscarlo una
culebra la mordió, muriendo. Acomodada dentro del bulto funerario, empezó a
hincharse. Sibö puso una rana encima para que el paquete no se abombara, pero
la rana brincó para atrapar un insecto y Dayé reventó, convirtiéndose en árbol,
su cabello se hizo hojas y las aves hicieron allí sus nidos. El árbol creció y
traspasó la bóveda celeste; Okama, una persona con herramientas y los malévolos
kambra, fabricantes de instrumentos de piedra, dueños de las vacas, ayudaron a
cortar el árbol cuando Sibó les dijo:
"Escucha
el sonido de aquel árbol, pronto va a romper el aire".
Sibö esperaba que al caer el árbol los matara.
El venado hizo un trillo para que el árbol pudiera caer; el Martín pescador y
el cormorán cogieron un extremo del árbol e hicieron un gran círculo en el
aire, hasta que se encontraron y el árbol cayó, disolviéndose en agua salada,
mar; por eso el sonido del mar se parece al de las hojas de los árboles; y los
nidos de lora y lapa se convirtieron en tortugas; las hojas se convirtieron en
cangrejos, y las aves en peces”
Le invitó a visitarle cuando lo deseara y
tal como vino se perdió en la oscuridad de la noche. Julián continuó en el
lugar hasta la mañana siguiente. Se dio un buen baño en aquella piscina
artificial y desmontando su cama de esos días, se aproximó al pie del árbol
donde tenía construida su choza y le dejó un presente, un tambor artesanal
construido por un nativo con un tronco y para el parche piel de barriga de
iguana. Alzó su mirada hacia el árbol donde se asentaba la cabaña. No vio a
nadie aunque estaba seguro que le observaba, sonrió y se perdió por el mismo
camino que le condujo hasta aquel lugar.
Llegaban las vacaciones de Navidad. Andrea
pasaría las tres semanas de vacaciones en Costa Rica, pero el día siguiente a
la llegada de la viajera Maureen tenía que comenzar el curso. Los fines de
semana se verían y sin duda algún día entre semana se desplazaría a San José
para estar con ella.
Julián vivió con intensidad esos tres meses
en Costa Rica, el lenguaje de los Bribri lo iba dominando cada vez más y se
volvió a reencontrar con el Usekör dos veces más. Ambos personajes se llenaban
de satisfacción con esos encuentros. Habían conectado perfectamente y la gente
lugareña se extrañaba de la sintonía de ese español con el Usekör, pues no era
muy común que se dejara ver ni siquiera con los propios nativos.
Andrea se fundió con su maestro, aunque se
conectaban casi todos los días. Tenerlo junto a ella era algo muy especial.
Julián se alegró de encontrarla tan recuperada, cuando se fundió con sus
abuelos comenzó a llorar como una magdalena. La abuela pensó que al haber
estado tanto tiempo sin verse se había emocionado pero el abuelo sabía muy bien
a que se debían esas lágrimas.
Esa noche aunque Andrea estaba agotada del
viaje, se quedó con Maureen y Roberto toda la noche charlando. Les relató todo
lo sucedido. Gracias a la familia y amigos lo estaba superando bastante bien.
Conversó con los abuelos sus conversaciones
con el Usekör, el abuelo le comentó que había muchas leyendas e historias y que
en algunos casos coincidían un poco con los relatos de la Biblia. En otra
situaciones, lugares y circunstancias pero que en parte se asemejaba bastante.
Pero según las creencias de los más ancianos comentan que hay almas en el cuerpo humano.
Dos habitan el ojo derecho: omala cha weksula cha y
dëmala shëksula cha. Dos en el ojo izquierdo: dika wika cha tloksula cha y
sibörago saëksula cha. Otra habita cerca del lado derecho del estómago: tömala
cha röksula cha. Una mas habita el estómago: yalaia cha bataksula cha, Y otra
en el esófago: waglira cha noksula cha. Por último la que habita el corazón:
chkalia cha noksula cha.
Una de las
almas del ojo izquierdo y el alma del corazón se quedan en el cuerpo después de
la muerte con el cadáver durante la descomposición y posteriormente en los
huesos. Por medio de los ritos fúnebres (sular) y especialmente por uno de los
cantos en los cuales se relatan los hechos de la vida de la persona, estas
almas abandonan el cuerpo.
Omala cha
weksula cha puede salir del cuerpo, momento en el cual produce los sueños de la
persona.
Dika wika cha
tloksula cha se considera moralmente buena; dëmala shëksula cha se considera
moralmente mala.
Otras
versiones indican la existencia de una, dos o tres almas. En todo caso,
prevalece la noción de que una(s) residen en el ojo derecho y otra(s) en el
izquierdo; y que una(s) emigran con la muerte y otra(s) quedan con los huesos.
Aquel anciano Bribri, se entusiasmaba con
aquel maestro, verlo tan enfrascado por el conocimiento de su tribu le
emocionaba. Comprobar su interés y el tiempo que dedicaba aquel español por
conocer más profundamente a los originarios nativos de Costa Rica le llegó.
Pero Julián no solo se limitaba a entablar conversación para conseguir soltura
en el lenguaje. Siempre que se acercaba por San José, principalmente lo hacía
para asistir a los cursos de entrenador de fútbol, se perdía por las facultades
en busca de información, entraba en sus bibliotecas y se sumergía en los
libros, tratados, artículos, tesis, documentos o cualquier información que
pudiera captar sobre los Bribris. Habló principalmente con catedráticas.
Incluso llegó a contactar con dos alumnos bribris interesados en mantener su
cultura. Uno de los detalles que más le impresionó fue la falta de lenguaje
escrito de ese grupo, mayoritario en Costa Rica. Los textos que estaban
escritos se debían al lingüista estadounidense
Rica Jack Wilson en colaboración con Adolfo Cónstenla, basando su
trabajo en artículos y congresos de finales del siglo diecinueve por otro
norteamericano William Gabb, en concreto en el año mil ochocientos setenta y
cinco. Posteriormente en la ponencia del mil ochocientos ochenta y ocho por el
lingüista alemán Max Uhle.
Fue una velada encantadora pero estaban
cansados, los abuelos se habían ido hacia tiempo. Él se retiró cerca de las
veinticuatro horas, no entró en su habitación, fue directo a la hamaca del
pórtico y con el protector de mosquitos cubriendo el artilugio de descanso se
quedó a los pocos minutos completamente dormido. Con los sueños que acudieron a
su subconsciente esa noche no se habría levantado nunca. La imagen de aquella
mujer que se cruzó en su vida cuando estaba próximo a los veinte años apareció
en las imágenes de los sueños de esas seis horas de descanso. Su imagen nítida,
radiante, bella iba a su encuentro en medio de la selva, junto a la poza que
recibía generosa esa tenue cascada de dos metros a escasos pasos de la cabaña
del Usekör. Uno frente al otro, permanecieron una eternidad, contemplándose,
recreando su mirada en la de su pareja, perplejos, asustados, ilusionados. Sin
llegar a contactar físicamente se desposeían de sus ropas y con el traje del
nacimiento entraban en aquellas cristalinas aguas. El contacto de una mano en
la del otro alteró sus constantes vitales, sintió no solo en el sueño, en su
lecho colgante la alteración de su corazón, de su respiración, de la
circulación sanguínea. Calentada el agua, calentado sus cuerpos, alterando sus
hormonas, hasta que poco a poco el cuerpo de uno se fundía en el otro formando
un solo ser. El jadeo imparable le despertó, se maldijo por haber abandonado a
su gran amor, pero consiguió conectar de nuevo con ese mundo increíble que en
ocasiones te agobia, te asfixia pero en otras te permite viajar al paraíso y
disfrutar en la tierra de ese lugar mágico prometido por Jesús. Andaban
desnudos, con sus prendas colgando de la mano libre la otra parecía confundirse
con el cuerpo de su pareja. Llegaron al pie del árbol donde como las casas
colgantes de Cuenca, en España, pendía de tres ramas. Entraron y en un lecho de
tela amarrada por ambos extremos a unas lianas y estas a su vez a troncos de la
cabaña les proporcionaba el nido de amor que precisaban, para continuar con esa
pasión sin límites, sin tiempos, sin trabas, sin palabras. De pronto, como
suele suceder en el cine el salto de imagen se plasmó en el sueño. Ahora, unas
veces de la mano, otras uno detrás del otro, correteaban por el linde del
Caribe, mientras sus pies, sus piernas, sus muslos y en ocasiones hasta los
cabellos se mojaban con las espumosas olas que morían a sus pies rindiendo
homenaje a los dos enamorados. Sin previo aviso y al unísono, como si lo
hubieran estado ensayando horas y horas, en un abrir y cerrar de ojos estaban
sin ropas, corriendo como poseídos de la mano hacía el mar, para buscar cubrir
su desnudez, buscar el calor de sus aguas, o para compartir con el Caribe el
calor de sus cuerpos. De nuevo de dos seres se hacía uno y compartían todo lo
que se puede compartir en un arrebato de pasión, de entrega, pero especialmente
de amor. Ahora la portaba en brazos, admirando aquella sonrisa, aquellos ojos,
aquella expresión indescriptible para un enamorado, aquellas dos flores que
confeccionaban la armonía de sus senos. Un maldito congó con sus alaridos de
comunicación le sacó de su sueño. Regresándole a la vida cotidiana, a la
soledad de su soledad. Al infierno de no poder compartir su amor profundo con
ella. Se levantó tomó su ipod y con paso cansino, lento y nostálgico se
encaminó al Caribe.
¡Dios! Aquella canción, no pudo retener sus
lagrimales y comenzó a llorar, primero unas lágrimas, luego sollozos, para
finalizar con un llanto como hacía tiempo que no le sucedía.
viernes, 1 de agosto de 2014
UNA AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE-ANDREA- CAPITULO VIGESIMO TERCERLO- PAPÁ JUNTO A MÍ
PAPÁ JUNTO A MI
El abogado de Julián se desplazó al
aeropuerto de Donostia para recoger al padre de Andrea y juntos entraron en la
sala donde visionaban en esos momentos la televisión Andrea y Julián. Al ver a
su padre se levantó y abrazándose lloraba de alegría, de recuerdos de la noche
anterior, de preocupaciones, de temores. Pero ahora estaba junto a las dos
personas que más adoraba en este mundo y se sentía segura y protegida. Un
interminable abrazo entre los dos adultos se mantuvo mientras aquel padre no
dejaba de llorar, incapaz de agradecer todo ese desvelo, toda esa atención,
toda esa protección a su pequeña. Por fin se iba a aclarar, aunque gran parte
de las investigaciones iban desvelando lo sucedido.
Con su padre a un lado entrelazando su mano
y el abogado de Julián al otro, se inició la declaración de la joven. Le
hubiera gustado que estuviese Julián en esos momentos pero no era posible.
Todos los presentes le sugirieron que se
tomara todo el tiempo del mundo, no había prisas y el abogado le manifestó que
atendiera a sus sugerencias. Pero era como Julián contaría las cosas tal y como
las vivió. Estaba convencida, por las conversaciones que había mantenido ese
día con Julián que en condiciones normales jamás habría matado a nadie.
Eran las veintidós horas aproximadamente.
Así comenzó con su declaración.
Habían
terminado de cenar y se disponían a ver una serie que pasaban por la
televisión. Cuando lo vieron ante ellas. No se explicaban cómo había conseguido
entrar ni salvar al guarda de seguridad. Ante el intento de huida me cogió y
con un machete en mi cuello obligó a mi madre a permanecer quieta, luego nos
hizo subir a mi habitación y mientras mantenía el arma blanca en mi cuello me
amarró a la cama. Al tener que mantenerme amenazada no pudo atar bien mis
manos, pero en un principio no me pude mover. Destrozó mi camisón y comenzó a
violarme delante de mi madre que presa del pánico intentó socorrerme. Aquel
degenerado pinchó en mi cuello sobre la piel emanando sangre de inmediato, al
tiempo que amenazaba con degollarme. En la pared habían dos hachas, un regaló
de mi padre, cuando competía como aizcolari en su juventud. Aprovechando el
éxtasis de aquel salvaje mi madre descolgó con disimulo una de ellas y se
abalanzó, el primer intento consiguió esquivarlo pero en el segundo le corto un
dedo. Se levantó liberando la presión de su cuerpo contra el mío tratando de
esquivar los golpes. Vi como corría, escuchaba gritos y amenazas, se lanzaban
objetos. Creo que se encerró en su cuarto. A continuación escuché ruidos,
gritos, maldiciones. Sin duda la pelea prosiguió en su habitación. No sé
exactamente lo que pasó pero en el jaleo de la pelea vi a mi madre corriendo
hacia las escaleras y a continuación él siguiéndole. Conseguí deshacer el
amarre de una mano y en ese preciso momento escuché un grito que aun lo tengo
gravado.
Se detuvo en su declaración. De nuevo las
palabras dulces para tranquilizarle. Se podía tomar todo el tiempo necesario.
Se abrazó a su padre para llorar amargamente durante varios minutos. Paró en
seco y prosiguió con su relato como si no hubiera pasado nada, con serenidad,
con firmeza, sin dudas.
Le oí subir
las escaleras, era él pensé, había dejado inconsciente a mi madre y volvía a
por mí. Seguía con una mano y los dos pies amarrados en la cama, me giré
instintivamente y creo que del cajón de la mesita de noche saque unas tijeras
que empleaba para confección. Fue tenerlas en mi mano cuando aquel salvaje se
lanzó sobre mí. Note una presión enorme sobre mi pecho y en ese preciso momento
escuché un grito increíble. Comencé a notar un líquido cálido y viscoso.
Aquella mole me estaba ahogando. Haciendo un gran esfuerzo conseguí que rodara
quedando tumbado en la cama con los pies y la cadera en el suelo. Presa de
pánico desligué la mano y los pies. Fue cuando fui consciente que lo había
matado. Salí corriendo ensangrentada sin casi poder ver. La paliza que recibí
antes de someterme a sus deseos pues me había desfigurado el rostro. Baje la
escalera histérica llamando a mi madre. Cuando la vi, tenía el hacha en el
centro de la frente y hundida hasta la empuñadura. Salí como una loca de casa y
comencé a correr, luego me vi en el faro. Llevaba el celular y llamé al único
que me podría tender una mano. El resto de la historia creo que ya la conocen.
Le dieron la declaración para firmar y nada
mas consumada comenzó a llorar y a derrumbarse. Su padre trataba de recuperar a
su niña abarcándola con sus brazos.
Los psicólogos de la policía aconsejaron que
deberían ingresarle en un hospital unos días hasta su recuperación pero
manifestó sus deseos por pasar la noche en casa de Julián en compañía de su
padre. No hubo inconveniente y tras los saludos quedaron para la primera vista
ante el juez. Una vez finalizadas todas las pistas e investigaciones en curso.
Pero la declaración de la joven era de lo más coherente con lo sucedido.
La declaración del guarda jurado poco pudo
aportar pues había sido sorprendido, golpeado e inconsciente le ataron a la
cañería del desagüe. No recordaba nada más. Hasta que fue atendido por la
policía y conducido al hospital para su examen tras sufrir un duro golpe en la
cabeza.
Padre y amigo no lograron pegar ojo esa
noche. Andrea les acompañó, pero de vez en cuando daba una cabezadita y dormía
unos minutos, una hora, hasta que quedó completamente dormida. Sentir la
protección de ellos le llevó a calmarse y disfrutar de su compañía.
Permanecieron todo el mes de julio
resolviendo papeleos, la empresa pasaba a manos de Andrea y esta delegó en su
padre al ser menor de edad. Pero le mostró a su progenitor la intención de
volver a poner todo a su nombre. Entonces le comentó que en todo caso la
empresa le pertenecía a Julián, al menos su parte pues fue quien pagó las
deudas para evitar la prisión. Llegaron a un acuerdo refundirían las dos
empresas la de Costa Rica y la de allí para formar una más potente, con más
posibilidades y las acciones se repartirían entre los cuatro, el abuelo y la
madre de Roberto y ellos.
Permanecieron en España resolviendo los
trámites y el papeleo para regularizar la empresa. El gerente estaba encantado
con la nueva dirección. Aquel compadre lo conocía bien, era un buen patrón.
Pero Julián al ver tan recuperada a Andrea decidió perderse las tres primeras
semanas de agosto en Costa Rica.
Decidió no llevarse el ordenador ni el móvil
deseaba desconectarse de todo y de todos, lo necesitaba casi tanto como el
comer o beber. Pero en esta ocasión se perdió en un lujoso hotel junto al
Caribe. Desde su habitación tenía unas vistas increíbles y una hamaca le
permitía tumbarse a contemplar el amanecer, el atardecer, observar y seguir
allí debajo de su habitación la selva pura y dura. A la semana exacta tenía muy
claro que renunciaba a todo. Dejaba el centro educativo a pesar que le quedaban
dos años para la jubilación y por supuesto que confirmaría al decano su no
continuidad en la Facultad. Estaba determinado a vivir con relax los años que
le quedaran. Tal vez montara algún centro deportivo en Puerto Viejo para gente
con pocos recursos. Había observado la afición al fútbol de los pequeños en
aquel cantón. Aunque al él no le atraía en demasía complacer a los lugareños
sería un buen regalo para seguir matando ese gusanillo de la enseñanza.
Permaneció en el local hostelero una semana más pero la última programada se
dejó caer por la cabaña para visitar a los amigos. Maureen le recriminó por no
presentarse a su llegada pero luego le perdonó, ese hombre estaba disculpado de
lo que fuera. Esa primera noche montaron una buena fiesta en la finca de los
abuelos. Julián se alegró de ver a esa familia y notó muy desmejorado a su
patriarca. En el pórtico de la finca aquel nativo le confesó que estaba al
tanto de todo lo que había pasado. A un Bribri no se le puede ocultar nada. Fue
el comentario junto al relato que sorprendió a Julián. Estaba convencido que su
hijo no se lo había contado y Maureen desconocía lo sucedido de lo contrario le
habría preguntado sobre el tema. Que sensación de grandeza, de sabiduría, de
dominio de la situación daba aquel anciano. Eran verdaderas lecciones las
conversaciones con aquel nativo. Se cruzaban pocas palabras pero se decían
tanto que Julián disfrutó de la velada. Tal vez dos semanas prácticamente sin
ver a nadie le hicieron saborear mucho más la jornada en la finca. Las
historias y leyendas del pueblo Bribri entusiasmaron al maestro y se interesó
por su lengua. Con la ayuda de aquel personaje logró ir haciéndose un pequeño
diccionario del Bribri al castellano. Logró contactar con una nativa que había
estudiado en profundidad dicha lengua y quedaron para aprenderlo cuando se
instalara allí tras su regreso de España. Le confirmó que a lo más tardar en
Octubre comenzarían con las clases. Deseaba aprender la lengua para poderse
conectar con todos esos ticos perdidos por la cordillera de Talamanca. Sabedor
que podría contactar mucho mejor que si solo hablaba el castellano. Se informó
de los cursos de entrenador de fútbol y se inscribió en el del primer nivel.
Luego poco a poco iría consiguiendo las otras dos titulaciones que había de
entrenadores. También contactó con la universidad para ver la posibilidad de
convalidar su titulo de doctorado en ciencias de la actividad física y el
deporte que tenía de España. En uno de sus viajes a San José contactó con un
personaje que había leído y estudiado sus investigaciones y se brindó a
facilitarle cualquier gestión o presentación.
Regresaba a España con todo decidido. El mes
de septiembre lo emplearía para resolver papeleo y completar todo lo solicitado
por inmigración de Costa Rica para conseguir la residencia. Lo cierto es que le
confirmaron que no tendría problemas al tener un negocio montado y sus ingresos
superar con creces los seis mil dólares mensuales.
Llegó a Donostia justo el mismo día que
notificaban la fecha de la vista preliminar. Pero el abogado de Julián les
confirmó que era mero formulismo, estaba claro que los sucesos se desarrollaron
según declaró la joven, amén de ser menor. Todas las pruebas, todas las
investigaciones, todas las declaraciones confirmaban los relatado por Andrea.
Volver a estar con su padre y viviendo en el palacete de Julián, no quería
volver a casa. El solo pasar por la puerta le hacía temblar. Y sabía muy bien
que su maestro les abrió la puerta de par en par. Durante la comida, como no,
la realizaron en La Perla, les confesó sus intenciones de instalarse en Costa
Rica. No había el menor inconveniente en instalarse en el palacete, pues era
consciente que el padre de Andrea pasaría cuanto menos los seis meses
siguientes en España para informarse y tener controlada la empresa. Aunque
sabía que su compatriota llevaba todo a la última. Pero al refundir las dos
empresas en una hubo que realizar bastante papeleo tanto en España como en
Costa Rica. En el país centroamericano se encargó la madre de Roberto de ir
solucionando las cosas. En numerosas ocasiones acompañaba a su pareja a España,
principalmente en épocas de vacaciones de la universidad. Era entonces cuando
Roberto se hacía cargo de controlar aquella parte de la empresa. Andrea iniciaba ese curso medicina y deseaba
centrarse. Maureen estaba finalizando el bachillerato y en Enero comenzaría en
la facultad de medicina.
Julián se acercó al centro educativo y
mantuvo una larga conversación con el director pedagógico. Ya había solicitado
la jubilación anticipada y se disponía a atender al alumnado que no superó en
junio la asignatura. Ese mismo día en coche se desplazó a Victoria y confirmó
al decano la decisión que había tomado anteriormente. No seguiría. Lamentaron
perder un personaje de esa categoría pero respetaban su decisión.
Regresó, tras comer con el decano, a media
tarde. En casa se encontraba Andrea sola, ya que su padre había salido a
realizar gestiones, solicitando hablar con su maestro. Estaba indecisa en
regresar a Costa Rica, él se instalaba allí y ella lo único que deseaba era
estar junto a él. Se duchó, se puso cómodo con ropas más frescas y se sentó en
el salón junto a ella. La conversación se prolongó varias horas después de
llegar su padre y este también se introdujo en la misma. Insistió durante toda
la tarde que era una decisión suya y que tendría por supuesto su apoyo. Con su
nueva mamá conecto desde el primer instante y ambas mujeres expresaron su felicidad
al haberse producido esa conexión tan rápida y firme. Fue conociendo poco a
poco a sus hermanos, seis chicos y dos gemelitas de escasamente un añito. Ella
siempre había estado sola y ahora compartir la vida con esa prole le entusiasmó
y para su nueva mamá supuso una gran ayuda aquella mujer.
viernes, 18 de julio de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CRACCIÓN SEGUNDA PARTE- ANDREA-CAPÍTULO XXII EL DOBLE CRIMEN
CAPÍTULO
VIGÉSIMO SEGUNDO
EL DOBLE CRIMEN
Eran las seis de la mañana. Algo sonaba en
la habitación pero le costaba despertarse. Por fin sobresaltado tomó el celular
y contestó. Tuvo que insistir varias veces para poder comprender lo que le decían
desde el otro lado del teléfono. Una voz temblorosa, llorosa y cargada de
pánico trataba de explicarse. Por fin dio un bote de la cama quedando del
impulso de pie sobre el lecho. Era Andrea. Que no paraba de repetirle.
¡Me voy a
tirar! ¡Me voy a tirar!
Entre el susto, la sorpresa y sus palabras
lo dejaron helado, atenazado. Jamás en su vida le había sucedido algo parecido.
Pero se recuperó sin saber muy bien como lo logró. No dejó de hablarle, con
dulzura, con cariño, con ese poder de convicción que tantos éxitos había
logrado con su alumnado, pero se daba cuenta que no llegaba. Era preciso
controlarse, no preguntarle nada. Tenía claro que lo primero era dejar de
repetir esas cuatro palabras. Necesitaba urgentemente que fuera ella la que
cambiara para contar lo sucedido. Le habló de papá, de Costa Rica, por donde se
perderían, le habló de la medicina. Por fin consiguió que cambiara y soltara lo
sucedido.
He matado a ese cerdo y me voy a tirar, no
quiero terminar en la cárcel, no quiero vivir, estoy sucia.
Sin perder la compostura volvió a su tono de
voz pausado, tranquilo, tratando de transmitir seguridad, protección, cariño y
ese amor que le profesaba a esa hija que le hubiera gustado tener.
Quiero verte.
Le dijo tras una leve pausa. Dos palabras
rápidas pero transmitidas con dulzura, con cariño y enmudeció. Los segundos que
tardó en responder se le hicieron eternos, estuvo tentado a insistir pero era
consciente que debía aguantar aunque fueran horas. No llegaron a pasar ni
treinta segundos, su respuesta con voz menos tensa, menos temerosa y realizando
con una pregunta
¿De
verdad?
Un respiro profundo descargaba toda la
tensión acumulada en esos treinta segundos de incertidumbre, de duda, de temores.
Estaba claro que deseaba estar con ella, dialogar, estrecharle entre sus brazos
y besarle como a esa niña que deseó. Dejó pasar unos dos minutos, de nuevo con
una tensión insufrible le aseguró que lo que más deseaba en esos momentos era
poderle abrazar y tenerle junto a él. Respondió de inmediato confesando el
lugar donde se encontraba.
Estoy en el faro de Igueldo.
Nueva pausa, con más cariño si cabe le
aseguró que en menos de quince minutos se plantaba a su lado. No colgó el móvil
y durante todo el trayecto a una velocidad suicida se desplazaba por el paseo
de la Concha, sin respetar semáforos, ni coches, ni preferencias. El claxon de
su coche sonaba intensamente y el pie del acelerador estaba a punto de perforar
el suelo del vehículo. Con una mano y en la otra hablándole con ternura,
conducía como si llevara un fórmula uno. Al ser domingo y temprano no había
tráfico.
De nuevo el miedo en el cuerpo manteniendo
los nervios de acero en la carretera, en su habla, volvía a comunicar con
tensión, con pánico que había llegado la policía asegurando a Julián que antes
de que le detuviesen se tiraría. Mientras le hablaba, con un enternecedor
cariño tomó el móvil que llevaba siempre en la guantera del coche soltando el
volante marcó el teléfono de protección civil. Conocedor que lo llevaba siempre
gravado y bastaba con apretar un botón. Toda esa maniobra la realizó sin
dejarle de hablar. Bloqueó por unos segundos el móvil que conectaba con Andrea
y solicitó de protección civil que le pusieran con las autoridades que se
desplazaron al faro Igueldo, conocía a la joven y trataba de mantenerle serena
desplazándose hacia el lugar. No tardaba en llegar, a lo sumo diez minutos. De
inmediato contactaron con las fuerzas de seguridad del país vasco, comunicando
la solicitud de una llamada relacionada con el caso. De nuevo tuvo que bloquear
el móvil de Andrea un miembro de las fuerzas de seguridad se ponían en contacto
con él por medio de protección civil. Dio unas explicaciones mínimas y
prosiguió su conversación con Andrea. Se iba calmando, las fuerzas de seguridad
ante la conversación mantenida con la joven se retiraron a una distancia
prudencial. Las lágrimas caían por sus mejillas, deseaba estar ya junto a ella,
especialmente cuando le lanzó esa última frase.
- Venga
pronto Julián, quiero despedirme de usted.
El corazón se le heló, ahora no estaba muy
seguro si debía llegar ya o dar un margen de tiempo. Pero en esos cinco minutos
que le llevo llegar de donde estaba hasta el lugar donde se encontraba ella, al
borde del acantilado, pensó en la estrategia para convencerle que la vida
merecía vivirla pasara lo que pasara. La aglomeración de vehículos de las
fuerzas de seguridad y bomberos le indicaron de inmediato el sitio exacto donde
se encontraba.
Nada más ver como aquel loco se aproximaba
al lugar supieron que se trataba del personaje de la llamada. Se le abrió paso
y le indicaron donde debía detenerse. Alguien le paró y le rogó que se pusiera
un aparato para transmitirle en caso de necesidad, orientaciones de expertos,
ante el comportamiento de la joven. Fue acoplarse dicho aparato para mantener
contacto con las fuerzas del orden y como lobo con un haz de fuego en el rabo,
se colocó a escasos diez metros de ella. Nadie hasta el momento había logrado
acercarse tanto sin riesgo a que se lanzara al vacío. Iba medio desnuda con el
rostro desfigurado, ensangrentado, con el pánico en su expresión pero nada más
ver a Julián la sonrisa invadió aquel increíble rostro. Era fundamental
controlar todas esas emociones. Tenía que transmitir confianza, seguridad, dar
la sensación y hacerle sentir que solo había sido un incidente, que había mucho
camino en su vida para seguir. Los expertos alentaron a Julián a seguir con esa
actitud. La joven estaba respondiendo, pero de nuevo la tensión acudió a los
presentes, en especial a Julián. Sin consulta, sin pensarlo dos veces comentó.
Ya sufrí, sigo sufriendo una desgracia que tú
bien conoces y no estoy por seguir en este mundo con otro dolor como aquel.
Déjame abrazarme a ti y si lo deseas nos lanzamos los dos.
Andrea quedó desmarcada, lo que menos se
esperaba en esa situación extrema eran esas palabras de Julián. Recordaba las
charlas en Costa Rica al contarle su tragedia con Anki. Recordaba sus lágrimas,
sus sollozos que le encogieron hasta el alma. La expectativa era inmensa seguía
a medio centímetro del precipicio y él ahora estaba a dos pasos escasos. Sus
miradas permanecían clavadas en la del otro y todas las ondas chocaron para
resbalar una sobre otra y tras envolverse conectar cada sensación, cada
pensamiento. Llegó a percibirlas materialmente, pudiendo comprobar cómo las
ondas emitidas por él abarcaban las suyas para fundirse en un abrazo. Sin
haberlo ordenado sus neuronas dio dos pasos hacía él para fundirse en un
abrazo. De inmediato las fuerzas de seguridad cubrieron los dos pasos que los
separaban del precipicio para impedir que se lanzaran. Seguía ajena a lo
que sucedía en su en rededor. Con los ojos cerrados y llorando. Pero no era un
llanto desolador, de dolor, ni de rabia, ni de odio, era un llanto cargado de
felicidad. Abrazada a Julián no fue consciente que entraba en un coche patrulla
en compañía de él. Un agente se hizo cargo del coche de Julián conduciéndolo a
comisaría. Seguía impasible al mundo externo, se había metido en su mundo y ese
era única y exclusivamente Julián. Hubo un intento de separar a Julián de la
joven para poder aclarar un poco las circunstancias del suceso pero al ver la
reacción de la joven los pasaron a una sala donde un agente permanecía en la
entrada. Antes les proporcionó la dirección de la joven y que comprobaran lo
sucedido sin duda encontrarían respuestas. Estaba convencido que algo había
sucedido con aquel pendejo. Amén de avisar a la madre de la criatura. De inmediato
el comisario, ante la posible situación que se podían encontrar, envió cuatro
coches patrulla y una ambulancia.
Al llegar al adosado de la joven la puerta
estaba abierta de par en par, desde la entrada al pequeño jardín y hasta la
puerta de entrada el suelo estaba ensangrentado. Las fuerzas fueron tomando las
oportunas precauciones hasta encontrarse dentro de la casa. El cuerpo de una
mujer con una herramienta clavada en la cabeza, concretamente un hacha, yacía
sobre la mesa del salón rota y con varios de los cristales incrustados en su
cuerpo. La sangre se repartía por paredes, techos, puertas. La cocina estaba en
orden, el servicio de la planta baja también, mientras que las escaleras que
daban acceso a la única planta del adosado estaban adornadas por un reguero de
sangre. En la habitación principal había signos inequívocos de haberse
producido una escena de gran violencia. De las restantes una estaba
completamente intachable, pero cuando accedieron a la que luego supieron que
pertenecía a la joven, con medio cuerpo sobre la cama y los pies y la cadera en
el suelo el cuerpo de un hombre. También estaba muerto. Un charco de sangre
impregnaba las sabanas y el suelo. La policía científica junto con el juez de
instrucción y un forense se encontraban ya en el escenario del doble crimen.
Las primeras informaciones iban confirmando los temores de Julián, pero más
tarde fueron informados que habían encontrado al guarda jurado en el garaje
medio inconsciente y amarrado a una cañería de bajantes. Se le había trasladado
al hospital más cercano y dos agentes aguardaban al primer reconocimiento para
intentar interrogar al empleado de seguridad. Julián se puso en contacto con el
padre de Andrea y siguiendo la táctica que mantenían con los abuelos le
necesitaba en España para un asunto de la empresa. Luego cuando confirmó que el
que estaba al aparato era él le fue relatando parte de lo sucedido pues tampoco
estaba demasiado informado. Si le confesó que su hija lo necesitaba
urgentemente. Tuvo que salir de la casa de sus padres cuando Julián le confesó
que deseaba tratar un tema delicado y cualquier gesto o expresión podría
delatar la gravedad del incidente. En medio de la selva y a oscuras
completamente, en Costa Rica era la una de la madrugada, escuchaba atónito e incrédulo
el relato de aquel, jefe, socio pero sobre todo amigo.
En el aeródromo de Limón se puso de nuevo en
contacto con España, estaba solo y podía hablar sin problemas. Él ya estaba
informado de lo sucedido relatando la situación al padre. Por supuesto que no
debía preocuparse por su niña él se hacía cargo y atendería cualquier
necesidad. Le confirmó que al morir su socio y su ex la empresa pasaba a unas
únicas manos las de su hija y precisaría de su experiencia y de su apoyo para
seguir al pie del cañón. Cuando recibió toda la información, agradeció a los
cielos haberse cruzado con aquel hombre, la vida le volvía a sonreír a pesar de
los pesares. Julián le confirmó que se había adelantado alquilando un jet
particular para que lo trasladaran en cuanto él se presentara en Limón para
conducirlo hasta Donostia. Aquel hombre se le encogió el alma ante la
generosidad de aquel personaje. Telefoneo a su padre después de hablar con
Julián para confirmarle que probablemente recuperaran la empresa de España. Se
encontraba en Limón para tomar el jet privado contratado por Julián.
Las investigaciones y los primeros
interrogatorios daban como lo más probable la presencia del hombre fallecido
para vengarse de su ex y tras matarla la emprendió con la joven luego aquel
degenerado murió como consecuencia de las tijeras perforando su corazón. Las
declaraciones de la joven revelarían en gran medida la aclaración del suceso.
Una agente de la policía vasca junto a una psicóloga consiguió convencer a
Andrea, que medio desnuda y arropada por una manta permanecía junto a Julián.
El examen médico correspondiente y tras vestir y asear a la joven, aunque
intentaron iniciar las primeras pesquisas, ante la actitud prefirieron esperar
y conceder el deseo de la joven de regresar con aquel maestro amigo de la
familia. Junto a él con un brazo escayolado y algunos puntos en uno de los
costados y en uno de los pómulos, abarcando a su maestro reclinó la cabeza
sobre su pectoral y en silencio permanecieron durante una larga hora en absoluto
silencio. Transmitiéndose esas ondas, ese calor, esa química que a ella le
enloquecía. Serena, pero con la mirada algo perdida, se recreaba en su
protector. Cuantos recuerdos acudieron a sus mentes, cuantos momentos
increíbles vividos en esos escasos cuatro años desde que se conocieron. Era
cierto que al inicio de su profesión varias alumnas se le insinuaban, pues era
una persona de una buena presencia, de una educación exquisita y con medios
económicos, pero ante su actitud siempre desistían. Por el contrario con Andrea
había sido diferente a todas. Era como esa hija que le hubiera gustado tener.
Pero consciente que esa criatura seguía intentando lo que era imposible. Por
fin se rompió el silencio ante su sorpresa y asombro.
¿No me meterán en la cárcel verdad?
Tanto Julián como la policía que permanecía
con ellos giraron su mirada hacia la joven sorprendidos, atónitos. Le habían
violado y golpeado casi hasta matarle, habían matado a su madre. ¿Por qué esa
pregunta? Fue Julián quien tomo la iniciativa. Lo primero fue tranquilizarle,
hubiera hecho lo que hubiera hecho él se las agenciaría para que no le
ocurriese nada, iba a estar a su lado, además le confesó que su padre volaba
hacia España. Esa misma noche podría abrazarlo. Nueva pausa, respiros profundos
de la joven, abrazó con fuerza a su maestro y por fin con un control que
asombró a los presentes comunicó que deseaba declarar, quería terminar por una
vez esa jornada maldita e irse con Julián a su casa a descansar y esperar a
papá allí. De nuevo Julián intervino. Había advertido a su abogado del problema
y este aunque andaba en su casita de la montaña le comunicó que le telefoneara
en cuanto necesitase de sus servicios. En menos de veinte minutos se personaba
en la comisaría. Tomó el celular y contactó con su abogado. Julián solicitó del
comisario que la joven al ser menor y no estar presente su padre, rogaba
aguardar a la presencia de su progenitor y de su abogado para la declaración de
la menor. No pusieron pega alguna. Eso si le aseguraron no podría hablar con el
abogado hasta la llegada de su padre. Así pues desvió la conversación hacia
otros derroteros. Recordó el primer día que ambos se cruzaron en el centro
educativo, luego aquel partido de voleibol. La bendición del Señor al proporcionar
a su curso aquel tutor que había sido, no solo su salvación, sino la de todos
sus compañeros. Aparecieron las primeras anécdotas y las primeras sonrisas en
la joven afloraron en ese rostro dolorido y algo desencajado. La representante
de la ley sonreía ante las salidas de aquel profesor, que capacidad tenía para
llevarse a la joven hacía momentos y situaciones que le hicieran olvidar lo
antes posible aquella terrible jornada. Era un caso claro de violencia de
género pero quedaban muchas cosas por esclarecer y el comentario de la joven le
daba a entender que ella había intervenido en la muerte de alguno de los dos
cadáveres. A media mañana les llevaron un tente en pie, ella solo bebió una
coca cola y él si se tomó una cervecita con un sándwich. Salieron a tomarlo al
patio interior de la comisaría y un tenue sol calentó sus rostros. El cielo
estaba completamente despejado. De pronto otra pregunta que le desmarcó
¿De
verdad te habrías lanzado al vacío conmigo?
Disimuló con una sonrisa, tomó su mano y
comenzó a caminar por esos cien metros cuadrados que poseía ese patio interior.
Los paseos por la cala de la cabaña de la playa llegaron a su mente. Los baños
locos, en compañía de su amiga Maureen completamente desnudas recreando sus
cuerpos en el Caribe y aquel maestro que nunca se animó a entrar. Como se volcó
con la madre de Roberto y luego con su padre rescatándolo no solo a nivel
económico su apoyo moral fue increíble. Su padre era un trabajador nato y verse
dependiendo de su padre le dolía y aquel maestro le tendió la mano. También de
forma inesperada y cuando el silencio de sus palabras permitían escuchar sus
pasos al pisar la gravilla del patio, fue él quien rompió el momento.
Si no
hubieras dado los dos pasos hacia mí. Posiblemente
De nuevo esa sonrisa angelical, le había
recuperado, el terror que dominaba su expresión llevaba ya tiempo desaparecido
y no habían pasado ni catorce horas desde los incidentes. Se colocó delante de
él, le hizo detenerse y se abrazó con todo su cariño. Al llegar la hora de la
comida, solicitó permiso para acercarse a un restaurante para comer con la
joven. Lo tuvo, pero un agente controló durante todo el tiempo a la pareja.
Julián lo comprendía mientras ella puso algún reparo. Pero cuando con la chispa
que le caracterizaba le comentó que lo había solicitado para evitar, que sus
encantos le cautivaran tanto que sin poderlo evitar se abalanzara sobre él.
sábado, 21 de junio de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE ANDREA-CAPITULO XXI- LA SEGUNDA SEPARACIÓN DE LA MADRE DE ANDREA
CAPÍTULO VIGÉSIMO PRIMERO
LA 2ª SEPARACIÓN DE LA MADRE DE ANDREA
En la segunda evaluación recuperó todas las pendientes de la primera y
obtuvo unas brillantes en esa. Julián encontró un gran apoyo con la profesora
que les acompañó en el viaje de fin de curso. Siguió muy de cerca, tras la
conversación mantenida con su compañero de trabajo, la situación de Andrea.
Andaba obsesionada con la fecha de su mayoría de edad. Deseaba con todas
las fuerzas poder regresar con su padre y “hermana”. Consciente que la carrera
la iniciaría en España siempre y cuando la nota le llegara para entrar en la
facultad de medicina en Victoria, luego podría trasladar el expediente a Costa
Rica. Si bien Julián le aconsejo no regresar hasta tener concluido el segundo e
incluso el tercer curso. Eso suponía dos o tres años más en España. Pero con dieciocho años dejaría a su madre
para independizarse e instalarse con su maestro. Pero no comentó nada, de
hacerlo, él buscaría otras alternativas. Mientras si lo daba por consumado al
menos durante un tiempo podría compartir vivienda con él.
Al regresar a casa se encontró a su madre enfurecida y maldiciendo.
Había sorprendido a su marido con dos jovencitas en la habitación. Dos
empleadas de la fábrica de catorce años. Los acababa de tirar de casa y había
llamado a un cerrajero para cambiar la cerradura. Ese cerdo no volvería a pisar
esa casa. Su hija no estaba muy convencida, conocedora de lo veleta que era su
madre y no dudaba que regresaría con aquel degenerado. Se metió en su
habitación a estudiar pues tenía exámenes de las asignaturas que suspendió en
la primera y precisaba subir la media. Su madre salió de casa como diablo con
el rabo entre las piernas. Entró en una comisaría y presentó denuncia contra su
esposo por abuso de menores. Las oportunas pesquisas e investigaciones se
iniciaron de inmediato. Al notificarle la comisaría la denuncia que pesaba
contra su persona sobornó a las familias de las jovencitas y consiguió frenar
el proceso iniciado. Pero generó un odio y un ansias de venganza desconocidas
hasta le fecha. En primer lugar trató de recuperar las acciones pero tanto la
pequeña como su madre no lo recibían, ni contestaban al teléfono.
Un día sobre la mesa de su despacho en la empresa se encontró con todas
sus pertenencias. A la vivienda no había conseguido entrar pues habían contratado
un guarda jurado las veinticuatro horas del día. Cuando fue a sacar dinero,
ella se le había adelantado, liquidando la cuenta y cambiando la facturación a
una nueva que manejaba ella. Al verse en la calle sin ninguna posibilidad de
recuperar nada se desquició. Dentro de su paranoia se fue serenando y tratando
de urgir un plan para vengarse.
Con la entidad de seguridad, que tenía contratada para la empresa, hizo
una ampliación contratando dos servicios más de veinticuatro horas, uno para su
casa y otro para ampliar el que tenía en la fábrica. Intentó en varias
ocasiones acceder de nuevo a la fábrica pero se lo impidieron y si en otro
momento de su vida lo hubieran hecho habría provocado un altercado del orden.
Pero ahora su plan de venganza estaba en primer lugar y cualquier incidente iría en contra de sus
pretensiones.
Pudo mantener un su nivel de vida gracias a ciertas cantidades de dinero
que había ido desviando hacia una cuenta en Suiza. Acumulando capital desde los
inicios con su socio de Costa Rica hacía la friolera de veinte años y la
cantidad desviada era considerable. Pero un día fue sorprendido con la citación
en un juzgado para el divorcio, una vez legalizada la separación. Aquello le
enfureció y a punto estuvo de tirar todo lo avanzado en su enfermizo plan de
venganza. Acudió y realizadas las declaraciones y posiciones de uno y otro el
juez aceptó el divorcio.
La actitud de su segundo marido le tenía preocupada, no era un
comportamiento lógico de aquel salvaje, pero como también era una inconsciente
lo olvidó. Quien sí estaba verdaderamente preocupado era Julián, convencido que
aquel individuo intentaría algo. La vigilancia por parte de la empresa de
seguridad era lo poco que se podía
intentar y eso ya se había encargado la madre de solucionarlo. Su padre seguía
los acontecimientos con gran preocupación, pero se cuidó mucho de comentarlo en
la familia no quería alterar a su anciano padre. Por culpa suya había pasado un
mal trago que le afectó a su salud y desde luego ahora no estaba por la labor
de añadir nuevos problemas y preocupaciones, optando por ocultarlo. Con la
excusa de consultar asuntos de la empresa se desplazó a España para ver a su
hija y darle su cariño y apoyo. Su ex, contactó con él para que le aconsejara
con aquella gran empresa. En cualquier otro caso ni le hubiera mirado a la cara
pero era una persona parecida a Julián. Olvidó todo rencor y le aconsejó que se
apoyara en el empleado tico que había en la empresa. Conocía como nadie el
negocio. No en balde estaba desde su fundación. Aquella bruja, aunque una
desequilibrada, no era tonta y nombró gerente a esa persona recomendada por su
ex. Pronto se dio cuenta del acierto en ese nombramiento y en el siguiente
viaje tras agradecer el consejo intentó que volviera a su relación primitiva.
Aquello le descolocó, su ex era una desequilibrada. Le había perdonado pero de
eso a reanudar su vida sentimental cuando la pareja que tenía en la actualidad
era una persona sensata y le llenaba plenamente. Después de su experiencia con
la madre de su hija cualquier persona le hubiera parecido magnífica. Pero la
madre de Roberto era algo fuera de lo común. Haber tenido la dicha de cruzarse
con ella era lo mejor que le había pasado en la vida y ahora esa enferma de su
ex pretendía que dejara ese milagro del Señor para volver a la inestabilidad,
al capricho, a la incertidumbre. Le dejó las cosas muy claras, era la madre de
su hija y por ello le había perdonado absolutamente todo, pero no podía
pretender que ahora que su vida había encontrado una estabilidad, no estaba
dispuesto a romper esa relación. La mujer no lo aceptó muy bien, tampoco le
importó mucho a él. A pesar de no lograr que volviera, en esta ocasión, si
permitió compartir más tiempo de lo estipulado con su hija.
Tenía billete para Costa Rica, cuando faltando escasamente tres días
para volver al paraíso donde la posibilidad de conectar con Anki era real. Pero
las noticias llegadas de Madrid le hicieron desistir y devolver los billetes,
su madre se encontraba muy enferma.
Fueron las más amargas vacaciones que recordaba en su vida. Su madre, la
que le dio la vida, la que lo educó en unos valores que mantenía, la que le
inculcó esa filosofía de la vida, la que le ayudó a sacar la fe que tenía en
Dios y en concreto en la figura de Jesús, esa se iba consumiendo por minutos.
Con la procesión por dentro como era costumbre, sentado junto a ella, mostraba
ese rostro jovial, alegre y lleno de vida, para transmitírselo a su madre. Su
cansada, arrugada y temblorosa mano se enlazaba a la suya. Tumbada en el lecho
prendía la mano de su hijo y se la acercaba a los labios para besarla. Aquel gesto de amor maternal le
llegaba a conmover hasta el punto de tener que retirar el rostro para dejar que
un par de lágrimas que no había logrado retener se desplomaran sin que su madre
fuera consciente de ello. Luego con su acostumbrado humor le repetía aquella
frase que tanto había oído y que le hacía sonreír.
“Mamá en el próximo viaje me compraré un
anillo de obispo para que lo beses”
Esa sonrisa cargada de gratitud, de edad, de mueca de dolor, de
cansancio de casi un siglo de vida, de amor maternal, la esbozaba a su hijo
cuando la pronunció. El aliento, el latido, el calor, la mirada, el olfato, el
oído se iba extinguiendo segundo a segundo. Notaba como su alma intentaba salir
de aquel cuerpo y ella luchaba con las escasas fuerzas que le quedaba para
retenerla y poder estar junto a su pequeño unos días, horas, minutos o segundos
más. Él a un lado de la cama, su hermana al otro con sus manos entrelazadas con
la mujer que les dio la vida. Impotentes por retener la vida de la persona que
se la dio a ellos. Derrotados ante la insensible muerte que se llevaba a su
madre junto a su padre, allí en el paraíso que nos prometió Cristo.
Unas palabras.
“Os espero”
La tensión de su mano cesó, la débil respiración paró, el rítmico latido
de su corazón se detuvo para descansar en la eternidad. Su hermana se lazó
sobre el cuerpo inerte de su madre mientras Julián con lágrimas en los ojos
aproximó aquella mano para besarla con una ternura que conmovió a los
presentes, nietos y yerno.
Durmió, bueno permaneció la noche en casa, al día siguiente la
incineraban en el cementerio como era su deseo. Julián no recordaba una noche
tan larga en su vida. Cuantos recuerdos de su niñez, de su adolescencia.
Cuantas confidencias con su madre, cuantos secretos, cuantas travesuras
escondidas para que su padre no se enterara. En dos o tres ocasiones se le
acercó su hermana para abrazarse y llorar con él. Le extrañó nunca habían
mantenido una buena relación entre ambos, ella era la clásica niña de la alta
sociedad de Madrid y él había sido el revolucionario, la oveja negra de la
familia pero al fin y al cabo un triunfador en la vida. En su campo poca gente
le superaba. Aceptó encantado y lleno de ternura el refugio que buscaba su
hermana, posiblemente el prepotente de su marido no pudiera dárselo y en esos
momentos lo necesitaba más que el último modelo. Se abrazó también a ella y le
ofreció lo que necesitaba más que nada en aquella noche amarga.
La mañana fue dura. Dieron el último adiós a su madre, se despidió de
hermana y familia y le comentó que se reuniría con el abogado de la familia
para la herencia. Julián sonriendo le comentó que lo que decidiera lo aceptaba.
Sabia en lo referente a la economía que su hermana tenía los mismos principios.
Su padre se encargó de inculcarles ese
valor de no darle más valor del que tiene al dinero. Su cuñado puso a su
disposición el coche con el chofer y le condujo hasta la estación donde tomó el
tren para regresar a casa.
La reanudación de la vida cotidiana le costó más de lo normal. Aquella
desgracia que tenía que venir tarde o temprano le afectó más de lo que había
pensado. Durante toda la semana restante, esa primera tras las vacaciones hasta
desayunó en cafeterías. No estaba de humor para prepararse nada. Además tampoco
tenía mucho apetito. Se daba cuenta de la necesidad que tenía de unas
vacaciones, de aislarse por poco que fuera de todo y de todos. Pero hasta el
mes de julio no podría disfrutar de ello. Andrea finalizaba el bachillerato con
unas buenas calificaciones y se preparaba para la selectividad. Su amiga
Maureen finalizaba el curso en diciembre, pues el año escolar en Costa Rica iba
del quince de febrero al veinte de Diciembre.
Una tarde le llamó Andrea pues el sábado y el domingo se celebraba un
torneo de vóley playa y deseaba hacer pareja con él. Le pilló en su despacho de
la facultad pasando unas anotaciones a la revista de investigación sobre un
estudio que estaban finalizando. Prefería que si encontraba otra pareja jugara
con ella, pero de no conseguirla, podía contar con él. Por supuesto que la
joven no intentó contactar con nadie si jugaba él, era su pretensión.
Esa noche se acostó temprano, estaba cogiendo el primer sueño cuando el
teléfono de casa le sorprendió. Se levantó tomó el auricular y se encontró con
su hermana al otro lado del aparato. Había estado en la notaría donde se dio
lectura al testamento de mamá. Las cantidades y propiedades que heredaba cada
hermano eran escandalosas. Le comunicó que el dinero en efectivo, su marido se
encargó de ingresar el cincuenta por ciento en la cuenta de ellos y el otro
cincuenta en la de él. Aquellas cantidades le iban a permitir no tener
problemas para el resto de su vida y si hubiera tenido descendencia también con
una buena administración podría vivir sin problemas. De inmediato pensó en el
negocio de Costa Rica, la idea del padre de Andrea era interesante y las cantidades
ingresadas podrían hacer frente a las pretensiones de adquirir unos navíos más
modernos. Pero esperaría a centrarse. En primer lugar deseaba conversar con su
cuñado, no quería propiedades y esa época era buena para la venta de inmueble y
bienes. Se acostó y como a la mañana siguiente era viernes decidió desplazarse
a Madrid para reunirse con su cuñado. Tomó el avión por la mañana para regresar
por la noche. Debía volver pues había quedado con Andrea para el partido pues
según le confirmó no consiguió pareja. Se sonrió al comunicar la circunstancia
pero estaba convencido que ni lo había intentado. Tampoco le importó. Le
apetecía hacer algo de deporte y el voleibol era una de sus actividades
favoritas. El día fue fructífero pues acordaron en vender todas las propiedades
heredadas por él. Su cuñado y su hermana le compraban la finca de la sierra.
Particularmente aquel banquero adoraba la propiedad. Luego las cantidades que
se sacaran por todo lo invertiría en lo más seguro y rentable posible. Era un prepotente
pero su honradez también la había constatado y para los negocios era un
autentico lince. Consciente que su capital se multiplicaría en poco
tiempo. La única propiedad que se quedó
fue el palacete.
El fin de semana de voleibol fue delicioso, su compañera de juego estuvo
encantadora y en ningún momento contraatacó con lo que él temía. Los dos días
comieron en el “La Perla”, su restaurante favorito.
El lunes el decano le llamó a su despacho. El ministerio de Educación
había cortado grandes cantidades de dinero para la investigación, especialmente
en la facultad de ciencias de la actividad física y el deporte. Por ello el
equipo solicitado para iniciar una interesante investigación se había ido al
traste. Planteo dejar la universidad. No le gustaban las presiones y cada vez
le insistían más en que acudiera a simposios y ponencias cosa que no le gustaba
en absoluto. Intentó convencerle pero lo tenía casi decidido. Pero como no era
una persona que tomara las cosas sin reflexionar quedó en hablar al regreso del
verano. En Costa Rica podría medir todo, analizar y ver si realmente compensaba
seguir. El principal problema de la mayoría era el económico cosa que tenía más
que solventada. Si bien era la única esperanza que le quedaba al decano de perder
a gran profesional.
Los exámenes de las PAU se iniciaban esa semana. Los nervios atenazaba a
los estudiantes que se jugaban, según decía la gente el futuro, presionando de
una forma anormal a unos jóvenes que en esas situaciones lo que necesitaban era
calma y sosiego para poder rendir lo que verdaderamente sabían. Andrea iba
bastante tranquila, Julián había sabido quitar tensión a esos exámenes. Habían
tenido grandes conversaciones sobre el tema y siempre el apoyo de su maestro le
permitía ahora acudir a las pruebas con una serenidad y tranquilidad que muchos
de sus compañeros envidiaban. Fueron tres jornadas intensas, de horas ante los
folios y el trabajo de sus cerebros recordando conocimientos y estrategias para
confeccionar esas hojas que al fin y a la postre le darían esa nota tan deseada
para la carrera elegida. En la última jornada al salir del último examen le vio
en la puerta con el semblante alegre, su expresión llena de optimismo y con ese
cariño paternal que ella adoraba. Se lanzó a sus brazos como las niñas de
Infantil cuando salen de la escuela. Les esperaba mamá. Trató de finalizar ese
abrazo, pero persistía. Por fin consiguió que le soltara. Fueron a por mamá
para desplazarse hasta Hondarribia, a su
club náutico donde comieron cara al puerto deportivo.
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