viernes, 18 de julio de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CRACCIÓN SEGUNDA PARTE- ANDREA-CAPÍTULO XXII EL DOBLE CRIMEN
CAPÍTULO
VIGÉSIMO SEGUNDO
EL DOBLE CRIMEN
Eran las seis de la mañana. Algo sonaba en
la habitación pero le costaba despertarse. Por fin sobresaltado tomó el celular
y contestó. Tuvo que insistir varias veces para poder comprender lo que le decían
desde el otro lado del teléfono. Una voz temblorosa, llorosa y cargada de
pánico trataba de explicarse. Por fin dio un bote de la cama quedando del
impulso de pie sobre el lecho. Era Andrea. Que no paraba de repetirle.
¡Me voy a
tirar! ¡Me voy a tirar!
Entre el susto, la sorpresa y sus palabras
lo dejaron helado, atenazado. Jamás en su vida le había sucedido algo parecido.
Pero se recuperó sin saber muy bien como lo logró. No dejó de hablarle, con
dulzura, con cariño, con ese poder de convicción que tantos éxitos había
logrado con su alumnado, pero se daba cuenta que no llegaba. Era preciso
controlarse, no preguntarle nada. Tenía claro que lo primero era dejar de
repetir esas cuatro palabras. Necesitaba urgentemente que fuera ella la que
cambiara para contar lo sucedido. Le habló de papá, de Costa Rica, por donde se
perderían, le habló de la medicina. Por fin consiguió que cambiara y soltara lo
sucedido.
He matado a ese cerdo y me voy a tirar, no
quiero terminar en la cárcel, no quiero vivir, estoy sucia.
Sin perder la compostura volvió a su tono de
voz pausado, tranquilo, tratando de transmitir seguridad, protección, cariño y
ese amor que le profesaba a esa hija que le hubiera gustado tener.
Quiero verte.
Le dijo tras una leve pausa. Dos palabras
rápidas pero transmitidas con dulzura, con cariño y enmudeció. Los segundos que
tardó en responder se le hicieron eternos, estuvo tentado a insistir pero era
consciente que debía aguantar aunque fueran horas. No llegaron a pasar ni
treinta segundos, su respuesta con voz menos tensa, menos temerosa y realizando
con una pregunta
¿De
verdad?
Un respiro profundo descargaba toda la
tensión acumulada en esos treinta segundos de incertidumbre, de duda, de temores.
Estaba claro que deseaba estar con ella, dialogar, estrecharle entre sus brazos
y besarle como a esa niña que deseó. Dejó pasar unos dos minutos, de nuevo con
una tensión insufrible le aseguró que lo que más deseaba en esos momentos era
poderle abrazar y tenerle junto a él. Respondió de inmediato confesando el
lugar donde se encontraba.
Estoy en el faro de Igueldo.
Nueva pausa, con más cariño si cabe le
aseguró que en menos de quince minutos se plantaba a su lado. No colgó el móvil
y durante todo el trayecto a una velocidad suicida se desplazaba por el paseo
de la Concha, sin respetar semáforos, ni coches, ni preferencias. El claxon de
su coche sonaba intensamente y el pie del acelerador estaba a punto de perforar
el suelo del vehículo. Con una mano y en la otra hablándole con ternura,
conducía como si llevara un fórmula uno. Al ser domingo y temprano no había
tráfico.
De nuevo el miedo en el cuerpo manteniendo
los nervios de acero en la carretera, en su habla, volvía a comunicar con
tensión, con pánico que había llegado la policía asegurando a Julián que antes
de que le detuviesen se tiraría. Mientras le hablaba, con un enternecedor
cariño tomó el móvil que llevaba siempre en la guantera del coche soltando el
volante marcó el teléfono de protección civil. Conocedor que lo llevaba siempre
gravado y bastaba con apretar un botón. Toda esa maniobra la realizó sin
dejarle de hablar. Bloqueó por unos segundos el móvil que conectaba con Andrea
y solicitó de protección civil que le pusieran con las autoridades que se
desplazaron al faro Igueldo, conocía a la joven y trataba de mantenerle serena
desplazándose hacia el lugar. No tardaba en llegar, a lo sumo diez minutos. De
inmediato contactaron con las fuerzas de seguridad del país vasco, comunicando
la solicitud de una llamada relacionada con el caso. De nuevo tuvo que bloquear
el móvil de Andrea un miembro de las fuerzas de seguridad se ponían en contacto
con él por medio de protección civil. Dio unas explicaciones mínimas y
prosiguió su conversación con Andrea. Se iba calmando, las fuerzas de seguridad
ante la conversación mantenida con la joven se retiraron a una distancia
prudencial. Las lágrimas caían por sus mejillas, deseaba estar ya junto a ella,
especialmente cuando le lanzó esa última frase.
- Venga
pronto Julián, quiero despedirme de usted.
El corazón se le heló, ahora no estaba muy
seguro si debía llegar ya o dar un margen de tiempo. Pero en esos cinco minutos
que le llevo llegar de donde estaba hasta el lugar donde se encontraba ella, al
borde del acantilado, pensó en la estrategia para convencerle que la vida
merecía vivirla pasara lo que pasara. La aglomeración de vehículos de las
fuerzas de seguridad y bomberos le indicaron de inmediato el sitio exacto donde
se encontraba.
Nada más ver como aquel loco se aproximaba
al lugar supieron que se trataba del personaje de la llamada. Se le abrió paso
y le indicaron donde debía detenerse. Alguien le paró y le rogó que se pusiera
un aparato para transmitirle en caso de necesidad, orientaciones de expertos,
ante el comportamiento de la joven. Fue acoplarse dicho aparato para mantener
contacto con las fuerzas del orden y como lobo con un haz de fuego en el rabo,
se colocó a escasos diez metros de ella. Nadie hasta el momento había logrado
acercarse tanto sin riesgo a que se lanzara al vacío. Iba medio desnuda con el
rostro desfigurado, ensangrentado, con el pánico en su expresión pero nada más
ver a Julián la sonrisa invadió aquel increíble rostro. Era fundamental
controlar todas esas emociones. Tenía que transmitir confianza, seguridad, dar
la sensación y hacerle sentir que solo había sido un incidente, que había mucho
camino en su vida para seguir. Los expertos alentaron a Julián a seguir con esa
actitud. La joven estaba respondiendo, pero de nuevo la tensión acudió a los
presentes, en especial a Julián. Sin consulta, sin pensarlo dos veces comentó.
Ya sufrí, sigo sufriendo una desgracia que tú
bien conoces y no estoy por seguir en este mundo con otro dolor como aquel.
Déjame abrazarme a ti y si lo deseas nos lanzamos los dos.
Andrea quedó desmarcada, lo que menos se
esperaba en esa situación extrema eran esas palabras de Julián. Recordaba las
charlas en Costa Rica al contarle su tragedia con Anki. Recordaba sus lágrimas,
sus sollozos que le encogieron hasta el alma. La expectativa era inmensa seguía
a medio centímetro del precipicio y él ahora estaba a dos pasos escasos. Sus
miradas permanecían clavadas en la del otro y todas las ondas chocaron para
resbalar una sobre otra y tras envolverse conectar cada sensación, cada
pensamiento. Llegó a percibirlas materialmente, pudiendo comprobar cómo las
ondas emitidas por él abarcaban las suyas para fundirse en un abrazo. Sin
haberlo ordenado sus neuronas dio dos pasos hacía él para fundirse en un
abrazo. De inmediato las fuerzas de seguridad cubrieron los dos pasos que los
separaban del precipicio para impedir que se lanzaran. Seguía ajena a lo
que sucedía en su en rededor. Con los ojos cerrados y llorando. Pero no era un
llanto desolador, de dolor, ni de rabia, ni de odio, era un llanto cargado de
felicidad. Abrazada a Julián no fue consciente que entraba en un coche patrulla
en compañía de él. Un agente se hizo cargo del coche de Julián conduciéndolo a
comisaría. Seguía impasible al mundo externo, se había metido en su mundo y ese
era única y exclusivamente Julián. Hubo un intento de separar a Julián de la
joven para poder aclarar un poco las circunstancias del suceso pero al ver la
reacción de la joven los pasaron a una sala donde un agente permanecía en la
entrada. Antes les proporcionó la dirección de la joven y que comprobaran lo
sucedido sin duda encontrarían respuestas. Estaba convencido que algo había
sucedido con aquel pendejo. Amén de avisar a la madre de la criatura. De inmediato
el comisario, ante la posible situación que se podían encontrar, envió cuatro
coches patrulla y una ambulancia.
Al llegar al adosado de la joven la puerta
estaba abierta de par en par, desde la entrada al pequeño jardín y hasta la
puerta de entrada el suelo estaba ensangrentado. Las fuerzas fueron tomando las
oportunas precauciones hasta encontrarse dentro de la casa. El cuerpo de una
mujer con una herramienta clavada en la cabeza, concretamente un hacha, yacía
sobre la mesa del salón rota y con varios de los cristales incrustados en su
cuerpo. La sangre se repartía por paredes, techos, puertas. La cocina estaba en
orden, el servicio de la planta baja también, mientras que las escaleras que
daban acceso a la única planta del adosado estaban adornadas por un reguero de
sangre. En la habitación principal había signos inequívocos de haberse
producido una escena de gran violencia. De las restantes una estaba
completamente intachable, pero cuando accedieron a la que luego supieron que
pertenecía a la joven, con medio cuerpo sobre la cama y los pies y la cadera en
el suelo el cuerpo de un hombre. También estaba muerto. Un charco de sangre
impregnaba las sabanas y el suelo. La policía científica junto con el juez de
instrucción y un forense se encontraban ya en el escenario del doble crimen.
Las primeras informaciones iban confirmando los temores de Julián, pero más
tarde fueron informados que habían encontrado al guarda jurado en el garaje
medio inconsciente y amarrado a una cañería de bajantes. Se le había trasladado
al hospital más cercano y dos agentes aguardaban al primer reconocimiento para
intentar interrogar al empleado de seguridad. Julián se puso en contacto con el
padre de Andrea y siguiendo la táctica que mantenían con los abuelos le
necesitaba en España para un asunto de la empresa. Luego cuando confirmó que el
que estaba al aparato era él le fue relatando parte de lo sucedido pues tampoco
estaba demasiado informado. Si le confesó que su hija lo necesitaba
urgentemente. Tuvo que salir de la casa de sus padres cuando Julián le confesó
que deseaba tratar un tema delicado y cualquier gesto o expresión podría
delatar la gravedad del incidente. En medio de la selva y a oscuras
completamente, en Costa Rica era la una de la madrugada, escuchaba atónito e incrédulo
el relato de aquel, jefe, socio pero sobre todo amigo.
En el aeródromo de Limón se puso de nuevo en
contacto con España, estaba solo y podía hablar sin problemas. Él ya estaba
informado de lo sucedido relatando la situación al padre. Por supuesto que no
debía preocuparse por su niña él se hacía cargo y atendería cualquier
necesidad. Le confirmó que al morir su socio y su ex la empresa pasaba a unas
únicas manos las de su hija y precisaría de su experiencia y de su apoyo para
seguir al pie del cañón. Cuando recibió toda la información, agradeció a los
cielos haberse cruzado con aquel hombre, la vida le volvía a sonreír a pesar de
los pesares. Julián le confirmó que se había adelantado alquilando un jet
particular para que lo trasladaran en cuanto él se presentara en Limón para
conducirlo hasta Donostia. Aquel hombre se le encogió el alma ante la
generosidad de aquel personaje. Telefoneo a su padre después de hablar con
Julián para confirmarle que probablemente recuperaran la empresa de España. Se
encontraba en Limón para tomar el jet privado contratado por Julián.
Las investigaciones y los primeros
interrogatorios daban como lo más probable la presencia del hombre fallecido
para vengarse de su ex y tras matarla la emprendió con la joven luego aquel
degenerado murió como consecuencia de las tijeras perforando su corazón. Las
declaraciones de la joven revelarían en gran medida la aclaración del suceso.
Una agente de la policía vasca junto a una psicóloga consiguió convencer a
Andrea, que medio desnuda y arropada por una manta permanecía junto a Julián.
El examen médico correspondiente y tras vestir y asear a la joven, aunque
intentaron iniciar las primeras pesquisas, ante la actitud prefirieron esperar
y conceder el deseo de la joven de regresar con aquel maestro amigo de la
familia. Junto a él con un brazo escayolado y algunos puntos en uno de los
costados y en uno de los pómulos, abarcando a su maestro reclinó la cabeza
sobre su pectoral y en silencio permanecieron durante una larga hora en absoluto
silencio. Transmitiéndose esas ondas, ese calor, esa química que a ella le
enloquecía. Serena, pero con la mirada algo perdida, se recreaba en su
protector. Cuantos recuerdos acudieron a sus mentes, cuantos momentos
increíbles vividos en esos escasos cuatro años desde que se conocieron. Era
cierto que al inicio de su profesión varias alumnas se le insinuaban, pues era
una persona de una buena presencia, de una educación exquisita y con medios
económicos, pero ante su actitud siempre desistían. Por el contrario con Andrea
había sido diferente a todas. Era como esa hija que le hubiera gustado tener.
Pero consciente que esa criatura seguía intentando lo que era imposible. Por
fin se rompió el silencio ante su sorpresa y asombro.
¿No me meterán en la cárcel verdad?
Tanto Julián como la policía que permanecía
con ellos giraron su mirada hacia la joven sorprendidos, atónitos. Le habían
violado y golpeado casi hasta matarle, habían matado a su madre. ¿Por qué esa
pregunta? Fue Julián quien tomo la iniciativa. Lo primero fue tranquilizarle,
hubiera hecho lo que hubiera hecho él se las agenciaría para que no le
ocurriese nada, iba a estar a su lado, además le confesó que su padre volaba
hacia España. Esa misma noche podría abrazarlo. Nueva pausa, respiros profundos
de la joven, abrazó con fuerza a su maestro y por fin con un control que
asombró a los presentes comunicó que deseaba declarar, quería terminar por una
vez esa jornada maldita e irse con Julián a su casa a descansar y esperar a
papá allí. De nuevo Julián intervino. Había advertido a su abogado del problema
y este aunque andaba en su casita de la montaña le comunicó que le telefoneara
en cuanto necesitase de sus servicios. En menos de veinte minutos se personaba
en la comisaría. Tomó el celular y contactó con su abogado. Julián solicitó del
comisario que la joven al ser menor y no estar presente su padre, rogaba
aguardar a la presencia de su progenitor y de su abogado para la declaración de
la menor. No pusieron pega alguna. Eso si le aseguraron no podría hablar con el
abogado hasta la llegada de su padre. Así pues desvió la conversación hacia
otros derroteros. Recordó el primer día que ambos se cruzaron en el centro
educativo, luego aquel partido de voleibol. La bendición del Señor al proporcionar
a su curso aquel tutor que había sido, no solo su salvación, sino la de todos
sus compañeros. Aparecieron las primeras anécdotas y las primeras sonrisas en
la joven afloraron en ese rostro dolorido y algo desencajado. La representante
de la ley sonreía ante las salidas de aquel profesor, que capacidad tenía para
llevarse a la joven hacía momentos y situaciones que le hicieran olvidar lo
antes posible aquella terrible jornada. Era un caso claro de violencia de
género pero quedaban muchas cosas por esclarecer y el comentario de la joven le
daba a entender que ella había intervenido en la muerte de alguno de los dos
cadáveres. A media mañana les llevaron un tente en pie, ella solo bebió una
coca cola y él si se tomó una cervecita con un sándwich. Salieron a tomarlo al
patio interior de la comisaría y un tenue sol calentó sus rostros. El cielo
estaba completamente despejado. De pronto otra pregunta que le desmarcó
¿De
verdad te habrías lanzado al vacío conmigo?
Disimuló con una sonrisa, tomó su mano y
comenzó a caminar por esos cien metros cuadrados que poseía ese patio interior.
Los paseos por la cala de la cabaña de la playa llegaron a su mente. Los baños
locos, en compañía de su amiga Maureen completamente desnudas recreando sus
cuerpos en el Caribe y aquel maestro que nunca se animó a entrar. Como se volcó
con la madre de Roberto y luego con su padre rescatándolo no solo a nivel
económico su apoyo moral fue increíble. Su padre era un trabajador nato y verse
dependiendo de su padre le dolía y aquel maestro le tendió la mano. También de
forma inesperada y cuando el silencio de sus palabras permitían escuchar sus
pasos al pisar la gravilla del patio, fue él quien rompió el momento.
Si no
hubieras dado los dos pasos hacia mí. Posiblemente
De nuevo esa sonrisa angelical, le había
recuperado, el terror que dominaba su expresión llevaba ya tiempo desaparecido
y no habían pasado ni catorce horas desde los incidentes. Se colocó delante de
él, le hizo detenerse y se abrazó con todo su cariño. Al llegar la hora de la
comida, solicitó permiso para acercarse a un restaurante para comer con la
joven. Lo tuvo, pero un agente controló durante todo el tiempo a la pareja.
Julián lo comprendía mientras ella puso algún reparo. Pero cuando con la chispa
que le caracterizaba le comentó que lo había solicitado para evitar, que sus
encantos le cautivaran tanto que sin poderlo evitar se abalanzara sobre él.
sábado, 21 de junio de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE ANDREA-CAPITULO XXI- LA SEGUNDA SEPARACIÓN DE LA MADRE DE ANDREA
CAPÍTULO VIGÉSIMO PRIMERO
LA 2ª SEPARACIÓN DE LA MADRE DE ANDREA
En la segunda evaluación recuperó todas las pendientes de la primera y
obtuvo unas brillantes en esa. Julián encontró un gran apoyo con la profesora
que les acompañó en el viaje de fin de curso. Siguió muy de cerca, tras la
conversación mantenida con su compañero de trabajo, la situación de Andrea.
Andaba obsesionada con la fecha de su mayoría de edad. Deseaba con todas
las fuerzas poder regresar con su padre y “hermana”. Consciente que la carrera
la iniciaría en España siempre y cuando la nota le llegara para entrar en la
facultad de medicina en Victoria, luego podría trasladar el expediente a Costa
Rica. Si bien Julián le aconsejo no regresar hasta tener concluido el segundo e
incluso el tercer curso. Eso suponía dos o tres años más en España. Pero con dieciocho años dejaría a su madre
para independizarse e instalarse con su maestro. Pero no comentó nada, de
hacerlo, él buscaría otras alternativas. Mientras si lo daba por consumado al
menos durante un tiempo podría compartir vivienda con él.
Al regresar a casa se encontró a su madre enfurecida y maldiciendo.
Había sorprendido a su marido con dos jovencitas en la habitación. Dos
empleadas de la fábrica de catorce años. Los acababa de tirar de casa y había
llamado a un cerrajero para cambiar la cerradura. Ese cerdo no volvería a pisar
esa casa. Su hija no estaba muy convencida, conocedora de lo veleta que era su
madre y no dudaba que regresaría con aquel degenerado. Se metió en su
habitación a estudiar pues tenía exámenes de las asignaturas que suspendió en
la primera y precisaba subir la media. Su madre salió de casa como diablo con
el rabo entre las piernas. Entró en una comisaría y presentó denuncia contra su
esposo por abuso de menores. Las oportunas pesquisas e investigaciones se
iniciaron de inmediato. Al notificarle la comisaría la denuncia que pesaba
contra su persona sobornó a las familias de las jovencitas y consiguió frenar
el proceso iniciado. Pero generó un odio y un ansias de venganza desconocidas
hasta le fecha. En primer lugar trató de recuperar las acciones pero tanto la
pequeña como su madre no lo recibían, ni contestaban al teléfono.
Un día sobre la mesa de su despacho en la empresa se encontró con todas
sus pertenencias. A la vivienda no había conseguido entrar pues habían contratado
un guarda jurado las veinticuatro horas del día. Cuando fue a sacar dinero,
ella se le había adelantado, liquidando la cuenta y cambiando la facturación a
una nueva que manejaba ella. Al verse en la calle sin ninguna posibilidad de
recuperar nada se desquició. Dentro de su paranoia se fue serenando y tratando
de urgir un plan para vengarse.
Con la entidad de seguridad, que tenía contratada para la empresa, hizo
una ampliación contratando dos servicios más de veinticuatro horas, uno para su
casa y otro para ampliar el que tenía en la fábrica. Intentó en varias
ocasiones acceder de nuevo a la fábrica pero se lo impidieron y si en otro
momento de su vida lo hubieran hecho habría provocado un altercado del orden.
Pero ahora su plan de venganza estaba en primer lugar y cualquier incidente iría en contra de sus
pretensiones.
Pudo mantener un su nivel de vida gracias a ciertas cantidades de dinero
que había ido desviando hacia una cuenta en Suiza. Acumulando capital desde los
inicios con su socio de Costa Rica hacía la friolera de veinte años y la
cantidad desviada era considerable. Pero un día fue sorprendido con la citación
en un juzgado para el divorcio, una vez legalizada la separación. Aquello le
enfureció y a punto estuvo de tirar todo lo avanzado en su enfermizo plan de
venganza. Acudió y realizadas las declaraciones y posiciones de uno y otro el
juez aceptó el divorcio.
La actitud de su segundo marido le tenía preocupada, no era un
comportamiento lógico de aquel salvaje, pero como también era una inconsciente
lo olvidó. Quien sí estaba verdaderamente preocupado era Julián, convencido que
aquel individuo intentaría algo. La vigilancia por parte de la empresa de
seguridad era lo poco que se podía
intentar y eso ya se había encargado la madre de solucionarlo. Su padre seguía
los acontecimientos con gran preocupación, pero se cuidó mucho de comentarlo en
la familia no quería alterar a su anciano padre. Por culpa suya había pasado un
mal trago que le afectó a su salud y desde luego ahora no estaba por la labor
de añadir nuevos problemas y preocupaciones, optando por ocultarlo. Con la
excusa de consultar asuntos de la empresa se desplazó a España para ver a su
hija y darle su cariño y apoyo. Su ex, contactó con él para que le aconsejara
con aquella gran empresa. En cualquier otro caso ni le hubiera mirado a la cara
pero era una persona parecida a Julián. Olvidó todo rencor y le aconsejó que se
apoyara en el empleado tico que había en la empresa. Conocía como nadie el
negocio. No en balde estaba desde su fundación. Aquella bruja, aunque una
desequilibrada, no era tonta y nombró gerente a esa persona recomendada por su
ex. Pronto se dio cuenta del acierto en ese nombramiento y en el siguiente
viaje tras agradecer el consejo intentó que volviera a su relación primitiva.
Aquello le descolocó, su ex era una desequilibrada. Le había perdonado pero de
eso a reanudar su vida sentimental cuando la pareja que tenía en la actualidad
era una persona sensata y le llenaba plenamente. Después de su experiencia con
la madre de su hija cualquier persona le hubiera parecido magnífica. Pero la
madre de Roberto era algo fuera de lo común. Haber tenido la dicha de cruzarse
con ella era lo mejor que le había pasado en la vida y ahora esa enferma de su
ex pretendía que dejara ese milagro del Señor para volver a la inestabilidad,
al capricho, a la incertidumbre. Le dejó las cosas muy claras, era la madre de
su hija y por ello le había perdonado absolutamente todo, pero no podía
pretender que ahora que su vida había encontrado una estabilidad, no estaba
dispuesto a romper esa relación. La mujer no lo aceptó muy bien, tampoco le
importó mucho a él. A pesar de no lograr que volviera, en esta ocasión, si
permitió compartir más tiempo de lo estipulado con su hija.
Tenía billete para Costa Rica, cuando faltando escasamente tres días
para volver al paraíso donde la posibilidad de conectar con Anki era real. Pero
las noticias llegadas de Madrid le hicieron desistir y devolver los billetes,
su madre se encontraba muy enferma.
Fueron las más amargas vacaciones que recordaba en su vida. Su madre, la
que le dio la vida, la que lo educó en unos valores que mantenía, la que le
inculcó esa filosofía de la vida, la que le ayudó a sacar la fe que tenía en
Dios y en concreto en la figura de Jesús, esa se iba consumiendo por minutos.
Con la procesión por dentro como era costumbre, sentado junto a ella, mostraba
ese rostro jovial, alegre y lleno de vida, para transmitírselo a su madre. Su
cansada, arrugada y temblorosa mano se enlazaba a la suya. Tumbada en el lecho
prendía la mano de su hijo y se la acercaba a los labios para besarla. Aquel gesto de amor maternal le
llegaba a conmover hasta el punto de tener que retirar el rostro para dejar que
un par de lágrimas que no había logrado retener se desplomaran sin que su madre
fuera consciente de ello. Luego con su acostumbrado humor le repetía aquella
frase que tanto había oído y que le hacía sonreír.
“Mamá en el próximo viaje me compraré un
anillo de obispo para que lo beses”
Esa sonrisa cargada de gratitud, de edad, de mueca de dolor, de
cansancio de casi un siglo de vida, de amor maternal, la esbozaba a su hijo
cuando la pronunció. El aliento, el latido, el calor, la mirada, el olfato, el
oído se iba extinguiendo segundo a segundo. Notaba como su alma intentaba salir
de aquel cuerpo y ella luchaba con las escasas fuerzas que le quedaba para
retenerla y poder estar junto a su pequeño unos días, horas, minutos o segundos
más. Él a un lado de la cama, su hermana al otro con sus manos entrelazadas con
la mujer que les dio la vida. Impotentes por retener la vida de la persona que
se la dio a ellos. Derrotados ante la insensible muerte que se llevaba a su
madre junto a su padre, allí en el paraíso que nos prometió Cristo.
Unas palabras.
“Os espero”
La tensión de su mano cesó, la débil respiración paró, el rítmico latido
de su corazón se detuvo para descansar en la eternidad. Su hermana se lazó
sobre el cuerpo inerte de su madre mientras Julián con lágrimas en los ojos
aproximó aquella mano para besarla con una ternura que conmovió a los
presentes, nietos y yerno.
Durmió, bueno permaneció la noche en casa, al día siguiente la
incineraban en el cementerio como era su deseo. Julián no recordaba una noche
tan larga en su vida. Cuantos recuerdos de su niñez, de su adolescencia.
Cuantas confidencias con su madre, cuantos secretos, cuantas travesuras
escondidas para que su padre no se enterara. En dos o tres ocasiones se le
acercó su hermana para abrazarse y llorar con él. Le extrañó nunca habían
mantenido una buena relación entre ambos, ella era la clásica niña de la alta
sociedad de Madrid y él había sido el revolucionario, la oveja negra de la
familia pero al fin y al cabo un triunfador en la vida. En su campo poca gente
le superaba. Aceptó encantado y lleno de ternura el refugio que buscaba su
hermana, posiblemente el prepotente de su marido no pudiera dárselo y en esos
momentos lo necesitaba más que el último modelo. Se abrazó también a ella y le
ofreció lo que necesitaba más que nada en aquella noche amarga.
La mañana fue dura. Dieron el último adiós a su madre, se despidió de
hermana y familia y le comentó que se reuniría con el abogado de la familia
para la herencia. Julián sonriendo le comentó que lo que decidiera lo aceptaba.
Sabia en lo referente a la economía que su hermana tenía los mismos principios.
Su padre se encargó de inculcarles ese
valor de no darle más valor del que tiene al dinero. Su cuñado puso a su
disposición el coche con el chofer y le condujo hasta la estación donde tomó el
tren para regresar a casa.
La reanudación de la vida cotidiana le costó más de lo normal. Aquella
desgracia que tenía que venir tarde o temprano le afectó más de lo que había
pensado. Durante toda la semana restante, esa primera tras las vacaciones hasta
desayunó en cafeterías. No estaba de humor para prepararse nada. Además tampoco
tenía mucho apetito. Se daba cuenta de la necesidad que tenía de unas
vacaciones, de aislarse por poco que fuera de todo y de todos. Pero hasta el
mes de julio no podría disfrutar de ello. Andrea finalizaba el bachillerato con
unas buenas calificaciones y se preparaba para la selectividad. Su amiga
Maureen finalizaba el curso en diciembre, pues el año escolar en Costa Rica iba
del quince de febrero al veinte de Diciembre.
Una tarde le llamó Andrea pues el sábado y el domingo se celebraba un
torneo de vóley playa y deseaba hacer pareja con él. Le pilló en su despacho de
la facultad pasando unas anotaciones a la revista de investigación sobre un
estudio que estaban finalizando. Prefería que si encontraba otra pareja jugara
con ella, pero de no conseguirla, podía contar con él. Por supuesto que la
joven no intentó contactar con nadie si jugaba él, era su pretensión.
Esa noche se acostó temprano, estaba cogiendo el primer sueño cuando el
teléfono de casa le sorprendió. Se levantó tomó el auricular y se encontró con
su hermana al otro lado del aparato. Había estado en la notaría donde se dio
lectura al testamento de mamá. Las cantidades y propiedades que heredaba cada
hermano eran escandalosas. Le comunicó que el dinero en efectivo, su marido se
encargó de ingresar el cincuenta por ciento en la cuenta de ellos y el otro
cincuenta en la de él. Aquellas cantidades le iban a permitir no tener
problemas para el resto de su vida y si hubiera tenido descendencia también con
una buena administración podría vivir sin problemas. De inmediato pensó en el
negocio de Costa Rica, la idea del padre de Andrea era interesante y las cantidades
ingresadas podrían hacer frente a las pretensiones de adquirir unos navíos más
modernos. Pero esperaría a centrarse. En primer lugar deseaba conversar con su
cuñado, no quería propiedades y esa época era buena para la venta de inmueble y
bienes. Se acostó y como a la mañana siguiente era viernes decidió desplazarse
a Madrid para reunirse con su cuñado. Tomó el avión por la mañana para regresar
por la noche. Debía volver pues había quedado con Andrea para el partido pues
según le confirmó no consiguió pareja. Se sonrió al comunicar la circunstancia
pero estaba convencido que ni lo había intentado. Tampoco le importó. Le
apetecía hacer algo de deporte y el voleibol era una de sus actividades
favoritas. El día fue fructífero pues acordaron en vender todas las propiedades
heredadas por él. Su cuñado y su hermana le compraban la finca de la sierra.
Particularmente aquel banquero adoraba la propiedad. Luego las cantidades que
se sacaran por todo lo invertiría en lo más seguro y rentable posible. Era un prepotente
pero su honradez también la había constatado y para los negocios era un
autentico lince. Consciente que su capital se multiplicaría en poco
tiempo. La única propiedad que se quedó
fue el palacete.
El fin de semana de voleibol fue delicioso, su compañera de juego estuvo
encantadora y en ningún momento contraatacó con lo que él temía. Los dos días
comieron en el “La Perla”, su restaurante favorito.
El lunes el decano le llamó a su despacho. El ministerio de Educación
había cortado grandes cantidades de dinero para la investigación, especialmente
en la facultad de ciencias de la actividad física y el deporte. Por ello el
equipo solicitado para iniciar una interesante investigación se había ido al
traste. Planteo dejar la universidad. No le gustaban las presiones y cada vez
le insistían más en que acudiera a simposios y ponencias cosa que no le gustaba
en absoluto. Intentó convencerle pero lo tenía casi decidido. Pero como no era
una persona que tomara las cosas sin reflexionar quedó en hablar al regreso del
verano. En Costa Rica podría medir todo, analizar y ver si realmente compensaba
seguir. El principal problema de la mayoría era el económico cosa que tenía más
que solventada. Si bien era la única esperanza que le quedaba al decano de perder
a gran profesional.
Los exámenes de las PAU se iniciaban esa semana. Los nervios atenazaba a
los estudiantes que se jugaban, según decía la gente el futuro, presionando de
una forma anormal a unos jóvenes que en esas situaciones lo que necesitaban era
calma y sosiego para poder rendir lo que verdaderamente sabían. Andrea iba
bastante tranquila, Julián había sabido quitar tensión a esos exámenes. Habían
tenido grandes conversaciones sobre el tema y siempre el apoyo de su maestro le
permitía ahora acudir a las pruebas con una serenidad y tranquilidad que muchos
de sus compañeros envidiaban. Fueron tres jornadas intensas, de horas ante los
folios y el trabajo de sus cerebros recordando conocimientos y estrategias para
confeccionar esas hojas que al fin y a la postre le darían esa nota tan deseada
para la carrera elegida. En la última jornada al salir del último examen le vio
en la puerta con el semblante alegre, su expresión llena de optimismo y con ese
cariño paternal que ella adoraba. Se lanzó a sus brazos como las niñas de
Infantil cuando salen de la escuela. Les esperaba mamá. Trató de finalizar ese
abrazo, pero persistía. Por fin consiguió que le soltara. Fueron a por mamá
para desplazarse hasta Hondarribia, a su
club náutico donde comieron cara al puerto deportivo.
sábado, 14 de junio de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE ANDREA-CAPITULO XX EL PADRE DE ANDREA A PRISIÓN
CAPÍTULO VIGÉSIMO
EL PADRE DE ANDREA A
PRISIÓN
El mes de
julio fue movido para el padre de Andrea. Julián iba a pasar unos días a Costa
Rica cuando se enteró de la maniobra de la pareja. Con diferentes artimañas
legales y con diversos engaños consiguieron que en la empresa dejara de figurar
él. Sus acciones pasaban a su hija. Manejando ese paquete de acciones la madre
como tutora. Mientras que la deuda para la amortización de los dos barcos
adquiridos, hacía un par de años, ponía
en una situación extrema las propiedades del abuelo ya que fueron avalado por
su padre.
Las
intenciones de causar problemas a Julián no dieron su fruto gracias a las
precauciones tomadas por Andrea, cosa que desquició de forma anormal a su
madre. Sentía unos celos sin límites hacia aquel personaje, educado, culto, con
talante, con una posición social, que él particularmente le importaba un
pepino, pero su envidia enfermiza la ahogaba.
Al informarle
de la situación por la que estaba pasando su padre contactó con su abogado
prometiendo apoyo incondicional. El negocio de Costa Rica comenzaba a funcionar
a las mil maravillas y su solvencia era indiscutible.
Los trámites
legales siguieron su curso y en la primera vista, la acusación solicitaba la
prisión preventiva el denunciado. Al ser extranjero había fundamentos de sobra
para sospechar una posible fuga del país. Pero en ese punto el abogado de
Julián, presentó una serie de alegaciones y de responsabilidades que firmó el
maestro y tras una semana en prisión consiguieron su libertad bajo fianza.
Durante ese
periodo Andrea no dejó de visitar a su padre ni un solo día y eso que
intentaron por todos los medios impedirlo. Pero también en este apartado la
defensa logró que se desestimaran los motivos por los que se pretendía
restringir las visitas de la adolescente. El juez tras escuchar a la menor no
considero las alegaciones de la acusación y de este modo Andrea junto a Julián
pudieron darle un apoyo diario. Al salir bajo fianza se instaló en casa de
Julián pues era él quien se responsabilizaba de su presencia en el juzgado cada
semana.
Aquel hombre
no sabía cómo agradecer todos esos desvelos e incluso, se enteró por su hija,
jugarse parte de su patrimonio al apoyarle. Pues el palacete de Donostia se
presentó como aval para la fianza fijada. La llegada de la familia tica fue
acogida en el palacete.
Los abuelos
llegaron a la capital española por la mañana y en el aeropuerto les aguardaba
su hijo acompañado por Julián. La joven quiso desplazarse con ellos pero su
madre no lo consintió, al no le corresponderle esos días, según la orden
judicial. Donde las condiciones de divorcio fijaban claramente las visitas de
su padre a la adolescente.
Aquel anciano
matrimonio se abrazó en primer lugar a Julián agradeciendo todo el apoyo
recibido. Luego se fundieron con su hijo. Tras tomar un tente en pie en la
cafetería emprendieron la marcha para Donostia. Dejaron los equipajes en la
habitación destinada a los invitados y después de ducharse y asearse salieron a
comer a “La Perla”, donde había encargado mesa. Fue un almuerzo encantador, la
bahía de San Sebastián a pie de mesa y la bravura del Cantábrico mostrándose
con todo su esplendor. Amén de la calidad de los alimentos. Quedaron gratamente
impresionados. Luego en el salón de casa degustando unas pastas con el café
mostraban la belleza de aquella prospera ciudad. Que belleza tan distinta a la
de Puerto Viejo, que encantos tan diferentes y a la vez tan parecidos. Hablaron
de numerosas cosas. Del caso y el camino que iba tomando. De España, de Costa
Rica, del negocio en aquella tierra centro americana. Mostró su agradecimiento
por la preocupación directa del anciano sobre la empresa. Replicando que por
mucho que hiciera hasta su muerte nunca podría compensar, ya no el apoyo
económico, lo hubieran sacado de debajo de las piedras, era esa generosidad de
tender la mano al que lo necesitaba. Su preocupación desde el principio
proporcionándole de inmediato una atención legal. El buen hacer del abogado que
les había proporcionado, tenerlo en casa, sacándolo de la prisión y en especial
como los había acogido a todos. Esa generosidad que ya mostró con algunos
habitantes de Costa Rica, en concreto al ayudar primero a Maureen y
posteriormente a Roberto y su familia.
El anfitrión se preocupó de contratar, con
la empresa que se encargaba de la limpieza del palacete, un refuerzo para el
servicio y solicitar dos empleados más para la cocina. Su intimidad, su soledad
tan amada y deseada quedaba al menos durante un tiempo rota. Pero tampoco le
importó mucho poder ayudar a esas personas a las que apreciaba.
Consiguió hacerse cargo de los pagos de la
deuda que pesaban sobre las embarcaciones y que estaban avaladas por él. Los
cargos se retiraron quedando libre sin llegar a celebrar el juicio. Su abogado
manifestó la posibilidad de contraatacar, tras las afirmaciones y consejos se dispusieron a recuperar parte de la
empresa.
A los tres meses de iniciarse todo el
proceso los abuelos regresaron a Costa Rica acompañados por su hijo. Antes de
su partida mantuvieron una charla larga y profunda sobre la situación de la
empresa en tierras ticas. Deseaba que se asociara con él y con la madre de
Maureen en el negocio. Ella quedaría algo mas liberada al encargarse solo de
los negocios en tierra y él con su experiencia podría llevar la labor del mar. Hablaron
de las posibles necesidades para su estructuración y comenzaron a pensar a
largo plazo sobre las inversiones de mayor cuantía que serían necesarias.
Pronto el entendimiento entre la madre de
Roberto y el nuevo socio fue total. Se pusieron a trabajar codo a codo.
Lograron aumentar la importancia e influencia de la empresa en poco tiempo.
Pero la relación entre ambos fue un poco más allá, pues la sentimental fue
ganando terreno y aquella pareja no solo encontró apoyo empresarial. Su vida
sentimental se reconstruía de nuevo y la tropa pudo contar con un cabeza de
familia que les ayudara en su maduración. La nueva situación repercutió en
Roberto, un brillante estudiante que pudo centrarse en sus estudios y sus
calificaciones escolares subieron varios enteros. En las conversaciones de
Maureen con Julián no encontraba palabras. Él con su clásica forma de responder
y actuar le recordó que ya en más de una ocasión se lo había dicho.
“Tener
la amistad de una luchadora, de una mujer tan encantadora le bastaba y sobraba.
Con su amistad ya le había pagado con creces”
Una mañana encontrándose conectada con
Julián llego Roberto, mostrando a ese maestro toda su admiración y gratitud.
Se iniciaba un nuevo curso, ahora se daba
cuenta que ese verano había estado demasiado ocupado. No había podido aislarse
como le hubiera gustado y no solo, no se aisló, sino que su vida social fue
considerablemente la más alta que había tenido en sus casi sesenta y un años de
existencia.
Los pasos emprendidos por sus abogados
estaban dando su fruto. Aunque eso sí, ya lo habían advertido con anterioridad,
el padre de Andrea no conseguiría nada, como mucho se intentaba que gracias a
ciertos defectos de forma y de escritura se pudiera recuperar la parte de aquel
degenerado a nombre de Andrea. Pues para
evitar la pérdida de la empresa y que su hija pudiera pasarlo mal los abogados
le aconsejaron que transfiriera sus acciones a su hija. Ante los movimientos de
los representantes legales la pareja tuvo miedo y acordaron pasar las acciones
que le correspondían a él y en secreto a Andrea. De esa forma no lograría hacerse con nada
pues pertenecía a la madre e hija. Previamente contrajeron matrimonio tras
firmase el divorcio. Por mediación de un
empleado de la fábrica de conservas lograron averiguar las maniobras de la
pareja. Aquel empleado apreciaba al padre de Andrea, pues llevaba trabajando
con la familia desde hacía cuarenta años. El abuelo lo contrató en Costa Rica
cuando era un chiquillo. Abandonado por su padre se vio abocado a trabajar con
doce años. La ayuda de aquella familia permitió que su madre y seis hermanos
más pequeños salieran adelante. Cuando el padre de Andrea se trasladó a España,
le rogó que se marchara con él, precisaba a alguien de confianza en la parte terrestre
de la empresa para controlarla un poco. Por este empleado se enteró de los
acosos a jovencitas de su socio. Como era quien llevaba los asuntos económicos
y jurídicos, el socio de Julián también tenía toda su confianza en él. De una
rectitud y honradez poco común y debido a su discreción nunca llegó a sospechar
que tuviera ese odio contra su persona. Este empleado fue el que iba poniendo
al tanto todas las acciones de aquel degenerado.
Aquellos dos truhanes pensaban que tenían
controlada la situación. Pero desde el día de la boda la tensión en el
matrimonio aumento considerablemente. Los malos tratos se producían con una
frecuencia mucho mayor, pero aquella enferma mujer, con las carantoñas y
habilidad de su pareja, olvidaba las agresiones y reanudaban su convivencia.
Andrea no podía soportar aquella situación, era consciente que tarde o temprano
aquello tendría que estallar. Estaba inquieta y en esa primera evaluación del
segundo curso de bachillerato se reflejó en sus calificaciones. Mantuvo una
larga y serena conversación con Julián quien le apoyó desde el primer momento y
poco a poco logró que se centrara más en su vida y se desentendiera un poco de
la situación que se vivía en casa. Recibió el apoyo diario de su padre por
medio de Internet, así como de sus abuelos, de Maureen y Roberto, estos tampoco
dejaban un solo día de conectar con su hermana. Cuantas veces reían y se
congratulaban de la relación de sus padres, ahora eran más hermanas que
antes.
Era consciente que como mucho tendría que
aguantar aquella situación un año, ya que en diciembre del siguiente sería
mayor de edad y podría marcharse con su padre a vivir. La carrera de medicina
la iniciaría en su país junto a su “hermana” Maureen. Anteriormente habían
dialogado sobre sus proyectos cuando sellaran el Juramento Hipocrático. Roberto
les ayudaría pues comenzó ese curso medicina. La idea de irse a médicos sin
fronteras lo tenían en mente antes de iniciar la facultad. Cuantas veces habían
tratado el tema en las estancias de Julián en Costa Rica. Él siempre les
comentaba lo mismo.
“No os digo
que me parezca bien o mal. Siempre he dicho y diré que lo más importante
en esta vida es luchar por lo que uno
ama, por sus convicciones, por sus metas, por sus sueños. Porque”.
Solía proseguir
“Los sueños son sueños y cuando uno
despierta tiene que haberlo hecho realidad para sustituirlo inmediatamente por
otro. Ellos son los que tiran del carro del corazón, del alma, del sentimiento,
del amor hacia algo y eso te motiva para luchar, para ser consciente que solo
con la lucha se llega. Al fin y al cabo la vida es eso un reto, un reto
personal, un reto que nadie te debe decir cuál debe ser. Es el que tú te
marques, el que tú desees, sin cortapisas, sin trabas, sin…”
Cada vez que se reunían aquel hombre estaba
en sus mentes. Era increíble haber tenido la suerte de cruzarse con él en la
vida. Recordaban en esas largas conversaciones por medio de Skype a la cantidad
de personas a las que había atendido directa o indirectamente. Siempre le
reprochaba, y no solo ellos, en general le reprochaban su falta de vida social.
Eran conscientes de lo mucho que le desagradaba. La soledad que importancia
tenía en su vida. Pero en muchas ocasiones pensaban que era para refugiarse en
su dolor, de esas tragedias que sufrió de joven. Especialmente Andrea, que le
había sonsacado más cosas sobre aquella joven extranjera. Consciente que
deseaba conectar con ella. En más de una ocasión le confesó que aunque pensara
que estaba loco.
“Yo también lo
pienso a veces” en mi recogimiento, en mi soledad, en mi abstracción del mundo
consigo contactar con ella y por medio de esas ondas, que dejó o tal vez siga
lanzando para que yo las recoja. Hablamos en ese estado casi de catarsis que
logro cuando consigo aislarme por completo”.
Le confirmó sus sospechas que la culpable de
esos encuentros estaba en la magia de Puerto Viejo pues anterior a su visita no
le había ocurrido nunca esos encuentros en esa quinta o sexta dimensión. Esa
era la principal razón por la que se instalaría tarde o temprano en aquellas
tierras. Allí había logrado, olerle, sentirle, acariciarle y hasta sentir ese
premio Noble que le daba en cada beso. Como se le escapaban las lágrimas a
Andrea al recordar esas conversaciones donde aquel hombre dejaba corretear
desde los lagrimales hasta el suelo una tras otra gota del líquido salado. O al
venirle a la memoria como vivió con
intensidad esos meses junto a ella. También como no las numerosas frases
que solía decir a ese único y primer amor. Entre las que más le gustaba a
Andrea destacaba una.
“En mis dos
primeras décadas debí ser muy bueno pues el Señor me permitió entrar en el
paraíso sin abandonar este mundo al permitirme cruzarme contigo”
Aquella frase le ponía los pelos de punta,
por su contenido, por los sentimientos que expresaba al decirla. Por las ondas
que aquel personaje le transmitía al estar junto a él, no recordaba unas
sensaciones más placenteras en su corta vida que aquellas que le transmitía su
maestro.
¿Cómo puede decir que una joven no se puede
enamorar de una persona mayor? ¿Si en realidad de lo que uno se enamora es de
la química que su pareja transmite y que reacciona con la del otro,
produciéndose un sentimiento indescriptible?
De nuevo otra frase típica de él.
“El
instante de conectar dos seres es insustituible e indescriptible y el placer de
ese momento no es superado por ningún otro”
Cuanta verdad habían en el contenido de esas
frases. Esta última se la recordaba a Julián para demostrarle que la edad, el
físico, la cultura, y demás memez no influían en una relación amorosa. Lo
importante era esa conexión esa reacción química que se producía. O cuando le
confesaba que aguardaría aunque fuera en otra vida su amor para él.
“Estás loca
chiquilla en la otra vida me encontraré con ella y nada ni nadie nos separará”
Si estaba loca, loca por él y entonces le
recordó una canción que él le había hecho escuchar, pues era una de sus
favoritas. Pertenecía a Pablo Milanés y la parte que le impactó fue la que
rezaba en los siguientes términos
“La
prefiero compartida antes que vaciar mi vida”
Cuantas charlas, conversaciones, discusiones
compartía con su maestro, con su gran amor. Lo que más le impresionaba era esa
alegría que transmitía a todas horas. Ya podían haber sufrido el atentado de la
banda, que su humor, su saber estar, su alegría no desaparecía de su rostro en
ningún momento. Pero lo que les maravillaba era esa capacidad de perdón. Era
capaz de ayudar hasta el mismo diablo aunque le estuviese pinchando con el
tridente.
domingo, 8 de junio de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTE - ANDREA - CAPÍTULO XIX -NUEVO INCIDENTE DE LA MADRE DE ANDREA
CAPITULO XIX NUEVO INCIDENTE DE LA MADRE DE ANDREA
Julián concentró sus esfuerzos en su alumnado de segundo de bachiller.
Les quedaba un mes escaso. Ciertamente disponía de tiempo libre, pero tampoco
eso le ayudó a decidirse cual iba a ser su modo de vivir a partir de la nueva
situación. Sus principios permanecían intactos, pero no se encontraba a gusto,
ni laboral, social prácticamente no tenía, política, pensaba que solo servía
para dividir a la gente. Antes de su primer viaje a Costa Rica tenía muy claro
su modo de vida, pero a raíz de ese primer viaje le inquietaba profundamente
muchas cosas. Era cierto que no estaba de acuerdo con la sociedad que se había
creado en los últimos tiempos. Muy pasiva, muy conformista pero sobre todo muy
acomodada. A los jóvenes siempre les comentaba lo que le suponía a él un
fracaso. Hablando con ellos le aseguró que en sus años de docencia había pasado
por una juventud luchadora, a una crítica, para convertirse más adelante en una
de protesta, y en los últimos años la quejica dominaba. La sociedad, el mundo
laboral, los políticos, los medios de información, las perspectivas laborales
eran muy negras Instaurándose en un acomodó de la juventud consecuencia de un
proteccionismo atroz de los padres. Convirtiendo a esa generación a quejarse,
aportando muy pocas ideas, renunciando a la
lucha contra las injusticias. En pocas palabras se dejaban llevar. Papá
y mamá andaban detrás para solventar cualquier situación comprometida. Adoraba
a los jóvenes y era enormemente comprensivo con ellos. Le preocupaba ese cierto
conformismo y esa falta de lucha por reclamar simplemente el derecho al
trabajo, a una vivienda digna pero sobre todo posible. La vida se había montado
de tal forma que el noventa por ciento de la población vivía por y para el
trabajo. Se habían endeudado hasta tal punto que precisaba trabajar para poder
mantener su casa. Cuantas noches se quedaba últimamente analizando la
situación. Tal vez el mundo quería ese modo de vida y solo era él y cuatro
chalados los que no estaban conformes con ello. En una sociedad de información
casi infinita uno se encontraba más desinformado que nunca. Tal vez era
precisamente esa la intención del poder que controlaba el mundo en el que
vivía. El económico. Donde todos podrían acomodarse a la noticia que se daba
dependiendo de sus intereses y tendencias. ¿Dónde estaba la libertad? ¿Dónde
estaba la democracia? No entendía o tal vez el equivocado era él. En sus
meditaciones nocturnas llegó a recordar que siempre le había hecho gracia dar
clases en Infantil. Era verdaderamente donde un buen maestro podía extraer lo
mejor de esas esponjas. También se le vino a la cabeza que precisamente a esas
edades era donde muchas tendencias aprovechaban para llevarse a la gente a su
modo de vivir, de sentir, de lograr unos intereses muy concretos.
Estaba leyendo viejas anotaciones que conservaba y se detuvo en una en
concreto. Era referente a su profesor en el instituto nacional de educación
física de Madrid. Pero además era el director y fundador del instituto y su
alma espiritual. No hacía ni diez minutos que había leído sobre la edad de oro
del deporte español y ni corto ni perezoso se puso a escribir un artículo sobre
aquel maestro. Artífice en un alto porcentaje del éxito que se estaba teniendo
en el campo deportivo español. Conectó su ordenador y de inmediato se puso a
escribir para enviarlo a continuación a la redacción del periódico donde
colaboraba semanalmente. Deseaba realizar un homenaje a su maestro y el texto
que envió rezaba en los siguientes términos.
UN FILÓSOFO
DEL DEPORTE
Se habla, se
escribe, se escucha mucho sobre “la era de oro del deporte español”. Es cierto
que estamos en un momento deportivo que de confirmarse en la olimpiada sellaría
con certificado de garantía dicha afirmación.
Pero en todos
esos comentarios escuchados, o leídos, al menos yo, no he encontrado una
referencia hacia un personaje que sin la menor duda tiene gran parte de la
culpa en el avance en la educación física y por tanto en el deporte
español. Dado un paso de siglos. Y no exagero con esta última afirmación. Me
refiero al padre del deporte moderno español. Don José María Cajigal. Fallecido
en diciembre del 83 en el accidente aéreo de Barajas.
Por los años
60-70 se gestó lo que sería el INEF de Madrid. La futura facultad de las
ciencias del deporte y la educación física. Desde esa genial idea se fueron
construyendo nuevas facultades, con aprendices de ese increíble Maestro (con
mayúsculas). Gente joven con una formación que andaba unas tres décadas por
delante de su época, no solo de España incluso de Europa. Jóvenes generaciones
que fueron saliendo de las distintas facultades del deporte y la educación
física impregnados por la filosofía de este gran FILÓSOFO DEL DEPORTE.
Luego no voy a
dudarlo el acierto de las autoridades deportivas en armonía con las empresas.
Ojala algún ministro de educación tuviera una idea similar para por una vez y
por todas se pudiera avanzar en el campo de la Educación en este país. Al crear
el plan ADO.
Pero no sería
de recibo no reconocer la labor de ese pensador.
GRACIAS JOSÉ MARIA
CAGIGAL
DONOSTI 20 ABRIL 2008
Se
alegró de haberlo escrito. Desde que finalizó sus estudios, cerca de los
cuarenta años, no le había dedicado un artículo a una persona que apreciaba
profundamente. Aunque era reconocido mundialmente en España no se le dio el
verdadero valor y la influencia tan enorme que tuvo para el desarrollo de la
actividad física y deportiva en el país.
Continuó
leyendo aquellas anotaciones y disfrutó de la velada recordando anécdotas,
situaciones vividas, personajes, ciudades y en fin todos los recuerdos que
aquellas hojas de papel mostraban al lector. Iba a guardar la libreta cuando la
puerta de casa requiriendo ser atendida le sorprendió. Dejó la libreta sobre la
mesa del despacho y fue a atender la puerta. La cara, desfigurada,
ensangrentada, y las ropas medio destrozadas le impidieron reconocer a la
persona. Pero luego cayó en la cuenta que se trataba de la madre de Andrea. Le
cogió en brazos pues se desplomó e inmediatamente, con ella entró en el garaje
la acomodó lo mejor posible en el coche y puso a toda velocidad camino de
urgencias en un hospital cercano. Los servicios del hospital sacaron
rápidamente una camilla y una vez acoplada la accidentada entraron en la
consulta de guardia. Julián trató de entrar con ella para preguntar por Andrea,
pero al confirmar que no era un familiar se lo impidieron. No se lo pensó dos
veces. Salió a por su coche y a toda velocidad se encaminó a casa de la joven.
Al escuchar quejidos, chillidos y lloros, eran de Andrea, al tiempo que avisaba
a la Ertzaintza, entraba en la casa forzando la puerta de la cocina. Subió al
primer piso donde tenía su habitación y de una patada la tiró abajo. Aquel
salvaje permanecía desnudo sobre aquella criatura, propinándole una paliza y
tratando de quitarle la ropa. Se giró al percibir el ruido pero no le dio tiempo. En su rostro impactó
un golpe con ambas manos entrelazadas. Al ver a su maestro se lanzó a sus
brazos para buscar desesperadamente protección en aquel amigo. Circunstancia
que aprovechó el compañero sentimental de su madre que se recobró del golpe.
Tomó una silla para impactar contra la espalda del intruso. Pero Julián
reaccionó ante la expresión de la
chiquilla que le vio venir de cara y puso en tensión toda su musculatura,
amortiguando en parte el golpe. Cuando intentaba de nuevo abalanzarse sobre él
dos representantes de la ley lo retenían y otros se hacían cargo de Julián. Una
mujer fue quien se ocupó de atender a la joven. Tomaron declaración a los
presentes y tras las primeras pesquisas un coche patrulla se llevó a Julián y a
Andrea al hospital para reunirse con la madre de la adolescente, mientras que
otro se desplazaba con el otro personaje de la escena hacía la comisaría.
Permitieron a Andrea, en compañía de una mujer de la Ertzaintza entrar a ver a
la paciente, que limpia, desinfectada y aplicándole bolsas de hielo, se
recuperaba. Al ver a su hija comenzó a llorar para no parar de preguntar.
- ¿Te ha hecho
algo, cariño? ¿Te ha hecho algo ese
salvaje?
Lloraba
abrazada a su madre, mientras le reconfortaba en sus brazos. Julián y luego las
fuerzas del orden llegaron a tiempo evitando que aquel degenerado abusara de
ella. Al enterarse que esperaba fuera, rogó poder verle. No le pusieron pegas
pero primero la Ertzaintza deseaba interrogarle antes del encuentro con aquel
conocido.
La
conversación entre la madre, Andrea y Julián fue breve, solo cruzaron dos
palabras pero con los gestos y el lenguaje corporal se dijeron todo.
La
adolescente se quedó junto a su madre y Julián se trasladó a la comisaría con
la autoridad que le acompañaba y tras la declaración pudo regresar a casa y
descansar.
Cuando se
enteró que a la semana del incidente la madre de Andrea había retirado la
denuncia contra su pareja sentimental se quedó perplejo. No entendía nada. Es
posible que alguien muy dependiente pudiera disculpar una acción contra su
persona, por estar bebido, pero ya era la tercera vez que le agredía y por si
fuera poco lo intentaba con su hija. Una menor. Intentó convencer a la mujer
que se equivocaba pues así se lo había pedido Andrea. No solo no consiguió su
propósito, reaccionando de una manera paranoica le mandó abandonar su casa y
posteriormente recibió amenazas de la pareja sentimental. Las bravuras de aquel
degenerado le preocupaban muy poco, pero si temía por Andrea.
En la primera
oportunidad mantuvo una seria conversación con el padre de Andrea. De la charla
con aquel maestro salió enfurecido y fue directo a pedir cuentas a la pareja.
Su socio reaccionó mal iniciando una pelea que termino con ambos en la
comisaría. Las oportunas declaraciones concluyó en una simple disputa. Pero el
padre de Andrea comenzó a moverse para lograr la custodia de su hija.
Las maniobras
de su ex marido le enfureció de tal forma que comenzó a trazar un plan
maquiavélico.
Era una
desequilibrada, tan pronto se arrepentía de una cosa como se lanzaba como una
loca contra quien fuera y por lo que fuera.
A pesar que
Julián le invitó a estar con él cuando quisiera o cuando lo necesitara, solo se
vio y conversó en el centro educativo, antes de iniciar las clases pues luego
se desplazaba a Victoria. Escuchó las conversaciones de su madre con aquel
degenerado y tenía ciertas sospechas de sus intenciones. Habían logrado, solo
Dios sabe como lo consiguió, información sobre la problemática que tuvo Julián
en su juventud con aquella nadadora. Y era consciente que su madre le seguía al
lograr una orden judicial para controlar el móvil de la adolescente y el
teléfono de casa. Consciente de ello cuando deseaba contactar con Julián le
pedía el móvil a una compañera, para
evitar que su madre pudiera alegar esas llamadas. Ambos enfermos tramaban
involucrar a Julián con un abuso de menor. Mientras que por el otro lado
intentaban dejar a su ex en la ruina.
Cuando una
mañana Andrea le relató a Julián las sospechas sobre su madre y aquel demente,
no podía dar crédito a que existiera en el mundo gente tan retorcida. Pero
tratando de tranquilizar a la adolescente restaba importancia y le rogaba que
se pusiera siempre y cuando quisiera en contacto con él, nadie en este mundo le
iba a amedrentar o impedir comportarse tal y como era. Un luchador nato. Y para
convencerle le recordó que si la banda terrorista no había conseguido atemorizarlo
mucho menos esos dos pendejos, aunque uno de ellos fuera su madre. Pero Andrea
añadió
- Ella la primera.
La
adolescente conseguía tranquilizarse un poco, la serenidad, el talante, la
calidad humana de aquel personaje le hacía sentirse segura, protegida, pero
sobre todo enamorada. Dijera lo que dijera aquel personaje, aunque fuera la más
absurda tontería, para ella era la Biblia. Muchas veces, siguiendo los consejos
de su maestro, también solía meditar lo sucedido durante el día. Así como las
inquietudes que rondaban por su cabeza. No comprendía muy bien como una
jovencita se podía enamorar de una persona mayor. Pero aquel hombre era algo
increíble ni siquiera su abuelo que lo adoraba superaba esa atracción. Julián
siempre había estado en su papel de profesor, bueno de maestro como le gustaba
que lo llamaran. Jamás detectó una mirada, gesto o pensamiento extraño y eso
que era una gran lectora del lenguaje corporal. Era directo, sincero y aunque
en ocasiones para no causar daño adornaba sus palabras. Lo cierto era que lo
que tenía que decir no lo callaba. Siempre con sus alumnos les aconsejaba ser
así. Con seguridad que en la sociedad que les tocaba vivir tendrían más de un
problema, pero nadie les podría acusar de falta de sinceridad. Era de los que
respetaba todas las opiniones, aunque las rebatiera, siempre al final dejaba
claro que seguramente él tampoco tendría razón, pero era su verdad, en la que
creía y si estaba seguro luchaba con la palabra y el raciocinio hasta el final
para defenderlo.
Pero a pesar
de los pesares, aunque a él no le importara nada, a ella si le preocupaba que
alguien pudiera hacer daño a una persona como él. Cuidando al máximo las
llamadas y los encuentros con su maestro.
Los alumnos
de segundo de bachiller le pedían con insistencia que les acompañara al viaje
de fin del bachillerato, pero no era partidario de esos viajes, pues eran
organizados por los alumnos y su destino Ibiza no inspiraba nada bueno. Si
todos los que realizaban el viaje hubieran sido mayores de edad no le habría
importado pero había un buen numero que no tenían la edad y en grupos era
altamente problemáticos ese tipo de viaje. Sintiéndolo les confirmó su no
asistencia y les dijo claramente y sin tapujos los motivos. Gran parte del
grupo entendió a su profesor sabían a lo que iban y la responsabilidad con los
menores de edad era grande. También los argumentos dados por su profesor les
convencieron.
Había sido un
curso demasiado relajado. La banda seguía cada vez mas acorralada y no se había
producido ningún atentado más. Por si fuera poco ese mes de junio anunciaban su
cese del cobro del impuesto revolucionario a empresas y a particulares que
habían estado ejerciendo hasta la fecha. La preocupación por Andrea persistía,
por el contrario las amenazas de la pareja solo se acordaba por la inquietud de
la joven.
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