domingo, 25 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVIII-LA REDUCCIÓN DE JORNADA

CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO

 

                            LA REDUCCIÓN DE JORNADA

 

 

   En el convenio que mandaba por esa época se podían acoger a una reducción horaria. Cerca de cuarenta años en la enseñanza le iban a permitir recortar su jornada. En la facultad se podía jubilar. Pues en la pública les concedían la jubilación a los sesenta, edad que hacía unos días había cumplido. Antes de irse de vacaciones comentó que tal vez siguiera en su puesto pero tras el viaje, en su primera semana en Donostia confirmó que se jubilaría después de los exámenes de septiembre. Lo había meditado profundamente y deseaba cambiar sus hábitos de vida. El rector le convenció para seguir con ellos en el gabinete de investigación. No tenía horario, ni límite de horas, ni días determinados, era completamente libre e incluso si deseaba trabajar a través de Internet. Lo único que tenía fijo era su retribución. Pero el rector sabía muy bien que aquel hombre se personaría todos los días que pudiera en la facultad, convencido que ayudaría a los diferentes equipos en sus investigaciones. Cuando se despidieron tras los acuerdos Julián sonriendo comentó:

 

     Eres un viejo zorro como me conoces.

 

   Se dejó llevar por el rector. En el fondo deseaba seguir en la facultad. Luego sus cuatro horas semanales con el alumnado de segundo de bachiller le mataba un poco el gusanillo de la conexión con el alumnado.

   Cuando Andrea se enteró que ese curso no lo tendría como profesor se llevó una gran desilusión, pero le prometió que le tendría las veinticuatro horas al día si precisaba ayuda.

   Los exámenes de Septiembre finalizaron y el nuevo horario le iba a permitir concentrarse en sí mismo y tomar la decisión más adecuada. Estaba satisfecho con el cambio laboral y por si fuera poco la tregua de E.T.A. iba consolidándose. El gobierno central había dado pasos para que el fin de la banda estuviese próximo. Aunque a él casi nunca le había inquietado, era consciente que su madre respiraría un poco, al igual que un buen grupo de alumnos y compañeros.

   En su conversación con el director pedagógico y el jefe de estudios logró que las cuatro horas se dieran a primera hora así pues de lunes a jueves a las ocho de la mañana comenzaba su clase y a las ocho cincuenta quedaba libre para poder dedicar ese tiempo a otros retos por decidir. En su privado horario se marcó asistir todos los días, excepto los viernes, a la facultad. Alquiló un pequeño adosado cercano a la universidad, donde algunas noches pernoctaba. Pero la adquirió para gozar de su soledad e independencia. Aunque el verdadero motivo fue pensando en su siesta diaria. 

    Maureen se trasladó a la cabaña para cumplir con lo pactado. Sábados y domingos solía dejarse caer por el negocio y compartía con su socio la atención del público. Se compró un carro para trasladándose todos los días de lunes a viernes a Limón. Comenzó en la escuela pública el bachillerato y los primeros resultados le colocaban en los primeros puestos de la promoción, maravillándose el profesorado con aquella joven que se defendía en la vida sin el apoyo de una familia directa. Al notificar sus calificaciones por el Skype, Julián no se sorprendió, le animó a seguir, pero especialmente que disfrutara con lo que hacía. Lo más importante, más que las calificaciones, los honores, los premios, era que se sintiera satisfecha. Él le confesó el disgusto de Andrea al enterarse que ese curso no le tendría de profesor. Dentro la dinámica de aquella conversación Maureen se confesó. Alguien de un curso superior le había tocado la fibra floja y andaba algo colada con aquel muchacho. Solían salir juntos a estudiar y no desaprovechaban los pocos momentos de ocio libre que tenían.

 

   - Sabe don Julián, en gran medida se parece a usted. Tiene una filosofía de la vida muy parecida a la suya y es de los que se entrega a los demás. No es de una familia pudiente y tiene muchos hermanos. Pero no le impide trabajar para ayudar a su madre y estudiar. Descansa poco pero va sacando el curso. Su padre hace un año que los dejó plantados y es él quien está sacando a la familia adelante.

 

   Dentro de la conversación que mantuvo con Julián, le solicitó permiso para invitar a su familia y a él a pasar unos días en la cabaña. Tenían unas semanas de vacaciones que le coincidieron con las el trabajo. Por supuesto que no puso ninguna pega, es más le aseguró que decidía de la propiedad mientras él no estuviese allí.

   Julián no perdió el tiempo. Por medio de los abuelos de Andrea se informó del joven y tras las oportunas averiguaciones quedó con el abuelo para buscar la posibilidad de montar un negocio que permitiese a esa familia desenvolverse sin problemas. Estaba dispuesto a invertir ciertas cantidades en aquel país y esa sería una buena oportunidad al tiempo que ayudaba a alguien.

 

   El anciano no se quedó parado. Indagó investigó, se informó durante dos largos y agotadores meses y por fin dio la solución a Julián. Se vendían unos hangares en el puerto de Limón a un precio razonable y próximo al puerto unas naves también a buen precio. Su hijo podría orientar en sus periodos de estancia en Costa Rica y con unas embarcaciones pequeñas aportando un poco de capital para su restauración conseguir la materia prima para el montaje de una fábrica de conservas. Algo parecido a lo de su hijo, pero en menor escala. Al fin y a la postre fue como comenzó. Mandó por transferencia bancaria la cantidad necesaria y el viejo tuvo un nuevo aliciente. Julián era un apasionado del personal con iniciativa, pero especialmente con la gente que amaba su trabajo entregándose de lleno.

   Cuando Maureen se enteró le costó pronunciar palabras en las dos horas que mantuvieron la videoconferencia por el Skype. Julián  trataba de calmarle asegurando que lo único que estaba haciendo era asegurarse su jubilación pues su intención pasaba por trasladarse a Costa Rica y vivir en la cabaña hasta que Andrea lo desalojara. Entonces se buscaría algo por allí.

  A los seis meses la empresa comenzó a funcionar. La madre de Roberto, el compañero de Maureen, era una mujer con estudios, de una preparación aceptable. Realizó cursos de empresa al tiempo que se ponía al frente de la fábrica. El abuelo en armonía con Roberto pusieron en marcha el apartado del mar. El resto de sus hijos en periodos de vacaciones y especialmente los fines de semana colaboraban con su madre. Las embarcaciones adquiridas se movían por la costa del Caribe. Aportando la materia prima, productos del mar inicialmente. Pero aquella inquieta mujer comenzó a deslumbrar otras posibilidades. Se introdujeron en el interior para alquilar y posteriormente comprar plantaciones de frutas, verduras, café y cualquier otro producto que pudieran enlatar.

  En dos ocasiones más Julián inyectó capital para maquinaria o para capitalizar la empresa, permitiéndo pagar a los empleados en esos inicios. Consciente que la empresa crecía en beneficios y estos se debían invertir en su expansión o como fondo de emergencia. El padre de Andrea facilitó la exportación de ciertos productos a España y Julián se puso en contacto con conocidos del levante y de la capital para exportar los productos que aquella empresa comenzaba a producir. Maestro y anciano se asociaron proporcionando trabajo a diferentes familias con necesidades y aunque algunas  les decepcionaron, la mayoría respondieron.

   El primer reencuentro con Julián se dio en las vacaciones de semana santa. Maureen y Roberto le esperaban en el aeropuerto de Alajuela y nada más verlo la joven se lanzó a sus brazos. Permaneció varios minutos, apretando cada vez más a ese hombre mientras sus ojos se nublaban de unas lágrimas de gratitud, de cariño, de amor, de respeto por aquel personaje. Cuando consiguió calmar sus anhelos de agradecimiento le presentó a su compañero. Aunque iba a estrechar su mano Julián se adelantó y se fundió en un fuerte abrazo con aquel joven que no sabía cómo expresar todo lo que en esos momentos sentía. En carro se desplazaron a Limón y allí se reunió con su socia, la madre de Roberto, comiendo en familia. Por la tarde la anfitriona le acompañó junto a su hijo y la joven a visitar el negocio. Quedó gratamente impresionado por la marcha de la empresa. Preguntó por los fondos de seguridad, pues últimamente estaba engordando en demasía su cuenta en Costa Rica. Pero en realidad el fondo también avanzaba al mismo ritmo. Una de las condiciones que Julián puso a su socia era precisamente que durante la época de vacas gordas se dedicara una buena cantidad a ese fondo. Para cuando llegaran las flacas poder resistir sin problemas. La capitalización para una empresa de ese tipo era imprescindible. Era algo que había aprendido de su padre y no lo había olvidado. Pero cuando aquella mujer desnudó la empresa en su presencia pudo comprobar que había sido más meticulosa en ese aspecto que lo hubiera sido él. Los sueldos siempre se mantenían con lo acordado en los contratos y solo al final de cierre del año los beneficios se repartían con unos porcentajes también delimitados. Un tanto iba a mejora de la empresa, otra al fondo de imprevistos y el último a gratificaciones a los empleados. Julián, también era un consejo de su padre, advirtió que cuando la cantidad de fondo de previsión alcanzara una cierta cuota, el equivalente a un porcentaje del valor total del negocio se invirtiera en su extensión o en reposición de maquinaria. Una empresa de ese tipo sin cargas de intereses creció de una forma espectacular y pronto se fue haciendo con casi todas las exportaciones que partían de Limón y eso era como decir del país.

   Llegar a la cabaña le supuso un gran alivio no había dejado su equipaje cuando ya estaba tumbado en esa hamaca del pórtico superior. Maureen sonrió al verlo y lo comentó con Roberto. Fueron escasamente quince minutos los que permaneció contemplando la selva, el Caribe, aquella propiedad. Por fin decidió levantarse, ir a la habitación, ordenar el equipaje e introducirse en la ducha. Salió cuando todos le esperaban en la mesa para cenar. Mostró su agradecimiento así como les confesó que ese años había sido muy gratificante, posiblemente uno de los mejores de su vida. Ver a su madre liberada de las amenazas de la banda le había hecho rejuvenecer. Saber que sus dos hijas adoptivas marchaban tan bien en los estudios era algo que le llenaba. Luego el trabajo había disminuido considerablemente y se había dedicado a escribir e investigar principalmente. Le había tocado ir más de una vez a dar conferencias por las diferentes facultades de educación física cosa que no le agradaba en demasía. Y les confesó que tenía otras tres fuera de España a su regreso. Andrea le preocupaba, le gustaría verle con algún chico, como Maureen, se le notaba radiante e increíblemente bella.

   Maureen con su respuesta volvió a preocupar al maestro.

 

   - Don Julián ella espera a sus dieciocho para amarrarlo.

 

   Temía esas palabras, sabía que Maureen siempre le recordaba que su amiga lo único que deseaba era unir su vida con aquel viejo. No le cabía en la cabeza como una joven podía enamorarse de una persona que perfectamente podía ser su abuelo.

   Cenaron en armonía y pronto Julián captó la bondad y la generosidad del joven que compartía su vida con aquella mujercita. Estaba finalizando la cena cuando se presentó el matrimonio para saludar al profesor y tomar café. Se alegraron del encuentro y en los sofás del salón los dos hombres conversaron sobre la empresa y sus auxiliares. Cuando en el transcurso de la conversación Julián le comentó que deseaba que le acompañara a Limón para hacerle participes de un paquete de acciones de la empresa se negó. Era un favor a un amigo y eso no se pagaba con dinero. Con su amistad y cercanía estaba más que pagado. Se mordió los labios se notaban los años, las lagrimas acudían con demasiada facilidad a sus lagrimales.

   Al marchar el matrimonio, Roberto y Maureen le invitaron a pasear por la cala, sabía del gusto de Julián y aunque en un principio les confesó que ellos andarían más tranquilos y libres al ir solos, Maureen sin dejar que finalizara la frase le comentó que él era parte de ambos. Y que desde luego no se cortaría si deseaban achucharse un poco. Sonriendo abandonaron la cabaña  salvando la última barrera de la selva para encontrarse con la inmensidad del Caribe. La noche se había apoderado de los colores, de los objetos, de las plantas, de los animales, del mar, de las olas, de la arena, pero había dado paso a la armonía de la noche, a sus silencios, a sus sonidos, a sus silbidos, a sus misterios, pero sobre todo a la magia que cubría aquel rincón del Caribe.

   Las vacaciones llegaban a su fin, a decir verdad el trabajo que le ocupaba era en realidad un entretenimiento. En la facultad las investigaciones que llevaban iban por buen camino. Señal inequívoca eran las invitaciones que recibía el rectorado cada vez que publicaban en la revista europea de educación física un trabajo de la universidad de Victoria. Julián solía eludir la mayoría de ellas y solo se presentaba en alguna siempre que no interrumpiera su trabajo con su alumnado de bachillerato. Pero ese próximo fin de semana tenía una invitación en Suecia con la primera ponencia el viernes y la segunda el sábado en la tarde. El decano tenía ya los billetes y el local hotelero donde le habían reservado habitación. Por tanto todas las horas libres de esa semana las dedicó a preparar su intervención en esas conferencias. Era un personaje que no le gustaban las clases magistrales, siempre decía que iba a aprender y precisaba de una participación activa de los asistentes. Por ello tras solicitar el teléfono de la universidad sueca se puso en contacto con el organizador. La conversación fue fluida y aquella señorita que le atendió se entusiasmaba conforme aquel ponente le explicaba el método y las técnicas que emplearía. Los asistentes rondaban las dos centenas. No estuvo parado, solicitó la realización de veinte equipos de diez personas. Cada mesa debía tener como material de trabajo un ordenador un proyector conectado al ordenador y una pantalla, todos ellos comunicados con el del ponente. Le aseguraron que todo lo tendría dispuesto como lo había solicitado. Fue una semana tranquila. Las clases con sus alumnos de bachiller estaban llegando a fin de curso pues a mediados de Mayo finalizaban las clases regladas, andando por las dos últimas de Abril. Por la facultad pasó todos los días pero el tiempo que dedicó fue exclusivamente para tener atada la ponencia. Contactó con un compañero para que tanto el viernes como el sábado estuviese conectado por medio de videoconferencia. Desde Victoria atendería cualquier solicitud de los equipos de trabajo del auditorio de Estocolmo. Había mucha información en los ordenadores del la facultad que se podían transmitir dependiendo del camino que fuera tomando cada equipo. Iba a ser su primera experiencia con una conexión con la facultad y pasó un buen número de horas con su compañero para explicarle cual era su idea y sus pretensiones con esa ponencia en el extranjero.

   La presencia en el aeropuerto de la organizadora permitió a Julián no andar buscando taxi. Se saludaron y en el transcurso del desplazamiento hasta el hotel le mostró su sorpresa ante el planteamiento que había propuesto. Le parecía una idea increíble y ya lo había comentado con sus superiores y compañeros. Creo que amen de los veinte equipos tendrá algunos mirones. Desean ver in situ esa nueva experiencia. Comieron juntos en el mismo recinto de la universidad, concluido el almuerzo. Faltaban más de cinco horas para la primera sesión y solicitó ir al local donde se celebraba la ponencia. Un gran salón de actos con todos los detalles solicitados se repartían en el espacio. Era un gran auditorio al que habían retirado las butacas y sustituidas el diseño del ponente. En el escenario una mesa con ordenador y una gran pantalla. Conectó todos los aparatos y comenzó a probar. Todo funcionaba a las mil maravillas. Por videoconferencia contactó con su compañero, tenía hasta el último detalle que le había solicitado su maestro. Aquella anfitriona le ayudó a la comprobación y puso a su disposición cuatro técnicos uno por cada cinco mesas para solventar cualquier imprevisto. Aquello iba a ser un éxito sin precedentes, todas las pruebas, todas las intervenciones se fueron comprobando y se asombró de la dinámica, la calidad, el contenido, y la cantidad de información que en esas cuatro horas que estaban programadas se podía distribuir. A los asistentes se les aconsejó que portaran discos duros si deseaban recopilar información para luego en casa y según los trabajos de los diferentes equipos poder ampliar y mejorar aquella experiencia.

   Llegó el momento. Las expectativas estaban en alto. Todo conectado, todos en sus sitios, todos con sus discos duros adheridos al ordenador de su mesa. 

   Inició presentando a su compañero en Victoria, se presentó él y luego haciendo uso de la cámara de cada ordenador rogó que se presentara el elegido por cada equipo para hacer de portavoz. Concluido el protocolo pasó a explicar la dinámica. Cada equipo trabajaba sobre un aspecto muy concreto del contenido de la conferencia y según su apartado podían vaciar información desde España. Conforme iban sacando conclusiones estas le llegaban a él quien las criticaba y solicitaba que el equipo realizara la contra crítica. Toda esa información regresaba a cada componente del equipo en sus discos duros. Fue una sesión increíble cuando la dirección dio por concluida la sesión no podían dar crédito a esas dos horas que habían transcurrido. Las aclaraciones, la información, la claridad de las ideas, pero especialmente la condensación de toda la información y elaboración de los equipos con sus respectivas conclusiones asombraron a todos los presentes. Los mirones, principalmente profesorado del centro, pues en un principio las dos sesiones iban dirigidas al alumnado, retuvieron a Julián más de dos horas tras finalizar la sesión para que les aclarase toda esa forma de impartir una ponencia. No tuvo inconveniente y con una claridad increíble les fue detallando los pasos y programas informáticos. Aclaraciones sobre cómo se encauzaba la investigación información según los diferentes equipos. Fue de nuevo la organizadora la que lo rescató  y juntos fueron a cenar a un restaurante céntrico. Le invitó a su casa a tomar una copa, pero alegando cansancio optó por  regresar a su hotel. Era consciente de las intenciones de aquella madura profesora del centro y no estaba por la labor.

   Al día siguiente, la ponencia tuvo que retrasarse una hora, los mirones triplicaban a los ponentes y tras conseguir un segundo salón de actos con pantalla gigante pudieron comenzar. Retransmitiendo por circuito interno toda la sesión.

  Quisieron cerrar varias ponencias por el país pero Julián les remitió a la universidad de Victoria. Era la que se encargaba de esos asuntos. Había llevado una semana muy dura con la preparación de esa ponencia y si había optado por la reducción de horario no era para llevar estrés. De vuelta a casa se prometió hablar con el rectorado y confirmar que no volvería a realizar ninguna ponencia más. El que deseara información en las memorias de las investigaciones o en las publicaciones lo podrían encontrar.

 

 

 










domingo, 18 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVII- ACUERDO ENTRE CABALLEROS

DÉCIMO SÉPTIMO: ACUERDO ENTRE CABALLEROS                                                  
        

 

 

   El padre de Andrea abandonó Costa Rica a los dos días de la llegada de Julián. El negocio no permitía demasiadas alegrías y debía estar al pie del cañón. Al día siguiente de su partida Julián se reunión con el abuelo de Andrea. La conversación se desarrollo en un entendimiento total. En un principio no tenían intención de deshacerse de la propiedad pues le había prometido a su nieta que sería su regalo de bodas. Era adoración lo que mantenía su nieta por aquella propiedad. Pero al escuchar las intenciones de Julián y proponerle éste que no realizarían el acuerdo sin el consentimiento de su nieta. La conversación prosiguió tratando de poner claras las cosas. Julián prometió que en los documentos de compra y registro pondría la condición que en el momento que Andrea contrajera matrimonio la propiedad pasaría a ella. Sería el regalo mutuo de su abuelo y de él. Por lo tanto no faltaría a la promesa hecha a su pequeña. Amén de poder utilizar la cabaña y sus alrededores sin el menor obstáculo. Él solo la utilizaría en periodos de vacaciones y con la hamaca del porche superior le sobraba. Cuando en el transcurso de la conversación relató el acuerdo al que había llegado con Maureen, su nieta adoptiva, con los ojos nublados se abrazó a aquel hombre, mostrando todo su agradecimiento. Él había intentado sin éxito auxiliar lo máximo posible a esa criatura y ese maestro en dos meses había logrado con sus técnicas, no regalaba nada, convencer aquella criatura. Sin duda la experiencia de aquel maestro captó a la perfección que solo aceptaría algo a cambio de ganárselo con su esfuerzo y trabajo. Cuando el abuelo llamó  a su nieta, deseaba la conformidad de su pequeña, para realizar la operación de venta en las condiciones acordadas. Andrea aseguró a su abuelo que si se casaba con alguien sería con ese hombre. Sonrieron ambos y con el pacto Julián deposito la cantidad estipulada por un experto en compra venta de propiedades y dejó, en manos tras firmar unos documentos, las gestiones de compra venta. Cualquier cambio mejora o mantenimiento de la propiedad lo consultaría con Andrea, pero aquella criatura iba a consentir cuanto le pidiera aquel hombre. Aquellos días de tranquilidad y sosiego en la cabaña le proporcionaron la serenidad que había anhelado desde su llegada. Las tres semanas de la selva no pudo conseguirlo a pesar de la completa libertad de la que gozaba, pero el asimilar las técnicas de supervivencia, el conocimiento de las plantas, la adquisición de habilidades para desenvolverse por aquellas situaciones completamente desconocidas para él no le dieron esa tregua de relax, de reflexión o de análisis. Estaba claro que la vida de Alan no la pensaba llevar. Pero también estaba seguro que la de Donostia tampoco. Con toda seguridad terminaría por instalarse en esas tierras. En donde la magia, el embrujo, la energía se palpaba en cada metro de selva, en cada rama  u hoja, en cada ser viviente de esa selva verde esmeralda  guardada en cada rincón, en cada riachuelo, en cada colina o montaña. En varias ocasiones se acercaron al chiringuito de Maureen a comer o a cenar y siempre era ella, con ayuda de su amiga Andrea quienes preparaban los alimentos a ingerir en esa comida o cena. También fueron una noche, como no, a Maxim en playa Manzanillo y el marisco llegó a salirles materialmente por las orejas.

   Era su penúltima noche en Costa Rica. Maureen se había tenido que trasladar a Limón pues iniciaba el curso. Y pasaría la noche en la capital del cantón en casa de una compañera pues debían resolver papeleos para conseguir becas de estudio y desplazamiento. Esa mañana muy temprano. Sobre las cinco los tres en el carro se pusieron rumbo a Limón. La lluvia hizo su aparición y no les dejó durante todo el trayecto de ida. Cuando regresaban, había parado unos minutos, volvió a reanudarse y al llegar a la cabaña el agua caía torrencialmente. Ambos estaban empapados al entrar en la cabaña y optaron por darse una ducha. Subieron a la primera planta y Andrea se introdujo en el servicio con bañera y él entró en el de ducha. Él prefería ese tipo de saneamiento pues no le gustaba la bañera. Amen que no era de los que se entretenía para la higiene personal. Iba a entrar en el saneamiento cuando escuchó a Andrea que requería su presencia con desespero. Se colocó su albornoz, al tiempo que ataba su cinta a la cintura. Entró con el correspondiente permiso y se encontró con Andrea cubriendo sus vergüenzas con las manos y arrinconada al fondo de la bañera mientras una gran tarántula se paseaba por el otro extremo. La observó, era de las que podían acarrear problemas por ello agarró el guante del horno y consiguió atraparla. Con mimo salió al pórtico y la lanzó sobre un árbol, entró a continuación y de nuevo la llamada más pausada y dulce de la adolescente, le solicitaba que comprobara que no había ningún bicho viviente por allí. Sonrió dio un vistazo y cuando pretendía marchar le retuvo. Al girarse comprobó que sus vergüenzas se mostraban en todo su esplendor. Pero la expresión de aquella criatura no le transmitía nada bueno. Prendió la toalla que se descolgaba desde la percha junto a la bañera y cubrió su cuerpo, sin darle mayor importancia, se giro para marcharse.

 

   - ¿No deseas estar con una mujer? 

 

   Julián con dulzura pero con la expresión seria le frenó contándole una anécdota.

   Era de Facundo Cabral. Una vez su abuela y abuelo escuchaban una emisora de radio donde un curandero radiofónico mostraba a su audiencia como podían curar un a un herido. Para ello les aconsejó poner la mano derecha sobre el transistor y la otra sobre la dolencia que tuvieran y se les curaría de inmediato. La abuela puso la mano en el transistor y la otra en su mal trecha rodilla. Al observar a su esposo comprobó como aquel desdichado tenía la mano en el transistor y la otra en la bragueta. Entonces ella con potente voz desanimó a su esposo diciendo.

 

   “El pibe ha dicho que va a tratar de reanimar al herido no a resucitar a los muertos”.

 

   - Pues bien Andrea soy como el abuelo de Facundo.

 

   Comenzó a sonreír ante la salida de su maestro pero cuando quiso reaccionar se había marchado y se duchaba con la puerta cerrada en el otro servicio.

   Como seguía lloviendo decidieron ponerse a preparar la comida. Los constantes cruces de miradas, de sonrisas, de intenciones de comentar el incidente, se sucedieron durante la preparación y la ingestión de aquellos alimentos. Al finalizar la comida y degustar sus correspondientes y tradicionales cafés se sentaron juntos en una de las hamacas del pórtico. El quedó a los pocos minutos completamente dormido y ella acurrucada en su regazo, como hija con su padre, deleitándose de su respiración, del latido de su corazón, de los ruidos de los jugos gástricos, de su respiración pausada y rítmica. Como adoraba a ese hombre. Comprendía y entendía perfectamente que incluso aunque deseara tener una relación con una mujer jamás lo haría con una menor. Deseaba cumplir los dieciocho para lanzarse en sus brazos y no separarse nunca más de él. Pero de pronto le llegaban las incertidumbres.

 

  ¿Y si no quiere?

 

Mil pensamientos, contradictorios o no circularon durante esa siesta por su pequeña cabecilla.  En mayo del próximo año cumplía los diecisiete.

 

   ¡Dios! Más de veinte meses.

 

  Pero si le aceptaba merecía esperar una eternidad. Luego le invadieron los miedos. Si E.T.A. se le ocurría matarlo formaría un grupo parecido a los G.A.L. para acabar con todos ellos. Andaban los miedos por su cabecita cuando se despertó. Contemplar esos ojos, esa sonrisa y ese rostro angelical le provocó otra de sus clásicas paridas para solventar situaciones que le pillaban descolocado.

 

   ¡El Señor me ha llevado al paraíso sin previo aviso, y en verdad que sus ángeles son hermosos!

 

   Esa picara sonrisa de adolescente se dibujó en su rostro. Se incorporaron y decidieron dar un paseo por la bahía. Luego se detendrían en el chiringuito de su amiga y cenarían con ella, pues les telefoneo comentado que había resuelto antes de lo previsto los tramites que le condujeron hasta Limón.

   La noche había robado las formas y los colores aquel rincón de la Naturaleza. Las tenues luces de las calles de Puerto Viejo permitían al transeúnte no tropezar con cualquier material natural o no que hubiera por el suelo. Llegaron al chiringuito justo en el momento que Maureen cerraba el establecimiento. Cambiaron de idea, al tener todo apagado para regresar a la cabaña. Antes Andrea tomó el celular y llamó a la casa para que el servicio les preparase la cena. Caminaban descalzos por la bahía cantando alguna canción caribeña, charlaban de sus cosas o simplemente el sonido les permitía captar la vida de aquel lugar. Esos  silencios en los que le permitían seguir con la práctica del lenguaje corporal le privaban. Los andares rítmicos, pausados y con una armonía fuera de lo común le dejaron un poco descolocado del momento y del lugar. Aquellas criaturas eran verdaderamente hermosas y por primera vez desde que las conoció no las miraba como a unas adolescentes, ni como esas hijas adoptivas o hijos adoptivos que veía en su alumnado. El movimiento de sus caderas al compás de las olas perdían la inocencia de unas niñas para observarlas como mujeres. De  pronto algo desde dentro le recriminó. No comprendía lo que le andaba pasando. Siempre había sido un hombre de una seguridad en sí mismo increíble. Con una moral y una ética propia de su educación. También era consciente que no creía en ese tipo de educación, coartaba excesivamente a las personas, aunque siempre obró según su conciencia y su escala de valores, sin importarle las posibles consecuencias. Siempre se decía que lo importante era levantarse a la mañana siguiente con la convicción de haber actuado según sus principios. Posiblemente no coincidiera con otros pero que para él era su Biblia. Por eso no le dio mayor importancia a compartir una casa con dos adolescentes. Necesitaba centrar sus ideas, sus principios, sus valores y volver al hombre que siempre había sido. Ahora tenía dudas, miedos, reparos. No era normal en él y debía solucionarlo lo antes posible. Lo de Andrea comenzaba a preocuparle, Jamás le dio pie a nada y aun iba a tener razón Maureen. Pero le parecía un disparate de tales dimensiones, tan fuera de lugar que una adolescente pudiera fijarse en un hombre de su edad, que le costaba asimilarlo. Aunque al pararse a pensar era consciente que nunca sabías por donde iba a salir un adolescente en temas de amor. De pronto las dos chiquillas se despojaron de sus ropas y entraron a la carrera en la mar. Recogió sus prendas, como haría una madre para sacudirlas y depositarlas sobre las hojas de una palmera en orden y bien extendidas. Le invitaban a entrar pero toda esa diarrea mental que portaba le aconsejaba ser prudente hasta que ordenara un poco su interior. A los veinte minutos salieron mojadas, se pusieron las prendas que pendían de la palmera. Se puso una a un lado y la otra al otro y abrazadas a su maestro regresaron a la cabaña. A Julián le bastó con limpiarse los pies con la manguera del pórtico inferior mientras ellas subieron a los servicios para darse una buena ducha y cambiarse de ropa antes de la cena.

   No conseguía conciliar el sueño. Lo intentó de todas las formas posibles y viendo que era imposible optó por coger su ipod y tumbarse en la hamaca del porche superior. Sus últimas veinticuatro horas en Costa Rica se iniciaban en escasas horas. En horizontal, en aquella cama flotante y sin conectarse los auriculares comenzó a darle vueltas a la cabeza tratando de ordenar un poco su vida. Cambiar su forma de ser era consciente que era poco más que imposible, pero cambiar su forma de vida si y precisamente eso era lo que deseaba. Dar con la fórmula perfecta para que de una vez su mente comenzara a razonar y actuar como era él.

  Ese increíble amanecer del Caribe le sorprendió mientras su mente trabajaba a ritmo frenético. No había dormido nada permaneciendo unos treinta minutos después de haberse levantado el sol, surgiendo entre las aguas del Caribe y mostrando una panorámica incomparable a ningún otro lugar. Fue directo a los servicios y se dio una buena ducha de agua fría. Esa última jornada, domingo, la iban a pasar en familia. Los abuelos de Andrea los invitaron a pasar el día en la finca por ello nada más desayunar y en el carro se acercaron a la casa principal de la finca. Tenían las cabalgaduras preparadas, por deseo expreso de Julián que deseaba cabalgar por la selva y recordar con cierta seguridad y arropado por sus conocidos las experiencias adquiridas en ese viaje. Fue una mañana entretenida. El abuelo había preparado un tente en pie pues por el trayecto que optaron realizar intuía que regresarían tarde. El grupo se quedó maravillado por la destreza en su desenvolvimiento en la selva. Lo habían visto antes y desde luego se notaba que era un personaje de ciudad, por el contrario tras esas semanas sus movimientos sus conocimientos y sus precauciones eran las de un experto. El abuelo de Andrea cuando comenzó su lección sobre las plantas medicinales, quedó gratamente sorprendido por la capacidad de aquel hombre para aprender y absorber en tan escaso tiempo tanta sabiduría nativa. Fue Maureen quien sacó al viejo de su sorpresa al comentar.

 

   - Julián siempre nos ha dicho que hay que vaciarse como un niño para el aprendizaje y adquisición de conocimientos.

 

  El abuelo comentó que esa frase estaba cargada no solo de verdad sino de sabiduría quien la pronuncio por primera vez. Y que no dudaba que pudiera ser de Julián pues poseía ambas cualidades, verdad y sabiduría. Inmediatamente desmintió que fuera suya y matizó también que siempre que la decía al igual que hacía con otras frases que no fueran suyas mencionaba el autor. Si desconocía su autor también lo mostraba y esa frase se la había oído a Facundo Cabral, aunque no estaba seguro que fuera de él. Pudo demostrar con creces lo provechosa que fueron esas tres semanas. Ahora algo suavizadas por la semana vivida en Puerto Viejo pero verdaderamente fueron muy duras. Se tomaron el tente en pie, junto al borde de una gran cascada, de aguas cristalinas aunque algo frías. Disfrutaron del baño, de la armonía de la selva y la belleza de aquella pequeña acumulación de agua, que les permitió reposar durante unos minutos y continuar hacía su objetivo final el Caribe. El abuelo se congratulaba del acuerdo al que había llegado con aquel español, percibía su honradez pero especialmente ese talante caballeresco tan desaparecido por esos tiempos. De un saber estar a pesar de haber captado el poco afecto que tenía a las relaciones humanas. Era un lobo solitario. Por fin decidieron poner por concluida la jornada matutina, habían descansado, conversado y aprendido cosas nuevas. No dejó la ocasión de adquirir más conocimientos sobre la selva. El abuelo era un doctor en esos asuntos y no dudo en tener bien abiertos sus sentidos para captar todo lo que aquel hombre le estuvo mostrando y enseñando.

   Cabalgando hacia el regreso le andaba rondando en la cabeza las dos cosas que más le impactaban de las dos culturas. Sabía que no era mejor una que otra sino diferentes. Pero en el aspecto de la familia, aun siendo solitario, prefería el concepto de España, aunque a decir verdad últimamente se estaba también transformando. Por el contrario admiraba el respeto y la veneración, que los pueblos centro americano y del sur, daban a las personas mayores. Hacia el anciano. Un hombre podía dejar a una mujer con seis o siete hijos y desentenderse por completo de ellos sin el menor arraigo familiar, pero la mayoría sería incapaz de dejar a un anciano o anciana abandonado. Cuanto se podía aprender de todas las culturas, cuantas cosas se podrían rechazar también. Pero lo que él mamaba y trataba de transmitir a su alumnado era actuar por ellos mismos. Nadie absolutamente nadie debía decidir por uno. Posiblemente os equivoquéis les decía pero habrá sido por vuestra decisión y eso os enseñará. De lo contrario jamás aprenderéis nada. Otra de las cosas que insistía mucho era lo referente a luchar hasta la extenuación por los sueños, por los objetivos, por las ilusiones que uno se fijará sin desistir. Siempre que hablaba de esos temas terminaba con la misma frase.

 

   “Te puedes caer mil veces o mas pero si te levantas tantas como te caes llegarás. Por el contrario si te caes una sola vez y no te levantas siempre estarás en el mismo sitio. En ningún lugar”.



 








domingo, 11 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVI- ¡PURA VIDA!

CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO

 


                                                ¡PURA VIDA!



   La avioneta tomaba pista con el comienzo del atardecer. El aeródromo de Puerto Jiménez recibía el último aterrizaje del día. A pie de pista un tico de la zona aguardaba con el coche de alquiler a Julián. Al haber oscurecido y no conocer la localidad le pidió que le acompañara hasta el hotel, pues solo difícilmente lo encontraría. Aceptó sin el menor pero conduciendo a su cliente hasta el recinto hostelero. La generosidad de Julián se plasmo con buena propina para ir a continuación a recepción. Pensaba pasar dos o tres días en las instalaciones hasta que pudiera planificar con algún guía su ruta por la Península de Osa. Cenó poco y sentado en la terraza de la cafetería se limitó a realizar varia respiraciones profundas para deleitarse con los sonidos de la selva que envolvían el ambiente. No había demasiada clientela y la tranquilidad reinaba en la estancia. Había contactado por teléfono con un guía de la zona que Andrea le facilitó por medio de su abuelo. Un hombre de toda su confianza y con una filosofía de la vida como sabía que le agradaba a ese profesor. Estaba cansado, no se había recuperado del todo del viaje con el centro educativo, y tuvo que realizar casi de inmediato su viaje a Costa Rica con unas once horas de vuelo. Pero llevaba más de veinte desde que salió de su casa en Donostia. Iba a abandonar el local para recogerse en la habitación cuando el ritmo de la música invadió el recinto. La actuación de un cantautor y un grupo iban a amenizar durante unas horas el ambiente de aquel lugar. Se quedó petrificado al ver al cantautor que iniciaba su trabajo. Era aquel tico que le inundó de su filosofía. Si con alguien no se hubiera imaginado encontrarse, sin lugar a dudas era ese personaje. Se acercó, se saludaron, quedando en verse a la conclusión de la actuación. Especialmente Julián estaba descolocado, no entendía nada, comprendía menos y sin embargo se alegró como si de alguien muy querido se tratase. La actuación dejaba mucho que desear. No solo la voz que desentonaba con cierta asiduidad, la guitarra que acompañaba las estrofas el artista rascaba sus cuerdas, porque tocar a eso no se le podía llamar tocar. Pero escuchó atentamente sus letras. En esos versos recitaba cantado lo que él conocía de aquel personaje. Sin duda trataba de transmitir a la gente lo que se guardaba para él o para cualquier loco como Julián que se cruzara en su camino. El contenido que portaban las letras le agradó de forma sobrecogedora. Aunque pensó que no era el lugar más apropiado para recitar cantando esos pensamientos. Si la intención era transmitir un mensaje difícilmente en un local como aquel lo iba a conseguir salvo que fueran expresamente a saborear su contenido. La gente hablaba en el local mientras comían o bebían. La música estaba de telón de fondo nadie o casi nadie prestaba atención al artista que se dejaba el alma en transmitir su mensaje. Concluida su actuación unos tímidos aplausos agradecieron su esfuerzo. Dejó la guitarra que le habían presentado y fue a sentarse junto a Julián que le esperaba con impaciencia para aclarar aquella situación fuera de lugar, al menos para la composición que se había hecho. Como no había cenado llamó al camarero para tomar nota de los deseos de aquel artista. Advirtiendo que se lo cargaran en su cuenta. Encontrándose con una nueva sorpresa,  el artista si se quedaba a cenar tenía toda la consumición que realizara completamente gratis. Pocas palabras se cruzaron mientras ingirió los alimentos.

  Tomado el café iniciaron la charla. Conocía lo suficiente al personaje manteniéndose a la expectativa con el fin de aclarar sus inquietudes, pero especialmente su situación.

 

   - Tuve una señal.

 

   Fueron sus primeras palabras, tras unos minutos de absoluto silencio. Mientras proseguía mudo y expectante. Sabía que el personaje realizaría lo mismo, tratando él por todos los medios captar, como le iban enseñando Maureen y Adriana, los mensajes a través del lenguaje corporal. Pasaron los minutos y era difícil adivinar que tramaba cada uno. Aquel extranjero había asimilado a la perfección su forma de actuar y eso que solo permanecieron unas horas allí en la selva. Lo observaba. Era muy complicado poder captar algo de ese personaje. No se había producido comunicación oral cuando tuvieron que salir a la terraza pues la cafetería la iban a cerrar. Bajo una luna reluciente y un océano de estrellas proseguían uno frente a otro estudiándose mutuamente. Abajo, a unos doscientos metros, el puerto y sus playas adyacentes. En la conversación que se mantuvo, donde cada palabra debía asimilarse para comprenderla, analizarla y traducir todos sus significados posibles, le relató que había tenido una revelación de los espíritus donde le pedían transmitir su filosofía, la de la selva, de los vegetales, de los animales que le transmitían a diario. Dar a conocer cuál era el verdadero camino de la felicidad, donde se podría encontrar y captar toda la magia que las pequeñas cosas, esas que carecían de importancia, en ellas, estaba la sabiduría del mundo, estaba la felicidad.

   En recepción le dieron una  nueva habitación. Alan, nombre del pintoresco personaje, acordó acompañarle en su aventura. Al entrar fue directo al balcón, se tumbó en la hamaca que pendía de una columna de madera y la pared para quedar profundamente dormido. La felicidad inundaba a Julián. Convencerlo para que viviera con él esas semanas iba a ser increíble. Descubrir la filosofía, la sabiduría y la magia que atesoraba la selva no se pagaba con nada. No llegó a dormir, muy temprano se puso en contacto con el guía proporcionado por su alumna, quedando en la cafetería del hotel para desayunar juntos.

   Le tendió la cantidad que habría percibido por realizar el servicio, pero aquella persona manifestaba que plata que no se ganaba no le pertenecía. Después de insistir asegurando que siempre que se comprometía con alguien, si él era quien rompía el trato, pagaba hasta el último céntimo. Posiblemente de no tener que quedar con él habría conseguido otro servicio, de ahí su insistencia para que aceptara la plata. Tras despedirse una vez conseguido que aceptara, se puso en contacto con la empresa de retacar y abonó las cantidades estipuladas al devolver el coche. Alan apareció en el comedor cuando había resuelto todo. Dejó el grueso de su equipaje en recepción para que lo enviaran a la dirección de los abuelos de Andrea.

   Unos pantalones largos, unos cortos, dos mudas de ropa interior, unas buenas botas y unas chanclas completaban su equipaje en una pequeña mochila. Sin pensarlo se lanzó a la aventura. Durante las dos primeras jornadas ni llegaron a comunicarse verbalmente. Dormían en las ramas de los árboles como si de simios se tratase, entre dos ramas y atadas con unas plantas similares a los juntos, atadas y cruzadas construyeron una plataforma a siete y hasta quince metros del suelo donde pernoctaban. Comían raíces y frutos, e incluso si había suerte pescado crudo. La primera semana se le hizo muy dura, la incomodidad para dormir, la comida, los insectos, los ruidos de la selva. Pero poco a poco fue acostumbrando y adaptando su cuerpo, pero especialmente su mente a su nueva situación. Era un hombre completamente libre, sin ataduras, sin dar cuentas a nadie, tomando lo que necesitaba para vivir. Ayudando a la naturaleza a proseguir, limpiando las veras de los ríos, o curaban a los animales que encontraban heridos. Mantenían su higiene personal en aquellas pozas cálidas y reconfortadoras, o en aquellos torrenciales ríos de agua clara y fría. Disponía de las veinticuatro horas del día para meditar. Pero que difícil era pensar. En una paz indescriptible pero con una sensación de inseguridad enorme. Era consciente que un cambio tan radical no lo podía asumir en tan escaso periodo de tiempo. Pero fue aprendiendo los diferentes modos de defenderse dentro de la selva. A descubrir e identificar los frutos que podía ingerir, o las plantas que podían curar o desinfectar una herida, o calmar el dolor. Como construir la cama en el árbol y desmontarla a la mañana siguiente para dejar todo como se lo encontraba. Hacia el final de su experiencia se dio cuenta que la libertad tampoco se encontraba fuera. Había que buscarla en uno mismo. Pues había tantos miedos, tantas trabas en nuestro cerebro que te impedían aun queriendo a comportarte con plena libertad. Los últimos tres días rogó a Alan que lo condujera hasta alguna población y allí él con lo asimilado durante esos veinte días trató de sobrevivir completamente en solitario. La verdad es que no le resulto excesivamente difícil, pero no era menos cierto que se cuidó de adentrarse demasiado en la selva. Regresó a Puerto Jiménez. Tomó habitación en el mismo hotel, de su llegada, salió de compras y regresó para tirar todos los harapos que le quedaban de su viaje y darse una ducha tradicional. Al día siguiente volaba a Alajuela y de ahí a Limón.               

   Durante los vuelos comprobó que albergaba más dudas que cuando inicio el viaje. Había sido una experiencia increíble pero no cumplió con las expectativas que esperaba. Ahora en frío pensaba si no hubiera sido mejor realizar lo planificado desde España. Pero ahora no tenía importancia, no había posibilidad de rectificación. Recordaba los malos momentos que pasó, especialmente los primeros días cuando tuvo que recurrir a las plantas medicinales para rebajar el hinchazón provocado por los insectos, arácnidos, plantas, mil y un ser vivo más que hacía reaccionar a su organismo. Tuvo fiebre y las plantas aliviaron las altas temperaturas. Ahora volvía a recapitular que tuvo suerte al encontrarse con Alan de lo contrario de haberse metido él solo por la selva en esos momentos no lo podría contar. Se llenó del saber de aquel nativo. A sus alumnos siempre les decía que para adquirir conocimientos lo mejor era vaciarse como niños para absorber toda  la información. Desde luego él entró en la selva con esa mentalidad y en esos momentos se daba cuenta de lo ignorante que era el ser humano fuera de su círculo. Se replanteaba la forma de enseñanza, los métodos y las directrices que se daban en educación. Toda aquella bola de normas, de horarios, de sistematización de la enseñanza, de libros determinados.

 

   ¿No iba todo encaminado a un objetivo concreto? ¿A un objetivo que dependiendo de los intereses de unos y otros trataban de hacer una sociedad a sus intereses? ¿Por dónde andaba la educación integral?

 

   Esas dos maravillosas palabras que llenaban la boca a las direcciones escolares, a los directores, a los padres, a los profesores.

 

   ¿Pero había interés en llevar a cabo esa intención? ¿Cómo podíamos ser tan falsos?

 

   Una educación estructurada, con horarios y con obligación de determinados libros solo conducía a una determinada filosofía.

 

  ¿Pero de quien?

  Su llegada al aeródromo de Limón le sacó de sus conjeturas. Descendió del aparato y un empleado de raza negra le tenía preparado su vehículo de alquiler. Rellenó los formularios necesarios, firmó los documentos exigidos y en el carro se puso rumbo a Puerto Viejo. Una semana de relax, de comodidades casi occidentales, eso sí, compartiendo vida con la familia de Andrea. Sabía que amen de sus abuelos y tíos su padre también iba a estar por esas fechas. Llevaba la idea de adquirir alguna propiedad por esa zona. Pues después de sus primeras valoraciones lo que tenía claro es que dormiría bajo techo y lo más protegido posible de los animalitos chupa sangres. Sería ideal comprarles el terreno y la cabaña a los abuelos de Andrea. En esos días se lo propondría. Se deslizaba, bueno miento botaba, por ese asfalto acribillado a baches siguiendo con sus reflexiones. El puesto de la guardia nacional a uno y otro lado de la carretera. Circuló lentamente y ante la señal de los policías de proseguir continuo su viaje. Había pasado Cahuita y solo le faltaban escasos kilómetros para toparse con el chiringuito de Maureen. Detuvo el vehículo ajustándolo lo más posible al borde de la carretera y al descender del carro y dirigirse hacia el puesto, le vio, dejó a los turistas que solicitaban un servicio con la palabra en los labios y se lanzó a sus brazos como chiquilla que se encuentra con su padre después de mucho tiempo. Sabía que iba a ir pero esas cosas que cuando menos piensas en alguien a quien deseas ver te sorprende en el momento que no estabas pensando en esa persona. No lo soltaba besaba su frente sus mejillas hizo aman de posarlos en sus labios pero en su primer intento le separó tomó sus dos manos y le lanzó uno de sus clásicos piropos a las adolescentes. Saltaba daba vueltas en su en rededor, se volvía a abrazar a su espalda a su costado de frente. Julián le suplicó que atendiera a su clientela tendrían tiempo de abrazos, de charlas, de achuchones, de contarse las mil y una historia que les había sucedido desde el ultimo día que hablaron por el Skype, hacia tan solo tres semanas. Pues el mismo día que partía hacia Costa Rica hablaron. Quería cerrar el negocio e irse con él al encuentro de su amiga pero se lo impidió. La hora del almuerzo estaba cercana y le prometió que comería con ella en el chiringuito. Eso sí, invitaba él. La felicidad inundaba el alma y el corazón de aquella adolescente. Atendió al personal que se había aglomerado mientras no paraba de sonreír y comentar. Por fin la afluencia de público fue bajando progresivamente. Julián había preparado una mesa con dos sillas e iba completando la mesa. Ella aprovechaba las pausas para preparar una buena comida.

   Se sentaron con todo dispuesto, los platos, cubiertos, vasos, pan, agua, el primer plato y el resto, acoplado en una mesa contigua. Unas veces se levantaba ella otras él y atendían al escaso público que en esas dos horas que emplearon para comer. Iba a marcharse pero le rogó que se quedara hasta el cierre quedaban dos horas para platicar antes del cierre. Luego recogería sus cosas de casa para instalarse con ellos en la cabaña. Estaba muy cansado y deseaba como nadie una buena ducha, cambio de ropa y tumbarse en la hamaca del pórtico para disfrutar del slogan de Costa Rica “Pura Vida”. Pero su expresión le hizo desistir y aceptó su propuesta. Durante la plática le contó la experiencia que había vivido así como le relató sus intenciones. Maureen se alegró que se cruzara con aquel “loco” de lo contrario no le habría vuelto a ver vivo. No llegaba a entender como una persona con esa cultura y ese mundo fuera capaz de cometer tal locura. Pero cuando le relataba los momentos buenos, la envidia sana le corroía. Como le hubiera gustado compartir aquella aventura con su amiga Andrea y Julián.         

 

   - ¿Sabe don Julián?

 

   Lanzó la interrogación a su interlocutor y a su respuesta añadió llena de orgullo, de expectativas, de deseos de ver la reacción de su maestro.

 

   -Me saque la secundaria y este curso he comenzado el bachiller.

 

   Se quedó perplejo, lo habían hablado en multitud de ocasiones el verano pasado, pero durante el curso en sus charlas por el Skype guardó el secreto hasta ese día. Se levantó le hizo levantarse para abrazarle con un cariño paternal que provocaron las lagrimas en aquel maduro personaje. Sin duda no había perdido ese poder de convicción para que los jóvenes lucharan por conseguir su puesto en la sociedad. Pero que fueran ellos los que anhelaran una u otra cosa, sin intermediarios, sin presiones, escuchando, reflexionando, criticando para ser ellos los que al final tomaran su decisión. Siempre les hablaba de la importancia de no tomar un camino que no les convenciera aunque se lo aconsejara la persona que mas apreciaban. Porque luego se arrepentirían y la solución sería prácticamente nula.

 

   - ¿Estás contenta? ¿No lo habrás hecho por lo que comentado este verano?

 

   Seria se levanto y tal y como estaba su maestro se abrazó a su cuello. Mientras le tranquilizaba diciendo que si se había matriculado en bachiller era por algo.

 

  - El Señor me permitió cruzarme con usted pera descubrir mi camino a seguir. Quiero ser médico. Y pienso entregarme en cuerpo y en alma en ello.

 

   Aquella criatura comenzó a vaciarse con su compañero, su padre, su amigo, su maestro, su guía espiritual, su todo. Si Andrea no estuviera locamente enamorada de aquel hombre lucharía hasta el fin por conseguirlo. En la conversación le expresó las dificultades para mantenerse y seguir llevando el negocio. Le confesó que los abuelos de Andrea le propusieron que vendiera el chiringuito, ellos le acogían en la familia. Pero no quería una autopista para llegar a donde se había propuesto. Era consciente que esas carreteras destruían demasiadas cosas. Aprovechó su confesión para proponerle una vía intermedia. Ni la selva sin camino, había comprobado en su propia piel lo duro que era, ni la autopista que en ocasiones te adormilabas y llega el accidente.

 

   - Asóciate con alguien que lleve el negocio, con el cincuenta por ciento y con un trabajo que te propongo podrás estudiar sin problemas.

 

   La idea no era mala, pero se preguntaba en qué consistía ese trabajo. Entonces le confesó sus intenciones de adquirir un terreno y construirse una casa. Al estar el lejos casi todo el año ella se dedicaría a cuidar y mantener la casa en condiciones para cuando regresara. Pudiéndose quedar a vivir allí. Con lo que sacara del negocio y el sueldo que tenía previsto para que alguien se ocupara de su vivienda le resultaría suficiente para poder estudiar y vivir. Maureen permanecía con los cinco sentidos en la propuesta de su ídolo. Aquello sería genial. Tendría una vivienda y un sueldo a cambio de conservar la propiedad para estar habitada en todo momento. Le hizo jurar a que esas eran sus intenciones.

 

   - Es más pasan por ver si los abuelos de Andrea me venden los terrenos y la cabaña de la cala.

 

   Aquella casa ere el sueño de Maureen y ahora aquel hombre le presentaba en bandeja de plata los sueños de su vida. Se paró un poco, le abrazó y mientras se recreaba en aquel conservado hombre le dijo en voz baja al oído

 

   - Espero que todo sea así. Pero necesito meditarlo. ¿Te importa?

 

   La sonrisa de ese hombre se mostró en todo su esplendor, Esa adolescente era excesivamente madura. Y estaba convencido que no había dicho sí sin pensarlo por su amiga. Si a Andrea no le parecía bien ella no lo aceptaría. Volvió a sonreír ya iba siendo capaz de leer el lenguaje corporal y en esa situación se percató hasta que punto.

   Maureen descendió del vehículo para llamar a la puerta. Andrea y su padre se extrañaron pues siempre aparecía por la playa. Abrieron con el automático la verja de entrada y el vehículo con sus ocupantes penetraron por el camino de la selva. En el pórtico inferior aguardaba Andrea. Su asombro al ver el carro fue grande pero al comprobar la presencia de  Julián se lanzó como una poseída a sus brazos. Maureen se unió a los dos y abrazados se desplazaban a saltos y giros.

   Recordaba el triunfo en el partido de Vóley playa en sus primeros días con aquel maestro. Cuando Maureen le relató que habían estado juntos a escasamente un kilómetro de ella durante cuatro horas casi mata a su amiga. Pero el tono era de juego, de envidia sana hacia su amiga, su compañera. Prácticamente una hermana pues así vivieron muchos años, hasta que quiso independizarse y hacerse cargo del chiringuito. Pero tampoco se dejaron de ver hasta que Andrea tuvo que marchar hacia España y los dos años que su hermana llevaba allí, no dejaba de comunicarse por Internet. El Skype les proporcionaba ese contacto audio visual que tanto necesitaban.



miércoles, 30 de abril de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANKI- CAPITULO-XV- FIN DEL VIAJE

   CAPÍTULO DÉCMO QUINTO

 

                                                  FIN DEL VIAJE

 

 

 

  El transporte público, un taxi esperaba ente la entrada al hotel a la pareja de Andrea y Julián. Lo solicitaron para encaminarse a la casa taller del pintor que conocía el maestro.  Varios de los cuadros que adornaban el palacete en San Senbastián pertenecían al artista o a un amigo.

   El vehículo se detuvo en una estrecha calle y les indicó por donde deberían acceder para encontrar la dirección pues eran calles peatonales de un encanto que se transmitía nada más bajar del vehículo. Se percibía un aroma, un sonido, un ritmo diferente al del resto de la ciudad. La gente que se movía por ese barrio era dispar, desde el traje hasta los harapos se mezclaban y conversaban dentro de una naturalidad pero especialmente de una familiaridad que principalmente a Andrea le  impresionó. Al llegar a la dirección el local estaba abierto de par en par, entraron con prudencia. Habían solicitado permiso pero al no recibir contestación optaron por adentrarse en su interior. Cruzaron varias puertas y por fin dieron con una sala donde una modelo de un cuerpo increíble posaba completamente desnuda recostada en un diván ante la observación del artista que mancha tras mancha plasmaba sobre un lienzo mantenido por un atril. Ante el saludo de los visitantes el artista sorprendido se giró y al reconocerle exclamó al tiempo que se abalanzaba sobre el personaje y se fundía en un abrazo. Mientras se producía la muestra de afecto observó la mirar de su joven acompañante. Se quedó un poco indeciso ante la actuación del artista, pues no reaccionaba y continuaba abrazado a él. Por fin separándose, el artista comentó.

 

   -Esa mirada tiene magia. ¿Posara para mi señorita?

 

   Se la presentó como lo que era, una alumna y pronto entablaron una estrecha conversación. Previamente advirtió a la modelo que esa jornada habían concluido el trabajo, le llamaría cuando estuviese dispuesto a continuar. Le abonó una cantidad para regresar con sus invitados para proseguir la iniciada conversación. Tenía una edad similar a la de Julián, prendándose especialmente de la joven acompañante de su amigo. Pronto comprendió que aquella criatura portaba la magia del Caribe. Era un enamorado de Costa Rica  y especialmente de la región de procedencia de Andrea, sin que se lo dijeran adivinó la nacionalidad de la joven y al cantón al que pertenecía. Asegurando que en ningún otro lugar del mundo había observado la magia y el encanto de la mirada de las nativas de Limón. Ella disfrutó preguntando mil detalles y curiosidades que tenía sobre la técnica de la pintura y él le interrogaba sobre lugares que había visitado. Al enterarse que Julián también estuvo por esos parajes trato de contrastar toda la magia que él se trajo de sus viajes al país centro americano. Almorzaron en un local perdido en el barrio de los artistas, pequeño, acogedor, con poca iluminación y con una selección de música relajante que les proporcionó una velada encantadora. Por la tarde regresaron al estudio y el comenzó a esbozar un retrato de la joven. Le obsesionaba esa mirada dulce, picarona, profunda, que conseguía desnudar a uno interiormente. Cualquier cosa que deseara esa joven preguntar conseguiría una respuesta inmediata y sincera.

   Julián rompió la magia surgida entre el artista y Andrea era hora de reunirse con el grupo para asistir al musical. No se lo pensó mucho y aquel artista les acompaño, deseaba platicar como dicen por esas latitudes con la joven, descubrir nuevas rutas, nuevos lugares de aquellas tierras que le habían enamorado. Conocía también a Maureen pues le cautivaron sus ojos pero especialmente esa mirada. Hacía tres meses que comieron y compartieron juntos una velada parecida a la vivida ese día. Cuando Julián comentó la casualidad el artista le hizo callar casi de inmediato, como si le hubiera ofendido o atacado personalmente. En tono aun enfadado le comentó que no entendía nada. Que en realidad no había descubierto Costa Rica, y muchísimo menos había captado la magia del cantón de Limón. Ni los misterios y embrujos de Puerto Viejo de haberlo hecho jamás habrían hablado de casualidad. Cuando la magia alcanzaba a cualquier ser aunque no fuera de la tierra desde ese instante era consciente que las casualidades no existían. La magia y embrujo de esas tierras los unía.

    Pretendía entrar en el hotel y seguir platicando con Andrea pero Julián no quería intervenir directamente y lo comento con una de las profesoras que les acompañaban en el viaje y ésta se encargó de que desistiera aquel personaje. El alumnado debía recogerse en sus habitaciones. Pretendió averiguar donde estarían al día siguiente y la profesora se puso en su papel de tutora asegurando al personaje que si lo veía merodear por el hotel llamaría a la gendarmería.

   La jornada que les aguardaba era de picnic y el hotel les proporciono la comida. Visitarían y convivirían todo ese soleado día en el bosque de Bologne realizando diversas actividades, entre las que destacaron el piragüismo y deportes de orientación. Concluida la cena en el restaurante, de los huevos fritos con patatas, terminarían el día en el Sena para dar el viaje en barca. A la mañana siguiente dejaban la capital para partían hacia los Alpes en concreto harían noche en Annency.

   Habían cenado tras un día de ejercicio y movimiento la jornada en el bosque había sido movidita y la actividad física predominó sobre el resto. Estaban muy cansados y aguardaban a la llegada del barco. La profesora que se enfrentó al artista estaba sentada junto a Andrea y dos compañeras más en un banco público aguardando la llegada del transporte acuático mientras recuperaban sus casadas piernas. Un grupo de siete indeseables se cruzó con el grupo e inquietaron a los jóvenes. A uno le quitaron el halado que estaba tomando y ante su protesta se llevó un buen empujón. A una chiquilla le robaron la gorra que llevaba. Uno de ellos el que parecía que comandaba el grupo se aproximó al banco donde descansaban la profesora y las tres adolescentes. Sin previo aviso colocó su mano en el pecho de la maestra mientras lazaba sus impertinencias, ésta reaccionó y le soltó con la mano cerrada un puñetazo en todo el rostro. De forma desmesurada comenzó a golpearle hasta la intervención rápida de Julián, propinando al indeseable una patada entrepiernas que lo derribó. Inmediatamente se personaron sus camaradas  y comenzaron a rodear al profesor En perfecto francés, comenzó a ironizar y ridiculizar al grupo.

 

   ¿Si sois tan hombres como os creéis no tendréis inconveniente en enfrentaros uno a uno a un viejo?

 

   El pelota del grupo, fuerte como un toro, pero con capacidad mental de un bebe detuvo a sus compañeros y le plantó cara. Las clases y cursos de artes marciales le sirvieron para aprovechar la fuerza bruta de aquel gorila y ridiculizarlo uno tras otro ataque. Hasta que con un movimiento rápido sin prácticamente tocarle lo redujo atando pies y manos con el cordón de una de sus deportivas, al más puro estilo tejano con su res. El resto se abalanzó sobre él. La rapidez de reflejos le permitió salir de la primera embestida y dejar a cuatro tocados al chocar sus cabezas una contra otra, con tal virulencia que quedaron noqueados. La pareja que quedaba andaban algo doloridos pero habían evitado el choque. Se miraron y emprendieron la huida como dos poseídos. El jefe del grupo se había recuperado algo y ni corto ni perezoso ante la habilidad de aquel viejo opto por sacar un arma blanca y amenazar a Andrea colocándole el filo de aquella arma en el cuello de la alumna. La tensión aumento. Julián comenzó a mediar para rebajar el pronto y evitar una desgracia. Aquel salvaje deseaba ante todo salvar su dañado ego, y propuso soltar a la joven si le prometía permanecer quieto hasta que le propinara un golpe. Aceptó y mientras retiraba su mirada, Julián protegió sus partes con sus piernas. Aquel salvaje soltó a la joven y a la carrera le devolvió el golpe para huir corriendo. El impacto fue grande desequilibrando al maestro pero no le causó daño, en ese instante había protegido sus vergüenzas. Profesora y alumna fueron de inmediato a atenderlo pero les tranquilizó soltando una de sus paridas.

 

   - No os preocupes la última vez que me los trasplantaron los pusieron de plomo.

 

    Nunca llegaría a comprender aquel maravilloso hombre. Cuando la policía se personó solo quedaba el grupo en el lugar. Tras las oportunas aclaraciones subieron a la embarcación con los profesores, salvo Julián que acompañó a la gendarmería para declarar lo sucedido. Informando del hotel donde se hospedaban por si deseaban tomar otras declaraciones a testigos presénciales.

  Los monumentos, los puentes, las luces, el espectáculo del viaje en barco quedó en segundo término todos comentaban y conversaban sobre el incidente y especialmente la actitud de su profesor. Aun los tenía bien puestos comento alguno. Andrea andaba junto a la maestra que inquietaron aquellos pandilleros y conversaban, como no, sobre Julián. Cuando aquella adolescente le contó la  primera etapa de su vida se quedó atónita. Ahora comprendía muchas cosas. Pero aquel profesor había sido una tumba durante los veinte años que llevaba compartiendo enseñanza con él en el centro educativo. Ya les impactó tras la visita a los museos, pero ahora al escuchar su historia admiraba más a su compañero. Por si fuera, fue el único de todos los presentes que presentó cara a ese grupo. Acudiendo en su ayuda ante aquel salvaje. Quiso indagar algo más sobre él y preguntó si había salido con alguna otra mujer después de aquel desagradable suceso de su juventud. Andrea no lo sabía con certeza pero estaba convencida que nunca estuvo con otra mujer. Lo conocía lo suficiente como para estar convencida de ello. Una vez David un muchacho de bachiller con el que había tenido ella una relación romántica le confesó que hablando sobre temas de sexo Julián con su característico humor, e ironía que solía utilizar le comentó que él la única independencia que conocía era en el sexo. Cuando las hormonas le picaban se iba con la alemanita. La maestra con la inocencia típica de una persona mayor con poco mundo pregunto cómo era aquella alemana o si se trataba del mote de alguna fulana. Andrea comenzó a reír y aquella maestra extrañada le preguntó de nuevo. Andrea hizo el gesto de la zambomba al tiempo que repetía ¡Ale manita! ¡Ale manita! Fue entonces cuando cayó en la cuenta y comenzaron a reír de tal forma que todos se giraron hacia la pareja y uno de los chicos del grupo, aprendiz de su maestro, al ver el gesto de Andrea gritó.

 

   Yo primero. Yo primero.

 

   Las risas inundaron la embarcación y Andrea soltado un:

 

    ¡Qué cerdo que eres!,

   Se sonrojó.  Más de una vez le recordarían los chicos a su compañera el incidente de esa noche.

   Llegaron al hotel y fueron directos a la cama. Ya tenían a la tropa recogida cuando la profesora rogó conversar con él. Trató de eludir mientras comentando que la acción de esa noche no tenía la menor importancia. Pero insistía que no quería hablar del tema de esa noche. Por supuesto que estaba muy agradecida por la acción pero deseaba tratar otro asunto. Bajaron a recepción, en la cafetería, se sentaron, pidieron unos cafés produciéndose un silencio profundo. No sabía cómo iniciar aquella charla que había solicitado. Era de los compañeros que más atacaban en las intervenciones de Julián en el claustro y la más crítica por su “desprecio” hacia la independencia del País Vasco. Consciente que dominaba el euskera como pocos profesores pero era el único que daba siempre sus clases en castellano. Así como siempre que la banda cometía una “acción de guerra” como solía denominar ella, la criticaba duramente en todas sus clases. Ahora comprendía un poco mejor a excelente maestro aunque no compartiera ciertas ideas, jamás incitaba a la violencia, siempre mostraba a sus alumnos incluso a los más radicales la necesidad del dialogo para limar distancia entre las personas y sobre todo había que defender cualquier cosa, con la palabra, demostrando y convenciendo a la mayoría para lograr lo que se buscaba. Por fin se decidió a iniciar la charla. En primer lugar deseaba disculparse por su comportamiento con él durante todos esos años. Julián quiso zanjar el asunto y marcharse a dormir. Pensaba que era simplemente una manera de agradecerle su actuación de esa noche  y a ciencia cierta que le importaba un comino. Solo actuaba y realizaba algo cuando estaba convencido que debía obrar así, sin esperar nada a cambio. Ni mirar quien estaba favoreciendo o perjudicando. Pero la señorita le rogó que le escuchara, luego si lo deseaba podía irse sin ningún problema. Le fue exponiendo en primer lugar que desconocía su vida totalmente. Se cuidó de mencionar nada de lo relatado por Andrea pues la adolescente le suplicó encarecidamente que no le confesara nada. El monologo de la profesora se extendió durante más de cuarenta y cinco minutos. Julián escuchaba atentamente y analizaba con serenidad y paciencia la situación, las palabras, la tensión de aquella compañera de trabajo. Se dio cuenta de la sinceridad de sus palabras y se alegró de la actitud que iba mostrando incluso en los temas en los que a ambos les separaba un abismo. Cuando pensó que se había explicado lo suficiente dejó una pausa que duró cerca de cinco minutos y luego añadió.

 

   Es todo lo que deseaba expresarle no pretendo que me entienda o comprenda pero no hubiera podido dormir de no confesarle lo que pienso y siento después de tantos años de compañeros y el daño que sin duda le he causado.

 

   Julián sonrió, era consciente que si provocaba una conversación tras el monologo de aquella profesora se producirían momentos de llanto por parte de aquella mujer. Había tenido una tarde noche de demonios en la gendarmería con tantas preguntas. Y todo para nada pues no se pudo identificar ni detener al grupo de indeseables. Le agradeció su sinceridad, al tiempo que le pedía disculpas si dejaba para otro día la conversación. Estaba en un momento de su vida difícil, tenía demasiadas incertidumbres y dudas sobre cómo enfocar su vida a partir de su viaje a Costa Rica y como había sido sincera, no deseaba defraudarle con frases y respuestas vacías. Tal vez más adelante pudieran reanudar aquella conversación y exponer sus pareceres, compartiendo o simplemente captando la opinión del otro aunque no se compartiera. La maestra se levantó del sillón y se abrazó a su compañero. El no era muy partidario de esas muestras cariñosas cercanas pero la aceptó y ambos se fueron a sus habitaciones a descansar.

   Julián andaba moviendo a la gente para que bajaran al comedor a desayunar. Debían tener todo preparado para nada más terminar esa primera comida del día, subir a las habitaciones atender la limpieza bucal, visitar a roca para aguas menores o mayores e inmediatamente con el equipaje cargarlo en el autobús y desplazarse a su última estación de aquel viaje. Annency. La entrada de Julián en el comedor fue recibida por todo el grupo en pie y los aplausos no pararon hasta que su maestro ocupó un lugar en una de las mesas. Mientras sonreía y el gesto de cabeza mostraba su agradecimiento al tiempo que expresaba lo que tanto les contaba a su equipo de alumnos.

 

   “No me agradezcáis nada pues amen de ser mi obligación me quitáis meritos para cuando el Señor me pida cuentas”

   A las dos horas de viaje pararon en una zona de descanso donde habían quedado con el otro autobús. Allí se reunió todo el grupo y pudieron almorzar o tomar las típicas cochinadas que suelen vender en esos establecimientos. De nuevo los comentarios sobre la noche anterior se dieron cita entre un grupo y otro. Y Julián tuvo que soportar los saludos, las felicitaciones, las admiraciones, los asombros y demás tonterías como él decía.

   La Venecia francesa se veía al fondo, los autocares a buena marcha iban agrandando la villa hasta que se vieron inmersos en sus calles. Unos veinte minutos de circulación hasta llegar a un hotel donde tenía reservadas habitaciones. Una hora de plazo se les dio para ordenar las cosas y bajar al comedor a cenar. Eran las diecinueve horas, algo pronto pero era la hora que les habían asignado. Luego quince minutos para coger lo que desearan de las habitaciones y de nuevo en los autocares hasta la zona de los pequeños canales junto al lago. La pequeña iglesia gótica  sería el lugar de reunión y todo el mundo debía estar a las veinticuatro horas de ese día. Las semifinales del campeonato del mundo que se celebraba en Francia. Enfrentaba a la selección anfitriona con Alemania. Varios alumnos y profesores principalmente del género masculino se fueron a bares y locales para ver el partido otros deambularon por las calles para visitar la pequeña pero encantadora localidad. La victoria de Francia enloqueció las calles y los chicos se unieron a la fiesta de los lugareños.

   Esa mañana tras desayunar y estando a punto de partir hacia Donostia y reunirse con sus familiares salió corriendo el director del hotel para subirse al primer autocar. Los profesores, incluido Julián se temían alguna gamberrada pero cuál fue su sorpresa cuando micrófono en mano felicitaba en un perfecto español al grupo por su comportamiento. Por su local habían pasado numeroso grupos de estudiantes de todos los países imaginables, pero hasta la fecha ninguno había tenido un comportamiento como ellos. Los aplausos se desataron en el autocar y el director se los devolvió para dar las gracias a los muchachos y especialmente a sus profesores. Bajó del autocar y entró en el segundo repitiéndose la operación.

  El viaje de regreso se hizo en silencio todos andaban con falta de sueño y la libertad se les acababa. De nuevo a la rutina diaria, unos a su pueblo natal a pasar las vacaciones, otros a otras comunidades para disfrutar un mes en familia y los menos a viajar por el mundo. A Julián le esperaban cuatro semanas de relax, de paz, de pura vida, pero sin duda con una gran trascendencia para su futuro.