domingo, 18 de mayo de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVII- ACUERDO ENTRE CABALLEROS
El padre de Andrea abandonó Costa Rica a los
dos días de la llegada de Julián. El negocio no permitía demasiadas alegrías y
debía estar al pie del cañón. Al día siguiente de su partida Julián se reunión
con el abuelo de Andrea. La conversación se desarrollo en un entendimiento
total. En un principio no tenían intención de deshacerse de la propiedad pues
le había prometido a su nieta que sería su regalo de bodas. Era adoración lo
que mantenía su nieta por aquella propiedad. Pero al escuchar las intenciones
de Julián y proponerle éste que no realizarían el acuerdo sin el consentimiento
de su nieta. La conversación prosiguió tratando de poner claras las cosas.
Julián prometió que en los documentos de compra y registro pondría la condición
que en el momento que Andrea contrajera matrimonio la propiedad pasaría a ella.
Sería el regalo mutuo de su abuelo y de él. Por lo tanto no faltaría a la
promesa hecha a su pequeña. Amén de poder utilizar la cabaña y sus alrededores
sin el menor obstáculo. Él solo la utilizaría en periodos de vacaciones y con
la hamaca del porche superior le sobraba. Cuando en el transcurso de la
conversación relató el acuerdo al que había llegado con Maureen, su nieta
adoptiva, con los ojos nublados se abrazó a aquel hombre, mostrando todo su
agradecimiento. Él había intentado sin éxito auxiliar lo máximo posible a esa
criatura y ese maestro en dos meses había logrado con sus técnicas, no regalaba
nada, convencer aquella criatura. Sin duda la experiencia de aquel maestro
captó a la perfección que solo aceptaría algo a cambio de ganárselo con su
esfuerzo y trabajo. Cuando el abuelo llamó
a su nieta, deseaba la conformidad de su pequeña, para realizar la
operación de venta en las condiciones acordadas. Andrea aseguró a su abuelo que
si se casaba con alguien sería con ese hombre. Sonrieron ambos y con el pacto
Julián deposito la cantidad estipulada por un experto en compra venta de
propiedades y dejó, en manos tras firmar unos documentos, las gestiones de
compra venta. Cualquier cambio mejora o mantenimiento de la propiedad lo
consultaría con Andrea, pero aquella criatura iba a consentir cuanto le pidiera
aquel hombre. Aquellos días de tranquilidad y sosiego en la cabaña le
proporcionaron la serenidad que había anhelado desde su llegada. Las tres semanas
de la selva no pudo conseguirlo a pesar de la completa libertad de la que
gozaba, pero el asimilar las técnicas de supervivencia, el conocimiento de las
plantas, la adquisición de habilidades para desenvolverse por aquellas
situaciones completamente desconocidas para él no le dieron esa tregua de
relax, de reflexión o de análisis. Estaba claro que la vida de Alan no la
pensaba llevar. Pero también estaba seguro que la de Donostia tampoco. Con toda
seguridad terminaría por instalarse en esas tierras. En donde la magia, el
embrujo, la energía se palpaba en cada metro de selva, en cada rama u hoja, en cada ser viviente de esa selva
verde esmeralda guardada en cada rincón,
en cada riachuelo, en cada colina o montaña. En varias ocasiones se acercaron
al chiringuito de Maureen a comer o a cenar y siempre era ella, con ayuda de su
amiga Andrea quienes preparaban los alimentos a ingerir en esa comida o cena.
También fueron una noche, como no, a Maxim en playa Manzanillo y el marisco
llegó a salirles materialmente por las orejas.
Era su penúltima noche en Costa Rica.
Maureen se había tenido que trasladar a Limón pues iniciaba el curso. Y pasaría
la noche en la capital del cantón en casa de una compañera pues debían resolver
papeleos para conseguir becas de estudio y desplazamiento. Esa mañana muy
temprano. Sobre las cinco los tres en el carro se pusieron rumbo a Limón. La
lluvia hizo su aparición y no les dejó durante todo el trayecto de ida. Cuando
regresaban, había parado unos minutos, volvió a reanudarse y al llegar a la
cabaña el agua caía torrencialmente. Ambos estaban empapados al entrar en la
cabaña y optaron por darse una ducha. Subieron a la primera planta y Andrea se
introdujo en el servicio con bañera y él entró en el de ducha. Él prefería ese
tipo de saneamiento pues no le gustaba la bañera. Amen que no era de los que se
entretenía para la higiene personal. Iba a entrar en el saneamiento cuando
escuchó a Andrea que requería su presencia con desespero. Se colocó su
albornoz, al tiempo que ataba su cinta a la cintura. Entró con el
correspondiente permiso y se encontró con Andrea cubriendo sus vergüenzas con
las manos y arrinconada al fondo de la bañera mientras una gran tarántula se
paseaba por el otro extremo. La observó, era de las que podían acarrear
problemas por ello agarró el guante del horno y consiguió atraparla. Con mimo
salió al pórtico y la lanzó sobre un árbol, entró a continuación y de nuevo la
llamada más pausada y dulce de la adolescente, le solicitaba que comprobara que
no había ningún bicho viviente por allí. Sonrió dio un vistazo y cuando
pretendía marchar le retuvo. Al girarse comprobó que sus vergüenzas se
mostraban en todo su esplendor. Pero la expresión de aquella criatura no le
transmitía nada bueno. Prendió la toalla que se descolgaba desde la percha
junto a la bañera y cubrió su cuerpo, sin darle mayor importancia, se giro para
marcharse.
- ¿No deseas estar con una mujer?
Julián con dulzura pero con la expresión
seria le frenó contándole una anécdota.
Era de Facundo Cabral. Una vez su abuela y
abuelo escuchaban una emisora de radio donde un curandero radiofónico mostraba
a su audiencia como podían curar un a un herido. Para ello les aconsejó poner
la mano derecha sobre el transistor y la otra sobre la dolencia que tuvieran y
se les curaría de inmediato. La abuela puso la mano en el transistor y la otra
en su mal trecha rodilla. Al observar a su esposo comprobó como aquel
desdichado tenía la mano en el transistor y la otra en la bragueta. Entonces
ella con potente voz desanimó a su esposo diciendo.
“El pibe ha dicho que va a tratar de
reanimar al herido no a resucitar a los muertos”.
- Pues bien Andrea soy como el abuelo de
Facundo.
Comenzó a sonreír ante la salida de su
maestro pero cuando quiso reaccionar se había marchado y se duchaba con la
puerta cerrada en el otro servicio.
Como seguía lloviendo decidieron ponerse a
preparar la comida. Los constantes cruces de miradas, de sonrisas, de
intenciones de comentar el incidente, se sucedieron durante la preparación y la
ingestión de aquellos alimentos. Al finalizar la comida y degustar sus
correspondientes y tradicionales cafés se sentaron juntos en una de las hamacas
del pórtico. El quedó a los pocos minutos completamente dormido y ella
acurrucada en su regazo, como hija con su padre, deleitándose de su
respiración, del latido de su corazón, de los ruidos de los jugos gástricos, de
su respiración pausada y rítmica. Como adoraba a ese hombre. Comprendía y
entendía perfectamente que incluso aunque deseara tener una relación con una
mujer jamás lo haría con una menor. Deseaba cumplir los dieciocho para lanzarse
en sus brazos y no separarse nunca más de él. Pero de pronto le llegaban las
incertidumbres.
¿Y si
no quiere?
Mil
pensamientos, contradictorios o no circularon durante esa siesta por su pequeña
cabecilla. En mayo del próximo año
cumplía los diecisiete.
¡Dios! Más de veinte meses.
Pero si le aceptaba merecía esperar una
eternidad. Luego le invadieron los miedos. Si E.T.A. se le ocurría matarlo
formaría un grupo parecido a los G.A.L. para acabar con todos ellos. Andaban
los miedos por su cabecita cuando se despertó. Contemplar esos ojos, esa
sonrisa y ese rostro angelical le provocó otra de sus clásicas paridas para
solventar situaciones que le pillaban descolocado.
¡El Señor me ha llevado al paraíso sin
previo aviso, y en verdad que sus ángeles son hermosos!
Esa picara sonrisa de adolescente se dibujó
en su rostro. Se incorporaron y decidieron dar un paseo por la bahía. Luego se
detendrían en el chiringuito de su amiga y cenarían con ella, pues les
telefoneo comentado que había resuelto antes de lo previsto los tramites que le
condujeron hasta Limón.
La noche había robado las formas y los
colores aquel rincón de la Naturaleza. Las tenues luces de las calles de Puerto
Viejo permitían al transeúnte no tropezar con cualquier material natural o no
que hubiera por el suelo. Llegaron al chiringuito justo en el momento que
Maureen cerraba el establecimiento. Cambiaron de idea, al tener todo apagado
para regresar a la cabaña. Antes Andrea tomó el celular y llamó a la casa para
que el servicio les preparase la cena. Caminaban descalzos por la bahía
cantando alguna canción caribeña, charlaban de sus cosas o simplemente el
sonido les permitía captar la vida de aquel lugar. Esos silencios en los que le permitían seguir con
la práctica del lenguaje corporal le privaban. Los andares rítmicos, pausados y
con una armonía fuera de lo común le dejaron un poco descolocado del momento y
del lugar. Aquellas criaturas eran verdaderamente hermosas y por primera vez
desde que las conoció no las miraba como a unas adolescentes, ni como esas
hijas adoptivas o hijos adoptivos que veía en su alumnado. El movimiento de sus
caderas al compás de las olas perdían la inocencia de unas niñas para
observarlas como mujeres. De pronto algo
desde dentro le recriminó. No comprendía lo que le andaba pasando. Siempre
había sido un hombre de una seguridad en sí mismo increíble. Con una moral y
una ética propia de su educación. También era consciente que no creía en ese
tipo de educación, coartaba excesivamente a las personas, aunque siempre obró según
su conciencia y su escala de valores, sin importarle las posibles
consecuencias. Siempre se decía que lo importante era levantarse a la mañana
siguiente con la convicción de haber actuado según sus principios. Posiblemente
no coincidiera con otros pero que para él era su Biblia. Por eso no le dio
mayor importancia a compartir una casa con dos adolescentes. Necesitaba centrar
sus ideas, sus principios, sus valores y volver al hombre que siempre había
sido. Ahora tenía dudas, miedos, reparos. No era normal en él y debía
solucionarlo lo antes posible. Lo de Andrea comenzaba a preocuparle, Jamás le
dio pie a nada y aun iba a tener razón Maureen. Pero le parecía un disparate de
tales dimensiones, tan fuera de lugar que una adolescente pudiera fijarse en un
hombre de su edad, que le costaba asimilarlo. Aunque al pararse a pensar era
consciente que nunca sabías por donde iba a salir un adolescente en temas de
amor. De pronto las dos chiquillas se despojaron de sus ropas y entraron a la
carrera en la mar. Recogió sus prendas, como haría una madre para sacudirlas y
depositarlas sobre las hojas de una palmera en orden y bien extendidas. Le
invitaban a entrar pero toda esa diarrea mental que portaba le aconsejaba ser
prudente hasta que ordenara un poco su interior. A los veinte minutos salieron
mojadas, se pusieron las prendas que pendían de la palmera. Se puso una a un
lado y la otra al otro y abrazadas a su maestro regresaron a la cabaña. A
Julián le bastó con limpiarse los pies con la manguera del pórtico inferior mientras
ellas subieron a los servicios para darse una buena ducha y cambiarse de ropa
antes de la cena.
No conseguía conciliar el sueño. Lo intentó
de todas las formas posibles y viendo que era imposible optó por coger su ipod
y tumbarse en la hamaca del porche superior. Sus últimas veinticuatro horas en
Costa Rica se iniciaban en escasas horas. En horizontal, en aquella cama
flotante y sin conectarse los auriculares comenzó a darle vueltas a la cabeza
tratando de ordenar un poco su vida. Cambiar su forma de ser era consciente que
era poco más que imposible, pero cambiar su forma de vida si y precisamente eso
era lo que deseaba. Dar con la fórmula perfecta para que de una vez su mente
comenzara a razonar y actuar como era él.
Ese increíble amanecer del Caribe le
sorprendió mientras su mente trabajaba a ritmo frenético. No había dormido nada
permaneciendo unos treinta minutos después de haberse levantado el sol,
surgiendo entre las aguas del Caribe y mostrando una panorámica incomparable a
ningún otro lugar. Fue directo a los servicios y se dio una buena ducha de agua
fría. Esa última jornada, domingo, la iban a pasar en familia. Los abuelos de
Andrea los invitaron a pasar el día en la finca por ello nada más desayunar y
en el carro se acercaron a la casa principal de la finca. Tenían las
cabalgaduras preparadas, por deseo expreso de Julián que deseaba cabalgar por
la selva y recordar con cierta seguridad y arropado por sus conocidos las
experiencias adquiridas en ese viaje. Fue una mañana entretenida. El abuelo
había preparado un tente en pie pues por el trayecto que optaron realizar
intuía que regresarían tarde. El grupo se quedó maravillado por la destreza en
su desenvolvimiento en la selva. Lo habían visto antes y desde luego se notaba
que era un personaje de ciudad, por el contrario tras esas semanas sus
movimientos sus conocimientos y sus precauciones eran las de un experto. El
abuelo de Andrea cuando comenzó su lección sobre las plantas medicinales, quedó
gratamente sorprendido por la capacidad de aquel hombre para aprender y
absorber en tan escaso tiempo tanta sabiduría nativa. Fue Maureen quien sacó al
viejo de su sorpresa al comentar.
- Julián siempre nos ha dicho que hay que
vaciarse como un niño para el aprendizaje y adquisición de conocimientos.
El abuelo comentó que esa frase estaba
cargada no solo de verdad sino de sabiduría quien la pronuncio por primera vez.
Y que no dudaba que pudiera ser de Julián pues poseía ambas cualidades, verdad
y sabiduría. Inmediatamente desmintió que fuera suya y matizó también que
siempre que la decía al igual que hacía con otras frases que no fueran suyas
mencionaba el autor. Si desconocía su autor también lo mostraba y esa frase se
la había oído a Facundo Cabral, aunque no estaba seguro que fuera de él. Pudo
demostrar con creces lo provechosa que fueron esas tres semanas. Ahora algo
suavizadas por la semana vivida en Puerto Viejo pero verdaderamente fueron muy
duras. Se tomaron el tente en pie, junto al borde de una gran cascada, de aguas
cristalinas aunque algo frías. Disfrutaron del baño, de la armonía de la selva
y la belleza de aquella pequeña acumulación de agua, que les permitió reposar
durante unos minutos y continuar hacía su objetivo final el Caribe. El abuelo
se congratulaba del acuerdo al que había llegado con aquel español, percibía su
honradez pero especialmente ese talante caballeresco tan desaparecido por esos
tiempos. De un saber estar a pesar de haber captado el poco afecto que tenía a
las relaciones humanas. Era un lobo solitario. Por fin decidieron poner por
concluida la jornada matutina, habían descansado, conversado y aprendido cosas
nuevas. No dejó la ocasión de adquirir más conocimientos sobre la selva. El
abuelo era un doctor en esos asuntos y no dudo en tener bien abiertos sus
sentidos para captar todo lo que aquel hombre le estuvo mostrando y enseñando.
Cabalgando hacia el regreso le andaba
rondando en la cabeza las dos cosas que más le impactaban de las dos culturas.
Sabía que no era mejor una que otra sino diferentes. Pero en el aspecto de la
familia, aun siendo solitario, prefería el concepto de España, aunque a decir
verdad últimamente se estaba también transformando. Por el contrario admiraba
el respeto y la veneración, que los pueblos centro americano y del sur, daban a
las personas mayores. Hacia el anciano. Un hombre podía dejar a una mujer con
seis o siete hijos y desentenderse por completo de ellos sin el menor arraigo
familiar, pero la mayoría sería incapaz de dejar a un anciano o anciana
abandonado. Cuanto se podía aprender de todas las culturas, cuantas cosas se
podrían rechazar también. Pero lo que él mamaba y trataba de transmitir a su
alumnado era actuar por ellos mismos. Nadie absolutamente nadie debía decidir
por uno. Posiblemente os equivoquéis les decía pero habrá sido por vuestra
decisión y eso os enseñará. De lo contrario jamás aprenderéis nada. Otra de las
cosas que insistía mucho era lo referente a luchar hasta la extenuación por los
sueños, por los objetivos, por las ilusiones que uno se fijará sin desistir. Siempre
que hablaba de esos temas terminaba con la misma frase.
“Te puedes caer mil veces o mas pero si te
levantas tantas como te caes llegarás. Por el contrario si te caes una sola vez
y no te levantas siempre estarás en el mismo sitio. En ningún lugar”.
domingo, 11 de mayo de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVI- ¡PURA VIDA!
CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO
¡PURA VIDA!
La avioneta tomaba pista con el
comienzo del atardecer. El aeródromo de Puerto Jiménez recibía el último
aterrizaje del día. A pie de pista un tico de la zona aguardaba con el coche de
alquiler a Julián. Al haber oscurecido y no conocer la localidad le pidió que
le acompañara hasta el hotel, pues solo difícilmente lo encontraría. Aceptó sin
el menor pero conduciendo a su cliente hasta el recinto hostelero. La
generosidad de Julián se plasmo con buena propina para ir a continuación a
recepción. Pensaba pasar dos o tres días en las instalaciones hasta que pudiera
planificar con algún guía su ruta por la Península de Osa. Cenó poco y sentado
en la terraza de la cafetería se limitó a realizar varia respiraciones
profundas para deleitarse con los sonidos de la selva que envolvían el
ambiente. No había demasiada clientela y la tranquilidad reinaba en la
estancia. Había contactado por teléfono con un guía de la zona que Andrea le
facilitó por medio de su abuelo. Un hombre de toda su confianza y con una
filosofía de la vida como sabía que le agradaba a ese profesor. Estaba cansado,
no se había recuperado del todo del viaje con el centro educativo, y tuvo que
realizar casi de inmediato su viaje a Costa Rica con unas once horas de vuelo.
Pero llevaba más de veinte desde que salió de su casa en Donostia. Iba a
abandonar el local para recogerse en la habitación cuando el ritmo de la música
invadió el recinto. La actuación de un cantautor y un grupo iban a amenizar
durante unas horas el ambiente de aquel lugar. Se quedó petrificado al ver al
cantautor que iniciaba su trabajo. Era aquel tico que le inundó de su
filosofía. Si con alguien no se hubiera imaginado encontrarse, sin lugar a
dudas era ese personaje. Se acercó, se saludaron, quedando en verse a la
conclusión de la actuación. Especialmente Julián estaba descolocado, no
entendía nada, comprendía menos y sin embargo se alegró como si de alguien muy
querido se tratase. La actuación dejaba mucho que desear. No solo la voz que
desentonaba con cierta asiduidad, la guitarra que acompañaba las estrofas el
artista rascaba sus cuerdas, porque tocar a eso no se le podía llamar tocar.
Pero escuchó atentamente sus letras. En esos versos recitaba cantado lo que él
conocía de aquel personaje. Sin duda trataba de transmitir a la gente lo que se
guardaba para él o para cualquier loco como Julián que se cruzara en su camino.
El contenido que portaban las letras le agradó de forma sobrecogedora. Aunque
pensó que no era el lugar más apropiado para recitar cantando esos
pensamientos. Si la intención era transmitir un mensaje difícilmente en un
local como aquel lo iba a conseguir salvo que fueran expresamente a saborear su
contenido. La gente hablaba en el local mientras comían o bebían. La música
estaba de telón de fondo nadie o casi nadie prestaba atención al artista que se
dejaba el alma en transmitir su mensaje. Concluida su actuación unos tímidos
aplausos agradecieron su esfuerzo. Dejó la guitarra que le habían presentado y
fue a sentarse junto a Julián que le esperaba con impaciencia para aclarar
aquella situación fuera de lugar, al menos para la composición que se había
hecho. Como no había cenado llamó al camarero para tomar nota de los deseos de
aquel artista. Advirtiendo que se lo cargaran en su cuenta. Encontrándose con
una nueva sorpresa, el artista si se
quedaba a cenar tenía toda la consumición que realizara completamente gratis.
Pocas palabras se cruzaron mientras ingirió los alimentos.
Tomado el café iniciaron la charla. Conocía lo suficiente al personaje
manteniéndose a la expectativa con el fin de aclarar sus inquietudes, pero
especialmente su situación.
- Tuve una señal.
Fueron sus primeras palabras, tras unos minutos de absoluto silencio.
Mientras proseguía mudo y expectante. Sabía que el personaje realizaría lo mismo,
tratando él por todos los medios captar, como le iban enseñando Maureen y
Adriana, los mensajes a través del lenguaje corporal. Pasaron los minutos y era
difícil adivinar que tramaba cada uno. Aquel extranjero había asimilado a la
perfección su forma de actuar y eso que solo permanecieron unas horas allí en
la selva. Lo observaba. Era muy complicado poder captar algo de ese personaje.
No se había producido comunicación oral cuando tuvieron que salir a la terraza
pues la cafetería la iban a cerrar. Bajo una luna reluciente y un océano de
estrellas proseguían uno frente a otro estudiándose mutuamente. Abajo, a unos
doscientos metros, el puerto y sus playas adyacentes. En la conversación que se
mantuvo, donde cada palabra debía asimilarse para comprenderla, analizarla y
traducir todos sus significados posibles, le relató que había tenido una
revelación de los espíritus donde le pedían transmitir su filosofía, la de la
selva, de los vegetales, de los animales que le transmitían a diario. Dar a
conocer cuál era el verdadero camino de la felicidad, donde se podría encontrar
y captar toda la magia que las pequeñas cosas, esas que carecían de
importancia, en ellas, estaba la sabiduría del mundo, estaba la felicidad.
En recepción le dieron una nueva
habitación. Alan, nombre del pintoresco personaje, acordó acompañarle en su
aventura. Al entrar fue directo al balcón, se tumbó en la hamaca que pendía de
una columna de madera y la pared para quedar profundamente dormido. La
felicidad inundaba a Julián. Convencerlo para que viviera con él esas semanas
iba a ser increíble. Descubrir la filosofía, la sabiduría y la magia que
atesoraba la selva no se pagaba con nada. No llegó a dormir, muy temprano se
puso en contacto con el guía proporcionado por su alumna, quedando en la
cafetería del hotel para desayunar juntos.
Le tendió la cantidad que habría percibido por realizar el servicio,
pero aquella persona manifestaba que plata que no se ganaba no le pertenecía.
Después de insistir asegurando que siempre que se comprometía con alguien, si
él era quien rompía el trato, pagaba hasta el último céntimo. Posiblemente de
no tener que quedar con él habría conseguido otro servicio, de ahí su
insistencia para que aceptara la plata. Tras despedirse una vez conseguido que
aceptara, se puso en contacto con la empresa de retacar y abonó las cantidades
estipuladas al devolver el coche. Alan apareció en el comedor cuando había
resuelto todo. Dejó el grueso de su equipaje en recepción para que lo enviaran
a la dirección de los abuelos de Andrea.
Unos pantalones largos, unos cortos, dos mudas de ropa interior, unas
buenas botas y unas chanclas completaban su equipaje en una pequeña mochila.
Sin pensarlo se lanzó a la aventura. Durante las dos primeras jornadas ni
llegaron a comunicarse verbalmente. Dormían en las ramas de los árboles como si
de simios se tratase, entre dos ramas y atadas con unas plantas similares a los
juntos, atadas y cruzadas construyeron una plataforma a siete y hasta quince
metros del suelo donde pernoctaban. Comían raíces y frutos, e incluso si había
suerte pescado crudo. La primera semana se le hizo muy dura, la incomodidad
para dormir, la comida, los insectos, los ruidos de la selva. Pero poco a poco
fue acostumbrando y adaptando su cuerpo, pero especialmente su mente a su nueva
situación. Era un hombre completamente libre, sin ataduras, sin dar cuentas a
nadie, tomando lo que necesitaba para vivir. Ayudando a la naturaleza a
proseguir, limpiando las veras de los ríos, o curaban a los animales que
encontraban heridos. Mantenían su higiene personal en aquellas pozas cálidas y
reconfortadoras, o en aquellos torrenciales ríos de agua clara y fría. Disponía
de las veinticuatro horas del día para meditar. Pero que difícil era pensar. En
una paz indescriptible pero con una sensación de inseguridad enorme. Era
consciente que un cambio tan radical no lo podía asumir en tan escaso periodo
de tiempo. Pero fue aprendiendo los diferentes modos de defenderse dentro de la
selva. A descubrir e identificar los frutos que podía ingerir, o las plantas
que podían curar o desinfectar una herida, o calmar el dolor. Como construir la
cama en el árbol y desmontarla a la mañana siguiente para dejar todo como se lo
encontraba. Hacia el final de su experiencia se dio cuenta que la libertad tampoco
se encontraba fuera. Había que buscarla en uno mismo. Pues había tantos miedos,
tantas trabas en nuestro cerebro que te impedían aun queriendo a comportarte
con plena libertad. Los últimos tres días rogó a Alan que lo condujera hasta
alguna población y allí él con lo asimilado durante esos veinte días trató de
sobrevivir completamente en solitario. La verdad es que no le resulto
excesivamente difícil, pero no era menos cierto que se cuidó de adentrarse
demasiado en la selva. Regresó a Puerto Jiménez. Tomó habitación en el mismo
hotel, de su llegada, salió de compras y regresó para tirar todos los harapos
que le quedaban de su viaje y darse una ducha tradicional. Al día siguiente
volaba a Alajuela y de ahí a Limón.
Durante los vuelos comprobó que albergaba más dudas que cuando inicio el
viaje. Había sido una experiencia increíble pero no cumplió con las
expectativas que esperaba. Ahora en frío pensaba si no hubiera sido mejor
realizar lo planificado desde España. Pero ahora no tenía importancia, no había
posibilidad de rectificación. Recordaba los malos momentos que pasó,
especialmente los primeros días cuando tuvo que recurrir a las plantas
medicinales para rebajar el hinchazón provocado por los insectos, arácnidos,
plantas, mil y un ser vivo más que hacía reaccionar a su organismo. Tuvo fiebre
y las plantas aliviaron las altas temperaturas. Ahora volvía a recapitular que
tuvo suerte al encontrarse con Alan de lo contrario de haberse metido él solo
por la selva en esos momentos no lo podría contar. Se llenó del saber de aquel
nativo. A sus alumnos siempre les decía que para adquirir conocimientos lo
mejor era vaciarse como niños para absorber toda la información. Desde luego él entró en la
selva con esa mentalidad y en esos momentos se daba cuenta de lo ignorante que
era el ser humano fuera de su círculo. Se replanteaba la forma de enseñanza,
los métodos y las directrices que se daban en educación. Toda aquella bola de
normas, de horarios, de sistematización de la enseñanza, de libros determinados.
¿No iba todo encaminado a un
objetivo concreto? ¿A un objetivo que dependiendo de los intereses de unos y
otros trataban de hacer una sociedad a sus intereses? ¿Por dónde andaba la
educación integral?
Esas dos maravillosas palabras que llenaban la boca a las direcciones
escolares, a los directores, a los padres, a los profesores.
¿Pero había interés en llevar a
cabo esa intención? ¿Cómo podíamos ser tan falsos?
Una educación estructurada, con horarios y con obligación de determinados
libros solo conducía a una determinada filosofía.
¿Pero de quien?
Su llegada al aeródromo de Limón le sacó de sus conjeturas. Descendió
del aparato y un empleado de raza negra le tenía preparado su vehículo de
alquiler. Rellenó los formularios necesarios, firmó los documentos exigidos y
en el carro se puso rumbo a Puerto Viejo. Una semana de relax, de comodidades
casi occidentales, eso sí, compartiendo vida con la familia de Andrea. Sabía
que amen de sus abuelos y tíos su padre también iba a estar por esas fechas.
Llevaba la idea de adquirir alguna propiedad por esa zona. Pues después de sus
primeras valoraciones lo que tenía claro es que dormiría bajo techo y lo más
protegido posible de los animalitos chupa sangres. Sería ideal comprarles el
terreno y la cabaña a los abuelos de Andrea. En esos días se lo propondría. Se
deslizaba, bueno miento botaba, por ese asfalto acribillado a baches siguiendo
con sus reflexiones. El puesto de la guardia nacional a uno y otro lado de la
carretera. Circuló lentamente y ante la señal de los policías de proseguir
continuo su viaje. Había pasado Cahuita y solo le faltaban escasos kilómetros
para toparse con el chiringuito de Maureen. Detuvo el vehículo ajustándolo lo
más posible al borde de la carretera y al descender del carro y dirigirse hacia
el puesto, le vio, dejó a los turistas que solicitaban un servicio con la
palabra en los labios y se lanzó a sus brazos como chiquilla que se encuentra
con su padre después de mucho tiempo. Sabía que iba a ir pero esas cosas que
cuando menos piensas en alguien a quien deseas ver te sorprende en el momento
que no estabas pensando en esa persona. No lo soltaba besaba su frente sus
mejillas hizo aman de posarlos en sus labios pero en su primer intento le
separó tomó sus dos manos y le lanzó uno de sus clásicos piropos a las
adolescentes. Saltaba daba vueltas en su en rededor, se volvía a abrazar a su
espalda a su costado de frente. Julián le suplicó que atendiera a su clientela
tendrían tiempo de abrazos, de charlas, de achuchones, de contarse las mil y
una historia que les había sucedido desde el ultimo día que hablaron por el
Skype, hacia tan solo tres semanas. Pues el mismo día que partía hacia Costa
Rica hablaron. Quería cerrar el negocio e irse con él al encuentro de su amiga
pero se lo impidió. La hora del almuerzo estaba cercana y le prometió que
comería con ella en el chiringuito. Eso sí, invitaba él. La felicidad inundaba
el alma y el corazón de aquella adolescente. Atendió al personal que se había
aglomerado mientras no paraba de sonreír y comentar. Por fin la afluencia de
público fue bajando progresivamente. Julián había preparado una mesa con dos
sillas e iba completando la mesa. Ella aprovechaba las pausas para preparar una
buena comida.
Se sentaron con todo dispuesto, los platos, cubiertos, vasos, pan, agua,
el primer plato y el resto, acoplado en una mesa contigua. Unas veces se
levantaba ella otras él y atendían al escaso público que en esas dos horas que
emplearon para comer. Iba a marcharse pero le rogó que se quedara hasta el
cierre quedaban dos horas para platicar antes del cierre. Luego recogería sus
cosas de casa para instalarse con ellos en la cabaña. Estaba muy cansado y
deseaba como nadie una buena ducha, cambio de ropa y tumbarse en la hamaca del pórtico
para disfrutar del slogan de Costa Rica “Pura Vida”. Pero su expresión le hizo
desistir y aceptó su propuesta. Durante la plática le contó la experiencia que
había vivido así como le relató sus intenciones. Maureen se alegró que se
cruzara con aquel “loco” de lo contrario no le habría vuelto a ver vivo. No
llegaba a entender como una persona con esa cultura y ese mundo fuera capaz de
cometer tal locura. Pero cuando le relataba los momentos buenos, la envidia
sana le corroía. Como le hubiera gustado compartir aquella aventura con su
amiga Andrea y Julián.
- ¿Sabe don Julián?
Lanzó la interrogación a su interlocutor y a su respuesta añadió llena
de orgullo, de expectativas, de deseos de ver la reacción de su maestro.
-Me saque la
secundaria y este curso he comenzado el bachiller.
Se quedó perplejo, lo habían hablado en multitud de ocasiones el verano
pasado, pero durante el curso en sus charlas por el Skype guardó el secreto
hasta ese día. Se levantó le hizo levantarse para abrazarle con un cariño
paternal que provocaron las lagrimas en aquel maduro personaje. Sin duda no
había perdido ese poder de convicción para que los jóvenes lucharan por
conseguir su puesto en la sociedad. Pero que fueran ellos los que anhelaran una
u otra cosa, sin intermediarios, sin presiones, escuchando, reflexionando,
criticando para ser ellos los que al final tomaran su decisión. Siempre les
hablaba de la importancia de no tomar un camino que no les convenciera aunque
se lo aconsejara la persona que mas apreciaban. Porque luego se arrepentirían y
la solución sería prácticamente nula.
- ¿Estás contenta?
¿No lo habrás hecho por lo que comentado este verano?
Seria se levanto y
tal y como estaba su maestro se abrazó a su cuello. Mientras le tranquilizaba
diciendo que si se había matriculado en bachiller era por algo.
- El Señor me permitió cruzarme
con usted pera descubrir mi camino a seguir. Quiero ser médico. Y pienso
entregarme en cuerpo y en alma en ello.
Aquella criatura comenzó a vaciarse con su compañero, su padre, su
amigo, su maestro, su guía espiritual, su todo. Si Andrea no estuviera
locamente enamorada de aquel hombre lucharía hasta el fin por conseguirlo. En
la conversación le expresó las dificultades para mantenerse y seguir llevando
el negocio. Le confesó que los abuelos de Andrea le propusieron que vendiera el
chiringuito, ellos le acogían en la familia. Pero no quería una autopista para
llegar a donde se había propuesto. Era consciente que esas carreteras destruían
demasiadas cosas. Aprovechó su confesión para proponerle una vía intermedia. Ni
la selva sin camino, había comprobado en su propia piel lo duro que era, ni la
autopista que en ocasiones te adormilabas y llega el accidente.
- Asóciate con
alguien que lleve el negocio, con el cincuenta por ciento y con un trabajo que
te propongo podrás estudiar sin problemas.
La idea no era mala, pero se preguntaba en qué consistía ese trabajo.
Entonces le confesó sus intenciones de adquirir un terreno y construirse una
casa. Al estar el lejos casi todo el año ella se dedicaría a cuidar y mantener
la casa en condiciones para cuando regresara. Pudiéndose quedar a vivir allí.
Con lo que sacara del negocio y el sueldo que tenía previsto para que alguien
se ocupara de su vivienda le resultaría suficiente para poder estudiar y vivir.
Maureen permanecía con los cinco sentidos en la propuesta de su ídolo. Aquello
sería genial. Tendría una vivienda y un sueldo a cambio de conservar la
propiedad para estar habitada en todo momento. Le hizo jurar a que esas eran
sus intenciones.
- Es más pasan por
ver si los abuelos de Andrea me venden los terrenos y la cabaña de la cala.
Aquella casa ere el sueño de Maureen y ahora aquel hombre le presentaba
en bandeja de plata los sueños de su vida. Se paró un poco, le abrazó y
mientras se recreaba en aquel conservado hombre le dijo en voz baja al oído
- Espero que todo
sea así. Pero necesito meditarlo. ¿Te importa?
La sonrisa de ese hombre se mostró en todo su esplendor, Esa adolescente
era excesivamente madura. Y estaba convencido que no había dicho sí sin
pensarlo por su amiga. Si a Andrea no le parecía bien ella no lo aceptaría.
Volvió a sonreír ya iba siendo capaz de leer el lenguaje corporal y en esa
situación se percató hasta que punto.
Maureen descendió del vehículo para llamar a la puerta. Andrea y su
padre se extrañaron pues siempre aparecía por la playa. Abrieron con el
automático la verja de entrada y el vehículo con sus ocupantes penetraron por
el camino de la selva. En el pórtico inferior aguardaba Andrea. Su asombro al
ver el carro fue grande pero al comprobar la presencia de Julián se lanzó como una poseída a sus
brazos. Maureen se unió a los dos y abrazados se desplazaban a saltos y giros.
Recordaba el triunfo en el partido de Vóley playa en sus primeros días
con aquel maestro. Cuando Maureen le relató que habían estado juntos a
escasamente un kilómetro de ella durante cuatro horas casi mata a su amiga.
Pero el tono era de juego, de envidia sana hacia su amiga, su compañera.
Prácticamente una hermana pues así vivieron muchos años, hasta que quiso
independizarse y hacerse cargo del chiringuito. Pero tampoco se dejaron de ver
hasta que Andrea tuvo que marchar hacia España y los dos años que su hermana
llevaba allí, no dejaba de comunicarse por Internet. El Skype les proporcionaba
ese contacto audio visual que tanto necesitaban.
miércoles, 30 de abril de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANKI- CAPITULO-XV- FIN DEL VIAJE
CAPÍTULO DÉCMO QUINTO
FIN DEL VIAJE
El transporte público, un taxi esperaba ente la entrada al hotel a la
pareja de Andrea y Julián. Lo solicitaron para encaminarse a la casa taller del
pintor que conocía el maestro. Varios de
los cuadros que adornaban el palacete en San Senbastián pertenecían al artista o
a un amigo.
El vehículo se detuvo en una estrecha calle y les indicó por donde
deberían acceder para encontrar la dirección pues eran calles peatonales de un
encanto que se transmitía nada más bajar del vehículo. Se percibía un aroma, un
sonido, un ritmo diferente al del resto de la ciudad. La gente que se movía por
ese barrio era dispar, desde el traje hasta los harapos se mezclaban y
conversaban dentro de una naturalidad pero especialmente de una familiaridad
que principalmente a Andrea le
impresionó. Al llegar a la dirección el local estaba abierto de par en
par, entraron con prudencia. Habían solicitado permiso pero al no recibir
contestación optaron por adentrarse en su interior. Cruzaron varias puertas y
por fin dieron con una sala donde una modelo de un cuerpo increíble posaba
completamente desnuda recostada en un diván ante la observación del artista que
mancha tras mancha plasmaba sobre un lienzo mantenido por un atril. Ante el
saludo de los visitantes el artista sorprendido se giró y al reconocerle
exclamó al tiempo que se abalanzaba sobre el personaje y se fundía en un
abrazo. Mientras se producía la muestra de afecto observó la mirar de su joven
acompañante. Se quedó un poco indeciso ante la actuación del artista, pues no reaccionaba
y continuaba abrazado a él. Por fin separándose, el artista comentó.
-Esa mirada tiene magia. ¿Posara para mi señorita?
Se la presentó como lo que era, una alumna y pronto entablaron una
estrecha conversación. Previamente advirtió a la modelo que esa jornada habían
concluido el trabajo, le llamaría cuando estuviese dispuesto a continuar. Le
abonó una cantidad para regresar con sus invitados para proseguir la iniciada
conversación. Tenía una edad similar a la de Julián, prendándose especialmente
de la joven acompañante de su amigo. Pronto comprendió que aquella criatura
portaba la magia del Caribe. Era un enamorado de Costa Rica y especialmente de la región de procedencia
de Andrea, sin que se lo dijeran adivinó la nacionalidad de la joven y al
cantón al que pertenecía. Asegurando que en ningún otro lugar del mundo había
observado la magia y el encanto de la mirada de las nativas de Limón. Ella
disfrutó preguntando mil detalles y curiosidades que tenía sobre la técnica de
la pintura y él le interrogaba sobre lugares que había visitado. Al enterarse
que Julián también estuvo por esos parajes trato de contrastar toda la magia
que él se trajo de sus viajes al país centro americano. Almorzaron en un local
perdido en el barrio de los artistas, pequeño, acogedor, con poca iluminación y
con una selección de música relajante que les proporcionó una velada
encantadora. Por la tarde regresaron al estudio y el comenzó a esbozar un
retrato de la joven. Le obsesionaba esa mirada dulce, picarona, profunda, que
conseguía desnudar a uno interiormente. Cualquier cosa que deseara esa joven
preguntar conseguiría una respuesta inmediata y sincera.
Julián rompió la magia surgida entre el artista y Andrea era hora de
reunirse con el grupo para asistir al musical. No se lo pensó mucho y aquel
artista les acompaño, deseaba platicar como dicen por esas latitudes con la
joven, descubrir nuevas rutas, nuevos lugares de aquellas tierras que le habían
enamorado. Conocía también a Maureen pues le cautivaron sus ojos pero
especialmente esa mirada. Hacía tres meses que comieron y compartieron juntos
una velada parecida a la vivida ese día. Cuando Julián comentó la casualidad el
artista le hizo callar casi de inmediato, como si le hubiera ofendido o atacado
personalmente. En tono aun enfadado le comentó que no entendía nada. Que en
realidad no había descubierto Costa Rica, y muchísimo menos había captado la
magia del cantón de Limón. Ni los misterios y embrujos de Puerto Viejo de
haberlo hecho jamás habrían hablado de casualidad. Cuando la magia alcanzaba a
cualquier ser aunque no fuera de la tierra desde ese instante era consciente
que las casualidades no existían. La magia y embrujo de esas tierras los unía.
Pretendía entrar en el hotel y seguir platicando con Andrea pero Julián
no quería intervenir directamente y lo comento con una de las profesoras que
les acompañaban en el viaje y ésta se encargó de que desistiera aquel
personaje. El alumnado debía recogerse en sus habitaciones. Pretendió averiguar
donde estarían al día siguiente y la profesora se puso en su papel de tutora
asegurando al personaje que si lo veía merodear por el hotel llamaría a la
gendarmería.
La jornada que les aguardaba era de picnic y el hotel les proporciono la
comida. Visitarían y convivirían todo ese soleado día en el bosque de Bologne
realizando diversas actividades, entre las que destacaron el piragüismo y
deportes de orientación. Concluida la cena en el restaurante, de los huevos
fritos con patatas, terminarían el día en el Sena para dar el viaje en barca. A
la mañana siguiente dejaban la capital para partían hacia los Alpes en concreto
harían noche en Annency.
Habían cenado tras un día de ejercicio y movimiento la jornada en el
bosque había sido movidita y la actividad física predominó sobre el resto.
Estaban muy cansados y aguardaban a la llegada del barco. La profesora que se
enfrentó al artista estaba sentada junto a Andrea y dos compañeras más en un
banco público aguardando la llegada del transporte acuático mientras
recuperaban sus casadas piernas. Un grupo de siete indeseables se cruzó con el
grupo e inquietaron a los jóvenes. A uno le quitaron el halado que estaba
tomando y ante su protesta se llevó un buen empujón. A una chiquilla le robaron
la gorra que llevaba. Uno de ellos el que parecía que comandaba el grupo se
aproximó al banco donde descansaban la profesora y las tres adolescentes. Sin
previo aviso colocó su mano en el pecho de la maestra mientras lazaba sus
impertinencias, ésta reaccionó y le soltó con la mano cerrada un puñetazo en
todo el rostro. De forma desmesurada comenzó a golpearle hasta la intervención
rápida de Julián, propinando al indeseable una patada entrepiernas que lo
derribó. Inmediatamente se personaron sus camaradas y comenzaron a rodear al profesor En perfecto
francés, comenzó a ironizar y ridiculizar al grupo.
¿Si sois tan
hombres como os creéis no tendréis inconveniente en enfrentaros uno a uno a un
viejo?
El pelota del grupo, fuerte como un toro, pero con capacidad mental de
un bebe detuvo a sus compañeros y le plantó cara. Las clases y cursos de artes
marciales le sirvieron para aprovechar la fuerza bruta de aquel gorila y
ridiculizarlo uno tras otro ataque. Hasta que con un movimiento rápido sin
prácticamente tocarle lo redujo atando pies y manos con el cordón de una de sus
deportivas, al más puro estilo tejano con su res. El resto se abalanzó sobre
él. La rapidez de reflejos le permitió salir de la primera embestida y dejar a
cuatro tocados al chocar sus cabezas una contra otra, con tal virulencia que
quedaron noqueados. La pareja que quedaba andaban algo doloridos pero habían
evitado el choque. Se miraron y emprendieron la huida como dos poseídos. El
jefe del grupo se había recuperado algo y ni corto ni perezoso ante la
habilidad de aquel viejo opto por sacar un arma blanca y amenazar a Andrea
colocándole el filo de aquella arma en el cuello de la alumna. La tensión
aumento. Julián comenzó a mediar para rebajar el pronto y evitar una desgracia.
Aquel salvaje deseaba ante todo salvar su dañado ego, y propuso soltar a la
joven si le prometía permanecer quieto hasta que le propinara un golpe. Aceptó
y mientras retiraba su mirada, Julián protegió sus partes con sus piernas.
Aquel salvaje soltó a la joven y a la carrera le devolvió el golpe para huir corriendo.
El impacto fue grande desequilibrando al maestro pero no le causó daño, en ese
instante había protegido sus vergüenzas. Profesora y alumna fueron de inmediato
a atenderlo pero les tranquilizó soltando una de sus paridas.
- No os preocupes
la última vez que me los trasplantaron los pusieron de plomo.
Nunca llegaría a comprender aquel maravilloso hombre. Cuando la policía
se personó solo quedaba el grupo en el lugar. Tras las oportunas aclaraciones
subieron a la embarcación con los profesores, salvo Julián que acompañó a la
gendarmería para declarar lo sucedido. Informando del hotel donde se hospedaban
por si deseaban tomar otras declaraciones a testigos presénciales.
Los monumentos, los puentes, las luces, el espectáculo del viaje en barco
quedó en segundo término todos comentaban y conversaban sobre el incidente y
especialmente la actitud de su profesor. Aun los tenía bien puestos comento
alguno. Andrea andaba junto a la maestra que inquietaron aquellos pandilleros y
conversaban, como no, sobre Julián. Cuando aquella adolescente le contó la primera etapa de su vida se quedó atónita.
Ahora comprendía muchas cosas. Pero aquel profesor había sido una tumba durante
los veinte años que llevaba compartiendo enseñanza con él en el centro educativo.
Ya les impactó tras la visita a los museos, pero ahora al escuchar su historia
admiraba más a su compañero. Por si fuera, fue el único de todos los presentes
que presentó cara a ese grupo. Acudiendo en su ayuda ante aquel salvaje. Quiso
indagar algo más sobre él y preguntó si había salido con alguna otra mujer
después de aquel desagradable suceso de su juventud. Andrea no lo sabía con
certeza pero estaba convencida que nunca estuvo con otra mujer. Lo conocía lo
suficiente como para estar convencida de ello. Una vez David un muchacho de
bachiller con el que había tenido ella una relación romántica le confesó que
hablando sobre temas de sexo Julián con su característico humor, e ironía que
solía utilizar le comentó que él la única independencia que conocía era en el
sexo. Cuando las hormonas le picaban se iba con la alemanita. La maestra con la
inocencia típica de una persona mayor con poco mundo pregunto cómo era aquella
alemana o si se trataba del mote de alguna fulana. Andrea comenzó a reír y
aquella maestra extrañada le preguntó de nuevo. Andrea hizo el gesto de la
zambomba al tiempo que repetía ¡Ale manita! ¡Ale manita! Fue entonces cuando
cayó en la cuenta y comenzaron a reír de tal forma que todos se giraron hacia
la pareja y uno de los chicos del grupo, aprendiz de su maestro, al ver el
gesto de Andrea gritó.
Yo primero. Yo primero.
Las risas inundaron la embarcación y Andrea soltado un:
¡Qué cerdo que
eres!,
Se sonrojó. Más de una vez le
recordarían los chicos a su compañera el incidente de esa noche.
Llegaron al hotel y fueron directos a la cama. Ya tenían a la tropa
recogida cuando la profesora rogó conversar con él. Trató de eludir mientras
comentando que la acción de esa noche no tenía la menor importancia. Pero
insistía que no quería hablar del tema de esa noche. Por supuesto que estaba
muy agradecida por la acción pero deseaba tratar otro asunto. Bajaron a
recepción, en la cafetería, se sentaron, pidieron unos cafés produciéndose un
silencio profundo. No sabía cómo iniciar aquella charla que había solicitado.
Era de los compañeros que más atacaban en las intervenciones de Julián en el
claustro y la más crítica por su “desprecio” hacia la independencia del País
Vasco. Consciente que dominaba el euskera como pocos profesores pero era el
único que daba siempre sus clases en castellano. Así como siempre que la banda
cometía una “acción de guerra” como solía denominar ella, la criticaba
duramente en todas sus clases. Ahora comprendía un poco mejor a excelente
maestro aunque no compartiera ciertas ideas, jamás incitaba a la violencia,
siempre mostraba a sus alumnos incluso a los más radicales la necesidad del
dialogo para limar distancia entre las personas y sobre todo había que defender
cualquier cosa, con la palabra, demostrando y convenciendo a la mayoría para
lograr lo que se buscaba. Por fin se decidió a iniciar la charla. En primer
lugar deseaba disculparse por su comportamiento con él durante todos esos años.
Julián quiso zanjar el asunto y marcharse a dormir. Pensaba que era simplemente
una manera de agradecerle su actuación de esa noche y a ciencia cierta que le importaba un
comino. Solo actuaba y realizaba algo cuando estaba convencido que debía obrar
así, sin esperar nada a cambio. Ni mirar quien estaba favoreciendo o
perjudicando. Pero la señorita le rogó que le escuchara, luego si lo deseaba
podía irse sin ningún problema. Le fue exponiendo en primer lugar que
desconocía su vida totalmente. Se cuidó de mencionar nada de lo relatado por
Andrea pues la adolescente le suplicó encarecidamente que no le confesara nada.
El monologo de la profesora se extendió durante más de cuarenta y cinco
minutos. Julián escuchaba atentamente y analizaba con serenidad y paciencia la
situación, las palabras, la tensión de aquella compañera de trabajo. Se dio
cuenta de la sinceridad de sus palabras y se alegró de la actitud que iba
mostrando incluso en los temas en los que a ambos les separaba un abismo.
Cuando pensó que se había explicado lo suficiente dejó una pausa que duró cerca
de cinco minutos y luego añadió.
Es todo lo que
deseaba expresarle no pretendo que me entienda o comprenda pero no hubiera
podido dormir de no confesarle lo que pienso y siento después de tantos años de
compañeros y el daño que sin duda le he causado.
Julián sonrió, era consciente que si provocaba una conversación tras el
monologo de aquella profesora se producirían momentos de llanto por parte de
aquella mujer. Había tenido una tarde noche de demonios en la gendarmería con
tantas preguntas. Y todo para nada pues no se pudo identificar ni detener al
grupo de indeseables. Le agradeció su sinceridad, al tiempo que le pedía
disculpas si dejaba para otro día la conversación. Estaba en un momento de su
vida difícil, tenía demasiadas incertidumbres y dudas sobre cómo enfocar su
vida a partir de su viaje a Costa Rica y como había sido sincera, no deseaba
defraudarle con frases y respuestas vacías. Tal vez más adelante pudieran
reanudar aquella conversación y exponer sus pareceres, compartiendo o
simplemente captando la opinión del otro aunque no se compartiera. La maestra
se levantó del sillón y se abrazó a su compañero. El no era muy partidario de
esas muestras cariñosas cercanas pero la aceptó y ambos se fueron a sus
habitaciones a descansar.
Julián andaba moviendo a la gente para que bajaran al comedor a
desayunar. Debían tener todo preparado para nada más terminar esa primera
comida del día, subir a las habitaciones atender la limpieza bucal, visitar a
roca para aguas menores o mayores e inmediatamente con el equipaje cargarlo en
el autobús y desplazarse a su última estación de aquel viaje. Annency. La
entrada de Julián en el comedor fue recibida por todo el grupo en pie y los
aplausos no pararon hasta que su maestro ocupó un lugar en una de las mesas.
Mientras sonreía y el gesto de cabeza mostraba su agradecimiento al tiempo que
expresaba lo que tanto les contaba a su equipo de alumnos.
“No me agradezcáis
nada pues amen de ser mi obligación me quitáis meritos para cuando el Señor me
pida cuentas”
A las dos horas de viaje pararon en una zona de descanso donde habían
quedado con el otro autobús. Allí se reunió todo el grupo y pudieron almorzar o
tomar las típicas cochinadas que suelen vender en esos establecimientos. De
nuevo los comentarios sobre la noche anterior se dieron cita entre un grupo y
otro. Y Julián tuvo que soportar los saludos, las felicitaciones, las
admiraciones, los asombros y demás tonterías como él decía.
La Venecia francesa se veía al fondo, los autocares a buena marcha iban
agrandando la villa hasta que se vieron inmersos en sus calles. Unos veinte
minutos de circulación hasta llegar a un hotel donde tenía reservadas
habitaciones. Una hora de plazo se les dio para ordenar las cosas y bajar al
comedor a cenar. Eran las diecinueve horas, algo pronto pero era la hora que
les habían asignado. Luego quince minutos para coger lo que desearan de las
habitaciones y de nuevo en los autocares hasta la zona de los pequeños canales
junto al lago. La pequeña iglesia gótica
sería el lugar de reunión y todo el mundo debía estar a las veinticuatro
horas de ese día. Las semifinales del campeonato del mundo que se celebraba en
Francia. Enfrentaba a la selección anfitriona con Alemania. Varios alumnos y
profesores principalmente del género masculino se fueron a bares y locales para
ver el partido otros deambularon por las calles para visitar la pequeña pero
encantadora localidad. La victoria de Francia enloqueció las calles y los chicos
se unieron a la fiesta de los lugareños.
Esa mañana tras desayunar y estando a punto de partir hacia Donostia y
reunirse con sus familiares salió corriendo el director del hotel para subirse
al primer autocar. Los profesores, incluido Julián se temían alguna gamberrada
pero cuál fue su sorpresa cuando micrófono en mano felicitaba en un perfecto
español al grupo por su comportamiento. Por su local habían pasado numeroso
grupos de estudiantes de todos los países imaginables, pero hasta la fecha ninguno
había tenido un comportamiento como ellos. Los aplausos se desataron en el
autocar y el director se los devolvió para dar las gracias a los muchachos y
especialmente a sus profesores. Bajó del autocar y entró en el segundo
repitiéndose la operación.
El viaje de regreso se hizo en silencio todos andaban con falta de sueño
y la libertad se les acababa. De nuevo a la rutina diaria, unos a su pueblo
natal a pasar las vacaciones, otros a otras comunidades para disfrutar un mes
en familia y los menos a viajar por el mundo. A Julián le esperaban cuatro
semanas de relax, de paz, de pura vida, pero sin duda con una gran
trascendencia para su futuro.
jueves, 24 de abril de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACI´N- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO XIV- EL VIAJE DE FIN DE CURSO
CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO
EL VIAJE DE FIN DE CURSO
Los médicos desaconsejaron el embarcarse en un viaje de esas
características. No estaba completamente recuperado y diez días con
adolescentes no le iban a permitir descansar lo que precisaba. Pero no dejaría
plantada a su tutoría. Todos los del equipo de Julián lograron la titulación en
junio. Accederían al Bachillerato. Aquella circunstancia no se había producido
en los sesenta años de historia del centro. El aprobado del cien por cien de
los componentes del curso.
En el salón de su casa meditaba sobre su futuro, no estaba muy seguro,
pese a acogerse a la reducción de horario, en el mes de julio, en concreto el
quince tenía esa posibilidad que el convenio le permitía. Había decidido que
tras el viaje se perdería por Costa Rica, pero su intención pasaba por ir solo,
sin avisar a nadie. Tanto Andrea como Maureen le habían preguntado una y mil
veces si iría, e insistían que así lo hiciera, pero no les aseguro nada. Ahora
estaba decidido a ir para perderse solo. No conocía la parte sur oeste de Costa
Rica, en el parque de Corcovado, en la península de Osa. Sería un buen lugar
para perderse y meditar sobre su futuro.
El mismo día de su partida hacía futuroscope la banda terrorista
anunciaba un alto el fuego, que por supuesto después de lo acontecido anteriormente
nadie confiaba que se llevaría a cabo. Pero las elecciones autonómicas estaban
cerca y posiblemente legalizarían algunos partidos para presentarse a las elecciones de Euskadi.
El grupo de alumnos con sus equipajes en la mano, sus dispositivos
tecnológicos de música, esperaban con impaciencia acoplarse en los autobuses,
en concreto dos. El número de viajeros entre alumnado y profesorado acompañante
ascendía acerca de los ciento quince, pues amen de los de secundaria les
acompañaban los alumnos del último curso de los módulos elementales. Poco a
poco el profesorado iba colocando al alumnado en los autobuses. Los diferentes
grupos de cada curso intentaban colocarse juntos, cosa que no sucedió con el
equipo de Julián. Entraron todos en un autocar pero no había esa necesidad
imperiosa de coger asiento junto a un determinado alumno o alumna. Antes de
subir los jóvenes, a los que Julián les costeaba el viaje, le comunicaron que
sus padres deseaban hablar con él. Entró con las dos parejas en el centro
educativo para entrar en la sala de reuniones donde les atendió. Mostraron su
agradecimiento no solo por facilitar que sus hijos pudieran acudir a un viaje
de ese tipo tan importante para los adolescentes. El trabajo que les había
proporcionado a los cuatro les permitía costear, en las circunstancias
actuales, el viaje. Le extendieron ambos sobres con la cantidad del coste del
viaje, pero Julián se negó a aceptarlo. Era un regalo prometido anteriormente y
siempre que se comprometía a algo lo cumplía a rajatabla. Hubo su tira y afloja
pero no lo aceptó. Las madres con lagrimas en los ojos agradecían especialmente
la posibilidad que les había dado de poder mantener a la familia sin
penalidades, gracias a las gestiones realizadas por aquel maestro para colocarlos.
Corrió hacia el autobús que requería su presencia ya que todo el mundo
estaba dispuesto a iniciar aquella aventura lejos de sus tutores legales.
Casi diez horas les llevó llegar al complejo de futuroscope.
Descendieron de los autocares para producirse el reparto de habitaciones.
Debían darse prisa pues la hora de la cena estaba terminando. Algunos se
pudieron duchar otros llegaron al comedor con ese tufillo de compañerismo algo
usual en los chavales, de esos tiempos. Y eso que Julián se ponía duro con los
cerditos, o cerditas, cuando no lo hacían tras una sesión de educación física.
Especialmente con un par de su tutoría a los que en clase cuando discutía con
ellos la necesidad de ducharse siempre después del ejercicio al responderle que
no les hacía falta soltaba esa frase irónica que empleaba en estos casos.
“Ya sé que tu solo te bañas una vez al mes haga falta o no,
pero no estaría mal tirarte un poco de agua después de clase”
Concluida la cena, huevos fritos con patatas, un trozo de lechuga, una
rodaja de tomate y una aceituna, con unas natillas que solo Dios sabía de que
estaban hechas. Fueron a sus habitaciones a cambiarse de ropa ducharse el que
no lo había hecho e incluso alguien repitió para ponerse guapas y guapos e ir a
la fiesta que daban en el centro recreativo cultural.
Hubo parte del grupo que regresó muy temprano al hotel, habían entrado
en un supermercado indio de esos abiertos las veinticuatro horas y se dedicaron
a comer la clásica comida basura de los adolescentes. Por el contrario otros se
mantuvieron en la fiesta hasta que los tiraron sobre la una y media de la
madrugada. Julián se mantuvo al margen, vigilante para evitar cualquier
problema al grupo pero se pasó las horas hasta las dos de la madrugada que se
metió en la cama. Hubo problemillas con el alumnado de los módulos pero los de
secundaria se comportaron perfectamente. A la mañana siguiente tras el desayuno
entraron en el parque temático, tenían el día completamente libre salvo salir
del recinto. A las trece horas tenían designada en uno de los comedores la
comida hasta esa hora se desenvolverían libremente, comerían y de nuevo hasta
las veinte treinta que deberían acudir a
cenar al hotel. Luego todos a la cama pues sobre las ocho de la mañana partían
hacia Paris. Donde pernoctarían seis noches. Como iban a estar en hoteles
diferentes, los de secundaria y los de módulos el profesorado optó por seguir
rutas independientes, pues la lejanía de los hoteles no permitía quedar juntos.
Eso si los dos días designados para ir a Eurodisney y a Versalles, quedaron en
verse en los dos centros, recreativo y cultural. También quedaron una noche
para el paseo en barco por el Sena. Una vez instalados en el hotel, donde
pernoctarían seis noches, acudieron a comer en un restaurante para grupos,
cercano al Sena. Concluido el almuerzo se les dio tiempo libre hasta la hora de
la cena en el mismo restaurante. Todos se apuntaron la dirección y los
profesores les advirtieron que el que llegará tarde se quedaría sin cenar.
Julián se perdió solo. Andrea lo andaba buscando para estar junto a él, pero
parecía que últimamente le re huyera, y al no dar con él se apunto con un grupo
de clase y se olvidó.
Anduvo por el barrio de los artistas y se entretuvo contemplando a los
diferentes personajes de la zona. Merendó comprando algunos pastelitos salados
y dulces que adquirió en una pastelería muy conocida de la capital y en un
parque cercano a Notre Dame sentado en un banco dio buena cuenta de lo
adquirido. Contempló a la gente que pasaba por el lugar, a las impertinentes
palomas que merodeaban en busca de las migas que le cayeron mientras merendaba.
Cuando miró el reloj faltaban quince minutos para el plazo dado al alumnado
para acudir al restaurante. Salió a la avenida detuvo y taxi y llegó escasos
dos minutos antes de la hora marcada. No faltaba nadie y tras el oportuno
permiso del encargado del local fueron acoplándose en las mesas para la cena.
De nuevo las patatas fritas y los huevos los acompañaron como manjares. Un
helado cerró la cena. El autobús los recogió en el mismo restaurante y los
condujo hasta el hotel. Esa noche la discoteca del establecimiento estaba
reservada para los jóvenes, pues así
rezaba en el contrato. Allí se dieron cita con sus mejores galas. Hubo alguno y
alguna invitada extra que conocieron por Paris esa tarde y pasaron una velada
demasiado corta para ellos moviendo un poco el esqueleto. Andrea volvió a
buscar a Julián. En un rincón algo resguardado, pero dominando la sala se
encontraba su maestro. Se sentó junto a él y le mostró sus inquietudes, sobre
cómo le estaba eludiendo últimamente. Restó importancia al comentario de la
adolescente, pero conforme insistía le aclaró que andaba algo inquieto sobre
cómo afrontar su vida últimamente. Le invitó a bailar y distraerse con sus
compañeros, Mostró su disconformidad, desaba desde el inicio del viaje poderse
reunir con su maestro y hablar. No puso pegas y mantuvieron una amena
conversación. Volvió a insistirle con ir ese verano a Costa Rica. No era una
persona que le gustara mentir ni ocultar nada y le confesó sus intenciones. No
lo entendía.
¿No quería estar
con ella? ¿Eran con sus abuelos con los que no quería estar? ¿Con su padre?
Que por cierto ese verano estaría un mes completo. Él le mostró la
necesidad que tenía de centrar su vida en esa recta final que le quedaba, es
cierto que podía ser mucho tiempo pero también se podía acabar ahí mismo. No
era cuestión de no querer estar con alguien en concreto. Deseaba aislarse,
estar solo y meditar sobre su futuro. Le confesó que le gustaría poder pasar
ese mes con algún nativo como el que conoció en Talamanca, con esa serenidad,
esa sabiduría popular, y especialmente con esa visión de la vida. Al final
Andrea consiguió que se comprometiese al
menos una semana con ella y su familia pues de enterarse de su estancia
en el país ese tiempo se enfadarían y con razón. Le aseguró que en su plan estaba pasar el
último fin de semana con la familia y saludar a Maureen, pero tras la
conversación se comprometió a estar una semana. Andrea insistía que su abuelo
le proporcionaría un lugar tranquilo para sus pretensiones. Pero él no quería
involucrar a nadie.
Aquella entretenida conversación puso su punto final cuando los tiraron
del local, ya era hora de recogerse en sus habitaciones. Después del desayuno
les esperaba una jornada completa en Eurodisney. No tenía sueño y salió a la
terraza de su habitación. Una vista hermosa se contemplaba desde aquel vigésimo
piso. La luz, el arte, la música, el amor, se palpaba en cada rincón de la ciudad. Que contrastes tan bruscos, Esa ciudad llena
de luz, de movimiento, de “civilización” en contra punto con la imagen que se
le grabó desde las cumbres de Talamanca junto al nativo. Que dos mundos tan
diferentes y que belleza envolvía a los dos. Después de ese verano cual le
convencería. Alternarlos, pensaba que no era posible, decidirse por uno o por
otro era romper o no romper con todo lo que había sido su vida. Su mente le
llevó a la banda, ahora tras la tregua tal vez pudiera librarse de la escolta.
Eran buenas personas y unos excelentes profesionales pero no le gustaba estar
controlado las veinticuatro horas. De lo que estaba convencido es que la banda
nunca le marcaría para tomar una u otra decisión. Tal vez la que más fuerza
hacía inconscientemente para no abandonar la vida que llevaba hasta el momento
era su madre. Era muy mayor y no le quedaban muchos años. Pero tras el viaje
con su alumnado a Costa Rica tendría
tiempo y tranquilidad suficiente para tomar una determinación
Eran las cuatro de la madrugada y las persianas comenzaban a cerrarse,
por ello decidió meterse en la cama y descansar aunque fueran un par de horas.
El móvil le despertaba a las seis y media de la mañana. El recorrido por
las habitaciones para que fueran desprendiéndose de las legañas para bajar a
desayunar,
Dos horas les llevo el desplazamiento hasta el parque y otros treinta
minutos para entrar. Libres hasta las dieciocho horas que los recogería el
autobús para acudir al restaurante y cenar.
Ante sus ojos el ejemplo claro de la sociedad en la que vivía.
Consumismo atroz, desde niños “los países civilizados” desde la mañana hasta la
noche nos bombardeaban constantemente con el consumismo. De nuevo la frase de
Diógenes,
“Como me gusta
asistir al mercado y ver cuántas cosas no me hacen falta”
O aquella de San Francisco de Asís remachada por el nativo de Costa
Rica.
“Necesito poco y lo poco que
necesito lo necesito poco”
A lo que añadió aquel nativo.
“Pues yo no necesito ni ese poco”.
Pero lo más grave, para él estaba en la enseñanza. Hacia donde dirigían
al alumnado. Si la misión del educador no es dirigir era acompañar. Cuantas
discusiones había tenido sobre ese tema en las reuniones de claustro o de
equipo de profesores. Cuantas veces matizo la diferencia entre grupo y equipo.
Solo hacía falta consultar al diccionario de la lengua española. Observaba a su
alumnado con más poder adquisitivo, helado en una mano chorradas en la otra y
bolsas con camisetas, gorras muñequitos y mil chorradas más. Además todos esos
trastos no les permitían disfrutar de las atracciones del parque. Él debía
luchar contra esa sin razón. Nos estábamos empeñándonos de por vida
¿Para qué?
Para alimentar el ego y el poder de unos pocos.
¿Hacia dónde caminaba la sociedad?
Como educador debía seguir al pie del cañón y tratar de cambiar esa
corriente por muy torrencial que fuera. Esa era su misión. Pero si lo dejaba
todo. No sería un acto de cobardía, de abandono. Era cierto que él
económicamente no había tenido en su vida problema alguno. No era muy
partidario de dar dinero a la gente de la calle, eso sí en más de una ocasión
facilitó cantidades de dinero para iniciar un negocio sin ningún interés.
También era cierto que siempre había sido a familiares directos de su alumnado.
Andaba enfrascado con sus cavilaciones cuando Andrea le sacó de su letargo
intelectual.
¿Qué hacía allí a solas? ¿Dónde estaba el resto del
profesorado?
Aunque se dio cuenta que esa última pregunta era una autentica tontería
los tres profesores, dos mujeres y un hombre que les acompañaban en el viaje no
eran santo de su devoción y era incapaz de fingir una buena relación por eso
prefería ir a su ritmo. Julián le pidió que no se preocupara por él estaba
masticando una serie de artículos para publicarlos y sabía muy bien que en la
soledad era cuando las musas acudían. Le hizo caso y con el primer grupo de
compañeros de clase se fue, pero le hubiera gustado mucho mas quedarse con su maestro
era una lección magistral cada momento que pasaba junto a ese hombre. Un ser
humano lleno de seguridad en sí mismo, con convicciones profundas pero con
dudas constantes. Que desperdicio de
hombre se decía en numerosas ocasiones. Siempre dispuesto a ayudar a quien
fuera. Recordaba esa tarde paseando con David y él por el parque de Mélodi
cuando encontraron en pleno invierno a un vagabundo tirado en el suelo. La
gente se apartaba y se alejaba lo más rápido posible de aquel ser humano.
Cuando pasaron se detuvo de inmediato, le incorporó con precaución manteniendo
su cabeza un poco elevada mientras se quitaba su abrigo y lo colocaba sobre el
cuerpo de aquel desdichado lleno de vómitos. Recordaba la mirada que lanzó a
los transeúntes que se alejaban de aquella persona y pudo comprobar su mirada.
Jamás olvidaría esa mirada, enrabietada, triste, incrédula ante el
comportamiento de esos seres humanos. Una vez arropado tomó su móvil y llamó a
los servicios de urgencia. Los veinte minutos que estuvo junto aquel mendigo le
hablaba con un cariño que le provocaron las lágrimas y ahora recordándolo con
sus compañeros volvieron a brotar de sus lagrimales. Una compañera, que se unía
al grupo al ver le llorando le preguntó. Restó importancia a esa acción
fisiológica y se enfrascaron en una conversación en torno a su maestro.
Julián decidió pasear un poco por las tiendas de consumo y por
cafeterías que invitaban a descansar a refrescarse pero sobre todo a consumir,
consumir y consumir. Una niña de no más de dos añitos lloraba llamando a su
mamá, se aproximó y mientras entretenía a la pequeña buscó a uno de los
múltiples vigilantes del parque para que buscaran a su familia. Una de sus
alumnas que merodeaba por el lugar comentó
-Julián parece el
ángel de la guarda. Siempre está donde alguien le necesita.
Sonrieron para proseguir cada uno su camino. Comió con Andrea y su grupo
pues así se lo prometió cuando optó por ir con sus compañeros y dejarlo con sus
meditaciones.
Fue un día tranquilo y enormemente movido y cansado para el grupo.
Fueron a cenar al restaurante de todos los días y luego se perdieron en el
hotel. La mayor parte del grupo opto por dormir un poco o al menos permanecer
en los cuartos para jugar en grupo.
Desayunaron temprano, ese día estaba designado a museos. El Louvre,
Orsay, centro cultural Pompidu. La visita a los museos no era obligatoria si
alguien deseaba realizar cualquier otra actividad lo podía hacer siempre y
cuando a las trece se personaran en la puerta principal del Louvre para ir a
comer. Luego se visitaría el resto de los museos quedando a las veinte horas en
la entrada del Centro cultural Pompidu, para acudir a cenar.
La decepción de los profesores fue inmensa, solo el grupo de Julián y
dos alumnos de los otros grupos se quedó en el museo. La tutoría de Julián
conocía bien a su profesor. No solo iban
a ver unos museos, a ver arte. Iban a aprender a través del arte a ser ellos
mismos. Aquel maestro era capaz de convertir en diversión, en entretenimiento,
hasta una misa solemne. Lo conocían ya de las actividades que se realizaban en
el centro educativo y eran conscientes que se habría preparado a conciencia
esas visitas que le correspondía. Quien se asombró al terminar, lo que el margen
de tiempo les permitió, fueron sus compañeros de profesión. Era increíble la
cultura de aquel profesional, pero más que sus conocimientos les asombró como
les exponía un cuadro o una estatua y como aquellos adolescentes se embelesaban
con la lección que estaban recibiendo. Al mismo tiempo les metía puyas de
crítica sobre el consumismo del día anterior. Hubo gente ajena al grupo de
estudiantes que se añadieron a la visita que conducía Julián e incluso unos
japoneses cuando se iban a ir le ofrecían un billete al pensar que era un guía
del museo. Comieron y de nuevo la generosidad de su maestro les hizo sentirse
unos privilegiados. Ahora sus compañeros de trabajo se daban cuenta de la
calidad de aquel hombre. También se explicaron cómo había logrado que su
equipo, como le gustaba a él que se dijera, habían logrado todos la titulación.
Indudablemente ese hombre era una enciclopedia pero más que sus conocimientos
les asombró su método, su dinámica, su variedad, no repitió ninguna en el resto
de los museos. En momentos hasta parecía grosero con alguno de sus alumnos pero
ninguno se sentía molesto u ofendido cuando les llamaba al orden con alguna de
sus paridas como solía decir.
Tras la cena, de huevos fritos y patatas por supuesto, se les dio tiempo
libre hasta la una de la madrugada. Quedando
en encontrarse en el arco del triunfo para acudir al hotel.
Al día siguiente volverían a juntarse con el resto de sus compañeros de
módulos pues iban de visita a Versalles. La jornada se desarrollo sin
incidentes y en esta ocasión Julián se mantuvo al margen. Pero aquel grandioso
palacio y sus jardines motivaron lo suficiente al grupo para pasar una mañana
entretenida. Por la tarde visitaron la localidad, pero la mayoría del grupo se
quedó jugando en los parques de la localidad. Aquí si se apuntó Julián y junto
con Andrea y otros compañeros retaron a un partido de Vóley. Estuvo francamente
animado y el alumnado de módulos se asombraron del juego de aquel viejo.
Llegaron de noche y como consecuencia del tráfico no pudieron acudir a cenar al
restaurante pues ya habían cerrado. Se acercaron a las calles, donde estaban
ubicados la mayor parte de los teatros y allí en centros de comida se les
proporcionó la cena, que fue costeada con el fondo de emergencia que se llevaba
para casos como el que sufrían. Llegaron
tarde al hotel y terminó la jornada. El que quisiera seguir lo debería hacer en
las habitaciones manteniendo el mayor silencio posible para no molestar al
personal del hotel.
La jornada siguiente fue de visita a los monumentos principales de la
ciudad. La Sagrada familia, Notre Dame, la torre Efiell, El arco del triunfo,
el jardín de las Tullerias, los diferentes puentes, la Bastilla. En fin que fue
un día de caminatas de subir y bajar de fotografiar y de compartir los bancos
públicos para descansar las posaderas de las largas caminatas que se dieron. Al
día siguiente tocaba una jornada libre hasta las veinte horas donde se deberían
encontrar todos en la puerta de un teatro para asistir a un musical. La comida de
ese día la tenían contratada en el hotel. La noche anterior ya quedaron en
recoger un picnic aquellos que optaran por comer fuera, que por cierto fue la
mayoría. Julián se decidió por visitar a un viejo conocido que tenía su taller
de pintura en el barrio de los artistas, le telefoneó y quedó con él para ir a
comer por su zona. Andrea deseaba pasar unas horas con su maestro y le rogó
acompañarlo tenía mucho interés en conocer un poco como se desenvolvía un
artista en una sociedad de esas velocidades.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



