miércoles, 30 de abril de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANKI- CAPITULO-XV- FIN DEL VIAJE
CAPÍTULO DÉCMO QUINTO
FIN DEL VIAJE
El transporte público, un taxi esperaba ente la entrada al hotel a la
pareja de Andrea y Julián. Lo solicitaron para encaminarse a la casa taller del
pintor que conocía el maestro. Varios de
los cuadros que adornaban el palacete en San Senbastián pertenecían al artista o
a un amigo.
El vehículo se detuvo en una estrecha calle y les indicó por donde
deberían acceder para encontrar la dirección pues eran calles peatonales de un
encanto que se transmitía nada más bajar del vehículo. Se percibía un aroma, un
sonido, un ritmo diferente al del resto de la ciudad. La gente que se movía por
ese barrio era dispar, desde el traje hasta los harapos se mezclaban y
conversaban dentro de una naturalidad pero especialmente de una familiaridad
que principalmente a Andrea le
impresionó. Al llegar a la dirección el local estaba abierto de par en
par, entraron con prudencia. Habían solicitado permiso pero al no recibir
contestación optaron por adentrarse en su interior. Cruzaron varias puertas y
por fin dieron con una sala donde una modelo de un cuerpo increíble posaba
completamente desnuda recostada en un diván ante la observación del artista que
mancha tras mancha plasmaba sobre un lienzo mantenido por un atril. Ante el
saludo de los visitantes el artista sorprendido se giró y al reconocerle
exclamó al tiempo que se abalanzaba sobre el personaje y se fundía en un
abrazo. Mientras se producía la muestra de afecto observó la mirar de su joven
acompañante. Se quedó un poco indeciso ante la actuación del artista, pues no reaccionaba
y continuaba abrazado a él. Por fin separándose, el artista comentó.
-Esa mirada tiene magia. ¿Posara para mi señorita?
Se la presentó como lo que era, una alumna y pronto entablaron una
estrecha conversación. Previamente advirtió a la modelo que esa jornada habían
concluido el trabajo, le llamaría cuando estuviese dispuesto a continuar. Le
abonó una cantidad para regresar con sus invitados para proseguir la iniciada
conversación. Tenía una edad similar a la de Julián, prendándose especialmente
de la joven acompañante de su amigo. Pronto comprendió que aquella criatura
portaba la magia del Caribe. Era un enamorado de Costa Rica y especialmente de la región de procedencia
de Andrea, sin que se lo dijeran adivinó la nacionalidad de la joven y al
cantón al que pertenecía. Asegurando que en ningún otro lugar del mundo había
observado la magia y el encanto de la mirada de las nativas de Limón. Ella
disfrutó preguntando mil detalles y curiosidades que tenía sobre la técnica de
la pintura y él le interrogaba sobre lugares que había visitado. Al enterarse
que Julián también estuvo por esos parajes trato de contrastar toda la magia
que él se trajo de sus viajes al país centro americano. Almorzaron en un local
perdido en el barrio de los artistas, pequeño, acogedor, con poca iluminación y
con una selección de música relajante que les proporcionó una velada
encantadora. Por la tarde regresaron al estudio y el comenzó a esbozar un
retrato de la joven. Le obsesionaba esa mirada dulce, picarona, profunda, que
conseguía desnudar a uno interiormente. Cualquier cosa que deseara esa joven
preguntar conseguiría una respuesta inmediata y sincera.
Julián rompió la magia surgida entre el artista y Andrea era hora de
reunirse con el grupo para asistir al musical. No se lo pensó mucho y aquel
artista les acompaño, deseaba platicar como dicen por esas latitudes con la
joven, descubrir nuevas rutas, nuevos lugares de aquellas tierras que le habían
enamorado. Conocía también a Maureen pues le cautivaron sus ojos pero
especialmente esa mirada. Hacía tres meses que comieron y compartieron juntos
una velada parecida a la vivida ese día. Cuando Julián comentó la casualidad el
artista le hizo callar casi de inmediato, como si le hubiera ofendido o atacado
personalmente. En tono aun enfadado le comentó que no entendía nada. Que en
realidad no había descubierto Costa Rica, y muchísimo menos había captado la
magia del cantón de Limón. Ni los misterios y embrujos de Puerto Viejo de
haberlo hecho jamás habrían hablado de casualidad. Cuando la magia alcanzaba a
cualquier ser aunque no fuera de la tierra desde ese instante era consciente
que las casualidades no existían. La magia y embrujo de esas tierras los unía.
Pretendía entrar en el hotel y seguir platicando con Andrea pero Julián
no quería intervenir directamente y lo comento con una de las profesoras que
les acompañaban en el viaje y ésta se encargó de que desistiera aquel
personaje. El alumnado debía recogerse en sus habitaciones. Pretendió averiguar
donde estarían al día siguiente y la profesora se puso en su papel de tutora
asegurando al personaje que si lo veía merodear por el hotel llamaría a la
gendarmería.
La jornada que les aguardaba era de picnic y el hotel les proporciono la
comida. Visitarían y convivirían todo ese soleado día en el bosque de Bologne
realizando diversas actividades, entre las que destacaron el piragüismo y
deportes de orientación. Concluida la cena en el restaurante, de los huevos
fritos con patatas, terminarían el día en el Sena para dar el viaje en barca. A
la mañana siguiente dejaban la capital para partían hacia los Alpes en concreto
harían noche en Annency.
Habían cenado tras un día de ejercicio y movimiento la jornada en el
bosque había sido movidita y la actividad física predominó sobre el resto.
Estaban muy cansados y aguardaban a la llegada del barco. La profesora que se
enfrentó al artista estaba sentada junto a Andrea y dos compañeras más en un
banco público aguardando la llegada del transporte acuático mientras
recuperaban sus casadas piernas. Un grupo de siete indeseables se cruzó con el
grupo e inquietaron a los jóvenes. A uno le quitaron el halado que estaba
tomando y ante su protesta se llevó un buen empujón. A una chiquilla le robaron
la gorra que llevaba. Uno de ellos el que parecía que comandaba el grupo se
aproximó al banco donde descansaban la profesora y las tres adolescentes. Sin
previo aviso colocó su mano en el pecho de la maestra mientras lazaba sus
impertinencias, ésta reaccionó y le soltó con la mano cerrada un puñetazo en
todo el rostro. De forma desmesurada comenzó a golpearle hasta la intervención
rápida de Julián, propinando al indeseable una patada entrepiernas que lo
derribó. Inmediatamente se personaron sus camaradas y comenzaron a rodear al profesor En perfecto
francés, comenzó a ironizar y ridiculizar al grupo.
¿Si sois tan
hombres como os creéis no tendréis inconveniente en enfrentaros uno a uno a un
viejo?
El pelota del grupo, fuerte como un toro, pero con capacidad mental de
un bebe detuvo a sus compañeros y le plantó cara. Las clases y cursos de artes
marciales le sirvieron para aprovechar la fuerza bruta de aquel gorila y
ridiculizarlo uno tras otro ataque. Hasta que con un movimiento rápido sin
prácticamente tocarle lo redujo atando pies y manos con el cordón de una de sus
deportivas, al más puro estilo tejano con su res. El resto se abalanzó sobre
él. La rapidez de reflejos le permitió salir de la primera embestida y dejar a
cuatro tocados al chocar sus cabezas una contra otra, con tal virulencia que
quedaron noqueados. La pareja que quedaba andaban algo doloridos pero habían
evitado el choque. Se miraron y emprendieron la huida como dos poseídos. El
jefe del grupo se había recuperado algo y ni corto ni perezoso ante la
habilidad de aquel viejo opto por sacar un arma blanca y amenazar a Andrea
colocándole el filo de aquella arma en el cuello de la alumna. La tensión
aumento. Julián comenzó a mediar para rebajar el pronto y evitar una desgracia.
Aquel salvaje deseaba ante todo salvar su dañado ego, y propuso soltar a la
joven si le prometía permanecer quieto hasta que le propinara un golpe. Aceptó
y mientras retiraba su mirada, Julián protegió sus partes con sus piernas.
Aquel salvaje soltó a la joven y a la carrera le devolvió el golpe para huir corriendo.
El impacto fue grande desequilibrando al maestro pero no le causó daño, en ese
instante había protegido sus vergüenzas. Profesora y alumna fueron de inmediato
a atenderlo pero les tranquilizó soltando una de sus paridas.
- No os preocupes
la última vez que me los trasplantaron los pusieron de plomo.
Nunca llegaría a comprender aquel maravilloso hombre. Cuando la policía
se personó solo quedaba el grupo en el lugar. Tras las oportunas aclaraciones
subieron a la embarcación con los profesores, salvo Julián que acompañó a la
gendarmería para declarar lo sucedido. Informando del hotel donde se hospedaban
por si deseaban tomar otras declaraciones a testigos presénciales.
Los monumentos, los puentes, las luces, el espectáculo del viaje en barco
quedó en segundo término todos comentaban y conversaban sobre el incidente y
especialmente la actitud de su profesor. Aun los tenía bien puestos comento
alguno. Andrea andaba junto a la maestra que inquietaron aquellos pandilleros y
conversaban, como no, sobre Julián. Cuando aquella adolescente le contó la primera etapa de su vida se quedó atónita.
Ahora comprendía muchas cosas. Pero aquel profesor había sido una tumba durante
los veinte años que llevaba compartiendo enseñanza con él en el centro educativo.
Ya les impactó tras la visita a los museos, pero ahora al escuchar su historia
admiraba más a su compañero. Por si fuera, fue el único de todos los presentes
que presentó cara a ese grupo. Acudiendo en su ayuda ante aquel salvaje. Quiso
indagar algo más sobre él y preguntó si había salido con alguna otra mujer
después de aquel desagradable suceso de su juventud. Andrea no lo sabía con
certeza pero estaba convencida que nunca estuvo con otra mujer. Lo conocía lo
suficiente como para estar convencida de ello. Una vez David un muchacho de
bachiller con el que había tenido ella una relación romántica le confesó que
hablando sobre temas de sexo Julián con su característico humor, e ironía que
solía utilizar le comentó que él la única independencia que conocía era en el
sexo. Cuando las hormonas le picaban se iba con la alemanita. La maestra con la
inocencia típica de una persona mayor con poco mundo pregunto cómo era aquella
alemana o si se trataba del mote de alguna fulana. Andrea comenzó a reír y
aquella maestra extrañada le preguntó de nuevo. Andrea hizo el gesto de la
zambomba al tiempo que repetía ¡Ale manita! ¡Ale manita! Fue entonces cuando
cayó en la cuenta y comenzaron a reír de tal forma que todos se giraron hacia
la pareja y uno de los chicos del grupo, aprendiz de su maestro, al ver el
gesto de Andrea gritó.
Yo primero. Yo primero.
Las risas inundaron la embarcación y Andrea soltado un:
¡Qué cerdo que
eres!,
Se sonrojó. Más de una vez le
recordarían los chicos a su compañera el incidente de esa noche.
Llegaron al hotel y fueron directos a la cama. Ya tenían a la tropa
recogida cuando la profesora rogó conversar con él. Trató de eludir mientras
comentando que la acción de esa noche no tenía la menor importancia. Pero
insistía que no quería hablar del tema de esa noche. Por supuesto que estaba
muy agradecida por la acción pero deseaba tratar otro asunto. Bajaron a
recepción, en la cafetería, se sentaron, pidieron unos cafés produciéndose un
silencio profundo. No sabía cómo iniciar aquella charla que había solicitado.
Era de los compañeros que más atacaban en las intervenciones de Julián en el
claustro y la más crítica por su “desprecio” hacia la independencia del País
Vasco. Consciente que dominaba el euskera como pocos profesores pero era el
único que daba siempre sus clases en castellano. Así como siempre que la banda
cometía una “acción de guerra” como solía denominar ella, la criticaba
duramente en todas sus clases. Ahora comprendía un poco mejor a excelente
maestro aunque no compartiera ciertas ideas, jamás incitaba a la violencia,
siempre mostraba a sus alumnos incluso a los más radicales la necesidad del
dialogo para limar distancia entre las personas y sobre todo había que defender
cualquier cosa, con la palabra, demostrando y convenciendo a la mayoría para
lograr lo que se buscaba. Por fin se decidió a iniciar la charla. En primer
lugar deseaba disculparse por su comportamiento con él durante todos esos años.
Julián quiso zanjar el asunto y marcharse a dormir. Pensaba que era simplemente
una manera de agradecerle su actuación de esa noche y a ciencia cierta que le importaba un
comino. Solo actuaba y realizaba algo cuando estaba convencido que debía obrar
así, sin esperar nada a cambio. Ni mirar quien estaba favoreciendo o
perjudicando. Pero la señorita le rogó que le escuchara, luego si lo deseaba
podía irse sin ningún problema. Le fue exponiendo en primer lugar que
desconocía su vida totalmente. Se cuidó de mencionar nada de lo relatado por
Andrea pues la adolescente le suplicó encarecidamente que no le confesara nada.
El monologo de la profesora se extendió durante más de cuarenta y cinco
minutos. Julián escuchaba atentamente y analizaba con serenidad y paciencia la
situación, las palabras, la tensión de aquella compañera de trabajo. Se dio
cuenta de la sinceridad de sus palabras y se alegró de la actitud que iba
mostrando incluso en los temas en los que a ambos les separaba un abismo.
Cuando pensó que se había explicado lo suficiente dejó una pausa que duró cerca
de cinco minutos y luego añadió.
Es todo lo que
deseaba expresarle no pretendo que me entienda o comprenda pero no hubiera
podido dormir de no confesarle lo que pienso y siento después de tantos años de
compañeros y el daño que sin duda le he causado.
Julián sonrió, era consciente que si provocaba una conversación tras el
monologo de aquella profesora se producirían momentos de llanto por parte de
aquella mujer. Había tenido una tarde noche de demonios en la gendarmería con
tantas preguntas. Y todo para nada pues no se pudo identificar ni detener al
grupo de indeseables. Le agradeció su sinceridad, al tiempo que le pedía
disculpas si dejaba para otro día la conversación. Estaba en un momento de su
vida difícil, tenía demasiadas incertidumbres y dudas sobre cómo enfocar su
vida a partir de su viaje a Costa Rica y como había sido sincera, no deseaba
defraudarle con frases y respuestas vacías. Tal vez más adelante pudieran
reanudar aquella conversación y exponer sus pareceres, compartiendo o
simplemente captando la opinión del otro aunque no se compartiera. La maestra
se levantó del sillón y se abrazó a su compañero. El no era muy partidario de
esas muestras cariñosas cercanas pero la aceptó y ambos se fueron a sus
habitaciones a descansar.
Julián andaba moviendo a la gente para que bajaran al comedor a
desayunar. Debían tener todo preparado para nada más terminar esa primera
comida del día, subir a las habitaciones atender la limpieza bucal, visitar a
roca para aguas menores o mayores e inmediatamente con el equipaje cargarlo en
el autobús y desplazarse a su última estación de aquel viaje. Annency. La
entrada de Julián en el comedor fue recibida por todo el grupo en pie y los
aplausos no pararon hasta que su maestro ocupó un lugar en una de las mesas.
Mientras sonreía y el gesto de cabeza mostraba su agradecimiento al tiempo que
expresaba lo que tanto les contaba a su equipo de alumnos.
“No me agradezcáis
nada pues amen de ser mi obligación me quitáis meritos para cuando el Señor me
pida cuentas”
A las dos horas de viaje pararon en una zona de descanso donde habían
quedado con el otro autobús. Allí se reunió todo el grupo y pudieron almorzar o
tomar las típicas cochinadas que suelen vender en esos establecimientos. De
nuevo los comentarios sobre la noche anterior se dieron cita entre un grupo y
otro. Y Julián tuvo que soportar los saludos, las felicitaciones, las
admiraciones, los asombros y demás tonterías como él decía.
La Venecia francesa se veía al fondo, los autocares a buena marcha iban
agrandando la villa hasta que se vieron inmersos en sus calles. Unos veinte
minutos de circulación hasta llegar a un hotel donde tenía reservadas
habitaciones. Una hora de plazo se les dio para ordenar las cosas y bajar al
comedor a cenar. Eran las diecinueve horas, algo pronto pero era la hora que
les habían asignado. Luego quince minutos para coger lo que desearan de las
habitaciones y de nuevo en los autocares hasta la zona de los pequeños canales
junto al lago. La pequeña iglesia gótica
sería el lugar de reunión y todo el mundo debía estar a las veinticuatro
horas de ese día. Las semifinales del campeonato del mundo que se celebraba en
Francia. Enfrentaba a la selección anfitriona con Alemania. Varios alumnos y
profesores principalmente del género masculino se fueron a bares y locales para
ver el partido otros deambularon por las calles para visitar la pequeña pero
encantadora localidad. La victoria de Francia enloqueció las calles y los chicos
se unieron a la fiesta de los lugareños.
Esa mañana tras desayunar y estando a punto de partir hacia Donostia y
reunirse con sus familiares salió corriendo el director del hotel para subirse
al primer autocar. Los profesores, incluido Julián se temían alguna gamberrada
pero cuál fue su sorpresa cuando micrófono en mano felicitaba en un perfecto
español al grupo por su comportamiento. Por su local habían pasado numeroso
grupos de estudiantes de todos los países imaginables, pero hasta la fecha ninguno
había tenido un comportamiento como ellos. Los aplausos se desataron en el
autocar y el director se los devolvió para dar las gracias a los muchachos y
especialmente a sus profesores. Bajó del autocar y entró en el segundo
repitiéndose la operación.
El viaje de regreso se hizo en silencio todos andaban con falta de sueño
y la libertad se les acababa. De nuevo a la rutina diaria, unos a su pueblo
natal a pasar las vacaciones, otros a otras comunidades para disfrutar un mes
en familia y los menos a viajar por el mundo. A Julián le esperaban cuatro
semanas de relax, de paz, de pura vida, pero sin duda con una gran
trascendencia para su futuro.
jueves, 24 de abril de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACI´N- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO XIV- EL VIAJE DE FIN DE CURSO
CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO
EL VIAJE DE FIN DE CURSO
Los médicos desaconsejaron el embarcarse en un viaje de esas
características. No estaba completamente recuperado y diez días con
adolescentes no le iban a permitir descansar lo que precisaba. Pero no dejaría
plantada a su tutoría. Todos los del equipo de Julián lograron la titulación en
junio. Accederían al Bachillerato. Aquella circunstancia no se había producido
en los sesenta años de historia del centro. El aprobado del cien por cien de
los componentes del curso.
En el salón de su casa meditaba sobre su futuro, no estaba muy seguro,
pese a acogerse a la reducción de horario, en el mes de julio, en concreto el
quince tenía esa posibilidad que el convenio le permitía. Había decidido que
tras el viaje se perdería por Costa Rica, pero su intención pasaba por ir solo,
sin avisar a nadie. Tanto Andrea como Maureen le habían preguntado una y mil
veces si iría, e insistían que así lo hiciera, pero no les aseguro nada. Ahora
estaba decidido a ir para perderse solo. No conocía la parte sur oeste de Costa
Rica, en el parque de Corcovado, en la península de Osa. Sería un buen lugar
para perderse y meditar sobre su futuro.
El mismo día de su partida hacía futuroscope la banda terrorista
anunciaba un alto el fuego, que por supuesto después de lo acontecido anteriormente
nadie confiaba que se llevaría a cabo. Pero las elecciones autonómicas estaban
cerca y posiblemente legalizarían algunos partidos para presentarse a las elecciones de Euskadi.
El grupo de alumnos con sus equipajes en la mano, sus dispositivos
tecnológicos de música, esperaban con impaciencia acoplarse en los autobuses,
en concreto dos. El número de viajeros entre alumnado y profesorado acompañante
ascendía acerca de los ciento quince, pues amen de los de secundaria les
acompañaban los alumnos del último curso de los módulos elementales. Poco a
poco el profesorado iba colocando al alumnado en los autobuses. Los diferentes
grupos de cada curso intentaban colocarse juntos, cosa que no sucedió con el
equipo de Julián. Entraron todos en un autocar pero no había esa necesidad
imperiosa de coger asiento junto a un determinado alumno o alumna. Antes de
subir los jóvenes, a los que Julián les costeaba el viaje, le comunicaron que
sus padres deseaban hablar con él. Entró con las dos parejas en el centro
educativo para entrar en la sala de reuniones donde les atendió. Mostraron su
agradecimiento no solo por facilitar que sus hijos pudieran acudir a un viaje
de ese tipo tan importante para los adolescentes. El trabajo que les había
proporcionado a los cuatro les permitía costear, en las circunstancias
actuales, el viaje. Le extendieron ambos sobres con la cantidad del coste del
viaje, pero Julián se negó a aceptarlo. Era un regalo prometido anteriormente y
siempre que se comprometía a algo lo cumplía a rajatabla. Hubo su tira y afloja
pero no lo aceptó. Las madres con lagrimas en los ojos agradecían especialmente
la posibilidad que les había dado de poder mantener a la familia sin
penalidades, gracias a las gestiones realizadas por aquel maestro para colocarlos.
Corrió hacia el autobús que requería su presencia ya que todo el mundo
estaba dispuesto a iniciar aquella aventura lejos de sus tutores legales.
Casi diez horas les llevó llegar al complejo de futuroscope.
Descendieron de los autocares para producirse el reparto de habitaciones.
Debían darse prisa pues la hora de la cena estaba terminando. Algunos se
pudieron duchar otros llegaron al comedor con ese tufillo de compañerismo algo
usual en los chavales, de esos tiempos. Y eso que Julián se ponía duro con los
cerditos, o cerditas, cuando no lo hacían tras una sesión de educación física.
Especialmente con un par de su tutoría a los que en clase cuando discutía con
ellos la necesidad de ducharse siempre después del ejercicio al responderle que
no les hacía falta soltaba esa frase irónica que empleaba en estos casos.
“Ya sé que tu solo te bañas una vez al mes haga falta o no,
pero no estaría mal tirarte un poco de agua después de clase”
Concluida la cena, huevos fritos con patatas, un trozo de lechuga, una
rodaja de tomate y una aceituna, con unas natillas que solo Dios sabía de que
estaban hechas. Fueron a sus habitaciones a cambiarse de ropa ducharse el que
no lo había hecho e incluso alguien repitió para ponerse guapas y guapos e ir a
la fiesta que daban en el centro recreativo cultural.
Hubo parte del grupo que regresó muy temprano al hotel, habían entrado
en un supermercado indio de esos abiertos las veinticuatro horas y se dedicaron
a comer la clásica comida basura de los adolescentes. Por el contrario otros se
mantuvieron en la fiesta hasta que los tiraron sobre la una y media de la
madrugada. Julián se mantuvo al margen, vigilante para evitar cualquier
problema al grupo pero se pasó las horas hasta las dos de la madrugada que se
metió en la cama. Hubo problemillas con el alumnado de los módulos pero los de
secundaria se comportaron perfectamente. A la mañana siguiente tras el desayuno
entraron en el parque temático, tenían el día completamente libre salvo salir
del recinto. A las trece horas tenían designada en uno de los comedores la
comida hasta esa hora se desenvolverían libremente, comerían y de nuevo hasta
las veinte treinta que deberían acudir a
cenar al hotel. Luego todos a la cama pues sobre las ocho de la mañana partían
hacia Paris. Donde pernoctarían seis noches. Como iban a estar en hoteles
diferentes, los de secundaria y los de módulos el profesorado optó por seguir
rutas independientes, pues la lejanía de los hoteles no permitía quedar juntos.
Eso si los dos días designados para ir a Eurodisney y a Versalles, quedaron en
verse en los dos centros, recreativo y cultural. También quedaron una noche
para el paseo en barco por el Sena. Una vez instalados en el hotel, donde
pernoctarían seis noches, acudieron a comer en un restaurante para grupos,
cercano al Sena. Concluido el almuerzo se les dio tiempo libre hasta la hora de
la cena en el mismo restaurante. Todos se apuntaron la dirección y los
profesores les advirtieron que el que llegará tarde se quedaría sin cenar.
Julián se perdió solo. Andrea lo andaba buscando para estar junto a él, pero
parecía que últimamente le re huyera, y al no dar con él se apunto con un grupo
de clase y se olvidó.
Anduvo por el barrio de los artistas y se entretuvo contemplando a los
diferentes personajes de la zona. Merendó comprando algunos pastelitos salados
y dulces que adquirió en una pastelería muy conocida de la capital y en un
parque cercano a Notre Dame sentado en un banco dio buena cuenta de lo
adquirido. Contempló a la gente que pasaba por el lugar, a las impertinentes
palomas que merodeaban en busca de las migas que le cayeron mientras merendaba.
Cuando miró el reloj faltaban quince minutos para el plazo dado al alumnado
para acudir al restaurante. Salió a la avenida detuvo y taxi y llegó escasos
dos minutos antes de la hora marcada. No faltaba nadie y tras el oportuno
permiso del encargado del local fueron acoplándose en las mesas para la cena.
De nuevo las patatas fritas y los huevos los acompañaron como manjares. Un
helado cerró la cena. El autobús los recogió en el mismo restaurante y los
condujo hasta el hotel. Esa noche la discoteca del establecimiento estaba
reservada para los jóvenes, pues así
rezaba en el contrato. Allí se dieron cita con sus mejores galas. Hubo alguno y
alguna invitada extra que conocieron por Paris esa tarde y pasaron una velada
demasiado corta para ellos moviendo un poco el esqueleto. Andrea volvió a
buscar a Julián. En un rincón algo resguardado, pero dominando la sala se
encontraba su maestro. Se sentó junto a él y le mostró sus inquietudes, sobre
cómo le estaba eludiendo últimamente. Restó importancia al comentario de la
adolescente, pero conforme insistía le aclaró que andaba algo inquieto sobre
cómo afrontar su vida últimamente. Le invitó a bailar y distraerse con sus
compañeros, Mostró su disconformidad, desaba desde el inicio del viaje poderse
reunir con su maestro y hablar. No puso pegas y mantuvieron una amena
conversación. Volvió a insistirle con ir ese verano a Costa Rica. No era una
persona que le gustara mentir ni ocultar nada y le confesó sus intenciones. No
lo entendía.
¿No quería estar
con ella? ¿Eran con sus abuelos con los que no quería estar? ¿Con su padre?
Que por cierto ese verano estaría un mes completo. Él le mostró la
necesidad que tenía de centrar su vida en esa recta final que le quedaba, es
cierto que podía ser mucho tiempo pero también se podía acabar ahí mismo. No
era cuestión de no querer estar con alguien en concreto. Deseaba aislarse,
estar solo y meditar sobre su futuro. Le confesó que le gustaría poder pasar
ese mes con algún nativo como el que conoció en Talamanca, con esa serenidad,
esa sabiduría popular, y especialmente con esa visión de la vida. Al final
Andrea consiguió que se comprometiese al
menos una semana con ella y su familia pues de enterarse de su estancia
en el país ese tiempo se enfadarían y con razón. Le aseguró que en su plan estaba pasar el
último fin de semana con la familia y saludar a Maureen, pero tras la
conversación se comprometió a estar una semana. Andrea insistía que su abuelo
le proporcionaría un lugar tranquilo para sus pretensiones. Pero él no quería
involucrar a nadie.
Aquella entretenida conversación puso su punto final cuando los tiraron
del local, ya era hora de recogerse en sus habitaciones. Después del desayuno
les esperaba una jornada completa en Eurodisney. No tenía sueño y salió a la
terraza de su habitación. Una vista hermosa se contemplaba desde aquel vigésimo
piso. La luz, el arte, la música, el amor, se palpaba en cada rincón de la ciudad. Que contrastes tan bruscos, Esa ciudad llena
de luz, de movimiento, de “civilización” en contra punto con la imagen que se
le grabó desde las cumbres de Talamanca junto al nativo. Que dos mundos tan
diferentes y que belleza envolvía a los dos. Después de ese verano cual le
convencería. Alternarlos, pensaba que no era posible, decidirse por uno o por
otro era romper o no romper con todo lo que había sido su vida. Su mente le
llevó a la banda, ahora tras la tregua tal vez pudiera librarse de la escolta.
Eran buenas personas y unos excelentes profesionales pero no le gustaba estar
controlado las veinticuatro horas. De lo que estaba convencido es que la banda
nunca le marcaría para tomar una u otra decisión. Tal vez la que más fuerza
hacía inconscientemente para no abandonar la vida que llevaba hasta el momento
era su madre. Era muy mayor y no le quedaban muchos años. Pero tras el viaje
con su alumnado a Costa Rica tendría
tiempo y tranquilidad suficiente para tomar una determinación
Eran las cuatro de la madrugada y las persianas comenzaban a cerrarse,
por ello decidió meterse en la cama y descansar aunque fueran un par de horas.
El móvil le despertaba a las seis y media de la mañana. El recorrido por
las habitaciones para que fueran desprendiéndose de las legañas para bajar a
desayunar,
Dos horas les llevo el desplazamiento hasta el parque y otros treinta
minutos para entrar. Libres hasta las dieciocho horas que los recogería el
autobús para acudir al restaurante y cenar.
Ante sus ojos el ejemplo claro de la sociedad en la que vivía.
Consumismo atroz, desde niños “los países civilizados” desde la mañana hasta la
noche nos bombardeaban constantemente con el consumismo. De nuevo la frase de
Diógenes,
“Como me gusta
asistir al mercado y ver cuántas cosas no me hacen falta”
O aquella de San Francisco de Asís remachada por el nativo de Costa
Rica.
“Necesito poco y lo poco que
necesito lo necesito poco”
A lo que añadió aquel nativo.
“Pues yo no necesito ni ese poco”.
Pero lo más grave, para él estaba en la enseñanza. Hacia donde dirigían
al alumnado. Si la misión del educador no es dirigir era acompañar. Cuantas
discusiones había tenido sobre ese tema en las reuniones de claustro o de
equipo de profesores. Cuantas veces matizo la diferencia entre grupo y equipo.
Solo hacía falta consultar al diccionario de la lengua española. Observaba a su
alumnado con más poder adquisitivo, helado en una mano chorradas en la otra y
bolsas con camisetas, gorras muñequitos y mil chorradas más. Además todos esos
trastos no les permitían disfrutar de las atracciones del parque. Él debía
luchar contra esa sin razón. Nos estábamos empeñándonos de por vida
¿Para qué?
Para alimentar el ego y el poder de unos pocos.
¿Hacia dónde caminaba la sociedad?
Como educador debía seguir al pie del cañón y tratar de cambiar esa
corriente por muy torrencial que fuera. Esa era su misión. Pero si lo dejaba
todo. No sería un acto de cobardía, de abandono. Era cierto que él
económicamente no había tenido en su vida problema alguno. No era muy
partidario de dar dinero a la gente de la calle, eso sí en más de una ocasión
facilitó cantidades de dinero para iniciar un negocio sin ningún interés.
También era cierto que siempre había sido a familiares directos de su alumnado.
Andaba enfrascado con sus cavilaciones cuando Andrea le sacó de su letargo
intelectual.
¿Qué hacía allí a solas? ¿Dónde estaba el resto del
profesorado?
Aunque se dio cuenta que esa última pregunta era una autentica tontería
los tres profesores, dos mujeres y un hombre que les acompañaban en el viaje no
eran santo de su devoción y era incapaz de fingir una buena relación por eso
prefería ir a su ritmo. Julián le pidió que no se preocupara por él estaba
masticando una serie de artículos para publicarlos y sabía muy bien que en la
soledad era cuando las musas acudían. Le hizo caso y con el primer grupo de
compañeros de clase se fue, pero le hubiera gustado mucho mas quedarse con su maestro
era una lección magistral cada momento que pasaba junto a ese hombre. Un ser
humano lleno de seguridad en sí mismo, con convicciones profundas pero con
dudas constantes. Que desperdicio de
hombre se decía en numerosas ocasiones. Siempre dispuesto a ayudar a quien
fuera. Recordaba esa tarde paseando con David y él por el parque de Mélodi
cuando encontraron en pleno invierno a un vagabundo tirado en el suelo. La
gente se apartaba y se alejaba lo más rápido posible de aquel ser humano.
Cuando pasaron se detuvo de inmediato, le incorporó con precaución manteniendo
su cabeza un poco elevada mientras se quitaba su abrigo y lo colocaba sobre el
cuerpo de aquel desdichado lleno de vómitos. Recordaba la mirada que lanzó a
los transeúntes que se alejaban de aquella persona y pudo comprobar su mirada.
Jamás olvidaría esa mirada, enrabietada, triste, incrédula ante el
comportamiento de esos seres humanos. Una vez arropado tomó su móvil y llamó a
los servicios de urgencia. Los veinte minutos que estuvo junto aquel mendigo le
hablaba con un cariño que le provocaron las lágrimas y ahora recordándolo con
sus compañeros volvieron a brotar de sus lagrimales. Una compañera, que se unía
al grupo al ver le llorando le preguntó. Restó importancia a esa acción
fisiológica y se enfrascaron en una conversación en torno a su maestro.
Julián decidió pasear un poco por las tiendas de consumo y por
cafeterías que invitaban a descansar a refrescarse pero sobre todo a consumir,
consumir y consumir. Una niña de no más de dos añitos lloraba llamando a su
mamá, se aproximó y mientras entretenía a la pequeña buscó a uno de los
múltiples vigilantes del parque para que buscaran a su familia. Una de sus
alumnas que merodeaba por el lugar comentó
-Julián parece el
ángel de la guarda. Siempre está donde alguien le necesita.
Sonrieron para proseguir cada uno su camino. Comió con Andrea y su grupo
pues así se lo prometió cuando optó por ir con sus compañeros y dejarlo con sus
meditaciones.
Fue un día tranquilo y enormemente movido y cansado para el grupo.
Fueron a cenar al restaurante de todos los días y luego se perdieron en el
hotel. La mayor parte del grupo opto por dormir un poco o al menos permanecer
en los cuartos para jugar en grupo.
Desayunaron temprano, ese día estaba designado a museos. El Louvre,
Orsay, centro cultural Pompidu. La visita a los museos no era obligatoria si
alguien deseaba realizar cualquier otra actividad lo podía hacer siempre y
cuando a las trece se personaran en la puerta principal del Louvre para ir a
comer. Luego se visitaría el resto de los museos quedando a las veinte horas en
la entrada del Centro cultural Pompidu, para acudir a cenar.
La decepción de los profesores fue inmensa, solo el grupo de Julián y
dos alumnos de los otros grupos se quedó en el museo. La tutoría de Julián
conocía bien a su profesor. No solo iban
a ver unos museos, a ver arte. Iban a aprender a través del arte a ser ellos
mismos. Aquel maestro era capaz de convertir en diversión, en entretenimiento,
hasta una misa solemne. Lo conocían ya de las actividades que se realizaban en
el centro educativo y eran conscientes que se habría preparado a conciencia
esas visitas que le correspondía. Quien se asombró al terminar, lo que el margen
de tiempo les permitió, fueron sus compañeros de profesión. Era increíble la
cultura de aquel profesional, pero más que sus conocimientos les asombró como
les exponía un cuadro o una estatua y como aquellos adolescentes se embelesaban
con la lección que estaban recibiendo. Al mismo tiempo les metía puyas de
crítica sobre el consumismo del día anterior. Hubo gente ajena al grupo de
estudiantes que se añadieron a la visita que conducía Julián e incluso unos
japoneses cuando se iban a ir le ofrecían un billete al pensar que era un guía
del museo. Comieron y de nuevo la generosidad de su maestro les hizo sentirse
unos privilegiados. Ahora sus compañeros de trabajo se daban cuenta de la
calidad de aquel hombre. También se explicaron cómo había logrado que su
equipo, como le gustaba a él que se dijera, habían logrado todos la titulación.
Indudablemente ese hombre era una enciclopedia pero más que sus conocimientos
les asombró su método, su dinámica, su variedad, no repitió ninguna en el resto
de los museos. En momentos hasta parecía grosero con alguno de sus alumnos pero
ninguno se sentía molesto u ofendido cuando les llamaba al orden con alguna de
sus paridas como solía decir.
Tras la cena, de huevos fritos y patatas por supuesto, se les dio tiempo
libre hasta la una de la madrugada. Quedando
en encontrarse en el arco del triunfo para acudir al hotel.
Al día siguiente volverían a juntarse con el resto de sus compañeros de
módulos pues iban de visita a Versalles. La jornada se desarrollo sin
incidentes y en esta ocasión Julián se mantuvo al margen. Pero aquel grandioso
palacio y sus jardines motivaron lo suficiente al grupo para pasar una mañana
entretenida. Por la tarde visitaron la localidad, pero la mayoría del grupo se
quedó jugando en los parques de la localidad. Aquí si se apuntó Julián y junto
con Andrea y otros compañeros retaron a un partido de Vóley. Estuvo francamente
animado y el alumnado de módulos se asombraron del juego de aquel viejo.
Llegaron de noche y como consecuencia del tráfico no pudieron acudir a cenar al
restaurante pues ya habían cerrado. Se acercaron a las calles, donde estaban
ubicados la mayor parte de los teatros y allí en centros de comida se les
proporcionó la cena, que fue costeada con el fondo de emergencia que se llevaba
para casos como el que sufrían. Llegaron
tarde al hotel y terminó la jornada. El que quisiera seguir lo debería hacer en
las habitaciones manteniendo el mayor silencio posible para no molestar al
personal del hotel.
La jornada siguiente fue de visita a los monumentos principales de la
ciudad. La Sagrada familia, Notre Dame, la torre Efiell, El arco del triunfo,
el jardín de las Tullerias, los diferentes puentes, la Bastilla. En fin que fue
un día de caminatas de subir y bajar de fotografiar y de compartir los bancos
públicos para descansar las posaderas de las largas caminatas que se dieron. Al
día siguiente tocaba una jornada libre hasta las veinte horas donde se deberían
encontrar todos en la puerta de un teatro para asistir a un musical. La comida de
ese día la tenían contratada en el hotel. La noche anterior ya quedaron en
recoger un picnic aquellos que optaran por comer fuera, que por cierto fue la
mayoría. Julián se decidió por visitar a un viejo conocido que tenía su taller
de pintura en el barrio de los artistas, le telefoneó y quedó con él para ir a
comer por su zona. Andrea deseaba pasar unas horas con su maestro y le rogó
acompañarlo tenía mucho interés en conocer un poco como se desenvolvía un
artista en una sociedad de esas velocidades.
lunes, 14 de abril de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES - ANDREA- CAPITULO XIII - E. T. A. LO INTENTA DE NUEVO
CAPÍTULO
DÉCIMO TERCERO
E.
T. A. LO INTENTA DE NUEVO
Se aproximaban las vacaciones de semana santa. Maureen le había pedido que pasara las jornadas de
descanso en Costa Rica. Pero Julián andaba algo retrasado con una investigación
donde había involucrado a alumnos del último curso de la Facultad, habiendo
quedado con ellos esas vacaciones para trabajar intensamente el trabajo que
llevaban entre manos.
Los escoltas le sugirieron que tomara precauciones. Intuían que la banda
podría volver a actuar de un momento a otro. El sábado por la mañana, previo a
la celebración del domingo de ramos, la puerta del palacete requería su
presencia. Sin duda alguien conocido de lo contrario los escoltas le habrían
avisado inmediatamente. Al comprobar por la mirilla, pudo observar a Andrea
llorando. Abrió de inmediato para encontrarse con esa criatura que se lanzaba
en sus brazos, al tiempo que el llanto aumentaba su intensidad. Le abarcó al
tiempo que cerraba la puerta. Abrazada encaminaron sus pasos al salón. Sentados
en el sofá, acurrucada entre los brazos de su maestro proseguía su pena. Dejó
pasar tiempo, esperó a que se calmara y cuando consiguiera el control le
desvelar el motivo de su visita. Sentirse arropada por ese hombre era como
estar con su padre. Siempre comprensivo, siempre atento, fuera la hora que
fuera, jamás escuchó de ningún compañero del centro que les negara una charla
un consejo e incluso una ayuda. Protegida por su profesor recordó como Zulema y
Juan Carlos, al no poder ir al viaje de fin de curso, pues en casa lo estaban
pasando mal económicamente los arropó con su cariño habitual y les aseguró que
el correría con cualquier gasto que les supiera a sus padres aquel viaje. No
iba a consentir, salvo prohibición de sus progenitores que nadie se quedara sin
ir por cuestiones económicas. Recordaba el verano en Costa Rica, como se había
ganado a su gente y como su gente había influenciado en aquel ejemplo. En
infinidad de ocasiones, reflexionando por las noches como le enseñó aquel
personaje deseaba llegar a ser en su profesión como él. Entregándose a los
demás y disfrutar de su trabajo.
Por fin paró de llorar, aun así tardaron en iniciar la conversación. La
música permanecía en el salón a intensidad mínima pero sus notas, compases
mantenían el ambiente sereno y tranquilo.
- ¡Ese cerdo se ha
venido a vivir a casa!
La frase seca, por sorpresa, sin matices, sin aclaraciones la lanzó a la
sala. Ni siquiera se dirigía a Julián. La pronunció sin querer pronunciarla,
pero flotaban las ondas del sonido allí, en el ambiente, en los oídos de
Julián. De nuevo el silencio, de nuevo la pausa, de nuevo la música, de nuevo
más relajada, de nuevo con la mirada perdida. Julián esbozaba una leve sonrisa
que ella no captó, porque no se encontraba allí, estaba en otro lugar, en otra
situación. Estaba sola. Él observaba ese rostro angelical que efectivamente no
se encontraba allí, su alma le había abandonado, llegó a preocuparse pero
aguardó. Para tranquilizarse prestó atención a la melodía que sonaba y se
sumergió en su música, en su letra. Costa Rica se cruzó en sus pensamientos y
de nuevo la visita realizada a aquel nativo en la sierra de Talamanca se
repetía. También se fue de aquel salón, sintiendo como era transportado hasta
aquel lugar de la selva y sentado en aquel tronco conversaba con el tico. Que
pocas palabras se llegaron a cruzar en las casi seis horas que permanecieron
juntos. Cuantos silencios cargados de lecciones, cuantas sensaciones
transmitidas, cuantas ondas circulando de uno al otro. De pronto el timbre de
la puerta los regresó al momento, a la situación, al lugar. Era la madre a la
que acompañaba el socio del padre de Andrea. Tras los saludos expresaron su
preocupación por su niña. Andaban enfrascados en la conversación los adultos
cuando la adolescente sorprendió a todos.
- Déjame quedarme este fin de
semana con mi maestro. Mamá.
Julián fue el primer sorprendido ante la petición de la adolescente.
Cruzó la mirada con la madre y desde luego no le gustó el lenguaje corporal que
expresaba. No abrió la boca y esperó expectante a los acontecimientos que se
avecinaban. Fue la madre quien rompió el momento al responder.
- ¿Crees que es lo
correcto Andrea?
El tono empleado por aquella madre era agresivo, pero no solo hacia su
hija la forma y las miradas que lanzó recriminaban a Julián. Pero quedó ahí.
Silencio hiriente lo rompió el menos oportuno en esos momentos.
- ¿Princesita qué pensaría la
gente si te quedaras a solas con este
Señor?
No había finalizado la frase cuando con lágrimas y una rabia infinita en
su expresión comentó
- Con este Señor como dice estoy
más segura incluso que con mi padre, pero infinitamente más que durmiendo en
casa cuando usted está bajo el mismo…
El bofetón de su madre impidió que finalizara la frase, Andrea se
refugió en su maestro y aseguraba que no abandonaría esa casa. Ante la
situación Julián rogó que salieran de casa que convencería a la joven para que
se fuera. La violencia de aquella mujer saltó y tomando su móvil telefoneo a la
Ertzaintza. La historia se volvía a repetir. Pero protegió a la pequeña ante
los intentos de su madre de llevársela por la fuerza. Y aguardó a las fuerzas
del orden sabedor que le traería más de un problema. Pero lo asumió sin el
menor temor. Nada ni nadie le impediría hacer lo que para él era lo correcto.
Por supuesto que no estaba de acuerdo con la idea de la adolescente de quedarse
en la casa ese fin de semana. Pero otra cosa muy distinta era la utilización de
la violencia para convencer a la joven. Cuando Julián vio a la pareja que
entraba en casa supo que tendría más problemas de los esperados. Uno de ellos
le había increpado incluso de uniforme por sus artículos en la prensa en contra
de la banda terrorista y el ultra nacionalismo. Los dos escoltas se personaron
al ver el movimiento. Tras las primeras declaraciones todos los presentes a
petición de la policía autónoma fueron a la primera comisaría. La pareja estaba
dispuesta a poner una denuncia contra aquel maestro por retención de una menor
sin el consentimiento de su tutora legal e incluso insinuaron en la declaración
la posibilidad de abusos a una menor. Andrea interrumpía constantemente a su
madre ante la redacción de la denuncia y de nuevo un bofetón se estrelló en el
rostro de la adolescente. El oficial que tomaba declaración rogó a la madre
controlar los nervios y mandó a la cría que no interviniese hasta que se le
pidiera declaración. Ante los acontecimientos Julián llamó a su abogado, quien
se personó a los escasos quince minutos. Mantuvo una conversación privada con
su cliente y tomó de inmediato las riendas de la situación. Cuando el abogado
de Julián se aproximaba al oficial encargado de la denuncia, le solicitó una
copia y presentó sus alegaciones pertinentes. Andrea y la pareja tras firmar la
denuncia abandonaron las dependencias de la Ertzaintza. Cuando su pequeña le
juró que como no retirará la denuncia contra su maestro haría todo lo posible
por conseguir que le quitaran la custodia y potestad. Comenzando por las
agresiones de esa noche. La mujer fue consciente de su torpeza al pegarle
delante del oficial del orden. Lanzaba sus amenazas conforme iba a su
habitación y se encerraba en ella.
Julián salía de las dependencias policiales cerca de las veinticuatro
horas, tras quedar en libertad con cargos. En un principio el Juez de
instrucción iba a concederle la libertad sin cargos pero cuando el Ertzaintza,
que había ido a la primera llamada a su casa, le presentó la denuncia que tuvo
hacía unos años, el caso de la nadadora, prefirió esperar para poder comprobar
mejor toda aquella información.
El móvil de Julián sonaba, eran cerca de las ocho de la mañana, jamás se
había levantado tan tarde pero esa noche no consiguió dormirse, pensando por lo
que estaría pasando aquella criatura, hasta cerca de las cinco. Luego cogió el
sueño y el sonido de su celular le despertó. Era su abogado habían retirado la
denuncia y por tanto quedaba completamente libre. La noticia no le quitó la
preocupación y ni corto ni perezoso, rogó a sus escoltas que le acompañaran de
forma visible, tenía la intención de acercarse a la casa de su alumna para
dialogar con la madre. Ambos representantes le aconsejaron, que no era el
momento más propicio para verse con esa gente después de haber retirado la
denuncia. Pero Julián no pensaba en él, le tenía muy preocupado aquella adolescente
y desoyendo los consejos más razonables, a pesar de los pesares decidió
personarse en la casa. Andrea lo vio llegar e intentó avisarle llamando a su
móvil, pero la compañía le negaba ponerse en contacto con ese número. De pronto
el sonido de su celular le sorprendió, se trataba de uno de los escoltas de
Julián rogándole calma de parte de su maestro, solicitando que permaneciera en
su habitación hasta el fin de la visita. De lo contrario podría perjudicar a
Julián. Asintió a todas las peticiones de aquel policía y permaneció expectante
en su cuarto.
Lo que menos se podía imaginar aquella señora era precisamente la
presencia de Julián. En un principio sintió temor, su forma de pensar le hacía
creer que todos podían actuar como ella. Iba con dos representantes de la ley
pues la noche anterior los conoció.
Cuando Julián abandonó la casa aquella mujer quedó desconcertada. Como
podía haber gente tan entregada a los demás, en ningún momento se quejó de su
comportamiento la otra noche. Pero también le dejó un mar de dudas sobre su
pareja. Andrea había acudido a él por algún problema con aquel personaje y
aunque estuviese muy enamorada de esa persona, se debía en primer lugar a su
hija y esta desconfiaba del socio de su padre. Le llamó y le confirmó la presencia
de Julián, comentó algunas cosas de las que habían tratado e hizo especial
hincapié en su marcha escolar de la que estaba muy orgulloso de su trabajo y
dedicación. Estuvo indecisa pero por fin prefirió sustituir sus disculpas por
permitir de nuevo conectar con su maestro. Le levantó el castigo de no
realizar el viaje de fin de curso. Su niña si se disculpó y en su conversación
le contó las sospechas que deseaba relatar a Julián la noche anterior sobre su
pareja. Se abrazaron y tras asearse salió a jugar a la playa un partido de
Vóley que tenía. Fue salir su pequeña y a los veinte minutos se personaba su
pareja borracho como una cuba. Cuando le confesó la presencia de Julián comenzó
a maldecir y a golpearle hasta que consiguió cerrarse en un aseo. Al mirarse al
espejo casi no podía verse, los pómulos, cejas y mejillas tenían tal grado de
hinchazón que le habían desfigurado el rostro. Él se desplomó en la puerta,
consecuencia de la borrachera. Abrió con sigilo la puerta y al verle tumbado
volvió a cerrar de inmediato. Lo intentó de nuevo y cuando se disponía a salir
huyendo algo le asió del tobillo impidiendo el movimiento. Presa de pánico
escuchó los llantos, quejidos y suplicas de perdón de aquel personaje. Poco a
poco aquel indeseable le consiguió convencer con promesas y carantoñas, cayendo
de nuevo en brazos de aquel degenerado.
Julián daba su una vuelta en bici por el paseo de la concha se detuvo
con la intención de estar unos minutos viendo el partido de vóley playa cuando
ante su asombro vio a Andrea. Al cruzar su mirada con su maestro dejó plantado
el partido y corrió hacia sus brazos. Sentados en la valla que separaba la
playa del paseo conversaron sobre lo sucedido. Andrea desconocía el incidente
de su madre. Conversando con Julián recibió una llamada de ella. Se iban a
comer a Irún y no regresarían hasta la noche. Tenía comida en la nevera y podía
prepararse cualquier cosa. Le advirtió que llegarían tarde, debía cenar y
acostarse. Que hablarían el lunes por la mañana.
Ese lunes Julián se fue a la facultad estaba de vacaciones y deseaba
adelantar el trabajo de investigación. Entró en su despacho y comenzó, con sus
alumnos había quedado en verse un poco más tarde. Se sorprendió al ver como la
puerta de su despacho se abría. Instintivamente reaccionó al ver a un personaje
con pistola en mano, le dio tiempo a realizar tres disparos antes que uno de
los escoltas lo redujera. Pero una bala había impactado en su cuerpo. El
revuelo en la facultad fue monumental. Varios vehículos de la Ertzaintza y de
la guardia civil rodearon el campus. Tres jóvenes de la facultad detuvieron a
alguien que huía y de inmediato dos agentes de la secreta, lo esposaba. El
atentado había fallado y los dos elementos del comando fueron apresados. La
televisión daba la noticia en los telediarios de la mañana. El catedrático fue
conducido al hospital por uno de los escoltas y le llevó en el propio coche del
maestro. Previamente había bloqueado la hemorragia producida por una bala que
impactó en la axila saliendo por la parte superior del hombro. Andrea no se
enteró del incidente hasta muy entrada la tarde, pues andaba preocupada por su
madre. No estaba muy convencida que la desfiguración del rostro fuera como
consecuencia de un accidente que sufrieron al regresar de Irún. Su madre no
estaba para viajar y con el compañero de su madre no iría ni al cielo. Llamó
con el celular pero no contestaba, recordó la llamada del escolta y no se le
ocurrió otra cosa que buscarla y ponerse en contacto con aquel policía. Había
sido quien le atendió en los primeros instantes y el que redujo al autor
material de los hechos. Le tranquilizó asegurando que estaba fuera de peligro
pero que lo mantendrían en el hospital una buena temporada ya que la
articulación del hombro y la clavícula estaban seriamente dañadas. Le preguntó
si le podía pasar el teléfono pero le confesó que estaba bajo los efectos de la
anestesia después de la operación de reconstrucción del hombro. Aquel agente le
prometió que en cuanto despertara le informaría de su llamada y del interés que
había tenido por él.
Cuando Julián recobró la consciencia su madre y hermana estaban
presentes en la sala de reanimación.
Animó a su madre asegurándo que todo había ido bien y que gracias a su
tesón lo podía contar en esos momentos. Infinidad de personalidades, de
periodistas, de alumnos y ex alumnos se dieron cita en la clínica para mostrar
su apoyo al profesor.
Habían transcurrido siete días desde el atentado cuando recibía la
visita de Maureen en compañía de Andrea. Su amiga al enterarse tomó el primer
vuelo hacia España y se presentó junto a su amiga. Les acompañaban los abuelos
y el padre de Andrea. Se instalaron en Victoria en un hotel cercano al hospital
donde ingresaron a Julián y no dejaron de visitarlo ni un solo día. Las
adolescentes se pasaban desde las primeras horas del día hasta la noche cuando
les rogaban abandonar la habitación. Justo el último día de vacaciones le daban
el alta y regresaba a Donostia. Se las ingenio para continuar con la rehabilitación
sin tener que perder clases y poco a poco fue realizando vida normal.
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