lunes, 14 de abril de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES - ANDREA- CAPITULO XIII - E. T. A. LO INTENTA DE NUEVO
CAPÍTULO
DÉCIMO TERCERO
E.
T. A. LO INTENTA DE NUEVO
Se aproximaban las vacaciones de semana santa. Maureen le había pedido que pasara las jornadas de
descanso en Costa Rica. Pero Julián andaba algo retrasado con una investigación
donde había involucrado a alumnos del último curso de la Facultad, habiendo
quedado con ellos esas vacaciones para trabajar intensamente el trabajo que
llevaban entre manos.
Los escoltas le sugirieron que tomara precauciones. Intuían que la banda
podría volver a actuar de un momento a otro. El sábado por la mañana, previo a
la celebración del domingo de ramos, la puerta del palacete requería su
presencia. Sin duda alguien conocido de lo contrario los escoltas le habrían
avisado inmediatamente. Al comprobar por la mirilla, pudo observar a Andrea
llorando. Abrió de inmediato para encontrarse con esa criatura que se lanzaba
en sus brazos, al tiempo que el llanto aumentaba su intensidad. Le abarcó al
tiempo que cerraba la puerta. Abrazada encaminaron sus pasos al salón. Sentados
en el sofá, acurrucada entre los brazos de su maestro proseguía su pena. Dejó
pasar tiempo, esperó a que se calmara y cuando consiguiera el control le
desvelar el motivo de su visita. Sentirse arropada por ese hombre era como
estar con su padre. Siempre comprensivo, siempre atento, fuera la hora que
fuera, jamás escuchó de ningún compañero del centro que les negara una charla
un consejo e incluso una ayuda. Protegida por su profesor recordó como Zulema y
Juan Carlos, al no poder ir al viaje de fin de curso, pues en casa lo estaban
pasando mal económicamente los arropó con su cariño habitual y les aseguró que
el correría con cualquier gasto que les supiera a sus padres aquel viaje. No
iba a consentir, salvo prohibición de sus progenitores que nadie se quedara sin
ir por cuestiones económicas. Recordaba el verano en Costa Rica, como se había
ganado a su gente y como su gente había influenciado en aquel ejemplo. En
infinidad de ocasiones, reflexionando por las noches como le enseñó aquel
personaje deseaba llegar a ser en su profesión como él. Entregándose a los
demás y disfrutar de su trabajo.
Por fin paró de llorar, aun así tardaron en iniciar la conversación. La
música permanecía en el salón a intensidad mínima pero sus notas, compases
mantenían el ambiente sereno y tranquilo.
- ¡Ese cerdo se ha
venido a vivir a casa!
La frase seca, por sorpresa, sin matices, sin aclaraciones la lanzó a la
sala. Ni siquiera se dirigía a Julián. La pronunció sin querer pronunciarla,
pero flotaban las ondas del sonido allí, en el ambiente, en los oídos de
Julián. De nuevo el silencio, de nuevo la pausa, de nuevo la música, de nuevo
más relajada, de nuevo con la mirada perdida. Julián esbozaba una leve sonrisa
que ella no captó, porque no se encontraba allí, estaba en otro lugar, en otra
situación. Estaba sola. Él observaba ese rostro angelical que efectivamente no
se encontraba allí, su alma le había abandonado, llegó a preocuparse pero
aguardó. Para tranquilizarse prestó atención a la melodía que sonaba y se
sumergió en su música, en su letra. Costa Rica se cruzó en sus pensamientos y
de nuevo la visita realizada a aquel nativo en la sierra de Talamanca se
repetía. También se fue de aquel salón, sintiendo como era transportado hasta
aquel lugar de la selva y sentado en aquel tronco conversaba con el tico. Que
pocas palabras se llegaron a cruzar en las casi seis horas que permanecieron
juntos. Cuantos silencios cargados de lecciones, cuantas sensaciones
transmitidas, cuantas ondas circulando de uno al otro. De pronto el timbre de
la puerta los regresó al momento, a la situación, al lugar. Era la madre a la
que acompañaba el socio del padre de Andrea. Tras los saludos expresaron su
preocupación por su niña. Andaban enfrascados en la conversación los adultos
cuando la adolescente sorprendió a todos.
- Déjame quedarme este fin de
semana con mi maestro. Mamá.
Julián fue el primer sorprendido ante la petición de la adolescente.
Cruzó la mirada con la madre y desde luego no le gustó el lenguaje corporal que
expresaba. No abrió la boca y esperó expectante a los acontecimientos que se
avecinaban. Fue la madre quien rompió el momento al responder.
- ¿Crees que es lo
correcto Andrea?
El tono empleado por aquella madre era agresivo, pero no solo hacia su
hija la forma y las miradas que lanzó recriminaban a Julián. Pero quedó ahí.
Silencio hiriente lo rompió el menos oportuno en esos momentos.
- ¿Princesita qué pensaría la
gente si te quedaras a solas con este
Señor?
No había finalizado la frase cuando con lágrimas y una rabia infinita en
su expresión comentó
- Con este Señor como dice estoy
más segura incluso que con mi padre, pero infinitamente más que durmiendo en
casa cuando usted está bajo el mismo…
El bofetón de su madre impidió que finalizara la frase, Andrea se
refugió en su maestro y aseguraba que no abandonaría esa casa. Ante la
situación Julián rogó que salieran de casa que convencería a la joven para que
se fuera. La violencia de aquella mujer saltó y tomando su móvil telefoneo a la
Ertzaintza. La historia se volvía a repetir. Pero protegió a la pequeña ante
los intentos de su madre de llevársela por la fuerza. Y aguardó a las fuerzas
del orden sabedor que le traería más de un problema. Pero lo asumió sin el
menor temor. Nada ni nadie le impediría hacer lo que para él era lo correcto.
Por supuesto que no estaba de acuerdo con la idea de la adolescente de quedarse
en la casa ese fin de semana. Pero otra cosa muy distinta era la utilización de
la violencia para convencer a la joven. Cuando Julián vio a la pareja que
entraba en casa supo que tendría más problemas de los esperados. Uno de ellos
le había increpado incluso de uniforme por sus artículos en la prensa en contra
de la banda terrorista y el ultra nacionalismo. Los dos escoltas se personaron
al ver el movimiento. Tras las primeras declaraciones todos los presentes a
petición de la policía autónoma fueron a la primera comisaría. La pareja estaba
dispuesta a poner una denuncia contra aquel maestro por retención de una menor
sin el consentimiento de su tutora legal e incluso insinuaron en la declaración
la posibilidad de abusos a una menor. Andrea interrumpía constantemente a su
madre ante la redacción de la denuncia y de nuevo un bofetón se estrelló en el
rostro de la adolescente. El oficial que tomaba declaración rogó a la madre
controlar los nervios y mandó a la cría que no interviniese hasta que se le
pidiera declaración. Ante los acontecimientos Julián llamó a su abogado, quien
se personó a los escasos quince minutos. Mantuvo una conversación privada con
su cliente y tomó de inmediato las riendas de la situación. Cuando el abogado
de Julián se aproximaba al oficial encargado de la denuncia, le solicitó una
copia y presentó sus alegaciones pertinentes. Andrea y la pareja tras firmar la
denuncia abandonaron las dependencias de la Ertzaintza. Cuando su pequeña le
juró que como no retirará la denuncia contra su maestro haría todo lo posible
por conseguir que le quitaran la custodia y potestad. Comenzando por las
agresiones de esa noche. La mujer fue consciente de su torpeza al pegarle
delante del oficial del orden. Lanzaba sus amenazas conforme iba a su
habitación y se encerraba en ella.
Julián salía de las dependencias policiales cerca de las veinticuatro
horas, tras quedar en libertad con cargos. En un principio el Juez de
instrucción iba a concederle la libertad sin cargos pero cuando el Ertzaintza,
que había ido a la primera llamada a su casa, le presentó la denuncia que tuvo
hacía unos años, el caso de la nadadora, prefirió esperar para poder comprobar
mejor toda aquella información.
El móvil de Julián sonaba, eran cerca de las ocho de la mañana, jamás se
había levantado tan tarde pero esa noche no consiguió dormirse, pensando por lo
que estaría pasando aquella criatura, hasta cerca de las cinco. Luego cogió el
sueño y el sonido de su celular le despertó. Era su abogado habían retirado la
denuncia y por tanto quedaba completamente libre. La noticia no le quitó la
preocupación y ni corto ni perezoso, rogó a sus escoltas que le acompañaran de
forma visible, tenía la intención de acercarse a la casa de su alumna para
dialogar con la madre. Ambos representantes le aconsejaron, que no era el
momento más propicio para verse con esa gente después de haber retirado la
denuncia. Pero Julián no pensaba en él, le tenía muy preocupado aquella adolescente
y desoyendo los consejos más razonables, a pesar de los pesares decidió
personarse en la casa. Andrea lo vio llegar e intentó avisarle llamando a su
móvil, pero la compañía le negaba ponerse en contacto con ese número. De pronto
el sonido de su celular le sorprendió, se trataba de uno de los escoltas de
Julián rogándole calma de parte de su maestro, solicitando que permaneciera en
su habitación hasta el fin de la visita. De lo contrario podría perjudicar a
Julián. Asintió a todas las peticiones de aquel policía y permaneció expectante
en su cuarto.
Lo que menos se podía imaginar aquella señora era precisamente la
presencia de Julián. En un principio sintió temor, su forma de pensar le hacía
creer que todos podían actuar como ella. Iba con dos representantes de la ley
pues la noche anterior los conoció.
Cuando Julián abandonó la casa aquella mujer quedó desconcertada. Como
podía haber gente tan entregada a los demás, en ningún momento se quejó de su
comportamiento la otra noche. Pero también le dejó un mar de dudas sobre su
pareja. Andrea había acudido a él por algún problema con aquel personaje y
aunque estuviese muy enamorada de esa persona, se debía en primer lugar a su
hija y esta desconfiaba del socio de su padre. Le llamó y le confirmó la presencia
de Julián, comentó algunas cosas de las que habían tratado e hizo especial
hincapié en su marcha escolar de la que estaba muy orgulloso de su trabajo y
dedicación. Estuvo indecisa pero por fin prefirió sustituir sus disculpas por
permitir de nuevo conectar con su maestro. Le levantó el castigo de no
realizar el viaje de fin de curso. Su niña si se disculpó y en su conversación
le contó las sospechas que deseaba relatar a Julián la noche anterior sobre su
pareja. Se abrazaron y tras asearse salió a jugar a la playa un partido de
Vóley que tenía. Fue salir su pequeña y a los veinte minutos se personaba su
pareja borracho como una cuba. Cuando le confesó la presencia de Julián comenzó
a maldecir y a golpearle hasta que consiguió cerrarse en un aseo. Al mirarse al
espejo casi no podía verse, los pómulos, cejas y mejillas tenían tal grado de
hinchazón que le habían desfigurado el rostro. Él se desplomó en la puerta,
consecuencia de la borrachera. Abrió con sigilo la puerta y al verle tumbado
volvió a cerrar de inmediato. Lo intentó de nuevo y cuando se disponía a salir
huyendo algo le asió del tobillo impidiendo el movimiento. Presa de pánico
escuchó los llantos, quejidos y suplicas de perdón de aquel personaje. Poco a
poco aquel indeseable le consiguió convencer con promesas y carantoñas, cayendo
de nuevo en brazos de aquel degenerado.
Julián daba su una vuelta en bici por el paseo de la concha se detuvo
con la intención de estar unos minutos viendo el partido de vóley playa cuando
ante su asombro vio a Andrea. Al cruzar su mirada con su maestro dejó plantado
el partido y corrió hacia sus brazos. Sentados en la valla que separaba la
playa del paseo conversaron sobre lo sucedido. Andrea desconocía el incidente
de su madre. Conversando con Julián recibió una llamada de ella. Se iban a
comer a Irún y no regresarían hasta la noche. Tenía comida en la nevera y podía
prepararse cualquier cosa. Le advirtió que llegarían tarde, debía cenar y
acostarse. Que hablarían el lunes por la mañana.
Ese lunes Julián se fue a la facultad estaba de vacaciones y deseaba
adelantar el trabajo de investigación. Entró en su despacho y comenzó, con sus
alumnos había quedado en verse un poco más tarde. Se sorprendió al ver como la
puerta de su despacho se abría. Instintivamente reaccionó al ver a un personaje
con pistola en mano, le dio tiempo a realizar tres disparos antes que uno de
los escoltas lo redujera. Pero una bala había impactado en su cuerpo. El
revuelo en la facultad fue monumental. Varios vehículos de la Ertzaintza y de
la guardia civil rodearon el campus. Tres jóvenes de la facultad detuvieron a
alguien que huía y de inmediato dos agentes de la secreta, lo esposaba. El
atentado había fallado y los dos elementos del comando fueron apresados. La
televisión daba la noticia en los telediarios de la mañana. El catedrático fue
conducido al hospital por uno de los escoltas y le llevó en el propio coche del
maestro. Previamente había bloqueado la hemorragia producida por una bala que
impactó en la axila saliendo por la parte superior del hombro. Andrea no se
enteró del incidente hasta muy entrada la tarde, pues andaba preocupada por su
madre. No estaba muy convencida que la desfiguración del rostro fuera como
consecuencia de un accidente que sufrieron al regresar de Irún. Su madre no
estaba para viajar y con el compañero de su madre no iría ni al cielo. Llamó
con el celular pero no contestaba, recordó la llamada del escolta y no se le
ocurrió otra cosa que buscarla y ponerse en contacto con aquel policía. Había
sido quien le atendió en los primeros instantes y el que redujo al autor
material de los hechos. Le tranquilizó asegurando que estaba fuera de peligro
pero que lo mantendrían en el hospital una buena temporada ya que la
articulación del hombro y la clavícula estaban seriamente dañadas. Le preguntó
si le podía pasar el teléfono pero le confesó que estaba bajo los efectos de la
anestesia después de la operación de reconstrucción del hombro. Aquel agente le
prometió que en cuanto despertara le informaría de su llamada y del interés que
había tenido por él.
Cuando Julián recobró la consciencia su madre y hermana estaban
presentes en la sala de reanimación.
Animó a su madre asegurándo que todo había ido bien y que gracias a su
tesón lo podía contar en esos momentos. Infinidad de personalidades, de
periodistas, de alumnos y ex alumnos se dieron cita en la clínica para mostrar
su apoyo al profesor.
Habían transcurrido siete días desde el atentado cuando recibía la
visita de Maureen en compañía de Andrea. Su amiga al enterarse tomó el primer
vuelo hacia España y se presentó junto a su amiga. Les acompañaban los abuelos
y el padre de Andrea. Se instalaron en Victoria en un hotel cercano al hospital
donde ingresaron a Julián y no dejaron de visitarlo ni un solo día. Las
adolescentes se pasaban desde las primeras horas del día hasta la noche cuando
les rogaban abandonar la habitación. Justo el último día de vacaciones le daban
el alta y regresaba a Donostia. Se las ingenio para continuar con la rehabilitación
sin tener que perder clases y poco a poco fue realizando vida normal.
miércoles, 9 de abril de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- 2ª PARTE- ANDREA- CAPITULO XII- FIN DE UN SUEÑO SIN FINALIZAR
CAPÍTULO DÉCIMO SEGUNDO
FIN DE UN SUEÑO SIN FINALIZAR
Llegó a casa muy cansado, le quedaban siete
días de vacaciones pero demasiado trabajo por delante. Entraba en antes de la
comida. Se duchó, se arregló y fue al complejo deportivo a comer. No se
entretuvo, regresó y durmió hasta el amanecer del día siguiente. Nada más
levantarse, más temprano de lo habitual, a las cinco de la mañana, cuando
todavía la noche no le había permitido pasar al día, conectó el ordenador y
comenzó un artículo sobre Costa Rica. Como entendían la vida algunos paisanos
de aquella nación y realizó una comparación con la vida que se llevaba Europa.
Para finalizar planteando una pregunta a sus lectores junto a unos cuantos
interrogantes. Cuando la publicación apareció en el semanario sus habituales
sorprendidos escribían a través del periódico en su página Web.
¿Qué
le había sucedido?
Lo cierto es
que aquel escrito analizaba meticulosamente la vida que estaban llevando los
europeos. Donde una sociedad quejosa de todo y con pocas aportaciones vivía
para y por el trabajo, para el consumismo atroz. Para las ideas preconcebidas,
para los extremismos del signo que fuera. Ya era hora de despertar y frenar ese
consumismo, que dicho de paso, nos iba consumiendo sin lograr que ello nos
proporcionara ser más felices. Intentó en numerosas ocasiones ponerse a
trabajar con el inicio del curso pero le fue imposible. Se había traído de
Costa Rica una considerable biblioteca de pensamientos de diferentes
civilizaciones precolombinas, así como varios escritos de las tribus nativas,
desde los Bribri, Cabecar, los Guaymi, Borucas o Bruncas, Terrenas, o los
Teribes en el sur de Costa Rica
hasta los Malekus, y los Chorotegas de la zona norte, pasando por Huertes o los Minsitos y Sumos en el centro y
centro oeste de Costa Rica. Desgraciadamente la mayoría de estas tribus habían
perdido su idioma. De los Bribri se decía que eran los verdaderos dueños de
Costa Rica, Tenían idioma propio y habitaban en la región sur del País,
montañoso y de difícil acceso, se decía que los españoles nunca consiguieron
someterlos.
De los siete días que le quedaban de
vacaciones lo dedicó íntegramente a la lectura de esos libros. Y cuando se vio
el agua al cuello comenzó a preparar la programación del curso.
El primer día laborable de Septiembre se
presentó en el centro educativo. El director pedagógico le llamó a su despacho
le tenía que pedir que un año más se hiciera cargo de la tutoriía del cuarto B,
para proseguir con la labor comenzada a finales de la primera evaluación del
curso pasado. Había recibido numerosas peticiones por parte de los padres.
Sería su último curso como profesor de Secundaria. Al finalizar el curso le
llegaría la reducción de horario y tan solo daría clases a los grupos de
optativa de segundo de Bachiller.
Volvería a tutelar a Andrea y al resto de sus
compañeros. Su comportamiento durante el curso había sido ejemplar y le
ayudaron a llevar la tutoría al comprometerse con las pocas cosas que acordaron
y que las cumplieron al pie de la letra. Ya estaban acostumbrados a trabajar en
tutoría a su forma de llevar las cosas, adaptándose a ellos consensuando
todo. Aceptó encantado y fue a preparar
los exámenes de septiembre a los pocos alumnos que les había quedado la
asignatura. De bachiller aprobaron todos, de tercero tan solo dos alumnos no
superaron los mínimos mientras que los de cuarto una alumna que no había
asistido prácticamente durante el curso y que dudaba que se presentara en
Septiembre.
Pasaron los exámenes, las reuniones de evaluación, las sesiones de
programación del curso y por fin llegó el primer día de clase. La reunión en el
teatro para los clásicos saludos de bienvenida, primero les tocó a los de
tercero. Julián asistió a la charla y cuando los grupos se fueron en sus
respectivos tutores Julián se perdió por los patios del centro. Alguien se tiró
sobre sus espaldas, de inmediato adivinó de quien se trataba bajó de su espalda
y al girar se abrazó como chiquilla se abraza a su padre tras un largo periodo
sin verlo. Esa alegría esa vitalidad le rejuvenecía y aumentaban sus ganas de
disfrutar con su profesión. Le preguntó por David y de inmediato le informó que
había estado delicioso, cariñoso y servicial con ella y Maureen, le dio otros
dos besos en la mejilla advirtiéndole que eran de su parte. Le relató que
estuvo en un tris de dejarlo todo e irse a España con ella. Con un maestro como
él habría ido a la escuela hasta su muerte. Andrea estaba como loca, nunca se
pudo imaginar que volver a la escuela le resultara tan gratificante. Aquel
personaje era capaz de convertir una obligación en un juego, en una diversión.
Entró en el teatro cogida de la mano de Julián, cuando se separaron, ella para
ir con su curso y él con el profesorado el jefe de estudios le comentó.
- Julián
debes tener más cuidado con la cercanía a tu alumnado. Se habla por ahí de esa
tica y la actitud tan familiar contigo.
Sonrió dejó pasar ese tiempo necesario,
asimilado de aquel nativo, que permitía darle a esas personas que lo practicaba
dominio absoluto en cualquier conversación, luego con su tan conocida ironía
respondió.
- Dejadme
disfrutar, de la vida que E. T. A. me permita tener.
No había terminado de pronunciar la frase
cuando se percató de lo obsesionado que estaba últimamente con la banda. Se
sentó junto a sus compañeros de trabajo
mientras se abandonó a sus reflexiones y cavilaciones, confirmaba su mente que
esa preocupación comenzó al poco tiempo de sus vacaciones en Costa Rica. Había
sido una persona muy ocupado desde muy joven con diversos problemas no
buscados, y todo ese trabajo, todo esos estudios, investigaciones,
conferencias, clases, le sembraban la duda si realmente había vivido. Es cierto
que todas las noches reflexionaba y analizaba lo realizado durante el día, pero
nunca se había parado a pensar en otro tipo de vida en otra forma de aprender,
de otra forma de convivir, o de vivir una soledad enriquecedora. A que se debía
tanta falsedad, tanto perjuicio, el mal no estaba en él, respetaba a sus
alumnos como de si sus hijos se tratasen. No estaría el mal en esas mentes
enfermas y falsas. No sería envidia por la atención que le prestaban a su
maestro cuando le sucedía algún problema, como el sucedido ese curso pasado
cuando le acoplaron la bomba lapa.
Siempre se comportaba por igual con todos,
con los muy cariñosos, como con los tímidos. Solventaba la situación con
cualquier tontería terminando por reír con la parida lanzada. A los más fríos a
los que arropaba con la palabra y la acción de su apoyo, su estar a su lado aun
sin pronunciar palabra. Pero a qué santo esos pervertidos se atrevían a dudar
de su integridad, de su profesionalidad, de su papel con el alumnado. Era
conocedor que ciertos elementos, porque personas no se les podía denominar,
habían sido denunciados ante dirección de actitudes no acordes con su misión de
educador. Y precisamente esos eran los que le señalaban con el dedo. Pero que…
- Don
Julián. ¡Don Julián!. ¡¡¡Don Julián!!!.
Su nombre sonaba en la sala cada vez con
mayor intensidad. Regresó y consciente que le llamaban para que se hiciera
cargo de su tutoría para ir a clase e informar a sus tutorados, de normativas,
horarios, periodos de clases, de vacaciones, actividades y demás.
De nuevo el director pedagógico le entretuvo
antes de entrar en el aula con su alumnado. Le entregaba el reglamento de
régimen interno que debía leer y analizar con sus alumnos. La sonrisa se dibujo
en su rostro, su director le acompañó, sabía perfectamente que no lo leería,
las normas en su clase las ponían sus alumnos en clara negociación con él y
siempre eran mínimas. Aun así el director sabía a ciencia cierta que el grupo
las cumpliría al pie de la letra y todas las demás normas del centro aunque no
se hubieran negociado por lógica los chicos de sus tutorías las respetaban. En
más de una ocasión estuvo tentado a seguir la filosofía de aquel maestro, pero
las criticas, las protestas, las replicas de no cumplir con el reglamento
aprobado por las altas esferas de la escuela era poco más que un sacrilegio. Y
la política, en los cargos incluso en los educativos, era necesaria para
mantenerse en el poder. Fue iniciar su entrada en el aula, cuando puestos en
pie comenzaron a aplaudirle. Vio como Andrea se acercaba y de inmediato, le
retuvo.
- Primera
norma no acercarse al profesor si permiso.
Un ¡NO! estrepitoso se escuchó en la sala.
Andrea se había detenido pero ante la respuesta del curso se lanzó a su
profesor y a continuación uno tras otros se abrazó a su maestro. Recuperado el
orden fueron pactando las normas para convivir ese curso. Los horarios, las
asignaturas, las salidas culturales, la fiesta de fin de ciclo y el viaje de
fin de etapa. Al salir ese último tema todos pidieron a Julián que él fuera uno
de los profesores que les acompañara en ese viaje. No era muy partidario pero
era consciente que al ser tutor no le quedaba otra alternativa. Fue confirmarlo
y de nuevo un aplauso irrumpió en los presentes. Se formaron los diferentes equipos
para funcionar. El de fiestas, el de deportes, el de viaje fin de curso, el de
apoyo en mates, el de apoyo en lengua, el de lengua extranjera, el del euskera.
Poco a poco todo el curso se involucró en un equipo. Julián les recalcó que
aunque se habían confeccionado varios equipos, todos formaban uno solo el de
cuarto B. Con un objetivo final, disfrutar de un año, de convivencias, de
estudios, de deportes, de distracción, pero principalmente de un curso de
compartir todo entre todos.
La mañana finalizó con una rapidez
increíble, el verse inmerso entre sus muchachos y muchachas le permitió
saborear el tiempo y el espacio. Cosa que no había sucedido en esas semanas de
preparación, con reuniones, de evaluación, de preparación, de objetivos, etc.
De camino a casa el móvil le delataba que
algo había sucedido en el palacete. Los escoltas también recibieron el mensaje
y se adelantaron a Julián para inspeccionar la vivienda. Al llegar al cuarto de
mando, observaron los videos y efectivamente dos encapuchados habían estado
merodeando por sus alrededores. Aunque las imágenes delataban que había sido
una mera inspección para informarse. Salieron al exterior y comprobaron los
lugares por donde se habían movido. Al comprobar la seguridad avisaron a Julián
confirmándole que la vía estaba libre. Los invitó a casa y tomaron un aperitivo
junto mientras comentaban lo visionado en las cámaras de seguridad. No cabía la
menor duda que andaban estudiando la casa y con seguridad los hábitos de su
dueño. Señal inequívoca que perseguían un atentado. Las imágenes se llevaron a
la Ertzaintza y al ministerio del interior en Madrid para su análisis y posible
identificación de los autores.
El fin de semana se desplazó a la prisión
alavesa de Anclares de la Oca. Una nueva visita a su antiguo alumno, al
confirmarle éste que la banda iban a por él Julián le contó el incidente en su
casa. Él estaba haciendo lo humanamente posible para evitar que E.T.A.
siguieran con el objetivo de aquel profesor. Se lo juro a su padre y le prometía,
juraba y perjuraba que estaba haciendo lo imposible para evitarlo. Julián era
consciente de ello por ir en su ayuda lo habían detenido y no le caía la mínima
duda que Patxi lo estaba intentando por todos los medios. Le entregó lo que le
pidió la ultima vez y se despidieron hasta la próxima. Patxi se quedó
preocupado consciente que la dirección de la banda lo había señalado como
principal objetivo y aunque algunos compañeros suyos en libertad le estaban
apoyando en la dirección no estaban por la labor.
Los últimos dispositivos de las fuerzas de
seguridad permitieron a los cuatro meses del incidente en el palacete la
detención de dos miembros de la banda que andaban proporcionando información. Aquel maldito profesor les había costado tres
detenciones directas y más de diez indirectas.
Había decidido cambiar sus costumbres
especialmente para evitar, de producirse un atentado, que afectara a cualquier
conocido suyo. Dejó de ir a jugar al vóley en la playa y dejó de ir a comer o
cenar al centro deportivo. Cosa que no le gustaba, optando al final por
realizar las comidas en casa. Como en muchas ocasiones el tiempo no se lo
permitía opto por contratar a una cocinera. La hija de su ama en el caserío,
que aún conservaba la familia, donde había nacido su padre, fue la que se hizo
cargo por petición de la madre de Julián a quien éste le pidió consejo para
contratar una cocinera. Aquello le llenó a su madre pues era la primera vez que
su hijo le pedía un favor y Arantxa la hija de los cuidadores del caserío era
la mujer perfecta. Había enviudado y debía sacar adelante a sus cuatro hijos,
era de la máxima confianza en la familia y por si fuera poco una gran cocinera.
Una persona rompía aunque fuera por unas horas la soledad de su santuario.
Señal inequívoca que a las casi seis décadas Julián estaba cambiando en algo.
Su madre muy cansada y enferma le supuso un gran alivio. Su niño comenzaba a
entrar en razón. Pero lo cierto era que su estancia en Costa Rica le había
cambiado bastante. Sin duda esos escritos que estuvo leyendo y viviendo sus
propias carnes, sobre aquel rincón del Caribe sur de Costa Rica poseía una
magia especial. Nadie que hubiera pisado sus tierras regresaba a su vida
cotidiana de la misma forma que cuando llegó.
Julián le gustaba comer solo pero no
consintió que aquella mujer lo hiciera a parte, es más en las ocasiones que sus
pequeños no podían ir a clase le rogó que se los llevara a casa. No le
agradaban en demasía los niños, pero también era cierto que a los únicos que
había tenido que soportar eran a los de su hermana y cuñado y esos eran unos
auténticos pijos.
Hablo en más de una ocasión por el Skype con
Maureen recordando esos días que pasaron juntos. Cuantas cosas pudieron vivir
en esas dos escasas semanas. Como añoraba los descansos en la hamaca del
pórtico superior de la cabaña. Como echaba de menos esos desayunos de frutas en
el chiringuito. Como le gustaría perderse por la reserva natural de Histoy
Cerere y bañarse en esas cálidas aguas que las termas calentaban a temperatura
de cocción. Escuchar el sonido de la selva o sentir el ritmo del Caribe
rompiendo en la cala.
Él no le comunicó los problemas con la banda
terrorista pero su amiga si lo había hecho y nada mar ser informada se puso en
contacto con él. Restó importancia a la información de su amiga y le rogó que
se cuidara para añadir la frase que más le gustaba.
“Pero
por favor sobre todo deje que le cuiden”.
Esa semana se reencontró con el padre de
Andrea que había amarrado en puerto y permanecería durante una semana. Habían
acordado el divorcio y se desplazó para plasmarlo ante el juzgado tras los
trámites realizados. Le confirmó la buena marcha escolar, aunque de inmediato
puntualizó que lo más importante, su madurez, iba adquiriendo los tintes de un
adulto. Quería estudiar medicina o ciencias de la educación física y el
deporte. Todo dependía de la media que obtuviera en el bachiller y la
selectividad. El padre de la criatura sonrió y de inmediato comentó.
- Está
claro que esta hija no quiere separarse de usted. Le tiene completamente
enamorada.
Sonrieron y fueron contándose lo sucedido
durante ese tiempo sin verse. También le mostró su preocupación ante los
terroristas su hija e incluso su ex, le habían comentado los últimos
acontecimientos. Como siempre restó importancia a ese asunto. Nunca le había
preocupado pero últimamente si le hacía mella en su alma.
Esa mañana era la asignada a la salida
cultural para conocer un poco la ciudad. Los alumnos de cuarto de secundaria
circularían en bicicleta para realizar una visita a la ciudad.
A las ocho de la mañana las bicicletas y los
cascos estaban preparadas en la entrada del centro educativo. Se les había
advertido a los muchacho y muchachas que debían llevar prendas cómodas, mochila
una botella de agua, amén de su correspondiente libreta y bolígrafo para
recoger cuantos datos pudieran de esa jornada. A todos se les repartió un plano
del lo planificado. Iniciaban el recorrido en la calle del centro educativo
José Mª Salaberría por la salida hacia la derecha y siguiendo por la calle al
llegar a Jaime de Barkaizlegi, girar a la izquierda hasta encontrarse con el
paseo Erondo, tomándolo hacia la derecha continuar por la Calle Easo, rodeando
el parque y al llegar a la cuesta de Kalea tirar hacia la izquierda. La primera
calle a la derecha, ir para cruzarse con San Martín y llegar a la plaza de
Zaragoza, desvió hacia la izquierda por la calle Zubieta hasta la plaza del
Padre Vinuesa. Seguir por el paseo de la Concha y continuar por la avenida de
Satrustegui, nada más cruzar la calle Infanta Beatriz y antes de llegar a la de
Infante Juan entrar por la calle intermedio hacia la izquierda, hasta el parque
de Zubimusu. Al encantarte con el parque ir hacia la izquierda de la calle
Ternto, y al llegar a la Avenida de Tolosa ir hacia la derecha hasta la plaza
América. Allí tomar la calle de la izquierda por el paseo de Lugartiz y una vez
pasado el túnel de Quinto se encantarían con la rotonda de Lazkano. Ahí debían
entrar en el parque Mélodi hacia la izquierda para salir al paseo Endorno,
tomándolo hacia la izquierda hasta encontrarse la calle de Jaime Barkaiztegi en
dirección izquierda y de ahí al cruzarnos con la calle de José Mª de Salaberría
regresar al centro educativo.
Fue una jornada divertida abandonando un
poco de la monotonía diaria.
miércoles, 2 de abril de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES- ANDREA- CAPITULO XI -EL INCIDENTE
CAPÍTULO DÉCIMO PRIMERO
EL INCIDENTE
Los últimos
días de estancia en Costa Rica se consumían. Le quedaba una semana para
concluir sus vacaciones y la pasaría en Donostia, en el palacete, para poner
todo en orden y reanudar su vida cotidiana. La rutina, los horarios, las
clases, el tráfico, los nuevos retos, con ponerse un poco más al día, ir
comprendiendo un poco más a esas generaciones, las reuniones (en el mayor de
los casos una autentica pérdida de tiempo). Con la ironía de aquel maestro que
no se creía los cuentos de los parlanchines y poco eficaces. Iba al encuentro,
del orden, de la disciplina, de lo correcto. En su cabeza zumbaba la vida de
aquel nativo que sin techo, con su soledad, le dio las mejores lecciones de su
vida. Esas clases de la vida que por mucho que las busques en los libros no las
encuentras. Aquel nativo que no conocía ni día ni noche, ni lunes, ni…, ni
domingo. Ni año, ni siglo, ni época. Ni plata, ni carro. Cuando Julián le contó
la frase de San Francisco de Asís, que por supuesto no sabía quién era, ni
pimientos le importaba.
“Deseo poco y lo poco que deseo, lo deseo poco”
Le sonrió dejando una pausa infinita.
Parecía que las palabras también precisaban su pausa para saborearlas,
analizarlas pero sobre todo reflexionar lo dicho o escuchado.
- Es posible que ese sea el camino de la
felicidad. Pero yo no deseo ni ese poco.
¡Dios,
Dios!
Gritaba su interior
Es el
camino. Es ese.
Entonces que le impulsaba a regresar, que
fuerza interna no le daba permiso para quedarse allí y perderse como ese
nativo. Cuantos miedos, cuantas trabas se pone el hombre “civilizado”.
¿Qué le ataba para regresar? ¿Su familia?
Con toda
seguridad no. Sus ideales, aquel nativo los había resumido perfectamente. Vivir
el instante y disfrutar de lo que recibes sin desear, sin pedir, sin luchar,
sin trabajar. Simplemente tomándolo de la naturaleza, para disfrutar lo que nos
ofrece, devolviéndole su generosidad respetándola, ayudándola, conservándola,
ampliándola.
Sonreía al recordar cuando le preguntó donde
tenía su choza, porque a bien seguro casa no tenia. Su choza era la selva, cada
día disponía de un nuevo lecho, una nueva bañera, un nuevo comedor, eso sí le
aseguró el techo siempre es el mismo, azulado con una luz intensa, u oscuro con
millones de destellos. Le contó porque permanecer en un lugar si el mundo era
muy extenso y podías dormir, comer, bañarte, hacer tus necesidades en cualquier
lugar. Allí donde te apeteciese descansar, dormir, comer, correr, saltar,
bañarte.
Su mente se torturaba, hasta que puso fin a
sus dudas, a sus anhelos, a sus miedos, a sus principios y partió con el grupo
a cenar y disfrutar del espectáculo que le ofertaba un restaurante junto a la
playa. Sería su última noche en Costa Rica, a la mañana siguiente junto al
padre de Andrea se desplazaban al aeropuerto en Alajuela, uno con destino a
Donostia con previa escala en Barajas. El otro con destino a Port Elizabeth en
Suráfrica. David había decidido prolongar su estancia hasta regresar con Andrea
cuando se iniciase el curso. Él comenzaba el bachiller en otro edificio a unas
manzanas del centro donde había estudiado. Andrea comenzaba el último curso de
la secundaria. Esa noche abandonó por completo a David para no dejar un solo
instante a su padre. No sabía cuántos meses volverían a pasar sin disfrutarlo,
si abrazarlo, sin recibir sus mimos pero especialmente compartiendo sus
inquietudes, sus miedos o sus dudas.
El local estaba muy concurrido y la música
acompañó la velada durante muy entrada la noche.
Consumidos los postres, los cafés y algunas
infusiones decidieron moverse al ritmo marcado por los diferentes artistas que
desfilaron por el escenario montado en la playa y amen del restaurante una
instalación hotelera y otros dos chiringuitos de la zona habían montado sus
mesas, cara al escenario. Justo a sus pies una pista inmensa de baile montada
en madera sobre la misma playa permitía, a quien se atreviese, a mover el
esqueleto. Andrea sacó a su padre y comenzó a moverse a los ritmos marcados,
Maureen ante la negativa de Julián lo hizo con David. No renunciaron a moverse
los abuelos de Andrea que también se atrevieron. Julián permanecía, tomando una
bebida refrescante, contemplando el ambiente, la música, la gente en algunos
casos pasaditos de bebida. Cuerpos con escasa ropa se contorneaban en la pista
invitando a la sensualidad, al arte del ritmo de los cuerpos y sus encantos.
Las reflexiones, los pensamientos trataron de invadir su mente pero aunque le
costó un poco evitarlo lo consiguió, recreando sus sentidos en la noche, en el
colorido, en las letras de las canciones, en los movimientos de aquellas
mujeres que con su contorneo invitaban a sus parejas a lanzarse a algo más que
el baile. Por primera vez contempló a Maureen y Andrea como mujeres, sensuales
olvidando. O tal vez no. que eras unas adolescentes. Apartó veloz su mirada y
de nuevo la pregunta.
¿Qué le
estaba pasando?
Pero a pesar que aquellos cuerpos ahora se
contorneaban con mayor sensualidad, y provocación, cuando volvió a mirar de
nuevo vio a esas niñas de clase que les habían encomendado sus padres para
colaborar en su formación. Volvía a ser él y eso le tranquilizó. Pero al
recorrer su mirada por los espectadores de aquella escena de la noche se detuvo
en un grupo de hombres de mediana edad. Tres en concreto y ante su asombro uno
de ellos era el americano que andaba inquietando a Andrea. Le produjo nauseas
observar como desnudaban a las dos jóvenes en la misma pista, mientras
comentaban entre sí. Andaban muy cargados de alcohol y Julián se temió alguna
salida de tono de esos tres gorilas. Su primer impulso fue levantarse y avisar
a las parejas, pero los veía con tanta felicidad, disfrutando tantos esos
momentos, que se detuvo y esperó acontecimientos. Pero tomó su celular, como
suelen nombrar a los móviles por esas latitudes, y puso al corriente a las
fuerzas del orden de posibles incidentes en el espectáculo de la playa. A los
quince minutos se personaba una patrulla. Los dos representantes de las fuerzas
del orden eran los que pidieron la documentación a Julián en los primeros días.
Los saludó e invitó a tomar algo en la barra del restaurante. Julián les expuso
sus temores y le tranquilizaron asegurando que andarían rondado por ahí hasta
que el espectáculo finalizase. Más tranquilo regresó a su sitio para que el
ambiente, y la noche le absorbiera para disfrutar de sus últimas horas en el
país. Se encontraba enfrascado en el ambiente cuando observó como aquel
extranjero se aproximaba a David y de un empujón le alejó de su compañera de
baile. Iba a prender la mano de la adolescente cuando los policías
intervinieron aconsejando al personajes que se retirase de la joven y no le
molestara, de inmediato los otros dos gorilas, cubas perdidos se aproximaron
dando tumbos a uno y otro lado. El segundo representante de la ley fue al
vehículo y con la radió del carro solicitó refuerzos. Hubo un poco de forcejeo
pero los dos representantes de la ley también poseían una buena presencia y con
la utilización de las porras pudieron neutralizar la agresividad del trío.
Cuando llegaron los refuerzos los tres perturbadores del orden estaban
esposados. Con la ayuda de sus compañeros los llevaron a comisaría. La fiesta
se había apagado ya no quedaba tiempo material para revivirla, por ello y como
solo faltaban diez minutos para dar concluido el permiso que disponían,
decidieron dar por concluido el
espectáculo. Nuestros amigos se subieron a los carros para regresar a casa.
En el pórtico inferior reunidos comentaban lo
fascinante que había sido esa noche. Hablaron de fin de las vacaciones y del
las pocas motivaciones que había para reanudar la vida cotidiana. Por fin el
primero en abandonar la reunión fue Julián andaba cansado y las persianas se le
cerraban, se despidió de los presentes y tras el oportuno aseo personal se
metió en la habitación para recuperar su cuerpo y su mente.
Llevaría unas dos horas durmiendo cuando una
mano suave se posó en su rostro y la voz dulce, melosa y cariñosa de Andrea le
despertó.
- Don
Julián lo siento pero preciso hablar con usted de algo muy importante. Puede
atenderme.
Había descansado unas horas y no le supuso
mucho esfuerzo levantarse, se enfundó unas bermudas, dormía siempre con un
pijama de pantalón corto, un polo y se ajustó unas sandalias para salir en
compañía de la joven al exterior de la cabaña. Sin mediar palabra ella le tomó
la mano y caminando delante de él le indicó hacia donde deseaba ir. Al pasar la
barrera de la vegetación y encontrase cara a cara con el Caribe, la joven se
abrazó a su profesor y comenzó a llorar como lo que era, una niña. Le acarició
los cabellos con una mano mientras la otra abarcaba su espalda. Proseguía su
llanto ocultando su rostro en los pectorales de su maestro y él continuó con el
consuelo sin pronunciar palabra alguna. Esperaba que ella fuera calmándose y le
relatara a continuación su inquietud. Se separó de él, mientras enjugaba sus
lagrimas con la camisola que llevaba, alzó su mirada hacia su maestro mientras
le regalaba una sonrisa llena de afecto, de ternura, de cariño, de gratitud
hacia aquel profesor que les atendía fuera la hora que fuera y el momento.
Siempre estaba a disposición de ellos. Con una última sonrisa picarona y
tomando su mano le invitó con el lenguaje corporal a pasear. Él sonreía pero se
mantuvo en silencio, temía que fuera a contarle algo relacionado con lo que
hablaron Maureen y él la otra noche. Pero dejó de suponer y aguardó como un
tico sin prisas, sin apremios, sin atropellos a que ella se soltara. Notaba
algo de tensión en su mano. En ese preciso momento se percató que cuando se
relajaba, daba tiempo al tiempo, sin ansiedades, sin premuras, podía captar
mucho mejor el lenguaje corporal. Ahora era consciente de las palabras de aquel
nativo.
“Los
silencios enseñan más que las palabras”. “Y las ondas que transmitimos, si
somos capaces de tener la mente en blanco y el alma en paz nos permitirá leer
todos los secretos de cualquier otro ser vivo, sea animal, planta o persona”
Indudablemente estaba en lo cierto. Tendría
que entrenarse más pero estaba convencido de la afirmación de aquel personaje.
Cuanto había aprendido de la vida en aquellas dos escasas semanas. Cuanto se
aprende cuando se dispone de tiempo para la reflexión, para el análisis,
incluso los secretos de los silencios. O aquella otra frase que la había leído
en libros, en revistas, en artículos, pero que era consciente que aquel nativo
nunca la había escuchado.
“No es
más sabio el que más habla sino el que más escucha”
O aquella otra de Diógenes que rezaba así:
“Tenemos
dos orejas y una sola lengua para que oigamos más y hablemos menos”.
Julián era una persona acostumbrada a la
reflexión diaria, pues no se iba a la cama sin analizar la jornada de ese día y
esa acción le permitía centrarse más en lo que hacía y al mismo tiempo
mejorarlo. Ahora le tocaba aprender a realizarlo en cada instante y para ello
debía dar tiempo, pausas, silencio a todo lo que fuera realizando instante a
instante. La aceleración de la vida, las prisas, el estrés de la vida cotidiana
en España y en general en los países occidentales no permitía esa otra
filosofía. Tan importante para tener un grado de felicidad optimo. Como
cambiaría la vida si todos anhelásemos el consumismo de aquel nativo. De nuevo
otra frase de aquel filósofo. Diógenes.
“Como me
gusta ir al mercado y ver cuántas cosas no necesito”
En qué mundo de necesidades innecesarias nos
habíamos visto abocados. La voz de Andrea le sacó de sus cavilaciones.
- David
no me atrae como antes y no sé como decírselo, es un gran chico, buen amigo
pero creo que la química se evaporó.
Sin dejar la vista al frente continuaba con
la cadencia de su paso mientras por sus mejillas comenzó a gotear unas
lágrimas, una pequeña pausa y dos nuevas gotas siguieron el sendero abierto por
las primeras exploradoras, luego como una columna de hormigas fueron
deslizándose, sin pausa pero sin prisas.
Julián soltó la mano de aquella niña y
abarcándola por los hombros siguió impertérrito el paseo. Ella se refugió
abarcando su cintura y mientras sus lagrimales se desbordaban fue poco a poco
controlándose. Aquellos brazos acogiéndola mitigaron su tristeza, su inquietud,
su problema. Sabedora que en aquel maestro iba a conseguir el apoyo y el
consejo que le permitiera resolver la situación sin dañar a su amigo.
Anduvieron por la cala desde el extremo norte al sur y de este de nuevo al
norte. Estaba tranquila y conforme avanzaba un paso, la paz regresaba a su
alma. Tener a Julián a su lado, sentir el calor de su cuerpo le iba secando los
lagrimales. No se mostró impaciente en ningún momento y eso que el silenció
entre los dos se prorrogó durante muchos minutos. Con la misma cadencia de paso
miraban la arena, sus pies bañados por las olas, las estrellas, la selva, a su
compañía de paseo. Sonreían, pero especialmente se recreaban en esos momentos,
de paz, de tranquilidad, de sonidos nocturnos, de la brisa del Caribe, del
calor acumulado en las aguas durante el día, del frescor de la arena que perdió
con mayor rapidez que el agua ese calor que el sol les proporcionaba. Ella daba
gracias a los cielos por permitirle cruzarse con ese maestro.
¿Qué habría
sido de ella con todos los problemas añadidos ese curso? ¿Dónde habría
terminado de no tener ese constante apoyo?
Estaba convencida que el Señor se acordó de
ella al cambiarle la tutoría. Sin duda la llave que le permitió, no solo a
ella, también al resto de sus compañeros, madurar con normalidad, con apoyo,
con cariño, o como les comentó el primer día de clase,
“Dos son
las condiciones para dedicarse una persona a la educación. La primera el
conocimiento más profundo posible de sus alumnos y la segunda y principal mucho
amor, hacia su profesión pero especialmente hacia el alumnado”.
Mantenía esos pensamientos en su cabecita
cuando de forma brusca se puso frente a él y se abrazó llena de gratitud, de
cariño, de amor hacia ese personaje. Julián posó con delicadeza sus labios en
la frente de aquella niña, siempre que una alumna o alumno se ponía sentimental
los veía y sentía como niños, aunque como era el caso era ya una mujercita.
Entonces inició una charla mientras mantenía sus manos envolviendo sus
mejillas. Mirándole fijamente a los ojos, esos ojos verdes como la misma tierra
que la vio nacer. Chispeantes, llenos de vitalidad, de ¡pura vida!, como dicen
por esas latitudes. Fue directo y claro y le aseguró que después de aclararlo
con David hablaría a continuación con él. Pero por lógica debería hacerlo a
primeras horas de esa mañana ya que el partía hacia España y debía estar en el
aeródromo de Limón no más tarde de las once de la mañana. Se volvió a abrazar a
su maestro y plasmó un par de besos. El primero lo dejó caer en la mejilla
derecha de su maestro pero el segundo los depositó en los labios. Julián con
naturalidad le dio la mano e inició el regreso a la cabaña. Con la segunda
muestra esperaba la reacción apasionada de aquel hombre, pero su respuesta
le resultó decepcionante. Pero a los
pocos segundos se dio cuenta de su torpeza. Sin apartar la mirada de la ruta a
seguir pidió disculpas, Julián sonrió. No pronuncio palabra alguna. Aquella
criatura había comprendido perfectamente que su acción no era la correcta y que
su maestro dio la respuesta adecuada a tal atrevimiento. Estaban a punto de
cruzar el umbral de la selva cuando se sobresaltaron al ver aparecer ante ellos
a una persona. Tras el primer susto, comprobaron que era Maureen, comenzaron a
reír al tiempo que le expresaban el susto que les había dado. Con ese desparpajo de los adolescentes los invitó
a que le siguieran, sin más palabras se lanzó a las aguas con las prendas que
llevaba, la camisola y la parte inferior de su ropa interior. Andrea sin
pensárselo salió tras su amiga para enredarse con la primera ola. Julián
comenzó a reírse, adoraba a esos dos torbellinos. Le invitaban a entrar en el
agua. Con una mueca se negó, estaba algo destemplado y lo que menos le apetecía
en esos momentos era mojarse con agua salada. Su alma andaba confusa, de nuevo
esos deseos de abandonar todo y quedarse en aquel paraíso para siempre. Pero
las palabras de Andrea le mostraban con claridad que la misión suya en este
mundo era atender a los jóvenes y acompañarles en su madurez personal, con
plena libertad, pero especialmente que llegaran a descubrirse a sí mismos. Que
lucharan con todas sus fuerzas por lo que desearan y especialmente solo
hicieran caso a su interior. Si lo que habían hecho, hacían o harían, fue, era,
será, decisión propia, nunca se podrían lamentar como mucho rectificar. De ahí
y mirando siempre a su interior se iniciaba la verdadera felicidad. Le vino
otra de las frases que insistía a sus alumnos, pertenecía a un pueblo
precolombino, en concreto a los mayas
“El nacer
es algo doloroso pero que la vida compensa”.
Sentado en el tronco seco, contempló a las
dos jovencitas recrearse en las aguas. Por fin cuando se cansaron regresaron a
la cabaña para darse una ducha y recogerse en sus habitaciones.
miércoles, 26 de marzo de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES- ANDREA- CAPITULO X- LA RESERVA BIOLÓGICA HITOY CERERE
CAPÍTULO X LA RESERVA BIOLÓGICA HITOY CERERE
Como todas las mañanas a las cinco y media,
cuando el sol iniciaba su salida por el Caribe, Julián se levantó para
corretear por la playa. Normalmente dedicaba treinta minutos a esa actividad
física. Luego se quitó las zapatillas, el polo e iniciando una carrera se
zambulló en el agua hasta que la resistencia del agua y las olas lo tumbaron.
Pretendía refrescarse recuperando la temperatura del cuerpo y eliminar el
sudor. Se secó dando un paseo, correteando levemente o haciendo girar sus
brazos. Concluyó el secado captando las últimas gotas de agua salada con la
toalla que pendía de la palmera caída, su percha habitual. Eliminadas las
humedades, se puso las chanclas, el polo y regresó a la cabaña con el propósito
de recrearse con una buena ducha de agua dulce. En el instante de entrar en la
cabaña, aun con los ojos cerrados, aparecía por la puerta de su habitación
Maureen. La abandonaba para ir al servicio y despejarse con una buena ducha. La
camisola con la que había dormido se la dejó sobre su cama y apareció por la
casa con solo el tanga. Sin mueca, gesto, o sorpresa ante la presencia de
Julián, le saludó para perderse en el servicio. Él sonrió para cruzar la puerta
de su habitación coger ropa nueva y con la toalla se fue a duchar al otro
servicio de la planta.
Al sentarse a la mesa para reponer fuerza
Maureen estaba desayunando, se saludaron y le propuso que le acompañara al
chiringuito para iniciar su jornada laboral. Aceptó encantado y tras el aseo
bucal pertinente los dos abandonaban la cabaña para ir por la playa hasta la
población a escasos mil metros de la cabaña. Se cruzaron en la playa con el
americano del día anterior y este saludó a la joven con la frase que solía
decir cuando se cruzaba o iba al chiringuito de la joven.
- Buenos días Princesa.
Maureen ni le miró no lo soportaba, con la
inocencia pícara de toda adolescente aprovechó para abarcar la cintura de
Julián y perderse de la mirada de aquel personaje. Él envolvió a la joven por
el hombro para juntar sus cuerpos y seguir caminando. Habían enmudecido pero el
sonido de sus voces fue sustituido de inmediato con el morir de las olas, el
canto de las avecillas o las llamadas entre los congós armonizando sus oídos.
El ritmo de aquella criatura rozaba al compás del Caribe sobre su muslo, posó sus labios sobre los cabellos
de la joven y prosiguieron con el calor, la brisa, la musicalidad provocada por
la Naturaleza. A la izquierda el sonido de la selva, a la derecha el del
Caribe, componiendo en estéreo la melodía de aquel lugar, de aquella situación,
de aquella criatura. Estuvo tentada a confesarle lo callado la noche anterior
pero andaba captando todas esas sensaciones proporcionadas por el momento, que
prefirió concentrar todos sus sentidos en captar aquel momento.
- ¿Le
preparo un café?
Fueron sus primeras palabras tras llegar al
chiringuito, recuperando la comunicación entre los dos. Al tiempo y ayudada por
Julián elevaban la puerta metálica para entrar en el local e iniciar su jornada
laboral. Aceptó encantado y mientras conectaba la cafetera Express le ayudó a
sacar las diferentes cajas de fruta para mostrar el género que se vendía a todo
transeúnte. Durante la primera media hora hubo algo de movimiento, pero Julián
no se quedó ese tiempo. Tomó su café y regresó paseando por la playa para
volver a casa
Ese día permanecerían descansando en la
cabaña, bañándose en su cala o caminando por la selva. Fue el primer día que
Julián sacó su ordenador, con un prolongador conectó a la red y en una de las
hamacas del pórtico superior se tumbo con él para mirar el correo y escribir
algo. Tuvieron la visita de los abuelos de Andrea y se quedaron en la cabaña de
la playa a comer con los jóvenes. Advirtieron que esa tarde noche llegaba su
hijo procedente de Sudáfrica donde permanecería amarrada su embarcación durante
quince días. Aprovechó esa pausa de limpieza de fondos y reparación de la
embarcación para tomarse unas merecidas
vacaciones. Vería a su familia y especialmente compartir esos días con su
pequeña. Julián estaba inmerso en varios artículos que debía enviar al
periódico y a las revistas donde cooperaba semanalmente desde hacia una década
y prefirió quedarse en la cabaña mientras la familia en carro iban a Limón a
recoger al viajero.
Maureen se personó en la cabaña. Julián
proseguía con sus escritos. Encontró al maestro recostado en la hamaca, besó
sus mejillas para disculparse a continuación y entrar en la habitación. Debía
darse una buena ducha y cambiar sus ropas tras la jornada laboral. Mientras
atendía su aseo personal, él desconectó el ordenador, recogió los cables que lo
alimentaban para entrar en su habitación y guardarlo en el armario. Regresó a
la hamaca para aguardar a la joven. En esta ocasión no se tumbó se limitó a
sentarse sobre el artilugio flotante, cara a la mar y contemplar el
espectáculo. Se estuvo entreteniendo con un pequeño colibrí de color azul y
amarillo de una intensidad llamativa. Sus paradas en vuelo, y sus casi
imperceptibles vuelos de un lugar a otro. Maureen le sacó de sus observaciones
científicas de la naturaleza e incluso se sobresaltó pues era tal la
concentración que empleaba que no había percibido su llegada. Sonrieron para
acoplarse junto a él dejando caer sus posaderas sobre la hamaca. Abarcó a
Julián por la cintura y cuando estaba aposentada y abrazada a su cintura
expresó lo cansada que estaba al tiempo que preguntaba por el resto. Estuvo en
un tris de retirarle la mano de su cintura e incluso levantarse. Aquella
criatura le tenía desconcertado. Jamás le había sucedido algo similar con
ninguna alumna. Solía guardar las distancias pero en ciertas circunstancias
aceptaba el abrazo, tanto de un sexo como de otro pero no era lo normal en él.
Pero esa criatura ejercía un poder extraño en su persona y le costaba decidir
que sería la mejor actitud con ella. Ayer le había desnudado interiormente casi
por completo y no llegaba a asimilar lo que le sucedía. Luego dos o tres
detalles, le tenían preocupado. Pero aceptó el momento sin dejar ese tiempo de
silencio que se produjo por la mañana. De inmediato atacó.
-
Criatura que era esa cuestión que me aclararía en otro momento.
Sonrió, con esa picaresca de las nativas del
Caribe, se desligó de la cintura para tomar su mano e iniciar un paseo. Cuando
sus primeros pasos sobrepasaron la barrera verde para toparse con la otra, la
azul, que por momentos iba perdiendo su tonalidad, su brillantez, su color
conforme la noche iba invadiendo el lugar
con su manto negro atenuando poco a poco el color de las cosas. Ella sin soltarse de la mano, eso
sí realizando verdaderos equilibrios se descalzó. Con el lenguaje corporal le
rogó que elevara un pie, mientras con una angelical dulzura despojaba de su
calzado a Julián. La misma operación para retirar el juego de la primera. Dejó
sobre el tronco caído de una palmera los dos pares de calzado y manteniendo su
mano en la suya reanudaron la cadencia de sus pasos, ahora descalzos. La acción
de la adolescente estremeció a Julián hasta tal punto que unos escalofríos
encogieron su alma y punzaron su corazón mientras su mente recordaba cuatro
décadas atrás. Cuando ella, su único amor, realizó el mismo gesto en las playas
del este de España. Maureen sintió a través de su mano ese frió intenso y
asustada giró bruscamente su cara hacia su compañero y ante su estupefacción
pudo comprobar como aquel rostro tostado por el sol había palidecido como si de
polvos de talco se tratase y unas enormes lagrimas se deslizaban por su rostro.
¿Qué embrujo había? ¿Qué pasaba? ¿Qué sucedía?
No podía
entender nada. Uno frente al otro, sus manos desligadas, inmóviles. No
escuchaban nada, un silencio hiriente, dramático, terrorífico se adueño del
lugar. La noche, la oscuridad. Lo negro, lo oculto. Ninguno de los dos pudo
medir el tiempo que permanecieron en ese estado. Pero sin duda alguna bruja los
hechizó. Se deshizo cuando Julián dio
media vuelta y regresó a la carrera a la cabaña, entró en su habitación y comenzó
un llanto que no cesó hasta la llegada de los dueños de la cabaña. Maureen se había dejado caer en el mismo
sitio donde quedaron hechizados y lloraba como una magdalena. Reaccionó al
tiempo que Julián, al escuchar la llegada de su amiga, se levantó recogió el
calzado de los dos y se aproximó a la cabaña para saludar. Al cruzar su mirada
con la de él, la expectativa en sus rostros lo decía casi todo. Él sonrió, ella
le respondió y regresando a la conversación de saludos y bienvenidas se unieron
todos.
El padre de Andrea poseía un velero, sabedor
de la calidad del navegante que tenía en casa quedaron a la mañana siguiente
cuando descansara un poco para salir a navegar por el Caribe. Cuando el abuelo
se enteró se lamentó de no saberlo antes pues le habría dejado la embarcación
para esos días. Habían quedado en acercarse a la reserva biológica de Hitoy Cerere el día que Maureen descansara.
Esa mañana embarcaron y pasaron una jornada
navegando y visitando diferentes rincones de aquel paraíso de la naturaleza. A
pesar de reunirse Maureen con el grupo todas las tardes noches, ninguno de los
dos se atrevió a comentar o hablar de lo sucedido el día que llegó el padre de
Andrea. Una de esas noches volvió a Maxim. Al igual que una mañana muy
tempranito desayunaron en el chiringuito de
Maureen antes de embarcar.
Por fin llegó el día programado para visitar
la reserva natural de Hitoy Cerere, un lugar de una belleza espectacular pero
de gran dificultad para moverse. El abuelo de Andrea conocía el terreno como
pocos lugareños. No había amanecido cuando los dos adultos y los tres
adolescentes partían en carro con destino a la finca de los viejos. El abuelo
de Andrea tenía preparada las cabalgaduras y habían ensillado otros dos
animales con material y alimentos. Justo cuando la noche devolvía los colores
al paisaje partían en sus cabalgaduras. El abuelo, el padre de Andrea, junto a
ella, Julián David y Maureen. La abuela se quedó no estaba para esos trotes.
Fue una jornada inolvidable. Pasaron por varias pequeñas poblaciones,
deteniéndose en algunas de ellas para recuperar las posaderas. Pudieron
descubrir parajes de una belleza inimaginable. Árboles que sus copas se perdían
en el firmamento, cascadas que tenían fin o principio según por donde las
observaran, pero que no pudieron alcanzar a ver. Era imposible quedarse con
todos los nombres de las diferentes especies vegetales, o animales, aquello era
de una riqueza biológica increíble. Llegó a pensar que sería el mayor
sacrilegio de la humanidad destrozar aquel paraje. Lo cierto es que le confirmaron
que el gobierno protegía con bastante fidelidad las riquezas naturales de la
nación. Se zambulleron en una poza provocada por una pequeña cascada, comparada
con las que habían visto, de agua caliente. La evaporación de sus aguas se veía
perfectamente e incluso había zonas que la niebla provocada por las aguas
transformadas en vapor no permitían ver mucho más allá de los cuatro o cinco
metros. Los jóvenes no querían abandonar aquel lugar, pues hasta el momento
habían pasado fresco, como consecuencia de la humedad de la selva y ahora ese
calor envolviendo sus cuerpos se les hacía dura la partida. El abuelo comentó
que no les vendría mal a los animales descansar un poco más, pero también
advirtió que no debían alargarlo demasiado ya que no llegarían con la luz
natural a casa.
En un determinado momento y antes de comer
decidieron ir regresando, de lo contrarío la oscuridad les sorprendería. Julián
prometió volver a aquel lugar para poder recorrerlo con más tiempo. Todos
quedaron impresionados con la jornada, y eso que tanto el abuelo, como el
padre, y Maureen habían estado en la zona en más de una ocasión. Andrea, David
y Julián, por supuesto nunca habían pisado aquel paraje del País. Comieron en
una aldea con unos conocidos del abuelo, quien desmontó de los animales de
refresco los alimentos preparados esa mañana, se calentó y todos en torno a una
gran mesa redonda comenzaron a devorar la comida. Sin duda la calidad era buena
pero el apetito despertado tras esa jornada provocó en aquellos hambrientos
paladares que les supieran a verdaderos manjares.
Llegaban a las cuadras de la finca con los
últimos rayos solares de aquel día. Era pronto pero los dos adultos y los tres
adolescentes montaron en el carro y regresaron a la cabaña de la playa.
Era temprano para la cena, Andrea y su padre
habían salido a charlar paseando por la playa. David y Maureen habían iniciado
un juego de mesa y Julián aunque en un principio se puso al ordenador pronto lo
dejó para tumbarse sobre una de las hamacas del pórtico superior quedándose a
los escasos minutos completamente dormido. No había podido disfrutar de su
siesta y fue dejar caer su cuerpo en aquel lugar de descanso y sorprenderle el
sueño.
Se había hecho la hora de cenar y como
seguía durmiendo le dejaron descansar. Anteriormente Maureen descolgó la
mosquitera para proteger a Julián de los insectos, pues cuando él se tumbó,
como no pensaba dormirse en un principio ni se le ocurrió hacerlo. Pero en la
primera elevación de la mirada del juego de la joven al verlo tan quieto se
levantó tras las disculpas a su compañero de juego y bajó los protectores de
insectos. Cuando Julián despertó todo estaba en calma. Solo los sonidos de la
noche se percibían con claridad. Sonrió al ver que alguien se había preocupado
pos su integridad física protegiéndole de los chupa sangres de lugar. Cuando
sus ojos le permitieron recobrar la visión comprobó que era la una de la
madrugada. Había estado durmiendo la friolera de seis horas. No tenía sueño y
sin pensárselo mucho, provisto de su ipod salió a la playa a pasear un rato
mientras contemplaba aquella espectacular noche estrellada. En el preciso
momento que iniciaba el descenso de la escalera Maureen se había levantado para
ir al servicio para vaciar aguas menores, al verle le saludó.
- Don
Julián. ¿Qué hace?
Devolvió el saludo al tiempo que le
expresaba sus intenciones pues el sueño no quería regresar a su cuerpo. Le rogó
que le esperara en el salón que entraba en el servicio y le acompañaba. Esperó
donde le sorprendió al salir de la habitación. Al abandonar el servicio,
sonrió, fue hacia él y prendiendo su mano bajaron juntos las escaleras hasta
abandonar la cabaña. De nuevo la inquietud inundó al profesor, no se explicaba,
pues jamás le había ocurrido algo igual. Se sentía mal, no debía salir a solas
con la joven en plena noche. Pero a qué santo le venían a estas alturas esos
perjuicios, si podía ser su abuelo perfectamente. Pero esas mismas dudas esos pensamientos
le tenían preocupado. Él jamás dejaba de actuar por lo que alguien pudiera
pensar. Es cierto que siempre trataba de guardar las distancias con sus alumnos
pero por mero respeto a esos jóvenes abiertos, naturales, se mostraban tal y
como eran. Pero no cabía la menor duda que la educación recibida por muy progre
que fuera estaba latente. Dejó de taladrarse. De la mano de aquella chiquilla
se dejó llevar, manteniendo su mente en blanco. Al salvar la última barrera de
palmeras, árboles y matorrales se descalzó, ella había salido sin calzado.
Cuando se dio cuenta no se explicaba cómo había podido ir entre tantas ramas
piedrecillas y matorrales sin dañarse los pies, pero la joven solía ir muchas
veces con los pies desnudos. Las plantas de sus pies habían desarrollado las
callosidades necesarias para poder caminar por esos terrenos sin repercutir en
su sistema nervioso. Se sentaron en un gran tronco que hacía meses la mar
depositó sobre la playa. Deseaban hablar, aclarar que les ocurría cuando
andaban juntos. Que pasó la otra tarde noche. Encontrar alguna respuesta a esas
inquietudes, a esas inexplicables tensiones cerebrales. Pero ninguno se
atrevía, por el simple hecho que no entendían lo que les ocurría. Por fin
Julián inició la conversación aclarando lo que le sucedió a él la otra tarde
noche. Cuando ella comenzó a quitarle el calzado sin soltarle la mano, él
revivió, como si le estuviese sucediendo en esos momentos, lo vivido con su
primer y único amor. El gesto, la acción llevada a cabo por Maureen la otra
noche parecía calcada a la vivida hacía la friolera de cuarenta y tres años
atrás. Aquello le bloqueo por completo. El oxigeno le faltaba, su corazón,
seguro que permaneció parado durante un tiempo. La sangre se le debió congelar,
pues sintió un frío jamás experimentado y la suavidad de aquella mano.
- Te
juro que llegué a pensar que eras ella.
Fue pronunciar las palabras y un sollozo
acompañado de un buen torrente de lágrimas le embargaron. Ella le acompañó,
levantándose de su lado se sentó en su regazo y lo abrazó con todo su cariño,
mientras sus ojos le acompañaban liberando unas lágrimas.
No supieron el tiempo que permanecieron en
dicha posición pues cuando volvieron a recordar algo, paseaban juntos de la
mano por la playa. Las nubes que habían ocultado la luna hasta ese momento se
retiraron y su tenue luz iluminó el escenario. Ella iba con una camisola
transparente y un diminuto tanga. Dibujándose a la perfección aquel cuerpo que
al trasluz mostraba los límites de cada parte de su silueta.
Anduvieron unos quinientos metros cuando
ella, recuperada de aquella primera confesión se decidió a hablar.
- Sabe Don
Julián conecté con usted en el momento de presentarnos Andrea. Y le confesaré
un secreto de mi gran amiga. No está enamorada de David, a quien verdaderamente
ama es a usted. Por ese motivo el otro día le comenté que cualquier cosa que me
pidiera tendría a esta servidora. Andrea es algo más que una hermana, por ella
haría cualquier cosa. Cualquier cosa que me pidiera.
- Criaturas
de Dios, si puedo ser vuestro abuelo. Pero sé que son circunstancias de las
adolescentes que creen enamorarse de cualquier cosa que se desplaza con dos
piernas y les habla con ternura. Lo cierto es que últimamente los jóvenes de
hoy día están muy faltos de cariño, de amor de vuestros seres queridos. La
sociedad que nos hemos montado los aboca a ello. Y en cuanto alguien se
preocupa un poco de ellos, les da afecto, pero especialmente comprensión os
entregáis como corderitos. Pero el tiempo lo cura todo y eso mucho más.
Intercambiaron pareceres, opiniones,
compartiendo algunas cosas y otras respetando a su interlocutor pero no compartiéndolas. Paseaban enfrascados en la conversación que
por fin se había desatado y eliminado toda inquietud cuando prácticamente al
unísono los dos soltaron.
- ¡Esta
amaneciendo!
Comenzaron a reír y retándose a una carrera,
que iniciaron de inmediato, para ver quien lograba la mejor ducha de la cabaña.
Esa mañana Julián quedaba solo, los
jóvenes en compañía del padre habían decidido pasar unos días a Panamá.
Aprovechando para perderse por la península de Osa al oeste del sur de Costa
Rica, Llegó a Limón en coche acompañado por un compadre de Puerto Viejo y de
ahí en avioneta aterrizar en Puerto Jiménez. El abuelo de Andrea le había
proporcionado información para poderse desplazar por aquellos lugares
abandonados por el ser humano.
El vuelo fue increíble, un matrimonio y él
eran junto al piloto los únicos ocupantes de aquel artilugio volador,
disfrutando de un paisaje sin igual. Volaron por encima de la Cordillera de Talamanca, atravesando ríos,
cascadas, montañas, todas inmersas en una selva de un intenso verdor. Allí le
aseguraron que habitaban los verdaderos dueños de Costa Rica los Bri Bris.
Tenía la intención de encontrarse con un personaje muy peculiar perteneciente a
dicha tribu, de la que también provenía el abuelo de Andrea. Quien le aconsejó
que buscara un guía para llegar hasta él, pero prefirió intentarlo solo.
Buscó alojamiento y de inmediato se metió en
la cama a descansar. Se levantó muy temprano y fue en busca de un nuevo miembro
de la tribu donde el abuelo de Andrea le aseguró que le proporcionaría dos
buenas cabalgaduras para desplazarse por esos parajes. Almorzó con aquel
personaje y al indicarle a quien iba a buscar le dio algunas indicaciones para
que no se perdiera. Lo mejor sería seguir la costa, era más largo el trayecto
pero tendría la referencia del mar para no perderse. Debía ir bordeando la península hasta llegar
al rio Arriba, en concreto a Carate, preguntar por el rancho Oreros y allí
podría estar en cualquier lugar de la selva. Pero posiblemente sabrían donde
localizarlo. Antes de llegar a rio Arriba debería pasar por Matapalos la
Endija, por playa de Macc y Agua Buena, próxima a este enclave estaba Carate.
Antes de llegar a Carate se encontró con un
lugar paradisiaco denominado Laguna Vista Lodge, donde pernocto tras un duro
viaje. No le quedaba mucho camino para llegar al lugar de destino pero se temía
que tardaría en localizar a Alan personaje al que buscaba.
Descansó como en pocas ocasiones lo había
hecho hasta la fecha, fue ducharse y tumbarse en aquella hamaca en el pórtico
de su habitación. Tiró de una cuerda para que las mosquetera abarcaran por
completo aquel artilugio y sus persianas se cerraron al instante.
Desayunó fuerte pues le aguardaba una
jornada larga y dura, subiendo montaña y andando por la selva. Por fin se
encontraba en Rancho Orero, no encontró ni una sola alma, de rancho ni por
casualidad se veía algo que pudiera indicarle. Un palo con un cartel medio
borrado frente a unos palos indicaba Rancho Orero, pensó que era broma se
adentró por un pequeño camino, cuando al poco rato escuchó un ruido que iba en
aumento conforme subía junto al cauce del rio. Al llegar a una gran cascada se
detuvo, bajó de la montura, ató los caballos a la rama de un árbol y se propuso
darse un buen baño en aquella poza donde se despeñaba una enorme cascada.
Salían vapores de agua, sin duda de agua caliente. No se equivocó, liberado de
sus ropas se introdujo en sus aguas para relajarse. Nadó por espacio de unos
minutos para salir y prepararse un buen almuerzo. El olor de aquellos alimentos
cocinados despertó la curiosidad de un habitante de la zona que lo observaba
desde su llegada. No le oyó llegar, sorprendiéndose al girarse y vérselo a
menos de medio metro de él. Julián pronuncio dos palabras de asombró y luego
con gestos le invitó a que le acompañara para hacerse con esos alimentos. Aquel
personaje con unos pantalones largos confeccionado por él mismo con la piel sin
curar de algún animal y una camiseta de marín americano sin soltar prenda se
sentó junto a Julián y aceptó el plato que aquel desconocido le ofertaba. Se
observaban mutuamente, Julián había sido
aleccionado por el abuelo de Andrea y siguiendo sus consejos se mantuvo
sin pronunciar palabra. Hasta que aquel personaje no se dirigiera a él continuaría
con normalidad.
Finalizado el almuerzo, Julián le tendió la
mano para recoger el plato, se levantó los limpió en el rio, dejándolos a
secar, recogió aquella lona que había puesto en forma de mesa y descolgó de la
caballería una hamaca de cuerda. El personaje se levantó sonrió y se perdió por
el bosque. Estuvo tentado a conversar con él, pero estaba convencido que era
Alan y las indicaciones del abuelo eran claras, de haber pronunciado palabra no
lo habría encontrado de nuevo. Se mordió la lengua y prosiguió con su cometido.
Acopló el artilugio entre dos árboles y se tumbó con la correspondiente
protección a dormir la siesta. Efectivamente aquel personaje escondido entre el
ramaje de la selva observaba al visitante. Sentado sobre un tronco a cubierto
por el ramaje de la selva permanecieron los treinta minutos que duró aquella
siesta. No retiraba el artilugio y observó como fotografiaba todo aquel
contorno, los interminables árboles, las plantas, las flores, la cascada, la
poza, el rio, los mil bichos que se desplazaban por el lugar. Subiendo un poco
podía tomar unas vistas increíbles del océano. Comenzaba a oscurecer y el
atardecer le proporcionó unas instantáneas de una belleza plástica maravillosa.
Regreso a la poza, descargó por completo a las cabalgaduras y se metió en su
hamaca para pasar la noche.
Fue levantarse y de nuevo zambullirse en
aquella poza. En el pequeño hornillo de gas se preparó, junto a una buena
fuente de frutas troceadas un café con leche, de nuevo la presencia del mismo
personaje del día anterior, de nuevo le ofreció un plato repleto de fruta, y un
tazón de café, pues iba a ponerle leche y el personaje separo sus labios para
decir.
Solo.
Era la primera palabra que escuchaba de
aquel nativo, pero debía esperar. Sacó huevos y bacón y preparó de nuevo dos
platos con dos huevos cada uno y tres grandes cortadas de bacón, cocinando en
una sartén los huevos con la grase del bacón. Sin mediar palabra le tendió uno
de los platos y sacó una botella de vino español que llevaba especialmente para
una ocasión como aquella. Cuando Alan probó aquel vino volvió a despegar sus
labios para preguntar. Era lo que estaba deseando Julián desde su encuentro con
el personaje.
Es español
en concreto un rioja.
Tomó la botella
en su mano y leyó
Pujanza
2005.
De nuevo sus
palabras invadieron aquel espacio que se había resguardado de la voz humana. De
nuevo aquel nativo preguntó.
Conoce
a los Bribri, sin la menor duda.
Julián dejó ese tiempo eterno que solían
dejar los nativos, para serenar la conversación, para reflexionar sobre lo que
se iba a decir, para recrearse en ese país de Pura Vida. Esa estrategia también
se la enseñó el abuelo de Andrea. Cuando por fin se decidió a contestar y
confesarle que venía por consejo del abuelo de Andrea, se dejó el plato en la
lona, hizo levantar a Julián y se abrazó primero de izquierdas y luego de
derechas. Se volvieron a sentar y de nuevo un mundo para volver a romper el
silencio del paraje. En el transcurso de esa conversación que duro hasta la
hora de la cena, y no precisamente por la cantidad de cosas que se
intercambiaron con palabras pues estas fueron más bien escasas, pero si hubo
una gran transmisión del lenguaje corporal. Julián le contó la frase de San
Francisco de Asís, que por supuesto no sabía quién era, ni pimientos le importaba.
“Deseo poco
y lo poco que deseo lo deseo poco”
Le sonrió, dejó una pausa infinita. Parecía
que las palabras también precisaban su pausa para saborearlas, analizarlas y
sobre todo reflexionar lo dicho o escuchado.
- Es
posible que ese sea el camino de la felicidad. Pero yo no deseo ni ese poco.
Le preguntó donde tenía su choza, porque a
bien seguro casa no tenia. Su choza era la selva, cada día disponía de un nuevo
lecho, una nueva bañera, un nuevo comedor, eso sí le aseguró el techo siempre
es el mismo, azulado con una luz intensa, u oscuro con millones de destellos.
Le contó porque permanecer en un lugar si el mundo era muy extenso y podías
dormir, comer, bañarte, hacer tus necesidades en cualquier lugar. Allí donde te
apeteciese descansar, dormir, comer, correr, saltar, bañarte.
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