lunes, 14 de abril de 2014

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES - ANDREA- CAPITULO XIII - E. T. A. LO INTENTA DE NUEVO

CAPÍTULO DÉCIMO TERCERO

 

                             E. T. A. LO INTENTA DE NUEVO

 

 

 

   Se aproximaban las vacaciones de semana santa.  Maureen le había pedido que pasara las jornadas de descanso en Costa Rica. Pero Julián andaba algo retrasado con una investigación donde había involucrado a alumnos del último curso de la Facultad, habiendo quedado con ellos esas vacaciones para trabajar intensamente el trabajo que llevaban entre manos.

   Los escoltas le sugirieron que tomara precauciones. Intuían que la banda podría volver a actuar de un momento a otro. El sábado por la mañana, previo a la celebración del domingo de ramos, la puerta del palacete requería su presencia. Sin duda alguien conocido de lo contrario los escoltas le habrían avisado inmediatamente. Al comprobar por la mirilla, pudo observar a Andrea llorando. Abrió de inmediato para encontrarse con esa criatura que se lanzaba en sus brazos, al tiempo que el llanto aumentaba su intensidad. Le abarcó al tiempo que cerraba la puerta. Abrazada encaminaron sus pasos al salón. Sentados en el sofá, acurrucada entre los brazos de su maestro proseguía su pena. Dejó pasar tiempo, esperó a que se calmara y cuando consiguiera el control le desvelar el motivo de su visita. Sentirse arropada por ese hombre era como estar con su padre. Siempre comprensivo, siempre atento, fuera la hora que fuera, jamás escuchó de ningún compañero del centro que les negara una charla un consejo e incluso una ayuda. Protegida por su profesor recordó como Zulema y Juan Carlos, al no poder ir al viaje de fin de curso, pues en casa lo estaban pasando mal económicamente los arropó con su cariño habitual y les aseguró que el correría con cualquier gasto que les supiera a sus padres aquel viaje. No iba a consentir, salvo prohibición de sus progenitores que nadie se quedara sin ir por cuestiones económicas. Recordaba el verano en Costa Rica, como se había ganado a su gente y como su gente había influenciado en aquel ejemplo. En infinidad de ocasiones, reflexionando por las noches como le enseñó aquel personaje deseaba llegar a ser en su profesión como él. Entregándose a los demás y disfrutar de su trabajo.

   Por fin paró de llorar, aun así tardaron en iniciar la conversación. La música permanecía en el salón a intensidad mínima pero sus notas, compases mantenían el ambiente sereno y tranquilo.       

 

   - ¡Ese cerdo se ha venido a vivir a casa!

 

  La frase seca, por sorpresa, sin matices, sin aclaraciones la lanzó a la sala. Ni siquiera se dirigía a Julián. La pronunció sin querer pronunciarla, pero flotaban las ondas del sonido allí, en el ambiente, en los oídos de Julián. De nuevo el silencio, de nuevo la pausa, de nuevo la música, de nuevo más relajada, de nuevo con la mirada perdida. Julián esbozaba una leve sonrisa que ella no captó, porque no se encontraba allí, estaba en otro lugar, en otra situación. Estaba sola. Él observaba ese rostro angelical que efectivamente no se encontraba allí, su alma le había abandonado, llegó a preocuparse pero aguardó. Para tranquilizarse prestó atención a la melodía que sonaba y se sumergió en su música, en su letra. Costa Rica se cruzó en sus pensamientos y de nuevo la visita realizada a aquel nativo en la sierra de Talamanca se repetía. También se fue de aquel salón, sintiendo como era transportado hasta aquel lugar de la selva y sentado en aquel tronco conversaba con el tico. Que pocas palabras se llegaron a cruzar en las casi seis horas que permanecieron juntos. Cuantos silencios cargados de lecciones, cuantas sensaciones transmitidas, cuantas ondas circulando de uno al otro. De pronto el timbre de la puerta los regresó al momento, a la situación, al lugar. Era la madre a la que acompañaba el socio del padre de Andrea. Tras los saludos expresaron su preocupación por su niña. Andaban enfrascados en la conversación los adultos cuando la adolescente sorprendió a todos.

   - Déjame quedarme este fin de semana con mi maestro. Mamá.

 

  Julián fue el primer sorprendido ante la petición de la adolescente. Cruzó la mirada con la madre y desde luego no le gustó el lenguaje corporal que expresaba. No abrió la boca y esperó expectante a los acontecimientos que se avecinaban. Fue la madre quien rompió el momento al responder.

 

   - ¿Crees que es lo correcto Andrea?

 

   El tono empleado por aquella madre era agresivo, pero no solo hacia su hija la forma y las miradas que lanzó recriminaban a Julián. Pero quedó ahí. Silencio hiriente lo rompió el menos oportuno en esos momentos.

 

   - ¿Princesita qué pensaría la gente si te quedaras a solas con este  Señor?  

 

   No había finalizado la frase cuando con lágrimas y una rabia infinita en su expresión comentó

 

   - Con este Señor como dice estoy más segura incluso que con mi padre, pero infinitamente más que durmiendo en casa cuando usted está bajo el mismo…

 

   El bofetón de su madre impidió que finalizara la frase, Andrea se refugió en su maestro y aseguraba que no abandonaría esa casa. Ante la situación Julián rogó que salieran de casa que convencería a la joven para que se fuera. La violencia de aquella mujer saltó y tomando su móvil telefoneo a la Ertzaintza. La historia se volvía a repetir. Pero protegió a la pequeña ante los intentos de su madre de llevársela por la fuerza. Y aguardó a las fuerzas del orden sabedor que le traería más de un problema. Pero lo asumió sin el menor temor. Nada ni nadie le impediría hacer lo que para él era lo correcto. Por supuesto que no estaba de acuerdo con la idea de la adolescente de quedarse en la casa ese fin de semana. Pero otra cosa muy distinta era la utilización de la violencia para convencer a la joven. Cuando Julián vio a la pareja que entraba en casa supo que tendría más problemas de los esperados. Uno de ellos le había increpado incluso de uniforme por sus artículos en la prensa en contra de la banda terrorista y el ultra nacionalismo. Los dos escoltas se personaron al ver el movimiento. Tras las primeras declaraciones todos los presentes a petición de la policía autónoma fueron a la primera comisaría. La pareja estaba dispuesta a poner una denuncia contra aquel maestro por retención de una menor sin el consentimiento de su tutora legal e incluso insinuaron en la declaración la posibilidad de abusos a una menor. Andrea interrumpía constantemente a su madre ante la redacción de la denuncia y de nuevo un bofetón se estrelló en el rostro de la adolescente. El oficial que tomaba declaración rogó a la madre controlar los nervios y mandó a la cría que no interviniese hasta que se le pidiera declaración. Ante los acontecimientos Julián llamó a su abogado, quien se personó a los escasos quince minutos. Mantuvo una conversación privada con su cliente y tomó de inmediato las riendas de la situación. Cuando el abogado de Julián se aproximaba al oficial encargado de la denuncia, le solicitó una copia y presentó sus alegaciones pertinentes. Andrea y la pareja tras firmar la denuncia abandonaron las dependencias de la Ertzaintza. Cuando su pequeña le juró que como no retirará la denuncia contra su maestro haría todo lo posible por conseguir que le quitaran la custodia y potestad. Comenzando por las agresiones de esa noche. La mujer fue consciente de su torpeza al pegarle delante del oficial del orden. Lanzaba sus amenazas conforme iba a su habitación y se encerraba en ella.

   Julián salía de las dependencias policiales cerca de las veinticuatro horas, tras quedar en libertad con cargos. En un principio el Juez de instrucción iba a concederle la libertad sin cargos pero cuando el Ertzaintza, que había ido a la primera llamada a su casa, le presentó la denuncia que tuvo hacía unos años, el caso de la nadadora, prefirió esperar para poder comprobar mejor toda aquella información.

   El móvil de Julián sonaba, eran cerca de las ocho de la mañana, jamás se había levantado tan tarde pero esa noche no consiguió dormirse, pensando por lo que estaría pasando aquella criatura, hasta cerca de las cinco. Luego cogió el sueño y el sonido de su celular le despertó. Era su abogado habían retirado la denuncia y por tanto quedaba completamente libre. La noticia no le quitó la preocupación y ni corto ni perezoso, rogó a sus escoltas que le acompañaran de forma visible, tenía la intención de acercarse a la casa de su alumna para dialogar con la madre. Ambos representantes le aconsejaron, que no era el momento más propicio para verse con esa gente después de haber retirado la denuncia. Pero Julián no pensaba en él, le tenía muy preocupado aquella adolescente y desoyendo los consejos más razonables, a pesar de los pesares decidió personarse en la casa. Andrea lo vio llegar e intentó avisarle llamando a su móvil, pero la compañía le negaba ponerse en contacto con ese número. De pronto el sonido de su celular le sorprendió, se trataba de uno de los escoltas de Julián rogándole calma de parte de su maestro, solicitando que permaneciera en su habitación hasta el fin de la visita. De lo contrario podría perjudicar a Julián. Asintió a todas las peticiones de aquel policía y permaneció expectante en su cuarto.

   Lo que menos se podía imaginar aquella señora era precisamente la presencia de Julián. En un principio sintió temor, su forma de pensar le hacía creer que todos podían actuar como ella. Iba con dos representantes de la ley pues la noche anterior los conoció.

   Cuando Julián abandonó la casa aquella mujer quedó desconcertada. Como podía haber gente tan entregada a los demás, en ningún momento se quejó de su comportamiento la otra noche. Pero también le dejó un mar de dudas sobre su pareja. Andrea había acudido a él por algún problema con aquel personaje y aunque estuviese muy enamorada de esa persona, se debía en primer lugar a su hija y esta desconfiaba del socio de su padre. Le llamó y le confirmó la presencia de Julián, comentó algunas cosas de las que habían tratado e hizo especial hincapié en su marcha escolar de la que estaba muy orgulloso de su trabajo y dedicación. Estuvo indecisa pero por fin prefirió sustituir sus disculpas por permitir de nuevo conectar con su maestro. Le levantó el castigo de no realizar el viaje de fin de curso. Su niña si se disculpó y en su conversación le contó las sospechas que deseaba relatar a Julián la noche anterior sobre su pareja. Se abrazaron y tras asearse salió a jugar a la playa un partido de Vóley que tenía. Fue salir su pequeña y a los veinte minutos se personaba su pareja borracho como una cuba. Cuando le confesó la presencia de Julián comenzó a maldecir y a golpearle hasta que consiguió cerrarse en un aseo. Al mirarse al espejo casi no podía verse, los pómulos, cejas y mejillas tenían tal grado de hinchazón que le habían desfigurado el rostro. Él se desplomó en la puerta, consecuencia de la borrachera. Abrió con sigilo la puerta y al verle tumbado volvió a cerrar de inmediato. Lo intentó de nuevo y cuando se disponía a salir huyendo algo le asió del tobillo impidiendo el movimiento. Presa de pánico escuchó los llantos, quejidos y suplicas de perdón de aquel personaje. Poco a poco aquel indeseable le consiguió convencer con promesas y carantoñas, cayendo de nuevo en brazos de aquel degenerado.

   Julián daba su una vuelta en bici por el paseo de la concha se detuvo con la intención de estar unos minutos viendo el partido de vóley playa cuando ante su asombro vio a Andrea. Al cruzar su mirada con su maestro dejó plantado el partido y corrió hacia sus brazos. Sentados en la valla que separaba la playa del paseo conversaron sobre lo sucedido. Andrea desconocía el incidente de su madre. Conversando con Julián recibió una llamada de ella. Se iban a comer a Irún y no regresarían hasta la noche. Tenía comida en la nevera y podía prepararse cualquier cosa. Le advirtió que llegarían tarde, debía cenar y acostarse. Que hablarían el lunes por la mañana.

   Ese lunes Julián se fue a la facultad estaba de vacaciones y deseaba adelantar el trabajo de investigación. Entró en su despacho y comenzó, con sus alumnos había quedado en verse un poco más tarde. Se sorprendió al ver como la puerta de su despacho se abría. Instintivamente reaccionó al ver a un personaje con pistola en mano, le dio tiempo a realizar tres disparos antes que uno de los escoltas lo redujera. Pero una bala había impactado en su cuerpo. El revuelo en la facultad fue monumental. Varios vehículos de la Ertzaintza y de la guardia civil rodearon el campus. Tres jóvenes de la facultad detuvieron a alguien que huía y de inmediato dos agentes de la secreta, lo esposaba. El atentado había fallado y los dos elementos del comando fueron apresados. La televisión daba la noticia en los telediarios de la mañana. El catedrático fue conducido al hospital por uno de los escoltas y le llevó en el propio coche del maestro. Previamente había bloqueado la hemorragia producida por una bala que impactó en la axila saliendo por la parte superior del hombro. Andrea no se enteró del incidente hasta muy entrada la tarde, pues andaba preocupada por su madre. No estaba muy convencida que la desfiguración del rostro fuera como consecuencia de un accidente que sufrieron al regresar de Irún. Su madre no estaba para viajar y con el compañero de su madre no iría ni al cielo. Llamó con el celular pero no contestaba, recordó la llamada del escolta y no se le ocurrió otra cosa que buscarla y ponerse en contacto con aquel policía. Había sido quien le atendió en los primeros instantes y el que redujo al autor material de los hechos. Le tranquilizó asegurando que estaba fuera de peligro pero que lo mantendrían en el hospital una buena temporada ya que la articulación del hombro y la clavícula estaban seriamente dañadas. Le preguntó si le podía pasar el teléfono pero le confesó que estaba bajo los efectos de la anestesia después de la operación de reconstrucción del hombro. Aquel agente le prometió que en cuanto despertara le informaría de su llamada y del interés que había tenido por él.

   Cuando Julián recobró la consciencia su madre y hermana estaban presentes en la sala de reanimación.

   Animó a su madre asegurándo que todo había ido bien y que gracias a su tesón lo podía contar en esos momentos. Infinidad de personalidades, de periodistas, de alumnos y ex alumnos se dieron cita en la clínica para mostrar su apoyo al profesor.

  Habían transcurrido siete días desde el atentado cuando recibía la visita de Maureen en compañía de Andrea. Su amiga al enterarse tomó el primer vuelo hacia España y se presentó junto a su amiga. Les acompañaban los abuelos y el padre de Andrea. Se instalaron en Victoria en un hotel cercano al hospital donde ingresaron a Julián y no dejaron de visitarlo ni un solo día. Las adolescentes se pasaban desde las primeras horas del día hasta la noche cuando les rogaban abandonar la habitación. Justo el último día de vacaciones le daban el alta y regresaba a Donostia. Se las ingenio para continuar con la rehabilitación sin tener que perder clases y poco a poco fue realizando vida normal.

 

 








miércoles, 9 de abril de 2014

UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- 2ª PARTE- ANDREA- CAPITULO XII- FIN DE UN SUEÑO SIN FINALIZAR

CAPÍTULO DÉCIMO SEGUNDO

                                    

FIN DE UN SUEÑO SIN FINALIZAR

 

 

 

   Llegó a casa muy cansado, le quedaban siete días de vacaciones pero demasiado trabajo por delante. Entraba en antes de la comida. Se duchó, se arregló y fue al complejo deportivo a comer. No se entretuvo, regresó y durmió hasta el amanecer del día siguiente. Nada más levantarse, más temprano de lo habitual, a las cinco de la mañana, cuando todavía la noche no le había permitido pasar al día, conectó el ordenador y comenzó un artículo sobre Costa Rica. Como entendían la vida algunos paisanos de aquella nación y realizó una comparación con la vida que se llevaba Europa. Para finalizar planteando una pregunta a sus lectores junto a unos cuantos interrogantes. Cuando la publicación apareció en el semanario sus habituales sorprendidos escribían a través del periódico en su página Web.

 

   ¿Qué le había sucedido?

 

Lo cierto es que aquel escrito analizaba meticulosamente la vida que estaban llevando los europeos. Donde una sociedad quejosa de todo y con pocas aportaciones vivía para y por el trabajo, para el consumismo atroz. Para las ideas preconcebidas, para los extremismos del signo que fuera. Ya era hora de despertar y frenar ese consumismo, que dicho de paso, nos iba consumiendo sin lograr que ello nos proporcionara ser más felices. Intentó en numerosas ocasiones ponerse a trabajar con el inicio del curso pero le fue imposible. Se había traído de Costa Rica una considerable biblioteca de pensamientos de diferentes civilizaciones precolombinas, así como varios escritos de las tribus nativas, desde los Bribri, Cabecar, los Guaymi, Borucas o Bruncas, Terrenas, o los Teribes en el sur de Costa Rica hasta los Malekus, y los Chorotegas de la zona norte, pasando por  Huertes o los Minsitos y Sumos en el centro y centro oeste de Costa Rica. Desgraciadamente la mayoría de estas tribus habían perdido su idioma. De los Bribri se decía que eran los verdaderos dueños de Costa Rica, Tenían idioma propio y habitaban en la región sur del País, montañoso y de difícil acceso, se decía que los españoles nunca consiguieron someterlos.

   De los siete días que le quedaban de vacaciones lo dedicó íntegramente a la lectura de esos libros. Y cuando se vio el agua al cuello comenzó a preparar la programación del curso.

   El primer día laborable de Septiembre se presentó en el centro educativo. El director pedagógico le llamó a su despacho le tenía que pedir que un año más se hiciera cargo de la tutoriía del cuarto B, para proseguir con la labor comenzada a finales de la primera evaluación del curso pasado. Había recibido numerosas peticiones por parte de los padres. Sería su último curso como profesor de Secundaria. Al finalizar el curso le llegaría la reducción de horario y tan solo daría clases a los grupos de optativa de segundo de Bachiller.     

  Volvería a tutelar a Andrea y al resto de sus compañeros. Su comportamiento durante el curso había sido ejemplar y le ayudaron a llevar la tutoría al comprometerse con las pocas cosas que acordaron y que las cumplieron al pie de la letra. Ya estaban acostumbrados a trabajar en tutoría a su forma de llevar las cosas, adaptándose a ellos consensuando todo.  Aceptó encantado y fue a preparar los exámenes de septiembre a los pocos alumnos que les había quedado la asignatura. De bachiller aprobaron todos, de tercero tan solo dos alumnos no superaron los mínimos mientras que los de cuarto una alumna que no había asistido prácticamente durante el curso y que dudaba que se presentara en Septiembre.

   Pasaron los exámenes, las  reuniones de evaluación, las sesiones de programación del curso y por fin llegó el primer día de clase. La reunión en el teatro para los clásicos saludos de bienvenida, primero les tocó a los de tercero. Julián asistió a la charla y cuando los grupos se fueron en sus respectivos tutores Julián se perdió por los patios del centro. Alguien se tiró sobre sus espaldas, de inmediato adivinó de quien se trataba bajó de su espalda y al girar se abrazó como chiquilla se abraza a su padre tras un largo periodo sin verlo. Esa alegría esa vitalidad le rejuvenecía y aumentaban sus ganas de disfrutar con su profesión. Le preguntó por David y de inmediato le informó que había estado delicioso, cariñoso y servicial con ella y Maureen, le dio otros dos besos en la mejilla advirtiéndole que eran de su parte. Le relató que estuvo en un tris de dejarlo todo e irse a España con ella. Con un maestro como él habría ido a la escuela hasta su muerte. Andrea estaba como loca, nunca se pudo imaginar que volver a la escuela le resultara tan gratificante. Aquel personaje era capaz de convertir una obligación en un juego, en una diversión. Entró en el teatro cogida de la mano de Julián, cuando se separaron, ella para ir con su curso y él con el profesorado el jefe de estudios le comentó.

 

   - Julián debes tener más cuidado con la cercanía a tu alumnado. Se habla por ahí de esa tica y la actitud tan familiar contigo. 

 

   Sonrió dejó pasar ese tiempo necesario, asimilado de aquel nativo, que permitía darle a esas personas que lo practicaba dominio absoluto en cualquier conversación, luego con su tan conocida ironía respondió.

 

   - Dejadme disfrutar, de la vida que E. T. A. me permita tener.

 

   No había terminado de pronunciar la frase cuando se percató de lo obsesionado que estaba últimamente con la banda. Se sentó junto a  sus compañeros de trabajo mientras se abandonó a sus reflexiones y cavilaciones, confirmaba su mente que esa preocupación comenzó al poco tiempo de sus vacaciones en Costa Rica. Había sido una persona muy ocupado desde muy joven con diversos problemas no buscados, y todo ese trabajo, todo esos estudios, investigaciones, conferencias, clases, le sembraban la duda si realmente había vivido. Es cierto que todas las noches reflexionaba y analizaba lo realizado durante el día, pero nunca se había parado a pensar en otro tipo de vida en otra forma de aprender, de otra forma de convivir, o de vivir una soledad enriquecedora. A que se debía tanta falsedad, tanto perjuicio, el mal no estaba en él, respetaba a sus alumnos como de si sus hijos se tratasen. No estaría el mal en esas mentes enfermas y falsas. No sería envidia por la atención que le prestaban a su maestro cuando le sucedía algún problema, como el sucedido ese curso pasado cuando le acoplaron la bomba lapa.

   Siempre se comportaba por igual con todos, con los muy cariñosos, como con los tímidos. Solventaba la situación con cualquier tontería terminando por reír con la parida lanzada. A los más fríos a los que arropaba con la palabra y la acción de su apoyo, su estar a su lado aun sin pronunciar palabra. Pero a qué santo esos pervertidos se atrevían a dudar de su integridad, de su profesionalidad, de su papel con el alumnado. Era conocedor que ciertos elementos, porque personas no se les podía denominar, habían sido denunciados ante dirección de actitudes no acordes con su misión de educador. Y precisamente esos eran los que le señalaban con el dedo. Pero que…

 

  - Don Julián. ¡Don Julián!. ¡¡¡Don Julián!!!.

 

   Su nombre sonaba en la sala cada vez con mayor intensidad. Regresó y consciente que le llamaban para que se hiciera cargo de su tutoría para ir a clase e informar a sus tutorados, de normativas, horarios, periodos de clases, de vacaciones, actividades y demás.   

   De nuevo el director pedagógico le entretuvo antes de entrar en el aula con su alumnado. Le entregaba el reglamento de régimen interno que debía leer y analizar con sus alumnos. La sonrisa se dibujo en su rostro, su director le acompañó, sabía perfectamente que no lo leería, las normas en su clase las ponían sus alumnos en clara negociación con él y siempre eran mínimas. Aun así el director sabía a ciencia cierta que el grupo las cumpliría al pie de la letra y todas las demás normas del centro aunque no se hubieran negociado por lógica los chicos de sus tutorías las respetaban. En más de una ocasión estuvo tentado a seguir la filosofía de aquel maestro, pero las criticas, las protestas, las replicas de no cumplir con el reglamento aprobado por las altas esferas de la escuela era poco más que un sacrilegio. Y la política, en los cargos incluso en los educativos, era necesaria para mantenerse en el poder. Fue iniciar su entrada en el aula, cuando puestos en pie comenzaron a aplaudirle. Vio como Andrea se acercaba y de inmediato, le retuvo.

 

   - Primera norma no acercarse al profesor si permiso.

 

   Un ¡NO! estrepitoso se escuchó en la sala. Andrea se había detenido pero ante la respuesta del curso se lanzó a su profesor y a continuación uno tras otros se abrazó a su maestro. Recuperado el orden fueron pactando las normas para convivir ese curso. Los horarios, las asignaturas, las salidas culturales, la fiesta de fin de ciclo y el viaje de fin de etapa. Al salir ese último tema todos pidieron a Julián que él fuera uno de los profesores que les acompañara en ese viaje. No era muy partidario pero era consciente que al ser tutor no le quedaba otra alternativa. Fue confirmarlo y de nuevo un aplauso irrumpió en los presentes. Se formaron los diferentes equipos para funcionar. El de fiestas, el de deportes, el de viaje fin de curso, el de apoyo en mates, el de apoyo en lengua, el de lengua extranjera, el del euskera. Poco a poco todo el curso se involucró en un equipo. Julián les recalcó que aunque se habían confeccionado varios equipos, todos formaban uno solo el de cuarto B. Con un objetivo final, disfrutar de un año, de convivencias, de estudios, de deportes, de distracción, pero principalmente de un curso de compartir todo entre todos.

   La mañana finalizó con una rapidez increíble, el verse inmerso entre sus muchachos y muchachas le permitió saborear el tiempo y el espacio. Cosa que no había sucedido en esas semanas de preparación, con reuniones, de evaluación, de preparación, de objetivos, etc.

   De camino a casa el móvil le delataba que algo había sucedido en el palacete. Los escoltas también recibieron el mensaje y se adelantaron a Julián para inspeccionar la vivienda. Al llegar al cuarto de mando, observaron los videos y efectivamente dos encapuchados habían estado merodeando por sus alrededores. Aunque las imágenes delataban que había sido una mera inspección para informarse. Salieron al exterior y comprobaron los lugares por donde se habían movido. Al comprobar la seguridad avisaron a Julián confirmándole que la vía estaba libre. Los invitó a casa y tomaron un aperitivo junto mientras comentaban lo visionado en las cámaras de seguridad. No cabía la menor duda que andaban estudiando la casa y con seguridad los hábitos de su dueño. Señal inequívoca que perseguían un atentado. Las imágenes se llevaron a la Ertzaintza y al ministerio del interior en Madrid para su análisis y posible identificación de los autores. 

    El fin de semana se desplazó a la prisión alavesa de Anclares de la Oca. Una nueva visita a su antiguo alumno, al confirmarle éste que la banda iban a por él Julián le contó el incidente en su casa. Él estaba haciendo lo humanamente posible para evitar que E.T.A. siguieran con el objetivo de aquel profesor. Se lo juro a su padre y le prometía, juraba y perjuraba que estaba haciendo lo imposible para evitarlo. Julián era consciente de ello por ir en su ayuda lo habían detenido y no le caía la mínima duda que Patxi lo estaba intentando por todos los medios. Le entregó lo que le pidió la ultima vez y se despidieron hasta la próxima. Patxi se quedó preocupado consciente que la dirección de la banda lo había señalado como principal objetivo y aunque algunos compañeros suyos en libertad le estaban apoyando en la dirección no estaban por la labor.

   Los últimos dispositivos de las fuerzas de seguridad permitieron a los cuatro meses del incidente en el palacete la detención de dos miembros de la banda que andaban proporcionando información.  Aquel maldito profesor les había costado tres detenciones directas y más de diez indirectas.

   Había decidido cambiar sus costumbres especialmente para evitar, de producirse un atentado, que afectara a cualquier conocido suyo. Dejó de ir a jugar al vóley en la playa y dejó de ir a comer o cenar al centro deportivo. Cosa que no le gustaba, optando al final por realizar las comidas en casa. Como en muchas ocasiones el tiempo no se lo permitía opto por contratar a una cocinera. La hija de su ama en el caserío, que aún conservaba la familia, donde había nacido su padre, fue la que se hizo cargo por petición de la madre de Julián a quien éste le pidió consejo para contratar una cocinera. Aquello le llenó a su madre pues era la primera vez que su hijo le pedía un favor y Arantxa la hija de los cuidadores del caserío era la mujer perfecta. Había enviudado y debía sacar adelante a sus cuatro hijos, era de la máxima confianza en la familia y por si fuera poco una gran cocinera. Una persona rompía aunque fuera por unas horas la soledad de su santuario. Señal inequívoca que a las casi seis décadas Julián estaba cambiando en algo. Su madre muy cansada y enferma le supuso un gran alivio. Su niño comenzaba a entrar en razón. Pero lo cierto era que su estancia en Costa Rica le había cambiado bastante. Sin duda esos escritos que estuvo leyendo y viviendo sus propias carnes, sobre aquel rincón del Caribe sur de Costa Rica poseía una magia especial. Nadie que hubiera pisado sus tierras regresaba a su vida cotidiana de la misma forma que cuando llegó.

   Julián le gustaba comer solo pero no consintió que aquella mujer lo hiciera a parte, es más en las ocasiones que sus pequeños no podían ir a clase le rogó que se los llevara a casa. No le agradaban en demasía los niños, pero también era cierto que a los únicos que había tenido que soportar eran a los de su hermana y cuñado y esos eran unos auténticos pijos.

   Hablo en más de una ocasión por el Skype con Maureen recordando esos días que pasaron juntos. Cuantas cosas pudieron vivir en esas dos escasas semanas. Como añoraba los descansos en la hamaca del pórtico superior de la cabaña. Como echaba de menos esos desayunos de frutas en el chiringuito. Como le gustaría perderse por la reserva natural de Histoy Cerere y bañarse en esas cálidas aguas que las termas calentaban a temperatura de cocción. Escuchar el sonido de la selva o sentir el ritmo del Caribe rompiendo en la cala.

   Él no le comunicó los problemas con la banda terrorista pero su amiga si lo había hecho y nada mar ser informada se puso en contacto con él. Restó importancia a la información de su amiga y le rogó que se cuidara para añadir la frase que más le gustaba.

 

   “Pero por favor sobre todo deje que le cuiden”.

 

   Esa semana se reencontró con el padre de Andrea que había amarrado en puerto y permanecería durante una semana. Habían acordado el divorcio y se desplazó para plasmarlo ante el juzgado tras los trámites realizados. Le confirmó la buena marcha escolar, aunque de inmediato puntualizó que lo más importante, su madurez, iba adquiriendo los tintes de un adulto. Quería estudiar medicina o ciencias de la educación física y el deporte. Todo dependía de la media que obtuviera en el bachiller y la selectividad. El padre de la criatura sonrió y de inmediato comentó.

 

   - Está claro que esta hija no quiere separarse de usted. Le tiene completamente enamorada.

   Sonrieron y fueron contándose lo sucedido durante ese tiempo sin verse. También le mostró su preocupación ante los terroristas su hija e incluso su ex, le habían comentado los últimos acontecimientos. Como siempre restó importancia a ese asunto. Nunca le había preocupado pero últimamente si le hacía mella en su alma.

   Esa mañana era la asignada a la salida cultural para conocer un poco la ciudad. Los alumnos de cuarto de secundaria circularían en bicicleta para realizar una visita a la ciudad.

   A las ocho de la mañana las bicicletas y los cascos estaban preparadas en la entrada del centro educativo. Se les había advertido a los muchacho y muchachas que debían llevar prendas cómodas, mochila una botella de agua, amén de su correspondiente libreta y bolígrafo para recoger cuantos datos pudieran de esa jornada. A todos se les repartió un plano del lo planificado. Iniciaban el recorrido en la calle del centro educativo José Mª Salaberría por la salida hacia la derecha y siguiendo por la calle al llegar a Jaime de Barkaizlegi, girar a la izquierda hasta encontrarse con el paseo Erondo, tomándolo hacia la derecha continuar por la Calle Easo, rodeando el parque y al llegar a la cuesta de Kalea tirar hacia la izquierda. La primera calle a la derecha, ir para cruzarse con San Martín y llegar a la plaza de Zaragoza, desvió hacia la izquierda por la calle Zubieta hasta la plaza del Padre Vinuesa. Seguir por el paseo de la Concha y continuar por la avenida de Satrustegui, nada más cruzar la calle Infanta Beatriz y antes de llegar a la de Infante Juan entrar por la calle intermedio hacia la izquierda, hasta el parque de Zubimusu. Al encantarte con el parque ir hacia la izquierda de la calle Ternto, y al llegar a la Avenida de Tolosa ir hacia la derecha hasta la plaza América. Allí tomar la calle de la izquierda por el paseo de Lugartiz y una vez pasado el túnel de Quinto se encantarían con la rotonda de Lazkano. Ahí debían entrar en el parque Mélodi hacia la izquierda para salir al paseo Endorno, tomándolo hacia la izquierda hasta encontrarse la calle de Jaime Barkaiztegi en dirección izquierda y de ahí al cruzarnos con la calle de José Mª de Salaberría regresar al centro educativo.

   Fue una jornada divertida abandonando un poco de la monotonía diaria.





miércoles, 2 de abril de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES- ANDREA- CAPITULO XI -EL INCIDENTE


CAPÍTULO DÉCIMO PRIMERO 

 

                                                     EL INCIDENTE


 

  Los últimos días de estancia en Costa Rica se consumían. Le quedaba una semana para concluir sus vacaciones y la pasaría en Donostia, en el palacete, para poner todo en orden y reanudar su vida cotidiana. La rutina, los horarios, las clases, el tráfico, los nuevos retos, con ponerse un poco más al día, ir comprendiendo un poco más a esas generaciones, las reuniones (en el mayor de los casos una autentica pérdida de tiempo). Con la ironía de aquel maestro que no se creía los cuentos de los parlanchines y poco eficaces. Iba al encuentro, del orden, de la disciplina, de lo correcto. En su cabeza zumbaba la vida de aquel nativo que sin techo, con su soledad, le dio las mejores lecciones de su vida. Esas clases de la vida que por mucho que las busques en los libros no las encuentras. Aquel nativo que no conocía ni día ni noche, ni lunes, ni…, ni domingo. Ni año, ni siglo, ni época. Ni plata, ni carro. Cuando Julián le contó la frase de San Francisco de Asís, que por supuesto no sabía quién era, ni pimientos le importaba.

 

“Deseo poco y lo poco que deseo, lo deseo poco”

 

   Le sonrió dejando una pausa infinita. Parecía que las palabras también precisaban su pausa para saborearlas, analizarlas pero sobre todo reflexionar lo dicho o escuchado.

 

   - Es posible que ese sea el camino de la felicidad. Pero yo no deseo ni ese poco.

 

   ¡Dios, Dios!

 

   Gritaba su interior

 

   Es el camino. Es ese.

 

   Entonces que le impulsaba a regresar, que fuerza interna no le daba permiso para quedarse allí y perderse como ese nativo. Cuantos miedos, cuantas trabas se pone el hombre “civilizado”.

 

¿Qué le ataba para regresar? ¿Su familia?

 

Con toda seguridad no. Sus ideales, aquel nativo los había resumido perfectamente. Vivir el instante y disfrutar de lo que recibes sin desear, sin pedir, sin luchar, sin trabajar. Simplemente tomándolo de la naturaleza, para disfrutar lo que nos ofrece, devolviéndole su generosidad respetándola, ayudándola, conservándola, ampliándola.

   Sonreía al recordar cuando le preguntó donde tenía su choza, porque a bien seguro casa no tenia. Su choza era la selva, cada día disponía de un nuevo lecho, una nueva bañera, un nuevo comedor, eso sí le aseguró el techo siempre es el mismo, azulado con una luz intensa, u oscuro con millones de destellos. Le contó porque permanecer en un lugar si el mundo era muy extenso y podías dormir, comer, bañarte, hacer tus necesidades en cualquier lugar. Allí donde te apeteciese descansar, dormir, comer, correr, saltar, bañarte.

   Su mente se torturaba, hasta que puso fin a sus dudas, a sus anhelos, a sus miedos, a sus principios y partió con el grupo a cenar y disfrutar del espectáculo que le ofertaba un restaurante junto a la playa. Sería su última noche en Costa Rica, a la mañana siguiente junto al padre de Andrea se desplazaban al aeropuerto en Alajuela, uno con destino a Donostia con previa escala en Barajas. El otro con destino a Port Elizabeth en Suráfrica. David había decidido prolongar su estancia hasta regresar con Andrea cuando se iniciase el curso. Él comenzaba el bachiller en otro edificio a unas manzanas del centro donde había estudiado. Andrea comenzaba el último curso de la secundaria. Esa noche abandonó por completo a David para no dejar un solo instante a su padre. No sabía cuántos meses volverían a pasar sin disfrutarlo, si abrazarlo, sin recibir sus mimos pero especialmente compartiendo sus inquietudes, sus miedos o sus dudas.

   El local estaba muy concurrido y la música acompañó la velada durante muy entrada la noche.

   Consumidos los postres, los cafés y algunas infusiones decidieron moverse al ritmo marcado por los diferentes artistas que desfilaron por el escenario montado en la playa y amen del restaurante una instalación hotelera y otros dos chiringuitos de la zona habían montado sus mesas, cara al escenario. Justo a sus pies una pista inmensa de baile montada en madera sobre la misma playa permitía, a quien se atreviese, a mover el esqueleto. Andrea sacó a su padre y comenzó a moverse a los ritmos marcados, Maureen ante la negativa de Julián lo hizo con David. No renunciaron a moverse los abuelos de Andrea que también se atrevieron. Julián permanecía, tomando una bebida refrescante, contemplando el ambiente, la música, la gente en algunos casos pasaditos de bebida. Cuerpos con escasa ropa se contorneaban en la pista invitando a la sensualidad, al arte del ritmo de los cuerpos y sus encantos. Las reflexiones, los pensamientos trataron de invadir su mente pero aunque le costó un poco evitarlo lo consiguió, recreando sus sentidos en la noche, en el colorido, en las letras de las canciones, en los movimientos de aquellas mujeres que con su contorneo invitaban a sus parejas a lanzarse a algo más que el baile. Por primera vez contempló a Maureen y Andrea como mujeres, sensuales olvidando. O tal vez no. que eras unas adolescentes. Apartó veloz su mirada y de nuevo la pregunta.

 

 ¿Qué le estaba pasando?

 

   Pero a pesar que aquellos cuerpos ahora se contorneaban con mayor sensualidad, y provocación, cuando volvió a mirar de nuevo vio a esas niñas de clase que les habían encomendado sus padres para colaborar en su formación. Volvía a ser él y eso le tranquilizó. Pero al recorrer su mirada por los espectadores de aquella escena de la noche se detuvo en un grupo de hombres de mediana edad. Tres en concreto y ante su asombro uno de ellos era el americano que andaba inquietando a Andrea. Le produjo nauseas observar como desnudaban a las dos jóvenes en la misma pista, mientras comentaban entre sí. Andaban muy cargados de alcohol y Julián se temió alguna salida de tono de esos tres gorilas. Su primer impulso fue levantarse y avisar a las parejas, pero los veía con tanta felicidad, disfrutando tantos esos momentos, que se detuvo y esperó acontecimientos. Pero tomó su celular, como suelen nombrar a los móviles por esas latitudes, y puso al corriente a las fuerzas del orden de posibles incidentes en el espectáculo de la playa. A los quince minutos se personaba una patrulla. Los dos representantes de las fuerzas del orden eran los que pidieron la documentación a Julián en los primeros días. Los saludó e invitó a tomar algo en la barra del restaurante. Julián les expuso sus temores y le tranquilizaron asegurando que andarían rondado por ahí hasta que el espectáculo finalizase. Más tranquilo regresó a su sitio para que el ambiente, y la noche le absorbiera para disfrutar de sus últimas horas en el país. Se encontraba enfrascado en el ambiente cuando observó como aquel extranjero se aproximaba a David y de un empujón le alejó de su compañera de baile. Iba a prender la mano de la adolescente cuando los policías intervinieron aconsejando al personajes que se retirase de la joven y no le molestara, de inmediato los otros dos gorilas, cubas perdidos se aproximaron dando tumbos a uno y otro lado. El segundo representante de la ley fue al vehículo y con la radió del carro solicitó refuerzos. Hubo un poco de forcejeo pero los dos representantes de la ley también poseían una buena presencia y con la utilización de las porras pudieron neutralizar la agresividad del trío. Cuando llegaron los refuerzos los tres perturbadores del orden estaban esposados. Con la ayuda de sus compañeros los llevaron a comisaría. La fiesta se había apagado ya no quedaba tiempo material para revivirla, por ello y como solo faltaban diez minutos para dar concluido el permiso que disponían, decidieron dar  por concluido el espectáculo. Nuestros amigos se subieron a los carros para regresar a casa.

  En el pórtico inferior reunidos comentaban lo fascinante que había sido esa noche. Hablaron de fin de las vacaciones y del las pocas motivaciones que había para reanudar la vida cotidiana. Por fin el primero en abandonar la reunión fue Julián andaba cansado y las persianas se le cerraban, se despidió de los presentes y tras el oportuno aseo personal se metió en la habitación para recuperar su cuerpo y su mente.

   Llevaría unas dos horas durmiendo cuando una mano suave se posó en su rostro y la voz dulce, melosa y cariñosa de Andrea le despertó.

 

   - Don Julián lo siento pero preciso hablar con usted de algo muy importante. Puede atenderme.

 

   Había descansado unas horas y no le supuso mucho esfuerzo levantarse, se enfundó unas bermudas, dormía siempre con un pijama de pantalón corto, un polo y se ajustó unas sandalias para salir en compañía de la joven al exterior de la cabaña. Sin mediar palabra ella le tomó la mano y caminando delante de él le indicó hacia donde deseaba ir. Al pasar la barrera de la vegetación y encontrase cara a cara con el Caribe, la joven se abrazó a su profesor y comenzó a llorar como lo que era, una niña. Le acarició los cabellos con una mano mientras la otra abarcaba su espalda. Proseguía su llanto ocultando su rostro en los pectorales de su maestro y él continuó con el consuelo sin pronunciar palabra alguna. Esperaba que ella fuera calmándose y le relatara a continuación su inquietud. Se separó de él, mientras enjugaba sus lagrimas con la camisola que llevaba, alzó su mirada hacia su maestro mientras le regalaba una sonrisa llena de afecto, de ternura, de cariño, de gratitud hacia aquel profesor que les atendía fuera la hora que fuera y el momento. Siempre estaba a disposición de ellos. Con una última sonrisa picarona y tomando su mano le invitó con el lenguaje corporal a pasear. Él sonreía pero se mantuvo en silencio, temía que fuera a contarle algo relacionado con lo que hablaron Maureen y él la otra noche. Pero dejó de suponer y aguardó como un tico sin prisas, sin apremios, sin atropellos a que ella se soltara. Notaba algo de tensión en su mano. En ese preciso momento se percató que cuando se relajaba, daba tiempo al tiempo, sin ansiedades, sin premuras, podía captar mucho mejor el lenguaje corporal. Ahora era consciente de las palabras de aquel nativo.

 

   “Los silencios enseñan más que las palabras”. “Y las ondas que transmitimos, si somos capaces de tener la mente en blanco y el alma en paz nos permitirá leer todos los secretos de cualquier otro ser vivo, sea animal, planta o persona”

 

   Indudablemente estaba en lo cierto. Tendría que entrenarse más pero estaba convencido de la afirmación de aquel personaje. Cuanto había aprendido de la vida en aquellas dos escasas semanas. Cuanto se aprende cuando se dispone de tiempo para la reflexión, para el análisis, incluso los secretos de los silencios. O aquella otra frase que la había leído en libros, en revistas, en artículos, pero que era consciente que aquel nativo nunca la había escuchado.

 

   “No es más sabio el que más habla sino el que más escucha”

 

   O aquella otra de Diógenes que rezaba así:

 

   “Tenemos dos orejas y una sola lengua para que oigamos más y hablemos menos”.

 

   Julián era una persona acostumbrada a la reflexión diaria, pues no se iba a la cama sin analizar la jornada de ese día y esa acción le permitía centrarse más en lo que hacía y al mismo tiempo mejorarlo. Ahora le tocaba aprender a realizarlo en cada instante y para ello debía dar tiempo, pausas, silencio a todo lo que fuera realizando instante a instante. La aceleración de la vida, las prisas, el estrés de la vida cotidiana en España y en general en los países occidentales no permitía esa otra filosofía. Tan importante para tener un grado de felicidad optimo. Como cambiaría la vida si todos anhelásemos el consumismo de aquel nativo. De nuevo otra frase de aquel filósofo. Diógenes.

 

   “Como me gusta ir al mercado y ver cuántas cosas no necesito”

 

   En qué mundo de necesidades innecesarias nos habíamos visto abocados. La voz de Andrea le sacó de sus cavilaciones.

 

   - David no me atrae como antes y no sé como decírselo, es un gran chico, buen amigo pero creo que la química se evaporó.

 

   Sin dejar la vista al frente continuaba con la cadencia de su paso mientras por sus mejillas comenzó a gotear unas lágrimas, una pequeña pausa y dos nuevas gotas siguieron el sendero abierto por las primeras exploradoras, luego como una columna de hormigas fueron deslizándose, sin pausa pero sin prisas.

   Julián soltó la mano de aquella niña y abarcándola por los hombros siguió impertérrito el paseo. Ella se refugió abarcando su cintura y mientras sus lagrimales se desbordaban fue poco a poco controlándose. Aquellos brazos acogiéndola mitigaron su tristeza, su inquietud, su problema. Sabedora que en aquel maestro iba a conseguir el apoyo y el consejo que le permitiera resolver la situación sin dañar a su amigo. Anduvieron por la cala desde el extremo norte al sur y de este de nuevo al norte. Estaba tranquila y conforme avanzaba un paso, la paz regresaba a su alma. Tener a Julián a su lado, sentir el calor de su cuerpo le iba secando los lagrimales. No se mostró impaciente en ningún momento y eso que el silenció entre los dos se prorrogó durante muchos minutos. Con la misma cadencia de paso miraban la arena, sus pies bañados por las olas, las estrellas, la selva, a su compañía de paseo. Sonreían, pero especialmente se recreaban en esos momentos, de paz, de tranquilidad, de sonidos nocturnos, de la brisa del Caribe, del calor acumulado en las aguas durante el día, del frescor de la arena que perdió con mayor rapidez que el agua ese calor que el sol les proporcionaba. Ella daba gracias a los cielos por permitirle cruzarse con ese maestro.

 

   ¿Qué habría sido de ella con todos los problemas añadidos ese curso? ¿Dónde habría terminado de no tener ese constante apoyo?

 

   Estaba convencida que el Señor se acordó de ella al cambiarle la tutoría. Sin duda la llave que le permitió, no solo a ella, también al resto de sus compañeros, madurar con normalidad, con apoyo, con cariño, o como les comentó el primer día de clase,

 

   “Dos son las condiciones para dedicarse una persona a la educación. La primera el conocimiento más profundo posible de sus alumnos y la segunda y principal mucho amor, hacia su profesión pero especialmente hacia el alumnado”.

 

   Mantenía esos pensamientos en su cabecita cuando de forma brusca se puso frente a él y se abrazó llena de gratitud, de cariño, de amor hacia ese personaje. Julián posó con delicadeza sus labios en la frente de aquella niña, siempre que una alumna o alumno se ponía sentimental los veía y sentía como niños, aunque como era el caso era ya una mujercita. Entonces inició una charla mientras mantenía sus manos envolviendo sus mejillas. Mirándole fijamente a los ojos, esos ojos verdes como la misma tierra que la vio nacer. Chispeantes, llenos de vitalidad, de ¡pura vida!, como dicen por esas latitudes. Fue directo y claro y le aseguró que después de aclararlo con David hablaría a continuación con él. Pero por lógica debería hacerlo a primeras horas de esa mañana ya que el partía hacia España y debía estar en el aeródromo de Limón no más tarde de las once de la mañana. Se volvió a abrazar a su maestro y plasmó un par de besos. El primero lo dejó caer en la mejilla derecha de su maestro pero el segundo los depositó en los labios. Julián con naturalidad le dio la mano e inició el regreso a la cabaña. Con la segunda muestra esperaba la reacción apasionada de aquel hombre, pero su respuesta le  resultó decepcionante. Pero a los pocos segundos se dio cuenta de su torpeza. Sin apartar la mirada de la ruta a seguir pidió disculpas, Julián sonrió. No pronuncio palabra alguna. Aquella criatura había comprendido perfectamente que su acción no era la correcta y que su maestro dio la respuesta adecuada a tal atrevimiento. Estaban a punto de cruzar el umbral de la selva cuando se sobresaltaron al ver aparecer ante ellos a una persona. Tras el primer susto, comprobaron que era Maureen, comenzaron a reír al tiempo que le expresaban el susto que les había dado.  Con ese desparpajo de los adolescentes los invitó a que le siguieran, sin más palabras se lanzó a las aguas con las prendas que llevaba, la camisola y la parte inferior de su ropa interior. Andrea sin pensárselo salió tras su amiga para enredarse con la primera ola. Julián comenzó a reírse, adoraba a esos dos torbellinos. Le invitaban a entrar en el agua. Con una mueca se negó, estaba algo destemplado y lo que menos le apetecía en esos momentos era mojarse con agua salada. Su alma andaba confusa, de nuevo esos deseos de abandonar todo y quedarse en aquel paraíso para siempre. Pero las palabras de Andrea le mostraban con claridad que la misión suya en este mundo era atender a los jóvenes y acompañarles en su madurez personal, con plena libertad, pero especialmente que llegaran a descubrirse a sí mismos. Que lucharan con todas sus fuerzas por lo que desearan y especialmente solo hicieran caso a su interior. Si lo que habían hecho, hacían o harían, fue, era, será, decisión propia, nunca se podrían lamentar como mucho rectificar. De ahí y mirando siempre a su interior se iniciaba la verdadera felicidad. Le vino otra de las frases que insistía a sus alumnos, pertenecía a un pueblo precolombino, en concreto a los mayas

 

   “El nacer es algo doloroso pero que la vida compensa”.

 

   Sentado en el tronco seco, contempló a las dos jovencitas recrearse en las aguas. Por fin cuando se cansaron regresaron a la cabaña para darse una ducha y recogerse en sus habitaciones.











miércoles, 26 de marzo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTES- ANDREA- CAPITULO X- LA RESERVA BIOLÓGICA HITOY CERERE

CAPÍTULO X LA RESERVA BIOLÓGICA HITOY CERERE

 


   Como todas las mañanas a las cinco y media, cuando el sol iniciaba su salida por el Caribe, Julián se levantó para corretear por la playa. Normalmente dedicaba treinta minutos a esa actividad física. Luego se quitó las zapatillas, el polo e iniciando una carrera se zambulló en el agua hasta que la resistencia del agua y las olas lo tumbaron. Pretendía refrescarse recuperando la temperatura del cuerpo y eliminar el sudor. Se secó dando un paseo, correteando levemente o haciendo girar sus brazos. Concluyó el secado captando las últimas gotas de agua salada con la toalla que pendía de la palmera caída, su percha habitual. Eliminadas las humedades, se puso las chanclas, el polo y regresó a la cabaña con el propósito de recrearse con una buena ducha de agua dulce. En el instante de entrar en la cabaña, aun con los ojos cerrados, aparecía por la puerta de su habitación Maureen. La abandonaba para ir al servicio y despejarse con una buena ducha. La camisola con la que había dormido se la dejó sobre su cama y apareció por la casa con solo el tanga. Sin mueca, gesto, o sorpresa ante la presencia de Julián, le saludó para perderse en el servicio. Él sonrió para cruzar la puerta de su habitación coger ropa nueva y con la toalla se fue a duchar al otro servicio de la planta.

   Al sentarse a la mesa para reponer fuerza Maureen estaba desayunando, se saludaron y le propuso que le acompañara al chiringuito para iniciar su jornada laboral. Aceptó encantado y tras el aseo bucal pertinente los dos abandonaban la cabaña para ir por la playa hasta la población a escasos mil metros de la cabaña. Se cruzaron en la playa con el americano del día anterior y este saludó a la joven con la frase que solía decir cuando se cruzaba o iba al chiringuito de la joven.

   - Buenos días Princesa.

  Maureen ni le miró no lo soportaba, con la inocencia pícara de toda adolescente aprovechó para abarcar la cintura de Julián y perderse de la mirada de aquel personaje. Él envolvió a la joven por el hombro para juntar sus cuerpos y seguir caminando. Habían enmudecido pero el sonido de sus voces fue sustituido de inmediato con el morir de las olas, el canto de las avecillas o las llamadas entre los congós armonizando sus oídos. El ritmo de aquella criatura rozaba al compás del Caribe sobre  su muslo, posó sus labios sobre los cabellos de la joven y prosiguieron con el calor, la brisa, la musicalidad provocada por la Naturaleza. A la izquierda el sonido de la selva, a la derecha el del Caribe, componiendo en estéreo la melodía de aquel lugar, de aquella situación, de aquella criatura. Estuvo tentada a confesarle lo callado la noche anterior pero andaba captando todas esas sensaciones proporcionadas por el momento, que prefirió concentrar todos sus sentidos en captar aquel momento.

 

   - ¿Le preparo un café?

 

  Fueron sus primeras palabras tras llegar al chiringuito, recuperando la comunicación entre los dos. Al tiempo y ayudada por Julián elevaban la puerta metálica para entrar en el local e iniciar su jornada laboral. Aceptó encantado y mientras conectaba la cafetera Express le ayudó a sacar las diferentes cajas de fruta para mostrar el género que se vendía a todo transeúnte. Durante la primera media hora hubo algo de movimiento, pero Julián no se quedó ese tiempo. Tomó su café y regresó paseando por la playa para volver a casa

   Ese día permanecerían descansando en la cabaña, bañándose en su cala o caminando por la selva. Fue el primer día que Julián sacó su ordenador, con un prolongador conectó a la red y en una de las hamacas del pórtico superior se tumbo con él para mirar el correo y escribir algo. Tuvieron la visita de los abuelos de Andrea y se quedaron en la cabaña de la playa a comer con los jóvenes. Advirtieron que esa tarde noche llegaba su hijo procedente de Sudáfrica donde permanecería amarrada su embarcación durante quince días. Aprovechó esa pausa de limpieza de fondos y reparación de la embarcación  para tomarse unas merecidas vacaciones. Vería a su familia y especialmente compartir esos días con su pequeña. Julián estaba inmerso en varios artículos que debía enviar al periódico y a las revistas donde cooperaba semanalmente desde hacia una década y prefirió quedarse en la cabaña mientras la familia en carro iban a Limón a recoger al viajero.

   Maureen se personó en la cabaña. Julián proseguía con sus escritos. Encontró al maestro recostado en la hamaca, besó sus mejillas para disculparse a continuación y entrar en la habitación. Debía darse una buena ducha y cambiar sus ropas tras la jornada laboral. Mientras atendía su aseo personal, él desconectó el ordenador, recogió los cables que lo alimentaban para entrar en su habitación y guardarlo en el armario. Regresó a la hamaca para aguardar a la joven. En esta ocasión no se tumbó se limitó a sentarse sobre el artilugio flotante, cara a la mar y contemplar el espectáculo. Se estuvo entreteniendo con un pequeño colibrí de color azul y amarillo de una intensidad llamativa. Sus paradas en vuelo, y sus casi imperceptibles vuelos de un lugar a otro. Maureen le sacó de sus observaciones científicas de la naturaleza e incluso se sobresaltó pues era tal la concentración que empleaba que no había percibido su llegada. Sonrieron para acoplarse junto a él dejando caer sus posaderas sobre la hamaca. Abarcó a Julián por la cintura y cuando estaba aposentada y abrazada a su cintura expresó lo cansada que estaba al tiempo que preguntaba por el resto. Estuvo en un tris de retirarle la mano de su cintura e incluso levantarse. Aquella criatura le tenía desconcertado. Jamás le había sucedido algo similar con ninguna alumna. Solía guardar las distancias pero en ciertas circunstancias aceptaba el abrazo, tanto de un sexo como de otro pero no era lo normal en él. Pero esa criatura ejercía un poder extraño en su persona y le costaba decidir que sería la mejor actitud con ella. Ayer le había desnudado interiormente casi por completo y no llegaba a asimilar lo que le sucedía. Luego dos o tres detalles, le tenían preocupado. Pero aceptó el momento sin dejar ese tiempo de silencio que se produjo por la mañana. De inmediato atacó.

 

   - Criatura que era esa cuestión que me aclararía en otro momento.

 

   Sonrió, con esa picaresca de las nativas del Caribe, se desligó de la cintura para tomar su mano e iniciar un paseo. Cuando sus primeros pasos sobrepasaron la barrera verde para toparse con la otra, la azul, que por momentos iba perdiendo su tonalidad, su brillantez, su color conforme la noche iba invadiendo el lugar  con su manto negro atenuando poco a poco el color de  las cosas. Ella sin soltarse de la mano, eso sí realizando verdaderos equilibrios se descalzó. Con el lenguaje corporal le rogó que elevara un pie, mientras con una angelical dulzura despojaba de su calzado a Julián. La misma operación para retirar el juego de la primera. Dejó sobre el tronco caído de una palmera los dos pares de calzado y manteniendo su mano en la suya reanudaron la cadencia de sus pasos, ahora descalzos. La acción de la adolescente estremeció a Julián hasta tal punto que unos escalofríos encogieron su alma y punzaron su corazón mientras su mente recordaba cuatro décadas atrás. Cuando ella, su único amor, realizó el mismo gesto en las playas del este de España. Maureen sintió a través de su mano ese frió intenso y asustada giró bruscamente su cara hacia su compañero y ante su estupefacción pudo comprobar como aquel rostro tostado por el sol había palidecido como si de polvos de talco se tratase y unas enormes lagrimas se deslizaban por su rostro.

 

¿Qué embrujo había? ¿Qué pasaba? ¿Qué sucedía?

 

No podía entender nada. Uno frente al otro, sus manos desligadas, inmóviles. No escuchaban nada, un silencio hiriente, dramático, terrorífico se adueño del lugar. La noche, la oscuridad. Lo negro, lo oculto. Ninguno de los dos pudo medir el tiempo que permanecieron en ese estado. Pero sin duda alguna bruja los hechizó.  Se deshizo cuando Julián dio media vuelta y regresó a la carrera a la cabaña, entró en su habitación y comenzó un llanto que no cesó hasta la llegada de los dueños de la cabaña.  Maureen se había dejado caer en el mismo sitio donde quedaron hechizados y lloraba como una magdalena. Reaccionó al tiempo que Julián, al escuchar la llegada de su amiga, se levantó recogió el calzado de los dos y se aproximó a la cabaña para saludar. Al cruzar su mirada con la de él, la expectativa en sus rostros lo decía casi todo. Él sonrió, ella le respondió y regresando a la conversación de saludos y bienvenidas se unieron todos.

   El padre de Andrea poseía un velero, sabedor de la calidad del navegante que tenía en casa quedaron a la mañana siguiente cuando descansara un poco para salir a navegar por el Caribe. Cuando el abuelo se enteró se lamentó de no saberlo antes pues le habría dejado la embarcación para esos días. Habían quedado en acercarse a la reserva biológica de  Hitoy Cerere el día que Maureen descansara.

   Esa mañana embarcaron y pasaron una jornada navegando y visitando diferentes rincones de aquel paraíso de la naturaleza. A pesar de reunirse Maureen con el grupo todas las tardes noches, ninguno de los dos se atrevió a comentar o hablar de lo sucedido el día que llegó el padre de Andrea. Una de esas noches volvió a Maxim. Al igual que una mañana muy tempranito desayunaron en el chiringuito de  Maureen antes de embarcar.

   Por fin llegó el día programado para visitar la reserva natural de Hitoy Cerere, un lugar de una belleza espectacular pero de gran dificultad para moverse. El abuelo de Andrea conocía el terreno como pocos lugareños. No había amanecido cuando los dos adultos y los tres adolescentes partían en carro con destino a la finca de los viejos. El abuelo de Andrea tenía preparada las cabalgaduras y habían ensillado otros dos animales con material y alimentos. Justo cuando la noche devolvía los colores al paisaje partían en sus cabalgaduras. El abuelo, el padre de Andrea, junto a ella, Julián David y Maureen. La abuela se quedó no estaba para esos trotes. Fue una jornada inolvidable. Pasaron por varias pequeñas poblaciones, deteniéndose en algunas de ellas para recuperar las posaderas. Pudieron descubrir parajes de una belleza inimaginable. Árboles que sus copas se perdían en el firmamento, cascadas que tenían fin o principio según por donde las observaran, pero que no pudieron alcanzar a ver. Era imposible quedarse con todos los nombres de las diferentes especies vegetales, o animales, aquello era de una riqueza biológica increíble. Llegó a pensar que sería el mayor sacrilegio de la humanidad destrozar aquel paraje. Lo cierto es que le confirmaron que el gobierno protegía con bastante fidelidad las riquezas naturales de la nación. Se zambulleron en una poza provocada por una pequeña cascada, comparada con las que habían visto, de agua caliente. La evaporación de sus aguas se veía perfectamente e incluso había zonas que la niebla provocada por las aguas transformadas en vapor no permitían ver mucho más allá de los cuatro o cinco metros. Los jóvenes no querían abandonar aquel lugar, pues hasta el momento habían pasado fresco, como consecuencia de la humedad de la selva y ahora ese calor envolviendo sus cuerpos se les hacía dura la partida. El abuelo comentó que no les vendría mal a los animales descansar un poco más, pero también advirtió que no debían alargarlo demasiado ya que no llegarían con la luz natural a casa.

   En un determinado momento y antes de comer decidieron ir regresando, de lo contrarío la oscuridad les sorprendería. Julián prometió volver a aquel lugar para poder recorrerlo con más tiempo. Todos quedaron impresionados con la jornada, y eso que tanto el abuelo, como el padre, y Maureen habían estado en la zona en más de una ocasión. Andrea, David y Julián, por supuesto nunca habían pisado aquel paraje del País. Comieron en una aldea con unos conocidos del abuelo, quien desmontó de los animales de refresco los alimentos preparados esa mañana, se calentó y todos en torno a una gran mesa redonda comenzaron a devorar la comida. Sin duda la calidad era buena pero el apetito despertado tras esa jornada provocó en aquellos hambrientos paladares que les supieran a verdaderos manjares.

   Llegaban a las cuadras de la finca con los últimos rayos solares de aquel día. Era pronto pero los dos adultos y los tres adolescentes montaron en el carro y regresaron a la cabaña de la playa.

   Era temprano para la cena, Andrea y su padre habían salido a charlar paseando por la playa. David y Maureen habían iniciado un juego de mesa y Julián aunque en un principio se puso al ordenador pronto lo dejó para tumbarse sobre una de las hamacas del pórtico superior quedándose a los escasos minutos completamente dormido. No había podido disfrutar de su siesta y fue dejar caer su cuerpo en aquel lugar de descanso y sorprenderle el sueño.

   Se había hecho la hora de cenar y como seguía durmiendo le dejaron descansar. Anteriormente Maureen descolgó la mosquitera para proteger a Julián de los insectos, pues cuando él se tumbó, como no pensaba dormirse en un principio ni se le ocurrió hacerlo. Pero en la primera elevación de la mirada del juego de la joven al verlo tan quieto se levantó tras las disculpas a su compañero de juego y bajó los protectores de insectos. Cuando Julián despertó todo estaba en calma. Solo los sonidos de la noche se percibían con claridad. Sonrió al ver que alguien se había preocupado pos su integridad física protegiéndole de los chupa sangres de lugar. Cuando sus ojos le permitieron recobrar la visión comprobó que era la una de la madrugada. Había estado durmiendo la friolera de seis horas. No tenía sueño y sin pensárselo mucho, provisto de su ipod salió a la playa a pasear un rato mientras contemplaba aquella espectacular noche estrellada. En el preciso momento que iniciaba el descenso de la escalera Maureen se había levantado para ir al servicio para vaciar aguas menores, al verle le saludó.

 

   - Don Julián. ¿Qué hace?

 

   Devolvió el saludo al tiempo que le expresaba sus intenciones pues el sueño no quería regresar a su cuerpo. Le rogó que le esperara en el salón que entraba en el servicio y le acompañaba. Esperó donde le sorprendió al salir de la habitación. Al abandonar el servicio, sonrió, fue hacia él y prendiendo su mano bajaron juntos las escaleras hasta abandonar la cabaña. De nuevo la inquietud inundó al profesor, no se explicaba, pues jamás le había ocurrido algo igual. Se sentía mal, no debía salir a solas con la joven en plena noche. Pero a qué santo le venían a estas alturas esos perjuicios, si podía ser su abuelo perfectamente. Pero esas mismas dudas esos pensamientos le tenían preocupado. Él jamás dejaba de actuar por lo que alguien pudiera pensar. Es cierto que siempre trataba de guardar las distancias con sus alumnos pero por mero respeto a esos jóvenes abiertos, naturales, se mostraban tal y como eran. Pero no cabía la menor duda que la educación recibida por muy progre que fuera estaba latente. Dejó de taladrarse. De la mano de aquella chiquilla se dejó llevar, manteniendo su mente en blanco. Al salvar la última barrera de palmeras, árboles y matorrales se descalzó, ella había salido sin calzado. Cuando se dio cuenta no se explicaba cómo había podido ir entre tantas ramas piedrecillas y matorrales sin dañarse los pies, pero la joven solía ir muchas veces con los pies desnudos. Las plantas de sus pies habían desarrollado las callosidades necesarias para poder caminar por esos terrenos sin repercutir en su sistema nervioso. Se sentaron en un gran tronco que hacía meses la mar depositó sobre la playa. Deseaban hablar, aclarar que les ocurría cuando andaban juntos. Que pasó la otra tarde noche. Encontrar alguna respuesta a esas inquietudes, a esas inexplicables tensiones cerebrales. Pero ninguno se atrevía, por el simple hecho que no entendían lo que les ocurría. Por fin Julián inició la conversación aclarando lo que le sucedió a él la otra tarde noche. Cuando ella comenzó a quitarle el calzado sin soltarle la mano, él revivió, como si le estuviese sucediendo en esos momentos, lo vivido con su primer y único amor. El gesto, la acción llevada a cabo por Maureen la otra noche parecía calcada a la vivida hacía la friolera de cuarenta y tres años atrás. Aquello le bloqueo por completo. El oxigeno le faltaba, su corazón, seguro que permaneció parado durante un tiempo. La sangre se le debió congelar, pues sintió un frío jamás experimentado y la suavidad de aquella mano.

 

   - Te juro que llegué a pensar que eras ella.

 

   Fue pronunciar las palabras y un sollozo acompañado de un buen torrente de lágrimas le embargaron. Ella le acompañó, levantándose de su lado se sentó en su regazo y lo abrazó con todo su cariño, mientras sus ojos le acompañaban liberando unas lágrimas.

   No supieron el tiempo que permanecieron en dicha posición pues cuando volvieron a recordar algo, paseaban juntos de la mano por la playa. Las nubes que habían ocultado la luna hasta ese momento se retiraron y su tenue luz iluminó el escenario. Ella iba con una camisola transparente y un diminuto tanga. Dibujándose a la perfección aquel cuerpo que al trasluz mostraba los límites de cada parte de su silueta. 

   Anduvieron unos quinientos metros cuando ella, recuperada de aquella primera confesión se decidió a hablar.

 

    - Sabe Don Julián conecté con usted en el momento de presentarnos Andrea. Y le confesaré un secreto de mi gran amiga. No está enamorada de David, a quien verdaderamente ama es a usted. Por ese motivo el otro día le comenté que cualquier cosa que me pidiera tendría a esta servidora. Andrea es algo más que una hermana, por ella haría cualquier cosa. Cualquier cosa que me pidiera.

 

   - Criaturas de Dios, si puedo ser vuestro abuelo. Pero sé que son circunstancias de las adolescentes que creen enamorarse de cualquier cosa que se desplaza con dos piernas y les habla con ternura. Lo cierto es que últimamente los jóvenes de hoy día están muy faltos de cariño, de amor de vuestros seres queridos. La sociedad que nos hemos montado los aboca a ello. Y en cuanto alguien se preocupa un poco de ellos, les da afecto, pero especialmente comprensión os entregáis como corderitos. Pero el tiempo lo cura todo y eso mucho más.

 

   Intercambiaron pareceres, opiniones, compartiendo algunas cosas y otras respetando a su interlocutor pero no compartiéndolas.  Paseaban enfrascados en la conversación que por fin se había desatado y eliminado toda inquietud cuando prácticamente al unísono los dos soltaron.

 

    - ¡Esta amaneciendo!

 

   Comenzaron a reír y retándose a una carrera, que iniciaron de inmediato, para ver quien lograba la mejor ducha de la cabaña.

       Esa mañana Julián quedaba solo, los jóvenes en compañía del padre habían decidido pasar unos días a Panamá. Aprovechando para perderse por la península de Osa al oeste del sur de Costa Rica, Llegó a Limón en coche acompañado por un compadre de Puerto Viejo y de ahí en avioneta aterrizar en Puerto Jiménez. El abuelo de Andrea le había proporcionado información para poderse desplazar por aquellos lugares abandonados por el ser humano.

   El vuelo fue increíble, un matrimonio y él eran junto al piloto los únicos ocupantes de aquel artilugio volador, disfrutando de un paisaje sin igual. Volaron por encima de  la Cordillera de Talamanca, atravesando ríos, cascadas, montañas, todas inmersas en una selva de un intenso verdor. Allí le aseguraron que habitaban los verdaderos dueños de Costa Rica los Bri Bris. Tenía la intención de encontrarse con un personaje muy peculiar perteneciente a dicha tribu, de la que también provenía el abuelo de Andrea. Quien le aconsejó que buscara un guía para llegar hasta él, pero prefirió intentarlo solo.

   Buscó alojamiento y de inmediato se metió en la cama a descansar. Se levantó muy temprano y fue en busca de un nuevo miembro de la tribu donde el abuelo de Andrea le aseguró que le proporcionaría dos buenas cabalgaduras para desplazarse por esos parajes. Almorzó con aquel personaje y al indicarle a quien iba a buscar le dio algunas indicaciones para que no se perdiera. Lo mejor sería seguir la costa, era más largo el trayecto pero tendría la referencia del mar para no perderse.  Debía ir bordeando la península hasta llegar al rio Arriba, en concreto a Carate, preguntar por el rancho Oreros y allí podría estar en cualquier lugar de la selva. Pero posiblemente sabrían donde localizarlo. Antes de llegar a rio Arriba debería pasar por Matapalos la Endija, por playa de Macc y Agua Buena, próxima a este enclave estaba Carate.

   Antes de llegar a Carate se encontró con un lugar paradisiaco denominado Laguna Vista Lodge, donde pernocto tras un duro viaje. No le quedaba mucho camino para llegar al lugar de destino pero se temía que tardaría en localizar a Alan personaje al que buscaba.

   Descansó como en pocas ocasiones lo había hecho hasta la fecha, fue ducharse y tumbarse en aquella hamaca en el pórtico de su habitación. Tiró de una cuerda para que las mosquetera abarcaran por completo aquel artilugio y sus persianas se cerraron al instante.

   Desayunó fuerte pues le aguardaba una jornada larga y dura, subiendo montaña y andando por la selva. Por fin se encontraba en Rancho Orero, no encontró ni una sola alma, de rancho ni por casualidad se veía algo que pudiera indicarle. Un palo con un cartel medio borrado frente a unos palos indicaba Rancho Orero, pensó que era broma se adentró por un pequeño camino, cuando al poco rato escuchó un ruido que iba en aumento conforme subía junto al cauce del rio. Al llegar a una gran cascada se detuvo, bajó de la montura, ató los caballos a la rama de un árbol y se propuso darse un buen baño en aquella poza donde se despeñaba una enorme cascada. Salían vapores de agua, sin duda de agua caliente. No se equivocó, liberado de sus ropas se introdujo en sus aguas para relajarse. Nadó por espacio de unos minutos para salir y prepararse un buen almuerzo. El olor de aquellos alimentos cocinados despertó la curiosidad de un habitante de la zona que lo observaba desde su llegada. No le oyó llegar, sorprendiéndose al girarse y vérselo a menos de medio metro de él. Julián pronuncio dos palabras de asombró y luego con gestos le invitó a que le acompañara para hacerse con esos alimentos. Aquel personaje con unos pantalones largos confeccionado por él mismo con la piel sin curar de algún animal y una camiseta de marín americano sin soltar prenda se sentó junto a Julián y aceptó el plato que aquel desconocido le ofertaba. Se observaban mutuamente, Julián había sido  aleccionado por el abuelo de Andrea y siguiendo sus consejos se mantuvo sin pronunciar palabra. Hasta que aquel personaje no se dirigiera a él continuaría con normalidad.

   Finalizado el almuerzo, Julián le tendió la mano para recoger el plato, se levantó los limpió en el rio, dejándolos a secar, recogió aquella lona que había puesto en forma de mesa y descolgó de la caballería una hamaca de cuerda. El personaje se levantó sonrió y se perdió por el bosque. Estuvo tentado a conversar con él, pero estaba convencido que era Alan y las indicaciones del abuelo eran claras, de haber pronunciado palabra no lo habría encontrado de nuevo. Se mordió la lengua y prosiguió con su cometido. Acopló el artilugio entre dos árboles y se tumbó con la correspondiente protección a dormir la siesta. Efectivamente aquel personaje escondido entre el ramaje de la selva observaba al visitante. Sentado sobre un tronco a cubierto por el ramaje de la selva permanecieron los treinta minutos que duró aquella siesta. No retiraba el artilugio y observó como fotografiaba todo aquel contorno, los interminables árboles, las plantas, las flores, la cascada, la poza, el rio, los mil bichos que se desplazaban por el lugar. Subiendo un poco podía tomar unas vistas increíbles del océano. Comenzaba a oscurecer y el atardecer le proporcionó unas instantáneas de una belleza plástica maravillosa. Regreso a la poza, descargó por completo a las cabalgaduras y se metió en su hamaca para pasar la noche.

   Fue levantarse y de nuevo zambullirse en aquella poza. En el pequeño hornillo de gas se preparó, junto a una buena fuente de frutas troceadas un café con leche, de nuevo la presencia del mismo personaje del día anterior, de nuevo le ofreció un plato repleto de fruta, y un tazón de café, pues iba a ponerle leche y el personaje separo sus labios para decir.

 

   Solo.

 

   Era la primera palabra que escuchaba de aquel nativo, pero debía esperar. Sacó huevos y bacón y preparó de nuevo dos platos con dos huevos cada uno y tres grandes cortadas de bacón, cocinando en una sartén los huevos con la grase del bacón. Sin mediar palabra le tendió uno de los platos y sacó una botella de vino español que llevaba especialmente para una ocasión como aquella. Cuando Alan probó aquel vino volvió a despegar sus labios para preguntar. Era lo que estaba deseando Julián desde su encuentro con el personaje.

 

   Es español en concreto un rioja.

 

Tomó la botella en su mano y leyó

 

   Pujanza 2005.

 

De nuevo sus palabras invadieron aquel espacio que se había resguardado de la voz humana. De nuevo aquel nativo preguntó.

 

   Conoce a los Bribri, sin la menor duda.

 

   Julián dejó ese tiempo eterno que solían dejar los nativos, para serenar la conversación, para reflexionar sobre lo que se iba a decir, para recrearse en ese país de Pura Vida. Esa estrategia también se la enseñó el abuelo de Andrea. Cuando por fin se decidió a contestar y confesarle que venía por consejo del abuelo de Andrea, se dejó el plato en la lona, hizo levantar a Julián y se abrazó primero de izquierdas y luego de derechas. Se volvieron a sentar y de nuevo un mundo para volver a romper el silencio del paraje. En el transcurso de esa conversación que duro hasta la hora de la cena, y no precisamente por la cantidad de cosas que se intercambiaron con palabras pues estas fueron más bien escasas, pero si hubo una gran transmisión del lenguaje corporal. Julián le contó la frase de San Francisco de Asís, que por supuesto no sabía quién era, ni pimientos le importaba.

 

   “Deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco”

 

   Le sonrió, dejó una pausa infinita. Parecía que las palabras también precisaban su pausa para saborearlas, analizarlas y sobre todo reflexionar lo dicho o escuchado.

 

   - Es posible que ese sea el camino de la felicidad. Pero yo no deseo ni ese poco.

 

   Le preguntó donde tenía su choza, porque a bien seguro casa no tenia. Su choza era la selva, cada día disponía de un nuevo lecho, una nueva bañera, un nuevo comedor, eso sí le aseguró el techo siempre es el mismo, azulado con una luz intensa, u oscuro con millones de destellos. Le contó porque permanecer en un lugar si el mundo era muy extenso y podías dormir, comer, bañarte, hacer tus necesidades en cualquier lugar. Allí donde te apeteciese descansar, dormir, comer, correr, saltar, bañarte.