miércoles, 12 de marzo de 2014
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN SEGUNDA PARTE ANDRÉA CAPITULO OCTAVO COSTA RICA
CAPÍTULO OCTAVO
COSTA RICA
En taxi, Julián pasó a por David para ir al
aeropuerto y disfrutar de once horas de vuelo. Andrea les advirtió que
contrataran un vuelo local de Alajuela al aeródromo de Limón. Pues tras un
vuelo de esa duración realizar el viaje por carretera les resultaría
excesivamente duro. Por el estado de las carreteras pero especialmente por la
densidad del tráfico de camiones. Ella misma en compañía de sus abuelos les
aguardarían en el aeródromo de Limón, para llevarles hasta la cabaña en Puerto
Viejo, donde pasarían el verano. Así se lo comunicó a los dos la última vez que
contactaron por Internet. El viaje se les hizo algo pesado y una vez en tierra
un gran letrero luminoso anunciaba el lema del país. “COSTA RICA. ¡PURA VIDA!”.
Salvados los correspondientes controles, pasaporte y equipaje, en un vehículo
eléctrico, los condujeron por las inmediaciones de la terminal hasta llegar a
las pistas auxiliares donde la avioneta que los llevaría al cantón de Limón les
aguardaba. Fue verla y bromeando Julián soltó.
Si se
esto, David, me quedo en España con E.T.A., estaría más seguro que si subo a
ese aparato.
No sin los reparos y el consiguiente miedo
en el cuerpo se adentraron en aquella lata con alas. Otras cuatro caras con la
misma palidez en sus rostros se acoplaban en aquel habitáculo. La hélice del
morro comenzó a marearse aumentando el motor las revoluciones, ésta giraba a
mayor velocidad hasta que tímidamente aquella ave mecánica comenzó a
desplazarse lentamente por la pista. Con la mirada Julián dio un barrido a los
pasajeros de aquel viaje al paraíso, no estaba muy seguro si irían directamente
o podrían disfrutar de la selva y playas del Caribe sur de Costa Rica. Eran
auténticos poemas, lanzando al viento cálido y húmedo esa poesía de terror que
sus rostros componían a cada paso que se deslizaban por la pista. Un primer
intento para elevar el morro falló, para de nuevo aquellas ruedas volver a
contactar con el suelo. Mayor potencia al motor y esta vez sí parecía que las
tres ruedas abandonaban la tierra. Los tripulantes no estaban muy convencidos
pero ya era tarde para volverse atrás. Al chequear de nuevo los rostros pudo
comprobar la expresión de los pilotos, observó la tranquilidad y la
despreocupación de una tarea mecánica y cotidiana cosa que le permitió
relajarse un poco. También ayudó las imágenes verdes que impactaban en sus
retinas ofreciendo la belleza de las poblaciones, de la selva, de las montañas
y las ruinosas carreteras.
“Bueno”
Pensaba Julián
“Después de
todo creo que no ha sido mala idea este viaje, por ahí abajo no creo que
vayan mucho más seguros que nosotros”.
Tuvieron suerte pues había salido un día
despejado. De vez en cuando un badén del viento les hacia descender con
brusquedad diez, quince metros para de inmediato recuperar la altura. No
tardaron mucho en ver la costa y el contraste de colores volvieron a recrear
sus retinas.
- Amárrense
bien, vamos a tomar tierra.
Las palabras del copiloto aconsejaba
mantenerse rectos y pegados al sillón y las cintas de los cinturones bien
amarraditas a sus cuerpos. El primer contacto con el suelo les hizo botar al
compás de la avioneta. Hasta tres maravillosos botes dieron en sus asientos en
compañía de aquel artilugio volador. Poco a poco la tensión fue relajándose a
medida que la velocidad disminuía hasta tal punto, que se llegó a escuchar los
profundos suspiros entre el pasaje de la avioneta. David localizó a Andrea
junto al edificio del aeródromo agitando sus brazos, saludaba a sus invitados.
Fue directa a su maestro y abrazándose le
agradeció que aceptara su invitación. Besó sus mejillas para perderse en los
brazos de su amor mientras sus labios buscaba con ansias la humedad de sus
bocas calmando esa sed de día sin verse con el intercambio de sus químicas. Luego
presentó a sus abuelos que aguardaban pacientemente a que su nieta finalizase
los saludos. Un buen carro les aguardaba en el aparcamiento de tierra del
aeródromo, acoplaron el equipaje en el maletero y a continuación se alojaron en
los asientos del carro. Cincuenta minutos por una ruinosa carretera les llevó
hasta Puerto Viejo. Sumergido entre selva, playa, pero especialmente bañado por
el Caribe, aquel paraíso asombró a sus visitantes. Se detuvieron en un puesto
de frutas. Los extranjeros pensaron que iban a comprar pero en una mesa de
madera casera pues habían aprovechado la tala de un árbol para convertir sus
raíces y el tronco en esa improvisada mesa, empleando el resto del árbol para
confeccionar las sillas. Ahora eso sí, no se molestaron ni en limar o
pulir un poco esas sillas. Allí les ofrecieron unas bebidas refrescantes servidas en el
mismo cuerpo del coco. La joven dependienta saludo en primer lugar a los
extranjeros deseándoles una buena estancia en esas tierras, luego se abrazó a
Andrea y a los abuelos. Se llamaba Maureen y era una amiga de Andrea de la
niñez. Trabajaba en aquel chiringuito en la población próxima al embarcadero de
pescadores y junto a la carretera que llegaba de Limón. Le fue presentado en
primer lugar su maestro Julián y luego le tocó el turno a su amor. Tras
refrescar sus gargantas se despidieron de la joven quedando en verse al
atardecer para salir juntas. De nuevo en el vehículo prosiguieron hasta playa Uvita donde se encontraba la finca de los abuelos. Bajó la joven, retiro la
puerta de la valla e iniciaron su entrada por un camino adornado por la selva
que invadía aquel espacio. Tras doscientos metros ante ellos se mostraba una
cabaña abrazada por los árboles, palmeras y plantas de la selva. Al fondo y
cuando la brisa despejaba un poco el ramaje se contemplaba el azul deslumbrante
del Caribe. Era una cabaña de dos plantas, la casa de la playa. La principal se
encontraba ubicada en una pequeña colina al otro lado de la carretera, pero los
abuelos de Andrea ubicaron a sus invitados allí la playa donde Andrea se
trasladó para pasar esos días junto a sus invitados. Su amiga del alma Maureen
se instaló esos días para compartirlos con los invitados y su amiga. Ahora bien
le tocaba trabajar todos los días seis hasta las dieciséis, librando un día a
la semana siempre y cuando éste no fuera domingo. Se acercaban muchos ticos a
pasar su día de descanso y era el de más trabajo. Pero la tarde noche la tenía
libre para salir con el grupo y relajarse un poco de la jornada.
La cabaña constaba de planta baja y una
altura. En la primera se ubicaba la zona de servicio, cocina, comedor salón, un
par de aseos y un impresionante pórtico que rodeaba la cabaña. En la planta
superior habían dos habitaciones con sus respectivas camas dobles, que junto a
un servicio.
Un pórtico un poco más reducido que el de la
planta baja completaba la edificación.
No era una vivienda que se pudiera
distinguir ni desde la playa y mucho menos desde la carretera. La selva parecía
que se engullía la cabaña. Tres hamacas en el pórtico superior y otras tantas
en la planta baja completaban el lugar de veraneo. Los abuelos habían asignado
a un matrimonio para atender el servicio de la cabaña tanto para la comida como
para el aseo de la vivienda. Una vez acoplados los viajeros se despidieron
hasta el próximo día donde los esperaban para comer en la finca principal. Les
proporcionaron un todo terreno para desplazarse por la zona. Se aproximaba la
hora del fin de jornada de Maureen les metió prisa para que se ducharan cambiaran
de ropa y juntos en el vehículo recoger a su amiga. El maestro suplicó que
tuvieran consideración con su edad no era un chiquillo y estaba muy cansado
optando por quedarse tras la ducha y dejó que la pareja se fuera sola. Aunque
en un principio pensó meterse en la cama, cambió de opción y en el pórtico de
las habitaciones se tumbó en una de las hamacas con vistas al Caribe. Los
tortolitos en el vehículo se adentraban en la selva en busca de la carretera
principal.
El ramaje por acción de la brisa permitía de
vez en cuando. A través del escaso hueco libre, la vibrante superficie de aquel
mar de tonalidades increíble. El atardecer daba paso a la noche y el colorido
del paisaje variaban a cada instante. Julián, en posición horizontal sobre
aquel artilugio flotante pudo disfrutar de los sonidos, de la humedad, de las
tonalidades que se dibujaban en aquel firmamento de ensueño. Disfrutando de
todo lo que la Naturaleza en un lugar casi salvaje brindaba al espectador. Ante
aquella representación concentró sus sentidos en los sonidos, en los aromas, en
los roces del aire con su piel, o en las visiones proporcionadas por la magia
de aquel rincón del mundo.
Cuando la luz regresó a sus ojos, la tenue
luz de una luna llena, que parecía que jugara como un niños al aparecer y
desaparecer entre el ramaje, por la acción de la brisa. La luz se reflejaba en
las aguas del Caribe portando unos destellos melodiosos, rítmicos y acompasados
por todos los agentes naturales del entorno. Los grises y blancos se mezclaban
con el verdor casi negro del ramaje. Estaba solo en la cabaña, los jóvenes
debieron estar, pues había muestras de su presencia. Sin duda al verle tan
plácidamente dormido le permitieron proseguir con sus sueños, sus fantasías,
sus penas, sus pesadillas, sus recuerdos, sus deseos, sus pecados... Sonrió, se
incorporó aposentándose como si de una butaca se tratase, los pies colgando las
posaderas sobre las cuerdas y siguiendo la línea de la columna hasta el hueso
occipital reposó sobre el trenzado de su hamaca. Los recuerdos, sus
preocupaciones, mamá, su hermana, su cuñado, sus clases, su cátedra, la
retahíla de alumnos que habían pasado por sus manos fueron recorriendo su
mente. En ciertos instantes inhalaba profundamente el aire para expulsarlo
lentamente y recobrar su estado emocional ante determinadas imágenes que
circulaban por sus neuronas. Llevaba unas escasas horas en aquel lugar cuando
se percató de la tremenda necesidad de descansar que tenía. Aquellas dos horas
durmiendo le habían recuperado de toda la fatiga del viaje, de la avioneta, del
curso. Le pasó por la mente sacar el ordenador y ponerse a trabajar pero de
inmediato su subconsciente se lo bloqueó borrando, difuminando, desintegrando
tales pensamientos. Sonrió de nuevo unas respiraciones profundas para captar
todo el oxigeno posible del ambiente. Trataba de conquistar y asumir toda la
calma de ese momento, de ese lugar, de esa paz. Los sonidos de la noche, el
desfallecer de las olas en la playa para recuperar energías y regresar. Ahora
recordaba la dulzura de las voces de sus habitantes en armonía con el entorno,
las edificaciones casi ruinosas pero sin destrozar el paisaje. La sencillez y
educación del servicio que les habían asignado. La afabilidad de la poca gente
con la que se cruzó. Sin duda ese país era el ideal para recuperarse del estrés
de la sociedad europea, del estrés de las ciudades, del trabajo, del discurrir
diario en cualquier ciudad del otro lado del charco. La luz y el aterrador
sonido del vehículo con sus jóvenes alumnos le hicieron volver de sus
cavilaciones. Se levantó para ir al encuentro del trío, que regresaban de un
concierto de música.
Miró el reloj de pulsera, las cinco y
quince, la claridad despuntaba entre el ramaje mientras los primeros sonidos
emitidos por las aves del lugar se escuchaban con claridad. Saludó a los recién
llegados para abandonar la cabaña perdiéndose por la senda que conducía a la
playa. Dejó sus sandalias sobre un tronco en el límite con la arena para
iniciar un paseo por el linde del mar.
Al regresar Maureen se había levantado y
desayudaba para incorporarse al trabajo. Lo saludó e invitó a sentarse para
reponer fuerzas. Iba a ir a la cocina para prepararse algo pero el servicio
suplicó al señor que se sentara que de inmediato le llevaban lo que deseara.
Una fuente de ensalada de frutas junto a un buen vaso de zumo fueron las
primeras calorías que le ofrecieron. Mantuvo una agradable conversación con
aquel matrimonio, con la joven y luego se ofreció para acompañarle hasta su
puesto de trabajo. Cuando propuso coger el coche le rogó que si no estaba muy
cansado prefería ir por la orilla. Así pues se descalzaron para posar los pies
en la arena y en grata conversación fueron paseando al tiempo que sus pies se
refrescaban con las aguas de la mañana. Al llegar al chiringuito se despidió de
la joven para perderse por la pequeña población y conocer las cuatro casas que la
formaban. Paseaba frente a las instalaciones del banco nacional cuando una
pareja de las fuerzas del orden le pararon y solicitaron la documentación.
Conversó con los agentes y pudo descubrir que ese país centroamericano no
poseía ejército. Hablaron especialmente de fútbol. Ni que decir tiene que el
Madrid y el Barcelona fueron el motivo y centro de la conversación. Se confesó
aficionado de la Real Sociedad aunque a decir verdad no era demasiado
partidario del circo tendido por ciertos sectores apoyados por las autoridades.
En la despedida comentaron que se verían por ahí si acostumbraba a pasear a
esas horas. Al regresar a la cabaña David y Andrea desayunaban, se saludaron
dándose los buenos días y les confesó que había ido a acompañar a Maureen al
trabajo. Cuando observó como Andrea se enfadaba por no prender el coche, le
calmó confesando que lo intentó pero la muchacha prefirió ir paseando por la
playa. Esa mañana la pasarían en la cala de la cabaña y a media mañana se
desplazarían a la vivienda de los abuelos para comer juntos. Luego por la tarde
los anfitriones les tenía preparada una excursión a caballo. David era el único
que no había montado y estaba, aunque ilusionado, algo temeroso. Así pues su
primera jornada, tras la noche, en Costa Rica la pasaron en familia. Sobre las
trece horas comieron. No realizaron ni sobremesa se levantaron para ir a las
cuadras donde les tenían preparadas las monturas. Lo cierto es que la excursión
mereció la pena. Se adentraron por parajes de una belleza increíble, impensable.
Y el desplazamiento sereno y tranquilo en las cabalgaduras les permitió
recrearse en el paisaje. Aquellas inalcanzables copas de los árboles que se
alzaban rozando el cielo, aquellos ríos torrenciales y precipitándose por
cascadas sin principio o esos tres o cuatro lagos impresionaron a nuestros
viajeros. En un rellano algo despejado del ramaje descabalgaron. Amarraron los
animales y siguiendo una senda se aproximaban a un ruido ensordecedor. Por fin
pudieron divisar la procedencia de aquel impactante sonido. Una cascada cercana
a los cincuenta metros se precipitaba sobre aquella poza, de color blanco por
la constante espuma que se formaba. Siguieron subiendo aproximándose cada vez
más a la cascada y a mayor altura de la poza de la que partieron. A unos veinte
metros, el sendero se perdía por detrás de aquel enfurecido torrente de agua.
Era indescriptible, de una belleza sin igual. Pero no se podía mantener una
conversación por el estruendo de las aguas al precipitarse y solo el lenguaje
mímico permitía intercambiar alguna idea o asombro sobre lo que percibían.
Por la noche se acercaron a Manzanillo,
población a unos veinte minutos de Puerto Viejo circulando por ese camino de
tierra y adornado cada cinco metros por algún bache que otro. Por fin llegaron
a una pequeña cala, un escenario sobre la playa se encaraba con las mesas del
restaurante Maxim. Allí pensaba cenar esa noche. Andrea les aseguró poder
deleitarse con el mejor marisco y pescado de toda Costa Rica. Además un grupo
de música tica y un cantautor actuaban en el escenario preparado para dar el
pequeño concierto. El espectáculo fue de cierta calidad pero quien deleito a
los presentes fue Maureen que no vaciló en saltar a la pista y contornearse al
ritmo del conjunto tico para acompañar la música con el movimiento de sus
caderas. Siguiendo el compás de las notas y ambas parecían que acompañaba a las
olas del Caribe que rompían a pocos metros en la playa.
Mientras Andrea ponía al corriente a su
maestro sobre su amiga. Tuvo que solventar su vida muy joven. No contaba con
diez años cuando, al morir su familia en una de las últimas inundaciones que se
produjeron por la zona, tuvo que valerse por sí misma. Es cierto que sus
abuelos le apoyaron y ayudaron en sus primeros años cuando se hizo cargo del
negocio de sus padres. Pero desde que dejó la escuela a petición propia
manejaba sola el negocio. Los abuelos se encargaron de tutelar pero vivía en
su casa a pesar de haberle ofertado vivir con ellos. Pero era una joven
demasiado independiente y como pudieron comprobar que sabía defenderse pactaron
esa independencia, pero a ellos los tendría siempre que los necesitara.
Como a la mañana siguiente Maureen no
trabajaba regresaron tarde a la cabaña y allí sentados en las hamacas de cuerda
conversaban sobre sus inquietudes y su futuro. Julián sonrió siempre le había
chocado como a la mayoría de la gente, la preocupación del futuro les impedía
disfrutar del presente. Nunca sabe uno lo que le puede suceder por eso siempre
decía que se debía vivir el presente con intensidad pues no había llegado y en
un instante nos abandonaba.
Esa paz, ese ritmo natural, esos jóvenes,
ese país, ese lugar del que había oído y leído, tenía un algo mágico y en esos
momentos lo percibía con una realidad que le llegó a estremecer. David y Andrea
se levantaron para dar un paseo por la playa y disponer de un poco de
intimidad. Julián quedó con Maureen conversando. Le asombraba la madurez de
aquella joven tan diferente a la visión frívola de sus alumnos de Donostia.
- ¿Que les
da a sus alumnos don Julián? Los tiene embelesados. Andrea creo que está más
enamorada de usted que de David. No para de hablar de usted desde que
llegó.
Sonrió ante la afirmación de aquella
chiquilla. Dejó unos segundos para que el silencio impregnara el ambiente y
manteniendo el gesto en su rostro comentó.
- Cuando un
educador consigue darle a sus educandos lo que más precisan, tiene su trabajo
completamente despejado. La dificultad está en acertar en el mayor número
posible y si este es elevado el resto le sigue y la maduración en el equipo
viene sola.
Comenzó a largar toda una lección
filosófica de la vida y aquella criatura le contemplaba llena de admiración y
asombro. Se habló del amor, de las relaciones, del sexo, de donde estaba la
felicidad. De los jóvenes de un lado y del otro del charco. Julián siempre que
salía en una charla con sus alumnos el tema de la felicidad siempre lo resumía
en dos frases una propia y otra de San Francisco de Asís. La primera rezaba en
los siguientes términos. “Jamás busquéis la felicidad fuera de vosotros, porque
nunca la encontraréis. Ésta se encuentra en el interior de cada uno y difieren
bastante de las del resto”. La segunda, la que pertenecía al santo lo hacía con
las siguientes palabras. “Deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco.” Le
explicó que eran dos formas de enfocar la parte profunda de la vida existencial
de toda persona.
jueves, 6 de marzo de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE - ANDREA - CAPITULO-VII- PATXI
CAPÍTULO
SÉPTIMO
PATXI
Las vacaciones de semana santa finalizaron y
de nuevo re-emprendió la marcha cotidiana. Esas vacaciones Julián pudo comprobar
con tranquilidad el progreso asombroso de ese tercero de secundaria que
tutelaba desde la indisposición de su tutora. Andrea seguía creciendo en
responsabilidad, en trabajo y sobre todo en puntualidad. La influencia de su
tutor fue decisiva en ese valor tan decaído últimamente en la sociedad. Las
cosas por casa no iban mal del todo y había podido ver a su padre en una
ocasión desde la última vez. Fue muy efímera pues solo estuvieron en puerto una
tarde y ni siquiera llegó a salir de recinto portuario. Eso si Andrea se
mantuvo con su padre las horas que permanecieron amarrados. Había sido un
invierno duro pero con el inicio de la primavera la temperatura iba
suavizándose. Llevaba más de un mes sin recibir una sola amenaza de la banda y
aunque él ni se percató de ello sus escoltas si estaban al tanto y esa
situación era significativa que preparaban algo.
Ese viernes dio su primera clase a su
tutoría, luego al otro tercero y a continuación un cuarto para coger el primer
recreo en el que reponer fuerzas. Fue entrar en su despacho y sorprenderse al
ver esperando a un antiguo alumno del centro. Por lo menos habían llovido más
de treinta primaveras desde que abandonó la enseñanza en el centro. Se trataba
de un etarra fichado y perseguido por las fuerzas de seguridad. No se inmutó le
dio la mano, pero aquel hombre se abrazo a su maestro. Julián aceptó la muestra
afectiva de aquel personaje y antes de preguntar él se adelantó.
- Don
Julián le vengo a prevenir. No crea que me ha sido fácil llegar hasta usted, los
escoltas que…
Julián atónito ante las palabras del Patxi,
así le llamaban en el centro educativo cuando estudiaba, le interrumpió.
- ¿De qué
me estás hablando?
El intercambio de aclaraciones y preguntas
se enteró en esos momentos que llevaba, desde la visita a su madre por el mes
de noviembre, escolta proporcionada por el ministerio del interior y costeada
por su madre. No podía dar crédito a lo
que le estaba revelando. Su madre no cambiaría jamás. Tenía que haberlo
intuido, parecía mentira que fuera tan estúpido e ingenuo. Ahora recordando
momentos en las Navidades su hermana hizo un comentario que no comprendió muy
bien pero como no le gustaba mantener conversación con ella no lo aclaró. Con
la confesión de aquel hombre lo veía claro.
Se había arriesgado para advertirle que la
banda intentaba acabar con él. Estaba resultando demasiado molesto y la
dirección opto por borrarlo del mapa. Le confesó que había faltado a lo más
sagrado que le había enseñado. Mantenerse fiel a sus ideales cayera quien
cayera. Ahora traicionaba a los suyos, al advertirle de las intenciones. Pero
le confesó que su padre había fallecido hacía tan solo un mes y en el lecho de
muerte le hizo jurar que impediría por todos sus medios que le hicieran nada a
aquel maestro que les tendió una mano cuando mas apurados estaban. Julián
socorrió hacía la friolera de poco más de tres décadas a esa familia. Tutoraba
el curso de Patxi y éste le comunicó la situación en la que se encontraba la
familia. En esa época el poder adquisitivo de Julián no era excesivamente
boyante había huido de su familia y los recursos económico de los que disponía
provenían de la retribución recibida por la adquisición de la medalla de oro.
Como en esos tiempos convivía en la vivienda de su compañero de equipo utilizó
esos recursos para ayudar a esa familia. Es cierto que luego fueron devolviendo
la cantidad prestada poco a poco pero les salvo a su padre incluso de la cárcel
y de la ruina total de la familia. Al recordar aquella acción, previo
expresar sus más sinceros pésames y su petición de transmitirlos a su madre, le
aseguró que no estaba obligado a nada. Siempre actuaba por convicción. Patxi,
no se justificó le comunicó que aunque aquello supuso un gesto impagable, él
nunca habría traicionado a su grupo si no se lo hubiese jurado a su padre en el
lecho de muerte. Aquello era superior a cualquier otra promesa o fidelidad a
nadie. Estaba terminando el recreo y Patxi, rogó a Julián que lo sacara en el
coche fuera del recinto pues los escoltas especialmente en los descansos
estaban muy atentos. Le dio las llaves de su coche le indicó cual era y le
pidió que bajara y se escondiera en los asientos traseros, el bajaría al minuto
y lo sacaría del centro educativo. En el momento que Patxi introducía la llave
en el coche fue sorprendido por uno de los escoltas que le empujó contra el
coche y pistola en mano le obligó a separarse con las manos sobre el capó y las
piernas separadas. A los dos segundos se personaba el otro escolta y lo primero
que comprobó fue el vehículo. Había una bomba lapa. La banda se había
adelantado a Patxi y pretendían acabar con el maestro ese mismo día. De inmediato
la Ertzaintza se personaba en dos coches patrulla. Mientras un gran tumulto se
armó en el centro educativo. La alarma de evacuación sonó y todo el alumnado
fue evacuado para evitar males mayores. A Julián no le dio tiempo ni de salir
del despacho tuvo que desviarse para salir a la calle por otra puerta contraria
a los aparcamientos. De inmediato la prensa se personaba. Cuando Patxi fue
entregado a la policía autónoma los escoltas fueron de inmediato junto a Julián
y le pidieron que le acompañara hasta las dependencias policiales. No sabía que
eran los escoltas y pensó que serían del servicio secreto de la policía. Pero
antes de acompañarlos les pidió la documentación. No fuera que todo aquello era
un montaje para que aquellos personajes fueran los organizadores de todo aquel
tinglado y lo raptaran. Estaban sacando la documentación cuando Julián llamó la
atención de una policía autónoma que pasaba cerca y le pidió que comprobara la
documentación de los dos personajes. Los tres representantes de la ley sonrieron
y ella comentó
- Son oficiales del gobierno central del
grupo de escoltas asignados al País Vasco.
Agradeció a la representante de la ley y a
continuación se disculpó. Volvieron a sonreír y le aseguraron que era lo que
debía hacer siempre en todo momento. No fiarse de nada ni de nadie. Preguntó
por Patxi y le confirmaron que se lo habían llevado a comisaría para ponerlo
ante el juez. Era un etarra en busca y captura desde hacía tiempo y le
sorprendieron en su coche. Aclaró que había ido a visitarle y advertirle de las
serias amenazas de la banda. Les fue explicando todo con detalle, desde el
inicio hasta que iba a sacarlo él con discreción del centro educativo.
En la comisaría trató de ponerse en contacto
con el detenido pero estaba incomunicado, nadie se podía acercar.
Prestó declaración y al salir de la
comisaría para incorporarse a su puesto de trabajo una nube de periodistas
aguardaba su salida. Retrocedió y junto con los escoltas consiguieron
desaparecer sin ser detectados desde los garajes del centro en compañía de una
patrulla de la Ertzaintza. A su llegada al centro su coche había sido retirado
y llevado a un lugar más seguro para la desactivacion del artefacto.
Cuando entró en conserjería le informó que
el claustro estaba reunido en el salón de juntas, acudió y nada más entrar por
la puerta todos sus compañeros lo avasallaron. En la reunión pensaron que lo
más aconsejable en esa situación era anular las clases de ese día al ser
viernes. Tras ese fin de semana se reanudarían con normalidad las actividades
escolares. Su móvil no paraba de vibrar lo miraba e inmediatamente lo apagaba.
La reunión finalizó y Julián se topó con prácticamente todo tercero de
secundaria, con su equipo, como le solía denominar para recordar las
primeras palabras del curso, arropado por varios alumnos del otro nivel.
Rodearon a su maestro desvelando todo el cariño y afecto que le tenían. Varios
padres se habían desplazado hasta el centro para saber de sus hijos y poco a
poco se fue congregando una buena cantidad de ciudadanos, la mayoría en apoyo
al maestro. Otros, los menos, porque no decirlo en contra de la banda armada.
Julián pudo aprovechar el tumulto para irse con David y Andrea, pues el padre
del muchacho había ido a buscarle. Advirtieron a Julián que un coche les
seguía, se giró y tranquilizó a la familia al reconocer a sus escoltas.
Mientras bajaba del coche agradecía a la familia el haberle traído hasta el
palacete. En esos momentos los escoltas andaban comprobando los aledaños del
edificio. Julián se aproximó a la pareja e invitó a entrar en casa para
visionar las grabaciones del sistema de seguridad. El palacete estaba bien
protegido por un sistema sofisticado de control por cámaras visibles y otras
ocultas, controladas por un centro donde mandaba de inmediato cualquier
incidente al ordenador mientras un aviso en el móvil mostraba cualquier posible
incidente. Su padre lo había contratado hacía años pues al no asistir con
frecuencia temía posibles robos. Un mes antes de morir había modernizado el
sistema y Julián por precaución esos últimos años lo había puesto a la última.
Los escoltas preguntaron la posibilidad de poder recibir también la alarma en
sus móviles, ante la afirmación y el correspondiente permiso programaron el
ordenador del sistema para que realizara dos llamadas más. Les proporcionó dos
aparatos que tenía para cuando se personaba la familia o amigos.
En casa telefoneo a mamá. En un principio
pretendía darle una buena reprimenda por no haber consultado con él, pero se
dio cuenta que era muy mayor y los nervios ante los acontecimientos le tendrían
alterada. Le tranquilizo e incluso, en contra de su manera de obrar, le
agradeció el desvelo y su preocupación. Especialmente la actitud de su hijo le
proporcionó la seguridad que buscaba pues su hijo ahora pondría más
precauciones. Fue concluir la llamada telefónica, entró en la cocina y se tomó
un tente en pie. Cuando entró en su despacho redacto varias notas para los
periódicos en términos duros, nunca empleados anteriormente contra la banda de
asesinos. Cuando los dirigentes de la banda fueron conocedores del contenido de
los manifiestos de Julián optaron por acabar con aquel personaje de una vez por
todas. Parte de los integrantes pretendían secuestrarlo para bajarle los humos
al personaje pero mantenerlo vivo sería mucho más perjudicial para la
propaganda de la banda que liquidar le por ello decidieron preparar
meticulosamente el atentado. Ese sábado su casa era un entrar y salir gente.
Principalmente alumnado de los centros educativos donde impartía clases.
Incluso varios alumnos y profesores de la universidad se desplazaron desde
Victoria para dar su apoyo al profesor.
Andaba un poco cansado de los últimos
acontecimientos, la situación de la sociedad, los rumbos de la política en
Europa y especialmente en Euskadi le tenían cansado. Ese años le correspondía
una reducción de jornada en septiembre pero en el mes de mayo hubo una
modificación de la norma laborar y se le retrasaba esa posibilidad hasta el
siguiente año. Esa circunstancia pero especialmente el cambio de la ley
educativa donde intuía un fracaso total lo desmotivaron profundamente. Tuvo que
realizar verdaderos esfuerzos para reponerse y poder continuar. Estuvo en un
gris de tirar la toalla, pero ese mes de junio la respuesta de su alumnado y
especialmente de ese tercero “equipo” B elevaron su moral hasta tal punto que
le hicieron renacer con mas fuerzas para afrontar un nuevo curso.
Andrea junto a su madre y frente a su tutor
aguardaba las calificaciones de fin de curso. Estaba convencida de haber
superado todo, pero los resultados de la evaluación cero y la primera no le
daban la confianza total. Al tenderle el boletín comenzó a dar saltos de
alegría mientras se abrazaba a su tutor y besaba sus mejillas una y otra vez.
Había obtenido unas calificaciones excelentes. Su madre inexpresiva miraba a su
hija y luego cruzaba su mirada con aquel personaje. Desde el primer día que se
cruzó con el artífice del éxito de su hija no conectó en absoluto pero
especialmente cuando comenzó a flirtear con él y se desentendió por completo.
Sentía celos de aquel personaje. Serio y al mismo tiempo divertido, con un gran
talante para la mediación de cualquier tipo. La adolescente no desligaba sus
brazos del cuello de su maestro, un poco tenso por la mirada de la joven,
tampoco sabía el porqué de ese rechazo, pero prendiendo por las muñecas a la
joven comentó al tiempo que trataba de deshacerse de esa maraña de brazos en
torno a su cuello.
-
Andrea que mi mujer está por ahí y es muy celosa.
La expresión de extrañeza de madre e hija
hizo comprender a Julián. Tras las aclaraciones oportunas comenzaron a reír los
tres.
Ese verano Andrea pasaría todas sus
vacaciones en Costa Rica. Los abuelos deseaban tenerla. Su padre acudiría los
quince días de vacaciones que se cogía para estar con ella. Mientras que su
madre prefirió quedarse en Donostia, seguramente realizaría un crucero con el
socio.
Andrea invitó personalmente a Julián a su
casa en el cantón de Limón. Seguramente lo pasaría en la finca de sus abuelos
en Puerto Viejo, pero lo mismo se quedaba en Limón donde residía normalmente su
familia.
Esa semana la pasó de reuniones en el centro
educativo y de exámenes en la facultad. Pero el primer día de vacaciones se
acercó a la prisión alavesa de Anclares de la Oca donde permanecía encarcelado Patxi. No
le permitieron estar con aquel preso más de cinco minutos pero en esa
conversación pudieron expresar todo su agradecimiento. Antes de despedirse le
preguntó si deseaba que le llevara algo que necesitase y le permitieran tener
para en la siguiente visita llevárselo. Se despidieron hasta el siguiente
encuentro y regresó a Donostia.
En casa, escuchando música en su despacho meditaba sobre el verano. Le
apetecía relajarse un poco. La idea de ir a Costa Rica, bueno concretamente al
país tico no, pero la idea de ir a un país de Centro América lo llevaba tiempo
masticando y la propuesta de Andrea no le parecía mala del todo. Se había
informado sobre todos los países de esas latitudes y pudo contrastar todas las
informaciones. Sin duda el de mayor seguridad era la nación de Andrea. Se
decidió a llamar a David, quien le confirmó que se pasaría una temporada de ese
verano en Costa Rica. La propuesta de su profesor para ir juntos le encantó, no
se encontraría tan aislado al contar con alguien conocido. Solo no hubiera ido
pues pensaba que estaba un poco fuera de lugar, pero al ir con David la
situación cambiaba bastante. Le confirmó que pensaba sacarse el billete a
finales de julio para regresar con Andrea. Mostrando él la necesidad de
regresar antes. Los exámenes de septiembre y la preparación del nuevo curso le
aguardaban. Si bien ya había comenzado a preparar el siguiente curso. Así pues
tras colgar el móvil entró en las compañías aéreas y reservó los billetes para
las fechas acordadas con David. Inmediatamente se preparó el equipaje pues a la
mañana siguiente volaba a Barajas, su hermana partía esa mañana temprano a la
costa con su marido y su madre como Julián comentó que iba se quedó hasta que
se fuera a Costa Rica. Entonces ella se acercaría a Gandía para pasar el resto
del verano con su hija.
Los días que permaneció en Madrid con su madre, dedicó íntegramente el
tiempo a ella. Acudieron a pasear, de tiendas, a conciertos, al cine, a
diferentes espectáculos, museos, exposiciones. En fin que no pararon durante
esos días por fin a la mañana siguiente volaba a Centro América. Acompañó a su
madre al aeropuerto y cuando la vio entrar por la puerta de embarque con un
gesto de mano se despidió, regresó a casa y pasó el resto del día descansando.
No encendió para nada el ordenador, ni la televisión. Las horas las consumió
escuchando música y leyendo un par de novelas.
miércoles, 26 de febrero de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE - ANDREA - CAPITULO VI -EL PADRE DE ANDREA
CAPÍTULO
SEXTO
EL PADRE DE ANDREA
Esa mañana se lanzó en brazos de su maestro.
Papá llegaba ese mismo día. Con suma delicadeza y mientras se alegraba en
compañía de su alumna fue deshaciéndose de esos brazos que abarcaban su cuello
y mientras le mostraba sus deseos de conversar con él le rogó que fuera a
vestuarios para iniciar la clase de esa mañana. Era una persona muy cercana a
los jóvenes pero trataba de evitar al máximo todo contacto con ellos, era
consciente que los adolescentes se comportaban de esa manera y siempre con suma
delicadeza trataba de guardar las distancias.
Siempre lo había hecho pero desde el incidente, en su juventud con
aquella nadadora, se mantenía alerta para evitar en lo posible el contacto
directo. Tanto si se trataba de un muchacho o una muchacha. Su edad, su estado,
no se había casado, las noticias constantes en la prensa sobre abusos de
monitores y profesores con su alumnado, le tenían en guardia. Jamás ni en
pensamientos se le pasó por la imaginación tener una relación con alguien al
que impartía clases. No le había pasado con sus alumnas de la universidad,
muchísimo menos con esos menores a los que quería y trataba como si hubieran
sido sus hijos. En una ocasión manteniendo una charla improvisada con Andrea
está le pregunto por qué no se había casado. Sonrió a aquella criatura y con
esa forma de ser le llegó a afirmar que ninguna mujer se había atrevido a
enfrentarse con un personaje como él. Cuando ella le manifestó que no se lo
creía, era un encanto de hombre y cualquier mujer se volvería loca por casarse
con él. Sonriente le respondió que algún día se lo contaría. Fue decirlo y
comprendió de inmediato su torpeza, a una adolescente no se le podía ir con
intrigas de ese tipo. Pero lo había dicho y no cabía marcha atrás. Durante
la clase observó y comprobó lo desorbitada que estaba. Tener a su padre tras
seis largos meses le tenía algo alterada. Pudo comprobar al terminar la clase
su estupidez, Andrea salió de vestuarios la primera y fue junto a su profesor
para que le confesara ese secreto que le comía la curiosidad. Con la sonrisa en
los labios le soltó una de sus frases preferidas, pero lo hizo en francés: “La curiosité est la mère de tous les
vices” y sin darle tiempo material a preguntar su significado le respondió
“La curiosidad es la madre de todos los vicios”. Ella insistía una y otra vez.
Gracias a Dios el margen de tiempo era muy escaso y pronto le dejó tranquilo
pues ambos debían acudir a sus respectivas clases para proseguir la jornada. Durante
el recreo el director pedagógico le llamó. No tenía ni idea del motivo de su
llamada, pero tampoco le preocupaba. Desde muy joven siempre le había importado
un pimiento las advertencias, las llamadas de atención, las alabanzas, era algo
de lo que pasaba olímpicamente. En sus reflexiones diarias, nunca se iba a la
cama sin analizar el día, repasaba toda la jornada para corregir posibles
errores o insistir en sus momentos lucidos. Él lo haría muy bien, bien,
regular, mal, o muy mal, eso le tenía sin cuidado. Lo importante se decía, era
poderse levantar por las mañanas con la conciencia tranquila. Era una de esas
personas con gran confianza en sí mismo. Pero nunca afirmaba nada con
rotundidad. Comentando siempre que era su verdad y como toda verdad en este
mundo siempre es relativa. Eso si en muy pocas ocasiones cambió de opinión.
Al entrar por el umbral de la puerta el director se levantó y
abrazándose le mostró su satisfacción por el cambio tan radical de ese tercero
de secundaria. Varios padres se habían personado en su despacho para mostrar su
agradecimiento con el trato que estaban recibiendo sus hijos ese curso.
Anteriormente el claustro mostró su asombro ante el cambio de actitud de
aquellos incontrolables adolescentes. Pronunció su nombre personal mientras
sonreía y comentaba que parecía mentira que con los años que se conocía todavía
se asombrara de algo. Él solo cumplía con su obligación, el problema estaba en
el resto de la plantilla que en los últimos tiempos se estaban relajando.
Volvió a lanzarle la retahíla de fallos que se estaban cometiendo en educación,
así como, según su visión, la educación debía cambiar el rumbo actual.
Ciertamente el profesorado era el que se debía adaptar a las nuevas
generaciones, pero una cosa era adaptarse y otra muy distinta dejarse manejar
por la sociedad, por los padres y en bastantes casos, últimamente, por los
mismos alumnos.
- Sabes muy bien.
Proseguía comentando.
- Podré estar o no en lo cierto
pero mis principios, mi ética, mis valores nadie me los cambiará, me iré a la
tumba con ellos.
El director le interrumpió para aconsejarle
que no continuara especialmente en la prensa con esa línea contra E.T.A. le
tenían en el ojo de mira y posiblemente lo sentenciarían. Pero Julián en vez de
acobardarse se engrandeció, era sabedor que aquel compañero se movía por
círculos de la izquierda abertzale.
-
Nadie me hará vivir con miedo mi vida, si ha de acabar ahora mismo que termine
pero ningún ser de este mundo logrará que viva con miedo.
Es cierto que el último artículo de prensa
era sumamente duro con aquella banda de asesinos, pero no comprendía como
luchaban para lograr ser independientes extorsionando, amedrentando, sembrando
el miedo y la muerte. Si lograban su objetivo someterían al pueblo al mismo
yugó con tal de mantenerse en el poder. ¿Por qué libertades luchaban por las de
pueblo Vasco, o realmente por las suyas a costa del resto? Podía entender,
aunque no compartir, que desearan la independencia pero los métodos que
empleaban eran totalitarios y eso ya lo había sufrido durante demasiados años
el País. Sin duda aquellos asesinos pretendían prorrogar ese estado del miedo,
de leyes orgánicas, las que le salía del mismo nombre al caudillo. En fin que
detestaba todo acto de violencia y más aun si cabe le enfurecía como pocas
cosas el amedrentar a la gente con el miedo. Su compañero estaba preocupado por
aquel increíble maestro, él también era capaz de entender a su amigo, aunque
Julián nunca llegó a intimar hasta considerarle como amigo, pero tampoco
compartía su forma de pensar. Se despidieron no sin el temor en el cuerpo del
director, el se movía por esos círculos de la izquierda y era consciente que se
la tenían jurada. Últimamente aparecía con demasiada frecuencia atacando
duramente a la banda tanto en la prensa, como en la radio o la televisión. No
perdía oportunidad para atacarlos asegurando que eran el verdadero cáncer de
Euskadi.
Acababa de preparase la comida, ya se había
sentado en la mesa con todo en orden para poder comer con tranquilidad mientras
sentía las noticias en la televisión vasca. El comunicado de E.T.A. le hizo
llevar la atención a la noticia. Unos encapuchados leían un manifiesto contra
el gobierno central y en los últimos párrafos de la nota amenazaron a Julián.
No nombraron su nombre pero el mensaje era claro hacía él pues hacían
referencia al artículo publicado el día anterior. Si que nombraron le titulo
del articulo. Iba a reanudar la ingestión de alimentos cuando le sorprendió el
sonido del móvil. Se levantó fue hacia su habitación y pudo comprobar que se
trataba de su madre. Había escuchado la noticia y suplicaba a su hijo que se
dejará todo y regresara a Madrid ahí con protección podría vivir en paz.
Tranquilizó a su madre y le aseguró que ese fin de semana se acercaría a la
capital para charla y hacerle compañía. Fue colgar y maldecir a esos asesinos
que no dejaban en paz a ser viviente. Le dolía en lo más profundo de su alma
que su madre se enterase pero también estaba convencido que la entupida de su
hermana había sido quien se lo notificó. De la misma forma pondría la mano en
el fuego quien se lo contó a su hermana había sido el prepotente de su marido.
Pero ahora no había solución esperaba que con su viaje a Madrid ese fin de
semana solventara en parte la preocupación de su madre. No hacía ni tres
minutos que colgó la comunicación con los de casa cuando de nuevo, esta vez se
lo había llevado a la mesa, volvió a sonar. Era Andrea que también lo había
escuchado y estaba profundamente preocupada. Quito hierro al asunto
asegurándole que llevaba años recibiendo continuas amenazas de esos asesinos.
Si no habían actuado hasta la fecha se debía a las discrepancias dentro de la
organización. Aquel maestro era un personaje demasiado querido por un gran
número de personas y muchas de ella no precisamente con el mismo punto de vista
que él. Incluso sus más duros adversarios reconocían el gran valor del
personaje. Para distraerle del asunto
por el que había telefoneado le comentó.
- ¿Bueno ya
tienes a papá en casa, no?
De
inmediato se olvidó del tema confesándole que lo tenía a su lado y le había
mostrado su interés en hablar con él. Trataron de quedar para el sábado, pero
Julián ya se había comprometido con su madre y lo subsanaron en quedar a comer
el complejo deportivo gastronómico del Paseo de la Concha ese viernes.
Esa semana recibió infinidad de apoyos de
compañeros, alumnos, periodistas, padres de alumnos y editoriales tanto de
prensa, radio y televisión manifestaban el apoyo de todos al personaje.
Especialmente en la facultad llegaron a realizar una concentración en protesta
contra el comunicado de la banda. Su madre le telefoneó todos los días e
incluso cuando, según ella, presentía que le había pasado algo le llamaba dos y
tres veces. Siempre estuvo muy cariñoso y quitando hierro, restando importancia
a lo que la gente decía. Tenía ganas de que llegase ese sábado. En primer lugar
para tranquilizar a su madre y en segundo término para recriminar seriamente a
su cuñado y hermana lo crueles que habían sido con mamá.
No le gustó nada que se personará el
matrimonio con Andrea. Confiaba que sería una entrevista personal entre padre y
tutor. Resignado no puso el menor pero y ordenó al metre que pusiese dos
cubiertos más en la mesa. Aunque el salón estaba a tope consiguieron acoplarles
una mesa de la cocina de mayores dimensiones para que su clientela se sintiese
más cómoda. Las cartas se repartieron a los cuatro comensales y cuando el padre
de Andrea escuchó la marca de vino que pedía su esposa le llamó la atención
sobre el precio. Julián intervino de inmediato.
- Son mis
invitados y todo lo que esté en la carta pueden pedirlo sin el menor problema.
El dinero es dinero nada más y gracias a Dios hoy por hoy me puedo permitir
estos lujos.
Su mujer se hizo la ingenua.
- No me
había dado cuenta. Por favor Don Julián pida otro vino.
Julián volvió a insistir que no había
problema.
- Además hoy también lo probaré.
De esta forma solventaba la tirantez en la
mesa. Poco a poco fueron entrando en conversación y la pareja se sentían
profundamente agradecida hacia el maestro. Había sido un apoyo impagable todos
sus desvelos y el enorme apoyo que su hija había encontrado en él. Ciertamente
Andrea había mejorado de una forma espectacular, pero Julián sabía tras las
primeras semanas que aquella chiquilla tenía cualidades para el estudio. Solo
era menester que encontrase un apoyo para poder superar todas las dificultades
que se le presentaron, algo lógico para cualquier inmigrante. Prosiguieron
charlando en uno de los salones del centro mientras los cafés y alguna copa
caían durante la conversación.
David entró a las dos horas de estar en el
complejo, Andrea se levantó y despidiéndose de los presentes se fueron a dar
una vuelta para regresar a casa a la hora de la cena.
La conversación fue fluida, se notaba la
confianza de la pareja en su interlocutor. Ella al comienzo andaba temerosa
pensando que tal vez en el encuentro que mantuvieron después del incidente en
su casa saliera, pero Julián se cuidó mucho de tocar otro tema que no fuera
relacionado con Andrea. Por supuesto que aquello le afectaba pero su
intervención habría perjudicado a la jovencita y no habría resuelto nada. Ese
asunto era lago que debían solucionar en el seno de la familia. Era consciente
que si aquella mujer seguir manteniendo relaciones con el socio tarde o
temprano se enterarían y mientras tanto él podía seguir con la recuperación de
la joven. Consciente que de destapar él la infidelidad de su esposo, éste al
regresar a la mar quien lo sufriría sería Andrea y su misión era proteger a la
joven para madurar en las mejores condiciones.
Se despidieron, no sin antes quedar en verse
de nuevo ante cualquier cambio de la joven. No se lo pensó dos veces se acercó
a casa y no tardó más de veinte minutos cuando su coche circulaba por la A-8,
para en la intersección con la A-1 desviarse por ella y acercase a la capital
como había quedado con su madre. Es cierto que está no lo esperaba hasta la
hora de la comida del sábado pero Julián entraba en la mansión de su madre
cerca de las dos y media de la madrugada. Solo el guarda jurado de la entrada
se enteró que el señor de la casa había llegado. Estaba bastante cansado habían
sido unos últimos días duros por el agobio de la gente, era de las cosas que
peor llevaba, pero era consciente del aprecio que en general le tenían. Se
levantó como siempre a las seis de la mañana, aun acostándose tarde le costaba
mantenerse en la cama más allá de esa hora. También era cierto que por regla
general se iba pronto a la cama. Llamó a la cocina, sabedor de las costumbres
de su casa. No se equivocó el equipo de cocina comenzó su tarea a las seis, lo
habitual en aquella mansión. La jefa del servicio se extrañó, pues al igual que
todos, esperaba al señor a la hora de comer. Presta se puso manos a la obra
para preparar y llevar el desayuno que el señor solía tomar. Pero antes de
colgar solicitó de su señor si quería algún cambio en el desayuno. Ante la
negativa colgaron y ella junto a una cocinera se pusieron a preparar el primer
alimento de ese día para el señor. Siempre las denominaban habitación pero
aquello era una impresionante suite de un gran hotel, pues amen del recinto
donde estaba ubicada la cama habían tres dependencias más con acceso por medio
de sus respectivas puertas, un gran salón, donde solía desayunar siempre que
iba a casa, un enorme despacho y un servicio que más bien parecía las
instalaciones de un club de natación. Tras el aseo personal se mantuvo en su
despacho trabajando hasta que el servicio le avisó, tras saludarlo y mantener
una distendida conversación. Era el único, junto a su fallecido padre, que
solía interesarse por los problemas de sus empleados. Pues el resto de la
familia solo emitía órdenes o confirmaban afirmaciones, pero nunca se entablaba
dialogo entre el servicio y los moradores de la mansión. El rostro y la
gesticulación de aquella mujer era diferente a cualquier otro día, conscientes
del trato por igual que aquel maduro personaje y su padre que en la gloria lo
tenga el Señor les ofrecían. Siempre interesándose por sus problemas cotidianos
y acordándose de cualquier problema o situación por la que pasaban aunque ésta
se hubiera producido hacia tiempo. Cuantos problemas solucionaron al servicio
tanto aquel hombre como su padre cuando se lo planteaban. E incluso escucharon
reprimendas de la señora de la casa. Pero especialmente de la hija y esposo de
ésta. No se les quería demasiado por el personal, pero este en deferencia al
señor y a su hijo, cumplía con desvelo su cometido. En la conversación que
mantuvieron le agradeció la ayuda recibida para que su hijo no dejara los
estudios. Sonrió asegurándole que no lo habría hecho con alguien del que
estuviera seguro que no lo utilizaría bien. Con lágrimas en los ojos aquella
madura empleada del hogar plasmó dos sonoros besos en la mejilla de su padrón.
Era una pena que aquel personaje no se hubiera quedado en casa pero lo
comprendían perfectamente con las dos señoras que rondaban por ahí no se podía
convivir siendo como era el señor. Pero estos pensamientos jamás se los
transmitió sabedora que adoraba a su madre a pesar de los pesares, de la que no
estaba tan seguro que apreciara era a su hermana. Le enervaba hasta el alma
aquella pedante mujer por no hablar de su querido esposo.
Cuando la señora se enteró que su hijo
estaba en casa se enfadó con el personal y refunfuñando entró en los aposentos
de su hijo que se encontraba en esos momentos en el despacho aprovechando el
tiempo. Se lanzó a los brazos de su pequeño, cercano a los sesenta años,
mientras esté con el cariño que le caracterizaba trató de mostrar a su madre
que había sido materialmente imposible avisarle pues llegó de madrugada. No
paraba de repetirle que abandonara todo y regresara a casa allí convertiría la
mansión en un bunker inexpugnable. Julián abrazado a su madre mientras
deslizaba su mano por sus cabellos trataba de explicarle que eso no era vivir y
prefería mil veces acabar de un tiro o saltando con una bomba lapa antes que
recluirse y vivir como un ermitaño. Su razón de vivir era su verdad aunque no
estuviera en lo cierto, adoraba la vida que estaba llevando porque le permitía
vivir tal y como a él le gustaba. Le propuso abandonar el país y reanudar una
vida nueva en otro lugar, pero con la serenidad que le caracterizaba trató de
explicarle a su progenitora que eso sería peor que morir. Renuncia a sus
ideales, a sus valores, a sus responsabilidades como ciudadano pero
especialmente como educador, profesión de la que disfrutaba y a la que no
traicionaría por nadie ni por nada en este mundo. Como podía abandonar todo y
huir cuando había estado pregonando a viento y platillo que en la vida uno se
debía enfrentar ante las injusticias, denunciándolas, dando ejemplo a la gente
que por sus condicionantes no se atrevían a enfrentarse a ello y los tiranos se
aprovechaban precisamente de esas circunstancias. Estuvo muy cariñoso con su
madre, y en deferencia a ella soportó las estupideces de su hermana y cuñado.
Incluso jugó con los C. D. A. de sus sobrinos. (Capullito de alelí, siglas que
empleaba en los claustros de profesores para referirse a ciertos alumnos,
mimados y consentidos que trataban de torear al profesorado, especialmente lo
empleaba con los del gabinete de psicología del centro muy acostumbrados a
detectar casos pronunciando simplemente las siglas de su problema). No era
ninguna mofa a los casos realmente detectados. Personalmente ponía cuerpo y
alma en atenderles con la mayor profesionalidad y sacando tiempo de donde fuera
para paliar los efectos de sus problemas en el rendimiento académico, pero
nunca acudía a la jefa del departamento de orientación. No se explicaba cómo
podía dirigir el departamento cuando ni siquiera tenía un criterio propio, o lo
cambiaba a la mínima insinuación de cualquier profesor, aunque no estuviese muy
docto en la materia. Cuantas veces le había comentado al director pedagógico
que uno de los canceres del centro era precisamente dicha profesional, por
decir algo. Cuando encontraba dificultades para atender uno de estos casos iba
a un prestigioso pedagogo de la facultad lo invitaba a comer y charlaban sobre
el asunto.
Partió hacia Donostia a media tarde. La
semana se le presentaba movidita y deseaba llegar antes de la cena a casa, dar
un repaso a lo que se le avecinaba y acostarse. En casa había tenido tiempo
para trabajar todas las actividades de esa semana pues el domingo también se
levantó a las seis horas y hasta que llegó su hermana con la familia le dio
tiempo a prepararlo todo.
Ese mismo lunes su madre contactó con el
ministro del interior, el padre del político había sido compañero de colegio de
su marido y en ocasiones solían comer o cenar los dos matrimonios. Le atendió
de inmediato y charlaron largamente sobre el asunto que le preocupaba. Estaba
dispuesta a correr con los gastos, pero deseaba que le proporcionaran una
escolta profesional. Aquel personaje le aclaró que ya estaba en marcha el
asunto pero esa semana tenía que desplazarse al País Vasco y lo resolvería
personalmente con el director general de la Ertzaintza.
El lunes al entrar en clase Andrea le
tendió la agenda donde su padre había solicitado una entrevista personal con el
tutor. Julián firmó el documento pertinente y quedó con el padre de Andrea el
miércoles por la tarde, pues más tarde resultaba imposible ya que esa misma
noche del miércoles embarcaba para hacerse de nuevo a la mar.
En un principio habían quedado a las
diecisiete horas en el complejo deportivo gastronómico del Paseo de la Concha
pero como esa mañana del miércoles Andrea en su clase le comunicó que prefería
un lugar privado, el colegio estaría bien. Julián quedó con la jovencita que le
acompañara hasta su casa y allí libres de todo espía podrían conversar sin el
menor problema.
Aunque en un principio el padre de la
criatura deseaba mantener una conversación a solas con el tutor de su hija,
está no se lo consintió le quedaban unas horas para estar junto a él y no iba a
separarse de su lado por nada ni por nadie. Dios sabe hasta cuándo no lo
volvería a ver. Intentó persuadirle pues el tema que deseaba tratar era delicado
y pensaba que su hija no estaba al tanto de ello. Pero al ver su expresión
cuando le comento que prefería hablar a solas con su profesor. Claudico y pensó
que encontraría un momento para comentarlo sin su presencia.
Comieron, reposaron y padre e hija paseando
se acercaron al palacete de Julián que tenía preparada en el salón una pequeña
merienda. Se saludaron y los invitó a pasar. Tomaron acomodo en los sofás y
comenzó la charla.
El padre de Andrea estaba preocupado, en los
escasos días que había estado en Donostia el comportamiento de su socio no le
daba buenas sensaciones, y deseaba que Julián personalmente estuviera al tanto
de Andrea. El trabajo había separado al matrimonio y su relación no andaba en
sus mejores momentos. Le notaba indeciso, la presencia de Andrea le paraba,
pero Julián sabedor que su hija sabía todo rompió la lanza para que aquel
hombre se pudiera expresar sin tapujos.
- No tenga
miedo. Sabe que su socio y su mujer se entienden. ¿Verdad? En una charla con su
mujer me lo contó y su hija lo sabe porque los pillo infraganti.
Aquel hombre se sorprendió pero al mismo
tiempo sintió un gran alivio al poder hablar sin tapujos. Su matrimonio se
había roto desde hacía tiempo y lo que hiciera su mujer con su vida le tenía
sin cuidado, pero si le preocupaba, y mucho su hija. Lo había observado en
multitud de ocasiones, siempre en periodos de tiempo cortos pues su parte del
trabajo era principalmente en la mar. Pero aunque sospechaba y esa semana le
había sorprendido aprovechándose de una menor en la fábrica. Intento conseguir
testigos para denunciarlo pues él no lo había visto, solo se lo comentaron de
oídas, pero todos los que podrían haber testificado, incluso la menor se
negaron en rotundo y ahora temía que pudiera hacerle algo a Andrea y el solo
pensarlo lo tenía fuera de sus casillas.
Julián le tranquilizo y le prometió que
estaría al tanto ante cualquier problema. Ella tenía su móvil y su dirección
amen del centro educativo bastaba con avisarle y acudiría presto en su auxilio.
jueves, 20 de febrero de 2014
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE - ANDREA - CAPITULO V - ALTA TENSIÓN
CAPÍTULO QUINTO
ALTA TENSIÓN
En la sala de reuniones Andrea con alguna
que otra lágrima relataba todo lo sucedido la tarde anterior. Como su madre le
retiró el móvil para que no pudiera contactar con nadie. Seguía hablando y
hablando. Él atento a cualquier detalle que confesaba la adolescente. Cuando
percibía excesiva tensión le daba la mano y con la ternura de un padre la
apretaba con suavidad, mostrando que estaba allí, que se serenase, que no le
iba abandonar. En la charla que mantuvo a la fuerza con su madre llegaron a un
acuerdo. No le contaría nada a su padre si dejaba en paz a Julián. No sabía
nada de toda la problemática que le seguía a aquel genial maestro pero en
apenas un mes lo apreciaba como a pocas personas. Junto a su padre aquel
profesor le había calado profundamente y su madre no era buena, seguro que era
capaz de hacerle daño. Eran puros celos lo sentido por su progenitora con aquel
maestro. Desde el primer día en la escuela no hacía otra cosa que hablar de él,
muy por encima del jovencito que le había gustado, David. Luego cuando ambos
ganaron el campeonato de Vóley playa pasó a oírse solo el nombre de aquel
personaje. Le confesó que las palabras de su madre en su propia casa le
dolieron tanto como la infidelidad a su padre. Él solo se había ofrecido para
apoyarle en un momento muy difícil y su madre solo se le ocurrió atacarle.
Proseguía confesándose ante aquel profesor y cuando sus miradas se cruzaban
todo el cariño se reflejaba en aquel maduro rostro que escuchaba con una
atención increíble y poco común todo cuanto se le ocurría decir. El tiempo del
recreo se agotaba y ambos debían ir a sus respectivas clases. Antes de
separarse le rogó que en la cita con su madre le gustaría tenerle presente. Fue
escuchar las palabras cuando atropellándose le suplicaba que no comentara sobre
el asunto de la tarde anterior. Su madre no se lo confesó. Ahora se lo confesó
a él pues la noche anterior no le dio tiempo a contarle la razón de su
presencia a esas horas. Pellizcó con delicadeza su mejilla y se separaron.
Ese próximo viernes le tocaría quedarse una
hora más. La clase de trece cinco a catorce que tenía con primero C de
bachillerato se la pusieron de catorce veinte a quince, quince. Y el hueco
dejado en el horario lo emplearía para la tutoría semanal con el tercero B de secundaria.
Ese miércoles se quedó a comer en un
restaurante cercano al colegio, la quedar por la tarde con el secretario para
coger información de sus tutorados, permaneciendo en el centro hasta cerca de
las veintidós. Luego en casa comenzó a ordenar toda la información repasando
expediente por expediente. Como ya se figuraba la tutora de ese curso no
llevaba ni un solo registro de sus tutorados y le tocó buscar, investigar y
llamar por teléfono a todas las casas de ese tercero B. Con el portátil a mano
fue confeccionando las diferentes entrevistas con los diferentes padres,
solicitando que sus hijos estuviesen presentes en la reunión. Llegó al
expediente de Andrea. No estaba muy seguro si debía llamar o esperar a la
contestación por medio de la agenda. Sistema por el que se valía el centro
educativo para contactar con los padres. Pero se olvidó de ese sistema del
centro porque precisaba reunirse cuanto antes con los familiares de ese curso
que no había comenzado con buen pie, pues más del ochenta por ciento en la
evaluación inicial tenía graves deficiencias. No se lo pensó dos veces, Andrea
era del grupo la que más dificultades iban a tener en ese presente curso. Su
nivel estaba por debajo de la mayoría y no se le venía, salvo en educación
física, motivada para los estudios. Marcó las teclas de su móvil y pronto se
puso al aparato. Se presentó y aunque la conversación fue bastante fría le
atendió con educación. Quedaron en verse ese mismo sábado pues la urgencia para
resolver la situación de la joven así lo requería. Las primeras entrevistas estaban programadas
para ese viernes por la tarde iniciándose a partir de las diecisiete. Toda la
mañana del sábado y la tarde se reflejaba en su agenda del portátil para
entrevistarse con los familiares. Tanto las primeras entrevistas del viernes
como las primeras del sábado las reservó para los alumnos con menos problema.
El viernes en las tres primeras horas de diecisiete a veinte recibiría a doce
padres a razón de quince minutos por alumno. Mientras que de veinte a veintidós
recibiría a otras cuatro familias a razón de media hora con cada una. Al día
siguiente iniciaría la tanda de entrevistas a partir de las nueve hasta las
once, donde otras ocho familias pasarían la entrevista a razón de quince
minutos y por último de once a catorce recibiría a las seis familias restantes
a razón de media hora por entrevista. Reservó la última para reunirse con
Andrea y su madre. Les invitó a comer en el restaurante “La Perla” a las
catorce horas, de ese modo si se retrasaba un poco disponía de un margen de
media hora para su cita con ellas.
El viernes también comió fuera de casa,
últimamente no se estaba preparando la comida. El comienzo de clases en la
universidad, el hacerse cargo de la tutoría de tercero B, y el retraso en sus publicaciones
semanales le daban poco margen para la cocina. Aquel grupo de muchachos y
muchachas irrumpieron en un estrepitoso aplauso a su nuevo tutor. Esa última
hora de los viernes se les había hecho siempre eterna pero aquel personaje les
hacía sentirse cómodos, sin tensiones, sin miedo a decir lo que se pensaba y el
debate que preparó fue increíble. Supo poner freno cuando era necesario, limó
asperezas que aparecieron y al finalizar la sesión les aseguró que ahora se
querían más, pero especialmente sabrían respetarse. Fue una dinámica que
comenzaron con muchos reparos, con indecisiones, sin decir todo lo que llevaban
dentro pero finalizaron pidiendo más tiempo. Por él se habría quedado hasta las
entrevistas con los primeros padres aunque no comiera pero tenía clase a
continuación con bachiller y debía desplazarse al otro edificio un par de
manzanas más allá del centro de secundaria. Pero alargó la tutoría casi esos
veinte minutos del segundo recreo. Les prometió que seguirían donde se quedaron
la siguiente semana. Sugirió que le agregasen al Facebook, el que lo deseara,
consciente de la información que podría obtener para atenderlos mejor. Comunicó
también la dirección de su Blogger, donde solía escribir para los jóvenes,
sobre temas educativos. Siempre tratando de trasmitir a su alumnado, valores.
Tratando de trasmitir el error del consumismo atroz de occidente. De denunciar
los programas basura que tanto daño estaban causando a la juventud.
Dio su última clase de la semana y fue a
comer a “La Perla”. Antes de partir encargó mesa para el día siguiente. Allí se
reuniría con Andrea y su madre para enfocar las líneas a seguir y conseguir que
esa inteligente mujercita no desperdiciara ese año. Consiente que la mayoría de
los inmigrantes adolescentes solían fracasar el primer curso en otro país.
No tuvo tiempo para mas, en coche volvió al
centro educativo, donde le esperaba la primera entrevista. Fue una tarde larga
y densa. Julián nunca se involucraba en cómo se debía educar pero si les fue
marcando las pautas para que sus hijos se organizaran. Su experiencia en la
educación y sus años anteriores como tutor y a pesar de esa pausa prolongada en
ese menester educativo le permitieron afrontar la tarde con éxito. Encontró de
todo, desde personas a la defensiva hasta parejas atacando desde el principio,
pero logró llevarlos a su terreno consiguiendo de padres y alumnos el
compromiso de pactar un plan de trabajo diario. Ciertamente quedaron gratamente
satisfechos del nuevo tutor, con la profesora anterior no habían contactado ni
siquiera por medio de la agenda. Aquel profesional no llevaba dos días en el
cargo y ya se había molestado en conocerlos. Asombrándose por el conocimiento
tan profundo de sus hijos. Solo llevaba un mes con ellos. En ocho horas de clase
tenía un conocimiento de su alumnado muy superior a cualquier otro tutor que
tuvieron en cursos pasados. Al llegar a casa se puso de inmediato a pasar la
nueva información a los expedientes de los alumnos y familias entrevistadas.
Los problemas personales, familiares, laborales y de salud fueron reflejándose
en cada ficha. De las dieciséis entrevistas que realizó esa tarde, con el
consiguiente permiso grabo diez de ellas, cuatro rogaron que si no era
imprescindible preferían que no se grabara la conversación y dos se negaron en
rotundo. La verdad, es que Julián no forzó en absoluto el grabar la entrevista.
Y se sintió muy satisfecho al comprobar que un buen número la aceptaron. Eso le
permitía captar una mayor cantidad de información, pequeñas cosas que se dijeron
pero que en la información global que tenía le permitió encontrar nuevas
estrategias para afrontas situaciones con sus tutorados. A la cama se fue muy
tarde, cerca de la una de la madrugada, situación no muy común en él, pues no
le gustaba en absoluto trasnochar. Madrugar lo llevaba mucho mejor. Como tenía
la tarde y el domingo en esas horas podría ir preparando nuevas estrategias y
alguna que otra entrevista más con los padres de algún alumno que tal vez
deberían cambiar el plan de trabajo, pues en el tiempo de la entrevista no le
dio tiempo a asimilar cual sería para algunos alumnos concretos el mejor. E
incluso estaba convencido que aun habría que entrevistarse más veces con
algunos de ellos. Se fue muy cansado a la cama pero satisfecho del resultado.
Le preocupaba la última entrevista con Andrea y su madre. Era fundamental
después de lo sucedido el jueves entrar con buen pie. No había sido mala señal
que aceptará mantener la entrevista durante la comida. Pero Julián desconocía
completamente el carácter y personalidad de aquella mujer. Luego no poder
tratar uno de los principales problemas que estaba afectando a su alumna sería
cuanto menos complicado su adaptación a su ya difícil situación. Con esos
pensamientos le sorprendió el sueño. La música de la cadena le despertó. Fue
directo al servicio y tras las oportunas descargas se duchó y se vistió para ir
a la cocina a prepararse el desayuno. A las ocho treinta aguardaba en la sala
destinada a entrevistas a los primeros padres. Tuvo suerte esa mañana pues
todos acudieron con una puntualidad inglesa y en varias de ellas les sobró
tiempo. De las trece entrevistas, antes de acudir a “La Perla a comer y
finalizar con Andrea y su madre. Ocho de las realizadas esa mañana no pusieron
el mínimo inconveniente en que se grabara. Tres se negaron en rotundo y dos
preferían que no se realizara, pero dieron permiso si lo creía imprescindible.
En esas dos entrevistas aceptó sin ninguna objeción el reparo que en un
principio les habían presentado. Con su cartera, su portátil y su grabadora
subió al coche y fue directo al parking del complejo deportivo gastronómico.
Era pronto y mientras se hacía con el aperitivo fue repasando la estrategia a
emplear.
Pasaba media
hora de la cita, cuando Julián pensó que no se presentarían. Iba a pedir la
comida cuando aparecieron serias y muy arregladas. Se levantó de inmediato y
fue a su encuentro. Al cruce de su mirada con la joven esbozó una leve sonrisa,
mientras la tirantez en el rostro de la madre era patente. Tendió su mano a la
señora y con un gesto educado le saludó. En primer lugar manteniendo la silla
le invitó a ocupar su lugar en la mesa, colocándose detrás con la silla en sus
manos para acercarla a medida que descendía para sentarse. El metre realizó la
misma operación con la jovencita.
La tensión se
mascaba en aquella mesa. El metre les ofreció la carta y las mujeres comenzaron
a leer los diferentes platos de la carta. Él lo acababa de realizar unos
minutos antes de llegar la pareja.
Permanecía en silencio aguardando a la elección de los platos, el vino o la
bebida por parte de sus comensales, cruzaba su mirada con la joven y su
sonrisa, dulce y picarona como la de cualquier adolescente le mostraba todo el
aprecio que sentía por él. La madre no era ajena a la comunicación corporal de
su hija con aquel profesor y aunque simulaba estar leyendo la carta no les
quitaba ojo. Por fin se decidieron a pedir los platos que degustaría al igual
que el vino. La joven pidió una coca cola. Mientras aguardaban a que les
sirvieran el primer plato Julián rompió el fuego con un par de cumplidos y
entrando en el tema directamente. La conversación algo cortante de un principio
fue mejorando poco a poco, tal vez el vino, de alta calidad que solicitó, un
Château Margaux, tuvo la culpa. Pero especialmente la habilidad de aquel
profesor que consiguió llevarle a su terreno. Ni se le ocurrió pedirle permiso
para grabar la conversación pero fue altamente positiva para conocer diferentes
situaciones que afectaban a su alumna. En la sobremesa sentados en uno de los
salones del complejo y mientras degustaba un café y Andrea devoraba una gran
copa de helado de varios gustos, la madre sorprendió a los dos confesando el
incidente de la otra tarde, mientras se disculpaba por el comportamiento que
había tenido con él cuando fue a su casa. La botella le había costado cerca de
los seiscientos euros pero hubiera pagado miles por conseguir los resultados
que estaba obteniendo. Pues no solo le proporcionó información que ni se había
imaginado sino que Andrea tan sorprendida como él al escuchar las disculpas,
provocó que afectivamente se aproximara un poco a su madre, cosa que hasta la
fecha no había logrado y mucho menos tras el incidente.
La botella se le había subido un poco a la
cabeza y cuando comenzó a flirtear con Julián, al percatarse de inmediato se
excusó. Como habían ido andando les acompañó a casa despidiéndose hasta una
próxima vez, no exenta la despedida de un cierto grado de tensión por la
actitud de aquella señora.
Se iniciaba el mes de noviembre y Julián
decidió solicitar permiso a los padres de su tutoría para pasar desde el
viernes al salir de clase hasta el sábado por la mañana en un albergue juvenil
para realizar una convivencia. Los chicos tan solo debían llevarse la comida y
la cena de ese día. En el albergue les proporcionarían el desayuno y un pequeño
almuerzo a media mañana poco antes de regresar a casa. Dos semanas antes de la
convivencia ofertó a su alumnado de la Universidad la posibilidad de realizar
una práctica voluntaria con jóvenes de secundaria. Se ofrecieron dos chicos y
dos chicas de quinto curso, que daban clases de maestría de natación con él.
Durante los días previos a la convivencia se reunió con ellos para exponerles
el plan de trabajo. Mientras unos se encargarían de preparar actividades
deportivas, otros deberían preparar dinámicas de grupo. Los cuatro eran alumnos
destacados de su asignatura y apreciaban a su profesor, por ello fue pedirles
algo y aceptar sin pensarlo. El se entregaba plenamente en su trabajo y siempre
que alguno se acercaba a él para pedirle algo o aclarar cualquier duda, estaba
siempre dispuesto. Era la primera vez que les pedía un favor personal y ni lo
dudaron. Se sentía orgulloso de sus alumnos y unos días previos a la
convivencia se reunieron para ultimar los detalles. No era persona que le
gustara improvisar nada. Fue estudiando todos los expedientes que había
recopilado hasta la fecha y planteo varias estrategias para dicha convivencia,
sabedor que después de la misma lograría el empujón necesario del grupo para
avanzar en su educación. Ya se los había ganado a todos, el camino estaba
asfaltado, era necesario mantener al equipo sin que se saliera de la calzada y
si lo lograban entre todos el éxito sin ningún género de dudas sería total.
Por fin llegó el gran día veinticuatro horas
sin los papis, los adolescentes tenían preparadas esas veinticuatro horas por
su cuenta. Comieron en el colegio pues el autobús no salía hasta las quince
horas y treinta minutos, ya que Julián tenia clase hasta y cuarto. En
diferentes equipos se agruparon y compartieron lo que cada uno de sus miembros
había traído para comer ese día.
Nada más llegar y distribuir las
habitaciones, se les dio treinta minutos para organizarse, debían acudir al
salón comedor para recibir las primeras instrucciones. Ya en la tutoría de ese
día les había informado y pactado ciertas normas para convivir sin sobresaltos
juntos esas veinticuatro horas. Les notificó la presencia de cuatro alumnos de
la universidad que les acompañarían para ayudarles en lo que precisaran dejando
muy claro los papeles de cada uno.
El murmullo era de alta intensidad, conforme
se añadía gente al grupo iba aumentando. Por fin cuando Julián fue consciente
que se encontraban todos reunidos inició la charla. A su primera llamada de
atención la sala quedó completamente muda. Solo el zumbido de un moscardón que
inquietó a la gente se escuchó por espacio de unos segundos. Luego los oídos de
aquellos adolescentes y los cuatro alumnos estaban preparados para captar lo
que dijera.
Habló de muchas cosas pero una de ellas
quedó grabada en los corazones de aquellos jovencitos, proponiéndose firmemente
tratar de lograr lo que su maestro les pedía.
- Aquí está
reunido el equipo de tercero B de secundaria.
Inició la charla con estas palabras para
proseguir a continuación confesándoles que él prefería emplear la palabra
equipo a la de grupo. Tomó su portátil y busco la palabra grupo en la página
Web de la real academia de la lengua española y en voz alta descifró el
significado de la palabra.
“Pluralidad de seres o cosas que forman un conjunto,
material, o mentalmente considerado”
Finalizada la definición los jóvenes se
miraban unos a otros buscando respuesta en el lenguaje gesticular de sus
compañeros. Pero ante la irrupción de nuevo de Julián volvieron a dirigir sus
miradas, sus mentes y sus oídos a su maestro. Volvió a escribir en su portátil
la palabra equipo y de nuevo con pausa, vocalizando leyó la nueva definición.
“Grupo
de personas organizado para una investigación o servicio determinado”.
Miró a su público, sonrió y de nuevo con
tranquilidad recordando las anotaciones que había puesto en el expediente de
Andrea comentó. “Pura Vida”. De nuevo la sorpresa se apoderó de los rostros de
los presentes. Andrea sonrió, conocía perfectamente el eslogan y se lo había
oído decir a su maestro. Julián pronto les sacó de la expectativa creada. Se
trataba del eslogan del país de una de sus compañeras. Asegurando que se
trataba de la alumna que había llegado ese curso al centro. Ahora las miradas
se fijaron en ella, y una voz procedente de una compañera aseveró. De Costa
Rica. Tras la primera aclaración Julián prosiguió con su discurso. Deseaba de
corazón que en esas horas se tomaran muy en serio el eslogan. Estaba allí para
relajarse del fin de semana, para disfrutar de la Naturaleza, para reír, para
llorar, para enfadarse, para desenfadarse, en pocas palabras para convivir
juntos. Les fue explicando la importancia de considerar al curso como un equipo
y no como un grupo. Les hizo ver las enormes diferencias entre una palabra y la
otra. Y lo cierto era que tenía toda la razón y nunca se habían parado a pensar
en ello.
- En un
grupo.
Comentaba.
- Cuando
uno está deprimido o triste, por regla general los demás pasan. Por el
contrario en un equipo todos se desviven por recuperarlo, pues todos tienen un
objetivo común y cada uno de sus componentes son imprescindibles para lograr el
objetivo.
Prosiguió con sus razonamientos, pero no
descuidó dar paso a intervenciones sobre el tema. Se pusieron ejemplos de los
deportes, de empresas, de la familia, poco a poco aquel equipo fue consciente
de lo imprescindible que era el esfuerzo de todos, aportando cada uno su
granito de arena para lograrlo.
- Si
no se consigue esa primera vez.
Volvió a intervenir.
- Hay mil y
una posibilidades de lograrlo siempre y cuando el equipo sea capaz de analizar
sus errores y poner en conjunto las soluciones a tomar para corregirlos. Nos
podemos caer mil veces pero si entre todos logramos levantarnos seguiremos
hacia adelante. Pero si nos caemos una sola vez y no somos capaces de
levantarnos nunca llegaremos.
De aquella reunión que duró algo más de lo
que le hubiera gustado a Julián nació la base para que aquel equipo de alumnos
lograra la meta final, ilusionarse por rendir al máximo cada uno de sus
componentes. Había merecido la pena no dar por finalizada la sesión mientras no
calara esa idea y a ciencia cierta que lo consiguieron.
Propuso formar cuatro equipos y que cada uno
de ellos se fuera a realizar la actividad programada con los monitores que se
habían desplazado con ellos.
Aquellos adolescentes se habían imaginado
esa convivencia como la liberación de la autoridad, el pasar unas horas sin la
presencia de los padres, el poder ponerse un poco alegres con el calimocho, que
se prepararían esa noche con los ingredientes que ocultaban en sus mochilas, o
esos porros que ocultaban en sus paquetes de cartón. Pero las actividades
planteadas, las reflexiones realizadas entre todos fueron cambiando el rumbo de
las pretensiones de los adolescentes.
Al llegar la hora de cenar, prácticamente
sin ponerse de acuerdo se iban aproximando a Julián para ir dejando la coca
cola, el tintorro y los porros delante de su maestro. Él sonreía a ver la
actitud de sus pupilos. Estaba convencido que todo aquel material andaba
escondido pero no se le ocurrió amenazarlos, las actividades programadas y la
charla previa en la tutoría pensó, no sin razón, que tendría ese efecto y por
supuesto amen de ser educativo le aseguraba que no lo intentarían en esa
convivencia. Algunos de los retrasados al presentarse en el comedor y ver toda
aquel arsenal sobre la mesa pensaron que los habían pillado, pero tras la
información de sus compañeros regresaron a la habitación para sacar lo que
ocultaban.
Estaban todos sentados y Julián rogó unos
minutos de silencio. Aquel que estuviese acostumbrado a lanzar alguna oración
podría hacerlo y el que no fuera creyente simplemente respetara a sus
compañeros para que lo pudieran realizar con recogimiento y silencio.
Finalizado ese minuto y tomando el tinto y la coca cola comentó.
-
Posiblemente me denuncien por realizar lo siguiente pero creo que os lo habéis
merecido. No es necesario que lo aceptéis.
A continuación comenzó a preparar el
calimocho, y llenando un vaso a cada uno que se acercaba. No fueron mucho pero
los que elevaron su vaso lo bajaron lleno. Los universitarios estaban perplejos
por el comportamiento y actitud de su maestro, pero lo conocían demasiado bien
para saber que era consecuente con todo lo que hacía. Ese grupo de muchacho
estando con él jamás se les ocurriría beber o fumar a escondidas. La
convivencia se desarrolló tal y como estaba programada y aquel equipo recibió
una de las mejores clases que en su vida habían recibido. Los universitarios se
congratulaban de haber aceptado, lo habían hecho pensando en su maestro y ahora
se habían encontrado que los beneficiados habían sido ellos. Esas horas de
ejemplo, de saber estas, de manejar grupos, equipos, no se aprendía en la
universidad. Eran conscientes que tras esas veinticuatro horas estaban mejor
preparados que muchos de sus compañeros
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