jueves, 12 de diciembre de 2013
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN-PRIMERA PARTE-ANKI-CAPITULO-XIX-SOLEDAD
Sin expresión
en el rostro viajaba en primera clase en compañía de sus padres. Había perdido
demasiados kilos en esa semana escasa. Sus familiares lo arropaban pero no se
atrevían a pronunciar palabra. Fue un vuelo tenso, infinitamente largo, pero
llegaron a su destino. El chofer los aguardaba en la puerta de salida de su
vuelo, se encargó de todo el equipaje. Saludó al muchacho, que se limitó a
tenderle la mano, sin pronunciar un solo vocablo y entró en compañía de sus
padres en el lujoso coche. Nada más llegar al chalet Julián se fue directo a su
habitación y cuando su madre trató de hablar con él su esposo le retuvo.
“Dale tiempo cariño. Dale tiempo”
Habían
transcurrido dos horas desde la llegada a casa cuando lo vieron bajar con un
pequeño equipaje. El matrimonio permaneció mudo esperando que su hijo se
expresara. Entró, se puso delante de sus progenitores y tras cinco minutos de
absoluto silencio comentó.
Necesito estar solo. Necesito un espacio
para reencontrarme. Necesito perderme en Donostia. En casa, solo sin criados.
Las palabras
salían entrecortadas acompañadas de unas ondas que se percibían de una tristeza
inmensa. Los ojos chispeantes pero ni una sola lágrima se le escapó. Iba a
intervenir su madre pero su esposo le retuvo. Era necesario que aquel muchacho
reaccionara, si hablaban tal ven no volviera a comunicarse. Bien porque
aceptaban sus peticiones. Bien porque abandonaba el hogar. Conocía muy bien la
forma de pensar y actuar su hijo en un momento como aquellos, al igual que le
pasaba a él, su reacción podría tener consecuencias definitivas. Se mantuvo
delante durante más de quince minutos, como una estatua ante sus progenitores y
estos tensos como ninguno aguantaron lo indecible. Por fin el muchacho rompió a
llorar mientras suplicaba que le concedieran lo pedido. Manifestó que se
encontraba bien, dentro de cómo se podía encontrar una persona en sus mismas
circunstancias.
Por fin la
madre no aguantó más se levantó y abrazó a su pequeño mientras le comentaba que
podía hacer lo que quisiera. Su esposo se lamentó pero habían conseguido lo
suficiente para percatarse que su niño había vuelto a la vida, mejor dicho a la
realidad.
Cuando entró
en el palacete se dejó caer sobre la alfombra del salón, dejando su equipaje en
el suelo y exclamó.
“La soledad, me ahoga, me castiga, me humilla, me flagela, me
angustia, me atrapa, me..... Pero bendita SOLEDAD”
Entró en su
habitación, no hacia ni un mes que la compartió con ella, pero mirando al cielo
le prometió que no derramaría mas lagrimas, lucharía por hacerse un camino en
la vida, para independizarse definitivamente y aguardaría a que la misericordia
de Dios le permitiera reunirse de nuevo con Anki, su amada. Entró en el
servicio y en la ducha de tubo con hidromasaje se dio una buena ducha con los
chorros a tope. Luego se vistió, subió en el coche y se aproximó al club
náutico. Allí tenía su embarcación y perderse por la mar cuando este lo
permitiese sería una buena terapia para superar su desesperación. Habló con los
encargados y le aseguraron que si la mar lo permitía al día siguiente podría navegar.
Almorzó en el mismo restaurante del Club Náutico para luego bajar la comida con
un paseo por la playa. Hacía fresco y no se encontró con mucha gente. Se puso
cara al mar y recordó todos los momentos vividos con aquel ángel que el Señor
le envió. Desde que se conocieron hasta el último día cara al mar.
Cenó en La
Perla y luego se recogió en casa, llamó a sus padres y estos dieron gracias a
los cielos. Deseaban, esperaban y anhelaban que fuera de él la iniciativa y lo
estaban consiguiendo, señal inequívoca que el muchacho comenzaba a reaccionar.
Navegó toda la
semana menos el viernes donde la mar se puso demasiado peligrosa, pero uno de
los días tuvo que sudar de lo lindo para controlar la embarcación. No cabía
duda. No se había olvidado de navegar. El sábado y el domingo pudo jugar al
voleibol con grupos que jugaban en la playa y aquello también le supuso una
buena descarga de adrenalina. El domingo tras un partido que estuvo francamente
interesante se acercó al Club Náutico para salir un par de horas. Cuál fue su
sorpresa al encontrarse con el equipo olímpico que se preparaba para la
olimpiada. De inmediato su compañero de equipo le saludó, no congeniaba con el
otro muchacho que habían puesto en sustitución de Julián y salió ese día con él.
Al siguiente domingo se celebraba una importante regata de su clase. Los
directivos y especialmente el director técnico estaban preocupados pues de las
grandes esperanzas de medalla que tenía mientras Julián perteneció al equipo a
esas fechas se habían desvanecido. De ahí que accediera a que la pareja se
volviera a reencontrar. Fue una jornada increíble, Julián no solo no había
perdido el toque, esos kilos de menos le daban mayor velocidad a la embarcación
y la movilidad de aquel muchacho superaba lo anterior. En un fuera borda fue
seguida la jornada por el director técnico y al finalizar decidió que ese
domingo en ese test importante para comprobar las posibilidades lo realizara la
pareja original. Estaba el equipo estadounidense, y el australiano que junto al
formado por España hacían los tres serios candidatos a las medallas. El resto
estaban muy lejos de ese trío de parejas. Esas dos semanas de soledad casi
total le había recuperado y realizó una de sus mejores regatas ganando con una
autoridad increíble. Durante la comida firmaron con Julián el acuerdo al que en
un principio acordaron cuando todo se precipitó y lo dejó. Hacía la friolera de
siete meses. Ahora hasta Octubre, disponía de diez meses para dedicarse casi
por completo a la vela. La ayuda económica era elevada y le permitiría
emanciparse por completo mientras buscara un medio de vida para mantenerse.
Nada más firmar llamó a su padre, sabía lo que aquello suponía. No podía dar
crédito a lo que su pequeño le confirmaba. Esa noche viajaba a Madrid en el
vuelo de las veinte treinta.
Los tres
componentes de la familia aguardaban al primogénito. Fue su madre quien le
recogió en primer lugar con lagrimas en los ojos se abrazaba a su pequeño. La
felicidad le embargaba, su estado había mejorado considerablemente y los kilos
perdidos los recuperó. Con el rostro triste pero con el ánimo vivo. Julián
sabía a las claras que era el precio que los cielos le habían impuesto para
poder gozar durante la eternidad de su amada. Luego su hermana se unió a su
madre, a pesar de sus celos quería a su hermano y especialmente después de todo
lo que le había sucedido. Primero fueron ellas luego su padre aguantando las
lágrimas, estaban en la época del Caudillo y un hombre no podía derramarlas. Se
extrañaron de lo hablador que estuvo durante el trayecto hasta el chalet. Allí
se revolucionó el servicio. Se volvió loco con el joven, lo querían como si de
su propio hijo se tratase, especialmente las mujeres. Pues junto con su padre
tenían un trato casi familiar, cosa que no ocurría lo mismo con las señoras de
la casa, que mantenían las distancias. Cuantas veces aquel muchacho cuando su
madre no se encontraba en casa se sentaba en la cocina con el servicio y desayunaba
con ellos en una distendida y amena conversación. En más de una ocasión les
tendió la mano cuando precisaron ayuda, especialmente económica. Eso si siempre
le devolvieron lo prestado aunque en más de una ocasión él aseguraba que no era
necesario. Pero nunca accedieron a ello, de esa forma cuando volvieran a
necesitarlo tendrían confianza para volverlo a solicitar. Una de ellas logró
que su hija abandonara el mundo de las drogas donde había comenzado a
introducirse gracias al señorito de la casa. Tenía una gran labia y
especialmente sabía conectar con los adolescentes. Aquella madre estaba en
gratitud permanente hacia ese muchacho.
Cuando esa tarde sus padres abandonaron el chalet, esa sirvienta se
acercó al muchacho maldiciendo a los cielos por lo que le estaban haciendo
pasar, era rojilla y la cuestión eclesiástica no la llevaba muy bien. De
inmediato se encontró con aquel hombrecito que siempre encontraba una
justificación y especialmente si era cuestión de defender sus creencias
trascendentales. Sentados en la cocina le contó su historia con aquel ángel que
le envió el Señor. Como se podía ofender a alguien que le permitió cruzarse con
aquella joven. Le confesó que cualquier desgracia que le sucediera no apagaría
la felicidad que le llenaba, especialmente al ser consciente que sería para
toda la eternidad.
“Usted es todo corazón señorito. Si fuera
más joven no se me escaparía”
Se abrazó al
muchacho con lagrimas en los ojos, también eran afortunados al contar con un
jefe como él o su padre.
Tras la
charla subió a su habitación y comenzó a escribir unos artículos sobre la banda
terrorista ETA que comenzaba a hacer estragos en su tierra natal. Ese último
año, en la universidad, se había movido por grupos de la izquierda separatista
catalana. No comulgaba con la idea de la independencia pero tampoco se
identificaba con el poder central, que hacía del miedo su política. Repudiaba
aquellas personas o entidades que buscaban sus objetivos mediante la violencia
o la coacción, era algo que le superaba. Además esos meses de convivencia con
un país en democracia le abrieron los ojos del los abusos que estaba cometiendo
el régimen que gobernaba en España. Hasta la fecha no había sido muy consciente
de ello, al pertenecer a la clase alta de la sociedad, no sufría los abusos y
atropellos que si lo padecían la clase trabajadora o los intelectuales fuera
del régimen. Por otro lado su inmersión en los deportes le llevaba mucho tiempo
como para ser consciente de lo que sucedía en su en rededor. Pero en el extranjero
con las conversaciones mantenidas con las amigas de Anki o con conocidos en
tiendas regentadas por refugiados le hicieron tomar una mayor conciencia de lo
que sucedía. Luego la actuación de los movimientos separatistas catalanes no
actuaba como el vasco y su deseo pasaba porque su pueblo supiera luchar como lo
hacía el catalán. Con la palabra, con el trabajo, con la educación, a pesar de
las enormes trabas que también encontraban.
Siempre
pensaba que en algún momento de su vida podría publicarlos y mejorarlos antes
de ello.
Ese lunes se
estuvo informando de la nueva carrera universitaria sobre la educación física.
Primero en secretaría y posteriormente entabló conversación con jóvenes que
estaban cursando dicha carrera.
Los panfletos
con toda la documentación para acceder la tenía. En un tríptico le informaba
que a finales de junio se pasaban unas pruebas médicas, luego otras físicas y
al tener un curso de universidad no le exigieron el examen teórico. En la
delegación nacional de deportes se enteró que podía optar a una beca en la
residencia Blume. Para ello se debería dirigir a su federación de vela y
realizar las gestiones por medio de ese ente deportivo. No lo pensó dos veces y
fue a parlamentar con el director técnico. Se alegró al escoger una carrera
relacionada con el deporte no le pondrían la mínima pega por faltar algunas
clases para su preparación olímpica. En la federación estaban ilusionados con
la pareja de vela Star, sus posibilidades de medalla era patente. De inmediato
se pusieron en marcha para solucionar la petición de su deportista. No llevaban
ni treinta minutos en la federación cuando le confirmaron que todo estaba
resuelto que al siguiente lunes se podía incorporar a la Blume. Por fin había
logrado lo que siempre estaba soñando, independizarse de la familia. Le gustaba
valerse por sí mismo y no por el dinero de papá. Regresó al INEF y logró entrevistarse con
varios profesores e incluso su director Don José María Cajigal le atendió unos
minutos en su despacho. Aquel hombre le entusiasmó, sereno, inteligente, con
gran cultura pero especialmente un enamorado del deporte pero le chocó el
enfoque que le daba. No habló prácticamente del deporte de competición se
refería siempre al deporte como método educativo. Aquello le llegó al alma. Julián
era una persona que no estaba muy convencida de los beneficios del deporte de
alta competición y ahora aquel filósofo del deporte le hablaba del mismo
enfoque que él había estado buscando. A Don José Mª le llamó la atención el
joven, especialmente perteneciendo a la élite del deporte, que tuviera la misma
visión de esa nueva carrera universitaria. Parlamentaron largamente y le
proporcionó toda la información que aquel muchacho le solicitaba. Consiguió
todo el plan de estudios de sus cuatro años así como apuntes de profesores y
bibliografía para trabajar sobre las diferentes asignaturas. Se encontró con
dos jugadores de Voleibol a nivel nacional que cursaban los estudios y como uno
de ellos había comenzado primero, se intercambiaron los teléfonos para quedar y
disponer de los apuntes de clase. Tenía muy claro que amen de sus
entrenamientos de vela iría preparándose el primer curso de esa nueva carrera.
Incluso consiguió de algunos profesores asistir a sus clases cuando no tuviera
que estar fuera de Madrid para regatear.
Llegó a casa
con un montón de apuntes, de libros, de reglamentos, de trípticos. Cuando le
pidieron que aclarase todo aquello, les rogó tiempo para dejarlo en su
habitación y regresar para las oportunas aclaraciones. Lo primero que soltó fue que el lunes
siguiente se incorporaría a la residencia Joaquín Blúmer como becado por la
federación de vela. Luego justificó todos aquellos libros y documentos. El
curso siguiente iniciaría la carrera de educación física en el INEF de Madrid.
Los rostros de sus progenitores iban cambiando el semblante, su hijo era una
caja de sorpresas. En otra época aquella declaración habría sido la guerra
entre las dos generaciones, pero tras lo sucedido asumieron sus deseos.
Su padre se
temía algo parecido, su hijo no era una persona que le gustara mucho el
contacto con la gente, especialmente adulta. No era persona de despacho o
lugares cerrados. Sabía manejar muy bien a los adolescentes y sin duda aquella
profesión le iba a permitir disfrutar de todo lo que amaba. Cuando en la
conversación salió a la luz que pretendía hacer la maestría en natación de
inmediato se puso a cavilar sobre la posibilidad de construir un gran centro
deportivo. Su chico le frenó de inmediato.
“Papá se que lo haces de todo corazón, por
apoyarme, por facilitarme el labrarme un camino en la vida, pero al menos
durante los primeros años me gustaría intentarlo solo. Te juro que si preciso
ayuda te la pediré”
Como se
parecía a él, deseaba abrirse camino por sí mismo. Necesitaba, al igual que le
sucedió, demostrarse que era capaz de lo que se propusiera por sus propias
fuerzas. Eso lo colocaba en ese otro nivel de madurez de la persona a pesar de
su corta edad. Su madre era la que mas insistía para que su marido
interviniese, pero al final fue él quien le frenó. Julián era muy joven y
debían darle la oportunidad de valerse por sí mismo. Ellos siempre estarían ahí
en el momento que precisara su apoyo. No muy convencida pero accedió a las
sugerencias y peticiones de su marido.
Se subió a la habitación y comenzó a organizarse un poco. Lo primero que
hizo fue estudiar las pruebas que debería pasar para superar el ingreso en el
INEF. Tanto el director de la institución como los dirigentes de la Federación
le comunicaron que aconsejarían su ingreso. Pero él deseaba lograrlo por sus
propias fuerzas.
Tomó aquel
tríptico donde se detallaban las pruebas. Cincuenta metros lisos. Dos mil
metros lisos. Veinticinco metros crol, recogida de una anilla en el fondo de la
piscina y veinticinco metros espalda. Lanzamiento de balón medicinal de cinco
kilos. Flexión profunda de tronco. Salto vertical. Nominadas en barra. Test de
velocidad de reacción con un circuito de luces. Prueba de agilidad con vallas y
colchonetas, para finalizar con una prueba de habilidad con pelotas de goma
sobre mano derecha e izquierda. Estaba claro que iba a prepararse a conciencia,
gran parte de la preparación la hacía para la vela pero algunas mas especificas
las trabajaría en las instalaciones de la residencia Joaquín Blúmer e incluso
le comentaron que estando en la residencia podría utilizar las del INEF y las
de la delegación nacional de deportes.
jueves, 5 de diciembre de 2013
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN-PRIMERA PARTE-ANKI-CAPITULO XVIII-UNA DURA PENITENCIA
CAPÍTULO XVIII
UNA DURA PENITENCIA
Esa mañana, tras desayunar, se prepararon un picnic. Hacía frió pero sin embargo lucía un
inesperado sol. Subieron todo lo necesario al coche, para dirigirse al
acantilado. Extendió la gran lona de plástico junto al saco de montaña abierto
completamente y junto al mismo dos gruesas mantas. Una vez preparado todo, se
acercó al coche para tomar en brazos a Anki y depositarle sobre aquel
confortable lugar. A escasamente diez metros del acantilado y con una
panorámica increíble. Ese día acordaron ir todos los días. Intuía que no le
quedaba tiempo y precisaba serenidad, sosiego, pero especialmente la compañía
de él. Aquel paraje le resultaba tan gratificante y por si fuera poco
compartirlo era algo que le llenaba por completo.
En un determinado
momento le pidió que le ayudara a levantarse, deseaba pasear un poco. No hizo
falta repetirlo, de inmediato cumplió sus deseos. Le costó andar, pero lo hizo
por espacio de treinta minutos para regresar de nuevo al lugar inicial y
descansar antes de hacerse con los alimentos que preparó Julián esa mañana
antes de salir de casa. No se recogieron muy tarde. Cuando el sol comenzó a
ocultarse el frió se notaba con más intensidad. Llegaron con ganas de estrenar
el jacuzzi que su familia en la remodelación de la vivienda mandaron instalar
en el servicio de la habitación. El agua casi hirviendo consiguió devolver a
esos cuerpos fríos su temperatura natural. Le encantaban los masajes en los
pies y no desperdició la oportunidad que le brindó para deleitarse con un
prolongado y eficaz masaje. Secos y envueltos en los albornoces fueron al
salón, dejó a Anki sobre el sofá y le dio el mando de la televisión, mientras
él se perdía en la cocina para preparar una buena sopa bien caliente a la que
le acompañaría una tortilla de patata y cebolla que tanto les gustaba. Luego un buen vaso de leche, ella con café, él
con descafeinado y unos bollos que les preparó su madre dieron concluida la
jornada.
Al llegar el
viernes, era consciente que se iba. Le rogó acercarse al liceo para ver a sus amigas. En
realidad sabía que lo hacía para despedirse, convencida que abandonaría este
mundo antes de finalizar la semana, pero esto último no se lo comunicó.
No pudieron
disimular su asombro y preocupación, pues le encontraron muy desmejorada y por
si no bastaba, verle en silla de ruedas le provocó un vuelco en sus corazones. Pero
pronto se recuperaron. Estuvieron cariñosas y atentas con su amiga mientras que
se metieron con él con las clásicas
bromas de las jovencitas en esas edades. Julián capoteó el vendaval como sabía,
con arte, gracia y la maestría de un torero. Estuvo simpático, ocurrente, pero
no se separó ni un solo instante de ella. Fueron a una cafetería y mantuvieron
una conversación por espacio de dos horas. Anki
estaba cansada y decidió dar por concluida la jornada, para regresar a
casa, cenar una tortilla francesa y algo de fruta.
El sábado por la mañana sin desayunar le
rogó a acercarse unas horas al acantilado. Presentía que iba a abandonar este
mundo. Su último aliento deseaba darlo de cara a la furia del Atlántico en esas
latitudes. Era incapaz de negarle nada. Le tomó en brazos, le sentó en el
vehículo, para colocarse el de piloto y abandonar la pequeña población.
Llegaron al lugar, junto al océano, donde se perdieron durante esos meses en
infinidad de ocasiones. Algunos días acudían por la mañana y luego de comer
regresaban por la tarde a reposar la comida. Hacía mucho frío y Julián no
olvidó los sacos de montaña, una gran lona de plástico y un par de buenas
mantas. Gracias a los cielos, aunque cubiertos de espesas nubes, no llovía. El
trayecto, que les llevó de casa al lugar donde deseaba terminar sus días, se lo
pasó, sin despegar su mirada cansada y su cuerpo derrotado por la enfermedad,
contemplando a ese joven que se había entregado a ella en cuerpo y alma. Le
hubiera gustado incorporarse para besarlo, aunque estuviese conduciendo, pero
las fuerzas se habían agotado para tal esfuerzo. En su rostro se reflejaba el
dolor físico pero también delataba el estado de felicidad que portaba su alma. En
dos o tres ocasiones retiró la vista de la carretera para mirar a su dueña, e
inmediatamente las comisuras de sus labios se rasgaban para ofrecerle, con las
pocas fuerzas que le quedaban, toda la ternura y amor que le profesaba. Con que
dulzura aquel ángel le miraba. Anki era la misma definición del amor, era la
felicidad, era su Dios en la tierra mostrándose para que creyesen en Él. Dos
profundas bocanadas para paliar la falta de oxigeno y concentrarse en la
carretera. Se había jurado y perjurado que no lloraría mientras le quedara un
soplo de vida a su compañera, a su amor.
Al ayudarle
para bajar del vehículo se percató de las escasas fuerzas que le quedaban. Tuvo
que hacer un esfuerzo sobrehumano para no derrumbarse en ese mismo instante.
Pero por nada en este mundo estaría triste mientras su corazón funcionara.
Subió un poco más el brazo para sujetar mejor la cabeza y con toda su ternura
la depositó sobre el saco abierto de par en par sobre la gran lona que
previamente había extendido en el suelo. Anki respiraba con dificultad y
contemplar la bravura del océano le sobrecogió. Abrazada a ese hombre que había
sido su bendición daba gracias al Señor por haberle permitido vivir todo ese
tiempo que no esperaba para compartir su vida hasta la eternidad con aquel
hombre.
Sus lagrimales
dejaron escapar dos lágrimas que no pudo retener, pues fuerza no le quedaba.
Julián con el rostro sonriente lloraba por dentro mientras su corazón se hacía
añicos. Ella, con las escasas fuerzas que le quedaban las utilizó para confesar
sus deseos.
Busca una buena mujer para que te acompañe
el resto de tu vida. Eres muy joven y seguro que la agraciada alabara al Señor
por tal regalo. Me voy Julián, allá te esperaré para compartir la eternidad por
los siglos de los siglos. Y recuerda esa frase que me contabas de Gabriel
García Márquez. “No llores porque pasó, sonríe porque sucedió”. Has sido mi
mejor medicina, todos los médicos lo han dicho. Pero yo sé muy bien que no
hacía falta fui consciente de ello desde mi primer cruce de mirada contigo allí
en tu país. He de agradecerte…
Julián no le
dejó seguir.
Mi amor no digas barbaridades porque el
afortunado he sido yo. Con respecto a buscarme otra chica sabes que no es
posible. Ya te comenté que creo ciegamente en esa frase: “Todos tenemos un amor
designado desde el principio de la creación y al igual que ésta es eterna. Por
eso es importante acertar con él. Y Tú eres ese amor designado y nunca podrá
haber otra mujer en mi vida”. Te
imaginas que cuando nos encontremos en el mas allá se interpusiese otra persona
entre los dos. No tiene sentido. Mi amor y fidelidad a ti comenzó con la
creación y se mantendrá por los siglos de los siglos.
Hizo amán de
abrazarse pero no le daban sus fuerzas. Al percatarse le abrazó y sus labios se
rozaron en un beso de ternura, en un contacto infinitamente corto pero de una
carga emocional indescriptible.
Un te quiero
para descifrar, fueron sus últimas palabras. Sintió como aquel cuerpo perdía
toda tensión hasta desparramarse entre sus brazos como un elemento que comienza
a derretirse. Se la aproximó al pecho, para comenzar con un llanto que nunca
supo lo que duró. En un principio pensó lanzarse por el acantilado y
acompañarle en ese viaje a la eternidad, pero como buen cristiano no podía
cometer el mismo error que Adán. Si por no sufrir en la Tierra el dolor y la
desesperación que sin duda ya le invadían, se podía quedar para toda la
eternidad sin ella. Sin duda por muy duro que fuera debería asumirlo. No le
cabía la menor duda que era una prueba del Señor. El don que le había concedido
al permitirle cruzarse con aquel ángel. Cuan cierto era aquello que había
escuchado en multitud de ocasiones. Todo sucede por algo.
El teléfono
sonaba hasta agotar el tiempo, nadie respondía. El matrimonio estaba preocupado
llevaban todo el sábado intentando conectar con sus hijos y no había respuesta.
No pudieron esperar por más tiempo, subieron al coche y fueron a casa. Al
llamar repetidamente y no encontrar respuesta se decidieron a entrar. El pánico
se observaba en los rostros de esos padres, recorrieron todos los rincones de
la casa y no había señal de ellos. ¿En qué otro lugar podrían estar? Si no
habían abandonado la población solo los podrían localizar en el acantilado. Sin
pensarlo dos segundos volvieron a tomar el vehículo y por fin distinguieron el
coche de la pareja. Aparcado cerca del acantilado. Sobre la lona, rodeados de
mantas, estaba la pareja. Los llamaban al mismo tiempo que se aproximaban a sus
hijos. El corazón se les heló al contemplar el rostro de Julián que asía con
fuerza el cadáver de su amada. La manta que los cubría estaba empapada de
lágrimas y estas seguían brotando de los ojos del muchacho. Un grito de la
madre le dejó impasible manteniéndose inmóvil y sin cesar de derramar lágrimas mientras la mirada andaba perdida en el
infinito. En un principio pensaron llamar a las autoridades pero sin duda eso
llevaría todo un proceso. Ayudaron al joven a incorporarse. Seguía sin soltar a
Anki y lo introdujeron como pudieron en el vehículo. El padre se puso al
volante, conectó el motor poniendo rumbo a casa. Ella en el coche de la pareja
siguió a su esposo para dejar aparcados los coches en el garaje. Luego con gran
esfuerzo consiguieron llevar a Julián que seguía sin soltar a su amor hasta la
habitación. Allí lograron que la depositara sobre el lecho y él cayó de rodillas
junto a la cama mientras mantenía su mano unida a ella. Su llanto seguía y
pronto un charco se formó. Una vez realizada toda la operación telefonearon al
médico de la familia que se personó a los pocos minutos confirmando la muerte
de la joven. Pasaban de las veinticuatro horas desde que falleció. Firmó el
consiguiente parte de defunción y se telefoneó a los padres de Julián y a la
funeraria para que se hiciera cargo del cadáver. Intentaron sacar a Julián de
la habitación pero no lograron separarlo de ella. Hasta que deshidratado se
desmayó y los servicios sanitarios en una ambulancia lo condujeron al hospital.
Los sueros correspondientes y medicación consiguieron reanimarlo justo en el
momento que entraban sus padres por la puerta del hospital. Consciente pero
como si se tratase de un autista permanecía en el lecho. Como había intentado
levantarse y abandonar la cama lo tenían amarrado a ella con unas correas. La
madre del joven se lamentaba de lo dura que estaba siendo la vida con su
pequeño. No hacía ni tres años que perdió a sus tres mejores amigos y ahora que
parecía que la felicidad regresaba a su hijo el Señor se la quiso arrebatar.
Las cenizas
de Anki permanecían en la mesita del hospital junto a él. Iba recobrándose muy
lentamente. Su madre y los padres de Anki no se separaron de él prácticamente
en toda esa semana. Por fin le dieron el alta. Salió del centro sanitario en el
coche en compañía de sus padres, los de Anki les seguían en su vehículo. Habían
quedado en realizar la siguiente parada en el acantilado donde hacia
exactamente una semana se fue su razón de vivir. Se aproximó al acantilado,
tanto su padre como su madre le sujetaban de ambos brazos. Temían lo que temían
todos, pero a decir verdad la corpulencia y la fuerza del joven les hubiera
resultado imposible impedir que se lanzara si hubiera sido su intención. Pero
ya una semana atrás cuando ella falleció se le pasó por la cabeza hacerlo
comprendiendo que eso hubiera supuesto no volverse a encontrar con ella. Era la
penitencia que los cielos le exigían por haberle concedido ese medio año de
infinita felicidad y si quería pasar la eternidad no tenía más solución que
aguantar el purgatorio al que había sido condenado.
Destapó la
urna y dejó que aquella brisa, aquel viento del mar del norte que tanto amaba y
deseaba, acariciando su cara, se encargara de recoger sus cenizas y portarlas
sobre los mares por los siglos de los siglos hasta que aquel muchacho, aquel
español le acompañara para vivir con intensidad la eternidad. Dos palabras, la misma repetida, sonaron como
estruendo de un gran rayo por todo el acantilado, transformando a todos los
presentes su piel, erizando el bello de sus cuerpos.
¡ANKI! ¡ANKI!
La voz de
Julián pronunciando su nombre se escuchó hasta el otro lado del canal. Cayó de
rodillas en el mismo lugar donde dejó que las cenizas las portara el viento. Se
encorvó y comenzó a llorar como un chiquillo.
jueves, 28 de noviembre de 2013
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN-PRIMERA PARTE- ANKI-CAPITULO XVII-MEDIO AÑOS JUNTOS
CAPÍTULO XVII
MEDIO AÑO JUNTOS
En Bruselas la nueva casa estaba preparada y en funcionamiento. Los sorprendieron llevándolos directamente del aeropuerto a su nuevo hogar. No deshicieron el equipaje, pues les tenían una nueva sorpresa, después de la comida. Por ello en la habitación que les habían reservado, para cuando se desplazaran con ellos, dejaron sus equipajes y fueron directos al servicio de la habitación para darse una ducha, cambiarse de ropa y bajar a comer en familia. Cuando la pareja subió a la habitación la madre de comenzó a llorar. Su pequeña estaba muy desmejorada. Seguía con esa expresión de felicidad, pero pudo observar también gestos reveladores que las medicinas no eran capaces de controlar el dolor. Solo el contacto, el calor de Julián le daba las fuerzas necesarias para superar aquella redención. Ese era el precio que los cielos les puso como premio a tanta dicha, a ese amor excepcional que se profesaban, conscientes que su duración sería eterna. Cualquier sacrificio por duro que fuera estaba más que compensado. Lo comentó con su esposo, a quien también se le escapaban las lágrimas, mientras abrazados se consolaban. También era cierto que según el cuerpo sanitario ese medio año era sin duda un milagro. Un regalo de los cielos a esa joven, por su bondad, su dulzura, su entrega, por ser una persona de las que ensalza y mejoran a ese animal que se dice inteligente, el hombre. Julián se percató de la falsa alegría que pudo comprobar en aquellos padres desesperados. Lo comprendía pero no podía compartirlo. Bajó con ella en brazos insultante de felicidad y de alegría sincera. Ya se prometieron no soltar una lágrima y ella seguía con él, que mayor felicidad se podía pedir. La actitud de la pareja elevó la moral del matrimonio, disfrutando de una velada encantadora, con risas, chistes y especialmente un amor sin fin en aquellos jóvenes. Los observaban como no separaban sus manos. Tenían dificultad para comer, pero ese contacto alimentaba su amor y tal vez fuera más necesario que los alimentos. Luego esos abrazos entre bocado y bocado, o esos besos llenos de ternura. Aquel joven era un regalo del Señor. Se mantuvieron una hora de sobremesa para reposar la comida y luego les invitaron a bajar el equipaje y poner rumbo a su antigua casa.
Nada mas
detener el vehículo en la puerta se percataron de las mejoras. Aquello era increíble.
En una sola semana la casa parecía otra. Pero la sorpresa no quedo ahí. Los
padres del joven en compañía de su hermana les abrieron la puerta ante la
alegría mutua. Las dos familias se habían conchabado para darles la gran
sorpresa. Esa casa sería su nido de amor. Anki no pudo retener las lagrimas,
pero tal y como se producían le aseguraba a Julián que eran de felicidad. Pero
no fue la única que las derramó la familia entera se emocionó al comprobar como
aquella joven que iba perdiendo vida a cada momento se emocionaba hasta ese
límite. No lo podía creer, su propio nido para compartirlo con Julián. De nuevo
se abrazaron transmitiendo por medio del calor de sus cuerpos todas esas
sensaciones que recorrían su interior. Llegó a pensar que aquel era el día más
feliz de su vida, que el Señor se la podía llevar. Había compensado todos sus
sueños, amén de ser consciente que en la eternidad eso sería norma de cada
instante.
Permanecieron
unas horas de sobremesa, merendaron charlaron y se contaron las mil
circunstancias que habían pasado. Luego cada uno se retiró a sus lugares de
descanso y quedaron los dos solos en su hogar. De sus padres se despidieron
pues regresaban con los padres de Anki a Bruselas, allí habían reservado el
hotel para salir a la mañana siguiente temprano para España.
Permanecían en
el pequeño jardín despidiendo a sus padres cuando Anki se desmayó. No llegó a
caer al suelo pues al no separarse de él reaccionó de inmediato. Al comprobar
que todo volvía a la normalidad, le tomó en brazos, para adentrarse al garaje y
colocarle en el asiento del copiloto. Desistía alegando que se encontraba
perfectamente, que por nada del mundo perdería esa primera oportunidad de estar
en su casa con él a solas. Pero se negó en rotundo. No se detendría hasta que
un facultativo comprobara que todo estaba más o menos dentro de lo lógico.
Protestó, pero sabía perfectamente que había tomado una determinación y que no
conseguiría convencerle. Asumió su derrota y en coche se desplazaron a
Bruselas. Fueron directamente al hospital y tuvieron la suerte que el
facultativo que estaba de guardia era uno de los que llevaba el caso de Anki.
Fue llegar y a los pocos minutos pasaban a la pareja ante el doctor. No les
había dado tiempo de avisar a sus padres, pero luego del reconocimiento se
alegraron, de lo contrario habrían inquietado no solo a los padres de Anki, los
de Julián con toda seguridad habrían renunciado a regresar. Todo marchaba como
era normal, mal, pero no había nada fuera de la lógica. A la mañana siguiente
tenían cita para la quimio. Sus padres les aconsejaron quedarse en Bruselas
para ir a la mañana siguiente a la clínica, pero prefirieron pasar su primera
noche en su casa solos. Salían del centro sanitario y unas lágrimas recorrieron
sus mejillas. Las fuerzas le faltaban y regresar hasta casa para volver con las
nuevas luces del día era algo absurdo.
No me pasa nada Julián, pero me enfada tener
que perder nuestra primera noche. Estoy muy cansada y lo mejor es ir a casa de
los papás
Julián descansó
al reflejar su rostro una sonrisa, ciertamente era lo más lógico, no se lo
había propuesto pues conocía su interés por pasar esa noche en su casa. Con
estar a su lado le daba exactamente igual. Solo la veía a ella, todo lo que
rodeaba su entorno era tan superficial que lo ignoraba por completo. Estar a su
lado, abrazarle, mimarle, sentir el calor de su cuerpo, la dulzura de sus
labios cuando le regalaba ese premio Nobel, era lo único que le importaba. Puso
el vehículo rumbo a casa y al verlos en la puerta se sorprendieron. Como no
quisieron preocupar a sus padres confesaron que era lo lógico dormir allí, ya
tendrían tiempo de sobra para compartir su nuevo nido para el resto de sus
vidas. Su madre se abrazó a su niña y la tensión de tanto tiempo le impidió
retener los lagrimales. Sus padres habían cenado y al enterarse que ellos no,
se puso a prepararles algo. Trataron de persuadir a la señora con un vaso de
leche con alguna galleta o pasta bastaría para irse a la cama con algo en el
estomago, pero no hubo manera de convencer a esa madre.
Esperaba
sola en la sala, tomó su libreta y comenzó a escribir. Era el legado que le
dejaría a él cuando el Señor se la llevara al paraíso. Estaba excesivamente
cansada, se prometió que aquella era la última sesión que recibiría de quimio.
No soportaba ya estar separada de Julián. No poderlo tener junto a ella, estaba
convencida que era lo que le restaba vida. El equipo médico no se explicaba
como aquel cuerpo seguía con vida. No solo no había mejorado. Iba empeorando
por momentos. Cuando escucharon que no volvería a aplicarse quimio descansaron.
Alegrándose que la idea hubiera partido de ella, pues pensaba proponerlo tras
el reconocimiento y la aplicación de esa última sesión. Ahora al
adelantarse evitaron que partiera de
ellos la iniciativa, con el consiguiente derrumbe moral.
Sentados
frente al encargado del equipo médico, al que respaldaban dos facultativos más,
se sentaron Anki, junto a Julián y a su otra vera, sus progenitores. De nuevo
las noticias eran desalentadoras, pero hacían referencia que esas mismas
perspectivas se las habían comentado hacia la friolera de seis meses. No era
exactamente igual, Anki no tenía fuerzas casi ni para mantenerse en pie.
Caminaba últimamente apoyándose en Julián constantemente. Cuando uno de los
facultativos le aconsejó que fuera en silla de ruedas para preservar fuerzas,
ella lo agradeció. De inmediato dieron orden para que les proporcionaran una.
De nuevo las lagrimas en aquella madre que sufría en silencio hasta que no
podía más. Anki sonreía, miraba a Julián, mientras su rostro mostraba toda la
felicidad que aquel hombre, casi un muchacho, le transmitía. Animaba a su madre
y esta se abrazaba a su pequeña suplicando perdón por ser ella quien le
animaba. Julián propuso ir a por una silla automática, pero ella con esa
expresión que suelen hacer los perrillos cuando suplican algo de su amo se
confesó.
“Prefiero sentir tus manos empujando el
carro, me hace sentirme más cerca de ti”
De inmediato
se encontró con sus labios para fundirse en ese gesto de amor. En casa sus
padres pretendieron que se quedaran pero subieron al vehículo y pusieron rumbo
al nido. No llegaron a entrar, la petición de su amada le rogaba olvidarse de
la casa y poner el coche en dirección al acantilado. Hacía mucho frió pero iban
bien protegidos por lo que pudieron pasear. Ella en la silla, el empujando por
espacio de varias horas. Por fin regresaron, mientras ella ponía la mesa él fue
preparando la comida.
Reposaron unos minutos abrazados en el sofá
mientras visionaban la televisión, mientras que Anki seguía con su acostumbrado
interés. Metiéndose en el papel de los protagonistas de la película que
transmitía el canal elegido. Él le contemplaba. Estaba excesivamente flaca, sus
mejillas habían desaparecido y sus ojos se hundían resaltando los pómulos. Pero
Julián, con el mismo cariño de siempre, la encontraba radiante, increíblemente
bella. Su respiración se entrecortaba, captar toda la felicidad que aquel ángel
le transmitía alteraba todas sus constantes vitales. Sentía el escaso calor que
aquel cuerpo era capaz de emitir, pero también percibía toda la carga de
sentimientos que sus ondas mezclándose con las suyas se deleitaban de su
compañía, de su cariño, de su veneración. Un cambio de escena para recrearse en
un paisaje distrajo su atención de la pantalla y al cruzar su mirada con la de
él sonrió.
¡Dios hay cielo y lo tengo ante mí!
Fue la
exclamación que se produjo en el interior, en el silencio de su cerebro, pero
que ella lo captó como si lo hubiera expresado a gritos. Intentó aproximarse
para besarlo y al comprobar él, que no le daban sus fuerzas, le ayudó para
regalarse ese premio que siempre le pedía. Al perder el contacto, presionó el
mando para terminar con esa caja boba que le impedía saborear a ese regalo del
Señor. Insistió que siguiera, tenerla entre sus brazos le sobraba. Pero no
estaba dispuesta a perder ni una sola décima de segundo más con la caja boba
sin estar pendiente de lo que verdaderamente le llenaba.
Juntos en su
rincón, en su hogar recordaron tantos momentos. Su primer encuentro, donde ella
ni se enteró porque el desvanecimiento no le permitió verlo ni conocerlo, pero
si recordaba que sintió unas sensaciones extrañas, jamás experimentadas cuando
su piel en contacto con la suya le transmitían sensaciones de ensueño. Él
recordaba aquel cuerpo sin rostro que mantenía sobre sus brazos y el contacto
con sus muslos le hizo sentir sensaciones similares a las que describía su
amor. Pero fue tan fugaz, tan rápido aquel instante que no llegó a saborearlo.
Pero luego ambos recordarían con frecuencia aquella sensación. La misma
percepción que volvieron a sentir cuando sentados en la valla del paseo
marítimo, él depositó su mano sobre la de ella. Comentaban aquel lance de sus
vidas cuando se miraban y de nuevo sus labios morían en los de su pareja. No se
conocían de nada, ni siquiera eran conscientes del incidente con sus padres,
cuando cayó desmallada, sin embargo sus labios se buscaron para morir en los de
aquella persona desconocida. Es cierto que fue infinitamente corto, pero con
tal carga de energía que no lo olvidarían en toda la eternidad. De nuevo se
unían, esos recuerdos los encogían por la carga de felicidad que se les venía
encima. Luego se lamentaba de lo estúpida que había sido al tratar de no
dañar y no confesar el problema que la enfermedad le acarreaba. Que
generoso estaba siendo el Señor. Primero por haberles permitido cruzarse en esa
vida, luego por prolongar su vida para conocer y disfrutar de aquel joven. Lo
tendrían que pagar, pero un solo segundo, juntos compensaba todo el purgatorio
que deberían pasar por la dicha que les suponían esos meses. Ella le expresaba
su generosidad, al abandonar todo. Pero de inmediato fue silenciada por Julián.
“Como puedes decir que me sacrifiqué, que
fui generoso, si todo eres tú. Tendrías que acusarme de ser un gran egoísta por
quedarme con todo, absolutamente todo lo que me importa en esta vida.”
La luz de la
habitación se apagó y abrazados, como solían dormir. Ella de espaldas, el
abrazándose y con las manos en sus pechos les sorprendió el sueño.
viernes, 22 de noviembre de 2013
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN- PRIMERA PARTE- ANKI-CAPITULO XVI-EL PALACETE
CAPÍTULO XVI
EL PALACETE
El taxi los dejó frente al palacete. Anki
miraba asombrada aquel edificio de primeros de siglo. Él cedió las maletas al
servicio que salía para atender a la pareja y una vez vencida la valla de
entrada al jardín tomó a la joven en brazos para pasar el umbral de la puerta.
El personal contratado por su madre tenía todo a punto. La calefacción a pleno
rendimiento y la limpieza no solo se veía, se olía. La mesa puesta para ponerse
cuando los señores quisieran comer. Las maletas descansaban en la habitación de
Julián y la bañera con hidromasaje en marcha a la temperatura que le gustaba al
señor. Cuando dejó a Anki en el sofá, se dirigió a la cocina. En primer lugar
agradeció todas las atenciones recibidas y como tenían el palacete. Luego les
rogó que pusieran la comida en los calentadores y volvieran a sus casas u
ocupaciones, no los necesitaba durante esa semana. Al insistir que era orden de
su madre les comunicó que se las vería con ella. Les dio un buen aguinaldo y
regresó junto a ella para en brazos de nuevo subir a la habitación. Entrar en
el aseo e ir desflorando las prendas que cubrían sus cuerpos, para sumergirse
en esa enorme bañera brotando burbujas y chorros por multitud de sitios.
La música suave, el ambiente sin vapor, la
maquinaria anti vaho permitía mantener el habitáculo en perfectas condiciones
de temperatura y humedad. Abrazados se mantuvieron en aquel relajante lugar por
espacio de una hora. Luego en bata se sentaron a la mesa para hacerse con
aquellos alimentos.
Tras la limpieza e higiene personal se
tumbaron en la cama para descansar del viaje.
Nada más levantarse, de esa costumbre
hispana, telefoneo a La Perla para reservar mesa esa noche. El coche que le
regalaron por sacarse el carné lo tenía en el garaje con el depósito lleno y
limpio como pocos coches se ven. Se pusieron prendas cómodas para salir y
perderse por la ciudad. Llegaron al paseo de la Concha y continuaron hasta subir al faro Igueldo. Detuvieron el vehículo
en una revuelta poco antes de llegar al faro. De ahí, un pequeño acantilado
mostraba toda la belleza de la bahía de la Concha y se recrearon viendo aquel
paraje. Un extraño escalofrío recorrió el cuerpo de Julián. Sintió un frió
intenso para luego incluso llegar a sudar. Se sentaron en el coche cara al mar
y se abrazó a Anki, no quería decirle nada de lo que le estaba ocurriendo. De
pronto sus ojos se apagaron y vio una extraña escena. Una joven que se parecía
a Anki trataba de tirarse por el acantilado y él corría hacia ella para
abrazarle y detenerla. Cuando giró su cara comprobó que no era Anki, no conocía
aquel rostro. Un movimiento involuntario de su cuerpo le hizo regresar y volver
a la normalidad, pero había sobresaltado a Anki que le preguntó de inmediato
que le sucedía. De nuevo sus labios se unieron y sin darle importancia al
incidente prosiguieron juntos contemplando la panorámica. Recorrieron todo los
alrededores, para bajar a la bahía, aparcar el coche en el parking del complejo
deportivo y dar un pequeño paseo por las
inmediaciones del restaurante. Como hacía bastante frió decidieron entrar y
sentarse a dialogar. Le propuso jugar una partida de bolos pero no estaba con
fuerzas para mantener aquella pesada bola
y alegando que no le gustaba mucho, pero que si lo deseaba jugaban, se encontró
de inmediato con su negativa. Nunca haría algo que no le apeteciese. Pasaron a
conversar sobre el problema vasco, sobre la dictadura que reinaba en aquel
país, de los estudios que hacia él, de las perspectivas de futuro que tenía, de
vela, como no, y por supuesto también de voleibol. Buscarían un momento para ir
a ver partidos de voley playa, que se solían disputar con una cierta frecuencia
en la bahía y donde él muchas veces se medía con otros contrincantes. Tenía un
buen historial de victorias y luego cuando fuera al palacete le mostraría los
trofeos logrados a lo largo de los veranos que pasaba en aquella
localidad.
Anki andaba cansada y rogó regresar a casa.
No hizo falta repetirlo, bajaron al aparcamiento para poner el coche rumbo al
palacete. Una vez aparcado en el garaje, Julián fue por la puerta del copiloto,
la subió en brazos hasta el dormitorio. Allí dejó a su pareja con toda la
dulzura y cariño sobre el lecho y entró para conectar el jacuzzi. Regresó a su
encuentro y de nuevo en brazos entraron en el servicio.
Fue una semana encantadora, juntos fueron
conociendo todos aquellos rincones que le inspiraban a él. Ella disfrutó de su
compañía, de su ternura, de su cariño y de su amor. Hubo momentos para ver
algún partidillo de voleibol y aunque le insistió para que jugara, se negó. No
podía desperdiciar ni una milésima de segundo separado, luego se arrepentiría
con toda seguridad.
Todos los días se ponían en contacto con la
familia para tranquilizarlos. Anki sabía muy bien lo mal que lo estaría pasando
su madre. Ya no le hizo mucha gracia que se fuera, le notaba mas desmejorada y
a pesar que siempre era la más optimista de la familia con respecto a su
recuperación, últimamente estaba perdiendo la esperanza. Solo le animaba verle
tan feliz, a pesar de los pesares nunca la llegó a ver, desde que estaba con
aquel español, triste. Antes de su encuentro su expresión siempre era seria,
difícilmente se le sacaba una sonrisa. Pero desde aquel milagro, desde que
Julián se cruzó en sus vidas todo había cambiado. Aquel chico no solo radiaba
fuerza, vitalidad, energía también le acompañaba una buena carga de alegría, de
felicidad sin límites. Tímido y a la vez
capaz de conversar como si fuera una persona enormemente sociable. De una gran
educación pero de una sencillez que les llegó a toda la familia al corazón, en
especial al de su hija. Luego a pesar de su juventud, su madurez era exagerada
para un posadolescente. Tenía muy claro lo que quería y luchaba hasta el fin
por esos sueños o esos objetivos que se marcaba. Anki era su único interés y
sin embargo era capaz de captar las necesidades de la gente que le rodeaba.
Dejó todo absolutamente todo por dedicárselo a su hija. Aquello no se pagaba
con nada. Hablando con su niña recordaba cuando en ocasiones conversaban con él
y le expresaban su agradecimiento. Siempre sonreía para expresar que el que
tenía que dar gracias a los cielos era él. Por fin pudo reencontrarse con su
gran amor. Con ese amor que el Señor le reservó desde la creación y que nada ni
siquiera la muerte los separaría porque iba a ser eterno como la misma vida del
creador. Aquella frase que en más de una
ocasión se la escuchó recitar a su hija le encantaba y siempre que las
recordaba, las lágrimas se le escapaban.
Luego el trabajo que le proporcionaron a su
esposo en unos momentos críticos y difíciles había supuesto la salvación de la
familia. Pero aquella mujer estaba deseando que finalizase esa semana para
tener a su pequeña de nuevo en casa.
Era su última noche en el palacete, tras la
ritual sesión de hidromasaje, ella se tumbo en la cama para que le aplicase un
masaje sobre sus doloridas espaldas. Untó aquella piel suave, embriagadora y
capaz de despertar pasiones con unas cremas que solía utilizar e inició el
masaje. Entraron en el salón. No había luz eléctrica, dos enormes candelabros
iluminaban la mesa puesta con exquisito gusto. Julián le mantuvo la silla hasta
que se sentó y le acercó a la mesa. Notó como su rostro cambiaba de expresión.
La mesa, dispuesta para un banquete real, sin embargo los alimentos no los veía
por ninguna parte. No se había producido ni una sola pregunta, ni una sola
palabra pero él escuchó perfectamente lo que Anki estaba pensando. Casi al
mismo tiempo, de descansar sus pensamientos, él rompió la armonía del silencio
en aquella habitación.
“Hoy el primer
plato mi reina consiste en amor, el segundo podrá elegir entre amor o mas amor,
el tercero tres cuartos de lo mismo, para cerrar esta velada con un postre
dulce, suave y embriagador. Sus labios excelencia.”
Iba a sonreír ante la frase de Julián cuando
el timbre de la puerta les sorprendió. Julián fue presto, consciente que les
llegaba la cena de esa noche. Efectivamente había encargado en La Perla la
cena. No era un centro hostelero que sirviera comida a domicilio pero Julián
fue esplendido con varios empleados y tras el permiso oportuno llevaron la cena
al palacete de aquel joven.
Fue una velada increíble, la calidad de los
productos no cabía discusión y aunque no cenaron en exceso si se fueron a la
cama satisfechos de aquellos manjares.
Julián observaba las dificultades que tenía
para desnudarse. Se aproximó para rozar con sus labios el rincón del amor como
dicen los franceses y con una ternura, que puso la piel de gallina a su pareja,
ayudarle a despojarse de sus prendas para cubrirlas con aquel camisón de seda
blanco. Luego se acostaron mientras él le abarcaba por la espalda para dejar
sus manos sobre sus pechos y quedar profundamente dormidos.
Esa mañana se despertó temprano, la ventana
abierta y la persiana a media asta, como las banderas en los días tristes. El
sol comenzaba a despuntar proporcionando
luminosidad a la habitación, cuando él abrió los ojos y se la vio de cara,
durmiendo como un ángel celestial. Sonrió y pudo comprobar cómo su respiración
se aceleraba.
Anki
Se repetía mentalmente
Mi gran amor.
Un taxi los aguardaba en la puerta del
palacete. Entre el chofer y él colocaron el equipaje en el maletero y luego él
regresó para sacar a la novia en brazos e introducirle en el vehículo público.
Regresó para cerrar las puertas del palacete y tomar rumbo a Irún, al
aeropuerto de Donostia.
viernes, 15 de noviembre de 2013
UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN-SEGUNDA PARTE-ANDREA-CAPITULO XV-FIN DE LA DEUDA
CAPÍTULO XV
FIN DE LA DEUDA.
Cuando durante la cena la pareja inició la
conversación sobre los pagos pendientes se encontraron con una nueva sorpresa. El
cabeza de familia pasaba al paro, le habían despedido la tarde anterior. De
inmediato Julián se puso en contacto con su padre y al día siguiente se
personaba en la pequeña población.
Fue entrar por la puerta y se lanzó a sus brazos llorando. Sabía del cariño y aprecio que le tenía pero ese acto de ir en su auxilio sin ser para él directamente le emocionó profundamente. Cuánta razón tenía cuando miles de veces, comentaba que el cariño, el amor, la amistad se demostraban con hechos. Finalizados los saludos, le comentó que venía a resolver dos cosas. La primera un puesto de trabajo para el señor de la casa La segunda liquidar la cuenta con el banco, era un préstamo sin intereses y a pagar según el mes y las circunstancias del mismo. Sabía que Julián no le gustaba que se diera algo sin un esfuerzo por parte del que recibía y su padre sabedor de ello concretó con aquella familia, la de su hijo, los términos de aquel préstamo.
Los dos
hombres subieron al vehículo para tomar rumbo a la capital belga. Allí su
compañía de construcción había iniciado los trámites para la construcción de
una gran urbanización de lujo. Precisaba personal de confianza para organizar
el papeleo con las diferentes administraciones y ponerse de inmediato manos a
la obra. Pasaron el día en Bruselas y tras varias reuniones regresaron a casa
con la primera parte resuelta. El lunes siguiente comenzaría en su nuevo puesto
de trabajo. Aquella familia no sabía cómo agradecer todas las atenciones,
mientras que en broma comentaba.
“Ya tienen bastante con pelear con ese
rebelde. Creo que salen perdiendo”
Acompañó a su
padre con Anki al hotel donde se hospedaría esa noche. Pues a la mañana
siguiente quería dejar resuelto el problema de aquella familia con el banco y
luego volaría a España para estar a comer en Madrid.
No solo saldó
la deuda, dejó ingresada una fuerte cantidad para poderse defender hasta cobrar
el primer sueldo. Si bien la intención verdadera era la de disponer capital
para reformar un poco aquella casa.
En el
acantilado paseaba la pareja cuando Anki le preguntó.
“Te quieres casar conmigo”
Julián se
giró mirando incrédulo a su compañera e inmediatamente sin darle tiempo a
reaccionar manifestó.
“Creía que
estábamos casados desde la creación” “Pero si deseas tener una gran ceremonia
no seré yo quien me niegue”
De inmediato replicó.
“Lo único que quiero es estar a tu lado,
preparar una boda nos tendría demasiado ocupados y el Señor sabe perfectamente
que nos unió el mismo día que se inició la creación. Solo quiero estar junto a
ti. Y me alegra saber qué piensas igual”
Un beso cargado
de toda la química selló aquella pequeña conversación. Luego amarraditos
pasearon por aquel mágico lugar. Aprovechando el paseo para comunicarle que no iría
al liceo hasta que se encontrara con fuerzas. El ir a clase le privaría del tiempo
para estar junto a él. Asintió a sus pensamientos pues coincidían al cien por
cien. Sus mentes se habían sincronizado, las ideas, reflexiones y razonamientos
salían al mismo tiempo de ambos. Cuando
comenzó a caer la tarde regresaron. En el recorrido, vecinos y comerciantes,
les resultaba familiar aquella pareja. Portadora de una felicidad sin límites y
siempre amarraditos, como si temieran perder a su pareja. Los saludaban y con
esa espontaneidad respondían al saludo. Pronto averiguaron el drama de aquella
pareja y los corazones se les enternecían al verlos pasar. Alguna, algo más
sensibles que otras, al verlos pasar se refugiaban para dar rienda suelta a sus
lagrimales.
Por fin
llegó el sábado, la fiesta estaba montada por todo lo alto. En la granja el
padre de la anfitriona se esmeró para que todo estuviera en orden y fuera un
autentico éxito la celebración del aniversario de la niña de la casa. Anki,
junto a su amiga y Julián pasaron la mañana en el columpio de la piscina. Sobre
el artilugio pendular donde él le proporcionaba la energía para el balanceo,
permanecieron conversando las dos amigas.
Llegó la hora
de la equitación. Anki, alegando que no se encontraba bien, no se acercó al
picadero y aunque intentó que Julián fuera, éste se negó a separarse. Aquel
español fue el centro de atención de las jovencitas que no repararon en
lanzar las mil tonterías de rigor, permaneciendo distante pero educado. Mientras
que Anki se sentía segura y orgullosa del que le había robado el corazón. Comieron,
escucharon música, bailaron y tras reposar un poco la comida fueron a buscar
una discoteca donde finalizar la tarde. Anki se encontraba cansada y optó por
apoltronarse en un rincón junto a Julián, donde pasaron la tarde contándose sus
vidas. Le hablo del palacete en Donostia. Para él suponía lo que el acantilado
era para ella. Hablaron de la posibilidad de desplazarse algunos días y
conocerlo. Ella se hubiera ido en ese instante pero notaba que las fuerzas le
faltaban. No comentó nada. No quería preocuparlo pero si se recuperaba no
dudaría en proponérselo.
Fueron los
primeros en abandonar la discoteca, estaba cansada y Julián le tenía sin
cuidado el lugar. Con estar juntos le bastaba. En un principio pensó en no
cenar, pero sin duda los pondría en guardia y alegando que había comido mucho
ese día se tomó un vaso de leche. Él le acompañó para retirarse a la habitación
una vez tomada la leche.
Ese lunes
tras regresar del trabajo el jefe de la familia comentó que había estado viendo
una vivienda cercana a su puesto de trabajo que pertenecía a la empresa y se la
dejaban a un buen precio. Anki mostró su deseo de permanecer allí cerca de su
acantilado pero que si era una oportunidad que no la desperdiciaran. Aprovecho
la ocasión para independizarse, aquella casa suponía mucho para ella y poderla
compartir con su amor a solas sería el escalafón para sus últimos días. La idea
les gustó a todos pero mientras su hija no se recuperase un poco más no deseaban
dejarle sola.
Una nueva
sesión de quimioterapia, de nuevo separados. Ella comenzó a emplear ese tiempo
que aquellos sanitarios le robaban para escribir unas hojas donde poder
expresase. Sería el legado que le dejaría cuando el Señor tras su generosidad
de seguir manteniéndole con vida se la llevara. Esos escritos servirían para
comunicarse de nuevo con su amor pero especialmente levantarle el ánimo. El
premio que habían recibido era demasiado grande y sin duda tendrían que
compensarlo de algún modo. Julián pasaba esas horas con su prima y se
interesaba por todo lo que hacía con esas personas con dificultades para
desplazarse.
Una vez
salvada la situación económica, todos los esfuerzos del matrimonio se volcaron
en la pareja. Adoraban a Julián, no por lo que les supuso a nivel económico,
aquel joven era un ejemplo para cualquier muchacho o muchacha. Las amigas de
Anki y sus familiares lo adoraban, siempre estaba dispuesto a colaborar o
ayudar a los demás. Eso sí, sin soltar a Anki de la mano. Solo la quimio los
separaba y ella en más de una ocasión estuvo tentada a dejarlo. Pero consciente
que era una posibilidad, muy remota, pero al fin y al cabo una posibilidad de
luchar y tratar de vencer a la enfermedad. De lo que estaba segura es que jamás
lo hubiera hecho por ella. Pero al observar la ilusión y la esperanza de su
madre de ganarle la batalla al cáncer. Aceptó proseguir con el tratamiento.
Se aproximaba
Navidades y suplicó a los médicos que la sesión que le tocaba ese mes la
pospusieran para después de las fiestas. De lo contrario no podría disfrutar de
sus últimas Navidades. No comentaron nada pero sabían casi con certeza que a
las siguientes no llegaría. Cada vez las fuerzas le iban abandonando por ello
decidió que tras pasar las Navidades en familia, viajaría con Julián a Donostia
para conocer aquel rincón del que estaba enamorado. No les hacía mucha gracia a
sus padres pero fue el deseo y la petición como regalo de Navidad. De inmediato
pensaron cuando les solicitó pasar el verano en España y pudo conocer a Julián.
Sin duda era la causa que siguiera con vida, pues las previsiones de los
médicos cada vez eran menos alentadoras. Su madre pensó que tal vez de nuevo al
estar con él una semana, era lo que tenían previsto, volvería a levantar los
ánimos y las ganas de vivir. No en balde las vacaciones de verano mejoraron a
su niña. El segundo día de Navidad la
familia de Julián al completo se presentó para felicitar las fiestas y se
mantuvieron dos jornadas en la localidad. Cuando su hijo les confesó que iban a
ir a Donostia quisieron apuntarse para acompañarlos y poder estar unos días más
con su hijo. De inmediato les quitó esa ilusión. Era su viaje de novios y
querían estar solos. Con asombro preguntaron si se habían casado sin avisarles.
Mamá tu
sabes que el Señor nos casó con la creación.
Sonrió. Les
hubiera gustado estar con su hijo pero comprendían perfectamente a la pareja.
Anki la notaron bastante desmejorada desde la última vez que la vieron, así
como eran conscientes que su hijo se había percatado perfectamente de ello. Sin
duda deseaba pasar una semana completamente solos. No volvieron ni a
mencionarlo y pasaron dos días maravillosos en familia. Aquellos holandeses
eran buena gente y desde luego se desvivieron por atender, por qué no decirlo,
a su familia. La hermana de Julián estuvo callada y discreta cosa que su
hermano se lo agradeció. Sabía lo que iba a sufrir cuando ella no estuviese y
por nada del mundo le estropearía los últimos días.
Sus padres y
hermana los fueron a recoger al acantilado y se quedaron unos minutos
disfrutando de aquel paraje salvaje, violento y al mismo tiempo relajante.
Fueron al
aeropuerto de Bruselas toda la familia. Pues el padre de Anki trabajaba ese día
y su mujer fue con ellos para despedir a la familia y especialmente a su
pequeña. En el aeropuerto alguna lagrimilla se le escapó a los padres de ella y
de inmediato se encontraron con todo el
apoyo de la pareja que los abrazaban.
Mientras sus
padres y hermana se dirigían a la puerta de embarque de su vuelo a Madrid,
ellos hacían lo propio para San Sebastian. La felicidad iba reflejada en sus
rostros, pero la preocupación iba por dentro. Conscientes de las pocas fuerzas
que le iban quedando. Él sintiendo por medio de las ondas que se transmitían
ese proceso de desintegración de todo su organismo. Estuvo especialmente
cariñoso, se movía a su ritmo para evitar que ella se acelerase para disimular,
lo que era imposible. Le invitaba constantemente a sentarse, conocedor del
esfuerzo que hacía.
Una vez en
vuelo, quitaron el reposabrazos que los separaba, se desabrocharon los
cinturones y ella lo abarcó por la cintura y apoyó su rostro en sus pectorales,
las rodillas dobladas sobre el asiento y su trasero casi fuera del mismo.
Alzaba su mirada para contemplar a ese muchacho que le había arrebatado el
alma. Cuando él cruzaba su mirada sus labios se rasgaban por la comisura de los
labios y esa expresión cargada de todo el amor que rodeaba a la pareja se
mostraba con generosidad. Todo el que pasaba y los observaba pensaban lo mismo.
“De viaje de novios no hay duda”
A decir
verdad no se equivocaban mucho. De pronto ella rompió ese silencio de palabras,
no de conexiones de uno con el otro que se producían incluso cuando dormían,
para lanzar un ruego. Sabía que no le quedaba mucha vida y deseaba que esa
separación obligada, hasta que se reunieran los dos no fuera tan penosa para
él.
“Me has de prometer antes de que el Señor
me llame que buscarás una mujer que te cuide. Eres de…”
Sus labios
fueron silenciados al encontrarse con ese premio Nobel que él comentaba que le
daba cada vez que se besaban. No pudo evitar unas lágrimas, de inmediato una de
sus manos la recogían como la miel de un panal y las depositaba en sus labios
para saborear la dulzura de su amor. De inmediato ella sonreía y abrazándose
con todas las fuerzas que le quedaban prolongaba ese cambio de químicas para
embriagarse de él.
Al separarse
intentó de nuevo proseguir, pero tuvo que renunciar, de nuevo sus labios se
refrescaban con los de su pareja y todo lo demás no importaba nada.
viernes, 8 de noviembre de 2013
UN AMOR ETERNO NACIDO CON LA CREACIÓN-PRIMERA PARTE- ANKI-CAPITULO XIV- LA DECISIÓN
CAPÍTULO XIV
LA DECISIÓN.
Los padres de Anki se encontraban en el
chalet. Habían recogido todo lo del apartamento, su hija ya hizo lo propio con
lo suyo cuando se fue a pasar el fin de semana y lo tenía allí. Desayunarían en
familia y luego emprenderían viaje a su país. La pareja bajó al salón. Fue
traspasar la puerta cuando se percató que su madre lo sabía. Observó como con
discreción rogaba a su marido que pidiera lo que pidiera su hijo se lo
concediese. Miró con extrañeza a su esposa pero asintió con un gesto y
saludaron a la pareja. Dejó con una delicadeza real a Anki sobre el sofá del
salón, saludó y luego al ir al encuentro de sus padres, fue sorprendido al
escuchar cómo se disculpaba de sus invitados para perderse con su hijo y esposo
en una de las habitaciones del piso superior.
¿Sabes lo de Anki y te quieres ir con ellos?
Los dos
hombres se quedaron petrificados, el primero porque no sabía de qué iba todo
eso. El segundo nunca se imaginó que su madre supiera lo que le sucedía a Anki.
Pero al escuchar sus palabras comenzó a comprender muchas de sus actitudes en
los últimos días. Mientras daba toda la explicación a su esposo, el rostro de
Julián mostraba la felicidad que le proporcionaban aquellas palabras. La
decisión la tenía tomada y lucharía hasta la extenuación por conseguirlo. Y
ahora no solo no iba a tener que pelear tenía al mejor aliado para conseguir su
propósito. Su madre.
Anki hacía lo
propio con sus padres. Éstos lo único que deseaban era seguir viendo a su niña
con esa ilusión y esas ganas de vivir. Cuánto tiempo hacía que no la veían
sonreír y sin la menor duda aquel muchacho era el culpable de continuar
viviendo. No pondrían ni la mínima pega para que fuera a vivir con ellos. Pero
la preocupación estaba en si los padres del muchacho iban a consentir algo como
aquello. Ellos mismos pensaron que no creían que se lo permitieran a su hija.
Conforme se
desarrollaba la conversación con sus padres Julián rompió a llorar. Se abrazaba
a su madre, luego a su padre. Tener su apoyo no le importaba mucho, pero
percibir que eran conscientes del sufrimiento de su hijo le llegó a lo más
profundo de su corazón. Ella también lloraba mientras se abrazaba a su pequeño,
para luego abrazarse a su esposo. No tenía palabras, pero cuando el llanto hizo
su labor rompió el silencio
Hablaremos con la familia y les mandaremos
por transferencia bancaria una cantidad para ayudar ya que te van a estar
manteniendo y junto a ella otra para tus gastos.
Julián no
quería, él se las agenciaría para con el dinero que tenía ahorrado y el que se
pudiera sacar ir tirando.
El coche se
deslizaba por la A 7 rumbo a la frontera. El matrimonio en los asientos
anteriores y Anki pegada materialmente a Julián en los traseros. Con las
piernas encogidas sobre el asiento se asía con fuerza a él. Abarcando una mano
su cintura y otra su cuello. Él sentado y abrazando su espalda para que su
rostro se dejara caer en sus pectorales. A los pocos minutos de circular, primero
Anki y luego Julián se quedaron profundamente dormidos. Llevaban cerca de
treinta horas sin pegar ojo y estaban cansados. Su madre giraba la cabeza para
verlos y no podía evitar que alguna lagrimilla se perdiera sobre su blusa.
Por fin
llegaron el lunes anocheciendo a Wissant, localidad donde tenían su residencia.
Una pequeña casa de dos plantas con dos habitaciones en el piso superior con
sus correspondientes servicios y un pequeño salón, un comedor y la cocina
completaban la vivienda. La parcela no disponía de más de dos metros de la
valla que la delimitaba.
El miércoles debían desplazarse a Ámsterdam a
casa de los abuelos de Anki donde permanecerían una semana para someterse a una
exhaustiva revisión. Pues así quedaron con el equipo médico que le atendía,
aunque a decir verdad nadie pensaba que pudiera llegar hasta esa fecha. Los
jóvenes tomaron un café con leche y unas magdalenas, tras desear las buenas
noches a sus padres se fueron a la habitación a descansar. Terminaron de
deshacer las maletas cuando ella le tomó la mano y le condujo hasta el aseo,
puso el tapón de la bañera, abrió el grifo y dejó que el agua se escapara
mientras iba llenándose la pileta. Se aproximo a Julián le beso mientras
comenzaba a despojarle de la ropa.
Un rayo solar
despertó a Julián, observó a su compañera y la carne se le puso de gallina,
estaba esplendida, increíblemente bella. Dormía plácidamente y en su rostro se
reflejaba el estado de felicidad que le embargaba. Aproximadamente al cuarto de
hora comenzó a despegar sus parpados y la intensidad de la luz de sus ojos
verdes deslumbro a Julián al tiempo que la sonrisa rasgaba su rostro. No hubo
freno, no hubo obstáculo, no hubo reparo, no hubo moral, los dos se fundieron
en uno solo mientras se compartían inundando el habitáculo de ese amor profundo
que se profesaban. Se levantaron y una ducha rápida dio pie a bajar al salón
para desayunar. Finalizado ella le tomó de la mano y paseando se aproximaron a
los acantilados cercanos a la casa. Aquel paisaje, notar la brisa del mar del
Norte era algo que Anki adoraba y muy pronto lo comenzó a compartir con su
pareja.
El viaje a la
capital holandesa les llevo algo más de
tres horas, pero como salieron temprano llegaron con antelación al
almuerzo. Las lágrimas de aquellos ancianos aparecieron al ver a su nieta con
esa alegría y felicidad. Ella les presentó a su compañero y especialmente su abuela lo abrazaba y
besaba como si de su propio nieto se tratase. Le habían informado de todo y
eran conscientes que aquel joven era el culpable que la pequeña de la familia
siguiera con vida. Julián algo aturdido no soltaba la mano de Anki, conocedor
que tendrían que separarse mientras durara el reconocimiento. De ahí que no
desperdiciaba ni una milésima de segundo sin sentir su piel, su calor, su
ternura.
Antes de
salir para Holanda el padre de Anki le comunicó la transferencia que les había
enviado su padre. Era demasiado dinero pero tanto el padre, como en esos
momentos el hijo, le confesaron que solo era dinero. Ninguno de los dos se
pensaba llevar a la otra vida ni una sola peseta. Por ello nada más llegar a la
capital y acomodarse en casa de los abuelos se acercó a una entidad bancaria
para sacar el dinero que le habían enviado a Julián.
Las primeras
impresiones de los doctores no eran nada alentadoras, todo lo contrario, pero
debían esperar a los resultados de los análisis. Pero tampoco se explicaban
como aquella criatura seguía con vida. Mientras los padres de Anki entraron con
su hija para hablar con los doctores a Julián le presentaron una prima de Anki
que trabajaba en el hospital. Era cuatro años mayor que su prima pero solían
ser uña y carne en las reuniones familiares. Angelina, nombre del familiar de
Anki le fue mostrando todo aquel gran hospital. Luego entró con ella en la sala
de rehabilitación donde desarrollaba su profesión de fisioterapeuta. Había una
gran pileta donde se ejercían la mayor parte de los ejercicios de sus pacientes
y él no perdió un solo instante para aprender y buscar respuestas a las dudas
que le venían.
Por fin esa
primera jornada de exámenes, análisis y revisiones se dio por concluida. Julián
recibió las malas noticias pero sin derramar una sola lágrima se refugió en
ella y los dos abrazados, que digo abrazados, pegados materialmente el uno al
otro, no se separaron ni para desplazarse.
Antes de
entrar por la calle que daba a su casa Anki pidió a su padre que los acercara
al acantilado, su lugar preferido para refrescarse con la brisa del mar del
norte. El matrimonio iban muy preocupados, ese día los médicos habían roto
todas las esperanzas que les quedaban. Su pequeña podía fallecer en cualquier
momento. Es mas no se explicaban cómo podía continuar con ese régimen de vida.
La madre estaba convencida que era ese joven quien la mantenía con tales ganas
de vivir que ni siquiera aquella enfermedad que inundaba el organismo de su
niña podía con ella. Observarlos por el retrovisor llenos de dicha, de felicidad
indescriptible le hacía brotar las lágrimas. No tardaron, pues los separaba un
par de kilómetros. Descendieron del vehículo y ella echó a correr en busca del
precipicio. No hacía viento, cosa extraña en aquel lugar y si una brisa húmeda.
Julián corría junto a ella sin soltarle la mano. Mientras el matrimonio
permaneció unos minutos observando a la pareja y luego como quedaron con su
pequeña pusieron el coche en marcha y regresaron a casa.
Pasearon por
espacio de un par de horas disfrutando cada instante. Comprendiendo Julián de
inmediato el porqué aquel lugar embrujaba a su compañera. Regresaban saboreando
cada instante, cada momento juntos, cuando la pareja se cruzó con un grupo de
jovencitas entre las que se encontraban dos del círculo de Anki. Sorprendidas
al ver a su amiga en un estado aparentemente tan bueno. Tras confirmarles de
inmediato que la cosa iba a peor desviaron la conversación para recrearse en el
muchacho que le acompañaba. Julián con su correcta educación saludó al grupo
una por una y las bromas no estuvieron exentas por parte de las jovencitas.
Antes de
despedirse del grupo le propusieron verse ese sábado en la granja de una de
ellas, donde quedó con sus padres en preparar un par de cabalgaduras y pasar
una jornada de equitación. Luego comerían todas en la granja y por la tarde se
perderían en alguna discoteca de la zona. Por supuesto no la dejaban entrar si
no traía a su compañero. Tras las sonrisas, bromas y gestos de despedida la
pareja regresó a casa.
Escucharon
parte de una conversación que se interrumpió de inmediato con la entrada de los
jóvenes. Pero el cambio de expresión en el matrimonio preocupó a Julián. Con
increíble discreción preguntó pero al observar que los estaba poniendo en un
compromiso, pensó que se refería al estado de Anki. Lo dejó y subió con ella a
la habitación para asearse y bajar a cenar en familia. Durante la cena
conversaron sobre la visita a Holanda y la nueva estrategia del equipo médico.
Iban a intentar unas sesiones de quimioterapia. Anki no estaba por la labor eso
supondría separarse de Julián al menos dos o tres horas, durante otros tantos
días y ya había hecho la tonta en Gandía cuando le comentó que ella no sentía
lo mismo que él y desperdiciaron demasiadas horas. Lo que le quedaba en este
mundo lo deseaba pasar junto a él. Pero era tanta la necesidad de acogerse algo
sus padres que optó por aceptarlo. Ahora bien, primero se lo consultó a Julián
quien no quiso mojarse, lo que ella decidiera aceptaba encantado. También él
hubiera preferido que no se sometiera a la quimio pero si había una mínima
esperanza no iba a ser él quien la trucara. Ella sabía a la perfección que si
seguía con vida era gracias a ese muchacho que el Señor le envió para compensar
el sufrimiento de los últimos meses. Consciente que se lo había pagado con
creces.
Por la mañana
temprano se levantaron, para acercarse al liceo donde ella cursaba el último
curso, antes de acceder a la Universidad. Pero no se entretuvo demasiado
tiempo, comprobó como a Julián aquel tumulto, aquel interrogatorio y aquellas
salidas de tono por parte de alguna jovencita no le agradaban. Por otro lado a
ella tampoco le apetecía mucho la vida social. Julián le había contagiado esa
necesidad de soledad. Recordando lo que solía decir.
“Más de dos. Multitud”
Ahora le
entendía un poco, aunque a decir verdad ella era una mujer muy sociable.
Julián
encaminó sus pasos hacía el acantilado, sabía lo que le relajaba a su compañera
y estar junto a ella disfrutando de la naturaleza en aquel rincón del planeta
era algo que le había llegado en esas dos ocasiones que se mantuvieron en
aquellos parajes. Abrazados sobre unas pequeñas piedras se comunicaban toda su
ternura y cariño. Ella comentó que sus padres lo estaban pasando mal y que
gracias a la transferencia que les mandó habían podido salvar un posible
embargo sobre la casa. De inmediato Julián se interesó por dicha circunstancia.
Se habían metido en un préstamo para poder hacer el viaje a España y acumulado
con lo que tenían pendiente se les estaba haciendo casi imposible afrontar el
préstamo. Le tranquilizó, era su familia y él iba a vivir con ellos por tanto
debía arrimar el hombro. De momento contaba con un bonito capital en España,
hablaría con su padre y trataría de solucionarlo. Estaba comentando, las soluciones
que iba a poner cuando su boca quedó silenciada al encontrarse con los labios
de Anki. Al separarse ella comentó.
“Creo que el cáncer no podrá conmigo pero
como sigas así moriré de amor”
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