lunes, 17 de junio de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XVIII- LAS PRIMERAS CONFIRMACIONES

                                 - LAS PRIMERAS CONFIRMACIONES -

   La mañana del miércoles madrugó. Una ducha ligera le permitió contactar con el agua y lanzarse a continuación a la piscina para realizar unos largos y poner su cuerpo en funcionamiento. Se enfundó el albornoz y mientras se secaba, tomó el móvil para comunicar con Francia. En concreto con un gran amigo que llevaba varios años en el mundo de la investigación privada. Quien mejor que él para conseguir la información que deseaba a cerca de la clínica privada de Suiza. Mantuvieron una entretenida conversación. Se alegraron de poder hablar, ya que hacía tiempo que no sabían el uno del otro. Tras interesarse por como les estaba tratando la vida le proporcionó varios teléfonos de la capital Suiza y de dos localidades cercanas. Le sugirió que se presentara como un empleado de su agencia.
   - Pondrán mucho más interés en resolverte lo que quieres, que si vas por propia iniciativa. Me deben varios favores y estoy seguro que especialmente este primer número se desvivirá por proporcionarte lo que deseas. En el supuesto, que no puedas contactar con él puedes telefonear a cualquiera de los demás. Te atenderán sin duda. Pero si el primero no consigue lo que pretendes ya puedes desistir.
   Apuntó toda la información proporcionada por su amigo. Pierre siempre llevaba una libreta con su correspondiente lápiz a mano. Nunca se sabe, decía, cuando lo va a necesitar uno. En la misma mesa de la piscina, bajo un enorme cenador le sirvieron el desayuno. Una vez a tono y repuestas las calorías de su cuerpo volvió a marcar para ponerse en contactó con el primer número que le había proporcionado su amigo. La conversación duró más de una hora. No iba a ser fácil y las cantidades a pagar serían elevadas, pues era una clínica donde la discreción era le tono predominante en todos sus empleados. Pero le aseguró que si le daba algo de tiempo lograría ponerse en contacto con personal de la clínica. Le dio el teléfono de casa y del móvil que le había proporcionado Amparo para utilizarlo durante la investigación. Su contacto en Suiza le aseguró que haría lo imposible por conseguirle lo que deseaba. Los amigos de Joel son míos también. Se despidieron al tiempo que quedaron en verse cuando consiguiera la información solicitada y tuviera que desplazarse a Suiza.
   Resueltos los contactos telefónicos se pasó por el colegio, donde años atrás había trabajado Paco. Por la tarde se dejó caer por la Ciudad de los deportes. Contactó con los familiares, en especial con la sobrina de Amparo y su esposo. Consiguió algunas cosas que seguían corroborando su teoría. Llegó a casa agotado, entró en el salón y tras saludar a sus anfitriones se sentó junto a Ester a ver la televisión. Cuando finalizó el programa que estaba viendo, comenzaron a conversar de nuevo. La deformación profesional del joven le obligó a seguir indagando y de nuevo aquella joven volvió a confirmar su tesis. La Ciudad de Deporte y esa casa era el sueño por el que suspiraba su padre. Se lo había mostrado en varias ocasiones y ella siempre se lo tomaba a broma.
   - Siempre andaba con sueños. Muchas veces no sabía cuando hablaba en serio, en broma, o te estaba tomando el pelo. Pero es adorable.
    Se acordó, de pronto, que dicha información se la proporcionó al personaje que se presentó en casa tras la desaparición de papá. Y matizó.
   - Pienso que vino por orden de Gerardo pues le vi. Posteriormente hablando con él, y como sabes Gerardo era el socio de papá. Entre los dos idearon esa Ciudad del Deporte. Bueno la ideo papá y él puso el capital.
   Una leve pausa para beber un poco del refresco que tenía sobre la mesa y prosiguió.
   - Gerardo aseguró a mama que esta casa sé la prometió a mi padre si aceptaba hacerse cargo de la Ciudad del Deporte.
   Pierre se dio cuenta que había una nueva vía de investigación. Era necesario confirmar sus nuevas sospechas. Ese agente que habló con la joven tenía que ser alguien enviado por Bernard o como muy bien había deducido su joven anfitriona, por Gerardo. Era necesario descubrir de quien se trataba. Por orden de quien se había presentado y con qué propósito. 
   Ese agente de seguros del que hablaba Ester mantuvo una larga conversación, principalmente con su madre. Por ello Pierre interrogó de nuevo a Amparo sobre el personaje en cuestión. Cuando se quedaron a solas en el salón, sus hijos se habían ido a dormir, con delicadeza comenzó a indagar sobre el asunto.
   - Si quieres que te diga la verdad. Estaba tan fuera de mí que sería incapaz de recordar su rostro. No hacía ni cuarenta y ocho horas que había desaparecido Paco cuando lo atendí por cortesía, pero no recuerdo mucho ni como era ni del tema que tratamos.
   El silencio se adueñó del salón. Pierre no deseaba cansarle con más preguntas y optó por seguir con la novela que estaba leyendo. A los pocos minutos Amparo comentó algo, pero sin dar importancia a lo que decía.
   - Me ha parecido ver esa cara en otras situaciones y lugares. Pero si te digo la verdad no podría describírtela. Tal vez si lo volviera a ver podría darte alguna pista. La verdad, aunque mi cuerpo estaba allí, mi mente no sé muy bien donde la tenía.
    Pierre le comentó que no tenía importancia y que lo olvidará. Pero era consciente del valor de esa información. ¿Sería el propio Bernard el que se presentó a las cuarenta y ocho horas de la desaparición de Paco? Pero de ser Paco y José la misma persona. ¿Dónde estaba José? De nuevo otra vía de investigación se le abría al joven. Y en el centro de todas esas líneas de investigación siempre estaban Bernard y Marie. Era consciente que si todo era como pensaba esos dos personajes tenían las respuestas a todas sus preguntas. No había que precipitarse existían varias líneas abiertas como para no seguirlas. De confirmarlas sin duda habría que enfrentarse a esos dos personajes pero con las cartas descubiertas, o al menos la mayoría de ellas. En el momento oportuno cuando fuera cara a Bernard y Marie no tendrían escapatoria, deberían confesar, sacar a la luz y aclarar de una vez por todas aquel entramado que parecía no tener ni principio ni fin.
   Esa mañana fue a encontrarse con Gerardo. Era necesario investigar sobre quien era el personaje que se entrevistó con Amparo y luego sonsacó a Ester la información sobre la Ciudad de los De-portes y la casa ideal de su padre. Se encontraba en su despacho, las ordenes que hasta la fecha tenía, de Bernard y Marie, eran que desorientara a toda persona que indagará sobre el tema, pero hacía una semana que éstas habían cambiado y ahora debía colaborar. Especialmente con los investigadores privados, pero sin desvelar demasiadas cosas. José se debería enterar poco a poco. Cuando Pierre se presentó se le abrieron las puertas. Cosa que le desconcertó y le puso en guardia. Todo fueron atenciones y no se negó a contestar a ninguna pregunta. Si bien algunas de ellas no fueron respondidas con toda su extensión. Cuando preguntó si sabía de quien se trataba el personaje que se entrevistó con Amparo como agente de seguros a los dos días de la desaparición de Paco respondió con evasivas. Estaba claro que ese punto no se lo aclararía. Pero al finalizar la entrevista. Pierre estaba asombrado, sabía por José que otros investigadores habían hecho esas y otras preguntas. Nunca habían tenido respuestas tan directas. Al preguntar si las órdenes, que recibía de Francia, provenían directamente de José, le confesó que él recibía las órdenes por vía de Bernard.
    Al llegar a casa estaba algo confuso, porque de repente Gerardo había sido tan abierto. No se fiaba de esa información y deseaba contrastarlas. Pero especialmente deseaba confirmar que fue Bernard quien se hizo pasar por agente de seguros y sonsacó toda esa información a Ester y Amparo. Siendo el responsable de toda esa trama que estaba excesivamente liada.
    Si verdaderamente el que se entrevistó con Amparo y posteriormente sonsacó a Ester toda esa información, era Bernard, no había duda que Marie y su abogado estaban detrás de todo. Debía urgentemente resolver esa duda cuanto antes, de confirmarse se añadía un nuevo soporte a su teoría. Amparo conoció a Bernard en su primer viaje a Bordeaux, con motivo del partido de la Champion y tal vez cuando le confesó que creía haber visto esa cara en otro sitio se refería a él. Nada más cruzar el umbral de sus aposentos volvió a coger el teléfono y se puso en contacto con José. Se saludaron y le mostró su interés por disponer, lo antes posible, de una fotografía de Bernard. Su sorpresa fue mayúscula e instintivamente preguntó.
   - ¿Una foto de Bernard? ¿Para que diablos?
   Pero cuando le confesó que estaba investigando sobre la desaparición de Paco y precisaba de ella para sus pesquisas. Sonrió y no le volvió a preguntar. Nada más despedirse le enviaba al fax de su habitación la fotografía en cuestión.
   Ahora disponía de la foto del personaje. Pero presentársela a Amparo no le iba a sacar de dudas. Pero si Ester la identificaba, tendría la prueba definitiva. Bernard y, por tanto, Marie estaban metidos en ese asunto.
   Salió de la habitación con la idea de encontrarse con la joven. Preguntó a Ramón y le comunicó que se encontraba en sus habitaciones estudiando. Le rogó que le avisara y acudió presto a la petición de su invitado.
   A los pocos segundos bajaba al salón y se encontraba con Pierre.
   - Perdona si te he molestado. Pero necesito que me identifiques a este personaje.
   Le mostró la foto de Bernard. Fue verla e inmediatamente saltar.
   - Es el personaje que te conté. El que se entrevistó con mama y luego hablando conmigo le mostré los planos que papá hacía sobre sus ilusiones.
   No había la menor duda, era él. No lo podía confundir. Nunca había visto a Bernard y le aseguró que lo recordaba porque lo estuvo observando mientras mantenía la entrevista con su madre.
   - ¿Es importante para tu investigación?
   Preguntó al tiempo que Pierre sin poner excesivo énfasis le aseguró que tal vez si la tuviera pero que era pronto para poder hablar de ello. Estaba convencido que iba por el buen camino y por fin había un hilo conductor.
   - Pero te suplicó que no lo comentes con tu madre. Tengo miedo a no estar en lo cierto y de nuevo se pueda llevar una desilusión.
   Ester prometió a su invitado guardar el secreto. Pierre estaba emocionado, sin duda su tesis iba tomando cuerpo y saber que podría ayudar a José, le tenía ilusionado.
   Habían cenado y sus hijos se encontraban en sus habitaciones durmiendo o estudiando. En el salón y mientras se tomaban un café conversaba con Amparo. Dudaba consultar con ella, pero por fin se decidió.
   - ¿Sabes quien es este personaje?
  Le comentó al tiempo que le mostraba la fotografía de Bernard. Amparo se quedó parada. El tiempo transcurría y ella permanecía con sus sugestivos ojos verdes clavados en la foto. No había duda que lo había reconocido, pero Pierre notó que trataba de adivinar algo más. Permaneció en absoluto silencio frente a ella. Sé propuso no abrir la boca hasta que su anfitriona lo hiciera. El silencio era casi absoluto. Los dos frente a frente y de pie continuaron por espacio de varios minutos, hasta que Amparo saltó.
   - Era Bernard el que se presentó ese día. Bernard fue el agente de esa compañía de seguros. ¿Pero a que santo Bernard?
   No había duda, el cerco se estaba cerrando y todo apuntaba a las sospechas de José. Su madre y ese personaje debían saber todo. Si conseguía información en Suiza, el caso podría resolverse en Bordeaux con Marie y Bernard, pero sin cartas ocultas.
   - ¿Has descubierto algo Pierre? ¿Por favor si tienes algo dímelo? Te lo suplico. No puedo aguantar más esta incertidumbre.
   Comenzó a llorar. La tensión diaria, la posibilidad de haber algo acerca de Paco después de casi tres años, explotó. Pierre sé lamentaba por involucrarla, sin tener nada seguro, pero era necesario contrastar toda la información que iba recogiendo.
   - Puede que tenga algo. Pero te pido que no me preguntes sobre el asunto si luego no fuera una pista buena la decepción sería demasiado grande.
   Era la primera vez que un investigador confesaba tener algo y no podía saber el que. En un principio no lo podía comprender pero luego viendo aquel muchacho como estaba sufriendo por tener que guardarse lo que sabía y comprobar su actitud durante esos días lo aceptó. Al fin y a la postre había una esperanza.
   Al meterse en su habitación su cabeza proseguía dándole vueltas a todo ese asunto. El siguiente paso marcado era Suiza, pero hasta que no recibiera noticias del amigo de Joel no movería un dedo. Ya le habían advertido que tratar de indagar en la clínica sin medir los pasos podría significar el fin de ese hilo y desde luego no estaba por la labor de perder ninguno que le llevara a corroborar su teoría.
   Metido en su cama pensó que debía regresar al despacho de Gerardo y preguntar por José. Conocía a la familia desde hacía años y sin duda era sabedor de las correrías en su etapa anterior a la desaparición de Paco. De conseguir información podría investigar a cerca de donde estaba el paradero del verdadero José, en el supuesto, que como parecía indicar el José que se desenvolvía por Bordeaux no correspondía con esa persona.    
  Por la mañana estaba de nuevo en el despacho de Gerardo. Se extrañó al recibir de nuevo su visita, pero le invitó a pasar. Sé saludaron, se sentaron e inició el interrogatorio. Gerardo se quedó sorprendido. ¿Pues no le preguntaba por José?. Estaba desconcertado, pero su asombro fue mayúsculo cuando las preguntas eran referentes a tiempos pasados. Las primeras confesiones seguían confirmando la línea iniciada por Pierre. Gerardo le comunicó que él había sido el primer sorprendido del cambió tan brusco experimentado por dicho personaje. Antes era un ser arisco, mal educado y poco centrado. Un niño mimado, caprichoso y déspota con toda persona que estuviese a su servicio o al de su familia. El José de los últimos tiempos era totalmente opuesto al anterior. Durante la entrevista le confirmó que efectivamente el cambio se produjo con la desaparición de Paco.
   - Quiero que me cuentes, los lugares que frecuentaba. Las conexiones que tenía en España, sus amistades o conocidos.
   Gerardo durante la conversación se dio cuenta que aquel joven tenía razón al afirmar que el cambio de actitud de José se dio a raíz de esa época.
   Pierre consiguió datos de los años que estuvo instalado en Madrid. Le proporcionó nombres, direcciones y teléfonos de conocidos y amigos, con los que tuvo relación. De nuevo había sido una mañana fructífera. También toda la información seguía la línea de su tesis y ya eran muchas coincidencias, como para no sospechar que no andaba por el buen camino. Durante la comida comunicó a su anfitriona que se desplazaría a Madrid para proseguir sus investigaciones. Pidió permiso para bloquear el teléfono de su habitación y consiguió la autorización para que las llamadas fueran desviadas al móvil que llevaba. Esperaba noticias de Suiza y no quería perder esa vía que parecía importante para resolver el caso. Amparo le comunicó que no buscara hotel, en casa de su cuñada Marga podría alojarse sin el menor inconveniente. Ella le había telefoneado y desde luego no puso el menor inconveniente. Toda la familia deseaba volver a recuperar a ese miembro perdido. Y esa cuñada en concreto le proporcionaría un lugar donde centrar su investigación. Amparo le prestó un coche y tras despedirse de la familia se dispuso a seguir el nuevo hilo.
   La amabilidad y las facilidades que le ofreció aquel familiar le cautivaron. Sin duda era una familia encantadora y dispuestos a tender la mano a quien lo necesitase. Durante la semana que permaneció en Madrid pudo comprobar que el José del que investigaba no tenía nada que ver con el que conoció. Es más, por lo que la gente, con la que contactó, le contaban no se explican como había conseguido superar las drogas. Pero esa última visita le dejó perplejo. Se trataba de un tal Jimy, “El Marica” Había sido su pareja sentimental hasta que un buen día José no volvió y lo dejó completamente abandonado y sin noticias pues desapareció sin dejar rastro.
   Al subir por aquellas paredes impregnadas de comida y suciedad le entraron nauseas. Era una finca de cinco plantas en completa ruina y  total abandono. En su tercer piso la parte mejor conservada habitaba el tal Jimy, un enfermo de SIDA en fase terminal. Estaba abandonado de la mano de Dios y  sobre un colchón destrozado, lleno de excrementos y comida podrida, se encontraba agonizando. Tal vez perdiera una información importante pero no podía permitir que un ser humano llegase a morir en esas condiciones. Cogió su móvil y dio aviso a la policía y a las autoridades sanitarias. Los primeros que mostraron su presencia en aquella finca abandonada fue la policía. Conversaron con Pierre y este les dio toda la información de la que disponía. Al llegar la ambulancia los sanitarios subieron al moribundo al vehículo de urgencias y en compañía de Pierre lo trasladaron al centro sanitario más próximo. Permaneció de guardia durante tres días con sus correspondientes noches. Por fin pudo entrar en la habitación y conversar con aquel cadáver viviente.
    - ¿Cómo se encuentra?
   Fueron las primeras palabras que cruzó con aquel desdichado. Luego las preguntas de uno y otro se cruzaron por espacio de varios minutos. Se entabló una conversación entre ambos. A Jimy le costaba mantener más de dos palabras seguidas sin detenerse, para toser, devolver o tomar oxigeno. Pero consiguieron intercambiar información. Pierre no quiso revelar nada importante, se limitó a presentarse como un amigo de José. Era él, quien precisaba información y lo mejor era recogerla. Luego, según lo averiguado, le podría comentar algo a aquel deshecho humano.
   - La verdad, vengo aquí por la misma pregunta que me formula usted.
   Un silencio se adueñó de aquella incipiente conversación. Jimy tenía que recuperar fuerzas para poder articular de nuevo sus cuerdas vocales. Él observaba aquella cara cadavérica, aquellas manos donde solo había huesos y piel. Un nudo de angustia comenzó a sentir en la boca de su estomago al tiempo que un sentimiento de compasión, de incredulidad y lastima embargaba su corazón. ¿Cómo un ser humano podía terminar de esa manera? Estaba destrozado, aquel espectáculo que el enfermo ofrecía, con su estado, hacía estremecer al hombre más acostumbrado a las miserias humanas. De nuevo y en un tono tan bajo que le costaba comprender lo que decía creyó entender algo.
   - Hará ya más de cinco años que José contrajo el SIDA, pero el último año que compartimos juntos estaba en un estado tan deplorable como me encuentro yo. Los médicos no le daban más de un mes de vida, cuando desapareció y no supe nada más de él. En aquella época, yo, ya era consciente que había adquirido la enfermedad, pero me encontraba bastante bien y traté de investigar su paradero. Denuncie su desaparición pero nunca supe que fue de él. Posiblemente se haya podrido en cualquier lugar donde se dejó caer. Pero desde luego no ha sido identificado su cuerpo. Casi todas las semanas iba al depósito de cadáveres a comprobar si algunos de los encontrados y no identificados, coincidía con su persona, pero ninguno de los muchos que tuve que ver era él.      

   La conversación se alargó hasta que le llevaron la cena. Pierre aprovechó el momento para salir del hospital ir a casa de la cuñada de Amparo y darse una ducha. Olía a mil demonios, se notaba pegajoso y deseaba airearse y cambiarse de ropa.

lunes, 10 de junio de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XVII- LA SOSPECHA

                                        - LA SOSPECHA -

   Ese domingo, aunque la noche anterior se acostaron muy tarde, la pareja salía en automóvil con destino a Los Países Bajos, en concreto a Haansterde, localidad cercana al mar y a los terrenos ganados al océano. Una población tranquila y de una belleza natural poco común. Fueron dos días maravillosos disfrutando de una paz y una intimidad que hacía tiempo no disponía ninguno de los dos. En su estancia en la localidad no cogieron el coche, alquilaron unas bicicletas y visitaron esos parajes haciendo ejercicio, compartiendo su amistad, sus preocupaciones e ilusiones. Pero el lunes por la tarde debían emprender el regreso. Se acercaron a Ámsterdam y de allí en avión, uno con destino a Bordeaux y la otra a España. Se despidieron en la puerta de embarque con destino a Valencia pues era el primero en partir.      
   El cariño, la amistad y el afecto se mostraron en aquel último abrazo. No quedaron en nada. Temían no poder cumplir el compromiso.
   En su localidad, Pierre había sido invitado a comer a casa de Alín, los padres de la joven estaban emocionados. Aquello era síntoma inequívoco que su hija había superado el problema. Pero también la felicidad les llegaba a sus cansados y luchadores cuerpos al comprobar la calidad humana de aquel joven. Durante la velada les comentó que había iniciado una investigación con el propósito de localizar al marido de Amparo y las pesquisas por las que se movía parecía que tenía sentido.
   - ¿Tu crees que tanto uno como otro desea que se resuelva esa situación?
   Fue la pregunta que le lanzó la madre de Alín. Se les veía tan compenetrados, tan enamorados, que tal vez la presencia de esa tercera persona entre los dos podría ocasionar más problemas que soluciones. Tanto Pierre como Alín no estaban de acuerdo. Eran conscientes del cariño que ambos se profesaban, pero también sabían que Amparo adoraba a su marido y aunque a José lo quería. Tanto ella como él eran conscientes que Paco estaba por delante.  Si aparecía su amistad seguiría exactamente igual que hasta la fecha. Fue Alín quien les confesó el porqué se entendían tan bien. A ella le recordaba mucho a su marido y precisamente esa circunstancia fue la que le acercó a él. José nunca se había enamorado de alguien, o al menos eso es lo que creía. De su vida anterior a su regreso a Bordeaux no recordaba nada de nada. En ese momento fue cuando Pierre les confesó cuales eran sus sospechas. Pero les rogó que guardaran celosamente la información que les iba a proporcionar, pues eran simples sospechas. Ese martes comenzaría a trabajar sobre el terreno, para ir confirmando o desechando lo que apuntaban esas primeras pesquisas.
   - He llegado a pensar que Paco y José son la misma persona.
   La sorpresa se reflejó en todos los rostros. Aquello, de ser cierto, no podría tener un final más feliz. Intercambiaron opiniones y comentarios a esa afirmación y fue Alín quien le interrogó.
   - ¿Y en que te basas para pensar eso?
   Pierre fue relatando lo que le habían contado todas las personas con las que había hablado y los puntos de enlace que tenían una historia y otra. José no recordaba nada de su vida de dos años y medio atrás, Coincidía con su estancia en Valencia, justo en las mismas fechas de la desaparición de Paco. Éste había tenido un accidente y había perdido la memoria. No recordaba nada y estando hospitalizado desapareció. Según sus averiguaciones Marie, “su madre”, de ser ciertas las pesquisas debía conocer la historia. Pero nuevos interrogantes se planteaban a la cuestión. José recordaba haber estado en una clínica de Suiza donde sufrió una operación de cirugía estética.  No sabía o no recordaba muy bien en que consintió, pero el rostro lo tuvo vendado durante varios días. Luego le había contado que la historia que Amparo tenía acerca de cómo consiguió dirigir la Ciudad de los Deportes había algo que no encajaba. Gerardo no conocía a Paco y la versión que le dieron fue que su marido había tenido la idea de montar aquel complejo deportivo con su ayuda y la de su socio, cuando la realidad desvelaba que Gerardo era un empleado a las ordenes de Marie y Bernard, que fueron los que pusieron el capital para montar aquel impresionante complejo deportivo y ordenaron a Gerardo que Amparo es-tuviese al frente de aquello. Se inventaron que Paco había conocido a Gerardo en el campo de Golf y entre los dos estaban montan-do aquel complejo. Les relató las alucinaciones que tenía José donde aparecían personajes muy ligados a su familia, hijo, sobrino, etc.
   No había duda que montado como lo estaba contando aquello tenía pies y cabeza. Desde luego que era probable, pero demostrarlo si no había colaboración por parte de Marie no iba a ser fácil. Había tomado la determinación de contactar al día siguiente con “su madre”. Luego se desplazaría a Valencia para tratar de indagar sobre el asunto siguiendo su teoría de coincidir las dos personas en una.
   Estaban alucinados con esa teoría. De ser realidad esa pareja se habría enamorado por segunda vez. Era increíble, algo romántico y digno de ser escrito en una novela, o en un guión cinematográfico.
   Se había preparado el equipaje para ir al aeropuerto, sacarse un billete y volar a Bordeaux, pero recordó la frase de José. “Creo que mi madre y Bernard saben algo pero quiero investigar por mi cuenta y cuando tenga algo ir cara a ellos. De lo contrario posiblemente los ponga en guardia y no consiga sacar nada”.
   Estaba en el mismo aeropuerto y cambió de destino. En el mostrador de billetes pidió vuelo para Valencia. Tuvo suerte salía un vuelo hacía París, donde podría hacer trasbordo a otro que le trasladaría antes de la comida a la localidad Mediterránea. 
   La temperatura era sofocante, hacía un poniente impresionante y nada más salir del aparato sintió el golpe de calor en su rostro. No en balde estaban en pleno verano y pasaba del mediodía. Consiguió un taxi y pidió que le llevaran a la dirección que le había dado Amparo. Deseaba pasar a saludarle y de paso que le recomendara algún alojamiento que no se subiera mucho en su presupuesto. Al llamar a la puerta del jardín, fue atendido por Ramón que lo condujo, tras el pertinente saludo al salón. Casi al mismo tiempo lo hacía Amparo se saludaron y ella llamó de inmediato al mayordomo.
   - Instala al señor en una de las habitaciones para invitados se quedará unos días con nosotros.
   El Joven se sofocó, aseguró a su anfitriona que no había pretendido en ningún momento molestarle forzando la situación. La sonrisa se le dibujó en el rostro al comprobar lo sofocado que estaba y le aseguró que lo consideraba un amigo y sus amigos nunca iban a un hotel cuando se acercaban por su ciudad. Ramón cumplió las órdenes de su patrona. Le acompañó para instalarle, darse una du-cha, cambiarse de ropa, para acudir a continuación al salón y reencontrarse con Amparo.
   Se quedó encandilado con aquella mansión. Era increíble el gusto con que estaba decorado aquel palacio, donde le instalaron. Pudo comprobar, sin ningún género de dudas, que en las habitaciones donde le habían instalado duplicaba el espacio de su apartamento. El mayordomo le explicó todos los servicios de los que gozaba y al comprobar que disponía de fax, y de conexión con Internet preguntó.
   - ¿Podría utilizar estos aparatos?
   Ramón esbozó una leve sonrisa y de inmediato le respondió.
   - Todo lo que hay en las habitaciones estaba al servicio del que se instalaba en ellas sin ningún límite de ninguna clase. Los invitados de la señora pasan automáticamente a pertenecer a su familia
    Colocó el equipaje del señor sobre un mueble de la habitación. Iba a deshacerlo para colocarlo en los armarios, pero Pierre le rogó que no hacía falta que se molestara, él mismo se encargaría de hacerlo. Con un.
   - ¿Desea algo más el Señor?
   Abandonó los aposentos al tiempo que le rogaba que si deseaba cualquier cosa había un timbre. Le indicó su ubicación y con presionarlo acudirían de inmediato para atender cualquier necesidad.
   Colocó el escaso equipaje que llevaba en uno de los armarios, entró en el cuarto de aseo y se sorprendió por su bañera, parecía una piscina, pero en ese momento como la señora de la casa le estaba esperando en el salón prefirió darse una ducha rápida. Estaba ya vestido y se disponía a salir al salón para conversar con Amparo cuando al ver el teléfono se detuvo, lo descolgó y marcó el número de Alín. Le llamó comunicándole el cambió de planes, tranquilizarle que había hecho bien el viaje e informarle que estaba instalado como los ángeles. Finalizó su conversación.
  - Te dejo mi amor no me gustaría abusar de estas encantadoras personas.
   Colgó y salió dispuesto a conversar con su anfitriona. Iba de camino hacía el salón cuando se cruzó con dos encantadoras señoritas que en albornoz le saludaron con una picará sonrisa. Pierre respondió tímidamente y prosiguió su camino. Entró en el salón y se sentó junto a la dueña de la casa. El servicio tenía preparado ante ellos un variado aperitivo.
   Le explicó el motivo por el que se encontraba en Valencia. Por supuesto que no quiso crear falsas esperanzas y tan solo se limitó a decir que estaba investigando sobre la desaparición de su esposo. Amparo dibujó en su rostro una sonrisa llena de ternura y amor hacía su amigo José al tiempo que comentaba.
   - Se va a gastar su fortuna investigando en algo que le pude separar de mí. Es encantador.
   Pierre le interrumpió.
   - Lo cierto es que él no sabe nada. El sábado cuando me recogió de casa hablamos de la investigación que había encargado a varias agencias de investigación y el nulo resultado que hasta la fecha había tenido. Lo encontré muy preocupado. Le debo tanto que me propuse investigar por mi cuenta. Como sabe entre Alín y yo hemos montado una agencia de investigación en nuestra ciudad.
   - ¿Entonces nadie te lo ha encargado?
   - Amparo. Para mí, supone una obligación moral. Lo que hizo por Alín no se le puede pagar con nada.  
   Volvió a sonreír y con esa dulzura que tanto entusiasmaba a José le respondió.
   - Lo estas haciendo con tu amistad. Consigas o no tú objetivo. El hecho de volcarte en algo que le preocupa estas demostrando que al igual que él hizo con Alín, tú eres capaz de hacer algo similar. Y tampoco te lo podrá pagar con nada.
  Hubo un silencio profundo en el salón ella le miraba con la ternura de una madre y él, tímido como era, bajó su mirada para ocultar su ruborizado rostro. Amparo, le rogó que le disculpara unos segundos, abandonó el salón y de inmediato regresó con un cheque en la mano. Se lo tendió al joven y con la misma ternura de antes le comentó.
   - Será el regalo que le haremos a José. Tu trabajo y mi apoyo económico. Además, soy la primera interesada en resolver esa investigación.
   Se había dado cuenta de los pocos recursos económicos del joven y sin duda estaba empleando sus ahorros en investigar la desaparición de su esposo. Por eso no lo dudo un segundo y le tendió su ayuda económica.
   Pierre no sabía que decir, no quería aceptar el cheque. Económicamente no andaba muy bien y ese dinero le venía como anillo al dedo para realizar todo lo que tenía pensado. Especialmente para sacar información de la clínica Suiza. Era consciente que pretender sacar información de allí le resultaría muy caro. Por otro lado la forma como aquella mujer se lo pidió, el rechazar el cheque podría ofender a esa encantadora mujer. Se mantuvo de pie ante ella indeciso por fin tendió su mano y lo tomó al tiempo que con timidez contestaba.
   - No sé que decirle. Me sabe mal aceptarlo, pero temo que el no hacerlo pueda suponer un desaire hacía usted y eso sería lo último que me permitiría. Después del descaro, al presentarme en su casa.
   Amparo se emocionó se abrazó al joven y le estampó dos besos en sus mejillas. En ese momento entraban en el salón sus dos hijas, Ana y Ester, que regresaban de darse un baño y al ver a su madre con aquel joven se sorprendieron. Fue la mayor quien en tono irónico, pero en broma, comentó.
   - Ahora te los buscas más jovencitos. Podrías dejar algo para tus hijas.
   Sonrió la ocurrencia de su mayor, mientras a Pierre se le inundaron los carrillos de un rojo escandaloso. Al observarlo la pequeña rompió a reír, cosa que sofocó más al joven. El tiempo, las explicaciones, no faltos de sonrisas, devolvieron la calma y la justificación de ese acto entre su madre y aquel joven. Mientras eso sucedía entraron sus otros dos hijos y Amparo le presentó a la familia al completo.
   Pierre fue tomando algo de confianza, a pesar del descaro y desenvolvimiento de sus jóvenes anfitrionas que consiguieron sacarle los colores en más de una ocasión. Pero lo cierto es que sé divirtió como nunca lo había hecho, aquellas jovencitas eran encantadoras.
   En la sobremesa, donde Pierre pudo interrogar a toda la familia, tomó varias anotaciones, ellas se encargaron de enseñarle aquella impresionante mansión a su invitado. Amparo se había acercado a la Ciudad del Deporte para comprobar que todo funcionaba sin problemas. No regresaría hasta la noche y dejó en manos de sus hijas a ese agradable y tímido joven. Antes, había llevado al pequeño al colegio.
   Permanecían en el salón Pierre con las tres jovencitas cuando  les preguntó si alguna de ellas le podría acompañar esa tarde a visitar ciertos lugares de la ciudad que deseaba investigar. La mayor y la mediana tenían clase en la universidad. Solo la pequeña tenía la tarde libre y hasta la hora del entrene, a las veinte horas, estaba a su disposición.
   Una de las anotaciones que disponía y que iba a tratar de investigar fue la noche que José cenó con la sobrina de Amparo y su esposo. Antes de ir a Monte Picayo se quedó en trance y anduvo por unas calles, deteniéndose ante el portal de una finca, junto a una farmacia. Hicieron el mismo recorrido y el joven le rogó que cualquier cosa que le recordara algo o tenía sentido para ella sé lo comunicase. El relato de José se iniciaba en la plaza del Ayuntamiento, allí fueron. Con el coche recorrieron el mismo trayecto que había hecho José aquel día, la plaza de toros, las Grandes Vías, la calle Cuba, Tirant lo Blanch, y por último la cafetería frente al colegio. Ester iba relatándole a su invitado lo que le sugería cada sitio por el que pasaban. Mientras que él grababa o anotaba, cuanto, su encantadora guía le indicaba. Al llegar a la calle donde vivían antes de desaparecer papá, ella, le comentó que en esa calle vivían antes de trasladarse a la Ciudad de los Deportes.
   - ¿La casa, donde vivías, está al final de la calle?
   No le permitió contestar de inmediato formuló una nueva pregunta.
   - ¿La de la marquesina y de la farmacia en el bajo?    
   - ¿Cómo lo sabes?
   Fue la respuesta de Ester. Pierre se limitó a sonreír y empleó la misma ironía que su joven amiga estaba empleando durante la comida y la sobremesa.
   - Soy adivino.
  Sonrieron y prosiguieron su recorrido. Al sentarse en la cafetería en cuestión de nuevo Ester le indicó que ese colegio era donde había estudiado ella, sus hermanas y estaba estudiando su herma-no.
   - También,...
   Las lágrimas acudieron a sus grandes ojos. El recuerdo de papá le impidió  contenerlas. Cuando se serenó un poco prosiguió.
   - También trabajaba papá. Era el profesor de Educación Física del colegio. El profesor más encantador que he tenido y no porque fuera mi padre. Era un cielo.
   Pierre estaba atónito, su teoría se estaba confirmando. Todo indicaba que estaba en la línea correcta, pero no quiso lanzar las campanas al vuelo. José había hablado con mucha gente y tal vez en su mente había juntado esas historias y las había hecho propias. Estaba claro que Suiza le podría confirmar varias cosas y con el dinero que le había proporcionado Amparo no tendría problemas en conseguir lo que buscaba. El siguiente paso y los que llevara a cabo debían seguir confirmando sus sospechas, de ocurrir así sin duda no tardaría en reunirse con Bernard y Marie. Estaba convencido, al igual que José, que la clave estaba en ellos. Recordó que era a la conclusión que había llegado José y él llevaba tiempo investigando sobre el asunto y con un interés especial. Lo que le permitía tener una visión más clara de lo que quería y a donde iba.
  Era tarde y Ester debía ir a entrenar. Pierre se ofreció y acompañó a su nueva amiga hasta el polideportivo. Permaneció observando el entrenamiento ante las sonrisas y comentarios de las compañeras de equipo y tras la finalización del mismo regresaron a casa.
   Cuando Pierre se metió en su habitación la satisfacción inundaba su cuerpo. Ese día había sido muy fructífero y todo apuntaba a su teoría.






lunes, 3 de junio de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XVI- LAGRADUACIÓN

                                   - LA GRADUACIÓN -

   Marie disfrutó de esa velada junto a la pareja como no recordaba otra desde hacía tiempo. Las atenciones que esa mujer tenía con ella le cautivaron hasta tal punto que no pudo retener las lágrimas. Se recogió pronto a sus aposentos, deseaba dejarlos solo y que pudieran compartir todo el cariño y amor que se notaba que tenía el uno por el otro. Sus miradas, sus expresiones, sus gestos, sus actos. Todo cuanto hacían llevaba toneladas de amor, de ternura y de cariño. Amparo acompañó a Marie hasta sus habitaciones y antes de abandonar la alcoba se abrazó con tal ternura que, la anciana, sintió el cariño que ponía en todos sus actos, sin falsedades aquello se notaba que era espontáneo y que lo hacía con el corazón.
   - Buenas noches hija. ¿No te molestará que te llame hija? ¿Verdad?
   Amparo con la sonrisa en su  rostro se volvió a abrazar al tiempo que le besaba en sus mejillas y contestaba.
   - Es un honor para mí. Mama. Buenas noches y si deseas algo me tienes a tu disposición.
   Amparo fue al salón a encontrarse con José. Al tiempo que, la anciana, con los ojos bañados en lagrimas se quitaba la ropa para ponerse el camisón y abandonarse al mundo de los sueños. Solo le faltaba verlos casar. Después de eso, si el Señor sé la quería llevar. No le importaría en absoluto.
   Antes de llegar se cruzó con José que iba a su encuentro. No podía desperdiciar un solo segundo de su compañía y sabía la labia que tenía su madre. Se besaron levemente y ella le pidió salir a pasear por el jardín. Sus deseos eran órdenes. Abrazados por la cintura y el hombro se perdieron por aquel interminable laberinto de plantas y flores.
   - Me gustaría pasar la noche, como la última que compartimos. Estoy segura que te quiero y precisamente por esa razón deseo pedirte algo.
   - Soy, todo oído.
  Fue su respuesta inmediata. El paseo continuaba pero el silencio se había adueñado de la pareja. Amparo trataba de decirle algo, pero le resultaba difícil exponérselo. Al llegar a una fuente, sé sentaron en un cómodo banco, rozaron sus labios y por fin se decidió a lanzarle el ruego.
   - Me gustaría que me ayudaras a controlarme. Me prometí no tener relaciones íntimas con ningún hombre mientras no supiera el paradero de mi esposo. Tú estas llenando ese hueco que quedó en mi cuando él desapareció. Pero quiero seguir siendo fiel a mi promesa, por eso, necesito tu ayuda y si en algún momento comienzo a cruzar esa línea te rogaría que me ayudaras a no pasarla. Sé que lo que te pido no es fácil, pero también soy consciente que si te comprometes lo cumplirás. Deseo dormir a tu lado en el mismo lecho. Si piensas que no puedes cumplirla, también estoy segura que me lo dirás. Y entonces será mejor que cada uno lo haga en su habitación.
   José le escuchaba llenó de amor. Verdaderamente lo que le pedía iba a ser duro, pero se comprometió. Estar cuatro, cinco, seis, o las que descansasen separados sería mucho más difícil que lo otro.
   Permanecieron unos minutos más conversando y decidieron acostarse, pues a la mañana siguiente tenían que madrugar. Antes de entrar en casa, José, tomándola en brazos, condujo sus pasos hasta la habitación de su invitada. Abrió la puerta, tras hacer equilibrios, dejó con dulzura a su compañera de sueños sobre la cama, se abrazó al cuello y se fundieron en un abrazo, al tiempo que sus bocas se buscaron con desesperación.
   En aeropuerto de la pequeña localidad norteña aguardaban la llegada de la pareja Alín y sus padres. El encuentro fue emotivo, las lágrimas de aquellos agradecidos padres saltaron de sus ojos. Al verse lo abrazaron y tras las muestras de afecto le fue presentada su encantadora pareja. Alín, mientras besaba las dos mejillas de Amparo, dirigió una picará mirada hacía su salvador al tiempo que le guiñaba su ojo derecho. Recogieron el equipaje, como Amparo se había quedado con los padres de Alín, aprovecharon la situación para conversar.
   - Es encantadora. Y a ti se te ve más joven. Te sienta muy bien su compañía.
   Se limitó a sonreír. Acoplaron en el coche el equipaje y en el vehículo de sus padres abandonaron el aeropuerto. Alín había sido advertida que se instalarían en un hotel. Lo comprendió perfectamente, precisaban de intimidad, pues no disponían de mucho tiempo para estar juntos. Los acompañaron hasta su alojamiento, donde había reservado la suite nupcial. Una vez instalados quedaron con la pareja en recogerlos, transcurridas dos horas, e ir juntos hasta la universidad donde se iba a celebrar el acontecimiento académico.
   Ordenaron el equipaje y a continuación se metieron en el servicio. Una enorme bañera con jacuzzi invitaba a relajarse. José sé introdujo en aquella enorme bañera, conectó el hidromasaje y cerró los ojos mientras abandonaba su cuerpo a las relajantes caricias de las burbujas de agua. Cuando Amparo deshizo el equipaje, sé desprendió de sus ropas y sorprendió a José que no se dio cuenta de su presencia hasta que se abrazó a él.
- ¿Podrías darme un masaje en los pies? Los tengo destrozados.
   Con suma delicadeza comenzó aplicándole un agradable masaje. En primer lugar por los dedos, luego la planta, el empeine y continuó por sus gemelos. Tuvo la tentación de proseguir hacía arriba, la pasión le estaba cegando, pero desgraciadamente en esos momentos le llegó la promesa que le había hecho. Volvió a descender y prosiguió la manipulación de los pies.
   Abandonaron la bañera, desconectaron el jacuzzi y tras cubrirse con albornoces fueron al armario y sacaron la ropa que iba a ponerse para el acontecimiento.
   El discurso de graduado le correspondió prepararlo y leerlo a Alín, estaba emocionada. La presencia de sus familiares, de su profesor y señora. Pero especialmente de José y su incomparable compañera le hicieron sentirse la mujer más afortunada de la tierra. Pero había un motivo más, que hasta la fecha no le había comentado con nadie. La presencia de un compañero de promoción que le había devuelto la ilusión por la vida, y recobrar ese amor arrebatado por las circunstancias. En el discurso salieron frases dirigidas a José, a su profesor, a sus padres y a sus compañeros.
    - Si me podéis escuchar se debe a la fuerza de la amistad. A esa energía que conecta a las personas hasta tal grado que son capaces de llegar a las últimas consecuencias por un amigo.
   Con el inicio del párrafo. Alín quería agradecer a José lo que había hecho por ella. Las primeras frases llegaron a emocionarlo pero conforme iba leyendo el resto, las lágrimas iniciaron su recorrido por las mejillas. Con esa sonrisa que lo enloquecía, Amparo, sacando su pañuelo las enjugó.
   Durante su discurso, a sus compañeros, dirigió reiteradas miradas, a un compañero de promoción próximo a ella. José no fue ajeno a la circunstancia y pudo captar la expresividad de sus rostros. Fue algo que le impactó agradablemente y se propuso resolver, su curiosidad, en el momento oportuno. ¿Qué había detrás de esos cruces de miradas?
   La comida, que celebraba la graduación, se realizó en los comedores de la universidad. Un acontecimiento de gala donde se exigía a sus asistentes corrección en el vestir. Amparo se puso uno de los trajes que le había regalado Marie y estaba increíblemente maravillosa. Hubo baile y José compartió con Alín y Amparo las diferentes piezas musicales. De nuevo cuando Alín y aquel compañero se buscaron para bailar varias piezas José se alegró al observar a su amiga que estaba completamente recuperada. La chispeante mirada de una  enamorada se reflejaba en su rostro cuando la cruzaba con aquel joven.
   Esa noche habían invitado al matrimonio, su hija, su profesor y esposa a cenar a un lujoso club privado. Unos amigos de Marie se lo aconsejaron y le facilitaron la posibilidad de reservar mesa. Nada fácil para el resto.
   Antes de acudir a la cita José y Amparo decidieron pasarse por el hotel, para darse una ducha y cambiarse de ropa para la cena. Al ir a dejar les invitó a entrar. Se sentaron en la cafetería y permanecieron conversando por espacio de dos horas. En un momento que José se encontró a solas con Alín le preguntó sobre el muchacho en cuestión. Ella se sonrojó un poco pero luego le confesó que estaba olvidando a su profesor y aquel muchacho le había devuelto  el amor perdido. Al comentarle que iba a telefonearle, le ofreció su móvil, se separó unos metros del grupo y mantuvo una pequeña conversación con él.
   Era tarde, Alín y sus padres tenían que pasar por casa, cambiarse y reunirse para ir a cenar. No tenían que  volver a recogerlos, pues José había alquilado un vehículo para su desplazamiento de esos días. Al quedarse solos se subieron a la habitación para darse una ducha rápida y cambiarse de ropa. No había tiempo para más. Mientras Amparo se terminaba de arreglar, José tuvo una feliz idea, cogió el móvil y telefoneo al joven. El muchacho en un principio se extrañó, pero la conversación se desarrollo con tanta naturalidad que aceptó la propuesta de aquel hombre. Le había invitado a cenar con ellos, deseaba darle una sorpresa a su amiga. Pierre, que así se llamaba aceptó encantado. Conocía la historia radiofónica y todo el desarrollo de aquel día que mantuvo a Francia en vilo. Cualquier cosa que le pidiera ese personaje sería capaz de hacerlo. Era la persona que había salvado al gran amor de su vida y sin lugar a dudas gracias a él pudo conocerla y contactar con ella.
   Quedaron en el Club, el problema tal vez se diera en poder acceder pero le aseguró que telefonearía y trataría de solucionarlo. Si no le volvía a llamar de nuevo era porque el inconveniente sé había resuelto y tenía vía libre. Nada más finalizar su conversación trató de comunicarse con sus amigos, pero no hubo forma de hacerse con ellos. Telefoneó al Club y le aseguraron que si iba con ellos en el coche no habría ningún problema, de lo contrario podría tener dificultades en acceder al Club. Solicitó un nuevo cubierto en la mesa, colgó y avisó a Amparo. Iba a recoger al joven y volvía a por ella. Avisó en recepción que tuvieran preparado el coche y de nuevo se puso en comunicación con Pierre. Iba a recogerlo, para poder asistir a la cena. Le pidió la dirección, llamó a un taxi y tras entregarle la calle donde deseaba llegar, subió a su coche y se dispuso a seguir al taxista.
   En la puerta del inmueble aguardaba vestido de etiqueta el joven en cuestión. Pagó el taxi y se saludaron cordialmente.
   - Por fin conozco al personaje que salvó a Alín. Es un honor para mí saludarle. 
     Subieron al coche y emprendieron el regreso al hotel para recoger a Amparo. Durante el trayecto salió a la conversación el tema de la desaparición de Paco. Alín se lo había contado y se interesó por las investigaciones que estaba realizando.
   - Tengo una agencia de detectives, casi a punto de abrir, y esos temas me apasionan.
   Pierre le confesó que había terminado su carrera y había realizado varios cursos sobre el tema. Le apasionaba la investigación, de ahí que se interesara por ese problema en concreto. José fue relatándo lo poco que hasta la fecha habían conseguido avanzar. Cuando, dentro de la conversación él le comentó que no recordaba su vida anterior, comenzó a indagar por ese campo. Pierre parecía interesado con el asunto y cada vez profundizaba un poco más en sus preguntas. Pensaba que estaba encontrando alguna pista para poder seguirla. Por eso aunque llegaron al hotel, continuó con su interrogatorio. Mientras descendían del vehículo. José con la sonrisa en sus labios comentó.
   - Se nota que te apasiona el tema, muchacho.
   Avisaron a la señora y mientras se hacía esperar ellos prosiguieron con el asunto. Había datos que aislados no decían nada, pero Pierre comenzó, por casualidad, por intuición o por ser verdadera-mente un fuera de serie en las investigaciones, a atarlos y a relacionar unos con otros. Tenía sus sospechas pero era demasiado precipitado comunicar nada. Continuaría todo el tiempo que pudiera interrogando a él y a su compañera, si se lo permitían. Desde luego no perdió oportunidad. Y el tiempo que duró el trayecto del hotel hasta el Club continuó con su obsesión. Pero en esta ocasión a quien bombardeaba con sus preguntas era a ella. Al verlo tan entusiasmado colaboró con él, pues su mayor deseo era tratar de solucionar esa angustia que tenía más de dos años en vilo, a ella y a sus hijos. Lo estaban pasando muy mal. En especial los dos pequeños.
   - Creo que Pierre sé está ganando la cena.
   De inmediato el muchacho se sonrojó y con cierta timidez, la pasión por la investigación no le había dejado reflexionar si les molestaba con tanta pregunta, se disculpó al tiempo que preguntaba.
   - Siento de corazón mi intromisión. Perdonarme no pretendía molestarles.
   De inmediato tanto Amparo como José, salieron al paso. El comentario que habían hecho no era en tono de recriminación y que desde luego le agradecían su interés por el tema. Fueron ellos los que pidieron disculpas al muchacho, pues sin lugar a dudas había interpretado mal sus palabras. Estaban en las disculpas cuando vieron que entraban el resto de invitados. José se levantó con Pierre y le rogó que se fuera a otro salón mientras saludaban a la familia. Deseaba darle una sorpresa  a Alín con su presencia. Aceptó encantado y se sentó en un salón continuo viendo la televisión mientras aguardaba a José para sorprender a su compañera.
   Después de los saludos se sentaron en el salón, sirvieron a los recién llegados lo que solicitaron y comenzaron a conversar mientras entonaban sus cuerpos para hacerse con la cena. José sé levantó en medio de la conversación y sorprendió a los presentes, pero especialmente a su amiga.
   - Bueno tengo un regalo para mi amiga radiofónica. He esperado este momento porque no era fácil ni empaquetar lo ni transportarlo.
   La cara de asombró se dibujó en todos los rostros. Las suposiciones comenzaron a funcionar en las mentes de los presentes y antes que cavilaran demasiado añadió.
   - No es una cosa material. Es un ser vivo. Pero no diré nada hasta que Alín lo descubra.
   De nuevo las suposiciones cambiaron de objetos para comenzar a imaginarse animales, plantas y no sé cuantas cosas más. José abandonó el salón al tiempo que le decía.
   - Alín. Cuando percibas unos golpes en esta puerta ábrela, detrás tendrás el regalo.  
   Unos minutos de expectativa mantuvo al grupo en vilo, hasta que unos golpes suaves se escucharon en las puertas corredizas. Alín llena de emoción y curiosidad las corrió y a escasos diez centímetros tenía a Pierre frente a ella. Los dos enamorados se fundieron en un abrazo lleno de pasión, ante las miradas de sus acompañantes. Finalizada la muestra de cariño Alín se ruborizó, mientras los brazos de su madre le abrazaban, para observar a continuación como lo hacía con él. Pierre fue presentado y ella miraba a José llena de agradecimiento y con una expresión que relataba a las claras esa amistad de la que ambos estaban orgullosos. Ese hombre era genial capaz de captar cualquier detalle, deseo o antojo de las personas que le rodeaban y quería.
   Fue una cena encantadora, fuera de toda tensión y formalismos, la sencillez, el saber estar de ambos permitieron a los presentes sentirse como en casa, especialmente a Pierre que era el más desconocido de la mayoría, pero la pareja de anfitriones les hizo sentirse entre amigos. Se recordó el incidente, Alín y todos aplaudieron cuando la joven solicitó un aplauso para aquel increíble hombre. No era fácil conseguir un amigo como aquel personaje y ellos habían tenido la suerte de compartir su amistad con él.



domingo, 26 de mayo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XV- UN SUEÑO


                                                             - UN SUEÑO -

   A primera hora del lunes tenía su regreso a Valencia. Esa tarde del domingo Marie le rogó que se quedara unos días más. Su hijo había estado muy extraño últimamente y desde su llegada era otro. Su estancia había sido maravillosa en esa mansión, donde todos se desvivían por atenderla y procurando que su estancia fuera lo más agradable posible. Le apetecía quedarse, no lo iba a negar, pero sus hijos y en especial el pequeño le hicieron dudar. Desde la desaparición de su padre estaba muy sensible y falto de cariño. A pesar de desvivirse por él. De aceptar la invitación el pequeño se quedaría una semana sin su apoyo y compañía. No le parecía lo más correcto. Le expuso su deseo de permanecer unos días, pero también su obligación moral con sus hijos. Le convenció cuando le hizo una promesa.
   - ¿Si consigo que el próximo fin de semana, vengan a casa alguna de mis cuñadas con sus hijos? Regresare encantada a disfrutar de vuestra compañía.
   A Marie le hubiera gustado que se quedara, pero comprendía que la razón estaba de su lado y se alegró al comprobar que no estaba equivocada con esa mujer. Conforme más le trataba, era más consciente de su bondad, su dulzura, su cariño, su entrega a los suyos y a su trabajo. Estaba convencida que se había enamorado por segunda vez de su marido sin saberlo y eso le llenaba de satisfacción. El encuentro entre los dos, cuando se produjera, sería mucho más fácil.
   Marie, aunque no solía madrugar, ese lunes se levantó con la pareja y los acompañó hasta el aeropuerto. Cuando unieron sus labios para despedirse una grata sensación envolvió a la anciana. Se abrazó a ella y dándole dos fuertes besos en la mejilla se despidió hasta el viernes siguiente en casa, donde le tendría preparada una gran fiesta.
   Cuando el avión aterrizó en Manises, al salir por la puerta de llegadas internacionales se encontró con su pequeño. Como si no viera a su madre en varios meses se lanzó a su regazo, le abrazaba y besaba con tanta ternura que llegó a emocionar a su madre, al tiempo que le susurraba.
   - Mama, cuanto te quiero.
   Amparo se alegró de haber tomado la decisión de regresar, su hijo se lo estaba confirmando. Eran las ocho y media de esa mañana y él iniciaba las clases a las nueve. Su hija mayor había ido a recogerle en el coche y su hermano le había suplicado que le dejara acompañarle para abrazar a mama. Sé lo pidió con tanta añoranza y cariño que no pudo resistir complacerlo. Pero ahora tendrían que darse prisa para regresar y llegar a hora a clase.
   Cuando dejaron al pequeño en el colegio y mientras Ana acompañaba a su madre al despacho en la Ciudad del Deporte para controlar como había ido todo durante el fin de semana. Ana le preguntó.
   - ¿Cómo va tu amigo francés?
   Amparo adivinó un tono extraño en su voz, respondiEndo con otra pregunta.
   -¿Té duele que lo vea?
   El silencio se apoderó de aquel espacio móvil Amparo permanecía mirando a su hija y tratando de adivinar por sus gestos, por su tono de voz, o por su actitud cual era en realidad su respuesta. Por fin Ana se decidió a romper el silencio.
   - ¿Te has olvidado de papá?
   Dos lágrimas se dejaban deslizar con lentitud por las mejillas de su hija, su reacción le afectó y también sus ojos comenzaron a humedecerse. Dejó transcurrir unos minutos. Deseaba contestar con naturalidad pero sobre todo con especial sinceridad. No deseaba molestarle o herir sus sentimientos, era consciente que cuando estaba así de sensible cualquier cosa le afectaba demasiado. Unos segundos de duda hasta que encontró las palabras adecuadas arrancó, no sin temor, pero decidida a responder con sinceridad.    
   - No. Cariño mío. Ni mucho menos, precisamente su recuerdo es el que de una manera u otra ha provocado que sienta algo por José. Su comportamiento es tan parecido al de tu padre.
   Iba a continuar su reflexión pero su hija le detuvo.
   - Precisamente por eso mismo me duele. A mí también me recuerda mucho. Tiene detalles, acciones y hasta gestos que he llegado a creer en algunos momentos, cuando estuvo en casa, que era él.
   Las lágrimas volvieron a mostrarse con toda la dulzura y cariño que esa hija sentía por su padre. José le recordaba tanto a su padre que en su interior prefería no verlo para no sufrir. Tuvo que aproximarse a la acera y aparcar el coche. Se abrazó a su madre y bañadas en lágrimas compartían sus sentimientos y su amor mutuo.
   - ¿Sabes lo que te digo? Esta mañana no voy a ir a trabajar. ¿Tú tienes algo que hacer?
   Ante la negativa de su hija le pidió que pusiese el coche en marcha y se fueran las dos juntas a comer fuera. A donde se le ocurriese. Circulaban por la Autopista del Mediterráneo en dirección a Alicante mientras Ana le confesaba a su madre que su hermano también le comentó lo mismo que estaban hablado. José, le recordaba mucho a papá y por eso no quería que estuviese en casa. El puesto de su papá no se lo iba a quitar nadie.
   Las dos coincidieron en reconocer la caballerosidad, la ternura, la prudencia, el saber estar y multitud de virtudes de José. Verdaderamente era un hombre encantador. Ana le confesó que le comprendía perfectamente un hombre así es capaz de  hacerse querer por todos. Cuando su madre le confesó la promesa que le había hecho, Ana saltó de inmediato y le aseguró que había hecho muy bien en ir ella a su lado. Sabía que era un hombre de palabra y no volvería a pisar Valencia a menos que tuviera algo en firme sobre su padre.
   - Mama. Procura repetir lo de este fin de semana. Te ha sentado fenomenal.
   Una leve pausa, par tomar aliento y, continuó.
   - ¡Ya era hora que te viera reír! Pues desde que desapareció papa no lo habías hecho. Perdóname por mi actitud anterior. Tienes toda la razón y todo el derecho a no hundirte en ti misma.
   La mano de su madre se juntó a al suya mientras con un suave apretón mostraba todo el cariño que en ese momento sentía por su hija.
   Llegaron hasta Gandía, detuvieron el coche frente a un complejo comercial donde había un restaurante, reservaron mesa para comer y se dedicaron a pasear por la playa.    
    - Me ha invitado siempre que lo desee a ir a Bordeaux. Ahora no querían que me fuera. Marie me pidió que me tomara una semana de vacaciones. José llevaba una temporada algo raro y desde mi llegada era otro. Me apetecía quedarme, no voy a mentir.
   - Pues haberlo hecho. Creo que tú también necesitas desintoxicarte un poco del trabajo, de casa, de los hijos y divertirte un poco.
   Su madre sonrió, menudo cambió el de su hija, pero le aseguró que pensó especialmente en su hermano. Desde la desaparición del papá el pequeño se encontraba bastante mal y no haberse presentado ese lunes en Valencia le podría haber afectado bastante.
   - La verdad es que sí. Si no llegas a venir en el primer vuelo del lunes no sé lo que hubiera pasado.
   En esta ocasión mama había obrado como debía. Pero al enterarse que le propusieron que regresara el siguiente fin de semana Ana animó a su madre para que lo hiciera.
   - Además, creo que vienen varios primos, con los tíos ya que hay puente en Madrid. Ya sabes lo que les gusta estar en casa y subirse especialmente al segundo piso. Me quedaré, todo el puente al cuidado de los pequeños. Tú puedes irte tranquila.
   Madre e hija se fundían en un abrazo. Sin duda sus hijos eran un punto de apoyo para soportar todo lo que había pasado y principalmente su mayor Ana se había volcado con los de casa. Cosa que antes cuando estaba papá no sucedía. Era una segunda mama para el pequeño, y suplió en parte el afecto y cariño que unían al pequeño con su padre. Gema, la mediana se había convertido en su acompañante de los partidos, no se perdía uno en el que jugase su hermano y lo animaba, como en su tiempo lo hacía papá.
   - Tal vez la que peor lo esta pasando sea Ester la pobre no tiene el apoyo, de vosotras, las más mayores y mi trabajo me permite dedicarle poco tiempo. Estaba muy ligada a papá y con su carácter no lo debe andar pasando nada bien.
   Amparo había tomado la decisión de regresar ese fin de semana largo. Saldría el viernes por la tarde y no regresaría a casa hasta el martes a primera hora de la mañana.
   Ese viernes, a las diez, telefoneó a sus cuñadas para comunicarles que ella no podría estar el fin de semana. Pero ya habían sido alertadas por Ana y aunque no lo comentaron le animaron a que se fuera con toda tranquilidad. Irían  y ayudarían a su mayor a cuidar del resto. Había colgado el teléfono tras conversar con sus familiares de Madrid cuando sonó su móvil. La sonrisa se dibujó en su rostro, en la pantalla del teléfono figuraba el número y el nombre de José.
   - Diga.
   Disimuló como si no supiera quien le estaba haciendo la llamada. La tensión, la aceleración cardiaca y mil alteraciones más de su organismo se normalizaron al escuchar su voz, tardó unos segundos en contestar las sensaciones que en ese momento invadían su cuerpo, no había suficientes palabras en el diccionario para describirlas. Volvió a escuchar dos veces más la contestación a su llamada y por fin consiguió romper su estado de placer.
   - Dime que sí. ¿Por favor? ¿Vienes esta noche? ¿Verdad?
   El silencio en la respuesta volvió a alterar todas sus constantes vitales temía que le contestara demasiado rápido y fuera con un no. Eso lo destrozaría para todo el fin de semana. Las palabras, pero especialmente la dulzura de su contestación le obligó a dejarse caer sobre el sillón que tenía a sus espaldas. De lo contrario sé habría caído en redondo sobre el suelo.
  - Cariño, esperó verte en la puerta de llegadas internacionales a las veinte horas, que es la hora prevista de la llegada del vuelo.
   - Te aseguro que pueden quitarme las carreteras, levantar la cordillera del Himalaya, e inundar el camino que separa mi casa del aeropuerto con las fieras más terribles de la tierra, que me tendrás esperándote como el novio en la iglesia el día de su boda.  
   Intercambiaron dulces frases llenas de cariño, dulzura y amor. Colgaron con la ilusión puesta en el momento que pudieran tenerse el uno al otro.
   Cuando Marie, observó la expresión de “su hijo” tras colgar el teléfono, mandó al servicio que tuviesen todo preparado hasta el último detalle para recibir a la persona más importante del mundo en esa casa. No hizo falta preguntarle nada.
   Cuando él se enteró de todos los preparativos se enfadó. José respetaba a su madre por encima de todo. Pero los planes para ese largo fin de semana no pensaba compartirlo con más personas.
   - Mama. ¿Y si nos apetece salir a cenar en intimidad?
   Marie se entristeció, había vuelto a meter la pata, pero deseaba estar con Amparo tanto como “su hijo” era una mujer fuera de lo común y la adoraba como a ninguna otra persona.
  - Permíteme esta noche compartirla y el resto del fin de semana no volveré a meter me entre los dos.
   José se acercó a su madre. Le abarcó con sus brazos y besaba a su anciana madre con toda la ternura del mundo. Era consciente que deseaba verlos casados antes de morir y sobre todo con Amparo. Esa mujer había sido capaz de entrar en sus vidas con tanta fuerza que nada en el mundo podría separarles de ella.
   De pronto se acordó del partido que tenía el sábado, estaba claro que no podría asistir. Amparo estaba por encima de cualquier otra cosa. Volvió a coger su móvil y se puso en contacto con uno de sus entrenadores del complejo deportivo y le expuso el problema que tenía. No hubo necesidad de avisar a otro, se ofreció encantado de poder ayudar en algo a ese hombre. Siempre estaba dispuesto a ayudar a quien fuera, en el momento que fuera y ahora que se lo pedía no le podía fallar.
  No marcaba el reloj las quince horas de ese viernes, con toda seguridad Amparo se encontraría en su casa comiendo con su familia, cuando José subía a su coche y lo ponía rumbo al aeropuerto. Una hora le costó llegar pero le quedaban cuatro horas interminables para poderse reunir con ella. Durante ese periodo de tiempo pudo reflexionar sobre muchos asuntos. La investigación que llevaba a cabo, por medio de los mejores detectives privados tanto de Valencia como de Bordeaux, no estaba dando frutos. El desconcierto y la falta de pistas para conseguir un hilo, seguirlo y llegar hasta la persona que buscaba se hacía imposible. Se había comprometido con ella, y de nuevo le tendría que decir que no tenía nada. “Pensara que no quiero averiguarlo para estar a su lado”. Ideas de ese tipo inundaban su cerebro, pero en cuanto pensaba en ella se daba cuenta que Amparo no era una mujer de esas que desconfiaran. Era consciente que José estaría haciendo lo imposible por localizar alguna pista que le llevara a descubrir lo que paso con su esposo.  
   Cada cinco minutos miraba su reloj. “¡Dios! Ya podía haber ido así de lento el anterior fin de semana cuando estuve junto a ella”. Se decía cada vez que miraba la hora y aquella maquina parecía que estaba detenida. Se sentaba en la cafetería. Daba un paseo. Entraba en las tiendas del aeropuerto. Compraba un periódico o revista, la leía, releía pero el tiempo parecía que no pasaba.
   Eran las diecisiete horas, una eterna hora le quedaba para poderse abrazar a su razón de vivir, cuando su móvil sonó. El corazón le dio un vuelco. Las piernas le temblaban y las suposiciones, más pesimistas, se apoderaban de su mente. Pero cuando contestaron su corazón recobró su ritmo normal. Se trataba de Alín, su amiga radiofónica, deseaba recordarle que ese fin de semana se graduaba y deseaba que fuese su padrino. Al confesar que estaba esperando la llegada de Amparo le dijo.
   - Estupendo venir los dos. Los papás estarán encantados de tenerte y conocer a Amparo.
   Era consciente que aquello era un duro golpe para él, pero no podía fallarle. Aunque lo había superado bastante bien según sus informaciones, telefoneaba todas las semanas a sus padres, el problema no estaba controlado totalmente. Le costaba hacer amistades y había tenido alguna otra depresión después del incidente. Le prometió que a la mañana siguiente estaría con Amparo en la Universidad para asistir a su graduación.
   Aprovechó y acercándose a los despachos de billetes, compró dos para primera hora de la mañana. Sabía lo encantadora que era Amparo y cuando se lo explicara comprendería la circunstancia. Por otro lado estar lejos de casa les permitiría algo más de intimidad y a su madre le había prometido solo esa noche.    
   El vuelo procedente de Valencia tomaba tierra en ese preciso instante, los ritmos orgánicos de José perdieron el equilibrio. El aire le faltaba y las ansias de tenerla en su regazo era indescriptible.
   Fundidos en un solo ser permanecieron por espacio de varios minutos interrumpiendo el paso de resto del pasaje. Pero como dos adolescentes, aislados completamente del mundo que los rodeaba seguían pasivos ante las quejas y recriminaciones de la gente. Otros más tolerantes, sonreían al verles en una escena tan enternecedora, desde luego no eran dos chiquillos pero se notaba la pasión que ese encuentro había generado en esos dos enamorados. Pasaban como podía por el escaso espacio que habían dejado y proseguían su camino girando sus cabezas y contemplando aquella romántica escena de amor. No pronunciaron palabra, sus cuerpos transmitían a su pareja todo lo que con palabras se tenían que decir. Las sensaciones conectaban con las de su pareja y la química producida por el intercambio de las sustancias de aquellos besos los embriagó de pasión. Cuando, tras más de cinco minutos, volvieron a su estado adulto, sonrieron y de la mano recogieron su equipaje.
   En el trayecto del aeropuerto a casa José le relató el plan a seguir durante ese fin de semana. Lo inició con una disculpa, pero ella no le permitió finalizar.
   - Estar a tu lado es lo único que me importa en estos momentos. Además, no tenías que haber dejado a los pequeños.
   Iba a continuar, pero él había detenido el vehículo y se abrazaba a ella llenó de pasión, de ternura y amor hacía esa mujer que le quitaba el sueño.
   La fiesta estaba montada en casa. Marie no pudo esperar en el salón. Era consciente que no le quedaba mucha vida y deseaba de todo corazón que esas dos almas, que ella había separado, volvieran a unirse para el resto de sus vida



domingo, 19 de mayo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XIV- UNA VISITA INESPERADA


            
                                   - UNA VISITA INESPERADA  -

   Infinidad de cadenas de televisión y emisoras de radio quisieron contactar con José pero no estaba dispuesto a que perturbaran su vida cotidiana. Le quedaba mucho por investigar y trabajar como para perder el tiempo con programas sensacionalistas. Le llegaron a ofrecer una verdadera fortuna por su presencia en una emisora de televisión, pero se negó en rotundo.
   De nuevo a la rutina diaria. Marie, había percibido un cambió en “su hijo” seguía siendo atento y cariñoso con ella, pero también había notado que era algo más distante. Le hubiera gustado conversar con él del tema. De hecho tanteó en más de una ocasión pero comprobó que él no quería tocarlo. No comprendía el porqué de ese cambio pero aceptó la nueva actitud de José. Tal vez con el tiempo pudieran conversar sobre todo lo que le inquietaba. Sé encontraba muy cansada, la edad había hecho mella en su castigado cuerpo y sentía que la vida se le iba. Deseaba con todas las fuerzas de su corazón que aquel hombre recuperase su pasado, lo adoraba. Nunca se pudo imaginar que ese personaje llagase a calar tan profundamente en su corazón.
   Se había enterado por Bernard y Gerardo que estaba enamorado de su propia esposa y rezaba para que Amparo, si él no conseguía recordar su pasado, correspondiera a ese amor. No había día que no le diera vueltas a la cabeza y las lagrimas florecían con una facilidad increíble y eso que Marie siempre había sido una mujer fuerte.
   Era viernes, “su hijo” se encontraba en Signone entrenando a sus pequeños, cuando el servicio le avisó pasando a continuación la visita al salón. Al entrar por la puerta su rostro se inundó de felicidad al tiempo que sus lágrimas florecían perturbando su visión. Se abrazó a ella como si de su hija se tratase y no la viera desde hacía tiempo.
   - ¡Amparo!
   Tan solo se escuchó el nombre de la visita. Abrazada a ella lloraba de felicidad. Sorprendida y algo cortada se abrazó a la anciana y le acariciaba con tal ternura que Marie sintió el cariño de una hija hacía su madre.
   Se sentaron en el tresillo mientras, Amparo, trataba de calmar la emoción de la anciana. Cuando las cosas se serenaron un poco comentó, que había decidido visitar el complejo deportivo e intercambiar y contrastar con su hijo algunas cosas sobre el mismo.
   - ¿Dónde tienes el equipaje?
   Le interrumpió Marie. Cuando le comentó que se había instalado en un hotel. Le cogió de la mano, avisó a su ch
Ófer y fueron hasta el lugar, anularon la reserva, abonando Marie la cantidad de un día de estancia. Mando a su chófer que cogiera el equipaje de la señora y de nuevo regresaron a casa. La instaló en la mejor habitación de la casa y le aseguró que si otra vez se enteraba que iba a Bordeaux y no iba a casa se enfadaría con ella.
   - Esta casa es la tuya y permanecerá abierta las veinticuatro horas del día. 
   Amparo sonrió al tiempo que agradecía su ofrecimiento de todo corazón y juntas entraron en el salón para conversar. Le preguntó por sus hijos y por el complejo deportivo. Todo marchaba perfectamente. Estaban enfrascadas en la conversación cuando hizo acto de presencia José que regresaba cansado, aunque feliz, de entrenar a sus chicos. Cuando entró en el salón y se encontró cara a cara con Amparo, no podía creer esa aparición. Ella le sacó de su asombro al aproximarse y tras fundirse en un abrazó unió sus labios con él. Marie intentó contener las emociones que inundaban todo su cuerpo, pero como se dio cuenta que no sería capaz, se levantó y tras besar a “su hijo” dejó a solas a la pareja.
   - ¿Cómo tu por aquí?
   Consiguió articular por fin sus cuerdas vocales. Ella con esa sonrisa que le enloquecía argumentó.
   - La promesa de no encontrarte conmigo hasta que lo de mi marido se resolviera la hiciste tú. No yo. Y como tenía ganas de verte he aprovechado el fin de semana para escaparme sola.
   De nuevo se abrazó y el cielo se le abrió de par en par. Por un momento pensó que era otra de sus alucinaciones, pero aquel cuerpo era real, suave, dulce, cariñoso y cálido como nunca había sentido un cuerpo. Se abrazó con fuerza a ella, si bien no quiso tomar en ningún momento la iniciativa. Temía que su pasión le traicionase y pudiese cometer alguna imprudencia de la que sé arrepintiese posteriormente. Por ello dejó toda la iniciativa a su razón de vivir. No podía creer tanta dicha, contemplaba a su amor con tanta ternura con tanto cariño que sin llegar a tocarse llegó a sentir toda la pasión de su compañera. Conversaron de la marcha del complejo deportivo. Le preguntó por sus hijos. Para terminar invitándola.
   - Salgamos a cenar.
   Aceptó encantada de nuevo unieron sus labios. Amparo, fue a sus aposentos a darse una ducha y cambiarse de ropa. José que tardó en reaccionar. Deseaba deleitarse con esos momentos vividos y seguir sintiendo el calor de ese cuerpo que lo embriagaba con más rapidez que los caldos de más alta graduación. Degustaba con inmenso placer la química intercambiada en ese último beso y un agradable escalofrío recorría su cuerpo desde los dedos de los pies hasta la punta de sus orejas. Tras varios minutos, reaccionó, abandonó el salón, avisó al servicio y a su madre, que no cenarían en casa, y entró en su habitación para darse una rápida ducha y ponerse elegante para tan distinguida compañía.
   Fueron a un club privado, del que era socio. En uno de sus reservados cenaron a la luz de las velas y mientras reponían fuerzas no apartó su mirada de ella. La comida sobraba, tenía bastante con contemplar a la razón de su existencia. Tendió su mano acariciando la suya. Una dulce sonrisa acompañó al gesto mientras le rogaba.
   - Hay tiempo para todo, pero hazme el favor de cenar. Esa mira-da me pone nerviosa.
    Se disculpó. Lamentaría, en lo más profundo de su corazón, molestarla o enfadarla en esos momentos. Tomó los cubiertos y con gran esfuerzo logró retirar su mirada para iniciar la cena. Cuando Amparo tomó el café, José sabía que ese reconstituyente era imprescindible para su compañera, le cogió la mano invitándola a salir a la pista de baile. Sus cuerpos abrazados con ternura se movían con excitante lentitud. Sus mejillas se acariciaban por medio del calor que desprendían. Estaba tan enfrascado en absorber todas esas sensaciones que su cuerpo captaba, que se abandonó por completo a ese placer. Los labios de su pareja apretando el lóbulo de su oreja derecha lo desarmaron hasta tal punto que no sabía muy bien si soñaba o realmente aquello estaba pasando. Acarició con tal delicadeza la espalda de su compañera que ésta retirando sus labios de su lóbulo buscó con cierta ansiedad su boca. Ahora fundidos en aquel beso se sintió flotar. La química se encargó del resto.
   Regresaron a casa muy avanzada la noche. José le había acompañado hasta su habitación. Sus rostros mostraban el deseo y la pasión que sus cuerpos les pedían. Se miraban con tal ternura que las paredes llegaron a derretirse. Allí estaban los dos en la puerta como dos niños temerosos. Él no se atrevía a tomar la iniciativa y ella esperaba con ansiedad que se decidiera. Varios minutos permanecieron contemplándose mientras sus manos se entrelazaban nerviosas. Amparo giró sobre sus pies, pero sin soltar las manos de su pareja, entró en la habitación y obligar, no diré que obligó a José a entrar pero se vieron dentro y fundidos en un abrazo. Sé quitaron la ropa y desnudos entraron en el lecho. Se abrazaron y se quedaron dormidos.
   Ninguno se podía explicar como habían sido capaces de estar abrazados y con el apasionamiento que guardaban sus cuerpos no suceder nada de nada.
   La claridad del nuevo día despertó a José. Entre sus brazos tenía a la mujer de sus sueños proporcionándole todo el calor y toda la sensualidad que aquel cuerpo desnudo le transmitía. La felicidad entrecortaba su respiración. Por un momento pensó que era otra de sus alucinaciones, pero de ser cierto, con seguridad le gustaría  conservarla el mayor tiempo posible. No daba crédito a lo que le estaba sucediendo. Contemplaba su  rostro, suave, dulce y excitántemente femenino. De pronto, al abrir sus ojos, le deslumbró el verdor de su mirada.  Sonrió mientras aproximaba sus labios con dulzura. Un instante duró aquel contacto, que le llenó de placer, de sensualidad, de cariño. Al tiempo que sus oídos sentían el cálido tono de su voz. 
   - Gracias por portarte como un caballero. Eres encantador, adorable. Hacía tiempo que no dormía tan maravillosamente bien como esta noche.
    José se había concentrado deseaba captar todas esas sensaciones que su cuerpo le ofrecía, al sentir el calor de ese cuerpo desnudo abrazado al suyo. Cerró sus ojos con la única intención de captar a través de sus otros sentidos hasta la mínima sensación que pudiera captar. Le hubiera gustado permanecer así el resto de su vida. Pero como todo lo bueno, tenía que finalizar. Abandonó la alcoba para ir a su habitación, darse una ducha y vestirse para ir a desayunar. Cuando salió, ella entró en el baño, llenó la bañera y se relajó con un buen baño caliente. Conectó el jacuzzi que disponía la bañera y se dejó acariciar por las burbujas a presión. Cerró los ojos y recordó a su esposo. No había sucedido nada entre los dos pero sé sentía algo culpable por haberle permitido entrar en su habitación. Luego, tratando de disculparse recapacitó. “Pienso que Paco lo comprendería era tan maravilloso” Fue pensar esa frase cuando sintió que sus ojos se nublaban y las lagrima acudían a su rostro. De pronto sonrió pensó en José y se estremecía al comprobar el dominio que había tenido. Sabía lo enamorado que estaba de ella. Era consciente de lo mucho que le amaba y deseaba. Su pasión, por su persona, superaba todo. Se había comportado con una exquisitez difícil de igualar. Recordaba su dulzura y la sonrisa se dibujó de nuevo. No era muy apasionada  pero las sensaciones que aquel personaje le había transmitido a lo largo de esa jornada le habían hecho sentirse enormemente feliz. No recordaba un momento tan agradable como el que había vivido esas últimas horas.
   Tardó más de una hora en salir al comedor para desayunar. Allí sentado en la mesa le esperaba pacientemente aquel encantador amigo. Se disculpó por su tardanza y José avisó al servicio para que sirvieran el desayuno. Lo hicieron ellos solos. Marie ya lo había hecho y estaba paseando por el jardín cuidando las plantas y flores. Su hobby preferido. Cuando vio salir por la puerta a “su hijo” de la mano de Amparo la felicidad inundó su cuerpo. Era consciente que pasaron la noche en el mismo lecho, pues al entrar en la habitación para darle los buenos días pudo comprobar que la cama estaba impecáblemente hecha. Tomó la iniciativa y se acercó hacía ellos. Se abrazó en primer lugar a su invitada y la dicha que inundaba su cansado cuerpo le hizo rejuvenecer varios años. Luego abrazó a su hijo e intercambió una sonrisa picara con él.
   Marie estaba abonada al palacio de la música de Bordeaux, poseía uno de los mejores palcos de la sala e invitó a la pareja a asistir a una audición de música que se daba esa mañana. Amparo aceptó encantada y aunque a José le hubiera gustado perderse a solas con ella al observar el entusiasmo que su amor ponía aceptó encantado.
   Se arreglaron y en el coche de Marie, con su chófer al volante partieron con destino al palacio de la música. Acoplados en el palco ella se sentó junto a Marie y José. La anciana esbozó una sonrisa al comprobar como “su hijo” tomaba la mano de aquella mujer con una delicadeza y dulzura que le hicieron sentir a ella esa sensación indescriptible que se experimenta cuando la persona amada muestra su ternura y cariño hacía una.
   Fue una interpretación fuera de lo corriente. Consiguieron que el público se levantara de sus asientos a lo largo de la representación de esas piezas musicales.
   Salían comentando lo emocionadas que se había sentido con aquella increíble audición. Cuando José, dirigiéndose a Amparo, le invitó a comer fuera de casa, se encontró con la sorpresa, su madre se le había adelantado y tenía reservada mesa en “Estéfano”. El mejor restaurante de todo Bordeaux. Al comprobar la  expresión de” su hijo se arrepintió de su torpeza y quiso rectificar pero Amparo no lo consintió. José comenzaba a atraerle demasiado como para quedarse a solas los dos por mucho rato.
   Al regresar a casa, tras aquella deliciosa comida, era tarde. José tenía partido con su equipo y como a ella no le apetecía mucho ir se quedó con Marie. Habían decidido, que tras reposar un poco, saldrían de tiendas para comprar algún detalle a sus hijos. Y aprovechar para ver si le hacía algo de lo que viese por allí.
   - Después del partido regresare a casa. No os retraséis mucho.
   Fue el comentario que hizo mientras abandonaba la casa dispuesto a pelear con sus pequeños.
   Aunque intentó concentrarse en lo que estaba haciendo le resultó imposible. Sus pensamientos estaban con aquella mujer increíble a la que adoraba y veneraba hasta tal punto de perder la noción de todo cuando se encontraba lejos de ella. Estaba tan fuera de lugar que hasta los pequeños lo notaron y el más lanzado  le hizo la observación.
   - ¡Macho! Tú estas muy lejos de aquí. ¿Té pasa algo José?
   Se disculpó pero el pequeño estaba en lo cierto. Aunque físicamente estaba con ellos su mente, sus pensamientos, sus anhelos, esperanzas y deseos estaban lejos de aquel lugar. En concreto junto a la persona amada.  
   El inicio del partido le permitió regresar un poco, sus chicos movían la pelota con una soltura y una rapidez que sorprendieron al entrenador del equipo contrario. No había transcurrido más de diez minutos cuando el Signone ganaba por un contundente cuatro a cero. Estaba claro que ese partido no se les podía escapar de las manos. Eran muy superiores y aunque su entrenador no estuviese ese día muy centrado, tampoco hubo necesidad de sus intervenciones.
   Marie y Amparo pasaron una tarde deliciosa, se entretuvieron en todas las tiendas que encontraron a su paso y ella pudo comprar algún detalle para sus hijos. Iban a regresar cuando Marie le comentó que deseaba hacerle un regalo. Ella no quería que se molestara. Bastantes atenciones habían tenido, pero ante la insistencia claudicó y aceptó acompañarle. Entraron en uno de los salones de moda más conocidos de la ciudad. Durante varios minutos mantuvo una conversación con la encargada del local. Al finalizar el diálogo con aquella persona. Les rogaron que pasaran a una sala. Habían improvisado un pase de modelos exclusivamente para ellas. Una vez acomodadas en sus asientos. Marie le comentó.
   - Permanece a la expectativa, en el momento que creas que algo de lo que pasen te puede hacer papel, dímelo sin titubear. Deseo hacerte un regalo. Eres la hija que siempre me hubiera gustado tener.                                               
   Un encantador traje de noche, negro muy sencillo pero de una clase envidiable fue el elegido. Cuando se lo puso, le caía increíblemente bien. Parecía que la diseñadora le hubiera ideado pensando en ella. Estaba encantadora, realzaba su maravillosa figura y Marie abrazándose a ella le lanzó un cumplido.
   - Lo cierto es que, con esa figura, lo que te pongas te tiene que caer bien.
  Amparo le tendió la mano y ambas entraron en el probador para cambiarse de ropa y seguir conversando.
   Salieron abrazadas y tras unos minutos en la entrada de aquella tienda para que le preparasen el vestido y liquidar la cuenta. Abandonaron el local dispuestas a regresar a casa.