jueves, 17 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO-XXIV - EL NACIMIENTO


                                               - EL NACIMIENTO -

   Desde la primera intervención con éxito el trabajo se acumulaba. Era necesario descubrir el porqué un accidentado cuando llegaba al quirofano con más de dos horas desde el accidente no se recuperaba al cien por cien y darle una solución. A los ciento ochenta minutos la eficacia de recuperarlo perfectamente era del cincuenta por ciento, el otro cincuenta aunque recobraba la movilidad padecía alguna dificultad importante, principalmente en la coordinación. Sesenta minutos más tarde el éxito se reducía a un veinticinco y cada hora la progresión era casi idéntica. Se hacía imprescindible volcar todo el esfuerzo en esa línea de investigación para solucionar el nuevo reto. Pero en los principales hospitales del mundo, gracias a los resultados del equipo del doctor Carbonell consiguieron evitar que muchas personas se vieran relegadas a la cama o a la silla de ruedas.
   Caterine comenzaba a sentirse pesada, necesitaba mimo, cariño, pero sobre todo atención por parte de su esposo. José, tras sus últimos éxitos decidió trabajar media jornada y dedicarle la otra a su mujer.
   Faltaban dos semanas para salir de cuentas, cuando recibió una llamada de un investigador, totalmente novel, para él, y para el mundo de la medicina. Pertenecía a un estado donde la dictadura controlaba a sus ciudadanos. Trabajaba en la universidad de la capital. Había, o creía haber encontrado una solución para poder intervenir a cualquier  accidentado, incluidos aquellos cuya inmovilidad venía de accidentes ocurridos varios años atrás. Pero le resultaba imposible salir del país y mucho menos sacar información de cualquier investigación llevada a cabo en su universidad. Había estudiado al milímetro todas las publicaciones del doctor Carbonell, siguiendo las pautas marcadas y tomando una de las vías de investigación sugeridas en el artículo, aunque su método no estaba perfeccionado del todo, logró devolver la movilidad a tres de las diez personas intervenidas. La mayoría llevaban años desde el accidente, Interesándose José precisamente por ello. Deseaba encontrarse con él y decidió por medio de la embajada ser invitado a dar una conferencia en la capital del país en cuestión. No encontrando ningún impedimento. Es más todo fueron facilidades
   Caterine no estaba para viajar y menos a un país con pocas garantías de ser respetados sus derechos. Optando por quedarse y el doctor en compañía de sus colaboradores se desplazó un fin de semana. Esa misma noche del viernes visitaron al personaje en cuestión en su laboratorio de la facultad. José le había llevado varios dossiers de sus investigaciones solicitadas por teléfono.
   Repasaron minuciosamente los estudios sobre los éxitos asegurados por el científico. Quedaron gratamente impresionados. Precisamente Joel estaba esos últimos días iniciando una serie de investigaciones con una línea muy similar.  Desde el primer instantes aquellas investigaciones despertaron el interés del equipo del doctor pero especialmente el de él. No durmieron, pasaron la noche en el laboratorio. Si bien tuvieron dificultades de movimiento y especialmente de luz. Si los descubrían el régimen del país los podía incluso acusar de espionaje, como les advirtió Jung. En esas horas de trabajo codo a codo José comprendió estar ante otro genio de la investigación. Con medios rudimentarios y sin la mínima motivación logró, resultados impensables, incluso con un buen equipo. Jung se encontraba solo, no tenía familiares ni conocidos con vida, la guerra civil vivida recientemente se encargó de borrar del mundo a sus seres queridos. Odiaba aquel régimen y así se lo confesó a lo largo de la velada. La respuesta de José fue inmediata, le brindó ayuda y  al observar la reacción emocionada de su colega, no perdió el tiempo, prepararon una estrategia para conseguir abandonar el país e instalarle en Francia como refugiado político.
   Ese sábado la conferencia realizada por el equipo del doctor Carbonell fue un éxito y el gobierno se apuntó un tanto al conseguir lo que otros países de mayor prestigio y peso específico no lograron. Al finalizar la misma y durante el ágape en honor de los conferenciantes, José logró del ministro de sanidad la promesa de enviar a Francia al curso, que se iniciaba esa misma semana, sobre medicina del movimiento y de rehabilitación, a un equipo de científicos del país. Consiguiendo, con su habilidad de negociador, la entrada de Jung en la lista de científicos a desplazarse a Paris. Al notificárselo el propio ministro, su rostro se transformó, la tristeza, tensión y preocupación desaparecieron. Buscó con su mirada a José sabía que el ministro había ido a su encuentro para notificárselo. Le guiñó el ojo y en esos momentos le hubiera gustado explotar de felicidad, pero consiguió controlarla.
   - Mañana mismo, partirá con dos colegas a París como invitados del doctor Carbonell.
   Con estas palabras le comunicaba el ministro a Jung la noticia. Inició sus pasos hacía José, pero con una indicación significativa cambió de rumbo y se encontró con los otros compatriotas compañeros de viaje para quedar en el ministerio y de ahí partir, hacía el aeropuerto.
   José y su equipo salieron unas horas antes. Deseaba llegar a París con tiempo. Habló previamente por teléfono con el secretario del ministro de asuntos exteriores sobre el asunto, quien le confirmó entrevistarse a su llegada en el aeropuerto parisino.
   Cuando el avión de líneas regulares despegaba del país Jung sintió como todo su ser se inundaba de felicidad. Por fin libre para trabajar, para salir, para hablar. Pero más que esa libertad ansiaba, desde lo más profundo de su corazón, poder pertenecer al mejor equipo del mundo en investigación sobre rehabilitación y trastornos del movimiento. Además, esas escasas horas de relación con José le había llenado plenamente. No podía dar crédito a lo vivido en esas horas. Tal vez, pensaba, al tratarlo tan poco y en esas circunstancias, unido al deseo de salir de allí y comprobar que tenía posibilidades de ser libre, lo había magnificado. Era un hombre de una sencillez deslumbrante. De una inteligencia difícil de igualar. Las palabras intercambiadas con sus dos colaboradores, le aseguraban que era fácil agradar en unas horas a cualquier persona. Pero Joel le confesó  llevar años trabajando con él y cada día le sorprendía aquel genio de La Naturaleza.
    Nada más aterrizar y a punto de pasar el control aduanero, dos agentes de inmigración se aproximaron y uno solicitó a Jung acompañarle. Obedeció. Al cruzar el umbral de la  puerta de un despacho vio a José abrazándose y agradeciendo  su colaboración. Los trámites burocráticos se aceleraron, pues no en balde José se movió con antelación y aunque perdieron unas horas mereció la pena. Era libre, le proporcionaron la documentación de refugiado político y su correspondiente permiso de trabajo y de residencia en el país.
   Los otros dos científicos se instalaron en un hotel parisino, una azafata había ido a recogerlos y sería su anfitriona durante los días de estancia en la capital. Preguntaron a la bella señorita por su compañero y tras las aclaraciones oportunas, se prepararon para asistir esa tarde al congreso.
   El equipo del doctor Carbonell, junto a su nueva incorporación, tomó el jet de la familia y volaron con destino Lyón. Durante el corto trayecto aéreo recibió la llamada de Caterine, estaba atascada en la autopista que unía Lyón con su aeropuerto. Trazas de descongestionarse no había. Es más iba en aumento, por ser hora punto. Quedó en desviarse por el primer cambio de sentido y regresar a casa para esperarle allí. Comieron todos en casa de los Carbonell. Tras la sobremesa instalaron, por el momento, a Jung en el dúplex de Caterine. Esa misma tarde noche los tres ayudantes de José se encontraban trabajando en el laboratorio. Mientras el matrimonio se desplazó a París para relajarse, cenar y asistir a la opera.
   José pasó toda la representación observando a su esposa, estaba encantadora, su rostro reflejaba la felicidad de ese primer embarazo inundando su cuerpo. En varias ocasiones llamó, con el gesto y la mirada, la atención de su esposo. Pero él hizo caso omiso a las gesticulaciones y mirada de su encantadora esposa y prosiguió contemplándole. Mientras abandonaban el teatro le recriminó por su actitud en la representación. Había sido excepcional y él no había prestado la mínima atención.
   - Mi amor, en ese teatro el único espectáculo, lo verdaderamente embriagador en ese local repleto de personas, eras tú. Y tras casi dos días sin poderte contemplar. ¿Crees que estaba dispuesto a no disfrutar de tu mirada, de tu expresión, de tu encanto? Pues no. Mi querida mama. No estaba dispuesto a distraer mi atención con otras personas.
   Las palabras de su esposo le llenaban de felicidad, ella se veía enorme, aquel vientre donde albergaba su primer hijo había deformado su perfecto cuerpo y cuando se atrevió a asegurar estar hecha un adefesio, gorda y... no le permitió terminar se abrazó con dulzura y comenzó a mimarle, acariciarle y a decirle mil y un cumplido que envolvieron y elevaron su moral.
   Una mañana, había salido de cuentas, encontrándose en el laboratorio trabajando, el servicio entró precipitadamente para advertir al señor el inicio de la dilatación. Dejó de inmediato a sus ayudantes y salió como una flecha al encuentro de su mujer. Estaba bastante avanzada, unos seis centímetros y los dolores se espaciaban cada vez menos. El nuevo ser estaba a punto de irrumpir en el mundo. No se separó de su esposa ni un solo minuto. Tras unas eternas horas al fin descansó la parturienta al lanzar a su hijo al exterior. Al mirar a su esposo se le nublaron los ojos de felicidad. Estaba entusiasmado, contemplaba a la pequeña, había sido niña, con tal amor, que llegó a sentirlo. Tenía su mano entrelazada a la suya, se la aproximó a sus labios y los posó con esa dulzura y cariño que enloquecía de pasión a su media naranja.
    Todo se había desarrollado sin la menor complicación. Cuando salían del quirofano Brisite se encontraba aguardando. Besó a su sobrina y recordó a su hermana Linda. Se habría sentido tan orgullosa de su hija y nieta, que esos recuerdos aflojaron sus lagrimales y unas gotas de felicidad recorrieron sus mejillas. El recuerdo de su hermana le había emocionado. Caterine le tendió sus manos y de nuevo se fundieron en un abrazo.
    En la habitación llegó el primer momento de acercar a su niña al pecho. Para estimular las glándulas de la madre y al mismo tiempo la pequeña siguiera sintiendo el calor y el latido del corazón de su progenitora. José a su lado no paraba de lánzarle cumplidos y mostrar la felicidad que esa hija había traído a sus vidas. La habitación se pobló de ramos de flores, de detalles para la madre y la niña. Desfilaron infinidad de personajes, familiares, amigos, políticos y demás conocidos del matrimonio.
-          ¿Cómo te gustaría llamarla?
   Sorprendió a su esposo. Se quedó pensativo. El nombre lo tenía en mente desde hacía tiempo, pero en esos instantes dudaba.
   - ¿Habías pensado en alguno en concreto?
   - ¿Mi vida prefiero que lo elijas tú?
   José dejó transcurrir unos minutos y por fin se decidió a confesarle el que tenía en mente.
   - Creo que a tu madre le hubiera hecho mucha ilusión conocer a su nieta. A mí particularmente me gustaría ponerle Linda.
   Caterine sonrió. Precisamente ella también pensó en le mismo nombre para su pequeña. Abrazó a su esposo, era capaz de leerle hasta el pensamiento, le besó y confirmó el nombre. 
   Al fin llegó la hora de volver a casa. Se había recuperado maravillosamente bien y salió por su propio pie mientras en sus brazos acurrucaba al bebe.
   Durante esa semana José no piso prácticamente el laboratorio, pero sus colaboradores le tenían informado puntualmente. Por regla general coincidía cuando se dignaban a realizar alguna de las comidas, pues normalmente el servicio les llevaba unas bandejas y reponía fuerzas mientras seguían enfrascados en su trabajo.


jueves, 10 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO XXIII- UNA ESPERANZA


   Tres días perdidos en la montaña, bajo la protección del lugar de reposo de su querida esposa, permitió aclarar muchas ideas. Esa mañana pidió permiso a sus colegas para mandar, las últimas investigaciones, a las revistas médicas. Conforme lo proponía, Dany, expresaba su sorpresa. Miró a su compañero esperando una explicación. “¿Como se iban a negar a algo así?”. Pero José era consciente, que gran parte del merito de esos últimos avances, era consecuencia de las aportaciones del nuevo miembro del equipo. No dudo en consultar con ellos para enviar los resultados.
   Subió al coche con Caterine. Se acercaron a la ciudad, depositando en correo toda la información. Insistiendo, a los editores de la revista con una nota adjunta a los artículos, que figurasen los nombres de sus colaboradores. Añadiendo una introducción presentando y resaltando el importante aporte de Dany. Un nuevo genio de la investigación al que tenía el honor de presentar al mundo de la ciencia.
   La publicación en las revistas especializadas, causó un gran impacto en el mundo profesional de la medicina, pero llegó a trascender a los medios de comunicación, donde se atrevieron a aventurar que el problema de la tetraplegia estaba solucionado.
   Tras una semana de aislamiento en la cabaña regresaron a casa. Emisoras de televisión y radio aguardaban impacientes la llegada del doctor para confirmar la información dada por los medios de comunicación. Cuando los primeros periodistas le comentaron la noticia que circulaba por todos los medios y noticieros del mundo, se indignó. “Como se podía jugar con las esperanzas de miles de seres humanos relegados a la cama o a la silla de ruedas de por vida”. Pensaba mientras entraba en casa. Se tomó un pequeño respiro para serenarse y poder hablar con mayor claridad de ideas. Invitó a los periodistas a entrar en casa, organizando una rueda de prensa en el salón. Subió a su habitación se duchó y tras vestirse bajó junto a su esposa, Joel y Dany. Se sentaron frente al nutrido grupo de informadores. Iniciando la rueda de prensa.
    - En primer lugar.
   Comenzó diciendo, con el semblante triste. Por primera vez se pudo ver el rostro enfadado del doctor. Habló pausadamente y midiendo como nunca sus palabras.
   - Quiero pedir perdón a toda persona que por un error en la información. Desconozco quien puede ser el culpable. Pero, para mí, poca importancia tiene ahora. Me duele, en lo más profundo de mí ser, haber creado falsas esperanzas. Mis colegas, aquí presentes y yo estamos en el buen camino. Pero las cosas hay que contarlas como son. Llevamos tras estas investigaciones la friolera de cuarenta años. Y si es cierto que nunca estuvimos tan cerca, se pueden tardar años para una eficacia plena.
   Su discurso se prolongó por espacio de sesenta minutos. A lo largo de la exposición cedió la palabra en varias ocasiones a sus colegas. Y finalizó su discurso interesando de forma especial al colectivo médico.
   - Hemos conseguido descubrir como estaba formada la estructura microscópica y estamos en el buen camino de construirla fuera de la célula nerviosa. Hoy mismo hemos enviado a las redacciones de las revistas científicas unos artículos mostrando lo informado. Eso supondrá un gran avance hasta conseguir lo que se pretende. Pero solo es eso. Una esperanza. No una realidad.  
   Tras la intervención, en la mayoría de los países occidentales se montaron mesas redondas sobre el tema, debates entre científicos, psicólogos, religiosos y de diferentes campos de la sociedad. En todos ellos, los escépticos abundaban más que los optimistas. Pero todos mostraron su deseo de llegar a un resultado satisfactorio.
   Caterine se dio cuenta, que la mejor manera de no distraer a su marido en esos momentos, era volcarse en su trabajo. Comenzó a investigar en nuevos campos. En concreto, sobre colecciones de premamá. Aquella ocupación le llenó plenamente y los escasos minutos libres lo disfrutaron juntos.
   Comenzaron los primeros experimentos, tras los planteamientos teóricos y algunos prácticos. Decidieron probar con animales.
    Fueron dos meses de continuos intentos, de esperanzas y de fracasos. La recuperación del movimiento cuando la sección de la medula era muy reciente se conseguía, en un treinta por ciento con éxito, pero si el tiempo transcurrido superaba los ciento veinte minutos, no consiguieron ni un solo resultado positivo. Fueron capaces de fabricar artificialmente esa estructura fisicoquímica, pero había algo más que influía en la posible regeneración, en cuanto a funcionamiento, de la célula nerviosa. Sospechaban que tal vez hubiera otra estructura y posiblemente se encontrara en la circulación sanguínea teniendo una acción conjunta con la otra. El camino a seguir era claro. De existir. El siguiente paso sería desmenuzar todos sus componentes y factores de actuación.
   Desde que Dany se les unión, la joven vivió esos meses como minutos. Junto aquel hombre el tiempo parecía detenerse en el laboratorio, mientras que en el exterior los días y semanas pasaban con increíble rapidez. Allí junto a ese genio se perdía la noción de muchas cosas, pero especialmente del tiempo. José salió del cobertizo y se metió en los invernaderos. Solía hacerlo siempre que se estancaba en algo, o necesitaba estirar las piernas. Allí se entretenía con las plantas y las mimaba con verdadero cariño. Caterine se fue de New Ville, en concreto de acercó a Lyón para subir al jet y desplazarse a Madrid. Estrenaba, en la pasarela Cibeles, su colección de premamá. Iba a estar una semana fuera. Pero el teléfono no lo dejaron descansar en todo ese tiempo.
   Andaba cuidando unos tomates cuando la voz de Dany le sorprendió al comunicarle el descubierto de la nueva estructura. Efectivamente estaba muy ligada a la circulación sanguínea, pero desconocía su función. Abandonaron el invernadero y entraron en el laboratorio. Teniendo la seguridad de su existencia, descubrir el resto sería cuestión de tiempo.
   Siguieron, con meticulosidad los pasos investigados. Conforme los analizaban se iban confirmando las sospechas de la joven investigadora. De pronto se miraron, José se abrazó a su compañera y soltó una expresión que le abrumó.
   Antes del regreso de Caterine consiguieron formar la estructura en el laboratorio. Era el momento de comenzar a aplicar todo ese trabajo. Las primeras pruebas no podían ser mejores, en todos los casos se estaba consiguiendo la movilidad de las extremidades, paralizadas por la sección de la medula. Realizaron más de doscientos experimentos y todos con un éxito del cien por cien. Pero de nuevo cuando la intervención se realizaba después de las dos horas su eficacia descendía proporcionalmente a al tiempo pasado desde el accidente hasta la intervención.
   Como siempre, al descubrir algo nuevo, enviaron al momento a las mejores revistas médicas los resultados de sus investigaciones y las perspectivas posibles, ofreciendo diferentes vías de investigación. Rogando ponerse en contacto con ellos ante cualquier avance. José repetía hasta la saciedad que lo tenían al alcance de la mano y si otros colegas, con lo investigado por ellos podían llegar antes a una solución mucho mejor.
   A los tres meses de probar con éxito. Los llamaron del hospital central de New Ville comunicándoles el accidente sufrido por un hombre al lanzarse a su piscina. Se seccionó la medula espinal a la altura de las cervicales, de tal forma que se vería para el resto de su vida esclavizado a la silla de ruedas. No había transcurrido ni diez minutos cuando los tres científicos se presentaban en el hospital. Noventa minutos separaban al lesionado de su fatal accidente. Se metieron en el quirófano y se pusieron a trabajar.
   Cuatro horas les llevo la delicada operación. Estaban convencidos del éxito. Pero debían esperar a la reanimación del paciente superado el efecto de la anestesia.
  - ¡José! ¡Esta moviendo los pies!
  Se apresuró a avisarle cuando comenzó a moverse. No había que tirar las campanas al vuelo pero aquello era significativo. El joven padre fue despertando, movía sus manos y brazos, los dedos de los pies, el tobillo e incluso flexionaba las rodillas. Permanecieron con el operado por espacio de tres días y todas las pruebas realizadas pudieron gozar del éxito.
   Cuando, al terminó de esos días todo daba a entender la eficacia de esa técnica, José comenzó a llorar. Le costaba creérselo y, eso que había trabajado como un loco en ese proyecto. Comprobó los resultados con animales multitud de veces. Pero ahora ver aquel joven padre de familia como saludaba con su mano a través de la mampara de cristal a sus dos hijos y esposa, le pudo la emoción. Dany lo abarcó entre sus brazos y emocionada tanto como su maestro le repetía una y otra vez.
  - Lo ha conseguido, doctor, lo ha conseguido.  
           





















miércoles, 2 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XXII-UNA NUEVA AMISTAD

UNA NUEVA AMISTAD 
                                                                                                                                                                
    Las emociones ahogaban a la joven doctora. Era increíble lo vivido en esa jornada. Sus sensaciones, sus ilusiones, su cuerpo, su alma flotaban en esa cálida tarde de verano. El servicio le instaló en una de las habitaciones para invitados. Todas las comodidades imaginables estaban a su disposición. Había estado hasta muy tarde, ese primer día, trabajando codo a codo con Joel, quien le  puso al corriente de las vías de investigación llevadas por el doctor Carbonell. Pero no pudo evitar mostrarle las llevadas por él.
   - Lo maravilloso de este hombre.
   Le comentaba.
   - Es que te deja tomar iniciativas. Jamás te pide cuentas y tan solo te propone diferentes posibilidades de investigación eligiendo tu la que mas se identifique con tu forma de actuar. Por supuesto siempre procuro hacer, en primer lugar, lo que me pide. Pero en más de una ocasión he estado enfrascado en investigaciones propias y he olvidado realizar lo sugerido. Pues bien, jamás le he escuchado una frase de desagrado o de enfado por no realizarlo. Se interesa por lo que hago y me anima siempre a seguir. Nunca me ha dicho que algo estaba mal. Y si en alguna ocasión percibía que me estaba equivocando, jamás lo recriminaba. Me anima a busca otras alternativas y a no obsesionarme aunque no salieran las cosas. 
   Dany estaba embelesada al escuchar a su nuevo compañero. Pero no estaba muy segura que fuera tan perfecto. “Tendrá algún defecto digo yo” Pensaba en su interior, pero al acudir a su mente el curso impartido en París,  inmediatamente volvía a embobarse escuchando a su colega. Cuando le confesó que una de las investigaciones, que más tiempo dedicaba el doctor, consistía en tratar de solucionar el problema de enervación de la medula seccionada, se quedó petrificada al asegurarle que llevaba en ese campo más de cuarenta años. Jamás desesperó y estaba seguro de conseguirlo. Gracias a su tesón logró grandes éxitos en otros campos. No ocultaba nada de lo investigado y cualquier avance lo comunicaba por medio de revistas médicas.
   - No tiene el menor afán de protagonismo. Es más cuando le hice la observación. “No tiene miedo que otros se aprovechen de sus descubrimientos al revelarlos casi de inmediato”. Siempre respondía de la misma forma.
   “Mi querido amigo. Creo que cualquier investigador, y especialmente en el campo de la medicina, que oculte datos validos para que otros colegas puedan llegar a una solución del problema es un idiota. Tenlo en cuenta. Lo importante es solucionar problemas a la gente, no ser uno quien lo consiga”.
   Joel, comentaba una y otra vez a Dany, que aquel hombre era capaz de sorprenderte casi en cada momento.
   - Hay que convivir con él para saber realmente la humanidad, la capacidad, la inteligencia y mil cosas más que posee este increíble personaje. Aunque te parezca mentira, le gusta la soledad. La vida social no le atrae en absoluto. Pero por desgracia, tanto su trabajo como el de su esposa se ven volcado a llevar una vida social importante.
   Dany impresionada por los relatos y sin saber muy bien el porqué soltó.
   - ¿Pero tiene algún defecto este hombre?
   Sonrieron ante la pregunta y siguiendo el mismo tono contestó.
   - En los aspectos que yo le conozco. No. En su vida íntima, la verdad no lo sé, pero por la forma que su esposa lo mira, mima y espera su llegada, creo que tampoco debe tenerlos.
   Muy entrada la noche se despidieron para descansar.
   Dany se despertó temprano, el servicio tenía preparado un completo desayuno, pues por la noche se informaron cuando la señorita tenía pensado levantarse. Aunque insistió asegurando que se prepararía ella algo, no lo consintieron. Ni en un hotel de lujo se estaba tan atendida. Una relajante ducha dio paso a la primera comida. Se sentó a la mesa, preparada con exquisito gusto, y   el servicio le ofreció una gran variedad  de alimentos. Al salir de casa, la luz sustituía tímidamente a la  oscuridad, pero el sol no despuntaba aún por el horizonte Al ir al cobertizo se sorprendió al ver luz artificial. Al entrar le saludo Joel. Había llegado pocos minutos antes y estaba preparando todo para iniciar el trabajo.
   Las naves cubiertas junto al cobertizo extrañaron y la joven y no se demoró en preguntar. Eran invernaderos, le explicó Joel que casi toda la fruta, verduras, legumbres y demás productos de la tierra los proporcionaban esas naves y además se encargaba de llevarlas personalmente el doctor.
   - ¿Te habrás dado cuenta de la calidad de los alimentos? Pues la mayoría salen de esos huertos cubiertos a los que cuida y mima. Sus padres fueron huertanos y él se crió en España. En Valencia, en su huerta. En compañía de su hermana Rita fueron los pioneros de los invernaderos en España y llegaron a levantar los más grandes de Europa.
   Continuó relatándole anécdotas. Asegurándole que la capacidad de sorpresas, con ese hombre, era inagotable.
   Ella, le había sorprendido por su capacidad de trabajo y especialmente por su metodología en la investigación. Pero ese día comprendió el porqué José le invitó a trabajar con ellos. Era un genio. Sistemática, intuitiva y con una capacidad de trabajo difícil de superar. Le recordó a su maestro. No había visto a nadie, a excepción de José, con esa claridad y esa capacidad para la investigación. No pararon ni para comer. El servicio llevó al cobertizo dos bandejas con comida y transcurrido un tiempo prudencial regresaron con discreción a recogerlas. Joel estaba encandilado con aquella mujer, pues amen de su belleza, poseía un don para la investigación que le tenía embelesado. Cuando se hizo la hora de la cena de nuevo el servicio les llevó dos bandejas repletas. La pareja seguía concentrada en su investigación. De vez en cuando se aproximaban a las bandejas y picoteaban alguna cosa.
   Dany descubrió una vía a la investigación principal de José y no era cuestión de perderla. Estaba convencida que el fallo se debía a unos pasos previos de los que partía como seguros y a ella no le parecieron así. Llevó esas primeras investigaciones unos cuantos pasos atrás y de momento, partiendo de unos puntos anteriores, lo que estaba realizando iban por buen camino.
   Cuando esa mañana entraban por el jardín Caterine y José de su aventura en la intimidad, se extrañaron de ver luz en el cobertizo. Descendieron del vehículo y abrazados entraron. No se percataron de la presencia del matrimonio. Estaban tan metidos en la investigación que no sintieron su llegada. 
   - ¿Habéis llegado a salir de aquí?
   Al romper su concentración elevaron las miradas y al ver a su maestro se apresuraron a comunicarle su descubrimiento. Cuando José comenzó a seguir el proceso se quedó maravillado.
   - Seré burro. Lo he tenido delante de mí durante más de treinta años y he sido incapaz de darme cuenta.
   Cuando Caterine escuchó a su esposo sabía que se quedaría en el laboratorio. Era consciente que no debía molestar. Suponía mucho para él pues llevaba demasiado tiempo detrás de ello y ahora parecía que la luz se había encendido. Besó con ternura a su esposo y salió para regresar al coche, solicitar del servicio ayuda para llevar las maletas a su habitación y organizarse un poco.
   Estaba deshaciendo las maletas con la ayuda del servicio cuando advirtió.
   - Preparen el almuerzo para esos locos de la ciencia, son capaces de pasarse días sin reponer fuerzas. Cuando este preparado me avisan y bajaré al comedor.
   Las primeras dificultades que la pareja  encontraron al iniciar ese camino se solucionaron pronto con la llegada de José. Trabajaron sobre varias alternativas. Pero José les aseguró que estar en la senda correcta. Cada dos horas se juntaban con sus anotaciones y exponían las vías seguidas. Pero si se presentaba algún problema o se pensaba haber dado con algo, se debía avisar a los otros. A lo largo del día solo se celebraron las puestas en común acordadas y todas las dudas fueron solucionándose.
   Llevaban tres días seguidos inmersos en su trabajo cuando en una de esas reuniones José les aseguró estar muy cerca. Tenía la convicción de tratarse de una estructura microscópica de composición fisicoquímica las causantes de la muerte de las células nerviosas, cuando estas se seccionaban. Si estaba en lo cierto, deberían seguir sus investigaciones tratando de descubrir cual era esa estructura y como o donde se generaba.
   Sin previó aviso comentó.
   - Dejemos todo. Vamos a comer a casa. Nos llevaremos nuestras anotaciones y nos perderemos unos días en la cabaña de la montaña. Respiraremos aire puro y podremos discutir los pasos a seguir y la metodología más correcta para descubrir esa estructura.
   No hubo el menor pero. Abandonaron el laboratorio, entraron en casa y tras ducharse y cambiarse de ropa se sentaron a la mesa. Caterine no se encontraba en casa, el servicio le comunicó su salida a comer con su tía para tratar asuntos de la empresa. Subió a su habitación cogió el móvil y le telefoneo. Disculpándose por tenerle tan abandonada, precisamente ahora que necesitaba más que nunca su apoyo y cariño. Caterine sonrió y contestó a su esposo que estaba perdonado. Siempre y cuando esa noche le llevara a cenar y a bailar. Lo dio por hecho. Previa disculpa y rogando su permiso, le comunicó su deseo de perderse en la cabaña con ella y sus colaboradores durante unos días. Era su refugio privado, pero estaba claro que si su esposo se lo pedía era porque lo necesitaba.
   - Estás cerca. ¿Verdad?
   Estaba segura que por fin las esperanzas, de conseguir lo que tanto buscaba, eran reales. Podían ir a cualquier otro lugar. Pero sabía la necesidad de su esposo de aislarse y su cabaña reunía todos los requisitos. Comieron, se prepararon una bolsa con los efectos personales, recopilaron todos los apuntes recogidos durante esos días y en coche se desplazaron hasta los talleres donde recogieron a Caterine para perderse en la montaña.
   - Solo hay dos habitaciones, espero que no os moleste compartir una.
  Se miraron. Sonrieron. No había problema, pero ahora tras llevar más de una semana, juntos, ni siquiera se habían fijado uno en el otro. Cuando fueron conscientes que comenzaban a mirarse de forma distinta se ruborizaron. La presencia física de los dos era bastante aceptable y los dos vivían por las mismas cosas. Tenían demasiado en común para no pensar en una relación de otra índole.
   Instalados les invitaron a salir con ellos. Evitando que la torpeza masculina lo estropeara Dany aseguró estar muy cansada. Deseaba recuperarse y reanudar el trabajo a la mañana siguiente despejada. Mentía. Le hubiera gustado salir pero comprendía que después de cuatro días sin su mujer, y más esperando su primer bebe, lo que desearían es estar solos. Les rogó que saliesen tranquilos, ellos se prepararían alguna cosa para cenar.

















martes, 25 de diciembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XXI-LA SORPRESA


   José aguardaba impaciente la llegada del vuelo procedente de Pekín. Caterine le confirmó por teléfono su llegada. El vuelo llevaba retraso por problemas en la escala. Se sentó en la cafetería del aeropuerto y mientras degustaba un café, releía unos dossier de las ultimas investigaciones en su laboratorio. Una encantadora señorita se le aproximó. En su mano el último libro editado del doctor. Con timidez suplicó, si no suponía mucha molestia, que le dedicará el libro. Elevó su mirada hacia su interlocutora y con la sonrisa en el rostro, gesto muy común, le invitó a acompañarle mientras esperaba a su esposa. El rostro de la joven se llenó de felicidad. No lo pensó dos veces tomó asiento junto a su maestro y mientras le tendía el libro, José le preguntó que deseaba tomar.
   - Un café. Como usted.
   Se apresuró a contestar. Llamó al camarero y tras solicitarlo inició la conversación.
   - En primer lugar tutearme. Me encuentro más cómodo si el diálogo se desarrolla de forma familiar.
   Una mueca con el rostro confirmó la petición y a continuación, al observar su timidez decidió romper el fuego.
   - ¿Eres estudiante de medicina?
   Se sonrojó, bajo tímidamente la cabeza para responder
   - Tengo el doctorado y he asistido este fin de semana a París donde he gozando, en compañía de todos los asistentes, del curso tan magistralmente impartido partido por usted. Perdón por ti.
   La última frase la lanzo titubeando. Le costaba tutear a su “Dios”. Unos segundos de respiro y con más seguridad añadió.
   - Ha sido increíble. Nos has impresionado.
   “Pero si es casi una niña”. Pensó cuando le comunicó haber finalizado la licenciatura y estar doctorada. Al preguntarle su edad le confesó que contaba con veintidós y estaba ejerciendo la medicina un año. La verdad, de que se extrañaba, con dieciocho años también se doctoró. Cuando en el transcurso de la conversación se lo comentó, comenzó a explicarse la capacidad de su maestro. Tras unos segundos de silencio se lamentó ante su maestro.
   - Pedí a La Fundación José Carbonell, asistir este verano, como médico voluntario, a  Corea. Pero me encontré con la desagradable notificación. “Le agradecemos su disposición pero en estos momentos no es posible. En otra ocasión contaremos con su desinteresado ofrecimiento”.
   Aquello le dolió en lo más profundo de su corazón. “¿Como una chica, con esa capacidad, le impedían ir a trabajar a La Fundación?”. Le pidió sus datos y le entregó una tarjeta personal, al tiempo que le aseguraba.
   - Mi casa y mi pequeña clínica de investigación están abierta día y noche para cuando desees presentarte. En cuanto a ir a Corea, si todavía estas interesada, hoy mismo, te preparas el equipaje y te compró el primer billete de avión.
   Estaba atónita, no podía creer lo escuchado. Con la boca entreabierta y con gesto de asombro. Preguntó.
   - ¿Me lo está diciendo en serio?
   Le miró con la ternura de un padre y sin aguardar ni una décima de segundo le replicó.
   - Mi pequeña creo que jamás he hablado más en serio en mi vida.
   No pudo contener las lágrimas, tan solo se acercó para plasmar en su libro una dedicatoria y le ofrecía el sueño de su vida. Inundada de felicidad y sin explicárselo muy bien, pues en condiciones normales nunca se hubiera atrevido a decirlo, comentó.
  - Lo de Corea, en cuanto tenga vacaciones té tomo la palabra y en lo referente a trabajar contigo en tu clínica empezaría ahora mismo.
   José abarcó con extremada dulzura aquellas delicadas y suaves manos. Ese entusiasmo le recordó sus inicios, esa ilusión, ese afán por aprender, ese desinterés por lo material, tan difícil de encontrar en esos tiempos, le emocionaron. Estaba seguro de no equivocarse con ella. Sin duda sería una gran profesional y no era fácil encontrar personas con esa capacidad, esas ganas por investigar y aprender. 
   Un escalofrío de sensaciones recorrió su cuerpo al sentir el contacto de su piel con la de aquel importante personaje. Había regresado de París, vivía en Lyón con su familia y se disponía a regresar a casa tras el curso realizado en la capital. Y ahora su sueño se cumplía al quedar en verse, tras la comida, en la mansión de los Carbonell en New Ville. Se iba a casa a ducharse, cambiarse de ropa y tras el almuerzo se desplazaría para visitar su laboratorio y poder empezar cuanto antes. A José le extrañó que estuviese sin trabajo. Pero no quiso inquietar más a la joven, sin duda a partir de ese día se podrían conocer mejor. Al despedirse, ella, besó las mejillas de su bienhechor. Estaba tan emocionada que olvido recoger su libro. Con un mar de emociones se subió al taxis y rogó con impaciencia se desplazase lo más rápido posible.
   En el momento de su partía, la megafonía anunciaba la llegada del vuelo esperado. Se levantó, pagó la cuenta y encaminó sus pasos hacia la puerta designada al vuelo. Solo estuvieron separados una semana, pero fue eterna. Al verse sus corazones se alteraron como el de dos adolescentes, estaban impacientes por abrazarse y sentir el calor de sus cuerpos. Un gendarme tuvo que llamar la atención en dos ocasiones a Caterine pues pretendía pasar sin resolver los trámites burocráticos de la aduana. Pero al fin llegó el ansiado momento de abrazarse. La emoción les podía, Brisite les llamó al orden asegurando que parecían dos adolescentes. Y al fin, y a la postre, solo estuvieron separados una semana.
   Caterine le expuso el deseo de ir, a solas, a la cabaña. Su confesión enturbió esos momentos de felicidad. Lo deseaba tanto como ella. Pero era hombre de palabra y no podía dejar plantada a Danielle esa tarde. La primera reacción de su mujer fue de enfado, pero con la dulzura que le caracterizaba le prometió presentársela a Joel y cenar, sin problema, solos en la montaña. La expresión de su amor cambió por completo. Como iba a saber su intención de desvelar su secreto. Era muy inteligente pero no un vidente capaz de descubrir lo que su querida mujer pretendía. Se disculpó por su reacción, rogándole comprensión, estaba ansiosa de perderse con él y descansar.
   - Tienes toda la razón mi amor. Ha sido una torpeza por mi parte haberme comprometido con esa chica, pero si la hubieras visto, me recordó mis primeros andares por la medicina. Yo también deseo intimidad y estar a solas contigo. Pues he llevado un fin de semana tremendo.
   Abrazados se miraron con ternura. “Que hermosa es. Y cada vez se parece más a su madre.” Pensaba mientras contemplaba a su joven esposa. “Y el muy tonto, no sabe que va a ser papá después de varios nietos.” Eran los pensamientos que ocupaban su mente mientras contemplaba llena de satisfacción al padre del ser que llevaba en sus entrañas. Cargaron las maletas en el coche, para regresar a su hogar. Brisite pidió que le llevaran a casa pero no consintieron. Comería con ellos y luego podría hacer lo que quisiera.
   La comida fue de lo más entretenida, se contaron las anécdotas de su viaje. Caterine rabiaba por no poder soltar su gran sorpresa, pero se juró contársela en la intimidad y aunque su esfuerzo le costó consiguió conservarla hasta el momento oportuno. Iba a comenzar la sobremesa en el salón cuando el servicio acompañó a Joel junto a lo señores. Tras saludarse José le rogó que atendiera a Danielle, se la presentaría y luego se encargaría de ponerle al día con respecto a las investigaciones y el trabajo que llevaban entre manos.
   Trascurrida una hora aproximadamente de sobremesa, Caterine estaba impaciente. Pero al fin sonó el timbre y a los pocos segundos se presentaron en el salón Dany, diminutivo  con el que le gustaba que le llamaran, acompañada por personal del servicio. Las presentaciones de rigor y tras disculparse por no poderle atender personalmente comentó. 
   - Tenemos que irnos. Joel, ahora te toca ser el anfitrión de esta encantadora joven. Os entenderéis a la perfección, pues coincidís en muchas cosas. Procura ponerle al día. Ya le he comentado que la iniciativa propia tiene mucha importancia en esta empresa familiar.
   Salieron al jardín, donde tenían el coche preparado. Caterine se puso al volante y al tiempo que abandonaban el lugar se despedían de la joven pareja.
   Era una tarde tranquila y soleada. Llegaron a la cabaña y después de dejar los equipajes en la habitación se sentaron en el porche. Abrazados sobre el balancín observaban el espléndido paisaje que la Naturaleza les brindaba. El cansancio del viaje, la tensión por guardar el secreto hasta el momento más idóneo, el balancear del lugar donde estaban sentados, el cambio horario y el calor de su amor le relajaron hasta tal punto que el sueño le sorprendió. Cuando José se dirigió para comentar como la noche se engullía el paisaje, comprobó que estaba dormida. Le reclinó sobre sus muslos y abrazando su cuerpo le acurrucó contra su pecho. Le contemplaba lleno de satisfacción, estaba más guapa que de costumbre. Al fijarse en su rostro comento para sí. “Tiene la expresión y el rostro de felicidad de una mujer embarazada.” Recordaba muy bien el rostro de Silvia cuando iba a tener su primer bebe, o el de su hermana Rita, o el de su hija mayor. Había observado tanto ese rostro, esa expresión de difícil descripción pero de detección rápida cuando la poseía una mujer en su primer embarazo. De pronto, se quedó helado. “Sin duda esa era la sorpresa que su querida mujer deseaba darle y aguardaba el momento más propicio”. Ahora su mente comenzaba a atar cabos. Lo presintió desde la primera llamada a China, en esos momentos ella lo debía saber ya, pues no recordaba ningún otro instante anterior a su viaje. De haberlo sabido se lo hubiera confesado antes de partir. Luego el enfado cuando se enteró que no podrían ir a la cabaña directamente. Deseaba confesar su maternidad en la más absoluta intimidad. Había sido así con Silvia, lo había escuchado a sus hermanas y hermanos. No había duda, esa era la sorpresa que su encantadora mujer le pretendía dar. Sintió miedo, un padre tan mayor no iba a beneficiar en nada al bebe. Pero por otro lado se sentía enormemente feliz, era consciente que para Caterine la maternidad suponía muchísimo. Lo hablaron en numerosas ocasiones y ella siempre aseguró ser algo anhelado con todas sus fuerzas. Ahora tendría que fingir estar sorprendido. Trataba de hacer ejercicios de concentración para mostrar sorpresa cuando se lo comunicase. Pero pronto lo dejó, se olvidó y se deleitó contemplado a su encantadora esposa. Posó la mano en el vientre de su amada y la expresión de felicidad la llegó a sentir su mujer. Con los ojos cerrados, pero con la mente ya despierta, sentía como su amor le acariciaba el vientre, realizándolo con extremada delicadeza. Se sobresaltó y de inmediato se volvió a relajar, manteniendo los ojos cerrados. Él acarició su rostro para tranquilizar sus sueños y de nuevo su mano mimaba aquel vientre. “El muy bandido lo sabe”. Pero como es posible, la única persona que conocía la noticia era Brisite y estaba segura que no se lo había dicho. “Pero no tengo la menor duda que lo sabe.” Caterine reflexionaba sobre el comportamiento de su esposo. Por fin se decidió a abrir los ojos lentamente. Se encontró con su dulce sonrisa, mientras su mano proseguía, sin inmutarse, acariciando su abdomen.
   - Me haces cosquillas en la barriga.
   Se decidió a romper el silencio y observar su reacción. Sin  explicárselo  muy  bien  tuvo  la  corazonada que ella se había dado cuenta que no le sorprendería con al noticia. Con el mismo tono de inocencia y devolviéndole la pelota contestó.
   - ¿Tu estás segura que esas cosquillas que sientes te las hacen desde fuera? ¿No será tu tripita?
   Ya no podía haber sorpresa, lo sabía, estaba bien claro. Sonrió y abrazándose con verdadera pasión le besó. Las muestras de cariño se desataron una tras otra y por fin, incorporándose rompió de nuevo aquel cómplice silencio.
   - ¿Desde cuando lo sabes?
   Sonriendo y en tono malicioso, respondió.
   - ¿Sé? ¿El que mi amor?
   Comenzó a reírse, era un sinvergüenza, se estaba haciendo el ignorante, pero no le podía engañar.
   - Dímelo, cariño. ¿Desde cuando lo sabes?
   Fue consciente que, seguir con la misma estrategia podría enfadar a la futura mama de su hijo y precisamente, en esos momentos, no tenía la menor intención de disgustarle. Se le notaba llena de felicidad y tan feliz de estar a su lado que proseguir por ese camino estropearía un momento tan maravilloso.
   - Cuando dormías observe tu rostro y la expresión de tu cara. Esa expresión es inconfundible. La tenéis todas las primerizas. Unido a pequeños detalles que sueltos no te dicen nada pero que si los relacionas te confirman las sospechas.
   - ¿Eres feliz?
   Interrumpió a su esposo. Se abrazó a ella, se levantó y cogiéndole en brazos le llevó hasta la alcoba y cerró la puerta.













martes, 18 de diciembre de 2012

EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XX-EL EMBARAZO




                                   -  EL EMBARAZO -

   El jet de la familia aterrizaba sin novedad en el aeropuerto de Lyón. Al descender del aparato no podían creer tanta intimidad. Por fin caminarían por las calles sin problemas. El chofer los esperaba. Se hizo cargo del equipaje mientras subían al vehículo y recostados en los asientos de atrás sonreían satisfechos de poder volver a casa, a la intimidad, a la tranquilidad cotidiana.
   En la puerta del jardín, la familia al completo les sorprendió. Por lo visto la tranquilidad y la intimidad deberían esperar. La fiesta estaba montada. Todos se sentían satisfechos de volver a tener entre ellos al jefe de la familia. Rieron, bailaron, conversaron en armonía hasta altas horas de esa madrugada. Luego, poco a poco, la familia se fue recogiendo en sus hoteles y la pareja, por fin, se quedó sola. 
   Eran las cinco de la madrugada cuando Caterine ponía en marcha la bañera con hidromasaje. Juntos y abrazados se quedaron por espacio de unos treinta minutos dejándose querer por las chispeantes burbujas de la bañera. Sus labios se unieron en repetidas ocasiones. En sus miradas, en su expresión se escribía la frase tan deseada. “Por fin solos”.  Se envolvieron en las toallas y casi si llegarse a secar sus cuerpos se dejaron caer en la cama iniciándose una apasionada y loca sesión de compartir sensaciones y deseos.
   - Sabes, no te lo he dicho, pero no he puesto ningún impedimento para no quedarme embarazada. Deseo locamente un hijo.
   José sonrió, no estaba bien volver a ser padre. Siempre le había expresado a su mujer que con su edad, el pequeño ó la pequeña sería quien verdaderamente lo pagaría. Un padre tan mayor no les suele gustar a los niños. Pero aceptó la pequeña trampa tendida por su compañera. Tal vez no prosperara nada, pues con su edad las posibilidades de un embarazo eran escasas.
   Esa mañana se quedó en su laboratorio, llevaba investigando sobre unas nuevas prótesis que revolucionarían el mundo de la ortopedia. Especialmente mejoraría notablemente la calidad de vida de cualquier tipo de amputación. Confiando ciegamente en conseguir la misma movilidad de una persona sin esa carencia. Estaba trabajando en el despacho cuando entró sigilosamente su mujer y tras besarle se despidió. Iba a ver a su tía Brisite para ponerse un poco al día y darle unos días de vacaciones. Su esposo tenía familia para aburrirse, pero a ella solo le quedaba su tía y su hermana. La situación de la firma Revaud eran inmejorables. Las ventas y las promociones iban en aumento cada mes. Las dos empresarias se metieron en el despacho y permanecieron horas contrastando información y planificando los siguientes meses. No llegaron a salir ni para comer y ya entrada la noche, Caterine, se despidió de Brisite deseándole unas felices y merecidías vacaciones. Le instó para tomarse más tiempo pero si bien le vendría bien esa semana para relajarse un poco, más tiempo no lo podría soportar. Su pasión era la moda y deseaba volver de nuevo a trabajar.
   Cuando Caterine entró en casa los aullidos y ladridos de varios perros le llamaron la atención, al preguntar al servicio le respondieron. “Cosa del Señor”. Sonrió, sin duda su querido esposo iría a probar sus descubrimientos con algún perro callejero. Al entrar en el cobertizo donde estaba ubicado el laboratorio lo encontró ocupado con un perro con las piernas traseras amputadas por un tren. Ya no se oía al animal, la anestesia comenzaba a causar su efecto. Se disponía a intervenirlo para aplicar las prótesis fabricadas cuando Caterine se puso ropa esterilizada y entró en el pequeño quirófano. Al cruzar sus miradas sonrieron, con un gesto se ofreció a su esposo para ayudarle. A lo pocos segundos ya le estaba pidiendo cosas.
   Transcurridas dos horas salían del quirófano, mientras el animal permanecía adormilado en la mesa de operaciones. Se metieron en la ducha, salieron envueltos con los albornoces y avisó a un joven médico, vecino y colaborador en sus investigaciones. Dejó las instrucciones necesarias y se marchó con su mujer para vestirse y bajar a cenar.
   Se encontraban en la sobremesa, cuando Joel, llegó todo alterado. Estaba rebosante de felicidad. El animal se había levantado y caminaba con naturalidad. El experimento había logrado su objetivo, pero se aconsejaba tener paciencia. Era la primera prueba, con éxito, con un ser vivo y la prudencia dictaba comprobarlo varias veces, pero sobre todo, era imprescindible, observar la evolución del animal. Caterine invitó al joven médico a acompañarles a tomar café y compartir unos minutos de distensión y tranquilidad.
   El trabajo los tenía ocupados casi todo el día, pero siempre a la hora de la cena se encontraban, charlaban sobre la marcha de ese día y luego se acostaban temprano, pues a José le encantaba madrugar. Era precisamente con las primeras horas de la mañana cuando mejor y más inspirado se encontraba.
   Brisite regresó de sus vacaciones y Caterine tuvo más tiempo para estar junto a su esposo. Al mes de su llegada, José fue invitado a París a un curso sobre técnicas quirúrgicas y de rehabilitación. Se lo ofrecieron en numerosas ocasiones y siempre las desestimó, pues deseaba estar junto a su mujer. Pero precisamente esa semana ella viajaba a China para la presentación de su nueva colección y como él deseaba presentar al mundo sus nuevos descubrimientos aceptó, aprovechando la ausencia de su esposa.
   Invitó a los médicos de La Fundación en Corea y a los de las Ciudades del deporte de España, regentadas por su familia. Quedarían impresionados les llegó a comunicar. Y eso dicho por el propio José era algo fuera de lo normal.
   Los organizadores se vieron desbordados por la demanda de facultativos a la conferencia, viéndose obligados a cambiar a una sede con mayor capacidad. Conscientes de no impartir ningún curso José desde hacía años. Iba a ser la primera, tras el intento de varias sociedades de conseguir la participación del famoso doctor, en más de diez años. La inscripción al curso se cerró una semana antes de finalizar el nuevo plazo, tras la ampliación de la sede. Constaba de cuatro sesiones. La primera la daría ese viernes por la tarde. El sábado se distribuirían en dos sesiones más, en jornadas de mañana y tarde. Por ultimo la cuarta sesión se impartiría en la mañana del domingo donde pensaba exponer sus nuevos descubrimientos.
   El palacio de congresos estaba a rebosar, esa noche del viernes. Hubo gente sentada en los pasillos pues no quedaba ni una sola butaca vacía. Fue una exposición brillante, su duración estaba prevista en dos horas. Se había iniciado a las diecisiete y eran las veintitrés. La gente continuaba escuchando aquel genio de la medicina. Realizaban preguntas de todo tipo contestadas con brillantez y con simplicidad. De nuevo la organización se vio obligada a intervenir, de lo contrario la gente hubiera seguido hasta la mañana siguiente. El tiempo transcurrido, para recoger sus papeles, levantarse, saludar, volver a hacerlo y salir del local, la gente permaneció en pie aplaudiendo.
   Abandonaba la sala con sus recuerdos. No había disfrutado tanto explicando algo desde aquellos lejanos años enseñando a su hermana Rita a leer, a multiplicar, o a dividir. Se marchó a su hotel y fue directo a la cama. Ni siquiera cenó, estaba cansado por el viaje y aquella maratoniana sesión.
   A muchos kilómetros de allí el sol llevaba unas cuantas horas fuera. Caterine abrió sus ojos y se dispuso a levantase. Cuando se incorporó sintió una desagradable sensación de angustia, se precipitó al servicio y arrojó la cena de la noche anterior. Brisite compartía habitación y le atendió al instante. Tras recuperarse, decidieron hacerle una visita al médico. Le aplicaron varias pruebas de urgencia. Finalizado todo el proceso analítico y de reconocimiento el facultativo sonriente le comentó.
   - Lo suyo no es grave, aproximadamente en nueve meses desaparecerán las molestias.  
   Observó la cara de sorpresa y felicidad de la joven madre y con la sonrisa en su rostro, añadió.
   - Efectivamente señora. Va a ser madre.
   Sobrina y tía permanecieron abrazadas por espacio de varios minutos. No podía haberle dado una noticia más agradable. Comenzó a llorar como una chiquilla abrazada a su tía. Cuanto le hubiera gustado vivir ese momento junto a su esposo. Brisite le propuso telefonearle pero una noticia de esa índole no era para darla por teléfono. A su regreso lo primero sería, en privado, confesárselo. Ansiaba ese momento desde la buena nueva pero  especialmente disfrutaba al imaginarse la expresión de su marido.
   Faltaban unos días para volver a estar juntos. Planificaba, de forma distinta cada minuto. Como se lo diría, cuando y en que momento. Al salir de la consulta pasaron por una boutique de bebes y no pudo evitar la tentación de entrar, ir a la sección de bebes, y comprar algo para su futuro descendiente. La felicidad emergía de su cuerpo por cada poro de su piel. Era una mujer deslumbrante. Brisite le observaba. Estaba radiante. Físicamente era el retrato de su madre. Ahora recordaba como en muchas ocasiones su esposo se pasaba, minutos, atónito mirándole. Con toda seguridad recordaba a Linda. Había sido el primer amor de ese gran hombre y cuando se volvieron a encontrar pudo observar como se quedaba contemplando a su hermana. De la misma forma, con ese embobamiento, lo hacía últimamente con su sobrina. A Caterine nunca le observó anteriormente tan fascinante, como en esos momentos. De por sí era una mujer muy hermosa. Pero ahora, mirándole con detenimiento, se explicaba el porqué la gente, y en especial los del sexo opuesto, no podían evitar detenerse en medio de la calle para observarle. Vestía con una elegancia exquisita, pero al mismo tiempo con una sencillez envidiable. Ese aspecto lo copió de la primera mujer de su esposo. Jamás conoció a una mujer con tanta “Clase” como Silvia. Sin duda la profesión de su sobrina le permitió captar esa virtud. Cruzaron sus miradas. El rostro de Caterine expresó sorpresa al comprobar como su tía le miraba. De inmediato comprendió el gesto de su sobrina. Se detuvo y tomando las manos de su pequeña, comentó.
   - Eres idéntica a tu madre, y has captado la clase y sencillez de Silvia. Estás maravillosa. Precisamente estaba pensando en ello mientras te observaba. Tu felicidad la transmites en cada paso, en cada gesto, en cada movimiento.
   Sonrió, besó en las mejillas a su tía y prosiguieron paseando hasta el hotel.
   Ese sábado José deslumbró, aún más, si cabe, a su audiencia. Había preparado meticulosamente aquel curso. Empleó infinidad de novedades y a lo largo del día sus experimentados alumnos irrumpieron en aplauso con frecuencia. Él les suplicaba proseguir de lo contrario no terminarían ese curso intensivo en el tiempo estipulado. Pero no lo podían evitar. Se escuchaban comentarios tales como. “Es un fuera de serie”. “La academia sueca del Premio Nóbel se equivocó completamente al no concedérselo a él”. “He aprendido en dos sesiones con este hombre mas que lo logrado en toda mi carrera”. Cuando esa noche, la sesión debía haber finalizado a las veinte horas y pasaban de las veinticuatro, prometió sorprenderlos al día siguiente. La gente se quedó pasmada en sus asientos. “¿Que más podía contarles ese genio de la Naturaleza, que les pudiera sorprender más aún de lo que estaban?”. La organización trató en vano cortar la sesión. Hasta que un espontáneo subió al escenario, tomó el micrófono y dijo.
   - Estamos abusando de este hombre, se le nota cansado. Dejémosle descansar y mostrando nuestro agradecimiento mientras abandona el local.
   Comenzó a aplaudir y los presentes se pusieron en pie para acompañarle, lanzar vítores en todos los idiomas y no se movieron hasta que abandonó el recinto. En los pasillos, en las cafeterías cercanas, en los clubes próximos al palacio de congresos no se escuchaban otros comentarios que la intervención de ese científico español arraigado en Francia. Era increíble, no sólo los avances logrados en el campo de la ortopedia y la rehabilitación, sino la forma de exponer las cosas y mostrarlas con tanta sencillez que todo el mundo, incluso no siendo de la profesión, podía comprender. Las innovaciones en los métodos y forma de dar aquel curso fascinaron al más experimentado. Verdaderamente el precio de aquel curso había sido ridículo al comprobar la calidad del conferenciante.
   Antes de acostarse telefoneó a su media naranja, lo hacía todas las noches. Percibió en sus palabras que la felicidad le desbordaba. Al comentárselo, reaccionó tarde. No sabía que responder. Tras unos segundos de titubeo le aseguró que su visita era muy provechosa. Todo le rodaba muy por encima de sus previsiones. Para terminar con un cumplido. Al colgar el teléfono se lamentaba de su torpeza. Pero era inevitable expresar esos sentimientos que inundaban hasta el último rincón de su ser.
   - Tía. ¿Sabes? José ha notado algo. Ese hombre me conoce mejor que a sus propios hijos. Que difícil es ocultarle algo y sorprenderlo. Lo capta todo, incluso a través del teléfono.
   - Cariño, no te olvides que es investigador y de lo mejor del mundo. Esas personas ven a través de las paredes. Es un don especial que muy pocas personas poseen y tu marido es uno de ellos.
   Ese día era la presentación de la colección y esa enorme felicidad rodeando a la diseñadora la transmitió a sus modelos y al público presente, convirtiéndose en el mayor éxito de todos los tiempos en una presentación de colecciones de moda en ese país. Las felicitaciones, los contratos, las nuevas invitaciones para otras ciudades se presentaban en la oficina montada por la firma Revaud.
   La expectación de ese domingo en el palacio de congreso era impresionante. Con una antelación de varias horas el recinto estaba a reventar. No había sitio ni en los pasillos. Los organizadores estaban asustados. Si, por desgracia, sucedía cualquier incidente aquello podía convertirse en una verdadera catástrofe. En tiempo récord, se montaron unas grandes pantallas de televisión en unos aparcamientos cercanos y miles de sillas se instalaron ante aquella pantalla. Una gran masa de estudiantes de medicina, de las facultades parisinas, se dio cita. La habilidad de uno de los organizadores, consiguió salvar una situación crítica y de paso unos ingresos extras de gran importancia.
   La sesión se inició ante un silencio sepulcral. La presencia de varios animales en el escenario chocó a los presentes. Conforme exponía las nuevas técnicas de esas prótesis los presentes alucinaban por la sencillez y eficacia de esos descubrimientos. José miraba constantemente a su público, temía haberse quedado solo. Era tal el silencio que en varias ocasiones pensó que no tenía a nadie delante. A lo largo de cerca de cuatro horas mostró, todos los materiales y desplegó sus más sofisticados métodos para exponer con claridad y contundencia esos nuevos hallazgos. Esa masa, cercana a la decena de millar, permaneció atenta a la exposición incrédula por la capacidad de aquel sabio. Finalizada su exposición los presentes tardaron en reaccionar, no podían salir de su asombro. José se quedó en medio del escenario sorprendido. Sin saber que decir. Al fin decidió a romper aquel cortante silencio.
   - Bueno si tienen alguna pregunta o duda. Estoy para ello.
  Los aplausos desbordaban el recinto.  Le recordó su último día en Corea, cuando el pueblo le brindó aquel homenaje. Preguntas había sin lugar a dudas para pasarse una semana contestando. Pero en esta ocasión los organizadores consiguieron, por la imposibilidad de atender a todos finalizar el curso.
   En los despachos del palacio la organización agradecía al conferenciante sus inigualables lecciones. Quisieron cerrar nuevos cursos y conferencias, pero José con la cortesía que le caracterizaba les rogó que enviaran a casa las peticiones y contestaría a todas. Pero advirtió que no era muy partidario de esos cursos. El tiempo lo precisaba para dedicarlo a sus dos pasiones, su mujer y la investigación.
   Al pagarle solicitó la extensión del cheque a nombre de La Fundación. La cuantía aumentó considerablemente, conscientes que todas las previsiones económicas se superaron con creces y no era justo dejar todo ese dinero en la organización. El éxito era consecuencia del personaje y quisieron hacerle participe de esos ingresos extras. Se disculpó por no quedarse a la comida de clausura. Pero los organizadores estaban al corriente  pues antes de aceptar dar el curso lo advirtió. Les hubiera gustado tenerlo, rendirle el aplauso y homenaje de todos los presentes. Pero su mujer regresaba de Asia y quedaron en encontrarse en el aeropuerto de Lyón. Mucha gente confirmó su asistencia a esa comida por verle y aplaudirle.
   Se fue a su habitación, allí recibió la llamada de Caterine confirmándole que el avión tenía una demora de unas horas. Antes de acostarse y descansar unos minutos llamó al restaurante donde se celebraba la comida y prometió acudir a la sobremesa y rendir su agradecimiento a todas esas personas que pacientemente le soportaron los tres días.
   El semblante de los organizadores cambió por completo, no solamente era un gran científico, como persona se superaba. Al anunciarlo a los comensales irrumpieron en un estrepitoso aplauso.
   Descansó tan solo media hora, pero para él fue suficiente. Había estado en esa situación muchas veces a lo largo de su vida y era capaz de recuperarse perfectamente en tan corto espacio de descanso.
   No habían servido los postres, cuando entraba en el restaurante. De inmediato la organización salió a recibirlo y con humor y buen sentido de la oportunidad uno de los organizadores tomó el micrófono y comentó.
   - Vamos a ofrecerles el mejor postre. No se come, ni se bebe, pero escucharlo es sin duda el mejor manjar y el mayor placer que cualquier persona puede sentir. Con nosotros. El doctor Don José Carbonell.
   Los comensales, sin excepción, hasta los más ancianos que su trabajo les costó, se pusieron en pie, e irrumpieron en un prolongado aplauso. Cuando tras unos largos quince minutos la gente se sentó. El silencio se adueño del comedor. José tomó la palabra y en tono de perdón y con humildad comenzó diciendo.
   - Ante todo les ruego me disculpen, por no haber podido compartir con unas personas tan agradecidas esta comida. Mis más sinceras disculpas.   
   Prosiguió su discurso, con una humildad y sinceridad que llegó a todos los presentes. No se extendió en exceso y mostró su admiración por todos los que habían convivido con él esas tres jornadas de trabajo y dedicación a los demás. Finalizó con una de sus frases preferidas.
   - Nuestra profesión es ante todo. Entrega a los demás. El verdadero genio, el verdadero médico, no es aquel que sabe curar. Para mí es mucho más importante saber atender al enfermo en todas sus necesidades. Y sabéis también como yo que en la mayoría de los casos nuestros pacientes precisan más de nuestro cariño y comprensión que de aliviarles del dolor.
   Prosiguió con otras reflexiones que provocó en muchos de los presentes emocionarlos profundamente. Dio las gracias, elevó una copa de champagne y brindó, especialmente por esos profesionales que dedican, aunque solo sea parte de su tiempo a las personas más necesitadas y con poco recursos. Salió del local profundamente emocionado por la acogida dispensada. Regresó al hotel, hizo las maletas, le llevaron al aeropuerto y en el jet de la familia regresó a casa.






EL PRIMER AMOR-TERCERA PARTE-CAPITULO XIX -LA PAZ


   - CAPITULO XIX  -

                                           - LA PAZ   -

   Aquel día se recordará en la historia, tal vez del país no, pero de aquella región, con toda seguridad. De nuevo la actitud del pueblo, conmovido por la valor y la entrega del “Salvador”. Dio, una vez más, a los dirigentes de ambos bandos, una gran lección.
  Al entrar el matrimonio por la puerta del hotel, anhelando caer sobre el lecho y dormir hasta la mañana siguiente, fueron abordados por parte de los dirigentes. Allí estaban esperando. Chang y su familia. El líder de los guerrilleros y una pequeña representación de su plana mayor, incluido el dirigente opositor a mantener el pacto de la guerrilla, rompiéndolo unilateralmente con ese intento de atentado. No era fácil decidir a quien atender primero. Pero siguiendo su intuición, se aproximó a la recepción del hotel y rogó la presencia del director. Fue atendido al momento. Solicitó un salón donde reunirse con todas esas personas. Invitó al grupo a entrar y con la chispa tan característica en él comentó mientras entraba detrás del grupo.
   - Todos buscamos lo mismo. La paz para este país. Así pues pongamos nuestras cartas sobre la mesa y tratemos de acercar posiciones, cediendo unos y otros para conseguir el objetivo buscado. Vivir en paz.
   Entraron en el salón con algo de reticencia, pero ninguno se atrevió a declinar la invitación de aquel personaje. Se habló con cortesía pero no faltos de tensión y de posiciones encontradas. Pero gracias a la presencia de José los planteamientos se expusieron con respeto mutuo. No intervino prácticamente en la conversación, pero su presencia actuó de moderador. Los planteamientos no tardaron en acercarse. En realidad nunca estuvieron tan lejos como en un principio se podía suponer. Pero si bien una de las partes tenía poder de decisión la otra no. Sin embargo, la parte con poder, a raíz de los sucesos de ese día, se unió mucho más y estaban dispuestos a concederle a José la paciencia necesaria para llevar las negociaciones sin prisas. Pero como él decía, paso a paso. Les comunicó su deseo de conseguir su apoyo y ayuda en el nuevo proyecto iniciado. La manifestación multitudinaria. Les pareció una magnifica idea pues si algo influía en la parte gubernamental eran los apoyos masivos del pueblo. A la postre era quien luego les votaría. José solicitó un margen de tres meses de plazo, como mínimo, para realizarla dicha. Hubo quien deseaba correr más, pero los razonamientos de José, y los primeros procesamientos por los abusos de poder en la región le dieron fuerza para mantener sus planteamientos. Se despidieron y prometieron trabajar codo a codo, para conseguir lo más pronto posible una verdadera paz. Al menos, ahora, la esperanza, era mucho mayor. Cuando Chang se disponía a partir José le rogó hacer los esfuerzos necesarios, en su viaje a la capital, para lograr sacar del gobierno algún gesto con la guerrilla.
   Por fin solos en la habitación, se dejaron caer sobre la cama y no fueron conscientes cuando cerraron sus ojos y quedaron profundamente dormidos. Sin cubrirse con las ropas de cama y completamente vestidos se quedaron a los pocos segundos en el séptimo sueño.
   Durante ese último mes el matrimonio trabajó incansablemente buscando soluciones, hablando con las autoridades y con la gente sencilla. Pero esa mañana del viernes, por fin, el gobierno daba señal de su buena voluntad y tomaba la iniciativa en el proceso de paz. Fue Chang quien le telefoneó, alborotado y lleno de satisfacción.
   - José pon si tienes a mano el canal gubernamental. El primer ministro va a dar una rueda de prensa. Estoy seguro será de tu agrado.
   Sin colgar el teléfono se aproximó al televisor y tras conectarlo pulso el botón. En ese preciso instante hacía su presencia en rueda de prensa el primer ministro, escoltado por su homólogo de defensa. La entrada la hicieron con parsimonia, con los rostros felices y seguros que, tras esa rueda de prensa, la popularidad del gobierno subiría enteros. Unas primeras palabras del primer ministro y luego cedió el micrófono a su compañero de gobierno. Con voz serena y firme aseguró el estudió por el consejo de estado del plan de paz presentado por el “Salvador” y como muestra de buena voluntad se concedía la libertad a los diez guerrilleros detenidos. De inmediato las cámaras recogían en ese mismo instante la salida de los guerrilleros de la prisión militar, donde eran abrazados por sus familiares y mostraban su satisfacción.
   A partir de ese instante José fue consciente de la posibilidad de éxito del plan de paz. Sin la mínima duda el gesto del gobierno permitiría acercar mas las posiciones, cediendo primero uno y luego los otros. Ahora la posibilidad de paz se podía palpar.
   - Gracias Chang.  
   Colgó el teléfono, se fundió en un abrazo con su esposa y mientras las muestras de cariño entre la pareja se sucedían sus ropas fueron  paulatinamente desapareciendo de sus cuerpos.
   A las pocas horas de la notificación por televisión la plana mayor de la guerrilla se reunía y aceptaba encantada el reto lanzado por el gobierno. Pero en su anuncio fueron un poco más lejos. Mientras las negociaciones se mantuvieran no se cometería ninguna acción contra el gobierno. Iniciaban una tregua asegurando mantenerla hasta finalizadas las negociaciones. De llegar a un acuerdo entregarían las armas y renunciarían a la lucha armada.
   El primer encuentro entre representantes gubernamentales y la guerrilla se fijó en la suite del hotel donde se alojaba nuestro matrimonio. Moderando la reunión “El salvador”. La situación parecía tener visos de una solución no muy lejana. Pero, un vez más, fue decepcionante. El gobierno no estaba dispuesto a negociar si no deponían las armas y aquella condición era inaceptable por parte de la guerrilla manteniéndose, los dirigentes del país, firme en esa primera premisa. La reunión duró más de dos días, pero ante la imposibilidad de avanzar. José optó por dar un margen de tres semanas para reflexionaran sobre sus posturas. Era consciente y tenía puesta su fe ciega en la  manifestación. Convencido de conseguir flexibilizar posiciones tras la misma y seguro de avanzar en las negociaciones. Estando la paz más cerca.
  Los responsables de la concentración aseguraron a José la superación más optimista. Pero cuando ese Jueves, previo al lunes señalado, se publicaron en todos los periódicos y diferentes personalidades hablaban en la radio y en la televisión sobre la actitud mantenida por el “Salvador” cuando el pacto de paz estuvo en un tris de desaparecer, unido al llamamiento a dicha manifestación organizada por él, llegaron a temer por el control de aquel acontecimiento. Se asustaron y no sin razón. La magnitud adquirida se les podía  escapar de las manos. No le agradó en exceso que su intervención, evitando el atentado, se explotara como reclamó. Pero debía aceptar la iniciativa de los demás y aunque un poco a regañadientes se resignó.
   La prensa solicitaba su presencia para entrevistarle. La radio y la televisión lo mismo. Ante la expectación mostrada por todo el mundo  convocó a los medios de comunicación a una rueda de prensa en su hotel. De nuevo uno de los salones de mayor tamaño se veía invadido por todos los profesionales de la información. Las preguntas, las admiraciones, y el ensalzamiento del personaje salieron a flote en las entrevistas mantenidas con los medios de comunicación. Habló por espacio de varios minutos pero en resumen dejó bien claro el protagonismo del pueblo. Al igual que lo fue aquel día amargo frente al restaurante. Con toda seguridad no se hubiera podido evitar una masacre de no haber sido por la gente de la calle. Y ese lunes lo iba a demostrar, de nuevo, a todo el mundo.
   Por fin llegó el día clave. Desde primeras horas de la mañana en las grandes ciudades comenzaba a ver movimiento. En los lugares de inicio la gente se iba agolpando. Poco a poco la inmensa parte de las poblaciones se concentraban en los lugares previstos. Pero, y especialmente, en la ciudad donde estaba ubicada la Fundación, la marcha pacifica tuvo que iniciarse dos horas antes. Pues la gente no tenía sitio en el lugar de concentración. Aquello era impresionante. Todos en silencio, con manos extendidas al cielo y, en sus palmas, dibujada la palabra paz o simplemente una paloma. En alguna que otra pancarta se podía leer, menos posiciones y más soluciones. Todos los medios de comunicación relataban lo vivido en las diferentes ciudades del país. Pero la manifestación presidida por José era increíble, nadie se atrevía a asegurar su número. Asombrando a las autoridades el comportamiento cívico de la población. No hubo noticias del menor altercado. Y si en algún lugar alguien intentó aprovechar la circunstancia, la masa lo acalló de inmediato. Ambos bandos no podrían ser insensibles a las demandas y exigencias del pueblo. Ahora las negociaciones avanzarían como no lo habían hecho en esos casi tres meses. Al unísono enviaban sendos comunicando cediendo en sus posturas y dispuestos a negociar sin condicionantes de ninguna clase. Todos los esfuerzos realizados por el matrimonio tenían su recompensa. Estaba claro, la paz, no se les podría escapar de las manos.
   En el corto espacio de tiempo entre ese día clave  y el pactado para la reanudación de las negociaciones. Todos los presos por motivo políticos quedaban en libertad y casi al mismo tiempo la guerrilla entregaba las armas al ejército gubernamental. Tal vez la reunión estaba de más, pero ese día estaba José en la puerta del edificio del gobierno. Casi no hubo ni que leer los documentos, ambas partes estaban dispuestas a firmar un pacto de cooperación y de investigación en los casos donde se cometieron atropellos. Al término de las conversaciones, y tras la firma del documento donde se comprometían, por fin a dejar las hostilidades e iniciar un camino de cooperación, se quedó en rendir homenaje al mediador. Aquel personaje, extranjero, que tanto contribuyó a la paz y el progreso de esa gran nación.
   A José todas esas ceremonias reconociendo sus méritos no le agradaban. Pero no podía desairarlos, después de haber aceptado su mediación y sus consejos. El pueblo estaba invitado a la ceremonia brindada por la nación al doctor Don José Carbonell.
   Esa mañana Caterine estaba radiante, consciente que aquel día no iba a ser del agrado de su esposo, pero se sentía orgullosa de su marido. Les chocó ver en una actitud romántica y de pasión a Neus y el hermano pequeño de Chang. Ahora no cabía duda la joven no regresaría con ellos.
   La gran plaza estaba abarrotada desde las primeras horas de la mañana, las cuatro grandes avenidas que morían en ella iban rellenándose de gente de forma espectacular. Aquello, no lo esperaban, pues aunque se anunció con una semana de antelación tampoco se dio mucha propaganda por expreso deseo del homenajeado. Del hotel donde estaban alojados hasta la tribuna preparada para el evento no habría más de quinientos metros pero cuando intentaron llegar hasta su destino les costo más de dos horas. Los vítores, y expresiones de afecto les obligaban a parar constantemente, protegidos por una nube de policías avanzaban a duras penas entre la multitud. En la tribuna aguardaban pacientemente el presidente de la nación con el gobierno en pleno y el líder de la guerrilla con sus consejeros. Cuando, al fin, consiguieron llegar, se aposentaron en los asientos reservados. Comenzaron los discursos para entregarle a continuación la máxima condecoración de la nación. Luego le cedieron la palabra. Fue corto en su discurso pero no se olvido de nadie a la hora de agradecer todo ese apoyo recibido. Finalizó con la siguiente frase.
   - Esta gran batalla, quien la ha ganado siempre es el que más ha sufrido. El pueblo.
   Saludo con la mano mientras la otra sacaba un gran pañuelo blanco para enjugar las lágrimas que revoltosas surcaban sus mejillas. Se abrazó a los dos líderes y les dio las gracias por su colaboración en nombre del pueblo. Luego se aproximó a su esposa y se fundieron en un prolongado y cariñoso abrazo. De allí emprendían regreso a casa. Su tripulación los esperaba en el aeropuerto. Pero de nuevo el trayecto hasta éste se hizo eterno. La gente deseaba verlo pasar y trataban de tocar sus manos.