viernes, 30 de septiembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 16 EL EFUGIO

- CAPITULO - XVI -

- EL EFUGIO -

Esa noche era especial, la magia flotaba en la cala, y los veintidós grados escoltados por una ligera brisa, arropaban a Gonzalo. Presintió el alma de su mujer entrando en Negrita. Confirmándoselo en cada mirada, pero especialmente cuando sus labios se rasgaban regalando esa sonrisa, indescriptible con palabras, pero que le ahogaba de felicidad. En uno de los múltiples cruces de mirada, ella le tendió la mano invitándole a un paseo por la playa. El ambiente incomparable de esa noche, era ideal. El firmamento raso ofrecía un cuadro cargado de pequeños puntos de luz.

Destacando, por su tamaño, la corona de una luna que invitaba, a captar sensaciones, a soñar andando o a percibir la magia de Puerto Viejo, mientras la digestión, marcada por los procesos fisiológicos, iba haciendo camino. Se dejó llevar.

Esos paseos, de los últimos días, junto a esa carga de juventud le animaban, elevando su moral, sus ganas de vivir, pero especialmente le servían para amortiguar el dolor por la muerte de su esposa. Estaba convencido que en aquella criatura se había reencarnado el alma de su mujer para que no deambulara solo por el mundo. Notó algo especial en Negrita, intuía que una vez más volvería a la carga. Su interés para encauzar la relación que mantenía, por otros derroteros, era patente esos últimos días. Aún así aceptó encantado.

Iban cogidos de la mano por el incomparable pasillo del jardín repleto de flores y vegetación indicándoles el camino hacia otro paraíso. El Caribe. Percibía a Negrita insultante de felicidad. Sin duda algo nuevo lanzaría esa criatura por sus cuerdas vocales. Al llegar a la altura de la hamaca, ella se quitó las sandalias e invitó a Su Viejito a realizar lo propio. Abandonado el calzado bajo la hamaca el paseo se inició por el linde de la playa con los pies desnudos. Sintiendo el frescor y la humedad de la arena blanca. Mientras las caricias, suaves, refrescantes y espumosas de las olas, periódicamente bañaban sus pies. El silencio entre los dos era absoluto, percibiendo todo el encanto de la situación, del momento, del rumor de las olas al morir a sus pies.

Negrita necesitaba su tiempo para lanzarse a contarle el efugio, que llevaba masticando, desde que Gonzalo le comunicó las intenciones de su hija y Carlos. Adoptar una criatura de China. Cuando el encanto de la noche alcanzaba las cuotas más altas de tranquilidad y silencio se lanzó.

- Voy a ser madre.

Sin previo aviso. Sin mirarle a la cara, perdiendo su mirada en aquel mar caribeño, soltó la noticia. El tono de su voz, firme, dulce, sugestivo, sensual. Como siempre. Mostrando la felicidad que la noticia envolvía su alma. Gonzalo le miraba mientras ella, con la sonrisa en el rostro, seguía mirando al infinito, al horizonte. Allí donde el Caribe se unía a las estrellas. El paseo continuaba con normalidad sin detenerse.

Gonzalo aunque sorprendido no se atrevió a romper el silencio. Captó perfectamente, desde su primera palabra, que Negrita no había soltado todo lo que llevaba preparado para esa noche. Consciente de ello, aunque mil preguntas le llegaban a la mente aguardó pacientemente, dirigiendo su mirada, a la arena, a la luna, a las estrellas, a lo más bello que le rodeaba. Su Negrita. Con la sonrisa en el rostro, ordenando a sus pies colocarse uno delante del otro con la cadencia del paseo. Percibía la felicidad de su compañera, transmitida por el calor de su mano, que entrelazada a la suya le impregnaba de dulzura, de calor, de aroma, de cariño y de un amor hacía él, que le ponía los pelos de punta.

Llegaron hasta el final de la parte norte, lugar por donde solía aparecer Negrita antes de su traslado a la cabaña, sin despegar sus labios. Alegres, radiantes de felicidad, ansiosos de captar toda la magia de esa noche. La magia de Puerto. La del Caribe. La de la situación concreta del momento. A descubrir lo que aquella noche les tenía preparado a los dos. Ninguno negaban la trascendencia que iba a tener esa noche para sus vidas. Por fin a la altura de nuevo de la hamaca ella volvió a romper ese pacto implícito en el ambiente para permanecer en silencio.

- Es del “gringo”.

Ahora el rostro de Negrita se truco serio, pero con la alegría en su expresión a pesar de todo. Gonzalo giró bruscamente su mirada hacía ella.

Como deseando que le aclarase algo. Como pidiéndole que le confesara que estaba bromeando. Su rostro al contrario que el de Negrita había palidecido, e incluso llegó a sentir un mareo, del que se repuso inmediatamente. Deseaba lanzarse a preguntar sin tan siquiera esperar una respuesta, pero de nuevo optó por aguardar. Estaba claro que Negrita le iba soltando la información a cuenta gotas y si bien estaba ansioso por desvelar todo el contenido que guardaba aquella increíble joven volvió a tragarse su curiosidad y esperó. Hasta que definitivamente ella no se lanzase o le hiciera una pregunta directa no iba a despegar sus labios. Sin duda la experiencia de la edad le permitía controlar su afán por descubrir todo lo que ocultaba aún. Seguían paseando hacia la zona sur de la cala.

Ahora observaba a Negrita menos segura de si misma, mas inquieta, llegó a cruzar su mirada con la de él hasta tres veces. En su expresión preguntaba que le ocurría a Su Viejito que no reaccionaba. Pero Gonzalo se cuidó mucho de pronunciarse. Llegaron al final de la zona sur e iniciaron el regreso. Disfrutando del paseo, de la noche, pero ahora a Negrita se le notaba preocupada. Por fin cuando volvieron a pasar por la hamaca, ella tiró de su mano invitándole a sentarse sobre el artilugio colgante. Tuvieron que hacer algún equilibrio que otro para sentarse en aquella cama balanceante. Por fin sus traseros y espalda se acoplaron entre sus cuerdas. Sentados cara al mar ella decidió romper ese silencio que ahora le angustiaba. Ansiando con desesperación alguna respuesta de Su Viejito.

Aunque fuera para recriminarle.

- Lo quiero tener. Me oye, Mi Viejito. Lo quiero tener.

De nuevo el silencio, las miradas fijas en el horizonte, en el Caribe y ella deseando escuchar su voz. Pero como la situación no cambiaba volvió a la carga.

- ¿No dice nada Mi Viejito? ¿Se le ha comido la lengua algún felino?

Nueva pausa pero esta vez no se prolongó. Ella presentía que al fin Su Viejito rompería el silencio. Permanecía expectante, conteniendo la respiración, cualquier cosa que dijera Su Viejito tendría mucha importancia para ella.

- Ante todo quiero que sepa que tiene todo mi apoyo, para lo que decida o precise.

Absolutamente para lo que desee. Respetaré todas sus decisiones sin contradecirlas ni ponerles el mínimo pero. Y todo lo que esté en mi mano, siempre y cuando no rompan mis principios estoy a su disposición.

Por fin escuchaba el sonido de su voz. Tomó aire pues lo había estado conteniendo para percibir cualquier sonido emitido por él. Sabía perfectamente que tendría su apoyo incondicional pero no esperaba esa respuesta como primeras palabras. Tal vez una recriminación, una agresión verbal hacia el “gringo”. Quien sabe cualquier otro tipo de respuesta. Ahora le devolvía la piedra a su tejado y era ella quien debía aclarar todas las posibles preguntas que Su Viejito no le haría pero que por lógica cualquier persona se plantearía.

Más tranquila y segura en si misma comenzó.

- Aunque este ser.

Se llevó la mano, no ligada a Su Viejito, al vientre.

- Sea de ese individuo. Esta criatura.

De nuevo su mano en el vientre.

- No tiene ninguna culpa. Si interrumpiera su desarrollo me convertiría en una persona de la misma calaña que su padre biológico. Por eso, y es la única razón, lo deseo tener.

Se produjo de nuevo el silencio. Pero ahora el brazo de Gonzalo abarcaba su cuerpo dejándolo descansar en sus hombros. Ella le abarcó por la cintura y una ola de felicidad le cubrió desde la cabeza a los pies. Se recreo en esos momentos mágicos, encantadores, sugestivos, llenos de sensualidad, de ternura.

El cariño transmitido por Su Viejecito le cautivó. Se sentía no solo protegida sino querida y sin más, descargó cuanto llevaba reteniendo. Estaba claro que Gonzalo iba a aceptar cuanto decidiera ella.

- Esta mañana le dije al “gringo” que por culpa de la paliza que me dieron hace un mes me rompieron por dentro y no podré ser madre nunca más. Yo sabía que estaba embarazada y conocía las intenciones del “gringo”. Lleva obsesionado años en realizar la hazaña que consiguió su gran amigo don Julián. Abusar de mi madre hasta que se harto y luego violar repetidas veces a la hija de los dos. Esta servidora. El “gringo” se ha estado aprovechando de mi desde los doce años. Anteriormente don Julián comenzó cuando solo contaba cinco.

Como puede comprobar mi Viejito, mi existencia ha sido en ocasiones dura. Solo usted ha conseguido devolverme la ilusión, las ganas de vivir. Supongo que ahora comprenderá muchas cosas. Especialmente cuando, por temor a que le pudiera hacer daño decidí irme con el “gringo”. Por poner un ejemplo.

Negrita se estaba embalando. Gonzalo escuchaba mientras su interior iba acumulando rabia e impotencia. Pero especialmente estaba enfadado consigo mismo. Que estúpido había sido durante tanto tiempo. Al percibir unas lágrimas deslizándose por sus mejillas apretó a Negrita contra el pecho mientras sus labios se depositaban con todo su cariño sobre los cabellos de la joven. De nuevo fue ella la que se lanzó.

En esos momentos a Gonzalo le hubiera sido imposible pronunciar una sola palabra. La angustia, su torpeza, su asombro por todo lo relatado le tenían bloqueado.

- Ahora Mi Viejito si el “gringo” se entera que estoy embarazada aunque le encierren en la cárcel más segura del planeta se escaparía para conseguir su enfermiza obsesión y de eso Mi Viejito estoy completamente segura.

Tomó unos segundos de respiro. Su intención era convencerle de su plan, para evitar que su bebé sufriera lo que su familia había tenido que pasar. Convencida de ser la mejor solución para todos. Se acurrucó en los pectorales de su protector y como una niña saboreaba el cariño y el amor de su papá.

Detuvo su confesión por unos minutos, ansiosa de captar todas las sensaciones posibles, ante el comportamiento de Su Viejito que le acariciaba con ternura. Percibía su corazón cansado pero manteniendo su cadencia. ¡Dios! como amaba a ese hombre. Disfrutó unos minutos de las sensaciones y volvió a la carga.

- Tengo la solución. Mi Viejito. Tengo la solución. Escuche mi amor, escúcheme por favor con atención y si le es posible sin interrupción.

Gonzalo agradeció esa tregua que aquella criatura le ofertaba. Estaba muy afectado por su torpeza y se dispuso a escuchar atentamente la confesión de Negrita. Consciente que necesitaba liberar esa carga que había acumulado durante todo ese apretado día.

- Mi deseo, mi esperanza y mi salvación están en sus manos Mi Viejito. Le ruego, que cuanto antes se ponga en contacto con Anita para exponerle lo siguiente. En primer lugar que dejen de hacer gestiones para la adopción del bebé. Si aceptan mi humilde sugerencia podrán gozar de su propio niño.

Unos segundos de recreo en ese calor envolvente dulce y cariñoso de Su Viejito y prosiguió.

- Ana debe fingir un embarazo de dos meses y comentarlo con el mayor número de personas. Desde el mismo momento que acepte, buscaremos un profesional en caracterización. Proporcionando a su niña la apariencia, de las diferentes etapas del embarazo, dándole veracidad al desarrollo de su gestación.

En su evolución final entre ella y un profesional de ginecología de toda su confianza, o en su defecto alguien alejado y totalmente desconocido, que se preste por dinero a un engaño, certificará el nacimiento del bebé. Registrarlo en los juzgados como hijo de Carlos y Anita. Si conseguimos mantener el engaño el bebé será, legalmente y para toda la vida de ellos.

Gonzalo se había recuperado. Esos minutos de tregua le permitieron controlarse y pretendió apoyar con alguna frase a Negrita pero se le adelantó para rogarle paciencia y continuar con su plan.

- Mi Viejito. Cálmese mi amor. Su inquietud quedará aclarada.

Sin más dilaciones le lanzó la noticia.

- Por si no ha entendido antes. Estoy embarazada y mi plan esta construido en la esperanza que Anita y Carlos, acepten el bebé. De ser su respuesta afirmativa partiré para España cuanto antes y en algún lugar apartado me instalaré.

Permaneciendo recluida hasta el momento del parto.

Un profundo respiro salió de su boca tras escupir su plan. Pero Gonzalo sabía perfectamente que no había finalizado su relato y con la discreción que había hecho gala toda la noche esperó.

- Mi Viejecito. Dos son las razones que me impulsan a realizar lo que le he contado. La primera es el “gringo” nunca sabrá que fui madre. Ni siquiera le quedará la esperanza de ello. Pues se lo deje bien claro.

La otra razón y la más poderosa es que mi bebé tendrá unos padres imposibles de superar. Eso teniendo en cuenta que encontrara a otros. Por fin ese maleficio sobre mi familia desaparecerá y mi descendiente será completamente libre. Con una perspectiva de vida inmejorables. Luego por si todo esto fuera poco me queda la enorme satisfacción de hacer felices a una pareja que han supuesto tanto para mí. Una pareja a la que adoro y que se han convertido en la tabla de salvación para mi descendencia. Vos. Mi Viejecito. Vos.

Negrita se giró para mirarlo. Pudo comprobar como en esos cansados y azulados ojos las lágrimas se escapaban llegando a mojarle la cara. Un nudo de emoción atenazó sus músculos.

Le costaba respirar, pero se rehizo y abrazándose a su cuello poso con una dulzura estremecedora sus labios en los de él. Fue un beso sin malicia, sin pasión, pero cargado de toda la ternura que aquel cuerpo era capaz de expresar. Un poco entrecortadas las palabras Gonzalo pudo articular.

- Necesito pasear.

Cogidos de la mano se levantaron de la hamaca y volvieron a reanudar el paseo. Un vació desplazó a todas esas confesiones expresadas en la cala. Provocando una liberación de tensiones, de emociones, de dudas, de preguntas. Por fin y antes de llegar de nuevo a la zona norte Gonzalo rompió el silencio.

- Negrita si su deseo es el que ha expresado. En cuanto lleguemos a la cabaña y pueda utilizar el celular llamaré a mi pequeña para proponérselo.

Nuevas sensaciones recorrieron sus cuerpos, nuevas miradas cómplices, nuevas caricias de una mano en la otra. Al retornar por cuarta o quinta vez a la hamaca entraron en la propiedad siguiendo el camino de flores y plantas que conducía a la cabaña. En el salón, allí sobre la mesita, se encontraba su móvil. Iba a llamar cuando se detuvo y dirigiéndose a Negrita comentó.

- Mi Negrita, creo que algo tan maravilloso no se debe transmitirse por el celular. Si está de acuerdo, mi niña, le comunicaremos nuestra presencia en Madrid para exponerles y proponerles un asunto de suma importancia.

Y para tranquilizarles les diré que no se preocupen pues es un asunto que nos hará felices a todos. Negrita aceptó. “El gringo” no la localizaría nunca hasta que su bebé naciera y su secreto tan solo lo sabrían cinco o seis personas. Por Internet compró los billetes para ese día pues ya eran las dos de la madrugada. El avión partía a las trece horas quince minutos. Como debían estar al menos una hora antes les quedaban escasamente diez horas para desplazarse hasta Alajuela. Si se preparaban el equipaje y salían de inmediato llegarían sin problemas. Pues aunque intentó contratar una avioneta para trasladarse de Limón a Alajuela le fue imposible. No perdieron el tiempo. Pusieron al Negro Langostero al corriente de todo. Negrita iba a estar un año fuera de Puerto Viejo.

Era necesario buscar sustituto en el chiringuito. Gonzalo regresaría pronto pero El Negro le aseguró que no se preocupase. Él se encargaría de continuar la marcha normal. De no aceptar sus hijos la propuesta, cosa que ni la pensaba, Negrita continuaría en España hasta el parto. Gonzalo se preparó una bolsa mientras ella portaba dos enormes maletas. El Negro se ofreció a llevarles hasta el aeropuerto de Alajuela. Luego regresaría con el vehículo. El sonido del todo terreno partiendo de la cabaña se escuchó a las cinco de esa madrugada. Al volante El Negro. En los asientos posteriores Gonzalo con Negrita recostada en sus brazos y con su rostro pletórico de felicidad.

Pero al incorporarse, para dar la última mirada a su Puerto Viejo, unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. No volvería a ver su Puerto Viejo, al menos hasta transcurrir un año, y esos sentimientos provocaron esa añoranza por su tierra. Pero a pesar de ello se sentía feliz, afortunada, querida y daba gracias a los cielos por los amigos que le arropaban. Especialmente por concederle su Diosito la dicha de cruzarse con Su Viejito. El “gringo” movió a sus secuaces de Puerto Viejo para indagar sobre la historia contada por Negrita.

Le costó unos cuantos dólares pero toda la información que logró obtener, y la buscó por varias vías confirmaban lo narrado por Negrita. Una rabia indescriptible se apoderó de sus entrañas. Maldijo en voz alta a Negrita, al Negro Langostero, a don Julián, Pero no olvidó de integrar en sus maldiciones al Ángel Viejito de Puerto Viejo. Ese español, hijo de su chingada madre, le había amargado la vida desde su llegada y tarde o temprano se vengaría de ese cabrón.

sábado, 24 de septiembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 14 EL REGRESO

- CAPITULO - XIV -

- EL REGRESO –

Negrita recobró la conciencia tras dos horas tendida en el suelo. Un charco de sangre rodeaba su cuerpo. No podía respirar bien y le costaba apoyarse sobre el lado derecho, tanto inferior como superior. Consiguió salir del chiringuito para llegar como pudo hasta la cala. Escuchaba la música, percibía la luz del escenario, algo turbio por la inflamación de los parpados y de los pómulos. Le faltaban unos cuatrocientos metros para llegar al grupo cuando volvió a desplomarse.

La providencia, la suerte o el azar de la vida, quiso que en esos momentos pasearan por el lugar Anita y su esposo, para bajar la cena y paliar un poco el alcohol con el ejercicio. Venían desde la zona norte de la cala, iniciando el regreso, cuando Anita escuchó unos gemidos. Alertó a Carlos y la pareja se acercó al lugar de procedencia. Sobre la selva el cuerpo ensangrentado de Negrita permanecía boca abajo. Carlos le tomó en brazos y mientras la llevaba hacia la cabaña Anita comenzó a correr pidiendo ayuda.

De inmediato varios hombres se acercaron con una mesa y al llegar a la altura de Carlos tumbaron a la joven sobre ella y entre seis la condujeron hasta la cabaña.

- ¿Se ha vuelto a caer?

Las palabras de su padre le llegaron a enojar.

- ¡Pero papá! como puedes decir eso. Le han pegado una paliza. ¡No lleva ropa y los salvajes que han logrado la hazaña se han ensañado con la pobre criatura!

Varias voces, principalmente de mujeres emitieron de inmediato el autor de aquel atropello.

-Ese “gringo” es un cabrón”. No es la primera vez” “Un día la matará de una paliza”.

Los comentarios se sucedieron uno tras otro y Gonzalo no fue ajeno a los mismos. De inmediato la llevaron entre Anita y Gonzalo a la parte trasera del todo terreno. Carlos se puso al volante junto al Negro en los asientos delanteros, mientras Gonzalo y Anita atendieron a la paciente hasta su llegada a Limón.

En la puerta del hospital le esperaba el jefe de la policía junto a una dotación de agentes de la ley Alberto no había perdido el tiempo.

A petición de su padrino se puso en contacto con don Gilberto quien no tardo ni cinco minutos en ponerlo en conocimiento del ministro del interior moviendo éste de inmediato a su gente en Limón. Se presentaron antes de llegar ellos. Gonzalo les explicó lo que ya en parte sabían y sobre quien caía la sospecha de aquel atropello.

- Creo que aunque la rabia me embarga debemos cerciorarnos de los rumores y esperar a que Negrita se recupere.

Las fuerzas del orden estuvieron de acuerdo con Gonzalo aunque también tenían la seguridad del la autoría de los hechos. Ya el jefe local había dado orden a la policía secreta que con una dotación de agentes de Puerto Viejo llevara a comisaría al “gringo” hasta nueva orden.

En el comunicado que recibieron se hacía hincapié que si había alguien con él se le condujera también. Anita se identificó como médico, rogando poder colaborar con el personal del hospital. No pusieron inconveniente la presencia de Gonzalo daba pie a aceptar cualquier petición de él o sus familiares pues su generosidad lo aconsejaba. Así pues mientras curaban a Negrita y recobraba el conocimiento pudo encontrar una mano amiga a la que aferrarse con fuerza. Le daba ánimos asegurando que todo iba a ir bien. Al preguntarle quien había sido el autor de aquella canallesca y cobarde agresión respondió sin vacilar.

- Se presentó el “gringo” con tres de sus gorilas y decidieron divertirse a mi costa. Pero no lo comente con su papá, “el gringo” lo mataría si se le ocurre ir a por él.

Anita le tranquilizó disculpándose unos minutos para salir y notificar a la autoridad los autores de aquella “heroicidad”. El jefe de la policía, entró en compañía de Anita e interrogó a la joven para tomar de inmediato el teléfono y ponerse en contacto con sus subordinados de Puerto Viejo. Habían detenido al “gringo” y a tres de sus gorilas.

Las lesiones que presentaba la joven no eran tan graves como la última vez que paso por allí. Tenía diversas contusiones pero no había ningún hueso u órgano lesionado. Lo mas problemático, por el hecho de requerir una cura diaria y la incomodidad del lugar, eran sus glúteos. Estaban en carne viva. Tendría que estar en observación. Pero al menos por el momento no revestía gravedad. Anita salió de inmediato para notificar a los presentes los resultados de la primera exploración médica. La enfermera encargada de la sala en la que se encontraba Negrita portaba los resultados de la analítica y las placas realizadas. Todo daba la razón a la primera exploración del principal problema.

Las heridas de los glúteos. No quisieron correr ningún riesgo y acordaron mantenerle en la sala de cuidados intensivos, al menos durante unas horas, en observación.

Gonzalo trató de convencer a la familia para que regresaran a casa y descansaran, el mantendría la guardia junto a Negrita. Pero Anita, su pequeña no lo consintió. Intentó con todo su poder de persuasión convencer a su padre para marcharse él a descansar. Pero como vio claro que no lo lograría se unió a él justificando su calidad de médico. Gonzalo lo aceptó tener a un facultativo de la familia era una seguridad, al menos para él.

El Negro y Carlos regresaron a Puerto Viejo en compañía del la autoridad policial, que portaba la denuncia firmada por Gonzalo contra el “gringo”.

- Tengo una orden judicial para registrar su casa. Envíen de inmediato a un par de agentes y que procedan a su registro. Quiero el mayor número de pruebas contra esos degenerados. Van a pasar una buena temporada en la cárcel. Concluido el trámite se despidió de ellos y se apresuró a subir a la habitación, para seguir velando en compañía de su pequeña a Negrita.

A las dos horas se personó la enfermera que anteriormente atendió a Negrita en casa del “gringo”. Gonzalo tenía buena información sobre la sanitaria y no dudo en contratarle de nuevo para que se hiciera cargo de la joven hasta su recuperación. Antes de iniciar la conversación para su contratación le presentó a su hija. Ambas sanitarias conversaron largamente sobre el estado de la paciente y la necesidad de cuidar y extremar las máximas precauciones con sus heridas especialmente las de los glúteos.

Negrita permanecía tumbada sobre el lecho boca a bajo. Andaba algo adormilada por el cansancio, la paliza y los analgésicos. Pero consiguió seguir la conversación de las sanitarias. La parte más afectada y con mayor tiempo para su recuperación iban a ser esos tersos y sensuales glúteos. Aquellos salvajes se habían cebado en esa parte de la escultural anatomía de Negrita. E incluso Anita sugirió la posibilidad de aplicarle cirugía plástica. Gonzalo aprovechó la ocasión para abandonar la sala. Negrita estaba bien acompañada y nada mas llegar a la sala de espera del hospital, con el celular se puso en contacto directamente con don Julián.

El obligado trámite de pasar por Máximo no fue necesario, ya que esa noche don Julián le proporcionó su teléfono particular, en la cena que compartieron con sus familiares.

Era muy tarde pero deseaba zanjar el problema de una vez por todas. Permanecía en su fiesta aunque su estado no estaba para ningún tipo de negociación. Sin embargo Gonzalo le volvió a lanzar la misma propuesta anterior. Pagaría tres veces el valor del negocio, del chiringuito del “gringo”. Sabía por sus pesquisas anteriores que el negocio, le pertenecía a don Julián. Su economía no era boyante en los últimos tiempos.

La pérdida de los porcentajes por el contrabando y venta de droga habían bajado considerablemente y gran parte de sus propiedades se las había vendido a Gonzalo. Mientras las del español, su productividad y explotación, aumentaban día a día. Las suyas tenían verdaderos problemas para sacarles rentabilidad. La estrategia económica de su rival de asociarse con sus arrendados le permitía garantizar unas horas indeterminadas de trabajo. Sus socios eran los principales interesados en que la explotación saliera hacía delante.

Cuanto más productivas fueran esas tierras mas medios económicos les proporcionarían a sus trabajadores.

Pero lo que no llegaba a entender de aquel extranjero era el renunciar al cincuenta por ciento de sus ganancias para revertirlas en las tierras menos productivas. Si las lluvias, los huracanes, terremotos, pequeñas erupciones volcánicas, arrasaban alguna de sus propiedades el fondo que destinaba a imprevistos iba a parar de inmediato a subsanarlo y la cantidad de dicho fondo era considerable.

Pues el veinticinco por ciento del total de sus posesiones en Puerto Viejo se dedicaban a dicho fin.

Sus locales de turismo, sin romper con el entorno, lograron una calidad de servicio inigualable no solo en aquel cantón sino que era muy superior a los tradicionales y concurridas zonas en época seca de la península de Nicoya y mas concreto en las playas de Guanacaste.

Don Julián no quiso precipitarse en su respuesta, su estado no era el apropiado para negociar y por si fuera poco el “gringo” andaba por medio. Por ello quedó en resolverlo al día siguiente, cuando su mente se asentara.

Guardó el celular y regresó a la habitación para colocarse en una silla junto a Negrita mientras sus manos se entrelazaban con las de la joven. La estampa visionada por Anita le llevó a recordar tiempos lejanos. Cuando era pequeña y enfermaba por una gripe, un empacho, una intoxicación o un simple resfriado. Al llegar a casa su padre corría a sentarse junto a ella para acompañarle, darle la medicación o aplicarle paños frescos sobre su frente. Luego a pesar de su prolongada jornada y de tener que madrugar al día siguiente se pasaba la noche en vela.

Vigilando su sueño y atendiendo cualquier petición. Se emocionó al recordar sus años de infancia, adolescencia o juventud. Nunca consintió que su madre se levantara por las noches ni siguiera cuando aún le daba pecho. Él mismo la cogía de la cunita, para entregársela a su madre. En mas de una ocasión era el quien tenía que buscar el pecho de su mujer y tenderle el pezón al bebé para que se alimentase. Su madre le contaba que ni se daba cuenta que le había dado pecho esa noche. El Recuerdo de su mamá siempre atenta y cariñosa con papá.

Sin escuchar una sola queja del poco tiempo que su esposo dedicaba a la familia. El trabajo le absorbía el mayor tiempo del día. Pero por otro lado su tiempo libre lo dedicaba por completo a su familia. Vacaciones salvo los últimos años no las pudo disfrutar papá y de rebote mamá. Se aproximó a su progenitor con las lágrimas recorriendo sus mejillas. Posó los labios, primero en una, para repetir el mismo gesto sobre la otra. El cruce de miradas fue tierno, explicito. No eran necesarias las palabras para transmitirse lo que en eso momentos sus sentimientos revelaban sin necesidad de vocablos, de aclaraciones o del empleo de otro lenguaje que no fuera el expresivo.

Al llegar la mañana la enfermera se quedó con Negrita mientras padre e hija se desplazaron a un hotel cercano para ducharse, desayunar un buen plato de ensalada de frutas y cambiarse de ropa. Llamaron a la familia para confirmarles que evolucionaba bastante bien. De no surgir ningún problema esa noche regresarían a Puerto Viejo. Los primeros alimentos del día le proporcionaron también las primeras calorías. Padre e hija conversaron durante el desayudo. Anita le reveló los recuerdos llegados a su mente esa noche con los cuidados dados por él a Negrita.

Conectaron con sus familiares informándoles de la evolución de la enferma. A continuación, ocuparon el lugar de la enfermera, regresando al centro sanitario. Anita revisaba las contusiones y heridas de la paciente. La preocupación seguían siendo las heridas aún sangrantes de sus glúteos. El resto mejoraban con gran rapidez. Ahora, Anita, estaba mas tranquila. Los derrames vaginales habían sido controlarlos durante esa noche. De momento todo había recobrado casi la normalidad, con la excepción de sus glúteos. Aplicó, desinfectantes, pomadas, gasas y demás material para atender las heridas.

Pero en esta ocasión las atrocidades cometidas por aquellos salvajes se basaron principalmente en actos orales y toda clase de vejaciones imaginables. Golpes, si descontaban los recibidos en las posaderas, no se percibían en el resto del cuerpo.

Al medio día recibió la llamada de Alberto comunicándole que el responsable de la seguridad de Limón, en primer lugar, le había telefoneado para confirmarle que “el gringo” y sus tres gorilas estaban ya a disposición judicial, con la acusación principal de trafico y tenencia ilícita de drogas.

En el registro a la casa se encontraron quinientos gramos de cocaína repartida entre los efectos personales de los cuatro individuos y en un sótano construido en el recinto de la casa.

Posteriormente esa misma información se la confirmó en persona el ministro del interior.

- Padrino. Esté tranquilo el responsable de la seguridad me garantizó un mínimo de quince años de prisión para el “gringo” y sus secuaces. Al menos durante esa temporada los cuatro permanecerán fuera de circulación. Gonzalo agradeció el desvelo de su ahijado y gran amigo.

Al colgar el celular regresó a la habitación, abandonada con anterioridad para conversar, comunicando a los presentes su conversación. Pero dirigiéndose especialmente a Negrita. Con muecas de dolor sonrió, le tendió la mano para sentir el contacto de su Viejito y transmitirle su gratitud con una leve presión.

Carlos y El Negro se personaron a media tarde. Los facultativos del hospital al comprobar el estado de la paciente, pero especialmente de la atención especializada que disponía.

Anita y la enfermera estarían pendientes de su evolución y de las curas, le dieron el alta. La generosidad de Gonzalo volvió a manifestarse con el personal del hospital.

Estaban trasladando a Negrita a una ambulancia, optaron por este medio de trasporte por la necesidad de mantenerse en posición horizontal y boca abajo, cuando el celular de Gonzalo volvió a sonar. Era don Julián para concertar una cita en el “Chino”. Aceptó de inmediato y le propuso cenar en el establecimiento.

No le pudo asegurar la hora exacta que llegaría pero calculo personarse sobre las veintiuna horas aproximadamente. De retrasarse, le telefonearía con tiempo suficiente.

Negrita, Ana y la enfermera viajaron en la ambulancia mientras Gonzalo lo hizo, junto al Negro y a su yerno en el todo terreno.

El trayecto se realizó con lentitud. Cualquier movimiento brusco del vehículo lo acusaba en exceso Negrita. Fue un viaje mejor de lo esperado con la única excepción del último tramo del trayecto, la parte no asfaltada.

A Negrita especialmente le pareció interminable. Se detuvieron en la entrada de la cabaña y los empleados de la ambulancia transportaron a Negrita en camilla hasta la habitación.

Con la ayuda de Anita y la enfermera la pasaron de la camilla a su cama. Por fin se terminó aquel infierno interminable de unos veinte minutos de trayecto final. Instalada y atendida por la enfermera y su hija, Gonzalo partió solo al encuentro con don Julián. La cena fue distendida y el acuerdo ya estaba de antemano pactado, no se había realizado antes por voluntad de Negrita que prefirió seguir con “el gringo”.

Pero fuera este de circulación, al menos durante una buena temporada, fijó en cerrar el trato como siempre en la entidad bancaria.

Gonzalo regresó a casa eufórico. Había logrado, después de mucho tiempo, repescar a Negrita para su hogar. La felicidad se reflejaba en su rostro. El entusiasmo y la rapidez empleada en subir las escaleras, para acceder a la habitación preparada para Negrita lo confirmaban. Convencido que esa expresión triste que observaba en ella, cuando pensaba que él no le miraba, desaparecería para siempre.

Verle con ese entusiasmo y felicidad acercarse a ella, posar sus labios en la frente y atropellarse en sus palabras para notificárselo le hizo sonreír. Pero solo ella era consciente que su compromiso con “el gringo” no finalizaba con la compra del negocio. Sus padres recibieron una fuerte suma de dinero cuando mamá se puso muy enferma y precisó atenciones médicas extraordinarias de las que “el gringo” se había hecho cargo a un interés muy elevado y con el compromiso de tener a Negrita a su servicio hasta que la deuda se saldara.

De no cumplir su hija con la palabra él los denunciaría. Al no poder pagar, meterían a su padre en la cárcel. Su madre murió a los seis meses de salir del hospital, por una complicación respiratoria, que no tenía nada que ver con la enfermedad que consiguió superar gracias al dinero del “gringo”.

Su padre enfermo no pudo trabajar quedando Negrita sin la posibilidad de liberarse de aquel degenerado. Cuando pasó a servir al “gringo” contaba con escasos doce años y en la actualidad estaba a punto de cumplir los dieciocho. Seis angustiosos años junto aquel cerdo cabrón. Cuando Gonzalo, extrañado por su reacción, le preguntó se tomó su tiempo.

La impotencia le impedía pronunciar palabra alguna y sus ojos comenzaron a humedecerse. La reacción de su Viejito le enterneció y consiguió calmar sus ansias de impotencia. Gonzalo tomaba una mano para besar su dorso, luego le cogía la otra y repetía la operación para finalmente con sus dos manos en las de ella le posaba sus labios en la frente. Mas calmada se decidió a confesar toda su historia. Pero antes de iniciarla le rogó que se sentara junto a la cama. Mientras Su Viejito iba a por la silla para acoplarse a su vera ella lo observaba con la sonrisa dibujada en el rostro.

Su mirada expresaba toda la dulzura y entusiasmo por aquel hombre. Era la compensación de los cielos y una bendición para toda su gente. Desde su llegada la zona estaba tranquila y la prosperidad de mucha gente se debía a la llegada de Su Viejito. Aún faltaba mucha gente, la que trabajaba con el otro buitre, don Julián. Pero Negrita era consciente que Su Viejecito trabajaba en ese campo como la hormiguita, poco a poco pero comiéndole el terreno a esos dos cabrones. Al “gringo” le había hecho emigrar precisamente en la época que mas movimiento tenía por la zona.

Había observado en su jefe el odio que profesaba hacia Su Viejito pero en todo ese tiempo jamás se atrevió a cruzar su camino con él. La otra cuestión que le tenía intrigada era el alejamiento tanto del “gringo” como de don Julián y sus secuaces del Negro Langostero. Antes de dejar Puerto Viejo se la tenían jurada y salvo el incidente en el chiringuito con su jefe al Negro ni se acercaron. No le había pasado desapercibida la presencia de la secreta siempre pendiente del “gringo” y la principal causa de abandonar Puerto Viejo.

Seguían habiendo demasiadas incógnitas por resolver pero su temor hacía “el gringo” podría asegurar que era innata. Pero ahora alguien se interesaba por ella, mejor dicho por su persona, por su gente. Y Su Viejito entró en su corazón. No había recibido nunca el cariño de sus padres, siempre con problemas de salud y trabajando desde la salida hasta la puesta del sol. Muchas veces su madre ni aparecía por casa. Don Julián la tuvo de compañera extorsionando a la familia hasta que la pobre mujer cayó enferma y éste la sustituyó por otra.

Desde su nacimiento el único afecto que había recibido en sus años de existencia se lo había proporcionado ese español. Su Viejito. Cuantas ideas, situaciones, sentimientos se dieron cita en su cabecita mientras Su Viejito se acoplaba junto a ella para poner todos sus sentidos en captar la historia que por fin se había animado a contar. Gonzalo no le interrumpió. Anita, al comenzar el relato se aproximó a los pies de la cama, se sentó en el colchón, evitando los pies de Negrita quien permanecía boca abajo, con sus posaderas recubiertas de productos farmacéuticos y gasas blancas.

Al finalizar la historia un profundo silencio se adueño de la estancia. Incrédulos, abrumados, temerosos, horrorizados, hasta que fue Su Viejito quien rompió el momento.

-

- ¿Le tenia comprada como si fuera una esclava? ¡Dios santo! En el siglo XX y todavía andamos así. Mi Negrita, ¡Dios como he podido ser tan ciego!

Seguía pronunciando la frase mientras se levantaba posaba sus manos en la cabeza de Negrita y comenzó a llorar como un chiquillo. Anita emocionada como su padre se aproximó a la cabecera para abrazarse a ambos.

Algo mas calmado por el consuelo de su niña Gonzalo le aseguró que zanjaría de una vez y para siempre su dependencia del “gringo”

- Mi Viejito. No habría mayor alegría en mi vida si lo lograse. Desde el primer día que llegó, cuando me propuso su oferta El Negro Langostero, me hubiera ido con usted. Pero Mi Viejito, ándese con mucha prudencia el “gringo” no tiene sentimientos y sería capaz de cometer cualquier atropello.

Paró para tomar aliento y pensar la siguiente frase mientras saboreaba la sensualidad de la mano de Su Viejito acariciando sus cabellos.

No me perdonaría en la vida si a usted le pasara cualquier cosa. Y le aseguro Mi Viejito, que me sentiría culpable por ello y en deuda con todo mi pueblo de privarle del ángel enviado por Nuestro Señor.

Gonzalo le tranquilizó. Ese cabrón cuando abandonara la cárcel estaría para sopitas. Luego llamó a la enfermera.

- Cuídeme a Mi Negrita. Y usted no se me preocupe todo saldrá conforme a sus deseos y esperanzas. Hasta el chiringuito lo colocaremos entre los primeros de Puerto Viejo.

Besó de nuevo la frente de Negrita, se abrazó a su hija y se despidió para zanjar definitivamente el asunto con esos cabrones.

Iba con prisas no quería perder la oportunidad de resolverlo esa misma noche. Fue directo al “Chino”, propiedad que había intentado comprar en varias ocasiones desde que se instaló en Puerto Viejo. Sin éxito. Intentó conectar con don Julián por medio del celular pero no lo consiguió. Allí estaba como siempre don Máximo. Le expresó el deseo de platicar con don Julián. Pero aquel terrateniente se había tomado muy en serio las advertencias del ministro, pero sobre todo de las constantes amenazas del jefe de la policía del cantón de Limón. Esa misma noche le advirtió que no quería verlo con Don Gonzalo.

Su ministro estaba semanalmente interesado en la evolución de los acontecimientos por la zona de Puerto Viejo. Aquel personaje indirectamente le había llenado las arcas a toda la plana mayor del gobierno. Gonzalo se dio cuenta que eludía entrevistarse con él. Desconocía las presiones a las que era sometido, especialmente desde la llegada de los familiares de don Gonzalo. Pero se había percatado que cuando se trataba de un negocio y este era sustancialmente interesante siempre buscaba la forma de contactar.

No lo pensó dos veces y le contó a don Máximo cuales eran sus intenciones y su propuesta. Le dio el número de su celular y le rogó que le llamara en cuanto tuviera noticias. Antes de abandonar el chiringuito volvió a insistir.

- No se olvide don Máximo hasta cuatro veces estoy dispuesto a pagar el valor del pagaret para saldar esa deuda del padre de Negrita. Cuatro no se olvide. Cuanto antes, por favor.

Apuró su imperial. Pagó la cuenta y en su coche regresó a la cabaña. No podía asegurarle nada hasta que don Máximo no le llamará. Pero esperaba que la cantidad ofrecida bastara.

Consciente de las dificultades de don Julián que poco a poco le iba vendiendo propiedades y cada vez presionaba menos con el precio. Regresó junto a la cama de Negrita. Se sentó junto a la cabecera entrelazando su mano a la de ella. Retirándose a la sala de espera cuando la enfermera iniciaba las curas pues la desnudaba por completo para atender a la multitud de contusiones y heridas que tenía repartida por todas las partes de su escultural cuerpo. Negrita sonreía cuando su Viejito abandonaba la habitación. Para comentar a continuación con la enfermera.

- Mi Viejito es bueno. Muy bueno.

Sobre las dos de la madrugada su celular comenzó a vibrar, lo había puesto sin sonido, pues advirtió a don Máximo que le llamara a la hora que fuera. Efectivamente era él. La negociación fue dura. Desde la cárcel “el gringo” exigía diez veces más de la cantidad. Don Gonzalo comprendió la estrategia de esos truhanes y desde luego no estaba para que le tomaran el pelo por mucho que deseará liberar a Negrita. Le pidió que don Julián atendiera su llamada.

En un principio no quiso transmitir la petición. Entonces Don Gonzalo le insinuó que acudiría a su abogado. No se produjo la reacción deseada y pasó a la acción asegurando que pondría en conocimiento de la policía el asunto. Consciente que solo le supondría abonar únicamente la deuda en cuestión. Percibió como bloqueaban el auricular del teléfono para no ser escuchado y casi de inmediato la voz de don Julián atendía el aparato. La conversación ahora era directa, sin intermediarios y aunque con dificultades fue conducida por los derroteros que le interesaba a Gonzalo.

Don Julián se justificaba con la negativa del “gringo” a proporcionarle el pagaret.

- Jamás se desprenderá de su Negrita, don Gonzalo. Usted no conoce al “gringo” es obsesión la que tiene por esa criatura.

Gonzalo se cansó de las evasivas de su interlocutor y optó por la estrategia de la presión.

- Es lo último que le diré. Si antes de dos días no tiene resuelto el problema con el “gringo” pondré en manos del ministro del interior y de sus abogados el asunto.

Fueron sus últimas palabras. Algo subidas de tono.

Impropio en él, pero tal y como se había desarrollado la conversación se convenció que precisamente aceleraría la presión de don Julián sobre el “gringo”. Obligando a los acontecimientos a precipitarse con mayor rapidez.

Sin duda el cambio de estrategia provocó unos resultados fulminantes. Don Julián tras las amenazas de Gonzalo presionó al “gringo” hasta conseguir la confesión del paradero del dichoso pagaret. Eran dos pedazos de cabrones pero no tontos.

Consciente de la fuerza del español con las autoridades. No quisieron tentar su suerte y tensar más la cuerda. De romperse les acarrearía, no solo perder la deuda, sino todo cuanto tenían. En contra de su voluntad pero forzado por la situación “el gringo” indicó a don Julián el lugar donde depositaba el documento.

A las dos horas del último contacto con don Julián, se ponía en comunicación de nuevo. Tenía muy claro que sujetaba la sartén por el mango pero no quiso forzar su ventaja. Si con lo acordado lograba liberar a Negrita se daba por satisfecho.

Aunque Gonzalo estaba convencido que podía apretarles y lograr zanjar el asunto con solo liquidar la deuda. Tras la conversación don Julián se apartó del asunto y dejó a don Máximo que se encargara de todo.

La cita fue de nuevo en el “Chino”. En su puerta, pues aunque la luz comenzaba a despuntar por el horizonte el reloj marcaba poco más de las cinco de la madrugada. Llegaron prácticamente al mismo tiempo. Don Máximo aparcó su vehículo y subió en el todo terreno de Gonzalo. Siguiendo las indicaciones llegaron al lugar indicado por “el gringo”.

Recogió la documentación. No empleó más de dos minutos, para regresar junto a su acompañante que aguardaba en el vehículo. Tomaron rumbo a la cabaña. Se detuvieron en su entrada y sin parar el motor descendieron para entrar y subir a su habitación. Conectó el portátil a la línea telefónica, buscó la página de su banco en Internet y ordenó la transferencia correspondiente. Don Máximo telefoneo a don Julián quien le confirmó el ingreso en su cuenta de la cantidad estipulada. El documento lo guardó en la caja fuerte y acompañó a don Máximo de nuevo al lugar de encuentro para recoger su coche.

Se despidió, puso el vehículo a la máxima velocidad posible para circular por aquel camino y regresó junto a los suyos. Entró con suma precaución a la habitación ocupada por Negrita. En esos momentos se quejaba mientras su hija y la enfermera le atendían. Su pequeña le tranquilizó, los analgésicos comenzaban a perder su eficacia. Se había despertado como consecuencia del dolor y le aclaró que la enfermera estaba preparando la medicación para calmar los dolores con una nueva dosis.

Al ver a Su Viejito, el dolor pasó a un segundo plano y con el rostro algo desencajado sonrió. La expresión de preocupación en Gonzalo desapareció con la aclaración de su niña y abriendo sus brazos en signo de triunfo comentó.

- Lo hemos conseguido Negrita. Lo hemos conseguido. Ese cabrón no volverá a molestarle.

No estaba muy convencida pero sonrió mientras se abrazaba a su bienhechor. Luego cogida a su mano fue recuperando el sueño a la par que los analgésicos cumplían con su función.

Esa mañana era la fijada para resolver la compra del chiringuito en la entidad bancaria.

No había pegado ojo en toda la noche pero no fue impedimento para personarse a la hora acordada.

Antes pasó por el negocio. El Negro había buscado personal para atender el chiringuito mientras Negrita se recuperaba. Nada mas ver a su amigo se sentó junto a él para reponer fuerzas. Conversaron sobre la resolución del asunto con el “gringo” confirmándole que se dirigía a la entidad bancaria para cerrar el trato de la compra del negocio.

El Negro Langostero se levantó de su asiento e invitó a su amigo a realizar la misma operación. Sin darle tiempo a reaccionar se abrazó con aquel personaje mientras sus ojos se humedecían y alababa a su Dios por haberles proporcionado la dicha de cruzarse con aquel hombre. Sin duda le había rescatado del hoyo en el que se metió, donde la única salida era la muerte. No contento con ello consiguió regresarlo a su Puerto Viejo del alma. Donde las esperanzas de retorno se habían cerrado para El Negro Langostero.

Pero más importante que su estado personal era el logro de recuperar la esperanza de vida, la magia y la alegría del negro de Puerto Viejo.

Negrita se recuperaba a marchas forzadas. Verse liberada del “gringo”, pero especialmente saber que compartiría junto al Negro Langostero su vida con su Viejito le hicieron sentirse la mujer más afortunada y feliz del planeta. Pero a pesar de todos los acontecimientos y las perspectivas de futuro en su interior el miedo, ese que le acompañaba desde el mismo día de ver por primera vez la luz del mundo, persistía en su alma.

Conocía demasiado bien al “gringo” para saber que no olvidaría el asunto.

Y ahora su temor aumentaba pues estaba convencida que el personaje tendría un nuevo objetivo. Su Viejito. Lo que le hiciera a ella poco importaba pero a su Viejito. No lo resistiría.

Pero toda esa mezcla de sentimientos felices, de preocupación por el futuro se juntaban con esa promesa de las autoridades de disponer al menos de quince años de tranquilidad y sosiego.

Ahora cuando abriera los ojos por la mañana se vería en su nuevo hogar, descansando comiendo, viviendo bajo el mismo techo que su bienhechor. De SU VIEJITO con mayúsculas. Cuando se tumbaran en la hamaca por las noches no tendría necesidad de regresar a casa del “Gringo” incluso se podría quedar junto a su ángel durmiendo en la hamaca hasta que ese sol, ese sol emergiendo del caribe, calentara sus rostros.

sábado, 17 de septiembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 13 LA NOCHE VIEJA

- CAPITULO - XIII –

- LA NOCHE VIEJA -

Con una semana de antelación al fin de año, El Negro y posteriormente Gonzalo gestionaron ante las autoridades los permisos necesarios para montar un escenario, un gran cenador y varias mesas con sus correspondientes sillas en la cala de la cabaña. Ciertamente no tuvieron que realizar demasiado papeleo pues todo fueron facilidades, especialmente cuando se personaba Gonzalo. Ni siquiera tuvo que rellenar los impresos necesarios. Todo lo tenía planificado y controlado para dar a ese pueblo una fiesta.

Amen de celebrar el fin de año, destacar la recuperación de ese Puerto Viejo, añorado por mucha gente, no solo del país, incluso de extranjeros. Pero en la mente de Gonzalo andaba la idea de repetirla todos los años y permitir a ese pueblo abnegado y sacrificado disfrutar de una noche de fiesta, de espontaneidad, de compartir todos juntos sin importar la raza, la posición social, ni la edad. Sin discriminar ni marginar a ningún ser humano que viviera o estuviese de paso esa noche en aquel rincón del mundo. Pidió sugerencias. Dio la posibilidad de organizar cualquier actividad que desearan las gentes de Puerto Viejo.

El Negro Langostero y él solo se encargaron de proporcionar los medios y los permisos necesarios para que fuera una fiesta para el pueblo y organizada por ellos. Todos se volcaron en prepararla. Gonzalo quedó impresionado con la participación de un grupo de alemanes, que colaboraron para mostrar algo de su tierra en aquella fiesta. Involucrando en los días siguientes a otros grupos de turistas, canadienses, franceses, americanos y algún que otro holandés, para tratar de introducir, o bien bailes, gastronomía, o música de sus países. Compartiendo con aquel pueblo caribeño, comida, bebida, baile y cultura.

Buscando entre todos la hermandad entre seres humanos que con sus peculiaridades en sus culturas buscaban lo mismo que él. La paz y la prosperidad de las gentes del planeta.

Los padres de Ángela se presentaron la víspera recogiéndolos de Limón su hija y Alberto. Instalarlos en una de las cabañas reservadas para la familia y que ahora compartirían con ellos.

A la fiesta fueron invitados todos los socios incluidos familiares y amigos. Las autoridades de la localidad también figuraban en esa lista. Así como don Julián y esposa, don Máximo y compañía, “El chino” y su familia.

“El gringo”, como no estaba en la zona la invitación se la entregaron al americano encargado del chiringuito.

Personalmente su Viejito hizo lo propio con Negrita pero tenía que abrir esa noche asegurando que hasta muy entrada la noche no podría acudir. Nativos de la región animarían el escenario con ritmos caribeños. Todo estaba preparado para despedir el año. Los invitados de honor. Su familia estaba atónita ante la amabilidad y la entrega de aquella gente. Cuando Mama Cahuita y sus tres hijas se cruzaron con él se abrazaron al Ángel Viejito del Caribe sobrenombre designado por los nativos de Puerto Viejo.

A excepción de Negrita y El Negro que utilizaban simplemente Viejito, o Mi Viejito. En la conversación que Mamá Cahuita mantuvo con Anita pudo hacerse una idea de los motivos que llevaban a esas gentes a idolatrar a su padre. Y posteriormente, conforme la velada se iba consumiendo, todos pudieron constatar la popularidad de Gonzalo entre ese pueblo. De no haberse celebrado aquel acontecimiento nunca habrían descubierto la cantidad de personas a las que Gonzalo de una manera u otra les tendió la mano.

Anita estaba orgullosa de su papi acudiendo con cierta asiduidad a su lado para abrazarle cada vez que alguien se dirigía a ella con alguna de las historias donde el Ángel Viejito del Caribe intervino para socorrerles. Todo el mundo se presentó con algún plato o dulce para la fiesta. Los langosteros consiguieron buena pesca durante los últimos días y la mayoría pudo disfrutar saboreando el crustáceo en cuestión. La música, el ritmo, el baile en armonía con las mujeres nativas en pleno movimiento sobre la arena aportaron el toque final a la magia de aquella cala.

Invitando a los presentes a participar en aquel ritmo o simplemente a observar la armonía entre el Caribe y aquellas mujeres. Aportando belleza, gracia, ritmo, alegría, sensualidad a esa ultima noche del año. La pareja había decidido comunicar a sus familiares y amigos su compromiso, pero en un principio tuvieron que esperar a otro momento pues no iba a ser una cena a la europea. La gente se mezclaba en las mesas. Tan pronto estaban con unos tomándose un bocado como al siguiente plato, aterrizaban en otra mesa. Al menos las parejas no se deshacían fue el consuelo de los europeos.

El Negro se aproximó a Gonzalo para notificarle que varios turistas de la zona se apuntaron sin invitación pero el Viejito le restó importancia aconsejándole no intervenir. También tenían derecho a disfrutar de la felicidad general de Puerto Viejo. Allí tenía cabida todo el mundo. La presencia de don Julián y don Máximo, acompañados de sus esposas, detuvo como por arte de magia la alegría y el ritmo de aquella fiesta. Gonzalo reaccionó con rapidez, advirtió al Negro y se apresuró a saludarlos.

Al comprobar que era el mismo anfitrión quien los atendía personalmente se olvidaron de los visitantes y reanudaron el bullicio, la música, acompañando al ambiente, al Caribe, con su ritmo. Desentendiéndose por completo de aquellos personajes. Entre él y El Negro pusieron una mesa algo recogida en la selva, pero próxima al escenario, avisando a la familia para arropar a sus invitados. La rapidez de actuación consiguió tres objetivos inmediatos. Que la fiesta continuase sin tensiones, que su familia se reuniera por primera vez en la noche y por último lograr poco a poco la integración de los dos matrimonios en un ambiente donde se podía respirar su rechazo.

Llegando a pasar una velada encantadora. Fue entonces cuando Ángela y Alberto encontraron el momento oportuno para anunciar su compromiso. Ante la sorpresa de todos. La primera en reaccionar, incluso antes que los padres de Ángela, fue Anita. Se levantó de la silla para acercarse besar y felicitar a la novia e inmediatamente abrazarse con Alberto. En ese abrazo lleno de amor fraterno pudo susurrarle al oído.

- Mi querido hermano no sabes lo feliz que me hace tu compromiso con Ángela, es una gran mujer y estoy segura que en poco tiempo seréis una pareja envidiable.

Llegando a pasar una velada encantadora. Fue entonces cuando Ángela y Alberto encontraron el momento oportuno para anunciar su compromiso. Ante la sorpresa de todos. La primera en reaccionar, incluso antes que los padres de Ángela, fue Anita. Se levantó de la silla para acercarse besar y felicitar a la novia e inmediatamente abrazarse con Alberto. En ese abrazo lleno de amor fraterno pudo susurrarle al oído.

- Mi querido hermano no sabes lo feliz que me hace tu compromiso con Ángela, es una gran mujer y estoy segura que en poco tiempo seréis una pareja envidiable.

Nada más terminar la cena. Los compromisos con la familia para celebrar el fin de año les obligó a ello.

En un principio solo se habían acercado a felicitar el año nuevo a los anfitriones pero la acogida que le mostró aquella familia les hizo sentirse bien. En el momento de abandonar la fiesta la tensión en el resto de invitados se rebajó considerablemente. El fin de año estaba al caer. Todos se apresuraban a buscar su copa con la que brindar la llegada del nuevo año. Mamá Cahuita se acercó a Gonzalo invitándole, con el ritmo marcado por la música, a mover un poco el esqueleto.

Con un tronco hueco y unos palos un nativo daba las campanadas de media noche. Despidiendo el año y dando entrada al nuevo. El chocar de los vasos y las copas repletas de vino espumoso y en algunos casos de champagne o cava se escucharon por cada rincón de la cala.

Abrazos, felicitaciones, besos, deseos de un mejor año se fueron repartiendo entre todos los presentes.

A no mas de mil quinientos metros Negrita cerraba el chiringuito y se disponía a ir a la fiesta. Salió del servicio tras darse una ducha y cambiarse de ropa.

Un traje de noche blanco, regalo de Anita, contrastaba con su tez morena del sol caribeño, resaltando su figura. Al abrir la puerta del aseo se encontró cara a cara con el “gringo” acompañado por tres gorilas. Las piernas le comenzaron a temblar, Iban borrachos y la expresión de sus rostros no invitaba a tranquilizarse. Con naturalidad saludó.

- Buenas noches. Ya veo que ha regresado. He cerrado el establecimiento a la hora que me indicó y ahora me iba a distraerme un poco con los amigos.

El “gringo” sonreía y los gorilas le acompañaban, Negrita bajó la cabeza y se dirigió con firmeza a la puerta.

Pero la mano ruda y áspera del “gringo” le retuvo haciéndole daño en su antebrazo, de donde le había asido con fuerza. Tirando de ella se la pegó al cuerpo. El aliento cargado de alcohol impactó en sus pupilas olfativas. Las lágrimas comenzaban a deslizarse por esa cara angelical mientras la leve pintura con que se maquilló los ojos acompañaba a las primeras gotas. Su cuerpo comenzó a temblar cuando aquel salvaje puso en funcionamiento sus cuerdas vocales rompiendo el silencio.

- Puta negra. Los únicos amigos que tienes aquí somos nosotros y te aseguro que nos montaremos una fiesta entre todos.

El pavor se adueño de aquella criatura. Suplicó que le dejaran marchar, luego haría lo que le pidieran. Insistía, suplicaba llorando. Debía acudir a su cita pero el “gringo” le hizo callar de un bofetón, al tiempo que volvía a pronunciarse.

- Ramera de míerda, me han contado que has acampado a tus anchas estas semanas. Contentando al viejo español, por unos trapos. Pero esta noche sabrás lo que es un hombre.

El alcohol le creaba serias dificultades para mantenerse en pie. En uno de sus balanceos se agarró al vestido por el escote y de un tirón lo rasgó, dejando al descubierto la parte superior de una diminuta y transparente ropa interior. Su llanto acompañaba a las suplicas. Pero de nuevo un bofetón enmudeció el local. A estirones consiguió deshacerse del traje de noche, provocando grandes roces en aquel juvenil y tierno cuerpo. Ahora solo la ropa interior cubría aquel sensual cuerpo.

Sus firmes senos brotaban por la parte superior del sujetador. Y la pieza inferior, un tanga, mostraban al viento unos tersos y redondeados glúteos. Aquellos salvajes se desprendieron de los pantalones y del slip, jugando con su miembro, mientras contemplaban al “gringo” deshacerse de las dos piezas que cubrían el cuerpo de aquel ángel, con otros estirones.

- Vosotros detrás de mí y con preservativo. Hoy voy a hacerle a esta negra un hijo y espero que sea otra puta negra para tirármela dentro de unos años como hizo don Julián con su madre y esta zorra.

Le obligó a recostarse en la mesa con sendos bofetones y comenzó a violarla.

- Le he dejado toda la mano marcada. A ver quien es capaz de dibujarla mejor en este hermoso culo.

No tardaron aquellos animales en aceptar la apuesta y uno tras otro fueron descargando sus palmas sobre Negrita. Un leve gemido, cada vez que una mano impactaba, pero no lloraba el dolor superaba cualquier posibilidad de emplear fuerzas para ello. Aquella carne tersa, de seda iba poniéndose en carne viva y sangraba considerablemente. Aquellos salvajes aun tuvieron la valentía de atizarle unas cuantas patadas sobre lo primero que pillaron de aquel cuerpo que yacía en el suelo.

Entre risas y trago abandonaron el local desentendiéndose del cuerpo inerte de Negrita.

En la cala la fiesta proseguía. El alcohol comenzaba a hacer efecto en algunos de los invitados y cuerpos desnudos se introducían en el Caribe para despejarse un poco y regresar de nuevo al bullicio. Gonzalo bailó con su hija, con Marta, con Ángela, con Mamá Cahuita, con sus tres pequeñas y con infinidad de mujeres que deseaban mover su cuerpo junto al personaje. Su diosito del Caribe.

Estaba destrozado y así se lo hizo saber a sus familiares quienes le rescataron y pudo por fin sentarse a conversar, pero sobre todo a descansar.

- ¡Negro! ¿Negrita no iba a venir a estas horas?

Preguntó a su amigo. Éste lo afirmó pero al mismo tiempo expresó que al ser temporada alta sin duda tendría bastante para recoger y que por lo menos en un par de horas no se dejaría ver por allí. Asintió, como reconociendo que su amigo tenía razón. Se olvidó de Negrita y comentó a sus hijos que no iría a San José a la invitación del presidente. Sabían perfectamente que esos actos sociales los detestaba. Ahora liberado del banco, de las obligaciones que comportaba su cargo, lo menos apetecible era una velada de ese tipo.

La comprensión por parte de su pequeña, como de su yerno, fue total optando por despedirse allí en Puerto Viejo antes de emprender viaje hacia la capital del país.

El ministro del interior, en confabulación con Gilberto, planificó el transporte y alojamiento de sus invitados. Coches oficiales les recogerían de Puerto Viejo y los trasladarían hasta el aeropuerto de Limón y de ahí en el reactor del presidente a la capital. Tenían reservada habitaciones, para permanecer la noche posterior a la fiesta, en el mejor hotel de San José.

Del aeropuerto de Alajuela los conducirían al hotel para asearse, cambiarse de ropa y acudir a la fiesta en su honor. Al día siguiente los coches oficiales les conducirían de nuevo al aeropuerto para emprender el viaje de regreso.

La fiesta proseguía en la cala, los ritmos caribeños se combinaban con los ritmos de varios países y especialmente los jóvenes fueron los menos reticentes a la hora de compartir bailes, música y conversación con los extranjeros presentes.

Anita andaba algo mareada, se había pasado un poco con el alcohol y suplicó a su esposo dar un paseo por la playa para despejarse un poco. Abrazados caminaban por el linde de la playa conversando sobre lo vivido aquella noche. Compartiendo su asombro por la gran cantidad de personas que adoraban a su padre.

jueves, 8 de septiembre de 2011

NEGRITA PURA VIDA CAPITULO 12 LA BAÑERA

- CAPITULO - XII -

- LA BAÑERA -

Ese día se acercaron al parque nacional de Cahuita. Las maravillas contadas por Gonzalo sobre la belleza de sus playas y la posibilidad de practicar el buceo e incluso en una de sus calas con un poco de suerte conseguir alguna que otra langosta les empujó a visitarlo en primer lugar. A primeras horas estaban en la zona sur del parque buceando. Los hombres, entre sus rocas, intentando buscar alguna langosta para cenar esa noche. Ellas extendieron sus toallas en una de sus interminables playas disfrutando de un día de sol y baño en el Caribe.

En los primeros momentos del día Ana y sus compañeras se divirtieron de lo lindo con un grupo de monos que lejos de temer a las personas bajaban hasta la playa con la intención de conseguir comida de los turistas. Hacían todo tipo de monadas para llamar su atención. Corría uno detrás del otro subiendo y bajando de las palmeras. Ángela les advirtió que estuvieran atentas a sus bolsos, pues en ocasiones esos truhanes se los arrebataban a los turistas para revisar su contenido en busca de alimento. Pero lo gracioso estaba en la estrategia empleada, para conseguir su objetivo Y subir a toda velocidad al primer árbol o palmera cercana.

Una vez comprobaban su seguridad se dedicaban a vaciarlo por completo, en busca de llevarse algo a la boca.

Requisado el bolso y localizado lo que les interesaba, lanzaban al vacío cualquier objeto que no contuviera calorías. Finalizando su fechoría deshaciéndose del cuerpo del delito. Tras relatar la maniobra empleada por aquellos simios, Ángela, vació una bolsa para colocar en su interior una toalla, un par de támpax y dos barritas de cereales que solía llevar por si le apetecía comer algo.

Depositó la bolsa a unos dos metros de donde estaban tomando el sol y esperaron pacientemente. De inmediato se inició los tanteos de los simios alrededor del grupo. Ángela los había observado en numerosas ocasiones y advirtió la maniobra que ya había comprobado con anterioridad.

- Fijaros en esos tres. Son el cebo para que les observéis. Ahora comenzarán con las monerías, lejos de la bolsa a este lado. Estar atentas, pero hacerlo con disimulo, y observar el lado opuesto, allí, sobre la palmera. Mirad al granuja que se esconde entre las palmas. Cuando estemos contemplando las monerías de sus colegas bajará como un rayo y se apoderará de la bolsa.

Nada mas iniciar su ascensión al primer árbol o palmera sus compinches dejaran su actuación para acudir prestos junto a su compañero, y compartir el botín.

No llegó a transcurrir mas de cinco minutos desde que iniciaron el plan cuando todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Ana y Marta quedaron pasmadas ante la astucia de aquellos animalitos.

Que como había asegurado Ángela una vez capturada la bolsa los otros tres se reunieron con el ladrón y comenzaron a desvalijarla hasta dar con las barritas de cereales y zampárselas. Mientras la bolsa, la toalla y los tampax caían esparcidos en las proximidades de la palmera. Buscaron un local para comer en Puerto Cahuita. En concreto, el restaurante que regentaba como socia de Gonzalo Mamá Cahuita. Al escuchar quien era la propietaria del establecimiento Anita recordó la conversación y la historia relatada por Negrita la noche anterior en la cala donde estaba ubicada la cabaña de papá.

Se interesó por las niñas que junto a su madre salieron a saludar al Viejito y su familia. Comieron como pocas veces se consigue comer.

Aquellas mujeres se esmeraron en cocinar para aquellas personas con todo el cariño e interés del mundo. Ana se estremeció al percibir sus miradas, todavía temerosas. Sin duda lo vivido por esas criaturas era imposible borrarlo de la mente en toda su existencia. Llegó hasta derramar unas lágrimas por aquellas personas y su suave cutis se transformó en piel de gallina al recordar el relato de Negrita.

- ¿Te sucede algo? ¿Tesoro?

La voz preocupada de su esposo consiguió recuperar su piel y regresar al lugar y al momento. Le tranquilizó depositando sus labios en los de él y a continuación, al oído le aseguró que cuando tuviera un momento se lo explicaría. Pero que no se preocupase se encontraba perfectamente. Estaban en la sobremesa, Mamá Cahuita se sentó con ellos a platicar y disfrutar de la compañía del Viejito, cuando Anita vio a las niñas jugando en la playa. No pudo resistir la tentación y bajó para conversar con ellas. Su belleza, aunque no tan destacada como la de Negrita, era evidente.

Al acercarse la pequeña fue la más receptiva, mostrando la mayor algo más de distanciamiento hacia la extranjera.

Sabían que era hija del Viejito, como se le conocía en todo Puerto Viejo, pero a pesar de ello, no sintió la cercanía que experimentaba con otros personajes conocidos o amigos de su papuchi. No permaneció mucho tiempo con ellas pero se alegró de conversar un rato, especialmente con la pequeña.

Regresaron al parque pues deseaban finalizar la visita. A media tarde, cuando el cielo perdía la luminosidad solar y se adornaba con mil tonalidades en sus nubes, en sus aguas y en el horizonte, Alberto propuso acercarse a Limón para asistir a un musical típico del país.

Cenar en la población para una vez concluido el espectáculo recogerse en sus cabañas y descansar. Tras aquella primera jornada completa en Puerto Viejo y sus alrededores. Gonzalo no les acompañó. Optó por regresar a la cabaña y descansar.

Negrita aguardaba en el porche la llegada del grupo pero al ver entrar el coche con su Viejito solo y al volante reaccionó con prontitud. Se le ocurrió la idea de ofrecerle el espectáculo que le contó El Negro. Conectó la cadena musical del salón y puso la canción de Delgadillo. La bañera. A continuación, entró en el servicio contiguo al salón, se desnudó por completo y entró en la ducha dejando la puerta completamente abierta.

Al escuchar la melodía. Un calor creciente fue recubriendo su piel, provocando unos escalofríos placenteros, que le pusieron la piel de gallina. Pero al mirar hacia el cuarto de aseo y comprobar como los vapores del agua caliente envolvían el cuerpo desnudo de una mujer se quedó paralizado. De nuevo la magia de Puerto Viejo le envolvió convencido que era Ana. Se sentó en el sillón y contempló aquel fresco cuerpo acariciado por los vapores de agua mientras sus manos con el jabón recorrían su contorno con lentitud, con sensualidad. De nuevo su miembro condenado al paro se alteró.

La última vez, que recordaba ese mismo accidente, sucedió en Quepos recordando a su mujer al escuchar la canción. Pero la presencia de ella era real. Realizó dos o tres tomas de aire consecutivas para conseguir paliar la falta de oxigeno provocada por la demanda de su organismo ante la alteración de sus constantes vitales. La respiración aumentó considerablemente su ritmo acompañando al del corazón. La figura, a través del cristal de la bañera, permanecía de espaldas mientras su tronco flexionado iba enjabonando sus piernas sus muslos, su vientre y sus glúteos.

Su mirada permanecía fija en esas caderas perfectas que se contorneaban de un lado a otro dependiendo de la parte del cuerpo a enjabonar. El agua caía sobre aquel escultural cuerpo resbalando y acariciándolo desde la cabeza hasta los pies. Ahora adoptó una posición lateral. Uno de sus pechos, terso, firme, redondo, sensual se dibujaba a la perfección al rozar contra el cristal. Mientras sus manos proseguían con el tronco flexionado enjabonándose los pies. Llegó a percibir el pezón de aquel pecho perfecto, grande, capaz de saciar cualquier tipo de sed. La melodía llegaba a su fin y aquel cuerpo proseguía con su inmejorable armonía de movimientos enloqueciendo al Viejito.

La música finalizó. Automáticamente se levantó del sillón una fuerza desconocida le impulsaba a ir hacia la bañera y entrar, pero al mismo tiempo otra no menos fuerte intentaba impedir la maniobra. Al retirar la hoja de la mampara de cristal volvió a la realidad. Era Negrita, sonriente abriendo los brazos suplicando ser abrazada, ser querida, ser amada. Gonzalo reaccionó con calma. Se giró. Tomó su albornoz que prendía de una percha en la pared opuesta a la bañera, cubrió el cuerpo de aquella criatura, para abandonar el aseo cerrando la puerta tras de sí mientras comentaba.

- Ese negro cabrón, no sabe callarse nada.

Mientras Negrita trataba de colocarse el albornoz intentó detenerlo. Salió inmediatamente detrás de su Viejito, alcanzándolo antes de abandonar la cabaña y tomándole del brazo le suplicó.

- Mi Viejito, espere un momento desearía platicar con usted.

Y si hay un culpable. Esa soy yo.

Se abrazó a su espalda para iniciar un llanto desconsolador. Lo ultimo que pretendía en esta vida era hacer algo que disgustara a su Viejito y mientras el llanto ahogaba sus palabras suplicando perdón, Gonzalo, con la sonrisa dibujada en el rostro, se giró, abrazó aquel tierno cuerpecito mientras sus manos acariciaban sus cabellos y trataba de consolarla.

- Mi Negrita no estoy enfadado con usted. Se que lo ha hecho con toda su buena intención deseosa de complacerme, pero ya le comenté que nuestra deuda con su pueblo es de siglos y por mucho que pudiera hacer jamás compensaremos el daño causado. No me debéis nada, es mas somos nosotros los que estamos en continua deuda. Solo estoy algo enojado con El Negro Langostero. Es un charlatán.

La ternura, el cariño, la comprensión pero sobre todo sentir sus brazos abarcándole y acariciando sus cabellos, sus mejillas. Mientras sus dedos enjugaban sus lágrimas, logró el milagro de sofocar su llanto, su pena por suponer que había disgustado a su Viejito.

Se separó de él y enjugando con sus puños las últimas lágrimas le miró a los ojos.

Gonzalo tomaba las solapas del albornoz para cubrir esos pechos que habían quedado al descubierto ofreciendo todo el encanto y sensualidad de esa parte perfecta de su cuerpo. Cruzó ambas solapas para tomar a continuación el cinturón que colgaba de las cintas de sujeción. Luego posó sus labios en su frente y comentó.

- Mi Negrita venga al sofá. Ya ve que no estoy enfadado con usted.

-Soy todo oídos para escuchar su plática.

Escuchar a su Viejito hablando con serenidad, con dulzura, con un cariño paternal, serenó su espíritu.

Su corazón dejó de oprimirle y esa sonrisa que lo enloquecía fue recobrada por su rostro para mirarlo con toda su ternura, su cariño y amor. Estaba acostumbrada a las brusquedades, malos modos y abusos del “gringo”, y ahora contrastaba con aquel ángel. Lo primero que le expuso fue que disculpara al Negro. Ella había sido quien le pidió que le confesara algo que complaciera a su Viejito. Y El Negro le contó el incidente en Quepos y la posterior explicación. Deseaba agradarle. Estaba dispuesta a todo por su Viejito, y pensó que seria una representación de su agrado.

Gonzalo tomó sus manos con la ternura de siempre, aclarando que con contemplarla todas las mañanas en el desayuno diario y observar el cariño puesto en su preparación, le compensaba de sobra.

- Además, mi Negrita, Voy a confesarle un secreto.

Se levantó del sofá, Soltó las manos de Negrita que se entrelazaba a las suyas y fue directo a la cadena musical. Buscó un compact y seleccionó una canción. “Tu eres la música que tengo que cantar” de Pablo Milanes. La pieza musical comenzó a sonar justo cuando él retornó a su lado y sus manos volvieron a entrelazarse. Dejaron caer las cabezas sobre el respaldo del sofá y ante la advertencia de su Viejito escuchó atentamente la letra de la melodía. Que rezaba así.

Sé que hace tiempo te buscaba el nombre

Y así despacio sin hacerme daño
Fuiste una luz iluminando a un hombre
Que anduvo a oscuras todos estos años
Qué buscarás en mí que ya no tengas
Y no me hablen de paz ni de cordura
Porque mi paz y toda mi experiencia

Me laceran de muerte tu figura
Por eso yo, quiero llenarte de color tu intimidad
Pintar de risa tu impresión de soledad
Irte cantando por el mar y la ciudad
Tú te pareces tanto a la felicidad

Que en ese ritmo tan difícil de lograr. En los matices que no hay que retocar. En la belleza del arte más natural. Tú eres la música que tengo que cantar. Lo que yo siento quisiera decirlo. Un día de julio en medio de la plaza. Para oír tú nombre por los altavoces. Sentirlo rebotar de casa en casa.
Y aquí me tienes tarareando un sueño. Cazando estrellas por la madrugada. Pupila alerta, guardando un momento. Para irme a refugiarme en tu mirada

Por eso yo, quiero llenarte de color tu intimidad. Pintar de risa tu impresión de soledad. Irte cantando por el mar la ciudad
Tú te pareces tanto a la felicidad
Que en ese ritmo tan difícil de lograr. En los matices que no hay que retocar. En la belleza del arte más natural. Tú eres la música que tengo que cantar.

- Siempre que le tengo lejos o no puede verle ese día, me pongo esta melodía y pienso en usted. Mi Negrita. Como puede comprobar le llevo en mis pensamientos. Desligó su mano de la de él y se abrazó a su cuello. Iba a besarlo, pero de nuevo se encontró con el freno de su Viejito.

- Mi Negrita, mi amor, mi cariño. Mi afecto por usted es el mismo que siento por mi hijita. No debe confundirlo mi niña.

De nuevo intercambiaron opiniones pero estaba claro que Gonzalo era consciente que una relación de esas características era imposible. Una vez aclaradas las cosas y puestas cada una en su sitio.

Gonzalo le expresó que él también se informó sobre ella y estaba orgulloso por lo mucho que había hecho por su gente especialmente por las mujeres.

Tuvo la intención de iniciar un dialogo sobre “el gringo” pero al creer que estaba enamorada de aquel hombre prefirió no complicar la cosa y se mantuvo al margen de comentar nada sobre el personaje.

Le acompañó hasta la casa del “gringo” y luego regresó por la playa. Podía haber optado por la carretera pero era más bonito, especialmente por la noche hacerlo por la orilla de Caribe. Estaba profundamente emocionado con la acción de esa noche de Negrita.

Consiguió erizarle todos los pelos de su cuerpo y alguna cosita más que llevaba tiempo dormida. Pero desde luego el espectáculo fue inigualable. Convencido que su familia no dispuso de una actuación de tanta belleza, pero especialmente de armonía en su desarrollo. Algo extraño envolvía su ser, agradable, dulce, esa sensación que percibía siempre que se acercaba su esposa. Cada día estaba más convencido que su espíritu rondaba por Puerto Viejo, acompañándolo, para elevar su moral, y aquellos espejismos eran reales.

Desapareciendo cuando ella lo deseaba.

¡ANA TE QUIERO!

Chilló con todas sus fuerzas dirigiendo su voz hacia la bahía. Seguro que le escuchaba y se sonreía de verle feliz y completamente enamorado de ella.

Se fue directo a la cama y a los pocos segundos quedó completamente dormido. Le despertó el murmullo de la conversación de sus familiares tomándose una copa en el salón. Bajó, saludó al grupo y preguntó si se habían divertido, Luego besó a su hija y regresó a la cama. Poco a poco el murmullo desapareció al irse retirando el personal a sus camas y descansar tras aquel ajetreado pero encantador día.

No pudo recobrar el sueño y con su MP3 abandonó la cabaña para ir a la playa y tumbarse en su hamaca.

Escuchó la bañera y las lágrimas brotaron con facilidad. A continuación seleccionó una melodía de Luís Miguel Del amargue. “Siempre que tu pasas por mi lado”. Una amplia sonrisa sustituyó a las lágrimas que aun juguetonas resbalaban por sus mejillas.

La suavidad de sus manos, retiraron los auriculares y permitió captar la armonía de su voz.

- Mi Viejito. ¿Me hace campito?

Despegó sus ojos que permanecían cerrados para concentrarse en la letra de las canciones y de inmediato le hizo sitio.

Se recostó de lado a él y reposó su mejilla derecha sobre su pectoral. Elevó en dos ocasiones la cabeza para mirar y sonreír. Automáticamente los labios de Gonzalo se posaban en su frente. Le colocó un auricular en el oído libre y él se enchufó al otro. El silencio de esa noche cálida, luminosa no se rompió por ninguna otra palabra humana. Ninguno de los dos recuerda quien se durmió primero pero los rayos del sol emergiendo del Caribe los despertó. Se levantaron y tras el beso en la mejilla cada uno se fue a casa para darse una ducha y comenzar la jornada.