domingo, 8 de junio de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN - SEGUNDA PARTE - ANDREA - CAPÍTULO XIX -NUEVO INCIDENTE DE LA MADRE DE ANDREA

CAPITULO XIX NUEVO INCIDENTE DE LA MADRE DE ANDREA


   Julián concentró sus esfuerzos en su alumnado de segundo de bachiller. Les quedaba un mes escaso. Ciertamente disponía de tiempo libre, pero tampoco eso le ayudó a decidirse cual iba a ser su modo de vivir a partir de la nueva situación. Sus principios permanecían intactos, pero no se encontraba a gusto, ni laboral, social prácticamente no tenía, política, pensaba que solo servía para dividir a la gente. Antes de su primer viaje a Costa Rica tenía muy claro su modo de vida, pero a raíz de ese primer viaje le inquietaba profundamente muchas cosas. Era cierto que no estaba de acuerdo con la sociedad que se había creado en los últimos tiempos. Muy pasiva, muy conformista pero sobre todo muy acomodada. A los jóvenes siempre les comentaba lo que le suponía a él un fracaso. Hablando con ellos le aseguró que en sus años de docencia había pasado por una juventud luchadora, a una crítica, para convertirse más adelante en una de protesta, y en los últimos años la quejica dominaba. La sociedad, el mundo laboral, los políticos, los medios de información, las perspectivas laborales eran muy negras Instaurándose en un acomodó de la juventud consecuencia de un proteccionismo atroz de los padres. Convirtiendo a esa generación a quejarse, aportando muy pocas ideas, renunciando a la  lucha contra las injusticias. En pocas palabras se dejaban llevar. Papá y mamá andaban detrás para solventar cualquier situación comprometida. Adoraba a los jóvenes y era enormemente comprensivo con ellos. Le preocupaba ese cierto conformismo y esa falta de lucha por reclamar simplemente el derecho al trabajo, a una vivienda digna pero sobre todo posible. La vida se había montado de tal forma que el noventa por ciento de la población vivía por y para el trabajo. Se habían endeudado hasta tal punto que precisaba trabajar para poder mantener su casa. Cuantas noches se quedaba últimamente analizando la situación. Tal vez el mundo quería ese modo de vida y solo era él y cuatro chalados los que no estaban conformes con ello. En una sociedad de información casi infinita uno se encontraba más desinformado que nunca. Tal vez era precisamente esa la intención del poder que controlaba el mundo en el que vivía. El económico. Donde todos podrían acomodarse a la noticia que se daba dependiendo de sus intereses y tendencias. ¿Dónde estaba la libertad? ¿Dónde estaba la democracia? No entendía o tal vez el equivocado era él. En sus meditaciones nocturnas llegó a recordar que siempre le había hecho gracia dar clases en Infantil. Era verdaderamente donde un buen maestro podía extraer lo mejor de esas esponjas. También se le vino a la cabeza que precisamente a esas edades era donde muchas tendencias aprovechaban para llevarse a la gente a su modo de vivir, de sentir, de lograr unos intereses muy concretos.

   Estaba leyendo viejas anotaciones que conservaba y se detuvo en una en concreto. Era referente a su profesor en el instituto nacional de educación física de Madrid. Pero además era el director y fundador del instituto y su alma espiritual. No hacía ni diez minutos que había leído sobre la edad de oro del deporte español y ni corto ni perezoso se puso a escribir un artículo sobre aquel maestro. Artífice en un alto porcentaje del éxito que se estaba teniendo en el campo deportivo español. Conectó su ordenador y de inmediato se puso a escribir para enviarlo a continuación a la redacción del periódico donde colaboraba semanalmente. Deseaba realizar un homenaje a su maestro y el texto que envió rezaba en los siguientes términos.

 

                                       UN FILÓSOFO DEL DEPORTE

 

   Se habla, se escribe, se escucha mucho sobre “la era de oro del deporte español”. Es cierto que estamos en un momento deportivo que de confirmarse en la olimpiada sellaría con certificado de garantía dicha afirmación.

   Pero en todos esos comentarios escuchados, o leídos, al menos yo, no he encontrado una referencia hacia un personaje que sin la menor duda tiene gran parte de la culpa en el avance en la educación física y por tanto en el deporte español. Dado un paso de siglos. Y no exagero con esta última afirmación. Me refiero al padre del deporte moderno español. Don José María Cajigal. Fallecido en diciembre del 83 en el accidente aéreo de Barajas. 

  Por los años 60-70 se gestó lo que sería el INEF de Madrid. La futura facultad de las ciencias del deporte y la educación física. Desde esa genial idea se fueron construyendo nuevas facultades, con aprendices de ese increíble Maestro (con mayúsculas). Gente joven con una formación que andaba unas tres décadas por delante de su época, no solo de España incluso de Europa. Jóvenes generaciones que fueron saliendo de las distintas facultades del deporte y la educación física impregnados por la filosofía de este gran FILÓSOFO DEL DEPORTE.

  Luego no voy a dudarlo el acierto de las autoridades deportivas en armonía con las empresas. Ojala algún ministro de educación tuviera una idea similar para por una vez y por todas se pudiera avanzar en el campo de la Educación en este país. Al crear el plan ADO.

  Pero no sería de recibo no reconocer la labor de ese pensador.

 

            GRACIAS JOSÉ MARIA CAGIGAL

 

                                                    DONOSTI 20 ABRIL 2008

 

   Se alegró de haberlo escrito. Desde que finalizó sus estudios, cerca de los cuarenta años, no le había dedicado un artículo a una persona que apreciaba profundamente. Aunque era reconocido mundialmente en España no se le dio el verdadero valor y la influencia tan enorme que tuvo para el desarrollo de la actividad física y deportiva en el país.

   Continuó leyendo aquellas anotaciones y disfrutó de la velada recordando anécdotas, situaciones vividas, personajes, ciudades y en fin todos los recuerdos que aquellas hojas de papel mostraban al lector. Iba a guardar la libreta cuando la puerta de casa requiriendo ser atendida le sorprendió. Dejó la libreta sobre la mesa del despacho y fue a atender la puerta. La cara, desfigurada, ensangrentada, y las ropas medio destrozadas le impidieron reconocer a la persona. Pero luego cayó en la cuenta que se trataba de la madre de Andrea. Le cogió en brazos pues se desplomó e inmediatamente, con ella entró en el garaje la acomodó lo mejor posible en el coche y puso a toda velocidad camino de urgencias en un hospital cercano. Los servicios del hospital sacaron rápidamente una camilla y una vez acoplada la accidentada entraron en la consulta de guardia. Julián trató de entrar con ella para preguntar por Andrea, pero al confirmar que no era un familiar se lo impidieron. No se lo pensó dos veces. Salió a por su coche y a toda velocidad se encaminó a casa de la joven. Al escuchar quejidos, chillidos y lloros, eran de Andrea, al tiempo que avisaba a la Ertzaintza, entraba en la casa forzando la puerta de la cocina. Subió al primer piso donde tenía su habitación y de una patada la tiró abajo. Aquel salvaje permanecía desnudo sobre aquella criatura, propinándole una paliza y tratando de quitarle la ropa. Se giró al percibir el ruido  pero no le dio tiempo. En su rostro impactó un golpe con ambas manos entrelazadas. Al ver a su maestro se lanzó a sus brazos para buscar desesperadamente protección en aquel amigo. Circunstancia que aprovechó el compañero sentimental de su madre que se recobró del golpe. Tomó una silla para impactar contra la espalda del intruso. Pero Julián reaccionó  ante la expresión de la chiquilla que le vio venir de cara y puso en tensión toda su musculatura, amortiguando en parte el golpe. Cuando intentaba de nuevo abalanzarse sobre él dos representantes de la ley lo retenían y otros se hacían cargo de Julián. Una mujer fue quien se ocupó de atender a la joven. Tomaron declaración a los presentes y tras las primeras pesquisas un coche patrulla se llevó a Julián y a Andrea al hospital para reunirse con la madre de la adolescente, mientras que otro se desplazaba con el otro personaje de la escena hacía la comisaría. Permitieron a Andrea, en compañía de una mujer de la Ertzaintza entrar a ver a la paciente, que limpia, desinfectada y aplicándole bolsas de hielo, se recuperaba. Al ver a su hija comenzó a llorar para no parar de preguntar.

 

   - ¿Te ha hecho algo, cariño?  ¿Te ha hecho algo ese salvaje?

 

  Lloraba abrazada a su madre, mientras le reconfortaba en sus brazos. Julián y luego las fuerzas del orden llegaron a tiempo evitando que aquel degenerado abusara de ella. Al enterarse que esperaba fuera, rogó poder verle. No le pusieron pegas pero primero la Ertzaintza deseaba interrogarle antes del encuentro con aquel conocido. 

   La conversación entre la madre, Andrea y Julián fue breve, solo cruzaron dos palabras pero con los gestos y el lenguaje corporal se dijeron todo.

   La adolescente se quedó junto a su madre y Julián se trasladó a la comisaría con la autoridad que le acompañaba y tras la declaración pudo regresar a casa y descansar.

   Cuando se enteró que a la semana del incidente la madre de Andrea había retirado la denuncia contra su pareja sentimental se quedó perplejo. No entendía nada. Es posible que alguien muy dependiente pudiera disculpar una acción contra su persona, por estar bebido, pero ya era la tercera vez que le agredía y por si fuera poco lo intentaba con su hija. Una menor. Intentó convencer a la mujer que se equivocaba pues así se lo había pedido Andrea. No solo no consiguió su propósito, reaccionando de una manera paranoica le mandó abandonar su casa y posteriormente recibió amenazas de la pareja sentimental. Las bravuras de aquel degenerado le preocupaban muy poco, pero si temía por Andrea.   

   En la primera oportunidad mantuvo una seria conversación con el padre de Andrea. De la charla con aquel maestro salió enfurecido y fue directo a pedir cuentas a la pareja. Su socio reaccionó mal iniciando una pelea que termino con ambos en la comisaría. Las oportunas declaraciones concluyó en una simple disputa. Pero el padre de Andrea comenzó a moverse para lograr la custodia de su hija.

   Las maniobras de su ex marido le enfureció de tal forma que comenzó a trazar un plan maquiavélico.

   Era una desequilibrada, tan pronto se arrepentía de una cosa como se lanzaba como una loca contra quien fuera y por lo que fuera.

   A pesar que Julián le invitó a estar con él cuando quisiera o cuando lo necesitara, solo se vio y conversó en el centro educativo, antes de iniciar las clases pues luego se desplazaba a Victoria. Escuchó las conversaciones de su madre con aquel degenerado y tenía ciertas sospechas de sus intenciones. Habían logrado, solo Dios sabe como lo consiguió, información sobre la problemática que tuvo Julián en su juventud con aquella nadadora. Y era consciente que su madre le seguía al lograr una orden judicial para controlar el móvil de la adolescente y el teléfono de casa. Consciente de ello cuando deseaba contactar con Julián le pedía el  móvil a una compañera, para evitar que su madre pudiera alegar esas llamadas. Ambos enfermos tramaban involucrar a Julián con un abuso de menor. Mientras que por el otro lado intentaban dejar a su ex en la ruina.

   Cuando una mañana Andrea le relató a Julián las sospechas sobre su madre y aquel demente, no podía dar crédito a que existiera en el mundo gente tan retorcida. Pero tratando de tranquilizar a la adolescente restaba importancia y le rogaba que se pusiera siempre y cuando quisiera en contacto con él, nadie en este mundo le iba a amedrentar o impedir comportarse tal y como era. Un luchador nato. Y para convencerle le recordó que si la banda terrorista no había conseguido atemorizarlo mucho menos esos dos pendejos, aunque uno de ellos fuera su madre. Pero Andrea añadió

 

   - Ella la primera.

 

   La adolescente conseguía tranquilizarse un poco, la serenidad, el talante, la calidad humana de aquel personaje le hacía sentirse segura, protegida, pero sobre todo enamorada. Dijera lo que dijera aquel personaje, aunque fuera la más absurda tontería, para ella era la Biblia. Muchas veces, siguiendo los consejos de su maestro, también solía meditar lo sucedido durante el día. Así como las inquietudes que rondaban por su cabeza. No comprendía muy bien como una jovencita se podía enamorar de una persona mayor. Pero aquel hombre era algo increíble ni siquiera su abuelo que lo adoraba superaba esa atracción. Julián siempre había estado en su papel de profesor, bueno de maestro como le gustaba que lo llamaran. Jamás detectó una mirada, gesto o pensamiento extraño y eso que era una gran lectora del lenguaje corporal. Era directo, sincero y aunque en ocasiones para no causar daño adornaba sus palabras. Lo cierto era que lo que tenía que decir no lo callaba. Siempre con sus alumnos les aconsejaba ser así. Con seguridad que en la sociedad que les tocaba vivir tendrían más de un problema, pero nadie les podría acusar de falta de sinceridad. Era de los que respetaba todas las opiniones, aunque las rebatiera, siempre al final dejaba claro que seguramente él tampoco tendría razón, pero era su verdad, en la que creía y si estaba seguro luchaba con la palabra y el raciocinio hasta el final para defenderlo.

   Pero a pesar de los pesares, aunque a él no le importara nada, a ella si le preocupaba que alguien pudiera hacer daño a una persona como él. Cuidando al máximo las llamadas y los encuentros con su maestro.

   Los alumnos de segundo de bachiller le pedían con insistencia que les acompañara al viaje de fin del bachillerato, pero no era partidario de esos viajes, pues eran organizados por los alumnos y su destino Ibiza no inspiraba nada bueno. Si todos los que realizaban el viaje hubieran sido mayores de edad no le habría importado pero había un buen numero que no tenían la edad y en grupos era altamente problemáticos ese tipo de viaje. Sintiéndolo les confirmó su no asistencia y les dijo claramente y sin tapujos los motivos. Gran parte del grupo entendió a su profesor sabían a lo que iban y la responsabilidad con los menores de edad era grande. También los argumentos dados por su profesor les convencieron.

   Había sido un curso demasiado relajado. La banda seguía cada vez mas acorralada y no se había producido ningún atentado más. Por si fuera poco ese mes de junio anunciaban su cese del cobro del impuesto revolucionario a empresas y a particulares que habían estado ejerciendo hasta la fecha. La preocupación por Andrea persistía, por el contrario las amenazas de la pareja solo se acordaba por la inquietud de la joven.









domingo, 25 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVIII-LA REDUCCIÓN DE JORNADA

CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO

 

                            LA REDUCCIÓN DE JORNADA

 

 

   En el convenio que mandaba por esa época se podían acoger a una reducción horaria. Cerca de cuarenta años en la enseñanza le iban a permitir recortar su jornada. En la facultad se podía jubilar. Pues en la pública les concedían la jubilación a los sesenta, edad que hacía unos días había cumplido. Antes de irse de vacaciones comentó que tal vez siguiera en su puesto pero tras el viaje, en su primera semana en Donostia confirmó que se jubilaría después de los exámenes de septiembre. Lo había meditado profundamente y deseaba cambiar sus hábitos de vida. El rector le convenció para seguir con ellos en el gabinete de investigación. No tenía horario, ni límite de horas, ni días determinados, era completamente libre e incluso si deseaba trabajar a través de Internet. Lo único que tenía fijo era su retribución. Pero el rector sabía muy bien que aquel hombre se personaría todos los días que pudiera en la facultad, convencido que ayudaría a los diferentes equipos en sus investigaciones. Cuando se despidieron tras los acuerdos Julián sonriendo comentó:

 

     Eres un viejo zorro como me conoces.

 

   Se dejó llevar por el rector. En el fondo deseaba seguir en la facultad. Luego sus cuatro horas semanales con el alumnado de segundo de bachiller le mataba un poco el gusanillo de la conexión con el alumnado.

   Cuando Andrea se enteró que ese curso no lo tendría como profesor se llevó una gran desilusión, pero le prometió que le tendría las veinticuatro horas al día si precisaba ayuda.

   Los exámenes de Septiembre finalizaron y el nuevo horario le iba a permitir concentrarse en sí mismo y tomar la decisión más adecuada. Estaba satisfecho con el cambio laboral y por si fuera poco la tregua de E.T.A. iba consolidándose. El gobierno central había dado pasos para que el fin de la banda estuviese próximo. Aunque a él casi nunca le había inquietado, era consciente que su madre respiraría un poco, al igual que un buen grupo de alumnos y compañeros.

   En su conversación con el director pedagógico y el jefe de estudios logró que las cuatro horas se dieran a primera hora así pues de lunes a jueves a las ocho de la mañana comenzaba su clase y a las ocho cincuenta quedaba libre para poder dedicar ese tiempo a otros retos por decidir. En su privado horario se marcó asistir todos los días, excepto los viernes, a la facultad. Alquiló un pequeño adosado cercano a la universidad, donde algunas noches pernoctaba. Pero la adquirió para gozar de su soledad e independencia. Aunque el verdadero motivo fue pensando en su siesta diaria. 

    Maureen se trasladó a la cabaña para cumplir con lo pactado. Sábados y domingos solía dejarse caer por el negocio y compartía con su socio la atención del público. Se compró un carro para trasladándose todos los días de lunes a viernes a Limón. Comenzó en la escuela pública el bachillerato y los primeros resultados le colocaban en los primeros puestos de la promoción, maravillándose el profesorado con aquella joven que se defendía en la vida sin el apoyo de una familia directa. Al notificar sus calificaciones por el Skype, Julián no se sorprendió, le animó a seguir, pero especialmente que disfrutara con lo que hacía. Lo más importante, más que las calificaciones, los honores, los premios, era que se sintiera satisfecha. Él le confesó el disgusto de Andrea al enterarse que ese curso no le tendría de profesor. Dentro la dinámica de aquella conversación Maureen se confesó. Alguien de un curso superior le había tocado la fibra floja y andaba algo colada con aquel muchacho. Solían salir juntos a estudiar y no desaprovechaban los pocos momentos de ocio libre que tenían.

 

   - Sabe don Julián, en gran medida se parece a usted. Tiene una filosofía de la vida muy parecida a la suya y es de los que se entrega a los demás. No es de una familia pudiente y tiene muchos hermanos. Pero no le impide trabajar para ayudar a su madre y estudiar. Descansa poco pero va sacando el curso. Su padre hace un año que los dejó plantados y es él quien está sacando a la familia adelante.

 

   Dentro de la conversación que mantuvo con Julián, le solicitó permiso para invitar a su familia y a él a pasar unos días en la cabaña. Tenían unas semanas de vacaciones que le coincidieron con las el trabajo. Por supuesto que no puso ninguna pega, es más le aseguró que decidía de la propiedad mientras él no estuviese allí.

   Julián no perdió el tiempo. Por medio de los abuelos de Andrea se informó del joven y tras las oportunas averiguaciones quedó con el abuelo para buscar la posibilidad de montar un negocio que permitiese a esa familia desenvolverse sin problemas. Estaba dispuesto a invertir ciertas cantidades en aquel país y esa sería una buena oportunidad al tiempo que ayudaba a alguien.

 

   El anciano no se quedó parado. Indagó investigó, se informó durante dos largos y agotadores meses y por fin dio la solución a Julián. Se vendían unos hangares en el puerto de Limón a un precio razonable y próximo al puerto unas naves también a buen precio. Su hijo podría orientar en sus periodos de estancia en Costa Rica y con unas embarcaciones pequeñas aportando un poco de capital para su restauración conseguir la materia prima para el montaje de una fábrica de conservas. Algo parecido a lo de su hijo, pero en menor escala. Al fin y a la postre fue como comenzó. Mandó por transferencia bancaria la cantidad necesaria y el viejo tuvo un nuevo aliciente. Julián era un apasionado del personal con iniciativa, pero especialmente con la gente que amaba su trabajo entregándose de lleno.

   Cuando Maureen se enteró le costó pronunciar palabras en las dos horas que mantuvieron la videoconferencia por el Skype. Julián  trataba de calmarle asegurando que lo único que estaba haciendo era asegurarse su jubilación pues su intención pasaba por trasladarse a Costa Rica y vivir en la cabaña hasta que Andrea lo desalojara. Entonces se buscaría algo por allí.

  A los seis meses la empresa comenzó a funcionar. La madre de Roberto, el compañero de Maureen, era una mujer con estudios, de una preparación aceptable. Realizó cursos de empresa al tiempo que se ponía al frente de la fábrica. El abuelo en armonía con Roberto pusieron en marcha el apartado del mar. El resto de sus hijos en periodos de vacaciones y especialmente los fines de semana colaboraban con su madre. Las embarcaciones adquiridas se movían por la costa del Caribe. Aportando la materia prima, productos del mar inicialmente. Pero aquella inquieta mujer comenzó a deslumbrar otras posibilidades. Se introdujeron en el interior para alquilar y posteriormente comprar plantaciones de frutas, verduras, café y cualquier otro producto que pudieran enlatar.

  En dos ocasiones más Julián inyectó capital para maquinaria o para capitalizar la empresa, permitiéndo pagar a los empleados en esos inicios. Consciente que la empresa crecía en beneficios y estos se debían invertir en su expansión o como fondo de emergencia. El padre de Andrea facilitó la exportación de ciertos productos a España y Julián se puso en contacto con conocidos del levante y de la capital para exportar los productos que aquella empresa comenzaba a producir. Maestro y anciano se asociaron proporcionando trabajo a diferentes familias con necesidades y aunque algunas  les decepcionaron, la mayoría respondieron.

   El primer reencuentro con Julián se dio en las vacaciones de semana santa. Maureen y Roberto le esperaban en el aeropuerto de Alajuela y nada más verlo la joven se lanzó a sus brazos. Permaneció varios minutos, apretando cada vez más a ese hombre mientras sus ojos se nublaban de unas lágrimas de gratitud, de cariño, de amor, de respeto por aquel personaje. Cuando consiguió calmar sus anhelos de agradecimiento le presentó a su compañero. Aunque iba a estrechar su mano Julián se adelantó y se fundió en un fuerte abrazo con aquel joven que no sabía cómo expresar todo lo que en esos momentos sentía. En carro se desplazaron a Limón y allí se reunió con su socia, la madre de Roberto, comiendo en familia. Por la tarde la anfitriona le acompañó junto a su hijo y la joven a visitar el negocio. Quedó gratamente impresionado por la marcha de la empresa. Preguntó por los fondos de seguridad, pues últimamente estaba engordando en demasía su cuenta en Costa Rica. Pero en realidad el fondo también avanzaba al mismo ritmo. Una de las condiciones que Julián puso a su socia era precisamente que durante la época de vacas gordas se dedicara una buena cantidad a ese fondo. Para cuando llegaran las flacas poder resistir sin problemas. La capitalización para una empresa de ese tipo era imprescindible. Era algo que había aprendido de su padre y no lo había olvidado. Pero cuando aquella mujer desnudó la empresa en su presencia pudo comprobar que había sido más meticulosa en ese aspecto que lo hubiera sido él. Los sueldos siempre se mantenían con lo acordado en los contratos y solo al final de cierre del año los beneficios se repartían con unos porcentajes también delimitados. Un tanto iba a mejora de la empresa, otra al fondo de imprevistos y el último a gratificaciones a los empleados. Julián, también era un consejo de su padre, advirtió que cuando la cantidad de fondo de previsión alcanzara una cierta cuota, el equivalente a un porcentaje del valor total del negocio se invirtiera en su extensión o en reposición de maquinaria. Una empresa de ese tipo sin cargas de intereses creció de una forma espectacular y pronto se fue haciendo con casi todas las exportaciones que partían de Limón y eso era como decir del país.

   Llegar a la cabaña le supuso un gran alivio no había dejado su equipaje cuando ya estaba tumbado en esa hamaca del pórtico superior. Maureen sonrió al verlo y lo comentó con Roberto. Fueron escasamente quince minutos los que permaneció contemplando la selva, el Caribe, aquella propiedad. Por fin decidió levantarse, ir a la habitación, ordenar el equipaje e introducirse en la ducha. Salió cuando todos le esperaban en la mesa para cenar. Mostró su agradecimiento así como les confesó que ese años había sido muy gratificante, posiblemente uno de los mejores de su vida. Ver a su madre liberada de las amenazas de la banda le había hecho rejuvenecer. Saber que sus dos hijas adoptivas marchaban tan bien en los estudios era algo que le llenaba. Luego el trabajo había disminuido considerablemente y se había dedicado a escribir e investigar principalmente. Le había tocado ir más de una vez a dar conferencias por las diferentes facultades de educación física cosa que no le agradaba en demasía. Y les confesó que tenía otras tres fuera de España a su regreso. Andrea le preocupaba, le gustaría verle con algún chico, como Maureen, se le notaba radiante e increíblemente bella.

   Maureen con su respuesta volvió a preocupar al maestro.

 

   - Don Julián ella espera a sus dieciocho para amarrarlo.

 

   Temía esas palabras, sabía que Maureen siempre le recordaba que su amiga lo único que deseaba era unir su vida con aquel viejo. No le cabía en la cabeza como una joven podía enamorarse de una persona que perfectamente podía ser su abuelo.

   Cenaron en armonía y pronto Julián captó la bondad y la generosidad del joven que compartía su vida con aquella mujercita. Estaba finalizando la cena cuando se presentó el matrimonio para saludar al profesor y tomar café. Se alegraron del encuentro y en los sofás del salón los dos hombres conversaron sobre la empresa y sus auxiliares. Cuando en el transcurso de la conversación Julián le comentó que deseaba que le acompañara a Limón para hacerle participes de un paquete de acciones de la empresa se negó. Era un favor a un amigo y eso no se pagaba con dinero. Con su amistad y cercanía estaba más que pagado. Se mordió los labios se notaban los años, las lagrimas acudían con demasiada facilidad a sus lagrimales.

   Al marchar el matrimonio, Roberto y Maureen le invitaron a pasear por la cala, sabía del gusto de Julián y aunque en un principio les confesó que ellos andarían más tranquilos y libres al ir solos, Maureen sin dejar que finalizara la frase le comentó que él era parte de ambos. Y que desde luego no se cortaría si deseaban achucharse un poco. Sonriendo abandonaron la cabaña  salvando la última barrera de la selva para encontrarse con la inmensidad del Caribe. La noche se había apoderado de los colores, de los objetos, de las plantas, de los animales, del mar, de las olas, de la arena, pero había dado paso a la armonía de la noche, a sus silencios, a sus sonidos, a sus silbidos, a sus misterios, pero sobre todo a la magia que cubría aquel rincón del Caribe.

   Las vacaciones llegaban a su fin, a decir verdad el trabajo que le ocupaba era en realidad un entretenimiento. En la facultad las investigaciones que llevaban iban por buen camino. Señal inequívoca eran las invitaciones que recibía el rectorado cada vez que publicaban en la revista europea de educación física un trabajo de la universidad de Victoria. Julián solía eludir la mayoría de ellas y solo se presentaba en alguna siempre que no interrumpiera su trabajo con su alumnado de bachillerato. Pero ese próximo fin de semana tenía una invitación en Suecia con la primera ponencia el viernes y la segunda el sábado en la tarde. El decano tenía ya los billetes y el local hotelero donde le habían reservado habitación. Por tanto todas las horas libres de esa semana las dedicó a preparar su intervención en esas conferencias. Era un personaje que no le gustaban las clases magistrales, siempre decía que iba a aprender y precisaba de una participación activa de los asistentes. Por ello tras solicitar el teléfono de la universidad sueca se puso en contacto con el organizador. La conversación fue fluida y aquella señorita que le atendió se entusiasmaba conforme aquel ponente le explicaba el método y las técnicas que emplearía. Los asistentes rondaban las dos centenas. No estuvo parado, solicitó la realización de veinte equipos de diez personas. Cada mesa debía tener como material de trabajo un ordenador un proyector conectado al ordenador y una pantalla, todos ellos comunicados con el del ponente. Le aseguraron que todo lo tendría dispuesto como lo había solicitado. Fue una semana tranquila. Las clases con sus alumnos de bachiller estaban llegando a fin de curso pues a mediados de Mayo finalizaban las clases regladas, andando por las dos últimas de Abril. Por la facultad pasó todos los días pero el tiempo que dedicó fue exclusivamente para tener atada la ponencia. Contactó con un compañero para que tanto el viernes como el sábado estuviese conectado por medio de videoconferencia. Desde Victoria atendería cualquier solicitud de los equipos de trabajo del auditorio de Estocolmo. Había mucha información en los ordenadores del la facultad que se podían transmitir dependiendo del camino que fuera tomando cada equipo. Iba a ser su primera experiencia con una conexión con la facultad y pasó un buen número de horas con su compañero para explicarle cual era su idea y sus pretensiones con esa ponencia en el extranjero.

   La presencia en el aeropuerto de la organizadora permitió a Julián no andar buscando taxi. Se saludaron y en el transcurso del desplazamiento hasta el hotel le mostró su sorpresa ante el planteamiento que había propuesto. Le parecía una idea increíble y ya lo había comentado con sus superiores y compañeros. Creo que amen de los veinte equipos tendrá algunos mirones. Desean ver in situ esa nueva experiencia. Comieron juntos en el mismo recinto de la universidad, concluido el almuerzo. Faltaban más de cinco horas para la primera sesión y solicitó ir al local donde se celebraba la ponencia. Un gran salón de actos con todos los detalles solicitados se repartían en el espacio. Era un gran auditorio al que habían retirado las butacas y sustituidas el diseño del ponente. En el escenario una mesa con ordenador y una gran pantalla. Conectó todos los aparatos y comenzó a probar. Todo funcionaba a las mil maravillas. Por videoconferencia contactó con su compañero, tenía hasta el último detalle que le había solicitado su maestro. Aquella anfitriona le ayudó a la comprobación y puso a su disposición cuatro técnicos uno por cada cinco mesas para solventar cualquier imprevisto. Aquello iba a ser un éxito sin precedentes, todas las pruebas, todas las intervenciones se fueron comprobando y se asombró de la dinámica, la calidad, el contenido, y la cantidad de información que en esas cuatro horas que estaban programadas se podía distribuir. A los asistentes se les aconsejó que portaran discos duros si deseaban recopilar información para luego en casa y según los trabajos de los diferentes equipos poder ampliar y mejorar aquella experiencia.

   Llegó el momento. Las expectativas estaban en alto. Todo conectado, todos en sus sitios, todos con sus discos duros adheridos al ordenador de su mesa. 

   Inició presentando a su compañero en Victoria, se presentó él y luego haciendo uso de la cámara de cada ordenador rogó que se presentara el elegido por cada equipo para hacer de portavoz. Concluido el protocolo pasó a explicar la dinámica. Cada equipo trabajaba sobre un aspecto muy concreto del contenido de la conferencia y según su apartado podían vaciar información desde España. Conforme iban sacando conclusiones estas le llegaban a él quien las criticaba y solicitaba que el equipo realizara la contra crítica. Toda esa información regresaba a cada componente del equipo en sus discos duros. Fue una sesión increíble cuando la dirección dio por concluida la sesión no podían dar crédito a esas dos horas que habían transcurrido. Las aclaraciones, la información, la claridad de las ideas, pero especialmente la condensación de toda la información y elaboración de los equipos con sus respectivas conclusiones asombraron a todos los presentes. Los mirones, principalmente profesorado del centro, pues en un principio las dos sesiones iban dirigidas al alumnado, retuvieron a Julián más de dos horas tras finalizar la sesión para que les aclarase toda esa forma de impartir una ponencia. No tuvo inconveniente y con una claridad increíble les fue detallando los pasos y programas informáticos. Aclaraciones sobre cómo se encauzaba la investigación información según los diferentes equipos. Fue de nuevo la organizadora la que lo rescató  y juntos fueron a cenar a un restaurante céntrico. Le invitó a su casa a tomar una copa, pero alegando cansancio optó por  regresar a su hotel. Era consciente de las intenciones de aquella madura profesora del centro y no estaba por la labor.

   Al día siguiente, la ponencia tuvo que retrasarse una hora, los mirones triplicaban a los ponentes y tras conseguir un segundo salón de actos con pantalla gigante pudieron comenzar. Retransmitiendo por circuito interno toda la sesión.

  Quisieron cerrar varias ponencias por el país pero Julián les remitió a la universidad de Victoria. Era la que se encargaba de esos asuntos. Había llevado una semana muy dura con la preparación de esa ponencia y si había optado por la reducción de horario no era para llevar estrés. De vuelta a casa se prometió hablar con el rectorado y confirmar que no volvería a realizar ninguna ponencia más. El que deseara información en las memorias de las investigaciones o en las publicaciones lo podrían encontrar.

 

 

 










domingo, 18 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVII- ACUERDO ENTRE CABALLEROS

DÉCIMO SÉPTIMO: ACUERDO ENTRE CABALLEROS                                                  
        

 

 

   El padre de Andrea abandonó Costa Rica a los dos días de la llegada de Julián. El negocio no permitía demasiadas alegrías y debía estar al pie del cañón. Al día siguiente de su partida Julián se reunión con el abuelo de Andrea. La conversación se desarrollo en un entendimiento total. En un principio no tenían intención de deshacerse de la propiedad pues le había prometido a su nieta que sería su regalo de bodas. Era adoración lo que mantenía su nieta por aquella propiedad. Pero al escuchar las intenciones de Julián y proponerle éste que no realizarían el acuerdo sin el consentimiento de su nieta. La conversación prosiguió tratando de poner claras las cosas. Julián prometió que en los documentos de compra y registro pondría la condición que en el momento que Andrea contrajera matrimonio la propiedad pasaría a ella. Sería el regalo mutuo de su abuelo y de él. Por lo tanto no faltaría a la promesa hecha a su pequeña. Amén de poder utilizar la cabaña y sus alrededores sin el menor obstáculo. Él solo la utilizaría en periodos de vacaciones y con la hamaca del porche superior le sobraba. Cuando en el transcurso de la conversación relató el acuerdo al que había llegado con Maureen, su nieta adoptiva, con los ojos nublados se abrazó a aquel hombre, mostrando todo su agradecimiento. Él había intentado sin éxito auxiliar lo máximo posible a esa criatura y ese maestro en dos meses había logrado con sus técnicas, no regalaba nada, convencer aquella criatura. Sin duda la experiencia de aquel maestro captó a la perfección que solo aceptaría algo a cambio de ganárselo con su esfuerzo y trabajo. Cuando el abuelo llamó  a su nieta, deseaba la conformidad de su pequeña, para realizar la operación de venta en las condiciones acordadas. Andrea aseguró a su abuelo que si se casaba con alguien sería con ese hombre. Sonrieron ambos y con el pacto Julián deposito la cantidad estipulada por un experto en compra venta de propiedades y dejó, en manos tras firmar unos documentos, las gestiones de compra venta. Cualquier cambio mejora o mantenimiento de la propiedad lo consultaría con Andrea, pero aquella criatura iba a consentir cuanto le pidiera aquel hombre. Aquellos días de tranquilidad y sosiego en la cabaña le proporcionaron la serenidad que había anhelado desde su llegada. Las tres semanas de la selva no pudo conseguirlo a pesar de la completa libertad de la que gozaba, pero el asimilar las técnicas de supervivencia, el conocimiento de las plantas, la adquisición de habilidades para desenvolverse por aquellas situaciones completamente desconocidas para él no le dieron esa tregua de relax, de reflexión o de análisis. Estaba claro que la vida de Alan no la pensaba llevar. Pero también estaba seguro que la de Donostia tampoco. Con toda seguridad terminaría por instalarse en esas tierras. En donde la magia, el embrujo, la energía se palpaba en cada metro de selva, en cada rama  u hoja, en cada ser viviente de esa selva verde esmeralda  guardada en cada rincón, en cada riachuelo, en cada colina o montaña. En varias ocasiones se acercaron al chiringuito de Maureen a comer o a cenar y siempre era ella, con ayuda de su amiga Andrea quienes preparaban los alimentos a ingerir en esa comida o cena. También fueron una noche, como no, a Maxim en playa Manzanillo y el marisco llegó a salirles materialmente por las orejas.

   Era su penúltima noche en Costa Rica. Maureen se había tenido que trasladar a Limón pues iniciaba el curso. Y pasaría la noche en la capital del cantón en casa de una compañera pues debían resolver papeleos para conseguir becas de estudio y desplazamiento. Esa mañana muy temprano. Sobre las cinco los tres en el carro se pusieron rumbo a Limón. La lluvia hizo su aparición y no les dejó durante todo el trayecto de ida. Cuando regresaban, había parado unos minutos, volvió a reanudarse y al llegar a la cabaña el agua caía torrencialmente. Ambos estaban empapados al entrar en la cabaña y optaron por darse una ducha. Subieron a la primera planta y Andrea se introdujo en el servicio con bañera y él entró en el de ducha. Él prefería ese tipo de saneamiento pues no le gustaba la bañera. Amen que no era de los que se entretenía para la higiene personal. Iba a entrar en el saneamiento cuando escuchó a Andrea que requería su presencia con desespero. Se colocó su albornoz, al tiempo que ataba su cinta a la cintura. Entró con el correspondiente permiso y se encontró con Andrea cubriendo sus vergüenzas con las manos y arrinconada al fondo de la bañera mientras una gran tarántula se paseaba por el otro extremo. La observó, era de las que podían acarrear problemas por ello agarró el guante del horno y consiguió atraparla. Con mimo salió al pórtico y la lanzó sobre un árbol, entró a continuación y de nuevo la llamada más pausada y dulce de la adolescente, le solicitaba que comprobara que no había ningún bicho viviente por allí. Sonrió dio un vistazo y cuando pretendía marchar le retuvo. Al girarse comprobó que sus vergüenzas se mostraban en todo su esplendor. Pero la expresión de aquella criatura no le transmitía nada bueno. Prendió la toalla que se descolgaba desde la percha junto a la bañera y cubrió su cuerpo, sin darle mayor importancia, se giro para marcharse.

 

   - ¿No deseas estar con una mujer? 

 

   Julián con dulzura pero con la expresión seria le frenó contándole una anécdota.

   Era de Facundo Cabral. Una vez su abuela y abuelo escuchaban una emisora de radio donde un curandero radiofónico mostraba a su audiencia como podían curar un a un herido. Para ello les aconsejó poner la mano derecha sobre el transistor y la otra sobre la dolencia que tuvieran y se les curaría de inmediato. La abuela puso la mano en el transistor y la otra en su mal trecha rodilla. Al observar a su esposo comprobó como aquel desdichado tenía la mano en el transistor y la otra en la bragueta. Entonces ella con potente voz desanimó a su esposo diciendo.

 

   “El pibe ha dicho que va a tratar de reanimar al herido no a resucitar a los muertos”.

 

   - Pues bien Andrea soy como el abuelo de Facundo.

 

   Comenzó a sonreír ante la salida de su maestro pero cuando quiso reaccionar se había marchado y se duchaba con la puerta cerrada en el otro servicio.

   Como seguía lloviendo decidieron ponerse a preparar la comida. Los constantes cruces de miradas, de sonrisas, de intenciones de comentar el incidente, se sucedieron durante la preparación y la ingestión de aquellos alimentos. Al finalizar la comida y degustar sus correspondientes y tradicionales cafés se sentaron juntos en una de las hamacas del pórtico. El quedó a los pocos minutos completamente dormido y ella acurrucada en su regazo, como hija con su padre, deleitándose de su respiración, del latido de su corazón, de los ruidos de los jugos gástricos, de su respiración pausada y rítmica. Como adoraba a ese hombre. Comprendía y entendía perfectamente que incluso aunque deseara tener una relación con una mujer jamás lo haría con una menor. Deseaba cumplir los dieciocho para lanzarse en sus brazos y no separarse nunca más de él. Pero de pronto le llegaban las incertidumbres.

 

  ¿Y si no quiere?

 

Mil pensamientos, contradictorios o no circularon durante esa siesta por su pequeña cabecilla.  En mayo del próximo año cumplía los diecisiete.

 

   ¡Dios! Más de veinte meses.

 

  Pero si le aceptaba merecía esperar una eternidad. Luego le invadieron los miedos. Si E.T.A. se le ocurría matarlo formaría un grupo parecido a los G.A.L. para acabar con todos ellos. Andaban los miedos por su cabecita cuando se despertó. Contemplar esos ojos, esa sonrisa y ese rostro angelical le provocó otra de sus clásicas paridas para solventar situaciones que le pillaban descolocado.

 

   ¡El Señor me ha llevado al paraíso sin previo aviso, y en verdad que sus ángeles son hermosos!

 

   Esa picara sonrisa de adolescente se dibujó en su rostro. Se incorporaron y decidieron dar un paseo por la bahía. Luego se detendrían en el chiringuito de su amiga y cenarían con ella, pues les telefoneo comentado que había resuelto antes de lo previsto los tramites que le condujeron hasta Limón.

   La noche había robado las formas y los colores aquel rincón de la Naturaleza. Las tenues luces de las calles de Puerto Viejo permitían al transeúnte no tropezar con cualquier material natural o no que hubiera por el suelo. Llegaron al chiringuito justo en el momento que Maureen cerraba el establecimiento. Cambiaron de idea, al tener todo apagado para regresar a la cabaña. Antes Andrea tomó el celular y llamó a la casa para que el servicio les preparase la cena. Caminaban descalzos por la bahía cantando alguna canción caribeña, charlaban de sus cosas o simplemente el sonido les permitía captar la vida de aquel lugar. Esos  silencios en los que le permitían seguir con la práctica del lenguaje corporal le privaban. Los andares rítmicos, pausados y con una armonía fuera de lo común le dejaron un poco descolocado del momento y del lugar. Aquellas criaturas eran verdaderamente hermosas y por primera vez desde que las conoció no las miraba como a unas adolescentes, ni como esas hijas adoptivas o hijos adoptivos que veía en su alumnado. El movimiento de sus caderas al compás de las olas perdían la inocencia de unas niñas para observarlas como mujeres. De  pronto algo desde dentro le recriminó. No comprendía lo que le andaba pasando. Siempre había sido un hombre de una seguridad en sí mismo increíble. Con una moral y una ética propia de su educación. También era consciente que no creía en ese tipo de educación, coartaba excesivamente a las personas, aunque siempre obró según su conciencia y su escala de valores, sin importarle las posibles consecuencias. Siempre se decía que lo importante era levantarse a la mañana siguiente con la convicción de haber actuado según sus principios. Posiblemente no coincidiera con otros pero que para él era su Biblia. Por eso no le dio mayor importancia a compartir una casa con dos adolescentes. Necesitaba centrar sus ideas, sus principios, sus valores y volver al hombre que siempre había sido. Ahora tenía dudas, miedos, reparos. No era normal en él y debía solucionarlo lo antes posible. Lo de Andrea comenzaba a preocuparle, Jamás le dio pie a nada y aun iba a tener razón Maureen. Pero le parecía un disparate de tales dimensiones, tan fuera de lugar que una adolescente pudiera fijarse en un hombre de su edad, que le costaba asimilarlo. Aunque al pararse a pensar era consciente que nunca sabías por donde iba a salir un adolescente en temas de amor. De pronto las dos chiquillas se despojaron de sus ropas y entraron a la carrera en la mar. Recogió sus prendas, como haría una madre para sacudirlas y depositarlas sobre las hojas de una palmera en orden y bien extendidas. Le invitaban a entrar pero toda esa diarrea mental que portaba le aconsejaba ser prudente hasta que ordenara un poco su interior. A los veinte minutos salieron mojadas, se pusieron las prendas que pendían de la palmera. Se puso una a un lado y la otra al otro y abrazadas a su maestro regresaron a la cabaña. A Julián le bastó con limpiarse los pies con la manguera del pórtico inferior mientras ellas subieron a los servicios para darse una buena ducha y cambiarse de ropa antes de la cena.

   No conseguía conciliar el sueño. Lo intentó de todas las formas posibles y viendo que era imposible optó por coger su ipod y tumbarse en la hamaca del porche superior. Sus últimas veinticuatro horas en Costa Rica se iniciaban en escasas horas. En horizontal, en aquella cama flotante y sin conectarse los auriculares comenzó a darle vueltas a la cabeza tratando de ordenar un poco su vida. Cambiar su forma de ser era consciente que era poco más que imposible, pero cambiar su forma de vida si y precisamente eso era lo que deseaba. Dar con la fórmula perfecta para que de una vez su mente comenzara a razonar y actuar como era él.

  Ese increíble amanecer del Caribe le sorprendió mientras su mente trabajaba a ritmo frenético. No había dormido nada permaneciendo unos treinta minutos después de haberse levantado el sol, surgiendo entre las aguas del Caribe y mostrando una panorámica incomparable a ningún otro lugar. Fue directo a los servicios y se dio una buena ducha de agua fría. Esa última jornada, domingo, la iban a pasar en familia. Los abuelos de Andrea los invitaron a pasar el día en la finca por ello nada más desayunar y en el carro se acercaron a la casa principal de la finca. Tenían las cabalgaduras preparadas, por deseo expreso de Julián que deseaba cabalgar por la selva y recordar con cierta seguridad y arropado por sus conocidos las experiencias adquiridas en ese viaje. Fue una mañana entretenida. El abuelo había preparado un tente en pie pues por el trayecto que optaron realizar intuía que regresarían tarde. El grupo se quedó maravillado por la destreza en su desenvolvimiento en la selva. Lo habían visto antes y desde luego se notaba que era un personaje de ciudad, por el contrario tras esas semanas sus movimientos sus conocimientos y sus precauciones eran las de un experto. El abuelo de Andrea cuando comenzó su lección sobre las plantas medicinales, quedó gratamente sorprendido por la capacidad de aquel hombre para aprender y absorber en tan escaso tiempo tanta sabiduría nativa. Fue Maureen quien sacó al viejo de su sorpresa al comentar.

 

   - Julián siempre nos ha dicho que hay que vaciarse como un niño para el aprendizaje y adquisición de conocimientos.

 

  El abuelo comentó que esa frase estaba cargada no solo de verdad sino de sabiduría quien la pronuncio por primera vez. Y que no dudaba que pudiera ser de Julián pues poseía ambas cualidades, verdad y sabiduría. Inmediatamente desmintió que fuera suya y matizó también que siempre que la decía al igual que hacía con otras frases que no fueran suyas mencionaba el autor. Si desconocía su autor también lo mostraba y esa frase se la había oído a Facundo Cabral, aunque no estaba seguro que fuera de él. Pudo demostrar con creces lo provechosa que fueron esas tres semanas. Ahora algo suavizadas por la semana vivida en Puerto Viejo pero verdaderamente fueron muy duras. Se tomaron el tente en pie, junto al borde de una gran cascada, de aguas cristalinas aunque algo frías. Disfrutaron del baño, de la armonía de la selva y la belleza de aquella pequeña acumulación de agua, que les permitió reposar durante unos minutos y continuar hacía su objetivo final el Caribe. El abuelo se congratulaba del acuerdo al que había llegado con aquel español, percibía su honradez pero especialmente ese talante caballeresco tan desaparecido por esos tiempos. De un saber estar a pesar de haber captado el poco afecto que tenía a las relaciones humanas. Era un lobo solitario. Por fin decidieron poner por concluida la jornada matutina, habían descansado, conversado y aprendido cosas nuevas. No dejó la ocasión de adquirir más conocimientos sobre la selva. El abuelo era un doctor en esos asuntos y no dudo en tener bien abiertos sus sentidos para captar todo lo que aquel hombre le estuvo mostrando y enseñando.

   Cabalgando hacia el regreso le andaba rondando en la cabeza las dos cosas que más le impactaban de las dos culturas. Sabía que no era mejor una que otra sino diferentes. Pero en el aspecto de la familia, aun siendo solitario, prefería el concepto de España, aunque a decir verdad últimamente se estaba también transformando. Por el contrario admiraba el respeto y la veneración, que los pueblos centro americano y del sur, daban a las personas mayores. Hacia el anciano. Un hombre podía dejar a una mujer con seis o siete hijos y desentenderse por completo de ellos sin el menor arraigo familiar, pero la mayoría sería incapaz de dejar a un anciano o anciana abandonado. Cuanto se podía aprender de todas las culturas, cuantas cosas se podrían rechazar también. Pero lo que él mamaba y trataba de transmitir a su alumnado era actuar por ellos mismos. Nadie absolutamente nadie debía decidir por uno. Posiblemente os equivoquéis les decía pero habrá sido por vuestra decisión y eso os enseñará. De lo contrario jamás aprenderéis nada. Otra de las cosas que insistía mucho era lo referente a luchar hasta la extenuación por los sueños, por los objetivos, por las ilusiones que uno se fijará sin desistir. Siempre que hablaba de esos temas terminaba con la misma frase.

 

   “Te puedes caer mil veces o mas pero si te levantas tantas como te caes llegarás. Por el contrario si te caes una sola vez y no te levantas siempre estarás en el mismo sitio. En ningún lugar”.



 








domingo, 11 de mayo de 2014

UN AMOR NACIDO CON LA CREACIÓN- SEGUNDA PARTE- ANDREA- CAPITULO-XVI- ¡PURA VIDA!

CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO

 


                                                ¡PURA VIDA!



   La avioneta tomaba pista con el comienzo del atardecer. El aeródromo de Puerto Jiménez recibía el último aterrizaje del día. A pie de pista un tico de la zona aguardaba con el coche de alquiler a Julián. Al haber oscurecido y no conocer la localidad le pidió que le acompañara hasta el hotel, pues solo difícilmente lo encontraría. Aceptó sin el menor pero conduciendo a su cliente hasta el recinto hostelero. La generosidad de Julián se plasmo con buena propina para ir a continuación a recepción. Pensaba pasar dos o tres días en las instalaciones hasta que pudiera planificar con algún guía su ruta por la Península de Osa. Cenó poco y sentado en la terraza de la cafetería se limitó a realizar varia respiraciones profundas para deleitarse con los sonidos de la selva que envolvían el ambiente. No había demasiada clientela y la tranquilidad reinaba en la estancia. Había contactado por teléfono con un guía de la zona que Andrea le facilitó por medio de su abuelo. Un hombre de toda su confianza y con una filosofía de la vida como sabía que le agradaba a ese profesor. Estaba cansado, no se había recuperado del todo del viaje con el centro educativo, y tuvo que realizar casi de inmediato su viaje a Costa Rica con unas once horas de vuelo. Pero llevaba más de veinte desde que salió de su casa en Donostia. Iba a abandonar el local para recogerse en la habitación cuando el ritmo de la música invadió el recinto. La actuación de un cantautor y un grupo iban a amenizar durante unas horas el ambiente de aquel lugar. Se quedó petrificado al ver al cantautor que iniciaba su trabajo. Era aquel tico que le inundó de su filosofía. Si con alguien no se hubiera imaginado encontrarse, sin lugar a dudas era ese personaje. Se acercó, se saludaron, quedando en verse a la conclusión de la actuación. Especialmente Julián estaba descolocado, no entendía nada, comprendía menos y sin embargo se alegró como si de alguien muy querido se tratase. La actuación dejaba mucho que desear. No solo la voz que desentonaba con cierta asiduidad, la guitarra que acompañaba las estrofas el artista rascaba sus cuerdas, porque tocar a eso no se le podía llamar tocar. Pero escuchó atentamente sus letras. En esos versos recitaba cantado lo que él conocía de aquel personaje. Sin duda trataba de transmitir a la gente lo que se guardaba para él o para cualquier loco como Julián que se cruzara en su camino. El contenido que portaban las letras le agradó de forma sobrecogedora. Aunque pensó que no era el lugar más apropiado para recitar cantando esos pensamientos. Si la intención era transmitir un mensaje difícilmente en un local como aquel lo iba a conseguir salvo que fueran expresamente a saborear su contenido. La gente hablaba en el local mientras comían o bebían. La música estaba de telón de fondo nadie o casi nadie prestaba atención al artista que se dejaba el alma en transmitir su mensaje. Concluida su actuación unos tímidos aplausos agradecieron su esfuerzo. Dejó la guitarra que le habían presentado y fue a sentarse junto a Julián que le esperaba con impaciencia para aclarar aquella situación fuera de lugar, al menos para la composición que se había hecho. Como no había cenado llamó al camarero para tomar nota de los deseos de aquel artista. Advirtiendo que se lo cargaran en su cuenta. Encontrándose con una nueva sorpresa,  el artista si se quedaba a cenar tenía toda la consumición que realizara completamente gratis. Pocas palabras se cruzaron mientras ingirió los alimentos.

  Tomado el café iniciaron la charla. Conocía lo suficiente al personaje manteniéndose a la expectativa con el fin de aclarar sus inquietudes, pero especialmente su situación.

 

   - Tuve una señal.

 

   Fueron sus primeras palabras, tras unos minutos de absoluto silencio. Mientras proseguía mudo y expectante. Sabía que el personaje realizaría lo mismo, tratando él por todos los medios captar, como le iban enseñando Maureen y Adriana, los mensajes a través del lenguaje corporal. Pasaron los minutos y era difícil adivinar que tramaba cada uno. Aquel extranjero había asimilado a la perfección su forma de actuar y eso que solo permanecieron unas horas allí en la selva. Lo observaba. Era muy complicado poder captar algo de ese personaje. No se había producido comunicación oral cuando tuvieron que salir a la terraza pues la cafetería la iban a cerrar. Bajo una luna reluciente y un océano de estrellas proseguían uno frente a otro estudiándose mutuamente. Abajo, a unos doscientos metros, el puerto y sus playas adyacentes. En la conversación que se mantuvo, donde cada palabra debía asimilarse para comprenderla, analizarla y traducir todos sus significados posibles, le relató que había tenido una revelación de los espíritus donde le pedían transmitir su filosofía, la de la selva, de los vegetales, de los animales que le transmitían a diario. Dar a conocer cuál era el verdadero camino de la felicidad, donde se podría encontrar y captar toda la magia que las pequeñas cosas, esas que carecían de importancia, en ellas, estaba la sabiduría del mundo, estaba la felicidad.

   En recepción le dieron una  nueva habitación. Alan, nombre del pintoresco personaje, acordó acompañarle en su aventura. Al entrar fue directo al balcón, se tumbó en la hamaca que pendía de una columna de madera y la pared para quedar profundamente dormido. La felicidad inundaba a Julián. Convencerlo para que viviera con él esas semanas iba a ser increíble. Descubrir la filosofía, la sabiduría y la magia que atesoraba la selva no se pagaba con nada. No llegó a dormir, muy temprano se puso en contacto con el guía proporcionado por su alumna, quedando en la cafetería del hotel para desayunar juntos.

   Le tendió la cantidad que habría percibido por realizar el servicio, pero aquella persona manifestaba que plata que no se ganaba no le pertenecía. Después de insistir asegurando que siempre que se comprometía con alguien, si él era quien rompía el trato, pagaba hasta el último céntimo. Posiblemente de no tener que quedar con él habría conseguido otro servicio, de ahí su insistencia para que aceptara la plata. Tras despedirse una vez conseguido que aceptara, se puso en contacto con la empresa de retacar y abonó las cantidades estipuladas al devolver el coche. Alan apareció en el comedor cuando había resuelto todo. Dejó el grueso de su equipaje en recepción para que lo enviaran a la dirección de los abuelos de Andrea.

   Unos pantalones largos, unos cortos, dos mudas de ropa interior, unas buenas botas y unas chanclas completaban su equipaje en una pequeña mochila. Sin pensarlo se lanzó a la aventura. Durante las dos primeras jornadas ni llegaron a comunicarse verbalmente. Dormían en las ramas de los árboles como si de simios se tratase, entre dos ramas y atadas con unas plantas similares a los juntos, atadas y cruzadas construyeron una plataforma a siete y hasta quince metros del suelo donde pernoctaban. Comían raíces y frutos, e incluso si había suerte pescado crudo. La primera semana se le hizo muy dura, la incomodidad para dormir, la comida, los insectos, los ruidos de la selva. Pero poco a poco fue acostumbrando y adaptando su cuerpo, pero especialmente su mente a su nueva situación. Era un hombre completamente libre, sin ataduras, sin dar cuentas a nadie, tomando lo que necesitaba para vivir. Ayudando a la naturaleza a proseguir, limpiando las veras de los ríos, o curaban a los animales que encontraban heridos. Mantenían su higiene personal en aquellas pozas cálidas y reconfortadoras, o en aquellos torrenciales ríos de agua clara y fría. Disponía de las veinticuatro horas del día para meditar. Pero que difícil era pensar. En una paz indescriptible pero con una sensación de inseguridad enorme. Era consciente que un cambio tan radical no lo podía asumir en tan escaso periodo de tiempo. Pero fue aprendiendo los diferentes modos de defenderse dentro de la selva. A descubrir e identificar los frutos que podía ingerir, o las plantas que podían curar o desinfectar una herida, o calmar el dolor. Como construir la cama en el árbol y desmontarla a la mañana siguiente para dejar todo como se lo encontraba. Hacia el final de su experiencia se dio cuenta que la libertad tampoco se encontraba fuera. Había que buscarla en uno mismo. Pues había tantos miedos, tantas trabas en nuestro cerebro que te impedían aun queriendo a comportarte con plena libertad. Los últimos tres días rogó a Alan que lo condujera hasta alguna población y allí él con lo asimilado durante esos veinte días trató de sobrevivir completamente en solitario. La verdad es que no le resulto excesivamente difícil, pero no era menos cierto que se cuidó de adentrarse demasiado en la selva. Regresó a Puerto Jiménez. Tomó habitación en el mismo hotel, de su llegada, salió de compras y regresó para tirar todos los harapos que le quedaban de su viaje y darse una ducha tradicional. Al día siguiente volaba a Alajuela y de ahí a Limón.               

   Durante los vuelos comprobó que albergaba más dudas que cuando inicio el viaje. Había sido una experiencia increíble pero no cumplió con las expectativas que esperaba. Ahora en frío pensaba si no hubiera sido mejor realizar lo planificado desde España. Pero ahora no tenía importancia, no había posibilidad de rectificación. Recordaba los malos momentos que pasó, especialmente los primeros días cuando tuvo que recurrir a las plantas medicinales para rebajar el hinchazón provocado por los insectos, arácnidos, plantas, mil y un ser vivo más que hacía reaccionar a su organismo. Tuvo fiebre y las plantas aliviaron las altas temperaturas. Ahora volvía a recapitular que tuvo suerte al encontrarse con Alan de lo contrario de haberse metido él solo por la selva en esos momentos no lo podría contar. Se llenó del saber de aquel nativo. A sus alumnos siempre les decía que para adquirir conocimientos lo mejor era vaciarse como niños para absorber toda  la información. Desde luego él entró en la selva con esa mentalidad y en esos momentos se daba cuenta de lo ignorante que era el ser humano fuera de su círculo. Se replanteaba la forma de enseñanza, los métodos y las directrices que se daban en educación. Toda aquella bola de normas, de horarios, de sistematización de la enseñanza, de libros determinados.

 

   ¿No iba todo encaminado a un objetivo concreto? ¿A un objetivo que dependiendo de los intereses de unos y otros trataban de hacer una sociedad a sus intereses? ¿Por dónde andaba la educación integral?

 

   Esas dos maravillosas palabras que llenaban la boca a las direcciones escolares, a los directores, a los padres, a los profesores.

 

   ¿Pero había interés en llevar a cabo esa intención? ¿Cómo podíamos ser tan falsos?

 

   Una educación estructurada, con horarios y con obligación de determinados libros solo conducía a una determinada filosofía.

 

  ¿Pero de quien?

  Su llegada al aeródromo de Limón le sacó de sus conjeturas. Descendió del aparato y un empleado de raza negra le tenía preparado su vehículo de alquiler. Rellenó los formularios necesarios, firmó los documentos exigidos y en el carro se puso rumbo a Puerto Viejo. Una semana de relax, de comodidades casi occidentales, eso sí, compartiendo vida con la familia de Andrea. Sabía que amen de sus abuelos y tíos su padre también iba a estar por esas fechas. Llevaba la idea de adquirir alguna propiedad por esa zona. Pues después de sus primeras valoraciones lo que tenía claro es que dormiría bajo techo y lo más protegido posible de los animalitos chupa sangres. Sería ideal comprarles el terreno y la cabaña a los abuelos de Andrea. En esos días se lo propondría. Se deslizaba, bueno miento botaba, por ese asfalto acribillado a baches siguiendo con sus reflexiones. El puesto de la guardia nacional a uno y otro lado de la carretera. Circuló lentamente y ante la señal de los policías de proseguir continuo su viaje. Había pasado Cahuita y solo le faltaban escasos kilómetros para toparse con el chiringuito de Maureen. Detuvo el vehículo ajustándolo lo más posible al borde de la carretera y al descender del carro y dirigirse hacia el puesto, le vio, dejó a los turistas que solicitaban un servicio con la palabra en los labios y se lanzó a sus brazos como chiquilla que se encuentra con su padre después de mucho tiempo. Sabía que iba a ir pero esas cosas que cuando menos piensas en alguien a quien deseas ver te sorprende en el momento que no estabas pensando en esa persona. No lo soltaba besaba su frente sus mejillas hizo aman de posarlos en sus labios pero en su primer intento le separó tomó sus dos manos y le lanzó uno de sus clásicos piropos a las adolescentes. Saltaba daba vueltas en su en rededor, se volvía a abrazar a su espalda a su costado de frente. Julián le suplicó que atendiera a su clientela tendrían tiempo de abrazos, de charlas, de achuchones, de contarse las mil y una historia que les había sucedido desde el ultimo día que hablaron por el Skype, hacia tan solo tres semanas. Pues el mismo día que partía hacia Costa Rica hablaron. Quería cerrar el negocio e irse con él al encuentro de su amiga pero se lo impidió. La hora del almuerzo estaba cercana y le prometió que comería con ella en el chiringuito. Eso sí, invitaba él. La felicidad inundaba el alma y el corazón de aquella adolescente. Atendió al personal que se había aglomerado mientras no paraba de sonreír y comentar. Por fin la afluencia de público fue bajando progresivamente. Julián había preparado una mesa con dos sillas e iba completando la mesa. Ella aprovechaba las pausas para preparar una buena comida.

   Se sentaron con todo dispuesto, los platos, cubiertos, vasos, pan, agua, el primer plato y el resto, acoplado en una mesa contigua. Unas veces se levantaba ella otras él y atendían al escaso público que en esas dos horas que emplearon para comer. Iba a marcharse pero le rogó que se quedara hasta el cierre quedaban dos horas para platicar antes del cierre. Luego recogería sus cosas de casa para instalarse con ellos en la cabaña. Estaba muy cansado y deseaba como nadie una buena ducha, cambio de ropa y tumbarse en la hamaca del pórtico para disfrutar del slogan de Costa Rica “Pura Vida”. Pero su expresión le hizo desistir y aceptó su propuesta. Durante la plática le contó la experiencia que había vivido así como le relató sus intenciones. Maureen se alegró que se cruzara con aquel “loco” de lo contrario no le habría vuelto a ver vivo. No llegaba a entender como una persona con esa cultura y ese mundo fuera capaz de cometer tal locura. Pero cuando le relataba los momentos buenos, la envidia sana le corroía. Como le hubiera gustado compartir aquella aventura con su amiga Andrea y Julián.         

 

   - ¿Sabe don Julián?

 

   Lanzó la interrogación a su interlocutor y a su respuesta añadió llena de orgullo, de expectativas, de deseos de ver la reacción de su maestro.

 

   -Me saque la secundaria y este curso he comenzado el bachiller.

 

   Se quedó perplejo, lo habían hablado en multitud de ocasiones el verano pasado, pero durante el curso en sus charlas por el Skype guardó el secreto hasta ese día. Se levantó le hizo levantarse para abrazarle con un cariño paternal que provocaron las lagrimas en aquel maduro personaje. Sin duda no había perdido ese poder de convicción para que los jóvenes lucharan por conseguir su puesto en la sociedad. Pero que fueran ellos los que anhelaran una u otra cosa, sin intermediarios, sin presiones, escuchando, reflexionando, criticando para ser ellos los que al final tomaran su decisión. Siempre les hablaba de la importancia de no tomar un camino que no les convenciera aunque se lo aconsejara la persona que mas apreciaban. Porque luego se arrepentirían y la solución sería prácticamente nula.

 

   - ¿Estás contenta? ¿No lo habrás hecho por lo que comentado este verano?

 

   Seria se levanto y tal y como estaba su maestro se abrazó a su cuello. Mientras le tranquilizaba diciendo que si se había matriculado en bachiller era por algo.

 

  - El Señor me permitió cruzarme con usted pera descubrir mi camino a seguir. Quiero ser médico. Y pienso entregarme en cuerpo y en alma en ello.

 

   Aquella criatura comenzó a vaciarse con su compañero, su padre, su amigo, su maestro, su guía espiritual, su todo. Si Andrea no estuviera locamente enamorada de aquel hombre lucharía hasta el fin por conseguirlo. En la conversación le expresó las dificultades para mantenerse y seguir llevando el negocio. Le confesó que los abuelos de Andrea le propusieron que vendiera el chiringuito, ellos le acogían en la familia. Pero no quería una autopista para llegar a donde se había propuesto. Era consciente que esas carreteras destruían demasiadas cosas. Aprovechó su confesión para proponerle una vía intermedia. Ni la selva sin camino, había comprobado en su propia piel lo duro que era, ni la autopista que en ocasiones te adormilabas y llega el accidente.

 

   - Asóciate con alguien que lleve el negocio, con el cincuenta por ciento y con un trabajo que te propongo podrás estudiar sin problemas.

 

   La idea no era mala, pero se preguntaba en qué consistía ese trabajo. Entonces le confesó sus intenciones de adquirir un terreno y construirse una casa. Al estar el lejos casi todo el año ella se dedicaría a cuidar y mantener la casa en condiciones para cuando regresara. Pudiéndose quedar a vivir allí. Con lo que sacara del negocio y el sueldo que tenía previsto para que alguien se ocupara de su vivienda le resultaría suficiente para poder estudiar y vivir. Maureen permanecía con los cinco sentidos en la propuesta de su ídolo. Aquello sería genial. Tendría una vivienda y un sueldo a cambio de conservar la propiedad para estar habitada en todo momento. Le hizo jurar a que esas eran sus intenciones.

 

   - Es más pasan por ver si los abuelos de Andrea me venden los terrenos y la cabaña de la cala.

 

   Aquella casa ere el sueño de Maureen y ahora aquel hombre le presentaba en bandeja de plata los sueños de su vida. Se paró un poco, le abrazó y mientras se recreaba en aquel conservado hombre le dijo en voz baja al oído

 

   - Espero que todo sea así. Pero necesito meditarlo. ¿Te importa?

 

   La sonrisa de ese hombre se mostró en todo su esplendor, Esa adolescente era excesivamente madura. Y estaba convencido que no había dicho sí sin pensarlo por su amiga. Si a Andrea no le parecía bien ella no lo aceptaría. Volvió a sonreír ya iba siendo capaz de leer el lenguaje corporal y en esa situación se percató hasta que punto.

   Maureen descendió del vehículo para llamar a la puerta. Andrea y su padre se extrañaron pues siempre aparecía por la playa. Abrieron con el automático la verja de entrada y el vehículo con sus ocupantes penetraron por el camino de la selva. En el pórtico inferior aguardaba Andrea. Su asombro al ver el carro fue grande pero al comprobar la presencia de  Julián se lanzó como una poseída a sus brazos. Maureen se unió a los dos y abrazados se desplazaban a saltos y giros.

   Recordaba el triunfo en el partido de Vóley playa en sus primeros días con aquel maestro. Cuando Maureen le relató que habían estado juntos a escasamente un kilómetro de ella durante cuatro horas casi mata a su amiga. Pero el tono era de juego, de envidia sana hacia su amiga, su compañera. Prácticamente una hermana pues así vivieron muchos años, hasta que quiso independizarse y hacerse cargo del chiringuito. Pero tampoco se dejaron de ver hasta que Andrea tuvo que marchar hacia España y los dos años que su hermana llevaba allí, no dejaba de comunicarse por Internet. El Skype les proporcionaba ese contacto audio visual que tanto necesitaban.