jueves, 1 de agosto de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO -CAPITULO - XXII-LA SALIDA DEL LABERINTO -

- CAPITULO - XXII -

                                   - 

   Esa mañana fue distinta a todas las vividas hasta el momento. José se despertó abrazado a su mujer. La contemplaba lleno de amor y cariño. Había estado especialmente cariñosa con él y aunque no llegó a ocurrir nada entre los dos su estado de satisfacción y placer superaba cualquier otra situación vivida, al menos que recordara. Mientras contemplaba su rostro reflexionó. “No recuerdo haber hecho el amor con ninguna mujer”. Pasaba de los cuarenta. ¿Y seguiría siendo virgen? En ese momento, su mirada contemplaba a su amada y a su mente llegaron nuevas imágenes que captaba con claridad digital. El rostro del hombre que estaba haciendo el amor con Amparo era el de su marido. Llegó a alterarse hasta tal punto que ella sintiendo el calor y la fogosidad del cuerpo de su esposo. Se despertó, se abrazó fuertemente a él y le pidió hacer el amor. 
   La excitación lo embriagaba hasta el punto de perder la cabeza. Pero la imagen de Paco volvió a su mente, con dulzura y un gran dolor en su corazón le contestó.
   - Sabes que no hay nada en el mundo que me gustaría más. Mi amor. Pero nos prometimos ayudarnos uno a otro en estas circunstancias y no me gustaría que por la pasión de un momento pudiera perderte para siempre. 
   Las palabras de su esposo le emocionaron hasta tal punto que con lágrimas en los ojos, por la felicidad que cubría todo su cuerpo desde los pies hasta su cabeza, se abrazó fuertemente a él. José le rogaba. No podría controlarse. Que no quería perderla. La quería demasiado como para tirar por la borda esa amistad por una situación placentera del momento.
   - Olvida todo y abandónate por favor. Te deseo como no he deseado nunca a un hombre.
   La pasión se fue sofocando con la entrega mutua mientras sus cuerpos temblaban del placer por aquel inolvidable momento. La sexualidad había inundado sus cuerpos, sus mentes y hasta sus pensamientos. Abrazados sobre el lecho, se acariciaron, unieron los labios y dejaron que la energía de uno conectara con la de su pareja. 
   Al levantarse, la ducha fría calmó sus ardientes cuerpos y con el bañador puesto se fueron a la piscina a relajar sus cuerpos en la pileta. 
   Durante el desayuno Pierre le comentó que necesitaba que le acompañara. Debían seguir con el plan trazado para tratar de desenredar toda aquella historia que diera con la solución. Lo último que deseaba en esos momentos era separarse de Amparo. Esa mujer le había llenado plenamente. Temía alejarse y al hacerlo romper esa maravillosa conexión entre los dos. Pero ella tenía que ir a su trabajo y uniendo sus labios delante de sus hijos le comentó.
   - Tenemos toda la vida por delante. Ve, habías prometido una cosa y de esa no te he liberado. 
   La reacción de sus hijos, ante el gesto cariñoso de su madre con ese hombre, fue diversa. Ester no percibió esa muestra cariñosa como algo fuera de lo común, estaba tan enfrascada con Pierre que no le dio importancia. Ana sintió como la emoción se hacía con su cuerpo y dos lágrimas de felicidad se le escaparon de sus ojos. Gema expresó un gesto de desagrado, pero se contuvo y no hizo comentario. Bajó la mirada y en su interior recordaba a su padre al tiempo que un rechazo hacía aquel hombre invadió su estado de ánimo. Al pequeño se le vino el mundo encima. Mama había olvidado a papá. ¿Cómo era posible? Ana que captó su reacción sé aproximó a él y le abrazó con el cariño de una madre. Comenzó a llorar y los dos hermanos abandonaron con discreción el comedor. Las palabras de su hermana fueron tranquilizando al pequeño y fueron convenciéndole que mama seguía locamente enamorada de papá. Aquella muestra de cariño hacía ese personaje era lógica les había ayudado tanto cuando papá desapareció que era lógico que mama apreciara a ese hombre. Entraron en los servicios sé lavaron la cara y entraron de nuevo para seguir con el desayuno. El pequeño miraba con algo de recelo a  José pero la charla con su hermana lo había convencido en parte. Especialmente al no volver a haber una nueva muestra de cariño entre los dos. 
   Esa mañana Pierre y José acompañaron al pequeño al colegio. El primero deseaba que José se moviera por los ambientes donde se había dejado más de veinte años de su vida peleando con esos adolescentes. El pequeño miraba con recelo al intruso, pero cuando recordaba la conversación con su hermana mayor comprendía que se había portado extraordinariamente con todos los de la familia. Se pararon en la pastelería cercana al colegio y le compró algo para almorzar. Aquel gesto fue limando un poco esa tirantez hacía esa persona. 
   Al entrar en el patio del colegio, la algarabía de chiquillos llamó la atención del personaje. Se parecía a los días de entrene de los chicos en su complejo deportivo, pero con mayor cantidad de gen-te. Alguien se acercó y le saludo.
   - ¡Que alegría! Volver...,
   Las palabras se cortaron al comprobar que no se trataba de la persona que creía. Pierre le había pedido que se pusiera un chándal, pues luego irían a jugar un partido de paddle en casa. Lo hizo con toda la intención deseaba que entrara en aquella casa en las mismas condiciones que lo hacía tiempo atrás. Uno de los profesores lo había confundido con Paco y deseaba saludarlo. Ante la cara de sorpresa del personaje el profesor en cuestión se disculpó.
   - Lo siento, señor pensaba que era un compañero. 
   Verdaderamente su parecido físico era idéntico no en balde era la misma persona. Pero sus rostros no coincidían. Al escucharle José se quedó bloqueado. Ante él, la imagen de varios personajes, que en torno a varias mesas intercambiaba opiniones de diversos cursos. Sin duda era un claustro de profesores y la figura del profesor que le había saludado era con quien intercambiaba opiniones. Sin saber muy bien el porqué contestó.
   - No te preocupes Juan. 
   Tanto él como Pierre se quedaron asombrados. Pierre esperaba que reaccionara, no sabía que hacer en esas circunstancias por fin actuó intuitivamente y dirigiéndose al profesor en cuestión le preguntó.
   - ¿Es usted Juan?
   - Sí. ¿Nos conocemos de algo? 
   Pierre se separó unos metros con el profesor en cuestión, José seguía perplejo. ¿A que santo sabía el nombre de aquel maestro? ¿Porque la imagen de Paco se le presentaba con tanta asiduidad? Comenzó a temblar. El miedo le invadía el cuerpo. Tuvo que sentarse sobre unos escalones próximos para no caer redondo al suelo. Alzó la mirada. Lo veía todo borroso. Manchas que correteaban delante de él, pero sin distinguir un solo rostro, Cerró los ojos y de nuevo la escena de Paco rodeado de adolescentes se le presentó con una claridad asombrosa. Pierre se disculpó y fue rápidamente a su lado. Al contacto de sus manos volvió a la situación presente.
    - ¡José! ¡José!.¿Te encuentras bien?
   Se había asustado. Al confesarle.
   - Estoy perfectamente. De nuevo imágenes, tal vez del pasado, se me han presentado con una claridad cinematográfica.
   Pierre se lamentaba por haberle interrumpido, pero ya no había solución. Fueron al bar del colegio y mientras se tomaban un café comentaron los últimos incidentes. 
   - Creo que estoy recordando cosas de mi pasado. Pero no salgo en ninguna de esas imágenes que se me presentan con una claridad pasmosa. 
   Interrumpió su reflexión. El tabaco le estaba ahogando. Sé levantó y decidió regresar al patio para respirar aire, si no limpio al menos sin humo. Pierre le acompañó. El patio estaba completamente despejado. Los niños y niñas habían desaparecido por arte de magia. La voz de un profesor en chándal a unos sesenta metros de ellos le llamó la atención. Era el de educación física que dirigía a un grupo de adolescentes ejercitándoles con los primeros ejercicios de esa clase. Observó un rato pero pronto retiró su atención del grupo y se dedicó a pasear por el patio junto a Pierre. De nuevo un hombre del personal de servicio hizo aman de saludar, creyendo que le conocía pero su expresión cambió por completo al comprobar que no se trataba de quien pensaba. José y Pierre sé miraron al tiempo que sonrieron. Pero Pierre había captado perfectamente lo que ocurría la constitución era la de Paco, pero como el rostro no coincidía el personal se quedaba algo cortado al compro-bar que no era la persona que pensaban.
   Recorrieron todas las instalaciones y regresaron a casa. No hubo más situaciones como las iniciales pero en la cabeza de José le rondaba todas esas preguntas. Al llegar jugaron una partida de Paddle y tras una buena ducha se relajaron en la piscina. Sobre las catorce horas llegaba a casa la anfitriona. José salió a su encuentro y se fundieron en un abrazo. 
   Amparo estaba resplandeciente, la felicidad invadía todo su ser, el tener a su marido en casa, le había rejuvenecido varios años. Se sentaron en el tresillo del salón. Ella se descalzó y rogó a José que le realizara un masaje. Fue tomar aquellos delicados pies en sus manos cuando de nuevo su vista se nubló, cerró los ojos y pudo ver de nuevo la misma escena que se estaba produciendo pero el lugar cambiaba al igual que el personaje que le aplicaba el masaje, lo único que permanecía era ella. Majestuosa y tan hermosa como siempre. De nuevo había reconocido a la persona. Era Paco. 
   Se encontraba en el garaje de la casa. Iba a salir con Pierre al Parador Nacional del Saler a jugar nueve hoyos. Mientras Amparo se iba a trabajar. Estaba en el coche cuando al ver a Ana se dirigió a ella.
   - Ana me he dejado la cartera en el vestuario. ¿Te importaría traérmela?
   - Claro que no. Papá.
   Ana se dio cuenta inmediatamente de su metedura de pata pero se giró apretando los labios y se metió en el vestuario a recoger la cartera de su padre. José se quedó parado, había oído bien. Cuando Ana le entregaba la cartera con una dulce sonrisa su padre le comentó
   - ¿Por qué me has llamado papá?
   Ana se quedó parada no sabía que responder. El silencio sé adueñó del escaso espacio que los separaba. Por fin consiguió reaccionar y respondió.
   - Mama te adora y a mí me caes maravillosamente bien. Además, quien sabe. Tal vez seas mi padre.
   José se limitó a sonreír, pero era una sonrisa forzada por las circunstancias se quedó pensativo, entró en su vehículo con Pierre y salieron de la casa camino del campo de Golf. Pero las palabras de su hija se repetían una y mil veces en su mente. Él ya había intuido la posibilidad de que estuviera ocupando el lugar de otra persona y su verdadera identidad fuera la del padre de familia. 
   Comenzó recordando su encuentro con Marie. Cuando llegó a Bordeaux, alto dijo su mente interiormente. Estuvimos en Suiza antes de ir a casa. En una clínica de cirugía plástica. “Dios” “El rostro de la persona que entró en esa clínica era la de Paco. Pero cuando los doctores retiraron su vendaje tras la intervención el rostro era el de José. ¿Qué había pasado? Paró el coche. Un temblor se apoderó de todo su cuerpo. Lloraba, gemía, le costaba respirar. No comprendía nada. Ni oía, ni veía, en esos momentos. Las preguntas de Pierre no las escuchaba estaba completamente bloqueado. Él no era José, era Paco. Pero de ser cierto cuantos interrogantes se le venían encima en esos instantes. De repente comenzó a escuchar a Pierre que estaba muy excitado y preocupado por el comportamiento de José. Sus palabras lo tranquilizaron un poco, pero continuaba temblando. 
   - Pierre coge el coche y regresemos necesito estar solo.
   - ¿Te puedo ayudar en algo?
   - Si, ya te lo he dicho, coge el coche y regresemos a casa.
   No volvió a preguntar, era consciente que había descubierto algo. No sabía hasta donde pero algo con seguridad. Descendió del vehículo y se puso al volante. En el primer cambio de sentido se desvió y regresaron a casa. En el garaje. José había bajado del coche y Pierre le comentó
   - ¿Te encuentras bien?  
   Ante la respuesta afirmativa le dijo.
   - Si no te importa iré a dar algunos golpes para relajarme.
   José asintió se subió a su habitación conectó la cadena musical se tumbó en la cama y comenzó a darle vueltas a la cabeza. 
   Pierre puso el coche en marcha y fue directamente a buscar a Amparo, sabía que José estaba a punto de reencontrarse y tal vez la ayuda de Amparo fuera imprescindible para dar el último empujón para que entrara de lleno en su pasado.
   Los primeros minutos consiguió mantener su mente en blanco. Trataba de realizar ejercicios de concentración para luego comenzar a recordar todo lo que le había sucedido esos últimos días. Era necesario unir todas esas visiones y analizarlas con tranquilidad para conseguir una conclusión que le permitiese reencontrarse consigo mismo.
   La música invadía la habitación. Sobre la cama dejaba que sus oídos fueran acariciados por aquellas melodías que había seleccionado. Poco a poco, los muebles, los adornos, los colores, las formas fueron desapareciendo para convertirse en un solo punto, blanco, de un intenso tal que destacaba del fondo negro. En algunos instantes el punto desaparecía y volvían las formas, los colores, los muebles, las luces. Pero también casi al instante recuperaba de nuevo la concentración y el punto regresaba con una claridad deslumbrante.
   Transcurridos quince minutos con la mente fija en aquel punto cuando comenzó a reflejarse en él las primeras escenas que deseaba recobrar. Se encontraba en la cama de un hospital. Su mujer, Amparo le hablaba con ternura y cariño, él impasible le contemplaba como ido. Luego de repente se quedó solo, se levantó y tras vestirse abandonó el hospital. El saludo del celador y al guarda de seguridad. El paseo por la calle y su encuentro con Marie. El abrazo de la anciana al tiempo que le llamaba hijo. La presencia de Bernard y tras unos días en un lujoso hotel su vuelo hasta Ginebra. Del aeropuerto a al clínica, los análisis, las pruebas y el quirófano. Hasta ese momento el rostro era el de Paco. Despertó y su rostro estaba envuelto de vendajes. Los doctores fueron quitándolos con delicadeza  y de pronto, ante ese espejo el nuevo rostro. El de José. Su regreso a Bordeaux y el desconocimiento del idioma. Como iba a poder hablar perfectamente el francés si no lo dominaba.
   Ahora comenzaba a comprender muchas cosas. Estaba claro que Marie y Bernard sabían todo, como había sospechado desde los primeros momentos. Recordó fugazmente esos años. Ahora comprendía porque había conectado con su mujer. Se sonrió tenía gracia la circunstancia. Se había enamorado por dos veces de ella. Pero de que se extrañaba, no había otra en todo el mundo que pudiera igualarla.
   En esos momentos comenzó a recapacitar sobre los últimos días con ella. Lo sabía, por eso accedió a liberarle de su promesa. Por eso hicieron el amor esa noche. Cuanta razón tenía Pierre al decirme que yo era el que tenía que descubrir el enigma. Todos lo debían saber y por lo visto les habían recomendado que debiera ser yo quien lo descubriera por mi propio bien. Recapacitó un poco, de sus hijos la única que lo debía saber era su mayor, a los otros los había notado distantes. No había duda de ello Ana era la única de sus hijos que era consciente de la realidad. 
   Ahora comprendía la razón por la que Pierre le hizo circular por aquel recorrido que le llevaba a su casa y a su puesto de trabajo. Juan pensó que era Paco, pues somos la misma persona. Pero al ver el rostro se quedó sorprendido. También se explicaba porque llegó a recordar su nombre. Aquel profesor rodeado de adolescentes. El sobrino de su mujer, portero del Valencia, su hijo portero del Bosco. Como había podido estar tan ciego.
  Comenzó a recordar su niñez, sus diez hermanos, sus aficiones. Su primer contacto con Amparo. Su noviazgo, su boda, el nacimiento de sus hijos. Sus ilusiones, que por cierto se había cumplido. Marie quiso pagar de alguna forma a su familia por secuestrarme para salvar el holding. Quiso levantarse ir al encuentro de sus hijos y abrazarse a ellos. Pero estaba claro que era necesario meditar cual sería la forma ideal para regresar con los suyos sin ocasionar problemas a nadie. ¿Seria conveniente recuperar su rostro? ¿De hacerlo tendrían problemas Marie y Bernard? ¿Que problemas legales podrían traer relatar la verdad? Estaba claro que no estaba preparado para tomar una decisión en esos momentos. Era necesario reunirse con todos y tratar de buscar la solución al regreso de su vida anterior.       
   Por fin había encontrado la salida de aquel laberinto. Donde se había visto inmerso durante tres largos años. 































TRES AÑOS EN EL LABERINTO- CAPITULO - XXI- LOS PRIMEROS PASOS -



   Pierre voló en compañía del resto a Bordeaux. Según la estrategia montada él era el encargado de contactar con él para iniciar el plan que consiguiera recobrar su pasado. Marie lo instaló en casa, José no había regresado del despacho. Por regla general las mañanas las dedicaba al holding y las tardes a su complejo deportivo. En esos momentos, eran las diecisiete horas, con toda probabilidad se encontraría en el complejo deportivo. Como Marie le aseguró que no solía llegar a casa antes de nueve horas, le prestó un coche y decidió acercarse al complejo para encontrarse. En la entrada preguntó por él. La seguridad de la puerta contactó con su jefe y al comunicarle de quien se trataba ordenó de inmediato que le dejaran pasar. Estaba impaciente desde que le aseguró que había localizado una línea a seguir. Tal vez, había dado con la solución de la desaparición de Paco. Lo que le permitiría poderse desplazar a Valencia y volver a estar junto a ella.
   Cuando Pierre entró por la puerta de su despacho se levantó del sillón y fue a estrechar sus manos. Tomaron asiento en el sofá y se inició la conversación.
   - Hay esperanzas de conseguir resolver el caso, pero necesito tu colaboración.
   Fueron las primeras palabras de Pierre. Necesitaba crearle expectativas, pero especialmente le comentó que precisaba investigar junto a él algunos aspectos que sin su presencia y colaboración sería imposible realizarlos.
   - Estoy convencido que la solución la tienes tu. No esta ni en Bernard ni en Marie. Estoy convencido que la solución esta en esas visiones que tienes y pienso que recorriendo esos lugares donde más claramente se te han presentado. Tal vez, y digo tal vez solo. Podamos descifrar el enigma de tu pasado.
   - Pierre. Es cierto que deseo saber que me ocurrió en esos años que no consigo conectar. Pero mi preocupación está en descubrir donde se encuentra Paco. Lo mío no tiene mayor importancia.
   Pierre le tranquilizó, estaba en lo cierto pero casi todos los hilos de los que había estado tirando tenían algo que ver con el pasado de José y, por tanto, si él recordaba su pasado, darían con toda seguridad con Paco.
   Estaba sorprendido. Por supuesto que colaboraría con él en lo que deseara, pero ¿Por qué la solución al caso estaba en él? ¿Qué sabía Pierre que él no supiese y no se lo pudiera comunicar? Interrogó a su joven amigo pero no recibió ninguna respuesta directa a sus preguntas. Estaba claro que sabía bastante más de lo que le había contado.
   - Necesito que confíes en mí. Por favor no me hagas más preguntas. Creo que lo tenemos pero te suplico que me permitas ocultarte algo. Es totalmente necesario de lo contrario sabes que te lo contaría inmediatamente. He hablado con Amparo y te llamará para que mientras dure esta fase de la investigación te puedas presentar en Valencia sin romper tu promesa, pues será ella la que pida que vayas. Es necesario que recorramos esos lugares donde tú has tenido esas visiones.
   Pierre comenzó a relatarle cual era su plan de trabajo. En cuando consiguiera recordar su pasado el caso se resolvería por sí solo. De eso estaba completamente convencido. No había posibilidad de equivocarse. Tenía la absoluta seguridad de ello. José no  comprendía su seguridad, pero lo exponía con tanta firmeza que le creyó y aunque le hubiera gustado saber lo que conocía, debía ser paciente. A la postre su primer problema se resolvía. Podría ir junto a ella y disfrutar de su compañía, su dulzura, su cariño, su amabilidad, su hospitalidad y mil cosas más junto a esa increíble mujer.
   Seguían conversando cuando su móvil sonó. Era Amparo, las piernas se le aflojaron y su corazón le dio un vuelco. Volver a oír su voz, sentir a través del espacio la dulzura de sus palabras le embriagó hasta tal punto que le temblaba todo el cuerpo. El cariño con que le habló alteró todo su estado normal. Efectivamente, como le había comunicado Pierre, ella le rogaba tenerlo a su lado. Que olvidara la promesa hecha, se la perdonaba. Le necesitaba más que nunca. Lo de su marido tenía todas las trazas de solucionarse y no se encontraba con las fuerzas necesarias para afrontar esas últimas pesquisas sin su compañía.
  Fue colgar el teléfono, levantarse e invitar a su amigo a que se preparase para volar a Valencia.
   José dejó el coche en el garaje del complejo deportivo y subió en el que había traído Pierre, se acercaron a casa y tras saludar a su madre le confirmó que se iba a Valencia unos días. No sabía cuantos pero tenía que acudir a la llamada de Amparo. En la puerta el servicio tenía preparado los equipajes. Su madre le comunicó que Bernard los esperaba en el coche para llevarlos personalmente al aeropuerto.
   Vuelo directo a Valencia no había hasta la tarde noche del día siguiente, pero al ver que un vuelo a Madrid salía en cuarenta minutos fueron al mostrador y sacaron dos billetes. De Madrid a Valencia, con un coche alquilado lo harían en unas horas, por tanto, antes del nuevo día podían estar en casa con Amparo. No lo pensaron dos veces.
   No serían las veintiuna horas de ese día cuando se encontraban en la autovía del mediterráneo, en un coche alquilado, rumbo a Valencia. En escasamente tres horas entraban en la ciudad del Turia. Conducía Pierre y José se extrañó cuando no ponía el coche en dirección a la mansión de Amparo.
   - Te has confundido de camino Pierre, debías haberte metido por esta avenida.
   - Lo sé mi querido amigo, pero antes de ir a casa quiero recorrer contigo unas calles, deseo que te concentres lo más posible en ellas y me cuentes lo que te recuerdan esas calles, casas, bares, bancos, vehículos, tiendas, en fin cualquier cosa que te llame la atención.
   El asombro era patente, pero veía tan seguro a su amigo que le prometió seguir sus instrucciones. Dejaron el coche en unas oficinas, pertenecientes a la casa de alquiler del coche, que permanecían las veinticuatro horas del día abiertas. Estaba muy próxima a la plaza del Ayuntamiento. Tras abonar la cantidad correspondiente subieron a un taxi e iniciaron un paseo lento por las calles. José iba pendiente de todo, se lo había prometido a su amigo y no le iba a decepcionar. En primer lugar la plaza del Ayuntamiento, luego la plaza de toros, recorrió la calle Alicante y de pronto sé detuvieron ante una tienda de deportes y bajaron del taxi. La concentración de José era tal que de pronto se quedó bloqueado. Las imágenes de un personaje que le recordaba a alguien con el hijo de Amparo se le dibujaban en su mente con una claridad cinematográfica. Los dos personajes entraban en la tienda y compraban un equipo completo de guardameta de fútbol. Pierre lo observaba, era consciente que estaba recordando algo y no quiso intervenir. José volvía en sí, las imágenes se borraban y volvía al presente.
   - He visto a un personaje que no conozco de nada, aunque su rostro me es familiar, con un pequeño, comprando un equipaje de guardameta. Sin la menor duda el pequeño es el hijo de Amparo.   
   Pierre echó mano a su cartera. Rebuscó en ella y cuando dio con la fotografía que quería le preguntó al tiempo que se la mostraba.
   - ¿Es éste el otro personaje?
    Se quedó helado, como era posible que tuviese el retrato de la persona que había visto con una claridad increíble en su bolsillo. Pierre sin alterarse y con una tranquilidad que se llegó a asombrarle comentó.
   - Es Paco, el marido de Amparo. ¿No habías visto ninguna fotografía de él?
   Ahora que se lo decía. No. La verdad es que nadie le había mostrado cual era el rostro de Paco. Pero a que santo recordaba él ese rostro. Se apoyó en Pierre, las piernas se le aflojaban y temía por su verticalidad. Buscaron una cafetería y se sentaron para tomarse unos cafés. Mientras comentaban el incidente. Miraba a Pierre como solicitando que le explicara lo que pasaba. Pero su amigo, aunque lo deseaba, era consciente que la solución no estaba ahí. Era él el que debía descubrirlo. Además, la estrategia que había diseñado la debía seguir al pie de la letra.
   Cuando comenzó a sentirse mejor decidieron reanudar la marcha y volvieron a subir al coche público. La concentración de José era menor. El trance por el que había pasado le había agotado psicológicamente e incluso físicamente se encontraba debilitado.
   De la calle Cádiz, se desviaron por Denia, deteniéndose frente al portal cincuenta y cuatro. Pierre sabía que pertenecía a la vivienda de soltera de Amparo, pues lo había recogido en sus investigaciones. Pero en este caso tan solo fueron unos segundos y continuaron su recorrido. La calle Cuba la patearon prácticamente entera. Cruzaron Peris y Valero y se adentraron en Doctor Walkman. Carrera de San Luis hasta llegar a Tirant lo Blanch.
   Cuando iniciaron el recorrido por esa calle José se giró hacia  Pierre y le comentó.
   - Este recorrido lo hice en otra ocasión. Exactamente el mismo. Me había escapado de Bernard, estábamos en el Parador Nacional Luis Vives del Saler cuando me bajé a Valencia e invité a la sobrina de Amparo y a su esposo. Antes de ir  a cenar me bajé en la Plaza del Ayuntamiento y realicé, sin saber muy bien ¿Por qué? El mismo recorrido. ¿Tiene algo que ver con Paco?
   Pierre se paró a reflexionar y de inmediato contestó a su amigo.
   - Tú fuiste quien me comentó que realizaste este recorrido y luego lo llegué a recorrer yo con otra persona. Gracias a ese relato y a mi recorrido con ella he podido descifrar varios aspectos de mi investigación. Pero dejemos las preguntas y prosigamos. Concéntrate por favor José.
   Continuaron el recorrido y al llegar a la finca con la farmacia bajo se detuvieron de nuevo y fue José quien comentó
  - Esta es la finca en la que me detuve la otra vez. Me recuerda a algo pero si te soy sincero no sé a que.
   - Trata de recordar José es importante.
  Saltó de inmediato Pierre. Pero parecía no reaccionar. Decidieron proseguir su camino. Al llegar a la cafetería frente a colegio descendieron del taxi y se sentaron. Estaban tomándose unos refrescos cuando comentó.
   - No era yo el que estaba rodeado de niños, era Paco. Ahora lo recuerdo perfectamente. La otra vez que me detuve en esta cafetería me quedé en trance como me ha sucedido en la tienda de deportes, entonces vi con claridad a una persona en chándal y rodeada de jovencitos y jovencitas dando clases de educación física. Entonces pensé que ese personaje era yo cuando en realidad era Paco. Lo he recordado ahora perfectamente.
   Pierre no contestó se limitó a escuchar  y esperar que reaccionará pero no volvió sobre el tema. Transcurridas una media hora decidieron elevar el vuelo y acercarse a casa de Amparo.
   Al presentarse en la puerta sería la una de la madrugada. Fue ella directamente la que salió hasta la entrada y se lanzó a los brazos de su esposo. Pierre con discreción los dejó solos en la entrada y se metió en el salón. Saludó a las dos hijas de Amparo que esperaban la llegada de los invitados. Ester deseaba encontrarse con Pierre le había caído tan bien aquel joven que cuando su madre le comunicó que vendría decidió esperar para conversar y saludarlo. La otra que se había quedado a esperar era la mayor, deseaba ver a su padre y abrazarse aunque solo fuera levemente para no romper el pacto con su madre. Tras los saludos se sentaron  y aguardaron pacientemente a que la pareja se decidiese a entrar.
   Las lagrimas se habían apoderaron del matrimonio, se besaba  abrazaban con fuerza, con ternura y con un cariño inmenso. Tenerse el uno al otro era algo que superaba cualquier situación placentera y en Amparo la dicha era mayor, era consciente que se había reencontrado con su marido y la emoción, el amor y las ganas de abrazarlo y besarlo se habían ido acumulando a lo largo de esas horas de espera. Al separarse miraron a su alrededor y al no encontrar a Pierre cogidos de la mano entraron en casa. 
   Cuando hicieron acto de presencia Ana tuvo que morderse los labios para controlar las emociones. Se aproximó a su padre sé abrazó levemente a él y besó sus mejillas con una ternura que emocionó a José, de inmediato y sin mirar se despidió alegando que estaba destrozada. Pero en realidad sus ojos, sus encantadores ojos se habían bañado en lágrimas y no deseaba responder a ninguna pregunta. Podría meter la pata y eso era lo último que sé permitiría. Amparo fue la única que se dio cuenta de lo emocionada que estaba su mayor y rompió a llorar. José no podía guardar tanta dicha en su corazón, le desbordaba la felicidad por todos los poros de su piel. No le importó la presencia de los dos jóvenes, se abrazó con Amparo y un beso selló el deseo de tenerse uno al otro. Ester mostró un gesto de extrañeza pero se giró hacía Pierre y continuó conversando con ese encantador joven.
   Preguntaron por el resto de la familia y ella les confesó que se habían retirado a sus habitaciones, estaban muy cansados y al día siguiente tendían que madrugar para ir a cumplir con sus obligaciones de estudiantes.
   Pierre deseaba dejar al matrimonio solos, con la esperanza que él comenzara a recordar algo más. Se levantó del tresillo donde se había sentado a conversar con Ester y le invitó a zambullirse en la piscina, la joven, no lo dudó un solo segundo, abandonaron el salón y a los pocos minutos nadaban en la pileta.




































domingo, 14 de julio de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XX- ACLARACIONES.


                                  - ACLARACIONES -
  
   El rostro de Pierre reflejaba cansancio, habían sido unas semanas de intensas investigaciones, pero la satisfacción de lograr su objetivo también iba impresa en su rostro. Durante el vuelo de Aire France, que le conducía a casa, recordaba esas jornadas terroríficas con Joel “El marica” en Madrid. De nuevo su expresión variaba al recordar a su anfitriona. “Que mujer más maravillosa”. “Es capaz de devolver la vida a un muerto con su alegría y optimismo”. Recordaba la tensión en Suiza y lo incrédulo que sé quedó cuando pudo comprobar todo el dossier que le habían proporcionado. El precio era alto, pero lo proporcionado lo valía sin ningún género de dudas. La imagen de Amparo le cegó sus pensamientos, esa mujer era increíble. Sus hijas, y en especial la pequeña, se había comportado tan maravillosamente con él, que en esos momentos recordaba lo encantadora y agradable que había estado en esas veladas que pasaron juntos.
   Por la megafonía del avión la azafata de vuelo les rogaba que se pusieran los cinturones. Iban a tomar tierra. Estaba impaciente, deseaba llegar lo antes posible a su despacho, ordenar toda la información recogida a lo largo de su investigación. Presentarse ante Marie y Bernard y comprobar por donde respiraban. Dentro de la estrategia a llevar había pensado, en primer lugar informar a José de todo y luego juntos enfrentarse a los personajes. Pero recapacitando un poco, pensó que si seguía sin conocer su pasado tal vez toda esa información de golpe no fuera lo más conveniente.
   Del aeropuerto, cogió un taxi y le indicó directamente la dirección de su despacho. Su impaciencia le impedía pasarse primero por casa, dejar el equipaje, comer un poco y darse una ducha. Necesitaba mucho más ordenar toda aquella información y disfrutar con el éxito en su primer trabajo. En un principio le extrañó que en el despacho no hubiera nadie pero al mirar su reloj comprendió el motivo. Era hora de comer. Dejó el equipaje en el armario de la entrada y con el maletín en la mano, donde tenía toda la información recogida durante esas semanas se metió en su despacho. Dejó la documentación sobre la mesa y fue a la caja fuerte para sacar el resto. Una vez reunida toda la información sobre la mesa se puso a ordenarla.
   Dos horas llevaba disfrutando y recopilando todo aquel material cuando escuchó la puerta de la calle. Dejó cuanto tenía entre manos y se precipitó hacía la puerta. Estaba seguro que se trataba de Alín y todo ese tiempo separado de ella había supuesto un verdadero sacrificio. Al juntar sus cuerpos, se comieron materialmente a besos y cuando consiguieron recuperar sus pulmones de oxigeno le confesó el resultado de sus investigaciones.
   - Eres un genio. No puedes imaginarte lo feliz que me hace saber que tanto José como Amparo no tendrán que separarse. Bueno, mejor dicho, Paco y Amparo. Es como un cuento de hadas. Increíblemente romántico. Digno de las mejores historias de amor.
   Se abrazó a su novio inundada por las lagrimas, mientras le aseguraba que cuando se enteraran no se sentirían más felices que ella. Besaba a Pierre lo abrazaba con tal entusiasmo que él se dejó querer.
    El avión tardó escasamente cuarenta y cinco minutos en tomar tierra en el aeropuerto de Bordeaux. No había comunicado nada a José, ni tan siquiera que se desplazaba a Bordeaux. Su estrategia pasaba por presentarse solo ante Bernard y averiguar su reacción. Pero la conversación que tuvo con él no fue nada provechosa, es más trataba de eludir las preguntas contestando con cosas que no tenían nada que ver con la pregunta realizada. Harto por su actitud se marchó enfadado, pero mientras salía por la puerta de su despacho comentó.
   - Sé que José y Paco es la misma persona y lo voy a demostrar. Si Marie toma la misma actitud que usted, entonces se lo diré a él y mandaremos realizar unas pruebas de ADN. Después estudiaremos las medidas legales pertinentes.
   No se había alejado más de tres pasos de la puerta de su despacho cuando Bernard le llamó.
   - Es posible que por el afán de ayudarle, tal vez lo que consiga es perjudicarlo. Espere y no se precipite. Por favor. Avisaré a Marie y ella vendrá al despacho. Con tranquilidad aclararemos con usted todo cuanto desee. Es un asunto delicado y no se puede actuar a la ligera.
   Estaba asustado. Se le notaba nervioso, inseguro, pero al mismo tiempo daba la sensación  de haber estado deseando que ocurriera aquello. La actitud de Bernard le desconcertó. Le había reconocido y se alegraba de que lo hubiera hecho. “¿Pero porque podía lamentarlo Paco ó José?. La felicidad que inundaba su cuerpo desapareció y un estado de preocupación e inquietud se adueñó de su estado de ánimo. Se sentaron, al tiempo que Bernard le tendía una copa de Bordeaux y en absoluto silencio permanecieron a la espera de la dama en cuestión.
   La presencia majestuosa de Marie se hizo patente en el despacho al tiempo que los dos se levantaban. Las presentaciones de rigor y, no hizo falta que Pierre pronunciara palabra. Ella misma inició su confesión. Estaba avisada por Bernard que el joven que había contratado “su hijo” sabía toda la historia y conocía con detalle los movimientos que se había llevado a cabo para sustituir a su hijo por Paco.
   La confesión de Marie duró más de una hora. Todo coincidía con lo investigado. Tan solo le interrumpió para averiguar donde estaba enterrado su hijo.
   - Lo tengo en mi habitación en un cofre chino. Sus cenizas moran en él.
   Pierre estaba atónito, porque confesaban de pronto. Había terminado el relato cuando de nuevo la pregunta de Pierre se escuchó en el despacho.
   - Parece como si desearan que se descubriera todo. ¿Por qué no se lo han dicho a él directamente? Él sospechaba que la solución a todo estaba en ustedes. Pero quería tener toda la información para que no escurriesen el bulto.
   Marie dejó unos segundos y de nuevo con pausada y cansada voz contestó.
  - Mi mayor deseo es ver a esa pareja de nuevo juntos. Pero con los facultativos que hemos consultado nos han aconsejado que deba ser él quien poco a poco vaya  recordando su pasado. Solo de esa manera podrá volver a tener una vida normal. Enterarse de golpe podría bloquear de nuevo su mente y retroceder lo poco que ha conseguido en estos años.
   Pierre estaba incrédulo ante lo que escuchaba. Ahora se alegraba de no haber revelado nada, ni a Amparo ni al propio interesado. La preocupación invadió su ilusionado cuerpo. Creía que tenía resuelto el caso y ahora resultaba que se encontraba casi al principio.
   El trabajo a realizar, ahora, sería mucho más largo y duro que la simple investigación. Era necesario ponerle en situaciones que favoreciesen el recuerdo y la recuperación de su vida pasada.       
   Se habían callado. El silencio impregnaba hasta las paredes de aquel despacho. La tristeza embargaba los rostros de sus tres moradores. Se sentían liberados pues ahora compartían su secreto. Pierre, por el contrario, tras la euforia de su investigación, le llegaba la parte más dura. No poderlo comunicar a los interesados. Por fin con la vitalidad que lo caracterizaba saltó.
   - Hay un nuevo reto que salvar y nada ni nadie me va a hundir, ni a desanimar. Conseguiré que ese matrimonio vuelva a disfrutar de la vida que compartían.
   La reacción de joven les asustó. Pero al ver su ánimo sé alegraron al saber que contarían son su ayuda para conseguir el propósito que pretendían todos. Continuaron conversando y preparado entre los tres la mejor estrategia para conseguir que José recuperase su pasado. Marie telefoneo a su psiquiatra, deseaba que sé personase urgentemente en el despacho de Bernard. No había transcurrido la hora cuando hacía acto de presencia.
   - La ayuda de un experto nos puede ser de gran ayuda.
   Aseveró la anciana al tiempo que se personaba el facultativo. Comenzaron a diseñar los primeros pasos y en medio de la estrategia Pierre preguntó al doctor.
   - ¿Se puede informar a su mujer?
   Aquel profesional aseguró que si era una persona equilibrada, inteligente y se metía en la dinámica de la estrategia diseñada no habría el menor problema.
   - Además, según tengo entendido se han conocido con la personalidad que tiene ahora y han conectado. Por tanto, su ayuda puede ser muy importante. Pero creo que a los niños no se les debería decir nada. Al menos a los más pequeños.
   Una leve pausa par dar un sorbo a su copa y prosiguió.
   - Tendremos que dialogar con ella, ver cual es la situación de sus hijos y luego tomar las decisiones más apropiadas. En ningún momento debemos precipitarnos, especialmente cuando más cerca es-te de recuperar su pasado. Un paso en falso puede hacerle retroceder años.
   Los tres aseguraron al doctor que no había una persona más equilibrada, inteligente y dispuesta a todo por su marido que Amparo. Fue Marie la que rompió de nuevo el momento que se produjo en aquella habitación.
   - Preparemos nuestros equipajes y volemos a Valencia para hablar con ella.
   Nadie puso inconveniente a la propuesta de la anciana. Por teléfono resolvió los pasajes y quedaron en reunirse todos, tras recoger sus equipajes en el aeropuerto transcurridos noventa minutos. El vuelo a su destino tenía su salida, dentro tres horas.
    Pierre contactó con Alín y le relató el plan trazado. También le contó todo lo que había sucedido y el nuevo problema al que se enfrentaban.
   Cuando Marie habló con Amparo para comunicarle que sé presentaban en su casa esa tarde, les rogó que no fueran al hotel, en casa había sitio para todos y los instalaría sin problemas. Discutieron amigablemente y por fin ante la actitud de Amparo asegurándole que se enfadaría de no aceptar claudicó y sucumbió ante su petición.
   Amparo se extrañó que José no se desplazara, pero luego recordó su promesa. Había colgado, pero inmediatamente tomó el aparato marcó el número de Marie y se puso de nuevo en comunicación con ella.
   - Que no sea tonto José y se venga con vosotros. Tiene mi permiso para desplazarse a casa.
   Le confesó que tenía trabajo y no le iba a ser posible ir, aunque lo deseaba de todo corazón.
   - Además, particularmente prefiero conversar contigo sin su presencia. Es muy importante. No te preocupes, dentro de unas horas nos reuniremos y podremos conversar tranquilamente.
   Amparo, se quedó decepcionada. Deseaba ver a José y compartir su compañía. Pero la última frase, asegurándole que prefería que él no se encontrara presente, le dejó algo preocupada.
   En el aeropuerto, junto a la puerta de llegadas internacionales, esperaba impaciente para recibir a sus invitados. Ramón había cogido un coche y acompañó a su señora, que se había desplazado en otro, para recoger a sus invitados. Pasados los reglamentarios controles se encontraron. Los abrazos y saludos de rigor y mientras,  un mozo del aeropuerto y Ramón llevaban los equipajes hasta los coches, conversando amigablemente les siguieron. Marie estaba rebosante de felicidad, admiraba a esa mujer como nunca lo había hecho con nadie. Toda amabilidad, dulzura y encanto. Tendría que pedirle perdón por lo mucho que le había hecho sufrir  pero también estaba segura de su comprensión y especialmente de su perdón.
   Al llegar a casa y mientras distribuía las habitaciones, Amparo ayudó a Marie a instalarse. Una vez acoplados en sus aposentos se fueron reuniendo en el salón. La anciana rogó a su anfitriona poder conversar en otra habitación con mayor intimidad donde no pudieran ser molestados por nadie. Sabía que sus hijos solían entrar en el salón con desparpajo. No hubo problema, los invitó a subir a la primera planta, entraron en sus dominios y en concreto en su despacho. Se sentaron en los sillones y el tresillo, ordenó que sirvieran un aperitivo y cuando todo estaba preparado cerró la puerta con llave, advirtiendo al servicio que no les molestaran para nada. Ni siquiera pasaran llamadas telefónicas. Todos los presentes desconectaron sus móviles y cuando la situación fue la idónea. Marie se aproximó, tomó las manos de Amparo y con el semblante serio y preocupado comenzó su relató.
   El rostro preocupado de Amparo iba cambiando conforme sus oídos escuchaban el relato. No interrumpió en ningún momento a la anciana. Tan  solo el cambio de expresión de su rostro reflejaba el asombro que aquella confesión le iba afectando a su persona. Las lágrimas afloraron en sus hermosos ojos verdes. El dolor de todos esos años, la angustia controlada y el enorme esfuerzo que le suponía día a día mantener el semblante alegre por sus hijos, explotaron en esos momentos. Una mezcla de incredulidad, de felicidad e incomprensión se juntaban en sus sensaciones. Marie sé abrazó a ella. Las lágrimas le afloraban en su arrugado rostro, y pedía clemencia por todo lo que le había hecho.
  Solo el llanto de las dos se pudo percibir en esa acogedora habitación. Los caballeros permanecían mudos en sus asientos contemplando aquella entrañable escena. Pero tensos ante la posible reacción de aquella mujer. Toda la angustia y preocupación se iba liberando al poder desahogar sus sentimientos con aquellas lágrimas. Por fin y ante la sorpresa de todos Amparo rompió el silencio.
   - ¡Así que me he vuelto a enamorar de mi esposo!
   ¡Dios!. “Ni una sola palabra de reproche para los causantes de su dolor” Fue la primera idea que invadió a los presentes. Las suplicas constantes de Marie por conseguir su perdón obligaron a la anfitriona a reaccionar. Se abrazó a la anciana con fuerza mientras le consolaba.
   - Mama. Ahora no importa nada. Sabes que mi perdón, si es que tengo que perdonar a alguien, lo tienes. Antes de que te lo llevaras lo había perdido. No recordaba nada ni a nadie.
   De pronto se quedó de piedra. Asustó a los presentes por la expresión de su rostro y ante la expectativa de todos comentó.
   - José, bueno Paco. ¿No sabe nada?
   En ese momento intervino el doctor. Con el talante propio de un profesional de la psiquiatría expuso a la mujer la situación. Con un tono tranquilo, dulzón y paternal, dio su opinión de la situación y como se debían llevar las cosas. Amparo escuchaba atenta y absolutamente concentrada en lo que aquel profesional aconsejaba. En su interior la felicidad se manifestaba de forma brutal. No podía dar crédito al fin de todo ese calvario. Cuando le  explicó que la decisión de comunicárselo a sus hijos era de ella. Amparo aseguró que no habría problemas en contárselo a las dos mayores.  Sabrían guardar el secreto, con los dos más pequeños tenía sus dudas, eran demasiado sentimentales y los más afectados con la desaparición de su padre.
   Era demasiado tarde para continuar hablando. La estrategia a seguir con José la expondrían al día siguiente. Habían sido demasiadas emociones como para continuar y era demasiado importante para no tratarlo con el descanso y la serenidad necesaria.
   Ramón estuvo en un trís de llamar, pues la cena estaba preparada desde hacía tiempo. Pero las órdenes de la señora eran tajantes. Por nada, debían ser molestados. Al verlos salir respiró, la cena se podía salvar entraron en el comedor y Amparo presentó a sus hijos que esperaban impacientes a su madre. Ana la observaba, su expresión, su estado de ánimos, su alegría, la presencia de todos esos personajes y en especial de Pierre le hicieron sospechar que sabían algo de papá. Pero fue prudente y aguardó a una situación más tranquila para preguntar a su madre.
   Cuando no los había reunido para contárselo sería por algún motivo y su sentido común le indicaba que no debía plantear la pregunta delante de sus hermanos.   
   Fue una cena tranquila. Ester en especial se lo pasó maravillosamente con Pierre, la simpatía del joven y su francés meloso le hicieron gracia a la menor de la casa. El pequeño charlaba con su hermana mediana y la mayor se dedicó a observar a su madre. La curiosidad y especialmente el deseo de saber si se trataba de papá le tuvieron en vilo toda la cena. Al levantarse para ir al salón a toma el café, alguna copita y reposar la cena antes de acostarse, Ana sé llevó a su madre a la biblioteca. No había cerrado la puerta cuando preguntaba.
   - ¿Saben algo de papá? ¿Verdad?
   La expresión de su hija reflejaba las ansias por saber si su madre sabía algo. Las expectativas estaban todas abiertas. ¿Vivía papá? ¿Dónde estaba? ¿Se encontraba bien? Infinidad de interrogantes invadían la mente de su mayor. Abrazándose a su hija y con toda la ternura del mundo le confesó que papá estaba bien.
   - No ha recobrado aún la memoria. Es difícil explicártelo ahora, nos esperaran para el café y no esta bien que les hagamos esperar. Pero al menos debes saber que se encuentra bien.
   Las lagrimas aparecieron en su hija y contagio a la madre. La emoción era difícil de contener, habían sido tres años sin noticias y ahora de golpe y porrazo las tenía y su padre vivía que era lo importante. Entraron en uno de los servicios de la planta baja, se lavaron la cara y juntas de la mano entraron en el salón donde esperaban pacientemente sus invitados. Comprendieron y disculparon el retraso, su mayor ya sabía algo de su padre. Su rostro preocupado y pensativo de la cena se había tornado alegre, jovial y la felicidad no la podía ocultar. Sus otros hermanos, la mediana y el pequeño se habían subido a la segunda planta para jugar con las consolas. Ester optó por seguir su conversación con Pierre. Pero eran ajenos a lo que se había mascado en la casa con la presencia de esos personajes.
   La velada se prolongó hasta bien entrada la madrugada.  La primera en caer fue Marie, era muy mayor y necesitaba descansar. Las emociones de ese día habían agotado su cansado cuerpo. Al entrar en su habitación daba gracias a los Cielos por haberse cruzado con aquella familia. Si Paco había conseguido salvar sus propiedades y proporcionarle el cariño que nunca tuvo de su hijo. Lo de Amparo le había emocionado como nunca pensaba que un ser humano lo lograra. La comprensión de esa mujer, su dulzura y cariño le habían desarmado por completo. Rezó unas oraciones y a los pocos minutos estaba en el mundo de los sueños.  Bernard  fue el siguiente en caer. Ya no era un muchacho y había peleado demasiado en esta vida como para aguantar tanta marcha. Pierre y Ester parecía que no tenían bastante. Ana esperaba quedarse a solas con su madre, pero al ver que esa pareja seguían con su conversación optó por decirle a su madre que fuera a descansar. Había sido un día agotador y a la mañana siguiente tenía que trabajar. Fue hacer el comentario cuando todos abandonaron el salón y se fueron a sus aposentos. Amparo, en compañía de su mayor subió hasta el segundo piso. Aún permanecían sus hijos jugando. Tuvo que ponerse seria, sabían que entre semana no se podía subir a ese piso, pero la presencia de invitados la aprovecharon para tener una excusa. No sin pelear un poco consiguió que bajaran a sus habitaciones y se acostaran.
   Ana entró en la de su madre y las dos permanecieron por espacio de más de dos horas charlando sobre el asunto de papá.
   Su mayor estaba muy enfadada con Marie y Bernard, no había derecho a lo que les habían hecho. Pero especialmente haberlos mantenidos durante tanto tiempo con la tensión. Si estaba con vida o no su padre.
   Amparo reflexionó a su hija. Papá seguía sin recordar nada, la ayuda que habían recibido de esa familia les había permitido vivir hasta con abundancia.
   - ¿Qué hubiera sucedido si papá continuara en el hospital? ¿Cómo hubieran salido adelante con su sueldo de la piscina? No trato de justificar algo que hicieron y que estaba mal, pero creo que hay que analizar todo. ¿Sabes que todo el holding de vinos está a mi nombre?
   Los prós y cóntras se expusieron entre madre e hija. El sol había hecho acto de presencia cuando proseguían su conversación. Antes de despedirse para descansar unos minutos, su madre le dijo.
   - Esta mañana nos reuniremos de nuevo en mi despacho para plantear la estrategia que debemos seguir para conseguir que papá recobre su pasado y a nosotras. Espero que quieras estar, necesito tu ayuda para conseguirlo.
   Más serena, su mayor le prometió que estaría a su lado durante la reunión asegurándole que tan sólo se dedicaría escuchar y no intervendría para nada. Lo que su madre aceptará lo haría ella muy a gusto.
   Tanto Ana como su madre acudieron a la cita de esa mañana sin desayunar, se habían levantado con el tiempo justo. Al preguntarles si habían desayunado eludieron la pregunta.
   La reunión decidieron realizarla en el despacho de La Ciudad del Deporte. Era preciso que sus otros hijos fueran ajenos a lo que se mascaba.
   Marie aconsejó la necesidad de liberar, a José, de su promesa. De no volver a Valencia y en concreto a casa, podía convertirse en un obstáculo para traerlo. Se hacía imprescindible el contacto de aquellos lugares que le habían sido familiares para recobrar de nuevo su pasado. Fue una reunión tranquila y muy instructiva. Ana pudo comprobar como aquella mujer que había arrebatado a su padre de su lado lo adoraba y la forma como admiraba a su madre era evidente. Aun así no tenían justificación con lo que les habían hecho. Pero como prometió a su madre se limitó a escuchar y comprometerse con el plan trazado para recuperar a su padre.









viernes, 5 de julio de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO. CAPITULO XIX- LA TESIS SE CONFIRMA -

- CAPITULO - XIX -                              

   Pierre estaba agotado había sido una semana terrorífica. Se había pateado Madrid, de norte a sur y de este a oeste. Mantuvo conversación con infinidad de personajes. Pero el encuentro con Jimy había sido terrible. Durante su última entrevista estaba hablando cuando murió. No tenía familiares o se desentendieron. El caso es que nadie se presentó. Pierre sintió tal lastima por aquel ser humano que se hizo cargo de su incineración y entierro. También pudo comprobar la calidad humana de su anfitriona en Madrid. Lo había visto tan hundido que cuando le comentó lo ocurrido le acompañó para despedir en su último viaje al desdichado aquel. Se presentó con una gran corona de flores. Fue una ceremonia sencilla. En la sala del crematorio, tan solo, se encontraba, el féretro, ellos dos y el empleado de turno. Unas lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de su acompañante. Pierre la contemplaba y su gesto expresaba la sorpresa que le estaba causando la reacción de aquella mujer. “Si que es sentimental, derramar unas lágrimas por este infeliz, que no conoce de nada”. Pensó, pero al finalizar el sencillo acto, le explicó que un hermano había fallecido de la misma enfermedad que aquel desdichado y precisamente en ese mismo crematorio lo incineraron. Durante la ceremonia le llegó a su mente el recuerdo de aquel acto y de ahí que se emocionara.
   Iban de regreso a casa, la alegría de aquella mujer le levantó el ánimo y sin más le invitó a comer fuera de casa. Lo hicieron en un restaurante típico donde la comida era, a base, de marisco. La gracia y la naturalidad de aquella mujer le hicieron olvidar aquella terrible semana.
    En su habitación recapacitaba sobre todo lo investigado. Estaba claro que José había fallecido y Paco era su sustituto. Dos cosas podían haber ocurrido. O Paco era un autentico cínico y embustero, o no era consciente que sustituía la personalidad de otro. Esta versión era la más verosímil según lo investigado. Con la perdida de memoria alguien se había aprovechado y se encontró con una situación ideal para hacerle creer que era otra persona. Pero ahora habría que averiguar los motivos por los que conscientemente alguien había sido capaz de tal atrocidad. Haber tenido a una familia, durante años, con esa tensión no podía tener perdón de nadie en este Mundo. 
   Su investigación en la capital española había finalizado. Averiguar donde se encontraba el cadáver de José sería algo más que imposible. Con toda certeza la respuesta la encontraría una vez más en los de siempre, Bernard y Marie. Jimy se había pasado esos últimos tres años tratando de averiguarlo y no había conseguido absolutamente nada. Por otro lado recapacitaba. “Solo Jimy le habló de la enfermedad de José. A todos sus amigos y conocidos que mantuvo conversación con ellos, y fueron muchos, no mencionaron en ningún momento su enfermedad. Todos le remitían a Bordeaux, donde había regresado con su madre. No era menos cierto que la información que consiguió, nadie le habló de los últimos siete años. Por lo investigado José no se debió moverse mucho durante sus últimos años de vida de la capital española y especialmente de la compañía de Jimy, compartiendo las penas y las alegrías con aquel compañero sentimental.
   Se despidió de su anfitriona madrileña agradeciéndole todas las atenciones que le había dispensado y le confesó que le costaría olvidar a alguien tan encantadora como ella. Le dio su dirección en Francia y le comunicó que su casa estaría abierta de par en par cuando quisiera.
   - Tener una amiga como tú es una bendición para cualquier ser humano.
   Con esas palabras, un abrazo y dos besos en la mejilla, sé subió al coche, lo puso en marcha y regresó a Valencia.
   De nuevo la hospitalidad de aquella familia le hizo sentirse como en casa. Le sorprendió que aquella mujer que llevaba tres años intentando saber algo de su esposo no le preguntase. Le hubiera gustado confesarse y decirle todo lo que pensaba sobre el asunto, pero muy a pesar suyo tuvo que contenerse y aplaudir la actitud de aquella mujer.
   Esa noche habló con Alín. Después de su semana en Madrid, que fue terrorífica, con la excepción de las veladas que pasó junto a su anfitriona, hablar con su amor le hizo sentirse el hombre más feliz de la tierra. Se dijeron todas esas cosas que dos enamorados se suelen contar y luego ella le aseguró que la agencia comenzaba a funcionar. Había logrado trabajar en su primer caso. Precisamente esa mañana consiguió cerrar el contrato.
   Fue colgar el aparato cuando recibió esa llamada tan esperada de Suiza.
   - ¿Pierre?
   - Sí, el mismo. Dígame.
   El encargo se había llevado a feliz termino, sí bien la discreción en el asunto debía vigilarse hasta límites exagerados. El precio era alto pero, un sanitario de la clínica, estaba dispuesto a informar. Exigía la presencia del interesado con el dinero en mano y con la máxima discreción. El próximo sábado debería encontrarse en una cafetería de Ginebra al mediodía. Tenía el número del móvil de Pierre y a esa hora le telefonearía. De no contactar con él, el asunto lo olvidarían.
   Agradeció la intervención acertada de aquella agencia y como faltaban unos días para el sábado decidió relajarse esos días.
   Jugó con las hijas y el hijo de Amparo. Les invitó a varios espectáculos que se daban en la ciudad. Fueron a la Ciudad del Deporte y pasó unos días distendidos pero sobre todo muy tranquilos, después de las jornadas maratonianas de esos últimos días.
  El viernes por la tarde Amparo le acompañó hasta el aeropuerto, en el trayecto Pierre le agradeció que no le hubiera preguntado sobre la investigación. Le aseguró que las esperanzas estaban en alto. Disponía de varias líneas de investigación a seguir y hasta la fecha todas tenían continuidad. Pero era mejor no hacerse excesivas ilusiones.
   - En la investigación tan pronto crees que lo tienes resuelto como te toca volver a empezar. Pero es la primera vez que he encontrado algo en lo que apoyarme con cierta veracidad. Esos hilos que todo investigador busca para ir tirando de ellos con la esperanza, de conseguir mantener el mayor número posible sin que se rompan y al menos uno de ellos te pueda conducir al desenlace final.
   Agradeció de corazón su hospitalidad y la ayuda que le había proporcionado con esa cantidad de dinero para proseguir con sus pesquisas sobre el problema. Hasta la fecha, gracias a su colaboración, solo había gastado los pasajes del avión y el resto estaba intacto para poder resolver, en Ginebra, la línea si no definitiva al menos la que confirmara de una vez por toda su teoría.
   A su llegada a la capital Suiza los agentes meteorológicos le recibieron con lluvia. Una importante borrasca estaba descargando con toda su intensidad en la ciudad. Se desplazó en taxis al lugar de la cita. Entró tomó un café con leche y buscó algún sitio apropiado para instalarse durante unos días en la capital.
   Al menos era un local limpio, pero después de su estancia en la mansión de Amparo aquello era casi mísero. Sonrió, su apartamento no era mejor que aquello, pero los amigos de José le habían acostumbrado demasiado mal esos días. Se dio una buena ducha y bajó a comer. Contactó con su media naranja y le contó que por el momento todo marchaba bien.
   Al llegar la noche, aunque trató de acostarse y dormir, el sueño no quería entrar en su cuerpo. Dio mil vueltas en la cama y por fin se levantó, conectó la televisión y permaneció frente al televisor por espacio de cinco horas. Por fin parecía que los ojos sé entornaban. Apagó el aparato y se metió de nuevo en la cama. A los pocos minutos el sueño se había apoderado de su conciencia y dormía plácidamente.
   Se levantó temprano desayunó, bajó a la calle y como en esta ocasión el sol lucía con timidez decidió dar un paseo por las calles adyacentes al lugar de la cita y estirar las piernas al tiempo que relajaba los nervios. Observaba a la gente como se desplazaba nerviosa y apresurada a sus lugares de trabajo. El bullicio invadía poco a poco las calles de la ciudad. Entró en un parque cercano al lugar de su alojamiento y paseó entre jardines. El sonido provocado por el canturrear de las avecillas, que ocultas entre el ramaje, picoteaban, o jugaban de rama en rama tratando de vivir ese nuevo día, le cautivó.
   A las once y media, inició el regreso. Sin prisas, con paso reposado se presentó en la cafetería en cuestión. Tomó asiento y aguardó impaciente la llamada esperada. Pasaba un minuto del mediodía cuando su móvil sonó lo descolgó, pero la comunicación sé había cortado. Dos minutos después la misma operación. Pero en esta ocasión estuvo atento y apunto el número que estaba realizando la llamada. El mismo resultado, al descolgar el teléfono la comunicación se cortaba. Aguardó pacientemente. Si no volvía a tener noticias llamaría él al teléfono en cuestión. No fue necesaria, de inmediato una joven que no llegaba a los veinte, se sentó junto a él. Con la sonrisa en sus labios y sin quitar la mirada de Pierre comentó.
   - Un buen móvil. Ha sonado las dos veces que he marcado su número.
   Pierre respondió a la sonrisa con otra, dejó transcurrir unos segundos y se decidió a contactar.
   - No esta mal la estrategia para averiguar, quien es la persona, con la que ha quedado. Soy, todo oído.
   De nuevo la pausa en el intercambio de frases se produjo. En esta ocasión se prolongó algo más pero al fin la joven volvió a intervenir.
   - La verdad es que si usted no me dice, de que se trata, el objeto de su investigación difícilmente podré ayudarle.
   Pierre comenzó a relatar cual era la información que estaba buscando. De inmediato sacó una pequeña libreta y fue anotando los datos que aquel apuesto joven le pedía. Le dio las fechas de la estancia de José en la clínica y su deseo era conseguir la mayor información sobre la operación que se llevó a cabo en aquella fecha y con aquel hombre. Si había fotos las quería y cualquier informe sobre el personaje en cuestión.
   La joven permaneció atenta a los detalles que le daban. Apuntó con meticulosidad toda la información y cuando Pierre terminó de informarle, de nuevo con la sonrisa en su rostro, comentó.
   - Toda esa información le costará veinticinco mil francos. Diez mil ahora y los otros quince al recibir la documentación que solicita.
   Pierre trató de regatear y bajar el precio pero aquella joven guardó la libreta y el bolígrafo en su bolso e hizo intención de irse.
   - Está bien. ¿Pero cómo puedo estar seguro que tras darle esos diez mil usted no desaparece y me quedo sin nada?  
   No tardó en responder. Casi no había finalizado la pregunta cuando contestaba.
   - Bueno es algo a lo que debe arriesgarse si desea esa información.
   Pierre dudaba, no tenía experiencia en ese tipo de negociaciones, temía darle el dinero y perderlo, pero la información era clave para poder llevar pruebas tangibles. Lo que tenía hasta la fecha eran declaraciones pero de poco valor jurídico y de fácil desmantelamiento de las mismas. Se dejó guiar por su intuición y le tendió el dinero.
   - El próximo sábado a la misma hora y de la misma forma.
   Fue pronunciar esas palabras y abandonar el local. Ni siquiera se despidió. Pierre se quedó bloqueado. “Una semana” “¿Y que hago yo aquí durante una semana?”.
   Sin pensarlo dos veces anduvo hasta su alojamiento pagó la cuenta y reservó habitación para el siguiente viernes. Cogió un taxi y se traslado directamente a París y de allí a casa.
   Al taxista le dio la dirección de las oficinas que había abierto en compañía de Alín. Al cruzar la puerta del despacho se encontró con ella trabajando en su primer caso. Un asunto de faldas. La mujer se sentía engañada por su esposo y deseaba que investigaran si había otra en su vida.
  Alín se levantó precipitadamente al verle entrar, fundiéndose la pareja en uno solo. Cuantas cosas había por contar. Se sentaron en el tresillo del despacho y permanecieron toda la mañana contando las investigaciones que habían estado llevando. Aquella profesión era apasionante llegó a comentarle Alín. Comieron en el despacho con la comida que pidieron a un restaurante de alimentos preparados. Durante la misma siguieron contando sus historias y después de una corta sobremesa cada uno se puso a trabajar con lo que llevaba entre manos. Pierre se metió en el otro despacho y estuvo ordenando todas sus notas, recopilando conclusiones y descartando pistas. Ciertamente estaba muy claro José debía haber fallecido y Paco lo había sustituido. Estaba seguro que él era la victima de todo aquel tinglado organizado entre Bernard y Marie. De eso estaba convencido pero precisaba pruebas para confirmarlo. De repente se levantó del sillón entró en el despacho de Alín, que en esos momentos estaba tratando de conseguir un nuevo caso, le dio dos besos y se despidió.
  - Cariño vuelo a Bordeaux ya te llamaré y explicare el motivo.
   En Bordeaux procuró no encontrarse ni con José, ni Bernard, ni Marie. Deseaba investigar que sucedía en el holding, cuando se produjo el cambio de Paco por José. Hablo con Michel, y con infinidad de empleados de los viñedos y bodegas. Contactó, en la cárcel, con los tíos de José y buscó en la prensa de la época las noticias que tuvieran relación con el propósito de su investigación. Los periódicos, las conversaciones, con Michel y sus tíos, le aclararon bastante la situación. Grabó todas las conversaciones que mantuvo con los diferentes personajes, sacó fotocopias de todas las noticias de esos meses que tenían relación con el caso. Especialmente los ecos del juicio contra sus tíos. Cuando el viernes muy temprano llegó de nuevo a casa tuvo el tiempo justo para dar-se una ducha prepararse el equipaje y regresar al aeropuerto para trasladarse a París y de ahí a Ginebra. Le dio tiempo para darle un beso a Alín y rogarle que guardara toda la documentación que había traído en la caja fuerte.
   Durante los vuelos reflexionó sobre el caso que le ocupaba las veinticuatro horas del día. A grandes rasgos el motivo, de la sustitución de Paco, era sin duda, económico. Estaba claro que si no aparecía José el holding habría ido a manos de los cuñados de Marie y el enfrentamiento entre ellos era claro y evidente. Mientras el padre de José vivió la tensión se controlaba gracias a la presencia del jefe del clan, pero con su muerte se vio clara la lucha entre ambas partes. Pero como todo había pasado a manos de su hijo, aunque conseguían más que con su padre, ellos ambicionaban tener el control del Holding. En el testamento del que había sacado una copia todo, salvo el antiguo caserón que era para Marie, pasaba a manos de José, pero si éste fallecía las propiedades pasarían a manos de sus hermanos. No había duda que la justificación de cambiar la imagen de Paco por la de José, tras el fallecimiento de éste, estaba clara. El plan trazado con seguridad por Marie y Bernard no había podido ser mejor preparado. Encontrarse con Paco en las circunstancias que se dio no les había podido salir mejor la increíble trama que montaron. Estaba seguro que su tesis era la correcta. Suiza se lo confirmaría. “Que cerca estoy” Pensaba cuando el avión tomaba pista en el aeropuerto de Ginebra.
   Se instaló en el mismo hotel del fin de semana anterior y rebosante de felicidad por haber conseguido resolver el caso en poco tiempo relativamente se dedicó a pasear por las calles y parques cercanos. Esa noche le costó conciliar el sueño. Deseaba regresar a casa poner en orden todo y con todas las pruebas presentase ante Marie y Bernard. Reflexionó sobre diferentes alternativas. Y con esas cavilaciones consiguió recuperar el sueño.
   Se despertó tarde, se había dormido cerca de las cinco de la madrugada y cuando el sueño se apoderó de su cuerpo se quedó tan profundamente dormido que al abrir los ojos y ver el reloj pegó un salto tal de la cama, que pensó que había volado. Se vistió en un abrir y cerrar de ojos y en unos minutos se traslado a la carrera desde el hotel hasta la cafetería. En el preciso momento que cruzaba el umbral el reloj de pared daba las doce campanadas de ese nuevo día. Se sentó jadeando, pidió un fuerte desayuno y esperó a que sonara el móvil. Pero eran y diez y no había recibido ningún aviso. Estaba impaciente y si no se presentaba. Tenía bastantes pruebas pero ninguna sería tan definitiva como la de la clínica.
   Finalizo su desayuno y ni la menor señal de vida de la joven enfermera. Estaba desanimado, su intuición le había fallado y esa joven se había aprovechado de su falta de experiencia. Iba a abandonar el local, pues pasaba ya una hora, cuando al salir por la puerta alguien se dirigió a él.
   - ¿No quiere lo que traigo?
    Al girarse comprobó que no era la enfermera con la que había hablado el sábado anterior. Se trataba de un joven de edad parecida. Al tiempo que tomaba asiento junto a él, le ofreció un maletín. Lo iba a coger pero el joven le comentó que debería darle antes algo a cambio.
   - La otra vez confié yo en ustedes ahora mientras no vea el contenido no le soltaré el dinero.
   El joven retiró el maletín y se levantó. Pierre se dio cuenta que titubeaba, miraba de reojo y decidió quedarse quieto, sin reaccionar. Como si no le importara que se fuera. Abandonó el local, sé alejó unos metros y regresó sobre sus pasos.
   - Esta bien, pero hágalo con discreción.
   Comentó al tiempo que le daba el maletín y se sentaba junto a él. Pierre con parsimonia lo abrió y sin sacar la documentación del mismo anduvo ojeándo en su interior. Había más información de la que se esperaba. Fotografías de Paco y de José en todas las perspectivas. Analíticas y reconocimientos de todo tipo del paciente. La hora de ingreso y los nombres de los que acompañaban al paciente. Bernard y Marie. Cerró los ojos, dio un profundo suspiro al tiempo que su cuerpo se inundaba de una felicidad indescriptible, sacó los quince mil francos que faltaban por abonar según lo acordado y levantándose con el maletín en la mano se fue directo al hotel, liquido la cuenta y puso rumbo a casa.