lunes, 25 de marzo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO- CAPITULO VII-EL NUEVO HOGAR


                                           - EL NUEVO HOGAR -

   El terreno que ocupaba la Ciudad de los Deportes se iba perfilando semana a semana. Se distinguía perfectamente la ubicación de su campo de golf. Los pabellones polideportivos iban levantándose. Primeros sus esqueletos para revestirse con los materiales de construcción y ofrecer unas instalaciones perfectas para la práctica deportiva. Las zonas de recreo y ocio, adjuntas al complejo deportivo surgían al tiempo que las otras inhalaciones. A su derecha, justo a continuación, del pequeño bosque de pino mediterráneo se alzaba la mansión de su directora.
   Durante toda esa semana Amparo había dado su toque personal a la mansión. Desplazándose a unos grandes almacenes, llenó los armarios de las habitaciones de sus hijos, la suya y la de su padre de la ropa y enseres personales que necesitarían cuando se trasladasen a su nuevo hogar.
   Ese viernes en la mansión todo estaba preparado para recibir a la familia. Alertó al personal de servicio que esa misma noche se instalarían definitivamente. Llegarían a la hora de cenar y todo debía estar cuidado hasta el último detalle.
   A las veinte horas Amparo llegaba a su humilde hogar de la barriada de La Plata. Al abrir la puerta de casa se encontró con las discusiones de sus tres pequeños por la televisión. Saludo, puso un poco de orden y fue al encuentro de su padre para darle un beso y notificar su llegada a casa. Se metió en la ducha y tras relajar un poco su cansado cuerpo se sentó en el salón con sus hijos a leer la prensa y esperar la llegada de su mayor. Cuando la pequeña iba a levantarse para preparar la cena, le tocaba a ella, su madre le detuvo. Comunicándole que esa noche cenarían fuera de casa. Su jefe deseaba conocer a la familia. La alegría se reflejó en su sonrisa de oreja a oreja. Podría seguir viendo la película.
   Transcurridos unos cuarenta minutos, desde la llegada de Amparo, hacía su presencia Ana. Fue el pequeño quien le recibió alborotado, se iban a cenar fuera de casa. Besó a su madre, quien se levantó y animó a la familia para adecentarse y salir.
   En la calle se encontraron con la primera sorpresa. Su madre se dirigía al coche aparcado junto al portal. Al abría la puerta los rostros extrañados de su padre e hijos le hizo reaccionar. Les confesó que pertenecía a la empresa y esa mañana se lo adjudicaron. Era el coche oficial de la directora del complejo. José dio al menos tres vueltas alrededor del vehículo y después se metió dispuesto a observar todo su interior. Al comunicar su madre que disponía de televisión la batalla por poner el canal que cada uno quería se desató entre los hermanos. Pero Amparo puso orden, conectó el canal que en esos momentos daban los dibujos animados del momento y se desplazaron hacía su nuevo hogar. Fue la pequeña, con lágrimas en sus enormes ojos, quien comentó.
   - Papá disfrutaría conduciendo este coche. Era el vehículo de sus sueños.
   Las palabras, de la pequeña, inundaron de tristeza el interior del coche. Había transcurrido casi un año desde su desaparición y el recuerdo por parte de Ester entristeció a todos. Pero no tuvieron mucho tiempo para pensar en ello pues el coche se detenía ante una amplia entrada. Amparo tomó el mando a distancia y abrió la puerta. Recorrieron unos metros y de nuevo la puerta del garaje se elevaba para dar paso al flamante vehículo. En ese momento el móvil del coche sonó. Descolgó, conversó por espacio de unos minutos y colgó poniendo de nuevo el coche en marcha mientras comentaba.
   - Mi jefe, no cenara con nosotros. Ha perdido el avión que le tenía que traer de Madrid. Pero ha dejado orden para que nos atiendan. Cenaremos solos.    
   Descendieron por la rampa hasta llegar al garaje. Aparcó junto a otro automóvil y fue Ana la que rompió el silencio de aquel amplio recinto.
   - Mama yo quiero un coche como ese.
   Indicó mientras señalaba el coche junto al que habían aparcado. Al mirar a su alrededor comprobaron que había dos instalaciones deportivas, una pista de squash y una de pádel. Amparo les aseguró que también contaba con un enorme gimnasio con una gran variedad de aparatos junto a un vestuario, sauna y jacuzzi incluidos. En esta ocasión la expresión de la mediana se pudo escuchar en aquel recito.
   - Menuda casa tiene el ca...
   Su madre le recriminó, rogando que moderara su vocabulario. Pero todos estaban maravillados ante aquella mansión. Fueron al ascensor y mientras, madre, abuelo y Gema subían en el elevador el resto lo hacía a la carrera por las escaleras. Ciertamente, solo era un piso y cuando los tres hermanos llegaron a la planta baja, antes que el ascensor, se encontraron con un hombre de uniforme que atendía la puerta. Se quedaron un poco parados, pero la presencia de su madre saludando al personaje en cuestión los tranquilizó.
   - Buenas noches Ramón. Ésta es mi familia.
   Luego dirigiéndose a sus seres queridos les comentó que era el mayordomo de la casa. Con una exquisita cortesía invitó a los recién llegados a entrar en el salón. Una sala, de cerca de los ochenta metros cuadrados, decorada con todo lujo de detalles. Fue José, el pequeño, quien comenzó a observar todo lo que se cruzaba en su camino. Se entretuvo observando el gran acuario que había con peces de todas clases, mientras sus hermanas, abuelo y madre se aposentaban en unos cómodos sillones. Al aproximarse a las cortinas e investigar lo que había tras de ellas llamó a sus hermanas para comunicarles su descubrimiento. Al otro lado del cristal había una piscina. De inmediato se levantaron para observar lo que su hermano aseguraba. Pero el pequeño no se entretuvo mucho se lanzó a los sillones, miró a izquierda, derecha, delante y detrás, pero lo que buscaba no lo encontró. Con descaro y dirigiéndose a Ramón le preguntó.
   - ¿En esta casa no hay televisión?
   El quejido de su madre se pudo escuchar. El mayordomo abrió un mueble, tomó en sus manos un impresionante mando a distancia, apretó uno de sus botones y la pared que había frente a los sillones se desplazaba hacia la derecha dejando al descubierto una enorme pantalla plana de televisión de dimensiones gigantescas. No la había encendido cuando el pequeño volvió a preguntar.
   - ¿Hay canal Disney?
   De nuevo la sonrisa se dibujó en el mayordomo. Conectó el televisor al tiempo que comentaba.
   - En efecto hay cualquier canal que el señorito desee ver. Y como veo que la televisión le gusta. Esta noche el mando le pertenece.
   José dirigió su mirada victoriosa hacía sus hermanas que en esos momentos se acercaban para ver aquella descomunal pantalla de televisión. Ante la actitud chulesca de su hermano y cuando Ramón abandonó la habitación comenzaron  a burlarse de él. “El señorito”. “Está contento el señorito con su televisión”. De nuevo tuvo que intervenir Amparo para que se moderaran un poco. Se encontraban enfrascados comentando las impresiones provocadas por la mansión cuando una encantadora señorita de uniforme, con cofia incluida, se presentaba con un variado y suculento aperitivo. A continuación. Ramón, con el carro de servicio, llevaba las bebidas.
   Ramón regresaba de la cocina para reponer la bebida cuando la pequeña preguntó si se podía bañar en la piscina. Amparo, tras un guiño al mayordomo,  preguntó.
   - ¿Habrá algún bañador para que mi hija pueda darse un baño?
   De inmediato le aseguró que lo buscaría. Al solicitarlo el resto de los hijos. Les rogó que le acompañaran. Se metieron en los vestuarios de la piscina y ante sus ojos estaban preparados los bañadores, unos albornoces, zapatillas de piscina, gorros de baño y las gafas. Les invitó a que se cambiaran y abandonó los vestuarios. Ana se extrañó al comprobar que todo era de su talla y al observar que a sus hermanos les ocurría lo mismo comenzó a reflexionar. Pero la impaciencia del pequeño le sacó de sus reflexiones y se fueron a la pileta para disfrutar de aquellas cálidas y cristalinas aguas. Fueron directos al tobogán y se entretuvieron haciendo el gamberro en aquella atracción.    
   Al presentarse Amparo en la piscina y rogarles que saliesen del agua, pues iban a servir la cenar, se encontró con su mayor tratando de consolar a la pequeña, mientras Gema y el pequeño jugueteaban en el agua. Al acercarse para interesarse por ella comprendió el sofoco de ésta. Lo que había visto coincidía exactamente con la casa que papá, en broma, le comentaba que  sería su casa dentro de unos años. Aseguró a su madre que tenía configurado unos planos que se los enseñaba y le explicaba cada detalle del mismo y hasta el momento, sótano y planta baja eran una reproducción exacta. Al tiempo que les iba relatando sus inquietudes, tanto madre como hermana se vieron sorprendidas por la humedad en sus ojos. No pudieron evitarlo. Amparo se abrazó a sus dos hijas y estuvo en un tris de confesarles la sorpresa, pero había decidido revelarla al finalizar la cena. Estaba convencida que cuando vieran en la puerta de sus habitaciones su nombre escrito desvelarían la sorpresa que les tenía preparada.
    Ana tuvo que pelear más de la cuenta para conseguir que el pequeño abandonase la pileta. Pero cuando le amenazó con retirarle el mando de la tele obedeció de inmediato y en compañía de su hermana se metió en los vestuarios para ducharse, vestirse e ir a cenar.
   De nuevo al entrar en el comedor sus ojos contemplaron el lujo y la amplitud de la casa. Al tomar asiento el último componente de la familia el servicio hizo acto de presencia. En procesión, provistos de unas bandejas, con la cena. Al comprobar que eran sus platos favoritos y cocinados de manera magistral se sorprendieron. Sin duda mama había hablado con su jefe y le había confesado lo que le gustaba a cada uno. Fue una cena encantadora. Mientras se deleitaban con sus platos de su preferencia pudieron conversar sobre la increíble casa que tenía su jefe y lo que habían podido disfrutar esa noche.
   Reconfortados sus cuerpos de calorías Amparo les invitó a visitar la casa. Ramón iba a ofrecerse, pero la señora le dispensó. Ese placer de poder contemplar el rostro de sus hijos cuando descubrieran la sorpresa deseaba gozarlo sola con sus pequeños. En primer lugar bajó con toda la familia al sótano. Mama, el abuelo y Gema lo hicieron en el ascensor, mientras que los otros, a la carrera, descendieron por las escaleras. Al entrar en el gimnasio el pequeño se subió y probó todos aquellos aparatos, estaba como loco, no sabía a cual acudir, sus hermanas hacían lo mismo, con la excepción de la mayor que junto a su madre y abuelo comentaban la grandeza de aquella mansión. Entraron en los vestuarios y quisieron poner la sauna, pero mama no se lo permitió. Conectaron el jacuzzi y si no es por la rápida intervención de su hermana Gema el pequeño se habría caído al agua vestido y todo. Tras pelear un poco con él volvieron a la planta baja. Salieron directamente al exterior de la casa. Un pequeño y cuidado jardín se les ofrecía ante sus asombrados ojos para disfrutar de su belleza y aroma durante el recorrido. Fue Ester la que llena de alegría comunicó a todos su descubrimiento. Un campo de Vóley. Estaba montado y un balón junto a un poste esperaba que alguien lo cogiera para jugar con él. Y efectivamente así fue, pues la pequeña no se resistió a cogerlo y golpear varias veces. Realizó algún saque y rogó a sus hermanos que le acompañasen. Amparo les aclaró que en verano el suelo se retiraba y daba paso a una piscina descubierta. Tras pelotear, un poco en el campo, prosiguieron su recorrido por los alrededores de la mansión. Dos greenes separaban un pequeño campo de fútbol de césped. En esta ocasión el recuerdo de papá partió por parte del pequeño. Todos cruzaron sus miradas y la tristeza se reflejó en sus rostros. Al otro lateral  una magnifica pista de tenis completaba las instalaciones deportivas de la casa. Finalizada la visita externa volvieron a entrar. Ya conocían el vestíbulo, el salón y el comedor. Por ello, mama, les paso directamente a la biblioteca. Una suntuosa  habitación repleta de estanterías sin un solo hueco para poder poner un nuevo libro. Ocho escritorios en el centro de la sala, con su ordenador correspondiente. Ana se interesó por la bibliografía. Su madre conectó un ordenador, buscó el archivo del índice de libros. Una primera parrilla se mostraba en la pantalla. Temas, genero, orden alfabético, etc. Una gama de posibilidades para buscar cualquier ejemplar que se encontrase en esa enorme sala de cultura. Ana pulsó sobre temas y buscó lo que le interesaba. Ante sus asombrados ojos fue apareciendo una retahíla de títulos de gran interés para ella. Se giró hacía su madre y preguntó.
   - ¿Podría llevarme prestado o venir aquí para consultar algunos libros?      
   La sonrisa se dibujó en el rostro de Amparo de oreja a oreja. La felicidad embargaba todo su cuerpo al comprobar lo emocionada que estaba su familia. En esos momentos se imaginó sus rostros cuando comprobaran que todo aquello que les estaba maravillando les pertenecía. Sin desdibujar la sonrisa le aseguró que podría entrar en aquella biblioteca cuantas veces quisiera. La emoción y alegría no le permitió captar la entonación que le había dado su madre a lo dicho y prosiguieron con la visita a la mansión.   
   Entraron en las cocinas, visitaron las dos habitaciones para invitados. Cada una constaba de un salón, un despacho, un aseo y un dormitorio. Más que habitaciones parecían unos amplios apartamentos.
   Por fin llegó el momento deseado. Sabía que cuando subieran a la primera planta y vieran en las puertas de sus dominios su nombre se desvelaría el secreto. Pero en primer lugar entraron en el dormitorio principal, el de su madre. La puerta daba entrada a un gran salón, con toda clase de detalles. Tres puertas más daban a esa sala. La primera a un amplió despacho, la central, al dormitorio de matrimonio, donde dos puertas a izquierda y derecha conectaban con ambos aseos con jacuzzi incluido en cada uno de ellos, por último la otra puerta daba a un despacho gemelo al anterior.
  De nuevo Gema con la exclamación de rigor comentó.
  - Menudo h. de p. Vaya casa tiene.
   De nuevo, Amparo, tuvo que recriminar a su mediana. Salían de los dominios de Amparo, el corazón comenzó a funcionar a un ritmo superior. Era consciente que cuando se encontraran en la puerta el nombre de su primera hija lo descubrirían. Al llegar ante los dominios de Ana un gran letrero con su nombre en la puerta los dejó perplejos. Al unísono dirigieron su mirada a su madre. La felicidad embargaba todo su cuerpo. Ese momento era de los pocos que había tenido desde la desaparición de Paco. La sonrisa delataba lo que sus incrédulas mentes les confirmaban. Exhausta de felicidad y sin desdibujar su sonrisa comentó.
   - Efectivamente, cada uno, tiene su habitación.
   Fue decir esas palabras, cuando el primero en reaccionar fue el pequeño que como una exhalación fue a buscar su puerta. Correteó de un lugar a otro hasta que dio con la suya. Entró como una estampida. Lo primero que hizo fue abrir todas las puertas.  Pasó al salón, con su pantalla plana de televisión, su tresillo, sus sillones y un pequeño bar con nevera incluida. Al abrirla y verla repleta, a pesar de cenar como un porcino, cogió un kidkad y una coca cola. Entró en el despacho y no daba crédito a lo que veía. Al abrir la siguiente puerta se encontró con el cuarto de aseo. Allí se podía perder uno. El jacuzzi le enloqueció, entró en su habitación y luego a la carrera salió como una exhalación en busca de sus hermanas. Al oír al pequeño salieron al pasillo. Amparo comprobó que su pequeña no estaba y mientras el resto acompañaba a José para que les mostrara su habitación ella se introdujo en la de Ester. Al entrar en el dormitorio se quedó inmóvil, sus ojos se cargaron de lágrimas en un instante. Su pequeña sobre el lecho lloraba amargamente mientras repetía una y otra vez la misma palabra.
   - ¡Papá!... ¡Papá!... ¡Papá!
   Buscó, en el bolsillo de la chaqueta de punto, el pañuelo y mientras secaba su cara se aproximó a su pequeña para consolarla y consolarse con ella. Al sentir a su madre se abrazó fuertemente. Permanecieron varios minutos llorando como la mismísima Magdalena. Al descargar todas esas emociones que se juntaron en esos instantes. Ester, algo más calmada se decidió a hablar.
   - Mama. Esta es la casa que papá había soñado tener.
   Pausa para liberar un puchero y de nuevo se arrancó.
   - Me enseñó hasta los planos de esa casa ideal y coincide metro a metro, detalle por detalle con la de sus sueños.
   Nueva pausa para lanzar de inmediato una pregunta.
   - ¿Por qué no puede estar con nosotras?
   El llanto le pudo y las lágrimas salían de sus ojos como los torrentes que solían visitar en Los Pirineos. Se produjo un largo momento de silencio, roto por los sollozos y gemidos de su pequeña, al tiempo que su madre, con la emoción en el cuerpo, trataba de tranquilizarla. De nuevo volvió a dirigirse a su madre.
   - No te puedes imaginar cuando, cada noche, al meter me en la cama, los recuerdos de sus locuras, de sus manías, de sus risas, del cariño y la entrega hacia nosotras inundan mi mente. Recuerdo cuando me veía deprimida y acudía presto a mi lado para interesarse de mis problemas y tratar de consolarme.
   Los pucheros, el sofoco y las lágrimas acompañaban a la pequeña de la casa mientras comentaba con su madre todo lo que le inquietaba en esos momentos.
   - ¡Tiene que aparecer! Le necesito más que este maravilloso cuarto con el que todos hemos soñado. ¡Mi propia habitación! Te juro que cambiaría todo absolutamente todo por tenerle aunque fueran unos segundos a nuestro lado.
   Amparo abrazó con fuerza a su niña y cuando descargaron todo el dolor, que llevaban dentro, ella comenzó animando a su hija mostrando cuanto disponía en sus dominios. Transcurridos varios minutos de nuevo se reunieron todos para ver juntos uno por uno sus aposentos. Los de Ana, de Gema, de Ester, de José, del abuelo y por último en esa planta la de la abuela.         
   Salían de la estancia de la abuela cuando Ester se adelantó al resto y descubrió lo que guardaba el último piso, al  comentar.
   - Arriba deben estar las salas de juego.
   Fue pronunciar la frase cuando José se precipitó en busca de las escaleras que conducían a la planta superior.
   Con toda seguridad Amparo tendría que pelear con sus hijos y especialmente con el pequeño para que saliera de ese piso. Pero desde ese mismo momento puso las condiciones muy claras para disfrutar de aquella última planta.
   - Durante los días de clase está totalmente prohibido y solo sé abrirá los fines de semana y en los periodos de vacaciones. Pero, suponiendo que los resultados del colegio no sean satisfactorios, tampoco se tocará por parte de quien no cumpla con su obligación. 
   Entraron en la bolera, en la sala de ordenadores y consolas. Allí  se podrían pasar horas y horas sin enterarse que el tiempo pasaba.  Les chocó una gran sala con solo parqué, con una gran armariada y dos puertas que daban paso a los servicios y duchas. Amparo les aseguró que aquello estaba para cuando se reuniesen todos los primos. Principalmente en Navidades. La armariada se ubicaba a lo largo de la sala. Una, para guardar ropa la otra era falsa. Unas camas plegables se dejaban caer al abrir las puertas. Allí podrían instalarse todos dejando las habitaciones para los matrimonios.
   - Mama, llama a los primos y que vengan mañana a pasar el fin de semana.
   Amparo, sonrió la ocurrencia de su pequeño, tomó el teléfono móvil y conectó con una de sus cuñadas.









lunes, 18 de marzo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO- CAPITULO VI-LA SORPRESA



                                 - LA SORPRESA

   Al llegarle el extracto del banco, Amparo se quedó sorprendida, habían ingresado medio millón. ¿De dónde había salido ese dinero? Se vistió, subió al coche y se dirigió a la sucursal bancaria para aclarar el ingreso. En la oficina le aseguraron que fue remitido desde  una entidad bancaria. Lo hicieron en efectivo y no supieron decirle quien lo había efectuado. Pero al mismo tiempo le confirmaron que se había efectuado a su nombre, de ello no había ninguna duda. Por tanto, el error de haber confundido el número de cuenta estaba totalmente fuera de toda duda. Fue ingresado con su nombre, dos apellidos y por supuesto con su número de cuenta.
   Aquel dinero llegó como el mana en el desierto. Las cuentas no eran muy boyantes y sin los ingresos de Paco la situación estaba siendo crítica.
   A las dos semanas de la grata sorpresa económica, el teléfono sonó. Rápidamente Gema, la mediana de las chicas, se precipitó al aparato y contestó.
   - Mama es para ti. Un tal Gerardo.
   No conocía a nadie con ese nombre, se puso al aparato, y trató de averiguar de quien se trataba y que deseaba. Su interlocutor se presentó y le preguntó si había recibido las quinientas mil pesetas. La sorpresa fue mayúscula. A qué santo le preguntaba si había recibido esa cantidad. No sin reparos preguntó a que se debía su llamada y si él ingresó el dinero. Unos minutos de conversación dieron pie a que se citaran en el Parador Nacional Luis Vives donde estaba hospedado.
   Gema, tras colgar su madre, preguntó quién era ese Gerardo y que pretendía. Su madre con la dulzura que le caracterizaba contestó a la pregunta, que con cierta ironía, había formulado su hija.
   - Por lo que me ha contado es un empresario que jugaba al golf con papá. Había llegado a un acuerdo para asociarse y construir la ciudad del deporte en Valencia. Ahora, tras su desaparición, me ha pedido entrevistarse conmigo y hablar del tema.
   - No iras solas. ¿Verdad mama?
   Ahora que lo comentaba, tenía razón. Pero como quedaron a comer ese sábado, le quedaban tres días para pensarlo y decidir lo más apropiado.
    Esa mañana, tras su jornada laboral en la piscina, en compañía de su hija mayor se desplazaron en el coche hasta el parador. En recepción se encontraron con Ramón un conocido, pues llevaba a sus hijos al colegio y uno de ellos era de la edad del pequeño. Se saludaron y preguntaron por Gerardo Domingo.
   - Os está esperando. Está en la cafetería y me ha pedido que le avise en el momento que os viera entrar. Por favor.
   Las pasó a un pequeño salón donde había preparado un aperitivo. Con su entrada un camarero les preguntó lo que deseaban tomar. Sirviendo a continuación lo solicitado. No había transcurrido más de cinco minutos cuando el tal Gerardo hacía su entrada. Con una exquisita educación se presentó y saludó a madre e hija. Les invitó a sentarse y comenzó a aclarar la situación.
   - Conozco a su marido desde hace más de cuatro años. Mientras jugábamos unos hoyos, solíamos coincidir bastantes días, salió el tema de nuestros sueños e ilusiones. Él me confesó que si se consiguiera un lugar apropiado y un apoyo financiero fuerte, la mejor inversión que se podía llevar en Valencia sería sin duda una instalación deportiva que se saliera de lo normal. Hablamos de las cantidades a invertir y sus cálculos, si se pretendía atraer a clases altas, podría llegar hasta los cinco mil millones. Si  por el contrario se desechaba el campo del golf el precio se reducía a la mitad.
   La idea le había entusiasmado y comentándolo con unos amigos franceses decidieron contratar a Paco.
   - Su esposo, había comenzado a trabajar en el proyecto. Ese es el motivo por el que le hemos ingresado esa cantidad en el banco. La ubicación de las instalaciones ya la tenía decidida y se está gestionando. Captó perfectamente el emplazamiento idóneo de ese complejo. Siguiendo su consejo se construirá próximo a la ciudad de las ciencias, el parque oceanográfico y paralelo al complejo comercial.
   Prosiguió exponiéndole lo que Paco, según el personaje en cuestión le contaba, había  preparado y estudiado. Tenía en mente personal para ese complejo y como una de las personas elegidas era ella, Gerardo le propuso hacerse cargo de lo que su marido había iniciado, hasta que él apareciese. El reto le dejó algo parada, su hija le animaba para que aceptase, pero tenía sus dudas. Gerardo le aseguró que no estaría sola, ya había un equipo de especialistas,  propuestos por su esposo, que trabajaban sobre el asunto y él, personalmente, estaría a su lado para facilitarle cualquier problema que se le presentase. En esa empresa todo se hacía por consenso.
   La conversación prosiguió, sobre el asunto, a lo largo de la comida. Ana, insistía a su madre que tomase esa decisión. Era el sueño de su padre y en sus manos estaba poderlo hacer realidad.
   - Estoy segura que a papá le entusiasmaría que tomases esa decisión
   El reto era grande pero las palabras de su hija le dieron ese empujón para no decir, no. Tampoco se comprometió, y quedaron en volverse a ver. Gerardo le rogó, que no se pusiera un tope de tiempo, que los momentos que tuviese libre de su trabajo se acercara por la oficina que se había abierto para gestionar la construcción y dirección del proyecto y sin comprometerse poder ir viendo como marchaban las cosas. La promesa de mantener el abono de la nomina acordada con su esposo, fue determinante para que se lanzara, por el momento, a la aventura.
   Nada más abandonar el parador madre e hija, Gerardo telefoneó a Bernard confirmándole que la operación estaba en marcha y de momento no había dicho no al proyecto. Le felicitó, sabía que si alguien era capaz de convencerle ese era sin ningún género de dudas él.
   Regresaban en su vehículo comentando el encuentro. Sus temores habían cambiado de preocupaciones, ahora la responsabilidad de aceptar era enorme pero por otro lado muy tentadora. Ana volvió a insistir sobre el sueño de papá. Era consciente que si algo iba a mover a mama para aceptar sería pensando en esa ilusión de su padre.
   Ese fin de semana le costó conciliar el sueño, la desaparición de su esposo, los acontecimientos de ese día y el reto que tenía ante sí no le permitieron descansar.
   El lunes, muy temprano, a las ocho, ya estaba en las oficinas donde había quedado con Gerardo para ponerle al día. Lo primero que le expuso fueron los planos de aquel proyecto. Aquello era impresionante. Pero una construcción, cercana al recito, le llamó la atención.
   - Bueno. Esa edificación fue una condición impuesta por su esposo si aceptaba hacerse cargo de la instalación. Se trata de la vivienda de sus sueños.
   Estaba atónita, todo aquello le comenzaba a pesar demasiado, pero cuando regreso a casa y lo comentó con sus hijas. De nuevo le animaron a afrontar ese reto, a ser valiente. Tenía ante sí la posibilidad de sacar a su familia hacía delante e incluso poseer recursos para buscar a papá.
   Esa misma tarde conoció al equipo de expertos que trabajarían con ella y lo cierto es que se sintió tan arropada por aquel grupo humano que pronto se sintió segura de sí misma y empezó a tomar las primeras decisiones. Aquellas personas no le hicieron sentirse mal en ningún momento, exponían sus opiniones y luego entre todos decidían los pasos siguientes que se debían iniciar, comenzar, o rectificar. Al despedirse hasta la mañana siguiente se sentía segura de sí misma. Aquello no iba a ser tan duro como en un principio suponía. Dio las gracias a Gerardo, disculpándose por las prisas. Pero se le hacía tarde para acudir como todos los días a su trabajo en la piscina del colegio.
   Bernard había dejado instrucciones muy concretas. Gerardo debía hacer lo imposible para que esa mujer se hiciera cargo del complejo, y a ciencia cierta que lo estaba consiguiendo. Ella era consciente que no podría llevar a cabo su trabajo de dirigir ese gran proyecto si continuaba trabajando en el colegio. Pero necesitaba estar segura de la decisión a tomar. Gerardo le aseguró que no tenía que preocuparse, que se tomara el tiempo que necesitase, era consciente que no era fácil decidirse y comprendía sus dudas especialmente ante la situación que estaba viviendo de incertidumbre por la desaparición de su esposo.
   Al tener el día ocupado desde primeras horas de la mañana hasta las últimas horas de la noche, la situación se le hizo un poco más llevadera. Con Gerardo y el equipo se encontraba como si hubiese trabajado con ellos toda la vida, confiaban en ella plenamente y casi todas las propuestas que realizaba las llevaban a cabo. A los tres meses, fueron verdaderamente agobiantes, comunicó al colegio que dejaba su puesto de trabajo para dedicarse de lleno al sueño de su esposo. Las obras se habían iniciado, la propaganda estaba en marcha y la primera semana que pusieron al público la posibilidad de pertenecer como socios al complejo deportivo, todas las previsiones se quedaron cortas. El primer cupo, mil socios, se cumplió con creces esa primera semana. En la inscripción se debía abonar una cantidad considerable y luego mensualmente unas cuotas, si bien éstas no comenzarían a pasar los recibos hasta que las instalaciones no se inauguraran. La segunda semana se volvió a ofertar otra tanda de mil solicitudes. En este caso la cuota de entrada se duplicaba. Nuevamente se sorprendieron al comprobar que no había terminado la semana cuando el nuevo cupo se cerró.  La ubicación, y especialmente la calidad de las instalaciones que estaban previstas construir obro el milagro. El tope de socios estaba en los cinco mil. El estudio realizado para el aprovechamiento de las instalaciones estaba estipulado en unas siete mil personas, y el mismo estudio aconsejaba dejar dos mil plazas para los no socios. La tercera tanda de socios se ofertó, otras mil. En un principio solo habían pensado ofertar los primeros mil, pero como había tenido tanto éxito optaron por ofertar otros mil, y de nuevo otros mil. Dejando los dos mil restantes para cuando las instalaciones estuviesen terminadas. Este último bloque costó algo más en cubrir, no en balde triplicaba la cantidad de los primeros socios.  Pero la gente era consciente que las últimas dos mil plazas se dispararían a precios prohibitivos y de ahí, aunque costó algo más se cubrieron en tres semanas. Las últimas solicitudes llamaron la atención a Amparo y sus colaboradores, pues pertenecían a gente de Madrid y Barcelona. La instalación que cubrió su cupo desde el primer momento fue el campo de Golf. No en balde disponer de una instalación de esas características en la misma ciudad era todo un lujo.
   Bernard se presentó en varias ocasiones para verificar que todos los deseos de Marie, su patrona, se estaban cumpliendo al pie de la letra. Quedó impresionado por la marcha de las instalaciones y del equipo encargado de la puesta en marcha de aquel gigantesco complejo deportivo. En la reunión que mantuvo con Amparo y Gerardo. Ella le expuso su plan de trabajo. Cada deporte tendría un responsable, con titulación de licenciado o maestro, quien se encargaría de elegir a su equipo según las necesidades. Se constituyó un consejo, formado por los responsables económico y el deportivo, donde se programarían todas las actividades del año. Luego estos con sus equipos planificarían día a día sus parcelas. Era necesario que los responsables deportivos se desplazaran a diferentes ciudades e instalaciones para estudiarlas y coger lo mejor de cada una de ellas. Para luego aplicarlas en la ciudad del deporte.                
  Bernard se marchó muy satisfecho de su visita. Marie podría estar contenta de cómo se iban desarrollando las cosas en Valencia. Aquel complejo tenía asegurada su continuidad. Había comprobado personalmente que Gerardo y Amparo habían sabido rodearse de personal competente y el sueño de aquel profesor de educación física que había sido “secuestrado” se cumplía y sus familiares más cercanos podrían disfrutarlo.
   Amparo se rodeo de familiares y conocidos, competentes en diferentes campos del deporte. Ese sábado invitó a todo el consejo deportivo a una comida de trabajo en el Parador Nacional Luis Vives del Saler. Allí se dieron cita y en el aperitivo les repartió un dossier donde les explicaba las líneas y pautas a seguir en el viaje que emprenderían. Se discutieron varios puntos del mismo y se realizaron sugerencias que fueron añadiendo. Tras la comida prosiguieron la conversación y quedaron para el siguiente sábado nuevamente a comer. Durante esa semana tendrían que estudiarlo con detenimiento y exponer sus opiniones en la siguiente reunión. Al llegar el  sábado se discutieron algunos puntos, pero no se cambió prácticamente ninguna cosa. El documento estaba muy bien estudiado y estructurado y con los añadidos del sábado pasado quedó listo para seguirlo todos sus miembros.
  Fueron tres meses agotadores para el equipo deportivo, pero la experiencia mereció la pena. Habían podido estudiar y comprobar las mejores escuelas deportivas europeas de las diferentes secciones que tendría la Ciudad del Deporte. Se trajeron importantes aportaciones. Filmaron instalaciones, sesiones concretas dadas en esas escuelas, materiales originales que se empleaban para la enseñanza de diferentes facetas. El personal no se contentó con estudiar su parcela, siempre que captaban algo aunque no fuera de su competencia lo recogieron en la memoria del viaje. Al regreso se estuvieron reuniendo por espacio de varias semanas y, cada uno, aportó todo aquello que había podido estudiar y ver. Se confeccionó, entre todos, un dossier con todas las cosas más interesantes. Sin duda aquella futura instalación partía con una gran ventaja. Todo estaba preparado para iniciar las actividades en el momento que las instalaciones estuviesen listas.
   A los seis meses de hacerse cargo Amparo de las instalaciones Gerardo le invitó a visitar su nuevo hogar. La casa de los sueños de su marido se había construido junto a la Ciudad del Deporte. Estaba completamente terminada y deseaba entregar aquel hogar, como le había encargado Marie, lo antes posible.
   Esa mañana invitó a Amparo a que le acompañase. La primera sorpresa se la encontró en el garaje de las oficinas. Un flamante mercedes matriculado ese mismo día le esperaba para su uso personal. Era un coche de la empresa pero Amparo podía disponer de él como quisiera. Le invitó a que lo condujera y se desplazaron hasta la vivienda en cuestión. Cuando entraron por la puerta principal se quedó atónita, aquello era un palacio. Ante ella tenía la casa de los sueños de su marido y ahora ella y sus hijos podrían disfrutarla. Al descender del coche, Gerardo le presentó al personal que se encargaría del mantenimiento y asistencia de la casa. Un mayordomo, dos señoras de cocina y dos señoritas para el servicio doméstico. Aquel personal cautivó a la señora de la casa, de una corrección increíble y de gran cultura. Ellos también quedaron gratamente sorprendidos por la sencillez y familiaridad de su señora.
   Mientras el mayordomo acompañaba a la pareja para enseñarles hasta el último rincón de aquella mansión, en un momento que se encontraron solos Amparo aseguró que no se podía permitir el mantenimiento de aquella mansión y de su personal. Gerardo sonrió. Asegurándole cubrir los gastos de mantenimiento de la mansión la empresa. Ella solo tenía que preocuparse por el funcionamiento de la empresa. Era la casa de su directora y, por tanto, el mantenimiento corría a cargo de la Ciudad de los deportes. Estaba en una nube, perpleja e incrédula de lo que le estaba sucediendo esos últimos meses. Tras el comentario prosiguieron con la visita. Al salir al exterior y percibir el aroma de las flores y plantas del  pequeño jardín de la entrada, se sintió feliz. Pero al llegar a la parte posterior y comprobar la existencia de dos greenes, que habían  separados por un pequeño campo de fútbol de césped, sus encantadores ojos verdes se inundaron de lagrimas. De inmediato acudió a su mente el recuerdo de su marido, y mientras esas gotas saladas se deslizaban por sus mejillas para chocar contra el suelo reflexionaba mentalmente ¿Cómo disfrutaría con esos pequeños trozos de terreno y sus palos de golf? Sacó el pañuelo del bolso y enjugó las lágrimas. Lo comentó con Gerardo mientras proseguía con la visita.

domingo, 10 de marzo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO - CAPITULO V-LA ÚLTIMA ARTIMAÑA




   Esa noche, Bernard, Michel y José, en compañía de varios trabajadores comenzaron el inventario de la bodega del antiguo caserón. Eran cerca de las dos de esa madrugada cuando exhaustos subieron al salón y mientras se servían unas copas conversaban sobre el recuento. Podrían atender los pedidos por espacio de tres meses. Estaban en las cocinas reponiendo un poco sus cuerpos con un buen desayuno cuando fueron alertados. Los viñedos junto al Garona, los más importantes de aquella empresa de vinos estaban siendo arrasados por el fuego. Se desplazaron en furgonetas y comprobaron que grandes extensiones eran arrasadas por completo por las llamas. La cosecha se había perdido y tardarían meses en volver a conseguir que esas tierras volvieran a ser productivas.
   Las primeras investigaciones apuntaban a un incendio provocado intencionadamente. Alguien estaba interesado en que esos terrenos no tuvieran el valor necesario para sus dueños. Bernard fue el primero en apuntar que detrás de aquello estaban los tíos de José. Eran los más interesados para que no se vendieran a la empresa Champagne, lo que no permitiría levantar cabeza a Marie e hijo. Pero aunque estaban convencidos de los autores de aquel fuego, poderlo demostrar sería prácticamente imposible. 
   Esa misma mañana se presentaban en el antiguo caserón sus tíos. Bernard intentó expulsarlos, mientras los amenazaba. Pero José salió en auxilio de aquellos desaprensivos. Su actitud tenía desconcertados a todos, su educación, su amabilidad y saber estar en todo momento contrastaba con el antiguo José. Bernard adoraba aquel personaje, no comprendía como una persona podía aguantar lo que estaba soportando. Pero José era consciente que ahora lo más importante era hacerles creer que tenían la situación controlada. De notar su debilidad se cebarían con ellos. Por ello en tono pausado comenzó.
   - Os agradezco vuestra presencia. Como podéis comprobar las desgracias se están cebando con nosotros.
   Los pasó al salón y se asombraron del buen estado de aquella vivienda. Volvía al esplendor de unas cuantas décadas atrás cuando los abuelos de José controlaban aquel imperio del vino. Pero lo que les tenía atónitos era la actitud de su sobrino. Por fin uno de ellos se decidió a intervenir.
   - Sabemos lo de los campos y nos gustaría tenderos una mano. Desgraciadamente esos terrenos no tienen el valor de antes pero para que os podáis recuperar.
   Prosiguió hablando con tal cinismo que Bernard saltó en dos o tres ocasiones pero se vio frenado por su jefe. Cuando lanzaron la oferta por esos campos José sonrió. Y con serenidad respondió.
    - Os agradecemos vuestra ayuda y colaboración pero esos terrenos ya los hemos vendido y lo cierto es que hemos tenido un poco más de suerte que vuestra oferta.
   José había montado una argucia legal por la cual esos terrenos se habían vendido a la Ciudad de los deportes de Valencia. Por unas cantidades desorbitadas. Los terrenos seguían siendo controlando por ellos e hicieron creer que poseían un gran capital para hacer frente a cualquier situación. Necesitaba transmitir seguridad, pero sobre todo, que sus tíos nerviosos por la noticia cometiesen alguna torpeza que los descubriera.
    Palidecieron pues sin los viñedos tendrían problemas para abastecer a los clientes. Además, comenzaban a perder, al bajar notablemente la calidad de sus caldos. No volvieron a pronunciar una sola palabra. José haciendo gala de una tranquilidad y dominio de la situación prosiguió charlando.
   Los tíos abandonaron la antigua mansión con el semblante serio estaba claro que no habían valorado al nuevo sobrino. El dominio de la situación y su tranquilidad los agarrotó, de tal modo, que al regresar a casa eran ellos los que se sentían derrotados.
   La seguridad, en todo momento, de José los desconcertó hasta tal punto que pensaron que había algo que les permitiría salir de aquella situación. No debían precipitarse, de momento la situación aparentemente la dominaban pero tenían que descubrir que era lo que le hacía sentirse tan seguro a su sobrino. ¿Quién estaba detrás de esa empresa valenciana? ¿Por qué la calidad de los caldos de las bodegas del antiguo caserón superaba con creces sus caldos? No podían abastecer a muchos clientes, pero al aumentar la demanda y no haber suficiente abastecimiento los precios de los caldos de Marie se dispararon de forma desorbitada. ¿Por qué la mayoría de sus empleados comenzaba a apoyar más a su cuñada y sobrino, cuando no hacía ni un año que los tenían a todos en contra? Pero especialmente llamó su atención la actitud de Michel una persona fiel como pocos a ellos y ahora parecía que se alejaba de su lado. Los hermanos planearon una nueva estrategia. Carolina, sobrina de uno de ellos por parte de su mujer, se presentó esa mañana en el antiguo caserón. Cuantos recuerdos gratos y tristes le llegaron a su mente al cruzar el umbral de aquella puerta.
   Era una mujer encantadora, dulce, cariñosa y de un inmenso corazón. Había y estaba, enamorada de José. Era  su primer amor y desde jovencita lo veneraba como a un ídolo. Era consciente que él se aprovechaba de esa circunstancia. Aquel hombre le había humillado, maltratado y despreciado siempre, aún así, lo adoraba con toda las fuerzas de su ser. Cuando salió a recibirla ella se abalanzó sobre sus brazos. Él permanecía sorprendido, no conocía, o no recordaba nada de esa mujer. No sabía dónde colocar sus manos. Fundida a su cuerpo besaba su rostro con una ternura excitante. A comprobar la pasividad de su pareja, la felicidad que su rostro reflejaba al entrar cambió radicalmente.
   - ¿No te acuerdas de las amigas?
   José estaba sorprendido y aunque no sabía de quien se trataba se disculpó, tomó su mano y con una delicadeza que estremeció el cuerpo de aquella mujer depositó sus labios en su mano.
   - El trabajo me tiene tan ocupado que hasta he perdido el recuerdo de mis amigos.
   La conversación se animó entre los dos. Carolina sentía como todo su ser se encogía y la felicidad inundaba hasta el último rincón de su cuerpo. La forma como le hablaba, los detalles exquisitos de su gran amor la desconcertaron. ¿Sería verdad lo que la gente comentaba de José? Pronto comprendió que estaban en lo cierto al decir que ese José no era el de antes. Rieron y conversaron por espacio de unos cincuenta minutos y como tenía que visitar los viñedos le invitó a cabalgar junto a él mientras realizaba la visita a los terrenos. Cuantos recuerdos le llegaron al entrar en las caballerizas, cruzó en numerosas ocasiones su mirada con la de él y pudo comprobar como la sonrisa estaba siempre a flor de piel de aquel nuevo José.
   Al regresar a casa se extrañó del interrogatorio al que le sometió su tío. Aquello le chocó en exceso, pero no hizo preguntas, contestó a todas. Las respuestas revelaban la posición económica inmejorable de su sobrino y cuñada. Carolina, ante la actitud de sus tíos decidió desde ese momento averiguar que tramaban. Una tarde estando en el salón tomando el té de las cinco, la puerta de la biblioteca estaba abierta, pudo escuchar la conversación que mantenían sus tíos.
   - ¿Has conseguido sacarle algo a Carolina?
   No espero respuesta y de inmediato añadió.
   - No me explico que tras incendiar los campos, hayan podido levantar cabeza. Tenemos que averiguar quien les esta apoyando económicamente. La maquinaria que han comprado les esta permitiendo recuperarse. Les llueven los pedidos y nos están ganando terreno con una rapidez impensable. Le quitamos la madre y sus caldos son superiores a los nuestros. Le robamos la mansión y han hecho del antiguo caserón un hogar que mejora en mucho al anterior
   - Mi querido hermano.
   Replicó, al tiempo que preguntaba.
   - Nos hemos equivocado al intentar sonsacar información de José. Michel adora a Carolina y con toda seguridad de haber entrado por él la hubiéramos conseguido nuestro propósito. Debemos cambiar nuestra estrategia y concertar una cita entre Michel y Carolina. Es urgente averiguar los puntos débiles y atacarles por ahí. De lo contrario todos los esfuerzos de estos últimos años los tiraremos por la borda.
   Carolina estaba perpleja ante lo que estaba escuchando. Le estaban utilizando para atacar a la persona que más adoraba en este mundo. Sintió tal rabia en su interior que sin pensarlo dos veces telefoneó a José y quedó en verse esa misma noche. Había algo muy importante que no se podía contar por teléfono.
   José con la ayuda de Bernard averiguó más sobre aquella mujer. No recordaba nada y temía herir sus sentimientos.
   Llegó en su automóvil y tras recogerlo se perdieron en un encantador club a las afueras de Bordeaux. Lo que Carolina le contaba parecía increíble, con razón Bernard le aseguraba que esa mujer estaba enamorada de él. De lo contrario jamás se habría decidido a traicionar a su familia. Pudo comprobar su honradez. Sintió su mirada, su expresión y adoración por él, por ello se propuso comportarse con ella como acostumbraba a obrar. Con la máxima honradez posible. Aunque le resultara difícil y amargo para ella. Pero en ningún momento iba a aprovecharse de esa situación, que aunque ventajosa podría herir los sentimientos de alguien. En concreto de esa mujer que les estaba ayudando. Le confesó que admiraba su valentía, su calidad humana y al tiempo, que con sus manos abarcaba sus mejillas, le comentó.
    - Mi querida amiga. Espero que lo que te voy a decir no rompa nuestra amistad. Hoy sé que tengo una amiga incondicional a mi lado, pero has de saber que mi corazón no sé dónde lo tengo, pero no esta contigo.
   Dejó un espacio de tiempo en absoluto silencio. No pasaron muchos segundos cuando le comenzó a hablar de Michel. Aquel hombre le adoraba y ella estaba haciendo con él, tal vez, lo mismo que él estaba haciendo con ella. Carolina se fundió en un prolongado abrazo. Valoró su sinceridad y honradez confesando que se sentía orgullosa de poder compartir su amistad con él.
   Con la primera claridad del día entraban en el antiguo caserón. Ella se había pasado de bando, no deseaba volver junto a sus familiares directos, le habían defraudado hasta límites insospechados. Al entrar en la casa se cruzaron con Michel. El joven sintió como todo su cuerpo se aflojaba y una felicidad, que solo se podía sentir, inundó su ser. Ver ante él al amor de su vida le dejó desarmado. Pero cuando se aproximó y se abrazó a su cuello pensó que las piernas no le responderían. José con discreción dejó a la pareja a solas y se metió en las cocinas para reponer fuerzas.    
   El abandono de su sobrina atenazó más si cabe a sus tíos. Estaban que saltaban y ese nerviosismo rompió la cuerda por el lugar más flojo. Cuando recriminaron, por una tontería, a los fieles siervos que quemaron los viñedos por orden suya, dos de ellos hartos de la actitud de sus jefes saltaron y denunciaron en gendarmería lo ocurrido. Aquello ocasionó un gran escándalo pero aunque las cosas se estaban clarificando la situación de Marie y su hijo estaba llegando a límites delicados. Los bancos comenzaban a presionarles los intereses del préstamo solicitado para adquirir la maquinaria necesaria no los podían cubrir. Cuando más ahogado estaba llegó el milagro. Los primeros ingresos provenientes de Valencia, de la Ciudad del Deporte, le permitió calmar a los bancos y abonar las nominas de sus empleados a los que les debía varios meses. La primera dificultad grave la salvó satisfactoriamente pero era consciente que el juicio y las posibles indemnizaciones tardarían meses, sino años. Aunque los pedidos aumentaban de forma increíble no podía atenderlos por falta de espacio y medios. Solicitar nuevos prestamos, estaba fuera de toda posibilidad. Bernard llegó a pedir a Marie que vendiera la Ciudad de los Deportes de Valencia y con ese dinero hacer frente a las necesidades del momento hasta que la justicia finalizase su investigación. Pero se negó en rotundo, prefería perder todo antes que vender lo que les había salvado de la ruina. 
   La justicia comenzó a moverse, pero Marie sabía que aquel camino sería largo y duro. Ahora se alegraba de haber tomado la decisión de emplear sus reservas, para atender una situación como la que estaba pasando, en la construcción de la ciudad del deporte. Pues había salvado en ese momento critico su holding.
   Michel confiaba cada vez más en José y especialmente desde que Carolina parecía que le hacía algo más de caso. Aún así, no quiso desvelar su secreto y aunque metía la materia prima en los barriles con la madre original no se lo comunicó a nadie. Con los ingresos de los pedidos comenzaron a reconstruir los campos junto al Garona. Asegurando poco a poco el abastecimiento de sus bodegas.
   Los tíos de José se estaban viendo cada vez más agobiados. Hacía unos meses que parecía que tenían todo controlado y ahora todo se les iba por la borda. Consiguieron la información necesaria para de nuevo acudir a la trampa y la violencia para perjudicar a su cuñada y evitar que los hundiera como lo estaba haciendo.
   Personalmente se presentaron en uno de los almacenes de Marie, donde tenían preparada la más importante remesa de pedidos, instalaron varias cargas de explosivos en sitios estratégicos e hicieron saltar por los aires miles y miles de botellas vendidas y cobradas en parte. Aquello volvería a crear verdaderos problemas a sus familiares.
   Estaban reunidos en el salón del caserón con el semblante serio por la situación. Nunca habían visto a José, desde su retorno, tan abatido. Bernard volvió a proponer la idea de vender la ciudad de los deportes, era la única posibilidad para salvar esa situación tan delicada. Pero de nuevo Marie se negó.
   Michel se había integrado en aquella familia. Había conseguido los favores de Carolina permitiéndo ser el hombre más feliz de la tierra. La actitud de su jefe era la de un auténtico amigo. Esos meses conviviendo casi a diario le despejaron de cualquier duda que pudiera tener, estaba claro por quien se inclinaba. Sin pensárselo dos veces quiso dar una pequeña esperanza al grupo y confesó la razón por la que los caldos de la bodega antigua superaban a las de sus tíos. Les explicó como, tras escuchar las intenciones que tenían, consiguió transportar con ayuda de unos amigos todos los toneles con la madre a las bodegas del caserón. Pero no solo se contento con revelar su maniobra para el cambio de toneles, se decidió a contarles el secreto que su padre le confió antes de morir.
   - Papá me aseguró que durante la guerra mundial se tapiaron varias bodegas y me relataba historias de cuando era pequeño y jugueteaba con sus amigos recorriendo las bodegas del caserón. Aseguró recordar al menos tres plantas donde se almacenaban millones de botellas y en la actualidad existía una, siendo está, según noticias, la más pequeña.
   Carolina permanecía expectante ante la confesión de Michel y al finalizar su relató se lanzó a sus brazos, sintiéndose el hombre mejor recompensado del mundo por una acción. Se levantaron, casi al unísono de sus sillas, bajaron y dedicaron el resto de la noche en busca de esa posibilidad. Cuando comenzaba a despuntar el sol localizaron la pared que se había levantado. Con unos picos la derribaron y ante sus sorprendidos ojos, pudieron comprobar una inmensa bodega. La recorrieron y pudieron respirar tranquilos, el abastecimiento estaba asegurado al menos durante dos años. Pero no quedó ahí, unas escaleras que descendían comunicaba con otra de dimensiones aún mayores. No podían dar crédito a la suerte. El abastecimiento a los clientes estaba asegurado, el imperio se había salvado y podrían devolverle la pelota a sus rencorosos familiares. Pero José ante la sorpresa de todos comentó que no merecía la pena perder el tiempo con esas personas. Las energías se debían guardar para luchar por lo que tenían. Por recuperar lo más pronto posible los campos del Garona.
    El trabajo en los viñedos fue agotador. Todos se volcaron en conseguir que esas tierras que eran la materia prima del holding volvieran a la productividad de unos años atrás. Realizaron horas extraordinarias sin esperar compensación alguna. Todos estaban en deuda con su nuevo jefe y su comportamiento. No fue labor de unos días, pero con paciencia y constancia consiguieron volver a poner a flote aquellos interminables campos del cultivo de la vid. Cuando las vacas gordas regresaron aquella familia se acordó de todos los que arrimaron el hombro.
     

viernes, 1 de marzo de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO CAPITULO IV -EL CINISMO



                                        - EL CINISMO -

   La mansión de los Bordeaux estaba patas arriba. La noticia de la llegada del señor tenía atenazado a todo el personal. Habían disfrutado de años sin la presión y el despotismo de aquel personaje y ahora regresaba. Según todas las informaciones que habían podido obtener lleno de energía y vitalidad. Su estancia en España había recuperado al señor de su estado de salud y regresaba con todas las fuerzas intactas. Todo estaba cuidado hasta el último detalle. Aún así, eran conscientes que el señor podría alguna pega, pero todos rezaban para que no se dirigiera a ellos en concreto para recriminar algo. En la biblioteca, impacientes y preocupados, aguardaban sus dos tíos ante la inminente presencia de José. Si se daba cuenta de la maniobra que estaban preparando sería capaz de matarlos. El miedo los tenía atenazados sus rostros desencajados por ese pánico que les provocaba el simple hecho de escuchar su nombre. Tras esos años sin control de ninguna clase ahora se verían confiscados y vigilados hasta el último detalle y en todos sus movimientos.
   Cuando el coche cruzó el umbral de la entrada a la finca, hasta  la puerta de la mansión tendrían que recorrer más de un kilómetro, Marie le rogó que no hablase con nadie. Debía entrar con el semblante serio y mirando fijamente a quien se atreviese a dirigirle la palabra o su mirada. No entendía nada, pero si su madre lo decía sería por algo. Aguardó pacientemente a que le abriesen la puerta del vehículo y salió con parsimonia. Miró fijamente a la fila de sirvientes que formaban, a modo de comitiva militar. El que se atrevió a mirarlo tuvo que bajar rápidamente la mirada al suelo. Su expresión reflejaba un estado irritante, de enfadado y con mirada hiriente. Por dentro, Paco, sonreía. No recordaba nada. Ni la casa, ni la finca, ni el mayordomo, ni el ama de llaves, que por lo que le había contado su madre lo había criado desde pequeño. Escuchó sin prestar aparentemente atención los saludos de bienvenida del personal de servicio se dirigió en compañía de “su madre” al interior de la mansión. En el vestíbulo salieron a recibirles sus tíos, hermanos de su difunto padre. La sonrisa forzada se dibujaba en sus rostros de oreja a oreja. Al verlo no podían explicarse el buen estado de salud  de su sobrino. Las últimas noticias que tenían les aseguraban que José tenía sus días contados. Y ya se veían controlando por completo aquel holding. Pero la labor de Marie, su madre había logrado el milagro que buscaba desesperadamente para salvar su patrimonio y especialmente a su hijo. La estrategia de hundir a su sobrino en la droga, la información recibida les daba a entender  que lo estaban logrando, verlo entrar en tan buen estado, los desilusionó. Pero no era menos cierto que durante esos años que el patrón había estado lejos de casa no se cruzaron de brazos. Las trampas legales, las argucias, mentiras y engaños planificados milímetro a milímetro estaban dando sus resultados. Pero ahora con la presencia del señor del vino deberían acelerar y evitar por todos los medios que descubriera sus maniobras antes de tiempo. De lo contrario de nuevo perderían una nueva oportunidad de hacerse con todo.
   Siguiendo los consejos de su madre, José, elevó casi con desprecio la mano y ni se detuvo a saludarlos. Marie lo hizo por unos instantes,  pero al darse cuenta que “su hijo” no iba en dirección a sus aposentos, los dejó con la palabra en la boca y le acompañó hasta sus habitaciones. Un gran vestíbulo daba entrada a sus dominios, para acceder a un gran salón donde tres puertas más, sin contar por la que había entrado comunicaban con el despacho, a un espacioso y amplio cuarto de aseo y por último a su dormitorio. Unos doscientos metros cuadrados eran su territorio. No sabía que hacer, se dejó caer en el sofá del salón conectó el equipo estereofónico y con el mando a distancia puso en funcionamiento la radio.
   A la hora aproximadamente de la llegada de los señores de la casa lo hacía precipitadamente Bernard. En primer lugar se entrevistó con Marie y le informó de los asuntos de Valencia. Los terrenos para la construcción de la ciudad del deporte ya se habían apalabrado. Los contactos con las autoridades municipales para los permisos pertinentes se desarrollaron sin complicaciones, Bernard conocía de sobra como funcionaban los funcionarios municipales y con dinero por delante los impedimentos eran mínimos. La dirección de urbanismo y el departamento de turismo tanto del municipio como de la Generalidad se interesaron por el proyecto y le aseguraron que lo apoyarían en todo momento. Su ubicación, próxima a la ciudad de las ciencias, de la justicia, y al parque oceanográfico, no podía ser mejor. El reclamo turístico de la ciudad y de la Comunidad aumentaría considerablemente con aquel complejo deportivo. Donde el turismo de calidad podría disponer de unas instalaciones deportivas de primera magnitud. No en balde su campo de golf, especialmente, proporcionaría el esparcimiento de los turistas. Sus piscinas cubiertas, sus pabellones polideportivos, sus pistas de tenis, de padel, de pelota valenciana. Su picadero, sus caballerizas y sus instalaciones anejas al complejo deportivo, como restaurantes, salas de fiesta y hoteles, brindaba al turista una gama variada y de primera calidad para la práctica de los diferentes deportes. Amen de poder disfrutar de los otros complejos culturales y recreativos de la zona.
   Finalizado su encuentro con la señora subió a los aposentos del señor. Tras llamar a la puerta y concederle acceso, Bernard le acompañó a visitar la mansión al tiempo que le ponía al día. José estaba desconcertado no comprendía bien el idioma y desde luego no recordaba haber estado en esa casa nunca. El fiel servidor de su madre se desplazó por toda la propiedad y cuando se dio cuenta que se había familiarizado con el lugar, se metieron en el despacho y comenzaron a planificar la actuación. Antes avisaron al servicio para que les preparasen el aperitivo. A los pocos minutos una encantadora joven, no contaría con más de veinte años, de una presencia exquisita y de unos ojos verdes cautivadores entró tras el oportuno permiso en el despacho para servir lo que los señores habían solicitado. José cruzó su mirada con la joven y olvidó las recomendaciones de Marie, sonriéndo, encontró inmediata respuesta al esbozar su dulce sonrisa. Al tiempo que abandonaba el despacho se preguntaba si verdaderamente ese era el señor tan fiero que le habían comentado los sirvientes más veteranos. Cuando llegó a las cocinas y lo comentó con sus compañeras, incrédulas no creyeron a la joven.
   Pero cuando a los cincuenta minutos aproximadamente vieron entrar al señor en la cocina con la bandeja y el servicio que había utilizado para el aperitivo se quedaron perplejos. Él con la sonrisa en su rostro comentó.
   - Exquisito y en su punto. Muchas gracias.
   Las siete personas del servicio de cocina, que observaron y escucharon a su seño, se quedaron atónitas.
   Durante varias semanas José trabajó cerca de veinte horas diarias para ponerse al día con aquel impresionante imperio del vino. Bernard fue el encargado de enfrentarse a sus tíos. Conforme el tiempo transcurría aquel fiel servidor de Marie, se sombraba por la capacidad de ese hombre. Sin conocimientos de contabilidad ni de dirección de empresas. Tras esas semanas parecía que había estado toda su vida trabajando en ese campo. Detectó irregularidades que Bernard no había captado y se dieron cuenta que sus tíos tenían bastante dominada la situación.
   Cuando José fue consciente que comenzaba a dominar aquel impresionante imperio se dejó caer por los viñedos y decidió compartir ilusiones y trabajo con sus empleados. Muchos de ellos eran partidarios de sus tíos pero cuando trataron con su nuevo señor se dieron cuenta de la calidad humana de esa nueva persona. No era el déspota que hacía unos años les había dejado para descanso y sosiego en sus labores diarias. Su cambio había sido radical. Algunos entre bromas comentaban que deberían ir por España sus tíos para ver si obraba en ellos el mismo milagro. Atento, preocupado por los problemas y dificultades de sus asalariados y participando con ellos en las labores más duras. José estaba convencido que si quería dominar aquella impresionante empresa debía conocer todos sus rincones y trabajar en todas sus secciones para comprobar personalmente donde estaban las dificultades y resolverlas antes que cualquier pequeño problema se pudiese convertir en más grave.
   Cuando se acercó al caserón antiguo, morada de sus abuelos y cuna de aquel gran imperio, se sorprendió al ver lo descuidado que estaba aquello. A cargó de la casa y de su pequeña bodega estaba un joven, que no tendría los treinta años. Se trataba de Michel, odiaba a su señor como pocas personas son capaces de odiar a alguien. Estaba enamorado de Carolina y le dolía en lo más profundo de su corazón lo que aquel hombre le había hecho al amor de su vida. Cuando su jefe se presentó en su mirada se reflejaba todo el odio que sentía hacía el personaje. Estuvo distante y contestaba con monólogos. José se compadeció de aquel trabajador, vivía en condiciones infrahumanas y se propuso poner solución de inmediato. Notó perfectamente lo arisco que estaba con él, pero el descuido al que lo tenían relegado no era para menos, por ello se propuso averiguar más sobre aquel trabajador. Estuvo varias horas comprobando el estado de aquellas posesiones y al despedirse le aseguró que al día siguiente se presentarían los albañiles para solucionarle los problemas de la vivienda. Era necesario adecentar aquel caserón que según le habían comentado era la cuna de aquel holding. Compartió la comida de ese día con sus empleados de los campos junto a Garona. Al finalizar la jornada llegó exhausto por el cansancio. Entró en el salón, donde se encontraba su madre conversando con Bernard. Besó con delicadeza las mejillas de Marie y saludó efusívamente al fiel empleado de casa. José inició un interrogatorio a la pareja sobre Michel. Bernard fue el que tomó la palabra y relató a su patrón todo lo que deseaba saber sobre el empleado en cuestión. El padre de Michel había sido el hombre de confianza de su padre, pero con la muerte del señor Bordeaux, Marie prefirió confiar en su persona.
   - Michel, padre, estaba muy unido a los hermanos Bordeaux y recelaba de Marie y de usted. Por ello su madre perdió la confianza y prefirió que me encargara de sus asuntos.
   El relato prosiguió por espacio de varios minutos. A los pocos años de fallecer su padre, murió el padre del joven y quedó algo olvidado, encargándose de controlar y vigilar el caserón antiguo y sus bodegas, las de menos entidad de la empresa. Le confesó que estaba locamente enamorado de Carolina, la hija de su tío Jak.
   - Pero la señorita esta enamorada de usted y aunque no era correspondida es una mujer fiel a sus sentimientos y le soportaba todas sus impertinencias y caprichos.
   José le interrumpió. No recordaba nada y eso le preocupaba le rogó que le contara todo lo que supiera, sobre esos dos personajes. Deseaba saber lo que sucedía e intentar recordar algo. Pues su vida era una laguna y le preocupaba enormemente. Le indicó que tenía sueños donde se le aparecía una mujer maravillosa con cuatro hijos, tres chicas y un chico, que le llamaban papá en sus sueños. Bernard se quedó helado y de inmediato trató, que su patrón se olvidara de ese tema. Comenzó a relatar lo déspota y cruel que había sido con Carolina y de ahí el odio que Michel sentía por él.
   La conversación prosiguió casi hasta el nuevo día. José no podía comprender que hubiese tenido un comportamiento con alguien, y menos con una señorita, de ese modo. Pero eran demasiadas dudas las que inundaban su mente como para preocuparse. Al despedirse Bernard para retirarse a dormir se encontró con la orden de su señor que esa misma  mañana sin falta mandara un grupo de trabajadores para que arreglaran el caserón y especialmente la zona donde vivía Michel.
   No llegó a meterse en la cama. Desayuno una gran cantidad de calorías y personalmente con el equipo contratado por Bernard se desplazó al caserón. Su cuidador no se encontraba en la casa y José ordenó que comenzaran de inmediato las obras. Lo buscó por los alrededores y por fin lo encontró trabajando en las bodegas. Conversó con él y en un principio le rogó que se instalara en la gran mansión mientras reparaban y adecentaban aquella vivienda, pero ante la negativa se lo ordenó. Michel no le hizo mucha gracia pero, ante la actitud de su patrón, recogió sus efectos personales y se trasladó.
   Por espacio de más de un mes José se preocupó por aquel empleado. Michel poco a poco sintió como ese odio hacía su jefe iba mitigándose. Su actitud hacía él, el respeto y especialmente el apoyo que le daba le sorprendió. Se preguntaba, como todos, como se había producido ese cambió tan impresionante en él, pero aquella mañana tras el accidente, llegó a admirarlo. Estaban en el caserón, concretamente en sus bodegas, un barril se deslizó. Iba a aplastar a Michel, pero José reaccionó y consiguió salvar a su empleado. Pero le pilló su brazo derecho y sufrió una factura de cubito y radio. El mismo Michel lo trasladó al hospital donde le atendieron de inmediato. El incidente marcaría sus relaciones para siempre. 
   Al abandonar el hospital se propuso dar mayor responsabilidad al hijo del fiel servidor de su padre. Seguía sin recordar nada de su pasado, pero lo que habían hecho con aquel hombre no le parecía correcto. Poco a poco las responsabilidades de Michel en aquel holding eran mayores y también sus dudas aumentaban. Su jefe estaba teniendo un comportamiento increíble con él. Pero, no sólo con su persona, con el resto del personal era ejemplar. 
    Era una persona muy observadora, pero también indiscreta y curiosa. Desde la ruptura con Marie se había inclinado por los cuñados de su señora y mantenía una buena relación con ellos. Solía dejarse caer por su casa con el propósito de poder ver y contemplar a Carolina. La adoraba y en más de una ocasión le confesó sus sentimientos. Pero, ella, una mujer de una bondad increíble se sinceraba con él confesándole que su amor se lo había arrebatado José.   
   Una tarde estando en casa de Carolina escuchó una conversación entre los tíos de José que le dejó perplejo. Tenían pensado cambiar los barriles con las madres de mejor calidad y antigüedad por otros más recientes  y ocultarlos en las bodegas de su propiedad.
   Esa misma noche Michel con la ayuda de unos amigos comenzó el traslado de los barriles madre al antiguo caserón. El traslado le llevó varias semanas pero por fin había conseguido cambiarlos y tenerlos a buen recaudo. Siempre había oído decir a su padre que las bodegas del caserón eran el mejor sitio para conservar la madre de aquellos famosos vinos. No lo comentó con nadie deseaba ver como evolucionaban las cosas. José no era santo de su devoción, pero el cambio tan espectacular le había hecho dudar. La actitud de los tíos no era honrada y tampoco le hacía mucha gracia. Esperó pacientemente los acontecimientos para inclinarse definitivamente hacía un bando.
   Ese domingo José rogó a Bernard que avisara a sus tíos, tenía que actuar con rapidez, pero especialmente con prontitud de lo contrario se harían con el control absoluto. Marie, temía a esa reunió pero Bernard le tranquilizó el comportamiento de “su hijo” estaba siendo ejemplar y su capacidad de trabajo y de negociación hasta la fecha no había conocido a nadie con esas aptitudes.
   El talante chulesco y déspota de sus familiares había provocado en todo el personal un rechazo absoluto. Por el contrario la admiración, el respeto y obediencia, hasta limites incomprensible, hacía José era patente. Entraron en la casa de forma descortés y violenta. En sus rostros se reflejaba el odio y el deseo de hundir a quien se le pusiera por delante. Eran conscientes de su situación ventajosa y estaban seguros de tener todos los ases en la mano, de ahí que no rechazaran la propuesta de conversación. Es más estaban seguros que ésta no se produciría y se sometería a todas sus condiciones. José les hizo esperar hasta límites irritantes. Deseaba encontrárselos fuera de control, era consciente que su situación era delicada, pero no hasta el punto que ellos pensaban.
   Por fin y con una parsimonia y tranquilidad que desquició a sus familiares, entró en el salón.     
   - Me temo querido sobrino que habrá una justificación para este retraso. No creo que estés en condiciones de menospreciar.
   José se limitó a sonreír, dejó que el silencio se adueñase de la situación y que los nervios se acumularan e hicieran saltar a sus tíos. Cuando el silencio alcanzó el mismo grado de tensión que había en la sala saltaron hartos de la gallardía, pero especialmente de la serenidad de aquel hombre que consideraban impulsivo y en una situación como esa, en otro tiempo hubiera irrumpido como una fiera. No aguantaron más y saltaron. Con los ánimos alterados fueron relatándo cual era su situación y la de su madre.
   - ¡Mañana mismo queremos que esta casa este desalojada! Nos instalaremos nosotros. Según esta documentación nos pertenece y deseamos que la dejéis libre. Habéis perdido todo cuanto teníais. Solo os quedan los terrenos y el caserón antiguo.
   Sus rostros reflejaban la felicidad que les producía tirarlos de casa y hacerse con aquella impresionante mansión. Con la arrogancia del que cree tener controlado todo. Añadieron.
   - Tendréis que vendernos los campos, de lo contrario no habrá nadie de la zona que os compre la vid. Y sin bodegas adecuadas tendréis que tirar la cosecha.
   José se limitó a sonreír, el plan de contraataque lo tenía bien meditado y planificado por ello disfrutaba como aquellos personajes se alteraban cada vez más al observar la tranquilidad de su sobrino. Cuando sintió que era el momento oportuno intervino con una frase que les llegó como una puñalada.
   - El próximo fin de semana venderemos, a Champagne, la mayor parte de los terrenos. Nos quedaremos los del bajo Garona para seguir produciendo en menor escala nuestros vinos en las bodegas del caserón.
   Esbozó una sonrisa llena de sarcasmo y con entonación de victoria prosiguió.
   - Me temo que con solo las bodegas poco creo que podáis hacer. Champagne nos ha prometido que no os venderá materia prima y tendréis que traerla fuera de la región, con la consiguiente elevación de costes. Pero sois muy dueños de hacerlo.
   Se quedaron perplejos, nunca habían imaginado la sangre fría de su sobrino ni se les había pasado por la cabeza la posibilidad que los dejaba desarmados, aún teniendo la sartén por el mango. Encolerizados abandonaron la casa entre amenazas y gritos.
   No habían atravesado la verja de entrada a la mansión cuando Marie, Bernard y José comenzaron los preparativos para abandonar esa misma tarde su hogar para trasladarse al antiguo caserón. Michel junto con varios compañeros habían mejorado aquella antigua casa y cuando Marie y “su hijo” entraron en aquel lugar de gratos recuerdos no daban crédito a lo que sus ojos estaban contemplando. Todo el personal de la casa nueva se había trasladado y aguardaban en plan de comitiva militar la entrada de sus señores. El mayordomo habló en nombre de todo el personal. Aseguro que jamás se pondrían a las órdenes de aquellos déspotas. Marie estaba emocionada la actitud de sus asalariados se debía sin lugar a dudas a ese hombre al que consideraba todo el mundo como su hijo. Le llegaba el recuerdo de su muerte pero también se daba cuenta que había sido un descanso después del último periodo por el que pasó y ahora aquel sustituto era un autentico ángel. Que no solo los estaba sacando de la miseria, sino que con su inteligencia y astucia aún estando en una situación precaria se estaba atreviendo a burlarse de aquellos buitres.