sábado, 23 de febrero de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO CAPITULO III-LA OPERACIÓN


                                  - LA OPERACIÓN -

   El avión de la compañía Suisse Aire tomaba tierra en el aeropuerto de la capital Suiza. Marie en compañía de “su hijo” descendía del aparato. Los correspondientes tramites legales de la aduana y en la puerta de llegadas internacionales les esperaba el chofer para conducirlos hasta una pequeña población, Behn, a unos cuantos kilómetros de la capital. Una población a considerable altura sobre el nivel del mar y en el centro de los Álpes suizos. Ubicada en la ladera de la montaña, se encontraba la lujosa clínica a escasos metros de la pequeña población. El vehículo se detuvo en la puerta principal y de inmediato unos celadores atendieron a los recién llegados. Se hicieron cargo del equipaje y los acompañaron hasta recepción. Paco estaba algo desconcertado, preguntó en varias ocasiones a la que cría su madre, pero Marie estuvo ingeniosa y supo tranquilizarle, pero sobre todo que encontrara lo más natural del mundo todo lo que estaba haciendo. Le confesó que desde hacía tiempo, él  había decidido recuperar su imagen, pues en una de sus múltiples locuras se presentó en Bordeaux con la fisonomía que tenía en esos momentos. Desde hacía tiempo le había pedido que recuperase su rostro y por fin se había decidido a realizar lo. Para darle mayor realismo al comprobar la expresión de “su hijo”, añadió.
   - ¿Pero? ¿Si prefieres que lo dejemos? Nos vamos y punto.
   Paco no supo que contestar. No recordaba nada, pero tampoco estaba muy interesado. Cuando lo intentaba su semblante cambiaba radicalmente y su comportamiento era hasta agresivo. Prefirió no reflexionar sobre el asunto y aceptó lo que su querida madre le decía. A la postre, solo estarían una semana.
   Esa mañana fue una jornada de pruebas, análisis y revisiones. Pero dispusieron de unas horas para pasear por esos parajes incomparables y disfrutar de la Naturaleza y del aire puro.        
   Si todas las pruebas realizadas lo aconsejaban a la mañana siguiente se produciría la operación. Por ello esa noche decidieron bajar a Ginebra y tras cenar en un buen restaurante asistir al Gran Teatro donde se representaba una opera.
   Durante la cena Marie fue introduciendo a “su hijo” en el mundo del negocio de los vinos. Paco no recordaba nada de lo que “su madre” le contaba pero poco a poco fue sumergiéndose en ese apasionante mundo. Eran propietarios de las más importantes bodegas de Bordeaux, sus caldos de la más alta calidad se lo quitaban de las manos. Sus viñedos ocupaban la tercera parte de los de la región. Marie le puso al tanto sobre sus tíos y primos y le confesó los problemas que estaban teniendo con ellos. Le fue preparando para enfrentarse cuando regresara a casa.
   En el único que podía confiar era en Bernard, el resto del personal podría estar colaborando con sus tíos y, por tanto, debería desconfiar de todos y estar siempre atento.
   La representación de la opera llegó a emocionar a Paco, no recordaba haber asistido a ninguna. Pero “su madre” le aseguró que era su preferida y que la había visto ya más de diez representaciones en diferentes países. Aceptó lo que le decía pero él no la recordaba.
   De camino a la clínica, observó como Marie le miraba, la ternura se reflejaba en la expresión cansada de esa anciana. Sonrió y abarcándola con sus brazos, la recostó sobre su pecho, mientras besaba su frente, al tiempo que decía.         
   - Mama. Esta maravillosa. 
  Unas lágrimas de felicidad se dejaron escapar por aquella arrugada y trabajada piel, su rostro mostró una sonrisa llena de gratitud y satisfacción por aquel personaje y acurrucada en sus potentes pectorales se quedó adormilada hasta llegar a la clínica.
   Se despidieron, entrando en sus respectivas habitaciones, para abandonarse al mundo de los sueños y recuperar fuerzas para proseguir con la lucha diaria. El sueño se había negado a entrar en su cuerpo. Paco, salió al balcón que daba a un impresionante valle, pero la oscuridad no permitía poder contemplar el espectáculo que La Naturaleza brindaba cuando la noche no se apoderaba de los objetos, plantas, minerales, formas y colores de aquel valle. Tan solo pudo contemplar las luces de algunas viviendas que se desparramaban por la ladera de la montaña. Entró en la habitación y conectó la televisión. Aquel idioma le impactó, comprendía bastante de lo que hablaban pero estaba claro que no era su idioma nativo. Cambiando de canales dio con uno, se trataba del canal internacional de televisión española, ahora si podía captar cuanto decían. Esa circunstancia le hizo reflexionar. Como siendo francés el castellano lo dominaba de esa forma, pero especialmente lo que le dejó pensativo fue al comprobar que el idioma francés le costaba entenderlo y desenvolverse con él. 
   Mientras las reflexiones bombardeaban su mente desconectó la televisión y puso en marcha la cadena de música. Se dejó caer en el sillón y mientras las diferentes melodías inundaban sus oídos se estrujaba el cerebro para comprender todo aquello. Pero poco a poco el sueño fue invadiendo su cuerpo y sus párpados se fueron cerrando hasta quedarse dormido en el sillón.
   Al salir de la anestesia y mirarse al espejo se sorprendió. Su rostro estaba cubierto por un vendaje y solo tres orificios en el mismo le permitían poder conectar con el exterior a través de los ojos y la boca. Marie le habló con dulzura y le comunicó que todo había ido a las mil maravillas. Ahora debía descansar y recuperarse cuanto antes para regresar juntos a casa. Intercambiaron algunas palabras más pero esa noche no había descansado lo suficiente y aún inmerso algo en la anestesia, cerró los ojos y el sueño volvió a sorprenderle.
   No despertó hasta la tarde. Junto a él estaba “mama”, intercambiaron sus sonrisas y a continuación conversaron. Él le comentó sus inquietudes de esa noche y Marie le aseguró que había vivido más en España que en Francia, pero que debía evitar hablar demasiado.
   - A nuestro regreso, a casa, mantén las distancias con todo el mundo y procurar no dialogar con nadie. Desde tu despacho dirigirás, como años atrás, la empresa y cualquier orden, por medio de Bernard.
   Nuevamente la habilidad de Marie consiguió que “su hijo” alejase de su mente esas preocupaciones. Con persistencia y poco a poco iba introduciéndole en ese nuevo mundo para él.
   A la mañana siguiente el equipo médico se presentó en la habitación para quitar el vendaje a su paciente. Las expectativas por parte de Marie y de él eran enormes. Por fin el último vendaje se desprendía de su rostro y la imagen de su cara quedaba al descubierto. Marie se emocionó aquel rostro era una fotocopia de la de su hijo José. La emoción le podía y la felicidad se reflejaba en su cara. De nuevo las sensaciones, que inundaban su cuerpo, se apoderaron de la anciana y sus ojos comenzaron a nublarse como consecuencia del líquido salado que brotaba de sus lagrimales. Aquello parecía mentira ni una sola cicatriz se observaba en el rostro de aquel hombre recién operado. Le aproximaron un espejo y con una parsimonia irritante se lo fue acercando. Cuando se vio reflejado en ese pedazo de cuarzo pintado por su parte posterior su expresión no se modificó en absoluto. La imagen que antes tenía, aunque se parecía globalmente, se había transformado considerablemente y  el cambio era significativo. Sin embargo, miró a “su madre” y, al observar lo emocionaba que estaba se acercó a su lado, le abarcó con sus corpulentos brazos y se fundieron en un abrazo. Cuando las emociones se controlaron en aquella habitación los doctores se felicitaban por el éxito de la operación. Dieron los últimos consejos a seguir por su paciente y mientras salían por la puerta el que dirigía el grupo comentó.
   - Si todo marcha como hasta ahora, mañana o pasado a lo más tardar podrán abandonar el hospital.
   A los treinta minutos de la visita del equipo médico se presentó Bernard. Se sorprendió gratamente por la nueva imagen y permaneció conversando con los dos por espacio de más de dos horas. Las cosas por Bordeaux se estaban complicando. Los cuñados de Marie se estaban haciendo con el control de todas las bodegas y de gran parte de los terrenos. Si no se daban prisa en regresar cuando volvieran tal vez no les quedara nada. Marie rogó a “José” que descansara un poco. Dejaron la habitación en penumbra para que se tumbara y recuperase un poco su estado de ánimo. Nada más abandonar el hospital se metieron en una cafetería, solicitaron un reservado y allí jefa y empleado compartieron la parte secreta de Paco. Bernard había conseguido los sueños de aquella familia. La creación de una ciudad del deporte. E incluso hablando con la pequeña, Ester, se había hecho con los planos de la casa ideal de su padre. Durante la conversación averiguó, entre lágrimas de la joven, cual era el sueño de aquel hombre. Los sueños de aquel profesor estaban plasmados en una serie de planos donde describía como era esa ciudad del deporte y adjunta a ella, pero separada del recinto deportivo. Su casa soñada. Marie de inmediato comentó con Bernard que debía ponerse en funcionamiento. El sueño de esa familia se tenía que cumplir. Comenzaron a discutir sobre el coste de todo aquello. A grosso modo, Bernard, calculó que se aproximarían a los cinco mil millones de la moneda española. Pero aseguró que si se gestionaba bien sería rentable la inversión. Marie autorizó, a su fiel empleado, a utilizar sus reservas en Suiza. Según sus cálculos se aproximaba mucho a esa cantidad.
   Antes de despedirse le aseguró que con toda probabilidad regresarían a Bordeaux ese fin de semana. Él le comunicó que partía de inmediato hacía Valencia para comenzar las gestiones y que procuraría estar en Bordeaux  ese fin de semana.
   Cuando Marie entró en la habitación. José se había despertado y se encontraba sentado en el sillón escuchando música. La escena le impactó pues a su hijo también le encantaba la cadena musical y especialmente la radio, de ahí que al observar que era precisamente ésta la que tenía conectada, se emocionara profundamente. Con su entrada se levantó y abrazándose con cariño a “su madre” depositó sus labios en la frente.
   - Los doctores me han dado permiso para invitarte fuera de la clínica a comer. Prepárate, que nos vamos en busca del mejor restaurante de esta bella población.
   Ese viernes por la mañana el equipo médico examinó a su paciente y tras el oportuno reconocimiento le dieron de alta. En recepción invitaron a Marie y a Paco a entrar en administración y allí liquidaron la cuenta con el hospital y los médicos. En la puerta el chofer les aguardaba en la entrada de la clínica. Al aproximarse al vehículo se precipitó para abrirles la puerta, una vez instalados y cargado el equipaje puso rumbo al aeropuerto de la capital donde salían en vuelo directo esa misma mañana con destino a Bordeaux.
      
  
 



viernes, 15 de febrero de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO-CAPITULO II


                                                - EL ACCIDENTE -

   El fallecimiento de su madre supuso un duro revés para ella, especialmente por lo inesperado de aquella desgracia. Paco era consciente que su adorada esposa lo estaba pasando mal. Sus tres hijas estaban llenas de vitalidad, los cinco años de la pequeña, los siete de la mediana y los nueve de la mayor mantenían entretenida a su madre. 
  Todas esas circunstancias tenían a Amparo cansada. Pero aquella mañana al levantarse las nauseas le podían y tuvo que ir precipitadamente al baño para vaciar su estomago. Paco, que se encontraba preparando el desayuno, al escucharla fue de inmediato a interesarse. Al remitir los vómitos, con esa sonrisa y esa mirada embriagadora, preguntó a su esposo con cierto tono de preocupación.
   - ¿No estaré embarazada?
   A los nueve meses escasos de formular esa pregunta partía con Paco y sus tres hijas en el coche con destino a la clínica Virgen del Consuelo. Antes dejaron a las pequeñas en el colegio y luego con el vehículo se presentaron en el centro hospitalario. Dos horas escasas tardó en traer al mundo su cuarto hijo y único varón. José.
   Los años transcurrían sin grandes problemas. Paco se había hecho un seguro de vida. Pensaba, con razón, que si le sucedía cualquier desgracia el panorama con esa retahíla de niños no auguraba muy buenas perspectivas.
   Una mañana, del incipiente otoño, se desplazó en coche al banco para resolver los asuntos del seguro. Había aprovechado uno de los huecos de su horario para realizar las gestiones pertinentes. Al salir del banco, para coger el coche, volver al colegio y reanudar las clases, un automóvil se lo llevó por delante al tratar de cruzar la calle. El cuerpo del profesor se elevó unos dos o tres metros por el aire y fue a caer sobre el capó del vehículo.
   En unos segundos la aglomeración de gente en torno al cuerpo inconsciente de Paco se hizo patente. Dos facultativos asistieron de inmediato al accidentado y a los pocos minutos una ambulancia se personaba en el lugar.
   La sirena del vehículo de urgencias se hizo sentir durante el trayecto desde el Palacio de la Música, lugar del accidente, hasta el hospital más cercano al lugar, el Clínico universitario.
   Mientras era conducido al hospital el teléfono de su casa sonaba con insistencia. Fue Amparo quien atendió la llamada, sus cuatro hijos estaban ya en clase y ella se disponía a salir hacía la piscina del colegio, donde trabajaba.
   - Es usted la señora de Francisco...
   Los detalles del accidente le fueron relatados por el agente de la policía municipal. Sorprendida y preocupada escuchaba la información del representante del orden. Concluida la información marcó el número de su hermana y le puso sobre aviso. En taxis  se personó en la clínica donde por teléfono le notificaron que se encontraba su esposo. Tras la correspondiente pregunta en información de urgencias, le rogaron que esperara unos minutos y de inmediato fue atendida por un facultativo.
   - Aparentemente lesiones no se han detectado. Pero no ha recobrado la conciencia. Sus constantes vitales son óptimas. Pero en estos casos hay que esperar unas horas para ver como evoluciona. Puede pasar a verlo, pero tan solo podrá estar unos minutos, en esta unidad de cuidados intensivos solo se permite dos visitas al día y a sus horas.
   Con el semblante preocupado se puso la bata blanca y las fundas de plástico para el calzado entrando a continuación en la sala de reanimación, donde permanecía inconsciente sobre el lecho su esposo. Posó, con la dulzura que le caracterizaba sus labios en su frente y con los ojos humedecidos abandonó la habitación muy a pesar suyo. Le hubiera gustado estar a su lado, entrelazar su mano y acariciarle como solía hacer él siempre que se sentaba junto a ella. Resignada fue con el semblante preocupado a la sala de espera para aguardar con impaciencia recibir noticias más alentadoras. .
   A la media hora entraba, su hermana. Se levantó, fue a su encuentro para abrazarse en el centro de la sala mientras le informaba de lo sucedido y de los datos que hasta el momento los médicos le transmitieron.
   - Me han dejado verlo, pero aunque le he estado hablando no ha reaccionado. Ni un solo movimiento pude observar durante el escaso tiempo que me permitieron permanecer  junto a su cama.
   Amparo prosiguió relatándole su leve estancia en la U. V. I., hasta que la llamada del médico interrumpió a las dos hermanas. Dejaron de inmediato la conversación y entraron juntas, donde les esperaba el facultativo. Las noticias, aunque seguían en el mismo impás, al menos eran alentadoras. Todas las pruebas realizadas indicaban la normalidad del paciente. Seguía sin recobrar la con-ciencia pero no se detectaba, al menos por el momento, ningún problema. Amparo abandonó la sala abrazada a su hermana, con sus impresionantes ojos verdes bañados por un torrente de lágrimas. A su mente acudían todos los momentos maravillosos vividos en compañía de su esposo. Se lamentaba de las ocasiones en las que no había tenido un comportamiento correcto con él, no eran muchos, pero ahora se arrepentía de no haber sido más flexible. Paco había sido muy cariñoso con ella y sus hijos, y, si ahora lo perdía no sabría como vivir sin su compañía. Su hermana trataba de consolarle. El sofoco se estaba apoderando de su cuerpo y no era una mujer llorona. Tere le animaba asegurándole que las noticias eran buenas y debía tener paciencia, todo se resolvería satisfactoriamente.
   A las cuarenta y ocho horas del accidente le subieron a una habitación. Había dos camas más, pero la estancia la ocupaba él solo. Seguía sin recobrar la conciencia, pero Amparo se alegró de poder estar junto a él, tomarle de la mano mientras le hablaba, aunque él siguiese en ese estado.
   Al regresar de comer, en su segundo día en la habitación, Paco abrió los ojos y de inmediato avisaron a la enfermera y ésta al doctor. Amparo le hablaba pero Paco parecía ajeno a lo que le decía su mujer.  
   Con la llegada del doctor las preguntas y reconocimiento se sucedieron a lo largo de dos agotadoras horas. Paco comenzaba a hablar pero no recordaba nada de lo sucedido. Conforme le preguntaban se dieron cuenta que el problema era más grave de lo que suponían. Desconocía hasta su nombre, no reconocía a Amparo y no sabía quien era. Mientras no le hacía preguntas sobre él ó le alentaban a recordar algo, mantenía una conversación con normalidad. Pero cuando las preguntas eran para tratar de recordar o reconocer a alguien se bloqueaba y pedía salir de la clínica.
  Con la llegada de Tere, Amparo abandonó la compañía de su esposo y se metió con su hermana en la sala de visitas para ponerle al corriente de las desagradables noticias. De nuevo sus ojos se bañaron de lágrimas y abrazada a su hermana le relataba lo sucedido.
   Ese domingo por consejo de los médicos se acercaron a la clínica sus cuatro hijos. Pretendían que el paciente reaccionara al verlos. Las normas a los pequeños eran claras debían entrar en la habitación sin ir directamente a su padre. Debían saludar y limitarse a contestar escuetamente cualquier pregunta que les formulara con la máxima naturalidad posible. Así pues ante la expectativa de todos los presentes entraron en la habitación.
   - Buenos días.
   Fueron las únicas palabras que la mayor de los cuatro pronunció al entrar. Paco se giró y saludo con normalidad. Iniciándose una conversación distante pero mantenida durante unos minutos. Pero el pequeño no pudo contenerse y se lanzó a sus brazos llamándole Papá. Él sonrió y dirigiéndose a la enfermera comentó
   - Pobre chiquillo me ha confundido con su padre.
   Fue pronunciar la frase y,  las cuatro criaturas, rompieron en un desconsolador llanto para abrazarse a su padre y fundirse en un fuerte abrazo. Paco perplejo los miraba sin saber que hacer ni que decir. La enfermera rogó a los niños que abandonasen la habitación y fueran a la sala de espera. Llorando se acercaron a su madre y le comentaron que papá no los había reconocido.
   El incidente alteró al enfermo de manera especial y en el momento que se quedó a solas en la habitación se vistió con la ropa que había en el armario y sin que nadie se percatase de su maniobra abandonó la clínica sin el menor impedimento.
  Al celador de la planta lo saludo y se despidió, lo mismo hizo con el guarda jurado de la entrada. Se encontraba en la calle, libre de aquellas paredes y al respirar el aire contaminado de la calle se llenó de satisfacción. Comenzó a caminar sin saber, ni plantearse, a donde iba.
   Mientras en el hospital el personal y su familia comenzaron a preocuparse al no encontrarlo. Buscaron por todas partes y al preguntar al celador de la planta reconoció que el caballero por el que preguntaban se había despedido del él. Pero iba vestido con ropa de calle por lo que no le dio importancia. Poco a poco fueron comprendiendo la situación. Había abandonado el hospital. La confirmación definitiva la aportó las declaraciones del guarda jurado de la puerta principal del hospital. De inmediato el director del clínico comunicó a la policía el suceso. A los pocos minutos, dos agentes de seguridad ciudadana se presentaban en el centro sanitario para recopilar información. Su familia no salía de su asombro y la preocupación invadió a sus componentes. Al llegar la noche no tenían noticias de su paradero, agotados y angustiados se fueron a casa para recibir allí cualquier información que les pudieran proporcionar.
   Cuando Paco abandonó el hospital, al tocarse los bolsillos encontró una cartera. Tenía dinero y unos documentos. No hizo caso de los mismos y sin saber como ni porque se encontró subido en el autobús que lo llevaba al Perelló. El transporte público se detuvo ante la entrada al parador nacional del saler, sin pensárselo dos veces bajó para paseando acceder al parador. Aquel paraje le entusiasmó hubo un instante como si recordara algo, pero el sonido de una bocina de coche aconsejándole que lo mejor para su integridad física sería circular por el lateral de la carretera y no por el centro, le sacó de posibles recuerdos. Se paró en el campo de prácticas dedicado al pateo. Contempló por espacio de unos minutos como lo hacía la gente y luego tomando el camino paralelo al hoyo nueve, que conducía a la playa, se introdujo por él hasta tropezarse con  la arena. Se descalzó y al disponerse a caminar por el linde de la playa escuchó el llanto de una anciana. Se aproximó a la señora en cuestión y preguntó si le ocurría algo. Al elevar la cabeza y ver a Paco se lanzó a sus brazos y mientras lo besaba en un meloso francés le decía.
   - Hijo mío, no te he perdido. Gracias a Dios que has vuelto con tu madre.
   Paco no dio importancia a las palabras de la anciana y trató de consolarla. Se calmó pronto y dándole la mano abandonaron la playa para entrar en la cafetería del parador. Conversaron por espacio de varias horas. Primero se tomaron unos cafés, luego comieron y tras la sobremesa se acercaron a recepción y ella pidió una habitación individual para su hijo. Le llamaba José. Ese nombre le sonaba de algo y llegó a sumirlo como propio en esas horas. Instalado en el parador se duchó. Una vez cumplimentado el aseo personal, al abrir el armario, se asombró al no encontrar ropa. En chanclas, envuelto en el albornoz y con la ropa en una mano, fue al encuentro de su madre.
   - Aquí la tienes mi pequeño. Vístete de etiqueta que nos vamos a cenar al casino de Monte Picayo.       
   Regresó con la ropa proporcionada por aquella señora y se vistió. Luego regresó a la habitación de la anciana. Dudo pero al fin se decidió a romper el silencio.
   - Ma…má. Estaré en el vestíbulo.
   La anciana asintió con un leve movimiento de cabeza. Registro los bolsillos de la ropa que le había entregado y se dio cuenta de la presencia de la cartera. Hurgó dentro de ella, estaba la documentación y algo de dinero. La vació de documentos y fotografías para guardarlas a continuación en la caja fuerte de la habitación. Luego metió el dinero con algunos billetes más e introdujo la documentación de su hijo en la misma. Concluida la operación salió al encuentro de José y tras entregarle la cartera, con la documentación cambiada, se presentaron ante el vehículo que esperaba en la puerta un flamante Mercedes. Le ofreció las llaves al tiempo que comentaba.
   - ¿Te acuerdas que hoy te toca llevar el coche a ti?
   La verdad, no recordaba. Pero cuando lo decía, “su madre” sería por algo. Abrió las puertas, ayudó a que subiera la anciana en la parte posterior, se puso al volante, y siguiendo las indicaciones fueron al restaurante del casino donde tenían reservada mesa para cenar.
   El metre del restaurante reconoció de inmediato a la señora desvelándose por atenderla.
   - Buenas noches señora Bordeaux. Es un placer volverle a ver por aquí. Sus vinos entusiasman a nuestra clientela y la última remesa que nos mandó son de una calidad incomparable.
   Agradeció el cumplido y a continuación le presentó a su hijo. Mostró su satisfacción por conocerlo, y personalmente los acomodó en la mejor mesa del restaurante.
   - El vino no hace falta que se lo recomiende. Ha sido un placer conocer a su hijo, y espero que nos honre más a menudo con su presencia. 
   Fue una cena de una calidad increíble y los vinos de los mejores caldos producidos por aquella mujer en su finca de Bordeaux.
   Para reposar la cena decidieron dar una vuelta y probar fortuna. Al personal del casino entregó una importante cantidad de dinero que fue canjeada de inmediato por unas fichas. En una caja las llevaba el empleado, mientras seguía fielmente a la anciana hasta el lugar de juego elegido. Marie se detuvo tomo varias fichas de la caja que sustentaba el empleado y dándoselas  a “su hijo comentó.
   - Diviértete, cariño, yo me voy a probar suerte con  la ruleta.
   José, nueva identidad de Paco, no le agradó nada aquella sala llena de gente, tumulto y humo. El juego y especialmente con dinero no le atraía en absoluto, por lo que decidió abandonar el local, y entrar en el Púb. Próximo a la sala de juegos, donde un piano amenizaba el ambiente. Se tomó un refresco y siguió con verdadero interés las melodías que, una tras otra las experimentadas manos del músico, deleitaba a la clientela.
   Marie Bordeaux, se había instalado en un lugar privilegiado de la mesa donde se encontraba la ruleta. Apostaba a diversos números con disparidad de suerte. Al ver acercarse a su abogado personal, Bernard, dejó de jugar se levantó de la mesa y rogó a un empleado que le facilitasen uno de los reservados del casino. Deseaba encargarle un asunto de suma importancia y precisaba de tranquilidad, pero especialmente de intimidad. Entraron en el reservado y cuando el camarero terminó de servir lo solicitado por sus clientes cerró la puerta. Tenía orden de no ser molestados. Sentados en aquellos acogedores sillones, Marie comenzó a lanzar indicaciones a su abogado.
   - Bernard necesito que averigües todo lo referente a esta persona.
   Sacó la documentación de Paco que llevaba en su bolso y entregándosela  a su abogado prosiguió.
   - Necesito todos los datos, personales, amistades, familia, relaciones, trabajo, inquietudes, sueños y toda la información que se pueda imaginar sobre este personaje y de la gente que le rodea, antes de regresar a Bordeaux. Es mi deseo que todo lo que hablemos esta noche quede en el más estricto de los secretos.
   Dejó una pequeña pausa que aprovechó para dar un sorbo a su copa y prosiguió.
   - Ponte en contacto con el mejor cirujano plástico. Me han hablado de una clínica en Suiza que hace milagros. Deseo que conviertan a este señor en mi hijo y lo quiero en el menor plazo posible. No tengo tiempo que perder.
   - Marie, te recuerdo que tu hijo murió esta semana en Madrid por una sobredosis y lo enterramos en el más estricto de los secretos. Lo que...
    No le dejó continuar le exigió que cumpliera sus ordenes inmediatamente y añadió al tiempo que se levantaba con intención de regresar de nuevo a la mesa de juego.
   - No hay tiempo Bernard, las cosas se nos podrían complicar enormemente si no resuelvo este asunto antes de un mes.
   Al abandonar Bernard el casino estaba preocupado por su jefa. Lo que pretendía no podría salir bien. “Además. ¿Quién era ese personaje?”. Meditaba al tiempo que pasaba por la puerta del Púb., donde se encontraba Paco. Decidió entrar antes de irse a la cama y tratar de ponerse a trabajar en el asunto que le había encargado Marie. Al verlo se sorprendió. Precisamente aquel personaje era sobre quien tenía que indagar. Ni corto ni perezoso se sentó junto a él y entabló conversación. Pronto notó que algo no funcionaba bien en aquel hombre. No sabía como se llamaba, creía que José pero no estaba seguro. No deseaba hablar de él ni de recuerdos. Lo notó excesivamente nervioso cuando le preguntaba cosas sobre, lo que hacía, si estaba casado, y mil preguntas más, por lo que optó por conversar sobre temas intrascendentes. Lo cierto es que le causó una buena impresión. Captó inmediatamente que esa persona no recordaba nada sobre sí mismo. Educado con un nivel cultural alto pero desconcertado mentalmente con su situación.
  Tras dos largas horas de conversación decidió despedirse y meterse en la cama, para comenzar el nuevo día con el trabajo encomendado por su amiga y patrona. Al entrar en la habitación conectó la televisión. En las noticias de media noche pudo ver la fotografía de Paco y conocer algo de su historia.
   Su primera intención fue coger el teléfono y comunicar a la policía donde podían encontrar al personaje en cuestión. Pero antes de descolgar se paró a  reflexionar. La señora Marie había pasado por un calvario con su hijo, esclavo de la heroína y la coca hasta el punto de ocasionarle la muerte. Había sido un personaje déspota y excesivamente duro con sus empleados, pero su falta podría traer peores consecuencias. Los hermanos de su esposo y los sobrinos de la señora Marie se harían con todo el negocio en el momento que ella se encontrase sola. En los últimos años que el señorito no se acercaba por las bodegas y viñedos por encontrarse inmerso en la droga, sus familiares habían tenido un comportamiento mucho peor que él. Le odiaban por ser el único que los mantenía a raya, pero ahora sin José la cosa sería mucho peor. Tal vez Marie no estuviese tan trastornada como pensaba tras la muerte de su hijo. Solo Marie y él estaban al tanto de su fallecimiento. Pues el empleado del crematorio que se encargó de convertir el cadáver en cenizas se limitó a cobrar los cinco millones de pesetas y no preguntó nada en absoluto. Si conseguía regresar, de nuevo a Bordeaux, con su hijo los pondría en su sitio. Aquel personaje, ese profesor de educación física, Paco, parecía el personaje ideal. No recordaba nada. No sabía quien era y su físico, constitución, y edad eran parecidos a los del hijo de Marie. Incluso ella ya se había encargado de hacerle creer que era su hijo y hasta se lo estaba creyendo. Desistió de dar aviso a la policía. Sin duda lo mejor era seguir el plan trazado por su jefa.  
   Esa mañana Bernard se levantó muy temprano y de inmediato se puso en movimiento. Telefoneo a varios contactos y solucionó el problema de la cirugía estética. En una clínica privada de Suiza se llevaría a cabo la operación en el más estricto de los secretos. No había el menor problema, con dinero se podía solucionar cualquier detalle. En menos de una semana el paciente podría abandonar la clínica y realizar vida normal sin ningún contratiempo. Cuando esa parte de su trabajo la tuvo resulta, la zanjó con unas cuantas llamadas telefónicas, subió al coche y se dirigió a la dirección que figuraba en la documentación de Paco. Se presentó como un agente de seguros de vida, donde Paco tenía su póliza siendo atendido con exquisita cortesía por su afligida esposa.
   La tristeza en esa sencilla casa se palpaba en todos sus moradores. Primero fue la mayor la que entró en el salón donde mantenían la conversación Bernard y su madre, saludo y preguntó sí necesitaban algo. Los increíbles ojos verdes de aquella jovencita impresionaron al visitante. Se notaba que había estado llorando y la tristeza se reflejaba en su expresión. Luego la presencia de la mediana, “Dios” exclamó en su interior Bernard, vaya ojos azules. Aquellas jovencitas llamaban la atención especialmente por sus miradas. Cuando estaba finalizando el interrogatorio al que estaba sometiendo a la señora de la casa se presentaron los dos pequeños, que regresaban del colegio.
   - ¿Se sabe algo de papá?
   Fueron las primeras palabras que pronunció la pequeña de las chicas. Otra criatura encantadora. Bernard estaba asombrado por la belleza de esas jovencitas. Ante la negativa de su madre los dos pequeños rompieron a llorar y se fueron a su habitación. La mayor al escuchar a sus hermanos se metió con ellos para tratar de calmar su acongojo. 
   A Bernard esas escenas le encogieron el corazón. Por lo que había podido observar e informarse, aquella familia estaba muy unida y sin la menor duda adoraban a su padre. Pero era un hombre acostumbrado a pelear en mil batallas y, había vivido situaciones emotivas mucho más fuertes de la que vivía en esos instantes. Por fin se despidió de aquella madre y abandonó el hogar.
  Salió de casa muy satisfecho había conseguido gran cantidad de información. La amabilidad y la predisposición de las personas de esa casa le habían cautivado. De allí se fue directo al colegio, donde siguió indagando y preguntando. El personaje en cuestión era admirado y venerado por todos. Con los que conversaron e interrogó hablaron maravillas de aquel profesor.
   La hora de la comida se acercaba, Bernard se despidió de la última persona que contactó y en el coche se fue al Parador Nacional del Saler donde había quedado a comer con Marie. Al entrar en la cafetería se encontró con ella, se sentó a su lado al tiempo que pedía un Martini.  
   - Buenos días Marie. ¿Y su hijo?
   Ella le sonrió, Bernard era algo más que su hombre de confianza. Le contestó que estaba jugando nueve hoyos en el campo. Había quedado con él en la cafetería cuando finalizase para luego ir los tres al comedor. Fue informada de todas las gestiones realizadas. Ella le felicitó al tiempo que le preguntaba.
   - ¿Tienes el número de cuenta de Paco?
   Al confirmarle que si, comenzó de nuevo a darle nuevas ordenes. En esta ocasión le encargó que ingresara lo antes posible en esa cuenta, y a partir de esa fecha todos los primeros de mes, aproximadamente el doble de su salario. Debía hacerlo por mediación de Gerardo, un abogado de Valencia con el que había contactado para llevar a cabo su plan. Le dio su número de teléfono y la dirección. Bernard le aseguró que esa misma tarde resolvería el asunto. Ahora estaba convencido de lo acertada que estaba Marie, todo estaba encajando a las mil maravillas, si lo hubieran programado no les habría salido tan perfecto. Estaba claro que su señora pretendía compensar económicamente a esa familia. Le había arrebatado a su jefe, pero en ningún momento permitiría que lo pudieran pasar mal económicamente.











sábado, 9 de febrero de 2013

TRES AÑOS EN EL LABERINTO



- PRÓLOGO -




A MI MUJER:

Sobre el amor se ha escrito

y leído interminables frases.

Todas cargadas de razón,

de sentimiento, de magia,

de ....

Pero me quedo con la más breve.


Paco

   - CAPITULO - I -                       

                                 - EL COLEGIO -

   La campana se agitaba, con virulencia y destreza, de la mano del jefe de estudios. El hormiguero de niños en el patio, aparentemente desorganizado, se transformaba en un abrir y cerrar de ojos en rígidas filas hítlerianas. En menos de veinte segundos cada curso, con un impactante orden, se alineaba por estaturas frente a su maestro dibujándose una perfecta formación. A los tres minutos escasos profesores y niños habían desaparecido. El silencio era casi total. Solo el jadeo y la carrera de un curso que iniciaba su jornada con la clase de educación física lo rompía. Mientras en el vestuario ante la potente y cortante voz de mando del profesor, que atosigaba a los retrasados a unirse al grupo para comenzar el calentamiento, se estremeció. Desde el tercer piso se escuchaba, con increíble claridad, las voces de mando del profesor.
   - ¿Qué hay que hacer?
   - Tú corre. Es lo que hacen todos.
   Parecía que la normalidad volvía al curso. Pero de nuevo el temor envolvió a los adolescentes especialmente a los que se habían atrevido a poner en funcionamiento sus cuerdas vocales. El grito militar, exigiendo silencio, los atenazó. Los cincuenta alumnos de séptimo A, de la E. G. B. circulaban, en sentido contrario a las agujas del reloj, dando vueltas a los ochocientos metros cuadrados del campo de balonmano ante la atenta mirada de su profesor que controlaba y dominaba la situación desde los cincuenta centímetros de altura que separaban el pórtico del terreno de juego.
   Al comprobar que no faltaba nadie de nuevo su inconfundible voz exigiendo atención rompió la tranquilidad. Escasos segundos tardaron sus pupilos en formar dos filas perfectas frente a él. La tensión y la expectativa se observaban en cada rostro de aquellos adolescentes.
   Al dibujarse una sonrisa, en el joven licenciado en educación física por el I. N. E. F. de Madrid la tirantez, de esos rostros juveniles, se relajó un poco. Pero ante el primer tanteo a su profesor, por parte del “tonto” de turno, ésta regresó de nuevo a sus caras. Al irrumpir de nuevo en el silencio la cortante voz de mando. No en balde hacía escasos días que había finalizado su segundo periodo militar como suboficial de la escala de complemento del ejercito de tierra. Dirigiéndose al alumno en cuestión, y con cierta  ironía, comentó.
   - Mi experiencia me aconseja que usted caballero precisa de una mayor intensidad de trabajo físico. Como buen profesional, que me tengo, le proporcionaré sin el menor reparo esa necesidad urgente por la que suspira.
   Elevando su brazo derecho y señalando con su índice el campo de fútbol. Continuó
   - Aquel amplio terreno le invita a satisfacer sus ansias por la maratón y aplacar así esa necesidad fisiológica de ejercicio que con tanto anhelo me suplica. Luego el señor delegado.
   Nueva pausa buscando con la mirada en el grupo la personificación de su representante. Cuando éste, con cierta timidez y no falto de temor, elevó su brazo para hacer patente su cargo el profesor, tras la oportuna localización, volvió a dirigirse al alumno en cuestión.
   - El delegado le pondrá al corriente durante el recreo de toda la información que les trasmita mientras usted satisface sus deseos. En estos momentos es más importante aplacar sus ganas por quemar calorías que los conocimientos que les tenga que transmitir.
   Nueva pausa para recuperar el aliento y de nuevo añadió.
   - Estoy aquí para atender sus necesidades educativas. Especialmente en el campo físico.
   Resignado el adolescente abandonaba el grupo a la carrera hacía su destino. El campo de tierra.
   Paco. Que así se llamaba el profesor volvió a dar una de “cal” al comunicarles que se agruparan en torno a él.
   - Conmigo no hagan formaciones. Para mí terminaron hace dos años cuando, “El Generalísimo” gracias a Dios, nos dejó.
  Se presentó. Dejó claras cuales eran las reglas y normas para funcionar en sus clases y les mostró su predisposición para atenderles y especialmente a dialogar en todo momento.
   Finalizadas esas cinco clases de la mañana Paco regresó a casa. Había sido una mañana tranquila y el primer contacto con sus alumnos no le había supuesto un gran esfuerzo. Solo le llevó dos minutos desplazarse hasta su hogar. Nada más pasar el umbral fue directo a la ducha. Quince minutos escasos le llevó el aseo personal y dedicó la primera hora a recoger su habitación, pasar el aspirador a la casa y limpiar los cuartos de baño. Siguiendo las indicaciones, que esa mañana antes de salir a trabajar le había indicado su mujer, preparó la comida.
   Estaba en horario de verano y, por tanto, hasta que llegara Octubre no tendría clase por las tardes. Cuando tuvo todo en orden salió con destino a los laboratorios donde trabajaba su mujer. No estaba muy lejos y no le llevó más de quince minutos presentarse ante el edificio. Ella también gozaba de horario de verano. En jornada intensiva. De ocho a quince horas.
   El personal del laboratorio comenzaba a salir. Paco llevó su atención a la puerta por donde iban desfilando los trabajadores de aquellos laboratorios farmacéuticos. Aproximadamente a los diez minutos, de haber sonado la sirena de fin de jornada, su expresión recobraba la alegría al encontrarse con la impactante presencia de su mujer. Lo primero que percibió fueron sus increíbles ojos verdes y esa sonrisa, dibujada en su rostro, que le hacía estremecer. Se aproximó y tras unir con timidez sus labios abarcó su cintura y abrazados emprendieron el regreso a casa al tiempo que comentaban como les había ido esa mañana.  
   Las primeras reuniones de profesores para dialogar y acordar la programación del siguiente curso coincidieron con la salida de cuentas de Amparo que esperaba su primer bebé. La ilusión se reflejaba en los rostros del joven matrimonio. La natación tenía su pausa. Amparo permanecía, por las mañanas, sola en casa mientras él trabajaba a escasos metros en el colegio. Las tardes las dedicaban a pasear o conversar especialmente sobre la llegada del bebe.
   Ese siete de Septiembre, de mil novecientos setenta y ocho, al regresar de la reunión, Amparo le confesó que creía que el parto se le estaba moviendo. Le hizo coger las cosas que tenía preparadas desde hacía unas semanas y se dispusieron a ir a la clínica. Estaba muy preocupada. ¿Y si luego no era cierto que iba de parto y los mandaban a casa? Menudo corte. Su esposo menos temeroso a cualquier opinión externa comentó.
    - Mi vida eso tiene fácil solución. Montamos de nuevo en el coche y regresamos a casa. Lo que puedan pensar me trae sin cuidado. Lo importante sois tú y el bebé. El resto como si sé quieren estar des... todo el día. No me preocupa. Pero no me perdonaría en toda mi vida que por temor a la opinión de los demás os pudiera suceder algo a ti o al bebe. 
   “También tiene razón”. Pensó su mujer. Con todo lo necesario para atender al futuro ser se pusieron en camino. No se había hecho de noche cuando el llanto desgarrador de la pequeña se sintió en el quirófano ante el asombro y preocupación de su padre y el sufrimiento y descanso posterior de su madre. 
   Más tarde ya instaladas en la habitación contemplaba la cara de bobo de su marido que no quitaba la mirada de ellas. Orgulloso y satisfecho del fruto de aquel amor que compartían.
   Habían hablado del nombre de la niña pero sin llegar a un acuerdo. A los dos les gustaban cortos. Él había propuesto Amparo o Rut, mientras que ella prefería África. Desde luego a él ese nombre no le gustaba para su primera hija. Tras intercambiar opiniones decidieron ponerle Ana. Así  pues la primera criatura de ese matrimonio salió con nombre de la clínica.
   Las clases se reanudaron, dando entrada al nuevo curso, cuando una amarga noticia les llegó del ministerio de defensa. Una estructuración de la escala de complemento obligaba a realizar las prácticas de milicias a todas las promociones que no las habían realizado. Aunque Paco había sacado un buen número todas las promociones anteriores a la suya tenían preferencia para solicitar destino. Cuando las plazas se concedieron le había correspondido el  Regimiento de Cazadores de Montaña de la localidad de Irún. Aquello fue una ducha de agua fría. El colegio le había contratado. La temporada de natación se había iniciado. Solo llevaba un mes con su pequeña y ahora tenía que incorporarse a prácticas a primeros de Diciembre. Dinero para mantener la familia no había, pues antes del nacimiento de Ana, ella se había dejado su trabajo para dedicarse de lleno a su bebe.
   Esa tarde del sábado estando en el salón junto a su pequeña decidieron irse a finales de Noviembre a Madrid, a casa de los padres de Paco. Allí estarían acompañadas por sus cuñadas y a él le sería mucho más fácil encontrarse con ellas los fines de semana.
   Los días en el cuartel se hacían eternos. No había mucho que hacer era una época de difícil situación para las fuerzas de seguridad del estado. Especialmente allí. En el norte de España. Habían asesinado a varios altos cargos militares y la tensión se respiraba en los acuartelamientos del ejército. El teniente Coronel del recito militar donde servía como suboficial hizo llamar a Paco a la semana de tomar destino. Faltaban dos semanas para celebrase los campeonatos de invierno de la primera zona militar y la comandancia de San Sebastián participaría en esa competición de “campo través”. 
   - Tengo entendido que usted es Licenciado en Educación Física por el INEF de Madrid.
   Ante la afirmación de su subordinado continuó exponiéndole cual era su orden.
   - A partir de hoy mismo estará rebajado de todo servicio y dedicará su tiempo a preparar el equipo de esta comandancia para asistir a los campeonatos de la primera región militar a celebrar en Burgos.
   El sargento de la escala de complemento, aceptó la orden que su jefe le había encomendado y desde ese mismo momento se hizo cargo del equipo de “campo través”.
   Lo cierto es que no había tiempo material para preparar un equipo con un margen tan corto. Pero cuando se presentó en las pistas de atletismo pudo comprobar que los seis soldados seleccionados por las diferentes compañías tenían un buen historial atlético.
   A su regreso, los trofeos y el primer puesto de la región militar. Nunca en la historia de esa comandancia se había logrado una hazaña de tal magnitud y los jefes pensaron que el artífice había sido ese sargento de la escala de complemento. Las felicitaciones desde San Sebastián llegaron al jefe del regimiento de Cazadores de Montaña, rogando que en su nombre felicitase al  suboficial que había estado al mando de esa competición. No había colgado el teléfono el teniente coronel cuando mandaba llamar al sargento.
   El miedo le invadió. Pues en Burgos dos de sus subordinados le pidieron permiso para dormir fuera de la guarnición y se lo había concedido con una condición. Que a la mañana siguiente, sin falta, estuviesen en la estación a la hora de la partida del tren. Estos no se presentaron y ahora se esperaba la reprimenda de sus superiores por no haber comunicado el incidente.
   De camino al despacho del teniente coronel reflexionaba sobre el asunto. “La verdad sin Amparo y Ana a mi lado poco me va importar lo que me hagan”. El corazón se le había acelerado pero cuando pasó el umbral de la puerta estaba dispuesto a todo. La cara sonriente de su jefe le sorprendió y mucho más cuando se fundió en un abrazo con su subordinado.
   - Enhorabuena ha dejado nuestra comandancia en un lugar privilegiado. Deseo felicitarle personalmente y transmitirle la felicitación de nuestro Coronel.
   Las piernas se le aflojaron aquello era increíble, en realidad el mérito estaba en esos chicos. Pero como decía siempre la suerte cuenta en esta vida y así había sido pues aquel grupo eran atletas de un gran nivel y lo habían demostrado en esa competición.
   - Pídame lo que desee. Si está en mi mano se lo concederé.
   El ofrecimiento de su jefe lo aprovechó de inmediato, no en balde Amparo, su mujer, y Ana, su pequeña, no se separaban de su mente. Inmediatamente le rogó salir los viernes a las quince horas, pues de esa forma podía coger el TALGO de las quince treinta y estar por la noche en Madrid con sus dos tesoros.  De lo contrario tenía que coger el correo y hasta la mañana del sábado no verse con su familia.
   - Sargento, desde este mismo momento tiene permiso para salir todos los viernes, que no tenga servicio, a esa hora.
   No daba crédito a su suerte pues había escuchado que muchos capitanes y algún que otro comandante había solicitado la misma gracia y no la habían conseguido. Era muy estricto con el horario de sus subordinados, pero también era el primero en cumplirlo.
   Al regresar a la compañía le comunicaron que tenía una llamada. Se puso al aparato y pudo respirar. Se trataba de los dos soldados que no se presentaron en la estación. Perdieron el tren y cogieron el siguiente. Como Paco les había dicho a sus compañeros que en cuanto llegaran le telefonearan, fue llegar y ponerse en contacto con su superior. De lo contrario a la noche hubiera tenido que dar parte del incidente. Al colgar el aparato sintió un enorme descanso. Se jugaba mucho de haber sucedido algún problema, se habría acabado las salidas los viernes a esa hora privilegiada.
   Cuando el capitán de su compañía se enteró del permiso especial que gozaba aquel sargento de complemento se quedó perplejo. Pero eran órdenes superiores y como buen militar las acató. Pero cuando lo tuvo ante él para repartir las órdenes del día le comentó.
   - Usted es de los que pisa en terreno firme. Eh sargento. Le envidio, pero valoro su actitud. Tengo entendido que se lo ha ganado a pulso.
   Desde su triunfo en el campeonato Paco gozaba de muchos privilegios, era el protegido del teniente coronel y no era cuestión de enfrentarse a él. Si bien, no era menos cierto, sabía entenderse con la tropa y cumplía estrictamente el reglamento y las ordenes recibidas. Su capitán lo admiraba, serio con su trabajo, exigente y al mismo tiempo era el que daba ejemplo. Sus dotes de gran tirador las pudo constatar aquella mañana en Jaikibel, cuando se desplazaron con la compañía para practicar el tiro. Entre los oficiales y suboficiales organizaron una competición de tiro con mosquetón de alza telescópica. La final la disputaron el capitán de la compañía y el sargento Paco. Lo cierto es que, en la final, no hubo color. El sargento no falló ni un solo tiro mientras que el capitán llegó a herrar en cinco ocasiones. Se había picado con aquel sargento y le retó a un concurso de pistola. Paco sabía que ahí no tenía nada que hacer pero aceptó encantado para salvar el ego de su capitán. Después de esa jornada y en especial después de la semana que le tocó realizar a su subordinado admiraba al militar no profesional que era. Esa semana la compañía funcionó como nunca, la limpieza relucía en todos los rincones y no hubo un solo arresto en toda la semana. La actitud de su sargento con la tropa le tenía admirado, pero pronto comprobó el porqué esos soldados obedecían con prestancia y eficacia todas sus ordenes. Se lo contó un familiar que tenía en la compañía. Su primer día de servicio coincidió con un viernes, solían salir a la ciudad a darse un paseo, varios soldados regresaron ebrios, el sargento llamó a los compañeros con mayor relación con esos jóvenes soldados y les pidió que, sino deseaban ver arrestados a sus compañeros, les dieran una buena ducha y los acostaran cuanto antes. Así lo hicieron y gracias a la actuación de aquel mando no hubo ningún problema. Fue un detalle que provocó que la compañía se volcara con su sargento y le facilitarán su labor en esa semana de servicio. Pero hubo detalles por parte de aquel sargento no profesional que logró ganarse a sus subordinados y esa semana se notó en la compañía. Se mostraba duro y exigente con la gente que pretendía escaquearse de sus obligaciones. Siempre lograba que realizaran la misión encomendada a cada uno con prontitud y perfección. Cuando hacía gimnasia el primero en realizar los ejercicios era él. Los circuitos en carrera, con material, el sargento Paco siempre estaba al frente y comprendía a los que por un motivo u otro les costaba seguir el ritmo.      
   Las Navidades, las disfrutó en casa, junto con una grata noticia. En el boletín oficial del estado salía una ley que concedía prorroga de primera clase a todo soldado casado y con hijos. No lo pensó dos veces y nada más regresar al acuartelamiento, tras las Navidades, presentó su solicitud de baja en el IMEC, acogiéndose a continuación a la susodicha ley. Sin embargo, aún tuvo que esperar a primeros de Febrero para que le concediesen la baja y la prorroga de primera clase.
   A mediados de ese segundo mes del año, regresaba a su casa de Valencia y se incorporaba a su trabajo en el colegio y en la piscina. La pesadilla del servicio militar terminó y de nuevo el joven matrimonio pudo regresar a casa y continuar su vida cotidiana.
   Los años transcurrieron con clases durante la semana y viajes a uno y otro lugar de la Comunidad Valenciana, para asistir a las distintas competiciones de natación. Los veranos se desplazaban toda la familia a las ciudades españolas donde se celebraban los campeonatos nacionales.
    Con el pasar de los años la familia aumentó en dos miembros más, dos chicas, Gema y Ester. En cuatro años y medio tuvieron a sus tres hijas.





















jueves, 24 de enero de 2013

EL PRIMER AMOR- TERCERA PARTE-CAPITULO XXV-TARDE, PERO...


                                           -  TARDE, PERO...

   La solución, a la sección de la médula espinal, llegó tras la colaboración de innumerables científicos.
   Jos dedicaba el mayor tiempo del día a su pequeña. No era un papá joven, eso no lo podía ocultar, pero se fijó un objetivo con determinación para que su hija, al menos, disfrutara de un padre joven de espíritu. Desde el nacimiento de su niña el tiempo disponible era para las dos mujeres de la casa. Había decidido hacer un alto en sus investigaciones. Sus colaboradores, más directos, Joel, Dany y Jung trabajaban en el laboratorio familiar y procuraban no molestar a su maestro. Si en alguna ocasión iban a preguntarle algo, siempre estaba dispuesto a dar su opinión y colaborar. Pero no se involucró en los trabajos de investigación. Su mayor reto era la educación de su pequeña, y era consciente que en ciertas épocas, no muy lejanas, tendría mucha más dificultad que los problemas encontrados en el laboratorio. Caterine tomó la misma determinación y dejó en manos de su tía el peso de la empresa.
   Linda, durante sus primeros años, mientras no tuvo edad escolar, viajó, en compañía de sus padres, por todo el mundo. Todos los días dedicaban unas horas a sentarse junto a su hija y jugando con la pequeña le iban introduciendo en el mundo del conocimiento y en las destrezas fundamentales de la etapa escolar. No muy lejana para la pequeña.
   Al incorporarse a la escuela, su grado de madurez era muy superior a sus compañeros. Leía a la perfección y tenía un gran dominio de las distintas áreas escolares. Pero pronto se dieron cuenta de su pasión por la moda. Era algo increíble desde sus primeros pasos se apasionaba especialmente por el diseño. Su mayor ilusión y entretenimiento era ir con su tía-abuela a los talleres de diseño. Juguetear en la tienda y probarse todos los modelos que caían en sus manos. Sus dibujos, casi todos trataban de ropa. Precisamente de unos de ellos, Caterine sacó un modelo que impactó enormemente en el mundo de la moda. Estaba claro cual iba a ser su futuro. Adoraba a su padre de una forma especial. José siempre mostró su temor de no poder conectar con su hija, como consecuencia de su edad, pero no había la menor duda que lo adoraba. Siempre que salía de casa y no le podía acompañar, cosa extraña, le buscaba por toda la casa para despedirse, abrazarse fuertemente a su cuello y plasmar dos sonoros besos en sus mejillas. A su regreso, normalmente le esperaba en la puerta, corría como una atleta de los cien metros lisos para abrazarlo. Muchos de sus compañeros pensaron que era su abuelo y cuando se enteraron, su mejor amiga, le comentó.
   - Tu padre. ¿No es muy mayor?
   Con el descaro que le caracterizaba contestó
   - Por eso nos entendemos también. “No dicen que los abuelos son como niños”.
   Era una cría genial, nadie le llegó a ver enfadada. Si se metían con ella, con su padre o cualquier otro miembro de su familia siempre tenía la frase apropiada llena de ironía y sarcasmo, destrozando con su dialéctica a quien osaba atacarle o burlarse de alguien a quien quería. No había nada, ni siquiera el más profundo de los secretos entre sus amigos que no se lo contara a su padre. Al jurar, guardar algún secreto, siempre añadía la misma "coletilla" 
   - Juro no contarlo a nadie. Salvo a mi papá.
   Los compañeros, que visitaron su casa, adoraban a José. Se pasaba el tiempo jugando con ellos y en varias ocasiones mostraron envidia de la pequeña Linda al tener un padre tan divertido.  “Tu padre esta siempre contento”. “¿Nunca se enfada tu papa?”. “¿Nunca te ha reñido ni dado un azote?”. “Tu padre es genial” “Ojalá mi padre jugase conmigo, aunque fuera un día a la semana” Y frases similares se oía a diario la pequeña. Muchos días, especialmente al ir a dormir, pedía que le contara historias de cuando era pequeño. La vida de su padre en la huerta le encantaba. A ella también le hubiera gustado tener quince hermanos. “Te lo pasarías bomba”. Comentaba muchas veces cuando terminaba de relatarle alguna historia de aquella época. La otra persona, santo de su devoción, era su tía-abuela. Cuando, con asiduidad, le llevaba a los talleres de costura se llegaba a emocionar. Sus profesores le adoraban. Ese aspecto le llamó la atención a su padre, al comentarle la enorme ayuda prestada a sus compañeros con problemas de aprendizaje resultando de gran eficacia para avanzar en el aula. José sonrió, sin duda esa virtud la heredo de él.
   Iba a cumplir los siete años cuando al salir de clase iba como loca. La felicidad inundaba su pequeño cuerpo y deseaba encontrarse con papá para contarle algo que le comunicó su profesora. Se encontraba junto al coche abarcando a Caterine por la cintura mientras aguardaban la llegada de su retoño.
   - ¡Papa, te lo van a dar! ¡Tarde, pero de lo van a dar!
   Salía de clase gritando desde lejos. Tanto Caterine como José se quedaron atónitos. Que era eso tan importante y que se lo iban a dar, aunque tarde.
   Cuando Caterine rogó en primer lugar que se calmara y luego se explicase. Arrancó de nuevo.
   - Te acuerdas de esa historia del premio Nóbel, Cuando te lo quitaron par dárselo al médico que curo a la abuela. Pues mi profesora de Lengua me ha contado que este año te lo van a conceder a ti. Asegurando que ya era hora de hacer justicia con un hombre como tú. ¿Creo que esta enamorada de ti?
   Añadió a lo dicho en tono bajo y procurando que su mama no le escuchara. El matrimonio se miró sonriendo ante la salida de su niña. De donde se había sacado esa noticia. Mientras permanecían un poco escépticos ante las afirmaciones de su hija, coincidió que en ese momento salía del colegio su profesora.
   - Señorita Josephine, verdad que le van a conceder el Nóbel a mi papá.
   No dejó a su señorita contestar e inmediatamente añadió
   - A que está enamorada de él.
   La maestra se sonrojó. Era una joven de veintitrés años, no muy agraciada por la Naturaleza, pero poseía un corazón y un don para los niños fuera de lo común. Casi tartamudeando consiguió vencer un poco su timidez y se aventuró a aclarar la situación.
   - Efectivamente Don José. Estábamos realizando un trabajo y habíamos encendido la radio para utilizarlo como medio didáctico cuando en las noticias de las once treinta, unos minutos antes de salir de clase, han confirmado que el doctor José Carbonell, que ya fue candidato al premio de medicina, era nominado de nuevo para el Nóbel de este año.
   Tomo unos segundos de respiro y consiguió arrancar de nuevo.
   - Y los tertulianos presentes en el plató aseguraron que en esta ocasión nadie se lo podría arrebatar.
   Escuchaban atentos y sorprendidos la noticia que aquella profesional de la enseñanza les aseguraba haber escuchado. Caterine se abrazó a la joven maestra y luego lo hizo con su marido.
   - Por fin, se acuerdan que existes.
   Explotó mientras abrazaba a su marido y sus ojos se bañaban de lágrimas, al tiempo que su cuerpo se inundaba de una felicidad indescriptible. Tras la felicitación de su esposa e hija. Se aproximó a la joven profesora y besó sus mejillas agradeciendo la noticia.
   - Te das cuenta como te quiere papá. Se ha sonrojado cuando le has dado los dos besos.
   Al ver que los accesos a casa estaban abarrotados por profesionales de la información optaron por seguir con el coche y subir a la cabaña. Allí escucharían las noticias y podrían reflexionar más sobre el asunto. 
   En todos los informativos, tanto de prensa, radio y televisión destacaban la nueva nominación para el Nóbel, del español afincado en Francia José Carbonell y todos los comentaristas invitados apuntaban que esta vez no se lo negarían al gran científico. Incluso las entrevistas que consiguieron hacerles a los otros candidatos reflejaban en sus declaraciones las pocas posibilidades que tenían ante el español. Tanto Caterine como su hija Linda sentadas junto a él escuchaban atentamente los informativos, estaban orgullosa. Fue Caterine, quien rebosante de satisfacción por lo dicho en los informativos y los comentarios de sus invitados mirando a su marido comentó.
   - Tarde. Señores míos. Tarde, pero al fin os habéis quitado la venda de los ojos y reconocéis lo que hace mucho tiempo tenías que haber hecho.
   José sonrió. Expresó a su esposa su deseo de no dejarse llevar por los sentimientos. Era una mujer inteligente y sabía muy bien que el mérito no era solo de él. Había que comenzar por Silvia, su primera mujer, ella había intervenido en muchas de sus investigaciones, y necesariamente pasar por decenas y decenas de investigadores que aportaron su grano de arena al éxito del que disfrutaban ahora. Sin olvidar a Jung, el último en incorporarse pero con su participación resolvieron uno de los grandes obstáculos para conseguir que accidentados de años pudiesen tener esperanzas de realizar una vida normal.
   - Es mejor que todos nosotros estemos en la misma línea a la hora de las declaraciones, pues además de ser cierto. Sí nos conceden el Nóbel, que la gente lanza las campanas al vuelo antes de tiempo, basaré mi discurso en eso.
   José era consciente que todo apuntaba a conseguirlo en esta ocasión. Eran muchas las circunstancias que así lo aseguraban.
   Tras ese fin de semana en la cabaña, relajándose y preparando esos meses de entrevistas y homenajes regresaron a casa. Las cadenas de radio y televisión más persistentes consiguieron hacerse con las primeras declaraciones del doctor. Los micrófonos intentaban colarse a través de la puerta, de la ventanilla, del techo del coche. Bajó el cristal rogó calma, de inmediato los invitaría a entrar y en el salón podrían preguntar cuanto deseasen con tranquilidad, calma y tomándose algún café o bebida que les ayudara a realizar con más comodidad su trabajo.
   Durante ese lunes, entrevistaron a casi todo el personal de la casa, tanto Joel, Jung como Dany intervinieron. Y siguiendo los consejos de su maestro basaron sus respuestas en lo acordado. Sin embargo, también habían decidido, por su cuenta, una “coletilla” a sus declaraciones. “Sí. Pero todo eso, si no es conducido por un experto piloto, el avión puede estrellarse”. A José no le agradó aquella salida del guión, pues rompía en parte lo que pretendía. En su interior se dijo “Debo de preparar un discurso que sensibilice a todos los investigadores a no ser protagonistas”. Era consciente que lo hacían como agradecimiento a su maestro y evitar que alguien pudiese tener la menor duda del inmenso don que los cielos había concedido al Planeta ofreciendo al mundo aquel maravilloso hombre.
   José no hizo el menor comentario de desagrado por esa frase añadida por sus colegas, esperaría al momento oportuno y estaba seguro que incluso aquello le ayudaría a su verdadero propósito de mentalizar a la Humanidad, que el protagonismo en investigación retrasaba demasiado las soluciones a problemas graves de la sociedad.
   Una noche de esa terrorífica semana para él y su familia, no pudieron tener intimidad, le telefoneó su hermana Rita. Iban a pasar un reportaje sobre él en el canal internacional de  televisión española. La familia en compañía del grupo de investigadores, que colaboraban con José, se reunió en el salón de la vivienda para visionarlo. Allí salió la familia al completo, las anécdotas contadas por uno y otro hermano, y como no, algo que emocionó profundamente al científico, hasta tal punto que su mujer tuvo que buscar un pañuelo y con su cariño y dulzura característico enjugar esas lágrimas de felicidad que los recuerdos, algunos lejanos y otros no tantos llegaban a su mente. Lo que emocionó al investigador fue cuando contaron la influencia y participación que Silvia, su difunta mujer, había tenido en la consecución de sus éxitos. Al final de aquel reportaje, sobre el famoso investigador, las últimas imágenes sorprendieron a los presentes. Sin duda las consiguieron de alguna televisión francesa. Consistían en una entrevista a su pequeña en el colegio. Lo comentó, en su día, pero nunca vieron esas imágenes. La pregunta, formulada a la pequeña, con más impactó en sus padres fue al pedirle el periodista una opinión sobre su padre.
   - ¿Bueno pequeña, tu que puedes decir de papá?
   No se paró a reflexionar la contestó de inmediato, casi ni había terminado de formularla cuando respondía.
   - Mi papa. No tengo un amigo mejor. Puedo contarle cualquier cosa, incluso secretos inconfesables, los comparte conmigo y los guarda incluso sin contárselos a mama.
   En ese momento Caterine en tono de broma se dirigió a los dos y preguntó.
   - ¿Se pueden saber esos secretos ocultados a mama?
   Hizo aman de perseguir a su hija y está entre risas y carreras, por todo el salón, trató de evitar ser alcanzada por su madre. Los presentes rieron. El juego entre madre e hija, consiguió recuperar el emocionado cuerpo de su anciano padre y liberar, mediante la risa, la emoción del momento.
   Cuando esa mañana, de nuevo los informativos, se confirmaba la concesión del Nóbel de medicina a Don José Carbonell, en la mayoría de las principales ciudades del mundo se produjeron manifestaciones de adhesión al gran investigador. Esa misma noche los informativos reflejaban la manifestación pacifica más grande producida en la historia de la Humanidad. En el más estricto de los secretos la asociación mundial de medicina organizó la convocatoria. La principal  se dio en New Ville, dando comienzo en su plaza principal y teniendo como destino final la casa del doctor. Consiguieron congregar a más de diez premios Nóbel de los últimos años. La intención era doble. En primer lugar solicitar perdón a tal eminencia de la ciencia por haberse retrasado el mundo en agradecerle los servicios prestados a la Humanidad. En segundo termino, y esto fue idea de todos los que de una forma u otra colaboraban con el profesor, y eran muchos, resaltar su idea principal su verdadera lucha en el mundo. Conseguir dar a los demás científicos cualquier descubrimiento por pequeño que fuese o no finalizado para dar lo más pronto posible una solución a lo investigado, evitando el protagonismo y conseguir resolver el problema a los enfermos. Dos lemas encabezaban las manifestaciones realizadas y a la cabeza sillas de ruedas arrastradas por personas que gracias a las investigaciones de ese equipo les proporcionaron el derecho a poder caminar y desenvolverse con normalidad. Todas las sillas llevaban un letrero en el que se podía leer. Nunca más. Gracias doctor Carbonell.    
   Cuando la concentración de gente se detuvo ante su casa y los gritos y vítores le obligaron a salir. La emoción lo embargó por completo, abrazado a su mujer y a su hija Linda, lloraba como un chiquillo. Un sofoco indescriptible se apoderó de su cansado cuerpo, pero mientras las lagrimas encharcaban el suelo él se mantuvo firme ante aquella multitud, la fuerza que le transmitían esas jóvenes manos que apretaban la suya le daban las fuerzas más que suficientes para mantenerse entero. Sus dos tesoros, bañados en lágrimas, contemplaban a su ser más querido a través de sus ojos turbios, empapados por el salado liquido. A la cabeza iba el doctor Aleixandre, emocionado tanto o más que su colega y gran amigo. Iba a ser el encargado de leer el manifiesto que el mundo con esas concentraciones en las principales capitales del mundo deseaba rendir a tan ilustre personaje. Dudaba tener las suficientes fuerzas como para poder leer aquellas cuartillas. Pero cuando se puso delante de su amigo a escasos metros sintió como su cuerpo era dominado completamente por su mente. Las emociones, que eran muchas desaparecieron por completo y con una serenidad, que le sorprendió a él, comenzó su lectura. El texto no se lo pudieron elegir mejor, no en balde fueron sus más allegados los protagonistas en su confección, pero conforme, Aleixandre leía, José se dio cuenta que su discurso de agradecimiento al recibir el Nóbel se estaba dando ya. Se llenó de satisfacción porque sin lugar a dudas la repercusión de ese manifiesto iba a ser mucho mayor y precisamente era lo que buscaba con toda ansiedad. Otra de las cosas que emocionaron al genio, fue que no le nombraron, aunque se lo leían a él siempre se hablaba de los investigadores. Se dio cuenta que en aquellas cuartillas estaba la mano de Caterine, Dany, Joel, Jung, y un largo etc. El abrazo entre los dos colegas dio fin a un homenaje a todos esos científicos que entregaban su vida y protagonismo por el bien de la Humanidad.
   A lo largo de toda esa semana los informativos se admiraban y admiraban al mundo de la repercusión que esas manifestaciones habían tenido en la gente sencilla. Si la de New Ville fue la principal por las personalidades que la componían y por el personaje a quien le leían el manifiesto. Los periodistas destacaron que la más multitudinaria se dio en la capital de Corea. Donde calculaban que la friolera de cerca de seis millones de personas tomó la ciudad. Desplazándose de los más lejanos rincones del país. Y asegurando que en la localidad donde se encontraba ubicada la Fundación no se vio una sola persona en sus calles. Las imágenes que, la televisión Coreana, tomaron de dicha localidad impresionaron al mundo.
   Pero esa semana no iba estar falta de más escenas emotivas para la familia Carbonell. Ese sábado por la tarde se presentaba en su casa de New Ville una pequeña de siete años de edad con su madre enviudada recientemente, al perder a su esposo en el accidente que había relegado a su pequeña a la silla de ruedas. El servicio se conmovió al ver a la pequeña y avisó al señor de la casa. Cuando José entró en el salón, dónde le aguardaban las dos, comenzaron a llorar y la pequeña entre sollozos comentó.
   - Este lunes me van a intervenir para que pueda volver a correr. Le he pedido a mi madre personarnos en su casa para poderle agradecer con anticipación lo que ha conseguido hacer por mí y por miles de niños y personas como yo. Todas las noches cuando hablo con mi papá le pido que le diga al Señor que lo cuide mucho  señor.                                                                                                        
   Comenzó a llorar, abrazó a la pequeña y le aseguró que Dios le había escuchado y con toda seguridad haría de ella una gran mujer. Una persona dedicada a los demás.
   La ceremonia de entrega del premio Nóbel de medicina se realizaba la tarde noche de aquel sábado. Caterine confeccionó un bello y elegante traje diseñado casi íntegramente por su pequeña. Contemplaba a su esposo y recordó a Silvia y a su madre. Se sentirían tan orgullosas como ella, de ver que al fin, se valoraba la dimensión no solo científica, sino también humana de aquél personaje. Al subir al estrado para soltar su discurso, se limitó a poner un vídeo. Fueron apareciendo imágenes de investigadores que trabajaron con él. Bajo de las mismas los nombres de todos esos personajes y junto a ellos y entre paréntesis la palabra investigador, o investigadora, según de quien se tratase. Entre las imágenes pasadas no olvido sacar la suya, pero procuró que fuese una más de todas. También se cuidó en mostrar la de su primera mujer. Silvia. Las diferentes imágenes se sucedieron una tras otra, no hubo el menor comentario. Estaba claro que transmitían todo lo que se podía decir, con creces. Al cesar el video, tomó la palabra, asegurando que solo deseaba añadir algo a lo expuesto.
   - El premio no le corresponde a ninguno de los presentados en las imágenes. Pertenece al espíritu de esos científicos. Los verdaderos protagonistas son todas esas personas que con su problema despertaron el interés, la preocupación y las ansias por solucionarlo. Aunque la sociedad está acostumbrada a personificar todo en alguien, debemos ser justos y repartir los metritos a quien corresponden.
    Se vio obligado a detenerse en varios momentos de su discurso. A su mente llegaba con insistencia el recuerdo de Silvia. Aquel homenaje que el mundo le ofrecía le pertenecía en gran medida a su querida Silvia. Finalizó esas palabras ofreciendo en nombre de todos los del vídeo el premio en metálico para dedicarlo a jóvenes investigadores con ese espíritu.
                
                                               FIN