martes, 29 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR - TERCERA PARTE - CAPITULO I EL PREMIO NOBLE


      - CAPITULO I   - EL PREMIO NOBEL  -

   Toda la prensa del mundo editaba la lista de los diez personajes propuestos para el Nóbel de medicina de ese año. El nombre del español José Carbonell figuraba en la lista como uno de los favoritos entre los profesionales de la medicina. Su labor en Corea, sus métodos de rehabilitación y los aparatos ortopédicos ideados por el famoso doctor eran suficiente tarjeta para optar al premio.
   La prensa española editaba una pequeña biografía del seleccionado al Nóbel. José, el sabio valenciano, como se le conocía en la prensa de la época de la riada. El niño de siete años con la mejor calificación del país en las pruebas de ingreso. El doctor en medicina a la temprana edad de dieciocho años. Su labor en la pequeña población coreana, donde se le consideraba un enviado del cielo. Sus fundaciones en ayuda a personas del Tercer Mundo y en especial a la infancia. Las ciudades del deporte y de rehabilitación. Sus negocios en el campo de la moda. Toda su historia iba saliendo cada sábado en la prensa.
   La noticia de un capitulo de su vida, sus años en el internado, puso en guardia a toda la congregación religiosa. Infinidad de llamadas recibió el periódico y hasta el mismo José, quien se negó en rotundo a atenderlas. El editor del periódico, se extrañó de la inquietud despertada por el anuncio de ese capitulo de la vida del famoso doctor y quiso aclarar la razón de esa tensión, pero quedó entrevistarse después de la publicación.
    Aquel sábado todos estaban en tensión, las circunstancias en torno al artículo provocó una venta muy superior a la esperada viéndose en la necesidad de lanzar hasta dos ediciones más del periódico. Ni una sola palabra del incidente sufrido por el sabio valenciano en el internado. Ni una mala palabra sobre el comportamiento de la orden religiosa cuando le negaron cursar el último curso si no ingresaba en el seminario. Ni la mínima insinuación sobre el padre Federico. Es más todo fueron alabanzas y gratitud para la orden que le permitió cursar el bachiller. Pero cuando el artículo tocó el tema del padre Andrés a José le costó encontrar los elogios necesarios para describir a su gran amigo.
   A primeras horas de la mañana recibía telegramas, faxes, llamadas de teléfono y hasta la presencia de un anciano ayudado por otros dos sacerdotes. No era otro que el director. Don José. El doctor se emocionó. Por sus ojos se dejaron caer unas lágrimas, la presencia de aquel anciano y en su estado le compensaron todo el daño causado en aquellos años. Se abrazó al clérigo y pasaron varios minutos fundidos en un sincero abrazo, mientras sus ojos se enturbiaban. Cuantos recuerdos, disculpas, agradecimientos se dieron en aquella larga y tranquila conversación.
   A despedirse las lágrimas acudieron de nuevo a sus ojos. Le rogó transmitir sus más cordiales saludos a toda la congregación, prometiéndole buscar un hueco en su agenda para acercarse al colegio y saludarlos. Reencontrarse con algunos profesores y animar a todos los jóvenes del centro a persistir en su intento de convertirse en hombres y mujeres, capaces de aportar a la sociedad todo lo bueno de sus personas.
   Al leer los otros nominados llamó a su esposa. El doctor Aleixandre Dekrauf, director de la clínica Parisina que tanto éxito había conseguido contra el SIDA y uno de los culpables de continuar Linda con vida, se encontraba en la lista. Lo comentaba con su esposa cuando el teléfono sonó, era Caterine. No terminó de leerlo en la prensa cuando se precipitó al aparato para contactar con él y felicitarlo. Mostraron su satisfacción por la nominación del doctor Aleixandre. Conversaron durante unos quince minutos y cuando colgó dirigiéndose de nuevo a su mujer puntualizó.
   - Esta criatura trabaja como una loca, pero cada segundo libre está pendiente de cualquier noticia que me afecte. Es un encanto de mujer.
   Su esposa estaba de acuerdo, conversaron sobre ella y su nominación. Silvia con su colaboración, ayuda y apoyo era la principal culpable del reconocimiento mundial a su esposo. Abrazados permanecieron hasta la llegada de familiares y amigos. La mansión de los Carbonell fue invadida por familiares y amigos, improvisándose una pequeña fiesta.
   Varios de sus allegados no pudieron desplazarse en esos momentos. Silvia atenta a todos esos detalles decidía ofrecer a su esposo y familia una gran celebración. No perdió el tiempo de inmediato comenzó a organizarla. Sin olvidar el mínimo detalle. Con discreción y sencillez, como era costumbre en ella, pero sin el menor fallo.
   Fue una semana agotadora. Infinidad de entrevistas en radio y televisión, visitas de personalidades y del mundo de la medicina se dieron cita en casa de los Carbonell. Pero ese viernes José anuló todos los compromisos, se desplazó, junto a su esposa, al aeropuerto a recibir a la familia Revaud. Hacía más de dos meses sin verse, aunque tenía noticias por teléfono por medio de Caterine, que no dejaba pasar un solo día sin telefonear, con el resto, no tuvo el menor contacto. Fue, un encuentro como tantos otros entre las dos familias, emotivo, lleno de cariño, afecto y amistad. Recogidos los equipajes se instalaron en casa. A comer acudieron sus hijos. Elena, Carlos y sus cuatro retoños, Reme, Adolfo y sus dos pequeños, Jorge, Bety y su bebe, Ignacio y Caterine, el matrimonio Carbonell y las dos hermanas, Linda y Brisite. Aquella comida recordó a José las celebradas con sus hermanos en la alquería. Fue mirando uno a uno a sus hijos, yernos, nueras, nietos, consuegra, a la hermana de ésta y a su querida Silvia. Se congratulaba al observar la armonía existente en el matrimonio de su mayor. La alegría y felicidad en el matrimonio de su pequeña Reme. Lo entusiasmados con el bebé de su único varón y su encantadora esposa Bety. Cuando su mirada se detuvo en Caterine, se entristeció, era consciente de ser el único matrimonio donde las cosas no funcionaban. Al cruzarla con ella, observó el repentino cambio expresivo de su “hija adoptiva”. Una sonrisa llena de ternura, cariño, afecto y pasión por él se mostró en todo su esplendor. Tuvo respuesta de inmediato con otra cargada de amor paternal y esperanza de lograr una pronta solución a su relación con Ignacio. Brisite estaba encantadora, emanaba felicidad y satisfacción por cada poro de su piel. Se sentía querida y apreciada por todos y solía ser la consejera de casi todas las mujeres de esas dos familias. Todos la apreciaban, pero especialmente las mujeres. Cuantas veces les había ayudado a superar pequeñas crisis, a dar consejos y a quedarse con sus pequeños para poder salir con tranquilidad. Al sentirse observada por aquel maravilloso hombre, posó con ternura sus labios sobre la palma de la mano y con un embriagador gesto sopló con la intención de depositar el beso en aquel ángel del cielo. Con esa sonrisa, a flor de piel, replicó al gesto.
   Ahora toda la belleza y encanto de Linda estaba ante su mirada. Estaba radiante de belleza y felicidad, estar junto a sus hijas, nieto y especialmente junto a José le llenaba plenamente. Conversaba con unos y otros. Su felicidad la transmitía por doquier. La mayor parte del tiempo, charlaba con Silvia. Su querida mujer. Estaba resplandeciente. “Señor”. “Como adoro a esas dos mujeres” pensaba lleno de satisfacción y felicidad al verlas tan llenas de vida y alegría. Al unísono dirigieron su mirada hacía él, sonrieron, se miraron mutuamente y en aquella expresión cruzada  pudo comprobar todo el cariño y afecto por él.
   En la sobremesa José preguntó con discreción a Linda si pasaba algo entre Caterine e Ignacio. Conversaron largamente sobre la pareja. Se veían muy poco. El trabajo no les permitía convivir con normalidad. Las presentaciones de las colecciones le llevaban mucho tiempo a su pequeña y el bufete de abogados, desde la entrada providencial de las empresas de José, lo tenía muy ocupado. Pero también había notado cierta tensión entre la pareja. Se propusieron hablar y tratar de limar asperezas. Linda lo haría con su hija, mientras con Ignacio, hablaría con él. Pero se sentía enormemente feliz de ver a la familia reunida.
   - Sabes. Si se lo dan a Aleixandre será como si me lo diesen a mí.
   - Los dos os lo merecéis.
   Intervino Silvia, mientras se sentaba junto a él.
   La conversación prosiguió entre los tres. Pasaron una velada encantadora. Hablando del principal tema. Pero también recordaron viejos tiempos. Contaron las últimas anécdotas de los pequeños. La marcha de las empresas y en fin las mil cosas que ocurren en la familia.
   José telefoneó a Rita.
   - Vais a estar esta tarde en la alquería.
   Ante la afirmación propuso reunirse la familia para cenar. Dudaban entre hacerlo en la alquería o en casa de José, pero por fin ante la insistencia de los pequeños, querían acercarse a la granja para ver a los animales, decidieron prepararla en la alquería. Entre los dos se encargaron de avisar al resto de la familia.
   Los coches fueron inundando el parking construido para esos encuentros familiares. Nadie faltó a la cita, algunos tuvieron que anular algunos compromisos, pero como decían. “El principal compromiso es la familia” y allí se dieron cita los, cerca de, ciento veinte personas que la componían. Hasta treinta y ocho vehículos se pudo contar en el aparcamiento de la alquería. Más que una casa familiar parecía una discoteca o un restaurante.
   Los niños acaparaban a su tío Andrés, él sería quien los llevaría a la granja para darle comida a los patos, gallinas, gallos, conejos, pavos, vacas, toros, caballos y mil bichos más. 
   José consiguió perderse con Ignacio por uno de los invernaderos. Iban paseando uno junto a otro mientras conversaban sobre los asuntos de las empresas y sobre uno de los contenciosos con la administración. Con esa excusa consiguió separarse del resto para conversar sobre el asunto que les preocupaba a Linda y a él. Con suma delicadeza consiguió sacar el tema. Estaba en lo cierto, las cosas entre los dos no funcionaban ni bien ni mal, llegó a confesar Ignacio.
   - La verdad.
  Aseguraba
   - No sé si va bien o mal mi matrimonio, pues pasamos más tiempo separados que juntos. Nuestros respectivos trabajos acaparan el tiempo. Le he propuesto tener un hijo, pero siempre me contesta con la misma canción. “Cuando tenga tiempo pensaremos en ello. Ahora es imposible”.
   Reconocía que la presentación de las colecciones le ocupaba mucho tiempo y él mismo sufría dichas consecuencias. Pero también era consciente de no disponer de mucho últimamente. El trabajo en el despacho se acumulaba y le ocupaba incluso los fines de semana.
   En el transcurso de la conversación José le aconsejó la necesidad de hablar sobre el problema, para tratar de resolver la situación, cediendo un poco los dos.
   Ignacio agradeció sinceramente la charla y los consejos recibidos, pero no se atrevió a confesarle el principal obstáculo entre Caterine y él. Sentía celos de aquel personaje, observaba a su esposa como estaba más pendiente de José que de él. En cualquier conversación, de las pocas que mantenían siempre andaba aquel personaje por medio. Convencido que a quien verdaderamente amaba Caterine era a José. Pero esa inquietud, que atenazaba su corazón, no fue capaz, en el transcurso de su conversación, de confesarla.
   José regresó a la alquería y entró en la conversación mantenida por sus hermanos. Se sentó junto a Silvia y al no ver a Linda, preguntó por ella. Había salido con su hija Caterine a pasear por los huertos de naranjos, pues deseaba mantener una charla de madre a hija. Tras la aclaración le confesó.
   - Vuelvo de charlar con Ignacio y es imprescindible sentarlos para hablar de su relación con serenidad y responsabilidad. De otra forma no creo en la continuidad de ese matrimonio.
   - Mi vida. Estoy convencida que el principal obstáculos existente, entre los dos, eres tú. Caterine sigue locamente enamorada de ti.
   Sonrió, no estaba de acuerdo en ese asunto con su mujer. Pero la intuición femenina en este caso tocaba el centro de la llaga.
   Mientras en el campo de naranjos Linda e hija conversaban.
   - Ignacio no me atrae como antes. Creo que fue un romance del momento. Consciente que a José no lo conseguiría con el primer chico educado y agradable que se cruzó en mi camino me cautivó para cubrir algo de lo que estoy segura ahora. No podré enamorarme de ningún otro hombre. Mi corazón pertenece a él y en todo momento su imagen y su nombre están presentes, en mis sueños, en mis ilusiones, en mi trabajo. Cuando consigo diseñar algo si no voy a verle para darme el visto bueno no me atrevo ni a sacarlo. Lo es todo para mí.
   Linda escuchaba a su hija sin interrumpirle, deseaba que se sincerara con ella y le contara toda su preocupación. Por ello caminaba a su lado escuchando atentamente la confesión de su hija.
   - Mamá, no puedes comprender lo que me ocurre. Sé que es mayor, pero te lo creas o no me atrae sexualmente como ningún otro lo ha conseguido en mi vida. No sé si sabrás que este donde este, no dejo un solo día de llamarle y contarle como me ha ido el día. Necesito de él como necesitamos el aire, aunque tan solo sea a través del teléfono. En China, me encontraba muy mal. La negociación fue muy dura y estaba que explotaba. Le llamé en tres ocasiones y su voz me ayudo a seguir peleando y conseguí lo que ninguna otra firma de modas ha conseguido en China. Estoy convencida que de no haber contado con su apoyo por medio del teléfono no lo habría conseguido.
   Pequeña pausa para recuperar el aire.
   - Sé lo que me vas a decir y te juro, por lo más sagrado de esta vida, que si no fuera Silvia como es hace muchos años habría peleado por él como ninguna otra mujer ha luchado en esta vida por un hombre. El muy condenado hasta tiene una mujer maravillosa.
   Caterine fue lanzando todo lo almacenado en su corazón se abrazó a su madre y lloró desconsoladamente.
   - Daría todo, absolutamente todo, por pasar, tan solo una noche con él.
   Linda, mientras estrechaba a su hija entre sus brazos, intentaba calmarle por todos los medios. Por fin cuando dejó de lanzar todo lo guardado en su corazón, le contó su secreto.
   - Cariño te aseguro que, si Silvia no existiese o no fuera como es, no te habría dejado arrebatármelo.
   Continúo descargando su corazón y confesando a su hija sus sentimientos.
   - Como puedes comprender te entiendo perfectamente. Desconoces que  pude poseer a ese hombre y la tonta de mi deje pasar aquella ocasión.
   - ¿Cómo fue mamá?
   Preguntó. Se sentaron en el borde de la acequia y Linda comenzó a relatarle una parte de su vida, que conocía, pues la contó José cuando descubrió de quien se trataba. Pero solo contó parte de aquella vivencia.
   - Recuerdas cuando tu tía y yo nos sentamos sobre sus rodillas y nos confesó quien era.
   - Si, era un antiguo amigo vuestro. Del que no sabías nada desde hacía más de treinta años. Y tú saltaste diciendo es Pepe, Brisite es Pepe. Nuestro querido amigo Pepe.
   Efectivamente su hija lo recordaba y se decidió a confesarle toda la historia.
   - El verano anterior al incidente se me declaró, estaba locamente enamorado, pero mi corazón en aquella ocasión no estaba por la labor y con el mayor tacto que pude se lo comuniqué. Lloró como un chiquillo. Traté de consolarlo y animarlo. Sin lugar a dudas fue un duro golpe para él. Al siguiente verano, nos estuvimos escribiendo durante todo el curso, nos encontramos de nuevo en el camping. Yo me había enamorado como una tonta de tu padre y así se lo hice saber. Pase uno de los veranos más maravillosos. Íbamos juntos a todas partes y su comportamiento fue el de un autentico caballero. Notaba como me adoraba, pero ni la menor insinuación de ningún tipo. Sabía perfectamente que me deseaba. Pero su actitud fue ejemplar. Un día antes de separarnos el grupo con el que estábamos, comimos juntos en el restaurante del camping. Tu tía y yo nos pasamos con la sangría y le propuse hacer el amor. ¡Dios! Que maravilla de hombre. Su expresión cambio como si estuviese viendo el cielo. Si algo deseaba de verdad era precisamente eso. De inmediato la expresión de su rostro se llenó de tristeza y con una dulzura, que aún me pone los pelos de punta al recordarlo, me dijo que si a la noche, cuando el efecto del alcohol se me pasara, se lo pedía de nuevo no lo dudaría ni una milésima de segundo. Volví a insistir una y mil veces. Ahora que lo pienso la excusa del alcohol es lo único que me salva de lo malvada y dura que pude ser con aquel joven, que con la misma dulzura que la primera vez me repetía lo mismo. Tu tía se acercó cargada de sangría y muy asustada, pues un camarero le había propuesto perderse entre un huerto de naranjos. Él le tranquilizó y le aseguró que estando a su lado estaría fuera de todo peligro. Nos levantamos para dar una vuelta. El aire y el ejercicio ayudarían a la absorción del alcohol. Regresamos al camping nos duchamos y tras la cena nos fuimos con guitarras a la playa para pasar una velada cantando. En un momento de la noche me levanté y me fui a pasear con él por la playa. Le di las gracias por su comportamiento de ese día y me confesó que aunque era su sueño jamás se hubiera aprovechado de una circunstancia como esa para conseguirlo. Y añadió.
  - Tú eres mi mejor amiga y por nada en el mundo haría algo que terminase con esta amistad.
   Me abracé y lo bese con verdadera pasión.
   En otra ocasión, estando haciendo ejercicios de rehabilitación en la piscina perdí por unos instantes la cabeza. Él me había quitado la ropa para ponerme el bañador, estaba completamente desnuda, me abracé fuertemente a su cuerpo y solo el recuerdo de su esposa impidió que la perdiera por completo. Ese mismo día durante la clase él trató de besarme y aunque lo deseaba con todas mis fuerzas de nuevo la omnipotente figura de Silvia evitó algo que deseábamos los dos.
   Madre e hija se abrazaron. Se habían contado mutuamente sus sentimientos más íntimos y ahora se levantaban dispuestas a regresar con todos y cenar.
   Aquella cena parecía la celebración de una boda. Habían montado las mesas, por generaciones. En la de la presidencia se pusieron los mayores. Los hermanos Carbonell con sus respectivas esposas y esposos, Linda y Brisite. En la siguiente la generación de los hijos, con sus respectivos. Por último, la más animada, la de los jóvenes y niños.
   Rita miró a su hermano, no hizo falta palabras, en los dos estaban los mismos pensamientos. “Como disfrutaría mamá viendo a los suyos reunidos en armonía y con toda la prole que allí se había juntado”.
   Esa mañana  Silvia se encontraba organizando los últimos flecos de la fiesta de esa tarde noche, cuando llamó a su esposo.
   - José, cariño, date prisa.
   Las primeras noticias de esa mañana comunicaba la decisión entre  una  terna para la  concesión  del  Nóbel de medicina y entre ellos se encontraba el candidato español. El francés Aleixandre Dekrauf y el norteamericano Wiliams York que se enfrentarían a José en la última votación.
   Dejaron de prestar atención a la televisión. Se miraron fundiéndose en un abrazo justo en el instante que entraban corriendo Linda y Caterine. Al contemplar la escena madre e hija cruzaron sus miradas. En sus rostros se reflejaba la resignación y recordaron la conversación mantenida la tarde anterior. Cuando el matrimonio se separó felicitaron a José con un abrazo y los tradicionales besos franceses.
   La fiesta fue un éxito rotundo, asistieron personalidades de la política, del mundo de la medicina. El otro candidato europeo al Nóbel confirmó su asistencia, y los dos colegas se pudieron felicitar mutuamente. Pero una de las parejas de invitados que más alegraron al matrimonio fueron dos médicos coreanos, ambos con una pierna amputada. Era la pareja de nativos que despidieron al matrimonio la primera vez que abandonaron juntos Corea para socorrer a la familia. Se habían convertido en unos notables médicos y dirigían la fundación Carbonell en Corea. Todos los años pasaban unos meses en las clínicas de las ciudades del deporte para ponerse al día y de inmediato regresaban a su país para ayudar a su gente. 






















miércoles, 23 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR SEGUNDA PARTE CAPITULO IX-LA CONFESIÓN


   - CAPÍTULO NOVENO.

                                          - LA CONFESIÓN. -

   A los seis meses, del regreso de José a casa, se inició el caso por la vista contra la compañera de Pierre Valery, en demanda contra la firma. Silvia y su marido decidieron presentarse en París para brindar su apoyo. El juicio se iba desarrollando sin el menor incidente. Los abogados, de modas Revaud, controlaban perfectamente la situación. Era un caso para resolverse en los despachos sin llegar a juicio. Pero aunque los abogados de la demandada se lo aconsejaron, ésta obsesionada se negó a ello. Sabía que lo iba a perder pero deseaba dañar la imagen de la firma denunciante. Los abogados de José se dieron cuenta rápidamente de la estrategia del otro grupo y consiguieron dominar la situación en todo momento. La prensa seguía con sumo interés aquel caso y todos los días dedicaban páginas completas a la vista del día. El juicio tuvo el efecto contrario al esperado por la amiga de Pierre. Le proporcionó, a Modas Revaud, una propaganda extra de un inmenso valor comercial. Adquiriendo la firma dimensiones gigantescas. La calidad de los diseños de Caterine y Bety, bajo los consejos de su madre, iban en aumento. Las principales pasarelas se disputaban la presentación de las colecciones y las tiendas Revaud se abrían en las principales capitales del mundo. Aquel negocio, que en un principio supuso un desembolso importante, ahora se había convertido en la principal fuente de ingresos de sus accionistas.
   Linda y sus hijas habían decidido trasladarse a París para poder atender mejor el negocio. Brisite prefirió seguir en New Ville en donde los principales talleres de la firma se instalaron allí. Además, dirigía personalmente la tienda de la ciudad. Tenían en mente trasladarse a la capital una vez finalizado los trámites judiciales. El juicio quedó visto para sentencia a las dos semanas. La intervención de Pierre fue decisiva en algunos momentos donde la firma podía haber sufrido algún daño en el ámbito de la prensa. Pero el escándalo saltó cuando su amiga, al oír la declaración de su ex amante, se lanzó como una loca, sobre él agrediéndole en la misma sala del juicio. El juez le llamó al orden y le impuso una sanción económica. Preguntó a Pierre si deseaba denunciar el incidente, pero aquel hombre había aprendido la lección dada por la madre de sus hijas y prefirió dejarlo pasar. El papel desarrollado por su padre en el juicio le permitió acercarse un poco a sus hijas. Hasta tal punto que antes de emitir sentencia, le pidieron hablar con él. Esa circunstancia proporcionó, al arrepentido padre, recuperar media vida. Sus hijas.
   Esa tarde Jorge les acompañó en coche hasta casa. Luego pasaría a recogerles para cenar. Caterine fue la más fría durante la conversación mantenida con su progenitor. Él deseaba poderles abrazar, pero se cuidó mucho de tomar cualquier tipo de iniciativa en ese sentido. Notaba la tirantez de Caterine pero lo comprendía. Ella había pasado por una situación muy distinta a su otra hija. Pero se sentía enormemente feliz de poder verlas y conversar, a pesar de aquel clima algo tenso. Cuando Jorge llegó, Bety besó a su padre, mientras que Caterine le dio la mano y se despidieron de él, quedando en verse más adelante.
   Pierre cayó sobre el sillón que tenía más cercano y rompió a llorar, liberando aquella emoción producida por esas horas de comunicación con sus hijas. Se sentía muy feliz y su razón de vivir la tenía fijada en el siguiente encuentro.
  Cuando regresaban al hotel Caterine, comentó a Jorge.
   - Tú crees que a tu madre le importaría compartir a su marido.
   Bety recriminó la pregunta de su hermana. Pero lo cierto es que José inundaba su corazón, sus sueños y sus deseos. No había terminado de diseñar un modelo cuando, si él estaba en la ciudad, iba rápidamente a enseñárselo para darle el visto bueno. Él se había dado cuenta de la adoración que aquella maravillosa joven sentía por su persona. En muchos de sus encuentros pasaba horas reflexionando sobre la situación y ella salía convencida, pero no había abandonado la puerta cuando los sentimientos superaban a la razón. Lo deseaba, y eso se había convertido en el centro de su existencia. Su pasión por él llegó a tal grado que en una ocasión llegó a conversar con Silvia para proponérselo. Con su acostumbrado tacto y delicadeza razonó con la joven. Siempre terminaba pidiendo perdón.
   El fallo era claro, se le dio la razón a la firma Revaud y la de Pierre Valery desapareció integrándose todas las propiedades y personal en la primera.
   José y Silvia regresaron a España. Jorge, como había finalizado el curso, decidió quedarse para ayudar en el traslado.
   El verano estaba terminando, la nueva casa de la familia Revaud estaba terminada y decidieron dar una fiesta para los íntimos. José y su familia, al completo, se presentaron y pasaron una grata velada bautizando el nuevo hogar. Reme había viajado con su novio y un amigo de este. Ambos eran abogados y ejercían en los despachos respectivos de sus padres. La familia se sorprendió al ver el interés de Caterine por aquel joven. Había conocido infinidad de muchachos, pero con ninguno había entablado tan rápidamente una conversación. Los dos días que pasaron en París, ella se había olvidado de José y eso era algo muy revelador. Tanto Linda como el matrimonio se habían dado cuenta de la situación. Lo comentaron con gran satisfacción.
    Elena y Carlos anunciaron a sus padres que serían abuelos. En tono irónico José comentó.
   - Creo que tu hija se ha dado cuenta, ahora, que soy un abuelo.
   Comenzaron a reírse y sin saber el porqué ella se abrazó y le besó.
   Las cartas, las llamadas por teléfono, viajes con Jorge se hicieron cada vez más frecuentes. Caterine había encontrado a su pareja.  
   Se anunciado la boda de Jorge y Bety, así como se sospechaba los próximos enlaces de Reme y Caterine con la pareja de abogados.
   El segundo día de Navidad tras la cena y comida en la alquería la familia, decidió desplazarse a New Ville. Silvia y su esposo compraron una casa en aquella deliciosa localidad. Esos últimos días del año la ciudad estaba cubierta de nieve y parte del lago helado. Tomándose unos días de vacaciones para esquiar y descansar mientras pasaban las fiestas en familia.
   Esa tarde se reunieron a comer en casa. Silvia tenía todo preparado y dispuesto para que la familia se sintiese a gusto. El servicio contratado para cuando decidían a ir a New Ville estaba preparado. Poco a poco fueron viniendo. Silvia comentó a su marido si había confesado a Linda su secreto. Ante la negativa se sorprendió que en todos esos años convividos no lo hubiera hecho. Le prometió que durante esas vacaciones lo intentaría.
   La comida fue muy entretenida juntándose diez personas, la familia de José, la de Linda y el novio de Caterine. Se pasaron un poco con la bebida y durante la sobremesa las bromas y risas se desbordaron. En un determinado momento José se encontraba en una silla. Linda se había sentado sobre el muslo derecho y con su brazo abarcaba el cuello mientras acariciaba con suma delicadeza a su amigo. Al rato su hermana hacía lo propio, sentándose en el otro muslo. En ese preciso instante José comentó.
   - Hará unos treinta años me encontraba en esta misma agradable situación.
   Fue Caterine quien sorprendida dejó de prestar atención a su pareja y preguntó.            
   - ¿Acaso conocías a mamá antes? 
   Un profundo silencio. Caras extrañadas, a excepción de la familia Carbonell. Al cruzar sus miradas el matrimonio sonrió.
   - Si mi querida pequeña. Hace treinta años tuve a estas dos maravillosas mujeres sobre mis rodillas. Si mi memoria no me falla fue en el restaurante de un camping de Javea.
   Brisite y Linda se miraron, como tratando de averiguar si la otra había caído. Pasaron tres minutos de absoluto silencio. Todos estaban expectantes para ver quien resolvía aquel misterio. Por fin fue Linda.
   - ¡Es Pepe! ¡Brisite!. ¡Es Pepe! ¿Te acuerdas?
   - ¿Pepe?
   Se quedó pensativa y de inmediato reaccionó.
   - Nuestro querido amigo español.
   De inmediato lo miraron, él les sonreía. La expresión de su rostro revelaba a las claras su acierto. Lo habían recordado. Era Pepe. El resto del personal permanecía atónito a las pocas explicaciones recibidas. Fue nuevamente Caterine quien rompió con aquel nuevo silencio.
   - Entonces es cierto que os conocéis. ¿No?
   No permitió respuesta de inmediato y dirigiéndose a su madre comentó.
   - Recuerdas cuando en el hospital me confesaste que esa mirada te recordaba a alguien. Entonces estabas en lo cierto.
   Poco a poco las cosas se fueron aclarando. Comenzaron a recordar sus años de adolescencia, pues se conocieron con quince años escasos. Y habían estado viéndose durante cinco veranos. Luego no volvieron a tener noticias el uno del otro. Y tras todos esos años ahora se habían vuelto a encontrar.
   - José. ¿Lo sabías desde el principio?
   Preguntó con sorpresa Linda. Iba a contestar cuando Jorge interrumpió al ver la expresión de su madre.
   - Sabéis fue mamá la que impulsó a papá para que te buscara.
   Silvia se ruborizó y tras unos segundos lo confesó. Caterine fue quien irrumpió de nuevo.
   - ¿Lo sabía alguien más?
   - Sí. Todos los Carbonell.
   Aseguró Reme. Rieron la ocurrencia de la joven. Tras las aclaraciones comenzaron las preguntas de todos al mismo tiempo. Había demasiadas incógnitas en todo aquello y cada uno deseaba despejar las suyas. José pidió calma y prometió relatar toda la historia. Invitó a su esposa, a Linda y a Brisite, que si recordaban algo le interrumpieran y lo añadieran. Luego del relato si deseaban realizar alguna pregunta lo podía hacer sin problemas. Estaba dispuesto a confesar todo lo que desearan.
   - La historia, que yo recuerdo, se inició en un verano cuando contaba con quince años. Había ido a pasar unos días con los amigos a Javea. Los tiempos difíciles habían pasado y la familia gozaba de una posición aceptable. Ellos tenían apartamento, pero como eran familias muy numerosas no había posibilidad de ir a sus casas, por ello cogí mi tienda de campaña y me instalé en el camping que se encontraba a cinco minutos de los apartamentos. Una tarde, por el paseo marítimo, nos cruzamos con estas dos encantadoras hermanas. Entablamos conversación y quedamos en salir. La casualidad quiso que estuviesen instaladas en el mismo camping.
   - Papá al grano.
   Interrumpió Reme al tiempo que añadía
   - Estamos impacientes por saber lo importante de la historia.
   José pidió calma. Todo estaba relacionado y si no lo contaba con los detalles podrían perderse y no comprender algo de esa dulce y romántica historia.
   - Bueno como os iba diciendo. Quedamos en salir con ellas esa noche tres de los cuatro amigos. Linda me cautivo desde el primer momento que la vi. Me tocó él corazón y al fin y a la postre fue mi primer amor. Durante el curso nos escribimos con relativa asiduidad, cada quince días, más o menos. Los siguientes veranos nos encontramos de nuevo en el camping. Me enamoré locamente de esta preciosidad y en uno de los veranos le declaré mi amor. Con la dulzura, el cariño y tacto que le caracterizan me dio calabazas. Creo que, los años siguientes, fueron los más duros y amargos de mí existencia. Nos seguimos viendo en verano y en uno de ellos, Linda venía enamorada de un súbdito inglés, para mayor recochineo. Ya que en esa época España estaba especialmente sensible con los hijos de la Gran Bretaña.
   Las sonrisas florecieron en el grupo. Ese toque de humor hizo que la tensión se relajase un poco. Silvia observaba a su esposo y se sentía enormemente feliz de compartir su vida con él.
   - Pienso que a raíz  de aquel verano no simpatizaba mucho con los ingleses. El caso es que estuvimos juntos y luego sin saber el porqué, no volvimos a tener noticias.
   Una pausa prolongada y fue, como no, Caterine quien la rompió.
   - Mamá. Estarías borracha ese verano para rechazar a este encantador abuelito.
   Nuevas risas ante la salida de la joven que permitieron rebajar la expectativa del relato. Por fin cuando las cosas se calmaron prosiguió.
   - Bueno hará unos dos años más o menos. Cuando Silvia y yo comenzamos a planificarnos un viaje al mes para relajarnos de unos años de gran intensidad y trabajo. Estando en París, creo que me crucé con Bety. Estaba en una cafetería, se tropezó con mi silla y fue al suelo. De inmediato me apresuré a ayudarle. Era idéntica a Linda, y aquello me dejó helado.
   - A propósito.
   Interrumpió su relato.
   - ¿Eras tu Bety?
   Ahora que lo comentaba, era cierto, se habían visto y conversado en aquella ocasión pero ella lo había olvidado. Ahora recordaba aquel incidente y en especial cuando no le soltaba los brazos. Tras las aclaraciones pertinentes prosiguió. 
   - Fue entonces cuando recordé a mi primer amor y sentí la curiosidad de averiguar algo sobre ella. Pero tan solo fue una idea. Silvia, que me notó excesivamente pensativo para estar de vacaciones, me preguntó. Y cuando le relaté lo sucedido me animó a contratar un investigador privado. Por la noche caí en la cuenta que la segunda ciudad elegida para esas vacaciones fue New Ville y aunque lo hice inconscientemente estaba claro que en su elección influyo mi subconsciente. Un investigador privado de New Ville fue el encargado de indagar todo lo referente a las dos hermanas. Me hice pasar por el esposo de una paciente y entablé conversación con Caterine. El resto de la historia lo habéis vivido. De nuevo un silencio profundo. Todos estaban impresionados por aquella historia y trataban de asimilar la confesión. Bety fue la que en esta ocasión rompió el silencio.
   - ¿Amas a mamá?
   La respuesta no si hizo esperar. De inmediato contestó.
   - Estoy seguro que si no ocupara un puesto importante en mi corazón no habría iniciado aquella investigación.
   La pregunta de su hija menor fue más fuerte, la enunció y luego de hacerla se arrepintió.
   - ¿Dejarías a mamá por Linda?
   Los presentes recriminaron la pregunta, pero no estaba dispuesto a falsear nada y con la misma rapidez comentó.
   - No. A Linda la quiero y si me manifestara de otra forma mentiría. Ella y Silvia saben que tuve tentaciones. Pero también conocéis el sentido moral, tanto de Linda como el mío. A Silvia la adoro. Ha sido, es y será mi pareja hasta que la muerte nos separe.
   Brisite se levantó y cedió su puesto a Silvia. José se abrazó a las dos y se fundieron en un fuerte abrazo.
   Aquella confesión unió, más si cabe, a esas dos familias. Las preguntas y respuestas se sucedieron hasta la cena y prosiguió tras la misma. Las parejas se miraban y deseaban con todas sus fuerzas que su relación se pareciese a la de José y Silvia. Aquello si era una verdadera devoción al otro.
   Cuando Linda y Brisite se fueron a casa comentaron el relato de aquella tarde. Aquel amor que José había conservado era verdaderamente romántico y muy bonito. Ellas habían tenido experiencias bastante desagradables en relación con su pareja y aquella historia protagonizada por ellas les levantó la moral y se sentían orgullosas de tener como amigo a ese encantador matrimonio, que por cierto también entrarían a pertenecer a la familia.                    
                          

martes, 15 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR 2ª PARTE CAPITULO VIII- LA DECISIÓN


   - CAPÍTULO OCTAVO.

                                           - LA DECISIÓN. -

   El Mercedes se deslizaba por las calles de París a gran velocidad. En él la pareja en compañía de sus abogados se dirigían hacia la mansión de Pierre Valery. El coche se detuvo en la entrada permitiendo observar las luces, el sonido y el movimiento en la vivienda revelando la presencia de personas en la casa. Llamaron a la puerta y un criado atendió a los recién llegados. Los invitó a pasar, pero José presentó a Linda y a sus abogados. Le entregó una tarjeta y rogó, con su exquisita amabilidad, que comunicara al señor su presencia y el deseo de conversar con él, aguardando en la entrada la respuesta. De inmediato se presentó Pierre, estaba desencajado, esas horas de tensión vividas habían hecho mella en el rostro de aquel hombre. Con una educación no esperada invitó a los presentes a entrar en el salón. Esperarían si deseaba tener a su abogado. Con la misma educación que los recibió rechazó la petición y esperó el vendaval.
   José, junto a sus abogados, se colocó en un segundo plano y  cedió la palabra a Linda. Estaba muy tranquila tener a José arropándole le dio la serenidad y la fuerza para enfrentarse a la situación. Se extrañó al no sentir el menor rencor hacia aquel hombre que estaba contra las cuerdas. No tenía ansias de revancha y en esos momentos lo que menos deseaba era hacer daño a nadie, ni siquiera a Pierre. Con suma serenidad y confianza en si misma comenzó su exposición.
   - Supongo que sabrás cual es tu situación en estos momentos.
   Pierre, que aparentaba bastante serenidad, le interrumpió.
   - Linda creo que no estás muy al corriente.
   Ella le rogó escuchar y si algo de lo expuesto no era cierto podía interrumpirle.
    - Continúo.
    Comenzó diciendo para proseguir.
   - Sé que tu compañera te ha dejado en la estacada y ha empleado las mismas formas que tú hace tiempo empleaste conmigo. Lo sabes porque te lo han comunicado nuestros abogados y supongo que el tuyo. También serás sabedor por la misma vía que se ha presentado una demanda contra tu firma por apropiación indebida de modelos registrados con mi nombre. Por supuesto que tu compañera pedrera la firma, con toda probabilidad, pues la demanda va contra la compañía y según obra en nuestro poder ahora figura a su nombre. Sobre tu casa pesa un embargo por el pago de cuatro millones de francos y tus haberes en estos momentos no ascienden a más de cien mil.
   Conforme Linda iba exponiéndole la situación, su rostro cambiaba. La seguridad de un principio fue desapareciendo hasta el punto de romper a llorar y suplicar. Linda sin inmutarse, serena y segura prosiguió.
   - Pierre a estas alturas no me puedes conmover. Te he dicho desde un principio que toda relación entre nosotros terminó. Te he perdonado como persona y mi intención, es olvidarlo. Bety se viene a trabajar con nosotros, conoce perfectamente la firma y nos será de mucha ayuda para integrarla en la nuestra. Sabe lo sucedido y no quiere volverte a ver. Al menos de momento. Es posible, y también son palabras de Caterine, que con algo de tiempo quieran conversar contigo. Al fin y al cabo eres su padre.
   Un prolongado silencio. José y los abogados permanecían expectantes con el semblante serio. Atentos a los acontecimientos pero sin pronunciar palabra. Casi ni respiraban. De nuevo fue Linda quien rompió aquel cortante silencio.
   - Traigo aquí el pagaret de todas tus deudas. Tu casa seguirá siendo tuya y José me ha rogado pagarte dos millones de francos por lo que te han robado, con una condición. Los modelos registrados con tu nombre pasaran a la firma Revaud. Hay cosas muy buenas que pueden aprovecharse. Espero tu respuesta.
   Pierre rompió de nuevo a llorar tomó la mano de Linda y la besaba mientras suplicaba perdón. Con delicadeza la retiró y con la misma serenidad del principio añadió.
   - Pierre no somos niños. La vida me ha endurecido como jamás pensé que podría hacerlo. Tienes mi perdón, pero es mejor seguir por el mundo cada uno por su lado.
   Pierre solicitó de inmediato los papeles para firmarlos, pero José con su característico aplomo le rogó llamar a su abogado. Tras insistir así lo hizo. Tardó un par de horas, que fueron impresionantemente tensas. Al personarse le informaron la oferta realizada a su cliente, así como la posibilidad de tomarse el tiempo necesario para reflexionar la propuesta. No llegaron a salir del salón, estaba claro. La oferta era inmejorable y sin dudarlo firmaron los documentos. José entregó a Pierre los papeles como pago de sus deudas y firmó un cheque con el valor acordado. Se dieron la mano y cuando iban a abandonar aquella mansión se cruzaron con Bety y Jorge. Ella iba a recoger sus pertenencias y abandonar el hogar. Besó a su madre. Luego a su padre.
   - Sé que deseas hablarme pero dale tiempo al tiempo. Me ha dolido mucho todo esto, pero eres mi padre y si mamá ha sido capaz de perdonarte con mayor motivo lo hago yo. Cuídate. Nos veremos.
   Dio media vuelta y subió a su habitación para recoger sus cosas. A Pierre le hubiera gustado abrazar a su hija y rogarle el perdón. Pero se dio cuenta que en esos momentos la mejor despedida o dialogo entre los dos se dio con sus palabras. Por ello esperó a que sus invitados abandonaran su casa y con su abogado cerraron el trabajo iniciado ante el posible juicio. Ahora la demanda se volvería contra su infiel amiga. Tanto el abogado como Pierre se ofrecieron a ayudar en la demanda planteada contra la que figuraba como titular de la firma Pierre Valery.
   De regreso al hotel, dejaron a los abogados en casa y la pareja en coche decidieron detenerse junto al Sena.
   Antes, Linda, se lo había pedido.
   - Necesito tomar un poco el aire. José detén el coche por favor.
   Le rogó si lo deseaba regresar solo. Ella volvería al hotel en taxis. Pero no se lo permitió, bajó con ella y a dos pasos caminaba detrás como guardaespaldas lo hace con su jefe. Linda le tendió la mano y le rogó.
   - Te importa abrazarme.
   No había terminado la frase cuando los fuertes brazos de José la rodeaban. Fundiéndose en un apasionado abrazo. Era la segunda vez que notaba a su amigo algo descontrolado. Esta vez inicialmente no consiguió reprimir esa agradable sensación. A su mente acudió Silvia pero se dejó  llevar por la pasión y mantuvo durante unos minutos su cuerpo junto aquel maravilloso hombre. Ninguno de los dos hizo aman de besarse, aunque sus cuerpos se lo pedía con fogosidad y pasión. Se dieron la mano y comenzaron a pasear bajo la fría noche Parisina. José estuvo en un trís de confesarle quien era. Pero esa jornada había sido demasiada cargada de sorpresas, de alegrías, de encuentros. Y prefirió guardarlo para más adelante.
   Vieron un local, de los que permanecen las veinticuatro horas abierto entraron a tomar café. Estaban congelados. Sentados uno frente a otro se contemplaban. Con sus miradas se desearon, se dieron y se sintieron enormemente felices de estar juntos y de haberse conocido. No se pronunció una sola palabra. Tan solo miradas, sonrisas y algún que otro gesto con el rostro. Pero la hora y media que estuvieron uno frente al otro les parecieron segundos.
   Por fin se levantaron, pagaron y cogidos de la mano, como dos enamorados regresaron al coche y fueron a sus habitaciones en el Hotel. Silvia esperaba a su marido despierta viendo una película en la televisión. Al verle entrar se levantó se abrazó a él y se besaron. No hubo necesidad de palabras. Unieron sus cuerpos y dejándose caer sobre la cama se quedaron dormidos.
   La familia los despertó con los periódicos de la mañana y las primeras revista de moda resaltando el éxito de la firma Revaud. Todo eran elogios para la colección y especialmente para las diseñadoras. Alababan la buena visión de aquel español que había financiado la firma y la profesionalidad llevada. Les invitaban a lanzar al mercado bursátil acciones pues sería una garantía de rentabilidad para los inversores y un seguro para la empresa.
   Desayunaron y fueron al aeropuerto para regresar a New Ville. Deseaban estar en casa, pues tarde o temprano deberían fijar su residencia en París.
   Tras la comida se reunieron en el apartamento de Linda. Jorge comenzaba a distinguir a las dos hermanas, pero en más de una ocasión dudaba. A ellas les agradaba la situación y bromeaban con él. El matrimonio al ver a su hijo con Bety cruzó sus miradas y sonrieron. Durante la conversación comentaron que ya iba siendo hora de abandonar Francia y regresar a España. El negocio estaba asegurado con esas cuatro encantadoras mujeres, en las que depositaba toda su confianza. Los rostros de Linda, Brisite y Caterine cambiaron radicalmente. Eran casi dos años con aquel maravilloso hombre y ahora les iba a dejar. Con quien iban a soñar, a quien esperarían con impaciencia verle entrar con la sonrisa en los labios por la puerta. Pero debían resignarse a lo inevitable. Al comprobar sus rostros se permitió bromear.
   - Espero que nos hagáis alguna visita a España. Nosotros también haremos alguna por aquí. Además, me temo que mi querido hijo va a realizar muchos viajes.
   De inmediato las miradas se dirigieron a la pareja que precisamente en esos momentos y en un rincón algo discreto se fundían en un apasionado abrazo con beso incluido. Al sentirse observados se ruborizaron y las risas rompieron aquel momento tenso y triste.


martes, 8 de mayo de 2012

EL PRIMER AMOR-SEGUNDA PARTE-


   - CAPÍTULO SÉPTIMO.   

                                         - LA INAGURACIÓN.

   El vuelo procedente de España llegaba sin retraso. Pierre y Bety se despidieron en el avión pues como grupo pasaban por otro control aduanero. Le dio su dirección quedando en llamarse una vez instalado en el hotel para ir a comer y pasar el día.
  Cuando Jorge y su hermana pasaban los trámites de la aduana vieron a sus padres que aguardaban su llegada. Saludaron, recogieron los equipajes y partieron hacia el hotel. Se asearon, cambiaron de ropa para despedirse a continuación, pues habían quedado con Bety a comer. José se enfadó un poco con sus hijos, pero la tensión y el trabajo de ese último día tampoco le iba a permitir disponer de mucho tiempo. Así pues, mientras sus dos pequeños subían al taxis, para acudir a la cita los dos matrimonios entraban en el comedor. Linda y su familia se habían quedado en la pasarela para controlar todo y evitar el mínimo fallo. La prensa especializada y las mejores casas del mundo les estarían mirando con lupa. Sabían, temían y respetaban la fuerza, el empuje, la calidad y la creatividad que en los últimos tiempos tenía la joven firma Revaud. Estarían al acecho ante cualquier fallo. Habían trabajado mucho y llevaban una semana casi sin dormir. La única que se metió en su habitación ocho horas diarias era Linda, por orden de su médico personal. José. Aunque no pudo descansar mucho, pues los nervios también le llegaban a ella. Pero no era menos cierto que estaba muy ilusionada. Había visto el trabajo de su pequeña y sabía de la calidad del mismo.
   Esa tarde José recibió una llamada de sus pequeños. Les habían invitado a quedarse en casa de Bety y por tanto debía anular las habitaciones reservadas para ellos. Calmaron a su padre asegurándole no faltar a la inauguración de la firma.
   La tensión se mascaba en cada rincón de la galería. Linda sabía que acudiría Pierre y se quedó junto a su hermana e hija entre bastidores, evitando encontrarse con él. No era menos cierto que deseaba ver a su otra hija, pues hacía cerca de doce años que no sabía nada de ella. Pero ya tendría oportunidad de verle a continuación en la fiesta.
   José y Silvia recibieron, en los preámbulos del pase a sus invitados. Cuando iban a entrar Bety y su padre con los dos hermanos, las mujeres se acercaron al servicio. Jorge y Pierre, saludaron a los anfitriones y pasaron a ocupar sus asientos. Al salir del servicio coincidió con una pequeña aglomeración de gente y Reme saludo a sus padres y fue a sentarse junto a su hermano y Pierre.
   Se abría la pasarela. La tensión era grande. Los primeros modelos fueron abriendo el fuego. Tímidos aplausos, pero se palpaba una gran expectación. Conforme el pase iba tomando cuerpo los aplausos se sucedían con mayor frecuencia e intensidad. Pierre y su hija se miraban. Realmente aquello poseía una calidad fuera de lo común. Había toneladas de creatividad, de buen gusto y de una riqueza de colorido que los sorprendió a ellos y a todos los presentes. Hubo innovaciones en la presentación, en la forma de pasar las modelos. El éxito estaba asegurado. Proseguía el pase cuando en la oficina abierta, para la venta de modelos, comenzaban a aglomerarse las más  importantes tiendas de moda.
   Improvisaron varias mesas más e incluso tuvieron que ponerse José y Silvia para atender al público. Aún faltaba la última parte del pase cuando la gente sé puso en pie y reclamaba la presencia de las diseñadoras. Fue algo no visto en el mundo de la moda. Cuando Brisite y Caterine, Linda no quiso salir, hicieron acto de presencia el rostro de Pierre palideció. Bety no estaba presente, pues había salido con su amigo a tomar un refresco aprovechando el tumulto de los invitados. No podía creerlo. Si estaban más en el otro mundo que en este. ¿Quién les apoyaba económicamente? Aquello era un riesgo de muchos millones. Fue el único que permaneció sentado y no porque no desease levantarse y huir de allí. Las piernas se le habían bloqueado, no podía dar crédito a sus ojos. Todo su cuerpo temblaba como si hubiera visto salir a alguien de ultratumba. Cuando la imagen de Linda se dibujo en su mente temiendo su presencia. El terror se apoderó por completo de todo su ser. Esa firma le había ganado terreno palmo a palmo y ahora se encontraba en una situación difícil. Estaba claro que iban a por él, querían vengarse de lo que años atrás había hecho. Por fin sacando fuerzas de donde no las tenía, salió precipitadamente del local y se fue a un bosque cercano a París a pasear y poner en claro sus ideas. Al regresar Bety y Jorge se pusieron a buscar a Pierre. Al no encontrarlo decidieron ir cada uno por su lado.
   Caterine estaba atendiendo a los medios de las diferentes revistas cuando se encontró cara a cara con su hermana. Sus rostros palidecieron, sus miradas fijas y sus corazones acelerándose de forma escandalosa. Fue Caterine quien se disculpó y dejó a su tía proseguir con los informadores. Se aproximó a su hermana y con un gesto de cabeza le invitó a entrar en un reservado. Tras cerrar la puerta las dos permanecieron inmóviles durante unos segundos mirándose. Sin saber de quien partió la iniciativa se encontraron abrazadas, mientras un llanto lleno de emoción se liberaba en las hermanas. Tenían miedo a separarse, a mirar el rostro de la otra, temían hablar, hasta temían respirar. Por fin tras unos largos diez minutos fue Bety quien rompió aquel silencio.
   - Felicidades Caterine, ha sido increíble. Habéis conseguido unos diseños fuera de lo común.
   Caterine le besó mientras se abrazaba. No quería hablar. Deseaba tenerle, estrecharle contra si, como hacían de pequeñas, cuando una no sabía estar sin la otra. Pero de nuevo la curiosidad de Bety fue quien rompió una vez más el silencio.
   - Papá me aseguró vuestro fallecimiento.
   No dejó responder y de inmediato lanzó la pregunta que le ahogaba.
   - ¿Mamá vive?
   Tras la afirmación las lágrimas brotaron de sus ojos y no precisamente de tristeza. Todo su ser se había inundado de una inmensa felicidad. Deseaba con toda la fuerza de su corazón ver a mamá y abrazarse. Pero Caterine le aconsejó esperar y con calma aclarar la situación. Debía contarse la versión vivida desde su separación. Luego contrastar esas historias y tratar de conocer toda la  verdad de lo sucedido.
   Comenzó Bety con su versión de los hechos. En líneas generales. Sus padres se separaron porque mamá se enamoró de otro hombre. No permitiendo a su padre entrar en casa y obligándole a marcharse con ella.
   Papá se repuso y conoció a una mujer que les ayudó a recobrar sus propiedades. Había estado viviendo todos esos años en París. Estudió diseño y compartía la profesión con su padre. La empresa había funcionado muy bien hasta la entrada en liza de la firma Revaud. Desde hacía dos años las ventas de Pierre Valery habían bajado, pero especialmente esos últimos meses. Y la situación era crítica. La única noticia sobre mamá, tía Brisite y ella se remontaba a tres o cuatro años atrás. Papá le notificó el fallecimiento de las tres. Victimas del SIDA... Adquirida por la vida que llevaban.
   Caterine no salía de su asombro al escuchar la versión relatada por su hermana. Cuando finalizó, comenzó ella con la historia vivida. Al mostrarle una foto de su madre, tomada en la semana critica, comenzó a llorar como una Magdalena. Las dos abrazabas daban rienda suelta a toda la tensión acumulada durante esos últimos días.
   A Bety le costaba asimilar el comportamiento de su padre. Sus engaños y mentiras. Le dolió especialmente cuando se negó a prestarles ayuda en una situación crítica. Pero mentirle sobre su fallecimiento fue la estocada final. Eso le dolió hasta en el último rincón de su alma. Permanecían abrazadas, permitiendo que por sus encantadores ojos corrieran libres torrentes de lágrimas que a la postre liberarían todo la agonía y angustia de tantos años. Cuando Alan, el hombre de confianza de Pierre Valery desde sus comienzos entró, trató de eludir el encuentro con las hermanas. Pero Bety impidió su marcha. Se sentaron y cuando especialmente Bety se calmó comenzó a interrogar al fiel servidor de su padre. Todas las sospechas, todas las preguntas realizadas confirmaban la versión de su hermana, sintió como si en su corazón se clavasen agujas. De no haberle llegado a la mente en ese momento la imagen de Jorge tal vez hubiera cometido una locura. Lloraba en brazos de su hermana. De pronto se detuvo y sin saber el porqué preguntó.
   - ¿Conoces a Jorge?
   Caterine le miró extrañada, no sabía a quien se refería. De inmediato se aclaró la situación. Se trataba del hijo pequeño de José. No tenía el placer de conocerlo aunque le comunicó.
   - Creo que está en París.
   Bety sonrió. Comenzando el relato de su estancia en Madrid, donde lo conoció enamorándose locamente de él.
   Caterine comenzó a reírse.
   - Pensabas que yo lo conocía y tal vez nos hubiera confundido.
   No permitió responder. De inmediato añadió.
   - Mi amor es su padre. 
Pausa para añadir.
   - Adoro a José y creo que no podré querer a otro hombre. Mi problema es su mujer, es maravillosa. Y lo peor que él la adora.
   Por fin las primeras sonrisas. Poco a poco fueron calmándose. Las cosas iban colocándose en su sitio. El dolor y la inmensa alegría se mezclaban. Se prometieron no separarse nunca más. Caterine le rogó esperar en el salón, iría a buscar a mamá y a tía Brisite para poder abrazarse sin la presencia de los invitados. De camino se tropezó con Jorge. Al verle se abrazó e intentó besarle mientras le confesaba no haber localizado a su padre. Caterine se lo quitó de encima propinándole un sonoro bofetón, llamando la atención de todos los presentes y en especial a los allegados a Jorge. Que no salía de su asombro. Intentó buscar una respuesta a la reacción de su amiga, pero se había quedado tan sorprendido que era incapaz de reaccionar, mientras Silvia consciente del incidente, como tantos de los presentes, se aproximó a su hijo y le recriminó.
   - ¿Pero Jorge? ¿Que le has hecho a Caterine?
   Su hijo no sabía que contestar. Estaba tan bloqueado que no escuchó ni el nombre pronunciado por su madre. Por fin tras la insistencia consiguió articular sus cuerdas vocales para confesar que él era el primer sorprendido por la situación. Estaban intercambiando palabras madre e hijo cuando hacia ellos se aproximaban las tres mujeres al encuentro de Bety. Silvia detuvo a Caterine y le interrogó si su hijo había sido descortés con ella. Comenzó a reírse, mientras el resto se miraban unos a otros sin entender nada. Cuando consiguió calmarse cogió la mano de Silvia invitándole a seguirle y con ella el resto. Al abrir la puerta del salón pudieron comprender las carcajadas de Caterine. Las muestras de cariño, sorpresa y saludos se sucediera en aquel salón. Linda no podía creer compartir con sus hijas esos momentos mientras que Jorge permanecía incrédulo ante esa visión. Eran idénticas. Hizo un gesto de dirigirse hacia una de ellas pero se retuvo. Al darse cuenta de su acción Bety le comentó si era capaz de distinguirlas. Fue hacia una de ellas, aunque no muy convencido, y aproximó sus labios. Era Bety quien levantó la mano retirándola con prontitud. Sonrió, se abrazó y le besó con ternura. Aquel monumental lío fue resolviéndose, sintiéndose enormemente felices y contentos hasta que Linda  acabó  con  aquella  bella alegría. El semblante de felicidad cambió en todos los presentes ante la pregunta.
   - ¿Y tu padre?
   La formuló de forma seca y con el semblante preocupado. Lo cierto es que hacia mucho tiempo que no lo había visto nadie. Ese momento tenso se volvió a romper al entrar José. Con la alegría, simpatía y dulzura característica. Caterine se lanzó a los brazos del recién llegado y dirigiéndose a su hermana comentó.
   - Y éste es mi amor.
   Miró a Silvia y con una picara expresión y añadió.
   - Con el permiso de mi segunda mamá.
   Aquel comentario permitió recuperar la alegría en el grupo. Las presentaciones y la felicidad volvían al seno de aquella habitación testigo de una buena parte de la historia de aquellas familias.
   Las perspectivas de la empresa eran inmejorables. Ahora les tocaría a los talleres trabajar día y noche para atender toda la demanda que se les venía  encima. Los elogios  y felicitaciones estaban en boca de todos los presentes. Había sido un rotundo éxito y esa noche disfrutaron de una jornada de gloria. Solo Linda y Bety estaban preocupadas por la misma persona, aunque por distinto motivo.
   En un momento de la fiesta Linda pudo aislarse de todos y conversar con su pequeña Bety como solía llamarle. Lo hicieron durante varios minutos. Su hija le confesó su deseo de no volver con su padre.
- Pagarle a Papá con la misma moneda es lo que se merece, pero estoy preocupada por él. He convivido muchos años y su comportamiento conmigo ha sido ejemplar. Sé que no se merece nada pero tengo miedo. Temo que cometa una locura. Al fin y al cabo es mi padre.   
    Linda le tranquilizó asegurándole que  su intención no pasaba por comportarse como él. Aunque en realidad lo mereciera.
   - Yo sé hija por lo que hemos pasado tu hermana y yo. Te puedo prometer que aquel infierno no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
   Se abrazó a su pequeña y le prometió resolver aquella preocupación lo antes posible. Salió de la fiesta, solicitó a un camarero la presencia de José. No pasaron más de treinta segundos cuando estaba junto a ella. Le explicó la situación. No lo dudó un solo segundo, salió con Linda en su coche y fueron directos al hotel. Allí llamó a sus abogados y a los sesenta minutos de colgar el teléfono se personaban.  












lunes, 30 de abril de 2012

EL PRIMER AMOR. SEGUNDA PARTE. CAPITULO VI-LA COMPETIENCIA


   - CAPÍTULO SEXTO.

                                          - LA COMPETENCIA. -

   Faltando una semana para la cita Reme invitó a su hermano Jorge a un desfile de modelos en la pasarela Cibeles. Una importante firma francesa, "Pierre Valery", que pertenecía al padre de Caterine. Temeroso por la presentación de Modas Revaud en París prefirió realizarla en España.
   Reme siguió con atención el pase, pero Jorge se aburrió pronto y comenzó a investigar los ambientes fuera de la pasarela. "Si papá se ha metido en este negocio habrá que conocer como es este mundo". Pensaba mientras fisgoneaba de un lado para otro. La agitación detrás de la pasarela era irritante. Carreras, prisas, nervios, todo aquello le chocó al joven. De pronto se sorprendió, se había colado en los vestuarios de las modelos, viéndose inmerso en una enorme habitación llena de señoritas vistiéndose y desvistiéndose. Nadie dio importancia al intruso. Cada uno se desvivía por cumplir con su cometido y la presencia de Jorge pasó inadvertida. Aquel espectáculo era verdaderamente sorprendente. Una de las jovencitas cruzó por unos instantes su mirada con él y le sonrió, prosiguiendo con su cometido de inmediato. Aquella acción alegró el cuerpo del joven y cuando se disponía a conversar con ella, fue sorprendido por Bety, la hija de Pierre Valery, y diseñadora junto a su padre de aquella colección.
   - No se quede parado, por favor y vaya a lo suyo.
   Cuando su mirada acarició el cuerpo de la joven su corazón se agrandó. "¡Dios!.Que criatura más bella". Se decía para sí. Su voz le había aflojado las piernas. Se dejó caer en una de las sillas cercanas y con los ojos clavados en aquella armonía de cuerpo en movimiento le siguió con la mirada y el alma. No paraba de un lugar a otro. Retocando uno y otro modelo. Mandando a maquilladoras a retocar uno y otro rostro. Llamando al peluquero para lo mismo. El nerviosismo estaba a flor de piel. Quiso levantarse y conversar con ella pero se dio cuenta que, si quería entablar conversación con aquel ángel, era lo menos apropiado en ese momento. Permaneció allí observando a uno y otro lado y siguiendo con su mirada siempre que  podía a Bety. Quedándose clavado en aquella silla, donde le dejaron caer sus piernas, durante todo el pase.
   El nerviosismo de la sala iba desapareciendo. La tensión ya no se podía cortar. Caras alegres y relajadas bromeaban mientras se quitaban la ropa y entraban en las duchas. Unas salían desnudas, secándose con la toalla. Otras envueltas en sus albornoces. La verdad sea dicha eran verdaderos monumentos de mujeres pero a Jorge le gustaban un poco más rellenas. Si bien merecía la pena aquel espectáculo. Jamás se imaginó distraerse tanto en un desfile de modas. Estaba convencido que su hermana no se lo habría pasado mejor. Cuando estos pensamientos ocupaban su mente vio entrar a Bety radiante de felicidad. La tensión de su rostro había desaparecido y besaba a cuantos pasaban a su lado. Jorge no quiso perder la oportunidad y también se apuntó. Se acercó disimuladamente para recibir el oscar, con aquel beso. Al aproximar su mejilla a la de ella, para recibir el trofeo, le susurró.
   - Verdaderamente ha sido todo un éxito, le felicito señorita.
   Terminada la frase tomó su mano posando sus labios en ella con tal dulzura y ternura que le conmovió. Entablando una pequeña conversación con ese apuesto joven. No sabía de quien se trataba, algún peluquero, masajista, maquillador, lo cierto es que le llamó poderosamente la atención. Le hubiera gustado seguir hablando con aquel simpático y agradable joven pero sus obligaciones se lo impidieron. Cuando abandonó de nuevo la sala, él volvió a dejarse caer en la silla. “Que dulzura de rostro, que ojos más embriagadores, que labios más  sensuales”. Jorge no salía de su asombro. Había salido con varias chicas, pero ninguna le había llamado tanto la atención como aquella francesa. De nuevo sus cavilaciones fueron interrumpidas. Llegó hasta él como un relámpago y de la misma forma se fue.
   - Toma.
    Le ofreció dos invitaciones.
   - Me gustaría verte en la fiesta de esta noche.
   No le dio tiempo a reaccionar. ¿Dónde era? ¿A que hora? Tomó aquellos dos papeles y tras desdoblarlos comenzó a leer. "La firma Pierre Valery " tiene el honor de invitarle a la cena en el hotel Place de Madrid. Todos los datos anhelados estaban especificados en aquellas invitaciones. Se levantó de la silla y de nuevo la misma joven anterior volvió a sonreírle. Jorge se despidió con un gesto y un...
   -”Hasta luego”
   Consiguió articular sus cuerdas vocales.
   Al encontrarse con su hermana le contó lo sucedido. Reme no salía de su asombro. Menuda cara se le había hecho a su querido hermano.
   Se vistieron de gala pues así lo pedían las invitaciones. Se puso uno de los diseños de Caterine. Regalo de su madre y Jorge el frac. de rigor. A la hora señalada se presentaron en la fiesta. Pierre y su hija Bety junto a la puerta del salón azul recibían a sus invitados. Al ver a Jorge se disculpó y abandonando la compañía de su padre, fue a su encuentro.
   - Me siento alagada por aceptar mi invitación.
   Se quedó unos instantes mirando a su acompañante. El modelo era impresionante. No había visto algo igual en su corta vida de diseñadora. De una clase y gusto que  llamaron poderosamente su atención. Jorge se disculpó.
   - Perdón. Es mi hermana Reme.
   Bety tardó unos segundos en reaccionar, la causa del asombro no era su hermana, sino más bien el impresionante modelo que ésta llevaba. Dio un par de besos en las mejillas y entraron en el salón. Tomaron unas copas de las bandejas portadas por los camareros que circulaban ofreciéndolas a los invitados y picotearon en otras algún que otro canapé. Mientras se iniciaba la conversación. Lo primero fueron las presentaciones. Por fin sabían sus nombres, pero inmediatamente después de conocerlos, Bety no pudo resistir su curiosidad y preguntó.
   - ¿Ese modelo, a que firma pertenece?
   Sonrió y de inmediato desveló a la anfitriona la firma del modelito. “Modas Revaud”. Se quedó helada. Ahora comprendía porque su padre no quiso exponer en París. Aquel modelo era inmejorable. Llamaba la atención hasta tal punto que algunas de las invitadas le preguntaban si pertenecía a la colección. Bety con suma delicadeza les sacaba de su error.
   - Siento hacerte la competencia en tu propia casa.
   Se disculpó. Pero por otro lado pensó que le estaba haciendo a papá un poco de propaganda, que falta le hacía. Bety estaba algo triste, pues aunque el éxito del día había sido notable. Comprendía que la marca, propiedad de la familia de esos jóvenes, tendría una buena acogida por el público. Entendió a su padre la tensión de esos últimos meses y la poca creatividad observada en él. Casi toda la colección la había diseñado ella y aunque estaba satisfecha era consciente que le faltaba mucha experiencia.
   Jorge consiguió llevarse a Bety hacia su conversación. Le tomó del brazo y fueron a sentarse en uno de los salones más tranquilos del local. La preocupación de su compañera fue desapareciendo a medida que aquel apuesto joven le animaba y bromeaba.
   Durante la cena Bety hizo observar a su padre el vestido de Reme confirmando su firma. El rostro de preocupación fue mayúsculo. Su hija tenía grandes dotes de observación. Realmente el modelo tenía una calidad increíble. Pero no quiso preocupar más a la joven. Y alegando que así era el mundo de la moda dejó la conversación con su hija para reanudarla con su acompañante.
   No había finalizado la cena cuando Jorge al ver a Bety levantarse de la mesa para ir al aseo se aproximó.
   - Me gustaría perderme contigo en la noche madrileña.
   Sonrió, le rogó esperar unos minutos, tras entrar y salir del aseo se acercó a la mesa presidencial y habló con su padre. Fue junto a Jorge y mientras abandonaban el local, él realizó una señal con la mano despidiéndose de su hermana. Reme se quedó conversando con sus compañeros de mesa mientras pensaba. "A Jorge le ha costado, pero ahora va a cien". 
   Fue una noche inolvidable. Se perdieron en una exquisita sala de la ciudad y bailaron por espacio de varias horas. Comenzaron a contarse sus vidas, sus inquietudes y sus ilusiones.
   Esa semana Jorge no pisó la facultad. Llevaba muy bien los estudios, y aunque hasta la fecha no había faltado nunca a clase Bety merecía la pena y solo iba a estar unos días.
   Ese jueves por la noche cuando la pareja cenaba, casi al unísono, comentaron su viaje a París. Las casualidades de la vida. Iban a ir en el mismo vuelo. Jorge iba a la presentación de la firma de su padre y por supuesto le invitó tanto a la presentación como a la fiesta posterior.
   - Te lo agradezco. A la inauguración de esa prometedora firma han sido invitadas todas las casas de modas. Además, espero verte durante el día.
   Sonrieron, se miraron tiernamente y prosiguieron con la cena y la conversación. Jorge le propuso ir a casa aceptando encantada y la pareja subió al coche con destino a la mansión de los Carbonell. Quedó impresionada con la vivienda. La posición económica de la familia era impresionante. Cuando entró en su habitación le encandiló. Aquello era un gran piso, con su salón, su despacho, su dormitorio y su baño. Se sentaron en el salón y tras ponerse algo de beber conectaron la música abandonando sus cuerpos al ritmo de la melodía. El ambiente, la climatología cálida y acogedora, la luz tenue y las dosis de alcohol permitieron a la pareja vivir con fogosidad esa noche.
   En los dos comenzaba a nacer algo verdaderamente delicioso y embriagador. Jorge hacía hueco en su corazón. Pero el reloj era implacable, debía regresar a su hotel. Salieron de casa acompañándola hasta su lugar de descanso. En el vestíbulo, silencioso y en penumbra se abrazaron llenos de ternura y pasión. Aquellos escasos días vividos juntos abrieron sus corazones y la conexión fue total.  Dentro de unas horas se volverían a encontrar en el aeropuerto, pero aquella despedida parecía que iba a ser definitiva. La sonrisa se dibujó en los recepcionistas del hotel que contemplaban la escena con discreción pero no exenta de una cierta envidia sana. Un beso selló el fin de la velada.

sábado, 21 de abril de 2012


EL PRIMER AMOR SEGUNDA PARTE CAPITULO V LA RECUPERACIÓN

 - CAPITULO V -

                        - LA RECUPERACIÓN -

   Transcurrido año y medio, desde el traslado de José a Francia para llevar a cabo su plan, la recuperación de Caterine fue completa. Había ganado peso y su piel recuperó su suavidad natural. Tres cuartos de lo mismo le sucedía a Brisite, con la salvedad de la edad. Linda mejoraba poco a poco. Consiguió algo más de carne en su cuerpo, pero su imagen aún dejaba mucho que desear. Pero entre las ganas de vivir, la magnifica labor de los profesionales de la medicina, la dedicación de su familia y especialmente de José, consiguieron lo que en un principio no llegaron ni a imaginarse.
Todos los días iba a la piscina y José le atendía en todo momento. En varias ocasiones ella estuvo a punto de perder la cabeza. Pero aquella mañana de Mayo, estaba especialmente sensible y le llamó la atención el sentir vergüenza cuando comenzó a desnudarle para ponerle el bañador. Lo había hecho ciento de veces, pero ese día sintió reparo. Tal vez porque sus pechos iban tomando nuevamente forma y su cuerpo iba adquiriendo algo más de carne. Cuando percibió la tensión de su adorada amiga. Comentó.
- ¿Té sucede algo?
No esperó respuesta y de inmediato añadió.
- Tal vez deberíamos contratar alguna asistenta para ayudarte en el vestuario.
Sintió rabia en su interior por haber manifestado con su actitud esa tensión, le había ayudado más de trescientas veces. Estaba completamente desnuda, pues le iba a poner el bañador, se abrazó a él y con una embriagante dulzura añadió.
- No hay nadie que lo haga con mayor delicadeza y cariño que tú.

Tomó unos segundos para recuperar su equilibrio y añadió.
- Me moriría si no te tuviera a mi lado.
José, se ruborizó, sintió una fuerte sensación por todo su cuerpo y ella al notar el estado de excitación de su amigo sintió la necesidad de besarlo y entregarse a él. Pero pensó en Silvia, se puso en su lugar. Le costó controlarse pero por fin tras un enorme esfuerzo comentó.
- Tápame pronto el culo o me enfriaré.
Reaccionó tarde y torpemente, mientras en el rostro de Linda se dibujaba una sonrisa, condensada de amor hacia aquel personaje. La sesión se desarrollo con cierta tensión. En uno de los ejercicios José aproximó sus labios. No había otra cosa en el mundo que Linda deseara más en esos momentos pero pudo controlarse antes y la situación era más desfavorable para hacerlo. Con una dulzura que inundó los sentimientos de su compañero, comentó.
- Me creas o no, es lo que más desearía en este mundo, pero comprendo que es una pasión del momento y Silvia no se merece un comportamiento no correcto ni por parte tuya ni mucho menos por la mía.
Las palabras de su amiga le hicieron recapacitar. Tenía toda la razón del mundo. Sería un acto de traición hacia su encantadora mujer. Silvia había sido tan comprensiva, había depositado plenamente su confianza en él y ahora estaba a punto de romperla. Sus sonrisas se cruzaron, no volvieron a pronunciar palabra, pero en ambos estaba el deseo, controlado por la razón, de entregarse uno al otro.
Esa noche, en casa, Linda comentó el incidente de ese mañana con su hermana. Le aseguró que, por primera vez en muchos años, se había sentido una mujer capaz de amar y ser amada. Esa sensación, si su memoria no le fallaba, eran más de ocho años sin experimentar algo igual. Se volcaron en elogios hacia José y especialmente a su esposa.
Silvia solía presentarse todos los fines de semana y en ocasiones aprovechaba para quedarse una o dos semanas. José se sentía orgulloso de su mujer, ni el mínimo reproche al tiempo que su esposo estaba fuera de España. En alguna ocasión el tema salió, por parte de él, pero siempre le animaba a seguir. Ese fin de semana cuando se encontraron en el aeropuerto le confesó el incidente y la actitud de Linda. Se abrazó a su marido y con su acostumbrado cariño restó importancia al incidente. Se sintió orgullosa de la que consideraba su amiga.
El domingo comían todos en el apartamento de Linda. Se había esmerado en la preparación y esperaban ansiosas la llegada del aquel milagroso matrimonio. Los saludos de rigor. Cuando Silvia abrazó a Linda, este se prolongo más de lo habitual mostrando sus sentimientos de aprecio y dejando escapar de sus ojos unas lágrimas de gratitud.
- Si antes te apreciaba, después de lo relatado por mi esposo, tengo que valórate mucho más. Gracias.
Prolongaron durante un tiempo el abrazo en silencio hasta que la oportuna broma de José les hizo salir de su estado sentimental.
Linda mostró a su amiga los progresos logrados. Comenzaba a caminar sin necesidad de ayudas y su movilidad y equilibrio mejoraron notablemente. Eso si se cansaba con facilidad. Su aspecto recobraba su belleza natural. Sin duda el maquillaje y la peluquería obraban milagros, pero no era menos cierto que su cuerpo iba redondeándose sus caderas tomando su forma y sus pechos adquiriendo una cierta firmeza. Estaban conversando en el salón, dando buena cuenta del aperitivo cuando hizo acto de presencia Caterine. Se abrazó a José y lo besó en primer lugar. A continuación se abrazó a Silvia y mientras besaba sus mejillas comentó.
- Cuando te canses de este hombre me lo dices, que no me gustaría que se me adelantara nadie.

Silvia sonriendo contestó.
- Tendrás que ponerte a la cola pues no eres la única admiradora que tiene.
Sonrieron, saludó a su madre, a su tía y se sentó a conversar.
El matrimonio había invertido importantes cantidades de dinero, pero ahora la rentabilidad de este comenzaba a dar sus frutos. En varias ocasiones acompañó a su marido y paciente a la piscina, para la rehabilitación. Ayudaba en los vestuarios a cambiar a Linda. Tenía grandes conversaciones con ella y estaba orgullosa de su marido. Linda adoraba al matrimonio. De José, creía estar enamorada. En cuanto a Silvia, sentía un enorme respeto por ella y aunque sus sentimientos iban profundizando en su corazón, sabía muy bien que jamás podría traicionar aquella admirable mujer. En varias ocasiones comentó con ella todos sus sentimientos hacía su persona y hacia su marido. Cuando iba por New Ville se desvivía por atenderle y llegaron a profundizar en una verdadera amistad.
Los últimos controles médicos fueron una autentica fiesta, su organismo comenzaba a crear autodefensas, su musculatura comenzaba a tomar forma y las visitas médicas se alargaban cada vez un poco más. Se encontraba muy bien. Ya se valía por si sola para cambiarse y asearse. Comenzaba a andar trayectos más largos e incluso se atrevió a salir de casa y dar un paseo. Su cara iba poco a poco rellenándose y el tono pálido de hacía unos meses cedió su puesto a un rosado y fino cutis. La belleza natural en Linda volvía, justo al poco tiempo de dejar la medicación, por momentos.
Una mañana se atrevió a correr, fue muy corto el trayecto, pero cuando se dio cuenta que lo estaba haciendo por sus mejillas se deslizaron unas lágrimas. La felicidad que embargaba su ser, no pudo retenerlas. Cuando llegó a casa lo contaba como cuando un niño consigue por primera vez montar en bicicleta, o en patines, o da sus primeras brazadas en el agua. Estaba rebosante de alegría.
Conocían a Elena y Carlos, pero los otros dos hijos de José todavía no habían ido por Francia a visitar a su padre.
Se aproximaba la inauguración de la firma Revaud, las colecciones para las distintas épocas del año estaban ya en las maquinas. Los diseños, especialmente de Caterine iban tomando forma en las telas y de más material de costura. Linda había comenzado a colaborar. Pero dedicaba muy poco tiempo, por decisión facultativa, al trabajo que más le agradaba, el diseño de modelos. Aconsejaba a su hija, de la que estaba impresionada por la creatividad y soltura en sus creaciones. Tenía que ser algo innato en ella, pues nunca se había metido en los talleres de costura de su madre. Eso si, desde pequeña se ponía a su lado cuando diseñaba modelos. Tenía un estilo muy parecido al suyo y el equipo contratado por José se sorprendía de la calidad y creatividad de aquella joven.
En New Ville la tienda de modas dirigida por Brisite consiguió arraigar en la población, especialmente en los veranos, donde conseguían importantes ventas de sus modelos. Pero la puesta de largo de la firma Revaud se realizaría ese mes de Diciembre en París, con la presentación de los modelos primavera verano.
La familia se reunía al completo en la capital francesa con sus padres. Por fin las dos familias se conocerían


viernes, 13 de abril de 2012

EL PRIMER AMOR -2ª PARTE CAPITULO IV-EL TRASLADO

- CAPÍTULO CUARTO.

- EL TRASLADO.

Cuando tía y sobrina se personaron para iniciar su jornada laboral se encontraron con la sorpresa. Su primera misión. Trasladarse a París con Linda en un avión privado contratado por José. Instalarían a mamá en el hospital y ellas se podrían a trabajar codo a codo con el equipo contratado. No se podía esperar más. La nueva empresa se ponía en funcionamiento.

Una nueva casa de modas. "Modas Revaud" abría sus puertas. Parte del equipo llevaba las gestiones bastante avanzadas en la capital.

Lo primero fue instalar a Linda. Aquello parecía un hotel de cinco estrellas y al traspasar el umbral de la entrada se quedaron mirando a José. En sus rostros se reflejaban el asombro y admiración hacía aquel personaje e incrédulas ante los últimos acontecimientos vividos. Al cruzar sus miradas, toda la gratitud hacia ese hombre, se reflejaba en ellas.

Hospitalizada Linda, subieron al coche y se aproximaron a los pisos alquilados por la empresa, cercanos al hotel donde se alojaba él. Unos dúplex con despachos y talleres para el diseño en una planta y la vivienda en la otra. Caterine y Brisite se instalaron en uno de ellos y de inmediato se pusieron a trabajar. José se despidió hasta la hora de la cena y fue a su hotel, donde pudo asearse, descansar un poco y ponerse en contacto con su familia.

Aquella primera semana fue muy dura, estuvo entre la vida y la muerte en varias ocasiones y solo las inmensas ganas de vivir, al contemplar a su hija y hermana en tan buen estado, le mantuvo con vida. José iba y venía de París a New Ville para montar el negocio y al mismo tiempo, “visitar a su esposa”.

Al llegar el sábado, con anterioridad llamó a Silvia para reunirse en Lyón y de ahí partir juntos a París. Le contó lo sucedido por tanto cuando le preguntaran por su corazón saber que contestar.

Le chocó todo aquel tinglado montado. Su marido era una persona que iba siempre directa al grano y en esta ocasión lo rebuscó mucho. Pero su fe ciega en él, dio como buena la estrategia montada.

Al presentar a su esposa, sobrina y tía, quedaron maravilladas. “Que elegancia. “Que gusto más refinado”. Fueron los pensamientos rondando en sus cabezas al conocerle. De una altísima posición, de una cultura elevada y de una sencillez admirable. Se alegraron de verle repuesta y en tan buen estado de salud.

El día lo pasaron juntos y pudieron convivir, conversar y conocerse un poco más. El salón de modas iba perfilándose y muchos de los consejos de Brisite fueron aceptados por el consejo delegado de la empresa Revaud.

Esa mañana se acercaron a la clínica para visitar como todos los días a Linda recibiendo una grata noticia. Los médicos consiguieron controlar la perdida de defensas y la paciente comenzaba a admitir algunos alimentos líquidos. Su estado era crítico, pero las esperanzas eran ahora mucho mayores que a lo largo de esa semana.

José solía sentarse junto a Linda, mientras ella le tendía la mano y con la otra empleando casi toda la fuerza que le quedaba acariciaba la de aquel milagroso hombre. Se alegró de conocer a su esposa y también le sorprendió gratamente su sencillez.

Ya conseguía seguir una conversación, siempre y cuando no fuera muy prolongada. Con frecuencia se quedaba dormida, pero sin soltar la mano de José. A Silvia le chocó ver a su esposo de la mano de aquella paciente y se enternecía al mirarle y verle feliz de poder ayudar a esa buena amiga. En las veces que sus miradas se cruzaron, el cariño, el afecto y la ternura de la pareja iban reflejados. Los asuntos en España iban a las mil maravillas. Sus hermanos se habían hecho cargo de todo y aunque estaba de vacaciones no había ni un solo día que no se interesara por la marcha del negocio familiar.

Silvia le comentó que sus hijos estaban algo enfadados con él por haberlos abandonado cuando más tiempo disponía para atenderlos. Pero ella le defendió a capa y espada y ahora al ver la maravillosa obra de caridad se sentía orgullosa de ser su esposa. En una de las ocasiones que Linda mantuvo una pequeña conversación con Silvia le confesó sentir celos de ella por tener aquel marido tan maravilloso. Sonrió y aseguró a la paciente ser muy dichosa por haberse casado con aquel hombre. El aspecto aunque cadavérico de Linda mejoró notablemente en esa semana.

Los médicos y José mantuvieron una larga entrevista. Ya iba siendo hora de realizar algún tipo de ejercicio, por parte de la paciente. Aconsejaron que comenzara a realizar algún tipo de movimiento. José, cuya especialidad era la de recuperar enfermos con problemas de movilidad acordó con el equipo medico iniciar ejercicios suaves en la piscina y se comprometió personalmente a realizarlos diariamente.

Fueron unos días encantadores. Silvia, aunque de otra manera, pasó un fin de semana en París maravilloso. Pero al llegar el lunes regresó a casa con sus hijos.

Los diseños presentados por Caterine y Brisite encantaron al equipo directivo y junto con los de otros diseñadores se dispusieron a preparar la presentación de la firma Revaud en París.

Ese lunes Brisite pasaría el día con Linda, mientras Caterine se desplazó en compañía del matrimonio al aeropuerto. Silvia cogía el vuelo a la capital española mientras la joven y José volaban a Lyón por asuntos de la nueva empresa. Le invitó a comer en un restaurante, pero le confesó su deseo de ir al apartamento y prepararle la comida. Así pues pusieron el coche en dirección a casa.

Nada más cerrar la puerta le ayudó a quitarse la chaqueta, luego personalmente le deshizo el nudo de la corbata. Sus ojos miraban fijamente a su amigo. Se notaba la chispeante mirada de una enamorada. Se dio cuenta. Le detuvo con delicadeza, con dulzura, muy característico en él. Impidiéndole continuar.

- Ve y cámbiate.

Comentó a la vez que se aproximaba al mueble bar para servirse una copa.

- ¿Te preparo una?

Tras la confirmación sirvió dos.

Caterine se había enamorado locamente de aquel hombre y sentía como el afecto y cariño hacia él aumentaban por segundos. Se sentía enormemente feliz a su lado. El solo roce de sus manos alteraba todo su cuerpo. Había ganado peso y las sesiones de peluquería, masaje y gimnasio mejoraron considerablemente su ya escultural figura. Hacía ejercicios físicos todos los días y su cuerpo adquiría la consistencia y dureza propia de una joven de su edad. Salió de la habitación con una blusa blanca bordada de una suavidad y transparencia escandalosas. Solo se había abotonado el botón del centro, dejando al descubierto su diminuta ropa intima y permitiendo airear aquellos redondos y firmes senos. Quedó impresionado. Cerró por unos instantes los ojos y pensó estar viendo a Linda entrando en su tienda aquel lejano verano. Se alteró, pero pronto consiguió controlarse. Sentados en los sillones del salón conversaron sobre asuntos de trabajo y como no de mamá. Caterine se pasó un poco con la bebida, pero especialmente al no haber comido nada desde la noche anterior. La cabeza se le fue y sus mecanismos de defensa fueron desapareciendo. Comenzó a expresar a José todo el cariño reprimido hasta el momento. En uno de los gestos, ella se había sentado sobre las piernas y abrazaba a su amigo mientras aquellos embriagadores pechos se perdían en su cara. Se daba cuenta que su parte animal comenzaba a reaccionar, su organismo comenzaba a alterarse y era consciente que Caterine también lo estaba percibiendo. Con el cariño que tanto había entusiasmado a la joven comentó.

- Mi pequeña, tengo tres hijos mayores que tú. Como hombre me atraes. Creo que está más que demostrado. Pero pienso que ese cariño y afecto que sientes por mi lo estas confundiendo con el amor entre parejas, o incluso simplemente con el sexo.

Entonces le alivió su corazón. Lo deseaba como hasta la fecha no había deseado a un hombre. Cuando pronunció esas palabras. Retiró a la joven de sus piernas, se puso de pie y tomando su cara, con las dos manos, comenzó a lanzarle un discurso que más bien parecía el de un padre a una hija, que el de un posible amante.

Los razonamientos y explicaciones de uno y de otro duraron hasta percibir sus pituitarias el olor a chamuscado. La comida se les había quemado. Sonrieron, ella se abrazó a él y trató de besarlo. Él posó sus labios en su mejilla e intentó calmar aquella pasión. Por fin, se puso algo más serio.

- Has conocido a Silvia. ¿Piensas que ella se merece que yo le sea infiel?

Esas palabras frenaron a la joven. Sintió vergüenza por su comportamiento. Se abrazó y al tranquilizarse, sacó unas latas, queso, mantequilla y otros alimentos de la nevera y prepararon entre los dos la comida.

Por la tarde sentados juntos en el sofá del salón comenzaron a plantearse los proyectos de la empresa de modas. Caterine le comentó que la firma Pierre Valery pertenecía a su padre y muchos modelos presentados por esa firma fueron diseñados años atrás por mamá. Durante la conversación se enteró que los modelos los registró Linda en su día. De inmediato cogió el teléfono y comenzó a contactar con los profesionales de la moda y con sus abogados para tratar de averiguar que posibilidades legales había para devolverle al señor Pierre el pago, con la misma moneda.

Cuando la tarde iba perdiendo su nombre regresaron a París y desde el aeropuerto se acercaron al hospital para que Brisite se pudiera duchar y relajarse un poco. A Linda le tocaba su primer baño. Así pues entre hija y amigo le llevaron a la piscina. Caterine ayudó a ponerse el bañador y luego salió, con su madre en la silla de ruedas, a la pileta. Allí le estaba aguardando José dispuesto a iniciar la primera sesión.

Linda cogida de los brazos de José comenzaba a dar sus primeros pasos en el agua, con alguna dificultad para mantener el equilibrio. Fueron varios ejercicios sencillos y de poca duración. Pero Linda termino cansada de aquel esfuerzo físico al que le sometía su amigo. Pero se sentía por otro lado enormemente contenta y feliz de haberse podido mantener aunque fuera por espacio de unos segundos ella sola de pie en la piscina.

Al terminar la sesión de trabajo y mientras su hija le vestía, comentó.

- Tengo la sensación, como si conociera esa mirada. Como si la hubiera visto anteriormente.

Se refería a José.

- Creo haberla visto, pero no recuerdo donde ni cuando.

El trabajo llegó a ocupar el tiempo de las dos mujeres y una de las tardes que le tocaba piscina, no se presentaron. Allí se encontró José solo ante aquella difícil situación. Ni corta ni perezosa dirigiéndose a su amigo le dijo.

- José ayúdame. No tengo el menor reparo en que me desnudes y me pongas el bañador.

Temblaba mientras iba quitándole la ropa. Su corazón latía con mayor rapidez. Cuando el cuerpo desnudo de cintura para arriba se encontró con su mirada, se estremeció. Aquellos pechos tersos suaves, redondos y cálidos que recordaba, eran en esos momentos dos bolsitas de té, además escurridas. Eran piel prácticamente. Sintió un dolor muy fuerte en su corazón, no podía dar crédito a sus ojos. Le costó rehacerse, pero con un gran esfuerzo lo consiguió. Linda no apartaba la mirada de su amigo, sabía que lo estaba pasando mal. Pero ella también se sentía algo violenta. Le desnudó completamente y le puso el bañador. No podría olvidar en su vida aquel cuerpo desnudo y el mal trago pasado.

- Doy asco. ¿Verdad?

Fueron las palabras que le sorprendieron. Se había quedado inmóvil. No sabía como reaccionar. Por fin se abrazó a ella mientras decía.

- Después de Silvia eres la persona que más aprecio en este mundo. No me preguntes porque, no sabría que contestarte, pero has de saber que eres maravillosa. Sigue con esas ganas de vivir y conseguiremos vencer a la enfermedad.

Sus ojos estaban bañados en lágrimas, cuando lograron verse entre las turbias miradas, se sorprendieron al comprobar como su pareja estaba en las mismas circunstancias. Se abrazaron y lloraron hasta desahogar toda esa tensión acumulada.

La clase se realizó con normalidad y al finalizar, José le ayudó a ducharse y vestirse. Cuando estaban preparados para regresar al hospital, Brisite llegó corriendo como una desesperada. Estuvo trabajando y olvidó la hora.

- ¿Da tiempo a bañarse o esperamos a mañana?

Cuando se enteró que José le había asistido para vestirse y desvestirse se quedó sorprendida. Los miró. ¡Han llorado! Exclamó en su interior, sin poder contener ese primer impulso se abalanzó sobre José y lo besó con verdadera ternura y cariño. Aquella persona no podía ser nada más que un ángel enviado del cielo. No le entraba en la cabeza que un ser de este planeta y más con la posición social realizara algo como aquello.

Ya en el hospital se les unió Caterine. Venía insultante de felicidad, había ideado una serie de modelos de los que ella misma estaba impresionada, pero su alegría fue superándose cuando el equipo consejero los aplaudió y admitieron para la colección de invierno. Linda percibió como su hija miraba a aquel hombre. Todos lo admiraban pero su pequeña lo hacía de una forma especial, sospechando, no sin razón, que sentía algo más que gratitud y admiración por él. Lo cierto es que no le disgustó. No le importaba la diferencia de edad. Aquel hombre sería maravilloso para cualquier mujer. Pero luego se entristeció. Era casado y tenía una mujer encantadora y por lo que pudo observar ambos se querían con verdadera pasión. En un momento, cuando no se encontraban en la habitación ni José ni Brisite, le comentó lo observado. Estaba en lo cierto, pero no podía evitar pensar en aquel hombre sin asociarlo a poseerlo y poderle ofrecer todo su ser. Conversaron largamente y Caterine le confesó el incidente en el apartamento.

- Es un auténtico caballero.

Comentó Linda cuando su hija le terminó de relatar la comida realizada en casa.

Los días pasaban y la salud de Linda iba cada vez a más. Lo estaba pasando muy mal, pero al ver el resultado, merecía la pena tanto sufrimiento. Su cuerpo iba adquiriendo carne, su pelo comenzaba a crecerle de nuevo y se encontraba con fuerzas para incorporarse y sentarse. Andaba ya sin problemas en el agua. Fuera de ella aún le costaba mantenerse en pie por sí sola.

Por fin llegó el día de regreso a New Ville. Linda debía ir a París un fin de semana al mes para los pertinentes controles y seguir estrictamente el tratamiento aconsejado por el equipo médico.

Cuando las tres entraron en el apartamento se abrazaron y lloraron hasta que no tuvieron fuerzas para más. Linda aún iba en silla de ruedas, pero avanzaba a pasos agigantados.