sábado, 31 de marzo de 2012

EL PRIMER AMOR -2ª PARTE

- CAPÍTULO SEGUNDO.

LA RESOLUCIÓN.

Esa mañana les costó levantarse ya que era imprescindible madrugar. Su vuelo con destino a Madrid salía a las once de la mañana y les esperaban unos cuantos kilómetros por carretera hasta el aeropuerto de Lyón. De allí, en avión, a casa.

Las manecillas del reloj señalaban las diez horas, de esa espléndida mañana de verano, en el preciso instante que descendían del coche ante la puerta de salidas internacionales donde el chofer se detuvo. Presto a su trabajo un mozo les portó el equipaje desde el maletero a facturación. Con la carta de embarque y los correspondientes resguardos entraron en la cafetería a tomar un tente en pie. Transcurridos unos vente minutos, la megafonía del aeropuerto anunciaba la puerta de embarque de su vuelo. Abrazados, como dos tortolitos, se encaminaron a la puerta anunciada para emprender el regreso a casa.

El viaje, tranquilo, corto y sin el menor altercado los condujo hasta el aeropuerto de Barajas donde se pudieron abrazar a sus hijos y yerno. Sé les veía radiantes de felicidad. Sus almas emanaban ternura, cariño y un amor casi infinito, cosa que no paso desapercibida por sus familiares que así se lo manifestaron. Parecían una pareja recién casados regresando del viaje de novios. Recogieron el equipaje y en los coches pusieron rumbo a la mansión de la familia.

Fue Elena, quien recriminó a su madre por facilitar a papá el camino para indagar sobre Linda.

- Yo ni por casualidad se lo permitiría a Carlos. Es más la sola proposición me pondría en guardia y dejaría las cosas muy claras.

Protestaba su primogénita al escuchar la confesión de sus padres. Silvia con la dulzura, tranquilidad y cariño le respondió.

- Quiero a tu padre, como nadie se lo puede imaginar. Sus preocupaciones, sus angustias, su felicidad. Todo absolutamente todo lo he compartido, lo comparto y lo compartiré hasta el final. Y si algo le hace sentirse mejor procuraré, si está en mis manos, ayudarle. Lo único importante es su felicidad. Si él es feliz, también lo soy yo.

El intercambio dialéctico se desató en el grupo familiar. Solo Reme, la pequeña, apoyaba a su madre. José permanecía expectante observando a su familia y escuchando los argumentos de unos y otros. Jorge, su único varón, en una de sus intervenciones puntualizó.

- A mí me gustaría encontrar una mujer como mamá. Es fabulosa, te proporciona hasta la posible amante.

La frase punzante de Jorge elevó la intensidad del debate familiar. Su madre haciendo gala de sus cualidades, mostraba la plena confianza en su marido.

Durante la comida y la sobremesa la conversación giró en torno a la polémica desatada. Pero también hubo momentos donde pudieron relatar, a sus hijos, lo gratificante y maravilloso del viaje. Ese descanso los devolvía frescos. Con ganas de luchar y seguir al pie de la brecha. Cuando la discusión fue menguando, sobre el asunto Linda, alguien recordó que faltaban quince días para iniciar las vacaciones. Elena y su marido decidieron ir con todos a la finca de la playa. Silvia propuso ir el siguiente fin de semana con Elena. Debían poner al tanto al servicio y tener todo preparado para cuando la familia se desplazara. Sabían, por experiencia, la imposibilidad de ir los dos, pues tras aquella semana de relax era imprescindible controlar los negocios y tenerlo todo solucionado para las vacaciones. Por ello José y Carlos no les acompañarían. Reme y Jorge tenían a los amigos en la capital y prefirieron quedarse en casa con su padre.

Esa semana fue bastante dura. Surgieron una serie de problemas que precisaban una pronta solución. José tuvo que requerir a Silvia. Pues en alguno de los temas estaba mejor preparada que él. Por lo tanto casi toda la semana les tocó trabajar de lo lindo. Contactaron con sus hermanos Andrés que dirigía en Barcelona y su hermano Alfredo que hacia lo mismo con la de Valencia. Pronto se solucionaron las pegas. La eficacia, tesón y voluntad de los dos consiguieron que las cosas volvieran a funcionar por sus cauces normales.

Jorge solía ir alguna que otra vez, especialmente en épocas de vacaciones, y aunque no se solía meter mucho en el negocio al menos iba a la sección de informática. Allí preguntaba a uno y a otro sobre el funcionamiento de determinados programas que llamaban su atención. Pasando unas horas maravillosas y de paso aprovechaba la ocasión para saludar a sus primos.

Ese viernes José salió de su despacho, recogió a su mujer e hija y les acercó al aeropuerto. Una vez consignados los equipajes, como había tiempo, fueron a la cafetería y tomaron unos helados. Silvia preguntó a su marido por el señor Doufeaux.

- No hay novedad.

Conversaron sobre los detalles a revisar en Javea. Especialmente el tema de las embarcaciones. Nunca tuvieron problemas con sus empleados y cuando acudían a descansar las cosas funcionaban a la perfección. Pero no era menos cierto que alguien se adelantaba para tener todo a punto. Cuando madre e hija entraron por la puerta de embarque José se despidió y regresó a casa.

Durante el viaje las señoras mantuvieron una grata conversación con una pareja de turistas nórdicos interesándose por los lugares más recomendados. La conversación tomó mayor aliciente al confesar su hoobie. Eran verdaderos aficionados a la vela. Al llegar al aeropuerto de Alicante y tras recoger los equipajes los dos jóvenes fueron invitados por sus compañeras a conducirlos hasta el hotel de destino, pues no estaba muy lejos de donde tenían la finca.

Les recogió, Ramón, el administrador en Alicante y responsable de los diferentes negocios del matrimonio en la zona. En primer lugar dejaron a los turistas en su hotel para luego instalarse en casa.

Cuando a la mañana siguiente se levantaron pudieron comprobar el buen estado de su lugar de descanso. Aquello era una verdadera mansión. Disponían de una extensión equipada con varias instalaciones deportivas. Un fresco y acogedor jardín cuidado con verdadero cariño y profesionalidad rodeaba la casa principal. Allí todo estaba en orden por ello decidieron subir a uno de los coches del garaje y visitar la finca. Una propiedad rodeada por una valla que delimitaba cerca de mil hectáreas de terreno. Un par de huertos uno de árboles frutales y el otro de legumbres propias de la región junto a un frondoso bosque de pino mediterráneo. En la parte mas alejada de la casa estaban las caballerizas. La familia era aficionada a la hípica y Elena no se resistió a montar en su hermosa yegua "Estrella". Su madre le acompañó, dando un pequeño paseo por los terrenos. Hacía tiempo que no cabalgaban y aunque el sol apretaba de lo lindo, disfrutaron de su montura un rato.

Al llegó la hora de la comida decidieron acercarse al club náutico. Era una de las cosas que más agradaban a José. Hasta el momento todo estaba perfecto. Solo les faltaba revisar las embarcaciones. Reservaron mesa en el restaurante y se acercaron a sus amarres para preguntar por su estado.

Disponían de un lujoso yate con las habitaciones necesarias para toda la familia y algún invitado más. Luego estaban las dos fuera bordas y las motos acuáticas. El encargado del material les comentó que todo estaba para utilizarlo de inmediato. Solo una de las motos se encontraba en el taller reparándola.

Durante la comida se les acercó un joven. Cual fue su sorpresa al ver frente a ellas a Jonathan uno de los jóvenes nórdicos compañeros de viaje en el avión. Tras el saludo les invitó al café. Se sentaron en una mesa de la terraza con vistas al puerto deportivo. Jonathan era ingeniero naval y ese mismo curso finalizó su carrera. Trabajaba con su padre. Un importante armador noruego. Confesándoles su pasión. La construcción de una embarcación para la copa del mundo de grandes veleros y su proyecto lo estaba llevando a la práctica. Su amigo, compañero de la universidad, trabajaba con él en el mismo proyecto y dedicaban cada momento del día a su sueño. Se tomaron unos días de vacaciones después del apretado curso y se disponían a coger fuerzas para comenzar. Elena tonteaba con los jóvenes y cuando estos les propusieron navegar un rato esa tarde, adelantándose a su madre, que iba a rechazarlo con delicadeza, aceptó encantada. Antes de embarcase las señoras entraron en el servicio.

- Elena.

Comenzó hablando su madre.

- Eres una recién casada y...

Su hija, no le dejó finalizar la frase.

- No te has dado cuenta que se entienden y compenetran en todos los campos.

- ¿Son Gays?

Preguntó ingenuamente su madre. Su hija había dado en el clavo, a pesar de la enorme discreción de los muchachos.

Fueron al embarcadero y subieron en un lujoso velero. Pasaron una tarde deliciosa y aunque mantuvieron una conducta exquisita hubo pequeños detalles que confirmaron sus sospechas.

Al regresar a casa, Silvia, telefoneó a su esposo. Fue una conversación llena de afecto y cariño, asegurándole que todo estaba en orden. Él le contó que esa mañana había recibido noticias del señor Doufeaux, dándole más datos sobre la investigación. En concreto había localizado a Brisite, su hermana. Pero el domingo a su regreso tendría tiempo de darle toda la información. Ella le confesó la aventura con los jóvenes noruegos. Bromearon sobre el asunto y se despidieron hasta el día siguiente.

José y Carlos esperaban en la puerta de llegadas nacionales. Pronto hicieron acto de presencia y tras los oportunos saludos subieron al coche y regresaron a casa. Durante el trayecto las bromas, en torno a la conquista de ese fin de semana, se desataron y pasaron el trayecto hasta casa sonriendo.

En la sobremesa de la cena José le informó de las nuevas pesquisas del señor Doufeaux. Los problemas económicos de Linda eran graves y confidencialmente consiguió averiguar que tenía SIDA. Su estado de salud peligraba por momentos. Su hija, una chica de una impresionante presencia, reflejaba la falta de cuidados y de alimentación. No tenían dirección fija y con toda seguridad se dedicaban a vagabundear por las calles. Logró contactar con Brisite la cual pasaba también por una situación económica muy difícil y con toda probabilidad perdería su casa de Anency, pues las deudas le podían. Trabajaba esporádicamente a horas en una empresa de limpieza. Estaba divorciada desde hacía muchos años, y no tenía más familia que su hermana. No consiguió averiguar donde podía localizar a Linda, pues su hermana, solo sabía de ella cuando le ingresaban en el hospital donde llamaba o pasaba con asiduidad para poderse poner en contacto con ella. Él, aunque por otro lado, seguiría investigando, haría lo mismo que Brisite y en el momento que le ingresaran le telefonearía con urgencia. Normalmente siempre que regresaba al hospital era como consecuencia de alguna crisis y solía pasar al menos dos ó tres semanas.

Las noticias les había encogido el corazón. José consultó con su mujer para ir en ayuda de aquella antigua amiga, en el momento que el señor Deufeaux le informara del ingreso de Linda de nuevo en el hospital. Silvia, no solo consintió, rogó a su marido que lo hiciera. Si algún amigo suyo se encontrase en una situación similar también iría en su ayuda. Se besaron y animó a su esposo, sabía muy bien que aquello le había afectado como si de un familiar sé tratarse. Aún a sabiendas de transcurrir casi treinta años sin noticias. Ya en la cama los dos prosiguieron comentando el tema y Silvia le puso al corriente sobre el estado del lugar de veraneo. Abrazados les sorprendió el sueño.

Cuando a la mañana siguiente José se despertó, permaneció observando a su mujer hasta que abrió los ojos. Estaba orgulloso de ella y la quería como hasta la fecha ni sospechaba. Siempre se habían llevado bien y las típicas discusiones o enfados no duraban nunca de un día para otro. Se prometieron no esperar a una nueva jornada sin haber resuelto sus diferencias en el día. Durante esos escasos sesenta minutos José pensó en Linda y en el estado en el que se encontraba. Se le ocurrió presentarse sin que supieran quien era y desde el anonimato de su identidad ayudarles en todo lo posible. Lo primero era averiguar la causa que le llevó a esa situación. Cuando en un principio parecía tener una gran posición para luego tratar de recomponer su vida anterior. Cuando Silvia se despertó, se besaron y José le comunicó sus intenciones. Con la dulzura y cariño de siempre comentó.

- Sabes que estoy contigo y cualquier decisión que tomes es la mía.

Tras ducharse y vestirse José llamó al Sr. Doufeaux, le comentó sus inquietudes y aunque no lo tenía completamente claro, por lo investigado hasta el momento, la causa del problema fue la separación y el principal culpable su ex marido. Quien se hizo con el control total de la empresa. En la actualidad disponían de una sucursal en New Ville, pero figuraba con otro nombre. La sede central la tenían en París donde estaba prosperando como una de las mejores marcas de moda en el mundo. Le aseguró que antes de terminar esa semana tendría con detalle toda la información al respecto.

- Y tenga por supuesto Don José que cualquier nueva noticia la recibirá puntualmente.

De eso no le cabía la menor duda. La recepción del hotel supo elegir a un gran profesional y de ello se daba cuenta ahora.

Comenzaban a unirse los cabos de aquella cuerda hecha añicos. Las informaciones recibidas iban componiendo paso a paso los últimos quince años vividos por su primer amor. Poco a poco iba tomando cuerpo la historia y José conforme las noticias le llegaban comenzaba a preparar la estrategia. Se hizo con los servicios de importantes asesores sobre moda y les hizo viajar a París para averiguar la situación de la empresa del ex marido de Linda. No lo tenía del todo claro pero desde luego se movía con rapidez y principalmente con inteligencia. Era una persona meticulosa, calculadora y jamás escatimaba el mínimo esfuerzo, cuando pretendía conseguir algo. Ese tesón le llevó al éxito profesional y empresarial.

Estaba dispuesto a devolver a Linda a su posición en el mundo de la moda. Mermando la impresionante subida de su ex marido.

viernes, 23 de marzo de 2012

EL PRIMER AMOR -2ª PARTE CAPITULO I-LA INVESTIGACIÓN

- CAPÍTULO PRIMERO.

- LA INVESTIGACIÓN.

Los cimientos económicos de la familia se consolidaron definitivamente. Proporcionando a la familia estabilidad y garantía ante cualquier situación prevista o no.

El tiempo a la investigación aumento considerablemente en ese último trimestre del año. Pero esas horas a su pasión, la medicina de investigación, las pudo repartir atendiendo a su familia y especialmente a su esposa. Pues a pesar de estar trabajando esos veinte últimos años codo a codo no disfrutaron ni un solo fin de semana para dedicárselo a ellos. Ahora dejaban a sobrinos y contratados el trabajo de quirófano y recuperación. Dedicándose ellos a la investigación y dirección. Si bien, su horario era flexible, nunca andaba por bajo de las ocho horas. Eso si, ahora los fines de semana eran para descansar. Además tenían la posibilidad de ausentarse unos días sin el menor problema. Todo un lujo después de jornadas agotadoras.

Una noche mientras realizaban la sobremesa acordaron tomarse una semana al mes, para relajarse, realizar algún viaje o disponer de tiempo libre para disfrutarlo a solas. Durante la conversación pensaron en el momento más propicio para iniciar su proyecto de descanso. Sería tras la celebración de la boda de su mayor. Sus tres hijos, con la excepción de la cena, que era sagrada, hacían su vida. La mayor terminaba el MIR, especializándose en cirugía cardiaca. Y a principio del verano había fijado su enlace matrimonial. El pequeño cursaba primero de ingeniería superior de telecomunicaciones. Mientras la mediana, una autentica maquina para los estudios, era tan inteligente como su padre, compaginaba la abogacía con la economía. Estudiando segundo de derecho y tercero de económicas.

Por fin llegó esa deseada semana de descanso. Decidieron disfrutarla en Francia. Habían planificado realizar su estancia entre la capital y la bella localidad alpina, junto a "Le Lac Bleu", New Ville, próxima al Mont Blanc.

Fue Carlos, su yerno, en compañía de su esposa quien los llevó hasta el aeropuerto. Cuando facturaron el equipaje y se disponían a entrar por la puerta de embarque designada se despidieron.

Una vez acoplados en sus respectivos asientos, el vuelo fue tranquilo y sin incidentes. El descanso se iniciaba permitiendo al matrimonio cargar pilas después de tantos años de intenso trabajo. Los tramites de la aduana en el aeropuerto parisino transcurrió con normalidad y un taxis los llevó hasta su hotel, de gran lujo y confort, próximo a la Torre Eiffel.

José dominaba el francés y no encontró el menor problema para relacionarse. Su mujer, aunque no lo dominaba igual, si se entendía y cuando encontraba alguna dificultad lo hacía en ingles solucionando esos pequeños inconvenientes.

Ese primer baño en el hotel fue relajante. Hacía tiempo que no habían estado con esa tranquilidad y disfrutaron de sus cuerpos, de la paz y del silencio de aquella situación prolongándola hasta la hora del almuerzo. Comieron en un restaurante típico y por la tarde visitaron la ciudad con la ayuda de un coche con chofer alquilado para su desplazamiento. Cenaron en el Sena a bordo de uno de los numerosos restaurantes flotantes y asistieron al concierto de la orquesta de París.

Silvia se había ido haciendo poco a poco más espacio en su corazón. Su mujer, a pesar de los años se mantenía en una condición envidiable, poseía un cuerpo escultural, y le llenaba plenamente en todos los campos. La quería con verdadera devoción. Los avatares de la vida los había unido como a pocos matrimonios. Sus amistades envidiaban la maravillosa relación existente entre ambos. Y aunque, especialmente Silvia tuvo numerosos admiradores, los celos nunca surgieron en la pareja. Era tal la confianza mutua que en muchas ocasiones su familia y amigos no llegaban a comprender esa seguridad del uno en el otro.

Su último día en París, ella entró en una tienda de modas, para adquirir unos modelos, para obsequiar a sus hijas y de paso ver algo para ella. Mientras su querida esposa seleccionaba los regalos, José se sentó en una cafetería al aire libre, de las numerosas terrazas de la gran avenida. Una joven pasó junto a su mesa donde esperaba, cuando tropezó con su silla y fue a caer al suelo. De inmediato se levantó y ayudó a la joven a incorporarse. Cuando sus miradas se cruzaron, tenía ante sí a Linda, se quedó inmóvil. Fue la joven quien le sacó del trance.

- Ya estoy segura en la silla, si lo desea puede soltarme.

¡OH maravilla de voz! ¡Era ella! Pero si en la actualidad, contaba con la misma edad que él. Y aquella aparición no pasaría de los dieciocho.

Le costó reaccionar, pues su mente en esos momentos no estaba ni en ese instante ni en ese lugar. Había viajado a cientos de kilómetros, a la friolera de casi treinta años atrás. Cuando consiguió volver, se disculpó interesándose por su estado. Ante la afirmación “Todo marchaba bien” le invitó a tomar algo mientras trataba de aclara las circunstancias que le llevaron a quedarse bloqueado. Con la sonrisa a flor de labios escuchó atentamente las explicaciones de aquel maduro y apuesto hombre. En repetidas ocasiones sus miradas y sonrisas se intercambiaron, a lo largo de aquella leve conversación. No podía dar crédito a sus ojos. La enorme coincidencia física de aquella mujer, con la imagen en el recuerdo de su primer amor, era sorprendente. Pero cuando se despidieron, solo se quedó con el relato. Ni siquiera se presentaron. Fue tan rápido, tan fugaz que cuando se quedó solo no sabía ni su nombre.

Aquella joven y el incidente le habían recordado a Linda. Por ello cuando se volvió a sentar la tranquilidad y sosiego de esos momentos, permitieron a su mente recordar viejos tiempos. La figura de Linda se le hizo presente y esos años compartidos durante los veranos los repasaba con perfecta claridad. Sintió como aquel primer amor, profundo y sincero, ocupaba, a pesar de los años, un gran hueco en su corazón. Sus recuerdos fueron, en concreto, a la friolera de treinta años atrás, cuando él y Linda paseaban por la playa, o movían sus esqueletos en alguna discoteca.

Al colocar con la dulzura de siempre sus labios en los de él. Silvia consiguió devolverlo a la realidad presente.

- Ya tenemos un detalle para las pequeñas.

Comentó, tras el beso a su marido. Se sentó junto a él y escuchó lo sucedido con la joven y su enorme parecido con Linda.

- ¿Te acuerdas de ella? Hemos hablado varias veces de esa época.

La respuesta fue afirmativa. Era el primer amor de su marido y ese nunca se olvida. Según dice la gente. Se conocieron en un verano y fue el amor de adolescencia de su esposo. Reflexionó un poco y se dijo para sí. "Pues lo cierto es que yo tampoco he olvidado a mi primer amor". Sonrío. Volvió a besar a su marido y prosiguió la conversación.

Al llegar al hotel él seguía dándole vueltas a la cabeza. A las vivencias de aquellos veranos con Linda. Le hizo irse tan lejos que en varias ocasiones su mujer le llamó la atención para recibir una respuesta o simplemente para acompañarle. Por fin con la dulzura, sencillez y delicadeza. Comentó.

- Mi amor. ¿Te preocupa algo?

Sin darle tiempo a responderle y siguiendo la intuición femenina comentó.

- ¿Tiene la culpa Linda?

José se quedó sorprendido, como cuando pillan in fraganti a un niño con el bote de los caramelos, o la pastilla de chocolate. Balbuceó, unas palabras inteligibles, y por fin ella con cariño. Añadió.

- Vida mía, contrata a profesionales para informarte. Creo sinceramente que lo necesitas. Es más estoy convencida de la necesidad de encontrarte con ella. Sabes que si algo te hace feliz también lo siento yo.

No sabía como responder a su mujer. Su seguridad, el amor que le profesaba y su comprensión le provocaron un escalofrío agradable por todo el cuerpo. Se abrazaron, besaron, acariciaron y salieron de la habitación para ir a cenar. Era su última noche en París, a la mañana siguiente iría a New Ville para pasar el resto de la semana. Al cruzar la puerta se quedó parado. New Ville era la ciudad donde vivía Linda la última vez que contactó con ella por carta. Y la había elegido inconscientemente para disfrutar esa semana de descanso. Se lo comentó a Silvia en el ascensor y de inmediato le propuso de nuevo la idea de buscar a un buen investigador para tratar de localizarle.

- Que mejor ocasión, que en New Ville, para contratarlo.

José estaba indeciso, pero tampoco se explicaba el porqué. Lo comentó y de nuevo insistió en su idea. Era la mejor forma para quedarse tranquilo. Cenaron en uno de los restaurantes de la Torre Eiffel y allí comenzaron a recordar detalles de Linda. Era imprescindible, recoger la mayor información posible, para facilitar al máximo la investigación del detective.

El avión les llevó hasta Lyón y de allí, en coche alquilado, a New Ville. Aquello era verdaderamente un paraíso. Junto al lago se extendía la población rodeada por la majestuosidad de Los Alpes, brindando un bello paisaje a sus visitantes. Fueron al hotel, se lo recomendaron en París, sin lugar a dudas el mejor de la localidad. Ciudad turística de invierno por excelencia. Si bien en el verano también se acercaba la gente, pues había animación. A pocos kilómetros se podía ir a las principales estaciones de esquí. En las de mayor altitud sus pistas estaban abiertas para poder seguir practicando el deporte de invierno.

Terminaban de instalarse en la habitación, cuando de recepción les comunicaron la presencia del señor Doufeaux esperándoles en la cafetería. José se sorprendió, pero cuando consultó con su mujer todo quedó aclarado.

- Cariño, no te lo he comentado pero al llegar solicité en recepción la localización, con urgencia, de un investigador privado. Con toda seguridad debe ser él.

Sonrió, tenía una mujer fuera de lo común, y a él no se le ocurrió otra cosa que pensar en Linda. Intentó dejar el asunto, pero ella conocía muy bien a su marido. Debía afrontar y solucionar cuanto le inquietaba. Siempre estaría a su lado para lo que fuera. Bajaron a la cafetería, las presentaciones de rigor y mientras pedían unas copas conversaron con el detective.

Les expuso las condiciones del contrato. No hubo la menor pega y lo firmaron sin reparo. El señor Doufeaux solicitó toda la información disponible. No era mucho pero aquel profesional aseguró ser suficiente. Los datos proporcionados fueron los siguientes. Se llamaba Linda Revaud. Nacida en Penot, donde vivió hasta los dieciséis años. Trasladándose con esa edad a New Ville donde vivió hasta los veinte. El verano, de su veinte aniversario, fueron las últimas noticias de ella. Era estudiante de filología española. Vivía con sus padres y una hermana llamada Brisite. Su dirección en Penot creía recordar que era Rue de la Paix, del número. No lo recordaba. En New Ville vivía en la Avenue du chateau d´eau, edificio los cisnes, o algo así. No había más datos, con eso debía descubrir si vivía, donde y cual era su situación actual. Rogó encarecidamente, no revelarle ningún dato en caso de localizarle. Su misión consistía en saber su situación actual.

El matrimonio se despidió de Sr. Doufaux, que tras recibir parte de sus honorarios, como estaba estipulado en el contrato, se puso de inmediato en marcha para cumplir su trabajo.

José y Silvia salieron del hotel camino de la estación de esquí "Las cumbres". Según la recepción del hotel las pistas en mejor estado por esas fechas. Pasaron el día en la montaña, donde comieron y practicaron el bello deporte blanco. Cuando la tarde iba dando paso a la noche, circulaban en coche de regreso al hotel.

El oportuno aseo y cambio de ropa, para irse a cenar a un bello restaurante a orillas del lago. A Silvia le apetecía bailar. No se acordaba de la última vez que pisó una discoteca o una pista para mover el esqueleto, pero consciente de no ser una actividad de la devoción de su esposo, al iniciar la frase se quedó sin terminarla.

- Ahora me gusta...

Esperaba con impaciencia el final de la frase, pero se encontró con sus labios. Disfrutó de la muestra de cariño y concluida le interrogó.

- Pero bueno. ¿Que es lo que le apetece a mi dueña?

Se resistía a confesar. Deseaba pasar una semana junto a él, sin la necesidad de verse forzados a realizar algo que no fuera de su gusto. Pero fue tanta la insistencia que al final claudicó.

- Pues te parecerá mentira, a mí también me encantaría.

Sabía a ciencia cierta que no era verdad. Pero se encontró en el coche y camino de una discoteca. Entraron, el ruido era infernal y el ritmo de aquella música, no se compuso precisamente para ellos y mucho menos para su adorado marido. Aun así, salieron a la pista y se pusieron a moverse. Él parecía un oso recién levantado de su periodo invernal pero aguantó el tipo y bailó hasta que a su encantadora esposa le apeteció. Se disponían a tomar asiento, cuando el ritmo de la música se hizo lento. Se miraron, como dos recién casados y abrazándose siguieron aquella romántica y dulce melodía.

De regreso al hotel Silvia abrazaba a su esposo, le agradecía la encantadora velada vivida. Estaba tan orgullosa y satisfecha de su compañero, que le compensó con muestras cariñosas no muy comunes entre los dos. Pero sabedora que a él le agradaban. Ambos recordarían aquella noche de "recién casados".

Al levantarse de aquella apasionada noche las muestras de cariño, de pasión y de entrega prosiguieron en la bañera con hidromasaje. Salieron envueltos en toallas al salón. El desayuno servido y listo para tomar. Junto al mismo una carta del señor Doufeaux. Silvia, tomándola de la bandeja, se la ofreció. Él se la devolvió invitándole a desenvolverla, para informarle de su contenido.

Muy Sr. Mío”.

Su contenido era escaso, pero aquel profesional les prometió enviarles puntualmente toda la información recogida día a día. Ciertamente estaba cumpliendo lo hablado el día anterior. Ya no vivía en la dirección proporcionada. Consiguió localizar el edificio en cuestión y pudo conversar con el conserje. Aclarándole varios detalles. Hacía diez años que no residían en el piso. Estaba casada y con dos hijas gemelas de dieciocho años en esos momento. El matrimonio se separó cuando las pequeñas contaban con ocho años. Repartiéndose la custodia de las niñas por decisión judicial. Bety se fue con su padre y Caterine con su madre. Tuvieron una posición económica excelente. Linda era propietaria de una firma de modas muy importante de la localidad. Pero tras la separación las cosas se complicaron. Llegó a una situación extrema perdiendo el piso. De su hermana Brisite desconocía su paradero. Pero iba a investigar en Anency, población cercana a New Ville, donde residía en un chalet. Al morir sus padres les dejaron a una el piso y a la otra un chalet.

La nota se despedía con los más cordiales saludos prometiendo nuevas noticias lo antes posible.

- Ya estas más cerca.

Comentó su mujer. Él se abrazó y tras besarle replicó.

- La estoy abrazando en estos momentos.

Sonrieron y repusieron fuerzas con el desayuno.

Ese día fueron al lago. Alquilaron una lancha y pasaron la mañana practicando esquí acuático. Recorrieron parte del lago y se bañaron en sus cristalinas aguas. Con la embarcación se aproximaron a uno de los restaurantes con embarcadero y después de la comida reanudaron su excursión. La siesta era sagrada en los días de descanso, por ello se adentraron en el centro del lago. Fijaron la embarcación dispuestos a reposar la comida y de terciarse dar alguna cabezadita.

Al regresar, por la noche al hotel estaban rotos. Fue una jornada agotadora. Pues salvo una hora reposando la comida no dejaron de esquiar sobre esa balsa de agua. Pidieron la cena en la habitación, pero prácticamente ni la tocaron. Picotearon algo antes de meterse en la ducha. Al salir del cuarto de aseo se dejaron caer, enrollados con las toallas, sobre la cama. Se abrazaron y a los pocos minutos estaban profundamente dormidos. La cena servida, sus cuerpos completamente desnudos sobre las toallas que yacían sobre la cama bajo sus cuerpos. Permaneciendo en esa posición hasta el día siguiente.

José llamó al servicio de habitaciones para retirar la cena y solicitar el desayuno. Como se les quedó corto, no en balde sus cuerpos no se reponían desde la comida del día anterior. Volvió a llamar y solicitó unas cuantas cosas más que les apetecían en esos momentos.

En recepción preguntaron por la localidad de Anency. Tras la información subieron al vehículo y decidieron visitar aquella localidad. Quedaron gratamente impresionados. Principalmente al recorrer la parte antigua de la ciudad. Se enteraron que en Francia le llamaban la Venecia francesa. Al llegar la noche, como junto al pequeño puerto deportivo se encontraban unos restaurantes flotantes, decidieron quedarse a cenar en uno de ellos y mientras llenaban sus cuerpos pudieron disfrutar de una visita nocturna a esa parte del lago.

En su última noche, a la mañana siguiente partían hacia Lyón para subir al avión y regresar de nuevo a casa con los suyos, decidieron visitar un café bar. Se trataba de un local donde se reunía gente madura y mientras tomaban una copa podían escuchar e incluso bailar en una pequeña pista. El principal atractivo era su música. De dos décadas atrás, de ahí la presencia principalmente de parejas de nostálgicos. Aunque se sorprendieron al ver algunos grupos de gente de la edad de sus hijos. Cuando comenzó a sonar una canción el matrimonio, como si los hubieran pinchado, al unísono, se levantaron y saliendo a la pista se pusieron a bailar. Era una canción de especial recuerdo. La primera que bailaron juntos años atrás. Cuantos recuerdos les traía aquella melodía. Muy abrazados y siguiendo con exagerada lentitud aquel ritmo comenzaron a recordar casi las mismas cosas. Su encuentro, sus inquietudes, su fugaz noviazgo, su matrimonio, sus hijos, sus dificultades, sus alegrías. En fin hasta aquel instante tan agradable que estaban viviendo en aquel momento. Regresaron al hotel muy tarde. José miró el reloj, cuando vio al señor Doufeaux esperándoles en los sillones de recepción del hotel, eran las cuatro de la madrugada. En ese momento se acordaron de su cita con él. Debía informarle sobre las investigaciones y recibir instrucciones de como y donde debía mandar las nuevas pesquisas que fuera descubriendo. El matrimonio partía al día siguiente para España y sé hacía necesario aclarar esos últimos puntos. Se disculparon con aquel gran profesional y sentándose junto al él comenzaron a solucionarlo todo.

No había mucho pero le informó que Linda tenía problemas de salud, si bien, no consiguió averiguar, de que se trataba. En el hospital estatal del cual consiguió la información, como norma de la instalación sanitaria, no se la proporcionaron. Tan solo consiguió sacarles que pasaba algunas épocas ingresada. También fue informado que siempre le acompañaba una joven. Sin lugar a dudas su hija y en ocasiones le visitaba su hermana. Con certeza se trataba de Brisite. Pensó de inmediato José.

- Creo que estamos cerca.

Comentó el investigador, al tiempo que añadía.

- Si hay suerte por medio de esta información podremos dar con todo lo que ustedes desean.

El matrimonio dejó, teléfonos y dirección, al eficiente profesional rogándole que cuando tuviera más noticias se la mandara con prontitud, por teléfono, por correo, por fax o medio informático. Pues tenía todas las posibilidades para realizarlo.

Cuando José se despedía del señor Doufeaux le entregó un billete. Aquel profesional con exquisita educación lo rechazó alegando que todo estaba cubierto en el contrato firmado. Insistió, pero de nuevo y con una cortesía fuera de lo común lo rechazó de nuevo. Se despidieron cordialmente y la pareja subió a su habitación para descansar unas horas antes de emprender el regreso.

martes, 20 de marzo de 2012

EL PRIMER AMOR -CAPITULO XVII- EL REGRESO

- CAPITULO XVII -

- EL REGRESO -

Al cumplirse un año de su llegada a Corea, Silvia estaba de seis meses. Unas importantes donaciones permitieron la construcción de un gran hospital, aumentando considerablemente el número de voluntarios sanitarios. El matrimonio había pensado renovar su compromiso y proseguir con aquella obra en un país extranjero. Pero una carta de la familia de José les hizo desistir.

Queridos hermanos:

La situación en la huerta es crítica. La última semana, entre el quince y el veintidós una serie de agentes meteorológicos han destrozado la mayoría de los invernaderos. Las cosechas se han perdido en más de un noventa por ciento. La granja ha sufrido importantes desperfectos y la situación sé esta volviendo insostenible. Andrés y Alfredo están dispuestos a renunciar al sueño qué tenéis juntos y aportar ese dinero para la reconstrucción de todo. Pero se precisa tu consentimiento y firma.

Sabes muy bien que si las circunstancias no fueran tan graves no te habríamos molestado. Pero es preciso que regreses a casa inmediatamente. Podemos aguantar unos meses, gracias a las empresas de distribución y de exportación, pero también peligran por la falta de materia prima. La desgracia ha afectado a la comunidad en general y las familias de la cooperativa lo están pasando muy mal.

Ya sabes que les estamos ayudando pero la situación no creo que la podamos aguantar mucho tiempo.

Por otro lado estamos deseando tenerte entre nosotros y conocer a tu maravillosa esposa.

Recibe un cariñoso abrazo de tu hermana

RITA.

La decisión no tuvo que meditarse mucho. Tratándose de alguien de la familia, José no lo dudaba, acudía al instante en su ayuda y su hermosa esposa solo deseaba estar junto a él. Se presentaron a Juan y tras relatar lo sucedido se despidieron prometiendo no dejar pasar mucho tiempo para volverse a reencontrar.

La noticia llenó de tristeza a los nativos de la población. Adoraban al matrimonio y aquella noticia les afectó mucho. Los llantos se escuchaban por donde pasaban y las muestras de agradecimiento eran constantes. Les costó mucho tener que dejar aquella tierra, se habían identificado con toda esa gente, manteniendo sus puertas abiertas, a la pareja, día y noche. Su sencillez y humildad había hecho mella en la población. La pista de aterrizaje de tierra se engalano. Parecía que llegaba el presidente de la nación. Miles de nativos de la localidad y de otras poblaciones se dieron cita para despedir a los doctores. Tanto José como Silvia tuvieron que improvisar un discurso para despedirse de toda aquella masa. Los aplausos vítores y demás muestras de cariño se desataron en el transcurso de aquella despedida. Una pareja de nativos, que no contaban con más de tres años, los dos con una pierna amputada y con un aparato ortopédico de invención de José se acercaron a la pareja con dos ramos de flores. Por sus mejillas corrían las lágrimas y en un perfecto castellano, debían haber ensayado durante horas, se despidieron del matrimonio con una frase que les llegó a lo más profundo de sus corazones, hasta tal punto que no pudieron contener las lágrimas. "Para nuestros papas extranjeros. Cada noche os recordaremos y pediremos a Dios que os traiga pronto de nuevo".

El matrimonio se despidió, mientras sus pañuelos enjugaban las lágrimas. Ver aquella despedida y el cariño de toda esa gente compensaba todas las penalidades pasadas. Se abrazaron y subieron a la avioneta con destino a la capital y de ahí a su país.

En la alquería estaba reunida toda la familia. La situación era critica hacía falta una cantidad considerable de millones para poner en funcionamiento nuevamente aquello. José habló con sus hermanos Andrés y Alfredo y el dinero ahorrado durante años lo entregaron para reponer los destrozos. Hubo que pedir un préstamo elevado dando como fianza los campos y las empresas de distribución y exportación. Todos los hermanos y el resto de las familias de la huerta arrimaron el hombro y con el esfuerzo común consiguieron levantar nuevamente aquellos campos prueba palpable de la huella de sus antepasados.

El sueño de José y sus hermanos tendría que esperar. Ahora lo importante era conseguir unos seguros que cubriera cualquier percance.

Fueron unos meses de trabajo agotador por parte de todos. Incluso Andrés tras los entrenamientos se acercaba al campo y trabajaba como el que más. Estaba agotado pero no dio muestras de debilidad ni un solo segundo. Y aquel imperio huertano surgió de sus cenizas y pronto la situación se normalizó.

Andrés no se resignaba a renunciar al sueño compartido con sus hermanos. Su contrato con el Valencia acababa. Le propusieron renovar y él estaba dispuesto a ello, pues no quería salir del club. Pero una oferta multimillonaria del Barcelona le hizo dudar. Solicitó una reunión con el presidente del club y le expuso la situación. No podían darle ni la mitad de lo que le ofrecían. No quería irse, pero eso supondría no poder iniciar con sus hermanos el sueño común. No lo pensó dos veces y esa misma semana en toda la presa deportiva se anunciaba el fichaje de Andrés Carbonell por el Barcelona. La condición principal exigida, para fichar, fue la entrega de las cantidades de la ficha, de las cinco temporadas firmadas, antes de iniciarse la primera. No hubo problemas y al mes siguiente de haber firmado tenía depositada la cantidad en el banco. Con el dinero de la ficha se compraron los terrenos y se construyó el centro de rehabilitación y cirugía en traumatología, así como la ciudad del deporte. Como llamaron al complejo deportivo médico. La inversión era muy grande, pero aún dio para poder asegurar todas las propiedades de la familia y quedar en paz con los bancos.

jueves, 15 de marzo de 2012

EL PRIMER AMOR CAPITULO XVI- EL ENCUENTRO

- CAPITULO XVI -

- EL ENCUENTRO -

Se pasó haciendo gestiones todo el mes de Septiembre. El dolor oprimía su corazón necesitaba con urgencia ahogar sus penas y emplear todas sus energías en ayudar a la gente. Se había apuntado a una organización humanitaria y estaba esperando destino para asistir a un país asiático en conflicto, donde las minas contra personas estaban haciendo verdaderos estragos en la población civil. Consiguió un año de excedencia y, por tanto, no se incorporaría de inmediato al trabajo.

Justo el día de su cumpleaños, sus veinte, salía en un avión militar con material médico hacia Corea. Los cursillos previos le habían puesto sobre aviso con lo que se iba a encontrar. Su familia intentó que desistiera de aquella aventura pero José necesitaba involucrase en algo que le permitiera curar aquella herida en su corazón. Estaba convencido que su única salida para tratar de cicatrizar era salir de país. Olvidarse de todo lo que le rodeaba y dedicarse de lleno hacia gentes extrañas.

Cuando el avión aterrizó en la capital caía una lluvia torrencial. Los cuatro sanitarios, junto con el equipo, se repartieron en los camiones repletos de material quirúrgico, poniéndose en marcha de inmediato. En un principio la circulación se hacía sin muchos problemas, pero cuando abandonaron la red principal y se metieron por las carreteras auxiliares en más de una ocasión tuvieron que bajar de los camiones para ayudarlos a salir del fango. Aquel infernal viaje duró más de diez horas y por fin llegaron al lugar de destino. El sol había hecho acto de presencia y fue más sencillo descargar todo aquel material.

José esperaba la ducha como agua se busca en el desierto. Cuatro pedazos de tela rodeaban un tablón en el suelo, bajo la terraza de un edificio de dos plantas sede del hospital y de donde unos nativos con unos cubos de agua los lanzaban para la ducha de los sanitarios. Cuando lo vio su primera intención fue renunciar, pero sin duda alguna, tarde o temprano la deberían utilizar. Y que mejor momento, que el presente, cuando el barro cubría todo su cuerpo. Se desnudó hasta quedarse en ropa interior, se metió en aquel cuadrado de madera, se quitó la última pieza aguardando el agua que le liberara del sudor y del barro que embadurnaban su cuerpo.

Cuando los recién llegados, tres hombres y una mujer, pudieron disfrutar de la única ducha de las instalaciones entraron en el edificio. En una sala, de reunieron, quirófano, conferencias, etc., depende para lo que se precisara en el momento, el jefe médico de la zona los saludo y explicó la marcha del centro sanitario.

Tres médicos, contando a Pepe, era todo el personal de carrera superior encargado de atender aquella extensa zona del país. Uno se encontraba en otra instalación a veinte kilómetros de aquel lugar. Los otros tres compañeros de vuelo eran enfermeros especializados. Su misión era la intervención y rehabilitación de civiles, víctimas de las minas personales. Había otros puestos sanitarios repartidos por aquella provincia pero pertenecían a otras organizaciones. Cuando el jefe médico comunicó que el noventa por ciento de los casos atendidos era para amputaciones José se quedó petrificado. De inmediato se propuso hacer lo imposible para bajar esas cifras.

Una hamaca de tela era su cama y la habitación la compartiría con sus compañeros de viaje. Cuando entraron en el quirófano, si se podía llamar aquellas cuatro paredes quirófano, y vieron el panorama el alma se les cayó a los pies, pero se pusieron de inmediato al trabajo. Esa misma tarde debían operar a más de diez personas. Juan estaba agotado, llevaba más de dos semanas durmiendo una o dos horas diarias por termino medio, y en esos momentos se aproximaba a las treinta horas que sus ojos no percibían la oscuridad. Le cedió el quirófano al joven médico, manteniéndose atento a como se desenvolvía. José comenzó a recomponer aquella rodilla y aquel tobillo. La habilidad del muchacho era increíble. Cogía fibras de músculos y reponía los ligamentos destrozados, tras seis largas horas aquella pierna estaba salvada. Juan se quedó maravillado, pero no aguantaba más de pie se disculpó y fue a dar una cabezada. De inmediato rogó que pasaran al siguiente y de esa forma, tras cuarenta horas sin parar, solo hubo que amputar un brazo a un paciente, de los diez atendidos. Cuando Juan despertó, a las cuatro horas, no podía creer lo que aquel joven estaba haciendo. Ahora se daba cuenta. No habían exagerado al asegurarle que le mandaban a un genio de la cirugía. Más bien se quedaron cortos. Estaba con las últimas investigaciones, pero aquel pos adolescente era sin duda un cirujano excepcional. Y con la mayor humildad ayudó al genio de la cirugía con el resto de los pacientes.

Al mes de su llegada se defendía con el idioma nativo. Había organizado un grupo de voluntarios a los que instruía para llevar a cabo la rehabilitación mientras operaba. Los principales ejercicios debían hacerse en el agua y para ello construyó una balsa. Ideando una serie de canalizaciones para traer el agua desde los manantiales sin necesidad de transportarla a mano. Las magistrales lecciones para regadíos y recogida de agua ideadas por el padre Andrés en la época de la riada las asimiló y mejoró. Cuando no operaba se reunía con el enfermero, el grupo de voluntarios y los pacientes y enseñaba su prodigiosa técnica de rehabilitación acuática.

Juan estaba atónito, incrédulo, había aprendido con aquel muchacho más que en todos sus años de experiencia. Se turnaba con Pedro el otro médico para asimilar sus lecciones prácticas y teóricas sobre las nuevas técnicas quirúrgicas.

Al término de los tres primeros meses la estadística de amputaciones bajó más del sesenta por ciento. Con su llegada solo tres, de cada diez, debían sufrir la amputación de alguna extremidad. Ideó y perfeccionó una serie de aparatos ortopédicos permitiendo una mayor movilidad a los amputados. Para su construcción. Dedicó tiempo, especialmente de su descanso, para preparar a nativos, con habilidades manuales. Logró construir un pequeño edificio con varias habitaciones con baño y otros pequeños lujos. No eran el Plaza pero los sanitarios dispusieron de algo más de intimidad. A Juan esa revolución montada en sus dominios, desde la llegada de aquel joven médico, le parecía un sueño.

- Es un ser de otra galaxia. Salva miembros totalmente perdidos y domina el idioma al mes de estar aquí. Ha construido con ayuda de los nativos un hotel, ha creado una sala de rehabilitación con una eficacia impensable. Y no duerme ni dos horas al día.

¡Dios!. Gracias por habernos enviado a este ángel.

La noticia pronto corrió por toda la provincia. Las otras organizaciones comenzaron a enviar a sus médicos para asimilar aquellas técnicas revolucionarias.

Dos años desde su llegada. “La civilización” quedaba olvidada. Se encontraba en el quirófano más de cincuenta horas seguidas, junto a cuatro médicos de otras zonas asimilando aquellas técnicas de recomposición de articulaciones, cuando Juan le llamó. Al entrar en el despacho de su jefe se quedó helado. A la joven que le acompañaba, un nuevo refuerzo, le sucedió lo mismo.

- ¡Silvia!

Explotó. Mientras se aproximaba a su compañera de facultad y se fundía en un prolongado abrazo. Al separarse tomó sus manos en las suyas y comenzó a repasarle de arriba abajo.

- Cada vez estas más guapa.

Conversaron unos minutos, pero el trabajo los llamaba y tuvieron que dejarlo para más tarde. Cuando la faena se calmó un poco, Juan junto a uno de los médicos de otra organización se quedó de guardia. Rogando al resto abandonar el quirófano y tomar un descanso.

José invitó a Silvia a su habitación y allí sentados en dos cómodos sillones regalados por uno de sus pacientes se sentaron uno frente al otro. Había tanto que contarse que resultaba difícil comenzar. Ni corta ni perezosa Silvia se lanzó.

- Desde el primer momento, que te vi., entraste de lleno en mi corazón y deseaba poder intimar. Pero cuando te enfrentaste al catedrático defendiéndome, entonces supe que mi destino estaba escrito. Compartir mi vida contigo.

Silvia tenía siete años más que él. No se casó. Su corazón, su alma y su cuerpo estaban predestinados a él. Levantándose del sillón fue a sentarse sobre sus piernas, se abrazó para comérselo materialmente. Abandonaban la habitación con el propósito de conocer el centro de rehabilitación.

Estaba asombrada por todo lo realizado en la zona. Ya había estado antes allí, siendo estudiante, en periodos de dos o tres meses. Pero hacía más de tres años que no pisaba el lugar y ahora había decidido quedarse al menos durante un año.

Trabajaron codo con codo y cuando el escaso tiempo libre se lo permitía siempre comentaban lo mismo. "He aprendido aquí en dos, tres... meses más que en toda la carrera.

Las primeras Navidades que pasaron juntos los casaba el misionero en Noche Buena. Al recibir la noticia Rita juró que no sé lo perdonaría nunca. No permitirle disfrutar de una ceremonia así no tenía perdón.

Conforme el tiempo pasaba el amor iba creciendo en la pareja, trabajaban como auténticos animales y la mayoría de los días ni se llegaban a quitar la ropa para dormir las dos horas de rigor.

jueves, 8 de marzo de 2012

EL PRIMER AMOR -CAPITULO XV-

- CAPITULO XV -

- EL DESENGAÑO -

El mes de Agosto llegó. Pepe fue puntual a su cita. El mismo día uno por la noche, en el camping de Javea, se encontraron de nuevo. Ahora Pepe era uno más de la familia invitándole a realizar las comidas con ellos. Linda estaba radiante. Abrazado permanecía mudo, con sus seis sentidos y su consciente concentrados en captar esas sensaciones que percibe, un enamorado, al contacto con su amada. La felicidad alteró hasta el último rincón de su cuerpo y el oxigeno no era suficiente para atender la demanda requerida por aquella alteración fisiológica. La dicha le ahogaba. Seguían abrazados cuando ella separó el rostro y pudo contemplar a su amigo. Su expresión le impresionó, reaccionando con agilidad le lanzó dos cumplidos que le sacaron del paraíso para elevar su alma un peldaño más al captar sus oídos la caricia de su voz. Pero rompió ese mágico silencio. Intercambiaron unas frases confesándole que era doctor en medicina. La sonrisa se dibujo en su “Dios” mientras su voz, requiriendo la atención de sus familiares, volvió a acariciar sus oídos.

- Si alguien se pone enfermo, no hay problema. Aquí tenemos al doctor.

La familia le felicitó. Contaba con dieciocho años. Aquello era sorprendente, con una edad tan corta y doctor en medicina.

Pepe solía salir con Roberto, sus otros dos compañeros se quedaron en Valencia pues tenían las novias allí. Su amigo seguía solo y sin compromiso acompañando a Brisite durante ese verano.

Una noche de luna llena, el grupo se encontraban en la playa cantando canciones de moda con las dos guitarras y una armónica. José se había tumbado protegiendo su cuerpo, de la arena, por una enorme toalla. Linda se sentó sobre su abdomen y apoyaba su espalda en lo muslos flexionados de su pareja. Al tratar de cambiar de posición comprobó que tenía unas cosquillas exageradas y comenzó a jugar con su descubrimiento. En el transcurso de la disputa se encontraron abrazados, mientras sus bocas se buscaron con desespero. Se levantaron y abrazados iniciaron un paseo por la playa. Separándose del grupo caminaban en silencio próximos al linde del agua. Se detuvo miró con ternura a su compañera y le pidió relaciones. Su rostro se entristeció, sabía que tarde o temprano eso tenía que ocurrir. Con su acostumbrada dulzura y más cariñosa que nunca le comunicó no sentir lo mismo. Lo apreciaba, lo admiraba y durante el invierno deseaba estar a su lado. Su compañía era muy grata, pero su corazón no estaba por la labor. Comenzó a notar un escalofrío recorriendo su cuerpo. Su negativa, dulce, cariñosa y maternal logró paliar su dolor. Prosiguieron su paseo durante más de una hora. No hubo ni una sola palabra a lo largo de todo el trayecto. Alguna vez cruzaban sus miradas y el gesto de desolación que observaba en su amigo le preocupaba, mientras le mostraba su rostro cargado de ternura. En un momento dado se besaron. Pepe pensó que las piernas no le iban a mantener en pie. Al finalizar la muestra de afecto Linda cogiéndole de la mano decidió regresar al camping.

Esa noche no pudo dormir. ¡Que dura era la vida! Había peleado como un jabato. No había tenido niñez ni adolescencia y ahora que creía haber conseguido lo que tanto deseaba, ser médico, no se sentía feliz. Amaba a Linda más que nada en este mundo y esa esperanza de tenerla se estaba desvaneciendo. Se acordó de sus padres, tanta ilusión por verlo convertido en médico y murieron antes de cumplir su sueño, especialmente el de su madre. Estaba muy desanimado. Eran las cinco de esa amarga madrugada de Agosto cuando salió de la tienda, no había dormido ni un segundo, y se fue a pasear por la playa. Sus ojos cargados de lágrimas iban liberándolas una tras otra. En esos momentos estaba sin ilusión. Tan solo deseaba que el nuevo día llegara para poder verle. Iba tan abstraído en su dolor que no percibió la salida del sol. La voz jadeante de Linda y su hermana le sorprendió, secó sus lágrimas con el polo y se giró. Había olvidado su cinta matutina con el footing.

- Hemos ido...

Comenzó diciendo entre jadeos, pero al ver a su amigo paró la frase se abrazó rogando a su hermana continuar sola.

- ¿Estas llorando?

Pepe se mordía los labios deseaba con todas las fuerzas de su corazón controlarse pero le fue imposible, de nuevo sus ojos se inundaron de lágrimas y unos profundos sollozos arrancaron de su ser. Linda palideció lo estrechó contra su pecho mientras le acariciaba con dulzura. Ahora su rostro descansaba en aquellos redondos y tersos senos, embriagándose de placer y anestesiando de forma milagrosa el dolor de su corazón. Se sentaron en la arena y permanecieron sin pronunciar palabra. Llevaban varios minutos en esa posición cuando se levantó se quitó el calzado y dándole la mano entró con él en el agua. Iba con un gracioso bañador de dos piezas, no se había quitado la blusa, que llevaba desabrochada. Pero él entró en el agua completamente vestido. Con las mismas prendas de la noche anterior. El agua los refrescó. Se abrazaron, y al darse cuenta que él estaba vestido comenzaron a reírse. Iba poco a poco recobrando la normalidad. Tenía a su amor al lado y el contacto de su cuerpo con el de ella le hacía sentirse otro. Al salir del agua se quitó el polo y los pantalones quedando en ropa interior, pero su apariencia era la de un bañador. Se sentaron sobre la arena y con sus manos entrelazadas se miraron por espacio de varios minutos sin pronunciar palabra. "Que pensará" se preguntaban mientras sus miradas se clavaban materialmente en la de su pareja. La llegada de Brisite corriendo interrumpió aquel momento, se sentó junto a ellos y extrañada preguntó como se habían mojado. Comenzaron a reír y tras unos minutos se levantaron y regresaron al camping para desayunar. Él se fue a su tienda cogió la ropa sucia con la mojada y la llevó a la lavandería del camping. Luego se metió en la ducha y tras asearse y afeitarse salió con bañador, chanclas y un polo. A la salida de los servicios ella le estaba esperando. Aquel gesto le alegró el corazón, se dieron la mano y tras dejar la bolsa de aseo en la tienda, fueron a desayunar con la familia. Los padres de Linda notaron que algo no era como los demás días y preguntaron a Pepe si no había dormido bien. Respondió que efectivamente no había podido dormir, pero no era un problema físico o de salud. Al ver la expresión del rostro en su hija no quisieron insistir sobre el asunto.

El mes terminó y nuestros amigos se despidieron, prometiéndose escribir. Pepe regresó triste y melancólico a casa. La primera en notar el cambio de su hermano fue Rita, pero él, restó importancia al asunto. Estaba segura que algo le sucedía, pero sobre todo, no querérselo contar le extrañó. Siempre que alguno de los dos tenía problemas lo compartían y se animaban. Pero en esta ocasión, debía ser algo grave, pues Pepe no era el que se había marchado hacía un mes de casa.

Transcurrido un año desde el fallecimiento de sus padres. Todos los meses los ingresos de la familia iban a las cuentas abiertas a cada uno de ellos. La situación era muy buena en todos lo sectores. La económica era inmejorable y la empresa familiar aumentaba su influencia día a día.

Andrés tenía en mente montar una ciudad deportiva, donde tuvieran cabida los deportes más representativos y populares de la ciudad. Lo había hablado con José, el cual pensó que sería interesante montar su clínica de rehabilitación próxima a las piscinas. Alfredo y Juan también tenían una gran afición por el deporte y por esa época se estaba creando una carrera universitaria relacionada con el y ellos ansiaban con poder estudiarla. Así pues cada uno comenzó a aportar las cantidades que les parecían, según sus necesidades. José dejaba prácticamente todos sus ingresos mientras sus hermanos lo hacían según las circunstancias. Comprando terrenos para la ampliación de las empresas ó comprar algún que otro capricho, como coche, o irse montando su piso.

Era su último curso de MIR y lo llevó a las mil maravillas, sus profesores estaban asombrados de su capacidad de exploración. Rara vez equivocaba un diagnóstico y los médicos veteranos conocedores de ese don ganaban suculentas apuestas con los pardillos, llegados recientemente al hospital, gracias a los diagnósticos realizados por Pepe sin necesidad de radiografías.

Cuando el curso finalizó ganó una plaza en uno de los más importantes hospitales de la ciudad. Debía incorporarse en Octubre. La verdad no era su sueño, pero si una forma de coger experiencia y conseguir unos ingresos adicionales para montar con sus hermanos aquella idea deportiva y de rehabilitación.

Ese mes de Agosto se encontró de nuevo con la familia francesa, Linda venía muy cambiada. Tan hermosa o más que antes. Cuando se abrazaron y se dieron los dos besos de rigor en las mejillas Pepe pensó estar viendo el cielo. Sus padres se sentían felices de encontrarse con el joven lo apreciaban mucho. Su hermana se había casado. Ese invierno le había dado la locura y se lanzó a la aventura.

La primera noche Pepe comprendió el cambio de Linda. Estaba enamorada. En las vacaciones de Semana Santa había estado en Inglaterra y allí se enamoró de un anglosajón de origen francés. Pierre Valery, ese era el nombre de truhán que le arrebató el amor de su vida. Durante la conversación, mantenida esa noche, ella le preguntó como iban esos ánimos. Su última intención pasaba por procurar no entristecerle y le comentó que lo iba superando bastante bien. Sonrío y lo abrazó mientras deleitaba sus oídos con su voz.

- Jamás he tenido ni creo que tenga un amigo como tú. Eres maravilloso.

Pepe pensó por un momento que sus sentimientos le iban a traicionar, pero consiguió retener sus ojos y esas lágrimas se mantuvieron hasta estar solo en su tienda.

Superó mucho mejor de lo esperado aquella desagradable noticia. Lo importante se decía era poder estar junto a ella y desde luego, se separó muy poco de su lado. Se bañaban en el mar, jugaban a la petanca, comían juntos e incluso dormían la siesta en su tienda. Por las noches se acercaban a la playa con la pandilla del camping y pasaban la velada tocando guitarras y cantando canciones. Otras veces se metían en una discoteca a mover el esqueleto.

Una de las noches se encontraba bailando cuando Linda le rogó sentarse. Todo le daba vueltas y el dolor de cabeza comenzaba a ser insoportable. Pepe le invitó a salir del local. Tal vez al abandonar el ambiente cargado y respirar aire más oxigenado aliviaría su dolor. Cogidos de la mano abandonaron el recinto. Caminando llegaron al paseo marítimo, se quitaron el calzado, y entraron en la playa. Descalzos por el linde de la playa caminaban mientras él contemplaba preocupado el semblante de dolor de su amor. Al cruzar sus miradas, ella le regalaba una de sus encantadoras sonrisas que le mostraban la grandiosidad de su Diosa. Llevaban varios minutos paseando cuando le preguntó como se encontraba. La cabeza le iba a estallar de un momento a otro. Comenzaba a tener nauseas mientras la vista se le nublaba. Decidieron acercarse al Camping y proporcionarle un analgésico. Ante su tienda Pepe se agachó, descorrió la cremallera, entró en su interior y buscó en su equipaje el medicamento. Al girarse para salir a su encuentro se topó con ella que entraba agachada. Aquel fino y suave vestido permitió que su redondeado escote, por la acción de la gravedad, mostrara todo el encanto de aquellos redondos, firmes y sensuales senos. Al elevar la mirada y contemplar la cara de “bobo” mostrada por su amigo, volvió a deleitarle con una de sus dulces y excitantes sonrisas. Se sentó en el colchón de aire y se dejó caer boca arriba. Entornó los ojos y esperó. Pepe salió de la tienda con la pastilla efervescente en busca de un vaso de agua. Cogió dos toallitas de su equipaje y el recipiente, para lavar las prendas pequeñas, y dirigió sus pasos a la cafetería del camping. Pidió un vaso, una botella de agua mineral, rogó que le llenaran el recipiente con agua, pusieran unos cubos de hielo y regresó junto a su amor. Linda se tomó el medicamento y de nuevo se dejó caer sobre el colchón de aire. Empapó las toallitas en el recipiente y bien escurridas las aplicaba en su frente. Lo contemplaba llena de cariño, la dulzura empleada al aplicarle aquel milagroso alivio, le envolvió de tal forma, que se quedó profundamente dormida. Consciente que, su razón de vivir, se había dormido paró de aplicarle los paños húmedos. Se tumbó junto a ella, tomó su mano entre las suyas y después de depositar sus labios en esa mano, permaneció junto a ella sin soltarle el resto de la noche. Cerró sus ojos para captar todo ese torrente de sensaciones transmitidas por su mano. Extasiado por la situación placentera llegó a dormirse.

La pandilla formada en el camping quiso celebrar la despedida de esas vacaciones con una comida. Así pues un día antes de la partida reservaron mesa en el restaurante del camping. Fue una comida distendida y divertida, varios se pasaron un poco con la sangría, entre ellos las dos hermanas. Linda se había sentado sobre una rodilla de Pepe y le susurraba en el oído su deseo de hacer el amor. No había otra cosa en el mundo más deseada por él. Pero esa petición era producto de exceso de alcohol ingerido. Con extremada dulzura y cariño le aseguró que si a la noche se lo volvía a pedir no lo dudaría ni una milésima de segundo.

- Ahora el alcohol te esta jugando una mala pasada y aunque lo deseo con todo mi corazón, sería muy cobarde si me aprovechara de la situación.

Ella se abrazó y cerró los ojos. Brisite se les acercó asustada iba también algo cargada. Se sentó sobre la otra rodilla y con evidente taquicardia. Consecuencia del pánico, le comentó.

- Hay un camarero que me ha pedido irnos juntos al huerto de naranjos. Tengo miedo.

Pepe le tranquilizó y prometió protegerle. Ahora se encontraba con las dos hermanas abrazadas a su cuello. Pensó en la necesidad de cambiar de aires. Se levantó y abrazándoles por la cintura salió del restaurante a pasear por la orilla de la playa, llevando una a cada lado.

Poco a poco iban despejándose. Habían ido varias veces al servicio y el efecto del alcohol se les estaba pasando. Rogaron ir al camping para darse una ducha y cambiarse de ropa. No hubo necesidad de repetirlo, abrazados regresaron.

Era la última noche de vacaciones y la pandilla se fue a la playa con guitarras. Montaron una fiesta, donde el baile, las palmas y el canto se repartieron a lo largo de la velada. Pepe estaba sentado sobre la toalla y ella tumbada apoyaba su cabeza en su muslo. Él acariciaba su rostro y le aplicaba un agradable masaje en las sienes. Permanecía tumbada percibiendo el cariño y la ternura de su pareja, abrió los ojos, le sonrió, se levantó, le dio la mano y se alejaron del grupo paseando.

- Tengo que decirte que eres todo un caballero y te doy las gracias por haberte negado a mi petición de esta tarde. Sé que es una de las cosas que más deseas y has sido capaz de renunciar a ella por respeto a mi estado.

Pepe no le permitió terminar.

- Mi vida. Eres la mejor amiga que tengo y por nada en el mundo haría una cosa que pudiera romper esta amistad.

Se abrazaron, unieron sus labios y se acariciaban con tal pasión que sintió la necesidad de entregarse. En esos momentos estuvo a punto de perder la cabeza, pero Linda se dio cuenta que quien saldría perjudicado sería él.

Pepe se había despedido de sus padres, de su hermana y esposo. Cuando, ya subidos en el coche, Linda se retiró detrás de unos árboles con su amigo. Charlaron durante unos segundos y se abrazaron dándose un beso lleno de pasión y cariño. Cuando se fue de su lado, Pepe presintió que era la última vez que la vería. Sintió que aquel beso era el último contacto con aquel ángel que había inundado su corazón. Sabía que Linda siempre tendría un sitio amplio en lo más profundo de su ser. Inmóvil donde lo dejó su amada permaneció varios minutos mientras sus ojos se humedecían permitiendo que resbalaran por sus mejillas unas amargas lágrimas. Primero se tomaban su tiempo en desprenderse de los lagrimales pero conforme iba perdiendo de vista el coche estas tomaron mayor continuidad hasta convertirse en un llanto desconsolador. Por fin volvió en sí. Desmontó la tienda y regresó a casa.

miércoles, 29 de febrero de 2012

EL PRIMER AMOR -CAPITULO XIV-INCIDENTE EN LA FACULTAD

- CAPITULO XIV -

- INCIDENTE EN LA FACULTAD

Iniciaba el último curso de carrera y se preparaba para presentarse al MIR. Su tesis doctoral la llevaba muy avanzada y tenía intención de presentarla al finalizar el curso. Durante cuarto y quinto hizo también los cursos de Fisioterapeuta. Quería hacer el MIR en cirugía y traumatología, de ahí su interés por la rehabilitación.

Durante ese último curso de carrera coincidió con Silvia, la única chica de la promoción. Era una mujer de una elegancia y de una sencillez deslumbrantes, que unido a su belleza natural le proporcionaba una imagen de mujer diez. Estaba asediada por sus compañeros de clase, sin embargo no les hacía mucho caso. Adoraba y admiraba al pequeño Pepe pero nunca había conseguido mantener una conversación con tranquilidad. Pues era terminar la clase y Pepe salía como una bala, hacia la alquería, para echar una mano. Un día ocurrió un incidente que les marcaría para el resto de sus vidas. Estaban con uno de sus profesores, de los más competentes, aunque bastante machista. En el desarrollo de la clase Silvia corrigió al catedrático unas fórmulas, pensando que se había equivocado, no era así, y aquel grosero catedrático aprovechó el momento para mostrar su lado machista.

- Usted señorita si se callara y estuviera en casa haciendo sus labores, que es lo que le corresponde, sería mucho mejor.

Silvia enrojeció y comenzó a llorar. A Pepe, tal vez, por la reciente muerte de su madre, le afectó mucho la reacción de su profesor y salto, tratando de defender a su compañera. Fue algo instintivo, poco común en él.

- Y usted no debería haber abandonado el pesebre.

Aquella frase le salió del corazón, no era el modo de responder a una grosería con otra pero no lo pudo evitar. Encolerizado el catedrático preguntó quien había sido aquel impertinente. Sin vacilar un solo instante se levantó de la silla con seguridad y con firmeza se confesó.

- Señor. He sido yo.

El enfado, llegó hasta tal punto, que tras pedirle el nombre le juró expulsarlo de la facultad. Ordenándole salir inmediatamente del aula. Sin pronunciar palabra, obedeció, abandonándola sin rechistar. Silvia quedó tan impresionada por la valentía de su compañero que se levantó y sin más salió tras él. A continuación el resto de sus compañeros siguió su ejemplo dejando al catedrático solo. Dio un puntapié a la mesa y salió enfurecido hacia el despacho del decano. Allí solicitó la expulsión de la facultad de José Carbonell. El directivo, una persona tranquila y serena, quiso calmarlo.

- No se pueden tomar medidas cuando se está en un estado de agitación y menos a un alumno tan brillante.

- Es un grosero y un mal educado y ha faltado a lo más sagrado en esta universidad. La disciplina.

Conversaron durante un largo rato y le aseguró estudiar el caso. El decano no había decidido nada pero la noticia, de la expulsión de Pepe de la facultad, corrió como la espuma. Esa misma tarde se montaba una asamblea en la facultad de medicina. El movimiento feminista se enteró del incidente y al día siguiente las demás facultades convocaban a sus alumnos a la asamblea acordando realizar una huelga general hasta suspenderse la decisión de expulsar al alumno en cuestión.

Pepe se dio cuenta que aquello se había desmadrado, ni corto ni perezoso fue al despacho del catedrático, pero a pesar de su insistencia no le recibió. Ante la negativa fue directo al despacho del decano. Éste, se encontraba con una delegación de alumnos de la universidad, entre los que se encontraba Silvia, querían explicarle lo sucedido y solicitaban la readmisión de Pepe. Al enterarse, por su secretaria, de su presencia, esperando entrevistarse con él, le invitó a pasar por medio de ella. Las miradas de Silvia y Pepe se cruzaron y ella le ofreció una cargada de dulzura y ternura. Pero no llegó a percibirla, estaba con otras cosas en la cabeza. Saludó a los presentes y tomó asiento en la silla ofertada.

- Esta bien, hemos oído dos versiones de los hechos. Le estaba buscando para escuchar la del afectado.

Comenzó disculpándose por la magnitud de los acontecimientos. En ningún momento había pretendido, ni ofender al catedrático ni mucho menos provocar aquel altercado. Comentó su intención de disculparse ante el catedrático al ver como evolucionaba la situación, pero al negarse a recibirlo, optó por presentarse ante el despacho del decano. Contó la versión de todos los hechos sin poner énfasis en ninguna parte del relato, detalle no observado en las otras dos versiones escuchadas. Mostró su perplejidad ante el desarrollo de los acontecimientos y terminó diciendo.

- Sé que no es correcto faltarle el respeto a un profesor y menos delante del resto de los alumnos. Lo siento de corazón, soy de las personas convencidas que el diálogo lo resuelve todo, tarde o temprano. Por eso estoy aquí. Pero también debo mostrar como disculpa mi situación familiar de estos últimos días. Han fallecido mis padres.

Sus ojos se nublaron y una profunda pena se apoderó de todo su ser. Pero manteniendo el timbre de voz prosiguió.

- He luchado en casa contra la discriminación de mi madre y mis hermanas. Las palabras de ese señor a la señorita me dañaron en lo más profundo de mí ser y mi reacción salió de fondo de mi alma. No vengo a solicitar clemencia. He obrado mal y esta claro que merezco un castigo. Pero me gustaría resolver la situación.

Prosiguió con un discurso de los que hacía mella en sus oyentes. Para concluir.

- Lo que ustedes decidan lo aceptaré y ruego a mis compañeros su regreso a clase para no perder el tiempo. La forma de luchar, según mi opinión, es con el trabajo, con la responsabilidad, demostrando al que está equivocado su error con hechos. De esa forma consiguió mi madre y hermana ser reconocidas por el mayor animal, con perdón a mi padre, sobre la faz de la tierra.

Aquellas palabras dejaron fríos a todos los presentes, era capaz de quedarse sin el sueño de su vida, ser médico, para lograr devolver las cosas a su cauce normal. El decano dio la puntilla para suspender el conato de huelga.

- Habrá una sanción, porque verdaderamente su comportamiento lo merece, pero no será expulsado de la facultad.

Una leve pausa para observar la reacción de sus interlocutores y prosiguió

- Se seguirá una investigación y si todo lo sucedido es como parece, al catedrático también se le dará un toque de atención.

Aquello parecía increíble. Quedando gratamente sorprendidos por la respuesta, abandonando el despacho tras despedirse. Cuando Pepe se disponía a salir, el decano, le rogó esperar junto a su encantadora compañera unos minutos.

Les invitó a acomodarse para abandonar el despacho a continuación. Fue cerrar la puerta y cruzar sus miradas, sonrieron al unísono e iniciaron una agradable y distendida conversación.

Transcurrieron veinte minutos cuando la puerta se volvía a abrir y por la misma entraba el catedrático en compañía del decano. Se pusieron en pie y Pepe no perdió el tiempo. Antes de romperse el silencio en el despacho se aproximó mientras se disculpaba.

- Señor siento mi actitud del otro día, en mi animo no estaba ofender a un gran profesor, pero como ya he comentado estaba en una situación familiar difícil. No estoy de acuerdo con usted sobre el tema de las mujeres, pero las ideas se defienden con dialogo y razonando. Nunca con insultos o con la fuerza, le quitan a uno la razón.

El catedrático permanecía impasible ante la disculpa de su discípulo. Tras unos minutos de silencio y después de tomar asiento entre el tresillo y los dos sillones la conversación se inició. Poco a poco el decano consiguió llevar las cosas hacia un cauce menos tenso. Cuando la situación sé aclaró y se serenaron, el catedrático se disculpó ante Silvia. Aquello les dejó perplejos, pero ahora valoraban mucho más a su profesor. Solicitó una advertencia verbal y todo quedó ahí.

Desde el incidente el joven solía ayudar al catedrático en algunos temas en su cátedra, sabía de las cualidades de aquel joven y cuando recordaban el incidente se reían. Llegaron a ser buenos amigos, pues el muchacho aprendió muchas cosas pero también le resolvió algunas papeletas al catedrático.

Terminó la carrera con el número uno de la promoción y no tuvo el menor problema para acceder a las prácticas de MIR.